ACTION: Capítulo 13


13

 

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAaronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo trigésimo

Tengo sueño. Los ojos me pesan y mi cabeza palpita con un dolor sordo. Me duele todo el cuerpo. Solo quiero dormir… pero tengo miedo. No quiero volver a soñar. Cada vez que cierro los ojos vuelve la imagen de Baekho muriendo delante mío. Por mi culpa. Sin que yo pueda hacer nada.
Y ahora esta allí fuera. Tienen que volver pronto. Min necesita comida y JR mantas y medicamentos. Pero… ¿Qué pasa si les cogen? Nos encontraran y nosotros tres no podemos defendernos. Mi sueño se volverá real. Nunca más veremos el sol, mi familia, Baekho…
Intento acurrucarme más, tiemblo en un rincón al lado de Minhyun pero no sé si es por la temperatura de esta sala congelada o por el miedo.
– ¿Y si no lo conseguimos? – digo finalmente en voz alta, tengo la impresión de que si sigo dándole vueltas así me volveré mas loco que JR. Necesito que alguien me diga que vamos a conseguirlo.
– Lo habremos intentado – responde Minhyun.

Me estiro para darle una colleja ¿Qué? ¿Cómo que lo habremos intentado? ¡No es suficiente! ¡Tenemos que conseguirlo!
– No Min, ¡No es suficiente! Tenemos que hacerlo ¿Estarás satisfecho si morimos en el intento? ¿Si nunca salimos de aquí? ¿A caso no quieres volver a ver a tu familia? – desvía la mirada, no me creo que pueda ser tan frio. Con lo que yo les echo de menos… – Yo si…yo…tenía una hermanita. No, tengo una hermanita. MinNa. Tenía 6 años cuando yo me fui, y siempre se levantaba antes de que yo me fuera al instituto para despedirme. “Te espero aquí” me decía… y esa mañana también me lo dijo, y yo le respondí, como siempre, que quería verla ahí de pie en cuanto llegase. Me capturaron al volver del colegio. Esa tarde no volví, y no puedo hacerla esperar más. Tengo que regresar con ella. Se lo prometí y voy a cumplirlo.

Escucho la historia de Ren con la mirada vacía y perdida en algún lugar de la habitación. Ha sido triste y a la vez conmovedor. Me da pena que lo separaran así de su familia, debe de ser muy frustrante morir de ganas de ver a alguien y que no te dejen hacerlo. Me cuesta un poco imaginarme cómo debe sentirse.
Pero a la vez me da envidia. Ojalá yo pudiera decir lo mismo. Ojalá hubiera alguien esperándome fuera, en la puerta de casa. Ojalá tuviera un lugar al que regresar.
Ren se gira dificultosamente para mirarme, esperando que le diga algo, supongo que quiere que le hable de mi familia y de cuanto los echo de menos. No quiero hablar de eso. No digo nada.
– ¿Qué coño te pasa, atontado? ¿Se te ha comido la lengua el gato? ¿Es que te da igual volver o no con los tuyos? ¿Te da lo mismo no poder ver a tu familia nunca más? ¡Seguro que están todos buscándote desesperadamente! ¿Y tú pasas de ellos?
Habla rápido y casi sin respirar. ¿Se enfada conmigo porque paso de mi familia? Como si yo les importara…
– Mis padres me vendieron.
– ¿Qué?
Por fin se ha callado, y ahora me mira incrédulo.
Yo suspiro y cojo una gran bocanada de aire para que me de fuerzas para contarle lo que pasó. Me tiembla un poco la voz. Todavía me duele hablar de eso.
– Estaba sentado en la sala cuando llegaron. Escuché como mis padres hablaban con ellos y me acerqué a ver qué sucedía. Les dijeron a mis padres que me querían, les ofrecieron una cifra. Mi padre respondió que nunca vendería a su hijo… no por ese precio. Me fui con ellos por el doble. Como comprenderás no, no quiero regresar con los míos.
No puedo creerlo. ¿Vendido? ¿Por sus padres? ¿Qué clase de familia haría algo así? No merecen ser llamados padres… Cuando pienso en lo feliz que he sido yo siempre en mi casa… No puedo ni imaginarme lo que sería que mis padres hicieran algo así.
No se qué hacer o decir. No me extraña que no quiera volver a casa y acabo de darme cuenta que he metido la pata. Muy bien Ren.
– Lo siento Min, no lo sabia…
– No, no lo sientes ¿Cómo vas a sentirlo? No sabes lo que es, ¡no puedes comprenderlo! No puedes entender lo que es vivir con un padre que te ignora y cuya esposa cambia cada pocos meses, con unas hermanas que seguro se alegraron de que desapareciera solo porque así reciben más parte de herencia, rodeado de gente que daría cualquier cosa por estar en una posición que yo nunca pedí y teniendo sobre mi cabeza la responsabilidad de ser el heredero de un mundo que odias y… ¡Y cuando ya crees que tu vida no puede ser peor te enteras de que a tu padre no le importas más que unos cuantos millones! ¡¡¡Tu propio padre!!! Y te meten en este pozo oscuro y… Lo siento, se que todos lo habéis pasado mal pero es que pensar en eso…

