ACTION: Capítulo 26


action26

Queridos lectores, hemos estado de vacaciones y las circunstancias para escribir y publicar no han sido las esperadas, les rogamos tengan paciencia con nosotras.

Atentamente yo, ella y la otra.

Besitos y abracitos

Y tal

(Las palabras Appa y Omma que aparecen en este capítulo son Papá y Mamá en coreano)

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo sexto

00:10. Baekho abre las puertas, y nos damos cuenta de que todo va a ser más difícil de lo que imaginábamos. Esto no es como jaulas, ¡AQUI HAY VIDA! Parece un lugar…normal, las típicas oficinas de las películas americanas, con el suelo de moqueta y cristal en las paredes.

Mierda, eso significa que tendremos que andar agachados la mitad del camino para que no nos vea la gente de dentro, que espero que no haya mucha o será muy fácil cruzarnos a alguien que va a hacerse un café… Suerte que Baekho podrá avisarnos con tiempo, o eso espero…   A ver, admito que tiene que ser cómico salir de la oficina a buscar un café y encontrarte a 5 personas corriendo medio agachadas, con ropas que o son muy horteras o les van tres tallas más grandes. Vaya pintas… Bueno, por lo menos les sacaríamos unas risas antes de que tuviéramos que matarles. Vale, eso ha quedado un poco psicópata.

00:14. Avanzamos juntos hasta el siguiente pasillo y allí nos separamos en silencio, Minhyun y el sobón de Aron por un lado y Baekho, Jonghyun y yo por el otro. Ellos a por los niños, nosotros a abrir las puertas.  No hace falta decir nada ni vamos a arriesgarnos a hacer ningún sonido innecesario aquí así que solo hay una mirada cómplice y un asentimiento de cabeza. Espero que estén bien esos dos solos y que no se les ocurra despistarse por andar demasiado embobados mutuamente, que son capaces.

00:17. Avanzamos en silencio, siendo lo más cautos posible. En los pasillos hay ventanas que comunican con los despachos, y a ratos tenemos que ir agachados para que no nos vea la gente de dentro. No hay muchos, pero toparnos con uno solo sería catastrófico en la situación que estamos. Por suerte con mi poder podemos evitar los sitios más concurridos y sabemos por dónde podemos pasar y por donde no. ¿Cómo les ira a Minhyun y Aron? Por lo que veo de momento bien. Se mueven rápido, asomándose a cada pasillo antes de pasarlo corriendo. Nosotros vamos más lentos, porque es una zona más concurrida.
No son solo guardias. La mayoría son sencillamente trabajadores. Contables, informáticos, recepcionistas, etcétera, pero también están nuestras estilistas, médicos, cocineras, y, como no, los que van de uniforme, negros con las máscaras blancas. Todos con muestras de llevar varios días aquí. Cuando vieron que nos habíamos escapado cerraron todas las puertas del edificio y hace casi una semana que nadie entra ni sale de este edificio. Tal vez por eso están más distraídos, tal vez eso cuente a nuestro favor.
Es un trecho corto, pero tenemos que dar tanto rodeo para evitar a todo el mundo que se hace eterno, y aun así, por mucho que intentemos ir con cuidado, hay trechos simplemente imposibles.

00:21. Hay tres posibles caminos, en todos ellos, gente en los pasillos, no podemos pasar.

Como Minhyun y Aron van más lejos y aun tardaran en volver decidimos esperarnos por si se despeja una de las rutas, pero ni el par de chicas que cotillean parecen tener intención de terminar su charla ni el hombre del café parece tener prisa para terminarlo ni parece que el grupo que juegan a cartas estén cerca de terminar la partida.

Y nosotros necesitamos pasar.

Aron y yo nos desplazamos de prisa por los pasillos, sin hablar, con mucho cuidado de no hacer ruido. Él va delante y yo le sigo. Doy una rápida ojeada al mapa: en la siguiente esquina, a la izquierda.

Se detiene, saca un poco la cabeza para comprobar que no viene nadie, me mira, asiente y gira a la derecha. ¿Eh? ¡No!

Me apresuro a alcanzarle y le agarro de la camiseta para detenerle. Me mira extrañado y yo le susurro en voz baja.

– ¿Qué haces? Es hacia la izquierda.

– ¿Qué? No, hacia la izquierda vamos a volver a la cocina, sale en el mapa.

– ¿Eh? – miro mi mapa y lo compruebo. – No es verdad, no sale, y el camino es mucho más rápido. Mira – le muestro mi mapa y se lo señalo. – ¿Ves?

– Min, estás mirando el mapa del revés. Estamos aquí, ¿ves? – me señala una esquina bastante alejada de la que señalaba yo. – Y debemos ir hacia allí.

Anda, ya decía yo que el mapa se veía raro… Creo que voy a dejar que mi chico guíe. El sentido de la orientación nunca ha sido uno de mis puntos fuertes.

Asiento para darle la razón y él me sonríe. Luego se gira para seguir andando, y me coge de la mano. De alguna forma, su agarre me tranquiliza.

Llegamos a la siguiente esquina, Aron saca la cabeza. Me mira y niega.

– Hay dos hombres dormidos en el suelo.

¿Dormidos? No entiendo bien qué está pasando. En esta zona hay poca gente, pero los pocos que hemos visto se comportan de forma extraña. Van desaliñados, un poco despeinados, sin maquillaje,  con ojeras, la ropa arrugada, como si llevaran días sin cambiarse. Los pasillos están llenos de papeles, latas de refrescos, vasos de plástico vacíos. Porque las papeleras están llenas a rebosar. Restos de comida encima de las mesas, y un fuerte olor a cerrado, a sudor, a humanidad. Como si llevaran días allí encerrados, sin ni siquiera ventilar un poco.

