Archivo de la categoría: ACTION

¡ACTION!

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ACTION: Capitulo 1

ACTION: Capitulo 2

ACTION: capítulo 3

ACTION: Capítulo 4

ACTION: Capítulo 5

ACTION: Capítulo 6

ACTION: Capítulo 7

ACTION: Capítulo 8

ACTION: Capítulo 9

ACTION: Capítulo 10

ACTION: Capítulo 11

ACTION: Capítulo 12

ACTION: Capítulo 13

ACTION: Capítulo 14

ACTION: Capítulo 15

ACTION: Capítulo 16

ACTION: Capítulo 17

ACTION: Capítulo 18

ACTION: Capítulo 19

ACTION: Capítulo 20

ACTION: Capítulo 21

ACTION: Capítulo 22

ACTION: Capítulo 23

ACTION: Capítulo 24 (Especial)

ACTION: Capítulo 25

ACTION: Capítulo 26

ACTION: Capítulo 27

ACTION: Capítulo 28

ACTION: Epílogo

 

 

 

 

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ACTION: Epílogo

actionepilogo-2

¡Hola de nuevo y por última vez!

Aquí están los epílogos de ACTION que os prometimos, el punto y final definitivo. Ha sido muy divertido escribirlos y esperamos de corazón que os gusten.

No son muy largos pero queriamos terminar de atar algunos cabos en las vidas de los chicos, que despues de tanto tiempo todos queremos ver como vuelven a casa, ¿No? Realmente se merecen su final feliz, así que ya no nos enrollamos más.

¡A leer! Esperamos que lo disfrutéis. ^^

 

 

 

– Va a venir.

La niña miraba fijamente a la puerta, esperando a que se abriese. Siempre esperando.

– MinNa, a cenar. – se oyó la llamada des de la sala contigua.

La niña lo ignoro, siguiendo sentada mirando a la puerta.

– Va a venir.

Su madre apareció de la sala, se arrodilló a su lado y la abrazo por los hombros.

– Vamos a cenar.

– Estoy esperando a mi hermano.

– Vamos a cenar. – repitió con el tono monótono de quien se sabe el guion de memoria.

– Va a venir. Hoy va a venir.

– MinNa… Vamos a cenar.

La mujer se puso en pie, con una sonrisa triste, tirando de la mano de la niña, igual que cada día.

Pero la niña se resistió.

– MinNa…

– Va a venir. Va a venir.

El rostro de la mujer era triste. El tiempo sana las heridas, pero a veces el dolor no desaparece.

– Va a venir.

La niña volvió a sentarse, y la madre se quedó mirando con cara triste.

– Va a venir.

Esa férrea convicción que la madre había tenido al principio había ido desapareciendo, dejando un vacío. Pero la niña la mantenía, constante, pasaba las tardes ante la puerta, murmurando una y otra vez:

– Va a venir.

Se oyeron los golpes en la puerta. Tres golpes seguidos.

En el rostro de la pequeña se formó una enorme sonrisa. Se puso en pie y corrió a abrir la puerta. La madre puso ojos como platos, incrédula, aún más cuando la puerta se abrió y el adolescente, más alto y más guapo de lo que nunca antes le había visto, entraba con una enorme sonrisa, tiró al suelo las muletas con las que andaba y abrazó a su hermana que reía feliz.

– ¿Me esperaste MinNa? Tu hermano ha vuelto MinNa, ¡Ha vuelto! – le decía meciéndose en el abrazo, ambos riendo.

– MinKi… – consiguió murmurar la madre, no podía creerse lo que veía. ¿Sería un sueño? ¿Otra cruel creación de su subconsciente para que al despertar se sintiese aún peor?

Pero no, ese chico que le sonreía des de la entrada se veía demasiado real, ese chico cubierto de moratones y cicatrices, ese chico con la pierna enyesada que se acercaba a ella medio saltando medio cojeando, con los brazos abiertos y una enorme sonrisa y lágrimas en los ojos, ese chico que la abrazó con calidez murmurando “mamá, he vuelto”. Ese chico era su hijo. De vuelta al hogar.

De nuevo con ellos.

Se separó a mirarle, tomando su cabeza entre sus manos, observándole. Era allí, era real, era su hijo.

Ya era más alto que ella.

– Minki…

Lloraba, y él también.

– He vuelto.

– Has vuelto.

Ya habría tiempo para preguntas y explicaciones después, ya habría tiempo de ponerlo todo en orden, ahora solo quería abrazarla.

– Hola. ¿Quien sois?

Pero claro, no estaban solos.

Ren se giró hacia la entrada. Baekho había recogido sus muletas y le sonreía a su hermana, JR esperaba detrás de él.

– Nosotros ya nos vamos.

Aun habiendo vuelto a casa, eso hacía que su corazón se sintiese pesado. No era capaz de borrar su felicidad, pero si empañarla un poco. Aun así asintió y se acercó a él, ignorando la sorpresa de su madre.

– ¿Me llamarás?

– En cuanto tenga un teléfono.

Sonrió. Esperaba que fuese pronto, no soportaría muchas horas sin tener noticias suyas.

Se acercó y le besó, con la mano en su cabello, sin importarle mucho tener público. Solo le importaban sus labios, y lo pronto que se separarían para no volver a sentirlos hasta quien sabía cuándo…

Pero tuvo que separarse, le miró, y no soportaba ver reflejado en sus ojos el dolor de la despedida. Había vuelto a casa, tenía que ser feliz.

Se giró hacia su compañero, aguardando a su lado. Le abrazó también, aunque para eso tuviese que separarse de Baekho y le doliera.

– Cuídate JR.  

– Tú también Minki.

Sonrió, y sin poder evitarlo volvió a abrazar a Baekho.

– Llámame.

– Sí.

Se miraron, se besaron y volvieron a abrazarse.

– Baekho, llegaremos tarde. – Le apremiaba JR.

Tenía razón, volvió a separarse, esta vez ya definitivamente, no sin antes susurrarle al oído un último “te amo”.

Cuando la puerta se cerró de nuevo Ren cerró los dedos en el aire, con lágrimas en sus mejillas. Se giró hacia su familia, abrió los brazos y su hermana corrió hacia ellos. Su madre dudó algo más, sin comprender aun lo que había visto, pero no le importó mucho.

Su hijo estaba de vuelta.

 

****

Sentada en el jardín, la mujer cantaba al horizonte. A sus pies una niña jugaba con dos muñecas, y algo más allá dos niños corrían sobre la hierba persiguiéndose con espadas de madera.

Su voz no era exactamente triste, si bien tampoco se acercaba a la alegría. Tenía una extraña fuerza, un potente sentimiento que hacía temblar el alma. El hombre sentado junto a ella escuchaba en silencio, con el rostro demacrado de quien ha perdido algo importante.

El momento perduraba mientras las sombras se alargaban y la luz se ensombrecía.

Y la mujer dejó de cantar, con la última nota aún suspendida en el aire, con el corazón martilleándole con fuerza y ojos muy abiertos en dirección a las dos figuras que avanzaban por el camino.

Habían pasado tres años, poco quedaba en esa persona del hijo al que le quitaron, pero no tuvo ninguna duda de quién era. Saltó de la silla y corrió el tramo de camino que les separaba, deteniéndose a un paso del muchacho rubio y ancho. Le miró a los ojos, a esa sonrisa tan especial que se pintó en sus labios cuando la llamó, alzando un brazo hacia ella.

– Mamá…

Y saltó a sus brazos, ahogándolo en su abrazo, cubriéndolo de besos, sin creerse del todo que volvía a tener a su hijo frente a ella.

Se separó de los brazos de su madre sólo para recibir el abrazo de su padre, cuyo rostro bañado en lágrimas era el más claro ejemplo de la alegría. Abrazó a ambos, sintiendo la calidez de la familia que tanto había echado de menos, y luego vio a sus hermanos, que esperaban, confusos, frente a ellos.

El mayor, con casi diez años, no se atrevía a acercarse, los otros dos, apenas bebés cuando se fue, eran incapaces de reconocerle.

Baekho se agachó, para quedar a su altura, y aun llorando de felicidad se puso a cantar. Movía las manos al ritmo de la canción infantil que entonaba, la misma que tantas veces les había cantado años atrás.

La niña fue la primera en dar un paso al frente, y al siguiente segundo los tres se colgaban de su hermano perdido, riendo y chillando de pura euforia al haberle recordado.

Se puso en pie, con la niña colgada a su espalda, el pequeño en brazos y el mayor arrapado a su pierna, y se giró para indicarle a su compañero que se acercara.

El muchacho, de cabello negro, avanzó, inseguro.

– Mamá, papá, este es Jonghyun. – les presentó el rubio – Necesita mucho cariño.

– Eh, vas a hacer que me sonroje… – replicó el aludido.

Baekho rio, pero su madre interrumpió cualquier réplica acercándose para coger las manos enguantadas del chico.

– Bienvenido a casa.

El padre le sonrió también, y los niños no tardaron en acercársele y abrazarle como habían hecho con su hermano.

Le sorprendió el acercamiento, tanta proximidad, cuando ni siquiera le conocían. Pero cuando todos volvieron a fijarse en Baekho y a cubrirle de besos y abrazos vio la enorme sonrisa del chico y supuso que no debía haberse sorprendido por eso.

Tenía una espina clavada en el corazón, una herida que se había vuelto a abrir al ver de nuevo a una familia unida, al acompañar a sus compañeros a volver a sus hogares. Su pérdida dolía como nunca, pero ellos le sonreían, y se dejó mecer por su bienvenida, se dejó acochar por la calidez de una familia que, aunque no era la suya, sabía que ayudaría a sanar sus heridas.

De nuevo le dio las gracias a Baekho, quien le sonrió justo antes de salir corriendo en pos de sus hermanitos por el jardín.

La niñita se había quedado junto a él, tiraba de su camiseta y cuando bajó la mirada a ver qué quería se la encontró con los brazos en alto pidiéndole que la cogiera. Con lágrimas en los ojos la cogió, la niña se cogió a su cuello y le sonrió.

Era una bonita bienvenida. Aunque le rompiera el corazón, era agradable.  

 

****

Ese anochecer la pareja estaba sentada en el sofá del salón de su hogar, un bonito noveno piso de un rascacielos de Los Ángeles. Desde el balcón, la vista de la puesta de sol era impresionante. Pero hacía años que había dejado de interesarles. Miraban la televisión con los ojos vacíos, sin prestar atención a la bonita chica rubia de la película, que intentaba sin demasiado éxito que su compañero de trabajo se fijara en ella. Se daban la mano, buscando el contacto del único miembro de la familia que les quedaba, para sentirse acompañados, para no sentirse tan solos.

Aunque hubieran pasado tres años no se habían acostumbrado a ese silencio, a esa tranquilidad. Antes su hijo siempre andaba de un lado a otro de la casa. Un chico activo, impulsivo, nunca se estaba quieto. Repetidas veces habían deseado que un su hijo les diera un poco de esa tranquilidad que ahora detestaban.

Incluso Mel había cambiado. Antes se pasaba el día correteando detrás de su hijo, jugando a todas horas, moviendo la cola de felicidad. Desde que él se fue se había vuelto un perro triste, apagado, que se pasaba horas y horas sentado sobre la alfombra sin ni siquiera moverse. El perro se había quedado, pero una parte de él se había ido con su hijo.

Y allí estaba Mel, en la alfombra de siempre, con los ojos cerrados, en un atardecer que sería triste y vacío como todos los demás. ¿O tal vez no?

La pareja se sobresaltó cuando el perro levantó la cabeza de repente, con los ojos muy abiertos y olfateando a su alrededor inquieto. Se puso de pie de un salto y empezó a correr como un loco por toda la sala, ladrando y saltando entre los muebles como si le fuera la vida en ello. Se fue por el pasillo hasta el recibidor y lo oyeron ladrar desde allí con desespero. Pero al ver que la pareja no le seguía Mel volvió, y se puso a dar saltitos delante suyo, pero ellos parecían no comprender sus intenciones y sólo le miraban desconcertados. Al fin le robó una zapatilla a la mujer y  echó a correr de nuevo hacia el recibidor. Consiguió que la pareja se levantara con pesadez del sofá y lo siguieran. Se lo encontraron ladrando y arañando la puerta, pensaron que tal vez se había vuelto completamente loco.

Hasta que oyeron una llave meterse en la cerradura, y su corazón se detuvo mientras veían como la puerta se abría y aparecía una figura masculina que conocían demasiado bien. Aunque estaba más grande, más musculado, más hombre.

Dejaron de respirar y empezaron a temblar mientras veían como Mel se lanzaba desesperado a las piernas del chico, y éste lo cogía en brazos y se lo llevaba al cuello.

– ¡Mel! ¿Cómo estás? ¿Me has echado de menos?

El perro, como respuesta, le lamió con euforia la cara y las manos.

La sonrisa del chico no pudo ser más grande cuando vio a sus padres mirándole atónitos.

– ¡Mamá! ¡Papá!

– ¡Aron!

Al oírle llamarles así, ambos se lanzaron sobre su hijo, con lágrimas en los ojos, y le abrazaron, sin terminar de creerse que lo tuvieran otra vez en sus brazos, después de tres tristes años. Aron lloraba también, y recordaba cuánto les había echado de menos.

Mel había saltado de los brazos de Aron para no quedar aplastado en el abrazo y olfateaba desde el suelo. Había algo que le tenía intranquilo, un olor desconocido, pero nadie le hacía caso.

La señora se fijó en las cicatrices de quemaduras que tenía su hijo en los brazos y notó una sensación de opresión en el pecho.

– ¡Dios mío! – Le levantó la camiseta y se horrorizó con las cicatrices aún más impresionantes que tenía en el pecho y la tripa. – ¡Santo cielo! ¿Pero qué te han hecho? Mi pobre niño…

Volvió a abrazarle, llorando con más fuerza, con una extraña mezcla de alegría por tener a su hijo aquí y dolor por todo lo que imaginaba que el chico habría pasado.

Mel había descubierto por fin de quién venía el olor desconocido. Olfateó curioso el chico alto y delgado, con cuerpo de modelo, que se escondía detrás de una columna en el rellano, con una niña en brazos, por miedo a interrumpir el efusivo reencuentro de su novio con sus padres. Los gritos, los llantos, los abrazos… Se sentía feliz de que su chico pudiera reencontrarse por fin con su familia, y a la vez le dolía no tener alguien que le quisiera de esa forma, que le hubiera estado esperando, que llorara por él… Aunque eso no era el todo cierto. Tenía a Aron, y a Shinhye, ellos eran ahora su familia. Se preocupaban por él y lo cuidaban. Ya no estaba solo. Y puede que esa pareja, ahora sus suegros, llegaran a quererle también. Puede que al fin hubiera encontrado su sitio.

Inmerso como estaba en sus pensamientos, se sobresaltó cuando notó el lametazo de Mel en su pierna y soltó un gritito. El hombre y la mujer alzaron la vista desorientados, pero Aron habló antes de que alguien pudiera preguntar nada.

– Papá, mamá, quiero presentaros a alguien. Son dos personas muy importantes para mí, y ahora forman parte de mi familia. Y van a vivir aquí con nosotros.

La pareja miraron a su hijo expectantes mientras salía al rellano y cogía al otro chico de la mano, para llevarlo frente a sus padres. El desconocido estaba rojo y le costaba levantar la mirada, y la niña en sus brazos se aferraba fuerte a su cuello.

– Os presento a Minhyun, mi novio; y a Shinhye, nuestra hija.

Esas palabras descolocaron totalmente a la pareja. Sabían que su hijo era impulsivo pero… ¡¿volver con novio e hija?! Por un momento miraron a Minhyun, analizando con qué clase de persona se había juntado su hijo. Pero cuando vieron la forma en la que ambos se miraban, los ojos que el desconocido le ponía a su hijo, la cara de felicidad absoluta que ponían por estar el uno al lado del otro, la sonrisa de estúpidos que se les quedaba cuando se besaron sin pudor alguno frente a ellos… Supieron que se amaban de verdad, y además confiaban en su hijo. Era impulsivo pero tenía las cosas muy claras y no se juntaba con cualquiera. Ese chico, Minhyun… si su hijo lo había elegido, debía ser una persona maravillosa.

