Ámame Profe. 37: Esto no ha pasado.


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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

“No”. Se dijo muy serio. “No”. Se repetía una y otra vez. “Esto no ha pasado”.

Minki aún temblaba entre sus brazos. Se desplomó y jadeó con fuerza, recuperando el aliento con sonoras respiraciones.

“No”.

Se removió entre sus brazos, acurrucándose contra él, exhausto.

“No”.

“Esto no puede haber pasado”.

Se alejó de él, soltándole, alejándose casi con temor, excitado y temblando. Aterrado.

Minki le buscó a tientas al sentirle alejarse, jadeando aun, y se hizo un ovillo al no encontrarle, con los ojos cerrados.

“No, no es posible”.

Baekho se puso en pie, corrió hacia el baño y se echó agua en la cara, mirándose en el espejo.

“No, no, ¡no!”.

Se miró a si mismo, con los ojos rojos, cansados, despeinado y con los labios enrojecidos.

“Trece años, tiene trece años, es un puto crío.” Se decía con los puños cerrados, apretando los dientes. “y acabas de…” Rehuyó la imagen de su mente, la imagen de Minki con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, con el cabello rubio suelto sobre la almohada, apretando los puños tras su nuca y gimiéndole al oído.

“Hyung…”

Sintió arcadas, saltó sobre el retrete y escupió bilis y alcohol. Cuando intentó incorporarse otra vez cayó al suelo, de culo, y se quedó allá, apretándose las sienes y mordiéndose los labios, con ese asqueroso sabor de boca y los gemidos de Minki taladrándole los oídos.

“Hyung…”

Reunió fuerzas suficientes para ponerse en pié, lavarse y salir del baño sin mirarse al espejo otra vez. No fue capaz de volver a la habitación, a su cama con ese crio demasiado seductor y provocativo para su edad.

“Tiene trece años, trece.” “Esto no puede haber pasado”.

Fue hacia el comedor, hacia el sofá cama que había montado para Minki. Se tumbó en él y intentó despejar la mente para dormir, pero el dolor de cabeza le martilleaba en las sienes y la almohada olía a bebé, a Minki, y volvió a levantarse.

“Necesito…” ¿Que? ¿Que necesitaba? ¿Sábanas nuevas? ¿Deshacerse de Minki? ¿Una buena dosis de pastillas para el dolor de cabeza? “A ser posible suficientes para no volver a despertarme.”

Necesitaba hablar con alguien, alguien que le diese un buen par de bofetadas por lo que había hecho, pero ni Wonsik ni Hakyeon le cogieron el teléfono, no se atrevió a molestar a Hongbin y Sunyoung no le pareció una buena opción.

“¿Cómo voy a…?”

Alguien a quien darle un par de hostias también parecía una buena opción, y Jongin si le cogió el teléfono.

– ¡Baek! – le saludó riéndose. – ¿Que tal con el nene? ¿Te lo has tirado ya?

“No”, “No lo he hecho”, “No ha pasado”.

Le gritó, le insultó y se imaginó que le rompía la cara, sin saber si estaba enfadado con él o consigo mismo.

“Esto no ha pasado”.

– Anda, cálmate Tigre. – le dijo ya más serio. – No hay para tanto ¿vale? Todos sabíamos que iba a pasar ¿Que más da antes o después?

“¿Todos lo sabían?” “¿¡Que más da!?”

– ¡Tiene trece años! – le gritó en respuesta. – No, no puede haber pasado…

Jongin intentó calmarle, con la ayuda de Kyungsoo que estaba allí en su casa, le dijeron que respirase, que se calmase, que intentara no pensar en ello, que pensara en ello y lo aceptarse, que no había para tanto, que para el pequeño habría significado mucho y tenía que comportarse bien con él.

Se dejó caer en el sofá-cama, con el móvil en el oído, suspirando. Se sentía mareado, acalorado, enfermo. Si cerraba los ojos aún podía sentir los labios de Minki sobre los suyos, su cuerpo… Sacudió la cabeza y se mordió el labio. No podía ni pensar en lo que había ocurrido, no podía ni pensar en que había ocurrido.

– Mira, – siguió Jongin. – deja al crío en su casa y vente para aquí, y hablamos. Y cuando se levanten los chicos les decimos que vengan y hacemos una asamblea.

No parecía mala idea. Igual le ayudaban a calmarse, a distraerse. Igual no, igual le ayudaban a sentirse aun más culpable y querer matar a alguien más aparte de si mismo.

