ACTION: Capitulo 1


action1

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) Ren, Minhyun, Aaron, JR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Estoy cansado incluso de intentarlo, me dejo caer, y ni siquiera así me muevo.

Mire a donde mire solo veo oscuridad, niebla que me aturde los sentidos.

Levanto la cabeza, una vez más, solo para ver de nuevo mi rostro en el espejo.

Corre, huye, escapa, muévete antes de que te alcance, no dejes que te coja.

Por más que grite, ¿a dónde llegará mi voz? ¿Quién me oirá? ¿Acudirá alguien en mi ayuda?

CAPÍTULO 1

Vuelve el carcelero, con la máscara blanca que le cubre la cara. Ya no intento levantarme, sé que mi cuerpo no responde. Él también lo sabe, deja la comida a mi lado y acerca el vaso a mis labios para darme de beber. Ya ni eso puedo hacer solo.
Después de alimentarme se va, sin pronunciar palabra, exactamente igual que los días anteriores. Siempre igual.
No sin esfuerzo consigo ladear la cabeza lo suficiente como para poder mirar a mi izquierda. El espejo, semi enterrado entre esta tierra oscura que lo cubre todo me devuelve mi imagen.
Espero encontrarme pálido y ojeroso, delgado, sucio, con la ropa hecha un desastre y cubierto de barro. Pero no, claro, la imagen es importante, mi ropa impecable y mi aspecto tan saludable como de costumbre. Aparte de la tristeza en mis ojos nada delata mi encarcelamiento.
Pasan las horas. Cada segundo aquí se me hace eterno. La mortecina e invariable luz, la misma tierra bajo mis pies, siempre exactamente igual, las plantas que no crecen por más tiempo que pase, esa niebla inmóvil… todo es demasiado artificial.
Hasta que al fin llegan.
Primero se oyen pasitos cortos, nerviosos y ansiosos, luego susurros, alguna exclamación, y entonces aparecen, armados con cámaras, con sus ropas lujosas y sus exclamaciones de “Oh” pintadas en sus rostros curiosos.
Todos me miran, expectantes, esperando que les muestre lo que han venido a ver. Y yo, por supuesto, no puedo negarme a dárselo.
Cierro los ojos y dejo caer mi mano para acariciar la tierra a mi lado. Hasta esto me cuesta. Me concentro hasta que siento las cosas fluir entorno a mí. La niebla finalmente se mueve, empujada por el viento a mi alrededor, viento que yo mismo he creado. La tierra tiembla ligeramente, levantando algunos granos de arena para bailar entre las suaves corrientes. Creando formas en el aire.
Y todo se detiene de nuevo. La niebla se para y la arena vuelve a caer. Eso es todo. Nada de agua, nada de fuego. Nada de fuertes vendavales ni repentinos terremotos. Todo eso está prohibido. Es peligroso.
Pero con esto basta. Siento los flashes y los pitidos de sus cámaras, sus exclamaciones de admiración. Con eso tienen suficiente.
Se van igual que han llegado. Todos juntos, aglomerados, con pasitos cortos y las cámaras por delante. A por el siguiente.

