Ámame Profe. 31: Hogar.


AP 32

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Cogió el avión el día siguiente de que terminaran las clases. Por más que Minki le hubiese pedido que no se fuera le seguía pareciendo la mejor opción. “Son solo unos días…”. Esperaba que se le pasara el enfado durante esos días. También esperaba que a él se le hiciese más cómodo estar a su lado.

“No puede estar enamorado de mi de verdad” Reflexionaba durante el vuelo “solo es un crío”. Pero la idea le molestaba, le inquietaba.

Cuando se lo había comentado a Hongbin, el único de sus amigos que había considerado que se lo podía tomar en serio, este le había dicho que dejara de darle vueltas, que no era más que un capricho.

– Está acostumbrado a tener todo lo que quiere solo poniéndote ojitos. Le has dicho que no y se ha enfadado. No es más que una rabieta, ya se le pasará.

Pero la tristeza de Minki parecía más “seria” que una simple rabieta.

“No quiero perderle…”

Aterrizó a medio día y su hermano le fue a buscar al aeropuerto. Le saludó con un abrazo y dejó que le pusiera al día de las novedades de la isla durante el trayecto en coche.

– Me alegro de que hayas venido – le dijo mientras aparcaban frente a la casa donde se habían criado. – Por propia voluntad digo. – añadió riendo.

– Bueno, algún día tenía que pasar. – respondió encogiéndose de hombros.

Sus padres también estuvieron contentos de verle, al contrario que su sobrina, que se escondió detrás de las piernas de su madre al no reconocerle. Pero le sonrió, estuvo jugando con ella y a la hora de comer la pequeña insistió en sentarse a su lado.

Hacía años que no consideraba esa casa como su hogar. La casa tampoco le consideraba un miembro más de la familia. Las fotos de su niñez que siempre habían estado allí empezaban a ser sustituidas por imágenes de la pareja y su hija, fotos recientes en las que él no aparecía. Se encontró la que siempre había sido su habitación convertida en una biblioteca, o viéndolo de forma menos romántica, un trastero, pero conservaban su cama.

Estaba a gusto allí, algo que de algún modo le sorprendía cada vez que iba, pero se sentía lejos de casa, de su familia.

 

Minhyun estaba haciendo deberes cuando su madre entró. No apartó la vista de sus apuntes.

– Cielo, tu padre y yo habíamos pensado en ir al museo hoy por la tarde. – le anunció entrando y parándose a su lado – ¿Vienes?

– Paso. – respondió sin más.

– Hacen una exposición sobre Egipto. – insistió acariciándole el pelo – eso te gustaba.

– Mamá, tengo que terminar esto. – se apartó de su caricia y volvió a centrarse en estudiar.

– Si tienes tanto trabajo igual no deberías salir tanto…

– Tengo que terminar esto para poder salir – respondió cortante, apartándola a ella.

– Cielo… no es que me moleste que salgas pero… no has pasado ni un día con nosotros estas vacaciones…

– Tengo que estudiar, – insistió él girándose a mirarla con una expresión fría que la invitaba claramente a irse de la habitación – en serio.

– Pues estudia, pero no te doy permiso para salir con ese… novio tuyo. – se plantó. No quería llegar a esos extremos, pero su hijo no le dejaba más opción.

– No necesito tu permiso. – le espetó cerrando la libreta y recogiendo sus cosas.

– Claro que sí, – insistió fingiendo un aplomo que no sentía – y no vas a salir más si no pasas por lo menos el mismo tiempo con nosotros que con él.– Podía hablar lo que quisiera, porque Minhyun no le hacía caso. Seguía recogiendo sus cosas y metiéndolas en la mochila, cambiándose la camiseta por algo más grueso para salir. – ¿Me escuchas? Te he dicho que no quiero que salgas.

– Voy a la biblioteca – respondió ya en el pasillo saliendo a la puerta – aquí no se puede estudiar.

Cerró de un portazo y bajó las escaleras de dos en dos. “Estoy harto”. Se repetía, aunque no tenía muy claro de que.

– Es que me tienen harto – le decía a Aron tumbado sobre su cama, demasiado irado como para intentar siquiera hablar en inglés – No dejan de insistir en hacer cosas juntos, en ir juntos a tal sitio, a tal otro. No quiero hacer cosas con ellos, quiero estar contigo y cuando estoy en casa es para trabajar, para hacer los deberes que me han puesto, porque tu tienes que estudiar. No para ir al museo o salir de excursión o ir a comprar adornos de navidad. No.

