Ámame Profe. 17: Ya soy mayor.


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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Se ajustaba el lazo del uniforme, nervioso, empezaba una etapa nueva de sus vidas, y con esa chaqueta oscura y camisa todos se sentían “mayores”. Los pupitres puestos por parejas en dirección a la pizarra eran iguales a los del año anterior, y a la vez diferentes. Los compañeros seguían siendo los mismos, pero todos ellos habían cambiado.

Taekwoon había empezado a pegar el estirón, y menudo estirón. Ahora ya no se le daba tan bien esconderse. Él también crecería pronto, claro que si, y sería aún más alto que él. Bueno, o no, pero sería muy alto.

– ¡Minki! ¡Taekwoon! ¡Nos vemos luego en el recreo!

– Ok, ¡fighting!

Luhan iba al grupo B, ellos dos al A. Esperaban que al año siguiente les cambiasen para ir juntos…

Sacó los libros nuevos de la mochila nueva. Los bolígrafos, la libreta, el estuche, todo era nuevo. La hermana de Taekwoon estaba en tercero y les había acompañado hasta la clase para enseñarles el aula y donde estaban las clases importantes. La sala de profesores, la cafetería, los lavabos, el gimnasio… Pero ya se había ido de vuelta con su grupo, ahora tenían que apañarse solos para sobrevivir en ese sitio nuevo y exótico llamado “instituto de secundaria”.

“Hay que escribir con bolígrafo negro o azul, el rojo solo para los exámenes” “no aceptamos nada escrito a lápiz” “quien falte a un examen tiene que presentar un justificante médico para poder recuperarlo, en caso contrario tiene un cero” “no se puede salir del patio a la hora del recreo, cada curso tiene su zona delimitada” “no se puede salir del aula durante las clases sin permiso del profesor” “nada de desabrocharse la camisa, los faldones por dentro de los pantalones” “para la hora de gimnasia hay que usar el uniforme reglamentario” “es obligatorio participar en los torneos de deportes si no es por causas justificadas, lo mismo con las festividades del colegio”…

Las normas eran básicas y lógicas, pero soltándolas todas de carrerilla el primer día consiguieron que los alumnos se sintieran todos como en una escuela militar, sentándose rectos y erguidos sobre sus sillas con los pies juntos y en silencio. A la hora de salir ya se había dado cuenta de que era exactamente la misma cárcel donde había pasado la primaria, solo que trasladada tres calles arriba y donde los presos llevaban uniforme.

Baekho ya no le esperaba en la salida, el edificio de secundaria estaba separado del de primaria y preescolar, aunque si eran la misma institución. JR, que estaba ya en preparatoria sintiendo que quería arrancarse la corbata aun nueva, si que estaba allí, pero iba a quedarse con sus amigos un rato, así que Minki se despidió de él y de sus amigos y se fue a buscar a Baekho al salir de la guardería. Él le sonrió, como siempre, luego se fijó en su flamante uniforme nuevo y exclamó un “wow”.

– Que guapo estás Minki, que mayor.

– Si jeje. – “Exacto, ya soy mayor”.

Se colgó de su brazo y fueron juntos a su casa.

No le había pasado desapercibido que últimamente Baekho intentaba alejarse de él. No entendía muy bien porque, pero no iba a permitírselo, no ahora que ya era mayor. “Ya no puede decirme que soy un niño cuando intento besarle, ya no puede decirme que “cuando sea mayor” entenderé las cosas. Ya soy mayor”.

“Ya es mayor…” Baekho también lo sentía, seguía siendo un crio bajito que apenas le llegaba al pecho, pero con el uniforme y ese aire de adulto con el que andaba se veía… eso, mayor.

– Como crece… – le decía a Sunyoung una vez en casa. – Ni me he dado cuenta y ya está en la media…

– Ya… y parece que hace nada que iba con pañales… Ash, y mira que en algunas cosas parece que no crece.

