Ámame Profe. 50: Soledad


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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Y con este, AP llega a los ¡50 capítulos!!! No se vosotros, pero a mi aún me alucina haver llegado hasta aquí, aunque me haya tirado más de dos año en ello xd
Si, lo se, una vez al mes no es suficiente (e incluso creo que me he alargado más…) ¡me esforzaré más! De momento espero que el capítulo valga la espera. Ha quedado muy diferente de como lo imaginaba, pero me gusta bastante, ¡espero que a vosotros también!

 

 

Baekho se despertó al sonar la alarma. Abrió los ojos con pesadez, parándola de un manotazo, y se incorporó, bajando los pies hasta el suelo, buscando las zapatillas a tientas.

Las paredes seguían blancas, vacías, como ese primer día en que Minki, Sunyoung, JR y la recién nacida Minyoung le habían acompañado a llevar las cajas e instalarse. Le había prometido a Minki que iría a visitarle, pero no le había visto desde ese día.

Las cajas seguían amontonadas detrás del sofá, tapando parte de la luz que hubiese entrado por la ventana de estar subidas las persianas.

El aire en la calle era denso, pesado, ruidoso. Había sido así toda la primavera, todo el verano. Los días pasaban lentos, las horas, ahí en la escuela, alargando cada vez más el tic tac del reloj, las mañanas agotadoras, las tardes interminables. Pero a la vez, mirando atrás, no podía decir a donde había ido ese tiempo, como si no hubiese pasado.

Sentado en el sofá, tirado, frente a la tele, cambió de canal otra vez, y volvió a ahogar un suspiro.

De nuevo comía, de nuevo se levantaba, de nuevo se vestía.

Los sábados eran algo mejores. Los miércoles, los viernes. Perdía el tiempo en el gimnasio en vez de perderlo en casa, sudando todo lo que podía, porque cuando levantaba pesas no pensaba en nada más. Pero los sábados iba a cantar con el coro.

– Coged el Jesu, Mine Freud, compás ciento-cuarentaidós, solo tenores, os doy la entrada.

Nunca se había imaginado cantando, nunca habría imaginado que le gustaría cantar, pero así era. O algo así.

La gente también era maja, más o menos.

– ¿Haces algo este finde? – le decía Hyeri, esa simpática compañera, unos años menor que él, con esa exagerada sonrisa coqueta. De nuevo.

Tuvo que decirle que sí, y resultó no ser una mentira.

-“A ver cuando subes a vernos”- le había mandado un mensaje Jongin. – “Que cuando estabas aquí porque estabas con el crio y ahora que no estás porque no estás”.

El crío. No había vuelto a ver a ese crío. Aún no sabía si podía vivir sin él, de momento no le parecía que estuviese viviendo.

Pero lo intentaba, se esforzaba para conseguirlo, para seguir “viviendo”. Estar con sus amigos ya no era lo mismo que antes. Hacía meses que no iban a Pantheon, hacía meses que ni siquiera iban a cenar.

– “Solo tengo hasta las cinco que luego vamos a buscar a las niñas a casa de su madre” – comentaba Hongbin, ya no tan recientemente convertido en madrastra.

– “Podéis veniros a casa” – sugería Kyungsoo, invitándoles al apartamento recién adquirido que ahora compartía con Jongin. – “Así nos ayudáis a decidir lo del color de las paredes porque no nos ponemos de acuerdo. Y que cada uno se vaya cuando tenga que irse.”

La pandilla descontrolada de adolescentes hormonados se había convertido en un grupo familiar, un grupo de parejas que se reunían para tomar el te antes de tener que ir a buscar a las niñas. No era que no le gustase el nuevo ambiente, es que lo odiaba. De repente era el único del grupo sin pareja en un ambiente de parejas y para parejas.

“Minki”.

Le llamaba en sueños, pero estaba decidido a no volver.

Cada vez que Minki le llamaba descolgaba el teléfono con una sonrisa, cerraba los ojos al oír de nuevo su voz. Luego era imposible colgar. E incluso a veces, cuando se había permitido llamarle el mismo, darse una prohibida bocanada de vida, luego dolía mucho más la soledad.

No era solo Minki, eran los chicos, Jongin, Hongbin, Wonsik, Kyungsoo, Hakyeon, Hyoshin, poder pasar horas con ellos, de cualquier manera, enterarse de todas las locuras en sus vidas. Era Sunyoung, vital pero responsable, que siempre estaba ahí con una sonrisa y una palmadita en la espalda, o una buena bronca a tiempo, con su bebé recién nacida a la que casi no había podido conocer. Era JR, tan serio, tan responsable y tan hetero pero capaz de tener unos desfases en Pantheon que ni él en sus mejores tiempos. Era Yixing, al que de algún modo consideraba su cuñado, aportando calma a la alocada familia. Era la vecina del cuarto, que había intentado ligar con él y luego se había entestado a presentarle a todos sus amigos al enterarse de que era gay. Era la profesora de la clase de al lado, la cotilla señora de la limpieza, el entrenador del gimnasio al que siempre iba.

Pero sobretodo, por encima de todas las cosas, era Minki.

Sus sonrisas, sus abrazos, sus besos, esas miradas socarronas cuando se salía con la suya, esos pucheritos cuando no, ese convencimiento con el que hablaba, con el que se movía, con el que le había seducido.

Había tenido que dejarle, porque Minki era adictivo como una droga, y estaba sufriendo la abstinencia.

Se levantaba, iba a trabajar, volvía. No insistía a Minki hasta que hiciese los deberes, no cocinaba sus platos favoritos, no le llevaba “de cita”, había dejado de leer.

Minki decía que le echaba de menos, y a Baekho cada vez le estaba costando más resistir la tentación de volver a su lado, de dejarlo todo y presentarse ahí, en su casa, para no irse nunca. El tiempo no lo había hecho más llevadero, solo hacía que ansiara cada día más volver a tenerle a su lado, a abrazarle, besarle, tocarle, hacerlo suyo.

