Ninfomanía: La cura. Capítulo 1


ninfomania2-1

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

primer capítulo de la segunda parte! Ahora las cosas empiezan a ir mejor, no hay más qeu leer el título: “LA CURA” ¿será eso posible?

 

Capítulo 1

Gris, apagado y sin vida, así es como lo veo todo, como si fuera una de esas pelis antiguas, borrosas, con los colores quemados y con mala calidad de audio. Tengo que esforzarme sobremanera para captar las cosas de la realidad, y siento mi mente extrañamente vacía… Extraño, porque siempre hierve de actividad, en su sentido más literal.

En cambio ahora todo es frío. Bueno, frío no, apagado, muerto.

Estas asquerosas pastillas… Casi me había olvidado de por qué dejé de tomármelas, este embotamiento… Lo odio. Cuando tengo la cabeza suficientemente clara como para pensar lo odio con toda mi alma. Es como si todo estuviera muy… Lejos…

No me dejan solo nunca. No he vuelto al instituto. No he vuelto a salir solo de casa. Sólo duermo, acompaño a mis padres en su día a día y descanso en modo vegetal sentado en el sofá. Ni siquiera soy consciente de si enciendo la tele o no.

Y en este estado de zombie drogado sigo a mi madre por el supermercado, sincronizando mis pies a los suyos para forzarme en centrar la atención en algo, sin ser consciente de nada más.

Hasta que me llega el olor…

Despierto de golpe, de pronto mi mente vuelve a hervir de ideas. No tan claras como de costumbre, no tan ardientes, pero despiertas.

Es un olor a especias, hierba verde y chocolate. Es fuerte, para mi olfato sensible, pero no llega a ser empalagoso, solo embriagador, hipnótico…

Cierro los ojos y aspiro con fuerza, llenando mis pulmones de este delicioso aroma que me ha despertado. Abro de nuevo los ojos y le miro.

Es un chico de mi edad, fuerte, robusto, rubio, con el pelo corto y de punta y las orejas perforadas. Apenas a un metro de mi coge su compra para meterla en la cesta, y cuando se gira para seguir andando me ve a mi, me mira fijamente con ojos oscuros, profundos…

Siento vértigo, el estómago oprimido como si hubiese subido a una montaña rusa. No hay suelo bajo mis pies.

– Em… ¿Estás bien?

De repente soy consciente de la situación, de que me he quedado mirándole fijamente en medio del supermercado. Me avergonzaría, bajaría la mirada abochornado, pero no soy capaz de apartar los ojos de los suyos, me ha absorbido completamente.

En su mirada veo todo un mundo, un universo enorme que de repente ha eclipsado todo lo demás. No hay nada fuera de su mirada. Ni siquiera recuerdo mi propio nombre.

Tal vez por eso no me giro cuando oigo a mi madre llamándome desde muy lejos.

– ¡Minki! – Algo tira de mi brazo, pierdo de vista sus ojos y vuelvo a caer a la tierra. – ¿Qué haces? No te separes de mí.

Mamá me mira con reproche, el chico sigue perplejo, confundido. Yo también lo estoy, ¿qué ha sido eso? Quiero buscar de nuevo sus ojos, pero no me atrevo. No me atrevo levantar la vista del suelo.

Oigo a mamá disculpándose, farfullando incoherencias, y cuando el chico responde con voz suave que para nada le estaba molestando levanto la vista de nuevo a mirarle. Su voz es arrulladora, ligera se posa sobre mi piel como una caricia, sobre mis labios como un beso intangible…

Nos separamos, ni siquiera digo nada, mamá me arrastra, yo vuelvo a sumirme poco a poco en el embotamiento con que venía. Me resisto, pero no puedo hacer nada contra la niebla que se mete en mi mente…

No, no puedo irme así. Me sacudo para despejarme y para soltarme del agarre de mamá. Retrocedo tres pasos y le intercepto.

– ¡Espera! – alargo el brazo para detenerle pero no me atrevo a tocarle. Él se gira y me mira curioso. Hasta que yo me atrevo a preguntar con un murmuro- ¿Cómo te llamas?

Sonríe, y brilla al hacerlo, y una parte de mi quiere sonreír también. Responde, pero anonadado en su sonrisa apenas le oigo.

– ¿Baekho? – ¿tigre blanco?