Se rió, comprendiendo perfectamente a que se refería. Seguía siendo igual de egoísta, igual de mandón. No aceptaba un no por respuesta, a nada. Seguían durmiendo en su casa una vez al mes, en su cama y abrazado a él. También Baekho se quedaba a dormir de vez en cuando, y Minki se pegaba a su cuerpo para dormir, descansaba la cabeza sobre su pecho y enredaba las piernas entre las suyas. Empezaba a ser demasiado extraño, y su madre empezó a arrugar la nariz cuando los veía.

– No es que me moleste, es que… se me hace raro, ya es muy mayor para dormir acompañado…

Si, si lo era, pero cada vez que Baekho intentaba hablar con él para hacerle ver que esas cosas de niños ya debían quedar atrás no sabía exactamente como pero terminaba convenciéndole de algo nuevo.

– Por supuesto que te compraré esa chaqueta. – O – Si quieres iremos al zoo un día. – O – Claro que te llevaré a verla al cine.

Etcétera. Y se olvidaba de lo que había empezado diciéndole.

Se acercaba el verano y empezaba a hacer calor, y ahora que ya eran “mayores” Minki, Luhan y Taekwoon ya no iban siempre directos a casa después de clases. Pasaban por el edificio de primaria a saludar a Baekho y luego se iban al parque, o a dar una vuelta por el centro.

Uno de esos días volvió a casa emocionado, se acercó a su madre dando saltos y la besó, con una sonrisa enorme.

– Mamá. Voy a trabajar como modelo.

“¿Eh?”

– Anda… pues… bueno, es un buen trabajo, supongo… – “¿Porque no astronauta como todos?” pensaba Sunyoung “O policía…” – ¿Y como has decidido eso?

– Unos señores nos han dicho en la calle que buscaban modelos. A Luhan y a mi. Nos han dado esto. – le enseñó una tarjeta – Dicen que vayamos el lunes.

Miraba la tarjeta, miraba a su hijo. No, no se refería a “cuando sea mayor seré modelo”. Era un futuro más inmediato “el lunes empiezo”.

A trabajar, con once años.

– Minki, no puedes trabajar, tienes once años.

– Ya soy mayor. – respondió convencido hinchando los mofletes – Y ellos han dicho que podía.

“¿Y ELLOS QUIEN PUÑETAS SON?”

– Bueno, iremos a preguntar ¿eh?

– ¡Vale!

Y subió corriendo a su habitación, dejando a su madre pensando que por nada del mundo iba a dejar que su bebé trabajara como modelo. “A saber lo que querrán hacer con él…”

– ¿Que es eso de que Minki va a trabajar de modelo?

Sunyoung staba en la empresa, repasando y corrigiendo. Más bien tomándose un descanso.

– No se, yo tampoco lo entiendo. – le explicaba a Baekho por el teléfono. Le acababa de llamar con el cuento, llevaban ya toda la semana así – Dice que se lo dijeron unos señores por la calle.

– Si, si, que iba con Luhan, ya me lo ha explicado. ¿Pero va a trabajar o que?

– Para nada. Estaba esperando a ver si se olvidaba, como si no le conociera…

– Que ingenua.

– Este crio me va a matar. – suspiró, oyendo a Baekho reírse al otro lado. – En fin, iremos a preguntar y me enteraré de que va, igual incluso es legal.

– Jope, – resopló al otro lado – espero que si mujer.

– Si, bueno, esperamos…

Baekho se rió al otro lado y suspiró, se hizo el silencio un rato.

– Bueno, te dejo. – le dijo al fin – ¿Estás con Yixing?

No pudo evitar ponerse algo nerviosa al sentirle mencionarle, un cosquilleo cálido en la base del estómago, un sutil rubor. “Porfavor, ni que tuviese quince años…”

– No, no, está trabajando.

– Ah, ok, salúdale de mi parte pues.

– Si, lo haré.