Miro a Aron y nos entendemos sin hablar. Vamos a buscar otro pasillo. Una chica, sentada en el suelo, con la mirada perdida en un plato de plástico medio lleno de espaguetis. Mierda. Un pasillo más. Un chico joven peleándose con una fotocopiadora. Lleva el pelo aplastado, la camisa arrugada y la americana oscura con manchas de color lechoso y dudosa procedencia. Tampoco es una buena opción.

– No deberíamos ir más lejos, haremos demasiada vuelta. Tenemos que pasar.

Mi chico tiene razón.

– La mejor opción son los hombres dormidos.

Asiente, así que deshacemos el camino hasta la primera esquina. Aron vuelve a mirar.

– Siguen ahí, no se han movido.

– Vamos allá.

Entramos en el pasillo de puntillas mientras oímos sus ronquidos. Están tumbados en el medio, así que tenemos que pasar por encima de sus cuerpos. Aron va delante, yo le sigo. Esquivo el primero y levanto la pierna parar saltar el segundo. Pero ésta no me responde. Me desequilibrio y me voy de morros al suelo. No sin antes dar una patada involuntaria al hombre más corpulento de los dos. Mierda.

– Mmmm… ¿Qué está…?

Le veo entreabrir los ojos, mi cuerpo no reacciona. Mierda, mierda, mierda.

Algo me levanta del suelo y en un par de segundos hemos abandonado el pasillo y nos ocultamos en la siguiente esquina. Suspiramos aliviados, y entonces Aron vuelve a dejarme en el suelo.

– ¿Estás bien?

Asiento. Él saca un poco la cabeza por el pasillo.

– Sigue dormido, sólo se ha tumbado. ¿Qué te ha pasado?

– No sé… De repente mi pierna no respondía… Supongo que todavía son efectos de las drogas que me daban…

Aron me da un besito rápido lleno de ternura. Y me deja una estúpida sonrisa en los labios.

– ¿Qué te parece si te llevo? Así iremos más rápidos y evitaremos que vuelva a pasar algo así.

Asiento, sé que tiene razón. Y me siento un poco inútil, desde que hemos salido que no doy una. Subo a su espalda y me abrazo a su cuello. El calor de su cuerpo me hace sentir un poco mejor.

Avanzo más rápido con Min en la espalda. Miro con cuidado en cada esquina, me agacho cuando hay zonas de cristales que dan a oficinas. Y esquivo a todas las personas que encuentro.

Otra esquina, un pasillo bloqueado. Maldición. Baekho ya nos lo advirtió. Volvemos atrás, rodeamos un par de oficinas. Estamos a punto de llegar. Sólo tenemos que girar en una esquina más.

Pasamos por delante de una puerta y de repente se abre. Un hombre trajeado con una botella de agua en la mano. Nos ve, y su cara es un poema. Abre la boca para gritar. Pero no lo consigue. Porque el agua de su botella ha volado hasta su boca y ha llegado a sus pulmones. Se le escapan gemiditos ahogados. Se agarra con fuerza el cuello con las manos, y cae de rodillas. Tiembla, agoniza, no puede respirar.

Le dejo ahí y nos marchamos, no tenemos tiempo. Lo siento por él pero espero que no pueda recuperarse. Tenemos que llegar. Noto el temblor de Min a mi espalda.

– Yo no quería…

– No te sientas culpable, no había alternativa. No te tortures, ¿vale? Debemos seguir.

No responde, pero sus manos aprietan con fuerza mis hombros. Me gustaría poder tranquilizarle, pero no tenemos tiempo. Mi chico es fuerte, lo superará.

Sigo corriendo.

0:24. Nos encontramos frente a una puerta blanca y maciza. A la altura de los ojos, un cristal ahumado que deja pasar la luz pero no permite ver el interior. Es aquí.

Giro inocentemente el pomo de la puerta con la esperanza de que se abra. Evidentemente está cerrada, pero tenía que intentarlo, ¿no?

Vamos a probarlo de otro modo. Le suelto una patada, y la puerta ser rompe en añicos. Bien.

Min se baja de mi espalda, me da la mano y entramos juntos con cuidado. Por fin le veo la cara, y me tranquiliza saber que está bien.

 

Moqueta de colores vivos en el suelo, paredes azules y amarillas, cuadros de animalitos. Al lado de la puerta, una pelotita verde con el dibujo de una mariposa, un osito de peluche con un lacito rojo en el cuello y un cascabel y un coche teledirigido azul metalizado. Un poco más allá, una mesita baja llena de papeles más o menos dibujados y un montón de lápices de colores, acompañada de un par de taburetes. Es como entrar en otra dimensión.

Al otro lado de la habitación, dos camas, una pequeña con sábanas rosas y estampado de princesas y otra más grande con sábanas verdes y el dibujo de un alien con tres ojos. Al lado de ésta, una televisión enorme enchufada a una videoconsola. Y frente a ella, el niño, con el mando en la mano, mirándonos fijamente sin expresión alguna, como si nos estuviera analizando.

Vale, ¿y la niña? Recorro el suelo de la habitación con la mirada. ¿Puede ser que se la hayan llevado a otro sitio?

Aron tira de mi camiseta, cuando me giro veo que señala hacia el techo. Y allí está ella. Una niña de unos dos años vuela en medio de la habitación y pinta animadamente el techo con una cera de color lila. ¿Cómo coño…?

Y cámaras, una en cada esquina. Casi sin pensarlo, en un par de segundos las tengo carbonizadas y apago el fuego. Aron casi no ha tenido tiempo de darse cuenta. O como mínimo no grita. Espero que nadie nos haya visto.

