Ninfomanía: La enfermedad. Capítulo 2


ninfomania2

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Capítulo 2

Llega el viernes y necesito salir de casa. Necesito divertirme con alguien, quien sea.

– Voy a salir esta noche. – les digo a mis padres mientras comemos.

No les pido permiso, solo les informo. Cruzan una mirada preocupada, horrorizada y asqueada porque saben exactamente qué es lo que busco cuando salgo. Pero no pueden encerrarme en casa y lo saben, entonces es mucho peor.

– ¿Vas a salir solo? – me pregunta mamá. Yo asiento, ni que tuviera a alguien con quien salir, con J drogado y Mimi desaparecido desde luego que no… – ¿Por qué no llamas a tu primo? Igual quiere salir y puedes ir con sus amigos. Te lo pasas bien con ellos ¿no?

Seh, la panda de veinteañeros gays de mi primo siempre es una opción.

– Vale, luego le llamo.

Ellos respiran, algo aliviados, y yo sigo comiendo en silencio como el niño bueno que no soy.

Aron mi primo se presenta en casa a las 10, después de cenar. Sube a mi habitación porque aun me estoy arreglando para salir.

– Ah no, eso sí que no – me dice nada más entrar – No quiero que me vean con un travesti.

Miro mi reflejo en el espejo, botas altas, minifalda arrapada, la chaqueta rosa de cuero, pelo suelto con la coronita de pinchos… Frunzo los labios y le miro desconcertado.

– ¿Por qué no? Estoy bien…

Suspira, exasperado.

– Si, estas muy guapa, pero eres un tío y si te fijas se nota, y paso de que me vean contigo así. – le aguanto la mirada, desafiante, y él hace lo mismo. – Va, vístete con ropa normal, te espero. – da media vuelta y sale, desde el pasillo aun me grita – ¡y rápido que ya vamos tarde!

Al final opto por ropa oscura y arrapada, rasgada y provocativa, pero me dejo el pelo suelto y la coronita, que es monísima.

Aron me espera en la entrada y asiente cuando me ve, sonriendo de lado.

– Mucho mejor – me dice – pero te has dejado el maquillaje.

– Es sutil – replico – y me gusta.

Se encoge de hombros y nos vamos despidiéndonos de mis padres.

Vamos en metro hasta el centro y nos reunimos con su grupo en la entrada de una discoteca. La zona está llena de locales, pubs y clubs, es el área nocturna.

Entramos juntos en el primer local y ahí nos separamos, no sin que antes me recuerde una vez más que tengo que estar ahí a las tres y que vaya con cuidado que si me pasa nada va a ser responsabilidad suya.

Pesado. Se lo perdono porque es la única forma de salir de casa. Es un buen trato, finjo que salgo con él, él finge que me lleva con sus amigos, los dos fingimos que nos lo pasamos genial y cada uno se va por su cuenta a buscarse la vida a su bola, luego nos juntamos y dormimos en su casa, a la mañana siguiente me lleva a casa, le dice a mamá que me he portado bien, ella finge que se lo cree y todos felices.

Me acerco a la barra y hago un escáner general a la sala, cualquier persona suficientemente colocada como para abandonarse a un polvo sin preguntar demasiado me sirve.

Mis ojos se clavan en un chico que baila en la pista. Tendrá unos veinte, baila muy bien, y está MUY bueno. Me acerco a él deslizándome entre la gente, entre la masa de cuerpos calientes moviéndose al ritmo de la música, el ambiente rebosa lujuria, este es mi sitio. Me pego al chico, bailando con él, dejando muy claras mis intenciones. Él sonríe y me rodea con sus brazos. Le sonrío de lado, con mi mirada más seductora y en segundos nos estamos besando.

Sus labios, su piel ardiente, su fuerte aroma a sudor y a desodorante, a colonia cara, dulzona, y a alcohol, sus brazos fuertes rodeándome, sus manos recorriendo mis hombros, mi cuello, mi pecho…

Se separa, sorprendido, sus manos se posan sobre mi pecho, plano, de un paso atrás y niega con la cabeza.

Maldito hetero.

Ok, no pienses, siguiente.

Vistazo alrededor, no muy lejos hay un chico sentado en los sofás, solo, con gesto aburrido. Es alto y su cuerpo fibroso, seguro que es fuerte, el pelo castaño le cae por encima de los ojos, y tiene unos labios bonitos. Doy dos pasos hacia él antes de que una chica se siente a su lado. Él le sonríe, hablan y se besan.

Ocupado. Siguiente.