Colgó y se quedó mirando las hojas. Se sentía agotada antes de empezar. “¡Venga Sunyoung, todo es ponerte, como antes empieces antes terminarás!” Se dijo a si misma. Pero aún así antes de empezar se levantó a rellenar su botellita de agua de la fuente.

Y, por supuesto, pasar frente a su despachito, en la sección de traducción.

– Hey amor. – La llamó él cariñosamente al pasar, ella le sonrió y se acercó. Le besó rápido, porque estaban en la oficina, y terminó sentada sobre sus piernas.

– ¿Cuándo tendrás un descanso?

– Mmm… pues no lo se, tengo bastante trabajo hoy… – Tenía acento chino aún, pero su coreano era casi perfecto. Trabajaba de eso, si no fuese bueno…

Se habían conocido en el trabajo y llevaban como un año saliendo, pero realmente se veían poco fuera de la oficina. Con los niños y todo Sunyoung no se atrevía a llevarle a casa más que cuando ellos estaban con su padre. Le conocían, si, claro, pero entre eso y sentirse cómoda durmiendo con él con los chicos en el piso de arriba…

– Ven a cenar un día esta semana, – le propuso – aunque sea con los chicos. A ver si consigo colocarles en casa de su padre, pero si no…

No lo consiguió. Desde que la nueva esposa de su exmarido vivía con él los niños se negaban a ir a dormir a su casa. Bueno, negarse tampoco, pero preferían no hacerlo. Iban a verle a menudo, pero intentaban no quedarse a dormir y menos aún a comer.

– Audrey no sabe cocinar. – se quejaba Minki.

– La quiero mucho pero su comida no sabe a nada, – el mayor le apoyaba, ambos se mostraban inflexibles con ese tema – creo que no sabe ni lo que son las especies.

– Ni la sal. Yo no me quedo a comer a su casa.

Realmente había probado la cocina europea y no sabía a nada, así que no insistió. Aun así quería sacarse a los niños de casa. Se sentía cruel pensando así pero… lo necesitaba, su cuerpo lo necesitaba. “O esto o me regalo una noche de hotel…”

– Sabes que pueden quedarse en mi casa – le dijo Baekho con una sonrisita burlona mientras fregaban los platos de la cena – Minki últimamente ralla mucho con que hace mucho que no le invito, y ya sabes que no me importa.

– Ya… pero… Ah, me siento como si estuviese intentando deshacerme de mis hijos.

– Tranquila. Antes que madre eres mujer, y los niños ya son mayorcitos como para que puedan pasar una noche fuera de casa.

Aceptó, por supuesto.

– ¿Puedo quedarme a dormir en casa de Minhyun? – preguntó Jonghyun en cuanto les propuso el plan.

– Si su madre no tiene problema si.

Y así ese viernes al salir del cole Minki se fue a buscar a Baekho con la mochila cargada de ropa en vez de libros y una sonrisa de oreja a oreja.

– Vas muy cargado. – Le dijo Taekwoon al ver la mochila más llena del normal.

– Voy a dormir a casa de mi novio – le respondió hinchándose como un gallito.

– Anda, no ralles, – le recriminaba Luhan – no es tu novio.

Le sacó la lengua sin siquiera dignarse a responder.

– ¿De quien habláis? – Preguntó Sehun. El que antes había sido su matón últimamente y de forma inexplicable parecía llevarse bien con Luhan. Iba con ellos a la hora del recreo aunque los otros dos seguían manteniendo las distancias.

– Del canguro de Minki, que como le gusta dice que es su novio.

– No es mi canguro, – replicó – es amigo de mi madre y es mi novio. Y voy a ir a dormir a su casa.

– Wow, pues… bien por ti… – dudaba Sehun al responder.

– Es viejo.

– ¡Deja ya eso Taek! ¡No es viejo, solo mayor!

– Eso a mi me suena a abuelo…

– ¡Ah! – suspiraba frustrado – Dejadlo, no lo entendéis.

No eran los únicos, Baekho tampoco lo entendía, él seguía pensando que solo le cuidaba.

