ACTION: Capítulo 4


action4

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) Ren, Minhyun, Aaron, JR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo cuarto

Mi celda. La misma niebla, los mismos ladrillos. La misma tierra, la misma oscuridad. El mismo espejo de siempre. Todo es como siempre, excepto yo. Yo he cambiado, porque ya no me resigno, porque he decidido luchar.
Sentado en mi sitio, me entretengo haciendo dibujitos con el dedo en la tierra que cubre el suelo. El efecto de las drogas me está pasando, así que ahora soy capaz de moverme mínimamente. Lo aprovecho, porque sé que no durará, no lo permitirán.
Oigo algo, alguien se me acerca. Es uno de los guardias que me trae la comida.
No quiero comer. Tengo hambre, pero no quiero comer. Mas está claro que no puedo hacer nada para impedirlo. No puedo moverme y él jamás me escuchará. Es más, lo encontrará sospechoso y se lo dirá a ellos. Y me vigilarán. Incluso puede que me dé una paliza, si viene de mal humor.
Así que resignado y como siempre, dejo que me alimente. Me como obediente todo lo que me da. De la misma forma en la que lo hago siempre.
Él, complacido, coge la bandeja y se va.
Pero las cosas no son como siempre, y yo no voy a comer. Me cuesta levantar el brazo, pero con esfuerzo lo hago. Y sin dudarlo me meto dos dedos en la boca, tan adentro como puedo. Hasta rozar mi garganta. Esto me provoca arcadas.
No tardo en vomitar todo lo que acababa de comer. He conseguido girar la cabeza hacia un lado para no mancharme. De otra forma lo notarían enseguida.
Me siento mal, me duele el estómago. Esto es asqueroso, pero necesario.
Con mis lentos y dificultosos movimientos intento tapar el vómito con tierra. Me va a llevar un buen rato, pero no pasa nada. Tengo tiempo hasta que vuelvan.
Ha llegado la hora, por fin, Vamos a hacerlo, vamos a salir de aquí. Vamos a demostrarles quienes somos, va a ser el espectáculo de nuestras vidas.
Abro el hueco donde he guardado todas nuestras cartas y las guardo en mi bolsillo. Son mis recuerdos más preciados, han sido mi fuerza estos dos largos años. Ya no hay nada que me retenga aquí, solo unas cadenas y no van a atarme por mucho tiempo.
Observo los grilletes que atan mis manos. Los gruesos brazaletes metálicos aprietan mis muñecas. Hago fuerza separando mis manos. Duele. El metal se clava en mi piel y las cadenas son demasiado fuertes como para romperse tan fácilmente. Sigo intentándolo, forzando la juntura hasta que se vuelven a abrir las viejas heridas. Las cicatrices llenan mis muñecas. Obviamente esto no funcionará así, voy a tener que usar mis poderes. Primer intento, la luz envuelve mis muñecas con una explosión, reflejándose en los espejos. No se aprecia un daño significativo, mierda. Vuelvo a intentarlo. Una, dos, tres veces más. Empiezo a cansarme, nunca había usado mi poder tantas veces seguidas. Pero hace efecto y finalmente, después de muchos tirones se rompe un eslabón.
Joder, ya era hora. Por fin tengo mis manos libres después de tanto tiempo. Se siente bien. Pero tengo que darme prisa, todavía queda una cadena. Me siento en el suelo y vuelvo a hacer el mismo proceso. Una explosión detrás de otra. Cada vez me cuesta más, estoy cansado pero tengo que darme prisa. Una, dos, tres explosiones mas y se rompen también. Por fin. Tengo que marcharme ya pero me permito descansar un momento sentado en el suelo. Los brazaletes en mis pies y manos molestan pero como mínimo ya puedo moverme libremente. Es la hora. Me levanto y, por fin, después de todo este maldito tiempo, salgo de mi celda.

Ren ha salido de su celda. Uno.
No lo han notado. ¡Genial! No las tenía todas. Lo tapé tan bien como pude, pero huele mal, muy mal. Incluso me marea estar al lado de eso.