0:25. Optamos por el camino de las dos chicas, no solo porque parecen más despistadas e inofensivas, sino también porque no veo guardias cerca en esta ruta. Nos preparamos para correr y contamos mentalmente hasta tres. Cinco. Diez.

– Baekho – susurra JR – No podemos esperar más. Hay que pasar.

Asiento, porque sé que tiene razón. Pero no quiero. Hay tantas cosas que podrían salir mal…

Demasiadas, tantas que es mejor no pensar en ello, así que esta vez no cuento, ni lo pienso, simplemente salgo corriendo, esperando que me sigan.

0:26. Pasamos a las chicas. Gritan, sale más gente de los despachos. Seguimos corriendo.

Saltan las alarmas. Ensordecedoras, abrumadoras. Y un hombre que intenta interceptarnos sale proyectado contra la pared con un haz de luz. Seguimos corriendo.

Empiezan a llover las balas, no guardias, solo trabajadores armados. Un torbellino de voz nos protege. Seguimos corriendo.

0:27. Baekho se detiene, duda solo un segundo, mira atrás, ve que no podemos volver y vuelve a avanzar. No nos detenemos, y cuatro pasos más allá veo el motivo. Dos guardias cruzan una esquina corriendo en nuestra dirección. Apretamos el paso y nos escabullimos por el siguiente cruce. Baekho delante, Ren en medio, yo detrás. Les siento prácticamente pisándome los talones. Justo detrás de mí,  justo detrás.

Tira de mi chaqueta y caigo contra el suelo. La inconfundible porra negra baja proyectada contra mi cara. Ni siquiera puedo reaccionar. Un pie entra en mi campo de visión. Aparta el brazo que me golpea y otro brazo aguanta la pierna, sosteniéndola en el aire un instante. La porra vuelve a bajar e impacta en la pierna.

Todo ha sido en una milésima de segundo, pero he oído la rotura y he sentido el líquido caliente en mi cara. Y sé perfectamente lo que ha pasado. Ren cae sobre mí, grita, chilla, se agarra la pierna malherida.

Baekho grita, ambos guardias chocan contra la pared y caen. Llueven balas que Baekho detiene con la voz. Ren chilla, la gente grita, y yo siento la sangre en mi cara, en mis labios.

Olor a metal.

No puedo. No puedo. No puedo.

Todo se vuelve oscuro, solo siento el olor a sangre. A oxido. Los alaridos de dolor de Ren, los aullidos de Baekho para protegernos, los gritos de los espectadores, gente corriendo, disparos.

Tengo que aguantar. Puedo.

Abro los ojos. Busco en mi mochila y todo tiembla. Crema, pastillas, calmantes, lo que sea. Nada. Miro a Ren. Las manos empapadas de sangre, y entre el fluido rojo sobresale el hueso quebrado. Dejo de mirar. Busco, pero no hay nada.

Echo agua en la herida. Le ato un pañuelo justo encima de la rodilla, le doy otro trapo para que lo muerda. Y es todo lo que puedo hacer.

Todo tiembla, los bordes son oscuros. Y hay sangre por todas partes.

0:28. Baekho coge a Ren por el brazo. Con un hábil movimiento y sin mirar se lo hecha a la espalda y corre todo lo que puede llevándole. Ren aprieta los dientes. Le estrangula con el abrazo, muere de dolor a cada paso. Y yo corro tras de ellos, rezando para que no nos alcancen las balas, defendiéndonos como puedo con la pistola que no sé cómo ha llegado a mis manos.

Y corremos.

Dolor. Solo dolor. Apenas soy consciente de lo que sucede a mí alrededor, solo sé que corremos y Baekho me lleva en la espalda. Cada paso es un suplicio, como si me clavaran un cuchillo en la pierna una y otra vez. Hago un esfuerzo por no gritar y abro los ojos, intentando ver que está sucediendo.

Oigo disparos a mi espalda pero no parecen ser muy efectivos, JR apenas sabe disparar. Los guardias casi nos alcanzan y Baekho cada vez corre más lento, no puede luchar mientras me carga, tengo que hacer algo. Una sacudida más fuerte que las otras y por unos momentos todo se vuelve oscuro. Aguanta Ren, no seas nenaza.

Tengo que hacer algo o solo seré un peso muerto que conseguirá que los maten. ¿Pero qué? Apenas puedo concentrarme en seguir lo que sucede a mí alrededor, no sé si podré usar mi poder…

Cierro los ojos y dejo de intentar fijarme en lo que sucede, dejo de intentar reprimir los gritos a cada sacudida, me centro solo en intentar sacar todo mi poder. Lo busco, lo siento y acumulo toda la potencia puedo hasta que lo suelto de golpe, sintiendo como la luz sale expulsada de mi cuerpo y luego… nada, solo oscuridad, me aplasta, me asfixia. Pero no me voy a dejar vencer. Respiro hondo y lentamente vuelvo a sentir el cuerpo de Baekho bajo mis brazos, el dolor insufrible en mi pierna y los pasos de JR detrás nuestro. No se oyen guardias, lo he logrado.

 

Suenan las alarmas. Mierda.

La niña está de pie frente a nosotros. Lleva el pelo recogido en dos coletas y una especie de pijama rosa. Nos mira con curiosidad.

Me arrodillo para quedar a su altura e intento hablar sonriendo y con voz calmada.

– Hola.

– Hola. ¿Quién shois?

– Yo me llamo Minhyun, él es Aron, y somos…

– ¡¿Shois Minhyun y Aron?! ¡Wooooo!

Su cara se ilumina y nos mira emocionada.

