Mi lado más salvaje


Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Jonghyun X Key (SHINee)

ADVERTENCIA: sadomasoquismo

 

¿Cómo he llegado a esto?

Veo el brillo del cuchillo frente a mí, brillante, afilado, temible, pero más temible es su mirada.

No tengo escapatoria. Las puertas atrancadas, las ventanas cerradas. No hay ningún sitio al que huir.

Nunca habría imaginado que querría huir de él. Siempre quise acercarme, no alejarme. Nunca pude, y ahora que lo que quiero es irme cuanto más lejos mejor un pupitre me corta el paso.

Tiemblo, asustado. Aterrorizado. Mis piernas fallan y caigo al suelo, paralizado por el terror. Él se agacha junto a mí, con el brillo acerado del cuchillo en la mano y una sonrisa diabólica.

Él es Kim Jonghyun, el macarra más bestia de nuestro instituto, y el más guapo.

Si, tengo unos gustos algo raritos. Me gustan los unicornios, el rosa, la ropa de marca y los macarras buenorros.

Jonghyun aparece por el instituto como una vez al mes. Destroza un par de aulas, se pelea con alumnos y profesores, deja algún rastro de heridas a su paso y vuelve a desaparecer por un mes más. Un amor de persona. Y yo como un idiota suspirando cuando le veo por los pasillos.

Esta vez… bueno, las cosas se han descontrolado. Me cuesta entender todo lo que ha sucedido.

¿Por qué le habré seguido al terminar las clases??? Si estoy seguro que ni siquiera se acuerda de mí, y aun así no he podido evitarlo.

El director ha venido a hablar con él. Y yo espiando detrás de la puerta como un delincuente. He oído casi toda la charla, sobre todo las respuestas airadas de Jonghyun respondiéndole a gritos que nada de lo que le dijera le haría cambiar, que no le diese ordenes y que no se metiese en sus asuntos si no quería problemas.

Lo que sí me ha sorprendido ha sido cuando al irse el director él se ha puesto a llorar. No un par de lágrimas, lloraba como un crio, casi ahogándose en su llanto.

No he sabido cómo reaccionar. Jonghyun llorando. Es algo que nunca imaginaria, y que me rompe el corazón. ¿Habrá sido por lo que le ha dicho sobre sus padres??? No he entendido mucho, pero sonaba a que el director les conocía. Casi he sentido pena por él cuando ha gritado a pleno pulmón “¡¡¡TU NO SABES NADA, NO LES IMPORTO UNA MIERDA!!!”

Casi.

Habría sentido pena por él de no ser por el hecho de que en cuanto me ha visto ha saltado detrás de mí, se ha sacado una navaja del bolsillo de los tejanos y ha empezado a perseguirme por el instituto vacío.

Creo que en mi vida he sentido tanto miedo. Que me persiga con un cuchillo por las aulas oscuras del instituto vacío, cuando ya todos se han ido, sabiendo que si me atrapa no dudará en rajarme con ese cuchillo que lleva. Es curioso que precisamente me guste por eso.

Y aun así, mientras corría por los pasillos huyendo de él no podía dejar de pensar en lo tierno que ha sido verle llorar, ver que tiene una parte vulnerable, que no es solo un delincuente sin sentimientos.

Y ahora estoy acorralado. No he sido capaz de cerrar la puerta del aula a tiempo y él ha entrado conmigo aquí. Ya no tengo escapatoria.

Esos brazos que siempre he soñado acariciar me cortan la retirada. Esos dedos que siempre he querido tocando mi cuerpo sostienen el cuchillo que me amenaza. Esos labios que siempre he querido besar ahora sonríen disfrutando de mi miedo. Esos ojos que siempre he adorado aunque nunca me hubiesen mirado ahora están clavados en mí, con un brillo aterrador.

Y lo peor de todo no es él, si no mi reacción, pues el miedo me está excitando cada vez más.

Si, así de rarito soy. Gay, diva y masoquista. Ese soy yo.

Se acerca cada vez más. La navaja sobre mi mejilla, presionando pero sin llegar a cortarme. Su rostro a escasos centímetros del mío. Casi huelo su aliento sobre mis labios.