Y miraron también a la niña, aún un bebé. Sonreía, feliz de estar con los dos chicos. A lo mejor esa niña podría ser para ellos como el segundo hijo que nunca habían podido tener. Tuvieron la sensación de que esa tranquilidad que ahora tanto odiaban se había terminado por fin.

– ¿Minhyun? – Le llamó la mujer. El aludido levantó la vista nervioso, y ella le sonrió de una forma tan amable y llena de ternura… Su madre nunca le había sonreído así. – Estoy encantada de conocerte. Bienvenido a nuestra casa. – Y le abrazó. Era un abrazo cálido, su madre nunca le había abrazado así. – Y bienvenida tú también, pequeña. – Añadió acariciándole la cabeza a Shinhye, la niña sonrió.

– Bienvenido, chico. – El hombre le dio la mano, también con una enorme sonrisa.

– Muchas gracias. – Fue lo único que el chico tímidamente pudo responder.

– Pasad, debéis estar muy cansados, y además ya es hora de cenar. ¿Tenéis hambre? – Preguntó la mujer.

– ¡Shííííííí! ¡Muchííííííííshima!

Todos ser rieron de la efusividad de la niña y al fin entraron en el piso. Aron cogió a Minhyun de la mano mientras cruzaban la puerta. Y Minhyun tuvo la sensación que allí, en esa casa, y con su nueva familia, al fin llegaría a ser feliz. 

 

****

Recostado contra la barandilla de la ventana contemplaba las estrellas. Esos casi insignificantes y diminutos puntitos de luz en el cielo oscuro, esa señal de que el cielo seguía ahí fuera para él. Cuanto las había echado de menos…

Suspiró, respirando el aire de la noche, sintiendo la brisa despeinando sus mechones rubios.

Se sentía libre.

Hacía dos semanas que habían vuelto, que habían escapado de ese infierno, y aunque ya echaba de menos a sus compañeros, sobretodo a Baekho, aun necesitaba pasar tiempo con su familia. Su hermana había crecido tanto…

De repente su móvil en el bolsillo vibró, indicándole que tenía un mensaje.

MinMinMin: Chicos!!! Tengo una notícia!!! He encontrado trabajo!!!

El mensaje le hizo sonreír, y sonrió aun más, con algo de maldad al pensar una respuesta. 

Choi_Ren: de que? de basurero? xD

JR: felicidades 🙂

MinMinMin: ¬¬ pues no, yo tengo mucha más clase que eso, rubia!!

                       gracias jonghyun!! 😀

Choi_Ren: JAJAJAJAAJ clase… si, seguro

White_tiger_in_love: Me veo a Aron de ama de casa. XD

raperoLA: eh! no te rías! que mi madre me está enseñando a cambiar pañales y a preparar papillas!! y a cocinar…

White_tiger_in_love: BUAHAHAHAHAHAHA TE VEO!

JR: me lo imagino y me descojono. XD

 

Aun riéndose volvió dentro, ayudándose de una sola muleta, y se tumbó en su cama.

MinMinMin: es cierto, ayer quemó la cena…

raperoLA: no la quemé! sólo estaba un poco demasiado hecha…

MinMinMin: un poco? estaba carbonizada!!

raperoLA: … ^^’

White_tiger_in_love: que desastre

Choi_Ren: bueno, por lo menos no se echó a correr cuando vio los fogones xD

raperoLA: …

MinMinMin: tenemos una placa de inducción ^^

White_tiger_in_love: XD

Choi_Ren: bah, pierde toda la emoción

 

Habían empezado a hablar por chat el mismo día en que se habían separado. Aunque hubiesen pasado solo unos días juntos, pasar por todo eso, compartirlo, les había unido tanto…

JR: total, ¿de que trabajas?

MinMinMin:

raperoLA: de camarero en el bar de la esquina de nuestra calle xD

Choi_Ren: EN LA ESQUINA! LO SABIA!

White_tiger_in_love: eing?

MinMinMin: aaag!! cállate!! >.<

JR: por tu propio bien y el de tu familia espero que solo sirvas cafés.

raperoLA: Bueno, a mí me sirve otras cosas… e__e

White_tiger_in_love: no queremos detalles.

                                    (aun no he pillado lo de la esquina).

Choi_Ren: si, ya tuvimos suficientes detalles

                   (Cielo… esquina = puta xD)

White_tiger_in_love: O.O ok…

                                     y no me lo recuerdes… u.u aun estoy traumatizado…

MinMinMin: Aron, sigue por ahí y esta noche duermes en el sofá ¬¬

JR: uuuuuh…  

White_tiger_in_love: *aplaude*

Choi_Ren: pelea, pelea, eh! eh!

White_tiger_in_love: XD

raperoLA: Ups! ya me callo…

MinMinMin: MEJOR

JR: total… que la hermana de Baekho se ha enamorado de mi.

Ren: LOL?

MinMinMin: O.O

White_tiger_in_love: no digas eso, es que le gustas. solo quiere que juegues con ella…

JR: ya, ya, pero se mete en mi cama. a mi eso no me parece normal.

Choi_Ren: cuantos años dices que tiene??

White_tiger_in_love: déjala, tiene seis años, solo quiere su cuento de buenas noches.

raperoLA: vaya, JR, te van jovencitas, eh? xD

Choi_Ren: o maduritas o niñas…vaya vaya JR

raperoLA: qué gustos más refinados xD

JR: Lo de maduritas va por Lime? e____e

Choi_Ren: tu sabras xD

JR: me abstendré de hacer comentarios…

Ren: chico listo

 

Se estiró sobre la cama, y un tirón le recordó su pierna herida. Recordaba tantas cosas… pero al final todo terminaba en que era libre. En que jamás volvería a estar en ese lugar.

JR: Minhyun y Aron han desaparecido, ¿que estarán haciendo? XD

Choi_Ren: jajaja cosas sucias JR, cosas sucias…

raperoLA: perdón, estaba comiéndole la boca a mi chico y nos hemos distraído…

MinMinMin: ESO NO SE CUENTA!!!!! >/////<

White_tiger_in_love: ahí disimulando y tal…

Choi_Ren: ves? yo tenia razon XD a la proxima os echamos del chat, primer aviso

                   aunque podria haber sido peor, en lugar de la boca podria haber sido otra cosa…

raperoLA: ya… es que están mis padres y nuestra hija en casa y nos da un poco de corte…

MinMinMin: POR QUÉ NO DEJAS DE DAR DETALLES????

JR: lo sabia XD me parece que sois una muy buena influencia para Shinhye XD

Choi_Ren: si Samuel descubre la clase de cosas que tiene que ver la pobre niña os corta los huevos

MinMinMin: ugg… eso no suena bien… o.o’

White_tiger_in_love: que entorno tan traumático…

raperoLA: ei! que a Shinhye la cuidamos muy bien!

MinMinMin: Eso! ahora está con nosotros, dice que os mandemos un beso ^^

Ren: no quiero un beso tuyo, a saber donde has tenido la boca

JR: léase, os estabais comiendo la boca EN FRENTE DE SHINHYE

MinMinMin: em… sí… pero ella estaba entretenida jugando con una pelotita y no miraba…

raperoLA: además ya debe de estar acostumbrada xD

MinMinMin: …

raperoLA: y no hay nada de malo en que vea que sus padres se quieren ❤

MinMinMin: >///<

raperoLA: ^^

MinMinMin: rubia!! el beso te lo manda Shinhye, estúpido! ¬¬ y luego el atontado soy yo…

Choi_Ren: :PPP has dicho “que os mandemos” -> nosotros, tonto tu!

MinMinMin: se entiende que de su parte, o sea que os lo mandamos nosotros pero de parte de sus labios!

raperoLA: Creo que me he perdido…

White_tiger_in_love: estas discusiones gramaticales a estas horas…

JR: son las cuatro de la tarde .___.

MinMinMin: pues aquí son las 12 de la noche xD  

White_tiger_in_love: cualquier hora es mala XD

Choi_Ren: si, es que Baek y la gramatica… xDD

White_tiger_in_love: … TT^TT

Choi_Ren: sabes que te quiero igual ❤

White_tiger_in_love: ya…

Choi_Ren: cuando nos veamos te lo demuestro e__é

White_tiger_in_love: … OK

JR: avísame con antelación para llevarme a los peques de excursión XD

Choi_Ren: joder, que poca emoción Baek…

raperoLA: vaya, la conversación se pone interesante… e__e

Choi_Ren: tu cállate, ale, me voy con alguien que me quiera ¬¬

*Choi_Ren se ha desconectado*

 

Suspiró. Sabia que le estaba echando la culpa por una tontería, pero no podía evitarlo, tenerle tan lejos y pensar que habían desaprovechado la oportunidad cuando estaban juntos… Más que eso, pensar que él tal vez no le deseaba igual…

Su móvil volvió a vibrar, Aron, Minhyun y JR seguían hablando, pero Baekho le mandó un mensaje privado, solo llamándole.

Lo abrió.

 

White_tiger_in_love: Rennie…

                                     Rennie…

                                     es que me siento incómodo si dices eso frente a los demás…

                                     pero… en fin, ya lo sabes…

Apretó el móvil con rabia. ¿Porque le estaba haciendo pagar su frustración?

 

Choi_Ren: no, no lo se

White_tiger_in_love: no me hagas decirlo…

Choi_Ren: … es que…

                   da igual

White_tiger_in_love: te quiero

Choi_Ren: pero no me deseas

Lo había dicho, le había pedido lo que quería, no sabía ni que respuesta esperaba.

White_tiger_in_love: …

                                    no te tengo cerca para demostrártelo

Choi_Ren: ya lo se… da igual, déjalo.

White_tiger_in_love: Rennie…

Choi_Ren: te echo de menos.

White_tiger_in_love: yo también…

                                     tengo ganas de besarte…

                                     ahora todo lo que pasó allí me parece un sueño. A veces tengo miedo de que no seas real.

 

Su corazón dio un vuelco, y suspiró, sonriendo.

Se sintió estúpido por pedirle algo que tampoco podía darle estando tan lejos. Sabía que le amaba, ¿No era eso suficiente?

Si, en parte lo era.

Pero igual que Baekho no sabía responder cuando él le decía cualquier cosa subida de tono, Ren era incapaz de pensar en escribir una respuesta cuando él le decía cosas tan románticas, tan profundas.

Y Baekho lo sabía.

White_tiger_in_love: no hace falta que respondas ^^ te quiero.

Choi_Ren: gracias.. yo también, perdón por ponerme pesado ^^’

White_tiger_in_love: cuando te tenga cerca voy a comerte a besos.

                                     ash, lo he dicho >/////<

Choi_Ren: lo prometes? >__<

                   joder, ahora me siento muy nenaza….

White_tiger_in_love: de nenaza nada, eres mi guerrero.

                                      y te prometo que cuando te vea te comeré, porque soy un tigre hambriento.

*White_tiger_in_love ha cambiado su nombre de usuario por White_hungry_tiger*

La risa (¿o la vergüenza?) le hizo incluso patalear. Con la pierna sana.

 

Choi_Ren: ok, ya es oficial, no me había puesto tan rojo en mi vida >///////<

White_hungry_tiger: jajajaja

Choi_Ren: (voy a hacer una captura de pantalla y como no lo cumplas te arrepentiras el resto de tu vida :P).

White_hungry_tiger: … Me amenazas? e___e

                                      yo que me ponía romántico…

Choi_Ren: Prefiero que te pongas salvaje e__é

 

¿Porque seguía insistiendo en lo mismo?

 

White_hungry_tiger: …

Choi_Ren: ok, olvida eso XD

White_hungry_tiger: …

                                      …

*White_hungry_tiger ha cambiado su nombre de usuario por Wild_white_tiger*

Wild_white_tiger: Soy un tigre salvaje…

                                >/////<

Choi_Ren: >/////<

                  dios, vaya día que llevamos… XD

Wild_white_tiger: total. XD

                                mis hermanos llevan media hora pidiéndome que juegue con ellos, creo que voy a hacerles caso…

Choi_Ren: buena idea

                   es muy raro que les mande recuerdos alguien que no les conoce?

Wild_white_tiger: un poco, pero les he hablado de ti. Casi es como si te conocieran ^^

Choi_Ren: >_< vale, pues dales recuerdos de mi parte ^^

Wild_white_tiger: vale ^^

Choi_Ren: yo me iré a lavar los platos antes de que vuelva mama y me mate xD

Wild_white_tiger: lo veo bien. hablamos luego. ❤

Choi_Ren: hasta luego! ❤ ❤

Al cerrar el chat alcanzó a ver la frase escrita bajo el nombre de su novio.

“Una vez te prometí que te traería el sol. Ahora te prometo que volveremos a vernos.”

Y, como siempre que lo veía, solo pudo pensar: “Cúmplelo pronto”.

Muy pronto.

 

 

 

Ahora que ya todo ha terminado no nos queda más que desear que hayáis disfrutado leyendo tanto como nosotras escribiendo. Ha sido un proyecto muy largo y se siente ya casi nostálgico haberlo terminado, nos da mucha pena… Hemos pasado muchísimos ratos buenos escribiéndolo, nos hemos reído, nos hemos agobiado por no poder publicar a tiempo, hemos muerto de amor con vuestros reviews…

Muchísimas gracias por haber estado con nosotras todo este tiempo. Vuestros comentarios, críticas y opiniones nos han dado muchos ánimos para continuar, y nos han ayudado a corregir algunos errores y a mejorar nuestra escritura. ¡Sois geniales!

¡Os echaremos muchísimo de menos! T^T Volveremos pronto con nuevos proyectos, (aunque ya sabéis que para nosotras el “pronto” es siempre relativo…).

¡No nos olvidéis y no olvidéis la fuerza de estos chicos para conseguir su libertad!

SHIROKO KUROKO AOIKO

ACTION: Capítulo 28

action28

¡Hoooola de nuevo! ^^

Y aquí queridos y fieles lectores llega el último capítulo de Action, muchísimas gracias por seguirnos todo este tiempo y por la paciencia con nuestra poca puntualidad al publicar, ha sido un placer.

Como veis al final no pudimos publicar el día 4 (ni mucho menos ^^’), resulta que este capítulo nos costó más de lo que esperábamos… ¡Pero al fin aquí está! ¡Gracias por esperar!

¡Ah! ¡Pero no todo acaba aquí! Aún quedan unos epílogos que publicaremos tan pronto como nos sea posible ^^ ¡Así que todavía no nos despedimos!

¡Disfrutad mucho de este último capítulo! ¡A leer!

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

 

Capítulo vigésimo octavo

 

Pasajeros del vuelo YK2808 con destino Los Ángeles, embarquen por la puerta E32.

Estamos los cinco de pie delante del control de seguridad.  A partir de aquí sólo puede pasar la gente que va a volar. Esta es la última vez que estamos todos juntos. Al menos durante un buen tiempo.

Aron se gira a mirarnos a todos con ojos tristes.

– Aquí nos separamos.

 

Cuando se abrieron las puertas el ruido se detuvo. Todo, absolutamente todo, paró. Durante unos segundos silencio, luego ruido de metal, y gente corriendo. La mayoría de guardias soltaron las armas y huyeron, gente que no estaba allí más que esperando recibir una paga, que igual que nosotros habían quedado encerrados cuando vieron que habíamos salido de las jaulas y blindaron el edificio. Esos huyeron al instante.

Los restantes se dividían en dos grupos, los rebeldes, que habían luchado a nuestro favor y los que realmente nos consideraban monstruos y luchaban por verdadera convicción. Viendo que el segundo grupo era menor estos callaron y soltaron las armas, y terminaron yéndose también.

Un guardia de entre el grupo de rebeldes con unas llamativas gafas verdes se erigió como líder temporal y lo organizó todo. Debíamos salir de allí antes de que el verdadero “jefe”, el que nos había encerrado ahí dentro y llevaba todo el proyecto, llegase. El hombre de los ojos de hielo.

Aun así nos convencieron de que nos quedáramos unas horas más. De algún modo,  nos ofrecieron ayuda, y no teníamos otra opción que aceptarla.

Nos llevaron a las duchas, nos dieron de comer, curaron las heridas que teníamos. Ren necesitó que le operaran, le dijeron que era una fractura complicada y que tardaría en poder caminar, que no era cien por cien seguro que se soldase bien si no iba con mucho cuidado. Necesitó mucha sangre, solo pudimos disuadir a Baekho de que le diera la suya cuando le dijeron que no eran compatibles. Yo o Minhyun hubiéramos podido darle sangre, pero realmente la necesitábamos para nosotros mismos.