Dos más se cierran cuando ven que soy un chico, al fin con un tercero llegamos algo más lejos que besos, nos metemos en los lavabos, pero a medio desabrocharle el cinturón se derrumba y se pone a llorar, diciendo que no debería estar ahí, que en realidad quiere a su novia, que se siente fatal por hacerle esto…

No insisto y le dejo allí, salgo de ese local y entro en el siguiente, a ver si hay más suerte.

Me acerco de forma cada vez más obvia, chicos, chicas, no tiene mucha importancia en realidad, aunque prefiero tíos. Como más tarde se va haciendo menos palabras se necesitan para ligar, y al fin encuentro a alguien dispuesto a calentarme. Son alrededor de las doce cuando me meto en los baños atestados de parejas de un antro oscuro con un chaval apenas un par de años mayor que yo que parece querer experimentar. Le devoro los labios con ansias para luego esmerarme entre sus piernas, saboreando su miembro en mi boca, engulléndolo con ganas. Pero termina demasiado pronto, mi garganta se llena del sabor amargo del semen que saboreo y trago con fruición. Pero sé que no voy a volver a excitarle, así que termino yo solo y, frustrado, sigo paseándome buscando más víctimas potenciales. Después de un par de intentos fallidos me encuentro, poco antes de la una, con un hombre fornido y con pintas de depravado. Me relamo solo de imaginármelo y no me decepciona.

Me lleva a su coche, me arranca los pantalones casi literalmente y ambos nos enredamos entre besos agresivos y necesitados. Sus caricias son violentas, sin el más mínimo cuidado. Me coge con fuerza, sus dedos se clavan en mi piel y yo jadeo desesperado por aire, colmado de placer al recibir al fin el trato que ansiaba.

Le toco también yo a él, deleitándome por su rigidez y tamaño, deseando tener eso dentro de mí…

Le doy un preservativo antes de que las ansias me puedan y se nos olvide, asiente y a los segundos le tengo entrando en mí, sin prepararme apenas, desgarrándome.

Ambos gemimos, él de placer, yo de dolor, pero es un dolor tan placentero que al segundo estoy moviendo las caderas para suplicarle que se mueva. Y lo hace, embiste con fuerza, con frenética velocidad, hasta el fondo, mientras sus manos agarran las mías como si fuesen grilletes.

Al fin, al fin esa sensación que tanto necesitaba, que tanto he echado de menos. Me deleito sintiendo el movimiento dentro de mí, el órgano que me llena, el placer, las ardientes oleadas, el calor, mi cuerpo tenso por tantas sensaciones.

Me cuesta respirar, los gemidos salen entrecortados e mi garganta, y ya no es solo por el placer, sino por su mano, que ha bajado hasta mi cuello y me aprieta, ahogándome.

Boqueo, desesperado, la falta de aire me acelera el corazón, incrementa mis demás percepciones; su miembro moviéndose dentro de mi cuerpo, sus caderas chocando con mi trasero, su cuerpo caliente y trabajado sobre el mío, su calor, su aroma varonil, a sudor, a tabaco, a gasolina…

Y cuando al fin me suelta el alivio es tal que cojo aire con fuerza y siento llegar el orgasmo.

Lo disfruto mientras él sigue moviéndose, y poco después, mientras aun siento los espasmos, él empuja un par de embestidas más hondas y se descarga dentro de mí.

Se derrumba sobre mi cuerpo, respira por unos segundos y luego sale de mí, se quita el condón y lo ata, tirándolo al suelo del coche.

Y se acabó, eso es todo. De nuevo el placer desaparece y queda el dolor y la culpa, la culpa y la vergüenza que solo se irán cuando vuelva a excitarme. Odio esto.

Cuando mi cuerpo se recupera me incorporo como puedo en este espacio limitado y me recoloco la ropa para salir.

El hombre me observa, tumbado sobre el asiento, con una sonrisita lujuriosa en sus labios.

– Oye, ¿cuántos años tienes?

– ¿Ahora te preocupas por eso? – le respondo con burla.

– Es que me parecías muy joven, pero pareces muy acostumbrado a esto.

Termino de peinarme con los dedos antes de responder.

– Soy joven – me encojo de hombros – y tengo experiencia, no tiene nada que ver.

Se ríe, vicioso, y yo salgo del coche asqueado.

Estoy mareado, aunque apenas he bebido algunos tragos sueltos de las copas de potenciales ligues. Será la mezcla, o el asco que me doy a mi mismo. Tengo el estomago revuelto, me duele todo el cuerpo y las piernas apenas me sostienen, aunque dudo que eso tenga nada que ver con el mareo.