– Sí… – respondo dudoso.

– ¿Nos conoces? – Aron se agacha a mi lado.

– ¡Puesh caro! ¡Shempre hablan de voshotos! ¡Vueshtros poeres shon inceííííííbles! ¡Shois geniales! ¡De mayor quiero sher como voshotos!

Se pone a dar saltitos emocionada y salta a nuestros cuellos para abrazarnos. Le devolvemos el abrazo, confusos.

– ¡Os quero! Me contaron que shois mis papás, que os shacaron celdas y con ellas hicieron yo. – ¿Celdas? Supongo que quiere decir células… – ¡Quería muchííííííshimo conoceros! ¿Habéis venido a juar comigo?

– No… De hecho hemos venido a buscaros.

– ¿A bushcanos? ¿Onde vamos?

– Vamos a salir de éste edificio.

– ¿Po qué? ¿Es que vamos a juar fuera?

– Bueno… esto…

– Sí, vamos a jugar fuera – Aron lo dice muy convencido. No me gusta engañarla, pero no veo otra forma. – Ya verás, veremos el sol. ¿Te gustaría ver el sol?

– ¡Shííííííí! ¡El shol! ¡El shol! ¡Quero ver el shol!

No pensaba que iba a ser tan fácil convencerla, pero parece que ha funcionado. Ahora vuelve a volar emocionada por la habitación. No cuesta demasiado adivinar su poder.

Y me fijo en el niño. Sigue con el mando en la mano, mirándonos fijamente. Sin expresión. No se ha movido, ni siquiera ha abierto la boca. Qué niño tan raro, da un poco de grima.

Que niño tan raro, da un poco de grima. – ¿Qué? No puede ser que el niño haya dicho esto. Tiene una voz muy rara. ¿Cómo…? – Mi chico está muy guapo con cara de no entender nada.

– ¿Eh? – ahora es Aron quién le mira desorientado.

Vale, nos ha leído la mente.

– Sí – responde el niño, esta vez con una voz diferente, más… normal.

– Entonces ya sabes a qué hemos venido – dice Aron.

– Sí. Sé que vuestras intenciones son buenas, pero también sé que los guardias que nos esperan fuera con sus porras y sus pistolas no quieren jugar no nosotros, precisamente.

– Es verdad… pero es el precio para una vida mejor.

– Es un suicidio y lo sabéis. Y a nosotros aquí nos tratan bien.

Os tratan bien ahora, pero sabes cómo nos trataban a nosotros, así que puedes imaginar cómo os tratarán cuando crezcáis un poco.

Su cara cambia de repente. Sé que me ha “oído” y que sabe que tengo razón. La impasibilidad de su rostro y su mirada desafiante se convierten en cara de pánico.

– Appa… ¿Qué quere deir Shamuel? ¿Los gardias queren hacernos daño?

Aron la abraza y le acaricia el pelo para tranquilizarla. Y le dedica esa hermosa sonrisa que haría derretir el hielo.

– Sí, los guardias son malos, por eso queremos irnos. Pero no van a haceros daño, porque nosotros estamos aquí para protegeros. ¿Lo entiendes?

Shi

Llevo a la niña en brazos, sus coletas me hace cosquillas en el pelo. Es tan inocente y adorable… Espero de corazón que no consigan hacerle daño.

El niño…. ¿Samuel se llama? De repente se levanta y se nos acerca. Mira a Min, parece que éste le ha dicho algo mentalmente.

– Está bien, voy a confiar en vosotros. Mejor esto que quedarse así. Espero que lo consigamos. – Se gira hacia la niña. – No, Shinhye, no puedes llevarte a Teddy.

– ¿Qué pasa? – le pregunto.

– Quiere llevarse el osito de peluche, pero no puede porque lleva un cascabel y hace ruido.

Min se agacha al lado del osito y le deshace el lazo del cuello para quitarle el cascabel. Luego se lo da a la niña.

– ¿Ves, Shinhye? Ahora sí puedes llevarte a Teddy.

La niña abre los ojos como platos, le brillan de la emoción, y salta a sus brazos.

– ¡Acias omma!

¿Omma? BUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA

La cara de Min es totalmente un poema. Y a mí me duele la tripa y me lloran los ojos de tanto reírme. Samuel también se ríe. Por primera vez parece un niño.

00:33. Aun con Ren sobre mi espalda, jadeando por el dolor de su pierna rota, nos metemos en la salita que ha encontrado JR.

Hemos despistado a nuestros perseguidores con luz. Luego Ren casi se desmaya. Pero no, sigue consciente.

Le bajo y examino su herida, es horrible. JR le hecha agua, soltamos el improvisado torniquete y todo se llena de sangre, le envolvemos en trapos. Si le hecho pomada cicatrizara al instante. Con el hueso salido. Hay que ponerlo en su lugar. Pero no puedo. No nos atrevemos a tocarle. Si le rozas aúlla de dolor. No sé qué hacer, no puedo hacer nada, me siento tan impotente…

– ¿Que hago…? – ¿a quién se lo pregunto? No sé qué hacer… que alguien me diga que puedo hacer…

– Nada, esperar a Minhyun y Aron, estarán a punto de llegar.

– ¿Y DEJO A REN ASÍ?

– ¿Qué quieres hacer? ¿Acaso sabes arreglar huesos rotos?

– … – tengo que hacer algo… tengo que… Rennie…

Pero no puedo hacer nada, nada más que estar a su lado. Le doy la mano y él me la aprieta con fuerza. No puedo hacer nada más…

Duele. Duele mucho. ¡Joder! Intento pensar en otra cosa, en nuestra situación, estar alerta a mí alrededor, pero no puedo. Solo puedo pensar en el dolor. Respira Ren, respira. Inspira… expira… inspira… expira… Eso es, no voy a dejar que una maldita pierna rota me haga llorar, no, nadie va verme llorar. Soy fuerte, puedo con ello.