– De acuerdo – le respondió en tono apagado. – voy.

– Vale, te esperamos.

No colgó el teléfono, apenas se movió, siguió mirando al techo, deshinchado, aun excitado aunque se negaba a pesar en eso o en lo que lo había provocado.

Enseguida se dio cuenta de que Jongin no había colgado tampoco, en vez de eso había puesto el altavoz, aunque no parecía a propósito. Les oía hablar al otro lado.

– ¿Dónde vas? – le preguntaba Jongin a Kyungsoo – ya sabe que estás aquí, no te vayas…

Oyó un golpe y un quejido, y la risas de Kyungsoo.

– No me voy, tranquilo – le respondía animado y… ¿cariñoso? – pero debería vestirme por lo menos ¿no?

¿QUE?

Una parte de su mente, el dos porciento que no estaba ocupada pensando en Minki o en formas de matarse, volver al pasado o borrarle la mente a todos los que sabían que había ocurrido reaccionó ante eso y se sorprendió.

– ¿Que? – preguntó.

Colgaron el teléfono enseguida, y no supo que pensar. De todos modos era una parte pequeñita de su mente y pronto estuvo entretenido otra vez buscando inútilmente una solución.

Inútilmente.

Fue a su cuarto, decidido a despertar a ese crío y llevarle a su casa sin apenas cruzar palabra. No podía permitir que jugase con él de esa manera, que le manipulase así. Había tenido suficiente, más que suficiente de esas miradas seductoras.

Pero cuando le vio dormido dejó de ver al adolescente sensual y travieso que le había asaltado la noche anterior en Phanteon, tentándole con su cuerpo sensual, dejó de ver a aquel chico rubio llamado Ren que se había metido en su cama con trucos sucios, derrochando lujuria. Volvía a ser Minki, su Minki, el chiquillo al que llevaba cuidando desde que no levantaba dos palmos del suelo, su niño, ahora con cabello dorado y manchas oscuras de maquillaje bajo los ojos, pero plácidamente dormido, con los labios de corazón entreabiertos y expresión relajada.

Se derritió, como siempre que le miraba, le tapó bien con la colcha y le besó en la frente, recordando con una punzada en el corazón como había sido besar sus labios. Cerró la puerta tras de si y dejó una nota en el comedor indicándole que había salido por si despertaba antes de que volviera.

No se atrevió a coger el coche, así que bajó en autobús hasta el barrio donde vivía Jongin y luego anduvo hasta su casa.

No podía borrar las caricias de Minki, ni sus suspiros, no podía borrar el inmenso alivio que había sentido al besar sus labios al fin. Le aterrorizaba sentir eso, sentir que lo había estado deseando tanto tiempo.

Hacía casi dos años que Minki le había besado, recién cumplidos los doce años había estampado sus labios contra los suyos, cogiéndole por sorpresa. Baekho le había prohibido hacerlo de nuevo, pero esa noche había correspondido los besos, había mordido sus labios, su cuello, su pecho. Recordaba haber pellizcado un pezón entre sus dientes, recordaba haber acariciado su cuerpo, recordaba el tacto, el calor de su cuerpo, de su semen escurriéndose entre sus dedos cuando el pequeño llegó al orgasmo, sus gemidos.

“Hyung…”

Se frotó las sienes, alterado, y respiró hondo antes de llamar al timbre de su portal.

– Sube – le indicó Jongin.

La puerta de arriba le esperaba abierta, el propietario del piso con una enorme sonrisa burlona y un aura de felicidad que le hicieron odiarle al instante. Cuando se dio cuenta su puño estaba contra su cara, y Kyungsoo corría a su lado a socorrerle, interponiéndose entre él y Baekho.

– Tranquilo Do, el Tigre está alterado. – Jongin era el único que le llamaba por el apellido. “¿Cómo puede estar enamorado de él?” Pensaba Baekho furioso “¿Cómo le soporta?”

Recordó a Minki sentado sobre sus piernas, riéndose mientras le susurraba al oído y sintió la sangre hirviéndole de nuevo.

– No descargues toda tu ira conmigo ¿vale? – le pidió aún con esa sonrisa odiosa – Me gustaría seguir entero mañana.

Apretó los puños y se mordió el labio, con furia. En el fondo no estaba enojado con él, y lo sabía.

– ¿Por qué nadie me detuvo? – les preguntó dejándose caer contra la puerta, deshinchado de repente.