Ren no fue el único en necesitar  una transfusión, muchos guardias habían quedado heridos, y aunque sabía ya de la magnitud de este complejo me sorprendió ver a tanto personal sanitario y tantas reservas de sangre. Fue una grata sorpresa.

Aún más sorprendido me quedé al  reconocer una cabecita rubia entre el grupo de enfermeros. Alice.

¿Cómo podía acercarme a ella? Saludarla, disculparme por lo que le hice, agradecerle todo lo que hizo ella por mí. ¿Cómo podía atreverme a hablar con ella después de todo?

Simplemente no podía, así que seguí observando como socorrían a los heridos de entre los cadáveres, mejor dicho, intentando no verlo.

Le  hicieron varias pruebas a Aron, en primer lugar porque no se explicaban cómo podía estar vivo, en segundo lugar porque no se había recuperado por completo. Según las radiografías (o lo que fuesen), tenía un pulmón inútil. No había forma de curarle, pero por suerte su poder compensaba bastante y no iba a suponer un gran problema para que hiciera vida normal. Minhyun a su lado esperaba mientras se recuperaba, con la niña aun en brazos que no se despegaba de ellos.

Mientras Ren seguía inconsciente Baekho se dividía entre la preocupación por él y el dolor por la muerte de Nara, quien fue su única amiga durante tres años. No había palabras de consuelo, pero sus lágrimas reflejaban el dolor de todos. Incluso el mío. Ahora que podíamos “volver a casa” sentía más que nunca la perdida de mis padres. Aun no sabía qué iba a hacer.

– ¡JR! – su vocecita me llamó, y supe al instante quien era. No podía mirarla, y aun así me volteé para verla.

– Alice…

Sonrió. Al igual que siempre, sonrió. Y aunque parecía una sonrisa sincera los ojos se me iban al muñón de su brazo izquierdo.

– Te ves bien. – murmuró.

Aun con la sangre seca sobre mi piel y la suciedad de estos cinco días en almacenes supe que tenía razón, porque estaba de pie, junto a ella, sin ataduras y con la mirada limpia. Yo también me sentía orgulloso por ello.

No supe que responder. Yo no podía decirle lo mismo supongo…

– Siento lo que te hice. Después de todo…

Negó con la cabeza, cortándome.

– No quisiste hacerme daño. – ¿es que eso cambiaba lo que le hice? – Quiero decir… Lo pasé mal, claro, aun ahora no me acostumbro y no creo que me acostumbre en mucho tiempo, pero… sé que no lo hiciste a propósito, sé que lo último que querías es hacerme daño, sé que tú has perdido mucho más en esto que yo. No quiero guardarte rencor…

No sabía qué decirle, ni siquiera sabía qué pensar al respeto.

Le estaba agradecido, claro, por eso y por mil cosas más. Pero… No debía ser tan buena, tendría que odiarme por lo que le hice. ¿Cómo podía empezar a agradecerle todo lo que le debía?

Quería abrazarla. Quería que supiera que valoraba el tiempo que estuvo cuidándome, sus sonrisas, su cariño, quería que supiera que la quería por eso. Pero no podía. La última vez que me tocó perdió un brazo, ¿La asustaría si me acercaba?

Lo intenté, di un paso al frente hacia ella, pero se apartó. Casi inconscientemente retrocedió mientras se encogía sobre sí misma. Luego al darse cuenta bajó la mirada, avergonzada.

– Lo siento… – murmuró  – no te guardo rencor, pero si me asustas un poco…

Sus palabras, igual que su reacción, fueron como una jarra de agua fría. Pero lo comprendía. Le había hecho mucho daño, el muñón en su brazo se lo recordaría siempre. No podía esperar que lo olvidase en menos de una semana.

Lo lamentaba. Lo lamentaba muchísimo. No solo por el daño que le había hecho sino también por haberla perdido.

Pero estaba conmigo. Había venido ella a hablarme y decía que no me guardaba rencor. Eso ya era un gran paso en tan poco tiempo. Tal vez no la había perdido del todo.

Así que simplemente sonreí, manteniendo las distancias.

– Gracias Alice, gracias por todo lo que has hecho por mi…

Me sonrió también. Su sonrisa me recordaba todo el tiempo encerrado, me recordaba a mi madre, y en parte dolía, pero también era reconfortante. Sentí ganas de llorar.

– Creo que hay alguien más que quiere disculparse…

Se hizo a un lado y detrás de ella pude vislumbrar un inconfundible chispazo azul hielo. Se escondió en cuanto la vi, probablemente tan insegura de qué decirme como estaba yo con Alice, pero yo no le guardaba rencor alguno.

– Te encontraron.

Me sentía aliviado. Hacía apenas un par de horas que la habíamos abandonado en almacenes cuando le dije a un guardia donde podía encontrarla, que fueran a buscarla, pero no había sabido nada más. Saber que estaba bien me hacía sentir mejor.

Salió de su escondite, mirándome a los ojos por un instante y luego bajando la mirada al suelo, avergonzada.

– Gracias a ti. – murmuró. Volvió a mirarme, apartando la vista al instante y se mordió el labio, como incapaz de decir algo. Simplemente esperé. – ¿Por qué no me matasteis?

Ya me esperaba la pregunta. Todo el mundo parecía pensar que matar era la solución para todo. ¿Por qué?

– ¿Más muertes? – Señalé a mi alrededor, a las paredes manchadas de rojo, a los heridos, a los cadáveres – ¿No te parece que ya ha habido demasiadas?

– Pero yo… intenté matarte a ti…

No respondí, la miré fijamente. ¿Qué más motivos podía darle? ¿Qué sabía que no quería matarme en realidad? ¿Qué en esos pocos días que compartió con nosotros  le cogí suficiente cariño como para lamentar cualquier cosa que le pasara? ¿Qué me daba miedo perder a más conocidos? Simplemente, había habido demasiados muertos. Aun incómoda me miró de nuevo para murmurar un “gracias”.

Pero no era suficiente. Aunque yo no le guardaba rencor alguno ella no se había perdonado, igual que yo no me había perdonado por lo que le hice a Alice aunque ella si parecía haberlo hecho.

Era realmente incómodo…

Y seguiría siéndolo hasta que aceptáramos lo que habíamos hecho, hasta que aceptáramos nuestros errores, hasta que aceptáramos que no había marcha atrás. No podíamos cambiar lo que habíamos hecho y de algún modo la culpa levantaba un muro entre nosotros.

Pero tampoco queríamos despedirnos así. La voluntad fue más fuerte que la culpa y seguimos juntos intentando derribar esas barreras.

 

Cuando dijeron que iban a operarme no me hizo ni pizca de gracia, tener a esos desconocidos hurgando en mi pierna no molaba, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ese momento su misión había sido curarnos solamente para podernos exhibir nuevamente. Pero que no me hiciera gracia no significa que sea estúpido, no tenía ganas de quedarme cojo por ser un tozudo así que acepté.

Solo había un pequeño detalle que no había tenido en cuenta… “Vamos a sedarte”. Mi primera reacción fue mirarles como si estuvieran locos, la segunda intentar irme de allí. Luego me di cuenta que no podía andar, así que me volví a sentar para pensar en ello. Después de todos estos días intentando evitar que me sedaran, aceptarlo así de fácil… Pero la perspectiva de una operación sin anestesia me daba pánico, estar acostumbrado al dolor no es lo mismo que ser masoquista. Aun así… me daba miedo, dormirme y saber que si les pasaba algo a los otros no me enteraría de nada… saber que si resultaban ser aliados de los guardias  y querían hacerme daño no podría defenderme… tenía esa sensación demasiado integrada.

– No van a hacerte daño, solo se preocupan por ti, de verdad – dijo Samuel mientras yo me comía el coco. Y le creí. Sabía que lo había podido leer en sus mentes y que ellos no podían engañarle. Ese niño me inspiraba confianza así que simplemente asentí y dejé que me pusieran en la camilla.
Pero había alguien más preocupado por todo el tema que yo. Baekho. Lloraba mientras repetía una y otra vez que no me preocupara, que no iba a pasar nada, que él estaba allí conmigo y que fuera fuerte. Estaba histérico y yo ya no sabía que más decirle para tranquilizarle, sabía que probablemente no tuviera nada que ver con mi operación. La muerte de Nara, toda la muerte a nuestro alrededor, la tensión de las últimas horas y días le estaba pasando factura y yo no podía hacer nada más que sonreírle y decirle que no se preocupara por mí, que durmiera un poco, aun sabiendo que era muy poco probable que consiguiera cerrar los ojos.

 

Observé toda la operación en silencio. No me dejaban pasar, pero al final tuvieron que aceptarlo. Hubieran tenido que sedarme a mí también para dejarme fuera. Después de haber visto morir a Nara, a tanta gente, lo último que quería era separarme de Ren.

Era tan guapo… Tan pequeño, tan perfecto… ¿porque le habían hecho tanto daño? A él, a nosotros, a todos… Y ahora querían ayudarnos. Se lo agradecía, claro, pero… No sé, no sabía que pensar. Ni sobre eso ni sobre nada… Había visto morir a tanta gente, había tenido que soportar tanto dolor… ver tanto dolor… ¿Sería capaz de olvidarlo algún día?

Con el tiempo tal vez. Me dije.

Eso no me hacía sentir mejor. Me dolía la cabeza, me dolía horrores. Si me sentaba mi cuerpo era incapaz de levantarse de nuevo. Mis músculos me pesaban, de repente era consciente de cada rasguño, de cada moratón, de las heridas que, aunque superficiales, cubrían todo mi cuerpo. Y solo sentía ganas de llorar. ¿Y porque? Lo habíamos conseguido, habíamos ganado, volvíamos a casa, todo estaba bien. ¿Porque lloraba entonces? No lo sabía ni yo, pero no podía parar.

 

No me dejaron entrar a las instalaciones médicas mientras le hacían pruebas a Aron, me dijeron que durmiera un poco, o fuese a dar una vuelta. Pero me negué a moverme de ahí hasta que él saliera. Ellos se encogieron de hombros y me dejaron en una especie de sala de espera. Me senté con Shinhye sobre mi regazo, ella parecía contenta y jugaba con su osito de peluche.
Tenía miedo de que pudieran encontrarle algo grave a Aron. No había muerto pero le costaba moverse, estaba muy débil. ¿Y si su herida no se había curado del todo? ¿Y si le quedaban secuelas físicas? ¿Y si había revivido sólo temporalmente y estaba a punto de volver a morir? ¿Y si…?
– Omma… ¡Omma!
– ¿Eh?
Poco a poco iba acostumbrándome a que me llamara así… que remedio. La rubia se descojonó la primera vez que lo oyó. Los demás también, pero lo disimularon un poco más.

– ¿Y appa?

– Está ahí dentro… le están haciendo unas pruebas.

No sabía cómo explicárselo. Era demasiado pequeña, apenas debía tener dos años. ¿Podría entenderlo?

– ¿Po qué?
– Bueno… – ¿Qué iba a responder a eso? No se me da bien mentir pero no quería que se preocupara. Dudé unos instantes. – Appa tuvo un accidente, ¿te acuerdas?
Shi… peo ya she curó, ¿no?
– Sí, sí, sólo están haciéndole una revisión. Para asegurarse de que todo está bien.
– Ah…

Parecía convencida. ¿De verdad me había entendido? Volvió a bajar la mirada a su osito; la mía se perdió en algún punto indefinido de la sala mientras mi mente volvía a pensar en Aron, y nos quedamos en silencio.
– Omma… ¿Tú queresh a appa?
No esperaba esa pregunta, me chocó. Shinhye me miraba curiosa, yo le sonreí.
– Sí. Hace muy poco que le conozco pero ya se ha convertido en alguien indispensable en mi vida. Le quiero muchísimo.
Enrojecí un poco al decir aquello, y ella dibujó una sonrisa enorme.
– ¿Y appa te quere a ti?
– Sí, el también me quiere muchísimo.
– ¡Qué bieeeeeeeeeen!
Alzó a Teddy con los brazos y empezó a moverlo, como si bailara.
– ¿Por qué me preguntas eso?
– ¡Shois novios! ¡Shois novios! ¡Y os quereish muchííííííííshimo!
Abrió los brazos en el aire para mostrarme visualmente lo que quería decir con “muchííííííííshimo” y se echó a reír divertida. Me hizo gracia y me reí con ella. Me gustaba esa niña.
– Omma, appa eshtá bien. ¡Yo shé!
Se dio un golpe con el puño en el pecho y levantó la cabeza para demostrar seguridad. Yo la abracé con fuerza, y noté sus bracitos rodeando mi cuello. Realmente había conseguido animarme con sus palabras, con su energía, con su alegría. Esa niña era un encanto.

Pensé que era muy lista y hablaba mucho por la edad que aparentaba. Pero al fin y al cabo la hicieron con material genético de personas con poderes, ¿no? Seguramente esa era la causa. Decidí que no me comería la cabeza con eso.
Cuando rompimos el abrazo, ella me sonreía.
– Gracias, Shinhye. Gracias a ti estoy mejor.
– ¿Shiii? ¡Qué bieeeeeeen!
– ¿Sabes? Quiero a Aron. Pero a ti también te quiero.
– ¡OOOOOOOOOOOOOH! – Me miró, y los ojos le brillaban. – ¿Mucho?

– Muchísimo.
Se levantó de mis piernas y empezó a volar por la sala, emocionada, mientras agitaba los brazos de aquí para allá y gritaba “Yupis” por todos lados.
Me levanté de la silla y di un par de pasos hacia el centro de la sala. Ella inmediatamente vino hacia mis brazos. Aunque podía sostenerse en el aire me había dado cuenta que le gustaba que la cogieran. Y yo me sentía calmado con ella en mis brazos.
– ¿Quieres que juguemos a algo mientras esperamos?
– ¡¡¡Shííííííííííííííííííí!!!

 

Cuando al fin terminaron con todas las pruebas me sentía mareado. Me ofrecieron tumbarme un rato allí, en la enfermería, pero me negué. Quería ver a mi chico, seguro que estaría preocupado. Quería decirle que todo estaba bien.
Me lo encontré nada más salir. Estaba en una salita de espera, sentado en un rincón con Shinhye dormida en sus brazos. La miraba y sonreía con ternura.
Cuando me vio se levantó enseguida, gritó mi nombre con voz baja para no despertarla y corrió hacia mí. Me dio un beso rápido, pero muy dulce. No pude evitar sonreír tontamente.
– ¿Cómo estás? ¿Qué te han dicho? Te han tenido un buen rato ahí…
– Es que no daban crédito a lo que veían. No entendían como podía ser que JR me curara la herida por completo.
Me reí recordando sus caras incrédulas. Per Min no reía, seguía preocupado.
– ¿Pero tú estás bien?
– Sí, no hay de qué preocuparse. El pulmón que me hirieron me ha quedado inútil, pero gracias a mis poderes podré llevar una vida completamente normal. Aunque los poderes… podré usarlos, pero si lo hago me agotaré muy rápido.
– Así… ¿estás bien? ¿No hay peligro alguno?
– Sí, estoy bien…
– ¿Seguro?
– Min, déjalo, vuelves a estar pensando demasiado. Estoy bien, de verdad.
Al fin asintió y me besó de nuevo. ¿Cómo puede pensar tanto siempre? Pero lo hace porque se preocupa por mí, es un encanto.
Caminamos despacio hacia la sala enorme de la entrada, dónde había la puerta abierta. Ya me había pasado el mareo, pero ver los pasillos llenos de cadáveres, algunos desmembrados, otros aplastados, destrozados, hechos pedazos… hizo que me vinieran arcadas. Y a la vez tristeza. Y dolor. Una mezcla de sentimientos desagradables por todo lo que había pasado, por todas las muertes, por todo el daño que habíamos hecho y nos habían hecho a nosotros. Por todos los nervios que habíamos pasado, el miedo, el dolor, la frustración, la impotencia… Todo eso se mezcló en mi mente y recorrió mi cuerpo, tenía escalofríos y sudor fría.
Min también miraba los cadáveres y debía sentir lo mismo que yo. Rodeaba el cuerpo de Shinhye con sus brazos y la pegaba con fuerza a su pecho, con un acto reflejo de protegerla y alejarla de toda esa muerte. Me cogió la manó y la apretó con fuerza. Noté que le temblaba.
Por lo menos las medicinas que me habían dado me permitían moverme mejor que antes. Cuando llegamos a la sala de las puertas quería deshacerme de todas esas sensaciones desagradables y moría de ganas de pasar un rato a solas con Min, bajo la luz del sol. Sabía que a partir de hoy tendríamos muchas oportunidades de estar solos bajo el sol, pero realmente me apetecía.
– Min, vamos fuera.
Le agarré del brazo y le arrastré.
– Espera, ¿y Shinhye?
La niña seguía dormida en sus brazos.
– Ah… pues…
– Dejádmela a mí si queréis. Puedo vigilarla un rato.
El chico pelirrojo se nos acercó con una sonrisa amable.
– ¿No te importa?
– ¡En absoluto!
Min le pasó a la niña, y se despidió de ella con un beso en la frente.
– Gracias.
– ¡De nada! ¡Divertíos! – Nos guiñó un ojo.
Salimos fuera del edificio, y luego fuera del muro que lo rodeaba. Disfrutamos del sol sobre nuestra piel, del aire agitando nuestros cabellos, del olor a hierba fresca. Correteamos por los campos de hierba, nos perseguimos el uno al otro, dimos volteretas, hicimos la croqueta. Jugamos como dos niños pequeños. Como los niños que hacía años nos habían impedido ser.
Al fin nos dejamos caer sobre la hierba, agotados pero sonrientes, y nos tumbamos bocarriba cogidos de la mano. Jugamos a adivinar formas en las nubes y disfrutamos de la sensación de libertad.