Aron le miraba sentado en la silla de su escritorio, con una mirada que tanto podía ser de ternura como de resignación.

– No te enfades con ellos, quieren que paséis tiempo juntos, eso es todo.

– Pero me ha prohibido salir. – insistía indignado. – No puede. Quieren retenerme allí. Me ha prohibido verte y es algo que no voy a permitir.

– Min – suspiró – admite que es cierto que no has pasado ni un día con ellos, no desde que empezaron las vacaciones sino desde que les dijiste que estabas conmigo. – Minhyun desvió la mirada, molesto por haber sido pillado en falta. Aron se levantó y se sentó a su lado en la cama, abrazándole pasando un brazo por sus hombros. – Sé que tienes miedo de que te rechacen, pero no conseguirás nada huyendo. – le dijo con voz suave. Minhyun se estremeció entre sus brazos, pegándose a él. – Por lo que me has contado creo que ya te han demostrado que no les molesta esto, solo intentan hacerse la idea y realmente lo están aceptando muy bien. Está claro que no quieren echarte de su vida sino retenerte en ella. Déjales. Déjales quererte.

Sabía que tenía razón. Sabía que estaba en lo cierto. Y lo odiaba. Porque en el fondo tenía muy claro que no había habido motivo alguno para comportarse así, para huir, pero la simple sensación de estar haciendo algo mal le impedía volver o estar con ellos, y la sensación se iba haciendo más grande a cada día que pasaba.

– Pero… realmente quiero pasar estos días contigo. – murmuró testarudo. – Y no sé porque tengo la sensación de que estoy haciendo todo mal. No es cierto ¿vale? Quiero estar contigo. Necesito estar contigo y es lo que tengo que hacer estos días porque luego te irás y a saber si volveremos a vernos mientras que ellos seguirán aquí y ahora mismo no me importan ellos ni nadie.

– Son tus padres Minnie. – le acariciaba el pelo y le miraba tierno. – no puedes necesitarles solo “a ratos”. Están luchando para que no les alejes, así que no lo hagas.

Se hizo una bolita a su lado, enterrando la cabeza en su pecho.

– Sigo queriendo pasar tiempo contigo.

– Bueno, siempre podemos pasar tiempo los cuatro juntos.

Y lo soltó así, sin más. “¿eh?”.

– No, no podemos. No pueden conocerte. Sabrán que eres mi profe y te denunciarán y perderás tu beca y será todo un desastre.

Aron le miró, inseguro.

– ¿Crees que me denunciarían?

Quiso responder que si, pero sabía que no era cierto. En el fondo lo sabía.

– Les costará de asumir, – siguió él. – supongo que aún más que el hecho de que seas gay, pero se alegrarán de que se lo cuentes, de que compartas incluso esto con ellos. Podemos hablar con ellos, que me conozcan y vean que te quiero, explicarles la situación. ¿Que pensabas decirles cuando yo me fuera de todos modos?

– No se… que habíamos cortado…

No le gustaba hablar de su separación, parecía demasiado inminente. “Y eso que aún queda más de un mes…” “Es muy poco”. Le acercó y le besó en la frente.

– Si no quieres no es necesario, pero… A mi me parece que podría ayudar conocerles. Que me conocieran. Que supieran todo lo que está pasando en la vida de su bebé. – le sonreía, pícaro, paseando los dedos por su pecho como si caminasen. Y Minhyun se animó y le sonrió también.

– ¿Todo? ¿Tienen que saberlo todo? Porque no creo que quieran conocer los detalles…

Se mordió el labio y se acercó para morder los suyos.

Aron conseguía siempre ponerle de buen humor. De muy buen humor. Pero mientras se besaban no dejaba de darle vueltas a lo que le había dicho. Parecía una locura. Era una locura. Y no se imaginaba con Aron delante de sus padres. “Moriré de vergüenza”.

 

Baekho aprovechó esos días para visitar el pueblo también. Como siempre que iba era solo por un día o dos y los pasaba en la casa hacía realmente muchos años que no paseaba por esas calles. Observaba los cambios y se encontraba con gente. Personas a las que quería ver, otras a las que no, y gente que no se esperaba.