– ¿Después de tantos años esperando? – se rió Jongin. – Venga…

– No es que esperásemos que pasara ahora – se justificó Kyungsoo – pero admite que no es nuevo, lo tuyo con Minki, sea lo que sea, hace años que dura, no es como si pudiésemos detenerlo ahora.

“¿Hace años que dura?” totalmente cierto, pero ¿El que? No quería admitir que le veía así.

– Tiene trece años – exclamó abrumado. “No puedo… sentir esto por un crío, por Minki…”

– ¿Y? – preguntó Kyungsoo encogiéndose de hombros.

Ya no era cariño, aunque también, era deseo. Puro deseo de besar de nuevo esos labios, de acariciarle, de oírle gemir.

“Hyung…”

– Soy un puto pederasta…

– ¿Y quien no? – exclamó Jongin – por Minki…

– Con ese diablillo hasta yo – se encogió de hombros Kyungsoo – no te culpes.

“¿Que no me culpe?” No sabía como podía no hacerlo después de lo que…

No, no quería pensar en ello. Suspiró y se pasó las manos por la cara, dejándose caer contra el respaldo del sofá con pesadez. Ladeó la cabeza y miró a sus amigos, sentados juntos a su lado, con las manos casualmente una sobre la otra. Cuando Kyungsoo reparó en su mirada se sonrojó, Jongin se movió para rodearle con su brazo posesivamente.

– ¿Y bien? – les preguntó con un suspiro. – ¿Me lo vais a explicar?

– Bueno… – empezó Kyungsoo inseguro.

– Decidí sentar la cabeza – le dijo Jongin sin más.

– ¿Alguien quiere café? – saltó el otro huyendo hacia la cocina.

Baekho le vio alejarse, vio también la mirada de Jongin, feliz. Casi se atrevería a decir que enamorado.

Se pasó la mano por la cara, apretándose las sienes, seguía doliéndole horrores la cabeza.

– ¿Entonces? – volvió a insistir.

Su amigo se encogió de hombros, sonriendo.

– Hace años le dije que también me gustaba. Era cierto – puntualizó mirándole. – Pero le dije también que no podía salir con él. Me gustaba demasiado mi fama, la sensación de… de ser el rey. – Admitió casi con vergüenza. – Sabía que si salía con él entonces lo acabaría fastidiando, pero me dijo que me esperaría, que esperaría a que quisiera sentar la cabeza. ¿Te lo puedes creer? – sonrió orgulloso. Lo creía, por supuesto, aunque le pareciese triste que Kyungsoo hubiese tenido que arrastrarse así. – Intenté convencerle de que no, que no me esperase. Me parecía absurdo, e injusto por él. Pero lo ha hecho, me ha esperado.

“Pobre chaval” se dijo pensando en Kyungsoo, que volvía con la cafetera y tres tazas, con una sonrisa enorme y casi tarareando. Sirvió el café mirándose con el que Baekho suponía que debía considerar su novio a partir de ese día. Se dejó caer de nuevo contra el sofá, mirando al techo, y pensó en Minki.

“¿Soy tan malo como Jongin? Haciéndole esperar, haciendo que se arrastre a suplicarme…”

“No, no tiene nada que ver” Se dijo. Su situación era muy diferente, y por más que el pequeño insistiese era inconcebible que estuviese realmente enamorado de él, por más que Baekho empezaba a asumir eso. No, era muy diferente. Kyungsoo no había podido hacer más que esperar mientras que Minki le manipulaba hasta el punto de tenerle comiendo de su mano. Porque si, sabía que lo hacía.

“No fue más que un truco ¿verdad?” Pensó recordando la excusa con la que se metió en su cama. Un truco, igual que llegar a Pantheon a media noche cuando sabía que había quedado con sus amigos y estaría bebido, igual que mirarle con esos ojos a los que sabía que no podía negarles nada, con su nuevo aspecto y toda su presencia para lanzarse a sus brazos y a sus labios.

– ¿Por qué nadie me detuvo? – les preguntó sin saber realmente si esperaba una respuesta.

– ¿Por qué íbamos a hacerlo? – oyó murmurar a Kyugsoo.

– No debería haber pasado. – “No puede haber pasado” “no ha pasado”.

– ¿Cómo que no? – respondió Jongin. – Por supuesto que tenía que pasar, llevas años esperando.

“No”.

