ACTION: Capítulo 28


action28

¡Hoooola de nuevo! ^^

Y aquí queridos y fieles lectores llega el último capítulo de Action, muchísimas gracias por seguirnos todo este tiempo y por la paciencia con nuestra poca puntualidad al publicar, ha sido un placer.

Como veis al final no pudimos publicar el día 4 (ni mucho menos ^^’), resulta que este capítulo nos costó más de lo que esperábamos… ¡Pero al fin aquí está! ¡Gracias por esperar!

¡Ah! ¡Pero no todo acaba aquí! Aún quedan unos epílogos que publicaremos tan pronto como nos sea posible ^^ ¡Así que todavía no nos despedimos!

¡Disfrutad mucho de este último capítulo! ¡A leer!

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

 

Capítulo vigésimo octavo

 

Pasajeros del vuelo YK2808 con destino Los Ángeles, embarquen por la puerta E32.

Estamos los cinco de pie delante del control de seguridad.  A partir de aquí sólo puede pasar la gente que va a volar. Esta es la última vez que estamos todos juntos. Al menos durante un buen tiempo.

Aron se gira a mirarnos a todos con ojos tristes.

– Aquí nos separamos.

 

Cuando se abrieron las puertas el ruido se detuvo. Todo, absolutamente todo, paró. Durante unos segundos silencio, luego ruido de metal, y gente corriendo. La mayoría de guardias soltaron las armas y huyeron, gente que no estaba allí más que esperando recibir una paga, que igual que nosotros habían quedado encerrados cuando vieron que habíamos salido de las jaulas y blindaron el edificio. Esos huyeron al instante.

Los restantes se dividían en dos grupos, los rebeldes, que habían luchado a nuestro favor y los que realmente nos consideraban monstruos y luchaban por verdadera convicción. Viendo que el segundo grupo era menor estos callaron y soltaron las armas, y terminaron yéndose también.

Un guardia de entre el grupo de rebeldes con unas llamativas gafas verdes se erigió como líder temporal y lo organizó todo. Debíamos salir de allí antes de que el verdadero “jefe”, el que nos había encerrado ahí dentro y llevaba todo el proyecto, llegase. El hombre de los ojos de hielo.

Aun así nos convencieron de que nos quedáramos unas horas más. De algún modo,  nos ofrecieron ayuda, y no teníamos otra opción que aceptarla.

Nos llevaron a las duchas, nos dieron de comer, curaron las heridas que teníamos. Ren necesitó que le operaran, le dijeron que era una fractura complicada y que tardaría en poder caminar, que no era cien por cien seguro que se soldase bien si no iba con mucho cuidado. Necesitó mucha sangre, solo pudimos disuadir a Baekho de que le diera la suya cuando le dijeron que no eran compatibles. Yo o Minhyun hubiéramos podido darle sangre, pero realmente la necesitábamos para nosotros mismos.

Ren no fue el único en necesitar  una transfusión, muchos guardias habían quedado heridos, y aunque sabía ya de la magnitud de este complejo me sorprendió ver a tanto personal sanitario y tantas reservas de sangre. Fue una grata sorpresa.

Aún más sorprendido me quedé al  reconocer una cabecita rubia entre el grupo de enfermeros. Alice.

¿Cómo podía acercarme a ella? Saludarla, disculparme por lo que le hice, agradecerle todo lo que hizo ella por mí. ¿Cómo podía atreverme a hablar con ella después de todo?

Simplemente no podía, así que seguí observando como socorrían a los heridos de entre los cadáveres, mejor dicho, intentando no verlo.

Le  hicieron varias pruebas a Aron, en primer lugar porque no se explicaban cómo podía estar vivo, en segundo lugar porque no se había recuperado por completo. Según las radiografías (o lo que fuesen), tenía un pulmón inútil. No había forma de curarle, pero por suerte su poder compensaba bastante y no iba a suponer un gran problema para que hiciera vida normal. Minhyun a su lado esperaba mientras se recuperaba, con la niña aun en brazos que no se despegaba de ellos.

Mientras Ren seguía inconsciente Baekho se dividía entre la preocupación por él y el dolor por la muerte de Nara, quien fue su única amiga durante tres años. No había palabras de consuelo, pero sus lágrimas reflejaban el dolor de todos. Incluso el mío. Ahora que podíamos “volver a casa” sentía más que nunca la perdida de mis padres. Aun no sabía qué iba a hacer.

– ¡JR! – su vocecita me llamó, y supe al instante quien era. No podía mirarla, y aun así me volteé para verla.

– Alice…

Sonrió. Al igual que siempre, sonrió. Y aunque parecía una sonrisa sincera los ojos se me iban al muñón de su brazo izquierdo.

– Te ves bien. – murmuró.

Aun con la sangre seca sobre mi piel y la suciedad de estos cinco días en almacenes supe que tenía razón, porque estaba de pie, junto a ella, sin ataduras y con la mirada limpia. Yo también me sentía orgulloso por ello.

No supe que responder. Yo no podía decirle lo mismo supongo…

– Siento lo que te hice. Después de todo…

Negó con la cabeza, cortándome.

– No quisiste hacerme daño. – ¿es que eso cambiaba lo que le hice? – Quiero decir… Lo pasé mal, claro, aun ahora no me acostumbro y no creo que me acostumbre en mucho tiempo, pero… sé que no lo hiciste a propósito, sé que lo último que querías es hacerme daño, sé que tú has perdido mucho más en esto que yo. No quiero guardarte rencor…

No sabía qué decirle, ni siquiera sabía qué pensar al respeto.

Le estaba agradecido, claro, por eso y por mil cosas más. Pero… No debía ser tan buena, tendría que odiarme por lo que le hice. ¿Cómo podía empezar a agradecerle todo lo que le debía?

Quería abrazarla. Quería que supiera que valoraba el tiempo que estuvo cuidándome, sus sonrisas, su cariño, quería que supiera que la quería por eso. Pero no podía. La última vez que me tocó perdió un brazo, ¿La asustaría si me acercaba?

Lo intenté, di un paso al frente hacia ella, pero se apartó. Casi inconscientemente retrocedió mientras se encogía sobre sí misma. Luego al darse cuenta bajó la mirada, avergonzada.

– Lo siento… – murmuró  – no te guardo rencor, pero si me asustas un poco…

Sus palabras, igual que su reacción, fueron como una jarra de agua fría. Pero lo comprendía. Le había hecho mucho daño, el muñón en su brazo se lo recordaría siempre. No podía esperar que lo olvidase en menos de una semana.

Lo lamentaba. Lo lamentaba muchísimo. No solo por el daño que le había hecho sino también por haberla perdido.

Pero estaba conmigo. Había venido ella a hablarme y decía que no me guardaba rencor. Eso ya era un gran paso en tan poco tiempo. Tal vez no la había perdido del todo.

Así que simplemente sonreí, manteniendo las distancias.

– Gracias Alice, gracias por todo lo que has hecho por mi…

Me sonrió también. Su sonrisa me recordaba todo el tiempo encerrado, me recordaba a mi madre, y en parte dolía, pero también era reconfortante. Sentí ganas de llorar.

– Creo que hay alguien más que quiere disculparse…

Se hizo a un lado y detrás de ella pude vislumbrar un inconfundible chispazo azul hielo. Se escondió en cuanto la vi, probablemente tan insegura de qué decirme como estaba yo con Alice, pero yo no le guardaba rencor alguno.

– Te encontraron.

Me sentía aliviado. Hacía apenas un par de horas que la habíamos abandonado en almacenes cuando le dije a un guardia donde podía encontrarla, que fueran a buscarla, pero no había sabido nada más. Saber que estaba bien me hacía sentir mejor.

Salió de su escondite, mirándome a los ojos por un instante y luego bajando la mirada al suelo, avergonzada.

– Gracias a ti. – murmuró. Volvió a mirarme, apartando la vista al instante y se mordió el labio, como incapaz de decir algo. Simplemente esperé. – ¿Por qué no me matasteis?

Ya me esperaba la pregunta. Todo el mundo parecía pensar que matar era la solución para todo. ¿Por qué?

– ¿Más muertes? – Señalé a mi alrededor, a las paredes manchadas de rojo, a los heridos, a los cadáveres – ¿No te parece que ya ha habido demasiadas?

– Pero yo… intenté matarte a ti…

No respondí, la miré fijamente. ¿Qué más motivos podía darle? ¿Qué sabía que no quería matarme en realidad? ¿Qué en esos pocos días que compartió con nosotros  le cogí suficiente cariño como para lamentar cualquier cosa que le pasara? ¿Qué me daba miedo perder a más conocidos? Simplemente, había habido demasiados muertos. Aun incómoda me miró de nuevo para murmurar un “gracias”.

Pero no era suficiente. Aunque yo no le guardaba rencor alguno ella no se había perdonado, igual que yo no me había perdonado por lo que le hice a Alice aunque ella si parecía haberlo hecho.

Era realmente incómodo…

Y seguiría siéndolo hasta que aceptáramos lo que habíamos hecho, hasta que aceptáramos nuestros errores, hasta que aceptáramos que no había marcha atrás. No podíamos cambiar lo que habíamos hecho y de algún modo la culpa levantaba un muro entre nosotros.

Pero tampoco queríamos despedirnos así. La voluntad fue más fuerte que la culpa y seguimos juntos intentando derribar esas barreras.

 

Cuando dijeron que iban a operarme no me hizo ni pizca de gracia, tener a esos desconocidos hurgando en mi pierna no molaba, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ese momento su misión había sido curarnos solamente para podernos exhibir nuevamente. Pero que no me hiciera gracia no significa que sea estúpido, no tenía ganas de quedarme cojo por ser un tozudo así que acepté.

