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Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : II “Pide un deseo”.

Pide un deseo letra

 

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: JRen (JR x Ren)

 

– ¡Feliz navidad! – exclamó levantando la copa.

– ¡Feliz navidad!!! – respondieron el resto levantando también sus copas y bebiendo.

Se sentía feliz. Tal vez no se respirara esa empalagosa felicidad navideña de villancicos y regalos y rojos y blancos y verdes, pero estaba bastante hasta los huevos de celebrar las navidades con la familia, con esa asfixiante familia de mujeres atolondradas. Este año, por suerte, Aron tenía el piso libre ya que sus padres estaban fuera, y Ren, junto con Minhyun y JR habían podido ir ahí a celebrarlo, con unas pizzas, unos pasteles y bebidas. Y un poco de confeti multicolor y cintas brillantes que se habían permitido y que había terminado por el suelo a los diez minutos. Daban algo de aire festivo, aunque no tanto como las carcajadas de Aron, a quien ya le está subiendo el alcohol, coreadas por sus amigos que no sabían si se reían de él o con él.

– Mi madre me montó una bronca cuando le dije que no iba a pasar la navidad con ellos… – murmuró Aron sin dejar de reír, tumbado y con la cabeza sobre las piernas de Minhyun.

– Joder – Se quejó Ren – pues tienes una edad ya. – Era el primer año que le dejaban a él, salir y quedarse a dormir fuera, librarse de la comida familiar del día de navidad (suponía que en parte debido al escándalo del año anterior) pero Aron era tres años mayor, él no debería ni siquiera tener que pedirlo.

– Ya, pero como ya voy a pasar año nuevo en su casa… – siguió este señalando a Min.

– Oye, si va a ser un problema… – empezó a disculparse, pero Aron le acalló con un dedo sobre sus labios y una sonrisa.

– Claro que no es un problema, quiero estar contigo.

Y Minhyun sonrió y se inclinó a besarle y Ren apartó la mirada sin saber si fingir que no lo veía o patearles para que parasen. Eran la única pareja empalagosa a la que toleraba, o más bien eran la pareja más empalagosa a la que toleraba. Su límite.

En vez de eso se giró hacia JR con un gesto de asco y unas risas en los labios, pero él le miraba, les miraba, con ojos entristecidos y algo furiosos y echó un trago a su bebida. Por supuesto, el culebrón no terminaba con la pareja romanticona. JR le había confesado hacía apenas unas semanas que estaba colgado de Min. En realidad tuvo que sonsacárselo, porque él no quería decirle quien era. Pero vamos, era tan obvio… La forma como les miraba, con esa mezcla de celos y autocompasión…

Ren suspiró y bebió también. Esperaba que se le pasase y no fuera a más, porque si no el grupito se iría a la mierda, y eran sus mejores amigos.

Era media noche ya, y los móviles empezaron a vibrar con mensajes de felicitaciones. Ren encontró uno de su hermana, un “feliz navidad anormal” que le arrancó una sonrisa sádica mientras le respondía. “Feliz navidad también hermanita, espero que te lo estés pasando muy bien con papá y mamá. Por muchos años.”

Le pareció un poco de mal gusto pues él mismo le había robado el novio el año pasado, o algo parecido. Y precisamente este acababa de mandarle también una felicitación. “Feliz navidad guapo. Parece mentira que haga un año ya que nos conocemos ¿eh? Jajaja espero que te lo estés pasando bien”.

Baekho… pensó entre divertido y cansado. Se habían visto un par de veces. Para follar y poco más. Y a veces hablaban, pero no mucho. Aún así parecía haberle cogido un cariño especial. Siempre era él quien abría las conversaciones, siempre era él quien le pedía para quedar. Y si bien a Ren no le molestaba en absoluto hablar con él (o follar con él) le tenía algo cohibido. ¿Y si se enamoraba de él o algo?

– ¿Algún mensaje importante? – le interrumpió JR acercándosele. Él le enseñó la pantalla sin darle mucha importancia y empezó a teclear una respuesta. JR frunció el ceño. – ¿Te sigue hablando?

– De vez en cuando – respondió Ren sin más. “Si, un año ya jajaja espero que también lo estés pasando bien. ¡Feliz navidad! ^^”

A JR le llegó algún mensaje también y sacó su propio móvil para responderle, aunque se quedó medio recostado contra su espalda. Fisgó su móvil pero no llegó a ver nada. Pronto tuvo otro mensaje él también.

“Minki, cariño, espero que estés pasando una feliz nochebuena. Espero también que este año te comportes. Me consta que estás solo con tus amigos y aunque preferiría otras compañías por lo menos puedo saber con quien estás. Confío en que no le arruinarás las navidades a nadie este año. Espero también que mañana por la mañana me llames para saber como te ha ido la noche y que vuelvas pronto para poder pasar un rato con tu abuela y tus tías. Estaría bien que no olvidaras tan a menudo que tienes una familia.”

Resopló, viendo la amenaza no tan disimulada que su madre siempre imprimía en sus palabras. Bien, estaba dispuesto a averiguar las consecuencias.

– ¿Jugamos al Sing Star? – propuso Min levantándose ya para encender la tele. Aron casi le hizo la ola y Ren se apuntó inmediatamente también. Antes le respondió un “si mamá” a su madre. A ver que le parecía.

Min empezó con un “Let it go” a todo volumen que todos corearon, Aron le siguió igual de motivado, pero JR le cedió a Ren su turno alegando que él no cantaba hasta que estuviese un poco más borracho.

Se peleó por el micro con Minhyun durante un buen rato, pasando de Lady Gaga a DBSK sin orden ni coherencia, pero de repente al terminar su canción no se encontró a su amigo a su lado reclamando ya su turno sino que este estaba repantingado sobre su novio, con las caras muy juntas y besándose de vez en cuando entre risitas y carantoñas. JR, a su lado, mantenía la mirada fija en la pantalla con gesto aburrido.

– Min, que te toca – le llamó Ren intentando interrumpirles.

– Mmm… – se lo pensó este – creo que paso, estoy cansado ya.

– ¿Estás cansado…? – le preguntó Aron con tono juguetón.

– Bueno, para cantar…

“¡Lo que hay que oír!” se exclamó Ren alucinando. JR soltó un resoplido frustrado y Minhyun tuvo la decencia de sonrojarse al menos, aunque su novio solo exhibía una sonrisa orgullosa.

– Buscaos otro día para hacer esas cosas – les espetó Ren cruzándose de hombros – hoy estamos todos.

Aron solo amplió la sonrisa.

– ¿Celoso porque tu no follas?

Minhyun le voló un capón, pero Ren solo se rió, ni siquiera se dignó a responder.

JR fue el siguiente en hablar, rompiendo el momento incómodo.

– ¿Vienes a mirar las estrellas conmigo Ren?

Le miró algo sorprendido. En parte le extrañaba que quisiese dar intimidad a la pareja sabiendo como iba a terminar eso, en parte le parecía lo mas normal del mundo que no quisiera ver sus carantoñas. Minhyun y Aron le dirigían también una extraña mirada. Eso le sorprendió aun más. Se suponía que no sabían nada ¿no? Hubiese sido muy raro que lo supieran.

Como fuera. Se encogió de hombros y le siguió a fuera, lanzándole a la parejita una mirada entre enfadada y divertida. En el fondo si no fuera por lo de JR le hacían mucha gracia. Pero quería ser un buen amigo y esas cosas no estaban bien. Aunque ellos no lo supieran.

Fuera el aire era gélido, y ambos volvieron a entrar en seguida a por los abrigos. Dentro la parejita ya estaba demasiado enfrascada en sus cosas y Ren aprovechó para dirigirles un “chicos, en serio…” una vez JR hubo salido ya, sin mirarlos en absoluto. Le pareció que se levantaban entre risas y alguna mueca para irse al cuarto de Aron pero lo vio solo de reojo, saliendo ya a la terraza con JR otra vez.

La ciudad, a sus pies, estaba preciosa con las calles resplandecientes y la luz en las ventanas donde cada familia celebraba su navidad, o donde cada grupito de amigos se había reunido para emborracharse como si no hubiese mañana, que había sido su idea. Con tanta luz el cielo estaba totalmente oscuro, sin ni una estrella, pero no parecían necesarias con las que ya colgaban de las calles. Tal vez no tenían las mejores vistas de la ciudad, pero no estaban nada mal.

Y Ren sonrió, inspirando el aire frío de la noche, dejando que le congelara un poco los pulmones y volviéndolo a sacar con una nube de vapor que le lanzó a JR en la cara. Él se quejó, riéndose y Ren se unió a las risas pensando que era una lástima que se hubiese enamorado precisamente de Minhyun, porque con lo guapo que era podría tener a cualquiera. A cualquiera que no estuviese con las hormonas revolucionadas por… bueno, por Aron.

A todo eso añadir que Aron era uno de sus mejores amigos también y que lo último que deseaba era que cortasen. Pero parecía absurdo ver a JR, que siempre había pensado que se llevaría a quien quisiese por su cara bonita (y por todas sus demás cualidades, si, también), sufriendo por un amor no correspondido.

Y desde luego lo que no quería era pasarse la noche de navidad dándole vueltas a eso o dedicándose a arreglarles la vida amorosa a sus amigos. Si es que tenía arreglo.

– Se está bien – le dijo más para romper el silencio que otra cosa. – Aunque haga frio.

Asintió, pero no dijo nada, y cuando ya sentía que el silencio volvía a caer como una losa fue JR quien habló.

– ¿De verdad te sigues hablando con ese tío?

– ¿Eh?

– El ex de tu hermana – aclaró – con el que te liaste el año pasado.

El cambio de tema le había pillado desprevenido, ni se lo esperaba ni entendía muy bien a que había venido o si encajaba en absoluto con el ambiente relativamente serio que se había creado.

– Si, bueno, tampoco mucho. – respondió quitándole importancia. – Siempre es un ligue fácil y ahora que se ha decidido a frecuentar ciertos ambientes… Nos lo hemos cruzado alguna vez, tu estabas.

– Si, si, pero no sabía que hablarais.

– A veces me abre. – se justifico sin entender aún a que venía tanto interés. – Y no se, es majo, pero tampoco le quiero dar mucho pie. Imagínate que se acaba enamorando, – terminó riéndose – menudo marrón jajajaja ¿Te imaginas que le llevo a una reunión familiar y mi hermana me lo roba? Quita, quita jajajajaja.

– Sería terrible – le siguió JR riendo también pero aparentando seriedad – Se repetiría la historia.

– Todo el escándalo… – Ren fingía estar también serio y preocupado, pero rompió a reír de nuevo – A mamá le daría un infarto. Jajajaja Ojalá.

– Anda, no digas eso – se quejó sin dejar de reírse en realidad. – en el fondo la quieres.

– Es mi madre bruto, – le soltó casi ofendido. – claro que la quiero. Es solo que a veces… la quiero bien lejos.

– ¡Ese amor de hijo! – exclamó levantando el puño como si fuese un vaso y chocando con él.

JR tenía una sonrisa preciosa. De pequeño había salido en un anuncio incluso. Y podría seguir haciéndolo porque de cuerpo no estaba nada mal.

Si, Ren sabía que no era sana una obsesión así con uno de sus mejores amigos. Bueno, obsesión tampoco, pero, para decirlo de algún modo, era consciente de su atractivo, de su potencial como amante. Anda que no se lo había imaginado de veces. En la cama o algún sitio parecido, y desnudo, siempre desnudo…

Pero JR era su amigo y esas cosas no se pensaban de un amigo. Aunque fuese el único del grupo que pensase así.

JR se recostó en la barandilla metálica, quejándose de que estaba fría y Ren le imitó, pero notaba como volvía el silencio y no le gustaba. Era un silencio demasiado serio, demasiado profundo, y él había ido a hacer locuras.

– Debería haber estrellas fugaces – le dijo como indignándose. JR solo le miró sorprendido, repitiendo un “¿Estrellas fugaces?” – para poder pedir deseos. – explicó – Aunque bueno, esta noche también se pueden pedir deseos.

– ¿Eso no es por año nuevo?

– Bueno, por pedir… – se encogió de hombros. – me gustan los deseos.

– Te gusta pedir – le rectificó con una sonrisa burlona. Una sonrisa con la que, sinceramente, Ren se sorprendía de que Minhyun no hubiese caído. Aunque solo fuese por un polvo ocasional.

– Me encanta – le respondió con una caída de ojos, casi sin darse cuenta del tono sensual que le había impreso a sus palabras. Al segundo se dio cuenta y se envaró, preparado para estallar a reír de nuevo y dejarlo como una broma poco afortunada.

Pero JR no solo no rió, ni se apartó ofendido, sino que de repente le tenía frente a él, a apenas milímetros de sus labios, tan cerca que pudo sentirlos moverse cuando murmuró, en voz muy bajita.

– ¿Puede ser este mi deseo?

Hubiese mentido si hubiese dicho que pensaba en lo que estaba haciendo cuando salvó esos escasos milímetros y se dejó besar, moviendo sus labios contra los de él y buscando su lengua casi con avidez.

“Bien, si vamos a hacer locuras vamos a hacerlo a lo grande.” Se dijo pasándole los brazos por los hombros. No estaba lo suficientemente borracho para no acordarse al día siguiente, ni siquiera para que le impidiera pensar o pudiera justificarse. Pero que le mataran si no lo deseaba, si no le había tenido ganas a JR desde hacía semanas, si no llevaba calentón encima desde hacía meses.

Los besos no se alargaron mucho, quería sentirle a él, su cuerpo, su piel desnuda, algo bastante difícil con esos anoraks que le estaban tocando los huevos lo que no está escrito. Pero al intentar colar las manos por debajo del abrigo, el jersey de lana y a saber cuantas capas más de ropa JR se apartó, con una mueca de disculpa.

– Tienes las manos frías.

Ahogando un suspiro de frustración echó un vistazo a la salita donde habían estado, ahora vacía y le hizo un gesto con la cabeza señalando al interior.

– ¿Entramos?

JR asintió y le siguió dentro, a la caldeada habitación.

No dudó en quitarse el abrigo y el jersey, quedando en una camiseta fina con la que tenía escalofríos, pero no en ese momento, no anticipando lo que venía. Lo que esperaba que viniese. JR se quitó el anorak también y se le quedó mirando. Ren se sintió avergonzado unos segundos, preguntándose si no habría ido demasiado rápido a quitarse la ropa, si no le habría asustado. Pero fueron solo unos instantes antes de que JR curvase los labios en una sonrisa y se acercase a él con pasos lentos, llevando las manos a su cintura, pegándose a él para recorrer su cuello con su nariz.

– Eh. – se quejó Ren sintiendo el cosquilleo del roce sobre la piel. – no es justo que solo yo esté desnudo.

Su amigo sonrió y le dejó que se peleara con su ropa, intentando quitarle el jersey a tirones. Le ayudó, y cuando entre ambos consiguieron dejarle desnudo de cintura para arriba Ren le cogió por las caderas y se pegó a él. JR respondió con un jadeo sorprendido que quedó ahogado entre los labios de Ren.

Su cuerpo reaccionó vergonzosamente rápido, pero su amigo parecía igual de excitado. Sonrió entre besos y llevó la mano a su entrepierna, deslizándola suavemente por encima el pantalón.

JR gimió y de la habitación contigua les llegó un gemido también, este de Minhyun.

– No me puedo creer que lo estén haciendo. – murmuró Ren. JR soltó un resoplido que podría haber sido más convincente si no hubiese tenido la mano sobre su polla.

Estaba seguro de que en cualquier otro momento la idea de liarse con JR, su mejor amigo, le hubiese parecido una idea pésima y hubiese podido encontrar miles de razones para no hacerlo. Pero en ese momento, teniéndole delante medio desnudo y más vulnerable de lo que jamás había pensado que le vería le parecía definitivamente una gran idea. Y en cuanto a las razones para no hacer eso…

– Si salen van a vernos – reflexionó en voz alta. Y ni siquiera podría justificarlo como que estaba borracho, apenas había bebido. Aunque no era como si les pudieran decir mucho precisamente ellos. – ¿Nos buscamos un cuarto?

Los ojos de JR brillaban cuando asintió y su piel parecía más caliente que nunca. Definitivamente estaba muy bueno.

Abrió la puerta del pasillo para buscar un cuarto y cuando ya salía se acordó de una cosa y volvió atrás bajo la mirada sorprendida de JR. Casi siempre llevaba algún condón en la cartera porque, bueno, nunca se sabe que va a ocurrir, y se alegró de encontrar un par. Se los enseñó a JR y ahora si más decidido se metió en el pasillo para buscar una habitación.

Él le seguía algo cohibido, más cuando pasaron por delante de la primera habitación, claramente la de Aron. O si más no la que estaban usando.

– Esto ya parece un motel. – se rió. JR no le siguió la broma, parecía demasiado nervioso.

Se preguntó si no lo estaría haciendo solo por despecho y aunque sabía que debería parecerle mal no le importó en absoluto. Sabía que iba a follar y la idea le parecía magnifica.

Se metieron en la habitación más alejada.

– Es la de sus padres. – murmuró JR.

– Pues más nos vale no manchar las sábanas – le respondió cerrando la puerta tras él.

El ambiente se había enfriado un poco, su piel también. Tenía todos los pelos de punta del frío y cuando se acercó a JR este retrocedió por sus manos heladas.

– Tiene que haber un calefactor aquí – murmuró echando un vistazo a la habitación.

– No importa. – le respondió besándole de nuevo. Sus manos también estaban frías, pero Ren no se quejó, estaba caliente, ya le iría llegando el calor.

Le atrajo hasta la cama, tirando de él, le hizo sentarse y se sentó encima de sus piernas, removiéndose sobre él. Y no pudo evitar reírse de su cara de idiota.

– Tío, ¿has visto un espectro o que?

– Estoy viendo a un tío bueno restregarse contra mi paquete. – murmuró con la misma expresión pasmada – es algo nuevo.

De repente se sintió abrumado, nunca hubiese imaginado que sería él quien desvirgaría a JR. Sus primeras veces quedaban tan lejos ya… Pero bueno, iba siendo hora de que alguien lo hiciese. Hasta el final. ¿Por qué no él? Notando su pene duro bajo su cuerpo parecía hasta sensato.

Le empujó sobre la cama haciéndole quedar tumbado y siguió moviéndose sobre él. Las manos de JR fueron a su cadera cogiéndole para seguir el ritmo y pronto a ambos se les pasó el frío por completo. La ropa les sobraba y se deshicieron de ella con prisas. Fue raro porque, si bien se habían visto desnudos antes alguna vez, nunca había sido con esas intenciones. Y nunca TAN despiertos. Y mientras JR parecía resistirse a mirarle sus partes, aunque estaba claro que era lo que más deseaba, Ren se regodeó examinándole atentamente. Muy probablemente era su única oportunidad. Y le gustó. Mientras le recorría con la punta de los dedos y JR suspiraba con placer casi se sintió tentado a hacerle una mamada, pero no quería entretenerse demasiado. Además había el riesgo de que se corriese antes de tiempo y eso sería un chasco.

Volvió a besarle, tumbándose sobre él en esa cama ajena y girando para que JR quedase encima. Y se abrió de piernas. La mayoría parecía tener suficiente con eso.

Pero claro, él tenía que ser especial.

– Minki, yo… – nunca le llamaba por su nombre de verdad, y le cabreó un poco en ese momento. Lo hacía demasiado… intimo… – Ya sabes que no sé muy bien que hacer.

Le miró con cansancio y volvió a girar para quedar encima. Levantó el índice y le puso la mano delante de la cara, enseñándole el dedo. Luego levantó el segundo dedo y los juntó, para luego abrirlos en tijeras. JR abrió la boca en protesta y casi se sintió tentado de metérselos dentro.

– ¿Si? – se burló abriendo y cerrando los dedos. – Sabes perfectamente como funciona.

– Ya pero…

– Solo hazlo. – insistió frotándose contra él.

Resultó ser estímulo suficiente, pues pronto volvía a besarle con ansias, bajando las manos por su espalda hasta su trasero.

Le sintió presionando y le apartó casi con brusquedad.

– Bruto… – le riñó cogiéndole la mano y llevándosela a la boca. Se metió dos dedos y luego un tercero por si acaso, chupándolos con ganas bajo la casi extasiada mirada de JR que hundía los dedos en sus caderas con deseo.

Le encantaba su mirada, completamente a sus pies, y se entretuvo lamiendo sus dedos. Se sentía casi como si estuviera pervirtiendo a un niño por más que JR fuese mayor que él. También notaba su pene rozando su trasero y quería que el niño le pervirtiese y le diera duro.

Arrastrando toda su fuerza de voluntad se separó de él y buscó uno de los condones que sabía que había traído. Más tarde era capaz de olvidarse. Regresó y se lo puso a JR bajo su atenta y extasiada mirada. Parecía incluso patoso con los dedos pringosos de saliva en el aire. Sonrió y volvió a atraparlos entre sus labios, hasta que JR buscó besarle y soltó su mano que se dirigió inmediatamente entre sus piernas.

Era una lástima que no tuviesen lubricante. Porque si, con paciencia y saliva se conseguía igual, pero paciencia le faltaba un rato, debería confiar en su propio aguante al dolor.

Sentía sus dedos jugando dentro de su culo, primero uno, luego dos, después tres, como le había indicado, como debía hacerse. Y necesitaba más. Le quería dentro de una vez ya. Echaba de menos que le metieran una polla desde hacía meses y la espera le estaba poniendo ciego de deseo.

– Hazlo ya. – le ordenó mientras él mismo apartaba su mano y le empujaba para que quedase tumbado.

JR se resistió, robándole un último beso y Ren le empujó con más fuerza. Ya bastaba de moñerías, quería empalarse en él y cabalgarle hasta la saciedad. O hasta correrse, que venía a ser lo mismo.

Y cuando lo hizo le cegó el dolor, pero eso no le detuvo. JR se hundió en él con un gemido ronco y el cuerpo en tensión. Disparaba las caderas hacia arriba mientras Ren se mantenía aun quieto intentando acostumbrarse a la intrusión. Hubiese podido quejarse pero optó por dejarle hacer y empezar a moverse él también, cabalgándole. La sensación, ya conocida, de tenerle dentro, de tener a alguien dentro, no dejaba de ser molesta. Pero era solo al principio, luego, poco a poco, embestida a embestida y ayudado por su propia mano que guiaba la de JR al masturbarle la molestia se iba transformando en ese placer tan característico que crecía hacia el orgasmo a cada roce, a cada gemido, a cada sacudida de las manos de JR sobre su pene, del pene de JR dentro de él. Ese placer tan deseado que ya empezaba a sentir, que le iba llenando, que le empezaba a apretar las tripas de deseo cuando oyó más que sintió como JR llegaba al clímax, clavaba los dedos en su cadera y se corría dentro de su cuerpo con gemidos más altos de lo que él hubiera deseado.

“Mierda” pensó frustrado “¿Tan rápido? ¿Y ya está?”. El estaba a medias. Muy a medias. Justo estaba empezando a sentirlo. Pero JR había quedado bastante exhausto, respirando aún con jadeos y con la frente perlada de sudor, los ojos cerrados. Parecía incluso capaz de dormirse.

En vez de eso abrió los ojos lentamente, con dificultad con una muda disculpa en su sonrisa tímida.

– Lo siento… – murmuró.

Tuvo que decirle que no pasaba nada. Aunque si que pasaba. Se apartó y dejó que JR se quitase el condón de su pene aún medio duro y lo dejase por algún lado que esperaba tuviese controlado.

– Vigila – se aseguró de repetirle. Conocía a los padres de Aron, eran buena gente.

JR asintió y él se dejó caer a su lado con un suspiro frustrado. Acariciándose él mismo en vista de que la diversión parecía haber terminado.

“Pues menudo chasco.”

No tuvo que apañárselas solo como había previsto. JR gateó sobre la cama hasta él. Le besó en los labios casi con cariño y bajó entre sus piernas para dirigirle una mirada sumisa y de disculpa que era sin duda alguna lo más pornográfico que Ren había visto en mucho tiempo y bajó la cabeza, apartándole las manos y lamiendo su polla.

– Ah…

No pudo evitar gemir, aunque si consiguió recuperar la cordura lo suficiente como para apartar-le antes de que se la metiera en la boca.

– Había otro condón… – le dijo como toda explicación. JR asintió y se separó a buscarlo. Él se quedó donde estaba, masturbándose. Que se apañase. Aunque le había gustado el gesto. Y esa mirada…

Esa mirada que volvió a lanzarle mientras le ponía el condón y volvía a enterrar la cabeza entre sus piernas.

Debía aprender esa mirada. Era necesaria. Sabía que podía resultar bastante seductor, pero con una mirada así… Simplemente triunfaría. Y podría liarse al fin con el tío ese que estaba siempre ahí junto a la barra y que seguía diciéndole que era demasiado crío para él. Iba a ver quien era el crío.

JR se metió su pene en la boca, succionando, y con todo su cuerpo en tensión y los dedos entre su cabello revuelto Ren se imaginaba como ese tío al que había visto varias veces en la discoteca y quien no sabía ni quien era le follaba contra la pared entre gruñidos toscos y músculos duros y tensos. Mientras JR se la chupaba.

El orgasmo se le resistía y JR volvió a meterle los dedos. Se dio cuenta de que como no tenían más condones si querían hacerlo otra vez tendría que ser él quien le diera a JR. Sonaba a una idea interesante, pero antes de que pudiera proponer nada sintió como alcanzaba el clímax al fin, y se dejó llevar por las succiones de JR, su cuerpo en tensión y sus propios gemidos. Se corrió dentro de su boca y le embargó una extraña satisfacción al verle tragar.

JR subió y se quedó tumbado junto a él, de lado y mirándole mientras él jadeaba aún y se deshacía del condón como había hecho él antes.

JR tenía una sonrisa estúpida, bobalicona. ¿Habría tenido él esa sonrisa después de su primera vez? Era posible, aunque JR siempre había sido mucho más sentimental. Pensaba que eso le impediría precisamente hacer locuras así, pero parecía contento.

– ¿Ha estado bien? – le preguntó. Para él no había sido tan malo al final. – Aunque no fuese Minhyun. – añadió.

– ¿Min? – le preguntó casi riéndose.

– Me dijiste que te gustaba.

– No seas tonto – se rió, acercándose con un cariño que hizo que se dispararan todas sus alarmas. – Estaba intentando declararme. – le explicó para su espanto y horror – no me atreví y tu supusiste que hablaba de Min y fue más fácil decirte que si. Pensaba que ya lo sabías.

Le sonreía y Ren, a punto de entrar en pánico, se vio obligado a preguntar.

– ¿El que?

– Que es de ti de quien estoy enamorado – le respondió con soltura, pegándose a él y besándole en los labios. – desde hace años.

 

 

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Ámame Profe. 45: Bienvenido.

bnner AP 45

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

Despertó y estiró los brazos, cansada y sin ningunas ganas de levantarse aún. Yixing la besó en los labios y sonrió, aún sin abrir los ojos.

– Buenos días amor – le hablaba con voz suave. Volvió a besarla, ahora en la frente, y bajó la mano hasta su tripita hinchada para bajar y besarla ahí también. – Buenos días a ti también peque.

Sunyoung rió, sintiendo cosquillas, hasta que el bebé respondió con una patadita y abrió finalmente los ojos con un “oh”. Yixing la miraba con una sonrisa orgullosa, llena de amor, y ella se le abrazó para no dejarle marchar.

– No te vayas… – le pidió con voz de niña. – Quédate conmigo hoy…

– Cariño, tengo que ir a trabajar – respondió él con voz divertida. No era la primera vez que se lo hacía desde que había cogido la baja.

Suplicó, juguetona y adormilada, pero al final tubo que dejarle marchar.

– Que cruel… me abandonas…

Aún así no se levantó a despedirle a la puerta. Le pesaban las piernas y quería dormir un rato más.

Sus hijos entraron a despedirse poco después. Se incorporó no sin esfuerzo para darles un beso a cada uno y agarró unos segundos a Minki para comprobar que cara traía hoy. Llevaba unos días alicaído, desde su cumpleaños el sábado anterior. Notaba que se esforzaba en mostrarse igual de animado que siempre y por respeto a eso no le había preguntado, pero le tenía preocupada.

– Esfuérzate en clase ¿eh? – le dijo como excusa – que se que te vienen exámenes y lo de tu trabajo no te excusa de sacar buenas notas. No vas tantas horas.

Él la miró con gesto cansado, esa eterna expresión de los adolescentes de “que si mamá, déjame tranquilo”.

– Me esforzaré – le dijo con una de sus sonrisas forzadas. No era tonta, podía verlo, pero no sacaría nada de presionarle. De todos modos se le hacía tarde. Hablaría con Baekho a ver si él sabía algo.

Le dio otro beso y se fue con su hermano, que le esperaba en la puerta.

– Y Jonghyun. – le llamó haciendo que se detuviera – Tu no estudies tanto ¿vale? Que no es tan importante.

El mayor de sus hijos la miraba confundido, sin saber como reaccionar mientras el pequeño se reía, ahora si, de verdad.

– Es broma – le sonrió ella aún desde la cama. – ¡A por el diez!

Ahora él sonrió también, y se fueron ambos con un “hasta luego”.

Les vio marcharse con una sonrisa y suspiró. Se le harían muy largas las horas hasta que volvieran por la tarde. Y eso aún, que al ser miércoles JR no trabajaba. Los jueves eran eternos, y los viernes, esperándole hasta pasada media noche. No sabía como aguantaba ese ritmo. A ella se le hacía agotador pasarse todo el día en la cama. Aunque claro, agotador en otro sentido.

Sintió otra patadita en el vientre y se llevó la mano allí con una sonrisa.

– Estás juguetón ¿eh?

Al final decidió levantarse. Al fin y al cabo, estaba harta de estar en la cama. Igual podía echarse un rato en el sofá.

 

– “Este finde celebraré mi cumpleaños con mi familia” – le pasó Taekwoon una nota a media clase – “Almuerzo el sábado. ¿quieres venir?”

Minki no respondió, solo asintió, con una sonrisa y levantando el pulgar. Taekwoon volvió a coger el papel.

– “Sehun y Luhan”. – ponía solo cuando se lo devolvió. No necesitó que le dijera más.

– “No tienes por que invitarles si no quieres” – escribió Minki en respuesta. – “yo no lo hice”.

Pero Taekwoon no precia conforme. Le quitó el papel y siguió escribiendo.

– “Podemos hacer algo juntos. Para que no se enfaden”.

Minki tubo que admitir que tenía razón. Una cosa era celebrar el cumpleaños con la familia. Pero si había ido Taek, y hasta Minhyun, por más que eso hubiese sido circunstancial, podían enfadarse. Y más si se repetía en el cumpleaños de ambos.

– “Podemos ir un día a comer algo” – le prepuso a Taekwoon. No era que le apeteciera mucho, per eran sus amigos, imaginó que se lo debería – “O a merendar, juntos. Y celebramos tu cumple y el mío”.

Taekwoon asintió esta vez y escondieron el papel antes de que la profesora se diese cuenta e interceptase su conversación. Como esa lección no era más que repaso al poco rato el papel volvía a estar sobre la mesa, ahora como tablero de varios tres-en-ralla terminados en empate.

Lo dejaron cuando volvió a sacar temario nuevo pero al poco se estaba repitiendo de nuevo. Como no les quedaba papel se dedicó a mirarle el cogote a Joori, sentada en la fila de enfrente con sus eternas trenzas. No había ido a clase el lunes y el martes no habían podido hablar, no la había encontrado durante la hora del recreo. Y le tenía intrigado, porque no parecía enferma o algo así, más bien deprimida. Debía haber pasado algo con su familia e imaginó que ella misma le buscaría para contárselo.

Pero se equivocaba. Al salir a la pausa del recreo la interceptó yendo para los baños.

– Eh. – la llamó. Ella le dirigió una mirada cargada de rencor que esperó no estuviese dirigido a él. No le había hecho nada.

Taekwoon murmuró algo parecido a “voy con los de futbol” y le dejó allí con ella, pero aún así Joorí no se quedó.

– Eh, espera. – intentó interceptarla de nuevo – ¿Vas a ir a encerrarte en los baños todo el recreo? – le dijo en un arrebato, y de pronto supo que era cierto. – ¿Igual que ayer?

Ella frunció el cejo, puso las manos en los bolsillos de la falda y siguió andando, pero Minki volvió a detenerla de nuevo ahora poniéndose delante suyo.

– Oye, sabes que puedes contarme lo que te pasa ¿no? – No llegaba a ser exactamente preocupación por ella. O igual si, pero basada en una curiosidad morbosa para conocer las peripecias de su vida, que sin duda era digna de las novelas esas románticas europeas de hacía un par de siglos. De todos modos ambos sabían que a ella le iría bien explicarlo. Probablemente. Y él no se lo diría a nadie. ¿Cuál era el problema?

Aún así aun dudó unos minutos y dejó que le rogara un poco más. Antes de empezar a hablar suspiró, y se dejó caer al suelo deslizándose por la pared, quedando sentada. Él la imitó.

– Mamá me echó de casa. – empezó. Minki abrió los ojos como platos, pero no dijo nada. Había aprendido a no interrumpirla. – Porque papá se puso loco el sábado y me pegó otra vez y mamá dijo que era mejor que no me tuviese cerca para que no pudiese hacerme daño y me mandó con los abuelos pero ¡Tampoco quiero que la pegue a ella! – le miraba desesperada, como rogando que alguien la comprendiera, y Minki asintió y le puso la mano sobre el brazo, intentando que con cariño. – Y quiero estar con mamá. No soy yo la que tiene que irse. Le odio. Le odio mucho.

Iba a replicar un “pero es tu padre”, asombrado por el tono oscuro de sus palabras, pero recordó los golpes que había visto y supuso que debía ser peor esta vez si además había tenido que pasarse un par de días en casa. En vez de eso buscó su mano y se la cogió con fuerza, y ella le devolvió el gesto, apretando el agarre.

“¡Joder, que fuerza tiene!”

Aún así no la soltó, ni siquiera cuando ella se acercó un poco más y dejó caer la cabeza sobre su hombro. Entonces recordó que esa niña se había pasado toda su infancia detrás de él, pero no le importó.

– No soy yo quien debería irse. – murmuró de nuevo, mordiéndose los labios. – Yo quiero estar con ella.

– Lo ha hecho para protegerte – intervino él por primera vez – no es como si no te quisiera.

Joori tardó unos segundos en responder y Minki tuvo miedo de que se echase a llorar, parecía a punto. Pero no lo hizo.

– No soy yo quien debería irse. – murmuró simplemente.

Estuvo un rato allí. Ya había satisfecho su curiosidad, pero le pareció de mala educación irse tan pronto, y más dejándola allí. No parecía que ella tuviese nadie más a quien recurrir.

Se planteó una vez más si tendría algún amigo. No es que fuese siempre sola pero tampoco la había visto mucho con ningún grupo en particular. No es que se fijara mucho igualmente.

Cuando volvió a hablar lo hizo sin pensar, sorprendiéndose a si mismo.

– Un día de estos vamos a ir a comer con Taek, Lu y Hun, para celebrar mi cumple y el de Taekwoon. ¿Quieres venir con nosotros?

Ella le miró sorprendida. Si pudiese él mismo se hubiese mirado sorprendido. ¿Por qué había dicho eso? Apenas era amiga suya y no conocía para nada al resto. Pero ya no podía retirarlo ¿no? Y lo peor era que ella pareció pensárselo. Al final se encogió de hombros.

– Si no os molesta que venga…

– Por supuesto que no. – “¿¿¿PERO QUE HACES???”

Aunque, a decir verdad, le parecía justo intentar animarla. Y por algún motivo esa merienda se le hizo un poco más apetitosa si iba Joori también. Es que Lu estaba muy pesao.

La dejó un rato más tarde, porque ella si quería ir al baño y él se fue a buscar a Luhan y Sehun para comunicarles los planes. En cuanto se acercó a ellos en el patio Taekwoon les vio y dejó el partido de futbol para unirse a ellos.

El plan de salir a merendar les gustó. Quedaron para el viernes y no parecieron enfadarse porque no les hubieran invitado a su cumpleaños cada uno. A decir verdad tampoco lo sabían pero eso no era lo importante. Estuvieron hablando de memeces un rato más. Que si tal profe, que si tal trabajo, que si tal chica está muy buena que si está saliendo con tal otro que no que son solo amigos, etc. Y de mientras Minki buscaba como decirles que había invitado a Joori también. Al final lo soltó sin más.

– ¿Que? ¿Joori? – saltó Luhan. Minki se encogió de hombros, sin entender el problema. Vale que de pequeña había sido bastante monstruo, pero a quien había torturado era a él, no sabía que Luhan tuviese nada contra ella – ¿Osea no me dejas traer a mi novia y tu te traes a la tuya?

– No es mi novia – murmuró confundido.

– No es su novia – se metió Sehun.

– Claro que es su novia – replicó Luhan. – Y la invita por que se la quiere tirar.

Minki suspiró, con cansancio.

– Es mi amiga y la invito porque tiene problemas y quiero animarla. – replicó sin darse apenas cuenta de que era la primera vez que la consideraba su amiga.

Y dio el tema por zanjado. Al fin y al cabo a Taekwoon no parecía importarle. Y era su cumpleaños, no el de Lu.

Luego, al volver para clase, Sehun le apartó a un lado y le preguntó casi en susurros.

– No es tu novia ¿verdad? – Minki ni se dignó a responder, mirándole con cansancio. Él parecía realmente preocupado. – osea tu… a ti te gustan los chicos…

“Ah, era eso…” pensó Minki.

– Si Sehun, – le confirmó – tranquilo que soy tan maricón como tu.

– ¿Eh? Pero… yo… osea yo…

– Oye, tu sabes lo mío yo se lo tuyo.

– Pero tu… osea… es obvio…

– Bueno, y la forma como tu miras a Luhan también. Que él sea cateto es otro tema.

Sehun le miraba pálido, viendo descubierto el que seguramente era su secreto más bien guardado. “Pues anda que disimulaba mal”.

– Oye, no voy a decir nada ¿vale?

Pareció convencerle. O eso o no quiso seguir discutiendo cuando Luhan les llamó para ver con que se estaban tardando tanto.

“Menudo par…” Se dijo entrando a clase con Taekwoon, que le miraba con ojos interrogantes. Él negó con la cabeza, con un suspiro. Ya se lo contaría.

 

JR y su grupo tenían los exámenes de acceso en dos semanas. En clase ya empezaba a respirarse ese aire frenético de estudio y nervios, aunque algunos seguían demasiado relajados.

– En serio Tao, que así no te lo vas a sacar.

– ¡Oye, pero si acabo de decirte que estuve estudiando!

JR le miró sin siquiera dignarse a responder. Fue Min quien intervino esta vez.

