Ámame Profe. 51: Novios en Sociedad


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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Una disculpa, de nuevo, por el retraso. Espero que no os hayáis olvidado de estos niños (y no tan niños) preciosos míos, ¡aún tengo intención de escribir mucho sobre ellos! 

 

 

Les echaba de menos.

Había hecho amigos guays en la uni, le gustaba la carrera, pero eso no quitaba que JR, Hyuk y Tao eran casi sus hermanos.

Les había estado mandando cartas, pero le respondían una de cada diez.

“Venga, que solo les queda año y medio” se dijo Minhyun para animarse “Y luego te irás tu y dos años más”.

Si, era muy bueno animándose a si mismo.

Salió de la Uni masticando el bocadillo de la comida antes de ir a trabajar, pensando en las diez mil cosas que tendría que hacer cuando llegase a casa, y llegó ansioso de que aún no había hecho esas diez mil cosas. Ya no trabajaba en el cine, necesitaba unos horarios más estables. Había conseguido que le cogieran en la papelería de al lado del colegio, donde se había pasado años yendo a imprimir los trabajos a última hora. Se pasaba cuatro horas allí cada tarde, pero libraba fines de semana.

Los fines de semana eran para Aron. Y bueno, para estar en casa, de vez en cuando.

Sus padres se quejaban de que cada vez le veían menos. No podía negar que tenían toda la razón del mundo. Aunque por algún motivo que Minhyun no podía llegar a comprender eso no había hecho que se opusieran en absoluto a la idea de que se fuesen a vivir juntos. Muy lógico todo.

Suspiró y dejó a medias la ecuación que estaba tratando de resolver para ir atender a la chica que acababa de entrar.

– Es el único archivo que hay, a doble cara por favor.

– En seguida – le cogió el pen drive con su sonrisa más profesional y se fue a hacerlo. Su jefe le miró con aprobación mientras seguía en su butaca ahí en el fondo del local, viciando a ese jueguecito del móvil.

No era que hubiese mucho trabajo, pero si consiguió mantenerse ocupado toda la tarde. Cuando dieron las ocho, hora de salir, aún no había conseguido terminar los ejercicios que tenía de deberes. Recogió sus cosas y dejó a su jefe apagando las máquinas, pensando ya en el poco tiempo que tendría para cenar si quería terminar el trabajo antes de ir a dormir. E irse a dormir temprano. Y encontrar un ratito para llamar a Aron…

Pero al parecer no necesitaría llamar a Aron, porque estaba ahí fuera esperándole.

– ¡Oh! – exclamó sorprendido de verle allí.

– Hey – le sonrió. No fue a abrazarle ni besarle, no ahí frente el instituto, frente la copistería. – Me he quedado corrigiendo unos trabajos, y como eran casi las ocho pensé en pasar a verte.

Minhyun sonrió de oreja a oreja.

– ¿Quieres que venga a tu casa?

– Si puedes si.

– Un momento que llamo a mi madre pues.

Caminaron hasta su apartamento cogidos de la mano. Su compañero de piso ya ni se sorprendió de verles llegar juntos. En el último año Minhyun se había pasado la mitad de noches yendo a dormir allí.

“Un año ya casi…” pensó con admiración levantando la vista de sus apuntes.

Había esparcido sus deberes por sobre la cama de Aron mientras él, tumbado a su lado, buscaba apartamentos desde su portátil.

Mira, este es chulo – le interrumpió por enésima vez – el baño parece bastante nuevo y las habitaciones son espaciosas, aunque no está amueblado y… creo que está muy en las afueras…

Minhyun le miró con una sonrisa condescendiente, incorporándose para besarle.

Escoge los tres o cuatro que más te gusten y me los enseñas luego cuando termine – le dijo señalando sus deberes. Aron asintió y murmuró una disculpa por estar interrumpiéndole a cada momento y siguió a lo suyo. Minhyun le miró unos segundos, aprovechando que él no le miraba, ahí todo concentrado. Sonrió, y sacudió la cabeza volviendo a sus deberes, dispuesto a terminar cuanto antes mejor.

¿Te puedo ayudar con algo? – le preguntó Aron un rato más tarde. Minhyun aprovechó la distracción para decidir que llevaba demasiado rato peleándose con ese último ejercicio y que no pasaría nada si uno no le había salido. Le dijo que no y le pidió que le enseñara los apartamentos que había encontrado. Como tantas otras veces, ninguno les convenció. Aron apagó el ordenador algo alicaído, preparándose para ir a dormir ya, y después de ponerse el pijama, Minhyun se metió en la cama abrazándole juguetón para animarle. Estuvieron haciendo el tonto un rato, no mucho, pues ambos tenían que levantarse temprano.

– Oh, por cierto – le dijo Minhyun un rato más tarde – He quedado con Minki esta sábado. – Aron le miró, interrogativo – Me mandó un mensaje el domingo diciendo que tenía que explicarme algo SUPER SUPER importante osea que iré a que me explique que ha hecho Baekho ahora.

Aron se rió, abrazándole, le dijo que le mantuviera informado y apagó las luces para irse a dormir.