Solo había un pequeño detalle que no había tenido en cuenta… “Vamos a sedarte”. Mi primera reacción fue mirarles como si estuvieran locos, la segunda intentar irme de allí. Luego me di cuenta que no podía andar, así que me volví a sentar para pensar en ello. Después de todos estos días intentando evitar que me sedaran, aceptarlo así de fácil… Pero la perspectiva de una operación sin anestesia me daba pánico, estar acostumbrado al dolor no es lo mismo que ser masoquista. Aun así… me daba miedo, dormirme y saber que si les pasaba algo a los otros no me enteraría de nada… saber que si resultaban ser aliados de los guardias  y querían hacerme daño no podría defenderme… tenía esa sensación demasiado integrada.

– No van a hacerte daño, solo se preocupan por ti, de verdad – dijo Samuel mientras yo me comía el coco. Y le creí. Sabía que lo había podido leer en sus mentes y que ellos no podían engañarle. Ese niño me inspiraba confianza así que simplemente asentí y dejé que me pusieran en la camilla.
Pero había alguien más preocupado por todo el tema que yo. Baekho. Lloraba mientras repetía una y otra vez que no me preocupara, que no iba a pasar nada, que él estaba allí conmigo y que fuera fuerte. Estaba histérico y yo ya no sabía que más decirle para tranquilizarle, sabía que probablemente no tuviera nada que ver con mi operación. La muerte de Nara, toda la muerte a nuestro alrededor, la tensión de las últimas horas y días le estaba pasando factura y yo no podía hacer nada más que sonreírle y decirle que no se preocupara por mí, que durmiera un poco, aun sabiendo que era muy poco probable que consiguiera cerrar los ojos.

 

Observé toda la operación en silencio. No me dejaban pasar, pero al final tuvieron que aceptarlo. Hubieran tenido que sedarme a mí también para dejarme fuera. Después de haber visto morir a Nara, a tanta gente, lo último que quería era separarme de Ren.

Era tan guapo… Tan pequeño, tan perfecto… ¿porque le habían hecho tanto daño? A él, a nosotros, a todos… Y ahora querían ayudarnos. Se lo agradecía, claro, pero… No sé, no sabía que pensar. Ni sobre eso ni sobre nada… Había visto morir a tanta gente, había tenido que soportar tanto dolor… ver tanto dolor… ¿Sería capaz de olvidarlo algún día?

Con el tiempo tal vez. Me dije.

Eso no me hacía sentir mejor. Me dolía la cabeza, me dolía horrores. Si me sentaba mi cuerpo era incapaz de levantarse de nuevo. Mis músculos me pesaban, de repente era consciente de cada rasguño, de cada moratón, de las heridas que, aunque superficiales, cubrían todo mi cuerpo. Y solo sentía ganas de llorar. ¿Y porque? Lo habíamos conseguido, habíamos ganado, volvíamos a casa, todo estaba bien. ¿Porque lloraba entonces? No lo sabía ni yo, pero no podía parar.

 

No me dejaron entrar a las instalaciones médicas mientras le hacían pruebas a Aron, me dijeron que durmiera un poco, o fuese a dar una vuelta. Pero me negué a moverme de ahí hasta que él saliera. Ellos se encogieron de hombros y me dejaron en una especie de sala de espera. Me senté con Shinhye sobre mi regazo, ella parecía contenta y jugaba con su osito de peluche.
Tenía miedo de que pudieran encontrarle algo grave a Aron. No había muerto pero le costaba moverse, estaba muy débil. ¿Y si su herida no se había curado del todo? ¿Y si le quedaban secuelas físicas? ¿Y si había revivido sólo temporalmente y estaba a punto de volver a morir? ¿Y si…?
– Omma… ¡Omma!
– ¿Eh?
Poco a poco iba acostumbrándome a que me llamara así… que remedio. La rubia se descojonó la primera vez que lo oyó. Los demás también, pero lo disimularon un poco más.

– ¿Y appa?

– Está ahí dentro… le están haciendo unas pruebas.

No sabía cómo explicárselo. Era demasiado pequeña, apenas debía tener dos años. ¿Podría entenderlo?

– ¿Po qué?
– Bueno… – ¿Qué iba a responder a eso? No se me da bien mentir pero no quería que se preocupara. Dudé unos instantes. – Appa tuvo un accidente, ¿te acuerdas?
Shi… peo ya she curó, ¿no?
– Sí, sí, sólo están haciéndole una revisión. Para asegurarse de que todo está bien.
– Ah…

Parecía convencida. ¿De verdad me había entendido? Volvió a bajar la mirada a su osito; la mía se perdió en algún punto indefinido de la sala mientras mi mente volvía a pensar en Aron, y nos quedamos en silencio.
– Omma… ¿Tú queresh a appa?
No esperaba esa pregunta, me chocó. Shinhye me miraba curiosa, yo le sonreí.
– Sí. Hace muy poco que le conozco pero ya se ha convertido en alguien indispensable en mi vida. Le quiero muchísimo.
Enrojecí un poco al decir aquello, y ella dibujó una sonrisa enorme.
– ¿Y appa te quere a ti?
– Sí, el también me quiere muchísimo.
– ¡Qué bieeeeeeeeeen!
Alzó a Teddy con los brazos y empezó a moverlo, como si bailara.
– ¿Por qué me preguntas eso?
– ¡Shois novios! ¡Shois novios! ¡Y os quereish muchííííííííshimo!
Abrió los brazos en el aire para mostrarme visualmente lo que quería decir con “muchííííííííshimo” y se echó a reír divertida. Me hizo gracia y me reí con ella. Me gustaba esa niña.
– Omma, appa eshtá bien. ¡Yo shé!
Se dio un golpe con el puño en el pecho y levantó la cabeza para demostrar seguridad. Yo la abracé con fuerza, y noté sus bracitos rodeando mi cuello. Realmente había conseguido animarme con sus palabras, con su energía, con su alegría. Esa niña era un encanto.

Pensé que era muy lista y hablaba mucho por la edad que aparentaba. Pero al fin y al cabo la hicieron con material genético de personas con poderes, ¿no? Seguramente esa era la causa. Decidí que no me comería la cabeza con eso.
Cuando rompimos el abrazo, ella me sonreía.
– Gracias, Shinhye. Gracias a ti estoy mejor.
– ¿Shiii? ¡Qué bieeeeeeen!
– ¿Sabes? Quiero a Aron. Pero a ti también te quiero.
– ¡OOOOOOOOOOOOOH! – Me miró, y los ojos le brillaban. – ¿Mucho?

– Muchísimo.
Se levantó de mis piernas y empezó a volar por la sala, emocionada, mientras agitaba los brazos de aquí para allá y gritaba “Yupis” por todos lados.
Me levanté de la silla y di un par de pasos hacia el centro de la sala. Ella inmediatamente vino hacia mis brazos. Aunque podía sostenerse en el aire me había dado cuenta que le gustaba que la cogieran. Y yo me sentía calmado con ella en mis brazos.
– ¿Quieres que juguemos a algo mientras esperamos?
– ¡¡¡Shííííííííííííííííííí!!!

 

Cuando al fin terminaron con todas las pruebas me sentía mareado. Me ofrecieron tumbarme un rato allí, en la enfermería, pero me negué. Quería ver a mi chico, seguro que estaría preocupado. Quería decirle que todo estaba bien.
Me lo encontré nada más salir. Estaba en una salita de espera, sentado en un rincón con Shinhye dormida en sus brazos. La miraba y sonreía con ternura.
Cuando me vio se levantó enseguida, gritó mi nombre con voz baja para no despertarla y corrió hacia mí. Me dio un beso rápido, pero muy dulce. No pude evitar sonreír tontamente.
– ¿Cómo estás? ¿Qué te han dicho? Te han tenido un buen rato ahí…
– Es que no daban crédito a lo que veían. No entendían como podía ser que JR me curara la herida por completo.
Me reí recordando sus caras incrédulas. Per Min no reía, seguía preocupado.
– ¿Pero tú estás bien?
– Sí, no hay de qué preocuparse. El pulmón que me hirieron me ha quedado inútil, pero gracias a mis poderes podré llevar una vida completamente normal. Aunque los poderes… podré usarlos, pero si lo hago me agotaré muy rápido.
– Así… ¿estás bien? ¿No hay peligro alguno?
– Sí, estoy bien…
– ¿Seguro?
– Min, déjalo, vuelves a estar pensando demasiado. Estoy bien, de verdad.
Al fin asintió y me besó de nuevo. ¿Cómo puede pensar tanto siempre? Pero lo hace porque se preocupa por mí, es un encanto.
Caminamos despacio hacia la sala enorme de la entrada, dónde había la puerta abierta. Ya me había pasado el mareo, pero ver los pasillos llenos de cadáveres, algunos desmembrados, otros aplastados, destrozados, hechos pedazos… hizo que me vinieran arcadas. Y a la vez tristeza. Y dolor. Una mezcla de sentimientos desagradables por todo lo que había pasado, por todas las muertes, por todo el daño que habíamos hecho y nos habían hecho a nosotros. Por todos los nervios que habíamos pasado, el miedo, el dolor, la frustración, la impotencia… Todo eso se mezcló en mi mente y recorrió mi cuerpo, tenía escalofríos y sudor fría.
Min también miraba los cadáveres y debía sentir lo mismo que yo. Rodeaba el cuerpo de Shinhye con sus brazos y la pegaba con fuerza a su pecho, con un acto reflejo de protegerla y alejarla de toda esa muerte. Me cogió la manó y la apretó con fuerza. Noté que le temblaba.
Por lo menos las medicinas que me habían dado me permitían moverme mejor que antes. Cuando llegamos a la sala de las puertas quería deshacerme de todas esas sensaciones desagradables y moría de ganas de pasar un rato a solas con Min, bajo la luz del sol. Sabía que a partir de hoy tendríamos muchas oportunidades de estar solos bajo el sol, pero realmente me apetecía.
– Min, vamos fuera.
Le agarré del brazo y le arrastré.
– Espera, ¿y Shinhye?
La niña seguía dormida en sus brazos.
– Ah… pues…
– Dejádmela a mí si queréis. Puedo vigilarla un rato.
El chico pelirrojo se nos acercó con una sonrisa amable.
– ¿No te importa?
– ¡En absoluto!
Min le pasó a la niña, y se despidió de ella con un beso en la frente.
– Gracias.
– ¡De nada! ¡Divertíos! – Nos guiñó un ojo.
Salimos fuera del edificio, y luego fuera del muro que lo rodeaba. Disfrutamos del sol sobre nuestra piel, del aire agitando nuestros cabellos, del olor a hierba fresca. Correteamos por los campos de hierba, nos perseguimos el uno al otro, dimos volteretas, hicimos la croqueta. Jugamos como dos niños pequeños. Como los niños que hacía años nos habían impedido ser.
Al fin nos dejamos caer sobre la hierba, agotados pero sonrientes, y nos tumbamos bocarriba cogidos de la mano. Jugamos a adivinar formas en las nubes y disfrutamos de la sensación de libertad.