Pero ellos no lo han notado. Supongo que el olor a suciedad, tierra y humedad lo han camuflado. Además, creo que llevan algún tipo de filtro del aire dentro de las máscaras. Tienen miedo de que les envenene de algún modo usando mi poder con el aire que respiran. ¿Podría hacerlo? Tal vez, nunca lo he intentado. Y de momento no será necesario.
Ahora estoy solo, y éste es el momento. El momento de escapar, de empezar nuestro espectáculo, de demostrar al mundo quiénes somos.
Levanto mi brazo para comprobar que me responde, que puedo moverlo a mi antojo, no sin dificultad y pesadez. Me cuesta, pero puedo hacerlo. ¿Cuánto hacía que no podía moverlo así?
Es perfecto, ha funcionado. Tal y como sospechaba, las drogas que me impedían moverme me las daban a través de la comida. Cuando hacía horas que no comía, empezaba a poder moverme mínimamente, y cuando eso ocurría venían ellos y me daban de comer de nuevo. Entonces me quedaba como un muñeco adormecido, ni un solo músculo de mi cuerpo respondía a mi voluntad.
Pero ahora he dejado de comer, y por lo tanto de tomar las drogas. Y puedo moverme. Y ellos no lo saben. Y voy a aprovecharlo.
Pero hay un problema. Sin comida mi cuerpo se debilita, y también lo hace mi poder. Así que ahora no puedo controlar los elementos tan bien como desearía. Pero creo que para salir de mi celda y reunirme con los otros será suficiente. Luego, ellos me ayudarán, también tienen poderes. Y huiremos
juntos.
Utilizo toda mi fuerza de concentración y toda mi voluntad para conseguir que el cuerpo me responda. Me ayudo de los brazos y consigo ponerme de pie.
¡Estoy de pie! ¡Sin que nadie me sostenga! Nunca había vuelto a levantarme desde que entré aquí. Las piernas me tiemblan.
No pensaba que este simple hecho me haría tan feliz. Me siento emocionado, tengo ganas de gritar y saltar de alegría. Pero no me siento capaz de saltar todavía, y creo que en mi situación será mejor que no grite.
Así que me limito a seguir con el plan. Ayudándome de la pared, consigo caminar, estoy dando mis segundos primeros pasos. Parezco un niño pequeño aprendiendo a caminar, orgulloso de sí mismo.
Intento separarme de la pared, pero en el momento en el que dejo de sostenerme en ella pierdo el equilibrio y me voy de morros al suelo. Esto no ha funcionado, así que al volver a levantarme decido no separarme de la pared de nuevo.
He conseguido llegar a la puerta de mi celda. Sin demasiada dificultad, utilizo mi fuego, el fuego que ellos nunca me dejaban utilizar, para fundir la cerradura y desbloquearla.
Prudente, abro un poquito la puerta, lo suficiente para conseguir ver el pasillo. Estoy de suerte, no hay nadie. Pero sí hay cámaras de vigilancia. No puedo permitir que me graben.
Esto tiene fácil solución. Miro la primera de las cámaras, y pronto veo cómo ésta estalla en llamas. Mis llamas la consumen.
Sonrío al ver que ha funcionado, que no es tan difícil. Y con decisión pero también con la máxima prudencia, me dispongo a adentrarme en aquel pasillo ya conocido, de paredes blancas, pero no para ir a la sala de maquillaje como de costumbre, sino para largarme y no volver nunca más.
Minhyun también lo ha conseguido. Dos.
Miro las llamas que me rodean. Las desafío con una mirada llena de rabia, pero a ellas no les afecta lo más mínimo. Siguen avivándose, rápidas y sin temor alguno. Para mí ellas son como demonios, la fuente de mis pesadillas. Convierten esto en un completo infierno, casi literalmente.
Estoy bien peinado, bien vestido y bien maquillado. Preparado para una nueva actuación. Algo que deseo sin esperanza alguna que no llegue nunca.
Sólo puedo esperar, sentado en el suelo y recostado en una de las barras, de la misma manera en la que suelo sentarme siempre. Mirando el fuego casi sin verlo y dejando volar mi imaginación hacia algún lugar muy, muy lejano. Algún lugar donde alguna vez he estado, o tal vez donde algún día desearía estar. Donde haya paz y no haya dolor.