Minhyun calla y se hace el silencio. No me atrevo a decir nada.
– Yo… creo que en parte te comprendo. – JR es quien responde al fin – No por lo de tu familia, no puedo ni quiero imaginarme como tiene que ser crecer rodeado de gente así, y que sepas que te compadezco y te admiro por partes iguales, tuvo que ser duro, Pero si comprendo la sensación de no tener a nadie que te espere fuera. Quieres escapar, pero tienes tanto miedo de fracasar como de conseguirlo. Porque si lo logras ¿Qué harás fuera? ¿Dónde irás? ¿Qué será de ti?

Dejo la pregunta suspendida en el aire. No era consciente de haber pensado en eso hasta ahora pero de repente me doy cuenta de cuánto me preocupa. Tal vez aquí dentro no soy más que una pieza de museo, pero soy importante, fuera no soy nadie.
– ¿Qué pasó con tu familia? – pregunta el rubito inocente.
Rio, algo histérico, prefiero no pensar en ello.
– Si no quieres… – Minhyun es más comprensivo, en parte comprende lo que es no querer recordar algo…
– No, está bien, vosotros lo habéis contado, es mi turno. – cierro los ojos e inspiro, intentando no pensar en lo que voy a decir. – Mataron a mis padres – mis propias palabras me golpean, creo que nunca había pensado racionalmente en ello – de hecho tengo grabada la imagen de mi madre muriéndose, es la principal causa de… bueno, de mi locura, ¿por qué negarlo? Recuerdo su cara, con la sangre cayendo por la comisura de sus labios, el roce de su cuerpo al caer a mi lado sobre la alfombra, y como esta se llenaba cada vez mas de sangre, sangre espesa, sangre caliente…
Sus brazos, extendidos hacia mi, su grito “Jonghyun… Jonghyun…”
– JR… ¡JR!
Abro los ojos que ya tenía abiertos y regreso de nuevo a la habitación fría. Minhyun arrodillado a mi lado con una mano sobre mi hombro, Ren tumbado algo más lejos, ambos me miran preocupados.
Me doy cuenta de que tiemblo, de que respiro con dificultad, de que estoy tenso. Inspiro y expiro profundamente, varias veces, sintiendo como el aire me llena los pulmones de nuevo.
– Gracias, – les digo – por despertarme. Y… lo siento, me pasa a menudo.
Por suerte, cada vez menos.

Ahora entiendo el origen de la locura de JR. Presenciar la muerte de tus padres delante de tus propios ojos debe de ser horrible. De unos padres que te quieren, claro. Mi caso es distinto. Yo creo que incluso disfrutaría viéndolos morir delante de mí. Esa gente que nunca me ha querido, que me ha arruinado la vida, a la que siempre he odiado. Definitivamente estarían mejor muertos. Para mí es como si ya lo estuvieran.
Pero ellos sí que le querían. Y los mataron, él los vio morir. Qué asco de gente.
Hasta ahora pensaba en JR sólo como “el niño loco”. Ni siquiera me había planteado el origen de su locura, inconscientemente había dado por hecho que sencillamente él era así, como si siempre hubiera sido así. Incluso había llegado a pensar que era un estorbo para nosotros, y una carga por tener siempre que vigilar que no se pusiera a gritar e hiciera que nos descubrieran.
Me siento muy mal por haber pensado eso. ¡Soy horrible! ¡Pobre JR! ¡Y encima me da las gracias!
Creo que ha visto en mi cara que me siento mal, porque me sonríe como diciéndome “no estés triste, anímate, todo saldrá bien, ya lo verás”. Su boca sonríe pero sus ojos están tristes y llenos de dolor por los recuerdos de un pasado demasiado traumático. Igual que los míos. Cruzamos una mirada de complicidad. Ninguno de los dos dice nada, no hace falta, los ojos dicen mucho más que las palabras. Y este instante, este pequeño gesto que compartimos lleno de compañerismo, dolor y esperanza nos une más que cualquier otra cosa.
Me gusta este chico, y me arrepiento de todo lo que había pensado sobre él. Voy a compensárselo, quiero que seamos buenos amigos.
Oigo sollozos detrás de mí. Éstos me sacan de mis pensamientos. Me giro sin entender qué puede estar pasando. Es Ren. Está arrodillado no muy lejos de nosotros y por mucho que se tape la cara con las manos está claro que está llorando. ¿Ren? ¿El inexpresivo Ren llora?
Cruzo de nuevo la mirada con JR y veo en su expresión que lo entiende tan poco como yo.
– ¿Rubia? ¿Qué… qué te pasa?
Me acerco a él y con delicadeza le aparto las manos de la cara para encontrarme con sus ojos ahogados de lágrimas como dos cataratas. Le acaricio la mejilla suavemente en un intento de secar sus lágrimas, pero sin demasiado éxito.
– Ren… Vamos, dinos, ¿qué ha pasado? ¿Hemos dicho algo malo?
Él niega con la cabeza. No le salen las palabras.
– Es que… es que… yo… -traga saliva con dificultad y coge aire- yo pensaba que era desgraciado, pero lo vuestro es muy triste… No sabía que lo habíais pasado tan mal… Lo siento mucho…
¿Está llorando por nosotros? Vaya, eso sí que no me lo esperaba. No sabía que fuera tan empático y sensible…
– Vamos, no te lo contábamos para ponerte triste. Ren, no llores, por favor…
– Tiene razón, rubia. Siento haberte gritado antes, es que recordar me pone de mal humor. Pero nada de esto es tu culpa, no te sientas mal…
– Pero es que…
Sigue llorando. Sólo se me ocurre abrazarlo, y él recuesta su frente en mi hombro y se agarra a mi cuerpo con fuerza, aún ente fuertes sollozos. Siento como tiembla. Pongo una de mis manos detrás de su cabeza y le acaricio con suavidad el pelo, intentando tranquilizarlo. Nadie dice nada y los sollozos de la rubia son lo único que se oye en la fría sala.