Porque si, que más daba ya, si no podía tener nada de él tenía derecho por lo menos a desearlo todo. Estando lejos tampoco podía hacerle ningún daño.

 

Se estaba forzando a no pensar en todo ello, a seguir como si nada, a hacer las cosas que había hecho siempre. Subir a la cuidad el fin de semana para cenar con sus amigos y oír de sus perfectas y familiares vidas. Irse a la isla con sus padres, a oír una vez más como a su hermano las cosas le iban mucho mejor que a él. A seguir trabajando, cada día, con esos críos que ya le parecían más ruidosos que tiernos, que le recordaban a ese bebé de enormes ojos tristes que ya no era un bebé y que había desmontado su mundo.

Pero a veces era imposible. Cuando los del coro le habían dicho de ir a cenar, el grupito con el que más se juntaba, había tenido que decirles que no, aunque no había encontrado excusa alguna. Hyeri le había puesto un pucherito, insistiendo, pero él no había dado su brazo a torcer. Ni siquiera se había sentido mal por ello.

– ¿Por qué no vienes? – le decía Jaehwan, que siempre se sentaba a su lado, cuando ya recogían las cosas para irse.

– No me apetece mucho – respondió.

– Nunca te apetece.

Lo dijo tan tranquilo, mientras recogía las partituras y las metía en la cartera. No supo que responder, así que siguió guardándolo él también.

– Ven – volvió a insistirle – igual no hoy, pero ven un día. Necesitas alegrarte un poco.

¿Que sabía él? ¿Acaso le había contado algo de su vida? ¿Tan triste parecía?

Jaehwan le sonreía, esperándole para irse juntos. Caminó a su lado y ya fuera, con todo el mundo despidiéndose y ese grupito juntándose para irse a cenar cambió de idea y se fue con ellos.

Caminaba al lado de Jaehwan, que hablaba con Minah y Hyojin. Eran un grupo bastante grande, siempre demasiado ruidoso, pero simpáticos. Unos cuantos cantaban, caminando delante, una canción de misa a todo pulmón, con ese deje de canción de taberna que le ponían a todo fuera de los conciertos. Detrás el resto reían, o charlaban, o les seguían con las manos en los bolsillos, como hacía Baekho.

Hyeri se retrasó hasta ponerse a su lado, caminando sin decir nada.

– Me alegro de que hayas venido – le dijo al fin.

No supo que responder, y no lo hizo. Eso no hizo que ella dejara de hablar.

No le caía mal, solo se le hacía raro que una chica tan mona como ella estuviese desperdiciando el tiempo intentando ligar con él. También le cohibía un poco, nunca sabía que decirle. Por suerte, o por desgracia, ella no tenía ningún problema en hablar por los dos.

Unos pasos más adelante, Jaehwan le miraba con una sonrisilla de suficiencia, le guiñó un ojo y siguió andando.

Un guiño que, dicho fuera de paso, era mucho más sexy que todas las sonrisillas coquetas de Hyeri.

Suspiró y siguió andando, asintiendo a lo que ella decía de vez en cuando, por cortesía más que nada.

Terminó sentada con ella a la hora de cenar, como ya se esperaba. No fue un problema, no era pesada hasta este punto, pero sus obvios coqueteos habían hecho que el resto del grupo empezara a mirarles con esos ojitos de “¿pero se van a liar ya o que?”.

Dejando eso de lado, tuvo que admitir que disfrutó. Cuando Jaehwan empezó a explicar chistes no pudo evitar reírse, de repente fue consciente del tiempo que llevaba sin soltar una buena carcajada, una de verdad. El resto del grupo se le unió, de los chistes se pasó a las imitaciones, de las imitaciones a las canciones. Las copas de más ayudaron, y la cena pasó más rápido de lo que esperaba. Se divirtió mucho más de lo que esperaba. Se distrajo.

Ya tarde dejaron el restaurante y pasaron a un karaoke, allí no tuvieron que insistirle en que se quedara.

Jaehwan fue con él todo el camino, librándole de Hyeri, pasándole el brazo por los hombros y sonriéndole.

– Un placer oírte reír amigo – le decía – empezaba a pensar que era una leyenda urbana que sabías divertirte.

No pudo evitar sonreírle de vuelta, y, ya en el Karaoke cantó a un par de canciones con él, un par él solo, un par con el resto y se le pasó la noche volando.

Las copas de más empezaban a hacer estragos. La parejita que tenían en el grupo perdió todo el pudor y empezó a morrearse en una esquina, un par de chicos de repente llevaban las corbatas de bandanas en la cabeza y las chicas ya reían histéricas por cualquier cosa. Bueno, todos en realidad. Hasta que Hyeri fue a sentársele encima y ya perdió toda la gracia todo.

“A ver, lo de tirar los tejos vale, ¡pero esto es acoso!”

Le pasaba los brazos por los hombros, murmurando algo sobre si no tenía calor, tan tapado como iba, y mientras Baekho retrocedía, con el corazón a cien de puro pánico, ella acercaba los labios cada vez más a los suyos.

Por suerte, una vez más, Jaehwan le rescató. Apareció de la nada allí al lado, cortándoles totalmente el rollo, ganándose silbidos y reproches del resto del grupo. Cuando Hyeri, ofendida a más no poder, bajó de sobre sus piernas y volvió con el resto a seguir cantando con toda la dignidad (toda la que se puede tener borracha como iba y balanceándose sobre los taconazos que llevaba), Jaehwan le cogió del hombro y se lo llevó de allí, sacándole de la sala y del local hasta el exterior.

“Hace frío” pensó al salir, echando de menos el abrigo que había dejado dentro. Aun era octubre a penas, pero a esas horas el aire estaba helado. “¿Que hora debe ser?”