Entró en una cafetería que solían llevar los padres de un antiguo compañero de clase y se encontró que había cambiado de dueños, pero allí sentada estaba una chica a la que le había estado dando clases de repaso cuando aún iba a secundaria. Una que le había pedido para salir antes de que sus padres se escandalizaran y compartiesen con todo el pueblo que tenían un hijo gay. Como ella no parecía haberle visto dio media vuelta y salió del local, y se encontró en la puerta frente a otra cara conocida.

– Jongsuk…

Durante un tiempo le había considerado uno de sus mejores amigos. No fue un período muy largo, solo hasta que el que por aquel entonces era su novio le dejó para salir con él.

– ¡Dongho! – le llamó sorprendido. Baekho era un mote que había inventado Wonsik en su primer año de carrera, en el pueblo seguía siendo Dongho. – ¿Donde has estado todo este tiempo?

Tubo que aceptar que le invitara a un café mientras le contaba su vida y él la suya. Era una de las personas a las que había echado de menos, aunque las cosas no hubiesen terminado bien. Pero hacía demasiados años para guardar rencor y ambos se descubrieron riendo y sacando un tema de conversación tras otro.

– Debería irme… – murmuró unas horas más tarde Baekho al ver el reloj.

– ¿Toque de queda? – se burló Jongsuk riéndose.

– Bueno, se supone que he venido para estar con ellos – respondió encogiéndose de hombros y riendo también.

Intercambiaron números de teléfono y se prometieron volver a quedar. Y Jongsuk le prometió una excursión a las calas a las que de pequeños solían ir en bicicleta.

Llegó a casa feliz y sorprendió a su madre con un ramo de flores.

 

Estaba nervioso. Lo había estado cuando al día anterior les había dicho a sus padres que si podía ir Aron a conocerles. Se había referido a él como “su novio” porque aún tenía miedo de que relacionaran su nombre con el de su profesor de inglés. No sabía como decirles eso.

Seguía nervioso cuando se había levantado, con la sola idea en la cabeza de que Aron estaría allí, con sus padres, les cuatro juntos sentados en el sofá. Era extraño. Esperaba por lo menos que su hermana se fuera y no tener que añadirla en esa imagen, porque con lo discreta que era… No quería oír sus tonterías.

A la hora de comer casi no pudo tragar bocado, contando los segundos para la hora que habían quedado. Su padre le miró y le sonrió.

– No estés nervioso bichito. – le dijo.

Pero ¿como no estarlo?

Era cierto que se habían alegrado de saber que quería presentárselo, de que quisiera compartir eso con ellos. Aron tenía razón en eso. Pero no sabía como reaccionarían cuando supieran quien era. Cuantos años se llevaban, como se habían conocido, todo.

Y si ya iba nervioso, cuando oyó sonar el timbre casi le dio un infarto. Fue corriendo a abrir la puerta, encontrándose con su sonrisa al otro lado, y sin siquiera fijarse en si sus padres le habían seguido y estaban mirando o no se lanzó a sus brazos y le besó, porque estaba ansioso y necesitaba sus labios para calmarse. Sus besos y sus abrazos, y un susurro de “todo irá bien”.

– Min… tranquilo, todo irá bien.

Suspiró y se hizo a un lado, sin separarse, arrapado a Aron como una garrapata.

Fue incomodo saludar a sus ladres así, no por la situación, sino por la pose. Con Minhyun ahí, arrapado a su costado y abrazado a su pecho con todas sus fuerzas le era imposible hacer ninguna reverencia de cortesía o incluso llegar a darles la mano.

El padre se reía de su hijo, la madre parecía simplemente desconcertada, algo incómoda.

– Señor y señora Hwang – les saludó lo más respetuoso que supo – Me llamo Aron, y estoy saliendo con su hijo…

 

Le invitaron a pasar, se sentaron en la sala y estuvieron escuchando como les explicaba todo. Como se habían conocido como profesor y alumno, como enseguida fueron más que eso. Como no pudo evitar fijarse en él, como se dio cuenta de que era recíproco. Como le pidió, y les suplicó disculpas por eso, que lo intentasen. Como Minhyun se había convertido en el centro de su todo en esos días. Como todo eso iba a terminar.