Me acerco, tambaleándome, hacia la pared de otro local, y entro, dejando que la música y las luces me llenen y echen todo lo demás. Termino en los baños, potando.

Siento asco de mi mismo, de lo que soy, de lo que hago. De no poderme controlar, de decepcionar tanto a los que me quieren.

Me inclino sobre el lavabo, lavándome la cara y la boca, intentando quitarme ese horrible sabor. Espero cinco minutos, diez, me incorporo y le sonrío al espejo con mi expresión más seductora. Me peino, me retoco el maquillaje hasta que mi aspecto vuelve a ser perfecto. Incluso las marcas rojas en mi cuello se ven un poco menos, aunque no tardarán en oscurecerse.

Una última mirada al espejo y salgo del baño con una sonrisa, dispuesto a empezar otra vez. Vuelvo a ser un cazador.

De nuevo dejo que me arrastre la multitud, el calor, la música, los latidos. Me muevo entre la gente bailando y acercándome a algunos, recibiendo besos y negativas en respuesta, hasta que, pasando de un local a otro, un resplandor llama mi atención en el callejón que los separa.

El resplandor es de un mechero encendiendo un porro. Son tres chicos y parecen muy aburridos. Una sonrisa lujuriosa se pinta en mi cara solo de imaginar. Habrá que intentarlo.

– Hola.

Los tres se giran a mirarme, sorprendidos, pero no parecen incómodos por mi presencia. El chico que tenía el cigarro da una calada larga y se lo pasa a su amigo.

– ¿Me das un poco de eso? – le pregunto al chico que tiene el cigarro ahora. Él se ríe y se lo pasa al siguiente.

– Eso es demasiado fuerte para ti princesita…

Sonrió sentándome con ellos.

– No creo que haya muchas cosas demasiado fuertes para mí…

No sé si le convencen mis palabras, mi tono, o mi expresión, pero el tercer chico me tiende el cigarro que yo cojo con delicadeza y acerco a mis labios, mirándole fijamente con la expresión más provocativa de mi repertorio. Doy una larga calada aspirando el humo, cerrando los ojos, sintiendo como la droga llena mis pulmones. No me gusta, pero tampoco es como si me viniera de aquí. Seco el humo lentamente, soplando entre mis labios y le paso el cigarro al chico sentado a mi izquierda, el primero.

Inmediatamente el chico que me ha dado el cigarro se levanta y se sienta a mi lado, muy pegado a mi.

Siento su aroma, a sudor y humo, con un punto acido, el palpitar de su sangre en su cuello, el calor de su cuerpo, el ardor en su mirada, una mirada de deseo, sus labios finos curvados en una sonrisa de burla.

– ¿Y qué dices que has venido a hacer aquí putita?

No respondo, me acerco aún más a él y atrapo el lóbulo de su oreja entre mis dientes, lamiendo y chupeteando su cuello. Él enreda sus dedos entre mis cabellos, impidiéndome apartarme. Ni que quisiera hacerlo.

Oigo a los otros dos riéndose detrás mío, les ignoro, ahora mismo no existen para mi, existe solo el cuerpo que tengo delante, su calor, el sabor acido de su piel, el palpitar en su cuello, mi cuerpo tenso por el ansia y el anhelo.

– No te vas con rodeos ¿eh? – murmura uno.

– Eh niño, si eres una puta ya puedes largarte que no te vamos a pagar.

Ahora mismo les pagaría yo por un polvo, pero mi mente no funciona, las palabras no llegan a mis labios, solo gemidos desesperados.

– Creo que el gatito solo quiere jugar…

Me subo a horcajadas sobre el chico al que estoy besando y le susurro en el oído.

– Juega conmigo…

Sus manos grandes resiguen mi espalda y sus dientes se clavan en mi cuello, los otros dos vuelven a reírse.

– ¿Y con cuántos de nosotros quiere jugar el gatito…?

Echo la cabeza atrás, curvándome para poder mirarles y alargo mis brazos hacia ellos en una muda súplica.

Necesito placer, necesito calor, necesito el tacto de otros cuerpos desnudos, el sonido de más gemidos junto a los míos, el tacto de otra piel y de otras manos sobre mi cuerpo. Necesito sentirme deseado. Necesito sentir.

Uno de ellos da un paso al frente, coge mi cabeza con sus manos y se inclina para llegar a mis labios y devorarlos. Enredo mis dedos en su cuello y mi lengua a la suya, disfrutando la droga en su saliva.