– No. – abrió los ojos, mirando al techo de nuevo. “¿Por qué?” – ¿Por qué nadie me detuvo? – y de repente se levantó, furioso de nuevo – Sois mis amigos, ¡joder! Se supone que estáis allí para ayudarme, para pegarme un par de ostias cuando veáis que voy a… ¡a morrear a un crío de trece años!

Ninguno de los dos respondió, Jongin mirándole fijamente, sin comprenderle, Kyungsoo algo encogido sobre si mismo, asustado.

– No aparentaba trece años – murmuró el segundo en su defensa.

Baekho contuvo un taco, frustrado, y se dejó caer en el sofá de nuevo.

– Ojalá, ojalá me hubieseis metido un par de hostias a tiempo.

– Como sigas así lo haré ahora.

– Lo hubiese necesitado. – siguió ignorándole.

– Sigues necesitándolo.

– Hablo en serio Jongin. – le respondió al fin, fulminándole con la mirada

– Y yo. – insistió él. – te estás comportando como un idiota. Hace años que lo haces, sin querer admitir lo que está pasando. Yo como mínimo era consciente de lo que sentía, y lo admitía. Tu estás jugando a mentirte a ti mismo y te juro que si no hubiese sabido que eres tan gilipollas y que ibas a ponerte así de dramático ayer hubiese aplaudido cuando vi que te besaba.

Se quedó sin palabras, mirándole. Desvió la vista al techo de nuevo y suspiró. Sabía que tenía razón, y a la vez no. Tenía que estar equivocado, aunque sabía que era verdad. ¿Que estaba enamorado de Minki? Si, desde luego, hacia años que era consciente que no podía alejarse de él. Pero no podía ser, no podía aceptarlo, porque Minki tenía trece años, y aun más que eso, él tenía treinta y dos.

– No puedo aceptarlo – confesó como si fuese una gran revelación. Jongin puso los ojos en blanco y Kyungsoo alargó el brazo para cogerle la mano.

– Ayer, cuando te besó, le cogiste y te aferraste a él – le dijo – te hubieras visto… parecías…

– Un náufrago – terminó Jongin. – agarrándose a un salvavidas.

– Como si llevases mucho tiempo bajo el agua y al fin salieses a respirar.

– Como si bebieses después de muchos días sediento.

– Ya está bien de metáforas – les espetó. Aunque tenía que admitir que sintió lo mismo. – Todo esto es… difícil. – suspiró, y se tapó los ojos con el brazo, dejándolo caer sobre su cara con pesadez. – ¿Por qué ha tenido que ser todo así? – le preguntó al aire – Yo no merecía esto. Soy un buen chico. De verdad, siempre lo he sido. – movió el brazo y se colocó ambas manos en las sienes, con los ojos cerrados, aguantándose la cabeza que sentía a punto de estallar – Supongo que podría haberlo hecho mejor, pero siempre me he esforzado por hacer las cosas bien, por no enfadarme con nadie, tener a todo el mundo contento, incluso con mis padres. Me he portado bien. – la recién pareja le miraba sin comprender, realmente preocupados de que estuviese sufriendo hasta ese punto. ¿Por qué no veía lo sencillo que era en realidad? – ¿Entonces porque? – seguía preguntándole Baekho al aire – ¿Por qué el mundo me castiga con un demonio como Minki? ¿Por qué tengo que cargar con él? ¿Por qué Dios si es que existe me odia lo suficiente como para hacerme sufrir esto?

– Baek… – murmuró Kyungsoo impresionado.

Jongin le miraba también, sorprendido, algo triste de repente.

– ¿De verdad le odias? – le preguntó.

– ¿Odiarle? – repitió la pregunta, mirándole de repente, descolocado. Bajó la mirada y sacudió la cabeza, con una sonrisa triste – ¿Como voy a odiarle si es lo mejor que me ha pasado en la vida?

 

Se quedó con ellos a tomar el café, algo más calmado después de darse cuenta de que lo único que sabía cierto era esa última afirmación. Minki era lo más importante en su vida, lo único que le importaba de verdad. El resto era secundario. Y si eso le daba derecho a amarle, a besarle y ansiar sus caricias sin ser un condenado pederasta bienvenido fuera.

No se quedó mucho más, ansioso por volver a casa aunque fuera solo para comprobar si el pequeño había despertado.

No era que hubiese cambiado de parecer, su relación seguía pareciéndole igual de aberrante y no estaba dispuesto a ceder, no completamente, no aún. Simplemente sabía que tenía que ocurrir, que ocurriría.