Percibo de reojo el resplandor rojizo y salto hacia adelante, cayendo en la siguiente barra de metal. Otra llamarada se acerca desde abajo. Me aparto a un lado. Más fuego, que vuelvo a esquivar. Me falta el aire, pero no puedo detenerme. Trepo por la enorme estructura de metal huyendo de las llamas, saltando de una barra a la otra. El fuego me rodea y me abrasa, lo siento en cada centímetro de mi piel. El metal arde, quemándome la piel, pero es mejor que el fuego. Más llamas, me aparto de nuevo. Estoy casi en el límite. Tengo que volver atrás, pero el fuego me rodea. Una nueva llamarada se acerca, impulsándome aún más adelante, hacia el exterior. No, no puedo salir. Fuera solo hay más fuego.
Salto hacia atrás, impulsándome con los brazos en la barra superior, esquivando el fuego que pasa a apenas centímetros de mi piel.
Y mi chaqueta estalla en llamas. Puedo sentirlas lamiendo mi piel. Y de nuevo ese dolor. Ese dolor atroz que aguza mis sentidos, permitiéndome incluso percibir el olor a carne quemada.
La arranco de un tirón, dejando caer la tela ardiente al suelo muy debajo de mí. En el gesto pierdo el equilibrio. Caigo hacia atrás, y hacia abajo, sintiendo que deja de haber nada sólido bajo mis pies. Voy a caer, me estamparé contra el suelo si no caigo sobre las llamas. Y aun así no moriría, porque soy demasiado valioso. Solo sentiría dolor.
En el último momento consigo agarrarme a una de las barras. Siento el tirón en mi brazo, y el hueso saliéndose de su sitio al recibir el peso de todo mi cuerpo descargado sobre él.
Pero eso no es excusa para retirarme. Con el brazo magullado me impulso hacia arriba, saltando de nuevo sobre el metal, preparado para saltar ante el próximo ataque.
Y este no se hace esperar, llega desde arriba obligándome a saltar hacia delante. No me detengo, no puedo. Siento las llama que me persiguen y me obligan a avanzar saltando entre el ardiente metal.
Y al fin termina. Las llamaradas se detienen y, agotado, me dejo caer en una posición más relajada en el mismo sitio donde estoy, sin importarme mi espalda quemada ni mi hombro dislocado. Oigo los aplausos y las admiraciones de los espectadores, como siempre impresionados.
Al fin el guía llama su atención y se marchan. Dejándome solo de nuevo.
No sin esfuerzo e intentando ignorar el dolor de mi cuerpo magullado consigo llegar hasta el suelo. La reja de metal que rodea la estructura sigue ardiendo, impidiéndome salir.
A los pocos minutos llegan los médicos, con sus batas blancas y sus máscaras inexpresivas, y las llamas se apartan para cederles el paso. Me desnudan y me untan en potingues que en pocas horas habrán curado todas y cada una de mis leves quemaduras. Vendan mi espalda quemada y las palmas de mis manos ampolladas. Aprieto con fuerza los dientes cuando siento que cogen mi brazo. Y grito, aunque intente ahogarlo mi aullido de dolor resuena entre los barrotes de metal, pues como suponía han devuelto el hueso a sus sitio sin el más mínimo cuidado.
Vuelven a vestirme con ropas nuevas e impecables y se marchan, dejándome tumbado en el suelo recuperándome para la siguiente actuación.
Segundos antes de caer inconsciente alcanzo a ver la papeleta que se acerca a mi jaula. Un pequeño avión de papel. Pero no llega a mí, al pasar la reja en llamas se prende y cae al suelo carbonizada. De nuevo.

No lo haré, no voy a levantarme, ¡no obedeceré de nuevo, joder!
Oigo las puertas abrirse y los pasos acercándose mí.
No, no podéis obligarme.
Los dos guardias enmascarados me cogen por debajo los hombros y me obligan a ponerme en pie.
¡He dicho que no!
Pero claro, no puedo utilizar mis poderes para alejarlos porque eso es exactamente lo que ellos quieren.
Ambos guardias me sostienen en pie mientras los “turistas” me fotografían y esperan, expectantes a la demostración de mi talento.
Pero no voy a hacerlo. No de nuevo.
Los espejos que me rodean me devuelven mi imagen multiplicada. Cientos de réplicas de mi propia figura alta y delgada cayendo desmadejada entre los guardias que me sujetan. Los cabellos rubios cayendo despeinados sobre mis hombros, las ropas plateadas reflejando mi propia luz, mi rostro inexpresivo, mis manos y pies sujetos a este molesto metal, el puño que se acerca a mi espalda para golpearme instantes antes de sentirlo impactar en el costado.
Y ya no puedo contenerlo más. El poder fluye de mi interior escapando de mi control. Cataratas de luz brotan con fuerza de mi cuerpo, obligando a los guardias a retroceder.
Se oyen las exclamaciones de los espectadores y el sonido de las cámaras mientras inmortalizan lo inimaginable. Para ellos todo está preparado. Todo es una farsa, nada más que un espectáculo.
Para mí no, y vuelvo a dejarme caer, abatido. Cansado de que hagan lo que quieran conmigo, de que me manipulen a su antojo.
Vuelvo a hacerme una bolita en el suelo, esperando a que se vayan. Tengo que ser más fuerte. Tengo que resistirme. No puedo dejar que siempre hagan lo que quieren conmigo, que puedan conseguir de mí todo lo que deseen. No voy a permitirlo más.
Y en el fondo sé que mañana será igual, que jamás voy a ser lo suficientemente fuerte.
Algo golpea suavemente mi hombro desnudo. Me incorporo un poco, sorprendido, y busco tras de mí lo que me ha tocado.
Y en el suelo, a mi lado sobre la tarima circular a la que estoy atado se encuentra un pequeño avión de papel.
Por un momento casi sonrío, sabiendo quién me lo manda.
Me giro para alcanzarla con mis manos esposadas. Lo leo y aprieto el papel entre las palmas de mis manos. Con un trozo de carbón garabateo una respuesta, y lo sostengo alzado hasta que siento como una suave corriente tira de él. Y el avión vuelve por donde ha venido.
Sin poder evitarlo sonrío.
Ya estamos cerca, lo conseguiremos.