Min se puso serio de repente.
– Aron, ¿qué pasará con los niños?
– Pues buscarán a sus familias, supongo… y los llevarán con ellos, ¿no?
– Sí, supongo… – No parecía muy contento con mi respuesta. – Pero Shinhye nos dijo que la hicieron a partir de nuestras células…
– ¿Crees que no tiene padres?
– No sé… Es lo que ella dijo…
– Pero ella es muy pequeña, si se la llevaron recién nacida a lo mejor ni se acuerda. ¿Crees realmente que la crearon ellos así, sin más?
– No lo sé… Es que me preocupa que no tenga a dónde ir…
Min seguía mirando las nubes con expresión pensativa. Me gusta que sea tan protector con todos. Me gusta todo de él. En ese momento estaba muy sexy, tumbado en la hierba con la luz del sol. Rematadoramente sexy… y tierno.
– Te has encariñado mucho con ella, ¿verdad?
– Pues sí. – Sonrió. – Se hace querer.
– No te preocupes, luego lo hablamos con los guardias, o con quién sea y lo arreglamos.
Asintió. Luego rodó un poco por la hierba hasta abrazarse a mi cuerpo. Y yo me abracé al suyo. Y nos quedamos allí, disfrutando de la compañía mutua.
No sé en qué momento su cara estaba tan cerca de la mía. No sé en qué momento sentí su aliento sobre mi boca. No sé en qué momento nuestros labios se rozaron. Sólo sé que nos encontramos besándonos, enredando nuestras lenguas en una lucha apasionada, intercambiando saliva, pegando cada vez más nuestros cuerpos, acariciándonos con pasión.
Dimos un par de vueltas rodando juntos por la hierba, sin romper el beso. Me ahogaba en su boca pero no quería separarme. Sólo dejamos de besarnos un instante que utilizamos para que nuestras camisetas volaran quién sabe dónde.
Sus manos recorrían deliciosamente la piel de mi espalda, luego se metieron descaradas bajo mis pantalones y acariciaron mi trasero. Las mías se enredaban en sus cabellos, cosquilleaban su nuca, reseguían sus costillas y agarraban con fuerza sus muslos. Nuestros pechos pegados, nuestras piernas entrelazadas, nuestras respiraciones ahogadas y acompasadas… Este chico es demasiado para mí… Estaba perdiendo la cabeza…
– ¡Aron! ¡Minhyun!
La voz femenina nos asustó, nos separamos tan rápido como pudimos pero era demasiado tarde. La chica de pelo rojizo acababa de girar la esquina del muro que le había impedido vernos hasta entonces y nos miraba ruborizada y con la boca abierta.
– ¡Yoonjo!
Min sonrió emocionado de verla de nuevo. Ya me contó que se llevaba bien con las chicas de maquillaje y vestuario.
– Yo… ¡lo siento!
Yoonjo se tapó la cara avergonzada, y entonces Min pareció recordar la situación en la que nos había pillado y se puso como un tomate. Y a mí me dio risa, no sé bien por qué pero me pilló tal ataque que no podía levantarme del suelo, daba vueltas como una croqueta soltando carcajadas y aguantándome la barriga con las manos porque me dolía de tanto reír. Ambos me miraban, Yoonjo por entre los dedos de sus manos que cubrían aún su cara. Debían pensar que me había vuelto loco, pero yo no podía parar. Al final les contagié la risa, y los tres nos reímos a gusto. Al menos con eso se alivió la tensión del momento.

Hasta que empecé a notar que me ahogaba. Me costaba coger aire, me costaba hinchar los pulmones. Intenté calmarme y concentrarme para respirar, pero no podía parar de reírme. Me dolían, tanto la barriga como el pecho, pero seguía sin poder parar. Y empecé a toser de forma ahogada mientras me retorcía entre la hierba. Reía, tosía, reía, tosía.

Min me miró preocupado, creo que sin saber muy bien si desesperarse o seguir riendo. Admito que verme así debía ser algo gracioso. Hizo el gesto de acercarse a abrazarme, pero se echó atrás, seguramente pensando que un abrazo todavía iba a hacer más difícil que yo pudiera coger aire. No sabía qué hacer y sólo se quedó mirándome dubitativo, igual que Yoonjo, aún de pie al lado del muro.
Al fin conseguí centrarme un poco y respirar, después de un buen rato de pensar que moría ahogado y arrancar instintivamente un buen montón de hierba, que la brisa suave alejaba de nosotros. Ahora entendía las consecuencias de tener un pulmón inútil y me asusté un poco, debería tener cuidado.

Al fin tuve aire suficiente para hablar y recuperé la serenidad. Seguí hablando ignorando lo que había pasado.
– Ven, Yoonjo, prometemos no hacer nada más.
Ella se acercó y se sentó a nuestro lado mientras nosotros recuperamos nuestras camisetas, que habían quedado manchadas de hierba, y nos las poníamos. Min estaba aún sonrojado, estaba muy mono.
– Siento… la interrupción. Pero debo decir que no habéis elegido un buen lugar para eso – nos dijo divertida.
– Ya… lo sentimos. Habíamos salido a pasear, no teníamos intención de hacer nada pero… Ya ves, somos débiles con eso.
Se rió con mi explicación. Min estaba pensativo.
– Yoonjo dime, ¿están bien Yooyoung y Ara?
– Sí – sonrió. – Ninguna de las tres estaba cerca de la batalla, ni de los lugares por los que habéis pasado. No nos ha pasado nada.
– Qué alivio…
Ahora sí, Min sonreía contento. Realmente se preocupa por todas las personas que le importan.
Entonces recordé que Yoonjo había venido llamándonos. Y me preocupé.

– Yoonjo, ¿por qué nos buscabas? ¿Ha pasado algo?
– Ah, es Shinhye. Ha despertado y no para de llorar. Dice que la habéis abandonado.
Min y yo nos arreglamos la ropa y el pelo, y los tres entramos de nuevo en el edificio. Cuando Shinhye me vio salió volando de los brazos del chico pelirrojo y se lanzó a abrazarme, con la carita roja y los ojos llenos de lágrimas.

– ¡Appaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Ommaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
– ¡Shinhye!
– ¿Po qué no estábaish? ¡Yo eshtaba solita!
Levantó su cabecita para mirarme con un enorme puchero. Yo le sonreí para tranquilizarla y con un dedo sequé las lágrimas de sus mejillas.
– Lo siento, pequeña. Omma y yo fuimos a ver el sol, y como tú dormías con esa carita tan bonita no queríamos despertarte.
– ¡Oh! ¿Yo boñita?

– Sí, tú eres muy muy bonita. Eres una pequeña princesa.

Le revolví el pelo y ella me dedicó una sonrisa enorme. Sus mejillas rojas eran lo único que quedaba de su llanto. Me sentí contento.
Mientras jugaba un poco con Shinhye vi a Min hablando efusivamente con Ara, Yooyoung y Yoonjo. Las abrazó a las tres, ellas también parecían contentas de verle y de comprobar lo bien que se movía ahora.
– Appa. Omma esthá malo. Tene mordidura en cuello.
Entonces me fijé en la marca roja que le había dejado minutos antes. Ups. ¿Qué iba a decirle a un bebé?
– No, eso no es una mordida, verás… es que le ha picado un… una ortiga, eso. ¿Sabes qué son las ortigas?
Ño…
– Son unas plantas que pican si las tocas.
– Ah… Omma no vigila… ¿Appa cuida omma?
– Claro. Le cuidaré siempre.
Sonrió de forma tierna.
– Omma esh guaaay. Appa también.
Me quedé mirando como abrazaba a Teddy entre mis brazos, y jugaba con él. Con esa expresión tan dulce, inocente y amable.

 

Ren dormía y Baekho seguía llorando. Me había acercado para intentar animarle un par de veces, pero ni siquiera sabía por qué lloraba.  Felicidad, tristeza, amargura, cansancio. Más que nada de cansancio. Aguantó toda la fuga como un héroe, pero cuando todo terminó se desmoronó y toda la tensión le pasó factura.

Suponía que se le pasaría descansando un rato, viendo a Ren recuperado y saliendo al fin de ese edificio de pesadilla.