 

Fueron a merendar el sábado, con Minki. El pequeño le saludó con un abrazo y una sonrisa de oreja a oreja, pero no soltó prenda de ese algo tan tan tan alucinante que le tenía que explicar. Le preguntó a Minhyun sobre su vida, que había decidido sobre lo de irse a vivir con Aron, si tenían ya apartamento, si había estado hablando con su hermano.

– No responden muchas cartas ninguno de los tres – se quejaba Minhyun – y básicamente cuentan lo mismo, que es agotador pero mola, que se están poniendo muy cachas, que echan de menos a la gente de aquí…

Hyuk había sido muy específico, diciendo que echaba de menos ver mujeres. “Si ya no digo ni acostarme con ninguna, simplemente verlas”. Tao, por su parte, estaba encantado de que las instalaciones tuviesen duchas compartidas. JR había terminado en la misma compañía que él y corroboraba que se le iban los ojos que daba gusto, pero también había dicho que estaba consiguiendo disimularlo bastante bien.

Minki se reía y asentía.

– Le echo de menos – decía, aún sin perder esa sonrisa que tenía tan pegada ese día – Nosotros como le escribimos entre todos y cuando le llamamos también está mamá y tal pues no me entero de nada interesante. Ni puedo contarle nada.

– ¿Nada de que? – preguntó Minhyun, sabiendo que estaba a punto de caerle el notición.

– Bueno… – Minki se sonrojó hasta las orejas antes de responder, y por primera vez Minhyun pensó que tal vez si era algo importante y se sintió intrigado.

– Venga, suéltalo.

– Pues nada, que la semana pasada me quedé a dormir en casa de Baekho.

– Oh – “Pues vaya” pensó – Hacía mucho que no os veíais ¿no?

Minki asintió, sonriendo aun más.

– Y bueno, pues… lo hicimos. Ya en serio, del todo.

Se lo quedó mirando con ojos como platos. ¿Iba en serio? ¡Pero si era un crío aún!

“Bueno, no tan crío supongo…” Estaba a punto de cumplir los quince. “Si, es un crío”.

– Oh – murmuró ya más recuperado – Vaya… – No muy recuperado.

Minki no dejaba de reír como un tonto, obviamente orgulloso de ello.

– Fue bastante terrible en verdad – decía – porque dolió un montón, pero bueno, lo hemos hecho que es lo importante jejeje.

“Supongo…”

– Bueno, pues muy bien, me alegro mucho.

“Cuando JR se entere le da algo” pensó “¿Debería decírselo yo?”

– Y bueno, ahora somos novios – le dijo – ahora ya si, de verdad, me lo pidió.

– Oh wow – le dijo, ahora ya si alegrándose de verdad, aunque solo fuera por ver fin a tantos años de “si pero no” – ¡que bien!

Minki llevaba encima una sonrisa deslumbrante, y aunque solo fuera por lo feliz que se le veía a Minhyun le parecía una noticia maravillosa. Que si, que esos… ¿dieciocho? ¿diecinueve? años de diferencia eran muchos, que Baekho ya era un señor hecho y derecho y Minki aún era un niño, pero viendo a Minki tan feliz no parecían ser detalles tan importantes.

– Me alegro mucho – le sonrió antes de dejar que Minki empezara a explicarle los detalles de la noche, de su primera semana de novios llamándose a todas horas, de lo adorable que era Baekho cuando se lo proponía.

Después de separarse de Minki, volviendo ya para su casa, no pudo evitar buscar el contacto de Baekho en el móvil y mandarle un “Felicidades campeón, ya era hora”. Se arrepintió al segundo, no tenían tanta confianza, pero le había parecido necesario. Luego reparó en el hecho de que estando JR en el ejercito probablemente no se enteraría de eso hasta que regresase, y que con JR ausente nadie estaba controlando a Minki.

– “Cuidadín con el niño, que te tengo vigilado” – añadió.

 

 

El director Kim Kibum, también conocido como Key, miraba con cansancio la bandeja de entrada de su correo. Las navidades eran terribles. Más que las navidades el otoño, todos los meses anteriores, cuando todo el que no se había acordado antes empezaba a darse prisa en grabar los anuncios para la campaña de navidad.

Seop entró un momento, dejándole más ficheros sobre la mesa, recordándole que aún tenía más trabajo.

– Gracias – murmuró con desprecio. Él se rió, se acercó a darle un beso rápido y siguió trabajando. Volvió a los pocos minutos.

– Ha llegado Choi Ren.

“Cinco minutos antes” pensó Key mirando el reloj colgado en su despacho. Mejor, así tenía excusa para seguir dejando esa montaña de trabajo para más tarde.

– Dile que pase.

Sonrió para si mismo mientras esperaba que llegase. Tenía buenas noticias, y se moría por ver su cara cuando se lo dijera, más con lo deprimido que había estado últimamente.

Aún así, cuando le vio llegar se dio cuenta al instante de que ya no estaba deprimido.

– Bueno, me esperaba esa cara cuando salieras de aquí, no al entrar – le dijo mientras el pequeño se sentaba frente a su mesa, sonriendo como un idiota. Le saludó y apretó los labios para dejar de sonreír, formal y serio. – Bueno, tengo varias cosas a tratar contigo – le dijo – pero ¿hay algo que quieras contarme antes?

