Ámame Profe. 43: Que te den.


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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

 

– Considéralo un regalo de cumpleaños. – le dijo Baekho – No es como si fuese a pasar otra vez.

“No es como si fuese a pasar otra vez”

Tardó unos segundos en procesar lo que acababa de oír.

– ¿Disculpa? – exclamó al fin incorporándose, apartando sus brazos de su cuerpo. – ¡Por dios Baekho! – Le miraba fijamente, sin poder creer lo que había oído “No es como si fuese a pasar otra vez” – ¿De verdad crees que no volverá a pasar?

– No está bien Minki… – se justificaba Baekho, algo acobardado al verle enfadarse.

– ¡Ya vale de repetir eso! – exclamó levantándose de la cama y buscando su ropa – ¿Te parece más correcto tirarte un crío de catorce años y dejarle que ser su novio?

– No es… – intentó replicar. – la situación no es exactamente así…

– ¡¡¡Es exactamente como es!!! – ahogó un grito de frustración y se dejó caer sentado sobre la cama, con solo los calzoncillos y la camiseta a medio poner en las manos.

– Minki… – murmuró Baekho acercándose con temor. Pero el pequeño se apartó, cabreado.

– ¡Estoy harto de tus estúpidos dilemas! De tus si pero no, quiero pero no puedo, lo deseo pero está mal, “caer en la tentación” como tu mismo dices. ¡No soy una puta droga a la que puedas ser adicto ¿Vale?! Soy una persona, con sentimientos, un chaval que está enamorado de ti.

– Ya se que…

– ¡No! – le gritó apartándose de nuevo – ¡No lo sabes, claro que no! Y estoy… ¡Harto! Harto de que seas tan idiota y tan cabezón, y de que creas que lo único que importa es lo que “al mundo le parecerá bien”. ¡Te quiero ¿vale?! ¿Cuánto tiempo más me vas a tener sufriendo por eso?

Se mordió el labio, rabioso, y se dio la vuelta para seguir vistiéndose. Baekho se quedó plantado donde estaba, sin saber siquiera como reaccionar.

– Ya vale – siguió mientras se vestía – ya vale de darme falsas esperanzas. – no gritaba, pero su voz estaba impregnada de rabia – Siempre tienes que hacer lo mismo ¿verdad? Este podría haber sido el mejor día de mi vida pero no, tenías que estropearlo. ¡¡¡Es que no se ni porque pregunto!!! Como si no supiera ya lo cabezota y… ¡Gilipollas! Que eres…

Baekho le miraba, inmóvil. Recibía los insultos como puñaladas, sabiendo que los tenía merecidos. Quería calmarle y, a la vez, no se atrevía a decir nada. Hacía años que nadie le gritaba, hacía años que no se sentía tan pequeño, y que fuese Minki, sabiendo que lo merecía tanto, le dolía.

– ¡Es que no lo entiendo! – Chillaba peleándose con la mangas de su jersey. – Porque a veces parece que me quieres pero luego… – Iba a responderle que no dijese eso, que si le quería, pero le interrumpió antes de que pudiera decidirse a confesarlo – ¡Ya no se si juegas conmigo o solo eres imbécil!!!

Se quedó con la boca abierta, y volvió a cerrarla.

“Supongo que solo soy imbécil” murmuró para si mismo bajando la mirada a sus pies.

Oyó a Minki soltar un bufido exasperado y se giró a mirarle, encontrándole enfundándose los estrechos pantalones.

– Lo siento. – le dijo, sin saber que más añadir.

– ¿¡El que!? – gritó el pequeño girándose, – ¿Haberte acostado conmigo o ser subnormal???

Tenía la voz desgarrada y lagrimas en los ojos, y Baekho le aguantó la mirada, sintiendo que se lo rompía el alma de verle así, de saber que era su culpa.

– Mira, Minki… – empezó. Vio que abría la boca para gritarle otra vez y se apresuró en seguir – tienes todo el derecho del mundo a estar cabreado, a gritarme. Me lo merezco y lo sé. Pero esto… ¿Que quieres que haga? – Minki abrió los ojos como platos ante esto y supo que lo estaba haciendo mal, aún peor, pero siguió hablando – Los dos sabemos que esto no debería haber pasado y me disculpo por haberte traído hoy a mi casa, no debería haber dejado que… haber provocado esta situación, lo sé, pero ya está hecho y lo siento mucho, ¿Que más puedo hacer que intentar evitar que se dé de nuevo?

Minki le miraba, con los ojos abiertos y los dientes apretados, temblando de rabia. Baekho solo tuvo tiempo de pensar que no había tenido tanto miedo en su vida antes de ver como se agachaba, cogía algo del suelo y segundos más tarde uno de sus zapatos le daba en las costillas.

– ¡¡¡GILIPOLLAS!!! – le oyó gritar mientras se ponía los zapatos y salía corriendo de su casa, dando un portazo.

“Perfecto Baekho, perfecto”

Tuvo tentaciones de perseguirle, intentar hacerle volver y razonar con él, pero sabía que como más intentase arreglarlo más se cabrearía.

“¿Porque habrás dicho eso…?” Sabía perfectamente que no era lo que Minki quería oír. Sabía que solo iba a cabrearle más y aún así no pudo evitar demostrar una vez más lo cabezota que era. Sin duda Minki tenía razón en todo, incluido el golpe de zapato.

“Le he perdido” pensó mientras le invadía una extraña desazón. Se dejó caer en la cama, sin sentir nada en realidad. “Le he perdido” se repitió.

Y se negó a aceptarlo, se negó a aceptar que después de todos esos años hubiese perdido a ese niño que se había vuelto lo más importante para él. Se negaba a aceptar que no podía hacer nada para arreglarlo, que ya no tenía oportunidad de enmendar sus palabras.