Un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. Sentirle tan cerca de mí. Su mirada intensa, el frio del cuchillo sobre mi piel. Me pone. Creo que nunca había estado tan excitado. Dios, ¿cómo puede estarme pasando esto??? Es completamente surrealista…

– Vas a callarte ¿verdad princesita? – Oigo su voz, suave, dulce, nada que ver con los gritos de antes. – Vas a tener la boquita cerrada ¿verdad?

– ¿Vas a cerrármela tú?

Su cara de asombro: Épica. ¿Lo he dicho en voz alta? ¿Por qué habré dicho eso??? ¡Maldita bocaza! ¡Dios, Key, cállate!

Y de repente se ríe. Carcajadas frías que me provocan escalofríos.

– Bien princesita, vamos a jugar pues. – desliza la cuchilla por mi mejilla, sin llegar a cortarme, bajándola hasta mis labios. – Tal vez te rajo esta preciosa boquita que tienes…

Mierda, tengo miedo…

– Preferiría algo más caliente que un cuchillo…

¡Pero callate idiota!!!

– ¿Si? Pues parece que esto te gusta bastante…

Inconscientemente saco mi lengua para lamer el cuchillo, cerrando los ojos bajo la atenta mirada de Jonghyun.

Dios, soy subnormal.

Y de repente el cuchillo se aparta para dejar paso a algo más cálido, suave. Sus dedos.

Abro los ojos para ver como acaricia mis labios suavemente, mirándolos atentamente, con hambre, con deseo, casi tanto como el que yo siento observando los suyos.

Se acerca a mí lentamente, salvando la poca distancia que nos separa. Cierro los ojos, esperando un contacto que no se demora.

Y finalmente nuestros labios se juntan.

Mis manos de aferran a su camiseta, impidiéndole escapar, mis labios se abren dejando paso a su lengua, que se une a la mía en una lucha apasionada. Su izquierda se aferra a mi nuca, profundizando el contacto, mientras la derecha sigue agarrando con fuerza el cuchillo.

Él me empuja y mi cuerpo se desliza bajo el suyo.

Ahora mis brazos se cruzan tras su nuca, y mis piernas se doblan una a cada lado de su cuerpo.

La mano que antes presionaba mi cabello se desliza ahora hasta el borde de mi camiseta para subirla acariciando todo mi abdomen mientras nuestras bocas siguen devorándose mutuamente. Cambia su punto de apoyo y ahora siento el frio del cuchillo resiguiendo mi vientre, mi costado. Se desliza sobre mi piel, suavemente, si llegar a cortarme, pero provocándome un delicioso cosquilleo.

Necesito más.

Estoy loco.

Aumento el ritmo del beso y le muerdo el labio inferior con fuerza, esperando que él me devuelva la mordida.

Y lo hace, siento sus dientes clavándose en mis labios hasta hacerlos sangrar. Sangre que enseguida lame con gusto.

– Mmm…

No sé quien está disfrutando más con esto, si yo desangrándome o él bebiendo mi sangre. Ninguna de las dos cosas me parecen muy normales.

Oigo el sonido de una tela al romperse. Con la ayuda de la navaja ha partido mi camiseta por la mitad, cortándola des del cuello hasta la orilla. ¡Mi camiseta! Joder… esta me gustaba… que pena, tendré que ir de compras…

Inconscientemente me muevo debajo de él, rozando mi cuerpo semidesnudo contra él suyo. Él responde apretando más el cuchillo contra mi piel, abriendo esta vez un surco rojo en mi costado.

Gimo, la herida escuece, y eso me excita aun más.

Él sonríe y se separa de mis labios para lamer la reciente herida, bebiendo la sangre con avidez.

Su lengua… Dios, su lengua… La forma como se desliza sobre mi piel, sorbiendo la sangre que fluye de mi cuerpo.

Levanta la cabeza, separándose de mi herida, mirándome a los ojos.

De la comisura de sus labios cae un pequeño reguero de sangre. Mi sangre. La imagen es demasiado provocativa.

Cojo su rostro entre mis manos y le acerco a mi, ansioso por saborear de nuevo sus labios, su lengua, mi sangre.