– Bueno – le decía Jaehwan, apoyado contra el muro del local, mirándole con su sonrisa picarona – ¿Entonces… eres gay o tienes novia?

– ¿Eh?

¿Se había dado cuenta? ¿Le estaba tirando los trastos?

– Hyeri es mona – le decía, al parecer cambiando de tema, aunque no – Dejando de lado que habla por los codos es simpática, y es tan obvia…

– Ya, bueno… no se, no estoy interesado.

– Ya, eso también es obvio. – se rió – la cara de susto que has puesto ahí dentro casi parecía que iba a besarte un dementor y no una mujer.

No pudo evitar reírse, y tuvo que admitir que tenía razón.

– Entonces – le repitió él – ¿eres gay o tienes novia?

– Bueno… – Que era gay si, eso lo tenía claro, pero no estaba seguro de su situación sentimental. – Supongo que un poco de los dos.

– Oh, novio entonces.

“Bueno, tanto como novio…” “ni siquiera nos hablamos”. Debió ser por el alcohol, pero estuvo a punto de echarse a llorar. “Más quisiera”.

– Algo así. – le respondió, sin querer entrar más en el tema. Pero él siguió preguntando.

– ¿Un ligue?

– … Algo así…

– A ver tío, desembucha. – se había sentado sobre el banquillo de la entrada, mirándole fijamente, con una pose que decía claramente “tengo todo el tiempo del mundo así que dale”.

Suspiró y se sentó a su lado, con las manos en los bolsillos.

– … Bueno… – empezó “¿Y por donde empiezas? Sin asustarle y tal…” – es bastante más joven que yo… – “ALGO” – conozco a su familia… no creo que lo vean con muy buenos ojos.

Dicho así ni siquiera le parecía tan grave. A Jaehwan tampoco debió parecérselo, porque le pasó un brazo por los hombros y se rió.

– Ay pobrete jajajaja ¿Cuánto os lleváis? ¿Cómo diez años?

“Más como veinte” se dijo.

– Algo así… – respondió.

Consiguió no contarle mucho más, pues no quería causarle tan mala impresión el primer día. No el primer día de conocerle, pero el primer día de llevarse tan bien con él, de esa complicidad que estaba surgiendo.

Volver a dentro tampoco pareció muy terrible. Hyeri estaba decentemente avergonzada de lo que había intentado, aunque la borrachera no se le había pasado lo suficiente como para que la situación fuese embarazosa, y el resto no sacaron el tema, riendo y divirtiéndose cada uno a su rollo sin darle más importancia.

Ya no tardaron mucho en irse, por más que al día siguiente no tuvieran nada que hacer había horas a las que simplemente era indecente seguir por la calle, y el cansancio empezaba a ser demasiado demoledor.

Jaehwan se despidió de él con una palmadita y una sonrisa cómplice. Él le sonrió, a él y al resto del grupo, al final se lo había pasado bien, pero mientras caminaba hacia casa, hacía ese apartamento blanco y vacío se le fue pasando el subidón. Porque estaba solo, porque echaba de menos a Minki y porque, con un poco de suerte, no volvería a verle nunca.

No tuvo suerte, cuando llegó a su apartamento, Minki estaba allí.

 

Se le paró el corazón al verle, ahí sentado frente a su puerta, con las piernas recogidas sobre el pecho, la cabeza bajada sobre las rodillas, el cabello rubio tapándole la cara, pero indudablemente él.

“Lo estaré imaginando” pensó. Minki levantó la cabeza, le miró, con esos ojos tan enormes, tan inexpresivos pero que lo decían todo. “Claro que no le estás imaginando, ni que pudieras imaginar a alguien tan perfecto como él”.

Y ahí seguía, de pie al final de las escaleras, con una pierna aún en el escalón de abajo mientras Minki se ponía en pie lentamente, estirándose hasta ser casi tan alto como él.

Y de repente, no supo como, estaba entre sus brazos.

– Minki… – murmuró sobre su oído – Minki…

Le apretaba con fuerza, nunca le dejaría ir. El pequeño murmuró un “au” entre sus brazos, pero no pudo soltarle más que para asegurarse de que podía respirar, luego volvió a estrujarlo contra su pecho.

“Está enorme” pensaba mientras le abrazaba, sintiéndole tan alto, sus hombros finos a la altura de los suyos. “Y está guapísimo”. Aunque no le estuviese viendo, lo sabía, siempre había sido hermoso.

Sentía su cabello largo contra su mejilla, rubio, como si se hubiese acostumbrado a llevarlo siempre de ese color. Sentía su olor, el mismo de cuando era un bebé, suave y dulce. Sentía su respiración contra su cuello, algo entrecortada, haciéndole cosquillas en la nuca. Habían sido solo unos meses, pero parecía que hacía una eternidad que no le veía, que no podía abrazarle, sentirle entre sus brazos.

– Pensaba que ibas a echarme. – murmuraba Minki contra su hombro, con los brazos alrededor de su cintura, los cuerpos muy juntos.

– ¿Echarte? – respondió él incrédulo, moviendo con su aliento los mechones de pelo rubio. ¿Cómo podría echarle? Si le había necesitado cada día de su vida desde que se había ido. – fuiste tu quien me pediste que me alejara.

Minki murmuró un “ya” no muy convencido, y se removió entre sus brazos para enterrar la cabeza en su pecho, como cuando era un bebé.

Le había echado tanto de menos, tantísimo, que ya le daba igual si no debía abrazarle, si no debía besarle, si no debía mimarle tanto. Le necesitaba en su vida, como habían demostrado esos meses sin él. No podía vivir sin ese niño exigente y caprichoso. Era su niño, entre sus brazos, donde debía estar.

– Baek… – murmuraba Minki, con voz ahogada contra su pecho – ¿estas llorando?