¡Estúpido, claro que no ha dicho eso!

Ríe, antes de responder de nuevo.

– Dongho. Kang Dongho.

Dongho…

– Yo Minki. – respondo. – Choi. – Y vuelve a sonreír.

– Pues encantado de conocerte Choi Minki. – me tiende la mano, con la sonrisa más radiante que me han dirigido nunca. Levanto mi mano para estrechar la suya, pero tiemblo. No me atrevo a tocarle. Aún desde mi sitio alcanzo a sentir el calor de su cuerpo. Tocar su piel… Me parece casi profano.

Doy un paso atrás, temblando, retrocediendo sin saber muy bien de qué huyo.

– Tengo que irme… – murmuro. Su sonrisa se borra, y el mundo parece algo más oscuro. – No, no dejes de sonreír… – levanta las cejas, sorprendido. Dios mío, ¿he dicho eso en voz alta? Me revuelvo el pelo, nervioso. ¡Seré estúpido! – ¡N-nos vemos! – consigo articular antes de salir corriendo.

Paso al lado de mi madre y sigo andando, y ella me sigue, perpleja.

– ¿Le has preguntado su nombre?

– ¿Por qué preguntas? Lo acabas de oír…

– Nunca te habían interesado los nombres de la gente…

Tiene razón, claro que sí, pero no quiero verlo. No entiendo qué me ha pasado y no quiero entenderlo. Ha sido demasiado extraño, demasiado… Intenso…

Mejor olvídate Ren. No tiene importancia.

Pero sí la tiene. Siento que él es importante.

Dongho… Baekho… Me río interiormente. Puedo llamarle tigre ¿no? Tampoco es como si él fuera a enterarse…

No dejo de darle vueltas. Aún no entiendo lo que pasó con ese chico…

Dongho… Baekho… Mi tigre blanco…

Vaya una estupidez. ¿Qué me está pasando? No dejo de pensar en él. ¿Quién será? ¿Cuántos años tendrá? ¿Irá aún al  instituto? ¿A cuál? ¿Qué cosas le gustarán? ¿Tendrá pareja? Si la tiene ¿chico o chica? ¿Qué pensaría de alguien como yo…?

Y esas preguntas que ni siquiera puedo comprender de dónde han salido se suceden lentamente en mi mente últimamente tan vacía. Y al final siempre termina igual. ¿Volveré a verle?

Me gustaría tanto volver a verle… Hablar con él, de verdad, atreverme a darle la mano y, tal vez, pedirle su número de teléfono, agregarle a Facebook…

Espera, puedo buscarle. Sé su nombre, puedo encontrar su Facebook.

Corro escaleras arriba a coger el portátil. Abro el chat e ignoro los mensajes de J y Mimi. Tecleo su nombre en el buscador, dejándome alguna letra por los nervios. A ver, concéntrate, “K-A-N-G   D-O-N-G-H-O”. Enter.

Es la tercera opción. Sé que es él, aunque salga con la cara tapada por unas horrendas gafas de sol blancas.

Abro y me miro sus fotos. La primera que veo es una selca, de él solo. Sale moreno y con una camisa roja a cuadros. El sol le da de lleno en la cara y se refleja en sus ojos color chocolate… Mi corazón da un vuelvo y siento algo cálido en mi, siento que algo se derrite…

Sacudo la cabeza y sigo mirando. Sale con amigos, y con chicas, pero ninguna en particular. No parece que tenga novia. Veo fotos con un grupo de niños en un campo de fútbol, posando para una foto de equipo. ¿Entrena a un equipo infantil? Siento de nuevo esa calidez, esa ternura.

No sé qué me pasa con ese chico, pero tengo que decirle algo, tengo que intentarlo, tengo que intentar contactar con él.

Pienso en que decirle para que me acepte. ¿Se acordará de mí? Fue sólo un momento y muy raro pero… Hace sólo dos días… De mi nombre seguro que no se acuerda, pero de mi cara… Igualmente tampoco tengo mi nombre en Facebook, pero tendría que ponerme una foto de perfil más… Decente… Alguna tendré en la que parezca un chico normal…

Cambio mi foto por una selca de mi cara, borro algunas cosas de mi biografía y me atrevo al fin a mandarle la solicitud.