– Ir a la biblioteca para babear al primer tío bueno que se te siente cerca no cuenta.

– ¡Que no fue…! – estaban en el aula y se forzó a bajar la voz. – A ver. Fui a estudiar y estuve estudiando. Que luego el tío, y deberías haberle visto, estaba MUY bien – añadió dirigiéndose a Min. – que luego el tío viniera y se sentara a mi lado NO fue mi culpa. Y claro, si, le miré, ¿Cómo no voy a hacerlo? Pero estuve estudiando.

JR suspiró, asintiendo, y Minhyun pareció convencerse también.

– Vale, vale. Es solo que nos preocupamos por ti. Te has puesto un objetivo muy difícil y…

– ¿No me veis capaz?

– Para medicina piden las notas mas altas – replicaron empezando a exasperarse. – Espero que lo consigas, pero ni yo me veo capaz.

– Bueno – se encogió de hombros como hacía siempre que alguien se lo mencionaba. – Pues si no entro este año será el que viene. Tengo claro lo que quiero hacer.

Les quedaba solo una hora de clase con su atolondrada tutora que, un día más, llegaba tarde. Hyuk, que se había retrasado en el pasillo ligando a saber con quien, entró ese momento a clase con una sonrisa triunfal.

– La chica esa que nos miraba en el recreo – les dijo.

– ¿Que?

– Tengo su teléfono. – sonrió.

– ¡Anda ya! – exclamó Tao – ni que fuese tan fácil.

Los otros dos se rieron meneando la cabeza. La profe entraba ya y se giraron para prestarle atención.

– Lo es. – oyeron aún a Hyuk – Es tener los cojones de pedírselo.

– Bueno chicos – empezó la profe – ya os queda nada para los exámenes ¿eh? ¿estáis estudiando mucho?

Cómo había terminado esa mujer siendo la encargada de preparar a los alumnos preuniversitarios era un misterio para toda la clase, pero era graciosa y desde luego daba ánimos. Les puso a hacer unos ejercicios de la asignatura pero aprovechó la hora para ir llamándoles uno a uno y para preguntarles como lo llevaban y si todos habían decidido ya que querían estudiar. Lo típico.

– ¿Sunji? – JR levantó la mirada al pupitre vacío al final de la clase. – Ya hace dias que falta ¿no?

¿En que pensaba esa chica? Faltando semanas enteras justo antes de los exámenes. Suponía que estaba enferma pero es que eran clases importantes.

– Yo he oído que está en el hospital profe. – saltó una de las chicas que normalmente iba con ella.

“¿He oído?” Pensó algo sorprendido, “¿No es su amiga?”. Ya había terminado sus ejercicios así que se acomodó sobre el asiento pendiente al show. El resto de alumnos también parecía haber aprovechado la distracción para dejar los deberes a un lado.

– Pues está perdiendo mucho el ritmo de las clases. – murmuró la profesora más para si misma que para la clase. – ¿Alguien le está dejando apuntes?

Nadie respondió, ni siquiera el grupito con quien iba normalmente, que se miraron entre ellos como si no fuera su problema. Uno de ellos incluso se encogió de hombros. Oyó a Tao diciéndole algo a su amiga Sangmin, que se puso roja como un tomate y le levantó el dedo.

Suspiró antes de levantar la mano.

– Si quiere voy yo profe. – se ofreció. Al fin y al cabo era delegado de curso para algo ¿no?

Ella le miró algo sorprendida, encantada. Asintió y le dijo que luego le daría unos papeles que tenía para ella y su dirección.

– ¿Que haces? – le preguntó Minhyun.

– Ni siquiera es guapa. – saltó Hyuk desde detrás.

JR suspiró. ¿Que importaba eso?

– Bueno, es mi trabajo como delegado.

– No, no lo es. – le replicaron ellos.

Se encogió de hombros. No se le ocurría ninguna otra razón.

 

Más tarde, frente a la puerta de su casa, seguía sin encontrar razones de porque le estaba trayendo los apuntes a una chica con quien a lo sumo había cruzado dos frases a lo largo de todos los años que habían ido juntos a clase.

Llamó a la puerta y le abrió la que supuso sería su madre.

– Señora Oh – se presentó formalmente – Soy Kim Jonghyun, delegado de la clase de su hija. He venido a traerle unas fichas para que se prepare los exámenes…

Ella sonrió, y le hizo pasar, llevándole hasta el cuarto de la chica. Se sintió un poco abrumado al principio por la cantidad de ojos que e miraban desde la pared. Posters, dibujos, fotos, figuritas de dibujos animados. Incluso una de las paredes tenía animalitos pintados en ella. Sunji, la chica, parecía dormida pero abrió los ojos al oírle entrar, con ademán de incorporarse.

– Hola Kim. – le saludó ella con voz débil mientras su madre ponía almohadas detrás suyo para que pudiese estar incorporada.

– Os dejo veinte minutos ¿vale? – le dijo más a su hija que a él. – Que tienes que descansar.

– No estoy cansada. – replicó con voz tan agotada que perdió todo su significado.

Se sintió incomodo al quedarse a solas con ella, hasta que recordó a lo que había ido. Se acercó a enseñarle lo que le había traído: fotocopias de sus propios apuntes y fichas que le había preparado la profesora junto con una lista de todos los temas que le podían entrar en los exámenes de cada asignatura.

– Ñeeeeh – se quejó ella al verlo.

– Es importante – replicó él desconcertado. – hemos intentado hacértelo lo más fácil posible.

– Ya, – aceptó con un puchero – es que es mucho…

– Bueno… – No sabía muy bien como reaccionar. – Si tienes alguna duda puedo intentar ayudarte.

Ella sonrió, y asintió sin muchas ganas.

– Gracias. – le respondió.

A si que JR, sintiéndose en su deber ya no sabía si como delegado de clase o solo como compañero, se sentó en un hueco de su cama que le dejó ella y empezó a explicarle algunos de los conceptos fundamentales que habían salido nuevos esas últimas semanas.

Ella asentía, bostezando y sin incorporarse de sus almohadones.

Si no la hubiese estado viendo cada día en su clase no se hubiese creído que esa niña tuviese su edad. Parecía, a lo sumo, tres años menor. El pijama y el aspecto somnoliento acentuaban aún más esa apariencia infantil. Por no hablar de la diadema con orejas de gato que se había puesto “para recoger el pelo”.

– ¿Que es lo que tienes? – le preguntó JR un rato más tarde. No tenía claro si era de buena educación preguntarle pero le podía la curiosidad.

– Mononucleosis – respondió ella como si el simple hecho de pronunciar la palabra fuese un gran esfuerzo. El nombre le sonaba.

– ¿Esa no es…?

– La enfermedad del beso. – terminó ella con una risa que hubiese sonado de conejo si hubiese tenido un poco más de energía. – Pero no he besado a nadie.

– No, si a mi… – JR se encogió de hombros. Ni conocía su vida privada ni tenía intención de meterse en ella. Si tenia novio desde luego no era uno de sus compañeros de clase que no se había ofrecido a ir a verla.

– Jeje – volvió a reírse ella con esa risita de conejo moribundo. “Uff, eso suena muy mal” – Te has pensado que tenía novio. – siguió ella como si fuese lo más gracioso del mundo. Él frunció el cejo, desconcertado, y se dispuso a seguir con su improvisada clase, pero la vista se le fue a las paredes.

– ¿No te sientes observada? – le preguntó. Ella rió de nuevo.

– Que va, son cosas que me gustan.

Y si no la hubiese frenado JR estaba convencido de que le hubiese explicado todas y cada una de los “animes”, como ella había recalcado, que había representados de una forma u otra.

Su madre regresó un rato más tarde, cuando a ella ya apenas le respondía con monosílabos y bostezos.

– Ale, toque de queda, a dormir.

– Me paso el día durmiendo. – aún pudo quejarse antes de cerrar los ojos y dormirse. O si más no parecía dormida.

Su madre sonrió con cariño pero al segundo la sonrisa se cayó dando paso a una mueca preocupada y suspiró.

– Gracias por venir – le dijo a JR. – Teníamos bastante asumido que iba a tener que repetir los exámenes el año que viene pero es bueno que pueda mantenerse al día.

– Si, desde luego. – respondió lo más correcto que pudo – De nada.

– Oye, podrías… – empezó la madre, pero se frenó y negó. – No, no, estarás ocupado.

– ¿Que?

– Venir – siguió sin mirarle, como si se sintiese culpable de pedírselo. – Venir más a menudo y explicarle lo que hacéis en clase. – soltó al fin. – Te pagaríamos – añadió – como si fuesen clases particulares. Lo acabo de hablar con mi marido y le iría bien…

Aceptó antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Ya tenía un trabajo. Y exámenes en un par de semanas. Los exámenes más importantes de su vida. ¿Que hacía allí? ¿Que hacía ofreciéndose a volver? Él también necesitaba ese tiempo. Y ni siquiera era amigo de esa chica o había hablado con ella antes de esa tarde, no tenía porque hacer algo así.

Se fue planteándose a cada paso si regresar y decirle que no podía o llamarla en el número que le había dado. No disponía de ese tiempo. Ni tenía ganas de hacerlo ni necesitaba el dinero.

Pero por algún motivo no llamó.

 

– Así que mi hermanastra va a venir a pasarse unos días – se inventó al final JR, ya el viernes a última hora. – Y como Yixing trabaja me ha pedido que vaya yo al aeropuerto a buscarla. ¿Me acompañarás?

Minhyun le miró asqueado, como si le estuviese pidiendo que se estudiase las clases por adelantado o algo.

– Vamos, ni siquiera me cae bien. – replicó negándose.

“Ni siquiera vas a verla” pensó JR ya desesperado. Era la única forma que se le había ocurrido de hacerle ir al aeropuerto. No le podía fallar.

– Venga – le insistió – va, porfis. – incluso juntó las manos para pedírselo – te deberé un favor enorme, te compensaré, haré lo que tu quieras, cualquier cosa.

– Ush, que porno me ha sonado eso – se oyó a Tao desde el pupitre de detrás.

– Eso es desagradable Tao – le espetó Hyuk.

Pero ellos dos les ignoraron, JR pendiente de la respuesta de Min, mirándole con ojos suplicantes mientras él dudaba, sin duda sin comprender porque insistía tanto.

Odiaba tener que estar suplicando por eso. Ni siquiera iba con él o le apetecía. “Vas a deberme un favor enorme tu a mi” pensó para si mismo.

Minhyun seguía dudando. A Minki se le daban muy bien esas cosas pero JR dudaba que su mirada suplicante fuese la mitad de efectiva.

– Vamos, que a mi tampoco me cae bien – insistió – podemos boicotearla entre los dos.

Mentalmente le pidió perdón a la hija de Yixing, allí en china, por estar diciendo eso de ella. Y Minhyun finalmente asintió.

– Bueno, como quieras. Pero me deberás algo.

– Si, si. – asintió convencido.

 

La lista de favores que debería para conseguir eso, para hacerle un favor a Aron y a Min, aunque él no lo supiera, cada vez era más larga.

Cuando se lo comentó más tarde a Minki, volviendo él de comer con sus amigos, se sumó al carro sin problema. Le pareció correcto que fuese también ya que supuestamente se trataba de su hermanastra. Pero se negó en cuanto supo que Baekho iba a ir también.

– Pensaba pedirle que nos llevase en coche – empezó JR.

– Entonces seréis muchos, – replicó el pequeño – mejor me quedo y así os dejo más espacio en el coche.

No podía decir que no tuviese razón, pero su reacción, simplemente, no era lógica.

– ¿Sigues peleado con Baekho? – le preguntó sin más. El pequeño se detuvo, envarándose. Pensaba que lo habían solucionado ya ese lunes, pero al parecer aún quedaba algo.

– No estamos peleados – respondió con calma. – Estamos… dándonos tiempo…

Ok, eso ya sonaba demasiado a pareja, podía dejar de insistir.

– Bueno, ¿pero vendrás? – insistió – a Min le parecerá raro si no vienes.

Terminó aceptando. A cambio de tener acceso prioritario al ordenador hasta navidades.

Baekho no le pidió nada, y menos mal porque empezaba a estar harto, pero si que se pasó todo el rato preguntando por su hermano. Que si estaba bien, que si le veía triste, que si iba a ir también, que si le había dicho algo sobre él.

– ¿Tu crees que me odia? – llegó a preguntarle en un momento dado.

Si con Minki le incomodaba el hecho de imaginárselos como pareja cuando hablaba con Baekho esa sensación se multiplicaba. Tampoco le gustaba verle tan inseguro, tan preocupado, tan vulnerable. Por suerte él pareció darse cuenta y recuperó la compostura.

– Si, si, os llevaré, no hay problema – accedió al fin. – Así le veo.

 

Así que ese domingo, a las 12 del mediodía se plantó en el aeropuerto con un Minhyun cabreado de que le hubieran hecho ir hasta allí cuando al parecer ya tenía tanto quórum pero que por suerte no pareció fijarse en los paneles de llegada cuando se dirigieron a la terminal de vuelo llegado de Los Angeles. Baekho les seguía casi pegado a Minki. Atento, preocupado, solícito. Parecía dispuesto a obedecer a todos sus mandatos y JR tenía la férrea sensación de que Minki estaba manteniendo esa pose arrogante y estirada que tenía desde esa mañana precisamente para fomentar esa actitud.

En parte lo era, en parte tenía que admitir que le divertía saber que ahora era él quien jugaba con Baekho. Que era quien dominaba la situación y quien cuando le diera la real gana podía decir “vale, estoy listo” y tenerle. Pero también se sentía culpable. Por pensar así, por tener a Baekho en ascuas comportándose como su sirviente “como un novio solícito” se rectificó.

Ya no se sentía tan culpable por lo de Jason, porque al fin y al cabo solo habían sido besos y ni siquiera le había gustado, pero sentía que necesitaba explicárselo a alguien y seguía sin saber a quien.

– Esta terminal no es. – Minhyun interrumpió sus pensamientos con la pregunta que todos se temían. – aquí viene un transcontinental, el de China lo estaban anunciando por allí.

Minki y Baekho miraron a JR con temor, y tal vez sus excusas hubiesen colado si ni hubiesen empezado a hablar todos a la vez.

– Cállate – le espetó al final JR, perdiendo la paciencia – es aquí.

Y le obligó a sentarse en un banco a esperar.

– Oye, pero que no es este. – seguía insistiendo. – si esto es una broma o algo no tiene gracia porque era mi día de levantarme tarde que me fui a dormir a las tantas y no tiene puta gracia que me hagáis venir aquí para nada.

– Min. El vuelo es aquí. Sé lo que hago.

– Bueno, pos no es lo que han anunciado, y disculpa pero me fio más de las pantallas que de ti. O eso o es que no es verdad que venga tu hermana. – de repente algo pareció brillar tras sus ojos. Se puso en pie y corrió hacia la pantalla más próxima.

No entendía a que venía tanto jaleo, tanto misterio y tanta tontería. El comportamiento de JR era absurdo, y que Minki y Baekho le siguieran aún más. Pero cuando la sospecha empezó a formarse en su mente no quiso dejarla pasar. Ni siquiera cuando vio que si, que efectivamente estaban esperando el vuelo de Los Angeles.

Porque no, no podía ser. Simplemente no podía ser. Le hubiese avisado. Se lo hubiese dicho. Él no tenía porque estar allí.

Mientras volvía con los demás, aún intentando convencerse a si mismo de que no, de que no iba a ir, no iba a verle, no pudo evitar que su corazón se acelerase hasta el punto de que casi le dolía cuando se plantó frente a su amigo.

– Oye… JR… – casi no le salía la voz. ¿Podía ser? ¿Era posible?

Su corazón parecía querer ahogarle y los oídos le silbaban mientras no dejaba de repetirse que no, pero en el fondo de su mente había empezado a sonar una canción, una canción cantada por Aron, recuerdos del último verano, que le decía que le quería, y que por más lejos que estuviese siempre volvería a su lado.

Y aunque era obvio, aunque estaba claro que Baekho rehuía su mirada para no sonreír y delatarse, aunque la pose rígida de Minki claramente escondía demasiado, aunque JR ya no se molestase siquiera en intentar inventarse excusas y solo le mirase con una sonrisa cariñosa y condescendiente no se lo creyó hasta que le vio.

Y cuando le vio, se paró el mundo.

Porque era cierto. Era Aron.

Todo parecía envuelto en una densa irrealidad mientras corría hacia él y se lanzaba a sus brazos, mientras Aron dejaba en el suelo su bolsa de mano y abría los brazos para recibirle, mientras sus labios se buscaban casi sin que siquiera tuviera que pensar en que quería besarle.

Oh si quería…

Parecía increíble que no fuese un sueño, porque lo había soñado tantas veces… Los labios de Aron, sus caricias, su sonrisa y un murmuro de “Hi sweetie, I’m back”. Pero era real. Era Aron, su Aron, de carne y hueso, y estaba allí, con él, aún cuando había cortado todo contacto y le había dicho que se había terminado. Aún cuando no había querido hablarle ni darle otra oportunidad. Estaba allí. Y si alguna vez había dudado de que le amara, de que sintiera lo mismo que él se desvaneció al sentir la fuerza con que le abrazaba, la necesidad con la que presionaba su frente contra la suya, ambos quietos, abrazados, asumiendo que era verdad, que volvían a estar juntos.

Cuando se separó de él, apenas unos centímetros y sintiendo que esa poca distancia le quemaba, fue solo para mirarle a los ojos, para mirarle a él entero y empezar a hacerse la idea de que estaba allí.

Dejó que los demás le saludaran, aunque se quedó pegado a un lado suyo, con la cabeza recostada en el hueco de su cuello. No pensaba soltarle.

No se dio cuenta de que una de sus maletas no era una maleta en realidad hasta que oyó ladrar al perro.

– ¡Mel! – se sorprendió agachándose para mirarle entre la rejilla de la jaula. Le conocía de sus visitas a L.A. ese verano y el anterior, pero no esperaba verle allí.

Se ha despertado a medio viaje – le explicó Aron sin más, volviendo a levantar la caja y mirando al interior.

Le has traído.

– Si. No sabía como traerle luego sino.

Y eso significaba mucho más de lo que significaba. Porque ni siquiera había traído a su perro cuando había estado de intercambio durante medio año, y si lo traía era que iba a estar más tiempo. Mucho más. Volvió a mirarle, sintiendo un aleteo en su corazón, lágrimas en los ojos que no estaba dispuesto a derramar.

Aron había vuelto, para quedarse.

Ya en el coche se fue enterando de toda la conspiración entre Aron y JR. Tuvo que agradecerle a su amigo que le hubiese traído hasta allí y se disculpó por todo lo que le había dicho antes. Aunque le repitió hasta la saciedad que debería habérselo dicho.

– ¿Que tenéis con las sorpresas los dos? – les dijo entre enfadado y riendo – ¿Sabéis lo mal que lo he pasado por que os daba la puta gana que fuese una sorpresa?

Pero ha sido bonito… – respondió Aron muy cerca de sus labios, besándole de nuevo. Y solo pudo reírse y devolverle el beso mientras JR suspiraba divertido y Minki y Baekho apartaban la mirada, riendo también aunque con una pizca de envidia.

– ¿Entonces volverás a dar clases en el cole? – le preguntó Minki sin esforzarse siquiera en hablarle en inglés, ganándose una mirada reprochadora que le resbaló perfectamente. Había sido su profesor y podía volver a serlo, pero no lo era en ese momento y no tenía autoridad sobre él para obligarle a hablar en ningún idioma.

El próximo curso – le respondió él si en inglés. – De momento voy a trabajar en otro sitio.

– ¿Tienes algo ya? – le preguntó Baekho desde delante. – ¿Te cogieron en Pantheon?

– ¿EN PANTHEON? – se exclamó Minhyun mientras Aron asentía.

Necesitaban personal – respondió sin más. – fue idea de JR.

Este sonreía orgulloso, pensando que había valido la pena todo solo por ver la mirada de agradecimiento de Min, su sonrisa, el amor en sus ojos y los de Aron.

– ¿Adonde vamos? – les preguntó Baek un rato más tarde, ya entrando en la ciudad.

– A casa de Min – respondió JR sin más. – Tus padres saben que venía – se giró a explicarle – llamé para avisarles.

– Yo iré mañana al piso, que llegarán mis cosas ya. – siguió Aron. – pensé que querrías que… pasáramos una noche juntos.

No sabía si besarle o echarse a llorar. Y no tenía muy claro porque. Saltó a devorarle y ni siquiera le importó oír como los demás se reían. Aron estaba allí, con él, para él, para siempre, no importaba nada más.

Sus padres le recibieron con cariño, sabiendo lo importante que era él para su hijo. Le preguntaron por sus planes de futuro, por el viaje, por su familia allí en américa, pero ambos no tardaron en disculparse y meterse en el cuarto de Min.

Gracias – murmuró entre sus labios mientras le besaba, sentados en su cama – gracias por venir.

– Tenía que hacerlo. – respondió sin más.

Su perro correteaba por la habitación de Minhyun, demasiado ocupado revolviendo entre sus cosas como para prestarles atención. Ellos tampoco le hicieron mucho caso.

Sabía que tenían muchas cosas de que hablar, disculpas y explicaciones pendientes, pero nada de eso parecía importante en ese momento. Era más urgente besarle, desnudarle de forma ansiosa, buscar sus labios y su piel, sus caricias, pegarse el uno al otro, acariciándose y sintiéndose. Acompasando sus respiraciones, sus latidos.

Dime que tienes condones – le interrumpió Aron de repente. Minhyun rió.

– No. ¿Para que? No sabía que venias.

– Mierda… – murmuró – pues están al fondo de la maleta.

“Por lo menos hay”.

Desistió siquiera de plantearse levantarse a cogerlos. No iba a separarse, no aún. Siguieron acariciándose con sus manos, restregándose el uno contra el otro, buscando el calor de sus besos, de sus caricias, de sus cuerpos.

Si Minhyun se había sentido cohibido de tener a sus padres en el salón al lado se le pasó pronto, absorto e inmerso en Aron. Suspiraba por sus caricias, oyéndole a él entre sus labios, bebiendo sus caricias y sus besos hasta que se corrió entre sus manos y él le siguió entre jadeos y gemidos.

Quedaron tumbados, uno sobre el otro, sudados y jadeantes, hasta que rodó a un lado para dejarle espacio para respirar. “Menuda rapidez” pensó aún con la respiración y el corazón acelerado. Y no pudo evitar ponerse a reír.

– ¿Que? – le miró Aron curioso, con la sonrisa también en los labios.

Eso ha sido rápido. – respondió Min en tono burlón y divertido.

– Te he echado de menos. – respondió sin más, riendo con él.

– Yo también.

Volvieron a besarse, con más calma. Se buscaban en la cama y se abrazaban, acariciándose lentamente.

– ¿Cogemos ahora los condones? – le sugirió Min entre beso y beso. Aron sonrió y se levantó a cogerlos. Desnudo.

“Aaaaah…” como le había echado de menos. Aprovechó para recorrer su cuerpo con la mirada, preguntándose ansioso si le dejaría hacérselo él.

Pero les interrumpieron llamando a la puerta.

– Min, – le llamó su padre sin entrar – tu madre y yo vamos a comer ya que se hace tarde. Si queréis venir…

Ambos se miraron, desnudos, con una sonrisa y un suspiro.

– Si, ya vamos papá.

Aron se acercó a él, y dejó los condones sobre la cama.

Tal vez luego.

Bueno… – murmuró no muy convencido. Tiró de él para hacerle caer a su lado en la cama de nuevo, robándole un beso que le fue devuelto de inmediato.

Costaba tanto separarse de él, de su piel cálida, de su cuerpo que tanto había echado de menos. Si al final le dejó ir fue solo porque sabía que tendría tiempo para estar juntos, para disfrutar de él.

Mucho tiempo.

 

JR, Minki y Baekho les habían despedido rápido pero se habían quedado un rato frente al coche, debajo de su casa.

– Que monos – murmuró Minki. JR asintió, con una sonrisa orgullosa.

– ¿Habéis visto como se miran? – les preguntó. – Minhyun estaba muy mal últimamente y ha sido verle y… ash…

Su hermano asintió, completamente de acuerdo. Baekho sonreía también, pero le miraba con una expresión extraña.

– Se quieren mucho – confirmó. – Pero es una lástima, siempre había pensado que él y tu terminaríais juntos.

El mayor de los hermanos suspiró, mientras el pequeño soltaba una risita.

– Uno más.

– ¿Que?

– Que todos lo piensan – explicó JR cansado. – Min está bien con Aron. Si no hay más que mirarlos.

– ¿Y tu? – insistió Baekho.

La mirada que le devolvió JR era divertida, de profunda indiferencia.

– No se que os ha dado a todos, pero no estoy enamorado de Minhyun.

– Tenéis una relación muy especial. – insistió.

Ni siquiera se molestó en contestar, solo negó con la cabeza, cogió a su hermanito por los hombros y le plantó un beso en la coronilla, simplemente porque le apeteció.

– ¿Nos vamos?

Ambos asintieron, Baekho dejando ya el tema, y se metieron en el coche para volver para casa.

Cambiaron de rumbo a medio camino al recibir JR una llamada de Yixing.

– Venid para el hospital – le decía apurado. – Nosotros estamos ya aquí, tu madre ha roto aguas.

 

 

 

Llegaron al hospital corriendo. Bueno, conduciendo rápido primero y corriendo luego hasta la habitación que les indicaron abajo en recepción. Y se los encontraron a los dos allí.

– ¿Y el bebé? – saltó Minki ansioso.

Su madre se rió, nerviosa.

– Tranquilo, no es tan rápido.

Murmuró un “jo..” y se acercó a darle un beso y cogerle la mano, poniendo el oído sobre su tripa. JR y Baekho se acercaron también a saludarla, darle ánimos y quedarse allí a su lado y el de Yixing, que la miraba con ojos embelesados.

– ¿Se mueve? – preguntó JR poniendo una mano sobre su tripa también, al lado de la cabeza de su hermano.

– No, está muy quieto.

De repente se tensó, apretándoles las manos a su marido y a su hijo, que la tenían cogida hasta que se le pasó y se relajó con un suspiro.

– ¿Son muy fuertes?

– Como deben ser – se rió ella.

– Ha empezado hace unas horas – les explicó Yixing.

– Habernos avisado antes. – les regañó JR.

– En realidad llevo así unos días cariño. – se rió ella.

Pronto apareció una doctora que les hizo apartarse para meter la cabeza entre las piernas de su madre para sorpresa e indignación de los dos niños. Baekho también se sentía algo impactado, aunque intentó disimularlo.

– Va muy bien – la alentó la doctora – vamos a llevarte ya a la sala de partos.

Sunyoung asintió y les dio un beso a sus dos hijos antes de que se la llevaran, seguida por Yixing. Y los tres se quedaron allí, sin saber muy bien que hacer en esa habitación compartida al fondo de la cual otra pareja les miraba mal. Salieron y se esperaron en el pasillo.

– ¿Niño o niña? – les preguntó Minki. Ambos se encogieron de hombros, cada uno a un lado.

– Sería bonito que fuese niña. – opinó JR. Baekho asintió y Minki también estuvo de acuerdo. – Aunque si es un niño voy a quererle igual ¿eh?

Minki se rió.

– Pues yo no, ale.

Los dos se rieron con él, y JR le revolvió el pelo con cariño.

Baekho se sentía inquieto teniéndole tan cerca. Intentaba no hacer ningún gesto demasiado cariñoso del que el pequeño pudiese quejarse. Tenía presente que le había pedido espacio aunque no se veía muy capaz de cumplirlo. Estaba tan acostumbrado a tenerle cerca, casi pegado, siempre, que estar a su lado sin tocarse lo más mínimo le hacía sentirse muy lejos.

Y de repente, un rato más tarde cuando JR se había ido a la máquina a sacarse un refresco viendo que iba para largo, Minki dejó caer su mano sobre la suya para cogérselo.

No pudo evitar mirarle, algo sorprendido.

– Es un día especial – se justificó el pequeño. – tu tienes tus tentaciones y yo las mías.

Baekho sonrió, sabiendo que tenía razón y que era el último que podía quejarse de algo así. Así que cuando el pequeño se dejó caer sobre su pecho no preguntó y le abrió los brazos para recibirle y acunarle mientras esperaban.

Si JR se sorprendió de encontrarles así lo disimuló bien y se abstuvo de hacer ningún comentario.

Cuando al final les llamaron les pareció que habían pasado horas.

– Es una niña – anunció la enfermera mientras les dejaba pasar.

Su madre estaba sudada, con el pelo revuelto y lagrimones cayéndole por las mejillas, pero su sonrisa no podía ser más enorme mirando a la pequeña bolita rosada que sostenía entre sus brazos. La sonrisa de Yixing era equiparable, abrazándolas a ambas con fuerza, jugueteando con la pequeña recién nacida.

– Minyoung – les dijo él que se llamaba. – Zhang Minyoung.

Les echaron enseguida, llevándola a ella y a la niña de vuelta otra habitación donde podían quedarse hasta que se recuperara, y allí ya si que nada frenó la explosión de euforia.

Sunyoung no podía ser más feliz, era tan preciosa… Y al fin estaba allí, en sus brazos. El esfuerzo había valido la pena, siempre lo valía.

Más tarde llegaría su hermana, tal vez con los niños y el resto de la familia y la hija de Yixing ya había recibido aviso para ir para allá lo más pronto posible. Pero de momento estaban ellos, sus cuatro chicos y su nueva niña, su bebé, que bostezaba en brazos de su marido.

No había llorado, no más de un par de gritos al principio. Tenía la esperanza de que retirara más a Jonghyun que a Minki y fuese tranquilita.

El pequeño de sus hijos, que acababa de dejar de ser el pequeño, insistió en cogerla en brazos y Yixing se la dio, con visible dolor al desprenderse de ella.

– Con cuidado ¿eh?

– Que si, que si… – Ella también sufría, pero verla en brazos de su niño casi le dio ganas de llorar de nuevo. – Hola Minyoung – empezó a hablarle – Bienvenida a casa. Soy Minki, tu hermano. Esta es tu familia ahora. – le dijo a la bebé enseñándole al resto. – Somos una familia algo especial, pero somos buena gente. – Sunyoung se reía, y no era la única. – Voy a quererte y mimarte mucho ahora que eres pequeña – siguió – pero cuando crezcas tendrás que obedecerme, que por algo soy mayor que tu.

– ¡Minki! – se quejó su madre riéndose.

– ¿Sabes lo que he esperado para poder decirle esto? – replicó él.

La bebé estiró el brazo y cerró el puño sobre el dedo de Minki, y él soltó un ruidito muy poco digno y se la entregó a su hermano, avergonzado. Incluso Baekho la tuvo un rato en brazos, demostrando que ese extraño poder suyo de hacer que los niños le adorasen ya funcionaba a las pocas horas de nacer.

 

Cuando volvía para casa, horas después, con Baekho a un lado y su madre con su nueva hermanita y el resto al otro, Minki se sentía afortunado. Y deseó que la vida siempre fuera así, llena de momentos felices con esa familia tan especial que tenía.

 

 

 

No viene al caso ni nada pero quería comentar que Lee Boyoung, la actriz que utilizo como modelo de Sunyoung (aunque no utilice su nombre ni nada) anunció hace poco que estaba embarazada. ¿Coincidencia? ¿Premonición? XDD ¡Felicidades para ella y su familia! ^^ 

Ámame Profe. 44: Parches.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

 

En mi defensa diré que en latinoamerica aún es jueves (?) en fin, que más da. Me ha costado mucho este capítulo y si lo estoy subiendo es simplemente porque mi beta opina que no está tan mal y yo tampoco creo que pueda hacerlo mejor. A ver que opináis de ello ^^ 

 

Le costó horrores levantarse. No es que hubiese dormido mucho ese fin de semana, pero más que por sueño era porque le dolía la cabeza, de llorar imaginaba.

Tampoco tenía ganas de salir de la cama, como si no hubiese nada interesante ahí fuera. Estuvo tentado de decirle a su madre que no se encontraba bien y que si podía quedarse durmiendo. Pero, como siempre, eso suponían explicaciones, explicaciones que ni quería ni le podía dar, y más horas junto a ella durante las que debía fingir que la vida era maravillosamente perfecta y él no podría ser más feliz. Así que se levantó y empezó a vestirse con movimientos apáticos y pesados.

JR entró en su habitación un rato más tarde para comprobar que se había levantado y estaba vistiéndose, y le dijo que bajase cuanto antes que le prepararía el desayuno.

– No empieces a hacerme de niñera ahora… – se quejó Minki contrariado sin poder evitar poner morritos.

Estaba muy pesado mimándole desde que le había visto llorar el día anterior, incluso le había preguntado si quería que durmiese con él.

– Ya soy mayor – le había respondido Minki con orgullo.

JR se ahorró el “Bien que te gusta dormir con Baekho” porque, aparte de encontrarlo de muy mal gusto dada la situación sabía, y hubiese preferido no saber, que no era exactamente lo mismo.

Así que cuando Minki bajó las escaleras, ya vestido y con la sonrisa preparada por si estaba su madre o su padrastro se encontró el desayuno sobre la mesa y a JR sentado, y nadie más. Suspiró y dejó caer la sonrisa, era demasiado esfuerzo mantenerla.

– ¿No se han levantado? – le preguntó mientras se sentaba con él y removía sus cereales sin muchas ganas.

– Yixing si – le respondió ojeando el periódico – mamá seguro que aún duerme.

Desde que estaba de baja por el embarazo que se levantaba a las tantas cada mañana. Baekho se reía diciendo que se comportaba como un adolescente ya que sus hijos no lo hacían.

“Baekho…”

Minki dejó caer la cuchara de nuevo, sin apetito.

– Come – insistió su hermano.

– No me da la puta gana. – replicó poniéndose en pie y dejándolo allí, sentándose en el sofá.

JR iba a replicarle cuando Yixing salió del cuarto, con la cartera en la mano y a punto para irse a trabajar.

– ¿No desayunas Minki? – le preguntó distraídamente mientras se ponía la chaqueta y los zapatos.

– Si, ya voy – respondió el pequeño volviendo a la mesa a regañadientes pero intentando sonar animado, incluso jovial. “Yey, que bonito todo” Se dijo con sarcasmo.

– Va pues, que llegareis tarde sino. – siguió su padrastro. – Ale, nos vemos por la tarde. Id a decirle adiós a mamá antes de iros ¿eh?

– Siiii… – respondieron ambos al unísono. En cuanto cerró la puerta Minki cambió de nuevo la sonrisa por una mueca de asco que casi hizo reírse a JR, aunque sabía que no era el momento.

– Venga – volvió a intentarlo – come un poco al menos, que si no te vas a marear.

“Como si me muero” pensó con rabia mientras tragaba los cereales ya reblandecidos por la leche.

 

JR le acompañó hasta la puerta de su clase, preocupado, y si no se quedó hasta que llegase el profesor fue porque Minki le insistió que se fuera ya de una vez que no necesitaba una puta niñera.

– Nos vemos luego pues – le dijo – en el recreo. – Minki asintió con gesto despectivo mientras se iba ya para su pupitre – Y anímate.

Minki le levantó el dedo en respuesta, sin siquiera mirarle, y JR, entre estupefacto y resignado, suspiró y se fue para su aula.

No había conseguido sonsacarle por qué se habían peleado con Baekho, pero estaba decidido a averiguarlo, si Minki no se lo decía iría directamente a hablar con él. Y si era necesario se le enfrentaría, no soportaba ver a Minki así, le tenía demasiado preocupado.

Y cuando llegó a clase se encontró al otro motivo de su preocupación.

Saludó a Tao y Hyuk con la mano, que milagrosamente ya estaban ambos allí, y se sentó en su sitio pasándole un brazo por los hombros a un Minhyun medio dormido y apático.

Minki le había dicho que se había pasado medio concierto llorando porque echaba de menos a Aron y al parecer aún no se había recuperado del todo.

“Menudo plan…”

En parte sintió alivio de ver que Minhyun seguía igual de enamorado. Al fin y al cabo, Aron iba a volver pronto y si se encontraba con un Minhyun desinteresado o incluso enamorado de otro sería un fracaso.

“Este domingo ya…” Faltaba poco, debía empezar a preparar el encuentro, buscar una excusa para hacer que Minhyun fuese al aeropuerto.

No le había dicho nada. Al principio porque no sabía como, luego comentó de broma con Aron que sería gracioso que fuese una sorpresa.

– Era mi intención en un principio. – le había dicho Aron. – pero bueno, no salió bien.

Había estado debatiéndose si decírselo o no, Aron le había dejado a él la decisión ya que, igualmente, él no podía hacer nada mientras no le respondiese los mensajes, y al final la indecisión escogió por él. “Ya por lo que queda…”.

– ¿Le hechas de menos? – le preguntó un rato más tarde, Minhyun no necesitó que le aclarase de quien hablaba.

– Pues claro – le respondió. – pero es lo que hay, me acostumbraré.

Parecía querer convencerse a si mismo más que a su amigo, y no parecía que hablase de un futuro próximo, así que no tenía de que preocuparse.

 

Baekho también estaba pasando un día de perros. No es que estuviese siendo peor que el domingo, que se lo había pasado maldiciéndose, dándose golpes de cabeza contra la pared, intentando llamar a Minki sin resultado y yendo de casa para el coche y volviendo intentando convencerse a si mismo de que no, no era buena idea ir a su casa donde estaría su madre y de que si, que era necesario hablar con él y arreglarlo cuanto antes.

“¿Arreglar el que?”

No se fiaba de sus propias capacidades para arreglar nada, no después de todas las veces que la había cagado monumentalmente.

A media tarde había abierto una botella y una hora más tarde Hakyeon, Jongin y Hongbin la compartían con él, los otros dos trabajaban.

– ¿Sabéis que es lo peor? – les dijo apurando su vaso por enésima vez.

– ¿Es que puede empeorar?

Él también lo pensaba a menudo, que no podía cagarla más, pero el universo parecía insistir en demostrarle lo contrario. “Desde luego…”

– Me olvidé de usar condón.

– DIOS BAEKHO.

– Fue solo una mamada… no se, ni siquiera lo pensé.

– Como encima haya pillado algo…

– Estoy limpio.

– Ya pero…

– Lo tienes claro…

Precisamente claro no tenía nada, solo que era idiota, y que la había cagado. En realidad era suficiente con eso.

Y la resaca con que se había plantado a clase al día siguiente también era importante. Había pensado que los niños le distraerían, que aunque fuese a ratos estaría demasiado ocupado para pensar en Minki, en lo que había pasado, en todo. Pero solo estaba agotado, cansado. Sus gritos le molestaban, y le agotaba jugar con ellos, correr de aquí para allá respondiendo cuando le llamaban, poner orden a sus pequeñas rabietas. Todo lo que normalmente le encantaba y le hacía sentirse satisfecho ese día no le parecía más que un suplicio.