Baekho parpadeó, dándose cuenta de que tenía razón. Se secó las lágrimas de los ojos y respondió que no. Y Minki le abrazó con fuerza, mucha fuerza, la misma con la que él le abrazaba.

– Pensaba que no volvería a verte. – le dijo. Era verdad, lo había pensado, lo había intentado con todas sus fuerzas, mantenerse alejado, el tiempo suficiente para que Minki se olvidase de él, para que pudiera enamorarse de otro, o otra, de alguien más adecuado. Pero no quería que fuese de nadie más.

Minki le abrazó, aún más fuerte si es que era posible suspirando con un “jo…”. Luego le soltó, también para mirarle a la cara. Tenía lágrimas en los ojos y Baekho corrió a secárselas con los pulgares.

– No llores… – murmuraba, cada vez más cerca de sus labios.

– Quien fue a hablar – se rió el pequeño, apartándose para secarse la cara él mismo con el dorso de las manos. – qué estás moqueando casi.

Baekho parpadeó y se secó sus propias lágrimas, riéndose, perdida ya toda la dignidad. “Ni que importase”.

Minki estaba allí, había ido a buscarle, tan perfecto como siempre había sido, si no más.

– Te quiero – le dijo sin siquiera pensar.

Minki le miraba, ahí junto a la puerta, con sus ojos enormes. Alargó sus manos hacia él, manos que ya no eran de niño, pero tampoco eran de hombre. Dejó que le pasara los brazos pero el cuello, y le abrazó por la cintura, tan delgada, pegándole de nuevo a él, pero no mucho. Seguía mirándole a los ojos, perdiéndose en ellos. Ojos que le reprochaban esos meses de ausencia, esos años de tira y aflojas interminables, ojos que ya no eran tristes.

– Lamento haberme ido – le dijo Baekho, de nuevo sin pensar. Minki se merecía una disculpa. O cien. – me pediste distancia pero he lamentado irme cada día desde que me fui. Te he echado tanto de menos…

Minki sonreía sobre sus labios, sus frentes pegadas, sus manos sobre su nuca.

Él no dijo nada, solo le besó.

También había echado de menos sus labios, prohibidos y tan deseados. Sus besos sabían a esperanza y a promesas sin cumplir, a alivio y desesperación.

Presionaba sus labios contra los de él, tan simple y tan intenso. Mover sus labios contra los del pequeño, morderlos, lamerlos, encontrar su lengua y acariciarla con la suya. Era embriagador hasta el punto que sus manos empezaban a moverse sobre su cuerpo, buscándole, buscando más.

– Oh – recordó de repente, separándose, alejándose de sus labios, pero sin alejar las manos de él, manteniéndole pegado a su cuerpo. – lo siento, pasa. – Sacaba las llaves del piso con manos temblorosas, sudadas. De repente volvía a ser un adolescente que subía al chico que le gustaba a un apartamento nuevo y vacío, sufriendo de que no estuviera ordenado – esta bastante desordenado pero…

Pero, a diferencia de cuando tenía veinte años, con espinillas en la cara y recién fugado para ir a la universidad, el chico que entraba ahora no era un guaperas cualquiera, era Minki, su pequeño y tierno Minki, a quien ya estaba convencido de que amaba con toda su alma.

“Tiene catorce años” le recordó una vocecita, ahí en el fondo de su consciencia.

“Así es la vida” le respondió sin más a esa voz, mientras Minki cerraba la puerta, echaba un vistazo al piso y cruzaba los tres pasos que le separaban de él, refugiándose de nuevo entre sus brazos, entre sus labios.

– También te he echado de menos – le dijo – mucho.

Quería besarle, quería perderse entre sus labios, sus abrazos, quería oír de él, de su vida, que le hablase, que le explicase su día a día, las cosas más triviales, las que no lo eran tanto. Que había hecho ese día, el anterior, los últimos meses, que hacía ahí.

– ¿Que haces aquí?

Al pronunciarlo le sonó a un reproche, y sus manos instintivamente le buscaron, impidiendo que se alejara, pero Minki sonrió, con los brazos alrededor de su cuello, sus labios muy juntos a los de él.

– Venir a buscarte – le respondió sin más. Y hubiese sido una respuesta suficiente si no fuera por que eran las cuatro de la madrugada, si no las cinco ya, o a saber, a dos horas de su casa, después de meses sin verse.

– ¿Pero porque? – preguntó de nuevo, rompiendo el beso.

Minki le miró, con ojos cansados pero divertidos. Suspiró y se alejó, escurriéndose de entre sus manos.

“No”. Pensó Baekho, cerrando los puños en el aire en un momento de pánico. El pequeño se rió, se quitó el abrigo y se dejó caer sobre el sofá, a un lado, dejándole un hueco e invitándole a sentarse con él.

– Tuve que venir el viernes – empezó, sentado ya Baekho a su lado – para grabar un anuncio, de una colonia, para la campaña de navidad…

Le habló sobre el anuncio, que Baek inmediatamente se murió de ganas de ver, le habló de Taekwoon, de cómo había hecho ver que perdía el último tren para quedarse, le habló de lo solo que estaba sin él, sin JR, sin Taekwoon, le habló de Joori y de Minhyun, de su hermanita Minyoung. Le preguntó por él, que que era eso de llegar a casa a esas horas, y Baekho le habló de los del coro, de cómo Hyeri le tiraba los trastos, de cómo le había echado de menos cada día desde que se había mudado.

Para cuando se dio cuenta, ahí charlando, en el sofá de ese apartamento que de repente rebosaba de vida, empezaba a salir el sol. Minki bostezaba, y él también.

– ¿A que hora tienes que irte? – le preguntó, doliéndole solo de decirlo. Sus manos le buscaron y sus dedos se enredaron mientras Minki se encogía de hombros y respondía un “aún no” que era más que suficiente. – Entonces, por tarde que sea ya… ¿quieres que vayamos a dormir?