Anduvieron juntos hasta su casa, la de Baekho, pero Minki ya no se atrevía a cogerle de la mano. Últimamente con la excusa de que era mayor se estaba alejando. Ya no dormían juntos y no le abrazaba como antes. No le dejaba que le cogiese de la mano por la calle y cuando se despedían no siempre le abrazaba, a veces solo le revolvía el pelo con la mano y sonreía. Se sentía muy frustrado con todo eso, pero no se rendía, iba a conseguir otra vez todo eso y más. No iba a rendirse.

Evidentemente, el sofá-cama del salón estaba abierto y con las sábanas a punto para que Minki durmiese allí. Se acercó, algo alicaído, y dejó su mochila encima mientras Baekho colgaba su chaqueta de la silla.

– ¿Te cuelgo la tuya? – le tendía la mano. Minki se quitó también la chaqueta y se la pasó. La dejó encima de la suya.

“Se ve tan pequeña junto a la suya…”

– ¿Por qué no puedo dormir contigo? – le preguntó haciendo un puchero.

Él se giró a mirarle, sin saber si podía reírse o no.

– Ya eres mayor para eso Minki, ¿no te parece?

– Pero… – “Precisamente, ya soy mayor. Tengo edad para besarte y ser tu novio y dormir contigo. O igual no, pero lo quiero.” No podía decirle todo aquello. Tenía la impresión de que iba a enfadarse, y mucho. ¿Y si no le dejaba volver a su casa? Tenía que ser más inteligente que eso.

Y mientras pensaba que responder Baekho desapareció a la cocina.

– ¿Que quieres para cenar? – le gritó desde allí – hay que ir a comprar, así que puedo hacerte lo que quieras.

– Mmmm… da igual, cualquier cosa está bien.

Fueron juntos a comprar, Minki patinó con el carrito de la compra por los pasillos mientras Baekho se reía y cogía todo lo que necesitaban.

– Hola Minki – le saludó la cajera sonriéndole – Hacía tiempo que no te veía.

Acompañaba a menudo a Baekho a comprar cuando se quedaba a dormir a su casa. Y Baekho solía gritarle bastante cuando salían a la calle, era difícil de olvidar.

– Es que últimamente no me quedaba a dormir. – le explicaba tan campante mientras ella les cobraba – Hoy ha sido porque mi mamá ha invitado a su novio a casa. Así que yo me voy a dormir a casa del mío.

Ella solo se rió, Baekho suspiró y pagó, y los dos se fueron para casa.

– ¿Me dejas llevar las bolsas?

– No que pesan mucho.

– ¿Solo una? – le puso ojitos y Baekho se rió, tendiéndole una bolsa.

– De verdad que pesan mucho… – Pero se la dio, porque no podía negarle nada, absolutamente nada, cuando se ponía así.

Vieron la tele, hicieron los deberes, leyeron, cocinaron (Eso Baekho, a Minki le estaba vedada la entrada a la cocina “aunque algún día tendrá que aprender…”), cenaron y se pusieron el pijama.

– ¿Esa camiseta no es la que perdí? – Baekho le miraba extrañado mientras la sacaba de la mochila y se quitaba la que llevaba.

– Si. Te la dejaste en mi casa – respondió el pequeño sonriendo, con toda naturalidad.

– Te pregunté si la habías visto…

– Me gusta mucho – siguió ignorándole – ahora la uso de pijama. Aún huele un poco a ti…

Suspiro cansado por parte de Baekho. Sonrisa de profunda inocencia por parte de Minki. Y fin de la discusión. Miraron la tele un rato más hasta que Baekho se levantó y la apagó, dándole las buenas noches, dispuesto a dejarle solo en ese comedor siniestro e inhóspito, durmiendo él solito acurrucado en esa inmensa cama…

– Hyung… – solo le llamaba “Hyung” en momentos de alta necesidad, cuando requería el máximo rendimiento de sus poderes de persuasión. – De verdad que quiero dormir contigo…

– Pero Minki, ya eres mayor. Los niños mayores no tienen miedo.