Se ahorró detalles. Sus padres no tenían porque saber que lo habían hecho la misma tarde en que habían decidido salir, en que se habían dado su primer beso. Es más, sus padres no tenían porque saber que su “bichito” ya era un hombre. Pero tampoco un niño.

La madre se levantó mientras él aún hablaba. Abrumada. Les dijo que necesitaba pensar y se fue a la habitación.

– Es mucha información de golpe – se disculpó el padre. Se disculpó por él también y la siguió.

– Señor Hwang – le detuvo Aron. – Yo… Yo realmente quiero a su hijo.

El hombre sonrió, cálido pero triste.

– Lo sé – respondió. – Puedo verlo. Pero eso no hace las cosas más fáciles.

No, no las hacía.

Se quedaron a solas y Minhyun seguía pegado a su pecho.

Gracias. – le dijo casi en un murmuro. Aron sonrió.

¿Por qué?

Por estar aquí, haciendo esto… – le apretó contra su cuerpo y besó su cabeza. – no tendrías porque hacerlo. Es… difícil. Para mi lo es. Y por una relación que no tiene ninguna clase de futuro… – se estremeció. Pero tenía que írselo recordando si no quería que el golpe fuese más duro en el momento de separarse. Lo habían sabido desde un principio.

Que no sea necesario no significa que no esté bien hacerlo. ¿No te sientes mejor?

Si. – admitió. – Gracias.

Se incorporó, separándose al fin un poquito de su cuerpo. Solo para alcanzar sus labios y besarle, enredar los dedos tras su nuca y sentir como se estremecía, como deslizaba las manos tras su cintura y le acercaba.

Podían oír a sus padres hablando en la habitación de al lado, aunque no podían comprender lo que decían, no hasta que su madre empezó a gritar.

– ¡Es mi bebé! ¡Y su profesor! ¡su profesor maldita sea!!!

– Vamos a preparar una taza de te ¿vale? – le dijo Minhyun a Aron levantándose y tendiéndole la mano.

Desde la cocina no se les oía, pero si oyeron las llaves en la puerta cuando alguien entró.

– Hey – saludó su hermana apareciendo por el umbral de la puerta. – wow, es mayor de lo que esperaba. – exclamó antes siquiera de saludar.

Se acercó y Aron le tendió la mano para saludarle.

– Hola, encanta… – pero ella solo se acercaba a mirar, se desvió para abrazar a su hermanito por los hombros y colocarse detrás suyo para mirarle fijamente con los mismos ojos felinos que tenía Minhyun.

– Bueno Minnie, tengo que admitir que tienes buen gusto. – le dijo divertida. – pero la próxima vez escógetelo un poco más alto ¿vale?

– ¡Noona! – se quejó él liberándose de su abrazo. Volvió al lado de su novio y se colgó de su brazo. – Aron es perfecto. – respondió convencido para vergüenza del aludido.

Ella iba a responder, pero de repente reparó en sus palabras y se detuvo.

– Eres su profesor. – anunció más que preguntar. Minhyun se clavó, tieso, mientras Aron suspiraba. – Wow. – exclamó riéndose. – Si que eres mayor…

– No nos llevamos tantos años… – empezó a disculparse.

– Que ilegal todo ¿no? – se rió ella acercándose. – Te gusta tirarte a mi hermanito “profe”.

– ¡¡¡Noona!!! – saltó Minhyun asombrado. – ¡Cállate! ¡Cállate ¡Cállate!

La habría pegado si Aron no le hubiese cogido. Y ella seguía riéndose.

– Vale, vale – se calmó ella. – no he dicho nada. Mis disculpas señor profesor, no quería ofenderle.

Se le escapaba la sonrisa mientras se “disculpaba”, pero Minhyun no pudo replicar ya que empezó a pitar la tetera para indicar que el agua estaba caliente y tubo que ir a encargarse de eso. Aron solo sacudió la cabeza sin decidir aún si la chica le caía bien o no.

– Bueno, entonces imagino que fuera de esta casa no se puede saber nada ¿no? – les preguntó ella más seria.

– No. – asintió Minhyun – no pueden enterarse ni en el instituto ni en la uni.