Min se puso serio de repente.
– Aron, ¿qué pasará con los niños?
– Pues buscarán a sus familias, supongo… y los llevarán con ellos, ¿no?
– Sí, supongo… – No parecía muy contento con mi respuesta. – Pero Shinhye nos dijo que la hicieron a partir de nuestras células…
– ¿Crees que no tiene padres?
– No sé… Es lo que ella dijo…
– Pero ella es muy pequeña, si se la llevaron recién nacida a lo mejor ni se acuerda. ¿Crees realmente que la crearon ellos así, sin más?
– No lo sé… Es que me preocupa que no tenga a dónde ir…
Min seguía mirando las nubes con expresión pensativa. Me gusta que sea tan protector con todos. Me gusta todo de él. En ese momento estaba muy sexy, tumbado en la hierba con la luz del sol. Rematadoramente sexy… y tierno.
– Te has encariñado mucho con ella, ¿verdad?
– Pues sí. – Sonrió. – Se hace querer.
– No te preocupes, luego lo hablamos con los guardias, o con quién sea y lo arreglamos.
Asintió. Luego rodó un poco por la hierba hasta abrazarse a mi cuerpo. Y yo me abracé al suyo. Y nos quedamos allí, disfrutando de la compañía mutua.
No sé en qué momento su cara estaba tan cerca de la mía. No sé en qué momento sentí su aliento sobre mi boca. No sé en qué momento nuestros labios se rozaron. Sólo sé que nos encontramos besándonos, enredando nuestras lenguas en una lucha apasionada, intercambiando saliva, pegando cada vez más nuestros cuerpos, acariciándonos con pasión.
Dimos un par de vueltas rodando juntos por la hierba, sin romper el beso. Me ahogaba en su boca pero no quería separarme. Sólo dejamos de besarnos un instante que utilizamos para que nuestras camisetas volaran quién sabe dónde.
Sus manos recorrían deliciosamente la piel de mi espalda, luego se metieron descaradas bajo mis pantalones y acariciaron mi trasero. Las mías se enredaban en sus cabellos, cosquilleaban su nuca, reseguían sus costillas y agarraban con fuerza sus muslos. Nuestros pechos pegados, nuestras piernas entrelazadas, nuestras respiraciones ahogadas y acompasadas… Este chico es demasiado para mí… Estaba perdiendo la cabeza…
– ¡Aron! ¡Minhyun!
La voz femenina nos asustó, nos separamos tan rápido como pudimos pero era demasiado tarde. La chica de pelo rojizo acababa de girar la esquina del muro que le había impedido vernos hasta entonces y nos miraba ruborizada y con la boca abierta.
– ¡Yoonjo!
Min sonrió emocionado de verla de nuevo. Ya me contó que se llevaba bien con las chicas de maquillaje y vestuario.
– Yo… ¡lo siento!
Yoonjo se tapó la cara avergonzada, y entonces Min pareció recordar la situación en la que nos había pillado y se puso como un tomate. Y a mí me dio risa, no sé bien por qué pero me pilló tal ataque que no podía levantarme del suelo, daba vueltas como una croqueta soltando carcajadas y aguantándome la barriga con las manos porque me dolía de tanto reír. Ambos me miraban, Yoonjo por entre los dedos de sus manos que cubrían aún su cara. Debían pensar que me había vuelto loco, pero yo no podía parar. Al final les contagié la risa, y los tres nos reímos a gusto. Al menos con eso se alivió la tensión del momento.

Hasta que empecé a notar que me ahogaba. Me costaba coger aire, me costaba hinchar los pulmones. Intenté calmarme y concentrarme para respirar, pero no podía parar de reírme. Me dolían, tanto la barriga como el pecho, pero seguía sin poder parar. Y empecé a toser de forma ahogada mientras me retorcía entre la hierba. Reía, tosía, reía, tosía.

Min me miró preocupado, creo que sin saber muy bien si desesperarse o seguir riendo. Admito que verme así debía ser algo gracioso. Hizo el gesto de acercarse a abrazarme, pero se echó atrás, seguramente pensando que un abrazo todavía iba a hacer más difícil que yo pudiera coger aire. No sabía qué hacer y sólo se quedó mirándome dubitativo, igual que Yoonjo, aún de pie al lado del muro.
Al fin conseguí centrarme un poco y respirar, después de un buen rato de pensar que moría ahogado y arrancar instintivamente un buen montón de hierba, que la brisa suave alejaba de nosotros. Ahora entendía las consecuencias de tener un pulmón inútil y me asusté un poco, debería tener cuidado.

Al fin tuve aire suficiente para hablar y recuperé la serenidad. Seguí hablando ignorando lo que había pasado.
– Ven, Yoonjo, prometemos no hacer nada más.
Ella se acercó y se sentó a nuestro lado mientras nosotros recuperamos nuestras camisetas, que habían quedado manchadas de hierba, y nos las poníamos. Min estaba aún sonrojado, estaba muy mono.
– Siento… la interrupción. Pero debo decir que no habéis elegido un buen lugar para eso – nos dijo divertida.
– Ya… lo sentimos. Habíamos salido a pasear, no teníamos intención de hacer nada pero… Ya ves, somos débiles con eso.
Se rió con mi explicación. Min estaba pensativo.
– Yoonjo dime, ¿están bien Yooyoung y Ara?
– Sí – sonrió. – Ninguna de las tres estaba cerca de la batalla, ni de los lugares por los que habéis pasado. No nos ha pasado nada.
– Qué alivio…
Ahora sí, Min sonreía contento. Realmente se preocupa por todas las personas que le importan.
Entonces recordé que Yoonjo había venido llamándonos. Y me preocupé.

– Yoonjo, ¿por qué nos buscabas? ¿Ha pasado algo?
– Ah, es Shinhye. Ha despertado y no para de llorar. Dice que la habéis abandonado.
Min y yo nos arreglamos la ropa y el pelo, y los tres entramos de nuevo en el edificio. Cuando Shinhye me vio salió volando de los brazos del chico pelirrojo y se lanzó a abrazarme, con la carita roja y los ojos llenos de lágrimas.

– ¡Appaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Ommaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
– ¡Shinhye!
– ¿Po qué no estábaish? ¡Yo eshtaba solita!
Levantó su cabecita para mirarme con un enorme puchero. Yo le sonreí para tranquilizarla y con un dedo sequé las lágrimas de sus mejillas.
– Lo siento, pequeña. Omma y yo fuimos a ver el sol, y como tú dormías con esa carita tan bonita no queríamos despertarte.
– ¡Oh! ¿Yo boñita?

– Sí, tú eres muy muy bonita. Eres una pequeña princesa.

Le revolví el pelo y ella me dedicó una sonrisa enorme. Sus mejillas rojas eran lo único que quedaba de su llanto. Me sentí contento.
Mientras jugaba un poco con Shinhye vi a Min hablando efusivamente con Ara, Yooyoung y Yoonjo. Las abrazó a las tres, ellas también parecían contentas de verle y de comprobar lo bien que se movía ahora.
– Appa. Omma esthá malo. Tene mordidura en cuello.
Entonces me fijé en la marca roja que le había dejado minutos antes. Ups. ¿Qué iba a decirle a un bebé?
– No, eso no es una mordida, verás… es que le ha picado un… una ortiga, eso. ¿Sabes qué son las ortigas?
Ño…
– Son unas plantas que pican si las tocas.
– Ah… Omma no vigila… ¿Appa cuida omma?
– Claro. Le cuidaré siempre.
Sonrió de forma tierna.
– Omma esh guaaay. Appa también.
Me quedé mirando como abrazaba a Teddy entre mis brazos, y jugaba con él. Con esa expresión tan dulce, inocente y amable.

 

Ren dormía y Baekho seguía llorando. Me había acercado para intentar animarle un par de veces, pero ni siquiera sabía por qué lloraba.  Felicidad, tristeza, amargura, cansancio. Más que nada de cansancio. Aguantó toda la fuga como un héroe, pero cuando todo terminó se desmoronó y toda la tensión le pasó factura.

Suponía que se le pasaría descansando un rato, viendo a Ren recuperado y saliendo al fin de ese edificio de pesadilla.

La verdad es que en ese momento, teniendo las puertas abiertas resultaba difícil resistir a la tentación de echar a correr hacia el sol, hacia el viento, hacia ninguna parte, y no volver.

Pero aún había cosas a hacer.

Las pruebas que le realizaron a Aron (de cuyos resultados tuve que enterarme por la jefa del personal médico) eran… relativamente buenas. Un pulmón le había quedado atrofiado. Permanentemente. La parte buena es que seguía vivo, cosa que aún nos parecía un milagro a todos, y que con su poder apenas iba a notar la debilidad.

Empezaba a darme cuenta de que éramos especiales, por algo más que nuestros poderes.

Mientras él y Minhyun se perdían a solas en el exterior (no quería ni pensar en lo que estarían haciendo) y Ren seguía inconsciente yo seguí pasando rato con Alice y con Lime. Había tensión entre nosotros. Alice no se sentía cómoda cerca de mí aunque insistiera en qué sí y estuviera cuidándome constantemente. Se tocaba el muñón a menudo, y cada vez que lo veía una punzada de culpa atravesaba mi corazón. No podía hacer más que ignorarlo, intentar ayudarla en todo lo que pudiese y esperar.  

Y Lime… Lime no se había perdonado. Al igual que muchos otros guardias su mentalidad estaba cambiando ahora que la versión oficial ya no era que éramos monstruos peligrosos. Ahora ganaban los que nos consideraban humanos con derechos y ella, al igual que muchos otros, estaba aprendiendo a pensar de otro modo.

Pero no era solo eso. Había algo más entre nosotros. Algo más que creaba tensión. Y no era precisamente malo. No tenía muy claras sus intenciones ni qué sentía yo al respeto, al fin y al cabo era varios años mayor que yo. Pero había algo. Cada vez me sentía más cómodo a su lado, y me alegré muchísimo de que, fuese lo que fuese lo que pasó en almacenes, no fuese a más.

Casi podía oír en mi mente los insultos y reproches que me habría lanzado Ren de haber estado consciente, diciéndome que como podía confiar en ella después de todo. Pero… No podía hacer nada para alejarme.

 

Pasé unos minutos intentando situarme antes de ser consciente de donde estaba, de recordar que había pasado. Mi cuerpo se sentía ligero, como entre algodón. Era una sensación que conocía muy bien, la de los efectos de los sedantes, así que por un momento me asusté, abriendo los ojos de golpe con el miedo de verme otra vez en mi celda. Por suerte no había espejos ni grilletes en ninguna parte, solo camas de hospital y un par de personas cerca de mí. Localicé la primera, Baekho, sentado a mi lado cogiéndome la mano con cara de un alivio infinito al verme despierto. Parecía un poco más tranquilo de antes pero se notaba que había llorado mucho y que seguía sin dormir, mi tigre…

La segunda persona era Samuel, el niño, de pie cerca de la puerta, pero que se acercó al verme despierto. Iba a sentarse al lado de Baekho cuando frunció el ceño, cambió de dirección y se sentó al otro lado de mi cama, lo más alejado posible de mi chico.
– ¿Qué pasa? – pregunté con voz ronca y aun adormilada – ¿Es que le tienes miedo a Baekho? – No entendía el porqué de su reacción
– Su mente es un caos, me da dolor de cabeza… me gusta más la tuya – respondió como si fuera lo más normal del mundo.

Eso hizo que tuviera aún más curiosidad por ese chaval, por su poder. Me intrigaba mucho. Aun siendo un niño se había comportado con sorprendente tranquilidad en las últimas horas, intentando disparar, proteger a la cría, sin perder los papeles por muy asustado que estuviera.
– Oye, ¿Cómo funciona tu poder? – le pregunté al final – ¿puedes leer…toda la mente? Rollo recuerdos y eso ¿o solamente lo que estamos pensando en ese momento?
En el fondo me inquietaba un poco que pudiera ver todos mis recuerdos, incluían demasiada violencia para él y también ciertos…sueños y pensamientos no adecuados para su edad. Él se rio ligeramente y me di cuenta, demasiado tarde, que si antes no podía leerlos al pensar en ellos se lo había mostrado con toda claridad. Mierda.
– Solo lo que estás pensando en este momento, no te preocupes que no soy un cotilla.
Seguimos hablando un buen rato de sus poderes, de Shinhye, de cosas vergonzosas que había conseguido leer de los guardias que no habían aprendido a controlar sus pensamientos cerca de él. No hablamos de nuestras familias, del miedo que habíamos pasado, todavía era demasiado doloroso. Baekho apenas participaba en la conversación, solo escuchaba, pero si eso conseguía distraerle un poco por mí ya estaba bien.
– Vaya cara tienes rubia, estas más pálido que un muerto – dijo Minhyun entrando en la habitación con su inseparable novio y seguidos por JR.
– Me acaban de abrir la pierna para colocarme un hueso, subnormal.
Los dos nos reímos y se sentaron a los pies de la cama pues no había más sillas.
– Ahora en serio ¿Cómo estás?
Tuve que pensarlo unos segundos antes de responder
– Bastante bien, no me duele la pierna  pero estoy bastante atontado todavía por los jodidos sedantes.
– Pensaba que a estas alturas ya serías inmune o algo.