Siento el sabor metálico, la calidez, pero también su pasión al enredar su lengua con la mía. Muerde mis labios magullados, partidos, haciendo brotar más sangre de ellos.

¿Cómo puede ser tan excitante el sabor de la sangre? ¿O son sus labios los que han conseguido que mis pantalones me parezcan tan estrechos?

– ¿Cómo te pone esto, eh princesita? – el susurro junto a mi oído me hace estremecer. Muerde el lóbulo de mi oreja. Con fuerza. Se me escapa un grito de dolor, y un jadeo de placer.

– A ti no ¿verdad?

Bajo mi mano por su pecho, hasta llegar al notable bulto en su entrepierna, apretándolo para hacer más obvio el significado de mis palabras, arrancándole un profundo suspiro de placer.

Su cabeza cae quedando recostada contra mi hombro, puedo sentir sus jadeos contra la piel de mi hombro desnudo mientras sigo acariciando su entrepierna por encima de los tejanos.

He adorado la ropa toda mi vida. Ahora la odio.

Bajo mi otra mano para ayudarme a desabrochar sus pantalones. Quiero sentir más de su cuerpo, quiero tocarle…

Pero sus manos me impiden seguir. Cogen las mías y me alejan, obligándome a abandonar mi propósito.

– No princesita, aun no…

Este mote empieza a molestarme…

– No me llames princesita.

Intenta besarme de nuevo pero aparto la cara, ofendido. Pero sus siguientes palabras no me ofenden, me entristecen.

– Y… ¿Cómo tengo que llamarte entonces?

Lo sabía, en el fondo lo sabía, pero aun así… Hace ya 2 años que vamos a la misma clase, aunque él casi ni se aparezca… Vale que no tenga amigos, que no hayamos hablado nunca pero… No sé, él se ha convertido en alguien tan importante en mi vida que no sé como encajar que él no sepa ni que existo.

– No te hagas el ofendido. – me responde riéndose. – Si quieres te llamo Kibum, pero sé que no te gusta…

Lo sabe. Sabe mi nombre.

– Que mono te pones cuando te emocionas. – Mierda, creo que acabo de perder toda mi dignidad. – sonrojado aun estás mejor.

– ¡Cállate!

– Aunque… sinceramente sigo prefiriendo el rojo de tu sangre.

Vale, no sé que es peor.

Prefiero no hablar. Estoy diciendo demasiadas tonterías.

Alargo la mano para coger la navaja que ha quedado abandonada a un lado. La cojo y le doy vueltas frente a mi rostro, observándola.

– ¿Mi sangre eh???

Él me mira atentamente mientras yo deslizo el filo por la palma de mi mano, cortándola.

Él frio del metal junto al punzante dolor del corte, el calor de la sangre, que pronto forma un pequeño charquito en el centro de mi mano.

Acerco la mano a mi rostro par lamer la herida bajo su atenta mirada. Pronto sus manos cogen la mía y su lengua ocupa mi lugar, bebiendo mi sangre con avidez, manchando sus labios de rojo oscuro.

¿Cómo puede sentirse tan bien que succionen tu sangre? ¿Qué laman una herida abierta?

Oigo mis gemidos como si fuesen ajenos, suaves jadeos entrecortados, sutiles quejidos de placer.

Poso mis ojos en su cuerpo. Su pecho se mueve por las respiraciones aceleradas, marcando sus músculos en la fina tela. Me sobra. Me sobra demasiado.

Con mi mano libre se la retiro hasta el cuello, dejando todo su cuerpo al descubierto. Él sonríe, divertido por mi curiosidad.

Yo muerdo mi labio, satisfecho por las vistas.

Me deslizo bajo su cuerpo hasta poder llegar a lamer su pecho.

Que músculos, dios. Qué bien se siente su piel caliente contra la mía…

Mis labios encuentran su pezón y se cierran sobre él con avidez, succionando con fuerza hasta que le oigo gemir.

Suelta mi mano y se aparta para quitarse la camiseta, dejando su torso completamente al descubierto.