– Ay, que bonitos son estos amores secretos e ilegales… – murmuró. – En fin, os prometo que mis labios están sellados. Ahora os las apañáis con esos dos. Voy a darme una ducha.

Salió de la cocina sin más y Minhyun y Aron salieron también llevando las tazas de té a la sala. Las dejaron sobre la mesa y sus padres no tardaron mucho en volver.

– Lo siento bichito. – se disculpó su padre. – son muchas cosas y… nos costará un tiempo – admitió. – pero nos acostumbraremos. – La madre estaba justo detrás de él. Se veía tensa, pero conforme. – Si tu eres feliz así nosotros también lo somos.

Abrazó a su padre, y a su madre justo después. Cuando esta se separó forzaba una sonrisa que podría haber sido más falsa. Miro a Aron y se dirigió a él directamente por primera vez en toda la tarde.

– ¿Quieres… quedarte a cenar?

 

Volvieron a verse después de navidad, por la mañana, y le llevó a las calas en coche.

Caminaban dejando huellas por la arena gris, bajo el cielo impolutamente blanco. La fría brisa del mar traía olor a sal y el viento le golpeaba la cara. Le traía recuerdos de su infancia que, si bien eran agradables, le eran más indiferentes de lo que había pensado. “El sitio es bonito”

Jongsuk caminaba a su lado, ajustándose a su paso. Sonreía y respondía las preguntas que él le hacía sobre las pocas personas con las que le sabía mal haber perdido el contacto. Sentía que ya no pertenecía al pueblo. Llevaba demasiados años fuera.

Se giró y se descubrió a si mismo mirando sus labios. Recordaba tensión entre ellos en esos meses que habían sido amigos, y si bien había sido agradable reencontrarle no creía volver a verle después de esa semana. Mientras se acercaba a él para besarle pensó que esperaba que él tampoco.

 

Un par de horas más tarde estaba tumbado en su cama, desnudo y con la piel pegajosa de sudor. Había empezado nervioso, ya no recordaba la última vez que se había llevado a alguien a casa, o había ido a casa de alguien, pero no podía negar que le había sentado bien.

Jongsuk estaba tumbado a su lado, usando su brazo a forma de almohada. Se giró y le besó en el hombro, y se incorporó para levantarse.

– Espera – le detuvo. Se giró a buscar su móvil en los bolsillos de sus pantalones, lo sacó e hizo una foto de sus pies, de los de ambos.

– ¿Guardando pruebas del delito? – se burló Jongsuk.

– ¿Te molesta?

– No. – respondió encogiéndose de hombros. Cuando Baek levantó la cabeza a mirarle vio que le miraba con el cejo fruncido. – ¿Tienes novio?

No pudo evitar pensar en Minki.

– No. – respondió de inmediato. Jongsuk sonrió y le acarició el vientre mientras se levantaba.

Se sentía culpable. “¿Por qué? ¿Por un crio que podría ser mi hijo?”

Les mandó “la prueba del delito” a sus amigos, y no tubo que esperar por una respuesta.

“Bonitas piernas” Fue la primera respuesta que recibió. Era de Hakyeon y no supo como tomársela. “¿Las mías o las suyas?”

Las de los demás fueron más acuerdo a lo que esperaba.

“OMG FELICIDADES”

“¡¡¡Yeeeeeeeha!!! ¡¡¡Baek está de vuelta!!!”

“Necesito saber como ha sucedido este milagro XD”

“Nuestro tigre ha cazado. ¿Estaba rico el cervatillo al que te has comido?”

Luego la conversación degeneró, alguien mencionó a Minki y estuvieron retrayéndole que hubiese engañado al pobre niño. Como si realmente fuese su novio.

“Tenéis demasiada imaginación” Les dijo justo antes de apagar el móvil. Al final tendría que contárselo a Sunyoung solo para sentir que no era la única persona en el planeta que no aceptaba que eran pareja. “Como ella me diga que si…”

Esa noche, después de una tarde de cine y cartas con sus padres se encontró una llamada de ella. Se despidió, y la llamó mientras subía a su habitación.

– Hola preciosa – la saludó en cuanto cogió el teléfono. No le pasó desapercibida la mirada confundida de sus padres, ya se lo explicaría al día siguiente. Se metió en su cuarto y aguantó el móvil con el hombro mientras empezaba a desnudarse para meterse en la cama. – ¿Me has llamado?