Minki se rió, subiendo los pies a la silla, Key no le dijo nada por ello, en vez de eso lo aprovechó para dejar su pose de trabajo y sentarse también con las piernas cruzadas.

– Si – le dijo Minki, con una mirada de suficiencia que consiguió picarle la curiosidad. – pero te lo puedo contar luego, ¿de que querías hablar?

Minki tenía esa desenvoltura natural, esa tendencia a olvidar las jerarquías y pasarse los formalismos un poco por donde le daba la gana. Más que eso conseguía que los demás también los olvidasen, que dejara de parecer importante que Key no era su colega si no su jefe. Suspiró y, una vez más, se lo permitió.

– Bueno, pues en primer lugar ya está montado el anuncio que fuiste a grabar la semana pasada. – Minki murmuro un “Oh”, poniéndose más recto sobre la silla, interesado – No empezarán a emitirlo hasta dentro de un par de semanas o así, pero he pensado que igual querrías verlo.

Quiso, obviamente. Aunque en un principio le había sorprendido la idea con la que le había ido el publicista luego había sido divertido de grabar, y el resultado no podía ser mejor.

Minki miraba embelesado como su yo de la pantalla le miraba fijamente, con esos arreglos y adornos de mujer. Key ya había visto el video unas diez veces y, si no fuera porque conocía a Minki, se hubiese creído que era una actriz quien le miraba desde la pantalla, quien le vendía esa nueva colonia, para después deshacerse el peinado, volverse salvaje y transformarse en hombre, un hombre aún más atractivo y seductor, que volvía a venderle esa colonia, ahora para hombre.

No sabía si venderían mucho, pero Minki se haría famoso con ese video. Él ya había empezado a utilízalo para encontrarle nuevos trabajos, y estaba funcionando.

Minki parecía algo avergonzado cuando terminó el anuncio, le miró dubitativo.

– ¿Ha quedado bien?

– Ha quedado perfecto – le dijo con una sonrisa. – ¿no crees?

– No se – murmuró – me lo pasé bien haciéndolo pero me veo algo ridículo…

– Te ves muy bien – le replicó – y no soy el único que opina eso. – Ahora si le miraba más interesado. – Te han invitado a desfilar en la próxima edición de la Seoul Faishon Week.

Minki abrió los ojos como platos.

– ¿Es en serio?

Key asintió. Sabía que terminaría allí, pero no tan pronto, no en su segundo año de carrera. De algún modo, mientras Minki se exclamaba alucinado él le sonreía, orgulloso de su niño.

– Oh, y lo último.

– ¿Es que hay más?

– Si, por supuesto. – se rió – este año si voy a colarte a las pasarelas de invierno, así que ves haciéndote la idea de que estarás ocupado.

Tenía un montón de peticiones para los anuncios de la campaña de navidad, y aunque había un par de huecos secundarios donde creía poder colar a Minki, después de que el pequeño tuviese un anuncio propio y le hubiesen invitado personalmente a la SFW le parecía que sería retroceder, y prefirió reservárselo.

– Oh, – terminó – y si da tiempo, que aún no estamos seguros, nos gustaría hacer un photoshoot aquí en la agencia, de temática navideña y tal, para hacernos un poco de publicidad a nosotros mismos. Si consigo encontrar un hueco ya te llamaré.

Minki le miraba con tal sonrisa que no estaba seguro de fuese a acordarse de todo, se aseguraría de llamar luego a su madre para aclarar fechas y contratos. De momento. Se interesaría más en saber el porque de esa enorme sonrisa con la que había llegado.

Cuando Minki al fin lo soltó casi no se lo creyó.

– Así que ya ves, tus consejos funcionan – se reía el pequeño.

Novios, de verdad, oficialmente, finalmente. “Ay” pensó “como crecen”. Si, aunque no tuviese nada que ver con el trabajo, Key se sentía orgulloso de su niño. Se sentía un poco mal por tenerle un trato tan preferente, al fin y al cabo no era más que uno de sus modelos, pero no podía evitarlo, tal vez porque era el más pequeño, tal vez porque tenía tanto talento, tal vez por esa manera de hacer las cosas tan suya y tan especial, se hacía de querer.

Despidió a Minki en la entrada, pasó junto a Seop, que le preguntó con la mirada a que venía tanto escándalo. Le respondió medio en broma que se pusiera a trabajar que no era de su incumbencia.

– Que fuerte… – murmuró para causarle más intriga mientras volvía a su despacho. Vio la pila de trabajo que aún tenía y decidió portarse un poco mal y dejarlo para más tarde. Se espachurró en su silla, con los pies sobre la mesa y sacó el móvil, rebuscando entre sus contactos antiguos. – ¿Wonsik? – preguntó cuando descolgaron – A que no sabes de que me acabo de enterar.