Minki sonrió, y le siguió hasta la cama con una sonrisita pícara que no auguraba nada bueno.

Sacó una camiseta para dársela a Minki de pijama. Él respondió que ya se había traído un pijama, pero la cogió igual. Cogió otra camiseta para él, aunque nunca las usaba, y terminó tirándola de nuevo al armario ignorando a esa diminuta vocecita de razón en el fondo de su mente que le decía que era demasiado dormir en calzoncillos con ese niño a su lado, que se le iría de las manos, que si pasaba algo se arrepentiría.

Pero no pensaba arrepentirse de nada más, que pasara lo que tuviese que pasar.

Se tumbó en la cama y el pequeño enseguida se hizo un hueco a su lado, con un suspiro de alivio que Baekho casi soltó también. La cabeza sobre su hombro, un brazo sobre su pecho, una pierna sobre su cadera. Su hueco de siempre, su posición de siempre. Como debía ser.

Sus cuerpos encajaban a la perfección, la calidez de su piel parecía el mayor de los placeres, y a la vez lo más natural del mundo. Volvió a abrazarle, necesitando sentirle más para compensar todo ese tiempo alejados.

– Pensaba que no volvería a verte – le decía una vez más, acariciando su cabello cada vez más largo.

Minki sonrió y enterró la cabeza contra su hombro.

– Baekho… – murmuró un rato más tarde – creo que soy mala persona. – Baekho no respondió, acariciando su cabello medio adormilado – estoy demasiado feliz de que me hayas echado de menos…

Ahora si sonrió, apretando aún más a ese niño adorable contra su costado.

– Es verdad, eres una persona cruel y despiadada – le dijo suave en la oreja, su pelo haciéndole cosquillas en la nariz. Minki se rió, se removió sobre su cuerpo, pasando una pierna por entre las suyas.

– Yo también te he echado de menos – siguió diciendo el pequeño, con los dedos jugueteando por el pecho del mayor, acariciando su piel, sus músculos.

“Creo que está aún más cachas que cuando se fue” pensaba con asombro, ahí toqueteando pectoral en ese momento tan dramático de su vida.

– Eso espero – respondió Baekho también divertido, con esa voz lenta que se le quedaba cuando tenía sueño.

“¡No te duermas!” pensó Minki removiéndose contra su cuerpo, sintiendo los músculos también de sus piernas contra las suyas.

Sabía que le había echado de menos, se lo había dicho, había podido verlo en sus ojos. Le quería, también sabía eso, aunque hubiese necesitado años para arrancárselo y a veces aún lo dudase. Pero necesitaba que le desease también, y no lo estaba consiguiendo.

“Yo con este calentón y él va y se duerme”.

No quería que se durmiese, no aún.

Volvió a removerse contra su cuerpo, intentando llamar su atención, se estiraba a besar su mentón, su mejilla, sus labios. Baekho seguía quieto.

“Vamos, tiene que notar lo que quiero. La empalmada se me nota.”

Luego se dio cuenta, con las manos de Baekho crispadas sobre su hombro, que no estaba quieto, si no tenso. Hubiese podido deducirlo por su erección también, la suya propia no tenía nada en comparación.

“Joder” se dijo, frotando el muslo contra su entrepierna, bajando la mano lentamente por su pecho sin atreverse a llegar. “Bueno Minki, tu estás creciendo aún”.

No llegó, Baekho le paró antes, cogiéndole la muñeca con los dedos tensos, aguantando la respiración. Y Minki esperó.

“¿Me dirá que no? ¿Me soltará el discurso de siempre de que soy demasiado joven?”

No lo hizo. Le soltó la mano y se giró lentamente para quedar sobre suyo, le acarició el pelo y la oreja, dejando la mano sobre su nuca, y le besó lentamente, con pasión contenida, insistente.

Se escuchó gemir a si mismo, sintió a Baekho pegarse aún más a él en respuesta. Minki se abrazó a él, clavando los dedos en su espalda, amoldándose a su cuerpo fuerte.

Suspiraba, abrumado, sintiendo la lengua de Baekho contra la suya, sus manos bajando por su cuerpo, volviendo a subir por debajo de esa fina camiseta prestada, resiguiendo su cuerpo, acariciando su piel. Las manos de Baekho sobre su pecho. Se abrió de piernas, abrazándole la cadera con ellas, sintiéndole contra su cuerpo con todo su esplendor.

“OH JODER” le mordisqueaba la oreja, el cuello, el hombro, volvía a sus labios y se perdía en ellos, intenso pero calmado, consciente. No era uno de esos arranques desatados de los que se arrepentía al día siguiente, o eso esperaba Minki, que se mordía los labios incrédulo de que fuera cierto, de que, al fin, fuese cierto.

Y de nuevo los miedos, las preocupaciones “¿Hasta donde llegaremos? ¿Estaré preparado?”. Estaba harto de negativas, de sentirse un crío, de no estar a la altura . Ya se preocuparía al día siguiente, o en otra vida. En ese momento quería disfrutar sus besos, las manos de Baekho sobre su cintura, sus suspiros entre sus labios, el tacto de los músculos de su espalda, la presión sobre su entrepierna hinchada de su…

“¿Cómo puede ser tan enorme?”

Sería la impresión, seguro, la excitación del momento que lo hacía parecer todo mayor y más intenso, pero se imaginaba eso dentro y se le ponía el corazón a cien, no sabía si de miedo o de ansias.

“Tiene que a doler” “pero estará bien ¿no?” “Es Baekho, no importa mucho si duele” “La gente va loca por el sexo, será por algo” “pero en serio que tiene que doler” “en las pelis siempre parece gustarles” “Pero” “Quiero hacerlo”.

Quería tocarlo, comprobar si era tan grande como parecía. Pero mientras bajaba las manos por su espalda, temblorosas, dudando, fue Baekho quien bajó a acariciarle, colando los dedos traviesos en sus calzoncillos, poco a poco, tentándole, dejándole espacio para que se negara.

