Torneo


Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: originales

Pues… la ideame vino viendo un partidode tennis… (por si no se lo notais…) aqui os lo dejo. A ver si os gusta! ^^

 

– Aaahhh… – resonó el grito entre el calor abrasador.

Los músculos de su cuerpo empapado en sudor se tensaron.

La pelota botó en el campo contrario y el tenista ruso respondió con otro potente drive. Otro gemido.

La pelota volvía, el japonés se movió para alcanzarla. Saltó, la golpeó. Su ancha camiseta azul, empapada, se levantó hasta su pecho, dejando al descubierto unos suaves abdominales.

La pequeña pelota amarilla volaba de un lado a otro del campo, a una velocidad asombrosa, casi invisible, pero ambos seguían el ritmo perfectamente.

El ruso devolvió el golpe, haciendo que la pelota cayera justo detrás de la red.

El japonés se encontraba jugando al fondo, fuera de la pista, era imposible que llegara. Se movió por instinto. Dos pasos de sus largas piernas, casi saltos, se estiró por completo en su más de metro ochenta de estatura, la raqueta golpeó a la pelota, que pasó limpiamente la red en una pequeña parábola, cayendo suavemente en el campo del ruso, aun inmóvil en su campo.

El público se quedó en silencio, intentando asumir la escena, y de pronto se escuchó una ovación. Yo solo sonreí y seguí quieto en mi sitio.

– Juego Taro. – anunció el árbitro por los altavoces – Gana Taro 4 juegos a 3.

El ruso maldijo a gritos, tirando la raqueta contra el suelo con fuerza. Nadie entendió lo que dijo, ni era necesario.

Di un trago de mi lata de coca-cola, con aburrimiento. Ese ruso me aburría, siempre gritando.

Cambiaron de campos y después de unos minutos de descanso reanudaron el partido.

El ruso sacaba. De forma metódica y precisa los recogepelotas le pasaron las bolas. Él escogió las dos mejores y desechó las otras.

Se oyó el golpe, su grito, y la pelota travesó el campo.

– Out – señalo el árbitro.

Otro gesto de enfado y el ruso volvió a sacar. Esta vez entró, y el japonés la devolvió con uno de sus característicos saltos, haciendo que su camiseta subiese hasta su pecho.

Apreté la lata entre mis manos. Estaba fría, me relajaba. El sol quemaba.

El partido siguió aún durante un rato. Estaban realmente igualados. Era el segundo set. Uno a cero a favor del japonés, pero habían ido casi empatados hasta el final, no le sacaba mucha ventaja. El sol quemaba, incluso el poco aire que pasaba era caliente.

Yo estaba completamente sudado, achicharrado, no quería ni imaginarme como estaban los jugadores corriendo bajo el sol abrasador. El partido ya llevaba más de 3 horas.

– Juego Taro. – anunció el árbitro. – Gana Taro 5 juegos a 3.

El ruso gritaba improperios sin parar. Le había roto el saque, empezaba a desesperarse. Se acercó al árbitro, gritándole ahora en inglés. Algo sobre que la red estaba demasiado alta.

El público ni siquiera aplaudía, demasiado intimidados por el norteño.

Suspiré con desgana. No había quien le aguantase.

Terminé mi lata de Coca-Cola, apurando las últimas gotas y sostuve el frio metal contra mi frente en un intento inútil de refrescarme un poco.

– Aviso a Lockwod. Vuelva a su sitio.

Con un último gruñido el ruso se colocó en posición, con su permanente expresión malhumorada, mientras el Japonés seguía esperando impasible al otro lado del campo.

El siguiente juego fue potente. El ruso, desesperado, daba aun más fuerza a sus golpes, aprovechando su superior fuerza muscular. Gritaba con cada golpe, buscando imprimirle aún más fuerza, lo que obligaba al japonés a responder con más fuerza también, poniéndole al límite.

El publico callaba de nuevo, lo único que se escuchaban eran los gritos de ambos. Mas graves y brutales los del ruso, más agudos y vocales los del japonés.

Lockwod ganó el siguiente juego, lo que contribuyó a subirle la moral y evitar que destrozase la raqueta de otro golpe contra el suelo. No habría sido la primera vez que le veía hacerlo.

5 juegos a 4. Si Taro ganaba el siguiente ganaba juego, set y partido, y recé para que así fuera, para que terminase ya el partido. Empezaba a hartarme.

Saque del ruso de nuevo, pelota para Taro, pelota para Lockwod, izquierda, derecha. Drive, revés, volea.