“Si solo no hubiese dicho eso…”

¿Por qué había tenido que decirle que no iba a volver a pasar? Por cobardía, simple y pura cobardía como el pequeño muy bien había dicho. Podría haberle dicho “Porque te quiero” y hubiese sido verdad. Y Minki le hubiese sonreído, le hubiese abrazado y probablemente le hubiese besado de nuevo, quedándose dormido entre sus brazos.

Apretó los puños y se incorporó, buscando su jersey y sus zapatos a ver si aún era capaz de alcanzar a Minki.

“¿Y le dirás que le quieres?” le preguntó una vocecita dentro de él, burlándose. “¿que quieres ser su novio? No te atreverás”

– Le diré lo que sea necesario – se respondió a si mismo con firmeza.

Salía de la habitación corriendo con un zapato en la mano cuando oyó el timbre.

– ¡Minki! – exclamó mientras le abría con la esperanza renaciendo. Un poco.

– No te hablo – le advirtió con una mirada gélida nada más verle – pero me he dejado un calcetín.

Baekho asintió, apartándose a un lado dejándole entrar, sin atreverse a intentar decirle algo y desatar su ira de nuevo. Es mirada gélida le ponía los pelos de punta.

Siguió al pequeño a la habitación y después de unos segundos buscando por su cuenta se le unió, revolviendo las sábanas en busca del calcetín.

– Aquí – le dijo tendiéndoselo cuando lo encontró. Minki se lo arrebató con un gesto brusco y ni siquiera hizo ademán de ponérselo antes de dirigirse de nuevo a la puerta. – Espera – le detuvo. El pequeño se giró a mirarle también con brusquedad, con una expresión que prometía algo más que gritos si volvía a soltar cualquier barbaridad de las suyas. Baekho levantó las manos para calmarle mientras hablaba. – ¿Dónde vas a ir? – le preguntó – Son las cuatro de la madrugada. – el pequeño se encogió de hombros, perdiendo parte de esa rabia y Baek suspiró y se atrevió a avanzar otro paso hacia él. – Quédate a dormir – le pidió – Si quieres ni te hablo. Dormiré en el sofá y ni me verás, pero no pases la noche fuera por favor.

Minki apretó los labios, orgulloso y a la vez sabiendo que tenía razón. Tendría que dar demasiadas explicaciones si llegaba a casa en ese momento, aparte de que no se veía capaz de no gritarle a su propia madre y terminar contándoselo todo. Asintió, pero no se metió en la habitación sino que se fue hasta el sofá y se dejó caer allí, tirando la chaqueta y los zapatos por el suelo.

Baekho se fue y se metió en su cuarto, y aunque a Minki le sorprendió que se fuera sin insistir más ni se planteó llamarle para que se quedara. Se puso al fin el calcetín que le faltaba y se dio la vuelta sobre el sofá, sabiendo que era bastante difícil que se durmiera.

Aún sentía ganas de gritar, de llorar incluso, pero sabía que no conseguiría nada.

“Es imbécil” se decía “Después de tantos años y sigue igual de cabezota…”

Pero Baekho volvió a la sala un rato más tarde, abriendo la luz de nuevo.

– Para cuando te vayas mañana – oyó que le decía. Se giró y vio que le había dejado una bufanda junto a su chaqueta. “¿Para que?” se preguntó. Luego vio que en el cuello de Baekho había una marca roja que pronto pasaría a oscura y supuso que él estaría igual. “Chupetones” comprendió con una mezcla entre rabia y orgullo. Baekho llevaba también una manta, y se acercó mientras la desplegaba para echársela por encima, cuidadoso de que le cubriera bien.

Sentir sus manos grandes y cálidas acochándole fue demasiado para Minki. Le gustaba demasiado que Baekho le cuidase, le recordaba demasiado a todos esos años durante los que, poco a poco y sin saberlo, se había ido enamorando de él y había decidido que, costase lo que costase, quería que Baekho estuviese allí cuidándole, siempre.

Y rompió a llorar, sin poder aguantarlo ya. Sintió los ojos ardiéndole por las lágrimas y se mordió los labios, sin querer que le viese llorar, pero no pudo hacer nada con los sollozos.

Baekho le miró con ojos tristes, sintiendo que se le rompía el corazón, y se agachó a su lado acariciándole el pelo con cariño.

– ¡Déjame! – le gritó el pequeño incorporándose y apartando sus manos – ¡No me toques!

Baekho no podía soportarlo, no podía soportar verle así, furioso y con lágrimas en los ojos, pero no sabía que podía hacer. En realidad si lo sabía, pero no se sentía capaz, no con Minki mirándole de esa manera. Apretó los puños y se incorporó.

– Estaré en mi habitación – le dijo – lo siento – murmuró antes de darse la vuelta para irse.

Una almohada le dio en la nuca antes de que llegara a su habitación, pero lo ignoró, abrió la puerta y se metió dentro sin mirar atrás.

 

Minki no tenía sensación de haberse dormido. Había estado llorando, por más que intentaba no hacer ruido con sus sollozos, contenerse para que Baekho, desde su cuarto, no le oyera. Pero tampoco podía dejar de llorar.

No sabía que pensar sobre Baekho. Siempre había creído que era correspondido, que sus intentos por alejarse se debían solo a su testarudez, a su miedo por algo que le parecía incluso aberrante, en sus propias palabras. Él mismo le había dicho eso, era la excusa que Baekho llevaba tantos años dándole, y el hecho de que pareciera incapaz de alejarse de él, de que a fuerza de insistir fuese cediendo poco a poco parecía darle la razón.

Pero después de tanto tiempo… después de todo… ¿Cómo podía seguir negándose? Ya no pedía que aceptara de una vez por todas ser su novio, salir con él e incluso decírselo al mundo (que no estaría de más), pero… entre un extremo y otro…

Realmente estaba cansado de insistir sin resultado, de que le diera la sensación incluso de que le forzara, de encontrar cada vez más resistencia en algo que hasta ahora había pensado que los dos querían.