La verdad es que en ese momento, teniendo las puertas abiertas resultaba difícil resistir a la tentación de echar a correr hacia el sol, hacia el viento, hacia ninguna parte, y no volver.

Pero aún había cosas a hacer.

Las pruebas que le realizaron a Aron (de cuyos resultados tuve que enterarme por la jefa del personal médico) eran… relativamente buenas. Un pulmón le había quedado atrofiado. Permanentemente. La parte buena es que seguía vivo, cosa que aún nos parecía un milagro a todos, y que con su poder apenas iba a notar la debilidad.

Empezaba a darme cuenta de que éramos especiales, por algo más que nuestros poderes.

Mientras él y Minhyun se perdían a solas en el exterior (no quería ni pensar en lo que estarían haciendo) y Ren seguía inconsciente yo seguí pasando rato con Alice y con Lime. Había tensión entre nosotros. Alice no se sentía cómoda cerca de mí aunque insistiera en qué sí y estuviera cuidándome constantemente. Se tocaba el muñón a menudo, y cada vez que lo veía una punzada de culpa atravesaba mi corazón. No podía hacer más que ignorarlo, intentar ayudarla en todo lo que pudiese y esperar.  

Y Lime… Lime no se había perdonado. Al igual que muchos otros guardias su mentalidad estaba cambiando ahora que la versión oficial ya no era que éramos monstruos peligrosos. Ahora ganaban los que nos consideraban humanos con derechos y ella, al igual que muchos otros, estaba aprendiendo a pensar de otro modo.

Pero no era solo eso. Había algo más entre nosotros. Algo más que creaba tensión. Y no era precisamente malo. No tenía muy claras sus intenciones ni qué sentía yo al respeto, al fin y al cabo era varios años mayor que yo. Pero había algo. Cada vez me sentía más cómodo a su lado, y me alegré muchísimo de que, fuese lo que fuese lo que pasó en almacenes, no fuese a más.

Casi podía oír en mi mente los insultos y reproches que me habría lanzado Ren de haber estado consciente, diciéndome que como podía confiar en ella después de todo. Pero… No podía hacer nada para alejarme.

 

Pasé unos minutos intentando situarme antes de ser consciente de donde estaba, de recordar que había pasado. Mi cuerpo se sentía ligero, como entre algodón. Era una sensación que conocía muy bien, la de los efectos de los sedantes, así que por un momento me asusté, abriendo los ojos de golpe con el miedo de verme otra vez en mi celda. Por suerte no había espejos ni grilletes en ninguna parte, solo camas de hospital y un par de personas cerca de mí. Localicé la primera, Baekho, sentado a mi lado cogiéndome la mano con cara de un alivio infinito al verme despierto. Parecía un poco más tranquilo de antes pero se notaba que había llorado mucho y que seguía sin dormir, mi tigre…

La segunda persona era Samuel, el niño, de pie cerca de la puerta, pero que se acercó al verme despierto. Iba a sentarse al lado de Baekho cuando frunció el ceño, cambió de dirección y se sentó al otro lado de mi cama, lo más alejado posible de mi chico.
– ¿Qué pasa? – pregunté con voz ronca y aun adormilada – ¿Es que le tienes miedo a Baekho? – No entendía el porqué de su reacción
– Su mente es un caos, me da dolor de cabeza… me gusta más la tuya – respondió como si fuera lo más normal del mundo.

Eso hizo que tuviera aún más curiosidad por ese chaval, por su poder. Me intrigaba mucho. Aun siendo un niño se había comportado con sorprendente tranquilidad en las últimas horas, intentando disparar, proteger a la cría, sin perder los papeles por muy asustado que estuviera.
– Oye, ¿Cómo funciona tu poder? – le pregunté al final – ¿puedes leer…toda la mente? Rollo recuerdos y eso ¿o solamente lo que estamos pensando en ese momento?
En el fondo me inquietaba un poco que pudiera ver todos mis recuerdos, incluían demasiada violencia para él y también ciertos…sueños y pensamientos no adecuados para su edad. Él se rio ligeramente y me di cuenta, demasiado tarde, que si antes no podía leerlos al pensar en ellos se lo había mostrado con toda claridad. Mierda.
– Solo lo que estás pensando en este momento, no te preocupes que no soy un cotilla.
Seguimos hablando un buen rato de sus poderes, de Shinhye, de cosas vergonzosas que había conseguido leer de los guardias que no habían aprendido a controlar sus pensamientos cerca de él. No hablamos de nuestras familias, del miedo que habíamos pasado, todavía era demasiado doloroso. Baekho apenas participaba en la conversación, solo escuchaba, pero si eso conseguía distraerle un poco por mí ya estaba bien.
– Vaya cara tienes rubia, estas más pálido que un muerto – dijo Minhyun entrando en la habitación con su inseparable novio y seguidos por JR.
– Me acaban de abrir la pierna para colocarme un hueso, subnormal.
Los dos nos reímos y se sentaron a los pies de la cama pues no había más sillas.
– Ahora en serio ¿Cómo estás?
Tuve que pensarlo unos segundos antes de responder
– Bastante bien, no me duele la pierna  pero estoy bastante atontado todavía por los jodidos sedantes.
– Pensaba que a estas alturas ya serías inmune o algo.

– ja, ja, ja – vale, en el fondo tenía razón, me habría parecido hasta normal que no me hiciera efecto el sedante después de tanto tiempo
– Vamos, no te preocupes – intervino Aron – en seguida que puedas tienes que salir a ver el exterior, hace un sol precioso
El sol. El aire. Tenía que verlo.
Me destapé corriendo y me puse de pie apoyándome en la pierna buena pero cuando iba a dar un paso me di cuenta que las paredes daban vueltas y que me caía. Por suerte mi chico estaba cerca y me cogió antes de que me volviera a romper la pierna por subnormal.
– ¡Rennie! ¡No puedes ir andando tal cual! – me riñó mientras me obligaba a sentarme en mi cama otra vez – Las enfermeras han dicho que tenían una silla de ruedas para cuando despertaras, la iremos a buscar
– No soy un inválido, no voy a ir en silla de ruedas.
Eso sí que no, aún tenía un mínimo de dignidad joder.
– ¿Y unas muletas? – Dijo JR – Seguro que Alice puede encargarse de encontrar unas por aquí…
¿Alice? ¿Estaba llamando a un despreciable guardia por su nombre?
– No voy a usar nada que lo traiga un guardia, seguro que son defectuosas para que me caiga otra vez – aunque la idea de unas muletas pintaba mucho mejor…

JR suspiró con la misma resignación de cuando un niño pequeño es muy tozudo.
– Alice no es guardia, es enfermera y te prometo que la persona más buena que he conocido nunca, en serio Ren.
– ¿Es la rubia del pelo largo? – Preguntó Samuel, JR asintió  y él se giró hacia mí – tiene razón, hace tiempo que no pero había venido un par de veces y tiene una mente muy…apacible, inocente, es rara pero dudo que fuera capaz de hacerle daño a una mosca.
– Rennie, o muletas, o silla de ruedas, o no te levantas de la cama – insistió mi novio con cara de agotamiento.
– Está bien…  – me rendí finalmente y JR sonrió y salió un momento de la sala – en un rato las tendrás aquí.
Poco después entró la doctora Jang, parecía ser una especie de jefe o alguien muy respetado allí.
– Vaya, te veo muy despierto Minki – arrugué la nariz al oírla llamarme por mi nombre, solo se lo permitía a mis padres o amigos de infancia y ahora a Baekho, no a una desconocida
– Llámame Ren, no Minki – puso cara de desconcierto pero asintió sin preguntas
– Está bien, Ren – revisó los papeles – te has recuperado aún más rápido de lo que esperaba aunque ya debería estar acostumbrada supongo, vuestra resistencia y capacidad de recuperación es mucho más alta de lo normal, supongo que una nunca termina de asumirlo.
Hizo una pausa y nos miró a todos con una mezcla de admiración y curiosidad.
– La verdad es que la mitad de vosotros deberíais estar muertos o prácticamente, es increíble…
– No creo que sea solo eso… – intervino Minhyun pensativo – puede que nuestros poderes nos hagan más resistentes pero sólo con eso no estaríamos aquí, lo que ha hecho que lleguemos hasta aquí es nuestra fuerza de voluntad, las ganas de vivir, sin ellas no hubiéramos luchado hasta el final, nos habríamos rendido hace mucho tiempo.
– Probablemente tengas razón, no solo sois más resistentes sino también más resilientes…
– Resi… ¿Qué? – preguntó mi chico con cara de que le estuvieran hablando en chino.

– Resiliencia. – repitió JR.

– ¿Eso no era una propiedad de los metales? – pregunto Aron. Minhyun se partió de la risa con ello,  y la doctora también se rio, los demás, excepto JR por lo que parecía, tampoco teníamos ni idea. A mí me sonaba la palabra pero no habría sabido explicarlo, supongo que llevaba ya demasiado tiempo sin estudiar ni ir a clase como para recordar un concepto que había oído un par de veces.
– Resiliencia, es la capacidad de levantarse después de caer, de seguir adelante y no rendirse. – explica la doctora – y creo que el termino también se aplica a según que materiales en ingeniería…
– Aaaaaah…
No me quedé a seguir la conversación sobre los geniales que somos porque llegó la rubia esa con un par de muletas en un brazo, le faltaba el izquierdo. A la altura del codo tenía un muñón. Entonces recordé de que me sonaba el nombre de Alice, JR le había desintegrado un brazo… No sabía si admirarla por ser capaz de hablar con él y perdonarle, preocuparme por si era todo un truco (aunque según Samuel ella no era así por lo tanto me fiaba bastante) o preguntarme como podía ser tan boba para perdonar algo así. Pero la verdad es que no importaba demasiado, cogí las muletas y salí corriendo de la sala para ver el sol, por fin.