– Tíos, – se queja el otro – esto es muy enfermo…

Estoy enfermo, pero no me importa. Ahora importa el calor, el roce de sus cuerpos con el mío. Muevo mis caderas buscando más contacto con el primer chico y enredo mi lengua más hondo en la boca del segundo.

– Pues vete – le responde – a mi me pone.

Abro los ojos y le veo allí, dudando, mirándome fijamente con asco, pero también con deseo. Alargo mi mano hacia él, cogiéndole por el borde del pantalón y me pongo en pié, acercándome a él.

Retrocede y choca contra la pared del callejón. Le beso mientras mis manos ansiosas se cuelan entre su ropa. Encuentro su entrepierna en creciente rigidez.

Me arrodillo, sin dudarlo un instante al empezar a lamer sus partes, engulléndole con ganas, chupando con ansias.

Le oigo jadear, y clava los dedos en mis brazos que rodean sus caderas, intentando apartarme.

– He putita, vuelve aquí, Taekwoon no quiere jugar contigo…

Alguien tira de mí y me encuentro de nuevo sobre el primer chico que se me ha acercado. Siento las manos del otro en mi vientre, abrazándome desde detrás, mientras el tercero, aun indeciso, se apresura a taparse con vergüenza.

Mis manos recorren ansiosas los dos cuerpos que me atrapan, les siento contra mí, y me muevo para crear más roce, necesito más, les necesito sobre mi piel, dentro de mí…

– Que necesitado va…

Se ríen, pero yo no capto el chiste, solo sigo moviéndome, necesito sentir… Pero sus manos me atrapan, me detienen, agarran mis manos como grilletes.

– Estate quieto gatito.

Jadeo, desesperado, no puedo detenerme ahora, no puedo… Cuerpos, calor, sus olores, sus manos fuertes sobre mi cuerpo, lo necesito, les necesito… Me sacudo, intentando liberarme, pero siguen riéndose.

– Me encanta este crio – murmura el primero cogiéndome por las mejillas – ¿le adoptamos?

Se ríen y siguen sujetándome mientras yo me sacudo desesperado, intentando alcanzar algo para morder, chupar, acariciar…

– En serio, dejadle ya, – insiste el tercero, Taekwoon – el chaval va mas colocado que nosotros… A saber que se habrá metido…

– No se ha metido nada. Es un puto ninfómano.

– Ninfómano no sé, pero puto… – me besa, y yo enredo con ansias mi lengua a la suya, muerdo sus labios, saboreo su saliva. Se aparta y intento perseguir sus labios, que no se separen, suplicando, y de nuevo se ríe – que perra, me encanta.

– ¿Te has enamorado Sik?

El chico detrás de mi se parte de la risa con nosotros, pero para mi no existe, porque el primero vuelve a enredar su lengua con la mía, enreda sus dedos en mi pelo y ambos nos devoramos con ansias.

– He tenido suficiente, me piro.

– Ok, diviértete en tu soledad…

Las manos del otro, que mantienen las mías sujetas tras mi espalda, me sueltan, y pasan a recorrer mi vientre. Yo le cojo su mano y la llevo a mi entrepierna, directamente por debajo la ropa, me sobra la ropa.

Jadeo, sintiendo al fin la eléctrica oleada de placer que me recorre. Echo la cabeza atrás y sus labios me devoran.

Pierdo los sentidos más allá del tacto y el sabor. No puedo sentir nada más que placer. No sé qué labios beso, no sé qué cuerpos acaricio, no sé qué manos me desnudan. Acaricio y clavo las uñas en todo lo que se pone al alcance de mis manos. Muerdo y lamo todo lo que alcanzo con mi boca, con mi lengua, con mis labios, ávidos de más calor.

Me llena la lujuria, borrando todo lo demás de mi mente. Apenas soy consciente de que estoy desnudo, importan más las sensaciones, mi cuerpo tenso, el calor abrasador, el miembro duro que se abre paso en mi cuerpo, el sabor de otro en mis labios. Y succiono ansioso mientras me muevo por puro instinto buscando más placer. Y les oigo reírse, les oigo burlarse de mí, pero sus palabras no tienen sentido, solo sus cuerpos, su calor, su sabor.

Al final se han cansado de mí. Mi cuerpo también está exhausto. Me visto como puedo, porque mi cuerpo tiembla y todo da vueltas a mi alrededor. Miro el reloj de mi teléfono móvil y veo que pasan cinco minutos de las tres. Me voy corriendo a reunirme con mi primo, pero apenas ando unos pasos que tengo que sujetarme en una pared y vuelvo a echar la pota, esta vez en medio de la calle.