A media mañana consiguió calmarles con una actividad tranquilita y suspiró con alivio y pesadez.

Necesitaba hablar con Minki, no podía permitirse perderle. De un modo u otro era lo más importante en su vida. Dejando de lado el deseo de besarle y abrazarle constantemente que no tenía claro si debía sentir simplemente no podía imaginarse una vida en la que no tuviese a Minki para llenar sus tardes vacías, en que no tuviese que preocuparse de cuidar al chaval, en que no pudiese pasar el tiempo libre llevándole a ver películas al cine o comprándole libros para leérselos en voz alta, o compartiendo música, o escuchando sus quejas sobre sus compañeros de clase a los que aunque ya no le hicieran la vida imposible seguía considerando bastante idiotas.

No podía, simplemente no podía imaginarlo, porque si lo hacía le parecía una vida muy triste. Le necesitaba a su lado, siempre y constantemente, y si eso era amor… bueno, entonces que le dieran al mundo, él iba a pasar el resto de su vida besando al pequeño, como él parecía querer.

Ahora que finalmente consideraba la posibilidad no podía desear otra cosa, nada parecía más perfecto como una vida compartida con él, no como su amigo y su cuidador sino como su pareja, su novio por más gorda que fuese esa palabra.

Y le asustaba haberle perdido. Le aterrorizaba. Tenía que evitarlo a toda costa. Y esperaba que no fuese demasiado tarde.

 

“Demasiado tarde” se dijo Minki a si mismo estando en clase “¿Que vas a hacer ahora ya? Haberlo pensado antes.”

No podía quitarse de la cabeza los besos de Jason, ni los de Baekho, tenía miedo de haber hecho una estupidez demasiado gorda. “Ahora si que no habrá manera de…” Pero luego cerraba los puños con rabia y se decía a si mismo que se lo merecía, que le había hecho daño, que habían sido muchos años insistiendo y ganándose una negativa tras otra.

“Ni siquiera sabes si te quiere de verdad…” Siempre había creído que si, pero ya no sabía nada claro, solo que si tenía alguna oportunidad de conseguirlo la había arruinado.

– ¿Dónde está mi Joori? – le interrumpió de repente Minseok plantándose frente a su pupitre entre clase y clase.

– ¿Mi Joori? – murmuró Minki algo cabreado. No estaba de humor para aguantar las gilipolleces de ese memo. – ¿Es tu mascota o algo? – Minseok le sacó la lengua con gesto de asco. No esperaba mucho más de él. – No tengo idea de donde está. Me cae tan bien como tu a ella. Bueno, no, tu le caes peor. Déjala en paz.

– Oye, es mi novia, no te metas con ella.

– No me meto con ella, me meto contigo pedazo cateto.

Minseok se envaró, tensando los músculos para pegarle. Que lo intentara, pensó levantándose y empujando la mesa hacia él, iba a devolvérsela, una buena pelea le apetecía de lo que más.

Se salvó de la paliza porque en ese momento entró la profe. De todos modos Taekwoon, a su lado, ya se había puesto en pie también preparado para meterse en medio y hacerles parar. Le hizo sentarse otra vez con una mano sobre su hombro y Minki le miró con furia mientras Minseok regresaba a su sitio sin más. Su amigo le devolvió una mirada indiferente, como retándole a pegarle a él también, y Minki suspiró, sabiendo que se le estaba yendo de las manos si se peleaba con incluso con Taek.

– Estoy cansado. – se disculpó dejándose caer sobre la silla. Taekwoon no respondió, pero dejó la mano sobre su espalda cuando se giró para atender a la clase.

Intentó relajarse, más que nada porque ni siquiera recordaba que le había hecho saltar. ¿Era porque seguía con la memez de que Joori era su novia? ¿Simplemente porque le había hablado?

La verdad es que también estaba intrigado de porque no habría venido. Había estado hablando con Joori, bastante. Desde que le había contado sobre sus problemas familiares que se sentía como atado a ella. Y ella lo aprovechaba para seguir contándole sus problemas, por lo visto era la única persona que lo sabía. ¿Podía ser eso motivo de una amistad?

No era capaz de prestar atención a la clase, así que siguió pensando en Joori. No había vuelto a enseñarle más moratones, pero según decía el ambiente en su casa era insoportable. Y ya podía serlo, con un padre medio loco y una madre a quien le parecía normal ser maltratada…

Y él se quejaba de que su novio era tonto.

“No es tu novio” se recordó. Suspiró, deprimido de nuevo.

Un rato más tarde le llegó un mensaje en el móvil que por suerte llevaba en silencio, lo sintió vibrar y al sacarlo y mirar disimuladamente de quien era vio el nombre de Baekho. Apretó los puños, debatiéndose entre si tirar el móvil al suelo o echarse a llorar, al final optó por morderse los labios y abrir el mensaje.

– “Tenemos que hablar, esperame en la salida.” –

“Que te den” pensó en respuesta mientras lo guardaba. Taekwoon le estaba mirando con curiosidad, pero le hizo un gesto con la mano para que se olvidara y siguiera pendiente de la clase, con un poco de suerte ni siquiera le preguntaría nada.

 

En ningún momento tubo intención de esperar a Baekho, más bien planeaba huir hacia casa lo antes posible para evitar que le pillase aún allí, ni siquiera esperó a su hermano y compañía, pensando que si no le encontraba deduciría que se había ido para casa.

“O a casa de Baekho, es donde sueles ir cuando desapareces”.

Algo tiró de su brazo, reteniéndole en su apresurado paso para desaparecer, y al girarse se encontró e Taekwoon.

– ¿Tienes prisa? – le preguntó con esa vocecilla suya que no encajaba para nada con el hombretón en que se estaba convirtiendo.

– Si, déjame.

– Te ha dicho que le esperases.

– ¿¿¿Y a ti que te importa??? – no pudo evitar subir la voz, librándose de su agarre de un tirón.

– No estás bien.

– ¡No te metas! ¡No es tu puto problema si me ha dicho que le espere! ¡¡¡SIEMPRE ME DICE QUE ME ESPERE!!!

Su amigo retrocedió, desde luego no se esperaba que le gritase.

– No te enfades conmigo – intentó calmarle – Es que huir no es la solución. Nunca lo es.

Se quedó sin palabras unos segundos, luego le repitió que no se metiera en sus asuntos y se dio media vuelta para irse. Y al girarse vio a Baekho yendo para allá.

“Mierda” “GRACIAS TAEKWOON, JODER”

Intentó huir una vez más, pero Baekho era rápido y cuando vio que escapaba echó a correr.

– Minki espera – le pedía con ojos y voz desesperados – tenemos que hablar, por favor.

– ¿Y SI NO QUIERO HABLAR CONTIGO? – le espetó encarándole de golpe.

Baekho le miraba con ojos suplicantes, torturados.

– Por favor – repitió – aquí no, ven conmigo, por favor.

No es que se hubiese formado un corrillo a su alrededor, pero sin duda habían llamado la atención, y no era agradable sentir la vista de todos los alumnos que andaban por allí fijas en ellos.

Y los ojos de Baekho…

– Vale – murmuró apartando la mirada de esos ojos suplicantes, frunciendo los labios. – vamos.

Pasó a su lado para irse por donde había llegado Baekho, en dirección a su casa, y oyó como Baekho suspiraba y le seguía. Vio también por el rabillo del ojo a Taekwoon mirándole satisfecho. “Ya te vale”.

– ¿Cómo que has salido tan temprano? – le preguntó Minki dos calles más abajo.

– He dicho que tenía prisa y he dejado a los niños con la maestra de P3. – explicó – Sabía que no me esperarías.

“Llevo años esperándote” Pensó Minki.

Siguió en silencio, pero cada vez estaba más nervioso. Se dejaría convencer, sabía que lo haría, porque en el fondo no podía alejarse, y no estaba seguro de poder perdonarle, pero ¿Podría personarle a él? Se enteraría de lo de Jason y entonces le diría que eso estaba bien, que debía estar con alguien de su edad, que fuese feliz con él y dejara de molestarle. O no, igual le decía que si había estado enamorado de él, pero que no podía confiar en alguien que enseguida que salía de su cama se metía en la de otro. Eso dolería incluso más.

“¿Y si no se lo cuento?”

Pero no podía mentirle, a Baekho no, no lo soportaría. Además, si lo hacía se haría una bola y sería cada vez peor.

Baek parecía igual de nervioso que él, le temblaban las manos a la hora de abrir la puerta.

Le hizo pasar, apartándose a un lado, y cerró la puerta tras él. Minki se quedó parado en medio de la sala, girándose a encararle, pero apartando la vista para no mirarle, con los brazos cruzados sobre el pecho como si quisiera demostrarle que no le afectaba, que estaba por encima de cualquier cosa que pudiese decir.

Baekho suspiró, pasándose las manos por el pelo sin saber como empezar. Si había preparado algún discurso se había olvidado de ello.

– Minki… – empezó acercándose a él. El pequeño retrocedió un paso y él se detuvo, dolido. – Lo siento. – siguió sin saber muy bien a que se refería – Siento ser un imbécil y cagarla siempre y sabes que lo último que quiero es hacerte daño y no me merezco que me perdones ni que me escuches pero por favor, por favor… – ¿Por favor que? ¿Perdóname? No parecía correcto. ¿Escúchame? Ni siquiera sabía que decirle. ¿Que estaba intentando conseguir? ¿Arreglar las cosas? ¿Arreglarlas como? ¿Siendo su novio? Porque era obvio que no volverían a como estaban antes. Suspiró de nuevo y pasó al lado del pequeño, que se apartó una vez más, para llegar hasta el sofá y dejarse caer en él. – Soy tan idiota… no quiero perderte Minki, y he necesitado todo esto para darme cuenta de hasta que punto te quiero. No me siento orgulloso de mi mismo por haberme enamorado de ti pero… Es así, te quiero. Y sé que llevo años evitando eso y diciéndote que no una y otra vez pero si tu aun quieres, si aún me quieres…

– Baekho. – oyó que le cortaba Minki con voz débil. – para.

Había estado mirando al suelo hasta ese momento, levantó la vista a mirarle pero no pudo descifrar nada de su mascara inexpresiva. ¿Aun estaba enfadado? Si, claro, no iba a ser tan fácil. Aún así no pudo evitar sentir un poco de esperanza cuando vio que se acercaba para sentarse a su lado.

– Baekho… – repitió. Pareció que iba a seguir pero se calló. Se giró sobre el sofá, sentándose re rodillas hacia él, pero sin mirarle, sin hablar. Él tampoco se atrevía a hablar. Minki le miraba las manos y él bajó la vista allí también. Vio como el pequeño le cogía la mano, sosteniéndola entre las suyas, aún más pequeñas, más finas, aunque tenía ya los dedos muy largos. Le acariciaba las venas del dorso, las líneas de la palma, los dedos. No hubiese sabido decir cuanto rato pasó jugueteando con su mano, tal vez solo unos segundos, tal vez minutos. De vez en cuanto Minki abría la boca, como si quisiera hablar, pero volvía a cerrarla sin decir nada.

– Minki… – murmuró Baekho al fin, apretando sus manos con la suya. El pequeño se soltó, frunciendo el ceño con expresión dolorida, como si le doliera lo que tenía que decir, como si fuese una tortura decirlo. Se mordió el labio y volvió a apartar la vista al frente, de nuevo inexpresivo.

– Ayer me lié con Jason. – soltó al fin.

No dijo más. Ninguna explicación, ninguna justificación, eso era todo. Aunque hubiese seguido hablando Baekho no le hubiese escuchado, igual que parecía no haber oído eso, mirándole fijamente sin reaccionar, con esa expresión cansada y torturada que llevaba desde que le había ido a buscar aún más acentuada. Hasta que cerró los ojos, con pesadez y se llevó las manos a la cara, apretándose las sienes como si quisiera despertar de una pesadilla.

– ¿Te he perdido? – le preguntó mirándole de nuevo, con la mirada vacía y voz queda.

Minki deseó poder decirle que no, saltar a sus brazos y borrarle esa preocupación a besos. Pero le había hecho daño, y él también, y si él mismo no podía perdonarse ¿como iba a hacerlo Baekho?

– No lo sé – respondió al fin. “¿Por qué lo hice? ¿Por qué lo hice? ¿Por qué lo hice?” – ¿Y yo? – le preguntó de vuelta – ¿Te he perdido?

– No. – respondió Baekho con seguridad, inmediatamente. – Nunca.

Sintió ganas de llorar, de alivio, y esa necesidad de abrazarle y decirle que seguía queriéndole se hizo aún más fuerte. Veía de reojo como Baekho se cogía la cabeza con las manos, como respiraba hondo, pero no se atrevió a encararle.

“¿No está enfadado?” Se preguntó entre esperanzado y decepcionado. Se arrepentía de lo que había hecho, pero hubiese preferido verle cabreado, que le gritase y se lo echase en cara, que se sintiera “celoso”. Le había hecho daño, eso estaba claro, y no se sentía bien por ello aunque era consciente de que era lo que había buscado. Pero verle sufrir… no, no podía. “¿Por qué lo hice?”

Oyó mas que vio como se levantaba, como caminaba con desanimo hasta el pasillo y se metía en el baño. Fue hacia allí, siguiéndole aunque no quisiese decirle nada en verdad, aunque no estaba seguro de si se había ido para alejarse.

Le encontró con la cabeza bajo el grifo, empapándose el pelo. No dejaba de ser surrealista. “Le parecerá normal”.

– Hyung… – le llamó casi con cariño.

Baekho incorporó la cabeza para mirarle, golpeándose con el grifo al hacerlo y Minki tubo que apretar los labios para no reírse. “No es el momento…” Se recordó. Le miró al fin, con la cara empapada y los ojos enrojecidos en los que no había reparado hasta el momento.

¿Había llorado? ¿Iba a llorar? Si Baek se ponía a llorar… por su culpa… por lo de Jason…

– Lo siento – siguió Minki. No podía negar que, de algún modo, se sentía satisfecho, de ver que le importaba, que no iba a responderle con “está bien, es mejor que estés con alguien de tu edad” indiferente como tanto había temido, pero esa expresión torturada le mataba, no podía soportarla. – Sé que no debí hacerlo y me siento mal pero estaba enfadado y no pensé lo que hacía hasta que no…

No le dejó seguir hablando. Se le acercó con un movimiento casi brusco, encarándole, y le besó con ambas manos en su nuca. Había en ese beso una desesperación muy diferente a la de hacía dos noches. No eran ansias, ni siquiera deseo más allá del simple apetito de sus labios, era tristeza, miedo a perderle, a que le odiara, a que se alejara para siempre. Y Minki, sin saber si embargado por esa misma tristeza o feliz y aliviado de que le hubiese besado él mismo, sintió las lágrimas le ardían detrás de los parpados.

“No sigas llorando Minki” Se regañó “Estás llorando mucho…”

Pero no le importaba demasiado. Era solo una parte pequeña de su mente la que se preocupaba por eso, el resto se dividía entre la euforia de estar besando a Baekho, el alivio de que no le odiara por lo de Jason, de saber que no iba a alejarse ni a alejarlo, y la rabia, de estar besándole, de que Baekho pudiese decirle que no siempre que quisiera y él estuviese siempre dispuesto, de sentir que no se lo había devuelto realmente, que seguía sin comprenderle, que aunque pareciera que todo estaba bien cuando se perdía entre sus labios no tardaría en encontrarse con otro muro. Pasarían unos días, unas semanas, unos meses, pero estaba convencido que habría otro porrazo y que dolería aún más.

Y aun así, cuando le besaba se sentía tan querido… Sobretodo cuando le besaba así, con esas manos tan grandes abrazándole, tan fuertes… Siempre se había sentido seguro y protegido entre esas manos, las necesitaba como su punto de apoyo, su sitio seguro. Ahora también se sentía querido, pero sabía que esa seguridad era más falsa que nunca, porque ni siquiera sabía con qué le iba a salir cuando se separaran de ese beso.

Y cuando lo hizo, cuando Baekho se separó, tuvo miedo de mirarle. Pero él bajó a buscar sus ojos, cogiéndole por la barbilla. Le secó las lágrimas que tenía en sus ojos con los pulgares y él le miró con expresión torturada y temerosa.

– Te quiero – le dijo con voz suave, como si no quisiera asustarle. – Igual es muy tarde ya para pedirte nada, pero no me dejes por favor.

Minki no respondió, se dejó caer entre sus brazos, pegándose a su pecho con la cabeza en el hueco de su cuello, abrazándose a él con fuerza y dejó que Baekho le abrazara también.

– Te quiero – le dijo también.

No era todo, pero por el momento, quería abrazarle un rato más.

 

– Te quiero – le repitió un rato más tarde, ambos tumbados en el sofá hechos un lio de brazos y piernas. – Pero… me da miedo que vuelvas a hacerlo. – Baekho no dijo nada, acariciándole el pelo en silencio, con gesto arrepentido – Que a la mínima vuelvas a decirme que soy un crío.

– No volveré a…

– No prometas imposibles. – le cortó con una sonrisa, medio en broma y muy en serio. – No quiero que me prometas nada, solo te lo digo. Me da miedo, igual que me da miedo que si yo me enfado haga alguna tontería, lo de Jason…

Sintió como Baekho se tensaba, no había querido hablar de eso, no le había dejado hablar, como si quisiera creer que no había pasado. Por toda respuesta le abrazó, estrechándole más fuerte entre sus brazos gruesos.

– Te quiero – Respondió él. Oír eso le hacía sentirse cálido, feliz, y se acurrucó aún más entre sus brazos. – Y sé que soy un cobarde, que me asusta todo y que me cuesta aceptar esto porque… No está bien. – eso no le gustó tanto. Se enfadó un poco y intentó incorporarse para quejarse, pero Baekho le mantuvo firme entre sus brazos – Ya me da igual eso – siguió – pero tienes que admitir que desde un punto de vista moral me siento… muy depravado. Me gusta cuidarte, y estar a tu lado, y comprarte cosas y verte sonreír cada día. Incluso saber que soy yo esa persona que te hace sonreír, que soy a quien quieres a tu lado, que tu también quieres que te proteja aunque ninguno de los dos sepa de que. Pero cuando te beso… Cuando te deseo, cuando te miro y pienso lo guapo que eres, lo destructivamente sensual que te estás volviendo y… Y te deseo. Entonces recuerdo que estoy mirando a un niño, y no puedo dejar de pensar que no debería sentir eso. Y lo estoy aceptando, si, poco a poco, porque te quiero, te quiero demasiado. Ese es el problema ¿no?

– A mi no me parece un problema… – murmuró Minki contra su pecho. Baekho sonrió y siguió.

– Lo sé. – le besó en la coronilla. – Pero… bueno, eso.

Minki no dijo nada. Le cogió la mano y se la llevó a los labios, besando su palma abierta, y luego la dejó sobre su mejilla, cerrando los ojos.

Le comprendía. O quería hacerlo. En realidad se le hacía difícil entender porque le parecía tan horrible que se llevaran tantos años. Vale que no estaba bien visto pero si ellos se querían ¿que más daba lo que opinase el resto del mundo? Y que el fuese pequeño… bueno, crecería. Y era mucho más maduro que la mayoría de chicos de su edad, lo sabía porque a veces hablando con los de su clase los encontraba muy infantiles.

Para él no tenía importancia, pero estaba claro que para Baekho si, así que no le quedaba más que armarse de paciencia, una vez más, y confiar en que dijese la verdad y lo estuviera aceptando ya. Aunque seguía sin sentirse seguro entre sus brazos.

– ¿Me darás un tiempo? – le preguntó al fin, casi sin atreverse. Baekho esbozó una sonrisa triste, casi divertido por la ironía de esa pregunta, pero asintió.

– Faltaría más. – le respondió acariciando su mejilla y sus labios con el pulgar. Minki cerró los ojos y le siguió, disfrutando la caricia. – Entonces supongo que no querrás quedarte a dormir hoy.

Parecía que lo estuviera pidiendo, que deseara que le dijese que si, que si quería. Minki casi se echó a reír, aunque no tenía ninguna gracia.

– No, hoy no. – le respondió. Pero se estiró para besarle, porque parecía decepcionado.

– ¿Puedo llevarte a casa entonces? – le acariciaba el pelo mientras le preguntaba, acariciándole detrás de las orejas y haciéndole cosquillas.

– No. – respondió medio riéndose por el cosquilleo – me apetece caminar.

Baekho pareció entristecerse, pero le sonrió, y Minki le sonrió de vuelta, estirándose para besarle. Y no le dejó separarse. Le abrazó con fuerza y le retuvo contra sus labios, como si tuviese miedo de que si le soltaba se iría. Cuando se separaron Minki le sonrió, diciéndole con la mirada que eso no iba a pasar, que volvería, que no le había perdido.

 

Más tarde, mientras volvía para casa, se sentía casi ligero. Baekho parecía preocupado, casi aterrado de que pudiese alejarse y no volver, de que decidiese que estaba harto de él y que ya no le valía la pena seguir aguantándole. Y si que estaba un poco harto, pero no se iría, y aunque no le gustaba verle sufrir si que le había hecho muy feliz sentirse tan necesitado. Sentir de verdad que le quería, que no eran solo palabras. Aunque tenía que admitir que las palabras también habían hecho lo suyo.

Aunque pudiese parecer que estaba arreglado seguía sintiendo un dolor sordo en el pecho, una alarma dispuesta a saltar a la mínima que le avisaba que iba a volver a pasar pos eso, que no sería la última vez que Baekho le haría algo así, y esa sensación le seguía asustando y no creía que se fuese en una temporada. Tal vez con el tiempo…

Si el sábado, al irse de su casa se había sentido herido ahora no se sentía curado del todo, pero era como haber puesto parches sobre la herida. Ya cicatrizarían con el tiempo.

 

 

 

 

También he tenido problemas de formato. Espero que se lea bien. El próximo capítulo, “bienvenido”, espero que esté el jueves que viene, y si no al siguiente. ¡¡¡Muchisimas gracias por vuestra paciencia!!! ¡os quiero! ❤ 

Ámame Profe. Spin Off: Hyuk.

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Ya que no voy a poder tener el capitulo para mañana y os va a tocar esperar hasta el jueves que viene (que os prometo que si o si voy a tenerlo terminado) os dejo esto por aquí. No es nada del otro mundo y es muy cortito pero como está escrito pos yo lo comparto, igual os arranco unas risas jejeje
Como ahora tengo menos tiempo para escribir y un capitulo por semana me es imposible igual hago esto más a menudo, colgar spin offs de un par de paginas de los demás secundarios, no necesarios para la historia pero que a mi me ayudan a contar cosas que van pasando, así igual también puedo centrarme más en la historia principal y avanzar más rápido. ¿Que os parece?
Corresponde a la noche en que JR se lió con los tíos esos (que menuda nochecita), ¡espero que os guste! ^^

 

Le dio un trago a su cerveza con aire de mártir. Era como se sentía, rodeado de ese ambiente depravado, desatado y anormal. Porque le daba igual lo que Tao dijera, tipos con tangas plateados y boas de plumas fucsias bailando CON TACONES en barras de gogós luciendo paquete… Vamos, es que ni puta gracia. Anda que no mejoraría eso con un puñado de mujeres con piernas redondeadas y pecho abundante…

Hablando de pechos, alguien exhibía un escote bastante generoso a escasos palmos de su cara. Levantó la cabeza a mirar a la camarera que fregaba los vasos al otro lado de la barra balanceando los implantes al ritmo de las sacudidas. Lily la Drag Queen, fijándose en su mirada, le guiño un ojo antes de irse a atender a otro cliente.

Tao había intentado explicarle una vez que no era Drag Queen sino trans, pero todo el mundo la llamaba así y a Hyuk no habría podido importarle menos. Dejando de lado que fuese vieja sus facciones aún eran marcadamente masculinas, sus espaldas demasiado anchas y su nuez demasiado prominente. Por no hablar de que sabía perfectamente lo que se escondía bajo esas faldas cortas.

Reprimió un suspiro y dio otro trago.

Además es que parecía que lo hicieran a propósito para traumatizarle. Porque si, siempre le decían que si tan mal lo pasara que no fuera, pero eran sus amigos, lo correcto era que fuese con ellos, ¡pero no a esos sitios!

Y es que si por lo menos se quedaran los cuatro juntos en un rinconcito atrincheraditos y sin llamar la atención… Pero no, Tao se entestaba en sacarle a bailar, y él le acompañaba como buen amigo, pero estaba hasta los huevos de que le tocaran los huevos. Literalmente. Lo había intentado más de uno esa noche pero Hyuk podía presumir orgullosamente de que se había defendido, uno de ellos se había ido a casa esa noche con los huevos escocidos.

“Y ya basta de hablar de huevos…”

Y luego estaba lo de JR, que eso ya ni tenía nombre. Se sentía traicionado, abandonado. JR era su compañía en esos antros de pecado, su soporte, su aliado. Era quien le ayudaba a proteger el frente contra todos esos enemigos. Bueno, más que el frente la retaguardia…

Y le había traicionado. El muy bastardo se había pasado de bando, dejándole solo frente al enemigo, dejándose capturar no por uno sino por DOS atacantes.

El principio le había mirado pensando que debía ser un error, que le habrían atacado a traición, que le habrían drogado, que le habían lavado el cerebro de algún modo. Incluso se había puesto en pie para ir a salvarle de esos dos pulpos con malas intenciones. Pero Tao le había detenido, diciéndole que no fuese idiota y que le dejase disfrutar.

– ¿¿¿DISFRUTAR??? ¿¿¿CÓMO VA A DISFRUTAR DE ESO???

– Joder, pues yo daría cualquier cosa por estar allí…

JR había vuelto un buen rato más tarde, con una expresión confusa, y su teoría de que le habían drogado de algún modo cobró fuerza, pero él se limito a encogerse de hombros, decir que había sido más curiosidad que otra cosa y decirle a Tao que no era para tanto, que esas cosas pasaban.

– ¡No! – le había chillado entre histérico y eufórico – ¡Estas cosas no pasan, te pasan a ti!

JR volvió a encogerse de hombros y se sentó al lado de Minhyun, al que pasó un brazo por los hombros y besó en la mejilla con cariño.

Debería haberlo sabido. Debería haberlo visto venir. Por más que “solo fueran amigos” tanto besuqueo con Minhyun no era normal, para nada. Eso no le hacía sentir menos traicionado.

Así que allí estaba, vaciando su cuarta cerveza mientras sus amigos hacían el gay por allí, esperando como buen amigo que quisieran irse a casa y le liberasen de sus obligaciones de aguanta velas de nadie.

“Si es que no se ni porque vengo”.

Apuró la cuarta botella y pidió otra, y mientras la vaciaba notó como alguien se sentaba a su lado. Siguió bebiendo, ignorando al extraño con seguro malas intenciones.

– Te ahogarás – le dijo una voz aguda y risueña.

Por el rabillo del ojo alcanzó a ver una melena oscura y unos dedos finos con uñas fucsias. Y ahora si que se giró.

– Que… ¿Que haces aquí? – le preguntó casi embobado.

No era la belleza del siglo, pero le pareció un ángel. Ella se rió, tapándose la boca con una mano llena de anillos.

“Bah, da igual, seguro que es lesbiana”.

– Pareces perdido. – le dijo.

– Un poco – admitió. – No se que se me ha perdido aquí.

– Bueno, hay gente interesante – murmuró ella con una DESCARADISIMA mirada a su entrepierna.

“OH DIOS, NO LO ES”

Eso era una invitación en toda regla, y aunque no estaba acostumbrado a tratar con chicas tan atrevidas nada hubiese podido convencer a Hyuk de parar e irse a casa. Era la única mujer del local y quería lio. E iba a dárselo.

– Tu. – murmuró Hyuk antes de saltar a besarla.

Entre sus labios encontró una lengua juguetona y descarada que buscaba la suya y se le enredaba. Reprimió las ganas de tocarle los pechos YA y empezó poniéndole las manos en la nuca, entre el pelo negro. No tardó en bajar hasta acariciarle los pechos y apretárselos. Y no fue hasta que vio que ella apenas reaccionaba que no se dio cuenta de que tenían una consistencia extraña. Se había liado antes con chicas con rellenos en el sujetador, no era nada del otro mundo y de echo unos pechos así tenían que ser exagerados, pero no le importó, no esa noche en que esa chica no era solo una opción si no la única opción.

Se puso en pié y la obligó a levantarse, aprisionándola contra la barra. Sus manos bajaron de sus pechos a su cintura, al fin y al cabo acariciar unos sujetadores no tenía la misma gracia. La cogió por las caderas huesudas y delgadas y la pegó a su cuerpo, y ella respondió con un gemido ronco que dejó a Hyuk tan estupefacto como el bulto que de repente estaba seguro, segurísimo, de notar contra su muslo.

“No”. Se dijo repentinamente sobrio mientras, con miedo, bajaba lentamente su mano por su falda para tocarle la entrepierna y notar que SI, DEFINITIVAMENTE TENÍA PENE.

“¡¡¡MIERDA!!!”

 

 

Si escribo más el proximo será de Tao. (Creo). Y la semana que viene el capítulo 44: parches. ¡Gracias por vuestra paciencia! 

 

Ámame Profe. 43: Que te den.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

 

– Considéralo un regalo de cumpleaños. – le dijo Baekho – No es como si fuese a pasar otra vez.

“No es como si fuese a pasar otra vez”

Tardó unos segundos en procesar lo que acababa de oír.

– ¿Disculpa? – exclamó al fin incorporándose, apartando sus brazos de su cuerpo. – ¡Por dios Baekho! – Le miraba fijamente, sin poder creer lo que había oído “No es como si fuese a pasar otra vez” – ¿De verdad crees que no volverá a pasar?

– No está bien Minki… – se justificaba Baekho, algo acobardado al verle enfadarse.

– ¡Ya vale de repetir eso! – exclamó levantándose de la cama y buscando su ropa – ¿Te parece más correcto tirarte un crío de catorce años y dejarle que ser su novio?

– No es… – intentó replicar. – la situación no es exactamente así…

– ¡¡¡Es exactamente como es!!! – ahogó un grito de frustración y se dejó caer sentado sobre la cama, con solo los calzoncillos y la camiseta a medio poner en las manos.

– Minki… – murmuró Baekho acercándose con temor. Pero el pequeño se apartó, cabreado.

– ¡Estoy harto de tus estúpidos dilemas! De tus si pero no, quiero pero no puedo, lo deseo pero está mal, “caer en la tentación” como tu mismo dices. ¡No soy una puta droga a la que puedas ser adicto ¿Vale?! Soy una persona, con sentimientos, un chaval que está enamorado de ti.

– Ya se que…

– ¡No! – le gritó apartándose de nuevo – ¡No lo sabes, claro que no! Y estoy… ¡Harto! Harto de que seas tan idiota y tan cabezón, y de que creas que lo único que importa es lo que “al mundo le parecerá bien”. ¡Te quiero ¿vale?! ¿Cuánto tiempo más me vas a tener sufriendo por eso?

Se mordió el labio, rabioso, y se dio la vuelta para seguir vistiéndose. Baekho se quedó plantado donde estaba, sin saber siquiera como reaccionar.

– Ya vale – siguió mientras se vestía – ya vale de darme falsas esperanzas. – no gritaba, pero su voz estaba impregnada de rabia – Siempre tienes que hacer lo mismo ¿verdad? Este podría haber sido el mejor día de mi vida pero no, tenías que estropearlo. ¡¡¡Es que no se ni porque pregunto!!! Como si no supiera ya lo cabezota y… ¡Gilipollas! Que eres…

Baekho le miraba, inmóvil. Recibía los insultos como puñaladas, sabiendo que los tenía merecidos. Quería calmarle y, a la vez, no se atrevía a decir nada. Hacía años que nadie le gritaba, hacía años que no se sentía tan pequeño, y que fuese Minki, sabiendo que lo merecía tanto, le dolía.

– ¡Es que no lo entiendo! – Chillaba peleándose con la mangas de su jersey. – Porque a veces parece que me quieres pero luego… – Iba a responderle que no dijese eso, que si le quería, pero le interrumpió antes de que pudiera decidirse a confesarlo – ¡Ya no se si juegas conmigo o solo eres imbécil!!!

Se quedó con la boca abierta, y volvió a cerrarla.

“Supongo que solo soy imbécil” murmuró para si mismo bajando la mirada a sus pies.

Oyó a Minki soltar un bufido exasperado y se giró a mirarle, encontrándole enfundándose los estrechos pantalones.

– Lo siento. – le dijo, sin saber que más añadir.

– ¿¡El que!? – gritó el pequeño girándose, – ¿Haberte acostado conmigo o ser subnormal???

Tenía la voz desgarrada y lagrimas en los ojos, y Baekho le aguantó la mirada, sintiendo que se lo rompía el alma de verle así, de saber que era su culpa.

– Mira, Minki… – empezó. Vio que abría la boca para gritarle otra vez y se apresuró en seguir – tienes todo el derecho del mundo a estar cabreado, a gritarme. Me lo merezco y lo sé. Pero esto… ¿Que quieres que haga? – Minki abrió los ojos como platos ante esto y supo que lo estaba haciendo mal, aún peor, pero siguió hablando – Los dos sabemos que esto no debería haber pasado y me disculpo por haberte traído hoy a mi casa, no debería haber dejado que… haber provocado esta situación, lo sé, pero ya está hecho y lo siento mucho, ¿Que más puedo hacer que intentar evitar que se dé de nuevo?

Minki le miraba, con los ojos abiertos y los dientes apretados, temblando de rabia. Baekho solo tuvo tiempo de pensar que no había tenido tanto miedo en su vida antes de ver como se agachaba, cogía algo del suelo y segundos más tarde uno de sus zapatos le daba en las costillas.

– ¡¡¡GILIPOLLAS!!! – le oyó gritar mientras se ponía los zapatos y salía corriendo de su casa, dando un portazo.

“Perfecto Baekho, perfecto”

Tuvo tentaciones de perseguirle, intentar hacerle volver y razonar con él, pero sabía que como más intentase arreglarlo más se cabrearía.

“¿Porque habrás dicho eso…?” Sabía perfectamente que no era lo que Minki quería oír. Sabía que solo iba a cabrearle más y aún así no pudo evitar demostrar una vez más lo cabezota que era. Sin duda Minki tenía razón en todo, incluido el golpe de zapato.

“Le he perdido” pensó mientras le invadía una extraña desazón. Se dejó caer en la cama, sin sentir nada en realidad. “Le he perdido” se repitió.

Y se negó a aceptarlo, se negó a aceptar que después de todos esos años hubiese perdido a ese niño que se había vuelto lo más importante para él. Se negaba a aceptar que no podía hacer nada para arreglarlo, que ya no tenía oportunidad de enmendar sus palabras.

“Si solo no hubiese dicho eso…”

¿Por qué había tenido que decirle que no iba a volver a pasar? Por cobardía, simple y pura cobardía como el pequeño muy bien había dicho. Podría haberle dicho “Porque te quiero” y hubiese sido verdad. Y Minki le hubiese sonreído, le hubiese abrazado y probablemente le hubiese besado de nuevo, quedándose dormido entre sus brazos.

Apretó los puños y se incorporó, buscando su jersey y sus zapatos a ver si aún era capaz de alcanzar a Minki.

“¿Y le dirás que le quieres?” le preguntó una vocecita dentro de él, burlándose. “¿que quieres ser su novio? No te atreverás”

– Le diré lo que sea necesario – se respondió a si mismo con firmeza.

Salía de la habitación corriendo con un zapato en la mano cuando oyó el timbre.

– ¡Minki! – exclamó mientras le abría con la esperanza renaciendo. Un poco.

– No te hablo – le advirtió con una mirada gélida nada más verle – pero me he dejado un calcetín.

Baekho asintió, apartándose a un lado dejándole entrar, sin atreverse a intentar decirle algo y desatar su ira de nuevo. Es mirada gélida le ponía los pelos de punta.

Siguió al pequeño a la habitación y después de unos segundos buscando por su cuenta se le unió, revolviendo las sábanas en busca del calcetín.

– Aquí – le dijo tendiéndoselo cuando lo encontró. Minki se lo arrebató con un gesto brusco y ni siquiera hizo ademán de ponérselo antes de dirigirse de nuevo a la puerta. – Espera – le detuvo. El pequeño se giró a mirarle también con brusquedad, con una expresión que prometía algo más que gritos si volvía a soltar cualquier barbaridad de las suyas. Baekho levantó las manos para calmarle mientras hablaba. – ¿Dónde vas a ir? – le preguntó – Son las cuatro de la madrugada. – el pequeño se encogió de hombros, perdiendo parte de esa rabia y Baek suspiró y se atrevió a avanzar otro paso hacia él. – Quédate a dormir – le pidió – Si quieres ni te hablo. Dormiré en el sofá y ni me verás, pero no pases la noche fuera por favor.

Minki apretó los labios, orgulloso y a la vez sabiendo que tenía razón. Tendría que dar demasiadas explicaciones si llegaba a casa en ese momento, aparte de que no se veía capaz de no gritarle a su propia madre y terminar contándoselo todo. Asintió, pero no se metió en la habitación sino que se fue hasta el sofá y se dejó caer allí, tirando la chaqueta y los zapatos por el suelo.

Baekho se fue y se metió en su cuarto, y aunque a Minki le sorprendió que se fuera sin insistir más ni se planteó llamarle para que se quedara. Se puso al fin el calcetín que le faltaba y se dio la vuelta sobre el sofá, sabiendo que era bastante difícil que se durmiera.

Aún sentía ganas de gritar, de llorar incluso, pero sabía que no conseguiría nada.

“Es imbécil” se decía “Después de tantos años y sigue igual de cabezota…”

Pero Baekho volvió a la sala un rato más tarde, abriendo la luz de nuevo.

– Para cuando te vayas mañana – oyó que le decía. Se giró y vio que le había dejado una bufanda junto a su chaqueta. “¿Para que?” se preguntó. Luego vio que en el cuello de Baekho había una marca roja que pronto pasaría a oscura y supuso que él estaría igual. “Chupetones” comprendió con una mezcla entre rabia y orgullo. Baekho llevaba también una manta, y se acercó mientras la desplegaba para echársela por encima, cuidadoso de que le cubriera bien.

Sentir sus manos grandes y cálidas acochándole fue demasiado para Minki. Le gustaba demasiado que Baekho le cuidase, le recordaba demasiado a todos esos años durante los que, poco a poco y sin saberlo, se había ido enamorando de él y había decidido que, costase lo que costase, quería que Baekho estuviese allí cuidándole, siempre.

Y rompió a llorar, sin poder aguantarlo ya. Sintió los ojos ardiéndole por las lágrimas y se mordió los labios, sin querer que le viese llorar, pero no pudo hacer nada con los sollozos.