– ¡No tengo miedo! – saltó inmediatamente – Es solo que… – “Espera…” se dijo a si mismo “Esto podría funcionar…” – Bueno, yo… un poco de miedo si tengo… Es que al no ser mi casa… – Baekho puso cara de “ay pobrecito” y enseguida supo que ya le tenía “solo un poco más de cuento…” – No me acostumbro, la cama es muy grande y cuando me muevo noto que las sábanas están frías. Tengo frio y el frío me da miedo. En casa suelo acurrucarme contra la pared, pero aquí no hay pared…

La vocecita lastimosa le salía de miedo. “Debería plantearme ser actor”.

Baekho dudaba. Una parte de él quería abrirle los brazos y estrujarle fuerte. No solo esa noche, para siempre, porque Minki era adorable y tan tierno que no podía dejar de protegerle ni un instante. Otra parte, más racional, le decía que el crío ya era mayorcito y que no podía estar así toda su vida, “aunque solo sean once años…”. Aún otra parte le gritaba que no se dejase engañar por las artimañas de ese niño de mente retorcida, como si supiese que el pequeño estaba concibiendo un plan maligno y rebuscado para capturarle. “Vaya memez, si solo es un niño, ¿Cómo va a intentar manipular nada?”

– Anda, pasa. – suspiró al fin. Minki se levantó corriendo, y él fue tras él. Apagó las luces y se metió a su lado en la cama. – Pero a dormir ¿eh? Nada de moverse y patalear.

– Vale. – respondió el pequeño “Pataleas más tu” – Buenas noches.

– Buenas noches.

Minki se mantenía muy tieso, algo incómodo. Nervioso más bien. Se acurrucó al máximo contra su cuerpo intentando no moverse mucho.

– Hyung… – ¿seguiría despierto?

– ¿Que? – Si. Dudó unos segundos antes de preguntar.

– ¿Me abrazas?

Se giró y le abrió los brazos, casi inconscientemente, y volvió a cerrarlos tras su espalda cuando Minki se arrebujó entre sus brazos.

Baekho sonrió, demasiado dormido para plantearse si Minki era demasiado mayor para que le abrazase mientras dormían o no.

Podía olerle. Aún olía a bebé. No importaba cuantos años pasasen, seguía conservando ese aroma a inocencia y pureza que tenían los recién nacidos, esa aura tan tierna, la misma piel suave y el cabello fino como el pelaje de un cachorrito, como de peluche.

“Mi peluche…” Pensó antes de quedarse dormido.

Heeeeeeis!!! 
He estado un tiempo de baja… por decirlo de alguna manera, jeje Intenté con otro proyecto pero no funcionó y perdí un poco las ganas de escribir, pero bueno, el caso es que vuelvo a estar por aquí, dispuesta a seguir con esta adorable historia ^^ (aunque tampoco prometo publicar al ritmo de antes…)
Ahora como ya habreis visto hay un salto temporal, Minki ya tiene once años y acaba de empezar la secundaria, a partir de aquí se cruza con historias de otros personajes, Minhyun y JR serán protagonistas también, aparecerá Aron y más personajes nuevos, pero tranquilos, que nuestro bichito adorable seguirá estando siempre allí.

Muchas gracias por seguir aquí y disculpas por la espera. ¡Nos leemos! ^^ 

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el enero 21, 2014 en Ámame profe y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Ains, qué peluchito que es Ren, ¡yo quiero uno igual para mi cama!
    Baekho está cayendo MÁS rendido todavía 😛
    Y Hunhan a la vista^^

  2. No puedo esperar al otrooo! ajaja esta muy bueno Baekho esta cayendo por los encantos de Minki pobrecito que se tenga jajajaja
    sigue pronto porfa 🙂

  1. Pingback: Ámame profe | SHIROKOtoKUROKO

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