Pero no pierdo el tiempo, aprovecho que está entretenido con su camiseta para intentar, de nuevo, desabrochar su cinturón.

Y, de nuevo, sus manos cogen las mías impidiéndomelo.

– Pero que prisas tienes. – me sonríe divertido. Yo le fulmino con la mirada, molesto. ¡Esto no se hace! – vamos a jugar un rato primero ¿sí?

No respondo, indignado, pero me dejo hacer cuando ata mis manos a la pata del pupitre con los restos de mi camiseta.

Me besa de nuevo, mordiéndome juguetón. Luego baja sus labios hasta mi cuello donde muerde y succiona hasta dejarme marca.

El dolor me hace gritar, y él muerde con más fuerza aun, haciendo que me revuelva molesto. Qué bien se sienten sus dientes…

Vuelve a coger la navaja, que desliza suavemente sobre mi piel. Él frio sobre mis pezones me hace estremecer. Es tan diferente de lo caliente que está su cuerpo…

Corta superficialmente bajo mi clavícula, lamiendo de nuevo la sangre que brota de la herida. De nuevo su lengua contra mi piel, lamiendo mi sangre, y nuevos gemidos que no puedo contener.

Mientras sus labios se entretienen en mi pecho sus manos se deslizan hasta mi cintura, bajando lentamente mis pantalones.

Me encantaría poder hacerle lo mismo que me ha hecho él, negarle desnudarme. No porque yo no lo desee, si no simplemente para que sepa lo que se siente. Pero claro, él se ha asegurado de que no pueda hacerlo atando previamente mis manos.

Pantalones y bóxer vuelan lejos. Siento frio, y por un momento me avergüenzo de mi desnudez.

Él sonríe, malicioso, y se relame exageradamente para que me cohíba aun más.

Se acerca a mis labios y me besa rápido, jugando, para luego bajar a ocuparse de mi erección. Veo que coge la navaja y la acerca peligrosamente a mi entrepierna.

– Ei, ei, ei, ei, ei… – replico asustado escabulléndome como puedo. – Eso sí que no. ¡No acerques el cuchillo a mi cosa por dios!!!

– ¡Estate quieto! – Me regaña – ¿no querrás un accidente verdad?

Vale, ahora sí, tengo miedo. Prefiero no mirar, solo por si acaso…

Siento sus labios en mi ingle, mordiéndome. Sus dedos recorriendo mis muslos, evitando muy obviamente mi miembro necesitado de atención. Prefiero no pedirle que se ocupe de eso, vete a saber que se le ocurre…

Y de repente el frio del cuchillo contra mi piel, cortando la zona justo por encima de mi ingle, en mi costado izquierdo, y enseguida sus labios succionando la sangre, su lengua lamiendo el corte.

Duele horrores. Este corte es más profundo que los anteriores, y en una zona más sensible. El dolor es casi inaguantable. Siento que podría correrme solo con eso.

Inconscientemente muevo mis caderas, abrumado por el placer que me produce su lengua. Resulta embriagador, casi delirante, el placer de sentir su lengua sobre mi piel. Nunca había sentido algo parecido.

Y ni siquiera ha empezado a tocarme. No voy a aguantarlo.

Se separa finalmente de mi herida y acerca a labios teñidos de rojo a los míos. No dudo en atraparlos entre los míos, devorándole con lujuria.

Sus manos sobre mi cuerpo, presionando mis heridas para provocarme dolor y arrancarme profundos gemidos, mi cuerpo completamente desnudo rozando el suyo. Necesito sentirle aun más.

Ahora sí que no va a detenerme.

Aprovecho que me abraza y atrapo sus manos contra el suelo con mi cuerpo, deslizando las mías hasta sus pantalones medio desabrochados ya, colando mis manos por entre su ropa para tocar su miembro ya completamente despierto.

Dios, que enorme, que bien se siente en mis manos… Y que calientes se oyen sus gemidos junto a mi oído.

Consigue liberarse de la presa de sus manos, pero no intenta detenerme ni impedirme que le toque, si no que se libra por completo del resto de su molesta ropa, para luego inclinarse sobre mi cuerpo y moverse, provocando que nuestras hombrías se rocen.