Baekho le miró con ojos tristes, sintiendo que se le rompía el corazón, y se agachó a su lado acariciándole el pelo con cariño.

– ¡Déjame! – le gritó el pequeño incorporándose y apartando sus manos – ¡No me toques!

Baekho no podía soportarlo, no podía soportar verle así, furioso y con lágrimas en los ojos, pero no sabía que podía hacer. En realidad si lo sabía, pero no se sentía capaz, no con Minki mirándole de esa manera. Apretó los puños y se incorporó.

– Estaré en mi habitación – le dijo – lo siento – murmuró antes de darse la vuelta para irse.

Una almohada le dio en la nuca antes de que llegara a su habitación, pero lo ignoró, abrió la puerta y se metió dentro sin mirar atrás.

 

Minki no tenía sensación de haberse dormido. Había estado llorando, por más que intentaba no hacer ruido con sus sollozos, contenerse para que Baekho, desde su cuarto, no le oyera. Pero tampoco podía dejar de llorar.

No sabía que pensar sobre Baekho. Siempre había creído que era correspondido, que sus intentos por alejarse se debían solo a su testarudez, a su miedo por algo que le parecía incluso aberrante, en sus propias palabras. Él mismo le había dicho eso, era la excusa que Baekho llevaba tantos años dándole, y el hecho de que pareciera incapaz de alejarse de él, de que a fuerza de insistir fuese cediendo poco a poco parecía darle la razón.

Pero después de tanto tiempo… después de todo… ¿Cómo podía seguir negándose? Ya no pedía que aceptara de una vez por todas ser su novio, salir con él e incluso decírselo al mundo (que no estaría de más), pero… entre un extremo y otro…

Realmente estaba cansado de insistir sin resultado, de que le diera la sensación incluso de que le forzara, de encontrar cada vez más resistencia en algo que hasta ahora había pensado que los dos querían.

“¿Y si no? ¿Y si solo me quiere para cuidarme? Como un hijo, como un hermanito…” Era algo extraño a esas alturas, pero siempre que había pasado algo entre ellos, que había habido algún roce, había sido porque él lo había provocado. “Excepto hoy…”

“Considéralo un regalo de cumpleaños…”.

¿Y si se equivocaba? ¿Y si Baekho no le quería del mismo modo que él y solo había aceptado todo eso para, de alguna manera, “hacerle feliz”? ¿Y si nunca iba a conseguir más?

Aunque no recordaba haberse dormido de repente la luz que entraba por las rendijas de la persiana le daba en los ojos, y supuso que al final, poco o mucho, se habría adormilado.

Se levantó con pesadez, apartando a un lado la manta que le había puesto Baekho, y no pudo resistir la tentación de ir a ver si dormía. Este tenía el ceño fruncido y parecía tenso, con los puños apretados, pero no se despertó. Suspiró, sin saber muy bien si estaba enfadado o triste, sin poder imaginarse como seguiría su relación después de eso.

Se metió en el baño, a lavarse la cara y se dio cuenta de que tenía la cara llena de reguerones negros. Para ir al concierto era la primera vez que se maquillaba él mismo y se había olvidado de quitárselo. El maquillaje y las lágrimas no habían sido una buena combinación. Vio también que Baekho tenía razón, había varios puntos oscuros en su cuello, contó tres y luego encontró otro más abajo, sobre la clavícula. Iba a necesitar la bufanda.

Ver esas marcas le recordó los besos, las caricias, lo feliz que había sido pensando que ya estaba, que ya le tenía. Ahora lo odiaba. Hubiese preferido que no hubiese pasado nada. Había sido bonito, si, pero lo había disfrutado unas horas, ni eso, mientras que la caída había dolido horrores y eso no creía que fuese a superarlo en un buen tiempo.

“¿Porque lo hiciste Baekho?” le preguntó en silencio mirándole con rabia desde la puerta, mientras se anudaba la bufanda alrededor del cuello, casi asfixiándose. “¿Porque me haces creer que me quieres para luego apuñalarme así?”

– Eres un imbécil – le dijo saliendo de la habitación, cogiendo la chaqueta y saliendo de su casa. Era una rabia mucho menos explosiva que la del día anterior. Más calmada, más silenciosa, más letal. Cerraba los puños con fuerza mientras bajaba las escaleras de tres en tres. Sacó el móvil para ver la hora y, siendo aún las siete y poco de la mañana, se subió la bufanda hasta la nariz y se metió las manos en los bolsillos, y echó a andar calle abajo.

No sabía donde quería ir, ni que quería hacer, pero no quería quedarse más rato en casa de Baekho. Tampoco quería ir a su casa, donde seguramente estaban durmiendo aún, no se veía capaz de mantener la compostura y definitivamente no tenía intención de darle explicaciones a su madre o tener que inventar excusas. Pero más que nada estaba enfadado, cabreado, se sentía hervir de rabia. No podía volver a casa así. Aunque tampoco sabía que hacer.

Le hubiese seguido gritando a Baekho, porque se lo merecía, y realmente se planteó volver a su casa aunque solo fuese a molestar y tocarle las narices. Pero ¿y si se ponía a llorar otra vez? ¿Y si conseguía, de algún modo, calmarle y que le perdonase?

Tampoco quería ver-le, realmente no quería…

“Algún día” le decía una parte de si mismo “algún día se dará cuenta de que te quiere y lo conseguirás”.

¿Pero cuando iba a llegar ese día? ¿Cuántas veces más se encontraría con desilusiones como la de esa noche? Y, ante todo, que eso no había estado bien. Sentía que estaba jugando con sus sentimientos, que se estaba aprovechando de él, porque por más que Baekho le hubiese cuidado desde que era pequeño y fuese de las personas que le había tratado con más cariño en toda su vida esa noche se había sentido usado, y el cabreo que llevaba por eso no se lo quitaba nadie.

Necesitaba gritar, desahogarse, tal vez hacer alguna tontería para cabrear a Baekho y vengarse, a su manera, y apenas fue consciente de lo que hacía cuando sacó el móvil y le mandó un mensaje a Jason, su compañero de la agencia de modelos.

– “Drmes? Tas solo? Si me dices dnde vives vngo y nos liamos” –

Lo releyó antes de mandarlo y lo borró, pensando que era una tontería. Ni siquiera le encontraba atractivo, por más que le hubiese quedado claro que Jason a él si. Y tampoco quería hacerlo realmente, por más que veía probable que Baekho se cabrease por algo así, y esa idea le gustaba.

“Se enfadará mucho…” Pensó mientras volvía a escribir el mensaje, buscando alguna forma mejor de expresarse. Al final lo mandó prácticamente igual, apretando las teclas con más fuerza de la necesaria.

Luego se dio cuenta de que no eran ni las ocho de la mañana, y que para cuando lo viera probablemente ya se hubiese arrepentido unas veinte veces.

“En fin…” pensó segundos antes de sentir vibrar el móvil en sus manos. El mensaje era una dirección compartida desde el GPS del móvil.

– “Stn ms comps d piso xo n imprta”-

Alucinó unos segundos, planteándose desde mandarle a la mierda hasta llamarle y disculparse diciendo que había sido un arranque porque estaba cabreado, pero luego pensó en lo furioso que se pondría Baekho cuando se enterase y echó a andar para allí, sintiendo una extraña y tóxica satisfacción.

Caminaba a pasos grandes, con rabia, pero al poco rato aminoró el paso, arrepintiéndose. “No debería hacer esto… No le debería hacer esto a Baekho…” Pensó sintiéndose culpable. “Se lo merece” se respondió con furia. Se puso los auriculares con la música al máximo para que no le dejaran pensar, no demasiado.

Fue hacia el centro, casi desértico a esas horas de la mañana un domingo y caminó calle arriba por la avenida principal tarareando la música que escuchaba para obligarse a no pensar en nada más. Y recordó el concierto, que había sido solo la noche anterior y ya parecía tan lejano…

“Podría haber sido el mejor día de mi vida” Pensó recordando el día anterior, los regalos, hablar con su padre, que últimamente no pasaba a menudo, el concierto, que no podía creerse lo afortunado que había sido de que cayera justo el día de su cumpleaños, Baekho dejándole quedarse a dormir en su casa, besándole con ansias, casi con furia contra la puerta de su apartamento…

“Considéralo un regalo de cumpleaños. No es como si fuera a volver a ocurrir”

Cambió de canción con rabia y subió aun más el volumen, acelerando el paso.

Llamó al timbre del piso de Jason estando prácticamente furioso, dispuesto a saltar a sus brazos en cuanto le viera. Y no le importaba si se estaba comportando como un crío. “Es lo que soy ¿no?”

Pero cuando le abrió la puerta se acojonó, le echó atrás el olor intenso a alcohol, el aspecto de Jason entre atontado y risueño, las carcajadas que llegaban del interior del piso.

– ¡Reeeen!!!! – le saltó a los brazos abrazándole con más fuerza de la necesaria. – Que guapo estás.

Se separó a mirarle, con una sonrisa con un punto de lujuria que tampoco le gustó, pero dejó un brazo sobre sus hombros con el que, más que invitarle a entrar le obligó a ello.

– Pasa – le decía – ¡que aquí aún sigue la fiesta!!!

Arrastraba las palabras y Minki notó que se apoyaba en él más de lo que sería necesario. A juzgar por el aspecto de sus compañeros, tirados por el salón, la fiesta hacía demasiadas horas que duraba.

“¡Pero si son las 8 ya!” Se exclamaba “¿Que hacen a estas horas?”. Comprendía que alargaran la fiesta hasta tarde, su hermano lo hacía y algunas noches regresaban a las 6 o incluso casi a las 7, pero no seguían bebiendo a las ocho de la mañana y tirados por el suelo. “Menudo plan…”

Jason le medio arrastró hasta el que supuso que sería su cuarto. A medio camino dio un traspiés y estuvo a punto de caerse, y eso le tuvo riéndose un buen par de minutos. Sus compañeros, si más no uno de ellos, lo vieron y se rieron también.

– Tíoooooooo – le dijo desde el sofá – que te vaaaaaaas jajajajaja

“Están fatal” pensaba Minki asustado. Ya ni siquiera recordaba porque se había metido allí.

“Baekho” pensó aunque sin tanta convicción, “quiero cabrear a Baekho”. Seguía queriendo cabrearle, y si recordaba lo que le había dicho, su absurda testarudez, aún le hervía la sangre y se sentía capaz de todo para devolvérsela, para, de algún modo, vengarse de todos esos años de estúpidas negativas, de que le hubiera usado esa noche.

“Si no quieres que sea tu novio me buscaré otro”.

Jason entró en su cuarto y se medio arrastró, dejándose caer sobre la cama con un jadeo agotado, luego se giró a mirarle y empezó a reírse.

– Tu novio va a pegarme – le dijo como si fuera lo más gracioso del mundo.

– No es mi novio – le rectificó Minki, con los puños apretados, entrando también en la habitación y yendo hacia él. “Aunque igual si que te pega”. Se hubiese preocupado por su amigo si él no pareciera encontrarlo tan gracioso.

– Anda, ven aquí – le dijo cuando dejó de reírse, incorporándose y tendiendo los brazos hacia él. – ¿Por qué eres tan sexy? – le preguntó en un tono que no le gustó mucho. Le pareció una imitación bastante patética de cómo le había hablado Jongin, el amigo de Baekho, cuando se había colado a Pantheon recién teñido y no le habían reconocido. “Intenta ser sensual” comprendió.

Tiró de él para que se sentara sobre sus piernas, o a su lado. Optó por la segunda opción. Le ayudó a quitarle la chaqueta y la bufanda, y abrió los ojos asombrado cuando quedaron al descubierto los chupetones que llevaba. Minki no podía verlos, pero habían oscurecido aún más, dando peor aspecto.

– Wow – murmuró casi con admiración.

– ¿Qué? – preguntó el pequeño sin acordarse.

– Nada – No quería distraerle, no cuando parecía dispuesto. Le sonrió algo ansioso antes de inclinarse sobre sus labios.

Tenía a Minki en su cama, casi no podía creerlo. Lo había deseado, no había forma de negar eso, pero nunca pensó que fuese a pasar. Pero ahí estaba, besándole.

Y el pequeño cerró los ojos con fuerza y apretó los puños, pero no se apartó.

Tenía sus labios sobre los suyos, finos y fríos, moviéndose contra el, presionando. Incluso pudo notar sus dientes. Y olía a alcohol.

Se apartó, sin saber muy bien que hacía, y Jason le miró dudando, luego le sonrió.

– ¿Qué pasa? – le preguntó, esta vez sin rastro de ese estúpido intento de voz seductora.

Minki apartó la mirada, sin querer responder.

– ¿Qué estáis bebiendo? – le preguntó agachándose y cogiendo una de las botellas vacías del suelo. “Borracho será más fácil” pensó. Jason sonrió, casi le pareció que con algo de ternura y se estiró para coger una botella que seguía medio llena.

– No te va a gustar – le advirtió ofreciéndosela.

Minki le lanzó una mirada de superioridad, de ¿qué vas a saber tu?. Se acercó la botella a los labios y dio un trago con algo de repulsión disimulada.

– Bdej… – no pudo evitar la mueca de asco, ni estallar a toser, y Jason se partía de la risa.

“Jo, como quema…” pensó dejando la botella otra vez en el suelo con cuidado y lanzándole una mirada asesina a su amigo.

Dejó de reírse y le miró, acariciándole el pelo y la mejilla.

– ¿Qué ha pasado? – le preguntó al fin.

“Considéralo un reglo de cumpleaños. No es como si fuese a volver a ocurrir”.

Minki se encogió, incapaz de responder mientras a la vez sentía que se cabreaba de nuevo.

– Eres muy guapo – le repitió Jason – y tienes talento, llegarás al nivel de Taehyun en la agencia, – siguió refiriéndose al que era la estrella en ese momento – probablemente le superes. Y entonces tendrás todos los novios que quieras.

Le miró, casi sintiendo lágrimas en los ojos. Y cuando se acercó de nuevo se dejó besar.

“¿Es esto lo que querías Baekho? ¿Que estuviese con alguien de mi edad?” Jason tenía en realidad cinco años más que él, era incluso mayor que su hermano, pero era el más joven después de él en la agencia, eso le hacía parecer de su edad.

Y le estaba besando.

No quiso ni compararlo con los besos de Baekho. Baekho era calor en todos sus sentidos. Era cálido cuando le cuidaba, cuando le mimaba, cuando le dejaba recostarse en su pecho mientras le leía y, como había descubierto recientemente, era ardiente cuando se soltaba, cuando llegaba a su limite y le besaba con caricias ansiosas. Jason no podía dejarle más frío.

Y aun así Baekho no le quería, o era tan idiota que después de todo seguía resistiéndose a verlo. A Baekho le había tenido que suplicar por cada beso mientras que Jason no desaprovechaba ninguna ocasión para decirle lo atractivo que era. Y aunque fuese por él, esa noche necesitaba sentirse querido, necesitaba que alguien le besara sin decirle después que no había significado nada, que estaba mal.

– Ren… – murmuró entre sus labios, cogiéndole por la nuca. – Ren…

Apretó los puños y se dejó besar, moviendo sus labios contra los de él.

Jason le empujó y se colocó encima, pegándose otra vez a sus labios, aprisionándole contra la cama y aplastando su cuerpo con él suyo.

No podía decir que fuese desagradable, aunque no veía en que se parecían los besos de Jason a los de Baekho. Tenía que pensar y forzarse para devolverle el beso y su cuerpo no estaba reaccionando, no “despertaba”. El de su amigo si, podía notarlo, y eso le puso aún más nervioso.

Jason se apartó al fin de sus labios y enseguida Minki sintió su lengua en su cuello, lamiéndole hasta la barbilla.

“¿Por qué me está lamiendo?” Pensó algo desconcertado. Le recordó a algunas cosas que había visto buscando porno por internet y decidió que definitivamente había cosas que no comprendía.

Le mordió, y Minki soltó un quejido más de sorpresa que de verdadero dolor.

– Te gusta ¿eh? – malinterpretó Jason con voz ronroneante.

“Más bien no” Pensó Minki, pero se calló.

“¿Querrá llegar hasta el final?” Se preguntó de repente, asustado. Estaba claro que ganas tenía, le había faltado tiempo para empezar a besarle y manosearle, pero Minki también tenía claro que no quería hacerlo. Una cosa era cabrear a Baekho, otra que su primera vez de verdad fuese con… Bueno, con Jason.

De pronto la idea se le hacía horrible. No era solo el hecho de estar besando a alguien que no le atraía en absoluto y que no le proporcionaba el mas mínimo placer, era el echo de saber que nunca podría borrar lo que estaba haciendo.

Y no quiso estar allí, no quiso estar en ese piso oscuro y que apestaba a alcohol con un Jason borracho que, por más que le tratara bien, sabía que le habría dicho cualquier cosa para meterle en su cama.

“Baekho…” pensó de nuevo con añoranza.

No quería los besos de Jason, no quería sus caricias, ni siquiera su admiración.

¿Y si Baek ni siquiera se cabreaba? ¿Y si Minki lo había malinterpretado por completo y realmente no sentía nada por él más allá del deseo de cuidarle? Baekho le miraría con orgullo y le diría que eso era lo que debía hacer, olvidarse de él y estar con gente de su edad. Y nada de eso habría servido para nada.

Quería llorar de nuevo, quería pegar a Baekho por hacerle eso, quería pegarse a si mismo por haber pensado que liarse con Jason como venganza era una buena idea.

– Para – le detuvo empujándole. – no. – Su amigo le miró confundido, con su pelo fucsia revuelto y los ojos vidriosos. – No quiero esto – siguió sintiendo como volvían las lagrimas – Yo le quiero. Le amo.

 

Unos minutos más tarde Minki regresaba a su casa, de nuevo con la bufanda y las manos en los bolsillos, formando nubes de vapor al respirar. Contaba los pasos para no pensar. Uno, dos, tres, cuatro…

Había vuelto a llorar, y no se sentía orgulloso. Apenas sabía ya lo que sentía, hecho un lío de sensaciones contradictorias y cansancio. Jason le había sonreído, diciéndole que no pasaba nada, aunque con desdén. Le había soltado un “ese cabrón no te merece” con un ligero enfado mal disimulado que Minki esperaba se le pasase cuando se fueran el cansancio y la borrachera, o resaca, o lo que fuera que tenía a esas horas ya.

Veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve…

¿Y si Baekho se enfadaba? Era lo que había querido pero… “Soy idiota” se dijo.

Cuarenta y dos, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, …

Baekho siempre había sido, a falta de una palabra mejor, obtuso. No era estúpido, ni mucho menos, pero cuando se trataba de sus sentimientos… Minki hacía años que le conocía, y había conocido también a sus amigos que llevaban aún más años con él. Sabía eso, lo sabía de sobras. Sabía que debía colmarse de paciencia con él si quería conseguir algo, y cuando ya estaba apunto…

O Minki quería pensar que estaba a punto, que esa decisión de llevarle a su casa, a su cama, significaba algo.

O tal vez no, tal vez prefería pensar que no, que Baekho nunca había sentido nada por él, que lo había malinterpretado y todo lo que había pasado entre ellos había sido para, de algún modo, darle a Minki lo que quería. Por mas que le doliera eso era mejor que pensar que podría haberlo fastidiado todo con Jason.

Ciento setenta, ciento setenta y uno, ciento setenta y dos…

“Le he engañado” Se dijo. “No, no estábamos juntos” “Ni vamos a estarlo ahora…”

Se descontó y se agachó, haciéndose una bolita en el mismo sitio donde estaba, mordiéndose el puño para no gritar, para no romper a llorar de nuevo.

“¿Que he hecho?”

“Baekho…”

“¿Por qué no me quieres Baekho?”

“¿Por qué eres así?”

“¿Por qué he hecho esto?”

Jason ni siquiera le importaba, más que un verdadero amigo era un compañero, alguien con quien podía estar. Le había dado asco besarle, dejarse besar.

“¿Por qué lo he hecho?”

Odiaría haberlo echado todo a perder por eso. Odiaría que Baekho siguiera negándose. Odiaba todo.

Quería dormir, tumbarse a dormir muchas horas y despertarse cuando todo se hubiese arreglado. Que Baekho le quisiera y se atreviera a decírselo, que Jason no fuera más que otro compañero con el que se saludaba cuando iba a trabajar.

Pero para dormir primero tenía que ir a casa. E ir a casa significaba enfrentarse a su madre.

Si se lo decía, si se lo contaba todo, se enfrentaba a sus posibles gritos horrorizados, a un más que seguro castigo, justo o no, y probablemente Baekho se afrontaría, si no a problemas legales, a una orden de alejamiento impuesta por ella misma.

Se sintió tentado por un segundo, no volver a ver a Baekho. Sería más fácil.

“Pero le quiero…”

Se puso en pie y se secó las lágrimas, altivo y sin dirigir ni una mirada a la pareja de abuelos que se le había acercado mirándole con curiosidad. Se recogió el pelo en una coleta, asegurándose que con la bufanda que le había dado Baekho ya no era necesario para cubrirse el cuello.

“Huele a él…” pensó con debilidad.

“No” se respondió a si mismo autoritario “nada de flaquezas”.

Caminaba casi con paso decidido, con música de nuevo y forzándose a cantar las canciones. “Acuérdate del concierto” Se dijo forzándose a encontrar algo con lo que animarse. Parecía mentira que hubiese sido ayer. No es que fuese un gran recuerdo, no mezclado con todo lo que había pasado después, desde Minhyun llorando por Aron hasta Baekho siendo subnormal o él en el apartamento de Jason siendo aún más idiota. Pero si se centraba en las canciones si lograba distraerse un poco.

Contó hasta diez antes de girar la esquina que daba a su calle. Luego hasta veinte, treinta, sesenta, hasta que cerró los puños con fuerza. “Ya basta”.

Tubo que tocar el timbre pues no se había llevado las llaves. Le abrió Yixing, que le saludó con una enorme sonrisa preguntando por el concierto.

Minki forzó una sonrisa aún mayor, prorrumpiendo en un montón de “fue geniaaaaal!!!” “Son super guays” “Esta canción fue perfecta, tal otra es mi favorita, tocaron primero esta y luego la otra” y un largo etcétera casi histérico que no hubiese terminado si su madre no hubiese ido a recibirle también.

En cierto modo se alegraba de haber saludado primero a Yixing, que aunque llevara ya unos años por allí no le conocía tanto, no como su madre, había sido más fácil, como una pequeña práctica.

En un libro de fantasía que había leído hacía poco los protagonistas entraban en una especie de trance auto inducido, refugiándose en el fondo de su mente para así proteger sus emociones y hacerse más fuertes (y controlar algo parecido a la magia, que de echo era de lo que iba el Libro).

Antes de girarse a saludar a su madre Minki se imaginó que hacía eso, que sus sentimientos quedaban relegados a una parte muy pequeña y muy profunda de su consciencia, que era algo lejano incluso. Nada le afectaba, y cuando la encaró al fin mostraba una sonrisa animada que podía parecer natural incluso para su madre.

– ¿Que tal ha ido bebé?

– ¡Fue GENIAL! – empezó repitiendo el mismo discurso. – El de hace dos años estuvo bien, pero es que este ¡Wow! Empezaron con Light, que es la canción nueva que es como lo mejor del mundo, y ya luego, bueno, alucinante. ¡¡¡Es que son tan geniales!!!

Y su madre reía, creyendo sincera que se lo había pasado bien.

– Pues me alegro de que te fuera tan bien – le sonrió – ¿Entonces ha sido un buen cumpleaños?

Aun con toda su fuerza de voluntad Minki volvió a sentir como su corazón se hacía añicos. Por suerte su máscara se mantuvo alegre.

– El mejor – aseguró con una sonrisa que casi le temblaba. Si lloraba, ¿podría su madre interpretarlo como lágrimas de emoción? Decidió huir antes de tentar la suerte. – Voy a darme una ducha ¿vale? Que aun llevo el sudor el concierto… – “Y algo más”. Ansiaba una ducha más que nada en el mundo, igual así dejaría de sentirse tan sucio. – Igual después de comer duermo un rato también, que con los nervios y todo esta noche casi me la he pasado en vela jajaja.

Subió sin siquiera esperar una respuesta, feliz de poder darle la espalda y dejar que esa sonrisa tan estúpidamente falsa cayera por si solo.

– Hey, ¿Estás bien? – le sobresaltó JR notablemente preocupado cuando llegó arriba.

“¿Que haces tu aquí?” Estuvo a punto de espetarle. No había contado con él. Se mordió el labio un segundo y volvió a poner esa sonrisa forzada sobre su cara.

– Perfectamente – le sonrió. La voz le traicionó y se le rompió. Con su hermano era diferente que con mamá. Él sabía demasiadas cosas, él le miraba como si “supiera”. – Voy a ducharme. – huyó antes de que pudiera hacer más preguntas.

Lo primero que vio al desnudarse en el baño fueron los chupetones que resalaban con la piel blanca de su cuello. No pudo evitar acariciarlos, curioso, y al hacerlo volvió todo de nuevo. Los besos, las caricias, los labios de Baekho sobre los suyos, sus brazos fuertes, sus manos duras, la lengua de Jason lamiéndole el cuello.

“Que asco” Pensó clavándose las uñas en el cuello, sin poder decidirse a si iba por el gesto de su amigo o por él mismo.

Se metió bajo la manguera y dejó que el agua se llevara todo, frotando con fuerza su piel. Y lloró de nuevo, pero el agua de la ducha que corría por su cara se llevó las lágrimas y nadie lo supo.

Para su sorpresa JR le esperaba fuera, y le siguió hasta su cuarto cuando él le dijo con tono testarudo que no quería hablar.

– Quiero saber que te pasa. – insistía el mayor de los hermanos.

– ¡No es asunto tuyo! – replicó Minki con menos calma.

– Me preocupas – siguió. – Anda, cuéntamelo…

JR no estaba realmente seguro de si quería saberlo. Pero, al fin y al cabo, era su hermano, y dado que su madre no parecía saber nada ni estar cerca de ello era él quien debía encargarse de Minki. Alguien debía cuidar de él y Baekho no parecía estar haciéndolo muy bien.

Pero Minki le ignoró, metiéndose en su cuarto y cerrando la puerta de un portazo del que se arrepintió al segundo. “¿Lo habrá oído mamá?”

JR le siguió, ignorando las quejas de Minki que saliera de su puto cuarto y le dejase vestirse tranquilo, joder. Pero restó impasible a sus insultos, fue hasta su cama y se sentó en ella, esperando que su hermano le imitase.

– ¿Que ha pasado? – volvió a preguntarle.

– Nada. – espetó el pequeño dándole la espalda para buscar ropa limpia en el armario. Le temblaban las manos.

– Ya, claro. Vamos Minki, que no soy tonto.

– No te importa ¿vale?

Suspiró de nuevo. “Esto va a ser difícil…”

– ¿Te hizo algo Baekho? – aventuró.

Minki se tensó, rígido, se giró de golpe y lanzó un calcetín que pasó rozando a JR.

“Wow” pensó este, retrocediendo y con los ojos como platos. Sabía que su madre lanzaba cosas cuando estaba MUY cabreada. Lo había visto cuando se estaban divorciando ella y papá o una vez que se había peleado con su hermana. Minki parecía haber heredado eso. “Y eso es que está MUY cabreado”.

Pero el pequeño, mirándole furioso, solo respiró hondo y respondió un “No” seco mientras se daba la vuelta y se quitaba el albornoz para empezar a vestirse.

– Minki… – murmuró realmente preocupado.

No quería aventurar en lo que podía haber pasado, no quería saberlo. Si preguntaba era solo para que Minki tuviese la oportunidad de explicarlo, de soltarlo y sacárselo de dentro. Prefería no darle alas a su imaginación y terminar con algo mucho peor. Igual que prefería no plantearse por qué su hermano llevaba no uno sino cuatro chupetones marcados en el cuello.

Espero a que se pusiera unos pantalones y una camiseta. De cuello alto. Se levantó y le abrazó por las espalda, cruzando los brazos sobre su pecho. Se hacía extraño ahora que Minki era ya casi tan alto como él. Sobretodo porque no le abrazaba desde que le sacaba como 20 centímetros.

Sintió como su hermano se encogía bajo sus brazos, como se tensaba. No le hubiese extrañado que rompiera a llorar, pero no lo hizo. JR le giró, cogiéndole por los hombros y agachándose los escasos centímetros que ahora le sacaba para quedar a su altura.

– Me preocupas. – volvió a intentarlo – Tampoco se si podré hacer nada pero… explicarlo… puede irte bien. Y sabes que puedes contarme lo que sea…

Vio un brillo momentáneo en sus ojos, un arranque de sinceridad, pero Minki había levantado un muro a su alrededor y no iba a derrumbarlo tan fácilmente. En vez de eso se apartó y se cruzó de brazos, en posición defensiva.

– Si, claro. Háblame tu de los tíos esos de Pantheon pues. – le espetó buscando un secreto a la par.

JR se le quedó mirando con expresión indescifrable. No le sorprendía en absoluto que lo supiera, no cuando tanto Baekho como Minhyun y los otros habían estado allí. No entraba en su lista de prioridades hablarle de ello, pero tampoco se iba a morir por eso.

Se sentó sobre la cama de nuevo, esperando que Minki le siguiese esta vez y se encogió de hombros.

– Vi unos tíos que me miraban raro, me acerqué a preguntar y me propusieron un trío. – empezó como si tal cosa. – No llegué a decirles que si pero… bueno, tampoco me opuse. Y nos liamos un rato y tal. Luego me saturé y me fui, porque tampoco quería nada más y me metí en el baño a… bueno, a “desahogarme”. Y al salir del baño se ve que me esperaban y me dieron sus teléfonos por si quería,… bueno, eso, terminar lo empezado. Luego uno de ellos resultó ser ex de Tao. Y creo que eso es todo.

Minki le miraba sorprendido, no había esperando que se lo contase. Tampoco parecía tan interesante al fin y al cabo. O tal vez era la apatía que sentía en general, su propio cabreo. Y se sentía pillado en falta, porque ahora de algún modo le debía hablar. Y no tenía claro si podía.

JR ya sospechaba algo, sabía más que su madre y se escandalizaría menos, eso lo sabía, pero entre eso y que se imaginase aún remotamente lo que había pasado…

“Si se entera de que Baekho… Baekho y yo… ¿Que pensará de él? ¿Que pensará de mi? ¿Me dirá también que soy muy pequeño? ¿Que Baekho es un pederasta? ¿Me dará la razón a mi y dirá que es tonto?”

Mientras pensaba en que decirle y hasta que punto quedaría mal no decir nada incluso ahora avanzó para sentarse en la cama a su lado, con aire derrotado, dejándose caer sobre el colchón salvándose por poco de golpearse contra el marco de la ventana.

Cogió aire, y se dispuso a hablar, aun sin tener muy claro que iba a decir, que podía decir.

– Baekho y yo nos peleamos. – empezó, sabiendo que su hermano ya había llegado a esa conclusión. – por… bueno… porque… – ¿Podía decirlo? No, no podía, ni siquiera podía pensar en ello sin que se le hiciese un nudo en la garganta, sin sentir de nuevo ganas de llorar recordando sus besos. Y los de Jason. – Nos peleamos – siguió centrándose. – Y me cabreé, y le grité, y creo que le lancé un zapato. Y se lo merecía ¡porque es imbécil! – tuvo que morderse los labios para no seguir gritando mientras JR le miraba con calma, con una mano sobre su nuca acariciándole los mechones rubios. Minki respiró profundamente. – Y me fui temprano porque estaba cabreado y no se porque me pareció buena idea pero llamé a Jason, un compañero de la agencia y estaba despierto y terminé en su casa y me lié con él porque quería poner celoso a Baekho y cabrearle porque es idiota y se lo merecía pero me daba asco y fueron solo besos pero me siento una mierda y me odio y no debí hacerlo y Baekho no me va a perdonar jamás y igual ahora me odia y… No quiero…

Sollozaba, y JR le acariciaba el pelo intentando consolarle sin saber que decir, intentando mantener la calma y no ponerse él también a lanzar cosas. No quería ni imaginarse el motivo por el cual se había peleado por Baekho, aunque luego insistiría un poco a ver si lo soltaba después. Por otro lado… Se preguntó cuantos años tendría ese tal Jason. Le sonaba su nombre pero no recordaba nada sobre su supuesto propietario. Si recordaba en cambio que Minki era el más pequeño de su grupo de modelo. “Espero que por lo menos este no llegue a los treinta…”

– No quiero que me odie… – seguía Minki sin dejar de llorar. JR le abrazó, apartándole el pelo de la cara. Luego le empujó para poder abrazarle tumbados, y Minki se acurrucó automáticamente, bajando para quedar con la cabeza sobre su pecho, como cuando era pequeño.

– No te odiará – le dijo sin poder estar cien por cien seguro pero deseándolo con toda su alma. – No podría. – No imaginaba a un Baekho capaz de odiar a Minki, de no caer con todas sus moñerías, de no correr para cumplir todos sus caprichos. Parecía inconcebible. – Además, dices que fueron solo besos, y para cabrearle, expresamente para ponerle celoso. Y te arrepientes. – No creía que la lógica pudiese arreglarlo, pero tal vez ayudaba – explícaselo si se enfada. Dile que lo sientes, lo que sientes. No podrá enfadarse contigo.

No estaba seguro de haberle convencido, parecía demasiado ocupado empapándole la camiseta de lágrimas para siquiera escucharle, pero le abrazó, meciéndole lentamente como cuando de muy pequeños lloraba porque sus padres se iban a separar.

“Espero que tengas una buena excusa para esto Baekho” pensó JR con un odio vetado que realmente no quería sentir.

 

 

 

Está intenso ¿eh? XD 

Me disculparía por tardar pero ya como que no me viene de aquí. Muchas gracias por vuestra paciencia y vuestros comentarios los que los dejaos. ¡Os quiero! ^^ ❤

Ámame Profe. 42: Lo prometido es deuda.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

 

– ¿Puedo dormir en tu casa? ¿Puedo? ¿eh? ¿Puedo?

Se lo había pedido tantas veces que había perdido la cuenta. Tampoco llevaba la cuenta de las veces que se había negado. Mas o menos las mismas.

“Tiene trece años” Se repetía siempre como excusa. “Ya no va a servirte eso” Se dijo con una sonrisa cansada.

– Como crece… – suspiró dejándose caer en el sofá, con la cena en la mano.

No podía decir que le estuviese evitando, pues seguía pasando tiempo en su casa, con su madre, cada vez más embarazada, si es que esa expresión era correcta, y con su hermano.

JR…

Había adorado meterse con JR esos días. Empezando por el mismo día después de que pasase, cuando JR le había llamado al móvil estando él en la grabación de Minki, hacía ya una semana. Solo para preguntarle si podía interceder por Aron para que le hicieran una entrevista por video-llamada para cuando viniera, ya que había visto que buscaban camareros, o algo así.

– Por lo que me dijo tiene buenas referencias, ha estado trabajando en bares y pubs.

– Ajá. – y no podía dejar de imaginárselo ahí, entre esos dos tíos, metiéndole mano en la pista de Pantheon.

– ¿Lo harás?

– Lo haré. – le prometió – Si me cuentas lo de anoche.

– … – Se quedó completamente en blanco mientras Baekho se obligaba a no reírse. – ¿El que de anoche?

– Como ese par de chavales terminaron metiéndote mano.

– …

Y le colgó, y desde entonces Baekho no había podido evitar guiñarle el ojo cada vez que le veía.

“Como crecen…” Pensó cenando en el sofá de su casa.

No sabía si sentirse orgulloso de sus niños o asustarse por ellos, porque JR, a sus dieciocho años volviéndose el juguete sexual de Pantheon le divertía y le aterrorizaba a partes iguales, pero Minki con sus pantalones de licra arrapados, los ojos delineados, oscuros, perdidos en un mar de pestañas negras…  Le aterrorizaba. Mucho más de lo que le asustaba la vida sexual de JR. Porque esos ojos le habían mirado fijamente durante la grabación, mientras no dejaba de morderse y relamerse esos labios rosados de corazón que, no podía olvidar, acababa de besar.

“Demasiados besos” Se dijo. Ya iban demasiados. Desde ese primero en Pantheon. O aún más, desde ese primer beso hacía dos años, por su cumpleaños, cuando había ido a buscarle a casa de su amigo Taekwoon, su primera pelea.

Le parecía recordar que le había besado alguna vez más, siendo aún más pequeño, pero besos de niño, sin ninguna importancia, ninguno como ese beso en Panteon cuando se había presentado por primera vez con su pelo teñido y su sonrisa lujuriosa, o como todos los que se habían dado desde entonces, desde esa noche en su casa cuando le había acariciado, sintiéndole, oyéndole gemir entre sus labios.

No había querido permitirse más besos, pero tampoco había podido evitarlos, tal vez porque él mismo lo deseaba.

Lo sabía, sabía que lo deseaba, que lo necesitaba irremediablemente, que, por más que fuese difícil de asumir, se había enamorado de ese crío.

“Trece años” volvió a repetirse.

– ¿Que harás mañana Baek? – se preguntó a si mismo – ¿Que harás mañana cuando esa excusa deje de servirte?

Se fue a la cama con la duda, sin querer resolverlo realmente.

 

Al día siguiente se presentó en su casa temprano. Relativamente temprano. Es decir, para ser sábado. Le abrió la puerta su madre.

– ¿Aún duerme? – le preguntó después de abrazarla.

– Como un angelito. – le sonrió haciéndole pasar.

JR dormía también, por lo que decía su madre había salido la noche anterior.

“Luego tendré que interrogarle” se dijo. “O a sus amigos mejor, que él no suelta prenda”. No le extrañaría para nada que se hubiese repetido algo como lo de la otra noche.

Fueron a despertarle juntos. A Minki, a JR le dejaron dormir que había vuelto tarde.

– ¡Feliz cumpleaños mi niño! – le abrazó su madre mientras aún tenía los ojos cerrados. – Buenos díaaaas…

– Meeeeh… – se quejó volviendo a cubrirse con la colcha.

– No, no, nada de volver a dormirte – le molestaba haciéndole cosquillas. – mira, ha venido Baekho.

Este se acercó, observando desde la puerta.

– Oh, que inesperado. – murmuró el pequeño mientras se daba la vuelta y Baekho y Sunyoung se miraban asombrados.

– ¿Te quedaste despierto hasta tarde? – Le preguntó Baek acercándose a su cama mientras él, finalmente, se decidía a incorporarse.

– Es que me estaban felicitando mis amigos – se justificó.

– Vamos, que somos los últimos. – murmuró la madre.

– Y luego tenía que terminar el capítulo… – siguió ignorándola.