 

Minki no dejaba de mandarle mensajes, y él no dejaba de sonreír. Jaehwan, en el coro, le había dicho que hacia mejor cara, y él, sintiéndose generoso, le había dicho que “su novio”, ese chico ALGO más joven que él con quien estaba medio liado había ido a verle, que ahora volvían a hablarse, que habían hablado y ya si, ya era su novio.

Hacía muchos años que no tenía novio, hacía muchos años que no se sentía tan enamorado, si es que se había sentido así alguna vez.

Minki le llamó emocionado con las novedades en la agencia, y a él le saltó el corazón al ver que le llamaba, al oír su risa al otro lado. Mentalmente volvía a tener quince años. “O tres” se respondió a si mismo. Si pensaba en ello no se sentía orgulloso de su comportamiento, así que prefería no pensar en ello.

Colgó el teléfono, aun con una sonrisa en los labios, y si colgó fue porque Minki le decía que había llegado a casa ya y que tenía que saludar a sus padres y explicarles todo también, que le volvería a llamar luego, que le quería, que echaba de menos sus besos, que pensara en él y contara los segundos hasta que volviera a llamar.

Colgó y suspiró, sintiéndose algo idiota. “Pero un idiota feliz” se dijo.

Definitivamente idiota.

Había contado hasta tres cuando el teléfono volvió a sonar, era Wonsik. Mientras descolgaba se sintió culpable de no haberles dicho nada aún a los chicos. En parte no se atrevía, en parte no sabía como hacerlo, en parte prefería explicárselo en persona, y los días habían ido pasando.

– Hey – le dijo al descolgarle – que hay.

– ¿¿¿Que que hay??? ¡Tu dirás que hay! Jajajajaja ¿¿¿Cómo se te ocurre no decir nada???

“¿Eh?”

Lo primero que le pasó por la cabeza fue que, de algún modo, se habían enterado.

“¿Cómo iban a enterarse?” se respondió a si mismo.

– ¿Que pasa?

– ¡¿Cómo que que pasa?! ¡Que al fin te has tirao al crio pasa!!!

“Oh”

Pues si que lo sabían.

– ¿Cómo no lo cuentas? – oyó la voz de Hakyeon desde el otro lado del teléfono – que nos hemos tenido que enterar por… ¿un ex?

En su voz había un deje de reproche, no dirigido a él, y no pudo evitar reírse.

– ¡Fue hace muchos años! – oyó a Wonsik replicándole.

“Así que Minki se lo ha contado a Key…”

– Bueno – respondió él – no sabía como decirlo tampoco. Estaba pensando de deciros de salir a cenar un día.

– Pues si. Toca salir. Toca celebrarlo. ¡Dile que se venga también!

– Si, si, queremos detalles. Y vamos, aún necesita nuestra aprobación.

– ¿Que aprobación ni que leches??? – se rió.

Le exigieron detalles, aunque se negó a dárselos, consiguió que colgaran y el teléfono volvió a sonar. Era Hongbin, y luego fueron Jongin y Kyungsoo. Todos indignados de que no se lo hubiese dicho antes, todos felicitándole de que, al fin, hubiese sucedido.

Sabía que sus reacciones alegres no eran más que un paréntesis de realidad. Sabía que la relación que tenía con Minki no podía salir de su circulo de amigos más próximo, pues si a él le había costado años aceptarlo ¿que diría el resto del mundo? ¿Cómo reaccionaría su madre cuando lo supiera?

No quería ni pensarlo, pero de mientras quería permitirse esa inconsciencia, disfrutar de lo prohibido como Minki llevaba tantos años diciéndole que hiciera, como todos sus amigos parecían pensar que era lo correcto, saborear la palabra Novio mientras pensaba en Minki, mientras recordaba sus besos y sus gemidos, como había estado dentro de él.

“Fue un desastre” se reprochó, pero se lo reprochó con una sonrisa mientras, como el pequeño le había dicho, contaba los segundos hasta que le volviera a llamar.

Definitivamente era como tener quince años otra vez, solo que no recordaba haber sido tan feliz con quince años.

 

Fue el cumpleaños de Minki, y aunque cayó entre semana y ya había quedado en subir al fin de semana siguiente a celebrarlo se escapó por la tarde y subió a la ciudad a felicitarle en persona. El pequeño le recibió con un beso ansioso, en cuanto pudieron refugiarse solos a la intimidad de su cuarto. Era la primera vez que se veían desde que “estaban saliendo”, y le costó horrores separarse de él y volver a bajar, haciendo comentarios sobre los regalos que supuestamente había subido a ver.

Se fue más temprano de lo que hubiese querido, o más tarde, teniendo en cuenta que tenía que trabajar al día siguiente, pero volvió allí el sábado, directo cuando salió del coro.

Cuando llegó la fiesta hacía horas que duraba. Habían ido a merendar Taekwoon y Joori, y se encontró con Minhyun y Aron ahí también, aunque ellos solo se habían pasado un momento, a saludar y darle un regalo, y echarle una mirada burlona a Baekho cuando llegó, cuando ellos ya se iban.

No fueron los únicos a lanzarle miraditas. Ni Sunyoung ni Yixing sabían nada, obviamente, pero tanto Taekwoon como Joori, a quien, por cierto, no veía desde que iba a la guardería, no le quitaban la vista de encima.