Baekho y yo seguimos metiendo dentro de las mochilas toda la comida que podamos llevarles a nuestros compañeros. Debo reconocer que yo también estaba muerto de hambre, creo que estoy metiendo más comida en mi estómago que dentro de la mochila. Pero es que debo estar fuerte para poder proteger a mi Min.
¡Crash!
¿Qué ha sido eso? Del susto suelto el paquete de galletas que tenía en las manos y me giro.
Baekho debía de tener un bol de mármol lleno de naranjas en las manos, porque ahora el bol se ha convertido en un montón trocitos de cerámica cortantes esparcidos por el suelo alrededor de sus pies, y las naranjas se pasean sobre las baldosas de la cocina como si fueran bolas de billar.
¡Ese imbécil! ¡Ya está armando jaleo! Nos están buscando por todos lados, si sigue así nos van a pillar.
Estoy a punto de gritarle algo más bien poco amable, pero cuando veo la expresión de su cara me reprimo.
Tiene el rostro rígido con una expresión preocupación. Sus ojos miran al vacío y se muerde nervioso el labio inferior. Ni siquiera parpadea, y me fijo en sus manos extendidas como si aún estuvieran sosteniendo el bol.
– ¿Baekho? ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
– Es Ren… Ren está llorando… Lo siento llorar… Pero no llego a sentir por qué…
Vale, será mejor que no le diga todo lo que iba a decirle por hacer ruido.
¿Debería consolarle? No, ¿cómo voy a hacer eso? ¡Pero si me cae mal! Pero ahora me da lástima…
Opto por darle una palmadita a la espalda, en señal de complicidad, pero no me atrevo a decir nada.
Luego me giro y empiezo a cargar la mochila con queso, pan y zanahorias. ¡Anda, un melón! Pues para dentro.

Terminamos de llenar las tres mochilas que hemos conseguido y volvemos a ponernos en marcha. Estoy preocupado por Ren. Sé que no habrá sido nada muy grave pero… me preocupa… ¿Por qué estoy lejos siempre que quiero estar junto a él? vale, eso no tiene sentido, quiero estar siempre junto a él pero… ahora que siento que me necesita… que tal vez me necesita… No pienses en eso.
– ¿Llevas tú la grande y cargo yo con las otras dos? – le propongo intentando distraerme distribuyendo el trabajo.
Se ríe, casi con desprecio.
-Tsk… Coge tu una de las pequeñas y déjame a mí el resto.
Maldito fanfarrón arrogante.
– ¡Ei! ¿Por qué crees que puedes llevar más peso que yo?
– Porque puedo. – responde simple cogiendo las dos mochilas más pesadas. – Ale debilucho, vámonos.
Me trago mi orgullo por que se que es verdad, que es más fuerte que yo. Pero, en eso consiste su poder ¿no? Cojo el paquete que me ha dejado y le sigo, adelantándole y saliendo al pasillo antes que él.
– Si no fuera por mí ya te habrías perdido. – Tsk.