Percibo que se acercan y guardo la nota y el lápiz bien escondido en un rincón de la habitación, en un pliegue entre el suelo y la lona de la pared. Después vuelvo a mi sitio, me ato de nuevo la mordaza y tarareando un par de notas consigo volver a cerrar las tiras que me atan a la silla.
La lona se abre para dejar entrar a todo el grupo de curiosos que entran a la sala tras el guía. Uno a uno van entrando y se sitúan en círculo a mi alrededor, detrás de la valla.
Los dos guardias a mis lados me quitan la mordaza y vuelven con el círculo de mirones. El guía se adelanta y se sienta en una silla frente a mí.
– Vamos Baekho. Canta para nosotros.
Esas son sus palabras, pero en sus ojos puedo leer mucho más. Veo en su expresión una muda promesa de dolor, una amenaza oculta en su mirada. Alguien será castigado si no cumplo con mi parte.
Si este hombre tuviese un poder, sería el poder de matar con la mirada. Por suerte para mí, no tiene ese poder. Por desgracia, aunque no sea con la mirada, sí tiene poder para matarme, o para ordenar que me maten, lo que es aún peor, pues cuando tienes que matar a alguien te lo piensas dos veces, cuando solo tienes que dar la orden puedes ser mucho más cruel. Y esos ojos irradiaban crueldad.
Me debato internamente. No quiero darle lo que quiere. Tampoco quiero que nadie salga herido.
Bajo la cabeza y empiezo a cantar. Solo una simple nota, dulce y clara, que hace que todo vibre en la habitación.
La lona se ondea, las ropas y cabellos de los curiosos se curvan en formas caprichosas, todo se mueve a mi antojo.
Tengo que evitar la tentación de estrangular al guía con el cuello de su propia camisa, porque sé que eso no serviría para nada.
Subo un tono y todo se mueve más rápido, con más violencia. No hay viento, parece que las cosas se mueven por voluntad propia.
Al fin me detengo. Guardo silencio de nuevo y miro los rostros de mis espectadores. Asustados. Son más inteligentes que su guía, perciben el peligro.
Este último se levanta, satisfecho, y les hace una seña a los “turistas” para indicarles que ha terminado el tour y que le sigan hacia la salida.
Los guardias me amordazan de nuevo y salen de la sala siguiendo al grupo.
Espero a que se alejen y cuando percibo que giran el siguiente pasillo tarareo un par de notas y hago que se suelten las ataduras que me sujetan a mi silla. Termino la nota que estaba escribiendo y la doblo en forma de avión. La junto con las otras dos que ya tenía escritas y las suelto en el aire, controlándolas con mi voz empujándolas hacia sus destinos. Siento como una se quema. La del nº2, chico de la jaula. Nunca consigo que le lleguen mis notas.
La del chico dormido le llega. La lee y la entierra junto a las demás. El de la luz me garabatea una respuesta y la suelta en el aire, para que yo la coja de nuevo.
Con una involuntaria sonrisa en mis labios la arrastro de nuevo hacia mí.
Sonrío porque sé que esto va a funcionar, que nos alzaremos contra nuestros captores, pero también sonrío por el hecho de que mi pequeño me haya respondido. Sus cartas es lo único que me da fuerzas para seguir con esto. Nunca le he visto, y ya siento que es necesario para mí. Sea lo que sea lo que eso signifique.

Primer càpítulo, esperamos les haya gustado

SHIROKO, KUROKO, AOIKO

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el septiembre 4, 2012 en ACTION y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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