Baekho coge mi mano y yo se la aprieto con fuerza, me gustaría hablar y decirle que no se preocupe, que estaré bien… Pero no me atrevo, no sé si seré capaz de decir dos frases seguidas con una voz aparentemente normal y sin echarme a llorar así que solo aprieto su mano y respiro hondo.

 

00:34

00:35

00:36

Miro en reloj mientras esperamos a que lleguen, mientras esperamos.

Ren agoniza, y ni Baekho ni yo sabemos que hacer. Necesitamos hacer algo, aunque no sirva para nada, no hacer nada nos está matando.

Ojalá pudiera hacer algo por Ren. No dejo de pensar que está así por protegerme. Y no puedo ni mirarle, la sangre, el dolor, sus gemidos de agonía.

00:37

¿Cuánto pueden tardar Minhyun y Aron? ¿Qué vamos a hacer cuando vuelvan? ¿Volverán? Espero que no les pase nada. Pero aunque lleguen, aunque vuelvan en perfectas condiciones, con los niños… Ni siquiera podemos tocar a Ren estando así. Evidentemente no puede andar, y aunque le cargásemos… Con la pierna así… está perdiendo mucha sangre. ¿Tenemos alguna posibilidad?

Siempre lo hemos tenido difícil, pero hay momentos en que realmente no ves que esto pueda terminar bien.

Pero no puedes dejar que te gane la desesperación, porque si lo haces, si desesperas, pierdes absolutamente todas las posibilidades.

00:38

No puedo hacer nada, no puedo siquiera pensar. Porque si pienso me doy cuenta de que estamos perdidos. De que hay demasiado en nuestra contra, de que nos hemos marcado un objetivo muy simple, salir de aquí, y aunque lo consigamos, ¿Qué pasa después? ¿Dónde voy?

Pero no, no debo permitirme pensar eso, tengo que centrarme en cosas más prácticas, en cosas más inmediatas, que pueda solucionar al momento.

Ren.

¿Qué podemos hacer por él? No puedo ni mirar la herida.

Nada, no puedo hacer nada, igual que con todo lo demás.

¿Distraer a Baekho tal vez? Parece a punto de colapsar.

– ¿Baekho, donde están los otros? – aunque solo sea con eso.

No me mira, ni siquiera me oye, sigue aferrándose a la mano de Ren, mirándole fijamente, tenso.

– ¡Baekho! – No me escucha, no me oye, no existo ahora para él. Totalmente comprensible.

– ¡Baekho! – le sacudo, al fin me mira – ¿dónde están los demás?

Su cara dice claramente ¿Cómo puedes pensar en eso, en algo que no sea REN? Pero cierra los ojos y les busca.

– Están viniendo.

Y ya está, dejo de existir otra vez.

– Baekho. Podemos sedarle. No le dolería.

Tampoco creo que Ren acepte eso… ¿es mejor tenerle dormido o agonizando?

– Ren, voy a hacerlo, voy a sedarte

¿Que…? Baekho se ha vuelto loco de estrés, así que simplemente me echo a reír. Sedarme, a mí, si hombre vaya chiste. Prefiero retorcerme de dolor antes que pasarme horas dormido como un tronco mientras ellos se juegan la vida. Es que ni de coña. Despierto por lo menos puedo usar mis poderes para defenderme, aunque me agote. Puedo hacer ALGO.

– Haz lo que quieras, pero no me sedes – consigo hablar con los dientes apretados sin gritar. Bien, progresamos.

– Ren, te duele

– No jodas.

Exacto, es mi dolor, mi pierna, mi consciencia.

– No seas idiota.

Cierro los ojos y me centro en recuperar mi autocontrol. Joder, no me hagas hablar más de lo necesario, déjalo… Baekho toma mi silencio como un sí y se acerca con el sedante. No, he dicho que no. Respiro hondo otra vez y abro los ojos.

– No.

El para y acaricia mi mejilla, con cara de no entender el porqué de todo esto.

– Pero… ¿por qué?

– Quiero… estar consciente… hasta el final

Le aprieto el brazo con fuerza, rogando para que deje de insistir y no me lo haga más difícil, sé que lo hace por mí, porque se preocupa, pero no voy a ceder.

Finalmente Baekho asiente imperceptiblemente con la cabeza, deja la jeringa en el suelo y coge mis manos entre las suyas. Son cálidas, grandes, acogedoras. Solo entonces me permito volver a cerrar los ojos y centrarme en mi respiración. Inspira, expira, inspira…

00:41. Avanzamos tan rápido como podemos pero a mí sigue pareciéndome que vamos muy despacio. No puedo pedirles más. Yo solo habría llegado hace rato, pero debo adaptarme al ritmo de estos tres. No puedo llevarlos a todos a cuestas, junto con las mochilas. Encima tenemos que intentar pasar desapercibidos, evitar a los trabajadores de oficinas, las cámaras de seguridad, no hacer demasiado ruido… no es una tarea fácil. Ánimo, no nos queda mucho.

Yo voy delante con el mapa en la mano, intentando leerlo con rapidez mientras avanzamos entre los pasillos de paredes grises y grandes ventanales cubiertos de finas persianas que dejan entrever los lujosos despachos y cruzando los dedos por no equivocarme. Creo que vamos bien.