Le oigo bufar detrás de mí.
– Ya, claro, lo único que has hecho hasta ahora es hacernos dar vueltas como tiovivos.
– Ya déjalo enano. Tenemos trabajo.
– ¿Enano? Disculpa pero soy más alto que tu.
– Claro que no.
– Claro que sí.
Guardias acercándose. Tenemos que girar.
– … De hecho creo que soy bastante más alto que tu, ya que llevas esas botas con plataforma que…
Me giro y le encaro, ya enojado.
– En primer lugar tú llevas las mismas botas, y ahora cállate y sígueme que se acercan guardias.
Seguimos en dirección contraria, ahora procurando no hacer ruido. Giramos la siguiente esquina y luego volvemos a subir hacia la dirección que íbamos, pero ellos también giran dos pasillos más allá cortándonos el paso. Volvemos a retroceder e intentamos llegar de nuevo por otro camino. Otra vez nos cortan el paso, casi como si supieran donde estamos. Pero no es posible, hemos evitado las cámaras todo el rato.
Tenemos que llegar a las duchas, donde se que podremos encontrar medicinas i algo de ropa de abrigo, pero cada vez que nos acercamos los guardias Nos cortan el paso. Son apenas tres, podríamos vencerles, pero la idea era no llamar la atención. Tampoco tengo ganas de matarles, aun me siento mal por la otra vez, no creo que pueda quitarme de dentro esa sensación, si puedo evitarlo tanto mejor.
Al fin conseguimos superarlos y llegamos a la enrome sala donde nos arreglaban para nuestras actuaciones.

Las duchas. Y la sala de maquillaje. Por fin un lugar conocido. Llevábamos ya unos cuantos minutos dando vueltas por estos pasillos que a mi me parecen todos iguales, Baekho dando indicaciones que si en ese cruce a la izquierda, que si en ese otro a la derecha… Tengo la sensación de haber girado cuatro veces en la misma esquina. Ya creía que estábamos del todo perdidos y que el rubio se divertía mareándome de aquí para allí. Y como me ha dicho que había guardias yo no podía abrir la boca para rechistar. Porque sin él no soy capaz de volver donde está Min y además le necesitamos para salir de aquí, que si no…
Ambos conocemos este lugar, así que no tenemos demasiada dificultad para encontrar las medicinas que queríamos, mantas, algo de ropa y guantes para JR. No queremos que nos deje como ese guardia.
Baekho carga las medicinas en su mochila, yo voy a meter la ropa en la mía.
Vaya, creo me he pasado con la comida. Aquí no cabe ni una aguja. Intento meter las mantas a presión dentro de la mochila grande, pero no funciona. Luego empiezo a quitar cosas para intentar redistribuirlas y así optimizar el espacio. Nada, es inútil. Vuelvo a intentarlo.
– ¿Es que necesitas un libro de instrucciones para meter una maldita manta dentro de una mochila? -le lanzo una mirada asesina pero no me da tiempo de contestar- ¡Quítate de en medio! Lo haré yo, que si no vamos a estar aquí durante horas y por si no lo recuerdas, tenemos prisa.
Me aparta y se pone a remover en la mochila.
– ¡Eh, ten cuidado! ¡Vas a romper las galletas!
– ¡Deja ya de quejarte! Ei… ¿y esto? ¿Qué haces con un melón?
– ¿Qué problema hay? A mi me gusta y seguro que a Min también.
– ¿Que qué problema hay? Pues que pesa mucho, ocupa espacio y es inútil. Vamos a dejarlo aquí.
– ¡Tú sí que eres inútil! El melón se viene con nosotros.
Este tío es agotador. No tengo ganas de discutir más.
Con un pesado suspiro vuelve a meter el melón en la mochila. ¡Ajá, he ganado! Al final consigue que le quepa todo excepto un par de mantas.
– No importa, yo sólo llevo una bolsa, las llevaré en las manos. Anda, vámonos.
Antes de abrir la puerta Baekho cierra los ojos y expande su mente.
– Siguen ahí. Pero si vamos hacia la derecha en dirección al pasillo 23, pasamos por delante la puerta 4T8 y giramos a la izquierda vamos a poder esquivarlos.
No he entendido nada. Pero en fin, asiento y ya me guiará.
Salimos y yo le sigo a través de los laberínticos pasillos. Voy tan concentrado pensando en que ahora voy a traerle la comida a Min y él se pondrá muy contento que no me doy cuenta que Baekho se detiene de golpe, y choco contra su espalda.
– ¿Qué haces? Ten cuidado, ¿es que no miras por dónde vas?
– Eso tú, ¿por qué te detienes de golpe?
– Es que se han movido, se están acercando. Están a tan solo dos pasillos de nosotros.
– ¿Y no podemos esquivarlos?
– Sí, pero creo que es mejor enfrentarnos a ellos.
– ¿Pero no dijiste antes que debíamos pasar desapercibidos?
– Es cierto, pero piénsalo: ahora estamos muy lejos de la antigua sala 5. Ellos no saben que nos escondemos allí. Si nosotros nos dejamos ver por aquí vamos a distraer su atención, van a pensar que estamos escondidos por aquí y van a dejar de buscarnos donde nos están esperando nuestros compañeros. Será un buen modo de protegerlos.
Dicho de este modo creo que tiene razón…
– Baekho yo… No quiero volver a sentirme como un asesino…
Al oír eso vuelve a mi el recuerdo de nuestra última pelea, el recuerdo de la consistencia de su cuerpo mientras apretaba la correa entorno a su cuello, los gritos, el olor de la sangre, y esa sensación tan repugnante de sentirte sucio y miserable, realmente sientes como te pesa tu consciencia, arrastrándote al infierno al que tú mismo te has condenado. Tampoco quiero volver a sentir eso.
Asiento.
– Tampoco quiero matarlos. – Suspiro – ¿Esperamos entonces?
– No… Quiero volver ya… No hay ninguna otra forma de… ¿De no tener que matarles?
– ¿Capturarlos vivos y encerrarlos en algún sitio? – propongo, luego niego con la cabeza dándome cuenta de lo disparatado de mi idea – si al menos tuviésemos algo con que dejarles inconscientes…
De repente abre los ojos como platos y sonríe.
– ¡Claro!
Tira de mí para arrastrarme y empieza a desandar todo el camino hasta las duchas. Al llegar allí me suelta y, a una velocidad que casi no puedo seguir sus movimientos, se dirige a los armarios junto a la pared del fondo y se pone a rebuscar en los cajones.
Vuelve a mi lado unos segundos más tarde, trayendo en sus manos una cajita negra. La abre, mostrándome siete jeringuillas que aún quedan llenas de un líquido transparente.
– Son los sedantes que usaban con Ren – me explica – los he visto antes pero no pensé que pudieran servirnos para nada.
Sedantes. Pues claro. Si conseguimos clavarles eso… Es una buena forma de quitárnoslos de encima sin vernos obligados a matarles, y no parece tan difícil… Siento como en parte mi consciencia se aligera.
– Buena idea. – Asiento, convencido – intentémoslo pues.
Solo necesitamos tres, pero nos llevamos el estuche entero por si más tarde las necesitamos. Volvemos al sitio donde estábamos, los guardias siguen patrullando la zona. Él insiste en llevarse dos jeringuillas y enfrentarse a dos ya que como es rápido se los quitara de encima “antes de que le hayas puesto un dedo encima al otro”. Claro enano, lo que tú digas… Aunque me parece ególatra y pedante accedo, porque sinceramente no me siento lo suficientemente fuerte para enfrentarme a dos de ellos a la vez.
Sigo a Baekho hasta que se detiene al lado de una esquina.
– Están al otro lado.
Dejamos las mochilas en el suelo, si tenemos que luchar sólo nos molestarán. Y nos miramos a los ojos. A la de tres salimos a por ellos. Uno… Dos… ¡Tres!
Hace frío, mucho frío, y en mis sueños incluso la sangre se congela. No me siento los dedos, ni las manos, ni los pies. Poco a poco voy perdiendo la sensibilidad de mi cuerpo, pero no del todo, porque algo en mi arde. Un potente fuego que me abrasa pero que, aun así, no es capaz de mantener el frío alejado. Y duele… Me duele la cabeza, y los ojos, me duele el brazo, y me duele el cuello de respirar este aire helado…
– Creo que tiene fiebre. ¿Será por la herida?
– Puede. ¿Está consciente?
– No lo se…
Oigo las voces de mis compañeros, pero no me atrevo a abrir los ojos a mirarles, suficiente tengo con seguir obligando a mi pecho a subir y bajar, subir, bajar, subir,…