Creo que podría morir de placer ahora mismo.

Pero me equivoco. Me doy cuenta de que esto aun puede ser mejor cuando siento sus dientes en mi cuello, mordiendo con fuerza mi yugular.

¿Es que aun se puede sentir más placer?

Si se puede. Baja hasta mi pecho y muerde con fuerza un pezón. Succionando, lamiendo.

Sus manos aprietan mis heridas. Su boca baja aún más, hasta mi entrepierna. Muerde mi ingle. La reciente herida. La base de mi pene. Necesito sentirle, necesito que me toque ahí.

Y al fin siento sus manos alrededor de mi miembro, apretándolo y sacudiéndolo con rudeza. Mi espalda se arquea por el placer. De mis labios escapan sonoros y profundos gemidos. No puedo resistir el placer. Esto es demasiado. Me vengo…

Él se ríe. Me dice algo pero no le entiendo. Solo siento los espasmos de placer, sacudiendo mi cuerpo de la cabeza a los pies. El orgasmo tan intenso que no me deja ni moverme.

Y siento sus labios sobre mi pene, besando la sensible punta, lamiendo el blanco fluido que ha salido de mi interior, impidiéndome relajarme ni un segundo. Vuelvo a estar duro.

Reanuda sus caricias, haciéndome tocar el cielo y los siete infiernos de nuevo, pero esta vez soy yo quien le detengo.

No sin esfuerzo y con muchísima fuerza de voluntad me incorporo y cojo sus manos, impidiéndole seguir.

Él me mira, sorprendido, y yo me inclino sobre él, apartando sus manos a los lados entrelazando sus dedos con los míos.

Sonrío, divertido por mi propia idea y bajo mi cabeza hasta atrapar entre mis labios su duro miembro.

Siento su rigidez contra mi lengua, el calor de su pene palpitante.

Lo beso y lamo en toda su extensión, deleitándome con tan dulce manjar. Es apetitoso… tengo hambre de más.

Lo engullo, moviéndome arriba y abajo, haciéndolo entrar y salir de mi boca con movimientos rítmicos y constantes, sintiendo su glande golpear contra mi garganta repetidamente.

Oigo sus gruñidos, graves y guturales, y a la vez melódicos y suaves, como la más dulce música. Que hermosa voz…

– Ya… Ya Kibummie… – No estoy en condiciones de responder en este momento, gracias. – Ya… suéltame, voy a…

– ¿Era la gracia no? – respondo separándome al fin. – pensaba que se trataba de eso.

Le sonrío con picardía. Juro que no sé de donde me vienen esas tonterías que digo. Aunque ahora mismo y viendo como me mira me interesa poco…

Él consigue deshacerse de mi agarre y me empuja con fuerza hacia atrás, haciendo que mi cuerpo golpee contra el frio suelo, tumbándose él sobre mi cuerpo de nuevo.

– No quiero correrme en tu boca.

Vale, ahora no se me ocurre nada, pero me parece genial.

Me abro de piernas para él y las enredo a cada lado de su cuerpo. Ofreciéndome.

Atrapo sus dedos entre los míos, atrayéndolos hasta mi boca para lamerlos con lascivia, bajo su atenta y penetrante mirada.

Él sonríe de lado, travieso.

– ¿Necesitas lubricante? Pensaba que te gustaba sufrir…

Casi me rio de su comentario, pero en vez de eso clavo en él mis ojos en una mirada provocativa.

– Hay dolores y dolores, y del sexo me gusta disfrutar en toda su grandeza…

¿Cómo puedo decirle la verdad? ¿Creerá a estas alturas que soy virgen y me asusta tenerle dentro?

No, no me asusta, lo deseo.

Aparta sus dedos de mi boca para sustituirlos con sus labios.

Muerde mis labios y lengua, con la misma pasión con que yo le devuelvo los mordiscos. Nuestras lenguas chocan con fuerza, vuelvo a sentir el sabor de la sangre brotando de mis labios magullados.

Y mientras nuestros labios siguen unidos, rebosantes de saliva y pasión, siento sus manos recorriendo mi cuerpo, bajando cada vez más.