“¿Agregar como amigo?” “Sí”

Amigo… Ojalá fuera algo más…

¡Ash! ¿¡Pero qué dices Ren!? ¡Que ni le conoces!!!

Pataleo dando vueltas sobre mi cama, nervioso, riéndome de mi mismo. ¿Desde cuándo soy una niña cabeza-hueca? Ok, compórtate y escríbele para que sepa quién eres.

“Hi~~~~ n se si te acordadas de mi, nos conocimos en el super el otro dia jeje”

La máquina me avisa con un pitido y un globito rojo de que me ha aceptado.

Me ha aceptado. ¿Tan rápido? ¿Y ahora qué hago? No esperaba que estuviera conectado…

“Hola Minki”

Se me para el corazón.

Se acuerda de mí.

Me reconoce y recuerda mi nombre.

No me creo lo afortunado que soy.

“Hey! Te acuerdas d mi!”

No seas tonto Ren, no le provoques.

“Pues claro :D”

Hasta en los mensajes sonríe…

Si mi corazón sigue a este ritmo mi pecho va a estallar.

Y no me importaría, podría morir ahora mismo.

Seguimos hablando. Nos conocemos. Nos preguntamos sobre nuestras vidas, respondemos algunas de las preguntas. Así me entero de que tiene mi misma edad y del instituto al que va, de que juega a fútbol y entrena a un equipo de críos de seis años, de que es fan de las pelis de ciencia-ficción y las series policiacas, de cualquier clase de serie en realidad, con preferencias por lo cómico sin llegar a ser estúpido y exagerado. De que tiene un fuerte sentido de la vergüenza ajena, de que tiene una hermana mayor a la que ya no ve nunca des de que se casó, que le gusta la carne poco hecha y que sigue una dieta sana y equilibrada llena de vegetales, pescado y productos ecológicos. De pronto me siento culpable de la bolsa de chucherías hipercalóricas de mi cajón.

Yo por mi parte le cuento que no me gustan los deportes, aunque soy rápido corriendo y a veces me pongo música y bailo hasta tarde. Que no tengo hermanos pero si dos amigos con quienes lo comparto absolutamente todo (en un sentido mucho más amplio de lo que él habrá imaginado…). Que odio el instituto y que me pirra el chocolate, aunque lo tengo prohibido.

No le cuento nada más. Nada más es seguro.

Hablamos hasta tarde, comentando series que seguimos ambos, música, MVs… Y al día siguiente me dice buenos días al mediodía, al volver de colegio y seguimos hablando.

Durante las dos siguientes semanas charlamos hasta hartarnos. Encerrado en casa espero ansioso el momento en que se conecte para poder hablar con él. Para que me cuente su día a día, para darle mi opinión sobre las series que me ha pasado y que me estoy mirando. En general me gustan. En el fondo nos parecemos más de lo que cabría imaginar. Tenemos gustos parecidos. En series, en comida, en libros, en música… Bueno, más o menos, aunque le pareció rarísimo que escuchara Madonna.

“Oye, q la llamaban la reina dl Pop X algo…”

“Ya, si sé que es buena, es que se me hace raro…”

Luego conseguí que escuchara canciones suyas y de Lady Gaga. Que las escuchara y que le gustaran. También me dice que los doramas son para chicas, y a la semana le tengo llorando con el final de Rooftop Prince, cuando se va… Dios, eso es tan triste…

Al principio hablábamos por Facebook, ahora por Skype. Es genial poder verle mientras habla. Se me cae la baba. Lo sé, y me pone de los nervios saber que también me ve a mi, que si me quedo embobado mirándole o me sonrojo (o algo peor) por alguno de sus comentarios va a verme. Así que controlo al máximo mi comportamiento para que tenga una buena opinión de mí. Me comenta un par de veces que soy tímido. Yo no me considero especialmente tímido, pero mejor que piense eso y no que soy un obseso… Que lo soy…

Evidentemente se dio cuenta de que no iba al instituto. Porque siempre estaba conectado y cuando me preguntaba por mis días yo respondía siempre “nada, aquí en casa…”. Pero cuando me pregunta por ello yo no me siento preparado para hablarle de por qué me expulsaron, no quiero hablarle de mi “enfermedad”.

– Problemas con los compañeros… – respondo evasivo.