La pelota cae justo después de la red. El ruso corre para llegar. La alcanza, la devuelve, pero el japonés ya está allí esperando. Con un potente smash lanza la pelota en medio del campo contrario, justo detrás del ruso, que apenas tiene tiempo de moverse que la pelota ya ha votado dos veces.

El público aplaude. En un rápido movimiento el ruso saca de su bolsillo la pelota de reserva y la lanza con furia contra el japonés.

El publico calla. Yo aprieto con fuerza la lata vacía entre mis manos hasta romperla. Me levanto apretando los dientes con fuerza.

La pelota evidentemente no impacta en el tenista, pasa a su lado sin más. Este ni se ha inmutado.

“Capullo” resuena en mi mente “Maldito ruso fanfarrón”.

Me fuerzo a mi mismo a calmarme y vuelvo a sentarme. Los espectadores que se sientan junto a mi me miran extrañados. Supongo que rompo la idea que tienen del típico asiático bajito. Con mi casi metro noventa soy aún más alto que el tenista. Sé que de cerca impresiono bastante.

A una señal del árbitro los jugadores reanudan el partido. Esto está a punto de acabar.

Punto de Taro. 30-15. Punto de Lockwod. 30 iguales. Punto de Taro. 40-30. Punto de Lockwod. 40 iguales.

Ahora van a tener que jugar con las ventajas, y si gana el ruso van a ser, como mínimo, otros dos tediosos juegos.

“Vamos idiota” le grito mentalmente “machácale ya”.

No parece hacerme caso pues es el ruso el que gana el siguiente juego. 5-5. Como tengan que hacer un tercer set romperé algo, y no será solo una lata de Coca-Cola.

Mientras el ruso recibe y selecciona las pelotas para preparar el saque el japonés se seca el sudor de la frente con el borde de su camiseta, dejando al descubierto su vientre prácticamente liso. Se ve que el chaval es algo exhibicionista.

Dios, ¿cómo puede hacer tanto calor??? Que acaben ya de una vez por favor, si esto se alarga mucho mas voy a derretirme.

Por suerte, el siguiente juego es de Taro, aunque ha sido muy disputado, otra vez han llegado a los 40 iguales.

Ambos se sientan un rato a descansar, para después, al volver al juego, cambiar de campos.

Ya llevamos 4 horas de partido. Este puede ser el último juego, si gana Taro. Si no será necesario un tie break, o incluso otro set. Solo tiene que mantener su saque i habrá ganado el partido. “¡Por favor Taro!”

El primer punto es para el ruso. 0-15. Malditos sus huesos. El segundo también. 0-30. ¿Qué demonios te pasa Taro??? Tercer punto para el ruso. 0-40. Oh, vamos…

Taro remonta. 15-40. 30-40. 40 iguales. Ventaja para Taro. Esto ha sigo increíble, el ruso monta en cólera de nuevo.

Punto de partido. Esto puede terminar ya.

Taro se seca las manos en los pantalones y la frente con la camiseta. Pide las pelotas y las selecciona, da varios saltitos de calentamiento. Puede parecer que lo haga porque está nervioso, pero la verdad es que sabe que este es el último punto, necesita atraer al 100% la atención del público. Sabe que ya ha ganado.

Me relajo y me acomodo mejor en mi asiento mientras la gente a mi alrededor se hecha para adelante inconscientemente, visiblemente nerviosos.

Maldito Taro. Sabía que había ganado des del principio, solo jugaba con el público, como siempre.

Tira la pelota, salta y la alcanza con la raqueta.

No he visto la pelota. Claro que no, poca gente la habrá visto, lo único apreciable es que antes estaba en las manos del japonés y ahora votando en el campo del ruso.

– Juego, Set y partido. Ganador del torneo Taro Mishima. Alexander Lockwod segundo lugar.

El público rompe en una gran ovación, liberando los nervios acumulados. El ruso sonríe y se acerca a la red para saludar al japonés y felicitarle por su victoria.

Sí, eso también era atrezo. En realidad son amigos.

Ambos se estrechan la mano entre ellos y al árbitro y saludan al público, como exige el protocolo, luego se cogen por los hombros y comentan el partido riendo.

Suficiente. Esos dos niños me cansan.

Me levanto para ir a por ellos. Llego al campo al mismo tiempo que el entrenador del ruso, que se lleva a su chico felicitándole. No importa que no haya ganado, volveremos a encontrarnos en el siguiente torneo y tendrá su revancha. Ambos me saludan mientras se alejan.