– Si, pero solo para hablar, – respondió ella – que se hace raro estar tantos días sin saber nada de ti. Y que Minki quería hablar contigo.

Sintió una punzada en el corazón al oír eso, y no habría podido decir si buena o mala.

Le estuvo preguntando por que había hecho esos días, y él le contó sin ahorrarse detalles. Bueno, algunos si. Le preguntó también por que habían estado haciendo ellos y ella le respondió con las últimas novedades en cuanto a los preparativos de la boda, que JR le había pedido permiso para salir por año nuevo con Gyuna y las últimas tonterías de Minki

– Ahora ha decidido que no le gusta el marisco – Baekho tubo que aguantarse la risa “podría hacer tantos chistes… Si no fuera su madre” – así, de la noche a la mañana. – siguió ella – Habíamos comprado almejas para hacer algo especial para navidad y va y se planta con que no, que no le gustan y que no quiere.

– Bueno, siempre ha sido especial… – respondió intentando no reírse.

– No, si ya, pero hasta ahora con la comida no habíamos tenido problemas, que se lo tragaba todo y mas – y tubo que aguantarse la risa de nuevo. “Hoy las suelta que da gusto” “O eso o yo estoy fino cogiéndolas.” – En fin, que te lo paso que lo tengo aquí al lado dando la lata y no se ira a dormir hasta que hable contigo.

Oyó como se separaba del teléfono y le hablaba a su hijo.

– ¿Me lo vuelves a pasar luego?

– No, me llevo el teléfono arriba.

Le llegaba su voz débil desde el otro lado del teléfono. “Tan tierno…”

Sunyoung se puso otra vez.

– Pues ya hablamos ¿vale?

– ¿Quieres que vuelva a llamar mañana?

– Si, bueno, no hace falta que sea mañana pero vas llamando ¿vale?

Asintió, aunque no podía verle.

– Ok, hablamos. Buenas noches.

– Buenas noches – respondió ella. Se apartó el teléfono de nuevo y aún la oyó hablar mientras Minki se lo llevaba escaleras arriba. – ¡No te quedes dormido al teléfono!

– Nooooo – le respondió dejando sordo a Baekho – Hola Hyung. – añadió risueño.

Estaba de buen humor, y Baek no pudo evitar sonreír al oírle. “Al final si que ha ido bien que me fuera…”

– Hola peque.

– ¿Que haces?

– Hablar contigo.

Le oyó reír al otro lado y sonrió. Oyó también como se metía en la cama y se tumbaba.

– No, pero estos días, en general.

– Pues pasar tiempo con mis padres, con mi hermano. Reencontrarme con algunos amigos – “Y tirármelos” Le pareció mejor ahorrarse ese detalle – Visitar el pueblo, las playas, y poco mas.

– Oh, entonces te lo estas pasando bien.

– Si. – admitió – Pero si quieres que te cuente un secreto, siento que ya no pertenezco aquí, que este ya no es mi sitio.

– Claro que no, tu sitio esta aquí, a mi lado.

No pudo evitar sonreír y sentir como su corazón se calentaba. Tenía ganas de verle, sonreírle y abrazarle, estar donde debía estar.

 

 

 

 

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Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el mayo 29, 2014 en Ámame profe y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Ohhh dios no puedo creer que Aron se presentara ante los padres de minhyun ! Estuvo muy genial; la hermana de minhyun me hace reír mucho.
    Y que me dices del acoston de Baekho con su viejo amigo … Le fue infiel a Minki e.e .. En fin, me encanto el capítulo, muchas gracias

  2. Qué webs tiene Aron… pobrecicos, qué situación tan tensa…
    Baekho, vuelve con Minki ya! Tan monos… por fin empieza a asumirlo ♥

  3. oohhh Aron dios mío jajajaajja que lindo presentandose ojalá terminen bien ese par 🙂
    y Baekho tu sabes que engañaste a Minki XD ajaja
    espero puedas seguirlo pronto
    saludos ^^

  4. Me gusto mucho >.< , me encanta q los padres de minnie acepten a aron ❤ …unnie escritora sos unica, adoro todos los capitulos…..pense q ya no subirias pero aqui estas 🙂

  1. Pingback: Ámame profe | SHIROKOtoKUROKO

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