– ¿Problemas? ¿Qué clase de problemas? – Su tono es más sorprendido y curioso que chismoso, y por un segundo me planteo contárselo, pero no puedo. Me ve vacilar y agrega casi al instante – Perdón, si no quieres no me lo cuentes, no quería ser cotilla.

– Ya… – Una parte de mi quiere contárselo, porque terminará enterándose igual. Pero aún no, aún no estoy preparado para enfrentarme a su rechazo y desprecio. – Otro día, ¿vale? No quiero hablar de eso ahora…

Ese lunes en la consulta le hablo a mi psicóloga de Baekho. Me acostumbré a llamarle así en mi mente y cuando se lo comenté le hizo tanta gracia que he seguido haciéndolo. El caso es que le hablo de él, y admito que no me atrevo a hablarle sobre mi enfermedad.

– ¿Tienes miedo a que te rechace cuando se entere? – asiento. – ¿Por qué?

– Porque es importante. – respondo encogiéndome de hombros. Pero ella niega y vuelve a preguntar.

– ¿Por qué crees que va a rechazarte?

Tampoco tengo que pensar mucho para responder a eso.

– Porque es lo que hace la gente cuando se entera, alejarse. ¿Cómo van a quedarse al lado de alguien que les da asco? Mis padres lo hacen solo porque es su obligación, igual que mi primo. En el fondo me sabe mal por ellos… Tiene que ser horrible tener que aguantarme sabiendo lo que…

A la siguiente sesión se presenta con dos fotografías que deja sobre la mesa nada más entrar yo.

– Ren, quiero que me digas las diferencias entre esta expresión – señala la primera imagen – y esta otra – añade señalando la de al lado.

Les echo un vistazo y la ignoro, ¿qué clase de chorrada es esta?

– Vamos, al menos dime si las ves diferentes.

– Bueno, es evidente que son diferentes… – respondo con un resoplido. Estos juegos me cansan mucho.

– ¿Pero ves diferentes las imágenes, o ves diferente la expresión?

– Em… No se… – me inclino sobre la mesa y finjo fijarme – La expresión, es diferente creo…

– Vale, ¿qué expresión es esta?

Señala a la derecha. No lo dudo ningún instante, es algo que conozco muy bien.

– Asco.

– ¿Y esta?

Voy a decir “asco” también, porque es lo que me sugiere, pero son diferentes, así que me callo y lo pienso.

– ¿Repugnancia?

– ¿Y en qué se diferencian el asco y la repugnancia?

La miro, aburrido, pero ella insiste muy seria a que responda.

– ¿Son lo mismo…?

– Pero has dicho que las expresiones son diferentes. ¿De qué es esta expresión pues?

No respondo, y esta vez porque realmente no se que responder. Para mi las dos son “asco y desprecio”, no sé decirle las diferencias.

– Es preocupación. – Responde ella al fin – Y no es negativa, es algo que sienten hacia ti las personas que te quieren, que quieren lo mejor para ti. Has visto esta expresión en las caras de tus padres ¿verdad? – trago saliva. Tiene razón. Esa es la expresión con que me miran siempre. Pero… No puede ser… No puede ser que sientan algo distinto al asco por alguien como yo… – La confundes con el asco, pero no lo es, no está relacionado con el odio, sino con el amor…

– No…

– ¿No me crees?

– Ellos no me quieren. – respondo muy convencido, sintiendo el dolor que me causan estas palabras.

– ¿Por qué crees eso?

– ¡Porque es cierto! ¿Quién podría querer a alguien como yo?

– ¿Por qué no? – sigue con su expresión monótona de siempre.

– Porque… ¡Porque soy un monstruo!

– No Minki, tienes un problema, pero no eres malo, ¿íbamos a odiarte solo por tener un “problema”?

– Sí, claro que sí. – respondo sin dudar – Soy asqueroso, soy repugnante, soy un peligro para la sociedad. Todo lo que merezco es odio.

– ¿Pero quién es que te odia? ¿Ellos? ¿O tu?

– Todos.

– No, tus padres no te odian, yo no te odio. – Niego, incapaz de creerlo. – Cuando haces algo… Cuando tu problema te impulsa a hacer algo malo no es “asco” – señala la fotografía – lo que ves en las caras de tus padres, es “preocupación” porque saben que tu vas a sentirte mal con eso. Cuando les pides de salir el fin de semana no es “asco” por lo que saben que vas a hacer, es “preocupación” por cuáles serán sus consecuencias. Tus padres te quieren. Se preocupan por ti. Quieren que te cures, pero no porque seas una vergüenza para ellos, para que estés mejor. No te tocan, pero no porque les repugnes, para no incomodarte.