“¿Y si no? ¿Y si solo me quiere para cuidarme? Como un hijo, como un hermanito…” Era algo extraño a esas alturas, pero siempre que había pasado algo entre ellos, que había habido algún roce, había sido porque él lo había provocado. “Excepto hoy…”

“Considéralo un regalo de cumpleaños…”.

¿Y si se equivocaba? ¿Y si Baekho no le quería del mismo modo que él y solo había aceptado todo eso para, de alguna manera, “hacerle feliz”? ¿Y si nunca iba a conseguir más?

Aunque no recordaba haberse dormido de repente la luz que entraba por las rendijas de la persiana le daba en los ojos, y supuso que al final, poco o mucho, se habría adormilado.

Se levantó con pesadez, apartando a un lado la manta que le había puesto Baekho, y no pudo resistir la tentación de ir a ver si dormía. Este tenía el ceño fruncido y parecía tenso, con los puños apretados, pero no se despertó. Suspiró, sin saber muy bien si estaba enfadado o triste, sin poder imaginarse como seguiría su relación después de eso.

Se metió en el baño, a lavarse la cara y se dio cuenta de que tenía la cara llena de reguerones negros. Para ir al concierto era la primera vez que se maquillaba él mismo y se había olvidado de quitárselo. El maquillaje y las lágrimas no habían sido una buena combinación. Vio también que Baekho tenía razón, había varios puntos oscuros en su cuello, contó tres y luego encontró otro más abajo, sobre la clavícula. Iba a necesitar la bufanda.

Ver esas marcas le recordó los besos, las caricias, lo feliz que había sido pensando que ya estaba, que ya le tenía. Ahora lo odiaba. Hubiese preferido que no hubiese pasado nada. Había sido bonito, si, pero lo había disfrutado unas horas, ni eso, mientras que la caída había dolido horrores y eso no creía que fuese a superarlo en un buen tiempo.

“¿Porque lo hiciste Baekho?” le preguntó en silencio mirándole con rabia desde la puerta, mientras se anudaba la bufanda alrededor del cuello, casi asfixiándose. “¿Porque me haces creer que me quieres para luego apuñalarme así?”

– Eres un imbécil – le dijo saliendo de la habitación, cogiendo la chaqueta y saliendo de su casa. Era una rabia mucho menos explosiva que la del día anterior. Más calmada, más silenciosa, más letal. Cerraba los puños con fuerza mientras bajaba las escaleras de tres en tres. Sacó el móvil para ver la hora y, siendo aún las siete y poco de la mañana, se subió la bufanda hasta la nariz y se metió las manos en los bolsillos, y echó a andar calle abajo.

No sabía donde quería ir, ni que quería hacer, pero no quería quedarse más rato en casa de Baekho. Tampoco quería ir a su casa, donde seguramente estaban durmiendo aún, no se veía capaz de mantener la compostura y definitivamente no tenía intención de darle explicaciones a su madre o tener que inventar excusas. Pero más que nada estaba enfadado, cabreado, se sentía hervir de rabia. No podía volver a casa así. Aunque tampoco sabía que hacer.

Le hubiese seguido gritando a Baekho, porque se lo merecía, y realmente se planteó volver a su casa aunque solo fuese a molestar y tocarle las narices. Pero ¿y si se ponía a llorar otra vez? ¿Y si conseguía, de algún modo, calmarle y que le perdonase?

Tampoco quería ver-le, realmente no quería…

“Algún día” le decía una parte de si mismo “algún día se dará cuenta de que te quiere y lo conseguirás”.

¿Pero cuando iba a llegar ese día? ¿Cuántas veces más se encontraría con desilusiones como la de esa noche? Y, ante todo, que eso no había estado bien. Sentía que estaba jugando con sus sentimientos, que se estaba aprovechando de él, porque por más que Baekho le hubiese cuidado desde que era pequeño y fuese de las personas que le había tratado con más cariño en toda su vida esa noche se había sentido usado, y el cabreo que llevaba por eso no se lo quitaba nadie.

Necesitaba gritar, desahogarse, tal vez hacer alguna tontería para cabrear a Baekho y vengarse, a su manera, y apenas fue consciente de lo que hacía cuando sacó el móvil y le mandó un mensaje a Jason, su compañero de la agencia de modelos.

– “Drmes? Tas solo? Si me dices dnde vives vngo y nos liamos” –

Lo releyó antes de mandarlo y lo borró, pensando que era una tontería. Ni siquiera le encontraba atractivo, por más que le hubiese quedado claro que Jason a él si. Y tampoco quería hacerlo realmente, por más que veía probable que Baekho se cabrease por algo así, y esa idea le gustaba.

“Se enfadará mucho…” Pensó mientras volvía a escribir el mensaje, buscando alguna forma mejor de expresarse. Al final lo mandó prácticamente igual, apretando las teclas con más fuerza de la necesaria.

Luego se dio cuenta de que no eran ni las ocho de la mañana, y que para cuando lo viera probablemente ya se hubiese arrepentido unas veinte veces.

“En fin…” pensó segundos antes de sentir vibrar el móvil en sus manos. El mensaje era una dirección compartida desde el GPS del móvil.

– “Stn ms comps d piso xo n imprta”-

Alucinó unos segundos, planteándose desde mandarle a la mierda hasta llamarle y disculparse diciendo que había sido un arranque porque estaba cabreado, pero luego pensó en lo furioso que se pondría Baekho cuando se enterase y echó a andar para allí, sintiendo una extraña y tóxica satisfacción.

Caminaba a pasos grandes, con rabia, pero al poco rato aminoró el paso, arrepintiéndose. “No debería hacer esto… No le debería hacer esto a Baekho…” Pensó sintiéndose culpable. “Se lo merece” se respondió con furia. Se puso los auriculares con la música al máximo para que no le dejaran pensar, no demasiado.