Detrás de mí está Min, mi chico se mueve tan rápido como puede pero los años de inmovilidad le pasan factura y cuando se trata de correr las piernas le fallan. Hace grandes esfuerzos para seguir y para no desmoronarse. Y lleva a Samuel cogido de la mano. El chiquillo no dice nada, continua con curiosa cara de concentración, y nos sigue sin rechistar.

Y luego está Shinhye, que revolotea a mi lado. Aún me sorprende ver a un ser humano levantarse de ésta forma del suelo. Su cara inocente y extremadamente sonriente demuestra que no es consciente de la situación en la que nos encontramos. En fin, mejor así, es apenas un bebé.

Vamos, adelante, ya queda muy poco.

Miro hacia atrás para comprobar que Min y Samuel pueden seguir el ritmo. Y cuando vuelvo a girar mi cabeza hacia adelante me quedo helado, mi corazón da un vuelco.

00:50. Un grupo de personas con máscaras blancas salen de detrás de una esquina. Guardias. Puedo contar uno, dos, tres… ocho. Son demasiados. Están un poco lejos pero se acercan rápido.

Me detengo de golpe y cojo a Shinhye para que deje de volar, la abrazo contra mi pecho, la protejo instintivamente.

– ¿Pero qué…? ¡Mierda! – oigo a Min quejarse detrás de mí.

– Quieren matarnos, lo leo en sus mentes, quieren matarnos…

Min se arrodilla a su lado e intenta mostrarse confiado para tranquilizarlo. Pero conozco a mi chico y sé que está asustado, tanto o más que el pequeño.

– Tranquilo, nos encargaremos de ellos. Aléjate un poco y vigila que no te hagan daño.

– Y cuida de ella, por favor – añado yo pasándole a Shinhye. Será mejor que no esté en mis brazos mientras luchamos.

Samuel asiente y se aleja, poco convencido. Al fin y al cabo puede leer nuestras mentes y sabe que no estamos seguros de poder ganar.

Oigo disparos y me estremezco. Pero ninguna bala llega a rozarnos. Se detienen antes de acercarse a nosotros y caen inertes al suelo. Min jadea, crear una ráfaga de aire lo suficientemente fuerte como para detenerlas no habrá sido fácil.

Instantes después, unas cuantas de las pistolas que llevan en las manos estallan en llamas. Los guardias las sueltan y gritan asustados.

Fuego. No, eso no. Mi cuerpo tiembla.

– ¡Min, no hagas eso!

– Perdón…

Las llamas se apagan pero las pistolas han quedado inutilizables. Al menos algunas.

Ahora es mi turno.

Salto hacia ellos con la porra en la mano y le doy a uno en la cabeza y a otro en la espalda. Ambos caen al suelo. Un tercero me golpea también con una porra en la espalda, y yo le devuelvo el golpe. Otros dos vienen en su ayuda. Intento defenderme de todos, tengo que hacerlo. Debo ganarles.

Todavía quedan guardias con pistolas, uno me apunta pero yo soy más rápido. Saco la mía y disparo. La bala le da en la muñeca, la pistola le cae de la mano y él grita.

Disparo algunas balas más, algunas dan en los blancos, otras son esquivadas. Hasta que se me acaba el cartucho. No tengo tiempo de cambiarlo. Un par de guardias se me acercan con rapidez, cuchillos en mano. Creo una ráfaga de aire que les levanta y les lanza contra la pared.

Aron grita. Está luchando contra demasiados, debo ayudarle.

Me concentro para mover la tierra del suelo, creo con ella una especie de brazo que agarra a dos guardias que están luchando contra Aron y los alejo así de él. Aprieto la tierra que los sostiene con fuerza contra sus cuerpos, oigo un crujido y un grito de puro dolor. Me estremezco.

– ¡MIN!

El grito de Aron me distrae, le miro y sus ojos están llenos de puro terror. No por él, sino por mí. Me giro rápido. A mi espalda se encuentra un corpulento guardia con un cuchillo en alto a punto de perforar directamente mi corazón. Me he distraído en ayudar a Aron. El cuchillo baja demasiado rápido. No voy a poder detenerlo. Sólo puedo cerrar los ojos. Se acabó.

Algo me empuja, caigo al suelo, Aron chilla justo a mi lado, y mi cara se salpica de un líquido viscoso.

Abro los ojos y lo primero que veo es el cuerpo de mi chico desmoronándose ante mí. Con la espalda perforada por el enorme cuchillo, que el guardia corpulento se ha encargado de clavar y luego sacar. Ríe con una voz grave y yo estallo de ira.

Dos segundos más tarde, su cuerpo estalla en llamas y en seguida se ve reducido a cenizas.

Grito de desesperación. Y con mi grito mando una onda expansiva de fuego, que el aire se encarga de hacer llegar a todos los guardias que tenemos alrededor. Para alejarlos, para que no le hagan más daño.

Y me dejo caer a su lado, grito su nombre, acaricio su mejilla ensangrentada, intento hacerlo reaccionar.

Intenta hablar pero se ahoga y escupe sangre. Parece que le han perforado el pulmón. No va a sobrevivir, joder, no puede ser, mierda, mierda, ¡mierda!

– ¡Aron! ¡ARON!

 

Siento un dolor intenso en mi espalda. Y frío. Hace mucho frío…

Min me toca y casi no siento el calor de sus manos… Quiero mirarlo pero la vista se me nubla…

Intento coger aire pero me ahogo, no puedo respirar. No hay forma de salir vivo de esto.

Min, te dije que daría mi vida por ti si era necesario. Siento no poder salir de aquí a tu lado, espero que puedas ser feliz. Te quiero.