Los críos subieron al piso de arriba, a jugar con la Play que, muy amablemente, Minki se había quedado en su cuarto cuando habían despejado el despacho del fondo para hacer el cuarto de Minyoung. Baekho, se quedó un rato con los mayores, abajo, observando a la pequeña que ya dormía en los brazos de su madre y hablando con Sunyoung y Yixing quien, a su manera, también había echado de menos.

– Menuda nochecita nos espera – murmuraba Sunyoung – no sé ni como montaremos las camas. Tu tranquilo que el cuarto de JR es tuyo, pero no me parece bien que duerman los tres juntos en la habitación de Minki…

– ¿Se quedan a dormir? – preguntó Baekho, sintiéndose sin querer algo decepcionado.

No es que hubiese esperado nada de esa noche, no en casa de sus padres pero… bueno.

– Eso dijo. – siguió ella – No es que me moleste pero siempre que se queda Joori a dormir tengo ese… no se que. Bueno, si sé el que, que estoy muy contenta de que tenga novia ya pero son muy pequeños aún para… hacer dios sabe que cosas.

“Espera, ¿Que?”

– ¿Joori es su novia? – Será de Taekwoon si acaso.

– Si – afirmó ella muy segura – bueno, él dice que no, pero son tan próximos… Pensaba que tal vez a ti se te había contado algo.

Se quedó en blanco unos segundos.

– No es su novia – respondió muy seguro, ignorando la seguridad que le daría frente a su madre que ella pensase que Minki salía con otra persona – estoy seguro.

– Oh. – se sorprendió ella – como van juntos a todas partes…

“¿Y acaso conmigo no?”

Intentó relajarse antes de terminar soltándole que estaba saliendo con su hijo la segunda semana de noviazgo. Se disculpó con ellos y subió al cuarto de Minki, a ver que hacían.

Estaban los tres tirados por el suelo, jugando a la play, charlando y riendo. Minki se puso en pie en cuanto le vio, pasándole el mando a Taekwoon que sonrió malicioso mientras Joori se quejaba de que no quería perder otra vez.

Saltó a sus brazos en cuanto cerró la puerta, abrazándole y buscando sus labios, al parecer sin importarle para nada la presencia de sus amigos, que, aún con las miradas fijas a la pantalla, se reían de ellos.

Se sentó en el suelo con ellos, y Minki entre sus piernas, muy arrebujadito contra su pecho. Se le hacía algo incómodo, estar ahí, tan pegados, con esos dos críos (de la edad de Minki), que le había quedado claro que sabían de su relación. Taekwoon tenía la mirada fija en la pantalla, muy concentrado, pero Joori, ya resignada a perder de nuevo, no dejaba de echarle miraditas.

– ¿Entonces os quedáis a dormir? – les preguntó un rato más tarde, para sacar tema de conversación más que otra cosa.

Para su sorpresa ambos negaron con la cabeza.

– Lo habíamos propuesto – le explicó Minki, echando la cabeza para atrás para alcanzar a mirarle – pero si te quedas tu… bueno, estaré ocupado.

Oyó a Joori reírse y a Taek resoplando con un “no hace falta ser tan explícito” y sintió como le subían los colores hasta las orejas. Cerró los ojos un momento para respirar con calma, cuando los abrió Minki seguía mirándole con esa sonrisilla viciosa.

– Pues alguien debería decírselo a tu madre – siguió como si nada – porque se está rompiendo la cabeza para distribuir camas y habitaciones.

– Aish – se quejó Minki, poniéndose en pie – si es que no me escucha…

Al dejarles en el cuarto Joori pausó el juego, mirando fijamente a Baekho. Taekwoon se giró a mirarle también, con menos intensidad que ella, pero mirándole al fin y al cabo.

De repente le sudaban las manos.

– Bueno – empezó ella. Él apartó la mirada, incómodo, y Joori volvió a reírse.

Cuando Minki regresó volvió a sentarse entre sus piernas, acomodándose contra su cuerpo.

– Todo arreglado – murmuró segundos antes de buscar sus labios.

Le besaba con ganas, y Baekho no pudo si no devolver el beso, muy consciente de las miradas fijas sobre ellos.

– Minki… – se quejó entre sus labios.

– Es mi cumpleaños – respondió él por toda justificación.

Joori volvió a reírse y les dijo que dejaran de meterse mano (y lengua), que eran unos indecentes, que se buscaran un hotel. Taekwoon, mucho más certero, se dirigió directamente a Baekho con un “te va a pillar la suegra”. Ahora si, apartó a Minki de golpe, alerta. Taek tenía en los labios una sonrisilla maliciosa que hizo que Joori se partiera de la risa y que Minki le lanzara una almohada a la cara, segundos antes de enzarzarse a rodar por el suelo en una apasionada pelea de almohadas.