Fue hacia el centro, casi desértico a esas horas de la mañana un domingo y caminó calle arriba por la avenida principal tarareando la música que escuchaba para obligarse a no pensar en nada más. Y recordó el concierto, que había sido solo la noche anterior y ya parecía tan lejano…

“Podría haber sido el mejor día de mi vida” Pensó recordando el día anterior, los regalos, hablar con su padre, que últimamente no pasaba a menudo, el concierto, que no podía creerse lo afortunado que había sido de que cayera justo el día de su cumpleaños, Baekho dejándole quedarse a dormir en su casa, besándole con ansias, casi con furia contra la puerta de su apartamento…

“Considéralo un regalo de cumpleaños. No es como si fuera a volver a ocurrir”

Cambió de canción con rabia y subió aun más el volumen, acelerando el paso.

Llamó al timbre del piso de Jason estando prácticamente furioso, dispuesto a saltar a sus brazos en cuanto le viera. Y no le importaba si se estaba comportando como un crío. “Es lo que soy ¿no?”

Pero cuando le abrió la puerta se acojonó, le echó atrás el olor intenso a alcohol, el aspecto de Jason entre atontado y risueño, las carcajadas que llegaban del interior del piso.

– ¡Reeeen!!!! – le saltó a los brazos abrazándole con más fuerza de la necesaria. – Que guapo estás.

Se separó a mirarle, con una sonrisa con un punto de lujuria que tampoco le gustó, pero dejó un brazo sobre sus hombros con el que, más que invitarle a entrar le obligó a ello.

– Pasa – le decía – ¡que aquí aún sigue la fiesta!!!

Arrastraba las palabras y Minki notó que se apoyaba en él más de lo que sería necesario. A juzgar por el aspecto de sus compañeros, tirados por el salón, la fiesta hacía demasiadas horas que duraba.

“¡Pero si son las 8 ya!” Se exclamaba “¿Que hacen a estas horas?”. Comprendía que alargaran la fiesta hasta tarde, su hermano lo hacía y algunas noches regresaban a las 6 o incluso casi a las 7, pero no seguían bebiendo a las ocho de la mañana y tirados por el suelo. “Menudo plan…”

Jason le medio arrastró hasta el que supuso que sería su cuarto. A medio camino dio un traspiés y estuvo a punto de caerse, y eso le tuvo riéndose un buen par de minutos. Sus compañeros, si más no uno de ellos, lo vieron y se rieron también.

– Tíoooooooo – le dijo desde el sofá – que te vaaaaaaas jajajajaja

“Están fatal” pensaba Minki asustado. Ya ni siquiera recordaba porque se había metido allí.

“Baekho” pensó aunque sin tanta convicción, “quiero cabrear a Baekho”. Seguía queriendo cabrearle, y si recordaba lo que le había dicho, su absurda testarudez, aún le hervía la sangre y se sentía capaz de todo para devolvérsela, para, de algún modo, vengarse de todos esos años de estúpidas negativas, de que le hubiera usado esa noche.

“Si no quieres que sea tu novio me buscaré otro”.

Jason entró en su cuarto y se medio arrastró, dejándose caer sobre la cama con un jadeo agotado, luego se giró a mirarle y empezó a reírse.

– Tu novio va a pegarme – le dijo como si fuera lo más gracioso del mundo.

– No es mi novio – le rectificó Minki, con los puños apretados, entrando también en la habitación y yendo hacia él. “Aunque igual si que te pega”. Se hubiese preocupado por su amigo si él no pareciera encontrarlo tan gracioso.

– Anda, ven aquí – le dijo cuando dejó de reírse, incorporándose y tendiendo los brazos hacia él. – ¿Por qué eres tan sexy? – le preguntó en un tono que no le gustó mucho. Le pareció una imitación bastante patética de cómo le había hablado Jongin, el amigo de Baekho, cuando se había colado a Pantheon recién teñido y no le habían reconocido. “Intenta ser sensual” comprendió.

Tiró de él para que se sentara sobre sus piernas, o a su lado. Optó por la segunda opción. Le ayudó a quitarle la chaqueta y la bufanda, y abrió los ojos asombrado cuando quedaron al descubierto los chupetones que llevaba. Minki no podía verlos, pero habían oscurecido aún más, dando peor aspecto.

– Wow – murmuró casi con admiración.

– ¿Qué? – preguntó el pequeño sin acordarse.

– Nada – No quería distraerle, no cuando parecía dispuesto. Le sonrió algo ansioso antes de inclinarse sobre sus labios.

Tenía a Minki en su cama, casi no podía creerlo. Lo había deseado, no había forma de negar eso, pero nunca pensó que fuese a pasar. Pero ahí estaba, besándole.

Y el pequeño cerró los ojos con fuerza y apretó los puños, pero no se apartó.

Tenía sus labios sobre los suyos, finos y fríos, moviéndose contra el, presionando. Incluso pudo notar sus dientes. Y olía a alcohol.

Se apartó, sin saber muy bien que hacía, y Jason le miró dudando, luego le sonrió.

– ¿Qué pasa? – le preguntó, esta vez sin rastro de ese estúpido intento de voz seductora.

Minki apartó la mirada, sin querer responder.

– ¿Qué estáis bebiendo? – le preguntó agachándose y cogiendo una de las botellas vacías del suelo. “Borracho será más fácil” pensó. Jason sonrió, casi le pareció que con algo de ternura y se estiró para coger una botella que seguía medio llena.

– No te va a gustar – le advirtió ofreciéndosela.

Minki le lanzó una mirada de superioridad, de ¿qué vas a saber tu?. Se acercó la botella a los labios y dio un trago con algo de repulsión disimulada.

– Bdej… – no pudo evitar la mueca de asco, ni estallar a toser, y Jason se partía de la risa.

“Jo, como quema…” pensó dejando la botella otra vez en el suelo con cuidado y lanzándole una mirada asesina a su amigo.

Dejó de reírse y le miró, acariciándole el pelo y la mejilla.

– ¿Qué ha pasado? – le preguntó al fin.

“Considéralo un reglo de cumpleaños. No es como si fuese a volver a ocurrir”.