Coge mis piernas y las sube hasta la altura de los hombros, acaricia mi trasero, situándose en la mejor posición para entrar dentro de mí.

Y no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza mientras espero el dolor que sé que voy a sentir, un dolor que voy a disfrutar como ninguno, pero que temo…

– Hey… Relájate… – me susurra al ver mi expresión.

– Ya… Yo…

Escucho unas suaves risas de su parte.

– Shhht… – me susurra besando mi frente con cariño. – no voy a hacerte daño, – me susurra al oído – no más del que tú quieras sentir. – añade divertido.

No puedo evitar una sonrisa, sus palabras me relajan y siento un agradable cosquilleo en el estomago.

Y me relajo, me dejo llevar entre sus brazos y, solo entonces, le siento, grande y duro entrando en mi cuerpo virgen.

Y hay dolor, desde luego, es inevitable, pero se siente… Bien. Muy bien.

– Ahhh…

No puedo evitar los gemidos que sin quererlo yo escapan de mis labios.
Se queda quieto unos instantes, ambos acostumbradnos al estrecho contacto con el cuerpo del otro.

Esta recostado sobre mi, con la cabeza sobre mi hombro, jadeando con fuerza mientras clava en mi cintura los dedos como garras.

Yo tengo mi cuerpo arqueado, tenso por el placer y el dolor de sentirle dentro de mi cuerpo. Al estar mi cuerpo levantado mi pene roza su vientre desnudo, contribuyendo a endurecerme aun más.

Siento como se mueve en mi interior. Lento, profundizando cada embestida. Gimo palabras incoherentes que escapan de entre mis labios. Le llamo, pronuncio su nombre en un profundo suspiro, y me sorprendo al oír entre sus gemidos, susurrados a mi oído, mi propio nombre saliendo de sus labios.

– Kibummie…

Me sorprende, pero no puedo pensar, solo puedo sentir. Sentir como su enorme pene llena mi interior. Sentir las bruscas embestidas clavándoseme en lo más hondo, sentir sus gemidos en mi oído, sus manos en mi pecho, sus dientes en mi cuello…

Dolor, y placer. En consecuencia y encubriéndolo. Quiero sentir más. Más dolor, y más placer.

Parece leerme la mente.

Sus embestidas aceleran, penetrándome con más fuerza. Sus dientes muerden con fiereza la piel de mi cuello, lamiendo, sorbiendo, saboreándome. Sus dedos encuentran uno de los recientes cortes, y aprietan ahí, hasta hacerlo sangrar de nuevo.

Mi derecha se enreda en su cabello, presionando para acercarle más a mí, mientras la izquierda araña su espalda, clavándole las uñas irremediablemente.

Mis piernas se alzan, tensas, a cada lado de su cuerpo, sacudiéndose con cada espasmo de placer junto con el resto de mi ser.

Todo mi cuerpo duele con cada movimiento. Qué bien se siente. Maravilloso. Delicioso. Sublime.

Tiro de su cabello para levantarle la cabeza y atrapo sus labios con los míos. Necesito saborearle de nuevo. Más.

Su lengua se enlaza con la mía, ambas luchando entre nuestras cavidades. Resigo sus dientes, pequeños y perfectos. Saboreo su saliva, cálida y deliciosa.

– Ah… Kibummie… – gime de nuevo contra mis labios.

Pero sus palabras se pierden entre mis jadeos, las exclamaciones entrecortadas de ambos y el sonido del roce de nuestros cuerpos.

Le abrazo con fuerza y rodamos sobre el suelo, quedando ahora yo encima.

Me separo de sus labios, incorporándome sentado sobre su cuerpo. Ya echo de menos el sabor de su boca.

Él toma mis caderas y me incita a moverme.

Pero no lo hago. Por más que lo desee. Aguanto quieto, inmóvil, exasperándole.

Siento su deseo, casi tan intenso como el mío. Su cuerpo vibrante de la excitación. Sus ojos rebosantes de lujuria. Su miembro palpitante en mi interior.

Sigo sin moverme.

– Vamos Kibummie… – me suplica.

Aun no.