Ni siquiera me detengo, escupo y me limpio con el dorso de la mano, y sigo corriendo.

Llego jadeando a la puerta de la discoteca. Aron ya está ahí, y me mira horrorizado.

– Estás horrible. – es lo primero que me dice – como si te hubieras peleado con alguien, o te hubieras acostado con alguien en un callejón…

Lo sabe, claro que lo sabe, sabe perfectamente lo que he estado haciendo, por eso me mira con asco, por eso me desprecia.

Pero no tengo fuerzas ni para enfadarme ahora.

– ¿Nos vamos ya?

– Ve a arreglarte – me ordena – te espero.

Me lavo la cara en el baño, enjuago mi boca y escupo sangre. ¿En qué momento me he roto el labio? Me peino y acomodo mi ropa hasta ofrecer de nuevo un aspecto decente, pero esta vez no soy capaz de forzar una sonrisa.

Me odio, me doy asco. Me siento sucio y repugnante. Tengo el estomago revuelto y ganas de vomitar, me duele la cabeza. Siento lástima por Aron que tendrá que soportarme hasta mañana por la mañana. Siento lástima por mis padres que se ven obligados a cuidarme como si me quisieran. Como si pudieran querer a alguien como yo…

El trayecto en metro se me hace eterno. El grupo de amigos de mi primo se van separando poco a poco, hasta que nos quedamos solos él y yo. Se sienta frente a mí, y me mira con asco, con desprecio.

– ¿Por qué haces esto Minki?

Le repugna lo que hago, le repugna mi comportamiento, ni que tuviera elección…

– No te importa.

Le respondo seco y dirijo mi mirada a la ventana oscura, sintiendo el sabor de la sangre en mi boca.

– Te hacen daño. Siempre vuelves magullado y sucio, y no pareces contento. ¿Porque lo haces entonces?

No le respondo. ¿Por qué iba a hacerlo? Ni que pudiera comprenderme…

– No voy a salir más contigo. – Le miro con ojos desorbitados. No, eso sí que no, es la única forma de que me dejen salir. No puede hacerme esto. – No puedo dejar que hagas esto.

– ¿Tanto te repugna? – Abre los ojos, como sorprendido – ¡Que más te da! ¡Finge que no lo ves! Ni que tuviera algo que ver contigo.

– ¡Te tratan como a un juguete Minki! Lo he visto y es horrible, no puedo dejar que…

– ¡Pero yo QUIERO ser su juguete! Por más asco que te dé es lo que yo quiero. No te metas en mi vida.

– No me meto en lo que hagas, pero no lo harás gracias a mí.

Mis ojos se nublan de lágrimas de rabia. Sé porque lo hace. No quiere relacionarse conmigo, ni siquiera a este nivel. Y de paso me cierra la única opción que tengo para tener sexo. Porque le da asco lo que soy. Porque es como mis padres.  Desearían encerrarme en algún sitio para siempre, para que no hiciera nada de lo que ellos pudieran avergonzarse, para que nadie viera el horrible hijo que tienen. Desearían que yo no existiera…

– Minki… – se remueve incomodo, alarga el brazo hacia mi pero no se atreve a tocarme – no llores…

Encima de ser repugnante también estoy loco, y no soy más que un niño enfermo que necesita que le cuiden a cada momento. Si, lo sé, es fastidioso tener que vigilarme, tener que estar a mi lado.

Decido no ponérselo más difícil, me seco las lágrimas con rabia y aprieto los dientes. Aguanto callado durante el resto del viaje, y una vez llegamos a su casa me encierro en el baño.

Es tarde para ducharme, pero me paso una toalla húmeda por todo mi cuerpo, intentando en vano quitarme un poco de la suciedad que me impregna, pero es inútil, está demasiado dentro de mí, estoy demasiado corrompido.

Me pongo el pijama que guardo en su casa y me meto en mi cama, enterrándome bajo las mantas.

Y solo entonces, cuando ya nadie me ve, cuando nadie puede avergonzarse de mi, dejo salir las lagrimas que he reprimido.

Me odio. Ojalá yo no existiera. Todos estarían más tranquilos si yo no existiera.

Ojalá, simplemente, no estuviera “enfermo”.

 

Apuntes de hoy… dimplemente que el travestismo también es síntoma de la ninfomanía. 

no se si me dejo nada más, este capítulo me deja en un estado mental extraño…

SHIROKO

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Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el junio 19, 2013 en Ninfomanía ~BaekRen~ y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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