Minki se encogió, incapaz de responder mientras a la vez sentía que se cabreaba de nuevo.

– Eres muy guapo – le repitió Jason – y tienes talento, llegarás al nivel de Taehyun en la agencia, – siguió refiriéndose al que era la estrella en ese momento – probablemente le superes. Y entonces tendrás todos los novios que quieras.

Le miró, casi sintiendo lágrimas en los ojos. Y cuando se acercó de nuevo se dejó besar.

“¿Es esto lo que querías Baekho? ¿Que estuviese con alguien de mi edad?” Jason tenía en realidad cinco años más que él, era incluso mayor que su hermano, pero era el más joven después de él en la agencia, eso le hacía parecer de su edad.

Y le estaba besando.

No quiso ni compararlo con los besos de Baekho. Baekho era calor en todos sus sentidos. Era cálido cuando le cuidaba, cuando le mimaba, cuando le dejaba recostarse en su pecho mientras le leía y, como había descubierto recientemente, era ardiente cuando se soltaba, cuando llegaba a su limite y le besaba con caricias ansiosas. Jason no podía dejarle más frío.

Y aun así Baekho no le quería, o era tan idiota que después de todo seguía resistiéndose a verlo. A Baekho le había tenido que suplicar por cada beso mientras que Jason no desaprovechaba ninguna ocasión para decirle lo atractivo que era. Y aunque fuese por él, esa noche necesitaba sentirse querido, necesitaba que alguien le besara sin decirle después que no había significado nada, que estaba mal.

– Ren… – murmuró entre sus labios, cogiéndole por la nuca. – Ren…

Apretó los puños y se dejó besar, moviendo sus labios contra los de él.

Jason le empujó y se colocó encima, pegándose otra vez a sus labios, aprisionándole contra la cama y aplastando su cuerpo con él suyo.

No podía decir que fuese desagradable, aunque no veía en que se parecían los besos de Jason a los de Baekho. Tenía que pensar y forzarse para devolverle el beso y su cuerpo no estaba reaccionando, no “despertaba”. El de su amigo si, podía notarlo, y eso le puso aún más nervioso.

Jason se apartó al fin de sus labios y enseguida Minki sintió su lengua en su cuello, lamiéndole hasta la barbilla.

“¿Por qué me está lamiendo?” Pensó algo desconcertado. Le recordó a algunas cosas que había visto buscando porno por internet y decidió que definitivamente había cosas que no comprendía.

Le mordió, y Minki soltó un quejido más de sorpresa que de verdadero dolor.

– Te gusta ¿eh? – malinterpretó Jason con voz ronroneante.

“Más bien no” Pensó Minki, pero se calló.

“¿Querrá llegar hasta el final?” Se preguntó de repente, asustado. Estaba claro que ganas tenía, le había faltado tiempo para empezar a besarle y manosearle, pero Minki también tenía claro que no quería hacerlo. Una cosa era cabrear a Baekho, otra que su primera vez de verdad fuese con… Bueno, con Jason.

De pronto la idea se le hacía horrible. No era solo el hecho de estar besando a alguien que no le atraía en absoluto y que no le proporcionaba el mas mínimo placer, era el echo de saber que nunca podría borrar lo que estaba haciendo.

Y no quiso estar allí, no quiso estar en ese piso oscuro y que apestaba a alcohol con un Jason borracho que, por más que le tratara bien, sabía que le habría dicho cualquier cosa para meterle en su cama.

“Baekho…” pensó de nuevo con añoranza.

No quería los besos de Jason, no quería sus caricias, ni siquiera su admiración.

¿Y si Baek ni siquiera se cabreaba? ¿Y si Minki lo había malinterpretado por completo y realmente no sentía nada por él más allá del deseo de cuidarle? Baekho le miraría con orgullo y le diría que eso era lo que debía hacer, olvidarse de él y estar con gente de su edad. Y nada de eso habría servido para nada.

Quería llorar de nuevo, quería pegar a Baekho por hacerle eso, quería pegarse a si mismo por haber pensado que liarse con Jason como venganza era una buena idea.

– Para – le detuvo empujándole. – no. – Su amigo le miró confundido, con su pelo fucsia revuelto y los ojos vidriosos. – No quiero esto – siguió sintiendo como volvían las lagrimas – Yo le quiero. Le amo.

 

Unos minutos más tarde Minki regresaba a su casa, de nuevo con la bufanda y las manos en los bolsillos, formando nubes de vapor al respirar. Contaba los pasos para no pensar. Uno, dos, tres, cuatro…

Había vuelto a llorar, y no se sentía orgulloso. Apenas sabía ya lo que sentía, hecho un lío de sensaciones contradictorias y cansancio. Jason le había sonreído, diciéndole que no pasaba nada, aunque con desdén. Le había soltado un “ese cabrón no te merece” con un ligero enfado mal disimulado que Minki esperaba se le pasase cuando se fueran el cansancio y la borrachera, o resaca, o lo que fuera que tenía a esas horas ya.

Veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve…

¿Y si Baekho se enfadaba? Era lo que había querido pero… “Soy idiota” se dijo.

Cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, …

Baekho siempre había sido, a falta de una palabra mejor, obtuso. No era estúpido, ni mucho menos, pero cuando se trataba de sus sentimientos… Minki hacía años que le conocía, y había conocido también a sus amigos que llevaban aún más años con él. Sabía eso, lo sabía de sobras. Sabía que debía colmarse de paciencia con él si quería conseguir algo, y cuando ya estaba apunto…

O Minki quería pensar que estaba a punto, que esa decisión de llevarle a su casa, a su cama, significaba algo.

O tal vez no, tal vez prefería pensar que no, que Baekho nunca había sentido nada por él, que lo había malinterpretado y todo lo que había pasado entre ellos había sido para, de algún modo, darle a Minki lo que quería. Por mas que le doliera eso era mejor que pensar que podría haberlo fastidiado todo con Jason.