 

Seguía a Ren. Avanzaba a trompicones por las muletas, pero no se detenía, le veía en el suelo, y me ponía nervioso.

– ¡Rennie!  – le llamaba persiguiéndole – ¡Rennie vigila!

Se detuvo, solo para preguntarme la dirección. No recordaba donde estábamos.

– Hacia la izquierda. – Yo también quería salir. Y tampoco es como si pudiese detenerle. – pero ve más despacio ¿vale? Con cuidado. – le suplicaba, y él me miraba triste – Vamos juntos.

Asintió, seguimos juntos.

Le miraba preocupado mientras casi saltaba para seguir avanzando. Una pierna rota… Decía que no le dolía, pero no era posible, solo unas horas antes se había desmayado por el dolor. Cuando se le pasara el efecto de los calmantes sería horrible. No quería que sufriera.

En la gran sala la gente nos miraba y nos saludaba. Ren les ignoró a todos y siguió hacia el exterior, hacia la luz.

Y cuando salimos fuera la luz del sol nos bañó. La sentía contra mi piel, contra mis parpados cerrados. El ruido de las cigarras tan propio del verano. Bajo nuestros pies la carretera, de asfalto ardiente calentado por el sol del mediodía. A lado y lado zonas de tierra para coches, un poco más allá, tras un pequeño muro, hierba y árboles.

Libertad.

Volvía a sentir ganas de llorar.

Rennie se detuvo solo lo suficiente para respirar y decidir que quería ir más lejos. Siguió carretera abajo, y por un momento sentí miedo de que pensara irse por patas sin más. Pero al llegar a la zona de hierba se detuvo y, simplemente, se dejó caer al suelo, con una sonrisa de ángel en sus labios de corazón.

Hermoso.

De nuevo quería llorar.

Mi ángel de luz bajo el sol, mi ángel de luz ya era libre.

Me arrodillé a su lado y le abracé, llorando de nuevo.

– Baek… – me abrazaba, me acariciaba, intentaba consolarme, yo ni siquiera sabía porque lloraba – ya pasó todo… somos libres…

Libres… Después de todo, lo habíamos conseguido. Pero no importaba. Bueno, sí, era feliz por Ren, verle disfrutando de esa libertad que tanto quería, por Minhyun y a Aron, al fin juntos, sin presiones sobre ellos, sin nada que les impidiese disfrutar el uno del otro, por JR, que tanto había sufrido, que tnto había perdido. También me alegraba por mí. Volvería a casa, volvería a ver a mis hermanitos, volvería a abrazar a mis padres, a correr por el jardín de nuestra casa. Volvería a ver la silueta de la isla mientras llegaba en el ferry, el caminito de tierra que llevaba a casa, volvería a oír a mi madre cantar, volvería a ver a mis hermanitos jugar y pelearse.

Pero ya no serían bebés.

Habían pasado más de tres años. Me fui de casa con casi catorce y volvía con diecisiete. Pero yo no era el único que habría crecido. Mis hermanos eran apenas unos mocosos cuando me fui, ahora los tres irían ya al colegio. ¿Me reconocerían?

Pero ¿qué más daba todo eso? Ni siquiera sabía si quería volver.

Sí, si quería volver. Claro que quería volver. Pero volver significaba separarme de Ren…

No era mucha distancia. Él en Busan y yo en Jeju. No era tanto. Internet y los móviles, (que deberían comprarme uno nuevo) nos permitirían comunicarnos sin problema pese a la distancia, sería incluso más fluido que cuando nos mandábamos aviones de papel, parece que hace ya una eternidad de eso, pero se siente como volver atrás…

Y eso no era nada, Minhyun y Aron estarían en América…

¿Porque todo me daba ganas de llorar?

Ren me miraba, me sonreía para que dejara de llorar. Secó mis lágrimas con su mano y se acercó a besarme un segundo.

Sus labios, tan cálidos, tan suaves, tan dulces. Era una sensación a la que no me había acostumbrado, no creía que pudiera acostumbrarme nunca, cada vez que me rozaba me daba un vuelco el corazón. Me sentía cálido, lleno, bien.

Y seguía llorando. Porque le amaba.

– Dios, estás destrozado. – al separarse reía, debía tener un aspecto patético.

– Me duele la cabeza – intenté justificarme.

– ¿Porque no intentas dormir un poco? Ahora que ya ha pasado todo…

Estaba seguro que si dormía tendría pesadillas. Me vino a la mente Nara, que ahora dormía ya para siempre. ¿Porque había pensado en ella? Le abracé placándole y quedamos tumbados los dos sobre la hierba. Iba a replicar, pero antes de darme cuenta me quedé dormido.

 

Realmente no creía que fuera a dormirse tan rápido cuando se lo sugerí, no era como había esperado pasar nuestras últimas horas juntos, pero era lo que él necesitaba; descansar y olvidarse por un rato de las muertes que nos rodeaban.

Así que simplemente deje que me usara de almohada y me dedique a observarle con tranquilidad mientras le acariciaba el pelo y la espalda; era la primera vez que podía verle bajo la luz del sol, que podía dedicarme simplemente a contemplarle sin tener que estar alerta a cualquier sonido o movimiento sospechoso, que podía dedicarlo a nosotros.

Objetivamente Baekho no es un chico guapísimo, no tiene una belleza de esas que hace que las chicas del instituto se enamoren a su paso como podría ser JR, pero tiene algo. Me dedique a analizar y reseguir con el dedo sus facciones buscando que era eso que me hacía verle tan irresistible, tan perfecto, como el hombre más guapo del planeta. No tenía nada en especial pero hubiera podido pasarme horas observándolo dormir, por fin sin fruncir el ceño ni con esa mirada de alguien que ha visto tanto sufrimiento que no puede ni expresarlo con palabras, estaba simplemente tranquilo, como un niño pequeño.
Finalmente yo también cerré los ojos, dejando caer mi cabeza sobre la hierba, dejando que mi respiración se ralentizara hasta acompasarse con la de mi tigre durmiente.

Y entonces, por primera vez, me permití pensar en nuestro futuro, un futuro que ya no era un “quizás” un “cuando”, era un “ahora”. Era obvio que Minhyun se iría a EEUU con Aron y tenía pinta de que iban a terminar llevándose también a la cría a no ser que encontráramos a sus padres, JR… no sabía que iba a hacer ahora; no tenía familia ni un lugar donde ir, supongo que alguno de nosotros podría acogerle pero… ¿Quién? ¿Minhyun y Aron? Seria gracioso…. Pero no, ni idea. Y nosotros… ¿Qué pasarían con nosotros? Ahora que me había acostumbrado a verle las 24h del día (aunque no fuera en unas condiciones muy favorables) se me haría muy extraño poder hablar solamente por internet, aunque Skype haga maravillas. ¿Cuándo podríamos volver a vernos? Esperaba que pronto, y no solo porqué iba a echarle de menos, había una cosa que había quedado pendiente…. El sexo. No estábamos en condiciones ni me había parecido nunca buena idea ponerse a follar entre las cajas como hacían ese par, pero eso no significaba que no tuviera mis necesidades… Y esa era otra de mis preocupaciones, Baekho no parecía tener ninguna prisa y empezaba a preguntarme si tan siquiera se lo había planteado. En fin, empezaba a comerme el coco demasiado así que opte por dejar de pensar en cosas que no tenían una solución inmediata y aprovechar ese sol y buen tiempo que tanto había deseado.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando oí unos pasos que se acercaban y me incorporé inmediatamente intentando no despertar a Baekho pero suspiré aliviado al ver que solo era Samuel, pero había algo raro en su actitud.
– Eh, ¿a qué viene esa cara tan seria Samuel? – me preocupaba que hubiera podido ver algo demasiado desagradable y ahora estuviera traumatizado.
– Ah, yo… estaba bloqueando mi poder –le miré sorprendido.
– ¿Y eso porque?
– Por si acaso, para no oír cosas… innecesarias, ya he tenido suficiente con esos dos pervertidos…
Me reí aliviado al ver que no era nada grave, o no tan grave como esperaba, a ver si se controlaban más delante del pobre chaval. Él sonrió y relajó la mirada, probablemente dejando de bloquear nuestros pensamientos.
– No te preocupes – respondió Baekho que justo acababa de abrir los ojos – no encontraras  nada de eso en nuestras mentes.
Me quedé sin palabras al oírlo, ¿nada de nada? ¿Ni un poquito? ¿Me había tocado un novio puritano y completamente inocente? Yo sí que tenía un par de ideas interesantes en mente… y esta vez fue Samuel quien se echó a reír. Mierda, ¡lo había oído!

Le dediqué una mirada suplicante que se podría traducir con un “no me delates, por favor”. Por suerte asintió levemente mientras reprimía la risa.
– Por cierto ¿querías algo en especial? – Pregunte para cambiar de tema al ver que Baekho nos miraba con cara de no entender nada.
– ¡Ah, sí! Me han dicho que os venga a buscar, que los guardias quieren hablar con todos vosotros para enseñaros algo.
Nos levantamos y nos quitamos los restos de hierba de los pantalones mutuamente.
– Enseguida vamos
Samuel empezó a caminar de vuelta al gran edificio y nosotros le seguimos unos pasos por detrás.
– ¿Estas mejor ahora? – le pregunté a Baek mientras le cogía de la mano
Asintió con una leve sonrisa
– Si, gracias, no te preocupes.