JR parece estar cada vez peor. Coloco una mano en su frente. ¡Dios, está ardiendo! Tenemos que hacer algo. Miro a Ren tumbado en el suelo no demasiado lejos. No parece estar en muy buenas condiciones para ayudarme. Vale, creo que tendré que apañármelas solo.
Se me ocurre algo. De un tirón rompo un trozo de tela de mis pantalones y con mi poder lo mojo con agua. Luego se lo coloco en la frente. A ver si le ayuda a bajar un poco la fiebre, es que no tengo nada más.

Al final Min ha encontrado una buena manera de bajarle la fiebre a JR, su poder es muy útil, al contrario que el mío. No me sirve para nada y no puedo ni ponerme de pie, ahora mismo no soy más que una carga para ellos.
– Min… siento no ser más útil.

Pobre Ren, realmente parece preocupado por no poder ayudar. O quiero pensar que es eso, porque su expresión tampoco dice nada… Le sonrío tiernamente.
– Tranquila, rubia, yo me encargo. Tú descansa y ponte bien, luego podrás ayudarnos.
Asiente con su misma expresión que no dice nada.
– Oye, ya que controlas los elementos podrías encender algo de fuego, ¿no? Me estoy helando y creo que a JR también le irá bien…
Tiene toda la razón. Estaba tan concentrado preocupándome por nuestro estado lamentable que ni siquiera había pensado en eso. A ver si está rubia tendrá razón cuando dice que soy tonto…
Utilizo mi poder para encender una llama de tamaño considerable si quiero que nos sirva para calentarnos. Pero no voy a tener la llama en las manos todo el rato, es agotador. Tengo que encender algo. Miro a mi lado pero no veo nada que pueda servirme. Finalmente decido sacarme la capucha del traje y la enciendo. Es acolchada, espero que queme bien. De momento funciona, pero no creo que aguante demasiado…