Ciento setenta, ciento setenta y uno, ciento setenta y dos…

“Le he engañado” Se dijo. “No, no estábamos juntos” “Ni vamos a estarlo ahora…”

Se descontó y se agachó, haciéndose una bolita en el mismo sitio donde estaba, mordiéndose el puño para no gritar, para no romper a llorar de nuevo.

“¿Que he hecho?”

“Baekho…”

“¿Por qué no me quieres Baekho?”

“¿Por qué eres así?”

“¿Por qué he hecho esto?”

Jason ni siquiera le importaba, más que un verdadero amigo era un compañero, alguien con quien podía estar. Le había dado asco besarle, dejarse besar.

“¿Por qué lo he hecho?”

Odiaría haberlo echado todo a perder por eso. Odiaría que Baekho siguiera negándose. Odiaba todo.

Quería dormir, tumbarse a dormir muchas horas y despertarse cuando todo se hubiese arreglado. Que Baekho le quisiera y se atreviera a decírselo, que Jason no fuera más que otro compañero con el que se saludaba cuando iba a trabajar.

Pero para dormir primero tenía que ir a casa. E ir a casa significaba enfrentarse a su madre.

Si se lo decía, si se lo contaba todo, se enfrentaba a sus posibles gritos horrorizados, a un más que seguro castigo, justo o no, y probablemente Baekho se afrontaría, si no a problemas legales, a una orden de alejamiento impuesta por ella misma.

Se sintió tentado por un segundo, no volver a ver a Baekho. Sería más fácil.

“Pero le quiero…”

Se puso en pie y se secó las lágrimas, altivo y sin dirigir ni una mirada a la pareja de abuelos que se le había acercado mirándole con curiosidad. Se recogió el pelo en una coleta, asegurándose que con la bufanda que le había dado Baekho ya no era necesario para cubrirse el cuello.

“Huele a él…” pensó con debilidad.

“No” se respondió a si mismo autoritario “nada de flaquezas”.

Caminaba casi con paso decidido, con música de nuevo y forzándose a cantar las canciones. “Acuérdate del concierto” Se dijo forzándose a encontrar algo con lo que animarse. Parecía mentira que hubiese sido ayer. No es que fuese un gran recuerdo, no mezclado con todo lo que había pasado después, desde Minhyun llorando por Aron hasta Baekho siendo subnormal o él en el apartamento de Jason siendo aún más idiota. Pero si se centraba en las canciones si lograba distraerse un poco.

Contó hasta diez antes de girar la esquina que daba a su calle. Luego hasta veinte, treinta, sesenta, hasta que cerró los puños con fuerza. “Ya basta”.

Tubo que tocar el timbre pues no se había llevado las llaves. Le abrió Yixing, que le saludó con una enorme sonrisa preguntando por el concierto.

Minki forzó una sonrisa aún mayor, prorrumpiendo en un montón de “fue geniaaaaal!!!” “Son super guays” “Esta canción fue perfecta, tal otra es mi favorita, tocaron primero esta y luego la otra” y un largo etcétera casi histérico que no hubiese terminado si su madre no hubiese ido a recibirle también.

En cierto modo se alegraba de haber saludado primero a Yixing, que aunque llevara ya unos años por allí no le conocía tanto, no como su madre, había sido más fácil, como una pequeña práctica.

En un libro de fantasía que había leído hacía poco los protagonistas entraban en una especie de trance auto inducido, refugiándose en el fondo de su mente para así proteger sus emociones y hacerse más fuertes (y controlar algo parecido a la magia, que de echo era de lo que iba el Libro).

Antes de girarse a saludar a su madre Minki se imaginó que hacía eso, que sus sentimientos quedaban relegados a una parte muy pequeña y muy profunda de su consciencia, que era algo lejano incluso. Nada le afectaba, y cuando la encaró al fin mostraba una sonrisa animada que podía parecer natural incluso para su madre.

– ¿Que tal ha ido bebé?

– ¡Fue GENIAL! – empezó repitiendo el mismo discurso. – El de hace dos años estuvo bien, pero es que este ¡Wow! Empezaron con Light, que es la canción nueva que es como lo mejor del mundo, y ya luego, bueno, alucinante. ¡¡¡Es que son tan geniales!!!

Y su madre reía, creyendo sincera que se lo había pasado bien.

– Pues me alegro de que te fuera tan bien – le sonrió – ¿Entonces ha sido un buen cumpleaños?

Aun con toda su fuerza de voluntad Minki volvió a sentir como su corazón se hacía añicos. Por suerte su máscara se mantuvo alegre.

– El mejor – aseguró con una sonrisa que casi le temblaba. Si lloraba, ¿podría su madre interpretarlo como lágrimas de emoción? Decidió huir antes de tentar la suerte. – Voy a darme una ducha ¿vale? Que aun llevo el sudor el concierto… – “Y algo más”. Ansiaba una ducha más que nada en el mundo, igual así dejaría de sentirse tan sucio. – Igual después de comer duermo un rato también, que con los nervios y todo esta noche casi me la he pasado en vela jajaja.

Subió sin siquiera esperar una respuesta, feliz de poder darle la espalda y dejar que esa sonrisa tan estúpidamente falsa cayera por si solo.

– Hey, ¿Estás bien? – le sobresaltó JR notablemente preocupado cuando llegó arriba.

“¿Que haces tu aquí?” Estuvo a punto de espetarle. No había contado con él. Se mordió el labio un segundo y volvió a poner esa sonrisa forzada sobre su cara.

– Perfectamente – le sonrió. La voz le traicionó y se le rompió. Con su hermano era diferente que con mamá. Él sabía demasiadas cosas, él le miraba como si “supiera”. – Voy a ducharme. – huyó antes de que pudiera hacer más preguntas.