Ella suspiró, le revolvió el pelo y le dijo que se vistiera para bajar a desayunar todos juntos.

– Voy a ver si consigo despertar al otro – les dijo refiriéndose a JR mientras salía de la habitación. – que últimamente lleva un trote…

“Si tu supieras…” pensó Baekho mientras la veía salir por la puerta.

Minki se estiró, bostezando, y Baekho se sentó a su lado en la cama riéndose de sus muecas.

– Feliz cumpleaños – le dijo.

El pequeño sonrió.

– ¿No vas a darme un beso? – le pidió acercándose a él. – Como reglo de cumpleaños.

– Ya te he reglado el concierto de esta noche. – replicó sin apartarse. – y abajo tienes dos regalos más. – Minki esperaba, a apenas unos centímetros de sus labios – y te compré el libro también. – añadió señalando al tomo que había sobre su mesilla. Pero Minki sonrió, acercándose aún más, tentándole con sus pestañas de infarto y sus labios de corazón.

Y Baekho tragó saliva, se humedeció los labios y se acercó, cerrando los ojos.

Oyeron los pasos de Sunyoung segundos antes de que sacase la cabeza por la puerta.

– ¿Aún estás en la cama? – exclamó viéndole aún sentado con el pijama. – Bueno, da igual, ya te vestirás. – siguió acercándose a él y cogiéndole del brazo con cariño para levantarse. – Anda, baja ya que tienes que ver el pastel que te ha hecho Yixing.

Y mientras le arrastraba de la habitación para llevarla abajo Minki se giró y le guiñó el ojo a Baekho, que seguía sentado en la cama cogiéndose el pecho al borde del infarto.

“Maldito crío” Se dijo. “¿Que estás haciendo?”

 

La comida fue simple, familiar. Con ellos cinco, Minhyun y Taekwoon. Y una llamada de su padre justo después de comer, desde Londres, avisándole de que debía recibir un regalo pronto.

Fue sencillo pero agradable, no había querido más. No había querido invitar a Luhan o Sehun, aunque pensaba que podían ofenderse. Tampoco había querido celebrarlo con la familia aunque su madre había insistido en que harían una merienda con los tíos un día.

Y, sobretodo, fue corto.

Hacia las cinco, aún con el pastel sobre la mesa, Baekho avisó de que ya era hora, y tanto Minki como Minhyun cogieron sus cosas para irse.

– Luego me lo quedo a dormir en mi casa – le dijo a su madre mientras Minki se despedía de Taekwoon estrujándole a abrazos. Ella sonrió.

– Le hará ilusión, – sonrió ella – hace mucho que lo pide. Un día tendrás que contarme cual es tu secreto. – añadió pícara.

– ¿Eh?

“¿¿¿EH???”

– Que que haces para que tenga tantas ganas de venir a dormir tu casa. – se reía ella con humor. – ¿Le das caramelos para cenar?

Baekho respondió con una risa que por suerte no sonó tan forzada como le había parecido, y prefirió no añadir nada más.

“¿Pero que estoy haciendo…?”

– Ha sido una suerte que coincidiera con tu cumple – le decía a Minki ya en el coche.

– Si – sonreía el pequeño. – Gracias por regalármelo.

– De nada. – sonrió también.

Era consciente de Minki sentado ahí a su lado, con los pantalones arrapados que se había acostumbrado a llevar desde que había empezado a trabajar de modelo. Era consciente de sus enormes ojos pintados, pareciendo aún más grandes. Era consciente también de haber decidido invitarle esa noche a su casa, aunque él aún no lo supiera. Demasiado consciente.

“¿Que estoy haciendo…?”

Volvió la vista a la calle y vio a Minhyun por el retrovisor, mirando por la ventana con gesto triste.

– ¿Fuisteis ayer a Pantheon? – le preguntó en parte para distraerle en parte por curiosidad.

– Ah, no. – respondió girándose a mirarles y acercándose a ellos, rompiendo el aire melancólico – fuimos a Zenit, Hyuk dijo que se lo debíamos por el trauma. – añadió con una sonrisa.

– ¿Tanto le afectó lo de JR?

– ¿Lo de JR? – exclamó Minhyun ya completamente puesto – ¡Que va! Se lió con un travesti pensando que era mujer.

– ¡No jodas!

“Ese vocabulario Baek…” Se retrajo. Pero realmente ese grupito no se merecía menos.

– Como oyes. – siguió Min – Y Tao estuvo de acuerdo también, diciendo que no puede ser que vayamos a un local gay y solo liguen los heteros, que en otros sitios por lo menos ya se lo espera.

– Realmente…

– ¿Mi hermano ligó? – preguntó al fin Minki sin entender de que hablaban.

– ¿No lo sabes?

– ¿No te lo ha dicho?

Se giraron ambos asombrados para luego mirarse con una sonrisa maligna, Baekho desde el retrovisor, sin apartar la vista de la carretera.

– Se lo decimos ¿no?

– Yo creo que merece saberlo.

 

Llegaron al estadio para hacer aún hora y media de cola, y Minki seguía alucinando.

– ¿Pero va en serio? ¿Con dos tíos?

– Si, si.

– ¿Y uno de ellos era el ex de Tao?

– Eso parece. Nos lo dijo luego. Pero que le dieron sus teléfonos y todo, por si quería “terminar lo empezado”

– Jodeeeeeer…

– ¡Minki!

– ¡Tu también lo has dicho antes!

– Yo creo que está justificado.

“Ya…”

La sensación era muy diferente al del anterior concierto, dos años atrás, cuando habían ido con un grupo más grande a hacer cola todo el día.

Minki estaba emocionado, pero Baekho parecía más pendiente de la forma como el pequeño se colgaba de su brazo, de cómo le brillaban los labios, de la gente que le miraba.

Minhyun, por su lado, trataba de convencerse de que realmente quería estar allí mientras se despedía de ellos y se metía en la cola VIP.

“Será genial” se repetía “has pagado por esto y lo vas a disfrutar” “lo mereces”.

Conoció gente. Empezó a hablar con la chica de delante y un par más que se metieron, y realmente pareció que se lo pasaría bien. Entró con ellas, esperó con la música que ponían de fondo a que Jen, el cantante de Up in The Sky subiera al escenario.

Y este saltó corriendo desde el fondo, con sus dos compañeros, corriendo por las plataformas saludando a su público para luego coger sus instrumentos y empezar a entonar su nuevo hit.

Y Minhyun se olvidó de todo. Se olvidó de Aron. Chilló y saltó, coreó sus nombres dándolo todo. Cantó las melodías que se sabía de memoria de repetirlas hasta la saciedad, de haber aprendido a tocarlas en el piano, en la guitarra que Aron le había regalado al irse. De escuchar a Aron tocarlas con su guitarra, en su habitación, cuando había estado allí dos años atrás, en su apartamento de Los Ángeles cuando había ido a verle, en la playa, con sus amigos americanos, de noche junto al fuego y junto al mar.

Sentía la música reverberando en sus oídos y escuchaba a Aron tocando para él, cantándole sus canciones favoritas, versionándolas para que fuesen para él.

Empezó a llorar con “Distance”, una de las pocas canciones románticas que tenían Up. La chica a su lado, con la que había hablado en la cola le abrazó sonriéndole, chillando algo como que ella también se había emocionado.

Te he querido tanto, y ahora estás tan lejos – entonaba la canción – has sido mi todo y me has dejado sin nada…

Para cuando terminó la canción lloraba a mares, y la chica ya le miraba preocupada. Al empezar la siguiente se vio obligado a salir, incapaz de dejar de llorar, incapaz de dejar de pensar en Aron, incapaz de escuchar más. No oía la voz de Jen, oía a Aron susurrándole al oído que le quería, oía a Aron tocando Fly delante de toda la clase el primer día que le tuvieron en el instituto, cuando se conocieron.

“Le necesito” se decía “necesito volver a verle…”

Podía mandarle un mensaje, decirlo que lo sentía. Al fin y al cabo había sido él quien le había dejado, ni siquiera le había dado oportunidad a explicarse. Podría intentar arreglarlo…

“Lo estabas pasando mal” le dijo una voz en su interior. “No estás mejor ahora” se respondió” “Tampoco puedes pasarte toda tu vida pendiente de unos mensajes que no llegan…”

 

Cuando el concierto terminó Baekho y Minki le encontraron sentado en las escaleras, sin haber decidido nada.

– Min… – le abrazó Minki con cariño, sentándose a su lado. – ¿Que te pasa? ¿Te encuentras mal?

Se incorporó, sacándose las lagrimas forzando una sonrisa.

– No, tranquilo. Es solo que… el concierto, Up… me recuerda a Aron.

– Oh… – murmuró Minki cogiéndole para que apoyara la cabeza sobre su hombro, por extraño que pareciera.

– No debería haber venido – murmuraba hipando de nuevo. – no debería haberme gastado el dinero en esto, no debería haberle dejado…

Minki y Baekho se miraron, sin saber muy bien como reaccionar. Aunque se hubiesen enterado de todo no habían estado en ninguno de los momentos dramáticos y difíciles de los que JR les había habado. Sentían que no tenían que ser ellos quienes le consolaran por más que ambos le conocieran desde hacía años.

Baek se encogió de hombros y se sentó en el otro lado de Minhyun.

– En ese momento te pareció lo mejor – Le dijo sin estar muy seguro de si debía hablar o no.

– Porque lo estaba pasando mal. – se justificó – Pero estoy aun peor sin él…

 

No se habló del concierto en todo el trayecto a casa, nadie se atrevió. Minhyun se había metido en el coche murmurando que llamaría a Aron para decirle que lo sentía, discutiendo consigo mismo que no debía hacer eso, y al final se había quedado dormido. Minki se había quedado dormido también, y Baekho miraba fijamente las luces de la carretera mientras veía por el retrovisor como los dos pequeños descansaban detrás.

Empezaba a cansarle el tema. Comprendía que las circunstancias no eran las mejores pero el rollo de Minhyun y Aron y su trágico amor a distancia ya duraba demasiado.

“Son jóvenes” se decía. Él también había sido adolescente, también había perdido la cabeza con sus romances de turno y también había dramatizado por cualquier tontería, y suponía que había sido igual de cansino para los que le rodeaban.

“¿Y que harías tu si el amor de tu vida estuviera en la otra punta del mundo?”

Parecía una idea demasiado abstracta, demasiado idealizada. “El amor de su vida”. Hacía años que había dejado de creer en cuentos de hadas.

“¿Que harías si Minki estuviera en la otra punta del mundo. Si te dejara, si dijera no quererte?”.

Suspiró, le dio las gracias a su subconsciente con sarcasmo y siguió conduciendo, intentando no mirar al niño que dormía en la parte trasera de su coche, intentando no pensar en que dormiría en su casa, intentando no llamarse enfermo a si mismo.

 

Llegaron ya de noche cerrada, y Baekho siguió las indicaciones de Minhyun, ya despierto otra vez, para dejarle frente de su casa. Aparcó y bajó del coche para despedirle sin despertar a Minki, que dormía como un tronco en el asiento trasero.

– Gracias por llevarme – le dijo formal con una reverencia.

– Faltaría más. – le respondió Baek quitándole importancia, apoyándose en el coche. – siento que… no lo hayas pasado bien.

Min se encogió de hombros, sin saber que decir.

– Es reciente aún – murmuró.

– ¿Que vas a hacer? – no pudo evitar preguntarle.

– ¿Que voy a hacer? – preguntó el pequeño de vuelta, encogiéndose de hombros otra vez – pues aguantarme y esperar a que se pase. Terminaré olvidándole, necesito tiempo… – se encogía, cabizbajo y con las manos en los bolsillos – tampoco tengo derecho a ir y pedirle que olvide que le dejé de mala manera ignorándole y todo.

– No hace falta ser tan drástico – le dijo. – estabas enfadado con él e igual te precipitaste, si crees que cometiste un error siempre puedes disculparte.

– Fuiste tu quien me dijo que le dejara.

“Otro” pensó Baekho ya harto de que le echaran la culpa de su ruptura.

– Solo dije que…

– Ya – le interrumpió – lo sé. No fue tu culpa. Solo dijiste lo que yo necesitaba oír. – suspiró, forzando una sonrisa de nuevo que le quedó casi natural. – en fin, gracias.

– ¿Por qué?

– ¿Por ayudarme? – respondió casi en una pregunta – por soportarme.

– Faltaría más. – volvió a responder. – Si necesitas nada ya sabes que estoy para lo que quieras. – por mas que le cansaran, era sincero en eso. Minhyun le sonrió dándole las gracias otra vez. – Y bueno, si salís un día y JR… Se lía con alguien…

Minhyun se rió, comprendiéndole.

– Descuida – le respondió ya más animado – Tao y yo te haremos un reportaje entero.

– Sabía que podía contar con vosotros – le sonrió guiñándole un ojo. – Buenas noches Min – le despidió al fin. – Descansa.

– Igualmente. – respondió.

Dudó un momento y luego se acercó a abrazarle, sorprendiéndole un segundo antes de que Baekho se decidiera a echarle los brazos alrededor del cuerpo y dejarle acurrucarse contra su cuello. Y le dejó estar unos segundo allí, mientras respiraba y notaba como se relajaba.

– Creo que puedo entender a Minki – le oyó murmurar contra su oído, separándose de él.

– ¿Eh? – preguntó Baekho desconcertado.

– Que… tal vez no eres el hombre más sexy del planeta y eso – “Y me lo dices tú que estás con Aron…” Pensó Baek ofendido – pero eres… cariñoso. Siempre cuidas de nosotros. Es fácil quererte.

Se le quedó mirando, sin saber muy bien como responder. Algo sonrojado incluso.

– Vete a dormir – le dijo al fin. – que estás diciendo tonterías.

– Creo que si – sonrió avergonzado. – buenas noches. – añadió abriendo la puerta de su casa y subiendo las escaleras. – nos vemos.

– Adiós. – murmuró ya con la puerta cerrada.

Se quedó allí unos minutos, algo impactado. Al final sacudió la cabeza y se decidió a meterse en el coche donde Minki seguía durmiendo.

“Estos críos…”

Condujo hasta su apartamento y volvió a aparcar el coche allí. Salió y entró detrás para despertar a Minki, que dormía tirado entre los dos asientos, con la boca abierta y casi babeando.

Se sintió tentado de dejarle dormir, cogerle en brazos y meterle en la cama sin despertarle. Y en parte le decepcionó.

“¿Y ya?” “¿Le dejas quedarse en tu casa y no pasará nada?”

“¿Y que es lo que quieres que pase?” se respondió a si mismo.

Se le aceleró el corazón, incluso se sonrojó. Y se regañó a si mismo por ello. Tantos problemas de adolescentes que le rodeaban empezaba a parecer uno él también.

“Seriedad Baek, que tienes una edad”. ¿Pero es que había algo de seriedad en esa situación?

Dudó aun unos segundos más, acariciando el pelo teñido de Minki, con las raíces negras asomando debajo de los mechones rubios.

Había imaginado besos, no podía negarlo. Tal vez incluso algo más, como esa noche en que Minki fue a buscarle a Pantheon.

“Cosas que no deberían pasar” Se recriminó. “Pero es su cumpleaños” Respondió otra voz dentro suyo, sonando casi inocente.

Suspiró e hizo de tripas corazón. Acallando a su consciencia que le gritaba lo mal que estaba eso se decidió y le sacudió con suavidad.

– Despierta marmota – le murmuró. – Hemos llegado.

El pequeño abrió los ojos, desperezándose. Le miró y le sonrió.

– ¿Aún es mi cumpleaños? – murmuró adormilado y sin abrir completamente los ojos.

– Si – respondió Baekho convencido, sin mirar la hora.

– ¿Entonces donde está mi beso de buenos días?

Se quedó quieto unos segundos, volviendo los dilemas, y Minki reaccionó al segundo, incorporándose en alerta.

– ¿Mamá? – preguntó asustado. Y Baekho no pudo evitar reírse.

– No, no está tu madre – respondió casi entre carcajadas.

– Estamos en tu casa – murmuró Minki confundido.

– Sip. Te quedas a dormir. Si te parece bien.

Le pareció bien. O si más no eso decían su expresión de emoción contenida mientras seguía a Baekho fuera del coche y escaleras arriba, debatiéndose entre si hacerse ilusiones o no.

Era su cumpleaños, tal vez Baekho había planeado algo especial. Dejarle dormir con él, besarle, tocarle, una noche de sexo duro hasta el amanecer…

“Bueno, estamos hablando de Baekho”. No dudaba que fuese una bestia en la cama una vez se soltaba, pero dudaba que se soltara. “Igual me deja dormir con él”. Pensó siendo más optimista. “Igual solo le era cómodo que me quedase aquí porque volvíamos tarde y no tiene nada que ver con que sea mi cumpleaños.”

Y así le siguió por las escaleras, nervioso, casi tanto como él. Levantó la vista y se sorprendió a si mismo. “¿Por qué no me he dado cuenta antes del culo que tiene Baekho?” Eso le distrajo para los dos pisos que faltaban, hasta el punto que cuando llegaron al apartamento y Baekho abrió la puerta para dejarle pasar lo ultimo que se esperaba era sentir sus manos cogiéndole por los brazos y por la nuca, sus labios contra los suyos y la puerta contra su espalda acorralándole.

Abrió los ojos como platos, pasmado, mientras Baekho cerraba los suyos besándole, con ambas manos bajando por su pecho hasta su cadera, empujándole contra la puerta con la fuerza de su cuerpo.

Su mente hervía. Desde el “¿Que esta haciendo?” al “¡Por fin! ¡vamos a follar!” pasando por el “no se si estoy preparado”. Pero dejó de pensar, lo apagó todo, igual que parecía haber hecho Baekho. Cerró los ojos y dejó que le besara, moviendo los labios contra los suyos, sintiendo su lengua en su boca, gimiendo cuando las manos de Baekho rodearon su cadera para cogerle el trasero y su cuerpo quedó pegado al suyo. Jadeó al sentir la ya conocida sensación de subidón y mareo, sintió que se estaba poniendo duro, que el muslo de Baekho presionaba contra su entrepierna. Se sintió avergonzado sabiendo que Baekho lo estaba notando, que sentía eso contra su pierna. De repente fue demasiado consciente de si mismo y quiso apartarse, pero Baekho respondió presionando más, moviéndose, y Minki no pudo más que jadear y olvidarse otra vez de pensar.

Se movía contra su cuerpo, pasando las manos por encima de su cuello y dejando que le quitara la chaqueta que aún llevaba puesta y la tirase por ahí, al igual que había hecho con la suya. A un gestó de Baekho subió las piernas a su cadera, primero una y luego la otra, quedando colgado entre él y la pared, sin dejar de besarle. Sonreía contra sus labios, casi sin poder creerse que eso estuviera pasando, que fuera verdad que Baek le estaba besando con esa furia, con esas ganas, con esas ansias.

No podía creerlo, y no podía parecerle más perfecto. La lengua de Baekho, sus labios cálidos, sus brazos fuertes envolviéndole, cogiéndole por los muslos para que se aguantase sobre su cadera, pegando su pecho al suyo acorralándole, la presión entre sus piernas de lo que suponía era su erección.

“Oh Dios Mío” Se dijo “Que esto es real, está pasando. No es un sueño. No lo es ¿Verdad?”

No lo era. Tampoco era un sueño que Baekho le estuviese llevando en volandas hasta la cama, cogiéndole con fuerza contra su pecho mientras Minki, con el susto de caerse, se aferraba a su cuello y su cadera con brazos y piernas, riendo casi eufórico y jadeando.

Le miró fijamente cuando le dejó caer sobre la cama, con ojos brillantes de excitación y labios húmedos y rojos. Y Baekho tardó segundos en devorarle otra vez.

Cayó sobre él, y sus manos volaban sobre su cuerpo, peleándose con su ropa, jugando con su piel sin dejar de besarle, sin separar de sus labios su lengua ansiosa que se enroscaba con la del pequeño.

Se deshizo de sus propios zapatos que lanzó al suelo junto con su jersey y camiseta que se arrancó casi con furia, deleitando a Minki con sus trabajados músculos. Y Bajó de nuevo, casi con dulzura, lentamente hacia sus labios, sosteniéndose con una mano mientras la otra bajaba por el pecho del pequeño y volvía a subir por debajo de su ropa.

Minki se incorporó, dejando que le desnudase y se aferró a él y volvió a besarle cuando Baekho lanzó su ropa por la habitación junto a la suya. Le abrazaba, envolviéndole con sus brazos directamente contra su piel. Se sentó sobre sus piernas y dejo que sus labios bajaran por su cuello hasta su pecho, que recorrieran su piel mientras su corazón se ahogaba desbocado entre sus propios latidos.

“Me voy a ahogar” pensaba jadeando mientras los labios de Baekho se cerraban sobre su pezón y sus manos se colaban dentro de sus pantalones “y valdrá la pena”.
Dejó que le tumbase otra vez y que siguiera bajando por su abdomen dejando besos en él. Le bajaba los pantalones lentamente y Minki se dejó, doblando las piernas para hacérselo más fácil.

Vio, con el corazón a cien, como Baekho volvía a bajar sobre su cuerpo, besaba su piel justo debajo del ombligo y seguía besando la suave línea de vello hasta su ingle.

Minki se oyó gemir a sí mismo cuando sintió como presionaba sus labios contra su erección, a través de la fina tela del calzoncillo. Se avergonzó y se cubrió los labios con el brazo, cerrando los ojos mientras sentía que los labios de Baekho se curvaban en una sonrisa y seguían besando su piel, la ropa por debajo de la que ya estaba colando los dedos, acariciándole.

– ¿Puedo? – le preguntó levantando la goma de su ropa interior.

– Oh si – respondió sin dudarlo, con todo el cuerpo en tensión.

Baekho sonrió al oír su petición, terminó de desnudarle y tembló cuando sus manos se acercaron de nuevo al cuerpo del pequeño, con miedo, casi con reverencia. Le acarició y bajó la cabeza de nuevo sobre su cuerpo.

– ¿Vas a…? – empezó el pequeño mirando hacia abajo. – Oh dios…

Dejó caer la cabeza de nuevo contra el colchón, pasó ambos brazos por encima de sus ojos y cerró los puños, en tensión. No tardó en sentir los labios de Baekho sobre su piel, sobre la punta de su pene.

Gimió, aún mordiéndose los labios no pudo evitarlo. Se sentía dentro de su boca, sentía su lengua. Tenía un nudo en el cuello, gemidos agolpándose en su garganta y un calor sofocante que le subía por el pecho y bajaba hasta los pies.

Y Baekho entre sus piernas.

“Esto es mejor que masturbarse” Pensó mientras entre gemidos se le escapaba un “Hyung… más…” y Baekho obedecía, sorbiendo y acelerando.

Se mareaba. No sabía dónde tenía la cabeza y donde los pies. Apretaba los puños y no hubiese sabido decir su propio nombre. Le abrumaba. Ardía. Su cuerpo parecía a punto de estallar. Antes había pensado que su corazón no podía ir más rápido pero ahora le sentía golpear contra las costillas como si quisiera escapar de su pecho.

Las manos de Baekho acariciaban sus muslos, los rodeaban y subían por su cuerpo desde sus caderas, acariciando su trasero y envolviéndole para subir por su pecho, buscando sus manos.

Bajó su mano para encontrar la de él, presionándola contra su pecho, seguro de que podía notar su corazón desbocado. Las piernas le temblaban de pura excitación. Las manos, los dedos, su cuerpo entero. Parecía a punto de estallar.

El orgasmo le pilló desprevenido, antes de lo que esperaba. Y apretó con fuerza las manos de Baekho mientras se corría en su boca, arqueando la espalda y gritando ya palabras incoherentes.

De derrumbó sobre el colchón, agotado y jadeando, sin poder siquiera pensar aún, luchando por respirar. Sintió como Baekho se apartaba y bajó la vista justo para verle tragando, sonrojarse y volver a esconderse entre sus brazos.

Le oyó reírse y notó como se estiraba sobre su cuerpo. Para cuando se atrevió a abrir los ojos Baek volvía a dejar el papel de baño sobre la mesilla y se frotaba los labios volviendo a su lado.

Tragándose la vergüenza estiró los brazos para recibirle, buscando sus labios. Baekho se desvió y le besó en la mejilla y en el cuello, y le abrazó pegándole de nuevo a su cuerpo. Insistió buscando sus labios, y cuando lo consiguió se atrevió a buscar su cuerpo con sus manos, a llevar sus dedos hasta el cierre de su pantalón y intentar colarlos dentro.

– Shht… – murmuró Baekho apartándose. – Ya, a dormir.

– Pero…

– Estoy bien. – insistió.

Minki se dejó convencer, agotado y jadeando aún. Le dejó que le abrazara y que le metiera dentro de la colchas, besándole en la frente con cariño.

Estaba agotado, pero no sentía sueño, no creía que fuese capaz de dormir. ¿Cómo iba a hacerlo? ¡Ni siquiera podía creer lo que acababa de pasar! ¿Había pasado realmente?

Su cuerpo le decía que si, su corazón aún acelerado y sus genitales donde aún podía sentir las caricias, la piel de Baekho pegada a la suya que le abrazaba. Lo sabía, pero costaba creer.

“Al fin” Se dijo.

Y lo mejor, lo mejor de todo, es que Baekho lo había decidido por sí mismo. No estaba borracho y desinhibido como la otra vez. Había sido una decisión consciente. Y eso solo podía significar una cosa.

– Entonces… – empezó a decirle. – ¿Ahora ya si? – Y Baekho, con los ojos como platos fijos al techo y su consciencia gritándole por la bestialidad que acababa de hacer se quedó en blanco, sin poder creer lo que acababa de pasar, lo que él mismo había decidido hacer, sin poder responder. – Después de esto…

Minki tenía razón. Después de eso solo había una salida, un paso lógico. Aceptarlo. Aceptar que estaba perdidamente enamorado de ese crío, que por más años que se llevasen le quería a su lado, y en su cama. Le quería así, como esa noche, y le quería para pasar las tardes jugando, charlando o leyendo, para ir a dar una vuelta y para tenerle a su lado en los malos momentos. Le quería a su lado, como su novio y su amante, le quería como nunca había querido a nadie antes.

Lo sabía, y había llegado el momento de aceptarlo, de decírselo.

“Novios”

Pero cuando se dio cuenta de ello, se dio cuenta también de que no podía hacerlo.

– Esto – empezó – bueno… considéralo un regalo de cumpleaños. No es como si fuese a pasar otra vez.

 

 

Quería subirlo el lunes porque, bueno, era el cumpleaños de Minki y tal. Pero preferí esperar y revisarlo hoy con la calma, que es un capítulo importante. ¿Que os parece? ^^

PD: Feliz cumpleaños Minki!

Ámame Profe. 41: Todos los gays se conocen.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

Había puesto como excusa que iba a cenar con Hongbin y los chicos, todo mentira, para que Minki no durmiese en su casa. Así que él fue el primer sorprendido cuando, ese mismo viernes por la mañana, Hongbin le mandó un mensaje para salir a cenar, con todos.

– “Pero solo a cenar ¿eh?” – les dijo – “que me tengo que levantar temprano al día siguiente” –

Así que al salir de clases no fue con Minki sino que se fue hacia su casa, para descansar un rato, ducharse, arreglarse, y reunirse con ellos en el restaurante de siempre.

– Hyoshin va a llegar tarde – Anunció Hongbin refiriéndose a su novio mientras se sentaban.

– ¿Es que va a venir?

– No me hagas esto… – se quejó Baekho dejándose caer sobre su hombro con gesto derrotado – No puedes dejarme con tres parejas.

– Si igualmente vendrá luego. – murmuró en disculpa – Tu no te quedas a Pantheon ¿verdad?

– ¿Te traigo unas velas? – se rió Wonsik ignorando a Hongbin.

– Tráele a Minki – respondió Jongin ganándose una mirada furibunda de Baekho.

– Menos bromas con el tema ¿vale? – le pidió aún mirándole con odio.

– ¿Pero te cabreas porque te lo has tirado? ¿O porque solo ha sido una vez? – Baekho cerró los puños y Kyungsoo cogió a Jongin para hacerle callar. – Vamos, tengo razón y lo estabais pensando todos. – se quejó.

– Pero es un tema delicado… – insistió Kyungsoo.

– De todos modos deberás planteártelo – se metió Hakyeon. – Esto empieza a ser serio.

– Empieza… – murmuró Wonsik.

Baekho suspiró, harto de aquel grupo que se llamaban a si mismos sus amigos y que aprovechaban cualquier excusa para sacar a colación el tema que más le dolía.

– No creas que no me lo he planteado. – respondió con un suspiro. – De hecho… Creo que empiezo a enamorarme de él…

Lo había dicho en un arranque, solo un comentario más, pero se dio cuenta de que era verdad, aunque se hubiese negado a verlo hasta entonces.

– Wow.

– Al fin.

– No. – Replicó Baekho de nuevo, exasperado – esto no debería estar pasando.

– Todos sabíamos que terminaría pasando. – intentó consolarle Hongbin con una mano sobre su hombro.

“Si” admitió para si mismo “Siempre lo he sabido, aún así…”

– Pues está mal. – insistió – Nos llevamos dieciocho años, – les dijo repitiendo el mismo argumento que llevaba años repitiéndose a si mismo – es un crío.

– Eh, – se metió Hakyeon – mis tíos se llevan diecisiete y nunca le ha importado a nadie. El problema es que de momento es muy pequeño, pero crecerá.

– Me siento muy pederasta…

– Bueno, – se rió Wonsik – un poco…

– Pero él mismo te lo ha pedido, – siguió Kyungsoo – hace años que insiste, tiene claro lo que quiere.

“¿Por qué quiere esto?”

Llevaba años intentando que ese niño dejara de parecerle sensual, o seductor, o atractivo, o cualquier cosa que le hiciera desear besarle y estrujarle entre sus brazos para no soltarle, que le hiciese sentirse sucio y corrupto. Pero poco tenía que hacer, porque Minki era seductor. Era sensual, era atractivo, y era convincente. Tenía miles de armas para conseguir lo que quería, y le quería a él, y avanzaba paso a paso con una tenacidad devastadora. No había tenido ninguna oportunidad de escapar de él.

¿Pero porque se había encaprichado Minki con él? Era una locura, nada más que una locura que duraba ya demasiados años y que, al final, y en realidad desde el principio, le había atrapado.

– Es demasiado joven para tener nada claro. – suspiró.

– Eh, eso me suena demasiado a lo que nos decían nuestros padres, – se quejó Wonsik medio en serio – al “solo es una etapa” por el que nos fugamos de casa.

No pudo evitar reírse.

– Tú te fugaste de casa.

– Tu también. – insistió Wonsik.

– Yo me fui a estudiar fuera – Especificó Baekho – y me busqué un apartamento lejos de mis padres que me podía pagar, no me presenté en casa de un desconocido diciéndole “hola, ¿me puedo quedar a dormir?”

– Ah, es que mi mejor amigo tenía la casa ocupada. – se quejó. Jongin se encogió de hombros, como si no fuera con él y Hongbin levantó la cabeza indignado.

– ¿Y yo que?

– Hacía poco que nos conocíamos, – se disculpó Wonsik – no había confianza.

– Claro, siempre es mejor irse a casa de un extraño.

– Va, va, no os quejéis, – siguió Wonsik fastidiado – que gracias a eso nos hicimos amigos.

– Ash… – suspiró Baek – ni siquiera se porque te dejé entrar…

– Ni yo – se rió – que tiempos aquellos…

Más tarde, aprovechando que Hongbin había ido al baño, Kyungsoo se sentó un momento a su lado para hablarle.

– No va a rendirse – le dijo serio. Baekho le miró algo cansado, sabiendo perfectamente de que hablaba y preguntándose porque no dejaba el tema ya. – Yo he tardado veinte años en conseguir esto – le dijo abarcando a Jongin con un gesto. – No se si él va a ser tan paciente como yo, pero no tardará veinte años en conseguirlo, y lo sabes. No va a rendirse.

– Lo sé – respondió – Aún así… necesito algo más te tiempo. Tiene trece años solo.

– Tomate el tiempo que necesites – siguió Kyungsoo. – Solo que sepas que tarde o temprano va a pasar.

– Lo sé – repitió. – siempre lo he sabido.

A base de insistir consiguieron convencer a Baekho para que les acompañara a Pantheon aunque fuese a tomarse solo una copa. Pero una se convirtió en dos y cuando iban por la tercera le pareció ver a JR y sus amigos.

– ¡Hey! – les saludó viendo que se acercaban a saludar.

– ¡Hey Hyung! – respondió JR. – ¿Que haces aquí? Pensaba que mañana te tocaba madrugar.

– Ya – asintió fastidiado. – Me han enredado estos cabrones, ahora me iré.

Minhyun, detrás suyo, saludó también con una sonrisa forzada y ojos tristes. Recordó como tanto JR como Minki le habían retraído que le hubiese dicho que cortase con Aron. “¿Es mi culpa?”

Se sintió casi obligado acercarse a darle un abrazo, y sintió como él retrocedía cohibido.

– ¿Acosando sexualmente a menores? – se rió Wonsik detrás suyo. Se giró a fulminarle con la mirada y enseñarle el dedo, para luego volver a girarse hacia los pequeños y justo alcanzar a ver como alguien les saltaba encima abrazándoles a él, a Minhyun y a JR.

– Holaaaaaaa.

“Ya decía yo que no podía estar lejos” Pensó Baekho.

– Tao, acabamos de llegar – le regañó JR sacándoselo de encima – ¿Ya vas borracho?

Hyuk estaba detrás, con las manos en los bolsillos y encogido sobre si mismo como si intentase evitar entrar en contacto con el mundo que le rodeaba.

– No voy borracho – se quejó el primero – pero si reparten amor me uno.

– Uy, pues de Baek no esperes mucho – se metió Jongin colgándose de su hombro – que está pillado.

Mientras suspiraba y ponía los ojos en blanco Tao se le quedó mirando fijamente.

– Yo a ti te conozco… – murmuró.

“¿En serio? ¿¿¿TAO TAMBIÉN???”

– Juro que no me lo he follado – prometió Jongin mirando a Baekho desconcertado. Pero Tao ya no les miraba, había desviado la vista a la izquierda de Jongin, por donde aparecía Kyungsoo atraído por el jaleo.

– ¡¿D.O.?!

– Oh. – murmuró él. – ¿Tao?

– ¿Os conocéis? – preguntó Baekho poniendo en palabras lo que todos pensaban.

– De internet – explicó Tao.

– ¿Te metes en chats de citas Kyungsoo? – se rió Wonsik aún desde detrás con una copa en una mano y Hakyeon en la otra.

– ¿A ligar con niños? – insistió Baek.

Kyungsoo se giró a mirarle con los ojos como platos, no fue el único.

– Que precisamente tu digas eso…

Su grupo en general estallaron en risas, obviando tal vez a Hongbin que estaba en el fondo besándose con su novio, mientras los pequeños se miraron entre ellos sin saber que decir, JR algo incómodo de estar allí, al fin y al cabo hablaban de su hermano y era algo que realmente no quería saber.

Así que decidieron irse, separarse por su lado hacia la barra para pedir algo. Hyuk se dejó caer en una de las sillas, de morros.

– Anda Hyuk, no me seas así – le regañó Tao más tarde mientras se trasladaban a uno de los bancos de la sala grande. – Que cuando vamos a Zenit yo ni me quejo, de vez en cuando también me toca a mi ligar.

Suspiró, resignado, teniendo que aceptar que tenía razón, y aceptó el vaso que Tao le pasaba.

– La próxima vez no vengas y ya – se metió JR – no te obligamos a venir.

– Tu deberías estar conmigo – se quejó.

– A mi me da igual.

– Terminarás volviéndote de la secta.

– Deja de quejarte y ven a bailar conmigo. – saltó Tao tirando de él. – Vamos.

– No voy a bailar…

Consiguió arrastrarle, no más de cinco minutos, tampoco consiguió que el chico en el que se había fijado nada más entrar quisiera bailar con él. Aunque si que quiso bailar con Hyuk, y de paso meterle mano, lo que hizo que volviese corriendo hasta su sitio como un cohete.

JR estalló en carcajadas al ver su cara al volver, incluso Minhyun no pudo evitar reírse.

– ¡Es que te meten mano sin ni pedir permiso! – Se quejaba indignado y asustado.

– ¿Y que sueles hacer tu?

– ¡Es diferente!

Charlaban y reían, Tao sacó a Min a bailar también, murmurando un “¿A que te encuentro un novio mejor que Aron?” Mientras le arrastraba.

“Mala elección de palabras” pensó JR para si mismo mientras se iban.

No encontraría a nadie que para Minhyun fuese mejor que Aron, de hecho, tan pronto no encontraría a nadie.

Hubiese dado cualquier cosa por decirle que iba a volver, explicárselo todo y verle feliz otra vez, pero no podía hacerlo. Tampoco estaba seguro de su reacción.

“Dos semanas” se dijo. “Solo dos semanas”.

Y mientras Tao y Min seguían bailando y Hyuk refunfuñaba JR se fijó en que un chico le miraba desde la pista. Le sonrió y le aguantó la mirada, y JR bajó la vista a su bebida confundido. “¿Intenta ligar?”

Volvió a buscarle, no fue difícil pues llevaba una camiseta de un amarillo fosforescente que casi arrancaba los ojos.  Y porque seguía mirándole. El chico se dio la vuelta en cuanto vio que volvía a mirarle, dándole la espalda y girándose hacia otro chico que bailaba cerca de él, más alto que él y exhibiendo el torso desnudo. Le susurró algo al oído y este segundo se giró a mirar también a JR, sonrió con malicia y le respondió también gritándole al oído.

“¿Se ríen de mi?” Pensó sin saber muy bien que imaginarse.

Solo por rebeldía siguió aguantándole la mirada, y él se la devolvía mientras bailaba restregándose en su compañero, con el culo contra su cadera y las manos del más alto colándose por las anchas mangas de su camiseta.

Y le seguía mirando. Incluso el segundo le miraba, levantando la cabeza del cuello de su amigo. Amante, novio, ligue, lo que fuera.

“¿Por qué me miran?” Se preguntaba ya empezando a cabrearse.

Era extraño, demasiado extraño, y cuando ya no pudo soportarlo más dejó su bebida al lado de Hyuk y se levantó, yendo para allá para preguntarles a esos dos que puñetas les pasaba.

– Hey, ha venido – le decía el de la camiseta fosforescente a su amigo cuando llegó allí.

– ¿Por qué me miráis? – les preguntó tajante.

– Eres muy guapo. – siguió el mismo acercándose a él y rodeándole.

– Quiere proponerte un trío. – intervino el otro. “¿Así tal cual?” Le miró asombrado “¿¿¿Pero estas cosas pasan???”