Aparto la mano y tomo la navaja del suelo donde ha quedado antes tirada.

Cojo su mano y hago un pequeño corte, muy superficial, en su dedo índice.

Acerco el dedo a mis labios y lamo la pequeña gota de sangre que brota de él.

Deliciosa, como imaginaba.

Y ahora sí, con el sabor de su sangre mezclada con la mía propia en mi boca y bajo su sorprendida y suplicante mirada me muevo de nuevo, haciendo que su órgano entre y salga de mi interior.

Sus manos se dirigen a mi entrepierna, par adarme placer también.

Lo toma entre sus manos mientras yo me estoy moviendo aún. Con fuerza, con ansias, con desespero.

Sacude mi miembro al ritmo de las embestidas que yo marco. Arriba y abajo, una y otra vez.

No aguantaré mucho más. Necesito venirme ya…

Pero él me empuja de nuevo contra el suelo. Sale de mi interior y me pone a cuatro patas sobre las frías baldosas, solo para instantes después volver a entrar en mi interior. Rápido, duro, brusco.

Ahora se mueve con rapidez, embistiéndome varias veces por segundo, llegando hasta el fondo en cada penetración.

Siento la corriente eléctrica en mi interior, el fuego que corre por mis venas quemándome, abrasándome, haciéndome sentir más vivo que nunca.

Pone sus manos en mis muslos, apretando para impulsarse aun más en cada embestida.

Nuestros cuerpos chocan, creando un vergonzoso sonido que se camufla perfectamente entre los potentes gritos de placer de ambos.

Quiero correrme, ¡necesito liberarme ya!

Pero es como si mi cuerpo no quisiese que esto terminase, como si quisiese alargar este instante para siempre.

Pasan minutos, tal vez horas, en las que no siento más que su cuerpo embistiendo el mío. Sus manos en mis caderas y el calor, el profundo calor.

Y finalmente se acaba. El placer llega a su punto culminante y me descargo de toda la pasión. Mi cuerpo se contrae por el placer mientras el líquido blanco sale disparado de mi cuerpo.

Él siente mi orgasmo, mis espasmos, mis gemidos aun más potentes que los anteriores, y llega también al clímax descargándose en mi interior.

Su esencia se esparce por mi cuerpo, llenándome, resbalando algunas gotas entre mis piernas. Las rodillas dejan de sostenerme, caigo al suelo y él encima mío, incapaz también de sostenerse.

Ambos nos quedamos así unos instantes. Tumbados en el suelo, abrazados, sintiendo aun la electricidad recorrer nuestros cuerpos.

Finalmente se gira para quedar tumbado a mi lado, saliendo de encima de mí y de dentro de mi. Sigue estando muy pegado a mi, una pierna sobre las mías y su mano sobre mi mejilla.

Yo alargo los brazos hacia él y le rodeo con ellos, recibiendo en respuesta un cálido abrazo.

– ¿Ha sido tu primera vez? – me pregunta con voz suave, casi en un susurro.

Mi res puesta es simple. No hace falta mentir, ni dar explicaciones de nada.

– Si.

– También la mía.

Y le creo, no porque se viera inexperto, ni de cerca, si no porque puedo oír en su voz que es sincero, puedo escuchar en su corazón que no me mentiría sobre algo así.

– Mi mote, es Key. – le explico – pero puedes llamarme Kibummie. Si lo dices tú suena bien.

Levanta mi rostro con una mano y lo alza para besarme. Dulce, suave.

Nos quedamos mirándonos a los ojos. Igual unos minutos, igual horas.

Al fin aparto la mirada, sonrojado, cohibido.

– ¿Que ha sido de la putilla masoquista del principio eh Key? – se ríe. Y yo vuelvo a mirarle para fulminarle con mis ojos. – me gusta ver que también tienes un lado tierno. Ya me veía en el hospital con transfusiones de sangre cada vez que tuviese un arrebato de pasión.

– No soy tan bestia… – respondo haciendo un puchero.

En verdad hasta hoy no sabía que lo era.

No me pasa por alto que su comentario incluye un futuro. Un futuro juntos.