Un ruido sordo interrumpe mis pensamientos. Conozco perfectamente este chirrido, es el que hace la puerta de mi estancia al abrirse. Aunque es un poco distinto que de costumbre, es como si la cerradura de la puerta se hubiera… ¿fundido? No, debo habérmelo imaginado.
¿Nuevos visitantes, tal vez? No, todavía es pronto, será uno de los guardias.
Miro hacia la puerta y veo una figura entrar. Me cuesta apreciarlo claramente a través de las llamas, pero hago un esfuerzo para fijarme en él.
Es un chico, viene solo. Parece más joven que yo. No parece un guardia, no lleva la máscara blanca. Me fijo en su delicado rostro y su bien proporcionado cuerpo de modelo. Es realmente muy guapo.
Me parece que es como yo. Sus ropas son similares a las mías, y ese peinado es claramente del estilo de Yoonjo.
Me llama la atención un claro rastro de suciedad en sus prendas blancas, que deberían estar impecables. Como si se hubiera caído de cabeza sobre una montaña de tierra húmeda. Aunque viendo la forma en la que se mueve, no es una idea demasiada descabellada. Anda con dificultad y no se separa de la pared. Sus movimientos son lentos y toscos, como si su cuerpo no le respondiera.
Veo que intenta acercarse a mí. Cuando comprueba que siguiendo la pared no va a poder llegar más cerca, duda unos instantes y luego decide separarse de ella. Se tambalea, creo que va a caerse. Pero consigue mantener el equilibrio y andar. Sonríe, me parece que está satisfecho con su logro.
Llega a una pequeña valla metálica que sirve para indicar a los visitantes que no deben avanzar más, que es peligroso. Él la mira y sin dudarlo intenta saltarla. No es alta ni mucho menos, pero con su torpeza tropieza y cae al suelo.
Parece que no se ha hecho daño, porque enseguida se incorpora. Creo que no se atreve a levantarse de nuevo. Decide seguir acercándose gateando. Y se detiene cuando nota que si sigue avanzando el fuego que me rodea va a hacerle daño.
Sin darme cuenta, me levanto y me acerco a él. Luego me arrodillo en el suelo para quedar a su altura.
Estamos muy cerca. Sólo una pared de fuego nos separa. Ahora me fijo en su rostro, es muy fino y me parece muy hermoso. Sus ojos me miran penetrantes y sus labios se curvan en una dulce sonrisa. Siento cosquillas en el estómago, y un intenso calor que sube desde mis entrañas hasta mi cabeza y me hace enrojecer y empezar a sudar. ¿Qué me pasa? Debe ser que estoy demasiado cerca del fuego.
– Hola. Así que tú eres el chico que escapa del fuego de la sala 2. Me llamo Hwang Minhyun.
– ¿Quién eres?
– Soy alguien como tú, estaba en la sala 1.
– ¿Y cómo…? ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Si descubren que te has escapado te van a…!
– ¿Pero qué dices? Baekho me dijo que consiguió hacerte llegar un avión de papel, así que ya estás al tanto de nuestras intenciones.
¿Baekho? ¿Aviones de papel? Ah, claro, los aviones… la huída… la rebelión…
– Sí, recibí un avión. Pero decidí que no iba a largarme con vosotros y lo quemé. ¿Esto no te lo contó Baekho?
– Me dijo que estabas confundido, pero que viniera a buscarte y te llevara con nosotros. Vamos, vente conmigo.
– No puedo. Lo siento.
Se me quiebra la voz. Noto todo mi cuerpo temblar. Por una extraña sensación, un extraño deseo de libertad reprimido durante demasiado tiempo. Pero a la vez por el miedo, el miedo al dolor, al sufrimiento y a lo desconocido. El miedo a las posibles consecuencias de nuestra huída.
– ¿Eres tonto? ¿Cómo que no puedes? ¡Claro que puedes! ¡No vas a quedarte aquí el resto de tu vida sometiéndote a sus torturas y sus caprichos cómo un auténtico idiota cobarde! ¿Verdad que no? ¡Tienes que salir de aquí, recuperar tu libertad y vivir tu vida! ¡Tienes que ser feliz y demostrarles quién eres! ¡Por favor…!