Lo primero que vio al desnudarse en el baño fueron los chupetones que resalaban con la piel blanca de su cuello. No pudo evitar acariciarlos, curioso, y al hacerlo volvió todo de nuevo. Los besos, las caricias, los labios de Baekho sobre los suyos, sus brazos fuertes, sus manos duras, la lengua de Jason lamiéndole el cuello.

“Que asco” Pensó clavándose las uñas en el cuello, sin poder decidirse a si iba por el gesto de su amigo o por él mismo.

Se metió bajo la manguera y dejó que el agua se llevara todo, frotando con fuerza su piel. Y lloró de nuevo, pero el agua de la ducha que corría por su cara se llevó las lágrimas y nadie lo supo.

Para su sorpresa JR le esperaba fuera, y le siguió hasta su cuarto cuando él le dijo con tono testarudo que no quería hablar.

– Quiero saber que te pasa. – insistía el mayor de los hermanos.

– ¡No es asunto tuyo! – replicó Minki con menos calma.

– Me preocupas – siguió. – Anda, cuéntamelo…

JR no estaba realmente seguro de si quería saberlo. Pero, al fin y al cabo, era su hermano, y dado que su madre no parecía saber nada ni estar cerca de ello era él quien debía encargarse de Minki. Alguien debía cuidar de él y Baekho no parecía estar haciéndolo muy bien.

Pero Minki le ignoró, metiéndose en su cuarto y cerrando la puerta de un portazo del que se arrepintió al segundo. “¿Lo habrá oído mamá?”

JR le siguió, ignorando las quejas de Minki que saliera de su puto cuarto y le dejase vestirse tranquilo, joder. Pero restó impasible a sus insultos, fue hasta su cama y se sentó en ella, esperando que su hermano le imitase.

– ¿Que ha pasado? – volvió a preguntarle.

– Nada. – espetó el pequeño dándole la espalda para buscar ropa limpia en el armario. Le temblaban las manos.

– Ya, claro. Vamos Minki, que no soy tonto.

– No te importa ¿vale?

Suspiró de nuevo. “Esto va a ser difícil…”

– ¿Te hizo algo Baekho? – aventuró.

Minki se tensó, rígido, se giró de golpe y lanzó un calcetín que pasó rozando a JR.

“Wow” pensó este, retrocediendo y con los ojos como platos. Sabía que su madre lanzaba cosas cuando estaba MUY cabreada. Lo había visto cuando se estaban divorciando ella y papá o una vez que se había peleado con su hermana. Minki parecía haber heredado eso. “Y eso es que está MUY cabreado”.

Pero el pequeño, mirándole furioso, solo respiró hondo y respondió un “No” seco mientras se daba la vuelta y se quitaba el albornoz para empezar a vestirse.

– Minki… – murmuró realmente preocupado.

No quería aventurar en lo que podía haber pasado, no quería saberlo. Si preguntaba era solo para que Minki tuviese la oportunidad de explicarlo, de soltarlo y sacárselo de dentro. Prefería no darle alas a su imaginación y terminar con algo mucho peor. Igual que prefería no plantearse por qué su hermano llevaba no uno sino cuatro chupetones marcados en el cuello.

Espero a que se pusiera unos pantalones y una camiseta. De cuello alto. Se levantó y le abrazó por las espalda, cruzando los brazos sobre su pecho. Se hacía extraño ahora que Minki era ya casi tan alto como él. Sobretodo porque no le abrazaba desde que le sacaba como 20 centímetros.

Sintió como su hermano se encogía bajo sus brazos, como se tensaba. No le hubiese extrañado que rompiera a llorar, pero no lo hizo. JR le giró, cogiéndole por los hombros y agachándose los escasos centímetros que ahora le sacaba para quedar a su altura.

– Me preocupas. – volvió a intentarlo – Tampoco se si podré hacer nada pero… explicarlo… puede irte bien. Y sabes que puedes contarme lo que sea…

Vio un brillo momentáneo en sus ojos, un arranque de sinceridad, pero Minki había levantado un muro a su alrededor y no iba a derrumbarlo tan fácilmente. En vez de eso se apartó y se cruzó de brazos, en posición defensiva.

– Si, claro. Háblame tu de los tíos esos de Pantheon pues. – le espetó buscando un secreto a la par.

JR se le quedó mirando con expresión indescifrable. No le sorprendía en absoluto que lo supiera, no cuando tanto Baekho como Minhyun y los otros habían estado allí. No entraba en su lista de prioridades hablarle de ello, pero tampoco se iba a morir por eso.

Se sentó sobre la cama de nuevo, esperando que Minki le siguiese esta vez y se encogió de hombros.

– Vi unos tíos que me miraban raro, me acerqué a preguntar y me propusieron un trío. – empezó como si tal cosa. – No llegué a decirles que si pero… bueno, tampoco me opuse. Y nos liamos un rato y tal. Luego me saturé y me fui, porque tampoco quería nada más y me metí en el baño a… bueno, a “desahogarme”. Y al salir del baño se ve que me esperaban y me dieron sus teléfonos por si quería,… bueno, eso, terminar lo empezado. Luego uno de ellos resultó ser ex de Tao. Y creo que eso es todo.

Minki le miraba sorprendido, no había esperando que se lo contase. Tampoco parecía tan interesante al fin y al cabo. O tal vez era la apatía que sentía en general, su propio cabreo. Y se sentía pillado en falta, porque ahora de algún modo le debía hablar. Y no tenía claro si podía.

JR ya sospechaba algo, sabía más que su madre y se escandalizaría menos, eso lo sabía, pero entre eso y que se imaginase aún remotamente lo que había pasado…

“Si se entera de que Baekho… Baekho y yo… ¿Que pensará de él? ¿Que pensará de mi? ¿Me dirá también que soy muy pequeño? ¿Que Baekho es un pederasta? ¿Me dará la razón a mi y dirá que es tonto?”

Mientras pensaba en que decirle y hasta que punto quedaría mal no decir nada incluso ahora avanzó para sentarse en la cama a su lado, con aire derrotado, dejándose caer sobre el colchón salvándose por poco de golpearse contra el marco de la ventana.