 

Miro por la ventana como las nubes recorren el cielo, empujadas por este viento veraniego.

– Kim Jonghyun ¿puedes salir a resolver esto a la pizarra?

Vuelvo la vista a la clase. Él está ahí, sentado varios pupitres más allá, con los puños apretados. Me busca con la mirada, y yo asiento y le sonrió, dándole ánimos.

Casi tiembla cuando se levanta y se dirige al pizarrón al frente de la clase.

Coge la tiza y se detiene ahí, pensando, hasta que con un suspiro lo deja y se dirige al profesor.

– Lo siento señor, no sé hacerlo.

– ¿Y por qué no?

Aprieta aun más los puños y traga saliva.

– Porque no asistí a esta lección.

– Ni a las anteriores – le recuerda. Jjong niega con la cabeza, en silencio. – espero, pues, que hayas aprendido y a partir de ahora asistas a las clases.

Él asiente, tragándose su orgullo, y a un gesto del profesor vuelve a su sitio y se desploma sobre la silla.

– ¿Choi Minho, puedes resolver esto en su lugar…?

<< Vamos Jjong >> le grito mentalmente << Ánimos >>

Sé que esto le está costando, asistir a clase, como un chico bueno, tragarse su orgullo y aceptar los sermones y burlas de los profesores que se vengan por todo el tiempo que estuvo ausente.

Pero lo está haciendo. Por mí.

Suena el timbre indicando el final de las clases. Recojo mis cosas y me levanto, no sin dolor. Mis heridas ya están cicatrizando, pero mi cuerpo aun no se recupera de nuestro primer encuentro… ni de los siguientes.

Despido a mis compañeros con la mano y me acerco a él, agachándome junto a su pupitre.

– ¿Estás bien?

Levanta la cabeza, me mira y me sonríe entrecerrando sus ojos de cachorrito.

– Si, es solo que tengo que ponerme al día, y es mucho trabajo…

– ¡Peo yo voy a ayudarte! Puedo hacerte repaso si quieres.

– Yo sí que voy a hacerte un repaso…

Su voz lujuriosa hace que me suban los colores y agacho la cabeza, avergonzado. Pero él me toma por la barbilla y levanta mi rostro para atrapar mis labios con los suyos.

Los compañeros que aún quedan en clase, incluido el profesor, nos miran mal. Sorprendidos, asqueados, indiferentes algunos.

Dejamos claro des del primer día que no íbamos a esconder nada. ¡Como si a ninguno de los dos nos importase ya lo que pensaran de nosotros…! y la verdad es que a la que dejas de hacerles caso no es tan difícil…

Cogidos de la mano salimos del aula y del instituto. Siempre juntos.

– ¿Sabes? mis padres están fuera hasta mañana – me dice sonriente. – Así que mi casa está vacía…

Lo pienso unos instantes. Su casa significa la enorme cama de la habitación de invitados, el jacuzzi, su cama con dosel donde me ató la última vez…

Me estoy poniendo duro solo de recordarlo.

– Igual luego. – le respondo. – de momento quiero un helado, y pasear cogidos de la mano por el parque, ir de compras al centro comercial… Tienes que comprarte esos pantalones que vimos la última vez. Los negros. Te sentaban muy bien, te veías muy…

Recuerdo cundo fimos de compras. La ropa que le escogí le sentaba realmente bien, pero duró poco sobre su cuerpo.

Recuerdo sus labios recorriendo mi cuerpo, si cierro los ojos aún puedo sentir su lengua, sus dientes, sus ardientes caricias…

– ¿Sabes qué? – le respondo al fin sonriente – vamos a tu casa.

Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el septiembre 2, 2012 en JongKey, K-POP oneshots y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Absolutamente pervertido y enfermo… Me gusta!

  2. me gusta nunca habia leido un fics de este tipo en que a uno de los protagonista le gustara el dolor, una experiencia nueva ….me gusta!!!!! Que pervert yo jiji …XD

  3. me encanto yo soy medio masoquista tambien y imaginarme a key sangrando me encanto y jonghyun sumiso al final que tierno los adoro es la pareja mas real que eh visto me encanta el jongkey

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