Ámame Profe. 1: El precio de una sonrisa.


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Categoria: fanfic yaoi

 

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

 

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

 

– ¡Niños! ¡A recoger!

Los críos siguieron jugando, ignorándole. No se esperaba otra cosa.

– Vamos, vamos, guardad eso.

– Estamos jugando profeee…

– Si, si, pero es hora de irse a casa ¿eh? Mañana volvemos a jugar.

– Joooo…

Pero poco a poco fue pasando por la clase y los niños fueron recogiendo los juguetes. Al poco rato empezaron a llegar los padres para llevárselos. Baekho les ayudaba a ponerse las chaquetas y les decía adiós cuando agitaban las manitas rechonchas para despedirse.

– ¡Ta mañana profeee!!!

– Jeje adiós, adiós…

Minki se quedó de los últimos, como siempre, hasta que llegó un momento en que ya no pudo seguir fingiendo que lo ignoraba.

El niño le miraba, sentado en la mesa con el polar rojo ya puesto y la mochila encima, como una bolita de felpa, se aguantaba la cabecita con las manos, como si estuviese cansado, pero sus enormes ojos marrones se clavaban en él.

“Tiene unos ojos tristes” pensó. “Da pena”.

Minki era un chico calmado en general, más que calmado ausente, aunque cuando le cogían rabietas era casi imposible de parar. Pero nunca dejaba de mirarle fijamente con esos ojos enormes, brillantes y tristes.

Esos ojos le conmovían. Los ojos y las mejillitas sonrosadas, y los labios pequeños en forma de corazón, y las manitas de deditos cortos, y su piel tan suave de bebé…

Le conmovían hasta el punto de sentir que debía protegerle, que debía hacer todo lo posible para que ese niño triste estuviese contento. Para que fuese feliz. Se sentía capaz de hacer cualquier cosa para que sonriera, pero sentirse capaz no era saber cómo hacerlo.

Se sentó a su lado en esas diminutas (e incómodas) sillas que utilizaban los niños.

– Ya deben estar a punto de llegar. – le dijo.

Seguía mirándole, con esos ojitos tristes. Pero no dijo nada.

Y Baekho tampoco sabía que decirle. Cada día era lo mismo.

– Hoy has estado dibujando ¿verdad? – le sonreía, para ver si el pequeño sonreía también, pero solo bajó la mirada al papel que tenía doblado bajo sus codos.

Lo abrió y lo miró, y se lo enseñó sin decir nada, tendiéndoselo.

Lo cogió, era una casita con un árbol al lado, los puntos rojos seguramente eran manzanas, y la lado de la casa había un rio.

– Es muy bonito. – Era bastante torpe, pero bonito, lo había dicho de verdad.

Fue a devolvérselo, pero el niño le dijo que no.

– Para ti.

Y sonrió.

Y el corazón de Baekho se detuvo.

– Vaya, muchas gracias. – intentó sobreponerse. Ni que fuese la primera vez que un niño le regalaba un dibujo…

Pero había sonreído. Costaba tanto hacerle sonreír…

Le sonrió también y le revolvió el pelo, dejándole despeinado como un peluche.

– Vamos a ponerlo ahí con los otros ¿vale?

En la pared del fondo de la clase colgaba todos los dibujos que se dejaban o le daban los niños. Había ya un montón y tubo que quitar alguno de los antiguos para poner el de Minki. En el medio de todos. Pero el niño no pareció contento con eso.

– Hola…

El chico llamó a la puerta, Baekho se giró a mirar.

– Ah, hola JR. Al fin llegas. – Le sonrió. – Vamos Minki, te esperan.

– Yo esperaba antes…

Fue hasta la puerta y cogió la mano de su hermano.

– Adiós profe. – se despidió el mayor.

– Adiós.

Minki solo agitó sus manitas regordetas sin decir nada.

 

Al día siguiente, cuando fue hora de irse, Minki no fue el último. Su madre fue a recogerlo de los primeros, y Baekho casi no pudo resistir mirarla con odio. No sabía que pasaba en su casa pero que el niño estuviese siempre triste no le gustaba nada.

Como había otros padres a esa hora y estaba ocupado ayudando a los últimos rezagados a recoger evitó ir a saludarla, pero Minki fue a despedirse, tendiéndole un papel.

– ¿Otro dibujo? – Dos regalos en dos días, se sentía afortunado.

– Este para tu casa.

– ¿Eh? ¿Quieres que me lo lleve? ¿no lo cuelgo ahí con los demás?

– No, es para ti.

Sus enormes ojos marrones brillaban. Y Baekho pensaba que no sería capaz de dejar de mirarlos.

Abrió el dibujo y centro su atención en él. Solo consiguió que el corazón se le detuviera de nuevo.

El niño pequeño del dibujo era, claramente, Minki, incluso se había hecho esos enormes ojos marrones. El chico al lado, mucho más alto y con la cresta rubia, no le cupo duda de que era él.

– Vaya… Muchas gracias Minki…

Sonrió, marcando hoyuelos en sus mejillitas sonrosadas, y antes de que pudiera decir más fue corriendo con su mamá y se fue colgado de su mano.

Volvió a mirar el dibujo y se quedó absorto en él.

– ¡Profe, profe! ¿ónde va esto?

Y despertó.

– Voy, voy.

– ¡Adiós profe!

– Adiós.

– ¡Tamañana!

– Hasta mañana.

Cuando llegó a casa fue a colgar el dibujo en su habitación, junto a su cama. Luego se dio cuenta de que no tenía con que colgarlo, y que casi nunca estaba en su habitación.

Lo puso en la cocina, pegado con unimán en la nevera.

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el octubre 27, 2013 en Ámame profe y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Okey, estaba terriblemente renuente a leerlo, pero como eres tú… bueno… creo que ha sido realmente lindo, muy lindo, continuare con los demás para ver.

  2. hola wau ren de chiquito hay que mono es hermosa la historia chicas le deceo suerte y que puedan terminar esta historia…. saranghae

  1. Pingback: Ámame profe | SHIROKOtoKUROKO

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