“Como más logre retrasarlo mejor” se dijo.

Le encontró durmiendo aún, igual de placido que cuando se había ido por la mañana, aunque se había dado la vuelta y había sacado una pierna de debajo el edredón.

Volvió a taparle, se sentó a su lado y se tomó la libertad de acariciarle los mechones de pelo dorado y apartárselos de su frente antes de despertarle.

“Realmente es hermoso” tuvo que reconocer. “No aparenta trece años, tampoco diecisiete, es como un ángel, no tiene edad”.

Sacudió la cabeza por haber pensado eso, frunciendo las cejas, y se dijo a si mismo que aún le duraba la borrachera del día anterior.

Cuando Minki despertó lo primero que vio fue a Baek mirándole. Le sonrió, sintiendo mariposas en el estómago y una pesadez ligera en todo el cuerpo y él le devolvió la sonrisa, aunque se esfumó enseguida.

– Vístete – le dijo incorporándose, dejando de mirarle – te llevaré a casa.

Se esfumó la felicidad. No por completo, pero en parte. Baekho se levantaba y se iba, y Minki vio claro que iba a hacer lo mismo que hacía siempre. Huir. Iba a ignorarle, fingiendo que no había pasado nada, otra vez. Y aunque ya estaba entrenado a aceptar eso y no forzarle no pudo, no pudo soportarlo esta vez que había significado tanto para él. Recordaba sus caricias como fuego, el temblor de todo su cuerpo, el orgasmo. Fue lo más mágico de su vida, los besos de Baekho, su furia. No podía fingir que nada de eso había pasado, no podía solo dejarlo correr. No podía y no iba a hacerlo.

– ¿Vas a ignorarme? – le preguntó acusador aún desde la cama, – ¿otra vez?

Baekho se giró a mirarle, encontrándose con sus ojos oscuros fijos en él, recriminándole todas esas veces que había huido de cualquier acercamiento.

– Minki… – suspiró él encarándole.

– ¡Siempre haces lo mismo! – le gritó poniéndose en pié – dices que soy demasiado joven, que espere, que no puede pasar nada cuando sabes que estoy luchando a cada momento porque pase y cuando al fin lo consigo huyes, escapas y me ignoras. ¡y no porque no quieras!

– Minki – volvió a cortarle. – No voy a alejarme – le prometió.

“¿No?” se sorprendió Minki mirándole con un deje de esperanza.

– Siempre que… pasa algo entre nosotros terminamos peleados – siguió Baekho volviendo a su lado y sentándose en la cama junto a él. – No quiero eso, no quiero hacerte daño otra vez.

“Wow”

– ¿De verdad?

Minki le miraba emocionado, sin poder creerlo. “Al fin, al fin, al fin.”

– Claro que es verdad – sonrió Baekho – no quiero hacerte daño, es lo último que quiero.

– ¿Entonces ya está? – ¿de verdad había sido tan fácil al final? ¿Era posible? No quería creérselo tan deprisa, pero no podía evitar sonreír, emocionado – ¿vas a aceptarlo? ¿Vas a ser mi novio?

– ¿¿¿TU NOVIO??? – saltó asustado – ¡Minki!!! – le gritó con voz aguda.

– ¿Que??? – le respondió el pequeño chillando también “Lo sabía, lo sabía” – ¿no hablábamos de eso?

– Te dije que no te iba a ignorar, no que iba a… no…

– ¡Pero es lo que quiero! – replicó el pequeño poniéndose en pié. “Es idiota”.

– ¿Cómo…? – Baekho se cogía la cabeza, nervioso. – ¡No! ¿Cómo vas a querer eso? ¿Cómo vas a saber lo que quieres? Eres muy joven.

“Como vuelva a decir eso me cabrearé de verdad”.

– Y tu muy viejo. – replicó cruzando brazos.

– ¡Exacto! – exclamó Baekho.

“¿Que?”

– No. ¡No! – gritó el pequeño frustrado, enredándose el pelo con las manos – Me refiero a que si a mi no me importa ¿por qué a ti si?

– No es a ti a quien pueden meter a la cárcel por pederasta.

Minki se quedó quieto mirándole, con los ojos como platos. Casi tuvo que aguantarse la risa.

– ¿Crees que yo te denunciaría?

– Tu no, – admitió – tu madre…

– ¿No quieres besarme por temor a que mi madre lo descubra y te denuncie?