Claro que me gustaría largarme de aquí. Quiero salir de este infierno, por supuesto, este lugar me da asco. Quiero que dejen de tratarme como a un objeto, quiero volver a sentir que soy una persona, quiero poder tener una conversación con alguien que vaya más allá de simples órdenes. También quiero volver a ver el sol, el cielo… volver a sentir la lluvia suave sobre mi cuerpo… Que dejen de aparecerme quemaduras por todo el cuerpo día tras día, que el fuego deje de perseguirme, que deje de torturarme…
A lo mejor debería… ¡No, claro que no! ¡No debo volver a pensar esas cosas! Hace mucho tiempo que decidí enterrar estas ideas locas de libertad. Decidí enterrar la esperanza y la ilusión. Porque así era más fácil. Así me ahorraba ese desgarrador sentimiento de frustración, de impotencia. El horror que uno siente cuando quiere hacer algo pero sabe que jamás lo conseguirá.
Cuando te tratan como a un objeto, ¿no es mucho más fácil fingir que lo eres? Es mejor tener satisfechos a los que tienen el poder de hacer contigo lo que quieren. Te ahorras mucho sufrimiento. Y, al final, si te tratan como a un objeto acabas sintiéndote como tal. Y acabas cayendo en la más profunda sumisión. Puede que suene horrible, pero es lo más cómodo.
Ya me he vuelto obediente y sumiso. No voy a cambiar ahora. No voy a arriesgarlo todo, no quiero sufrir más por esto.
Aunque la idea de volver a ser libre… ¡No, debo alejar estos pensamientos de mi cabeza!
– ¡Yo no soy cómo vosotros! Te he dicho que no me iré. Sois unos inconscientes, largaos sin mí…
– ¡Por favor…! Piensa en tu familia, en tu hogar, en tus sueños. ¿Tendrás algún sueño, no? Seguro que hay algo que quieres hacer en la vida. Lugares a los que quieres estar, personas a las que deseas conocer… ¡No vas a conseguir nada de eso si te quedas aquí! Vamos, no puede haber nada peor que esto. Piénsalo, por favor…
Mi familia… Sí que tenía una familia… Creo que intenté olvidarla, pensé que era mejor fingir que nunca habían existido. Les quería mucho. Y nuestro piso, en medio de Los Ángeles, en un rascacielos con unas vistas maravillosas… Mis amigos… Y mi sueño… Sí, tenía un sueño. Quería ser cantante. Me encantaba la música, y sobre todo rapear. No se me daba mal. Seguro que lo habría conseguido.
Pero ahora es imposible. Lo he perdido todo, para siempre.
Aunque… ¿y si todavía no fuera demasiado tarde? Puede que mi familia todavía me esté buscando… Puede que mis amigos no me hayan olvidado… ¿Y rapear? Creo que todavía recuerdo cómo lo hacía… Si pudiera salir de aquí, a lo mejor…
Otra vez, no puedo pensar eso. Nunca lo conseguiríamos. Pero… ¿y si lo lográramos? ¿Y si puedo volver a ser libre? No, no puedo, no debo… pero quiero… pero no debo… Me estoy haciendo un lío…
Dudo. Creía que lo tenía claro, pero ahora dudo.

– Pero yo…
– Yo tampoco quería hacerlo. Dudé mucho, muchísimo. Pero al final me he decidido, quiero intentarlo. Prefiero intentar salir de aquí y morir en el intento que vivir para siempre en este infierno. Y si me cogen y las nuevas torturas son peores que las de hasta ahora, pensaré que como mínimo lo he intentado, que no me he resignado. Que no soy un muñeco en sus manos porque he luchado por mis sueños hasta el final. Que todavía tengo personalidad y voluntad.
Su tono de voz, antes agresivo, se ha vuelto muy dulce. Sus palabras y su intensa mirada me revuelven el estómago y se me humedecen los ojos, pero consigo reprimir mis lágrimas. . La cabeza me da vueltas, no puedo pensar con claridad. No me salen las palabras, aunque tampoco se me ocurre qué decir. No sé qué hacer.