– Felicidades Taro. – saludo a mi chico dándole unas palmadas en el hombro. – muy bien jugado.

– Gracias Akatsuki-san. – responde él con una reverencia.

Está feliz, se le nota, pero también agotado. Le acerco el agua y él bebe con avidez, haciendo que algunas gotas derramen por su barbilla, juntándose con su sudor.

Se quita la camiseta empapada y se seca el pecho con la toalla. Se toma su tiempo.

– Eres un exhibicionista. – le reprocho.

El me sonríe, burlón, pero no responde, se limita a ponerse otra camiseta seca que saca de su bolsa.

Guarda la raqueta, la toalla y la camiseta mojada mientras yo saludo a los “sponsors” que vienen a felicitarnos. “ha sido un gran partido” “Muy bien jugado” “emocionante hasta el final” “felicidades por la victoria” “esperamos veros de nuevo el año que viene…” uno a uno van desfilando, yo les despacho a todos con monosílabos y una enorme y falsa sonrisa.

Luego viene la entrega de premios. Una copa para cada uno, como primero y segundo. Una más para la colección. Posan para las fotos junto al chico español que quedó tercero. Saludan al público, sonríen.

Habla el director del torneo, habla el alcalde de la ciudad, hablan los organizadores, los principales patrocinadores, más organizadores, colaboradores… No entiendo nada de lo que dicen, no hablan español, si no un extraño dialecto de la zona.

Quieren que hable Taro, pero él no lo comprende hasta que le ponen el micrófono en las manos.

– Eh… Muy bien todo… – chapurre en lo que intenta ser español – muy bonito. Yo muy feliz…

Le miro de reojo, sabe hablar mucho mejor que eso. El encoge los hombros, como diciendo ¿Para que esforzarse? Y tiene razón, a la gente le da igual. El partido ha sido interesante. Emocionante, sin duda, pero las charlas de este grupo de viejales sobran.

Aun nos hacen esperar mientras hablan Alex y el español.

Alex opta por la misma técnica de “no conozco el idioma” de Taro, pero el otro no. Es de aquí, conoce a esta gente y les deleita con un largo discurso que a nadie le interesa.

Finalmente suelta el micrófono y la gente aplaude Mientras empiezan a irse. Nosotros nos retiramos también.

Taro coge su bolsa y me sigue mientras yo abro paso entre el público, que intenta felicitarle a su paso.

Él va saludando, sin responder, sin hacer mucho caso. Solo nos detenemos cuando un par de chicas nos saludan en japonés.

– Felicidades Taro-San – le gritan con un poco de acento español.

Taro se gira, sorprendido, sonríe y le responde.

– gracias – las saluda efusivo también en japonés. Yo tiro de su camiseta para que siga andando. – adiós – las despide. Después añade en un susurro mirándome e mi – impaciente…

Al fin esquivamos la masa de gente y llegamos al vestuario que le ha sido asignado. Ambos entramos, y una vez la puerta se cierra tras nosotros ambos abandonamos nuestras mascaras.

Él deja su bolsa en el banco, yo paso el pestillo de la puerta. Él se gira, yo avanzo hacia él, y en menos de dos segundos le tengo en mis brazos y estoy devorando sus labios.

– Mishima… – susurro entre sus labios. – felicidades por ganar…

– Takeshi… – responde él. – parece que me echaste de menos…

Se separa y me mira burlón, evidentemente refiriéndose a mi entrepierna abultada.

– Llevo más de cuatro horas oyéndote gemir, ¿Cómo quieres que esté?

Él se ríe, se separa de mí y se quita la camiseta de nuevo, dirigiéndose a la ducha.

Deja por el camino sus bambas y calcetines, y, antes de entrar me mira interrogante, invitándome a seguirle.

Pequeño demonio…

Veo como lanza pantalones y bóxers por la puerta de la ducha.

Me despojo de camiseta, zapatos, calcetines, pantalones y bóxers y, completamente desnudo, entro a la ducha tras él.

Le encuentro bajo el chorro del agua, quieto, dejando que el agua se lleve todo el sudor de su cuerpo, disfrutando del agua fresca.

Le abrazo por la espalda, besándole el cuello con suavidad.

Él abraza mis brazos y hecha su cabeza para atrás, recostándola sobre mi hombro.