Min se pone a quemar la capucha del traje pero no creo que dure mucho, necesitamos alguna otra cosa para quemar. Respiro hondo e intento levantarme. Bien, no es tan difícil.
Lentamente empiezo a recorrer la celda buscando alguna cosa que pueda quemar pero esta prácticamente vacía. Cruzo la pasarela lentamente, apoyándome en la barandilla de madera. Espera. ¡Madera!
– ¡Eh Min! ¡El puente es de madera!!
– ¡Oh! ¡Perfecto!
– Esta medio podrido así que espero que se rompa fácilmente…
– ¿Y crees que se encenderá?
– No sé, por probar…
Muevo un poco la barandilla con la mano, parece podrida pero no lo suficiente como para romperla con las manos. Me aparto un poco y le doy una patada. ¡Auch! Vale, mala idea, pero se ha roto un poco. Le doy un par de golpes más intentando no perder el equilibrio hasta que finalmente se cae un buen trozo.

Espero que sirva.
– ¡Min! ¡Ya tenemos un trozo!!!
Miro hacia Ren y le veo acercándose caminando torpemente con un trozo de madera en las manos. Cuando llega me la enseña. Está húmeda y podrida. ¿En serio podremos encender eso? En fin, habrá que intentarlo.
Acerco la capucha encendida a Ren y él pone la madera sobre las llamas. Lo único que conseguimos es humo, y a los pocos segundos Ren suelta la madera con un grito
– ¡Auch! ¡Me he quemado!
Genial, Ren quemado, un montón de humo y la madera ni se ha inmutado.
– Perdón…
Así no vamos a conseguirlo. Cojo el trozo de madera y me concentro en sentir todas y cada una de las moléculas de agua que contiene y que lo humedecen, y las obligo a salir de allí, a evaporarse. Es difícil, pero poco a poco consigo secar la madera. ¡Buf, es agotador! Lo había intentado alguna vez y sabía que era posible pero… no recordaba que cansase tanto… No consigo secarla del todo pero ya no está tan húmeda. Me giro buscando la capucha que había encendido pero ya se ha apagado. Mierda, tendré que volver a encender la llama.
Suspiro con resignación y vuelvo a concentrarme para crear fuego. Cuando lo tengo en las manos lo acerco a la madera, cruzando los dedos mentalmente para que se encienda. Esta vez sí prende, aunque le cuesta un poco, y yo suspiro de alivio a la vez que me derrumbo, mareado.
Que calorcito… ya no es ese fuego ardiente ni ese frío polar, es una calidez dulce y brillante que me relaja. Poco a poco vuelvo a sentirme los pies, las manos, los dedos, las orejas. Voy recuperando mi cuerpo. Siento más el dolor de cabeza, siento más el dolor en mi brazo, pero es más soportable. Me atrevo a abrir los ojos y veo las llamas danzando frente a mí. Es hermoso… recuerdo cuando antes mientras Ren estaba perdido me he peleado con una llamita que había creado Minhyun, incapaz de comprender que era fuego, y que quemaba, y no puedo evitar reírme de mi mismo.
– ¿Ya estas mejor? – me pregunta Minhyun tumbado cerca de mi, junto al fuego.
Asiento. Oigo unos golpes y veo a Ren algo más allá dándole patadas a una pasarela de madera.
– Cuanta energía.
– Le he dicho que teníamos suficiente pero insiste en que así no se siente tan inútil… – me explica – tampoco quiere dormir.
– ¿Por lo del sueño? – Asiente