Cada vez me invaden más las ganas de escapar, de irme lejos, de jugármelo todo. Unos sentimientos que creía que había enterrado para siempre. Han vuelto a surgir, los creía desaparecidos pero seguían en mí. Y ahora me impulsan a intentarlo, a dejarme llevar por mis deseos. Y todo gracias a él.
Pero todavía dudo, no lo veo claro. Tengo miedo. Esto pude ser mi sentencia.
– Sé que tienes miedo, yo también lo tengo. Y sé que escapar de aquí es muy difícil y que hay muchas probabilidades de que nos pillen. Pero piénsalo por un momento, ¿y si lo conseguimos? ¿Y si no nos pillan? ¿No crees que vale la pena intentarlo? Por muy remota que sea la posibilidad de que todo salga bien, ésta existe, y creo que merece la pena aferrarse a ella y jugárselo todo.
Respiro profundamente y lo miro a los ojos. Éstos le brillan. De decisión, de ilusión, de esperanza. Realmente cree que podemos conseguirlo. A lo mejor podemos. A lo mejor merece la pena intentarlo.
– O te vienes conmigo o yo no me muevo de aquí. No voy a dejarte.
Eso me sorprende. Pero lo dice en serio, sus ojos no mienten. Está dispuesto a hacer esto por mí. Se lo está jugando todo sólo por mí. Pensando eso me da un vuelco el corazón.
Ahora lo veo claro. Voy a intentarlo. Voy a jugar todas mis cartas. Podemos hacerlo, estoy seguro de ello. Puedo volver a ser libre de nuevo. Ver a los míos, cumplir mi sueño… Y dejar de sufrir. Salir de aquí de una vez por todas y para siempre.

Respiro profundamente y lo miro a los ojos.
– Tienes razón. Me iré contigo.
– ¡Genial!
A pesar de la dificultad de sus movimientos ha conseguido pegar un pequeño brinco de alegría, y ahora me sonríe satisfecho y contento. Tiene una sonrisa realmente hermosa, verle feliz me hace sentir bien.
Pero no tardo en volver a la realidad.
– Oye, pero… ¿Cómo voy a salir de aquí? Mi poder es la agilidad, pero el fuego es demasiado intenso, me matará.
– Yo controlo los elementos. He usado muchas veces seguidas mi poder, y además llevo mucho sin comer y estoy muy débil. Ahora mismo no tengo suficiente fuerza para apagar unas llamas que yo no he creado y que por lo tanto no me pertenecen, pero creo que sí puedo disminuir su intensidad. Intenta cruzarlas de un salto entonces, ¿te parece?
Yo asiento, estoy decidido a intentarlo. Me subo a las barras metálicas por última vez, ésta va a ser mi última actuación con fuego. Salto ágilmente de barra en barra y me coloco en un sitio adecuado para coger carrerilla.
– ¡Estoy listo, cuando quieras!
Él mira fijamente a las llamas que hay delante de mí, y éstas inmediatamente le obedecen y disminuyen su intensidad. Yo lo aprovecho, me desplazo de barra en barra rápido para coger velocidad y salto directo hacia el fuego, atravesándolo.
Lo he cruzado, pero mi ropa se ha encendido. Amortiguo ágilmente la caída sobre el suelo con mis pies pero luego me desplomo, retorciéndome de dolor ante las llamas que abrasan mi piel y consumen mi cuerpo.
Pero esto sólo dura un instante, porque enseguida una ola de agua fría y refrescante me azota y apaga por fin el fuego que me dañaba. ¿Qué ha sido eso?
Me incorporo empapado y adolorido, y veo cómo el chico, pálido y jadeante, se desploma ante mí. Parece agotado. Dijo que controlaba los elementos, no hay duda que ha sido cosa suya. Me ha liberado y me ha salvado la vida.
Corro hacia él y le levanto un poco el tronco y la cabeza del suelo, con mucho cuidado. Él abre los ojos y me mira.
– ¿Estás bien? Lo siento, no he podido bajar más la intensidad del fuego. No quería que te quemaras…
– Estoy bien, mejor que nunca. ¿Y sabes por qué? Porque estoy fuera de allí, porque me he podido enfrentar al fuego y escapar de él. Porque le he ganado y ahora soy libre. Y todo gracias a ti. Te lo agradezco de corazón.