– ja, ja, ja – vale, en el fondo tenía razón, me habría parecido hasta normal que no me hiciera efecto el sedante después de tanto tiempo
– Vamos, no te preocupes – intervino Aron – en seguida que puedas tienes que salir a ver el exterior, hace un sol precioso
El sol. El aire. Tenía que verlo.
Me destapé corriendo y me puse de pie apoyándome en la pierna buena pero cuando iba a dar un paso me di cuenta que las paredes daban vueltas y que me caía. Por suerte mi chico estaba cerca y me cogió antes de que me volviera a romper la pierna por subnormal.
– ¡Rennie! ¡No puedes ir andando tal cual! – me riñó mientras me obligaba a sentarme en mi cama otra vez – Las enfermeras han dicho que tenían una silla de ruedas para cuando despertaras, la iremos a buscar
– No soy un inválido, no voy a ir en silla de ruedas.
Eso sí que no, aún tenía un mínimo de dignidad joder.
– ¿Y unas muletas? – Dijo JR – Seguro que Alice puede encargarse de encontrar unas por aquí…
¿Alice? ¿Estaba llamando a un despreciable guardia por su nombre?
– No voy a usar nada que lo traiga un guardia, seguro que son defectuosas para que me caiga otra vez – aunque la idea de unas muletas pintaba mucho mejor…

JR suspiró con la misma resignación de cuando un niño pequeño es muy tozudo.
– Alice no es guardia, es enfermera y te prometo que la persona más buena que he conocido nunca, en serio Ren.
– ¿Es la rubia del pelo largo? – Preguntó Samuel, JR asintió  y él se giró hacia mí – tiene razón, hace tiempo que no pero había venido un par de veces y tiene una mente muy…apacible, inocente, es rara pero dudo que fuera capaz de hacerle daño a una mosca.
– Rennie, o muletas, o silla de ruedas, o no te levantas de la cama – insistió mi novio con cara de agotamiento.
– Está bien…  – me rendí finalmente y JR sonrió y salió un momento de la sala – en un rato las tendrás aquí.
Poco después entró la doctora Jang, parecía ser una especie de jefe o alguien muy respetado allí.
– Vaya, te veo muy despierto Minki – arrugué la nariz al oírla llamarme por mi nombre, solo se lo permitía a mis padres o amigos de infancia y ahora a Baekho, no a una desconocida
– Llámame Ren, no Minki – puso cara de desconcierto pero asintió sin preguntas
– Está bien, Ren – revisó los papeles – te has recuperado aún más rápido de lo que esperaba aunque ya debería estar acostumbrada supongo, vuestra resistencia y capacidad de recuperación es mucho más alta de lo normal, supongo que una nunca termina de asumirlo.
Hizo una pausa y nos miró a todos con una mezcla de admiración y curiosidad.
– La verdad es que la mitad de vosotros deberíais estar muertos o prácticamente, es increíble…
– No creo que sea solo eso… – intervino Minhyun pensativo – puede que nuestros poderes nos hagan más resistentes pero sólo con eso no estaríamos aquí, lo que ha hecho que lleguemos hasta aquí es nuestra fuerza de voluntad, las ganas de vivir, sin ellas no hubiéramos luchado hasta el final, nos habríamos rendido hace mucho tiempo.
– Probablemente tengas razón, no solo sois más resistentes sino también más resilientes…
– Resi… ¿Qué? – preguntó mi chico con cara de que le estuvieran hablando en chino.

– Resiliencia. – repitió JR.

– ¿Eso no era una propiedad de los metales? – pregunto Aron. Minhyun se partió de la risa con ello,  y la doctora también se rio, los demás, excepto JR por lo que parecía, tampoco teníamos ni idea. A mí me sonaba la palabra pero no habría sabido explicarlo, supongo que llevaba ya demasiado tiempo sin estudiar ni ir a clase como para recordar un concepto que había oído un par de veces.
– Resiliencia, es la capacidad de levantarse después de caer, de seguir adelante y no rendirse. – explica la doctora – y creo que el termino también se aplica a según que materiales en ingeniería…
– Aaaaaah…
No me quedé a seguir la conversación sobre los geniales que somos porque llegó la rubia esa con un par de muletas en un brazo, le faltaba el izquierdo. A la altura del codo tenía un muñón. Entonces recordé de que me sonaba el nombre de Alice, JR le había desintegrado un brazo… No sabía si admirarla por ser capaz de hablar con él y perdonarle, preocuparme por si era todo un truco (aunque según Samuel ella no era así por lo tanto me fiaba bastante) o preguntarme como podía ser tan boba para perdonar algo así. Pero la verdad es que no importaba demasiado, cogí las muletas y salí corriendo de la sala para ver el sol, por fin.

 

Seguía a Ren. Avanzaba a trompicones por las muletas, pero no se detenía, le veía en el suelo, y me ponía nervioso.

– ¡Rennie!  – le llamaba persiguiéndole – ¡Rennie vigila!

Se detuvo, solo para preguntarme la dirección. No recordaba donde estábamos.

– Hacia la izquierda. – Yo también quería salir. Y tampoco es como si pudiese detenerle. – pero ve más despacio ¿vale? Con cuidado. – le suplicaba, y él me miraba triste – Vamos juntos.

Asintió, seguimos juntos.

Le miraba preocupado mientras casi saltaba para seguir avanzando. Una pierna rota… Decía que no le dolía, pero no era posible, solo unas horas antes se había desmayado por el dolor. Cuando se le pasara el efecto de los calmantes sería horrible. No quería que sufriera.

En la gran sala la gente nos miraba y nos saludaba. Ren les ignoró a todos y siguió hacia el exterior, hacia la luz.

Y cuando salimos fuera la luz del sol nos bañó. La sentía contra mi piel, contra mis parpados cerrados. El ruido de las cigarras tan propio del verano. Bajo nuestros pies la carretera, de asfalto ardiente calentado por el sol del mediodía. A lado y lado zonas de tierra para coches, un poco más allá, tras un pequeño muro, hierba y árboles.

Libertad.

Volvía a sentir ganas de llorar.

Rennie se detuvo solo lo suficiente para respirar y decidir que quería ir más lejos. Siguió carretera abajo, y por un momento sentí miedo de que pensara irse por patas sin más. Pero al llegar a la zona de hierba se detuvo y, simplemente, se dejó caer al suelo, con una sonrisa de ángel en sus labios de corazón.

Hermoso.

De nuevo quería llorar.

Mi ángel de luz bajo el sol, mi ángel de luz ya era libre.

Me arrodillé a su lado y le abracé, llorando de nuevo.

– Baek… – me abrazaba, me acariciaba, intentaba consolarme, yo ni siquiera sabía porque lloraba – ya pasó todo… somos libres…

Libres… Después de todo, lo habíamos conseguido. Pero no importaba. Bueno, sí, era feliz por Ren, verle disfrutando de esa libertad que tanto quería, por Minhyun y a Aron, al fin juntos, sin presiones sobre ellos, sin nada que les impidiese disfrutar el uno del otro, por JR, que tanto había sufrido, que tnto había perdido. También me alegraba por mí. Volvería a casa, volvería a ver a mis hermanitos, volvería a abrazar a mis padres, a correr por el jardín de nuestra casa. Volvería a ver la silueta de la isla mientras llegaba en el ferry, el caminito de tierra que llevaba a casa, volvería a oír a mi madre cantar, volvería a ver a mis hermanitos jugar y pelearse.

Pero ya no serían bebés.

Habían pasado más de tres años. Me fui de casa con casi catorce y volvía con diecisiete. Pero yo no era el único que habría crecido. Mis hermanos eran apenas unos mocosos cuando me fui, ahora los tres irían ya al colegio. ¿Me reconocerían?

Pero ¿qué más daba todo eso? Ni siquiera sabía si quería volver.

Sí, si quería volver. Claro que quería volver. Pero volver significaba separarme de Ren…

No era mucha distancia. Él en Busan y yo en Jeju. No era tanto. Internet y los móviles, (que deberían comprarme uno nuevo) nos permitirían comunicarnos sin problema pese a la distancia, sería incluso más fluido que cuando nos mandábamos aviones de papel, parece que hace ya una eternidad de eso, pero se siente como volver atrás…

Y eso no era nada, Minhyun y Aron estarían en América…

¿Porque todo me daba ganas de llorar?

Ren me miraba, me sonreía para que dejara de llorar. Secó mis lágrimas con su mano y se acercó a besarme un segundo.

Sus labios, tan cálidos, tan suaves, tan dulces. Era una sensación a la que no me había acostumbrado, no creía que pudiera acostumbrarme nunca, cada vez que me rozaba me daba un vuelco el corazón. Me sentía cálido, lleno, bien.

Y seguía llorando. Porque le amaba.

– Dios, estás destrozado. – al separarse reía, debía tener un aspecto patético.

– Me duele la cabeza – intenté justificarme.

– ¿Porque no intentas dormir un poco? Ahora que ya ha pasado todo…

Estaba seguro que si dormía tendría pesadillas. Me vino a la mente Nara, que ahora dormía ya para siempre. ¿Porque había pensado en ella? Le abracé placándole y quedamos tumbados los dos sobre la hierba. Iba a replicar, pero antes de darme cuenta me quedé dormido.

 

Realmente no creía que fuera a dormirse tan rápido cuando se lo sugerí, no era como había esperado pasar nuestras últimas horas juntos, pero era lo que él necesitaba; descansar y olvidarse por un rato de las muertes que nos rodeaban.

Así que simplemente deje que me usara de almohada y me dedique a observarle con tranquilidad mientras le acariciaba el pelo y la espalda; era la primera vez que podía verle bajo la luz del sol, que podía dedicarme simplemente a contemplarle sin tener que estar alerta a cualquier sonido o movimiento sospechoso, que podía dedicarlo a nosotros.

Objetivamente Baekho no es un chico guapísimo, no tiene una belleza de esas que hace que las chicas del instituto se enamoren a su paso como podría ser JR, pero tiene algo. Me dedique a analizar y reseguir con el dedo sus facciones buscando que era eso que me hacía verle tan irresistible, tan perfecto, como el hombre más guapo del planeta. No tenía nada en especial pero hubiera podido pasarme horas observándolo dormir, por fin sin fruncir el ceño ni con esa mirada de alguien que ha visto tanto sufrimiento que no puede ni expresarlo con palabras, estaba simplemente tranquilo, como un niño pequeño.
Finalmente yo también cerré los ojos, dejando caer mi cabeza sobre la hierba, dejando que mi respiración se ralentizara hasta acompasarse con la de mi tigre durmiente.

Y entonces, por primera vez, me permití pensar en nuestro futuro, un futuro que ya no era un “quizás” un “cuando”, era un “ahora”. Era obvio que Minhyun se iría a EEUU con Aron y tenía pinta de que iban a terminar llevándose también a la cría a no ser que encontráramos a sus padres, JR… no sabía que iba a hacer ahora; no tenía familia ni un lugar donde ir, supongo que alguno de nosotros podría acogerle pero… ¿Quién? ¿Minhyun y Aron? Seria gracioso…. Pero no, ni idea. Y nosotros… ¿Qué pasarían con nosotros? Ahora que me había acostumbrado a verle las 24h del día (aunque no fuera en unas condiciones muy favorables) se me haría muy extraño poder hablar solamente por internet, aunque Skype haga maravillas. ¿Cuándo podríamos volver a vernos? Esperaba que pronto, y no solo porqué iba a echarle de menos, había una cosa que había quedado pendiente…. El sexo. No estábamos en condiciones ni me había parecido nunca buena idea ponerse a follar entre las cajas como hacían ese par, pero eso no significaba que no tuviera mis necesidades… Y esa era otra de mis preocupaciones, Baekho no parecía tener ninguna prisa y empezaba a preguntarme si tan siquiera se lo había planteado. En fin, empezaba a comerme el coco demasiado así que opte por dejar de pensar en cosas que no tenían una solución inmediata y aprovechar ese sol y buen tiempo que tanto había deseado.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando oí unos pasos que se acercaban y me incorporé inmediatamente intentando no despertar a Baekho pero suspiré aliviado al ver que solo era Samuel, pero había algo raro en su actitud.
– Eh, ¿a qué viene esa cara tan seria Samuel? – me preocupaba que hubiera podido ver algo demasiado desagradable y ahora estuviera traumatizado.
– Ah, yo… estaba bloqueando mi poder –le miré sorprendido.
– ¿Y eso porque?
– Por si acaso, para no oír cosas… innecesarias, ya he tenido suficiente con esos dos pervertidos…
Me reí aliviado al ver que no era nada grave, o no tan grave como esperaba, a ver si se controlaban más delante del pobre chaval. Él sonrió y relajó la mirada, probablemente dejando de bloquear nuestros pensamientos.
– No te preocupes – respondió Baekho que justo acababa de abrir los ojos – no encontraras  nada de eso en nuestras mentes.
Me quedé sin palabras al oírlo, ¿nada de nada? ¿Ni un poquito? ¿Me había tocado un novio puritano y completamente inocente? Yo sí que tenía un par de ideas interesantes en mente… y esta vez fue Samuel quien se echó a reír. Mierda, ¡lo había oído!

Le dediqué una mirada suplicante que se podría traducir con un “no me delates, por favor”. Por suerte asintió levemente mientras reprimía la risa.
– Por cierto ¿querías algo en especial? – Pregunte para cambiar de tema al ver que Baekho nos miraba con cara de no entender nada.
– ¡Ah, sí! Me han dicho que os venga a buscar, que los guardias quieren hablar con todos vosotros para enseñaros algo.
Nos levantamos y nos quitamos los restos de hierba de los pantalones mutuamente.
– Enseguida vamos
Samuel empezó a caminar de vuelta al gran edificio y nosotros le seguimos unos pasos por detrás.
– ¿Estas mejor ahora? – le pregunté a Baek mientras le cogía de la mano
Asintió con una leve sonrisa
– Si, gracias, no te preocupes.

El guardia de las gafas, el mismo que había actuado de líder desde qué se abrieron las puertas, nos reunió a todos frente a las imponentes puertas metálicas. Nunca había podido acceder allí mentalmente por el blindaje, y debía admitir que sentía una ligera curiosidad. Tampoco es que me muriera de ganas de entrar, tenía bastantes sospechas de lo que hacían ahí dentro.

– ¿Qué hay ahí? – Preguntó Minhyun cuando llegamos.

– Los laboratorios – Respondió el guardia. – Me parecía que debíais verlos antes de irnos.

Hizo una pausa. Pensé que las puertas se abrirían, pero al no ser así supuse que quería que le preguntásemos.

– ¿Qué hay dentro?

Carraspeó, confuso, y se giró hacia otro de los presentes. Eran cuatro, entre ellos la médico que había operado a Ren, y puesto que sus uniformes eran algo diferentes que los del resto del personal supuse que serían los jefes de cada grupo. Guardias, Médicos, Científicos y Personal de Comunicaciones.

– No estáis aquí solo para exhibiros – habló el científico, uniformado con una bata azul oscuro. – Estábamos haciendo pruebas con vuestros poderes, aislamos los genes que lo contenían, pudimos sintetizar la hormona artificialmente y… – Sacudió la cabeza, yendo al grano. – creamos “objetos”. Explosivos y luces con el poder de Ren, sondas con el de Baekho, drogas de dopaje con el de Aron, etcétera. Y también… – apartó la vista al suelo, como abochornado, el guardia le insistió y él siguió, toqueteándose la oreja. – también intentamos reproducirlo. Darles vuestros poderes a otras personas. En algunos casos funcionaba, pero dejaba de tener efecto a las pocas horas ya que su cuerpo no podía segregar más hormonas, y en muchos casos los resultados fueron… – Reprimió una mueca de asco, que fue más que obvia. – No fueron las esperadas. Así que optamos por “crear” gente con vuestros poderes, a partir de vuestros genes.

Hizo otra pausa, esta vez esperando una reacción por nuestra parte. Mis conocimientos en ciencia en general eran escasos y bastante olvidados, pero aunque me hubiese perdido unas cuantas veces en su charla intuía por donde iba el asunto.

– ¿Pero eso es legal? – Preguntó JR horrorizado.

– ¿Tú crees que algo de lo que hacen aquí es legal? – replicó Minhyun medio riéndose.

El científico se apresuró a justificarse toqueteándose la oreja.

– Estas prácticas causaron bastantes problemas éticos en el equipo, pero seguíamos órdenes al fin y al cabo.

“Como todos” dijo una vocecita en mi cerebro.

– ¿Entonces están… “creando” niños con nuestros genes? ¿Cómo si fuera inseminación artificial?

– Con óvulos de donantes, sí.

– Entonces Shinhye… ¿realmente es hija nuestra?

– Contiene el material genético de Aron y Baekho, suponemos que su poder ha derivado de la mezcla de ambos.

Todos se giraron a mirarnos al instante. Si había comprendido bien hasta el momento… ¿Tenía una hija con el enano??? Eso era más de lo que mi mente podía procesar.

A los otros tres les faltó tiempo para partirse de la risa. Ren cayó al suelo, y ni siquiera el dolor de intentar recostarse en la pierna mala impidió que siguiera riendo.

Por nuestra parte Aron y yo cruzamos una mirada que prometía que nunca volveríamos a sacar el tema.

– ¿Y Samuel? – Preguntó Minhyun cuando se le pasó la risa.

– Samuel es un caso un poco diferente – explicó la médico. – el poder es originalmente suyo. De hecho le exhibimos durante un tiempo, pero por más impresionante que fuera a la gente no parecía gustarle que le leyera la mente, aparte de que era muy pequeño. Decidimos destinarle solo a la investigación, pero sufría terribles jaquecas después de cada prueba y la presencia de la niña le calmaba, por eso está con ella.