– Lleva así toda la no… Bueno, des que te has quedado dormido. Me preocupa…
No se que responder. Claro que también me preocupa Ren, pero los demás no estamos mucho mejor. Minhyun se ve cada vez más demacrado, aunque intente parecer fuerte está agotado, y yo, sin ir más lejos, sigo sintiendo que el brazo me arde de dolor…
Me incorporo, ignorando la cabeza que me estalla y el mareo y vuelvo a deshacer el vendaje. De lo que había sido un surco profundo hace apenas horas ya solo queda una costra y una línea rosada. Es increíble, por que duele para mucho más que eso…
Sigo dándole patadas a la barandilla para intentar conseguir más madera, pero está más dura de lo que parece. Pero lo conseguiré, parece a punto de romperse, una más… ¡Auch! ¡Joder! ¡Qué daño! Pierdo el equilibrio y me caigo de culo al suelo. Genial Ren, eres patético.
¿Qué ha sido este golpe? Me giro y veo a Ren en el suelo. Esa rubia testaruda…
Desde el suelo le doy un último golpe y finalmente cae otro trozo. Me levanto cojeando y me siento al lado de la hoguera improvisada. Le tiro el trozo de madera y me relajo. ¿Debería ir a buscar más madera? No creo que la que tenemos dure mucho… Pero si sigo haciéndome daño en el pie aun seré más inútil…
Por fin Ren ha dejado de luchar contra el puente, hace rato que le he dicho que no hacía falta, pero él no me ha hecho ni caso. Estoy más tranquilo si le tengo aquí quietecito, no está como para ir peleándose con barandillas de madera.
JR se ha quitado la venda del brazo. Me alegra ver que su herida ha mejorado bastante, pero parece que sigue doliéndole, y creo que no le ha bajado del todo la fiebre.
Después de comprobar el estado de su herida intenta volver a ponerse la venda. Pero entre que está medio somnoliento por la fiebre y que sólo puede usar una mano le está quedando una chapuza digna de campeonato. Eso no le durará ni dos minutos.
– Déjame a mí.
Le cojo las venas y le deshago “eso” que no sé si puede llamarse vendaje. Y él me deja hacer sin decir nada. Con cuidado para no hacerle daño le vendo el brazo, no se me da mal. Cuando termino admiro orgulloso mi obra: éste sí que aguantará.
Pero cuando levanto la vista sonriendo para mirar a JR veo que él está llorando. ¿Le habré hecho daño? ¡Aish, pero si he procurado ser cuidadoso!
– JR, ¿qué te pasa? ¿Te he hecho daño? Perdóname…
– No, no es eso, lo has hecho muy bien…
– ¿Entonces?
– Es que… la forma en la que me has vendado el brazo… es igual que cuando me lo hacía mi madre y…

 Con esto recuerdo todo lo que nos ha contado antes: que mataron a sus padres, que no tiene familia, ni lugar al que volver… De hecho yo tampoco lo tengo… Por eso creo que en cierto modo puedo ponerme en su lugar. Y me da mucha lástima, lo siento mucho por él.
Sin pensarlo lo abrazo. Rodeo su cuello con mis brazos y lo aprieto fuerte contra mi pecho. Quiero que sienta que no está solo, que estoy a su lado, que puede contar conmigo.
No esperaba mi reacción, porque tensa su cuerpo y no se atreve a devolverme el abrazo. Y sé perfectamente que es porque no quiere tocarme con sus manos.
– Minhyun, ten cuidado, soy peligroso y no quiero hacerte daño…
– No me harás daño, sé que no lo harás. Porque confío en ti.
Siento que vuelve a llorar, pero esta vez tiene una sonrisa dibujada en los labios. Y me devuelve el abrazo con fuerza evitando tocarme con las manos.
– Gracias…

Pobre JR, realmente le habíamos juzgado mal…Lo ha pasado muy mal y nosotros tratándole de loco…
Oigo unos pasos que se acercan. Deben ser los chicos, ¡espero que estén en bien!
Antes de que pueda avisar a Min y JR se abre la puerta.

Contamos hasta tres y salimos a por ellos.
Mientras corro hacia los guardias veo a Aron ya junto a los ellos. Alza la jeringuilla y la hunde en el cuello de uno de nuestros enemigos. Este cae al instante con una mueca. Pero no me permito distraerme. Aprieto mi jeringuilla y me concentro. Llego hacia ellos, encarándome al guardia, alzo mi mano imitando a Aron con el arma en alto y siento el beso eléctrico del metal contra mi brazo, contra mi piel. El temblor de todo mi cuerpo sacudido por las chispas.

Utilizo mi poder para llegar a ellos a la velocidad del rayo. Todavía no se han dado cuenta de mi presencia que uno de ellos ya tiene mi jeringuilla hundida en la piel de su cuello y vacía de su contenido. Se desploma delante de mí un instante después.
He conseguido deshacerme del primer guardia sin dificultad alguna. ¡Bien! Saco la segunda jeringuilla y busco al segundo.
Pero entonces oigo un grito detrás de mi proveniente de la inconfundible voz de Baekho.

Grito, pero soy incapaz de darle nada de poder a mi voz, no es más que un aullido de dolor. Consigo apartarme, dejo de sentir la corriente, y aunque estoy entumecido me niego a contemplarme mucho. Lanza un nuevo ataque hacia mí, lo esquivo, y recuerdo que yo también tengo un arma.

El grito de Baekho ha hecho que me girara, parece que el golpe que le ha dado el guardia con la porra eléctrica le ha dolido bastante. Veo que tiene dificultades para ganarlo y pienso en ayudarlo.
Cuando estoy a punto de saltar encima del guardia que está peleando con él noto un golpe y un calambre en mi mano que hace que la jeringuilla que sostenía salga volando. Me doy la vuelta sobresaltado y veo al enemigo que nos queda. Vaya, ya casi me había olvidado de él. Ha aprovechado mi distracción para atacar con la porra eléctrica.
Acaricio instintivamente mi mano roja y adolorida.
Veo la jeringuilla en el suelo y salto veloz hacia ella para recuperarla, antes que el guardia pueda volver a atacar. Pero cuando consigo llegar hasta ella veo que está rota y todo su contenido esparcido por el suelo.
No tengo otra jeringuilla a mano. Voy a tener que ir donde dejamos las otras.
Pero cuando levanto la cabeza veo el guardia apuntándome con la pistola. Ahora sí que tengo un problema grave.