“Ni que fuera a hacerlo” pensó, con los ojos cerrados con fuerza, los puños apretados, el corazón martilleándole a tal punto que parecía estar a punto de ahogarle.

Buscó sus labios de nuevo, perdiéndose en ellos. Él se separó para desnudarle, bajando poco a poco sus calzoncillos por sus largas piernas. Volviendo a subir, con la cabeza a la altura de su tripa, se detuvo, repartiendo besos por su pecho, su estómago, su costado. Le mordisqueó el pezón y Minki ahogó un suspiro que terminó siendo un gemido en toda regla.

Le tomaba entre sus manos, acariciándole arriba y abajo con el pulgar. La otra mano sobre su muslo, impidiendo que cerrase las piernas, los labios sobre el hueso de su cadera, mordisqueando su piel.

Los latidos de su corazón parecían querer llenar el silencio de la habitación a oscuras, sus suspiros y, más lejos, los de Baekho, el sonido de sus labios al despegarse de su piel, del roce de sus manos mientras su boca bajaba poco a poco a devorarle.

“Me está haciendo una mamada” pensó alucinado “otra vez”.

Lo había querido repetir desde que se lo había hecho por su cumpleaños. Lo recordaba alucinante, pero lo era más aun.

“Ohdiosmio”.

Se mordía los labios y cerraba los ojos, y al segundo se entestaba en abrirlos, intentando acostumbrarse a la oscuridad del cuarto, rota por las cuatro franjas de luz que entraban por la persiana mal cerrada. Podía ver a Baekho, ahí abajo, sobre su cuerpo, desnudo, los fuertes músculos marcándose a cada movimiento.

“Quiero tocarle…” pensó. Y el deseo era incluso más fuerte que todo ese placer que le estaba dando ahí abajo, tanto que alargó los brazos, enredando los dedos entre su pelo, ahora negro, con alguna punta rubia aún, más largo de lo que lo había llevado desde que se habían conocido. Tiró de él con más voluntad de la que esperaba y buscó sus labios. Consiguió besarle, aunque Baekho le rehuyó, limpiándose con el dorso de la mano primero.

Le daba igual el extraño sabor de su boca, por perturbador que fuese, volvía a hundir los dedos en sus músculos, su cadera, su culo.

“¿Por qué todo su cuerpo es tan duro?”

A su lado él no era más que un saco de huesos, no se sentía atractivo para nada, pero Baekho seguía acariciándole con devoción, masturbándole.

Se estaba ahogando de intentar callarse los suspiros, Baekho le besaba pero no podía prestarle atención a eso. En cuanto se apartó de sus labios buscó su hombro y le clavó los dientes, jadeando contra su piel.

Baekho seguía acariciándole, insistente, pero no quería que se terminase con sólo eso. Hizo un esfuerzo por apartarle, ganando unos preciados segundos para respirar. Suspiraba contra su oído, ahí bajo su cuerpo, intentando incorporarse para estar aún más pegados. Se enredaba en él, paseaba las manos por su piel, acariciando su cuerpo, hundiendo los dedos en sus músculos, bajando hasta acariciar sus nalgas, sus muslos.

Baekho estaba tenso. Los músculos marcados, los dientes pegados, los puños cerrados.

“Se está conteniendo” pensó Minki. Volvió a besarle en un intento de relajarle, de que se soltara. Sus lenguas se encontraban y se enredaban. Le empujó para girar y quedar él encima, sentado a horcajadas sobre su cadera, sintiendo su cuerpo bajo sus piernas.

Le abrazaba con brazos tensos, los músculos hinchados, besaba lento. Le acariciaba con los puños cerrados, y cada roce era una descarga para Minki.

Se encontraba mal, mareado incluso, la presión era terrible, la tentación de hacerse una paja él mismo y terminar era enorme, pero quería hacer tantas cosas aún…

“Hacerlo, para empezar…”

Seguía llevando la camiseta de Baekho, que tiró hecha una bola a algún en rincón del cuarto. Él aún llevaba los calzoncillos puestos, y quitárselos parecía una excusa maravillosa para tocarle.

Podía escuchar las respiraciones de Baekho mientras agarraba la goma de sus calzoncillos, profundas, forzadas. Tenía miedo de que en cualquier momento le parase, de que no lo hiciera. Él no le ayudó, pero le dejó hacer, el aire pasando forzado a través de sus dientes apretados.

“Le estoy tocando el pene a Baekho” sonaban alarmas en su mente. “Esto esta pasando”.

Le notaba tensarse, su pecho amplio subiendo y bajando, las piernas tensas, los dedos clavados como garras en su cadera, el sudor cayendo de sus sienes.

No tenía puñetera idea de que hacer con eso.

“Pues como cuando te tocas tu”. Pero no, no era lo mismo. La técnica, el gesto, lo que fuera. Estaba siendo un desastre en toda regla. “No me dejará que vuelva a tocarle…”

Pero por algún motivo parecía estar gustándole. O eso quiso pensar Minki cuando se incorporó de golpe a besarle, a comerle los labios con ansias, a manosearle el trasero.

Paró de golpe, justo cuando iba a meterle los dedos.

“Jopetas…”

– Basta – susurraba Baekho contra su oído, jadeando, sudado, ambos desnudos. – Si seguimos no podré parar.

“¿QUIÉN TE HA PEDIDO QUE PARES CAGUEN LA…!!”

– No quiero que pares. – le dijo muy serio, cogiéndole la cabeza para llegar a besarle.

Se iba soltando, poco a poco, Minki lo notaba, pero no tenía tiempo para ir poco a poco.

“Quiero hacerlo ya”.

– Hazme el amor Baekho – susurró junto a su oído, con la voz más sensual que pudo poner. Se sintió ridículo al instante. Que Baekho empezara a reírse no ayudó.