– Eh – exclama JR dirigiéndose a mí – Igual que tu voz me calma a mí. Creo que puedes estar orgulloso de vuestra hijita. – y volvieron a reírse. Sinceramente, no le encontraba la gracia. Una hija. ¡Tenía diecisiete años! Y encima con el enano ese… Había visto cosas raras en mi vida, pero eso… en fin, estaba dispuesto a borrar ese pedazo de información de mi mente.

– ¿Y hay más bebés como ella? – Pregunté.

– Fetos solo. – Siguió explicándonos el científico aun tocándose la oreja. Ese maldito tic empezaba a ponerme de los nervios. – Setenta y ocho que no hayan fracasado aun. Shinhye fue más una casualidad que un logro científico, La mayoría mueren.

– Queríamos preguntaros vuestra opinión antes de hacer algo al respeto. Son hijos vuestros al fin y al cabo…

Gracias por recordárnoslo…

– Destruidlo todo. – Soltó Ren sin más.

JR se giró, aterrado ante esa idea, pero fue Minhyun quien respondió, con voz aguda y los ojos como platos.

– ¿Qué?

– ¿Qué quieres hacer si no? – insistió Rennie.

– ¿Porque no? – respondió Aron tras pensarlo unos instantes – Parece la solución más fácil.

Asentí. Realmente no veía otra solución, y como menos pensásemos en eso mejor. Aunque odiase darle la razón al enano…  “Al padre de mi hija” susurró una vocecita en mi cabeza. Demonios, ¡cállate!

– Pero… – JR seguía confuso, asustado – destruirlo todo… ¿los bebés incluidos? Son vidas, ¡no podemos destruirlo así como así!

Estaba claro que no le gustaba la idea, pero se notaba que Minhyun también empezaba a asumir que era la mejor solución y los cuatro “jefes” o quienes fueran parecían de acuerdo.

No era una solución agradable, no era una solución ética. Pero era fácil y rápida, una solución para no pensar mucho en ello. Últimamente parecíamos acostumbrados a ese tipo de decisiones.

– JR – llamé su atención para intentar convencerle. – Tenemos apenas unas horas. ¿Hay alguna otra solución?

Dudaba, buscando algo desesperadamente.

– Podemos simplemente dejarles aquí…

– ¿Y que sigan jugando con nuestros poderes? – espetó Ren. – No, gracias, ya se han divertido suficiente.

– Pero…

– No pienses en ello ¿vale? – le cortó Minhyun con una mano sobre su hombro. – Vamos a destruir todos esos chismes que han hecho con nuestros poderes. Para que no hagan daño a nadie con ellos. Concéntrate en eso.

Seguía sin aceptarlo, ni que a mí me pareciera bien, pero el consejo de Minhyun era bueno. No pensar en ello, parecía lo mejor.

Pero no, para JR no era suficiente. Se pasó las manos por el pelo, estresado. Y suspiró, levantando la vista a mirarnos otra vez.

– ¿A todos os parece bien?

Bien… precisamente bien no, pero si lo mejor.

Asentimos.

– Pues vale.

Dejamos el resto en manos del personal de allí, y como parecía que no teníamos nada más que hacer empezamos a prepararnos ya para irnos.

 

Una vez decidido lo de destruir los laboratorios nos encaminamos de nuevo hacia la sala dónde había las puertas, sin saber muy bien qué haríamos allí. Hablábamos de lo ágil que caminaba Ren con las muletas, de lo estropeada que nos había quedado la ropa tras la fuga, de lo bonito y caliente que era el sol… Temas absurdos para intentar no hablar de los fetos de nuevo, queríamos olvidarnos de ellos. Aunque no hubiera otra solución que destruirlos, pensar en eso nos removía las tripas.

Min no había dicho una palabra desde que habíamos marchado de los laboratorios. Sólo caminaba a mi lado, en silencio, con la mirada perdida en el suelo. Ni siquiera me miró, ni sonrió cuando le cogí de la mano. Solamente me la apretó con fuerza entre sus dedos y noté que le temblaba ligeramente.

Me detuve de golpe.

– Chicos, id tirando. Min y yo tenemos que hablar de algo, ahora venimos.

Todos me miraron extrañados pero asintieron sin decir nada y siguieron andando.

Min me miraba sin comprender. Lo arrastré de la mano por los pasillos laberínticos, giramos un par de esquinas y nos metimos en un despacho vacío.

– Aron, ¿qué pasa?

Le solté de la mano y me giré para mirarle.

– Eso querría saber yo. ¿Qué te pasa?

No me respondió, sólo me apartó la mirada y se mordió el labio.

– ¿Es por lo de los laboratorios?

– Sí… – Al fin volvió a mirarme a los ojos.

– ¿Por destruir los fetos?

– Ajá…

– Pero… si has dicho que te parecía bien. Incluso has insistido en convencer a JR para que aceptara…

A veces me cuesta tanto entenderlo… ¿Por qué lo hace todo tan complicado?

– Lo sé… Lo he hecho porque sabía que no había otra opción posible. Me convencí a mí mismo que era lo mejor… Pero no puedo dejar de pensar en Shinhye. Era una de ellos, era como ellos… Si la hubieran hecho más tarde ahora podría estar entre ellos y nunca nacería…

Me acerqué a él, puse mis manos en sus hombros y lo miré a los ojos.

– Min, deja ya de torturarte. Sí, ellos son como Shinhye, pero no son Shinhye, son personas diferentes. Shinhye está jugando con Samuel y Yooyoung, está bien.

– Sí pero…

– Olvídate de los fetos, nunca llegarás a conocerlos. Hemos matado a muchas personas para llegar hasta aquí. Piensa que son unas víctimas más, que no hay nada que podamos hacer por ellos. Y que Shinhye saldrá de aquí sana y salva.

Al fin Min asintió despacio y me tranquilizó haberle convencido. Pero vi en su cara que todavía había algo que le rondaba la mente, algo que no estaba bien. Y esta vez creí que sabía qué era.

 

¿Por qué le doy tantas vueltas a las cosas? Sé que es inútil pensar tanto, que sólo me trae dolores de cabeza y malestar y que no me aporta nada bueno. Pero no puedo hacer nada para remediarlo. Pienso las cosas una vez y otra, cuando algo me carcome no puedo sacármelo de la cabeza. Siempre me pasa lo mismo.

Con lo del laboratorio, por mucho que supiera que no había opción, se me comían los remordimientos pensando que la pequeña Shinhye podía haber estado entre ellos. Las palabras de Aron me tranquilizaron. Supongo que en realidad sólo necesitaba que alguien me dijera que habíamos hecho lo correcto. Alguien que lo viera claro, que no dudara. Yo soy demasiado inseguro.

Eso es algo que me gusta mucho de Aron. A veces se precipita y quiere ir demasiado rápido, pero tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y cuando decide algo, o sabe que no hay otras posibilidades, tira adelante sin dudas y sin remordimientos. Ojalá yo tuviera aunque sólo fuera un poco de esa seguridad…

Pero todavía había algo que daba vueltas en mi cabeza y me preocupaba. Aron lo notó. Y me sorprendió que adivinara exactamente lo que en ese momento pasaba por mi mente. Me conoce demasiado.

– ¿Por qué no nos la llevamos?

– ¿Eh?

– A Shinhye. Pensabas en ella, ¿no? Pensabas que no tiene padres, que nosotros somos sus padres, y que por lo tanto no tiene un hogar a dónde ir.

Me quedé boquiabierto. Sí, realmente estaba pensando en eso.

– ¿Cómo lo has…?

Me sonrió divertido.

– Eres mi novio. Empiezo a conocer cómo piensas.

Le sonreí ligeramente. Eso me pareció tierno. Ni siquiera había asimilado su propuesta.

– Así, ¿qué dices? ¿Nos la llevamos a Los Ángeles?

Entonces recapacité el significado de sus palabras y abrí mucho los ojos.

– ¿Que nos la llevemos? ¿Pero cómo…?

– Bueno, es nuestra hija al fin y al cabo, ¿no? En cierto modo…

Se sonrojó, seguramente recordando al igual que yo que en realidad es hija suya y de Baekho. Tuve que reprimir una risita burlona antes de ponerme serio de nuevo.

– Pero Aron, ¡tengo 17 años! Y tú 19. ¿Cómo pretendes mantener un bebé? No tenemos dinero, dejamos los estudios a medias… Ni siquiera podemos mantenernos a nosotros mismos…

Caí en la realidad, ninguno de los dos tenía recursos. Hasta ahora había intentado no pensar en eso, sería algo en lo que ya pensaríamos cuando saliéramos de aquí. Y ese momento había llegado.

– Tranquilo, mis padres tienen dinero. No son ricos pero tampoco van justos ni mucho menos.

– ¡Pero no quiero que tengan que mantenerme!  Mis padres siempre me han dicho que debía valerme por mí mismo, que no querían inútiles en la familia, que si no llegaba a ser nada en la vida me echarían…

Me cogió suavemente de la mano y empezó a acariciarme con ternura el brazo y a juguetear con mis dedos. Habló con voz suave.

– Vamos, sabes que mis padres no son como los tuyos. – Me miró de reojo inseguro, temiendo que hablar de mis padres me hiciera sentir mal. Puse buena cara para que viera que no me importaba. – Además, haremos cosas. Estudiaremos, trabajaremos, será como empezar una nueva vida lejos de esto.

– ¡¿Y si trabajamos y estudiamos cómo vamos a cuidar de Shinhye?! ¡Sólo tiene dos años!

Aron estuvo unos momentos en silencio y sin soltar mi mano desvió la vista al suelo. Sonrió con un poco de melancolía.

– ¿Sabes? Soy hijo único pero mis padres siempre han querido tener otro hijo. Cuando yo nací, mi madre tuvo una hemorragia bastante grave durante el parto. Tuvieron que quitarle el útero para que su vida no corriera peligro. Así que no pueden tener más hijos. Pensaron en adoptar, pero los trámites son muy complicados y cuesta mucho dinero. Siempre decían que los hijos son la alegría de la vida. Creo que estarán muy contentos de poder hacer de padres… de abuelos o lo que sea… de una niña de dos años.

Me quedó una sensación rara después de escuchar aquello. Me gustó saber algo más de la vida de mi chico, a la vez sentí lástima por eso de su madre, y envida porque sus padres pensaran que los hijos son la alegría de la vida. Para los míos, los hijos eran objetos.

 

Nos quedamos en silencio unos segundos y cuando al fin me decidí a mirarle vi que sus ojos brillaban y sus labios se curvaban en una sonrisa de emoción.

– ¡¿Así pues nos la llevamos?!

– ¡Sí, nos la llevamos!

Min me pegó su sonrisa y su alegría. Saltó a mi cuello y estuvimos un buen rato abrazados, pegando saltitos que nos hacían girar sobre nosotros mismos y riendo. Porque a partir de hoy viviríamos juntos, porque nos llevábamos a Shinhye con nosotros, porque estaríamos con mis padres, porque empezaríamos una nueva vida lejos del dolor y el odio de este sitio, porque por fin seríamos felices. Era difícil asimilar todo esto.

Paré de saltar cuando un pequeño detalle cruzó mi mente.

– Shinhye no tiene papeles. ¿Cómo vamos a llevárnosla?

Pero Min sonrió con suficiencia, un poco pensativo.

– Seguramente sí los tiene. Cuando mis padres tenían negocios con niños… digamos… alejados de sus padres… siempre les hacían documentación falsa, para así poder hacerlos pasar por hijos de algún trabajador suyo en caso de emergencia. Supongo que aquí harán lo mismo. Eso nos serviría para sacarla del país, y luego podemos pedirles que nos manden documentación falsa conforme Shinhye es hija de tus padres para que no tengamos problemas para quedárnosla en Los Ángeles.

Sonreí, y pensé que era útil eso de tener un novio mafioso.

Min se sentó sobre una mesa, y sin decir nada más yo le separé las piernas y me coloqué en medio para poder pegarme a su cuerpo, y nos besamos. De forma dulce y tranquila. Nuestros labios y nuestras lenguas se rozaban con caricias lentas, cariñosas, pero que se alargaron durante bastantes minutos. Sólo deseaba sentir su boca fundirse con la mía.

Hasta que al final salimos del despacho y volvimos hacia donde estaban los demás, sonrientes y cogidos de la mano.

 

Después de que todos durmiésemos un poco, de que Baekho se calmase, de que Minhyun y Aron descansasen y de que Ren estuviese de nuevo lleno de energía y sin parar arriba y abajo con sus muletas (no aceptó la silla de ruedas bajo ningún concepto), todo parecía a punto para irnos. Al fin.

No quería irme.

– Chicos… – les dije mientras recogían las cosas que les devolvían los guardias. Lo que llevaban con ellos cuando los secuestraron. Yo no llevaba nada ya que me cogieron en mi casa, por la noche, lo único que tenían mío es un pijama manchado de sangre del que evidentemente se habían deshecho tiempo atrás. – Creo… creo que me quedaré y ayudaré a los guardias a arreglar todo esto…

Ren abrió los ojos como platos, los labios de Minhyun dibujaron una perfecta “o” y Aron se quedó pasmado, pero la mejor reacción, sin lugar a dudas, fue la de Baekho.

– ¿Eh?  ¿No habíamos quedado que venias a mi casa?

– Em… ¿Cuando? – ¡¿Cuando dijimos eso?!

– No se, pero lo dijimos ¿no?

– No…

– Ah… – se rascaba la cabeza, confundido, frunciendo las cejas concentrado. Ren se reía. – Igual no… Igual lo imaginé y lo di por hecho… bueno, pero te vienes ¿no?

¿Por qué lo había dado por supuesto? Así, sin más.

– … ¿Por…?

– Tampoco tienes a donde ir… – Su argumento era realmente irrefutable, pero no me gustó en absoluto.

– Ya pero…

– ¿Porque no?

– Porque… No se…

– Va…

No había razones posibles, pero, me sentía mal, era incómodo, era como estar pidiendo caridad.

“Con este orgullo terminarás en la calle”

Tal vez debía plantearme aceptar.

– Es que no quiero ser una molestia…

– ¡Que vas a ser molestia tu! – Exclamó como si eso fuera una soberana estupidez. Debo admitir que eso hincho un poquito mi ego.

– Pero… ¿De verdad no te molesta?

La conversación empezaba a parecer realmente ridícula.

– ¡Que no!

– Oye, – interrumpió Ren fingiéndose enojado – eso pregúntamelo a mi, ¡que te vas a vivir con mi novio!

– Ay… – me quejé, sonrojándome, ahora que estaba a punto de aceptar…

Pero sonrió, riendo y me dijo que era broma.

– Ve, ve, así me lo vigilas.

Hubiese sido estúpido negarme más. Si a él realmente no le importaba, a mi me parecía la mejor opción. Era fácil estar con Baekho, convivir con él. Sería agradable, y seguro que también me hartaría de ver a Ren.

Ya no quedaba nada más a hacer allí. Así que nos despedimos de los que nos habían ayudado ahí dentro, les dimos las gracias. Todos nos despedimos de Samuel, Ren le abrazó como unas veinte veces, no dejaba de repetirle que tenían que volver a verse, Aron y Minhyun le habían cogido mucho cariño también, y separarle de Shinhye fue un dramón de película, habían pasado mucho tiempo juntos. Unas chicas de maquillaje a las que Minhyun conocía se ofrecieron a llevarle a su casa, con sus padres. Los ojos le brilaban ante la perspectiva. Dolía un poco que todos tuvieran un hogar al que regresar. Miré a Baekho. ¿Qué me esperaba en su casa? Definitivamente no sería como volver al hogar, pero estaba seguro de que estaría bien. Mientras Ren volvía a abrazar a Samuel y todos se despedían otra vez me acerqué a Lime y Alice y les hice prometer que volveríamos a vernos. Alice sonrió, manteniendo las distancias. Lime dio un paso al frente y me abrazó.

Por un momento me sentí extraño, mi corazón se aceleró, pero no parecía miedo. La sentía cálida.

– Siento haber intentado matarte – se disculpó por centésima vez. – de verdad.

– Lo se. – le respondí separándome solo lo suficiente como para mirarla a los ojos.

Iba a repetirle por centésima vez también que estaba perdonada y que no le guardaba rencor, pero en vez de eso me encontré abrazándola de nuevo, acercándome a ella y rozando sus labios con los míos respondiendo a algún estímulo desconocido.

Me separé al instante, sonrojado y avergonzado, di la vuelta y les pregunté a los demás si ya estaban todos a punto para irse. Todos asintieron, con distintos grados de sorpresa.