 

No se fueron mucho más tarde. A Takewoon vinieron a buscarle sus padres, que aún vivían en esa inmensa casucha que tenían en las afueras. Aprovecharían para dejar a Joori en casa de sus abuelos de camino. Ambos se despidieron de Minki con abrazos efusivos, como si no fuesen a volver a verse en años, básicamente Joori. Taek se despidió de Baekho con un “Buenas noches hyung” que hubiese sido muy correcto de no ir acompañado de esa sonrisilla picarona que aún le duraba, y Joori le soltó directamente un “Descansa… si te dejan” que debió de parecerle lo más gracioso del mundo porque se fue partiéndose de la risa.

Sunyoung anunció su intención de irse a dormir enseguida que los pequeños se fueron, pero se detuvo a medio camino a su cuarto, impelida por sus responsabilidades como madre y anfitriona.

– ¿Has cenado? – le preguntó a Baekho mientras empezaba a despejar la mesa de los platos que habían quedado tirados ahí.

– Deja, lo hago yo – intentaba detenerla su marido.

– No – respondió Baekho mientras ellos se peleaban por quien desparaba la mesa – pero no te preocupes por mi, mujer, que me busco la vida sin problema.

– ¿Atracando la nevera despiadadamente? – se rió ella.

– Por ejemplo. – se rió abrazando a Minki, que se le había puesto delante, pegado a su pecho. Este se giró a mirarle de golpe, sin deshacer el abrazo.

– ¿Has probado el pastel? – le preguntó con ojos brillantes, más aún cuando Baekho respondió que no, y fue corriendo a sacar lo que había quedado de la nevera para cortarle un trozo.

Baekho se sirvió una porción, se sentó en la mesa a comer y Minki a su lado mientras Sunyoung inexplicablemente seguía encontrando cosas para hacer, y revoloteaba por ahí llevando platos y bandejas.

– Pues está bueno esto – murmuró llenándose la boca de bizcocho, nata y fresas. Había pensado que sería demasiado empalagoso, pero no. Tal vez era solo que tenía hambre.

– ¿A que si?

Minki alargó la mano a robarle un cachito de fresa que le había caído al plato, animado, y se lo llevó a los labios mirándole fijamente, lamiéndose la nata de los dedos mientras Baekho abría los ojos como platos, desviaba la mirada y le prestaba atención a Sunyoung y Yixing, que seguía dando vueltas por ahí.

– Pues si, ha sido una buena compra – murmuraba él – es de una pastelería que han abierto nueva, ¿sabes donde había la tienda esa de peces?

– ¿La tienda de peces cerró?

– ¡Hace un siglo ya de eso!

Minki le robó otro cachito de fresa, esta vez sin la innecesaria insinuación, su madre al fin se fue a dormir, igual que Yixing, subiendo antes a darle las buenas noches a Minyoung, que ya dormía arriba. Y Baekho se sirvió otro trozo de tarta, prometiéndose que iría al gimnasio el lunes, y se sentó a disfrutar de las insinuaciones de Minki.

– Me alegro de que te hayas podido quedar a dormir – le decía el pequeño, ya no tan pequeño, mirándole sonriendo como un tonto, como debía haber estado sonriendo él las últimas semanas.

– Bueno, faltaría más. – respondió riéndose. Se terminó el segundo trozo de tarta, apartando la fresa que quedaba entera para dársela a Minki. La pinchó con el tenedor y se la ofreció. Minki, su novio, se estiró sobre la mesa para cogerla, mirándole fijamente.

En algún rincón en el fondo de su consciencia una vocecita le recordó que era demasiado joven, para él, demasiado perfecto. Y con una sonrisa de oreja a oreja le replicó a esa insignificante vocecita que esa perfección le había escogido a él.

Recogió el plato, apagó las luces y ambos subieron al piso de arriba. Se metió en el cuarto de JR, donde había dejado las cosas, mientras Minki iba a su habitación. No se despidieron, tenía intención de meterse en su cuarto en cuanto se hubiese cambiado. Sabía que no estaba bien, no en casa de sus padres, con su madre durmiendo en el piso de abajo, pero tampoco tenía intención de hacer nada, solo tenerle entre sus brazos y dormir abrazados…

Ya en chándal y sin camiseta deshizo un poco las sábanas, por si acaso, y se puso la alarma en el móvil a una hora lo suficientemente intempestiva para asegurarse de que se levantaría antes que Sunyoung, y justo cuando salía para ir a buscar a Minki fue él quien se asomó por la puerta del cuarto. La abrió con sigilo y se deslizó dentro y entre sus brazos.

– Justo iba a venir – le dijo Baekho, sintiéndose algo culpable de que, una vez más, hubiese tenido que ser el pequeño quien le buscaba. Minki sonrió, buscando sus labios.

– Tardabas mucho.

– Estaba poniendo la alarma – se disculpó, murmurando entre sus labios, pasándole los brazos por la cintura, acariciando su espalda. – para asegurarnos que nos despertamos antes que ellos y que no nos pillen.

Minki hizo una mueca y murmuró algo que sonó a un “buena idea” mientras se perdía en sus labios, y Baekho le abrazó con mas fuerza, saciándose de lo mucho que le había echado de menos.

Le separó para mirarle a los ojos, aún sin acostumbrarse a que fuese tan alto como él. Le apartó los largos cabellos rubios de la cara y le sonrió.