– Anda, que me lo vas a asustar. – se rió el primero, ahora a su espalda. Se giró de golpe, teniendo muy claro a cual de los dos no quería darle la espalda. – Mira que eres guapo, cabrón… – murmuró alargando la mano para acariciarle la mejilla.

No supo porque no se apartó, ni porque dejó que le acariciara los labios con el pulgar mientras el otro se acercaba a él. No pegándose por completo, pero le podía sentir contra su espalda.

Tendrían unos años más que él, tampoco muchos. El de detrás suyo, sin camiseta y con los pantalones de chándal holgados por debajo de la línea cadera era realmente guapo, o es lo que sabía que hubiese dicho Tao de haberle visto, cosa que esperaba que no pasara. El de en frente no era tan apuesto ni de lejos, pero resultaba atractivo en cierto modo, tal vez por el piercing en el labio, tal vez por el look despeinado, tal vez por la sonrisa lasciva.

No supo que estaba haciendo allí, entre esos dos tíos. Tampoco supo porque no se sentía incomodo, porque esa voz en su cabeza que debería estarle diciendo que huyera bien lejos estaba extrañamente callada.

“Es una oportunidad de oro” decía en cambio otra voz que inevitablemente sonaba como la de Tao “¿Que puedes perder?”

“¿Mi virginidad?”

El chico del piercing en el labio se acercaba a él, con su sonrisa traviesa y una erección bajo el pantalón, si retrocedía chocaba con el pecho desnudo del otro chico, cuya piel brillaba sudorosa bajo las luces de la discoteca.

“¿Y porque no?” Se dijo “¿Que tiene de malo?”

Si alguien llegó a responder esa pregunta el alcohol no le dejó oírlo, el alcohol o el piercing que ahora rozaba sus labios mientras una lengua se introducía en su boca y rozaba la suya.

Gyuna nunca había sido tan descarada, tan lanzada. Esperaba que él la besara, correspondía los besos y poco más. Era cariñosa y dulce, nunca fogosa, y aunque no supo hasta ese momento que había echado de menos esa pasión devolvió el beso con ganas, casi mordiéndole, pegándose contra el pecho del otro que le rodeaba con sus brazos atrayéndole hacia él, mordiendo su oreja y bajando hasta su cuello.

Se separó del primero, el más bajo, con su camiseta fosforescente y su piercing en el labio, rompiendo el beso para coger aire y dejar que esa corriente eléctrica que recorría su cuerpo mitigara antes de volver a atacar. Pero no le dieron tregua. El más alto, desde detrás, le giró la cabeza para llegar a besarle mientras desde delante el otro se pegaba a él y reseguía su espalda hasta su trasero, por dentro el pantalón, desabrochándoselo. Unas manos le subieron la camiseta hasta la clavícula, acariciando su pecho mientras otras apretaban su trasero empujándole contra una erección que se le clavaba en el muslo y sobre la suya propia. Unos labios presionaban los suyos mientras otros acariciaban su cuello, junto a unos dientes que al día siguiente aún estarían marcados ahí.

Sucumbía ante las sensaciones, ante el roce ansioso de esos dos amantes fortuitos de los que no sabía más que sus caras y a duras penas, y no le importó. Disfrutaba las caricias que apenas alcanzaba a devolver, correspondía los besos de forma torpe, acariciando lenguas con su lengua, mordiendo labios con sus labios. Se dejaba llevar, y lo disfrutaba, sabiendo que aunque jamás se hubiese imaginado en una situación así no se arrepentiría al día siguiente, o no creía que fuese a hacerlo.

No lo creía hasta que las manos del chico del piercing, el que seguía frente a él marcándole los dientes en el cuello se metieron por debajo de sus calzoncillos y le acariciaron directamente. Gimió sin poder evitarlo, más excitado de lo que le hubiese gustado admitir, pero a la vez se dio cuenta de que debía poner unos límites.

“Si les dejo me desnudarán aquí en medio” Se dijo. Estaba seguro de que serían capaces. “Tal vez un poco demasiado para mi primera vez con otro hombre…”.

Tubo que hacer un esfuerzo mayor de lo que imaginaba para separarse de ellos, apartarles y apartarse él , murmurar una disculpa e irse hacia el baño con toda la compostura de que fue capaz mientras volvía a abrocharse los pantalones para encerrarse en uno de los cubículos que por suerte encontró vacío y dejarse caer contra la puerta llena de pintadas, respirando agitadamente y con las piernas aún temblándole.

– Buuuuuf… – suspiró dejándose caer sobre sus rodillas. – Wow.

Le sonó el despertador justo cuando empezaba a conciliar el sueño. “Hoy va a ser un día muy duro…” Pensó Baekho parándolo y poniéndose en pié.

Fue a ducharse, aún con el sudor y cansancio de la noche anterior junto con un penetrante dolor de cabeza en las sienes.

“Es la última vez que les hago caso” se dijo. “Nunca más”. Pero había valido la pena aunque solo fuese por haber visto a JR con… con esos dos… “y vaya dos”…

Casi no se lo había creído al verlo, ahí en medio de la multitud. No era raro ver parejas metiéndose mano en Pantheon, tampoco era raro ver a gente sin camiseta o sobrepasándose un poco con los cariños que uno consideraría adecuados darse en público, pero ver a un grupo de tres dándose el lote de esa manera frenética… Eso era algo digno de admirar. Y descubrir que en medio de ese torbellino de lujuria se encontraba ni más ni menos que JR, el siempre perfecto y responsable JR que en su vida había roto un plato fue, más que un shock, una agradable sorpresa del destino.

“Lo sabía” había pensado al verlo “Sabía que terminaría saliendo del armario”. Y con esa mezcla de orgullo e incrédula estupefacción buscó al resto de sus amigos, para comprobar sus reacciones y, en caso de que no se hubiesen dado cuenta por ellos mismos, avisarles del espectáculo que se estaba desarrollando ante sus ojos. “Seré un mal hyung por esto?” Se preguntó mientras llamaba a los chicos y les señalaba en dirección al trio. Tampoco le importaba, era demasiado épico como para reprimirse las ganas de gritarle al mundo que el mayor de sus niños también era gay.

“¿También?” “Si, supongo que si”

Tao había aplaudido, con los ojos como platos, Hyuk había dejado caer la cabeza sobre la mesa, con aire derrotado preguntándole al universo porque esos eran sus amigos. Minhyun, turbado, solo había murmurado un “wow” y había vuelto a desviar la mirada.

“¿Será verdad lo que dice Tao de que están destinados?” Se preguntó ya en el coche camino a recoger a Minki “¿Entonces porque tanta coña con lo de Aron?”

Desechó la idea y supuso que habría sido solo el shock, y es que no era para menos, porque había pasado del insistente e insaciable “que no, que soy hetero” a estrenarse con no uno sino dos chavales bien formados en medio del antro más gay de corea.

“Será la siguiente victima de Jongin” Pensó justo antes de recordar que ahora ya no era el solterón de oro sino un novio devoto. Y menudo cambio. Resultaba casi tan empalagoso como Wonsik en sus primeros días de noviazgo. O de matrimonio. Demasiado para él, como si quisiera devolverle a Kyungsoo todos esos años de espera.

“No va a poder compensarle por tantos años” Se dijo sintiendo lástima del pobre Kyungsoo que había ido a enamorarse de un imbécil como él. Como amigo era muy grande, y como amante ocasional suponía que incluso más, pero como novio dejaba mucho por desear. O eso había supuesto siempre. La verdad era que Kyungsoo parecía contento y que, viéndolos desde fuera sin conocer su historia parecían una pareja perfectamente feliz.

“Otra”.

Llegó a la casa y aparcó en frente, corriendo hacia la entrada para no tener que coger la chaqueta. Minki ya estaba despierto, más de lo que esperaba poder estar él en todo el día, hecho un torbellino de nervios y energía que le saludó con un beso que no pudo esquivar justo antes de que su madre saliera de la cocina con la bolsa de los bocadillos que tenía que llevarse.

– ¿Lo tienes todo? – le preguntó mientras él se abrochaba la chaqueta. Asintió, enérgico y entusiasmado, y Baekho reprimió un bostezo.

– ¿JR no ha vuelto aún? – le preguntó. Ella negó con la cabeza y se encogió de hombros.

– Hasta las siete no voy a preocuparme. Además, que igual se queda a dormir en casa de Minhyun.

“Mientras sea en casa de Min…” “Menuda pieza…”

Sacudió la cabeza para dejar de pensar en ello y le aseguró a Sunyoung que vigilaría bien a Minki.

– No le quitaré la vista de encima.

– Estoy segura – respondió ella – que vaya muy bien bebé. – le deseó con un último abrazo – esfuérzate mucho.

– ¡Si mamá!

Se metió en el coche corriendo, entusiasmado, y Baekho le siguió arrastrando los pies.

– Cinturón. – le recordó.

– Siii…

Se sentaba muy recto, emocionado, sonriendo. Miró a Baekho que arrancaba ya el coche frotándose los ojos y se rio de su cansancio.

– Haces mala cara – le dijo.

– Estoy entre borracho, dormido y resacoso – confesó.

– Se alargó la noche ¿eh? – se rió el pequeño.

– Seh… – seguía frotándose los ojos, y Minki pensó que era una lástima que fuesen a pasar todo el día en la capital, porque iba a estar muy vulnerable… – Se desmadran – seguía explicando él – y son una risa. Pensaba que no porque ayer estuvieron las tres parejitas, pero al final me lo pasé bien.

Baekho seguía hablando y Minki miraba sus labios fijamente. Hablaba lento y pesado, arrastrando un poco las palabras y parpadeando mucho. Por más ilusión que le hiciera lo del dorama estuvo a punto de decirle que diera media vuelta y fuera a su casa, que durmiera y pasarse todo el día tumbado a su lado, viéndole dormir. Parecía un buen plan.

“¿Si le beso estando dormido cuenta como un beso?”

Sabía que no podía hacer algo así, pero se moría por volver a sentir sus labios, por tener de nuevo oportunidad de atacarle y derribar sus defensas. Sabía que podía hacerlo. Y lo echaba de menos.

Había rememorado en su mente cada segundo de esa noche. El recuerdo empezaba a deformarse, los detalles habían desaparecido, pero recordaba las sensaciones, recordaba la saliva caliente de Baekho en su lengua, recordaba sus manos fuertes entre sus piernas, recordaba el estallido casi eléctrico cuando se había corrido entre sus brazos. Lo había rememorado tantas veces estando solo en su habitación que empezaba a parecerle surrealista. Baekho no hablaba sobre eso, como si no hubiese ocurrido. Pero había pasado. Y necesitaba que volviera a pasar.

– ¿Me puedo quedar a dormir en tu casa esta noche? – preguntó interrumpiendo lo que fuera que Baekho le estaba contando.

Él le miró serio, con esa expresión de pesadez y de martirio que Minki ya se sabía de memoria.

– No, voy a dejarte en tu casa cuando volvamos – le repitió casi automático.

Se cruzó de brazos, sabiendo que no valía la pena insistir en ese momento.

Llegaron ante la agencia y dejó el coche en el aparcadero, aún vacío a esas horas. En la recepción esperaban cinco chicos más. Jason, su amigo, saltó a abrazarle en un torbellino de pelo rosa.

– ¡Rennieeee!

– Jajajaja – se reía el pequeño – ni que no me hubieras visto en años.

– Una semana sin verte ya parece una eternidad – le respondió poniéndole un mechón de cabello tras la oreja.

“¿Que?” Les miraba Baekho a cuadros “¿Pero y este rollo tan gay…?”

– Pensaba que éramos cinco – cortó Minki volviendo a despeinarse antes de que Baekho pudiese plantearse nada más.

– Si, porque él…

Jason no llegó a responder. Taehyun, su compañero y la estrella de la agencia en ese momento se levantó del pequeño círculo donde estaba con los demás y fue a saludarles.

– Hola Ren – le sonrió. – Ven, creo que tu aún no conoces a mi novio.

Uno de los otros chicos se levantó a saludar, el que aún no conocía, los otros eran Hoon y Yoon, sus compañeros.

“¿Es gay?” Se exclamaba Minki interiormente mientras le deba la mano y le sonreía “Tiene novio y a todo el mundo le parece bien”. Ya le adoraba antes, pero aún subió más puntos por eso.

– El director Kim dice que está viniendo – le informó Taehyun. Minki asintió y luego se dio cuenta de que estaba mirando detrás de él, a Baekho, que se había quedado junto a la entrada.

– Oh, creo que aún no conoces a mi novio… – empezó repitiendo sus palabras. Taehyun le miró un segundo para luego volver a mirar a Baekho con ojos como platos, igual que los otros cuatro.

– Minki – le regañó este acercándose para saludar. – Soy su responsable legal hoy. – añadió para los demás.

– Es mi hyung – aclaró Minki – un amigo de la familia.

No le gustaba decir eso. Baekho era su novio y podía irse acostumbrando a la idea porque no iba a ceder en eso. Tampoco quería cabrearle, no con esa cara de agotado que llevaba.

El director Kim no tardó mucho en llegar con la furgoneta que iba a llevarles a la capital. Bajó de ella para saludarles y hacerles entrar y cuando se encontró cara a cara con Baekho ambos se detuvieron.

– ¿Baek? – preguntó el director.

– ¡Key! – medio exclamó Baekho.

El llamado “Key” estalló, casi saltando eufórico de repente, Baekho retrocedió abrumado.

– ¿Que tal? ¡Cuando tiempo!

– Ya te digo… desde que desapareciste…

– Pst… – bufó riéndose – como que me echasteis de menos.

– Bueno…

– ¿Os conocéis? – les interrumpió Minki medio dentro de la furgoneta, curioso.

– ¡Pues claro que nos conocemos! – respondió Key con su energía habitual. – Es mi ex.

“¿¡¿QUE?!?”

Baekho resopló, poniendo los ojos en blanco.

– No lo digas como si hubiese sido un gran que…

– ¿Es que para ti no fue importante? – fingió indignarse con los brazos en jarras antes de estallar en carcajadas. – ¿Bueno, y que haces aquí? – le preguntó ya subiendo a la furgoneta detrás de él. – ¿Vienes con Minki? Oh… – exclamó sin esperar respuesta. Luego sonrió lascivamente. – Cada día bajas más tus límites de edad ¿eh?

– ¿Que? – se quejó Baekho esperando no haber oído bien. – ¡No es nada de eso!

– ¿Sigues igual de testarudo?

Se reía, y Baekho suspiró, demasiado acostumbrado ya a esas bromas por parte de sus amigos como para que le importara ya otro frente más.

Se acomodó con Minki a su lado, en el primer asiento cerca del del copiloto donde estaba Key y dejando que los jóvenes modelos se sentaran detrás.

– ¿Y que hay de los chicos? – siguió preguntándole el Director Kim Kibum. “Y pensar que era Key…” se decía Baekho aún asombrado.

– Muy bien. Wonsik se ha casado. – le explicaba – no legalmente, con otro tío.

– Ah, ya decía yo…

– Y Jongin y Kyungsoo están juntos.

– Wow. Al fin.

– ¿De que os conocéis? – volvió a insistir Minki antes de que divagaran en conversaciones sobre viejos tiempos.

Baekho le miró, como planteándose que decir.

– Es una historia muy larga…

– No tanto – replicó Key.

– Hombre, no está mal… – Minki volvió a insistir, así que se lo contó. – Estuvo saliendo con Wonsik hace años – le dijo – estuvieron un par de meses creo.

– Si, algo así.

– Pero luego cortaron porque se lió con Jongin.

– Valió la pena – puntualizó Key con una sonrisa. Baekho sonrió cansado, negando con la cabeza, luego siguió explicando

– Luego nos reencontramos un tiempo más tarde y…

– Nos liamos – Key se señaló a si mismo y luego a Baekho para puntualizar.

– Estuvimos saliendo un tiempo

– No mucho

– Apenas un par de semanas

– Si. – admitió – No funcionó.

– Y cuando cortamos estuvo saliendo con Kyung. – siguió Baekho encogiéndose de hombros.

– ¿Con Kyungsoo? – se sorprendió Minki.

– Sep. – asintió – Bastante tiempo.

– Casi medio año. – puntualizó Key.

– ¿Y porque cortasteis?

– Se acostó con Jongin. – se rió Baekho otra vez.

– Y valió la pena. – volvió a insistir el director.

– Fue cruel – le recriminó Baekho. – Sabías que estaba enamorado de él.

– Pues eso, – insistió – era mi novio, no debía estar enamorado de él.

– Ash… – Negó Baekho sin animo de discutir – luego desapareció – siguió explicando para Minki, que miraba a su jefe con ojos como platos al igual que el resto de chicos que escuchaban la conversación a escondidas.

– Nos hemos cruzado alguna vez en Pantheon desde eso. – siguió Key ignorando a sus modelos.

– Si, pero no mucho. Ahora hacía tiempo que no. – Baekho le miró curioso, dejando implícita la pregunta.

– No voy mucho desde que estoy con Seop. – respondió encogiéndose de hombros.

– ¿Seop?

– Hola. – saludó el conductor desde el volante. Key le sonrió y le pasó la mano por el cuello con gesto cariñoso.

– Oh, – se sorprendió Baekho fijándose en él por primera vez. “Si, muy gay también” se dijo a si mismo analizándole – Pues me alegro por ti. – le sonrió sincero.

Estuvieron divagando en el pasado un rato más, pero pronto Baekho se disculpó con un bostezo diciendo que se moría de sueño y se acomodó en su asiento para echarse una siesta. Minki, atento a su conversación hasta entonces, se giró para hablar con los chicos detrás, escuchar lo que Taehyun les explicaba de las otras veces que había ido al rodaje, ya que él ya aparecía como secundario recurrente en el dorama. Aún así tampoco se quedó mucho. Allí les explicarían de nuevo lo que tenían que hacer y todos pronto se cansaron, cambiando a otros temas o aislándose del grupo. Minki les dejó y volvió con Baekho, acurrucándose entre sus brazos. No debía dormir aún pues los abrió para abrazarle y retenerle entre ellos.

“Que cálido” Pensó Minki cuando le abrazó. Hacía años que no le abrazaba así, relajado, sin barreras entre ellos, solo para abrazarle, para tenerle entre sus brazos porque es donde debía estar.

“Que cursi estás Minki…”

Se acurrucó entre su cuerpo, con la mejilla contra su pecho. No creía que los nervios le dejaran dormir, pero se dejó mecer por el ronroneo del motor y las voces de sus compañeros, por las respiraciones de Baekho y los latidos de su corazón.

Aparcaron ante el plató diez minutos antes de las nueve, a tiempo según sus apretados horarios y el director Kim les gritó para despertar a los que se habían dormido y hacerles bajar. Minki sacudió a Baekho para que despertara, soltándose del abrazo en el que casi había caído dormido también.

Hyung… – murmuró sacudiéndole el hombro mientras se frotaba los ojos.

Baek bostezó, aún más dormido que despierto, y Minki sonrió malicioso mientras se acercaba a él y le besaba en los labios, muy rápido, solo probándole a despertar. Pero Baekho volvió a envolverle entre sus brazos, medio dormido, reteniéndole para que no se apartara, correspondió el beso y lo alargó, moviendo sus labios contra los suyos, mordiéndolos suavemente.

Al separarse Minki estaba completamente sonrojado. Baekho desubicado. Se dio cuenta de lo que acababa de hacer mientras le miraba a los ojos y oían ya desde fuera la furgoneta la voz insistente de Key.

– ¡Ren!

– ¡Voy! – respondió incorporándose aturdido, golpeándose con el techo del coche y volviendo a bajar para besar a Baekho de nuevo, con más fuerza esta vez pero separándose más rápido.

Bajó del coche corriendo y oyó como le seguía sin decir palabra. Se juntó con los chicos, dejando que Jason le pasara un brazo por los hombros.

– ¿Iba en serio lo de que era tu novio? – le preguntaba asombrado.

Minki no pudo más que reírse, sin saber que responder a eso.

“Pronto…”

 

 

 

 

 

Voy SUPER ocupada así que simplemente subiré capítulos cuando pueda, (que básicamente ya es lo que hago XD)

os quiero ❤

Ámame Profe. 40: Corazones rotos.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

 

Aron despertó cansado, previendo un día duro, pero se levantó con una sonrisa mientras sacaba el móvil para mirar los mensajes nuevos, pensando en que decirle a Minhyun.

Trabajaba demasiadas horas y hacía días que ni siquiera dormía bien. Sobrevivía a base de cafés y estaba seguro de que así sería hasta final de mes. Pero tenía que ser así. Valía la pena, luego todo iría mejor.

Dejó el móvil sobre la cama mientras cargaba y se levantó con pesadez para vestirse.

Un mes – se decía mientras se vestía – Menos. Puedes hacerlo.

De vuelta a la cama casi tropezó con una de las cajas que ya había empezado a llenar. En el fondo de la habitación, bajo la bandera arcoíris que colgaba de la ventana a modo de cortina se apilaban montones más de cajas aún sin montar.

Se dejó caer sobre la cama, ya vestido, y cogió el móvil para mirar los últimos mensajes de Min.

Y se le desmoronó el mundo.

No… – murmuró sin aliento.

Se incorporó de golpe, mirando la pantalla sin pestañear, sin poder creérselo.

“Hemos terminado” Se le clavaba en los ojos como cuchillas.

No – murmuró de nuevo.

Al tercer “no” se le rompió la voz, dándose cuenta de lo que eso significaba.

– “No Min” – tecleó en respuesta – “espera” “no por favor” “Minhyun” “por favor…”

Lo dejó en cuanto se dio cuenta de que no había dado ni una tecla en su sitio. Lanzó el móvil con furia, que impactó contra el armario y cayó en dos piezas.

– ¡Mierda!

Dejó caer la cabeza entre las manos, mordiéndose el labio rabioso, sintiendo como tras los párpados le escocían lágrimas amargas.

Min… no… ¿Por qué?”

Se sentía furioso. Furioso consigo mismo por no haberse dado cuenta antes, por no habérselo dicho a tiempo, por haber sido tan idiota, por no haber reaccionado cuando se dio cuenta de que las cosas empezaban a no ir bien. Lo había querido mantener en secreto, sorprenderle plantándose delante de su casa cuando debía estar en el otro lado del mundo, sonriéndole con un abrazo que debía durar para siempre. ¿Que haría ahora con las cajas? ¿Con los billetes de avión? ¿Con todos esos miles de preparativos que llevaba tanto tiempo haciendo?

Se levantó y corrió hacia el despacho, donde estaba el ordenador, determinado.

Mamá, me voy a corea. – anunció con rabia mientras se encendía la máquina, apartando la silla a golpes.

Si ¿no? – le siguió ella preocupada. – Ya era eso.

No, me voy mañana.

Necesitaba ir. Sentía la imperiosa necesidad de correr al otro lado del mundo y abrazarle, suplicarle que le perdonase por haber sido tan idiota y haber dejado que sufriese tanto, suplicarle que le dejase volver a su lado, para despertar junto a él cada mañana y acostarse abrazados todas las noches, suplicarle que le besara de nuevo, fundiéndose con él, que aceptara de nuevo su corazón, uno que no estuviese echo pedazos.

Su perrito se paseaba entre sus piernas, reclamándole atención, pero le apartó de una patada sin ningún cuidado. Su madre cogió al animal en brazos y le miró con el ceño fruncido.

– ¿Es que ha pasado algo?

– Min ha… – “Ha cortado conmigo” quiso decir, pero no podía pronunciarlo, le temblaba la voz, no podía aceptar que fuese cierto. Se secó con el dorso de la mano las lágrimas que le empañaban los ojos y los fijó en la pantalla.

Había vuelto a abrir el mensaje, necesitaba comprobar que era real, que seguía allí, que no había sido una pesadilla. No lo era.

– Oh – murmuró su madre al leerlo. Dejó al perrito en el suelo y le abrazó por la espalda. – Lo siento hijo…

Y entre los brazos de su madre se desmoronó, llorando a mares.

– No puedo perderle… – murmuró entre sollozos.

– Lo sé cariño.

– Estaba tan cerca…

– Dile que vas a ir – le alentaba ella. – explícale que lo tenías todo preparado, que querías que fuese una sorpresa. Si el problema es que no estabas allí no creo que le venga de esperarte dos semanas más…

– Me ha bloqueado. – murmuró él con la voz rota. – Ha borrado todas nuestras conversaciones y ha bloqueado mi numero. – Hipaba, llorando como un bebé. – Y mi teléfono está roto…

– Shhht…

Le abrazaba con calma, con la ternura de una madre, sabiendo que no podía hacer mucho más. Miró la página que él había abierto, con vuelos hacia corea para ese día y el siguiente, nada que pudiesen pagar.

– Hijo, – le acariciaba el pelo con cariño mientras él lloraba y el pequeño animalito le mordía el pantalón aullando, reclamando su atención. – ya… ya tienes un vuelo reservado para ir para allá, habla con alguno de sus amigos o algo, para que le digan que irás. Te esperará.

Cerró los ojos, subiendo las piernas a la silla haciéndose una bolita, abrazando con fuerza los brazos de su madre. ¿Y si no? ¿Y si no le había dejado solo por la distancia? ¿Y si se había cansado de él? ¿Y si no quería volver a verle?

– Espero que si – murmuró con voz rota.

 

 

Minhyun despertó igual de destrozado. Se había dormido llorando y por un momento quiso mandarle un mensaje a Aron, pedirle disculpas y decirle que lo olvidase, que había sido un arrebato, que le daba igual esperarle, que le amaba.

Pero tenía que ser fuerte. Estaba cansado de esperar, de sufrir, de despertarse cada mañana ansioso por hablar con él y irse a dormir frustrado porque no, ese día tampoco había tenido tiempo.

“Asúmelo, se ha terminado” se dijo mientras recogía sus cosas y salía de casa.

No se sentía más aliviado que el día anterior, dejarle no había supuesto un gran cambio, seguía echándole de menos igual. No había esperado otra cosa, pero suponía que con los días se haría más llevadero. Si más no ahora ya no esperaba nada de Aron, solo poder olvidarle.

Encontró a Tao en la parada del bus, y este le saludó con una sonrisa hasta que vio su expresión.

– ¿Pasa algo? – le preguntó preocupado.

Minhyun se encogió de hombros, murmurando un “luego os cuento” y echó a andar siguiendo la riada de alumnos hacia el instituto. Pero Tao le detuvo, cogiéndole del brazo insistente.

– ¿Ha pasado algo con Aron?

Min se detuvo, suspiró, sintiendo que se le atragantaba decírselo. Su madre le había abrazado sin preguntar, su padre no le había oído llorar y su hermana ni siquiera estaba en casa, así que Tao era la primera persona a quien se lo decía, y pronunciarlo le daba incluso miedo, como si así fuese más definitivo.

– Ayer corté con él. – soltó sin más.

Tao le miró casi con devastación, abriendo los ojos como platos, pero le abrazó sin hacer ningún comentario y sin preguntar nada. Acto seguido se separó y sacó el móvil.

– ¿Estás en clase? – le preguntó al teléfono. – Pues sal, hoy no hay clase. Te digo que es importante. ¿Estás con Hyuk? Veníos los dos. Que si JR, que es importante te digo. ¡Que os piréis ya! os esperamos en la parada del bus.

– Tao… – murmuró Minhyun en tono reprochador cuando colgó.

– Hoy no se va a clase – le contestó este muy seguro. – Hoy toca curar un corazón roto.

Minhyun suspiró, casi divertido.

– Gracias – murmuró.

JR y Hyuk no tardaron mucho en llegar, corriendo y jadeando, preocupados.

– ¿Que ha pasado? – casi les gritó Hyuk al llegar. JR parecía directamente indignado.

– Mas te vale que tengas un buen motivo para…

– A callar. – le cortó Tao colgándose de nuevo la mochila al hombro para echar a andar calle abajo hacia el centro. – Nos vamos a las máquinas. O al karaoke, o de compras.

– ¿De compras? – Saltó Hyuk empezando a compartir la indignación de JR. Este ya no miraba a Tao, sino a Minhyun, captando su estado de animo y acercándose a él con cariño.

– ¿Estás bien?

Forzó una sonrisa mientras les informaba a él y a Hyuk, viéndose obligado a decirlo una vez más.

– Ayer corté con Aron.

JR se quedó sin palabras, cogiéndole las manos con fuerza. Hyuk murmuró un “wow” y un “lo siento” incómodos.

– Así que hoy nuestra misión es animarle y no darle ni un segundo libre para que piense en ello. – siguió Tao lleno de energía. – Vamos allá.

– No está bien saltarse clases por esto – le dijo JR sin ni pizca de reproche en su voz mientras caminaba pasándole un brazo por los hombros a Min. – Y menos tan cerca de los exámenes de acceso.

– JR, en la vida hay cosas importantes y cosas aún más importantes. – le soltó Tao con toda la diplomacia – Y hay amigos por los que vale la pena suspender los exámenes.

Y Hyuk decidió que la situación empezaba a sobrepasar sus niveles de azúcar.

– ¿A ti hoy te ha dado por sobredosis de pluma o que? – Tao le sacó la lengua con una mueca y siguió caminando sin más. – Y la próxima vez que te quieras saltar clase nos avisas y no venimos con el uniforme, que queda fatal.

– Cierto. – murmuró pillado en falta – bueno, podemos ir a mi casa y cambiarnos, os dejo ropa.

– Yo no me pongo ropa tuya, que la última vez me dejaste un jersey rosa.

– Eh, pero ligaste.

– ¡Con un tío!

– No especificaste género.

Minhyun casi sonreía mirándoles, olvidándose momentáneamente de sus propios problemas. Le dio las gracias a Tao otra vez y se abrazó más a JR mientras caminaban por la calle.

– A mi no me hicisteis nada así cuando corté con Gyuna – les recriminó JR medio en broma un rato más tarde.

– Ni punto de comparación – le soltó Hyuk riéndose.

– Tu cortaste con Gyuna por idiota. – añadió Tao. – Min se merece más amor.

Y Minhyun se rió, le dijo a JR que tenía que aceptar que era cierto y se dejó mimar el resto del día.

– ¿Cómo fue? – le preguntó más tarde JR mientras Tao perseguía a Hyuk por una tienda para enredarle una bufanda rosa brillante por el cuello.

– Simplemente estaba harto – respondió encogiéndose de hombros. – Llamé a Baekho y…

– ¿A Baekho? – se extrañó.

– Si. Necesitaba alguien que… no se, más lejano, que fuese más imparcial. Me dijo que si a mi me parecía lo mejor que le dejase, que no tenía porque sufrir innecesariamente por esto.

– ¿Baekho te dijo que cortaras con él? – repitió sorprendido.

– Me dijo que lo valorara y lo considerara – aclaró – pero que no me forzara a seguir aguantando como me decíais todos. Y la verdad es que mientras estemos en lados opuestos del planeta me parece lo mejor, porque esto no era una relación ni era nada y así como mínimo ya no espero nada de él.

JR suspiró, mirándole con pena.

– Si tu estás mejor…

– De momento no – respondió con una sonrisa falsa. – pero lo estaré. Ahora será más fácil.

 

Siguieron al torbellino en que se había convertido Tao durante todo el día. Comieron juntos e incluso después de comer aún estuvo dando la lata hasta que les dejó en el trabajo y él y Hyuk se metieron a ver una película, para aprovechar que estaban allí.

– Y además aprovecha y se monta la cita. – bromeó JR para Min una vez se fueron. – en fin, entraré yo también.

– Vale – le respondió un Minhyun mucho más animado que el de esa mañana.

– ¿Estarás bien?

– Creo que podré soportar un par de horas sin vosotros.

– ¿Seguro?

– Bueno…

Sonrió, y JR le devolvió la sonrisa realmente feliz de que al final hubiesen podido pasar un buen día, dentro de lo que cabía. Tal vez si que había sido lo mejor.

– Te quiero Min. – le dijo besándole en la mejilla antes de entrar.

Volvió a verle al salir del trabajo y le acompañó hasta casa, aunque él insistía en que no era necesario.

Sabía que no estaba bien, que no era algo que se pudiese olvidar tan fácilmente, que probablemente volvería a llorar cuando estuviese solo, pero el simple hecho de que le hubiese podido despedir con una sonrisa ya era mucho.

“¡Animo Min!”

En realidad le parecía fatal que hubiesen terminado. No tenía que ser. Minhyun y Aron era algo que parecía demasiado indestructible, casi como una unidad aunque fuese a todo un mundo de distancia. Y eso mismo habían estado discutiendo Hyuk y Tao cuando se metió en el chat que habían creado nuevo para hablar del tema sin Minhyun.

– “No me lo puedo creer” – decía Tao – “Pensaba que lo arreglarían.”

– “Todos lo pensábamos” – corroboraba Hyuk.

– “¿Entonces ya está? ¿Se acabó el Minron?” –

– “¿Minron?” –

– “Chicos” – se metió JR interrumpiéndoles – “Este viernes cuando salgamos del trabajo le he dicho a Min que iremos a Pantheon, para distraernos” –

– “Guais” –

– “¿Por qué Pantheon?” –

– “Porque si Hyuk, te aguantas.” –

– “No lo digo solo por mi, tu necesitas una novia también” – intentó ganársele para su causa.

Y se dio cuenta de que se había olvidado de si mismo durante todo el día, que había dejado de tener importancia, y que llevaba casi dos meses deprimiéndose por una estupidez mientras que Minhyun le había sonreído esa misma tarde.

“Que fuerte eres Min” Pensó con admiración.

Y de nuevo le dolió que hubiese tenido que terminar así, porque recordaba las miradas entre ellos y le dolía que ya no fuese real. “No es justo” se dijo.

Llegó a casa ya de noche, como siempre, pero aún se encontró a su hermano en el despacho del fondo jugando con la play.

– A dormir renacuajo. – le regañó. – ¿Sabe mamá que estás despierto?

– Nope. – respondió sin más mientras apagaba el juego. – Te esperaba.

– Anda – JR ya caminaba hacia su habitación, quitándose la corbata del uniforme. – ¿Y eso?

Minki se sentó sobre su cama, ya con el pijama mientras él se ponía el suyo. Le miraba serio.

– ¿Es verdad que Minhyun y Aron han cortado?

“¿Cómo…?”

– ¿Cómo sabes eso?

– Aron te ha mandado un mensaje.

– ¿Aron? – le preguntó sorprendido. Luego se dio cuenta. – ¿Por qué lees mis mensajes?

– Porque era de Aron – se encogió de hombros sin más. – Estaba en tu ordenador y se ha abierto solo.

– ¿Se ha abierto solo o lo has abierto porque era de Aron?

– Ash – respondió fastidiado. – Léelo y ya.

Suspiró y terminó de ponerse el pijama.

– Vete a dormir renacuajo – le dijo a su hermano mientras se dejaba caer sobre la silla del escritorio.

Minki le ignoró, levantándose y quedándose de pié junto a él mientras se abría su correo.

– ¿Es por esto que habéis faltado a clase hoy?

“Mierda.”.

– ¿Lo sabías?

– Sangmin ha venido preguntando por vosotros.

– ¿Lo sabe mamá?

– No, pero necesitarás un justificante.

“Y por eso odio saltarme clases”.

Se abrió su bandeja de entrada y vio el mensaje de Aron ya leído entre montones de correo basura de publicidad.

– ¿Cómo está Min? – le preguntó su hermano aún a su lado. JR simplemente se encogió de hombros con una sonrisa triste.

– Vete a dormir Minki. – le repitió con voz más suave mientras abría el mensaje – es tarde.

– Vale. Buenas noches Hyun-ah.

– Buenas noches – murmuró leyendo ya el mensaje de Aron.

“Te lo mereces” pensó mientras empezaba a leerlo. Por no hablarle, por dejar que fuese él a verle ambas veces, por no responderle los mensajes.

Pero ni siquiera podía seguir enfadado con él leyendo eso. No sabía porque pero estaba seguro de que si hubiese sido una carta a papel hubiese tenido manchas de lagrimones.

– “…Por favor, por favor. Sé que lo hice mal, sé que debí habérselo dicho que sido un idiota pero por favor habla con él. Le necesito, necesito hablar con él. Dile que quería venir, que lo tengo todo preparado, que vendré aquí para vivir con él y estar siempre a su lado, que le necesito. Por favor, por favor, por favor. He sido un idiota pero por favor ayúdame. Le amo. Por favor….” –

Suspiró y dejó caer las manos sobre el teclado aún sin saber que iba a decirle.

 

 

Al día siguiente Minki fue a buscar a Baekho al trabajo después de asfixiar a Minhyun a abrazos hasta que le habían tenido que apartar por acoso.

Baek le sonrió mientras terminaba de despedirse de sus niños y sacudió la cabeza con un suspiro cuando le guiñó un ojo.

– Deja de intentar ser sensual – le regañó cuando ya estuvieron fuera – Se te esta subiendo a la cabeza esto de ser modelo.

– ¿No te parezco sensual? – replicó el pequeño bromeando.

“Demasiado” respondió Baekho para si mismo.

– ¿Es cierto que cortaron por tu culpa? – le preguntó al fin cuando ya se alejaban por la calle.

– ¿Al final cortaron? – preguntó en respuesta sabiendo perfectamente a quien se refería.

– ¿Por qué lo hiciste? Eran Minhyun y Aron, eran perfectos, no tenían que cortar.

– Oye peque… – le cortó – Yo solo sé lo que me contó Minhyun, y él lo estaba pasando mal.

– Pero no tenían que…

– No le dije que cortaran, solo que lo valorara, que hiciese lo que creyese mejor, pero que dejase de torturarse. Él ha decidido por si solo, y si ha decidido esto tal vez es que es lo mejor para él.

– Pero ellos… – siguió insistiendo Minki. – Eran muy preciosos juntos. – Baekho se encogió de hombros. Apenas les había visto cuando estaban juntos y recordaba poco a Aron. – Además, va a volver…

– ¿Ah si? Pues Min no me dijo nada.

– Porque no lo sabe, iba a ser una sorpresa…

“Pues le ha salido muy mal” Se dijo Baekho.

Minki parecía triste por ellos, mucho, pero no le hizo sentir mal por ello. “Es solo un niño” se dijo “aún cree que el primer amor es para siempre”.

Le abrazó, pegándole a su costado mientras caminaban con una sonrisa, más contacto del que había iniciado él desde hacía semanas, y al instante se sintió nervioso notando su cuerpo cálido pegado al suyo.

– Estarán bien. – le dijo sin dejar que le turbara su proximidad – Ya lo verás.

Minki le miraba, y al final le devolvió la sonrisa, pasándole el brazo por la cintura para pegarse aún más. A los cuatro pasos Baekho tuvo suficiente y le apartó, con la excusa de que era incómodo andar y que estaban en medio de la calle.

Le acompañó hasta su casa, pero ni siquiera entró, alegando que tenía que ir al gimnasio. “Realmente debería ir”.