– ¿Y que te crees que estamos haciendo?

– ¡Ay! – se quejó, molesto, enterrando la cabeza en su hombro – ya me entiendes…

Se ayudó de un movimiento de caderas para hacerlo aún más entendedor. Podía notarle, tieso bajo su cuerpo. Tan cerca.

– Minki… – suspiraba Baekho, respirando contra su piel, poniéndole los pelos de punta. Le acariciaba, le abrazaba, le besaba. – Te vas a reír de mi – le dijo – pero no tengo condones.

“Oh” fue tan surrealista que si, le entraron ganas de reírse. Pero no le pareció la mejor opción.

– Yo si. – le dijo sin más mientras Baekho le miraba con ojos como platos – Pero da igual – “Me da un palo levantarme a cogerlos… a saber donde he dejado la mochila…”.

– Entonces… – “¿Entonces que?” – Si no quieres da igual.

“¿¿¿Si no quiero que???”

Baekho se alejaba, casi imperceptiblemente, aunque sus manos seguían aferrándose a él.

“Que ha entendido que no quiero hacerlo el muy subnormal, ¿cómo se lo tengo que pedir?”

Suspiró y se tragó la pereza, alejándose, poniéndose en pie, con una erección que ya molestaba más que otra cosa. Mientras se ponía en pie y registraba la habitación pensando donde puñetas había metido esa cajita que había comprado viniendo (que más valía ser previsor, había quedado demostrado), sentía los ojos de Baekho fijos en él, en su cuerpo desnudo, siguiéndole desde la cama, tieso, inmóvil e igual de desnudo.

“Joder está muy bueno…” pensaba Minki, echando de menos algo de ropa “Joder, vamos a hacerlo…”

Tuvo que ir hasta el comedor, donde había dejado la mochila, pero cuando volvió triunfal con la caja entera, por si acaso, se encontró con Baekho de pie en el umbral, esperándole para envolverle en su cuerpo y llevarle en volandas hasta la cama.

Baekho se había estado conteniendo, le quedó más que claro en el momento en que dejó de hacerlo. Apenas podía seguir el ritmo de sus besos, jugando con su lengua, con su cuerpo entero, restregándose. Se dejaba llevar, y daban vueltas sobre la cama, rodando pegados. Baekho le besaba, mordía su piel, se lo comía a besos y caricias, le devoraba, acariciaba su cuerpo con ansias, con frenesí. Su lengua en su boca, sus manos por todo su cuerpo, DENTRO de su cuerpo.

“¡Ah!”

– Ay…

Y de repente estaba a cuatro patas sobre la cama, con Baekho sobre suyo, metiéndole los dedos y comiéndole la oreja.

“Ouch…”

Buscó la mano de Baekho, enlazando sus dedos. Él buscó sus labios y salió de él para cogerle por la cadera, soltando su mano. Notaba su pene entre sus nalgas, preparándose para entrar, apenas tuvo un segundo para pensar que iba demasiado deprisa.

Cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes.

“JO-DER”

Baekho embestía, moviéndose sobre él, una y otra vez, más rápido de lo que él hubiese querido. Decir que dolía se quedaba corto. Tampoco pensaba decirle que parase. No después de esperar tanto tiempo por ello, no cuando, al fin, estaba pasando. Podía con ello.

Se mordió el pulgar para no gritar, notaba lágrimas en sus ojos cerrados.

“¡Relajate!” se ordenaba a si mismo “irá mejor si te relajas…” intentaba convencerse. Oía el golpear de sus cuerpos, los jadeos de Baekho, cadenciosos, profundos. Ahora era él quien buscaba su mano, y cuando le encontró le apretó con fuerza. Buscó sus labios, intentando recordarse a si mismo cuanto había deseado eso.

– Minki… – murmuró contra su oído, cerca de sus labios. Su voz profunda, casi gutural, le daba escalofríos. Tal vez a él le estaba doliendo horrores, pero Baekho lo disfrutaba, podía saberlo por esa voz, por como temblaba su cuerpo, por el calor de su cuerpo resbaloso de sudor. – Minki… – le encantaba que llamase su nombre con esa devoción, le encantaba que le llamase en ese momento. Apretó sus dedos y se los llevó a los labios, no importaba que doliese, quería más de eso. Le besó, y Baekho se detuvo. Respiraba contra sus labios, jadeando, le acarició el rostro con la palma, llevándose sus lágrimas con el pulgar, y Minki cogió su mano para besársela. – ¿E… estás bien?

Minki asintió, aunque no podía verle, y volvió a besarle. No coló.

– Te estoy haciendo daño. – No era una pregunta, pero tampoco se atrevió a contradecirle. Solo volvió a besarle.

“No pares” pensaba “quiero estar así contigo”.

No le hizo caso, tampoco se alejó. Salió con cuidado y le abrazó, murmurando que lo sentía, que le perdonase, que era un desastre.

– Dime algo que no sepa – se burló Minki. Baekho se rió, nervioso – Estoy bien. – le repitió besándole de nuevo.

Baekho le abrazaba, le acariciaba, repasaba su cuerpo con sus manos, arriba y abajo, con delicadeza.

– ¿Te duele aun? – le preguntó.

– No tanto – respondió sonrojándose. Era raro.

Baekho suspiró, besándole de nuevo. A él se le habían pasado un poco las ganas, pero Baekho aún marcaba una erección de caballo. Intentaba contenerse otra vez, aunque ya no estaba tan tenso.

“Es mi oportunidad”. Oportunidad para aprovecharse un poco de él y meterle mano, que se había quedado con las ganas. Y la verdad es que tenía que admitir que le daba bastante igual que aun le doliese un poco el trasero y que no hubiese sido tan perfecto como había imaginado. Le estaba haciendo una paja a Baekho, y él se dejaba, jadeando con los ojos cerrados, buscando sus labios a tientas, reclamándole entre suspiros. Y no debía hacerlo tan mal, porque Baekho gemía, alcanzando el climax, y él se sentía poderoso haciendo que le temblaran las piernas, que se le cortara la respiración, que se le arqueara la espalda y se le tensaran las manos de esa manera.