– Esto no tiene sentido…

– ¿Sigues sin creerme?

– ¡Pues claro! – me pongo en pie, exaltado. No me creo una palabra de lo que está diciendo. Seguro que se lo está inventando todo para hacerme feliz, porque siempre dice que no me quiero a mi mismo. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Cómo podría alguien no odiarme?

– Llévate las fotos Minki. – insiste hacia el final de la sesión – Míratelas, y cuando alguien te mire con una de esas expresiones y no estés seguro de cual es te las miras para ver la diferencia. Y la semana que viene me cuentas que has descubierto.

– Pero…

– Sin peros, quiero que lo hagas. Y recuerda. Asco, negativo, odio. Preocupación, positivo, amor. Fíjate bien…

Me marcho obsesionado con las expresiones. No es posible, no es posible que tenga razón. Está claro que solo es una técnica para subir mi autoestima, hacerme creer que hay gente que me quiere… Que no soy solo una carga y una vergüenza para mis padres…

Pero me tiene intrigado, no dejo de darle vueltas. ¿Y si tuviese razón? ¿Sería posible que alguien quisiera a alguien como yo?

Necesito comprobarlo.

– No voy a volver a la terapia, – anuncio al llegar a casa. No hablo en serio, pero necesito algo que sepa que les hará reaccionar.

Mamá, se gira a mirarme, con el cejo fruncido, tal como imaginaba, me mira con asco… No. No es “asco” es “preocupación”.

¿Es posible?

¿Lo es?

Saco las fotografías del bolsillo para asegurarme. Las cejas algo alzadas en el medio, los labios algo fruncidos. Es “preocupación”.

Me quiere.

No me odia, no soy solo un peso en su consciencia.

Y aunque lo vea no lo creo. Seguro que es una invención de la psicóloga.

Y aun así…

– Tú… ¿Me quieres?

Abre los ojos como platos, tapándose la boca con la mano.

– Claro que te quiero mi niño… – murmura con voz ahogada, como si fuese a llorar.

Se acerca, abriendo los brazos para estrecharme entre ellos, pero no se atreve, retrocede.

No mamá, necesito que me abraces…

Doy un paso al frente, pegándome a su pecho, enterrando la cabeza en su hombro, sintiendo sus brazos rodeándome.

– ¿Porque lo dudas?

– Pensaba que me odiabais…

– ¿Odiarte? – se separa. – ¿porque íbamos a odiarte?

– Porque soy… – asqueroso, inmundo, repulsivo, abominable… Pero me quiere… – porque soy “diferente”…

– Eres mi niño precioso Minki. – sus palabras me arrullan mientras me acaricia el cabello. – Tienes… Un problema, pero no te odio por eso. Eres mi niño y te quiero.

Me abrazo a ella con fuerza, llorando sin saber muy bien porque.

Y la creo, quiero creerla.

Un par de horas más tarde, cuando papá llega de trabajar mamá le pide que venga a abrazarme y a decirme cuanto me quiere. Por algún motivo terminamos los tres abrazados en el sofá. Lloran, y yo también, aunque siento mi corazón muy ligero.

 

¿que os parece? Ren ha aprendido mucho en este capítulo. 

Y si, ya tenemos aquí al tigre!!! ^^

SHIROKO

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el junio 29, 2013 en Ninfomanía ~BaekRen~ y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. No me pegues por ser mala lectora y no dejar comentarios por favor. La mente de Ren esta viendo la realidad no se cómo explicar lo que siento al leer este fic pero lo leo con mucho sentimiento y me vivo el personaje de Ren. Es muy bueno . Llevo leyendo desde el segundo capítulo y no he comentado pero no he comentado en serio me encanta . No puedo imaginar los próximos . gracias ^^

  2. cuando vasa actualizar espero que pronto me muero por saber que sigue y de nuevo te digo que eres muy buena escribiendo sigue asi me gustan mucho tus historias

  1. Pingback: Ninfomanía | SHIROKOtoKUROKO

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