Me dejo llevar por la emoción y le abrazo. Cuando me doy cuenta me aparto rápido, a lo mejor le ha molestado. Pero le miro a la cara y veo que me sonríe, le veo feliz. Creo que haría lo que fuera para que nunca dejara de sonreír así.
– Me tenían sedado y por eso me muevo con tanta dificultad. ¿Me ayudarás a levantarme y huir?
– Claro. Tú me has salvado, deja que sea yo el que te ayude ahora. Me convertiré en tus brazos y tus piernas mientras tú no puedas moverte. Te protegeré.
Y dicho esto, me giro y le ayudo a subirse a mi espalda. Él rodea mi cadera con sus piernas y mi cuello con sus brazos. Yo le cojo los muslos con las manos para evitar que se caiga. Luego me dirijo rápido hacia la puerta.
– Cuidado, en el pasillo hay cámaras. Debemos destruirlas.
– ¡Yo me encargo!
Siento su respiración contra mi nuca, y los latidos de su corazón contra mi espalda. Eso me hace erizar la piel. Por algún motivo, me gusta tener su cálido cuerpo abrazándome, me hace sentir bien.
Voy a protegerlo, cueste lo que cueste. Ya no sólo quiero salir de aquí por mí, sino también por él. Quiero que nos escapemos juntos, quiero verle libre y feliz. Que esa bonita sonrisa no se vaya nunca de su rostro.
Con estos pensamientos en mente, abro la puerta, que efectivamente tiene la cerradura fundida, y ambos salimos al pasillo.
Y Aaron. Tres. Mi turno.
Susurro las cuatro notas de siempre y los grilletes se sueltan de mis manos. Cada vez es más fácil, como si reconociesen la melodía, Me levanto de mi silla y recojo mi pequeño tesoro. Las cartas de Ren.
Abrir la cremallera de la lona no es un obstáculo para mí. Con un simple susurro el candado se suelta y la cremallera se abre sola, mostrándome el camino hacia la libertad.
Arranco mi collar y suelto una de las piezas que lanzo contra la cámara más próxima. La dirijo con la voz para que impacte en la lente y esta se rompe, dejando de grabar. Perfecto.
Avanzo por el pasillo repitiendo varias veces el proceso, dirigiéndome a la 5º celda, Donde aguarda el único de mis compañeros que aun no ha sido expuesto. Donde me reuniré con mis aliados. Con Ren.
Me despierto. Abro los ojos. O me duermo. No lo sé. Ya no sé nada. Vuelvo a estar en la sala de espejos. ¿Es esto real??? ¿O es la casa oscura y la mujer sangrante? No lo sé. No sé nada. Me veo en los espejos. Brillo. Todo brilla.
No, todo no.
Hay manchas. Manchas oscuras. Rojas. Crecen. Y vuelvo a estar en la casa oscura. La mujer sigue estirando sus brazos hacia mí. Quiere tocarme, y yo quiero acercarme a ella. Pero ella no se mueve. Porque está muerta. Y yo tampoco. ¿Estaré muerto?
No, no estoy muerto. Porque me duele, y porque veo los espejos, reflejándome, y porque siento las lagrimas, caen, húmedas. ¿Estoy llorando? ¿Por qué lloro?
Hay luz, luz intensa. Desde el suelo. Me hiere os ojos. Demasiada luz. Cierro los ojos y regresa la sangre, la oscuridad. Prefiero la luz, los espejos. La oscuridad es triste.
Miro la luz, fijamente. Mis ojos duelen. Sigo mirando. Y veo una cara. Una chica. Rubia. Sonriendo. Y más sangre. No me gusta la sangre. Es demasiado… roja.
Me ahoga. Cuesta respirar con tanta sangre. Y tan rojo. Espejos rojos, luces rojas, cabes rojos… Me ahogo. ME AHOGO. ¡¡¡AIRE!!!.
Y se abre la puerta.

Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el septiembre 21, 2012 en ACTION y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. wau esta super interesante yo quiero saber que pasa, si lo logran o no ….. porfa espero con ansias el siguiente capitulo XD

  1. Pingback: ¡ACTION! | SHIROKOtoKUROKO

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