El guardia de las gafas, el mismo que había actuado de líder desde qué se abrieron las puertas, nos reunió a todos frente a las imponentes puertas metálicas. Nunca había podido acceder allí mentalmente por el blindaje, y debía admitir que sentía una ligera curiosidad. Tampoco es que me muriera de ganas de entrar, tenía bastantes sospechas de lo que hacían ahí dentro.

– ¿Qué hay ahí? – Preguntó Minhyun cuando llegamos.

– Los laboratorios – Respondió el guardia. – Me parecía que debíais verlos antes de irnos.

Hizo una pausa. Pensé que las puertas se abrirían, pero al no ser así supuse que quería que le preguntásemos.

– ¿Qué hay dentro?

Carraspeó, confuso, y se giró hacia otro de los presentes. Eran cuatro, entre ellos la médico que había operado a Ren, y puesto que sus uniformes eran algo diferentes que los del resto del personal supuse que serían los jefes de cada grupo. Guardias, Médicos, Científicos y Personal de Comunicaciones.

– No estáis aquí solo para exhibiros – habló el científico, uniformado con una bata azul oscuro. – Estábamos haciendo pruebas con vuestros poderes, aislamos los genes que lo contenían, pudimos sintetizar la hormona artificialmente y… – Sacudió la cabeza, yendo al grano. – creamos “objetos”. Explosivos y luces con el poder de Ren, sondas con el de Baekho, drogas de dopaje con el de Aron, etcétera. Y también… – apartó la vista al suelo, como abochornado, el guardia le insistió y él siguió, toqueteándose la oreja. – también intentamos reproducirlo. Darles vuestros poderes a otras personas. En algunos casos funcionaba, pero dejaba de tener efecto a las pocas horas ya que su cuerpo no podía segregar más hormonas, y en muchos casos los resultados fueron… – Reprimió una mueca de asco, que fue más que obvia. – No fueron las esperadas. Así que optamos por “crear” gente con vuestros poderes, a partir de vuestros genes.

Hizo otra pausa, esta vez esperando una reacción por nuestra parte. Mis conocimientos en ciencia en general eran escasos y bastante olvidados, pero aunque me hubiese perdido unas cuantas veces en su charla intuía por donde iba el asunto.

– ¿Pero eso es legal? – Preguntó JR horrorizado.

– ¿Tú crees que algo de lo que hacen aquí es legal? – replicó Minhyun medio riéndose.

El científico se apresuró a justificarse toqueteándose la oreja.

– Estas prácticas causaron bastantes problemas éticos en el equipo, pero seguíamos órdenes al fin y al cabo.

“Como todos” dijo una vocecita en mi cerebro.

– ¿Entonces están… “creando” niños con nuestros genes? ¿Cómo si fuera inseminación artificial?

– Con óvulos de donantes, sí.

– Entonces Shinhye… ¿realmente es hija nuestra?

– Contiene el material genético de Aron y Baekho, suponemos que su poder ha derivado de la mezcla de ambos.

Todos se giraron a mirarnos al instante. Si había comprendido bien hasta el momento… ¿Tenía una hija con el enano??? Eso era más de lo que mi mente podía procesar.

A los otros tres les faltó tiempo para partirse de la risa. Ren cayó al suelo, y ni siquiera el dolor de intentar recostarse en la pierna mala impidió que siguiera riendo.

Por nuestra parte Aron y yo cruzamos una mirada que prometía que nunca volveríamos a sacar el tema.

– ¿Y Samuel? – Preguntó Minhyun cuando se le pasó la risa.

– Samuel es un caso un poco diferente – explicó la médico. – el poder es originalmente suyo. De hecho le exhibimos durante un tiempo, pero por más impresionante que fuera a la gente no parecía gustarle que le leyera la mente, aparte de que era muy pequeño. Decidimos destinarle solo a la investigación, pero sufría terribles jaquecas después de cada prueba y la presencia de la niña le calmaba, por eso está con ella.

– Eh – exclama JR dirigiéndose a mí – Igual que tu voz me calma a mí. Creo que puedes estar orgulloso de vuestra hijita. – y volvieron a reírse. Sinceramente, no le encontraba la gracia. Una hija. ¡Tenía diecisiete años! Y encima con el enano ese… Había visto cosas raras en mi vida, pero eso… en fin, estaba dispuesto a borrar ese pedazo de información de mi mente.

– ¿Y hay más bebés como ella? – Pregunté.

– Fetos solo. – Siguió explicándonos el científico aun tocándose la oreja. Ese maldito tic empezaba a ponerme de los nervios. – Setenta y ocho que no hayan fracasado aun. Shinhye fue más una casualidad que un logro científico, La mayoría mueren.

– Queríamos preguntaros vuestra opinión antes de hacer algo al respeto. Son hijos vuestros al fin y al cabo…

Gracias por recordárnoslo…

– Destruidlo todo. – Soltó Ren sin más.

JR se giró, aterrado ante esa idea, pero fue Minhyun quien respondió, con voz aguda y los ojos como platos.

– ¿Qué?

– ¿Qué quieres hacer si no? – insistió Rennie.

– ¿Porque no? – respondió Aron tras pensarlo unos instantes – Parece la solución más fácil.

Asentí. Realmente no veía otra solución, y como menos pensásemos en eso mejor. Aunque odiase darle la razón al enano…  “Al padre de mi hija” susurró una vocecita en mi cabeza. Demonios, ¡cállate!

– Pero… – JR seguía confuso, asustado – destruirlo todo… ¿los bebés incluidos? Son vidas, ¡no podemos destruirlo así como así!

Estaba claro que no le gustaba la idea, pero se notaba que Minhyun también empezaba a asumir que era la mejor solución y los cuatro “jefes” o quienes fueran parecían de acuerdo.

No era una solución agradable, no era una solución ética. Pero era fácil y rápida, una solución para no pensar mucho en ello. Últimamente parecíamos acostumbrados a ese tipo de decisiones.

– JR – llamé su atención para intentar convencerle. – Tenemos apenas unas horas. ¿Hay alguna otra solución?

Dudaba, buscando algo desesperadamente.

– Podemos simplemente dejarles aquí…

– ¿Y que sigan jugando con nuestros poderes? – espetó Ren. – No, gracias, ya se han divertido suficiente.

– Pero…

– No pienses en ello ¿vale? – le cortó Minhyun con una mano sobre su hombro. – Vamos a destruir todos esos chismes que han hecho con nuestros poderes. Para que no hagan daño a nadie con ellos. Concéntrate en eso.

Seguía sin aceptarlo, ni que a mí me pareciera bien, pero el consejo de Minhyun era bueno. No pensar en ello, parecía lo mejor.

Pero no, para JR no era suficiente. Se pasó las manos por el pelo, estresado. Y suspiró, levantando la vista a mirarnos otra vez.

– ¿A todos os parece bien?

Bien… precisamente bien no, pero si lo mejor.

Asentimos.

– Pues vale.

Dejamos el resto en manos del personal de allí, y como parecía que no teníamos nada más que hacer empezamos a prepararnos ya para irnos.

 

Una vez decidido lo de destruir los laboratorios nos encaminamos de nuevo hacia la sala dónde había las puertas, sin saber muy bien qué haríamos allí. Hablábamos de lo ágil que caminaba Ren con las muletas, de lo estropeada que nos había quedado la ropa tras la fuga, de lo bonito y caliente que era el sol… Temas absurdos para intentar no hablar de los fetos de nuevo, queríamos olvidarnos de ellos. Aunque no hubiera otra solución que destruirlos, pensar en eso nos removía las tripas.

Min no había dicho una palabra desde que habíamos marchado de los laboratorios. Sólo caminaba a mi lado, en silencio, con la mirada perdida en el suelo. Ni siquiera me miró, ni sonrió cuando le cogí de la mano. Solamente me la apretó con fuerza entre sus dedos y noté que le temblaba ligeramente.

Me detuve de golpe.

– Chicos, id tirando. Min y yo tenemos que hablar de algo, ahora venimos.

Todos me miraron extrañados pero asintieron sin decir nada y siguieron andando.

Min me miraba sin comprender. Lo arrastré de la mano por los pasillos laberínticos, giramos un par de esquinas y nos metimos en un despacho vacío.

– Aron, ¿qué pasa?

Le solté de la mano y me giré para mirarle.

– Eso querría saber yo. ¿Qué te pasa?

No me respondió, sólo me apartó la mirada y se mordió el labio.

– ¿Es por lo de los laboratorios?

– Sí… – Al fin volvió a mirarme a los ojos.

– ¿Por destruir los fetos?

– Ajá…

– Pero… si has dicho que te parecía bien. Incluso has insistido en convencer a JR para que aceptara…

A veces me cuesta tanto entenderlo… ¿Por qué lo hace todo tan complicado?

– Lo sé… Lo he hecho porque sabía que no había otra opción posible. Me convencí a mí mismo que era lo mejor… Pero no puedo dejar de pensar en Shinhye. Era una de ellos, era como ellos… Si la hubieran hecho más tarde ahora podría estar entre ellos y nunca nacería…

Me acerqué a él, puse mis manos en sus hombros y lo miré a los ojos.

– Min, deja ya de torturarte. Sí, ellos son como Shinhye, pero no son Shinhye, son personas diferentes. Shinhye está jugando con Samuel y Yooyoung, está bien.

– Sí pero…

– Olvídate de los fetos, nunca llegarás a conocerlos. Hemos matado a muchas personas para llegar hasta aquí. Piensa que son unas víctimas más, que no hay nada que podamos hacer por ellos. Y que Shinhye saldrá de aquí sana y salva.

Al fin Min asintió despacio y me tranquilizó haberle convencido. Pero vi en su cara que todavía había algo que le rondaba la mente, algo que no estaba bien. Y esta vez creí que sabía qué era.