Saco la porra eléctrica que venía con el traje y detengo el golpe. Ataca de nuevo y yo vuelvo a detenerle, aparando su arma para desmontar su defensa.
Los golpes se transforman en estocadas cada vez más fuertes. Al final van a servirme de algo las clases de kendo

Me dispara. Pero yo utilizo mi poder para salir corriendo y saltar sobre él sin que las balas lleguen a tocarme. Cae al suelo y del golpe suelta la pistola y ésta se desliza fuera de su alcance.
No tengo tiempo de ir a por otra jeringuilla. Debo encontrar otro modo de dejarle fuera de juego. Aunque no quiero hacerlo no tengo alternativa.
Antes de que yo pueda hacer algo me golpea en las costillas con la porra eléctrica y consigue sacarme de encima suyo. Caigo al suelo a su lado. ¡Dios, como duele!
Veo que se ha puesto de pie y alza la porra eléctrica para golpearme de nuevo. No puedo permitírselo.
Soy más rápido que él y antes de que pueda atacarme le doy un puñetazo en la cabeza con todas mis fuerzas. Cae al suelo inconsciente. Le sale sangre de la nariz y de la comisura de los labios y creo que los huesos de la cara están fuera de su sitio.

Detengo sus golpes y se los devuelvo, siempre concentrado al 100% y con los cinco sentidos en mi contrincante. Nuestras improvisadas espadas chocan una y otra vez en el aire, soltando chispas en cada golpe. Me concentro tanto en la lucha que el resto del mundo pierde sentido.
Pero recuerdo a Ren, mi brillante rubito esperándome en la antigua sala cinco. Agotado, hambriento, congelado. Me necesita. Y solo entonces me siento lo suficientemente fuerte para soltar mi arma y gritar, inmovilizar su cuerpo y, antes de que me fallen las fuerzas, sacar de mi bolsillo la jeringa que aun guardo y hundirla en su cuello, vaciando en él el potente somnífero.
Sus ojos se cierran tras la máscara y cae, derrotado. “Lo siento amigo, ha sido una gran lucha”.

Miro el guardia delante de mí. No se mueve. ¿Estará muerto? No me atrevo a acercarme para comprobar si respira. ¿Y si es verdad que está muerto? ¡Dios mío, no puede ser! ¿He matado a otro? ¿He acabado con otra vida humana? No debí golpearle tan fuerte… ¿Por qué demonios son tan frágiles? No, creo que soy yo que soy demasiado fuerte… Debería haberme controlado…
Cálmate, debo mantener la cabeza fría. Intento dejar de pensar en ello, ya no puede hacerse nada. A lo mejor sólo está inconsciente. Me propongo tener más cuidado la próxima vez.
Baekho también ha ganado su combate. Bien, ya podemos marcharnos. Volvamos a la sala 5, con Min, quiero que me dé el beso que me debe.

Siento un peso en mi consciencia, como si hubiese hecho trampas para ganar este combate.
Respiro, cansado, y saltan las alarmas de mi mente indicándome que algo va mal.
Me quedo congelado.
No puede ser.

Baekho no parece dispuesto a marchar. ¿Qué rayos le pasa ahora? Parece muy concentrado, perdido en el interior de su mente. Y no le gusta lo que siente. Se ha quedado bloqueado, como una estatua. No se mueve, no parpadea, creo que ni respira espero no tener que hacerle el boca a boca, ¡puaj!
– ¿Baekho?
Nada, no responde.
– ¡Baekho! ¿Me oyes? ¡Di algo, por favor, me estás asustando!
– Guardias…
¡Oh, no! ¡Otra vez no! Estoy agotado, no quiero volver a luchar. Suspiro pesadamente.
– ¿Dónde están esta vez? ¿Están muy cerca de nosotros?
– No… En la antigua sala 5…

Esperamos que os haya gustado!  Probablemente no vamos a actualizar durante un par de semanas ya que el tiempo se nos echa encima, si lo tenemos terminado publicaremos un pequeño Baekren mientras tanto. Gracias por vuestro apoyo! 

SHIROKO KUROKO AOIKO

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el noviembre 23, 2012 en ACTION y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. hola porfa continuen con la historia esta super linda poooorfa
    PD me encantan todas sus historias 😉

  2. “Trigésimo” es el número ’30’, sólo cambien eso. (:
    Excelente historia, me encanta la trama.

  1. Pingback: ¡ACTION! | SHIROKOtoKUROKO

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