“Si”.

– Es algo serio ¿vale? – se justificó Baekho. – y no es solo legal, moralmente tampoco…

– ¡Te amo! – le gritó el pequeño interrumpiéndole. – Te amo desde que tengo memoria, desde que soy consciente he estado enamorado de ti, admirándote y soñando en el día en que sería tan alto como tu para estar a tu altura y poder besarte, poderme casar contigo. Eras el príncipe azul de mis cuentos de niño. Siempre me has cuidado, siempre has estado allí. Siempre tu. – su voz fue cayendo, poco a poco, quedando en apenas un susurro y algunas lágrimas amenazando por caer de sus ojos. – Y lo siento si soy demasiado crío, demasiado estúpido o demasiado infantil, siento no estar a tu altura aún, pero ayer, cuando me besabas, casi sentí que me querías tanto como yo a ti, que me necesitabas.

Le miró un instante para inmediatamente desviar la mirada, mordiéndose el labio, nervioso. Baekho se había olvidado de respirar.

“No” Se dijo a si mismo “Esto no es bueno, esto no res real”. Sabía que tenía que convencerse, tenía que convencer a su cuerpo de no ponerse en pie, cruzar los dos metros que le separaban de Minki y abrazarle, convencerse de que no era buena idea besarle.

“No, no, no” Se repitió.

Se puso en pie.

Minki volvió a mirarle, pero sus ojos enseguida se fueron a la pared, encogiéndose sobre si mismo.

Avanzó un paso, y mientras daba el siguiente alargaba sus brazos para coger al pequeño y pegarle a su pecho, estrechar su cuerpecito delgado entre sus brazos y sentir latir su corazón contra el suyo. Y aunque no quiso ponerlo en palabras, no quiso ni siquiera pensarlo, en el fondo sentía que así era como debía ser, con Minki contra su pecho y sus bracitos finos cruzados tras su cintura, con una mano entre su cabello y la otra sobre sus hombros, con sus labios sobre su coronilla, besando su pelo aún con olor a tinte.

– Minki… – empezó.

– No digas nada – le pidió el pequeño, hundiendo más el rostro en su pecho. – por favor.

Baekho sonrió, enternecido por su voz esperanzada y a la vez asustada.

“Lo último que quiero es hacerte daño” Le había dicho. Y tenía razón, por eso tenía que ir con mucho cuidado.

– Minki – volvió a empezar, aunque realmente no sabía como seguir. “Lo siento pero no puedo aceptarlo” “Te quiero, pero no así” “También te amo, también te deseo, pero no puede ser”. El pequeño le preguntaría porque no, y no sabría que responderle. – Necesito tiempo. – murmuró al fin contra su cabello.

– ¿Más? – oyó repicar al pequeño.

Sonrió y se separó a mirarle

– Ya sabes que soy muy lento.

– Muy cabezota – añadió Minki haciendo morritos.

“Supongo que si”.

– No puede volver a pasar algo como lo de esta noche – le dijo muy serio. Minki parpadeó y bajó la vista al suelo, suspirando.

– ¿Cuánto tiempo? – preguntó con pesadez.

– Tal vez cuando seas mayor de edad…

– ¿QUE? – saltó Minki indignado. Quedaba siglos para eso – No, de eso nada, son muchos años ¿estás loco?

– No eres más que un crío – insistió Baekho – y me siento mal – añadió antes de que Minki pudiese replicar. – Siento que te estoy pervirtiendo, que no eres más que un niño, y dejando de lado que nos llevemos dieciocho años… ahora se notan mucho, en unos años tal vez…

– No esperaré hasta los veintiuno – le aseguró el pequeño muy serio – y tu tampoco.

“¿Que?” Se preguntó Baekho. En el fondo sabía perfectamente a que se refería, tal vez por eso no le preguntó.

– Va, – le dijo sacudiéndole el pelo y arrastrándole fuera de la habitación – come algo y vístete, que te llevaré a casa. – el pequeño asintió, con un suspiro, pasándose una mano por el pelo despeinado. – Te queda bien el rubio – le comentó.

Minki sonrió, pegándose a su brazo.

– A conjunto contigo.

 

Detuvo el coche frente a su casa, sin animo ni ganas de bajar de él. ¿Cómo iba a mirar a su madre a la cara? ¿Iba a ser capaz algún dia?

– Baekho. – le llamó el pequeño.