 

¿Por qué le doy tantas vueltas a las cosas? Sé que es inútil pensar tanto, que sólo me trae dolores de cabeza y malestar y que no me aporta nada bueno. Pero no puedo hacer nada para remediarlo. Pienso las cosas una vez y otra, cuando algo me carcome no puedo sacármelo de la cabeza. Siempre me pasa lo mismo.

Con lo del laboratorio, por mucho que supiera que no había opción, se me comían los remordimientos pensando que la pequeña Shinhye podía haber estado entre ellos. Las palabras de Aron me tranquilizaron. Supongo que en realidad sólo necesitaba que alguien me dijera que habíamos hecho lo correcto. Alguien que lo viera claro, que no dudara. Yo soy demasiado inseguro.

Eso es algo que me gusta mucho de Aron. A veces se precipita y quiere ir demasiado rápido, pero tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y cuando decide algo, o sabe que no hay otras posibilidades, tira adelante sin dudas y sin remordimientos. Ojalá yo tuviera aunque sólo fuera un poco de esa seguridad…

Pero todavía había algo que daba vueltas en mi cabeza y me preocupaba. Aron lo notó. Y me sorprendió que adivinara exactamente lo que en ese momento pasaba por mi mente. Me conoce demasiado.

– ¿Por qué no nos la llevamos?

– ¿Eh?

– A Shinhye. Pensabas en ella, ¿no? Pensabas que no tiene padres, que nosotros somos sus padres, y que por lo tanto no tiene un hogar a dónde ir.

Me quedé boquiabierto. Sí, realmente estaba pensando en eso.

– ¿Cómo lo has…?

Me sonrió divertido.

– Eres mi novio. Empiezo a conocer cómo piensas.

Le sonreí ligeramente. Eso me pareció tierno. Ni siquiera había asimilado su propuesta.

– Así, ¿qué dices? ¿Nos la llevamos a Los Ángeles?

Entonces recapacité el significado de sus palabras y abrí mucho los ojos.

– ¿Que nos la llevemos? ¿Pero cómo…?

– Bueno, es nuestra hija al fin y al cabo, ¿no? En cierto modo…

Se sonrojó, seguramente recordando al igual que yo que en realidad es hija suya y de Baekho. Tuve que reprimir una risita burlona antes de ponerme serio de nuevo.

– Pero Aron, ¡tengo 17 años! Y tú 19. ¿Cómo pretendes mantener un bebé? No tenemos dinero, dejamos los estudios a medias… Ni siquiera podemos mantenernos a nosotros mismos…

Caí en la realidad, ninguno de los dos tenía recursos. Hasta ahora había intentado no pensar en eso, sería algo en lo que ya pensaríamos cuando saliéramos de aquí. Y ese momento había llegado.

– Tranquilo, mis padres tienen dinero. No son ricos pero tampoco van justos ni mucho menos.

– ¡Pero no quiero que tengan que mantenerme!  Mis padres siempre me han dicho que debía valerme por mí mismo, que no querían inútiles en la familia, que si no llegaba a ser nada en la vida me echarían…

Me cogió suavemente de la mano y empezó a acariciarme con ternura el brazo y a juguetear con mis dedos. Habló con voz suave.

– Vamos, sabes que mis padres no son como los tuyos. – Me miró de reojo inseguro, temiendo que hablar de mis padres me hiciera sentir mal. Puse buena cara para que viera que no me importaba. – Además, haremos cosas. Estudiaremos, trabajaremos, será como empezar una nueva vida lejos de esto.

– ¡¿Y si trabajamos y estudiamos cómo vamos a cuidar de Shinhye?! ¡Sólo tiene dos años!

Aron estuvo unos momentos en silencio y sin soltar mi mano desvió la vista al suelo. Sonrió con un poco de melancolía.

– ¿Sabes? Soy hijo único pero mis padres siempre han querido tener otro hijo. Cuando yo nací, mi madre tuvo una hemorragia bastante grave durante el parto. Tuvieron que quitarle el útero para que su vida no corriera peligro. Así que no pueden tener más hijos. Pensaron en adoptar, pero los trámites son muy complicados y cuesta mucho dinero. Siempre decían que los hijos son la alegría de la vida. Creo que estarán muy contentos de poder hacer de padres… de abuelos o lo que sea… de una niña de dos años.

Me quedó una sensación rara después de escuchar aquello. Me gustó saber algo más de la vida de mi chico, a la vez sentí lástima por eso de su madre, y envida porque sus padres pensaran que los hijos son la alegría de la vida. Para los míos, los hijos eran objetos.

 

Nos quedamos en silencio unos segundos y cuando al fin me decidí a mirarle vi que sus ojos brillaban y sus labios se curvaban en una sonrisa de emoción.

– ¡¿Así pues nos la llevamos?!

– ¡Sí, nos la llevamos!

Min me pegó su sonrisa y su alegría. Saltó a mi cuello y estuvimos un buen rato abrazados, pegando saltitos que nos hacían girar sobre nosotros mismos y riendo. Porque a partir de hoy viviríamos juntos, porque nos llevábamos a Shinhye con nosotros, porque estaríamos con mis padres, porque empezaríamos una nueva vida lejos del dolor y el odio de este sitio, porque por fin seríamos felices. Era difícil asimilar todo esto.

Paré de saltar cuando un pequeño detalle cruzó mi mente.

– Shinhye no tiene papeles. ¿Cómo vamos a llevárnosla?

Pero Min sonrió con suficiencia, un poco pensativo.

– Seguramente sí los tiene. Cuando mis padres tenían negocios con niños… digamos… alejados de sus padres… siempre les hacían documentación falsa, para así poder hacerlos pasar por hijos de algún trabajador suyo en caso de emergencia. Supongo que aquí harán lo mismo. Eso nos serviría para sacarla del país, y luego podemos pedirles que nos manden documentación falsa conforme Shinhye es hija de tus padres para que no tengamos problemas para quedárnosla en Los Ángeles.

Sonreí, y pensé que era útil eso de tener un novio mafioso.

Min se sentó sobre una mesa, y sin decir nada más yo le separé las piernas y me coloqué en medio para poder pegarme a su cuerpo, y nos besamos. De forma dulce y tranquila. Nuestros labios y nuestras lenguas se rozaban con caricias lentas, cariñosas, pero que se alargaron durante bastantes minutos. Sólo deseaba sentir su boca fundirse con la mía.

Hasta que al final salimos del despacho y volvimos hacia donde estaban los demás, sonrientes y cogidos de la mano.

 

Después de que todos durmiésemos un poco, de que Baekho se calmase, de que Minhyun y Aron descansasen y de que Ren estuviese de nuevo lleno de energía y sin parar arriba y abajo con sus muletas (no aceptó la silla de ruedas bajo ningún concepto), todo parecía a punto para irnos. Al fin.

No quería irme.

– Chicos… – les dije mientras recogían las cosas que les devolvían los guardias. Lo que llevaban con ellos cuando los secuestraron. Yo no llevaba nada ya que me cogieron en mi casa, por la noche, lo único que tenían mío es un pijama manchado de sangre del que evidentemente se habían deshecho tiempo atrás. – Creo… creo que me quedaré y ayudaré a los guardias a arreglar todo esto…

Ren abrió los ojos como platos, los labios de Minhyun dibujaron una perfecta “o” y Aron se quedó pasmado, pero la mejor reacción, sin lugar a dudas, fue la de Baekho.

– ¿Eh?  ¿No habíamos quedado que venias a mi casa?

– Em… ¿Cuando? – ¡¿Cuando dijimos eso?!

– No se, pero lo dijimos ¿no?

– No…

– Ah… – se rascaba la cabeza, confundido, frunciendo las cejas concentrado. Ren se reía. – Igual no… Igual lo imaginé y lo di por hecho… bueno, pero te vienes ¿no?

¿Por qué lo había dado por supuesto? Así, sin más.

– … ¿Por…?

– Tampoco tienes a donde ir… – Su argumento era realmente irrefutable, pero no me gustó en absoluto.

– Ya pero…

– ¿Porque no?

– Porque… No se…

– Va…

No había razones posibles, pero, me sentía mal, era incómodo, era como estar pidiendo caridad.

“Con este orgullo terminarás en la calle”

Tal vez debía plantearme aceptar.

– Es que no quiero ser una molestia…

– ¡Que vas a ser molestia tu! – Exclamó como si eso fuera una soberana estupidez. Debo admitir que eso hincho un poquito mi ego.

– Pero… ¿De verdad no te molesta?

La conversación empezaba a parecer realmente ridícula.

– ¡Que no!

– Oye, – interrumpió Ren fingiéndose enojado – eso pregúntamelo a mi, ¡que te vas a vivir con mi novio!

– Ay… – me quejé, sonrojándome, ahora que estaba a punto de aceptar…

Pero sonrió, riendo y me dijo que era broma.

– Ve, ve, así me lo vigilas.

Hubiese sido estúpido negarme más. Si a él realmente no le importaba, a mi me parecía la mejor opción. Era fácil estar con Baekho, convivir con él. Sería agradable, y seguro que también me hartaría de ver a Ren.

Ya no quedaba nada más a hacer allí. Así que nos despedimos de los que nos habían ayudado ahí dentro, les dimos las gracias. Todos nos despedimos de Samuel, Ren le abrazó como unas veinte veces, no dejaba de repetirle que tenían que volver a verse, Aron y Minhyun le habían cogido mucho cariño también, y separarle de Shinhye fue un dramón de película, habían pasado mucho tiempo juntos. Unas chicas de maquillaje a las que Minhyun conocía se ofrecieron a llevarle a su casa, con sus padres. Los ojos le brilaban ante la perspectiva. Dolía un poco que todos tuvieran un hogar al que regresar. Miré a Baekho. ¿Qué me esperaba en su casa? Definitivamente no sería como volver al hogar, pero estaba seguro de que estaría bien. Mientras Ren volvía a abrazar a Samuel y todos se despedían otra vez me acerqué a Lime y Alice y les hice prometer que volveríamos a vernos. Alice sonrió, manteniendo las distancias. Lime dio un paso al frente y me abrazó.