Oí a Lime riéndose detrás de mi, se acercó, me abrazó por la espalda y me besó en la oreja.

– Se fuerte. – fue lo último que me dijo.

Yo no volví a mirarla.

El guardia pelirrojo junto con el de las gafas, el “jefe” iban a acompañarnos un trozo, les seguimos al exterior, al aparcamiento. De nuevo con las documentaciones en nuestros bolsillos, llaves, carteras, móviles y demás, volver a la realidad no parecía tan extraño como habría imaginado. Era algo que ya conocíamos. Subir a la furgoneta para ir a la ciudad fue un acto incluso demasiado banal. Los coches, los edificios, la gente, las calles, las tiendas. Todo era demasiado simple, y a la vez perfectamente normal. Ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos el ruido de los motores, de la gente, de los niños corriendo por la calle y la música de algún coche que pasa con las ventanillas bajadas.

Era todo tan simple, que de repente me di cuenta de que estaba llorando. Y no era el único. Todos observábamos, con lágrimas en los ojos, el mundo que perdimos y al que regresábamos.

 

 

– Última llamada a los pasajeros del vuelo YK2808 con destino Los Ángeles.  Embarquen urgentemente por la puerta E32.

Toca despedirse, ya no podemos esperar más.

La rubia suelta las muletas, que caen al suelo de forma ruidosa, y salta a la pata coja hasta donde estoy yo para abrazarme. Shinhye, que hasta este momento había estado en mis brazos, se aparta volando por el susto. Por suerte Aron la coge y la deja en el suelo antes que alguien pueda percatarse de que hay una niña volando en medio del aeropuerto. Suerte que todo el mundo está demasiado pendiente de encontrar su vuelo y de despedirse de sus seres queridos como para darse cuenta.

– ¡Atontado! Te echaré de menos…

– ¡Y yo a ti, rubia!

Le abrazo con fuerza y escondo la cabeza en su cuello para que nadie vea que tengo los ojos llorosos. Entre sus pelos rubios veo como Aron se despide de Jonghyun.

– JR… gracias… otra vez…

– Ya te he dicho que no hace falta que me las des…

No sé cuántas veces le habrá dado las gracias por salvarle la vida. A él y a mí. Hicimos un milagro. Jonghyun, traumatizado por la destrucción y la muerte que causa su poder, pudo usarlo para salvar una vida. Creo que eso hizo que se sintiera mejor consigo mismo.

Ambos se sonríen y se abrazan de forma cordial. Hubo un momento en el que pensé que no podría llevarse bien, pero por suerte ahora tienen bastante buena relación.

Cuando se separan Aron se nos acerca.

– Min, vas a ahogar a mi princesa.

Baekho le lanza una mala mirada, y Jonghyun suelta una risita. Ren suspira y se separa de mí. Yo he conseguido secarme un poco los ojos.

– ¿Sabes? Al final voy a echar de menos oírte llamarme así.

– Estoy seguro que sí.

Mientras ellos se abrazan yo me despido de Baekho. Nos despedimos también con un abrazo y me dedica una de esas hermosas sonrisas suyas. Cuando sonríe así entiendo por qué a la rubia le gusta.

– Prométeme que vas a cuidar bien de Ren. ¿Sí?

– No lo dudes. Y tú prométeme que vas a cuidar bien de Shinhye y… – baja la voz para que sólo yo pueda oírlo – y también del enano ése. Vigila que no se esfuerce demasiado.

– Prometido.

Sonrío ante su muestra de preocupación por Aron. Pese a su enorme rivalidad y el choque de sus grandes cantidades de testosterona, al final se tienen una especie de respeto mutuo, un sentimiento de compañerismo.

Sólo me queda despedirme de Jonghyun. Me acerco a él y nos abrazamos con fuerza.

– Jonghyun… echare mucho de menos nuestras charlas…

– Y yo. Pero no te preocupes, seguiremos hablando. Por teléfono, por chat o por dónde sea. Una vez que encuentro a alguien con quién poder hablar de temas como la filosofía…

– ¡Claro! ¡Hablaremos mucho! – Aprieto con fuerza su cuerpo contra el mío. No quiero soltarlo. – Te echaré de menos Jonghyun. Cuídate, ¿vale?

– Tú también.

Finalmente deshacemos el abrazo, le doy un beso en la mejilla y me alejo de él para recoger a Shinhye del suelo, que nos mira curiosa.

Y me fijo en Aron y Baekho, que se miran sin saber muy bien cómo despedirse. Cuando uno parece que hace el gesto de querer darle la mano al otro, éste da un paso adelante para abrazarlo; cuando ven que sus gestos no coinciden ambos retroceden; el que iba a dar el abrazo saca la mano pero el otro ya la ha apartado y ahora está dando un paso para abrazarlo… Es un espectáculo bastante gracioso.

Finalmente se han cansado de tanto tira y afloja y se miran el uno al otro expectantes, para que sea el otro el que dé el primer paso. Así no vamos a marcharnos nunca. Por suerte se deciden, los dos al mismo tiempo se acercan y se dan un abrazo rápido y superficial, con un par de palmadas en la espalda. En seguida se separan.

– Mucha suerte.

– Igualmente.

Aron vuelve a mi lado. Se pone la mano en el bolsillo de los pantalones y saca su pasaporte y el mío, que los guardias nos devolvieron, y el de Shinhye, una perfecta falsificación. También tres billetes de avión de una compañía de low cost, los únicos que el dinero que quedaba en nuestras carteras podía pagar.

Aron y yo nos giramos hacia los chicos por última vez.

– Hasta pronto.

Luego nos damos la vuelta, Aron me coge de la mano y empezamos a andar. Los ojos se me humedecen otra vez. De lástima por despedirme de mis amigos, pero también de ilusión por comenzar una nueva vida con mi chico y con Shinhye. Una vida en la que por fin seré libre y feliz.

Y mientras los chicos aún agitan las manos en el aire para decirnos adiós, nosotros cruzamos los controles de seguridad.

 

¿Qué os ha parecido este final? ¡Agradecemos un montón todas vuestras opiniones!

¡RECORDAD! ¡Dentro de poco publicaremos los epílogos de ACTION! ¡No os los perdáis! ^^

De nuevo, muchísimas gracias por leer hasta aquí, por vuestros reviews y por vuestra fidelidad (en especial a Alex y Trini, que sois un amor).  ¡Os queremos!

SHIROKO KUROKO AOIKO

ACTION: Capítulo 27

Imagen

 

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

 

Capítulo vigésimo séptimo

 

Aún siento el tacto de la piel de su pecho sobre mi mejilla, mientras poco a poco mis sentidos se desvanecen…

TU-TUM

¿TU-TUM? Eso ha sido… ¿un latido? ¿Me lo habré imaginado?

TU-TUM

No, no me lo estoy imaginando. Su corazón late. Lo he conseguido.

Noto su pecho elevarse y descender lentamente. Está respirando. Sin mi ayuda. Está vivo. ¡Está vivo!

Saltaría y gritaría de alegría si consiguiera mover mi cuerpo. Pero solo consigo cerrar los ojos lentamente y curvar mis labios en una pequeña sonrisa mientas un par de lágrimas de felicidad mojan mis mejillas antes de perder el conocimiento.

 

Los golpes contra la puerta se oyen cada vez más fuertes, más cerca. La van a echar abajo.

JR, acurrucado bajo ésta sigue murmurando incoherencias. Se tapa la cara con las manos y se balancea. La niña sigue llorando, Ren sigue gritando, ahora las lágrimas de dolor ya le caen por las mejillas, y aunque verle me rompa el corazón sé que no puedo hacer nada, y no puedo desesperarme ahora.

Aron muerto. Minhyun se ha desmayado. El chiquillo no deja de gritar que nos callemos. La niña llora, Ren aúlla de dolor, y JR sigue en su mundo de sangrienta oscuridad. Es el único por el que puedo hacer algo.

– JR. ¿Me oyes? Tienes que reaccionar, nos necesitan. – Le hablo suave, intentando que mi voz suene tranquila y sosegada, intentando que no refleje toda la desesperación, impotencia, desconsuelo y pánico que siento ahora mismo. Es imposible que mi voz suene calmada ahora, pero le canto, y parece que sirve para despertarle.

Me mira con ojos nublados, con manchurrones de sangre por ahí donde sus manos han frotado su cara, su piel. Le pongo los guantes para que no vea la sangre en sus manos, él sacude la cabeza y vuelve en sí.

“Blam” “Blam” “Blam” Se repiten los golpes contra la puerta. Se escuchan aun por encima de los gritos, por encima de los llantos y los aullidos. Me acerco a Ren y le cojo la mano con fuerza. ¿Puedo hacer algo más?

De repente la niña deja de llorar.

– ¿Appa? – ¿eh? – ¡Appa! ¡Appa! – ¿qué le pasa ahora? Gatea hasta Aron y sacude su cabeza. – ¡Appa! – no empecemos.

Me acerco para apartarla, que no le moleste. Y me quedo mirándole fijamente.

Respira.

Veo su pecho subir y bajar. Sus labios entreabiertos. Gira la cabeza sutilmente, frunce el cejo.

– Está vivo.  

Dios mío. Dios mío dios mío dios mío.

Está vivo.

La sala queda en silencio. Solo se siguen oyendo los guardias fuera intentando tirar la puerta. Nadie dice nada ahora.

Me dejo caer, arrodillado junto a él, sostengo su cabeza y se queja.

– Nngg…

No puedo creerlo.

¿Cómo…?

No respiraba.

No le latía el corazón…

No puedo planteármelo, no lo entiendo, pero doy gracias a los cielos por habérnoslo devuelto. Y a Minhyun, sea lo que sea lo que ha hecho. Me inclino y le abrazo. JR me mira fijamente, con ojos brillantes, aunque se mantiene lejos.

Ren parece haberse olvidado de su dolor. Se incorpora para acercarse, y al instante de mover la pierna el rostro se le crispa de nuevo y reprime un alarido. La mirada vuelve a ensombrecérsele.

–  Vamos a morir de todas formas, hubiera sido mejor para él ahorrarse vernos en este estado y muriendo acorralados como ratas.

– Rennie… – me levanto y me acerco a él, preocupado – no digas…  

“¡CRASH!”

En la puerta de metal se abre un boquete. Apenas unos centímetros, pero hace que se me disparen todas las alarmas.

Va a ceder en nada.

Tenemos que hacer algo.

– Ayúdame. – le pido a JR. Y ambos nos levantamos y nos ponemos manos a la obra.

– ¿Qué hacéis? Vamos a morir, no intentéis retrasarlo más, ya hemos perdido…

Vaciamos a tirones las dos estanterías del rincón, y las empujamos ayudándonos con mi voz hasta ponerlas delante de la puerta. Volvemos a poner todo lo que había en los estantes, tirándolo, para que haga peso. Ponemos también nuestras mochilas, nos recostamos contra ellas.

¿Cuánto aguantará? ¿Hay alguna otra salida?

 

Respiro. ¿Respiro? ¿No me ahogo? Mi espalda ya no duele. Y no siento frío.

¿Estoy muerto? No, siento un cuerpo cálido sobre mi pecho que desprende un olor conocido y embriagador, y aunque me encanta sé que no es el olor del paraíso.

Estoy vivo. No entiendo cómo ni por qué, pero estoy vivo.

Oigo golpes e intento abrir los ojos. Tengo la vista nublada pero poco a poco se me despeja. Veo el techo sucio. Intento desviar la mirada. Veo a Baekho y JR atrincherados en una puerta. Al otro lado Ren lloroso y cubierto de sangre. Y a Samuel, que ha cogido a Shinhye en brazos y ambos me miran.

No entiendo nada. ¿Qué ha pasado?

Luego miro hacia abajo y mis labios dibujan una sonrisa cuando veo a mi chico durmiendo sobre mi pecho. ¿Por qué duerme? ¿Le han hecho daño? Me muevo con pesadez, pero consigo levantar una mano para acariciar su pelo. Él sonríe al instante. Y yo me tranquilizo al saber que está bien.

– Min… – consigo susurrar con la voz ronca. No me responde. – Min… – repito mientras le acaricio la mejilla.

Al fin abre los ojos y me mira. Sonríe. Parece contento de verme.  Se incorpora con dificultad y al instante echo de menos el peso de su cabeza sobre mi pecho.

– Aron, ¿estás bien?

Su voz parece agotada. No sé qué es lo que ha hecho, pero estoy seguro de que si sigo vivo es gracias a él.

Asiento con la cabeza, me cuesta hablar, pero parece que para él es suficiente. Se lanza hacia mi boca para comérmela. Me besa con frenesí, con desesperación. Como si acabara de recuperarme del mundo de los muertos. Creo que en cierta forma así ha sido.

Me cuesta seguir el ritmo del beso, me siento agotado, pero no me importa. Sólo con el tacto de sus labios, de su lengua, me siento feliz, me siento vivo. Aún en medio del beso veo un par de lágrimas traviesas escapar de sus ojos. Lágrimas de felicidad.

Se separa de mis labios un par de centímetros sólo para susurrar.

– Estás vivo… cuánto me alegro… estás vivo…

 

 Minhyun abraza y besa a Aron, no sécómo cojones le ha resucitado pero realmente no me importa. ¿Es que no se dan cuenta de que no sirve de nada? No tenemos ninguna posibilidad, vamos a morir, así que ¿para qué malgastar fuerzas en bloquear una puerta que cederá tarde o temprano? ¿En recuperar fuerzas? ¿En hacer planes? Tienen que abrir los ojos, no sirve de nada la esperanza.

– Vale, estáis vivos, sí, pero ¿qué más da, ya? estamos acorralados, nos matarán.

Abro los ojos para comprobar si alguien me hace puto caso. Por sus caras deduzco que sí, parecen escandalizados ¿Porque? Solo digo la verdad.

– Rennie, no digas eso, claro que lo conseguiremos.

Baekho es el primero en acercarse e intentar hacerme caer en este optimismo suicida con una de sus maravillosas sonrisas. Pero es mentira, el también sabe que estamos perdidos, solo lo hace para que no nos desesperemos.

– No digas eso, sabes que tengo razón. No soy un crio, puedo afrontar mi propia muerte.

Y ya que voy a morir que sea rápido, así no me dolerá más la maldita pierna.

– Vamos rubia, no seas así, ¿Si hemos podido resucitar a Aron porque es tan imposible que salgamos de aquí vivos?

– Porque ahora mismo somos un lisiado, dos que no os aguantáis de pie, dos niños pequeños y dos luchadores en más o menos buenas condiciones contra… ¿10? ¿15 guardias? Y los que vendrán. Vamos a morir Min, asúmelo.

Minhyun no responde pero esta vez coge el relievo Baekho, mi tigre.

– Rennie, te prometí que te sacaría de aquí, no voy a rendirme hasta que lo consiga, no hasta haberlo intentado de todas las formas posibles.

Me duele verle así, ver el dolor y la preocupación en sus ojos, ver como sufre tanto por mí, intentando transmitirme ese increíble optimismo cogiéndome de la mano. Pero lo que más me duele es verle tan convencido de algo imposible, creyendo ciegamente que puede salvarme.

– No quiero ver como mueres luchando por una causa perdida.

– ¿Ni siquiera vas a dejarme intentarlo? – No respondo, solo miro al suelo – Dices que vamos a morir, si es así no quiero morir pensando que me he rendido, no quiero morir con la carga de saber que te he dejado morir a ti. Si voy a morir quiero morir luchando por salvarte. ¿Vas a negarme eso?

Pienso negártelo mientras eso signifique tu muerte.

– Y yo no quiero ver como mueres por salvarme inútilmente. – Hablar me agota, hace que baje la guardia y temo que el dolor me pille por sorpresa, pero tengo que conseguir que lo entienda. – Si quieres hacerme feliz…entonces lucha para salvarte a ti y déjameatrás… – abre la boca para interrumpirme pero hago un último esfuerzo, no he terminado- vive por los dos, yo ya estoy muerto.