Cogió aire, y se dispuso a hablar, aun sin tener muy claro que iba a decir, que podía decir.

– Baekho y yo nos peleamos. – empezó, sabiendo que su hermano ya había llegado a esa conclusión. – por… bueno… porque… – ¿Podía decirlo? No, no podía, ni siquiera podía pensar en ello sin que se le hiciese un nudo en la garganta, sin sentir de nuevo ganas de llorar recordando sus besos. Y los de Jason. – Nos peleamos – siguió centrándose. – Y me cabreé, y le grité, y creo que le lancé un zapato. Y se lo merecía ¡porque es imbécil! – tuvo que morderse los labios para no seguir gritando mientras JR le miraba con calma, con una mano sobre su nuca acariciándole los mechones rubios. Minki respiró profundamente. – Y me fui temprano porque estaba cabreado y no se porque me pareció buena idea pero llamé a Jason, un compañero de la agencia y estaba despierto y terminé en su casa y me lié con él porque quería poner celoso a Baekho y cabrearle porque es idiota y se lo merecía pero me daba asco y fueron solo besos pero me siento una mierda y me odio y no debí hacerlo y Baekho no me va a perdonar jamás y igual ahora me odia y… No quiero…

Sollozaba, y JR le acariciaba el pelo intentando consolarle sin saber que decir, intentando mantener la calma y no ponerse él también a lanzar cosas. No quería ni imaginarse el motivo por el cual se había peleado por Baekho, aunque luego insistiría un poco a ver si lo soltaba después. Por otro lado… Se preguntó cuantos años tendría ese tal Jason. Le sonaba su nombre pero no recordaba nada sobre su supuesto propietario. Si recordaba en cambio que Minki era el más pequeño de su grupo de modelo. “Espero que por lo menos este no llegue a los treinta…”

– No quiero que me odie… – seguía Minki sin dejar de llorar. JR le abrazó, apartándole el pelo de la cara. Luego le empujó para poder abrazarle tumbados, y Minki se acurrucó automáticamente, bajando para quedar con la cabeza sobre su pecho, como cuando era pequeño.

– No te odiará – le dijo sin poder estar cien por cien seguro pero deseándolo con toda su alma. – No podría. – No imaginaba a un Baekho capaz de odiar a Minki, de no caer con todas sus moñerías, de no correr para cumplir todos sus caprichos. Parecía inconcebible. – Además, dices que fueron solo besos, y para cabrearle, expresamente para ponerle celoso. Y te arrepientes. – No creía que la lógica pudiese arreglarlo, pero tal vez ayudaba – explícaselo si se enfada. Dile que lo sientes, lo que sientes. No podrá enfadarse contigo.

No estaba seguro de haberle convencido, parecía demasiado ocupado empapándole la camiseta de lágrimas para siquiera escucharle, pero le abrazó, meciéndole lentamente como cuando de muy pequeños lloraba porque sus padres se iban a separar.

“Espero que tengas una buena excusa para esto Baekho” pensó JR con un odio vetado que realmente no quería sentir.

 

 

 

Está intenso ¿eh? XD 

Me disculparía por tardar pero ya como que no me viene de aquí. Muchas gracias por vuestra paciencia y vuestros comentarios los que los dejaos. ¡Os quiero! ^^ ❤

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el noviembre 19, 2014 en Ámame profe. Añade a favoritos el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. ;WWWWWWWWWWW; <|3 nooo, baekho y ren, ren no te puedes rendir ;W; por un momento pense que ren se rendirira :'vv <|3 baekho admite que amas a minki D:< <|3 -llora como una nena- ;WWW; Putoo:'cc <|3 ay ;-; es demaciado jard para mi ;-; espero que esto ,mejore, porque o si no, caere en depre ;__;

    Gracias por actualizar ;-; ❤ mucho amor para ti ;-;

  2. WOW. Ensrio wow. Me encanta!!!!! Adoro ver sufrir a Minki, pero por otra parte me da penita XD Me he muerto de la risa viendo como JR le cuenta lo del trio tan tranquilo. Y me encanta ver a Minki tan cabreado tirandole cosas a Baekho. Pero enserio era necesario que se liara con Jason??!! TTnTT Espero que el baekRen pronto se reconcilien y Baek se de cuenta de una vez de sus sentimienos, porque el chaval es un poco tonto de remate. Y pon pronto a Aron, que quiero que se reconcilie ya con Min. ♡

  3. Pobre Minki. Más cosas debería haberle lanzado. No me extraña que haya acabado harto, son demasiadas desilusiones ya.
    Y casi se lía con Jason xD Eso fue divertido.
    Aunque el capítulo en general da un poco de pena. Pobrecito 😥

    Por otro lado, yo no estoy deseando que se reconcilien. Baekho le ha hecho mucho daño, y necesita tiempo para reflexionar. Y Minki para ver que hay más cosas en su vida.

    ¡Espero el siguiente! ^-^

  4. Wow en serio wow!!!
    Me encanto el cap, podré de mi Ren no se merecía eso pero esque Baekho es un tonto por hacerle eso…
    Pero tampoco creo que hubiese sido necesario que se liara con Jason pero bno
    Esperare la conti saludos!!!
    Por cierto me encantaría ver que ya por fin baekho dejará de ser tan cabezón xD

  5. Ahhhhh… maldito Baekho!!! Espero quiero sufra mucho cuando se entere, ¡bien hecho, Minki! Ya me muero de ganas de conocer su reacción. Gracias x el esfuerzo en actualizar, bebé! CHU!

  6. *wwwwwwwwwww* me encanto el cap !!!!!!!!!!!! sorry primero soy nueva leyendo este fic pero me encanta en serio me estoy volviendo adicta!!!!!!!!.
    por otro lado…………… me enoja qu baek sea tan idiota !!!!!!!!!!!!!!!

  1. Pingback: Ámame profe | SHIROKOtoKUROKO

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