Sufre. Aprieta los dientes con fuerza, suda a chorros, parece a punto de desmayarse, pero sigue insistiendo en que no le sedemos. Canto para él, para aliviarle el dolor. Le susurro lo mucho que le quiero, lo mucho que me importa. Rennie… Mi niño… Quédate a mi lado…

Le acaricio la frente, secándole el sudor, y con mi mente siempre expandida siento que alguien se acerca. ¿Guardias? Si, y bastantes, muy cerca de aquí. Espero que no nos encuentren. Pero hay algo más, alguien más. Los chicos están de regreso, con los dos niños. Y es inevitable que se crucen. ¡Demonios!

– ¡JR! ¡Minhyun y Aron van a toparse con los guardias! – Abre los ojos como platos, asustado, ¿cómo no? – Están aquí al lado, tenemos que ir a…

Ren no puede ir. No puedo dejarle aquí. JR solo no tiene manera de encontrarles ¿Puedo dejar que Aron y Minhyun luchen solos?

– Ve… – Apenas le oigo cuando me susurra. – estoy bien…

¿Cómo vas a estar bien Rennie? Dios mío… ¿qué hago? ¿Qué debo hacer?

– ¡Quédate con él! – le grito a JR.

00:51. Salgo corriendo, dejando a Ren sin mirar atrás, me doy cuenta de que JR me sigue.

– Somos más útiles allí.

Y tiene razón, sé que tiene razón, pero… Rennie… Tampoco podemos hacer nada por él estando a su lado.

Aguanta mi pequeño guerrero.

Nos cruzamos con los niños, un chico de unos diez con una niña en brazos, les indicamos que sigan recto este pasillo para llegar con Ren. Y seguimos corriendo, y al girar la esquina lo siento, como apuñalan a Minhyun, como Aron se interpone para recibir el golpe, como el cuchillo le perfora, como cae.

00:52. Sintiendo que me falta el aire no puedo sino seguir corriendo, rezando por llegar a tiempo.

Alguien me empuja y me aparta de él. Jonghyun. Se abalanza sobre el cuerpo de mi chico y pone su mano desnuda sobre su herida.

No, eso sí que no. ¡¿Es que quiere desintegrarlo?! ¡¿SE HA VUELTO COPLETAMENTE LOCO?! La sangre, ha visto demasiada sangre y le ha pillado uno de sus ataques. Está loco, está descontrolado, y va a desintegrar a mi chico. NO, NO, NO, NO, NO, NO, ¡NO!

Ni siquiera sé en lo que pienso. No pienso. Hay sangre por todas partes. Brota de Aron y se expande, lo envuelve todo, lo absorbe todo.

Pero hay algo más allá de la sangre. Aron se muere.

Aparto a Minhyun, mis manos van directas a su herida, me empapo en sangre, mi vista se vuelve roja, pero lo ignoro.

Siento su carne en mis dedos, la carne que se ha abierto con la herida, pero que aún recuerda… Las partículas de su cuerpo aún tienen la fuerza para unirse. Como cuando reconstruía las pilas. Aun siento la unión entre ellas, aunque no lo haya destruido yo, si puedo reconstruirlo.

Recorro a esa parte prácticamente desconocida de mi poder, a la inversa de lo que siempre he hecho, y siento como su cuerpo se regenera y la herida se cierra.

00:55. Caigo al suelo, mareado. Los guardias que quedaban se han ido. La herida de Aron se ha cerrado sin dejar más rastro que la sangre, pero sigue inconsciente. Minhyun le sacude intentando despertarle, manchándole de rojo con sus manos ensangrentadas. Grita desesperado. Si no llora es porque aún no quiere creerlo. Yo tampoco.

– Tenemos que volver. – advierte Baekho – aquí no estamos seguros.

La voz le tiembla, todo él tiembla, Baekho, Minhyun, Aron, hasta las paredes parecen temblar. Todo se difumina y se vuelve rojo…

No, no te dejes llevar.

Trago saliva, cierro los ojos y respiro, y cuando vuelvo a abrirlos las paredes están estables, y yo cojo a Aron por un brazo y ayudo a Baekho a arrastrarle hasta la salita donde nos espera Ren.

00:56. Regresamos a la salita, con Rennie y los niños. Ren abre los ojos como platos cuando nos ve llegar. La niña rompe a llorar, y el chico retrocede, como asustado, pegándose a la pared.

Minhyun se deja caer junto a Aron. Sigue sacudiéndole, le llama. Le ruega que vuelva, le suplica que se quede con él. Llora y grita. Me acerco e intento calmarle, pero ni siquiera me escucha.

JR cierra y atranca la puerta, se deja caer contra ella y se acurruca en el suelo, cerrando los ojos para no ver la sangre, intentando respirar, tapándose la cara con las manos teñidas de rojo. Incluso el olor de la sangre es insoportable.

Ren me pregunta qué ha pasado. Gritando por la histeria y por su propio dolor. Intenta acercarse pero solo de moverse el rostro se le crispa de dolor, y ahora ya no puede retener las lágrimas.

La niña sigue llorando, berreando como un bebé. Es un bebé. Intento acercarme, calmarla, pero huye de mí, también voy cubierto de sangre.

El chico, en un rincón de la sala, se sostiene la cabeza entre las manos con fuerza, “¡dejad de gritar!” chilla a pleno pulmón una y otra vez.

Y Aron… Aron resta impasible, pálido y cubierto en rojo. Con los ojos cerrados. Me acerco a comprobarlo, aunque no quiero saberlo.

No tiene pulso.

No, no puedo creerlo, no quiero. No puede estar muerto. Instintivamente junto mis labios con los suyos para darte lo que temo que será nuestro último beso. No se mueve, no me lo corresponde. No puedo hacerme a la idea de esto. Siento que mi corazón va a detenerse.