Perdiéndose en sus ojos volvió a preguntarse las mismas dudas de siempre. ¿Por qué Minki le quería? ¿Cómo era posible? ¿Cómo podía él mismo necesitarle tanto?

Le acarició el rostro con las yemas de los dedos, muy suave, y mientras el pequeño cerraba los ojos lentamente, abandonándose a la caricia, se recordó que se había prometido dejar de dudar. Se inclinó a besarle de nuevo, solo un instante, y tiró de él hasta la cama, tumbándose él primero y haciéndole un hueco a su lado, entre sus brazos.

Tumbados el uno junto al otro, bajo las mantas, apagaron las luces y empezaron a charlar.

Minki jugueteaba con sus dedos mientras le explicaba los nuevos trabajos que le había ofrecido Key. Baekho le acariciaba el pelo mientras le explicaba los cotilleos de su coro y del nuevo colegio donde trabajaba. Minki removía los pies para enlazar sus piernas con las suyas mientras le comentaba que Minhyun y Aron habían decidido irse a vivir juntos y le explicaba el último libro que se había leído. Baekho paseaba los dedos por su tripa mientras admitía que hacía mucho que no leía, y le pedía que le prestase ese libro. Minki se arrebujaba de espaldas a él, pegándose a su pecho en cucharita, comentando como si no fuese importante que la próxima semana estrenaban su película.

– Le he dicho a Joori que iré a verla con ella.

– ¿No irás conmigo entonces? – le preguntó estrechándole contra su cuerpo, más juguetón que preocupado realmente. Ya suponía que Minki iría a verla más de una vez.

– Claro que no iré contigo – murmuró sorprendiéndole. – Ni siquiera quiero que la veas, es horrible.

“¿Cómo?”

– Minki, sales tu. Claro que voy a verla.

– Es una bazofia de película, no quiero que me veas en ella.

– A ver, si la echan en el cine y todo no será tan mala.

– Que te digo yo que si. Que es un horror.

Desistió de la discusión, teniendo claro que no importaba lo que el chiquillo dijese, que iría a verla igualmente. Y decidió saltarse un poco sus propias normas, estirándose sobre su cuerpo para buscar sus labios.

Los dedos de Minki le buscaron ansiosos, resiguiendo su pecho desnudo, y él bajó las suyas hasta su cadera, hasta su cintura. Subía las manos por dentro de su ropa, sintiendo su piel cálida contra sus manos, suave. Sus labios se abrían y sus lenguas se buscaban. Jugueteaba con sus cabellos entre sus dedos, con su muslo entre las piernas del pequeño. Minki cruzaba los brazos tras su nuca, clavándole los dedos en los hombros desnudos.

Tuvo que hacer un terrible esfuerzo por no desnudarle y contentarse en besarle. Y él le respondió respetando ese esfuerzo, manteniendo los besos calmados, las caricias lentas. Pero la lentitud de sus besos, de sus manos sobre su piel eran una agonía y sentía su piel arder. Se mordían los labios el uno al otro, con ansia contenida, sus cuerpos tensos, pegados, duros.

Se separaron, ambos con la respiración entrecortada. Más bien se obligaron a ello.

– Deberíamos dormir… – murmuró Baekho aún sobre sus labios. Minki asintió, dándole la razón, y se acurrucó en el huequito entre sus brazos. Luego se levantó de golpe, mirándole con ojos brillantes aún a oscuras.

– Tengo condones.

Le lanzó una mirada de reprimenda, pero no pudo evitar reírse, sintiéndose avergonzado también.

– Y yo. – Minki le miraba divertido – no porque tuviera intención de hacer nada – se justificó, el pequeño seguía mirándole, murmuró un “ajá” jugueteando con los dedos sobre su pecho – es decir… es mejor estar preparado. Aunque no vaya a pasar nada. Por si acaso. Y, bueno, la otra vez me sentí como un imbécil.

– Mi imbécil. – murmuró Minki con un tono excesivamente empalagoso estirándose a besarle. Baekho no pudo evitar reírse.

– Que tonto.

– Tu tonto.

Ambos estallaron a reír, tapándose la boca con las manos para ahogar las carcajadas.

– Debería ser ilegal ser tan feliz. – murmuró Minki, ahí entre sus brazos, con la espalda contra su pecho y sus dedos entre los suyos.

– Bueno, en nuestro caso es muy probable que lo sea.

Eso le hizo reír otra vez, y Baekho se rió con él, y volvieron a besarse.

Besarle era como respirar. Tan sencillo y tan necesario. Tan imposible intentar negarse a ello.

Caía entre sus brazos, sus suspiros. Intentaba alejarse pero no podía dejar de besarle. Colaba las manos por dentro su ropa, por su camiseta, por sus pantalones.

Fue tan inmediato que le pareció una alarma, por imposible que fuese, ese grito agudo, en medio del silencio de la noche, casi como un llanto.

Tardó unos cuantos segundos a ubicarlo. Minyoung, en el cuarto de al lado, se había despertado y lloraba, reclamando atención.

– Joder, – murmuró Minki con fastidio. – ya está otra vez.