Estubo jadeando un buen rato, su pecho subiendo y bajando, suspirando, agotado, mientras Minki intentaba decidir si tenía derecho a reírse de él o no. Optó por no hacerlo, pero nada podía borrarle la enorme sonrisa que se le había pintado en la cara.

– Te quiero – le dijo cogiéndole la cabeza con ambas manos. Baekho pareció sorprendido, pero sonrió, agotado, y le devolvió el beso, abrazándole con fuerza, dando vueltas por la cama con pesadez.

– Te quiero peque – le respondió, desplomándose sobre su cuerpo – Joder, te amo. Aunque no te merezca para nada.

– Shhhtt… – intentó callarle Minki. La declaración era bonita, pero ya se sabía por dónde seguía ese juego.

– No, ya me da igual. Voy a ser un egoísta, te amo demasiado.

Casi no pudo resistir la tentación de aplaudirle.

Rodaba por la cama, abrazándole, jadeando aún contra su oído. Aunque con pesadez sus manos le buscaron de nuevo, y por una vez en su vida, aunque pensaba que nunca llegaría a pasar, fue Minki quien le apartó.

– Creo que he tenido suficiente por hoy – tuvo que decirle.

– Lo siento – repitió Baekho, abrazándolo con fuerza,

– Estoy bien – volvió a decirle Minki, ahora algo exhasperado.

– Siento ser un idiota – siguió – siento merecerte tan poco y quererte tanto. Siento que vayas a tener que aguantarme, porque no pienso alejarme de ti nunca más.

– No lo hagas.

– Sé mi novio.

Y ya está, eso era todo. Al fin, lo habían puesto en palabras.

“SI”.

– Uff – murmuró Minki, alejandose un poco y medio incorporándose sobre la cama – tendré que pensármelo, porque me pillas un poco mal, sin mi agenda encima ni nada.

– Eres un cabroncete. – le respondió Baekho, no pudiendo evitar la tentación de pegarle un sopapo.

– Y así me quieres.

– Y así te quiero.

 

Le dolió despedirse de él, en la estación, porque había insistido en acompañarle. Era media tarde ya, lo más que había podido rascar pues su madre le había recordado que tenía deberes.

“Madre, deberes, vida… bienvenido a la realidad de nuevo”. Pensó viendo pasar las manecillas del reloj, acercándose la hora en la que se subiría al tren y saldría de ese sueño.

Baekho estaba ahí, de pie, a su lado, una mano entre las suyas, marcas de un mordisco en el hombro y ojeras marcadas. Su novio.

Le despidió con un beso, sin importarle si les miraba nadie. Se notaba los labios hinchados, desgastados. Habían intentado dormir un rato, pero al final se habían pasado la mañana entera besándose.

Se hubiese pasado la vida en ello.

Le despedía con la mano desde dentro del tren, con una sonrisa de oreja a oreja, y Baekho se reía desde la estación, algo abochornado.

“ESE SEÑOR TAN GUAPO DE LA ESTACIÓN ES MI NOVIO”. Lo hubiese gritado a pleno pulmón, se lo hubiese dicho al mundo entero.

“Al fin.”

 

 

 

 

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el febrero 18, 2016 en Ámame profe. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. “ESE SEÑOR TAN GUAPO DE LA ESTACIÓN ES MI NOVIO” pero qué monos por favorrrrrrrrr. Ha costado pero Baekho no es de piedra, ¿quién puede serlo con Minki cerca? Qué bonito, qué desastre y qué frustración xD
    ¡Enhorabuena por el capítulo! 🙂

  2. Diooos !!! Juro que con este capítulo me has matado, de verdad que si, estuvo más que excelente !! Muchas gracias por haber actualizado.

  3. Al fin, al fin baekho acepto a Ren por completo, ya son novios!!!!
    Dios valió tanto la espera me ha encantado.
    Amo esta pareja como no tienes idea… Soy tan feliz novios al fin.
    Gracias espero la conti pronto n.n

  4. Creia que habia dejado un comentario cuando lei el capitulo pero se me olvido>< el caso es que POR FIN LO HAN HECHO Y POR FIN ESTAN SALIENDO!!!! Me dio mucha penita ver a Baekho tan destrozadillo TTnTT pero realmente este capitulo a sido incrieble!!! Twngo ganas de leer el siguiente capitulo para ver como va avanzando su relacion y quiero saber la reacion de JR al enterarse de que ya a pasado XD

  5. ¿Desde febrero y apenas lo estoy leyendo? No puede ser posible jajaja eso me pasa por alejarme de la Internet, pero me alegra, andaba vagando en Internet y pase por aquí y mira con la sorpresa que me encuentro.
    Waaaa por fin ja! me dio mucha risa el asunto de los condones, yo también tenía los ojos como plato cuando sucedió, y ahora por fin son pareja. ¡Genial!
    Cuando se encuentran en la puerta, se me hizo una escena muy linda y hermosa ¡Ame eso!

    Muchísimas gracias por actualizar, ya lo extrañaba. ^^

  6. Woooo. !!!! Al fin!! Jejeje al fin pasó lo que debía!!….. Yo que pasaba siempre por Aquí para ver si había capitulo nuevo…. Pero ya voy un buen tiempo alejada del internet…. Hace poco…. Veo si hay actualizacion ppr curiosidad…. Y QUÉ GRAN SORPRESA. !!!!!jeejje… Que hermoso UNNIE….. Sigue así…. Espero el proximo cap. Con ansias y con curiosidad por ver qué pasará entre BAEK y REN
    ……mientras Están lejos uno del otro!! ^ω^😊😊😊😍😍😍

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