Por un momento me sentí extraño, mi corazón se aceleró, pero no parecía miedo. La sentía cálida.

– Siento haber intentado matarte – se disculpó por centésima vez. – de verdad.

– Lo se. – le respondí separándome solo lo suficiente como para mirarla a los ojos.

Iba a repetirle por centésima vez también que estaba perdonada y que no le guardaba rencor, pero en vez de eso me encontré abrazándola de nuevo, acercándome a ella y rozando sus labios con los míos respondiendo a algún estímulo desconocido.

Me separé al instante, sonrojado y avergonzado, di la vuelta y les pregunté a los demás si ya estaban todos a punto para irse. Todos asintieron, con distintos grados de sorpresa.

Oí a Lime riéndose detrás de mi, se acercó, me abrazó por la espalda y me besó en la oreja.

– Se fuerte. – fue lo último que me dijo.

Yo no volví a mirarla.

El guardia pelirrojo junto con el de las gafas, el “jefe” iban a acompañarnos un trozo, les seguimos al exterior, al aparcamiento. De nuevo con las documentaciones en nuestros bolsillos, llaves, carteras, móviles y demás, volver a la realidad no parecía tan extraño como habría imaginado. Era algo que ya conocíamos. Subir a la furgoneta para ir a la ciudad fue un acto incluso demasiado banal. Los coches, los edificios, la gente, las calles, las tiendas. Todo era demasiado simple, y a la vez perfectamente normal. Ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos el ruido de los motores, de la gente, de los niños corriendo por la calle y la música de algún coche que pasa con las ventanillas bajadas.

Era todo tan simple, que de repente me di cuenta de que estaba llorando. Y no era el único. Todos observábamos, con lágrimas en los ojos, el mundo que perdimos y al que regresábamos.

 

 

– Última llamada a los pasajeros del vuelo YK2808 con destino Los Ángeles.  Embarquen urgentemente por la puerta E32.

Toca despedirse, ya no podemos esperar más.

La rubia suelta las muletas, que caen al suelo de forma ruidosa, y salta a la pata coja hasta donde estoy yo para abrazarme. Shinhye, que hasta este momento había estado en mis brazos, se aparta volando por el susto. Por suerte Aron la coge y la deja en el suelo antes que alguien pueda percatarse de que hay una niña volando en medio del aeropuerto. Suerte que todo el mundo está demasiado pendiente de encontrar su vuelo y de despedirse de sus seres queridos como para darse cuenta.

– ¡Atontado! Te echaré de menos…

– ¡Y yo a ti, rubia!

Le abrazo con fuerza y escondo la cabeza en su cuello para que nadie vea que tengo los ojos llorosos. Entre sus pelos rubios veo como Aron se despide de Jonghyun.

– JR… gracias… otra vez…

– Ya te he dicho que no hace falta que me las des…

No sé cuántas veces le habrá dado las gracias por salvarle la vida. A él y a mí. Hicimos un milagro. Jonghyun, traumatizado por la destrucción y la muerte que causa su poder, pudo usarlo para salvar una vida. Creo que eso hizo que se sintiera mejor consigo mismo.

Ambos se sonríen y se abrazan de forma cordial. Hubo un momento en el que pensé que no podría llevarse bien, pero por suerte ahora tienen bastante buena relación.

Cuando se separan Aron se nos acerca.

– Min, vas a ahogar a mi princesa.

Baekho le lanza una mala mirada, y Jonghyun suelta una risita. Ren suspira y se separa de mí. Yo he conseguido secarme un poco los ojos.

– ¿Sabes? Al final voy a echar de menos oírte llamarme así.

– Estoy seguro que sí.

Mientras ellos se abrazan yo me despido de Baekho. Nos despedimos también con un abrazo y me dedica una de esas hermosas sonrisas suyas. Cuando sonríe así entiendo por qué a la rubia le gusta.

– Prométeme que vas a cuidar bien de Ren. ¿Sí?

– No lo dudes. Y tú prométeme que vas a cuidar bien de Shinhye y… – baja la voz para que sólo yo pueda oírlo – y también del enano ése. Vigila que no se esfuerce demasiado.

– Prometido.

Sonrío ante su muestra de preocupación por Aron. Pese a su enorme rivalidad y el choque de sus grandes cantidades de testosterona, al final se tienen una especie de respeto mutuo, un sentimiento de compañerismo.

Sólo me queda despedirme de Jonghyun. Me acerco a él y nos abrazamos con fuerza.

– Jonghyun… echare mucho de menos nuestras charlas…

– Y yo. Pero no te preocupes, seguiremos hablando. Por teléfono, por chat o por dónde sea. Una vez que encuentro a alguien con quién poder hablar de temas como la filosofía…

– ¡Claro! ¡Hablaremos mucho! – Aprieto con fuerza su cuerpo contra el mío. No quiero soltarlo. – Te echaré de menos Jonghyun. Cuídate, ¿vale?

– Tú también.

Finalmente deshacemos el abrazo, le doy un beso en la mejilla y me alejo de él para recoger a Shinhye del suelo, que nos mira curiosa.

Y me fijo en Aron y Baekho, que se miran sin saber muy bien cómo despedirse. Cuando uno parece que hace el gesto de querer darle la mano al otro, éste da un paso adelante para abrazarlo; cuando ven que sus gestos no coinciden ambos retroceden; el que iba a dar el abrazo saca la mano pero el otro ya la ha apartado y ahora está dando un paso para abrazarlo… Es un espectáculo bastante gracioso.

Finalmente se han cansado de tanto tira y afloja y se miran el uno al otro expectantes, para que sea el otro el que dé el primer paso. Así no vamos a marcharnos nunca. Por suerte se deciden, los dos al mismo tiempo se acercan y se dan un abrazo rápido y superficial, con un par de palmadas en la espalda. En seguida se separan.

– Mucha suerte.

– Igualmente.

Aron vuelve a mi lado. Se pone la mano en el bolsillo de los pantalones y saca su pasaporte y el mío, que los guardias nos devolvieron, y el de Shinhye, una perfecta falsificación. También tres billetes de avión de una compañía de low cost, los únicos que el dinero que quedaba en nuestras carteras podía pagar.

Aron y yo nos giramos hacia los chicos por última vez.

– Hasta pronto.

Luego nos damos la vuelta, Aron me coge de la mano y empezamos a andar. Los ojos se me humedecen otra vez. De lástima por despedirme de mis amigos, pero también de ilusión por comenzar una nueva vida con mi chico y con Shinhye. Una vida en la que por fin seré libre y feliz.

Y mientras los chicos aún agitan las manos en el aire para decirnos adiós, nosotros cruzamos los controles de seguridad.

 

¿Qué os ha parecido este final? ¡Agradecemos un montón todas vuestras opiniones!

¡RECORDAD! ¡Dentro de poco publicaremos los epílogos de ACTION! ¡No os los perdáis! ^^

De nuevo, muchísimas gracias por leer hasta aquí, por vuestros reviews y por vuestra fidelidad (en especial a Alex y Trini, que sois un amor).  ¡Os queremos!

SHIROKO KUROKO AOIKO

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el septiembre 21, 2013 en ACTION, Others y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. ¡Ha sido muuuuy bonito! Me ha gustado el final. ¡Por fin han podido salir! Pensé que no lo conseguirían nunca xD
    Ha tenido momentos interesantes: Baekho llorando a mares, Ren a la pata coja, los bebés a los que han decidido matar tan a la ligera (¬¬ vaya panda…), Aron el resucitado, ¡La niña de Baekho y Aron! *rueda de risa al recordarlo* ayyy madre.. jajaja… eso ha sido buenísimo xD
    En fin, ha estado bueno ^^

  2. Me he leído TODO el fanfic en un sólo día, y… ¡ME HA ENCANTADO! Tienen talento para esto, la verdad :3. Y tienen la capacidad de hacerme reír y llorar al mismo tiempo >_<♥.
    Espero sigan escribiendo :D. MI NUEVA FANFIC FAVORITA :').

    ¡Saludos ^^!

  3. oh madre mia fue lo mas hermoso gracioso que he leido en toda mi vida me encanta este fic tambien me gusto mucho el fic ninfomania me gusto mucho adoro como escribes estare esperando el epilogo actualiza pronto se te quiere mucho

  4. No, esto es mucho más de lo que mi mente fue capaz de aguantar, hubo días en las que simplemente deseaba matarlas, pero esto fue hermoso, en serio hermoso, me encanto, disfrute cada palabra del fanfic como nadie. Esperare con ansias los epílogos, no me los pierdo por nada.

    Mi fanfic favorito, mis autoras favoritas.

    ¡LAS AMO!

    ¡GRACIAS POR ESCRIBIR ESTO!

  5. Me encantooooooo! uno de los mejores fics que he leido 🙂
    el final me gusto bastante aunque me dejo con ganas de leer mas de Baekho y Ren, de como siguieron la relación y si tuvieron su digno momento de LEMON *-* JAJAJAJA
    Gracias por el fic y espero que puedas publicar los epilogos pronto
    saludos ^^

  6. ¡Pido un epílogo con lemon AMin & BaekRen! okno haha xD.

  1. Pingback: ¡ACTION! | SHIROKOtoKUROKO

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