– Yo también te eché de menos Takeshi… – susurra contra la piel de mi mejilla. – Echaba de menos tus besos…

Y es que no podemos besarnos en público, porque ambos somos hombres, porque soy su entrenador y él mi alumno, porque sería demasiado complicado explicárselo al mundo. Es más fácil mantenerlo en secreto.

Se giró, para quedar de nuevo de frente. Unimos de nuevo nuestros labios, jugando con la lengua del otro, saboreándonos mutuamente.

Nuestros cuerpos desnudos se rozan, siento el calor de su piel, y me excita.

Le empujo contra la pared. Él jadea al sentir las frías baldosas en su piel ardiente. Llevo las manos a su cadera y le pego a mí, acariciando sus nalgas.

Le siento moverse contra mi cuerpo, sus brazos alrededor de mi cuello y sus dedos entre mi cabello.

Muerdo su cuello con fuerza, y él responde gimiendo. Sus gritos de ahora no se diferencian mucho de los que he oído en la pista, pero para mi son completamente distintos. Adoro sus gemidos, son tan excitantes…

Le tapo la boca con mi mano, pues aunque sus gemidos son el sonido más hermoso del mundo alguien podría oírnos, al fin y al cabo estas son unas instalaciones públicas.

Siento que mis dientes le excitan, puedo sentir su erección contra la mía, igual de hinchada. Él lleva allí su mano y se acaricia, pero yo le aparto y le sostengo las manos sobre su cabeza, con las mías a modo de grilletes. Quiero que esté aún más excitado…

Él se muerde los labios intentando no gemir, mientras yo sigo devorándole el cuello, haciendo que nuestras hombrías hinchadas se rocen con el movimiento de nuestros cuerpos.

– Takeshi… – suspira.

Si sus gemidos me ponen que susurre mi nombre me lanza directo hasta el cielo, o más bien dicho hasta el infierno, este calor solo puede pertenecer al inframundo.

Le doy la vuelta para que quede de espaldas a mí, con manos y rostro pegados a las frías baldosas.

Palpo su entrada con mis dedos, introduciendo primero uno y después dos. Su cuerpo no se resiste, parece que siempre esté preparado para mí.

De una sola estocada me introduzco en su interior. Él arquea su cuerpo y suelta un leve quejido, pero su acostumbra rápido a mi y pronto mueve sus caderas pidiendo más.

Con la siguiente embestida él grita, igual de dolor que de placer, y yo llevo mi mano a su boca para acallarle. Me muerde el dedo con fuerza, mientras intenta no gritar. Yo le dejo, ahora mismo me importaría poco incluso si lo arrancara.

Llevo mi otra mano a su entrepierna y le masajeo al ritmo de mis embestidas, que poco a poco suben de nivel.

Pronto me encuentro gimiendo también, entierro mi cabeza en su cuello para acallar mis propios gritos.

Nuestros cuerpos chocan mientras el agua resigue nuestras pieles, el contraste entre el agua fría y su cuerpo ardiente me hace perder la cordura. Como si me quedara mucha ya…

Él deja de morder mi mano y echa la cabeza atrás buscando mis labios. Le beso, juntando nuestras lenguas de nuevo, mas ninguno de los dos está muy pendiente del beso.

Cuando en una de mis embestidas alcanzo su próstata sus rodillas se doblan, y tengo que sostenerle para que no caiga. Sigo embistiendo y en pocos segundos le hago llegar al orgasmo.

Yo también estoy en el clímax, y sentir sus paredes apretándome por los espasmos del reciente orgasmo hace que me venga yo también, llenando sus entrañas de mi esencia.

Ahora si le dejo, ambos quedamos sentados en el suelo de la ducha. El agua sigue en marcha y se lleva los restos de semen, borrando las evidencias de lo ocurrido.

Él no se mueve. Agotado después del partido y del sexo. No debería cansarle tanto, lo sé, pero me puede, su cuerpo largo y delgado, sus ojos oscuros y su sonrisa burlona me pierden.

Lentamente y con delicadeza enjabono su cuerpo. Luego dejo que el agua se lo lleve y cierro la regadera.

Le cojo en brazos para sacarle de la ducha y le envuelvo en una toalla, dejándole descansando recostado contra la pared.

Ato otra toalla alrededor de mi cintura y me siento a su lado, abrazándole y recostando su cabeza sobre mi hombro.

Le beso suavemente en la frente y le acaricio el cabello, para después dejarle descansar.

Ha sido un día intenso.

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el junio 10, 2012 en Others. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Genial, dongsaeng^^ Maldito japonés con sus gemidos, jajajaja.

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