Se giró a mirarle y al instante sintió sus labios contra los suyos. De nuevo ese magnetismo, de nuevo ese alivio de sentirle otra vez. Cerró los ojos y se dejó llevar, Cogió al pequeño por la nuca, queriendo retenerle a su lado, sintiendo como Minki llevaba ambas manos a su pecho, aferrándose a su camiseta.

Mordió sus labios y sintió su lengua contra la suya, bebiendo ansioso de él. Cuando finalmente se separó temblaba, aún cogiéndole con fuerza. No llegó a separarse mucho, pegó su frente a la suya y suspiró.

– Zopenco – murmuró el pequeño contra sus labios.

No pudo evitar sonreír, pensando que tenía toda la razón del mundo.

– Deberías odiarme.

Minki se alejó, solo lo suficiente para mirarle a los ojos, y sonrió.

– Será que soy igual de testarudo que tu. – le dijo encogiéndose de hombros. – Solo que voy a ganar, porque yo sé que me quieres.

Se acercó a besarle una vez más, ahora muy rápido, muy leve, y se fue dejando a Baekho en el coche, aun con ese beso sobre sus labios, deseando más.

De nuevo tenía razón.

 

 

 

 

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el julio 31, 2014 en Ámame profe. Añade a favoritos el enlace permanente. 10 comentarios.

  1. 😀 😀 😀
    este fanfic siempre me deja embobada jajajaja
    estuvo G E N I A L, prácticamente en un capitulo sentí pena por Baek, me reí con sus estupideces, llore con lo que dijo Minki…. de los mejores que he leído definitivamente.
    y ahora este pendejo de Baekho pidiendo mas tiempo! si ya prácticamente se acosaron! jajajaja excusas excusas…
    Será que Minki dejara que pase mucho tiempo?ese niño definitivamente es muy maduro para su edad con todo lo que dice… que intriga de lo que pasará
    gracias por no olvidarte de actualizar 🙂 espero puedas seguir pronto
    saludos ^^

  2. Dioooos que lindo !! Me encanto el capítulo !
    Poco a poco todo se va dando y me gusta mucho como tu lo cuentas ! En cierta forma entiendo el miedo de Baekho ! Pero en serio que me encanta el BaekRen y espero que no pase mucho antes de poder leer de nuevo algo como lo que paso entre ellos jejeje
    Muchas gracias por tu fic !

  3. Qué tiernoooosss.. me encantan esos dos, aunque Jongin y Kyungsoo también son monísimosssss… Este capítulo ha sido diabético y dramático muy a mi estilo, ¡me ha encantado! ¡Ánimo, Minki!

  4. Por fin!!!!!!!!!!!!! Por fin por fin por fin!!!!!!!!!!!!!!! Esribo una semana tarde, lo se (lo que tiene haber ido a un pueblo con una mierda de internet) XD Pero poniendonos serios, DIOS!!!!!!!!!!!!1 El KaiSoo por fin esta junto afighoqsgouy ❤ ❤ ❤ ❤ … ok dejemos a los irrelevantes que se den por culo en paz XD Por dios Baekho es mas tonto que una piedra!!!!!!!!!! MINKI POR FIN LO HAS CONSEGUIDO PEQUEÑO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! aiugypqghiluagalugoiy demasiado genial este capitulo ^^… y yo lo leo una semana tarde TTnTT sigue asi y sube pronto oppa!!!!!!!! =D ❤ ❤ ❤ ❤

  5. actualizacion plz :c estamuy bueno *oo* ❤ me encanta, lo necesito, necesito mas de este fanfic x _ x

  6. Hola bonita 🙂 como va tu dia? todo bien? ^^ bueno, me ha gustado mucho el fic desde el primer capitulo, eres una super escritora **aplausos imaginarios** XD te ha quedado muy linda la historia ❤ ❤ espero q puedas actualizar pronto :* , porfa no demores me muero de las ganas de saber q pasa ;-;

  7. Hola soy lizy ^^ y hace poco me enteré que tenias un blog. He leido todo el fic y me ha atrapado desde el principio 🙂 no he podido dejar de leerlo, me parece muy interesante la manera en como estas encaminando la historia. ¡¡Escribes excelente!!
    Todos los dias reviso la pag para ver si hay nuevo cap T^T
    u.u yo sigo esperando actualización porfis no te tardes mucho 🙂

  1. Pingback: Ámame profe | SHIROKOtoKUROKO

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