– Bueno, pero ven luego y te quedas a cenar.

– Yo también tengo mi propia casa ¿sabes?

Minki se quejó con una mueca y se acercó a él para darle un beso de despedida. Baekho le apartó.

– Estamos en medio de la calle.

– Pues entra.

Sonrió y le revolvió el pelo.

– Ale peque, haz tus deberes – le dijo mientras se iba. – Nos vemos luego.

 

Obviamente regresó al salir, pero solo porque Minki le llamó para repetir la invitación, esta vez con el apoyo de su madre.

– Wow Sunyoung – la saludó al entrar – Estás enorme.

Esta se giró hacia Yixing, sentado en el sofá con ella.

– ¿Ves? Esto es sinceridad, no tus “que no cariño, que estás preciosa”.

Él sonrió y levantó la mano para saludar a Baekho mientras ella se levantaba a darle un abrazo.

– Estás preciosa igual. – le dijo mientras la abrazaba, acariciando su tripita hinchada.

– Esa era mi frase. – se quejó Yixing desde el sofá.

– Minki está arriba – le informó Sunyoung volviendo a sentarse con él.

– ¿Haciendo deberes?

– Eso espero.

– Pues que siga – se encogió de hombros Baekho haciéndose un hueco a su lado. – ¿Que miráis?

– Cocina – respondió ella sin mucho interés. – ¿Sabes el dorama ese…? Pues se besó con el abogado.

– Oh. – exclamó Baekho siguiéndole la corriente.

– Si, si. – seguía ella – Y claro, él les vio. Van a tener lío para capítulos.

– Pues yo creo – se metió Yixing – que en el siguiente la besará él a lo “no beses a otros hombres, solo a mi”.

– Si, bueno, pero quedan como diez capítulos aún, no pueden hacer eso. Además, ella no está emocionalmente preparada para… – Sonó el teléfono, y Sunyoung se levantó a cogerlo. – voooy…

– ¿Cómo os habéis enganchado a eso? – le preguntó a Yixing mientras ella descolgaba.

– Lo echan durante nuestra hora de tele. – respondió sin más.

– ¡Niñooos! – llamó la madre a sus hijos desde el teléfono.

– ¿JR no estaba trabajando? – se extrañó Baekho.

– Ay, cierto, nunca me acuerdo. Crecen demasiado. – se disculpó Sunyoung mientras Minki asomaba por las escaleras.

– No nos llames “niños” mamá – se quejó – que ya somos mayorcitos. Además, JR no… ¡Baekho! – y bajó corriendo a abrazarle.

– Es tu padre al teléfono. – le informó Sunyoung mientras él aún bajaba las escaleras de dos en dos y con los brazos abiertos, giró y se dirigió al teléfono directamente, igual de entusiasta.

– ¡Papá!

Baek se rió, volviendo a sentarse y dejándole hueco a Sunyoung para que volviese con ellos también.

– Le echan de menos. – comentó.

El padre de los chicos hacía ya casi un año que se había ido a vivir a Londres, la tierra de su nueva esposa.

– Si, bastante. – corroboró ella – Por suerte llama a menudo. Y les han invitado a ir a verles este verano.

– Vacaciones en Londres, que envidia.

– No se lo digas que dirá que quiere que vayas de acompañante y que no le importa compartir la cama contigo. – bromeó su madre.

“Más quisiera” Pensó Baekho riéndose con ellos. “Él, no yo” puntualizó.

Le vibró el móvil en el bolsillo y cuando lo sacó vio un mensaje de JR.

– “¿Por qué le dijiste que cortase con él?” – Le preguntaba.

“El otro, ya estamos…”

– “No le dije que cortaran, le dije que lo valorara, fue él quien eligió” – tecleó en respuesta justificándose – “Además, no estaban bien” “Y Minki ya me ha metido bronca por esto”-

“Igual así cree que ya me ha regañado Minki y lo deja” Se dijo con falsa esperanza.

Pero no, aún estuvo recibiendo mensajes suyos durante un buen rato, intentando convencerle de que no debería haberle dicho eso a Minhyun.

“Niños…” Se dijo guardando el móvil.

– Por cierto – siguió Sunyoung un rato más tarde, oyendo aún a Minki al teléfono. – ¿Haces algo este sábado? – Él lo pensó un momento y negó. – Es que Minki tiene que ir a la capital a grabar el dorama ese, ya le llevan desde la agencia pero según el contrato debo acompañarle yo u otro adulto responsable, pero tengo una reunión y…

– Puedo ir. – Accedió sin problema – Además le hará ilusión, el otro día me retraía que aún no le había acompañado ningún día a la agencia.

– Si, eso pensé. – Además, verás modelos guapos. – le miró con una sonrisa cómplice que él respondió moviendo las cejas. – Eso sí, tenéis que salir como a las seis de la mañana.

– Uff – exclamó – bueno, se puede hacer.

– Gracias.

– Faltaría más.

Volvió a salir el tema durante la cena, cuando a Sunyoung se le ocurrió que le sería más fácil llevar a Minki a la agencia donde habían quedado para ir luego para la capital si este se quedaba a dormir en su casa.

– Vives más cerca, – argumentaba – y te ahorras tener que venir a buscarle primero.

Minki levantó la vista de su plato, sin decir nada, esperando la reacción de Baekho. La última vez que se había quedado a dormir a su casa se habían besado y habían dormido juntos. “Dirá que no”.

“¿Cómo le digo que no?” Pensaba Baekho. No podía decirle que no quería que su hijo de trece años se quedase a dormir en su casa por temor a no poder resistirse y besarle. Desesperadamente, durante toda la noche.

– Casi preferiría que no… – empezó aun pensando en una excusa. Sunyoung ya se sorprendió por eso y le miraba atentamente “mucho cuidado…” – He quedado para cenar con Hongbin mañana. – Se inventó al fin. –Desde que su novio de ha divorciado oficialmente casi ni le vemos y por una noche que podemos quedar…

– Oh, vale, pues nada, pásatelo bien – le respondió con total tranquilidad sin insistir más. – Tendrás que venir a recogerle temprano pues.

Baek se encogió de hombros, como diciendo “no es para tanto”. Vio que Minki, a su lado, le miraba fijamente.

Le interrogó luego, después de cenar, cuando ya se iba.

– No cenas con Hongbin, ¿verdad? – le había preguntado acompañándole hasta la puerta, saliendo con él a fuera mientras se ponía la chaqueta.

– No. – respondió sin más.

– No quieres que me quede a dormir a tu casa.

No era una pregunta, y Baekho no vio porque intentar negarlo.

– Preferiría que no – admitió con una sonrisa nerviosa.

– ¿Incuso si prometo no besarte?

Sus ojos negros reflejaban con la luz que les llegaba de dentro. Ya era casi tan alto como él, podía llegar a besarle sin apenas ponerse de puntillas, y los labios le brillaban.

– Eso estaría bien. – respondió Baekho. – Pero por desgracia yo no puedo prometer lo mismo.

Vio como los ojos de Minki se abrían un poco más, como sus labios de corazón se entreabrían para formar una pequeña “o”. Sintió el magnetismo que le tiraba hacía él y se alejó.

– Tu madre nos está mirando. – le dijo besándole en la frente. – Buenas noches Minki.

Se metió las manos en los bolsillos y se fue calle abajo, y Minki le siguió con la mirada con el corazón acelerado.

“Acaba de… ¿admitirlo?”

 

 

 

 

Ámame Profe. 39: Distancias que matan.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

– “Tengo que ir a rellenar unos papeles al salir del trabajo” – le había dicho Aron hacía un par de horas – “no creo que pueda conectarme hoy”.

Minhyun suspiró, dejó el móvil de nuevo sobre la mesita y se quedó con los brazos abiertos mirando al techo. No, no era la mejor manera de empezar un fin de semana.

“Ni eso nos queda ya”. Pensó echando de menos esos tiempos en que podían tirarse horas hablando por video-llamada.

– Trabajas mucho– le dijo su padre al verle con esa cara tan larga. – Y él también, es normal que apenas coincidáis.

Era ya casi medio día y, mientras esperaba a la hora de comer se conectó igualmente, aunque no estuviese Aron.

– ¿No tienes deberes, bichito? – le preguntó su madre pasando por detrás de él y despeinándole.

– No me llames bichito… – refunfuñó para si mismo. “y no me despeines”. Ella seguía insistiendo. – Solo me queda una cosa de lengua – le respondió al fin. – luego lo haré.

Su madre se fue, finalmente satisfecha, y él siguió conectado ahí sin hacer nada.

Tao comentaba lo genial que había sido el último capítulo de Skyland, alguien pedía desesperado un resumen del temario para el próximo examen de física y Minki había subido una foto de dos entradas para el concierto de Up on the Sky.

– Al final va a ir… – pensó con algo de envidia.

Se estiró sobre su silla para quitárselo de la cabeza, consiguiendo solo viendo los posters que tenía colgados en su habitación.

– Oh, vamos… – le espetó al cartel tamaño real del cantante que le miraba desde la puerta. – es ir a verte a ti o a mi novio – le soltó como si hablara con él. – las preferencias están claras.

“¿Lo están?” añadió para si mismo.

“Incluso tengo el dinero para ir” se dijo con rabia “y ya hace dos años que me gasto todos mis ahorros en ir a verle. ¿Y que hace el? Cambiarse los horarios de trabajo para que no podamos coincidir…”

Fue un arranque, abrir la página del concierto y mirar si quedaban entradas. Mientras se cargaba ya pensó que debía volver a cerrarla, que no estaba bien, que a su manera Aron también estaba haciendo todo lo que podía, que precisamente si trabajaba tanto era para ir a verle, igual que él. Pero se abrió y vio que solo quedaban tres entradas. En la zona VIP. Ni se dio cuenta que ya la había comprado.

“Lo siento Aron” pensó algo arrepentido mientras veía llegar el correo de confirmación de la compra “ya está echo”.

 

– ¡Wow! – exclamó Tao pegando un bote – ¡la mejor temporada de todas!

– Siempre dices lo mismo – se rió Sangmin a su lado en el sofá, levantándose para cerrar el portátil sobre la mesita.

– Es que se superan cada año…

No pudo negárselo, así que solo suspiró y se dejó caer con pesadez.

– Pensaba que lo dejarían en la explosión – murmuró – hubiese sido un final brillante.

– ¡Ha! Al igual – se quejó envarándose – ¿Y dejarlo hasta la temporada que viene sin saber quien sobrevive? No hubiesen sido tan cabrones…

– Son unos cabrones… – se rió ella.

Estuvieron aún comentándolo durante otra hora, lamentándose de los personajes que ya no estaban, valorando los nuevos, apostando como seguiría la serie, quien era el culpable, quien se liaría con quien, teorías de la conspiración y todo eso. El hermano de ella fue a molestarles un rato pero volvió a irse pronto con un par de collejas.

– Pesao… – murmuró ella.

– Es muy cuco – se reía Tao.

– Siento que no hayas podido ir a ver a tu novio – se lamentó su amiga.

– Bah, ni siquiera es mi novio de verdad – le quitó importancia estirándose en el sofá con la cabeza sobe sus piernas. – solo un proyecto.

– ¿Y hay algún otro proyecto de novio que yo deba conocer?

Tao se rió en su cara.

– Más quisiera yo.

– Vamos, ¿ni siquiera hay avances con Hyuk?

– ¿Con Hyuk?

– Hacéis buena pareja – insistió ella encogiéndose de hombros.

– Nah, Hyuk es demasiado hetero, solo somos amigos.

– ¿En serio?

– En serio.

– Nadie lo diría. Es más, si no fuese por el historial de Hyuk… toda la clase piensa que estáis liados.

– ¿En serio?

– Si, te ven como el amigo gay pagafantas.

– No jodas. – exclamó él mirándola sorprendido. – Pues necesito un novio pero ya. – Ella se rió, pero no hizo más comentarios “Así que no están liados… jo, pues hubiesen sido una bonita pareja, igual que JR y Minhyun”. – Sabes con quien si que me liaría – siguió Tao en su mundo – con JR.

– ¿JR?

– Sip – afirmó muy seguro, – tiene un polvazo… – Sangmin se reía, sorprendida. – Pero como novio tiene pinta de ser un tostón y no arruinaría nuestra preciosa amistad por un lio de una noche, así que nada.

– Lástima.

– Si, bueno… – “ni que fuese tan importante” pensó con un suspiro. Algún día encontraría un novio de verdad, uno que le quisiera para algo más que un fin de semana de sexo desenfrenado. – ¿Y tu que? – le preguntó a su amiga – ¿Algún proyecto de novia?

– Uy, que va – negó ella con un bufido. – más quisiera yo. Aunque… – Tao se giró a mirarle, interesado, con una sonrisa traviesa. – Si entendemos como proyecto alguien que me interese…

– Oh, suéltalo.

– Mmm… – Le miró, como dudando. – Sunji.

– Ya estabas colada por ella hace dos años ¿no?

– ¿Eh? – se ruburizó ella apartándose. – ¿Lo sabías?

– Me lo dijiste.

– ¿En serio?

– Si. Cuando “cortamos” – le explicó.

– Oh. Claro. Puede ser. – aceptó algo turbada, intentando olvidar sus oscuros inicios.

– ¿Entonces llevas dos años colgada de ella? – le preguntó Tao sorprendido cuando ató cabos.

– Bueno… colgada tampoco – se ratificó ella, guardando su dignidad. – es solo que me gusta. Pero ya se que no va a pasar nada, tengo como un crush con ella y mientras esté allí pues… puedo pensar lo que quiera. Tampoco es como si eso me impidiese tener otras relaciones.

– Por supuesto – soltó él irónico.

– ¡Cuando se presente la ocasión digo!

Tao sonrió, y se incorporó para abrazarla y placarla sobre el sofá haciéndole cosquillas.

– ¡Ay, suéltame! – se quejaba ella retorciéndose bajo sus brazos.

Pocos segundos más tarde entró la madre de la chica, carraspeando, Tao se quitó de encima suyo y la saludó con una enorme sonrisa, diciéndole que no, que no iba a quedarse a cenar, que ya se iba para su casa, que disculpase las molestias.

– Sique pensando que estamos liados ¿Verdad? – le preguntó a su amiga en cuanto se fue.

– Yo también lo pensaría – se reía Sangmin – ¡Me estabas mordiendo la oreja!

Se rió y le sacó la lengua, culpable, pero tal y como le había prometido a la madre recogió sus cosas y se despidió de ella para irse a su casa. Aún vio a su hermanito Taemin poniendo la mesa en la cocina antes de irse. Hermanito de dieciséis años, gay, con una preciosa carita de bebé y un culito de infarto.

“Necesito un novio” Se repitió en cuanto la puerta se cerró.

 

Su madre le fue a buscar para que le dejaran salir de clases una hora antes, comieron algo por el camino y se presentaron en la agencia a la hora que les había citado el director Kim.

– ¿Te han dicho lo que vas a hacer hoy? – le preguntaba Sunyoung.

Su hijo negó con la cabeza.

– Creo que carteles para una cadena de tiendas de ropa. – respondió encogiéndose de hombros. – pero igual era una revista, no me lo explicaron bien.

Minki caminaba a su lado por los pasillos de la agencia. Era tan alto como ella, tal vez un poco más, aunque se negaba a verlo. “Es mi niño” se dijo “no pude estar tan grande”.

Pero si parecía mayor, más moviéndose entre todos esos chicos apuestos que se vestían y retocaban el maquillaje entre las cámaras, los cables, los espejos y las pantallas de fondos.

– ¡Ren! – le llamó uno de esos chicos, de pelo rosa chillón.

– ¡Jason! – le respondió el pequeño corriendo hacia él.

Se detuvo frente a él y chocaron puños, y luego Jason le cogió del cuello y le sacudió el pelo.

– Que cabroncete, – le decía – ¿tu también aquí? ¿Es que ya te quedas con todos los trabajos buenos, microbio?

Minki le sacó la lengua, zafándose de su abrazo, y estuvieron medio peleándose hasta que Hyunseop, el “segundo a bordo” por decirlo de algún modo de la agencia les hizo parar.

– Estáis distrayendo a Kibum. – les regañó refiriéndose al director. – quietos.

Ambos asintieron, pillados en falta, y observaron como en el centro de las cámaras otro compañero posaba.

– Ah… Taehyun… – murmuró Jason embelesado.

– Es tan guapo… – confirmó Minki.

– Ya te digo, tan perfecto…

– Parece lejano ¿eh? – siguió el pequeño – como si nunca pudiésemos llegar a su altura.

– Habla por ti – le espetó su amigo – a mi el director Kim me ha cogido para hacer de extra con él, Hoon y Yoon en el dorama ese.

– ¿En serio? – le miró sorprendido. – Ala, que bien, saldrás en un dorama.

– Aun queda una plaza, – se encogió de hombros Jason – igual te coge.

Minki se encogió de hombros también, murmurando un “quien sabe” aunque en el fondo sabía que era improbable. Tenía trece años y apenas hacía un par de meses que trabajaba allí, no podía aspirar a tanto.

Kim Kibum salió de entre la nube de cámaras que rodeaban al modelo, le vio y se acercó a ellos.

– Hey Ren, que bien que ya has llegado – le saludó. Todo el mundo usaba su nuevo nombre en la agencia, él mismo empezaba a acostumbrarse. – Ve a cambiarte, corre. Tienes la ropa en el camerino, en una bolsa con tu nombre. – Minki asintió y se fue hacia los camerinos, con su amigo de pelo fucsia del brazo. – Jason, tu a la plataforma tres que eres el siguiente.

Los chicos se separaron con un gesto excesivamente dramático y Sunyoung, que les miraba de cerca no pudo evitar reírse. “Aún es un crio a veces” se dijo aliviada.

– Señora Choi. – la saludó el director Kim. Ella saludó también con una reverencia y siguió a su hijo hacia el camerino por suerte vacío.

Se había cruzado con chavales con todo tipo de indumentarias. Chicos en su gran mayoría, con poca ropa en su totalidad. Se sentía cohibida, algo abrumada. “Baekho se lo pasaría bien aquí” pensó con nostalgia de sus días de segunda soltería, cuando ella y Baekho se dedicaban pasear por la playa valorando los cuerpos de los bañistas. “Sin Baekho no es lo mismo” Pensó mirando como caminaba por el pasillo un chico con un pantalón que bien podrían haber sido unos calzoncillos. Cuando se fijó en su cara vio que debía tener unos veinte años a lo sumo. Se regañó a si misma por mirar a chicos con prácticamente la edad de sus hijos y se obligó a mirarse la manicura el resto de tiempo que tardó Minki en vestirse.

– Estos pantalones son súper estrechos. – se quejó el pequeño al salir del vestuario. – casi no me los podía poner.

– Pues vaya. – le respondió no muy convencida. Costaba de creer que se hiciera ropa para gente más delgada que Minki. “Pero si está en los huesos”.

El director Kim dio su aprobación por su aspecto y lo mandó a maquillaje y peluquería donde Sunyoung tuvo que esperar media hora más a que le tuviesen a punto para las fotos. Se sentó en una silla a esperar y aprovechó para adelantar trabajo, intentando que la cantidad de piel adolescente expuesta no la distrajera ni perturbara.

Oyó como llamaban a Minki y levantó la mirada para ver como se desenvolvía su hijo.

Le veía posar y le parecía gracioso. Como sonreía, como saltaba, como dejaba caer la chaqueta por sus hombros para que se viera el jersey de debajo, como se despeinaba y miraba a la cámara fijamente, como se pasaba las manos por el pelo y el pecho, como sonreía de lado, mordiéndose el labio.

Sabía que intentaban hacerle parecer sensual, ya se había indignado en su momento puesto que trece años eran demasiado pocos para que alguien tuviese el derecho de verle de esa manera, pero para ella seguía siendo un niño, y verle posar de esa manera solo le parecía gracioso, como si intentara hacer algo que no iba con él.

No le hacían tanta gracia la mirada de los cámaras, o de algunos de sus compañeros que miraban mientras esperaban sus turnos o quedándose algo rezagados para cotillear.

– Otra – repetía el director Kim una y otra vez. – Otra. No me transmites nada. No veo lo que sientes. Otra.

Las sesiones nunca duraban tanto, y Sunyoung no fue la única en darse cuenta. Los demás chicos empezaron a murmurar y el propio Minki parecía estar poniéndose nervioso.

– No. – seguía quejándose el director. – Esto no nos sirve. Otra. – Minki se mordió el labio, solo un segundo, enseguida se repuso y volvió a sonreír, con los brazos abiertos mirando al cielo. – Forzado. Otra. Y no te muerdas el labio.

Los chicos murmuraban nerviosos, y Sunyoung empezaba a preocuparse también.

– Le está machacando – oyó que murmuraba alguien.

– Ya te digo, – le respondió un compañero – este no vuelve.

“¿Cómo que no vuelve?” se preguntó ella “¿Le echan?”

Sintió algo de alivio al pensarlo, no tener que ir más a ver como los fotógrafos se comían a su niño con los ojos sería un alivio, pero Minki estaba tan encantado con ello… ¿De verdad iban a echarle? ¿Por un mal día? A ella no le parecía que lo estuviese haciendo tan mal…

– ¡Mal! – exclamó el director nervioso. – ¿En que estás pensando? ¿Tanto te cuesta? Estás tenso, forzado, quiero que me transmitas algo. Se supone que estás feliz, exultante de alegría, hazme sonreír. Consigue hacerme sonreír con tu sonrisa.

Y Minki lo intentaba, desde luego que sí. Mantenía la sonrisa, por mas que le gritase él seguía sonriendo, brillando de felicidad casi. Se movía y saltaba, casi riendo en algunos momentos, llevándose las manos delante de la cara o al pelo con gesto tierno, cerrando los ojos, mirando al suelo avergonzado.

A Sunyoung no le parecía forzado y de no ser porque hubiese quedado demasiado fuera de lugar se hubiese levantado a decirle a ese hombre que dejase de molestar a su hijo, que lo estaba haciendo muy bien. Pero ella tampoco tenía idea de eso, así que supuso que tendría razón. “Aún así es muy duro…” se dijo mirándole.

Se fijó en Kim Kibum y vio que se tapaba la boca con la mano, que estaba riéndose, sonriendo a Minki con expresión contenida mientras intentaba reprimir esa sonrisa y seguir gritando ordenes.

– ¡Vamos, porfavor! ¿Te estás esforzando acaso?

“¿Pero que…?”

Dejó de dar ordenes por un rato, hasta que finalmente les paró, sin ocultar ya la sonrisa de orgullo que había estado escondiendo. Se subió a la plataforma con un Minki sorprendido que le miraba con respecto y algo de temor.

Sunyoung se acercó a ellos para poder escuchar lo que le decía, pero aun sin oír las palabras podía ver como los ojos de su hijo pasaban de la preocupación profunda a un brillante orgullo que le hizo sonreír, ahora si, de verdad.

– Eres bueno – oyó que le decía – Eres jodidamente sensual y ni siquiera tienes que esforzarte. Y lo sabes, y como lo sabes no te da la puta gana de esforzarte en ello. Pero ¿Tienes idea de lo mucho que mejoras cuando te concentras en ello? ¿Cuándo lo intentas de verdad? Eres brillante, chico, y llegarás lejos, pero solo si te esfuerzas.

Se detuvo a una distancia prudencial a escuchar, sin querer meterse en medio, y vio como Minki asentía feliz y a la vez cohibido.

– Quiero verte así en todas las sesiones a partir de ahora ¿vale? – seguía el director – que no tenga que estar yo una hora pidiéndotelo.

– Vale – murmuró el pequeño convencido.

– Bien – sonrió Kim Kibum para luego girarse hacia su madre – puede usted estar orgullosa de su hijo señora. – le dijo – llegará lejos. Y para empezar… – volvió a dirigirse a Minki, ahora con menos dureza – ¿Que te parece hacer de extra en un dorama?

 

Aún no se lo creía al ir a clase al día siguiente. Aunque fuese solo de extra, aunque fuese solo en un capítulo, aunque sabía que realmente nadie iba a fijarse en él, saldría en un dorama.

– ¿Y para que quieres salir en un dorama? – le respondió Luhan con su bordería e indiferencia que empezaban a ser habituales – Eso es para niñas.

– Aún estoy empezando – se justificó. – ya haré cosas mas importantes… – luego se dio cuenta de que no tenía porque disculparse, y le respondió con su propia lógica. – Además, así me verán chicas, me verán en la tele, pensarán que soy guapo y querrán salir conmigo.

– Ja – se rió él – más quisieras.

“Si tu supieras…”

Taekwoon le miraba sin comprenderle, se esperó a que los otros dos se fueran a su propia clase para felicitarle.

– A mi me parece muy guay – le dijo – Lu está celoso.

– Ya – le respondió – tranquilo, si me da igual. No conseguirá que deje de parecerme mucho.

Llegaron a clase y se sentaron en sus pupitres, dispuestos a soportar otro día de clases que se hacían interminables. Tampoco sería tan malo, se dijo, a veces incluso parecían interesantes.

– ¿Tiene ya las notas del examen? – preguntó un compañero al empezar la hora de lengua.

La profesora sonrió cínicamente y les dijo que los repartiría al final de la clase. Y Minki empezó a morderse la uñas, preocupado. Si el examen había ido mal en general él no se habría librado, y teniendo en cuenta que se había saltado más de una clase para ir a la agencia…

“Le prometí a mamá que no afectaría mis estudios” se dijo “Como me diga que tengo que dejarlo…”

Pero cuando llegó el momento de la verdad se dio cuenta de que se había preocupado para nada. “Pues no está tan mal, es casi un excelente”.

Taekwoon le enseñó su examen con una sonrisa y chocó palmas con él para celebrar las notas que habían sacado. Cuando salieran al recreo le preguntaría a Luhan su nota, aunque fuese solo para cabrearle, le apetecía chincharle un poco de vez en cuando.

No llegó a cabrearse, solo le dijo que la verdadera inteligencia no se reflejaba en las notas de los exámenes, sino en las cosas que uno vivía.

“Lo que tu digas” Pensó mientras Sehun le miraba con ojos enamorados y él no se daba ni cuenta.

Taekwoon se había ido a jugar al futbol con más gente de su clase, y los otros dos propusieron de unirse a ellos. Minki se inventó que se había dejado algo en clase para evitar jugar.

“Si me caigo y me rasco la cara el director Kim me va a meter una bronca…”

Tampoco sabía muy bien que hacer, deambuló por el instituto. Se propuso ir hasta el patio de los de preparatoria, con su hermano y sus amigos, pero sin saber muy bien como terminó frente a su aula.

“Está abierta” Pensó curioso viendo la puerta solo ajustada. “Pensaba que las cerraban durante el recreo.”

Asomó la cabeza y no vio a nadie dentro, así que volvió a salir y cerró.

– No me encierres – le llamó una voz en el último momento.

– ¿Eh? – volvió a asomarse, ahora una mano le hacía señas desde detrás de un pupitre.

Era Joori, que estaba sentada al fondo de la clase con un mp3 en la mano y los auriculares puestos.

– ¿Que haces aquí? – le preguntó.

– ¿Que haces tu?

“Será borde…” Pensó con indignación.

No se dignó a responder, hasta que ella suspiró y sonrió.

– Me agobia estar fuera – le dijo.

– ¿Por Minseok?

Ella se encogió de hombros, indiferente, y se ajustó los auriculares ignorándole de nuevo. Minki dudo unos minutos.

– ¿Te importa si me quedo?

– ¿Eh? – ella se quitó de nuevo un auricular para escucharle, luego volvió a ponérselo, indiferente. – Como quieras – murmuró, ni siquiera se dignó a encogerse de hombros otra vez.

Se quedó sentado a su lado, mirando al vacío sin decir nada, oyendo entre el silencio los bajos de la música que retumbaban en sus auriculares.

Si unos años atrás le hubiesen dicho que compartiría un momento así con Joori no hubiese habido manera de que se lo creyera. Desde luego no parecía la misma, pero aún así…

Ella paró la música un rato más tarde, quedándose quieta sin quitarse los auriculares.

– Tus padres están divorciados ¿verdad? – le preguntó ella de repente. Él tardó un poco en responder, sorprendido. Luego asintió. – Que suerte tienes.

“¿Suerte?” pensó él sin tener muy claro como reaccionar. Pensó en Yixing, en su futuro nuevo hermanito, en su padre viviendo en Londres. “No es que esté descontento con mi vida pero… tanto como que tengo suerte de que estén divorciados…”

– ¿Suerte? – le preguntó al fin.

– Ojalá los míos se separasen.

– ¿No se llevan bien?

Preguntó casi con miedo, sabiendo que era un tema muy delicado. “¿Por qué me está diciendo esto?” pensó “¿Por qué a mi?”. Se preguntó si le habría contado eso a nadie antes. No era que no tuviese amigas con quien ir, pero tampoco era capaz de identificarla en un grupo claro de las chicas del curso. “Igual no tiene amigas” se dijo “igual solo es porque sabe que tus padres están separados”.

Esperó a que ella respondiese, en silencio. Al final Joori se incorporó, se sacó la camisa de dentro la falda y se la subió hasta el pecho, tenía moratones sobre las costillas.

– ¿Te pegan? – le preguntó horrorizado, con los ojos como platos.

– Mi padre – respondió ella al fin – Solo una vez – se bajó la camiseta de nuevo, pero antes de que la bajase del todo Minki llegó a verle el sujetador, y se sonrojó. “Nunca antes había visto a una chica en sujetador” Pensó. “Bueno, Mamá… y Gyuna cuando salía con mi hermano… y Meili, aunque ella es mi hermanastra…”

“¿Y si no soy gay?” Se preguntó de repente “¿Que voy a decirle a Baekho?”

– Pega a mamá – siguió ella ignorando su momentánea duda existencial – sabía que no estaban bien pero no que la pegaba.

No supo que decir, ¿Que se puede responder ante algo así? Se quedó quieto, callado, sin saber exactamente que pensar de ella, sin saber si de repente le caía bien solo por estar sufriendo o si aún pesaban más los años de tortura infantil. Se dio cuenta de que su concepto de “tortura” era una tontería, pero siguió sin moverse, y ella volvió a hablar.

– Le he pedido mamá que se divorcien – le dijo – que le denuncie por maltrato o que se separen por lo menos, pero no me escucha, – Los ojos de Joori eran tristes, pero debajo hervían con rabia – dice que papá está mal y nos necesita, ¡pero si lo que necesita es un jodido saco de boxeo que se compre uno y nos deje en paz!

Ella se mordió el labio y echó la cabeza atrás, reteniendo las lágrimas, y él dudo sobre que hacer. Si no hubiese sido Joori la hubiese abrazado. Si hubiese confiado en que había una mínima confianza. No se atrevía a hacerlo, pero tampoco sabía que más hacer. Pensó en decirle que lo sentía, pero parecería que se estuviese disculpando, y no era como si fuese su culpa o algo así.

– Lo siento – murmuró ella. “¿Que?” Pensó Minki atónito “¿Por qué se disculpa?” – estoy aquí molestándote con esto y ni siquiera te interesa…

– No me interesa – le cortó – pero tu necesitas soltarlo, no es como si pudiese hacer nada pero si a ti te ayuda que esté aquí escuchándote no voy a irme . No soy tan cabrón.

Ella le miraba, con ojos vidriosos, bajó la vista y sonrió un poco.

– Sé que no eres un cabrón. – corroboró ella – para nada.

Volvió a mirarle e intentó sonreír de nuevo, un poco más, no lo consiguió.

– Gracias – le dijo – por escucharme.

Minki fue el que bajó la mirada esa vez, turbado por sus lágrimas.

Se quedó con ella hasta que empezó la siguiente clase, y al final hasta se atrevió a darle unas palmaditas en el hombro, como si sirviese para algo.

 

El teléfono vibró en el bolsillo de JR. La profe ya estaba a punto de irse y se arriesgó a sacarlo para mirar la pantalla. “¿Minki?”

– Vamos a morir – exclamó Tao con un suspiro teatral cuando esta se fue, dejándoles con un larguísimo y acojonante discurso sobre los exámenes de acceso a la universidad que tenían en apenas un mes.

– Vamos, no me seas exagerado. – le contestó Hyuk.

– ¿Pero la has oído…? – insistió.

– ¿Que? – saltó de repente JR.

– ¿Que pasa? – le preguntó Minhyun intrigado, los otros dos le miraban también.

– Es de Minki – les dijo mientras les enseñaba el mensaje. – “Se me ha echado a llorar una chica”- decía este.

– Ala, que bruto – exclamó Hyuk riéndose.

JR bajó la pantalla y tecleó una respuesta. – “¿Quién es? ¿Que le has hecho?” – lo mandó mientras los otros tres seguían comentando los inminentes exámenes de acceso. – “Que bruto eres”- añadió.

– Tienes que ponerte las pilas, Tao – le sermoneó JR dejando el movil – piden mucha nota y me apuesto a que ni siquiera has empezado a estudiar.

– Como mínimo he decidido que carrera quiero hacer – replicó él sacándole la lengua.

– Ya lo he decidido. – respondió indiferente.

– ¿Ah si?

Los tres le miraban sorprendidos, pero les hizo esperar mientras leía el mensaje nuevo de Minki y tecleaba una respuesta.

– “Era Joori ¡y no he hecho nada!”

– “¿Joori? ¿Le has dado calabazas otra vez?”

– Y bien? – volvió a preguntar Hyuk.

– Doble titulación en física y matemáticas – respondió al fin.

– Empollón – le espetó Tao antes de darle la espalda.

Hyuk se rió de su cara.

– No tendrás vida – le dijo. “¿Para que?” pensó él.

– ¿Ambas? – preguntó Minhyun más calmado – ¿Estás seguro?

– No me decidía y el tutor dice que me ve capaz de hacer ambas. Osea que…

Se encogió de hombros, dando el tema por zanjado, e igual hicieron sus amigos.

– Pues yo seguramente me quede con química. – comentó Minhyun – La otra opción es la música y lo veo difícil.

– Lo harás bien – comentó JR bajando de nuevo la vista a la pantalla del móvil.

– “no, no, era por un tema familiar” – le respondía su hermano – “Pero me ha sorprendido”.

– Podemos quedar para estudiar – le sugirió a Tao, ahora Minhyun había bajado la vista a su teléfono. – los tres, porque Hyuk nos abandona y se va a hacer políticas y cosas de esas raras.

– Cosas raras dice… – Hyuk le sacó la lengua en respuesta, haciendo muecas, pero Minhyun había dejado de escucharles, absorto en su propia burbuja.

Los mensajes eran de Aron, obviamente, y el primero de ellos le había hecho enfurecer, diciéndole que no se iba a conectar ese día tampoco porque tenía que hacer no se que en no se donde. Ni siquiera terminó de leerlo, cabreado de no poder verle nunca, de que estuviese tan lejos, de que pareciera que le suplicaba por cada mensaje.

Pero siguió leyendo.

– “Lo siento cariño” – le decía – “De verdad que lo siento mucho” “Te echo mucho de menos” “Te amo”

Apretó los labios, porque sintió que iba a llorar, y no podía ponerse a llorar en clase por algo así.

– “Te amo” – seguía diciéndole – “siento mucho estar tan lejos, no poder verte nunca, me mata” “Te amo tanto…”

“Aron…”

– ¿Min? – Tao le miraba ansioso, los otros dos se habían girado alertados por él.

Se repuso como pudo, guardó el móvil sin responder y murmuró un “Era Aron” para justificarse.

Los demás asintieron y JR, sentado a su lado, le pasó un brazo por los hombros y le abrazó. Sintió ganas de llorar de nuevo y se alejó con una sonrisa forzada antes de que se le volvieran a llenar los ojos de lágrimas.

– Estoy bien – le dijo sin más.

No se lo creyó, pero como llegó el siguiente profesor tampoco pudo preguntar más.

No estaba bien, para nada, era más que obvio. No podía superar a Aron, que estuviese tan lejos, lo que sentía por él. Echarle de menos ya se quedaba corto, parecía incluso físico, dolía el corazón más de lo que nunca había pensado que podía doler al oír la metáfora. Le necesitaba, y el echo de saber que no podía simplemente ir un fin de semana a verle le hacía necesitarle aún más, como si fuese solo para llevarle la contraria al universo.

“Por navidades” Se dijo “Tienes ahorros, por navidades puedes escaparte y…”

Pero no, no tenía ahorros. Recordó ese trozo de papel con las palabras “VIP ENTRANCE” que colgaba orgullosamente del corcho de su habitación y maldijo el día en que se le ocurrió siquiera mirarlo.

“Ven a verme Aron” suplicaba a la nada “Porfavor, ven a verme pronto…”

Pero pasaban los días y Aron no daba señales de estar planeando una visita próxima, más bien parecía estar distanciándose. Luego le llegaban los mensajes de disculpa, y siempre eran hermosos, llenos de “te amo” “te necesito” “te echo de menos” y toda clase de sentimientos que le hacían llorar, pero cada día parecía tener más horas extras, más “compromisos” que exigían su presencia y más amigos con los que tenía que quedar en las únicas horas en que podían hablar.

Y estaba harto, harto de sentir que era lo último para la persona a quien más quería, harto de esperar ansioso las pocas horas en que podían coincidir y verse frustrado cuando no tenía ni eso, harto de esperar, de ser fuerte, de tenerle lejos.

JR no hacía más que decirle que Aron le quería, que algún motivo debía tener. Tao seguía mirándole con envidia, diciéndole que tenían una relación preciosa y que incluso ese sufrimiento no hacía sino hacer más intensa su relación. Sus padres le animaban sin preguntar mucho ni querer saber demasiado al respecto, igual que si hermana, y Minki le decía que tuviese paciencia, que todo tenía su momento y que aunque fuese en unos años iban a conseguirlo, que se amaban demasiado para que no mereciera la pena esperar.

Pero no quería que pasasen años y estaba cansado de esperar. Le daba igual que Aron le quisiera, le amara o le escribiera canciones o levantara monumentos en su nombre porque simplemente estaba en el otro lado del mundo, era como no existiera, y dolía estar enamorado de un fantasma. Se sentía solo.

– ¿Que voy a hacer…? – le decía al techo de su habitación una de las pocas tardes que tenía libre. – Le quiero pero…

Necesitaba desahogarse, gritarle a alguien sus problemas, que le dijesen que hacer. A ser posible que no fuese esperar, esperar y esperar hasta la saciedad.

Ni siquiera sabía lo que hacía cuando llamó a Baekho.

“Alguien imparcial” se dijo “es un buen hyung, puedo fiarme de sus consejos”.

– ¿Minhyun? – respondió sorprendido al otro lado.

– Hola hyung – murmuró intentando sonar respetuoso. – ¿Te molesto?

– No – le oyó responder – no estaba haciendo nada ¿Que pasa?