Baekho se detuvo un momento a visualizar su situación, en la cama con Minki, sin camiseta, el pequeño aún vestido pero con la ropa revuelta, el cabello despeinado y los labios rojos, y su madre subiendo por las escaleras. Si no hubiese sido imposible juraría que la oía subiendo los escalones.

Se levantó de un salto, buscó el jersey que tenía sobre la silla y se lo puso corriendo, y salió del cuarto cerrando la puerta.

Efectivamente, la bebé se agitaba en la cuna, berreando. Fue hasta ahí y la cogió en brazos. Se calmó, pero no consiguió callarla, siguió con ese quejido lastimero, agarrándose con las pequeñas manitas al jersey que, se acababa de dar cuenta, se había puesto del revés.

“Bueno…”

No era Sunyoung quien estaba subiendo, sino Yixing, con los ojos pegados de sueño y el pelo alborotado.

– Lo siento – se disculpó – te ha despertado.

No era una pregunta, así que Baekho no se molestó en responder, sólo se encogió de hombros, quitándole importancia.

– No hay manera que duerma esta niña – murmuró en voz baja mientras se agachaba y buscaba entre las mantitas de la cuna. – apenas habíamos conseguido que durmiese la noche entera de tirón y empiezan a salirle los dientes. – sacó un mordedor de entre los pliegues y se lo dio a la niña, que lo cogió con ansias y se lo llevó a la boca, callando finalmente. – venga, ya sólo falta que se duerma – dijo Yixing con una sonrisa cansada. Le hizo un gesto a Baekho, que aún la sujetaba en brazos, invitándole a que se la pasara – puede tardar – añadió con una disculpa en la mirada. Baekho dudó unos segundos.

– Si es así cada noche estarás agotado, si quieres ya me quedo yo.

Yixing le miró unos segundos. Abrió la boca para decirle que no era necesario, per vaciló y se encogió de hombros, admitiendo que tenía razón.

Minki salió de su cuarto y apareció en el pasillo. Del suyo propio, no del de JR. No le había visto cruzar el pasillo. Yixing le miró, Minki les miró a ellos, murmuró un “hey” y se metió en el cuarto de baño.

Minyoung le miraba con los ojos muy abiertos, sin parecer cansada en absoluto, y Baekho empezó a acunarla a ver si el movimiento le hacía venir sueño. Yixing volvió a mirarle.

– Me sabe mal – le decía – que tengas que quedarte.

– Para nada – le respondió – lo estoy disfrutando. – él seguía mirándole, pensativo.

– ¿Te gustaría tener hijos?

Baekho se encogió de hombros.

– Supongo, intento no pensar en ello.

– Pero te gustaría.

– ¿Y a ti te gustaría tener alas? ¿hablar todos los idiomas del mundo? ¿ser millonario? Simplemente no puede ser. – no lo decía con fastidio, incluso sonreía, mirando al bebé entre sus brazos que, finalmente, parecía dispuesta a intentar cerrar los ojos. O igual no – Intento no pensarlo y hago un poco de parásito cuidando a los hijos de los demás.

Le sonrió, y Yixing se encogió de hombros y le devolvió la sonrisa, y volvió a bostezar. Al final bajó y le dejó con la niña. Minki salió del baño un rato más tarde. Bostezando. Baekho le miraba burlón, con una ceja levantada, él desvió la mirada. Se acercó hasta él y se colgó de su hombro. Minyoung empezaba a cerrar los ojos, y Baekho canturreaba mientras la mecía.

– ¿Vienes a la cama? – le preguntó abrazándole por la espalda.

– En seguida, en cuanto se duerma.

– Entonces no será enseguida. Esta niña es un monstruo. – dijo mientras alargaba los dedos a juguetear con ella, pellizcándole la narizilla con cariño.

– Si, no sé a quién me recuerda.

Minki le sacó la lengua, y le dio un beso. Se quedó un rato ahí colgado, abrazado a él, pero al final se fue también, diciéndole que le esperaba en la cama.

Cuando al fin se durmió y pudo volver a dejarla en su cuna regresó al cuarto de JR, donde Minki ya dormía.

Le contempló unos instantes. Ahí dormido, tan plácido, tan perfecto. “Mi novio”. Dormido parecía aún más joven, pero intentó no pensar en ello. Se quitó de nuevo el jersey y se tumbó a su lado, abrazándole.

– Buenas noches mi amor.

Le besó en la frente y se durmió con una sonrisa.

 

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Acerca de ShirokoToKuroko Fanfics

Somos... Otakus, k-popers, fujoshis, y... bueno, no vamos a poner el resto aquí! XD vale, vale... nos encanta leer y escribir, mirar animes y doramas, dibujar, escuchar música y fangirlear a tope!!!! y si, estamos locas! ^^

Publicado el junio 21, 2016 en Ámame profe. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. AHHHHHHHH *grita como una fangirl histérica* Son tan monos que vomito arcoiris everywhere 😛 Ojalá no empiecen los marrones familiares, (o sí, me encanta el drama) pero diría que Yixing ya se huele algo…
    Gracias por actualizarrrrrrr!!!!

  2. ¿Es que no le vas a dar un final a esta historia?

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