Me separo de él. Ya no respira. Tomo su pulso y compruebo que ya no existe, su corazón se ha detenido. Hemos llegado tarde. No, no voy a creerme esto. No voy a aceptarlo tan fácilmente. Mientras yo pueda seguir respirando no voy a dejar de intentar que viva. Seguro que puedo hacer algo. Al fin y al cabo un setenta y cinco por ciento de nuestro cuerpo es agua, ¿no? Al menos debo intentarlo.

Cierro los ojos y me concentro en su cuerpo. En sentir el agua de sus células, y la que forma parte de su sangre. Y la muevo, con esfuerzo, a través de sus venas, arterias y capilares, hasta todos los rincones de su cuerpo. En un desesperado intento de que sus tejidos no mueran por falta de sangre. Luego muevo el aire, lo meto y lo saco de sus pulmones para permitir el intercambio de gases con la sangre. Pero sé que con eso no es suficiente. No voy a hacer que vuelva a latir su corazón. Necesito esforzarme más.

Alguien toca mi espalda.

– Minhyun, sé cómo te sientes, pero creo que deberíamos…

Aparto la mano de Baekho de mi espalda de un manotazo, lleno de rabia.

– ¡CÁLLATE! ¡No voy a dejarlo! ¡No mientras pueda hacer algo! ¡Si él muere yo muero con él!

– Minhyun, por favor… Él no ha dado su vida para que tú tires la tuya…

No… yo no quería que él diera su vida por mí… Una vez me dijo que sería capaz de hacerlo y yo le creí, no necesitaba que me lo demostrara. ¡Maldito imbécil! No voy a dejar que muera así… No va a morir, y menos por mí…

– Déjame intentarlo… sé que puedo hacer algo… por favor…

Baekho se aparta en silencio y mi atención vuelve a mi chico. Sigo moviendo su sangre y me concentro en su corazón. Debe volver a latir. ¿Cómo lo hago? Debo conseguirlo, sea como sea. Todas mis energías se concentran en ese órgano que me pertenece. No siento nada de lo que pasa a mí alrededor. Tan solo existimos él y yo. Tan solo mi voz desesperada gritando su nombre y mis poderes en su cuerpo.

Late. Vamos, late. Por favor. Late.

– ¡Aron! ¡Aron no te vayas! ¡No por favor! ¡No puedes dejarme! ¡Aron!

– Sangre… muerto… Sangre… todo rojo… todo oscuro…

– ¡¡¡Bueeeeeh!!! ¡¡¡bueeeeh!!!

– ¿¡Que ha pasado!? ¡¿QUE COÑO HA PASADO?! ¡JODER ME DUELE! ¡QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE QUE COJONES HA PASADO!

– ¡Dejad de gritar! ¡Callaos! ¡Dejad de gritar!…

Permanezco quieto, inmóvil e impotente en medio del caos. Y, aun por encima de todo el estruendo, oigo algo más.

Golpes en la puerta. Porrazos. Alguien al otro lado que quiere hacernos salir.

01.00. Hay guardias al otro lado.

De repente noto un pinchazo en mi cabeza. Me duele mucho, algo va mal. Mis poderes me abandonan y mi cuerpo no reacciona. Creo que los he utilizado demasiado. No estaba preparado para esto.

La sangre de Aron ya no se mueve, el aire que entraba en sus pulmones no me obedece. Y su cuerpo inmóvil, frío y pálido sigue inerte.

Las fuerzas me abandonan, los músculos ya no me aguantan y me desmorono sobre Aron; mi cabeza cae sobre su pecho desnudo, que ha quedado al descubierto al rasgarse sus ropas. Sobre su inerte corazón.

No puedo moverme, ya no puedo hacer nada. Mi cuerpo no me responde. Tengo los ojos abiertos pero no veo nada. Pronto voy a perder el conocimiento.

Lo siento, Aron, lo siento. He hecho lo que he podido. Creía que podría salvarte. Espero que puedas perdonarme. Te quiero…

Minhyun se inclina sobre Aron, besa su cuerpo, luchando aun por retenerle aquí. No quiere aceptarlo. No quiere creerlo.

Y de repente se derrumba, cae, desmayado, sobre su cuerpo sin vida.

Con una sonrisa en los labios.
FIN
Y hasta aquí Action, XD ¿Os ha gustado el final? ¿Chulo eh??? XDDD

No, es broma, la semana que viene publicamos el siguiente 😛

SHIROKO  KUROKO  AOIKO

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el agosto 23, 2013 en ACTION, Others y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Buaa me hicieron llorar t.t sigo su historia desde hace un tiempo creo que iban en el cap 21 en ese entonces me encanta lamento no dejar comentarios en los capítulos anteriores, cuando me encontré el fic eran como las 8 de la noche no formo ese dia hasta que termine el ultimo y por eso no deje comentarios xD y siempre lo leo por celular, pero realmente me gusta su fic es extraordinario yo también escribo dice pero el nivel de ustedes es mas alto me encanta sigan asi esta muy genial, espero que Aron reviva es mi mías y amo la pareja Aron x MinHyun ❤ esperaré ansiosa el siguiente capitulo n.n

  2. Waaaa!! Aron no puede morir T_T….
    Estaba tan ansiosa de que publicaran nuevo capitulo este fic tiene de todo, accion, drama, romance, comedia. Me fascina! Muchas Felicidades

  3. Ay nooo….. Aron no puede morir!!! T-T ojalá y puedan salir, el plan tiene que funcionarles tienen que salir de ahí 😦

  1. Pingback: ¡ACTION! | SHIROKOtoKUROKO

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