– Tengo… – no sabía como planteárselo. Después de tantos años siendo amigo de JR había confianza, y más desde que les había salvado a él y a Tao de ese ataque hacía ya un par de años, pero no sabía si tanta confianza, nunca había hablado con él de nada así – es que no se que hacer y… necesito que alguien me aconseje…

Por suerte Baekho se lo puso fácil.

– ¿Es por Aron? – le preguntó con tono relajado.

Minhyun suspiró, en parte aliviado de no tener que contarlo desde el principio.

– Te lo han explicado.

– Si, claro. – casi podía oírle sonreír desde el otro lado del teléfono, con esa sonrisa suya tan apacible. – JR está preocupado por ti, y Minki también, pero él no me habla de otras parejas.

“¿Otras parejas?” Se preguntó Min. Se le fue de la cabeza enseguida, preocupado por cosas más importantes.

– Es que… le quiero ¿vale? – empezó algo avergonzado de decirle algo así a Baekho. – Le quiero mucho, pero está tan lejos… Solo es doloroso. No poder siquiera hablar con él, no saber cuando podré volver a verle, no saber si nunca vamos a estar viviendo en el mismo país o… o algo… Tal vez haya gente que pueda con una relación así, pero yo no. Le necesito. Físicamente también. Y… no se.

Oyó a Baekho suspirar, y esperó a que hablase.

– Mira peque, no conozco a Aron ni he vivido vuestra relación – se justificó – me ha llegado pero… apenas os he visto juntos ni nada, así que solo se lo que me cuentas y… Por lo que dices solo estás sufriendo. – “Tiene razón” Pensó Minhyun. Siguió escuchando. – Valóralo, no creo que esta relación solo tenga cosas malas porque si no no hubiese durado dos años, pero si ahora solo te frustra o te provoca malestar… no tienes que obligarte a hacer nada que te haga sufrir. – Era el primero que le decía eso, y el primero a quien estaba dispuesto a hacerle caso. – no te digo que cortes con él – aclaró Baekho – solo que… valores si te vale la pena sufrir por esto.

– A veces siento que soy el único que le quiero – confesó. – Sé que no es cierto, porque él dice que no, pero casi nunca se conecta a las horas que quedamos y no ha venido a verme en estos dos años. No quiero creer que no me quiera pero… es lo que siento.

– Minhyun… – murmuró Baekho sonando triste. – yo no puedo saber eso. – su voz era calmada, sosegada, cargada de cariño. Y Minhyun sentía como poco a poco empezaba a ser consciente de ese peso que hacía tantos días que tenía sobre el corazón y que le asfixiaba. – Tu le conoces mucho mejor que yo, no puede decirte si te quiere o no.

Pesaba, casi como si quisiera aplastar su corazón, como si quisiera que dejara de latir.

– Fue tan perfecto cuando estuvo aquí… – murmuró más para si mismo que para su hyung.

– Pues quédate con eso – le respondió él – si decides terminar con esto no recuerdes todos los meses que has pasado echándole de menos, recuerda lo precioso que fue tenerle aquí, la ilusión que te hacían sus mensajes al principio, las veces que le has ido a ver. Quédate con lo bueno.

Estaba seguro de que si hubiesen hablado cara a cara ese hubiera sido el momento re revolverle el pelo con cariño y darle unas palmadas en la espalda.

– Gracias Hyung. – murmuró. Intentó sonreír aunque no pudiese verle, pero fue incapaz.

– De nada. Ánimo Minhyun.

Le colgó y siguió mirando al techo. Pensando.

No podía dejarle, no después de todo lo que habían pasado juntos, no después de haber luchado por ello durante tanto tiempo. Recordó los meses cuando se conocieron, cuando Aron estaba allí, sus abrazos, sus besos tiernos, sus tardes fogosas. Sus visitas a Los Angeles, las enormes sonrisas de Aron al verle llegar al aeropuerto, los paseos por la playa y su música.

Aún tenía en la habitación la guitarra que le había regalado y llevaba la pulsera que habían comprado a conjunto cuando fueron de turistas a la capital. Recordó el candado que dejaron arriba de la torre bajo la promesa de que, aunque sus caminos se separasen, nunca iban a olvidarse.

No iba a olvidarle, sabía que no podría. Era incapaz de dejar atrás todo aquello, pero en ese preciso momento tampoco era capaz de seguir con ello.

Sentía todo su cuerpo pesado cuando se levantó de la cama para arrastrarse hasta el ordenador. Arrastraba brazos y piernas y su corazón parecía latir tan lento…

Le temblaban las manos mientras escribía, sentía los ojos ardiendo y el aire viscoso en sus pulmones.

“Estoy harto de esto.” Rezaba el mensaje “Sé que los dos le hemos puesto mucho esfuerzo pero no es suficiente, no funciona, no hay manera de que funcione, y me he cansado de esforzarme para nada. No quiero estar atado a alguien que vive al otro lado del mundo y con quien ni siquiera puedo hablar cinco minutos al día, esto no es una relación, o no es la relación que yo quiero. Así que lo siento, aún te quiero, pero no puedo seguir así. Hemos terminado”.

Mandó el mensaje sin leerlo de nuevo, porque sabía que si lo hacía no sería capaz de hacerlo. Cuando cerró la conversación, con una lágrima amarga cayendo por su mejilla, se prometió no volver a abrirla.

 

 

 

Ámame Profe. 38: Demasiado lejos.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Disculpas de nuevo. ¡Lo siento!
De verdad no tenía intención de tomarme unas vacaciones tan largas, pero era incapaz de escribir. Ahora ya mi intención es retomar el ritmo de publicación semanal espero que por bastante tiempo. Como ya he dicho varias veces soy inconstante, pero por más que tarde NO voy a dejar el fic a medias, así que paciencia, y muchas gracias a los que tenía la paciencia de seguir leyéndome. ¡Os quiero a todos! ❤

 

 

Ese lunes al llegar al instituto Minki se sentía flotar. Se sentía mayor, más adulto, más hombre. Le daba la sensación de que le miraban con más respeto. O si más no de que le miraban. Y no era una sensación, le miraban.

“¿Tanto se nota que he follado?” Se preguntó. No pudo evitar hincharse aún más de orgullo, caminar recto y estirado, haciéndose aún más alto de lo que era.

Vio a Luhan y Sehun sentados junto a la entrada, mirando algo desde el móvil de Lu, ambos levantaron la vista a saludarle y se quedaron mirándole con ojos como platos.

“Vale, ya, no puede notarse tanto”.

– ¿Que te has hecho en el pelo? – le preguntó el chino en cuanto llegó a su lado.

“Oh, claro, era eso”.

– Me lo teñí – explicó como si no fuera obvio – para un trabajo.

– Oh – se interesó Sehun enseguida – ¿Que hiciste esta vez?

– Ropa – le explicó – para una página web.

Otro día le hubiese estado explicando con detalle los trajes que le habían puesto, como había ido todo, como el director Kim Kibum le había felicitado por ser muy profesional. Pero ese día, después de todo lo que había pasado, eso parecía lejano y sin importancia.

“Baekho me besó” no dejaba de repetirse. “Me besó y me tocó. Follamos”. No tenía muy claro si eso se consideraba sexo o estaba en los límites de un lío, pero para él había sido mágico y eso era suficiente.

“Baekho…”

Pero no podía explicarles eso a sus amigos, Luhan y Sehun eran demasiado críos para entender eso y no montar un escándalo.

Taekwoon llegó al poco rato y pensó que a él si se lo podía explicar. Se sorprendería, pero necesitaba explicárselo a alguien.

Anduvieron los cuatro juntos para clase, Sehun y Luhan comentando algo sobre los ejercicios que había de deberes.

“Mierda, los deberes” Pensó Minki sin sentirse culpable realmente. Había sido un finde demasiado agitado para preocuparse por si tenía deberes. Teniendo en cuenta que el viernes ya se había saltado clases para ir a ese trabajo… “Suerte que le prometí a mamá que no afectaría a mis estudios…”

Oyeron los gritos antes de llegar a clase, cuando ya se acercaban por el pasillo.

– ¡Ni que fuese tu novia! – gritaba alguien.

– ¡Me gusta y lo sabes! – respondió otra voz más chillona “Minseok” Pensó Minki entrando en clase. – ¿De verdad eres mi amigo?

– ¡Te ha rechazado trece veces! – le respondió la misma voz de antes, Chanyeol.

Minki y sus amigos entraron en clase a tiempo para ver como Minseok, cabreado por el comentario de su supuesto amigo levantaba una silla en el aire para golpearle con ella. Luhan tuvo el reflejo de retroceder, chocando con Sehun, Taekwoon se agachó y Minki gritó al sentir la pata metálica de la silla golpeándole en la cabeza.

– ¡Yaaah…! – gimió agachándose con ambas manos sobre la herida.

Minseok se giró a mirarle mientras sus amigos acudían a su lado a preocuparse por él más que ayudar en nada.

– ¡No te metas en medio narizotas! – le gritó nervioso el que había sido su tormento de pequeño.

– ¡Pídele perdón a Minki! – le gritó su otro tormento.

Minseok no respondió, se mordió el labio abochornado y se hizo a un lado cuando Joori le apartó para llegar hasta Minki.

De ese monstruo que le doblaba en tamaño no quedaba nada en esa chica. Había dejado de crecer y ahora era Minki quien le sacaba palmo y medio de altura. También había adelgazado, aunque seguía estando algo rellenita. Minki tenía que admitir que estaba incluso guapa, aunque seguía sin comprender porque esa obsesión de Minseok con ella.

– ¿Dónde te ha dado? – le preguntó Joori obligándole a mirarla – ¿Puedes abrir el ojo?

Había recibido el golpe justo sobre el ojo derecho, en la ceja, y aunque empezaba a amoratársele e hincharse la frente que sentía latir brutalmente podía abrir el ojo sin dificultad.

– ¡Serás bruto! – le espetó Luhan indignado – ¡Casi le abres la cabeza!

– ¡No ha sido a propósito! – fue toda su disculpa.

Chanyeol había aprovechado el alboroto para desaparecer y seguía sin haber rastro de su profesora, aunque los de las clases de al lado no tardarían en ir a ver a que se debía el ruido.

Y mientras Minki volvía a agacharse intentando ignorar el dolor, con una mano de Taekwoon sobre su hombro y Luhan discutía con Minseok con el apoyo aunque silencioso de Sehun, Joorí tomó el mando.

– Id a la sala de profesores a buscar a alguien. – les dijo a los dos segundos. – te acompaño a la fuente a ponerte agua, – añadió dirigiéndose al lesionado – el frío te irá bien.

Minki asintió y notó el palpitar de la herida al hacerlo. “Menudo golpe” Se dijo. Taekwoon le tendió una mano para ayudarle a levantarse y con su ayuda y seguido de Joori salió de la clase mientras el resto de alumnos les miraban cotilleando ya.

– Es idiota – sentenció Taekwoon en cuanto estuvieron en el patio.

– Bah, lo ha hecho sin querer – respondió Minki aunque también hervía de rabia.

– Pero no cuesta tanto disculparse – siguió su amigo. “Ya” pensó él.

– Tiene razón, – le apoyó Joori – es idiota.

Caminaba dando patadas al suelo, con las manos en los bolsillos de la chaqueta, con furia.

– ¿De que va la historia? – le preguntó Minki. Llegaban ya a la fuente y se agachó para meter la cabeza debajo.

“¿Se me estropeará el tinte?” Pensó al sentir el agua mojándole el pelo.

– Pues que es un pesado – explicaba Joori – y un egoísta de cuidado, y me ha pedido salir como treinta veces y no entiende que me importa un carajo su vida y que lo último que haría en mi vida es salir con un imbécil como él.

“Pero ya estuvisteis saliendo ¿no?” Minki seguía con la cabeza bajo el agua, sintiendo como el frío le calmaba la hinchazón. Taekwoon le miraba a través del chorro de agua que le caía por la cara.

– Y ahora se ha armado el pollo porque últimamente hablo con Chan – seguía la chica. – ¿Y a él quien le importa con quien hablo o con quien dejo de hablar? Se cree mi propietario o algo. Me tiene hasta los huevos. – terminó chutando una piedra.

– No tienes – aportó Taekwoon con absoluta seriedad.

Minki estalló en carcajadas y Joori le miraba pasmada, aunque al final se le pegó la risa de Minki. Incluso Taekwoon sonrió.

– ¿Mejor? – preguntó. Ambos asintieron y ninguno supo a quien se dirigía.

 

Hwang Zitao, también conocido como Tao por sus amigos, ligues, familiares, profesores, compañeros y el mundo en general suspiró y dejó caer la cabeza sobre el libro.

“No puedo más” Pensó mirando con recelo las páginas que aun le quedaban. Estaba de lecturas hasta las cejas, y hasta los cojones. “Estúpido examen de literatura…” Apartó el libro a un lado y encendió el ordenador rezando porque a su madre no le diera por ir a su habitación a ver si estaba trabajando.

Abrió el chat y lo primero que vio fue el link del último capítulo de su serie favorita que Sangmin le había pasado, ahí esperando a que lo viese. “No es mi culpa, me está llamando…”. Quince minutos más tarde su madre le pilló. Le echó la bronca por no estar estudiando pero en cuanto se fue volvió al ordenador y terminó la serie. Dejándole un comentario en respuesta a Sangmin, la que se había vuelto su mejor amiga desde que intentaron salir juntos y decidieron que eran demasiado incompatibles. El capítulo había sido demasiado alucinante, y más aún al ser casi final de temporada.

– “Tenemos que quedar la semana que viene para mirar el último!!!” – le pidió.

Luego se dio cuenta de que JR le estaba hablando, abrió el mensaje y vio un “¡TERMINA EL LIBRO!” enorme y en mayúsculas.

– Jo… – murmuró con desgana. Cerró el mensaje y lo ignoró. En vez de eso se metió en el chat de citas gays dónde se había hecho una cuenta hacía unas semanas. “No es para ligar, es para conocer gente como yo” Se decía.

Encontró mensajes de Jiyeon, un chico de la capital con el que hablaba mucho últimamente.

– “Eis, mis padres se marchan el finde que viene. ¿Quieres venir a pasarlo aquí y conocerme?”

“¿Eso es una invitación a follar todo el finde?”

Le respondió un “Si” ansioso para luego añadir que no sabía si podría, que sus padres… “¿Cómo se lo pediré a mis padres?”

Mientras se planteaba que puñetas decirles fue husmeando por los perfiles de otra gente, mandando algunas solicitudes. Una de las que mandó le respondió enseguida. Un tal D.O. “Seguro que es un nombre falso”.

– “Disculpa, ¿nos conocemos?” – le preguntó este. – “Lo siento pero no te recuerdo”. – se disculpó antes de que Tao respondiese.

– “No, no, solo te he agregado :D” –

– “Ah” –

Se miró su foto de perfil, había dos chicos, a la izquierda uno moreno de sonrisa deslumbrante, a su lado otro más bajito, paliducho y con saltones ojos de sapo.

– “Somos de la misma ciudad” – le dijo para comentar algo – “Conoces Pantheon?”

– “Si, voy mucho con mis amigos” – le respondió.

– “Yo también, aunque no tanto como quisiera, mis padres no me dejan salir mucho” –

– “¿Cuántos años tienes?”

– “18” – comentó con toda la inocencia.

– “XD Pos ala, adiós.”

– “Eh, no soy tan crío!” – se quejó – “Cuantos tienes tu?”

– “34” –

– “Ok, adiós”. –

“Wow” se dijo “treintaicuatro, que viejo.” Era casi tan mayor como Baekho. O más. “¿Por qué no sé cuantos años tiene Baekho?”

Dejó de hablarle, pero por algún motivo a los pocos minutos volvía a estar allí, preguntándole cual de los dos era de la foto. No era el guaperas de sonrisa deslumbrante.

– “Y él cuantos años tiene” – le preguntó.

– “34” – respondió enseguida – “Y es mi novio” –

“Jope” pensó. Resopló y cerró la conversación justo a tiempo de oír a su madre caminando por el pasillo. Bajó la pantalla del portátil de golpe y cogió el libro.

Oh, estás leyendo, muy bien – le felicitó su madre al entrar. Él sonrió, todo inocente y volvió a abrir el ordenador en cuanto se fue.

“Tendré que pedirle un resumen del libro a JR…”

 

Sonó el despertador y Minhyun se estuvo debatiendo entre si levantarse o no. La noche anterior se la había pasado terminando ese odioso libro. “Suerte que el examen ya es hoy y nos lo quitamos de encima” Pensó dando media vuelta sobre la cama, refugiándose bajo la colcha.

Le pesaban los parpados, las piernas, el cuerpo entero. “Cinco minutos más…”

“¿Si voy tarde cuanto rato me esperará?” Pensó pasados esos cinco minutos, algo más despierto. Le venían ganas de quedarse un rato más solo para comprobarlo, a ver si le esperaba.

“No seas malo” se dijo “Hace lo que puede también…”

Suspiró y se levantó, arrastrándose hasta la sala para encender el ordenador para luego regresar a por su uniforme y sus cosas.

Se vistió frente a la pantalla, mientras esperaba que todo cargase. A esas horas parecía que competiesen para ver quien era más lento, Minhyun o el ordenador. Solía ganar el ordenador.

Consiguió encender el chat y allí estaba, su mensaje de buenos días de Aron.

“Monin sweety” le decía con un corazón. Sonrió y le respondió, aunque no con un buenos días. La hora de levantarse de Minhyun era la hora de comer de Aron.

No respondía y se preguntó si no habría llegado a casa aún. “Normalmente a estas horas ya ha llegado…” Se dijo. Mientras esperaba se fue a la cocina a por algo de desayuno. Se encontró a su hermana saliendo apurada para la uni, como siempre.

Aron seguía sin responder y aprovechó para repasar el libro de cara al examen. Se preguntó si sus amigos habrían logrado terminarlo. JR seguro que si, tendría hecha la ficha y todo. Hyuk no, aunque se traería bien empollado algún resumen de internet y sacaría mejor nota que los pringados que se lo habían leído. Y Tao… “Imposible. Ayer salió capítulo de Skyland”

Se puso a hacer un esquema-resumen que terminó siendo un montón de garabatos y dibujos sin sentido entre los cuales un par de tres en raya que jugó contra si mismo. Y entonces, cuando ya empezaba a mirarse el reloj preocupado porque tenía que irse, respondió Aron.

– “Lo siento, me han entretenido en el trabajo” –

No pudo evitarlo, pero le sentó mal. Sabía que no era culpa suya pero… ¿No podía haberse ido antes? ¿Era necesario que se retrasase una hora? “Después de año y medio podía saberse a que hora me voy al instituto” Pensó.

– “Pues yo tengo que irme ya” – le dijo.

– “Jop. Bueno, hablamos luego” –

“¿Luego cuando?” Pensó Minhyun cabreado.

– “Si” – le respondió. – “Hasta luego”.

Apagó el ordenador casi con rabia, cogió sus cosas y se fue para el instituto.

Empezaba a hacer frío, y el frío siempre le hacía pensar en Aron, al igual que esas calles por donde habían ido juntos tantas veces. Hacía ya tanto tiempo que empezaba a no parecer real. “¿Ha estado alguna vez aquí? ¿ha sido alguna vez real? ¿o son solo mensajes por internet?”

Estaba furioso, pero a cada paso la rabia se iba convirtiendo en tristeza, en añoranza, en frustración. Le echaba de menos, pero más que eso necesitaba saber que volvería a verle, cuando volvería a verle, cuando tendría de él más que mensajes de buenos días y video llamadas pixeladas por la mala calidad.

Como había supuesto, Tao no se había leído el libro y en cuanto llegaron a clase le suplicó a Hyuk por sus perfectos resúmenes de internet, pero para sorpresa de los tres Tao no fue el único en pedir un resumen.

– Lo he leído – se justificaba JR. – pero es que no he entendido nada.

Estaba deprimido, apático, desde hacía tanto tiempo que Minhyun, con toda la rabia que llevaba dentro, tenía ganas de pegarle un buen par de bofetadas y gritarle “¡Despierta!”. Y estaba casi seguro de que Hyuk se le adelantaría.

– Tío, pasa página pero ya. – le dijo.

– Yo no olvido los ligues en dos días. – le espetó JR sin apenas energía.

– ¡Llevas ya un mes así!

Min y Tao miraban sin meterse, aunque estaban totalmente de acuerdo con Hyuk. Tao asentía de vez en cuando.

– Han sido más de dos años. – siguió JR.

– ¡Y yo estoy más que hasta los cojones!

Minhyun decidió que era el momento de intervenir, antes de que la cosa fuese a más, Hyuk se pusiera a gritar y todos los compañeros de clase que aún no les miraban se fijasen en ellos.

– Nos preocupas ¿sabes? – le dijo sentándose a su lado y cogiéndole del brazo. – Llevas ya mucho tiempo deprimido e incluso empieza a ser cansino. – “Mucho” agregó para si mismo. – Ni siquiera estabas seguro de quererla – añadió – por eso la dejaste ¿no? Por eso empezó todo.

JR se encogió un poco, pero asintió, sabía que tenía razón. Echaba más de menos la idea de tener una novia que la novia en sí, y le sabía mal haber terminado a malas con ella. No dejaba de plantearse si lo había hecho mal, si la había jodido hasta el fondo echando de su vida a la que hubiese sido su mujer ideal. Pero si lo hubiese sido lo hubiese sabido. ¿No?.

 

Salió del examen algo más animado, le había ido bien.

– Siempre te van bien – le espetó Tao molesto.

– Pues tu ya puedes espabilar. – le sermoneó en respuesta – así no entrarás a medicina.

– Eh, menos – se quejó – que ya he empezado a prepararme los exámenes de ingreso.

– ¡No os metáis con mi Panda! – saltó Sangmin apareciendo detrás de Tao y colgándose de su cuello por la espalda. – ¿Te vienes este finde a mi casa? – añadió dirigiéndose a él mientras sus amigos aguantaban la risa.

– Imposible – respondió automáticamente – Jiyeon me ha invitado a pasar el finde en su casa.

– A follar como conejos – concluyó ella, él asintió, sonriendo, sin poder negarlo – ¿Ya te dejará tu madre?

– Conseguiré permiso. Es lo más parecido a un novio que tengo, hay que aprovechar.

“El ni siquiera tiene novio y folla” pensó Minhyun frustrado. “Que suerte tienen algunos”.

Sabía que era afortunado de tener a Aron, sentía que lo era, pero que él estuviese tan lejos le cabreaba, cada vez más. Se había caído el velo de perfección de “tengo un novio que me ama y todo es perfecto” y empezaba a acusar todas las cosas de que se privaba por tener a Aron.

“Cosas como tener las tardes libres” Pensó ese jueves mientras iba con JR para el trabajo.

JR había empezado a trabajar en el cine también, aunque no en el puesto de palomitas como él, si no revisando las salas entre sesión y sesión y vigilando durante.

– Me he tragado esa peli quince veces ya – se quejaba – y ni siquiera me gusta.

– Ponte auriculares – le sugirió Minhyun – y coge un libro o algo. Es lo que hacía el anterior.

– Pero entonces no me enteraré de si pasa algo en la sala.

– Tampoco van a ponerte una bomba o algo así – se encogió de hombros Min.

– Ya.

Cruzaron por la calle con una chica un par de años mayor que ellos, con tacones, falda corta y camiseta ajustada. JR giró la cabeza a mirarla. Y ella a mirarle a él.

“Con todo un mundo de posibilidades por delante y se regocija en su desgracia…” Pensó Minhyun harto ya de la actitud de su amigo. Como sabía que no iba a sacar ningún provecho desistió siquiera de sacar el tema. “Cuando quiera pasar página lo hará.”

– ¿Sabes que Up on the Sky van a volver? – comentó Min un rato más tarde.

– Mi hermano comentó algo. – respondió con un amago de esa sonrisa tierna y a la vez cansada que le salía siempre cuando hablaba de Minki – está entestado en comprarse la entrada con el dinero que ha ganado. Tanto mamá como Baekho intentan que desista, ella diciendo que es un gasto innecesario y él que ya le pagará él la entrada.

“Típico de Baekho” Pensó Min riéndose.

– O bueno, no se – siguió JR – porque ahora vuelven a estar raros. Creo que ha pasado algo este finde. Minki está raro y no creo que sea solo por el peinado nuevo y el trabajo.

– ¿Algo como que? – se interesó su amigo.

– Casi prefiero no saberlo – se encogió de hombros JR dejando el tema. – ¿Y tu que? – le preguntó – ¿irás al concierto?

Minhyun resopló, riéndose asqueado.

– Para nada. – replicó – ¿Con que dinero? Todo lo que gano se va al bote para volver algún día a LA a visitar a mi supuesto novio.

– ¿Supuesto?

– Si no le veo pronto sentiré que solo es producto de mi imaginación…

Y cada día lo parecía más, cuando no había forma de que coincidieran más de diez minutos en el chat y la mitad se lo pasaban intentando que funcionasen las video-llamadas. Empezaba a estar harto de levantarse una hora antes para que Aron ni siquiera estuviese allí, pero fue aun peor cuando le dijo que no hacía falta que lo hiciera porque le habían cambiado el turno de trabajo y por eso nunca llegaba a tiempo.

¿Cuándo podemos hablar entonces?

– Algún momento encontraremos cariño. – le respondía Aron con una sonrisa desde el otro lado del mundo.

Minhyun lo dudaba, y empezaban a terminársele las sonrisas.

 

Taekwoon les dijo, al verles por la mañana, que durante la hora del recreo quería hacer un anuncio importante, pero nadie pareció pensar en ello hasta que sonó el timbre de final del descanso.

– Nos lo cuentas luego ¿vale? – le dijo Minki mientras iban para clase.

Se le notaba que tenía que ser algo importante, pero él seguía sin poder prestar mucha atención a nada de lo que le dijesen sus compañeros. Cada noche de esa semana había cerrado los ojos en su casa pensando en Baekho, recordando a Baekho, imaginando que las manos con las que se tocaba eran las suyas, como esa noche del viernes anterior.

“Hace una semana ya…”

Baekho no había cambiado en absoluto su forma de tratarle, si más no delante de los demás. Seguía siendo cercano y responsable, cuidándole a cada momento, pero Minki sabía que estaba nervioso. Lo notaba cuando evitaba quedarse a solas con él o cuando se pegaba a su cuerpo y él se alejaba, tenso.

Nada de eso le molestaba. Cuando sentía que Baekho se apartaba de sus abrazos, tenso y nervioso, el pequeño sonreía, porque aunque él, al igual que siempre intentaba retroceder, Minki tenía claro que había dado otro paso al frente.

“Y menudo paso…” Pensaba mientras algún profesor les llenaba la cabeza de tonterías que ni le interesaban.

Minki tenía claro que solo tenía que tener paciencia, el mismo Baekho se lo había pedido, que tuviese paciencia y esperase. Sabía que terminaría siendo suyo. Ya lo era.

Terminaron las clases y se reunieron con Luhan y Sehun junto a la entrada.

– Va, pero rápido que me espera mi novia. – apremiaba Luhan.

– Supuesta novia – puntualizaba Sehun. – yo hasta que no nos la presentes no me creo nada.

– Porque estás celoso.

“Desde luego que lo está” Pensó Minki mientras intentaba poner calma. Él también tenía prisa, Baekho le esperaba en el edificio de primaria, si tardaba mucho igual se iba a casa.

– Pues… – empezó Taekwoon con un hilillo de voz – me han cogido para un equipo profesional.

Los tres abrieron los ojos como platos, sorprendidos y emocionados.

– ¿En serio?

– ¡Que bien!

– ¡Ya era hora!

– ¿Cómo que ya era hora? – se giró Minki sin comprender – Yo ni sabía que hubiese equipos profesionales de nuestra edad.

– A partir de los catorce o quince años, – puntualizó Taekwoon. – empezaré la temporada que viene, cuando comience el curso nuevo.

– Ala – se exclamó Sehun – pues irás liadísimo con esto y encima comenzar la preparatoria.

– Bah, tampoco es tanta diferencia.

– Bueno, ya te pasaremos apuntes.

Pero Taekwoon negó con la cabeza.

– No seguiré en este instituto – sus amigos recibieron la noticia con exclamaciones no tan alegres. – el equipo que me ha cogido está en la capital y no puedo bajar todas las tardes a entrenar allí y venir a cole aquí.

– ¿Te vas a mudar allí? – le preguntó Minki sin poder hacerse a la idea. Su amigo asintió y él frunció los labios.

– Bueno, no está tan lejos.

– Te iremos a ver ¿eh?

– Bajaré todos los fines de semana. – les dijo. – seguiremos teniendo la casa aquí y mis hermanas se quedan, es solo que no iremos juntos a clase.

– No se si podremos soportarlo – se rió Minki con una palmada en el hombro, no completamente en broma.

“Taek se va” Pensó alicaído una vez se hubieron separado. Sabía que era una gran oportunidad para él, que lo haría genial y se lo merecía, pero era su mejor amigo.

Le quedaban Luhan y Sehun, claro, pero cada día le cansaban más. Luhan, de quien tan amigo había sido de pequeño no tenía realmente nada en común con él, había seguido fumando a escondidas como habían echo alguna vez para intentar parecer mayores, por lo mismo que ahora se esforzaba en tener alguna chica a la que llamar “novia” constantemente, para fardar, como si así pareciese mejor.

Sehun por otro lado… si tenía más en común con él, aunque se limitase solo a las miradas que le echaba a escondidas a Luhan. No se le hacía tan cansino como Lu, siempre intentando aparentar ser más hombre, más mayor y más genial de lo que era, pero siempre había sido un segundón, primero de Minseok muchos años atrás cuando él estaba con los matones que les pegaban y ahora de Luhan, del que Minki cada día estaba más convencido de que terminaría locamente enamorado. “Eso si no lo está ya”.

“Debería hablar con él” se dijo “De hombre a hombre, compartir con él mi sabiduría como homosexual experimentado”. Se crecía en su orgullo, pavoneándose interiormente de su “relación” con Baekho. Para llamarla de algún modo.

Le sorprendió encontrárselo ya fuera de su aula, se habían ido todos los niños y él ya había cerrado la clase, esperando junto a la calle mientras algunas madres rezagadas aún se llevaban a sus hijos de las demás clases.

“Me ha esperado” pensó casi sin creérselo. Cuando le vio y se giró a saludarle, con su enorme y brillante sonrisa le dio un vuelvo el corazón, recordando sus besos, sus caricias.

“Me tocó” pensaba mientras se acercaba a él, con la cabeza gacha. “Me besó, me abrazó, me tocó” “me corrí en sus brazos”. Se sentía adulto solo de pensarlo. También algo cohibido.

Baekho no le cogió la mano camino a casa, no le dejó colgarse de su brazo, pero si dejó que le hablara de su día en el instituto, del anuncio de Taekwoon de largarse y de sus sospechas para con Sehun, comentando y haciendo exclamaciones cuando lo creía adecuado.

– No me puedo creer que se vaya. – murmuraba. – osea, que le cojan si, porque es muy bueno y lo hará muy bien y me alegro mucho por él y tal pero… ¿con quien me sentaré en clase?

Baekho solo sonrió y le dio unas palmaditas en el hombro.

Ninguno de los dos había vuelto a sacar el tema de “esa noche”, Minki por temor a como reaccionaría Baekho, si huiría otra vez. Baekho para, en medida de lo posible, evitar el recuerdo que le hacía sentir tan culpable. Y un poco satisfecho también.

Cuando llegaron no había nadie en casa.

– ¿Y tu hermano?

– Trabajando.

Asintió, aún sin hacerse la idea de que estuviese trabajando, aunque solo fuera por las tardes. “Como crecen…” Pensó mientras miraba a Minki caminar por la sala, dejar la mochila sobre el sofá e irse a la cocina a por merienda, todo eso de espaldas a él, removiendo al andar su pequeño traserito.

“Estás enfermo”.

– ¿Y bien? – se le acercó Minki después de dejar el chocolate y las galletas sobre la mesa – ¿Que hacemos?

Arqueó una ceja mientras preguntaba, con una sonrisa descarada que a Baekho le puso los pelos de punta.

Sunyoung no llegaba hasta una hora más tarde, Yixing con ella, JR por la noche.

– Tu estudiar – le respondió Baekho seco, plantando su libreta frente a él. – y yo me miraré un gimnasio que me ha recomendado Wonsik.

– ¿Un gimnasio? – se interesó el pequeño. – Te pondrás cachas. – siguió volviendo a ese tono seductor y la sonrisa descarada.

– Es la idea – respondió Baekho indiferente. O aparentando estarlo.

Minki sacudió la cabeza y bajó la cabeza a su libreta y sus libros de texto. La bajó tanto que terminó apoyando la frente sobre el papel.

– Me abuuuurrooooo.

Baekho se rio, le cogió la cabeza por el pelo y le obligó a levantarla de nuevo.

– Anda, explícame lo que estás haciendo.

– Historia – murmuró – es un palo. La primera guerra mundial, que no se porque la llaman mundial porque solo se liaron a hostias un par de países europeos. La segunda aún por Japón y Estados Unidos pero esta…

Baekho fingía que le escuchaba mientras seguía mirando la pagina web del gimnasio.

“Oh, la piscina es chula” pensó viendo fotos. “Y el socorrista más”.

– No me estás escuchando – le retrajo Minki.

– Claro que si.

– No, estás mirando al tipo cachas de la foto.

Levantó la mirada hacia Minki, y sonrió.

– Me has pillado.

– ¿Es tu tipo? – se interesó Minki acercándose para mirar mejor.

– Realmente no, pero está bueno.

– Lo está. – coincidió el pequeño. – menudos brazos.

Y de repente se dio cuenta de que estaba comentando eso con Minki, su pequeño Minki.

“Lo que me faltaba ya…”

– Anda, vuélvete a estudiar.

– Oooookey… – aceptó con resignación.

Minki volvía a mirar el libro, aparentando estar más concentrado de lo que estaba en realidad.

Taekwoon no estaría en su clase el año que viene, ni siquiera en el mismo instituto. Ahora que empezaba a asumirlo le sabía mal, muy mal. “Es mi mejor amigo” se dijo. Apartó esos pensamientos a un lado e intentó concentrarse en sus deberes, pero le duró poco.

Levantaba la vista y veía los labios de Baekho, la línea dura de su mandíbula. Quería besarle, se moría por besarle, pero temía su reacción. “¿Se enfadará mucho?”

Lo estaba llevando bastante bien, teniendo en cuenta todo lo que había sucedido. Se comportaba con suficiente naturalidad, hablándole como si no hubiera pasado nada, pero a la vez algo había cambiado.

“Quiero besarle…”

Un rato mas tarde la tentación se hizo insoportable. Cerró la libreta de golpe, se incorporó y llevó una mano a la barbilla de Baekho para obligarle a mirarle y poder besarle.

Él se apartó con un respingo, sorprendido, pero Minki insistió y le buscó de nuevo, subiendo una rodilla por encima de sus piernas, cogiéndole con ambas manos, apretando sus labios con fuerza sobre los suyos.

Baekho intentaba apartarse, pero si lo hubiese intentado en serio hubiese conseguido quitar al pequeño de encima suyo. Se removía, el remordimiento carcomiéndole la consciencia.

“Tiene trece años, tiene trece años” se decía. Aún así cuando Minki se movió y sus labios quedaron entre los suyos, mordiendo su labio inferior, jadeó y le envolvió con sus brazos, colando su lengua dentro de su boca y mordiendo sus labios, saciándose con el sabor de sus besos.

Hasta que fue consciente de nuevo y le apartó. Minki estaba sentado sobre sus piernas, con ambas rodillas a los lados de su cadera, y por un segundo eso fue demasiado para él. Cerró los ojos, se concentró en controlar su propio cuerpo y apartó al pequeño de sobre sus piernas, esta vez con firmeza.

– No. – le dijo. – Puede llegar tu madre en cualquier momento – fue la única excusa que se le ocurrió.

– Ok, cuando estemos en tu casa entonces. – respondió sin más.

 

Se fue un par de horas más tarde, después de saludar a Sunyoung y Yixing, tomar el té con ellos y escuchar las preparaciones que estaban haciendo para el futuro miembro de la familia.

– Tendremos que hacer su cuarto en el despacho de arriba – le había dicho ella – porque no creo que a estas alturas los niños quieran compartir habitación.

– No creo – se había reído convencido – ¿Y que harás con todo lo del despacho?

– Pues entre mi habitación, le comedor y la buhardilla. Y Jonghyun se ha ofrecido a guardar los ficheros viejos en su cuarto.

– Muy amable por su parte.

– Está emocionado.

– Todos lo estamos – había añadido su marido mirándola con ojos enamorados.

A Baekho siempre le había fascinado la forma en que Yixing la miraba, y que eso no decayera con el tiempo, se le veía tan enamorado como el primer día, incluso más ahora que Sunyoung empezaba a marcar tripita de premamá.

Llegó a casa y se dio cuenta de que tenía que salir a hacer la compra, dejó sus cosas, cerró la puerta y volvió a bajar con un suspiro.

Y mientras paseaba por el súper metiendo cosas en el carrito pensaba en Minki, igual que llevaba haciendo toda la semana.

“¿Por qué me dejé llevar?” se repetían las mismas preguntas de siempre en su cabeza “¿Por qué me emborraché? ¿Por qué cedí? ¿Por qué le toqué?”

Se sentía degenerado, sucio, una suciedad que no podía quitarse lavándose por más fuerte que se frotase, una suciedad que le pesaba en el alma. Porque sabía que lo que había hecho estaba mal, y le asustaba. Le asustaba haberse llevado a la cama a un crío de trece años, un crío al que había visto crecer, al que casi había criado él mismo. “Es casi mi hijo” se decía, aunque sabía que nunca le había visto realmente como tal.

Aún le asustaba más que todo el mundo se lo tomara con tanta tranquilidad, entendiendo como “todo el mundo” su grupito de amigos por lo visto igual de pervertidos y degenerados que él. Le asustaba por que en momentos así se planteaba si era realmente tan grave, si realmente era un problema que deseara tanto a Minki, que se estuviese enamorando de él. Porque si, no tenía caso negarlo, esa atracción tan impecable que sentía por el crío no podía llamarse de otra forma.

Tal vez por eso había seguido a su lado después de lo que había pasado. Tal vez la razón por la que aún no había hecho las maletas para desaparecer en algún rincón recóndito del mundo no era lo triste que sabía que Minki se pondría, sino lo adictivos que le resultaban sus besos.

“Estas enfermo” Se dijo mientras cenaba mirando la tele, lavaba los platos y se desnudaba para meterse en la cama. “¿Cómo te puedes estar enamorando de él? Tiene trece años por todos los dioses…”

Le sonó a un argumento demasiado gastado ya, con el tiempo parecía haber perdido fuerza. Aún así se aferró a eso, “es lo último de cordura que me queda…”.