Esta vez no dice nada, no responde, solo llora en silencio cogiendo mis manos con fuerza. Baekho… mi chico…no llores por favor, no sufras, solo… sonríe con esa enorme sonrisa tuya, mientras tu sonrías todo estará bien, todo habrá valido la pena. Si lloras no séqué hacer…

– Sabes que no voy a luchar sin ti…

– ¡¿Qué coño estás diciendo ahora?! – casi doy un salto con el grito de Minhyun. Gracias por hacerme mover la pierna atontado, joder…

–  ¡Eras tú el que quería que nos marcháramos, ¿es que no te acuerdas?! ¡Nos dijiste que éramos muy superiores, que podríamos con ellos, que no debíamos rendirnos nunca!  – Eso era cuando teníamos alguna posibilidad – ¿Y te rajas ahora? ¿Por una pierna rota? ¡No me seas nenaza!

– ¡No soy nenaza!  

– ¿Quieres rendirte? Bien, ríndete, pero yo voy a salir de aquí. Con o sin ti. Porque sé que puedo hacerlo. Sé que podemos hacerlo, ¿me oyes? Nunca he creído del todo en esto. Pensaba que lo mejor era resignarme, vivir sumiso, que nunca lo lograríamos. Pero tú me enseñaste que podemos hacerlo. Que somos fuertes y que nos lo merecemos. Escúchame, rubia. Vamos a salir de aquí, ¿vale? Y si nos matan, vamos a morir luchando y no lloriqueando. Pero nunca vamos a rendirnos. Porque podemos conseguirlo.

Parpadeo un par de veces intentando pensar en alguna respuesta pero no se me ocurre nada. Joder, puede que tenga razón…Por lo menos estoy de acuerdo en eso de morir luchando, después de todo este tiempo no voy a dejar que ahora me vean como una niñita débil ¿verdad? Puede que yo no lo logre, pero ellos son fuertes, puede que todavía haya alguna esperanza….

El problema es que odio admitir que tiene razón.

– … Está bien, supongamos que no es del todo imposible… supongamos de decido seguir luchando… ¿Algún plan de como cojones salir de esta ratonera?

Min sonríe con satisfacción, maldito atontado, esta vez ganas.

– Para empezar, tenemos que ponerte bien esa pierna antes de que suelde mal.

¿Que…? Eso sí que no. Una oleada de dolor recorre mi pierna como para recordarme lo mucho que duele sin que nadie me la toque. Los cojones van a recolocarme el hueso.

– Ni se te ocurra tocarme la pierna o te corto una mano.

– Ren, si no lo hacemos y se cura así te vas a quedar cojo de por vida, no vas a poder andar bien nunca más.

Joder… eso no mola… Pero… Cierro los ojos para pensármelo con calma. Quedarme cojo significaría lo que he intentado evitar todo este tiempo, ser alguien inútil y dependiente… Miro a Baekho que me observa expectante, no quiero ser una carga para él, no quiero verle mirarme con lástima el resto de mi vida si es que de verdad conseguimos sobrevivir.

– Esta bien, hazlo, espero que sepas lo que te haces…

– Lo he visto hacer un par de veces y soy el único aquí que se atreve así que tendrás que fiarte de mí.

Responde Min mientras sonríe aliviado y viene a sentarse mi lado. Joder que miedo.

– Baekho, necesito algo para que Ren lo muerda.

Sí, me parece bien… Mi chico se levanta y trae un buen trozo de tela de una de las mochilas.

– ¿Esto?

– Si, servirá, dáselo

Lo dobla un par de veces y me lo da, espero que este más o menos limpio si me lo tengo que meter en la boca. Lo muerdo bien y le cojo la mano, él me da un apretón y sonríe, suerte que le tengo a mi lado…

Cierro los ojos y respiro hondo cuando veo que Minhyun parece listo, no quiero verlo.

– ¿Listo? Intentare ser rápido…

Asiento rápido y respiro lo más hondo que puedo, hacía tiempo que no tenía tanto miedo al dolor.

Muerdo con fuerza la tela cuando Min me coge la pierna con fuerza y muy cerca de la herida. Joder duele, duele mucho, no sé si voy a aguantarlo.

Intento volver a calmar mi respiración pero apenas tengo tiempo cuando Min hace un movimiento brusco con toda su fuerza. Duele como si me hubieran vuelto a romper la pierna pero en dirección contraria. Solo puedo llorar y morder con toda mi fuerza y de repente…nada, solo oscuridad.

 

Finalmente se ha desmayado, ha sucumbido al dolor. Le abrazo con fuerza, le beso en la frente y acaricio su cabello.

¿Realmente merecemos tanto dolor? ¿Pasar por todo esto? Haber perdido a Aron, aunque haya vuelto, ver a Ren sufrir así, oír los constantes golpes en la puerta que nos recuerdan a cada instante que están a punto de caer sobre nosotros. Me sobrepasa. Ya ni siquiera puedo pensar en nada. Siento lástima, siento miedo, me siento agotado, pero es como si todo fuese lejano. Solo sé que tengo que seguir adelante, tengo que seguir haciendo algo, porque si paro me desmoronaré.

Aron se incorpora, tanto él como Minhyun parecen más recuperados. Bueno, no, están despiertos y en pie, que ya es mucho, no hay tiempo de recuperarse más. Rebusco en las mochilas, saco unas galletas y las reparto, lanzándolas más bien. No hay tiempo. Esto cederá de un momento a otro.

La estantería está cayendo. Es cuestión de segundos.

¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer…?

¿Y si Ren tenía razón? ¿Y si estamos perdidos?

No, no importa, hay que seguir luchando.

– Baekho, – Me llama JR – ¿qué hay ahí?

Me giro, me señala la pared de detrás. Expando mi mente.

– Un despacho, cuatro personas, mesas, ordenadores…

Se acerca a la pared, quitándose los guantes.

– Preparaos para correr.

Pone ambas manos contra la pared y cierra los ojos, concentrándose.

Lo comprendo justo un segundo antes de que se polvorice. Cojo a Ren, cargándolo a mi espalda, y hecho a correr como puedo. Minhyun y Aron corren torpemente detrás de mí, sosteniéndose el uno en el otro, los niños a mi lado, JR cierra la marcha disparando al aire.

 

La gente al otro lado grita, y huye. Solo son oficinistas, ni siquiera van armados. Pero vamos lentos, muy lentos, vendrán guardias en seguida.

Llamo al chico, aún no se ni como se llama. Se acercan guardias. Nos disparan, doblamos la esquina y quedamos a salvo unos instantes.

– ¿Sabes disparar? – le pregunto tendiéndole una pistola.

Suelta a la niña, que flota en el aire siguiéndonos. Niega con la cabeza pero coge el arma.

Total, yo tampoco se.

Entre los dos cubrimos la retaguardia. La gente grita a nuestro paso, corren a esconderse, más que nada disparamos al aire para asustar.

Llegamos a una sala enorme, desde una balconada podemos ver el piso de abajo, y, el fondo, las puertas, cerradas a cal y canto. Corremos por el balcón, algunos guardias disparan desde los pasillos. Ren ya está consciente de nuevo, intenta disparar pero tiembla y la pistola se le cae de las manos. Se muerde el labio con fuerza. Minhyun cae, por un segundo temo que le hayan dado, pero no, solo está agotado. Aron se detiene, jadeando. Paso a su lado y tiro de ellos para que sigan corriendo. No podemos detenernos. Una bala roza la pierna de Baekho. Le abre un surco en la pantorrilla que empieza a sangrar, ni siquiera se detiene. No hasta que llegamos a nuestro destino.

La sala de controles.

La rodean varias filas de guardias y otros trabajadores armados. Por lo menos son cincuenta. Es imposible pasar.

Nos quedamos en la esquina, escondidos, jadeantes, aprovecho para cambiar el cartucho de balas, otra vez. Solo unos instantes, hasta que alguien grita.

– ¡AHÍ!

Nos han visto.

Salimos, dispuestos a abrirnos paso a balazos o a empujones, o a dejarnos matar, ya no hay más opciones.

Pero nadie nos dispara, no a nosotros.

El guardia de al lado del que nos ha visto le ha disparado, y al instante no es uno sino veinte los que se vuelven contra sus compañeros.

Y entonces empieza la masacre.

¿Nos defienden? ¿Luchan para nosotros? ¿Quiénes? porque todos son absolutamente iguales, todos llevan los uniformes, las máscaras. No puedes saber a quién atacas, no puedes saber a quién matas. Se están asesinando entre iguales, sin siquiera saber si están en un bando u otro.

¿Porque está pasando esto? ¿Es esto nuestra culpa?

Los cuerpos caen, el rojo cubre las baldosas y los gritos reverberan entre los pasillos. Llegan refuerzos y se unen a la matanza.

Nadie sabe de qué bando está nadie. Y nosotros, instigadores de esta crueldad, nos mantenemos al margen, inmóviles.

¿Esto es por nosotros? ¿Por nuestra culpa? ¿Es este el precio de intentar ser libres???

 

¿Qué es esto? ¿Por qué se matan entre ellos?

El espectáculo es una verdadera carnicería. Soy incapaz de seguir con la mirada toda la batalla, cada cuerpo reventado a balazos, cada hueso roto, cada río de sangre. Los gritos de dolor, de sorpresa, me llenan los oídos.

Es horroroso.

Reconozco haber visto muchas escenas desagradables en mi vida, pero nunca nada como esto.

No sé qué hacer. Ninguno de nosotros sabe qué hacer. Plantados y con las armas en la mano esperamos que, de alguna forma, esta locura termine.

JR se tapa la cara con las manos y tiembla mientras susurra “sangre, sangre…”. Los demás no conseguimos apartar la vista de “eso”.

Dos guardas se alejan de la multitud y se nos acercan.

Mierda, debo estar preparado para defendernos. Intento ponerme en guardia pero mi cuerpo está débil. No me veo capaz de usar mis poderes. Cojo con fuerza una pistola y le quito el seguro.

Los demás también se ponen a la defensiva. Samuel, detrás de mí, tiembla con la pistola en la mano. Baekho se prepara para gritar. Ren hace esfuerzos para mantenerse consciente y mira a los guardias desafiante. Aron amenaza en salir corriendo a para atacarles en cualquier momento, aunque sé que está demasiado débil como para hacerlo.

Cuando los dos guardias están cerca, con las armas bajadas, se quitan las máscaras teñidas de sangre. Aguanto la respiración y aprieto la pistola en mi mano.

Uno de ellos es un chico pelirrojo con el pelo corto. El otro, una chica. Estoy seguro de haberla visto en algún sitio…

– ¡Nara!

El grito de Baekho me hace reaccionar. Nara, la chica que nos ayudó a escapar. La que no nos traicionó. Suelto un suspiro de alivio.

El rubio se acerca a ella con una enorme sonrisa y la abraza como puede, con Ren en la espalda.

– Nara, ¿qué está pasando?

Ella sonríe con dulzura.

– Ya te dije que hay bastantes guardias que están de vuestra parte. Vamos a ayudaros.

– Bajad por las escaleras y corred hacia la puerta, ¡de prisa! Nosotros nos encargaremos de abrir las puertas – añade el chico.

Nadie se plantea si debemos fiarnos de ellos, ni siquiera la rubia. Sólo asentimos y nos disponemos a obedecerlos.

– Gracias, Nara.

Ella sonríe. Hasta que vemos algo impactar contra su nuca. Una bala perdida, o tal vez una bala que sabía muy bien a dónde iba. Porque le da en un lugar tan preciso que la chica muere antes de que su cuerpo caiga al suelo. Ni siquiera tiene tiempo de gritar.

 

No.

No no no no. Nara no. Por favor, ella no. Caigo de rodillas, junto a ella. Ren baja de mi espalda y yo me inclino sobre ella para abrazarla.

– ¡Nara!

El chico pelirrojotambién la sacude, cada vez es más obvio que ya no va a reaccionar. No quiero aceptarlo.

No puede estar…

El pelirrojo se gira y dispara dos veces. Nos grita que corramos y salta de nuevo a la multitud de guardias.

Yo no puedo apartar la mirada de Nara. De sus ojos aun abiertos y fijos en nada. No puedo aceptarlo, no puedo creerlo.

Pero puede que aún no esté todo perdido.

Me giro hacia Minhyun. Resucitó a Aron, puede hacerlo con ella.

Sabe lo que le pido, y niega con la cabeza.

– Lo hiciste con él.

– No séqué hice.

– Pero lo hiciste.

– No puedo. Ya está muerta.

– ¡Aron también lo estaba!!!

Caen lagrimas por mis mejillas, y el sigue negando.

No, no puede ser…

Perdida, para siempre. No quiero… No puedo…

Nara, ella que ha sido mi único contacto con la realidad en los últimos tres años, mi única amiga.

No puedo creerlo.

Hace apenas una semana me explicaba como su novio le había pedido de irse a vivir juntos. ¿Habrían empezado ya la mudanza? Me contaba emocionada que le había comprado a su hermano unas entradas para un concierto al que quería ir. ¿Llegaría a recibirlas? ¿Iría al concierto?

Y de repente recuerdo a todos los guardias a los que he matado. Que tambiéntendrían hermanos, novios y madres esperándoles en casa. Una vida. Y me siento horrible, miserable. Tengo ganas de llorar, de vomitar.

Porque he perdido a Nara.

– Baek – De algún modo la voz ahogada de Ren se abre paso en mi desesperación – te necesitamos.

Y sé que tiene razón, si yo me desmorono estamos acabados.

Cierro los ojos, respiro y me pongo en pie. JR sigue sollozando, asustado. Me giro hacia él, estampándole la palma en la mejilla.

-¡AHORA NO!

Grito, y las ropas tiran de el hasta que se pone en pie. Le agarro del cuello de la chaqueta y le miro directamente a los ojos nublados.

– Ahora no Kim Jonghyun, ahora no.

Sus ojos se enfocan, tiembla. No espero, me agacho y dejo que Ren se suba a mi espalda, con cuidado. Me cuesta un infierno levantarme, pero lo hago, y hecho a andar hacia las escaleras.

Y me siguen.

 

Me apoyo en Min para poder andar. Me cuesta respirar, me falta el aire, pero sigo adelante. Es como si mis pulmones no pudieran llenarse del todo, no han quedado como antes. Pero hay que seguir.

Min soporta mi peso y lleva a Shinhye con un brazo, tambalea, también le cuesta andar, pero conseguimos avanzar.

Seguimos a Baekho, que anda tan rápido como puede con Ren a la espalda. Salen dos guardias de un pasillo, un grito del rubio los estampa contra la pared. Sale otro, JR dispara, él cae bañado en sangre.

Seguimos avanzando.

JR y Samuel corretean por nuestro alrededor con las pistolas, nos defienden como pueden, disparan al aire, aciertan de vez en cuando. Samuel ya lleva dos golpes en la cabeza por culpa del retroceso de la pistola.

Seguimos avanzando.

Por suerte los guardias siguen matándose entre ellos y encontramos pocos atacantes. Salen cinco de un pasillo corriendo hacia nosotros. Son demasiados y no podemos defendernos. Pero dos guardias más se interponen. Uno va sin máscara, es el chico pelirrojo. Se enfrentan a los cinco guardias, les cogen desprevenidos, nosotros seguimos.

Unos segundos después veo que los dos guardias que nos han defendido nos siguen.

– ¡Seguid! ¡Os cubrimos!

Tenemos suerte de que nos ayuden.

Seguimos avanzando.

 

Finalmente conseguimos llegar hasta la escalera de caracol, Baekho se detiene unos segundos ¿Podrá conmigo? Sería muy triste caer por las escaleras pero si las tengo que bajar yo a la pata coja…. No llegamos ni de broma.

 – Agárrate fuerte

Asiento e intento agarrarme molestando lo mínimo. Esto va a doler, cada escalón va a ser un puto infierno para mi pierna… He perdido hace tiempo el pañuelo que mordía así que busco algo que me sirva de sustituto, la capucha de Baekho podría servir, no creo que le importe ¿No?

Muerdo con fuerza justo antes de que Baekho empiece a bajar, lentamente, cogiéndose a la barandilla para no desequilibrarse con mi peso. Duele un maldito infierno pero un poco menos que antes, supongo que no tener el hueso fuera de sitio es un puntazo importante.

Mi chico está a punto de desequilibrarse un par de veces pero por fin llegamos a bajo, es una sala enorme de mármol, como la recepción pero lo único que me importa se encuentra justo delante de nosotros, al otro lado.

Las puertas. La salida. La libertad.

Por fin.

Aunque estén blindadas, como todas las ventanas, sé lo que hay detrás y en ese momento, todo ha valido la pena. No sé cómo vamos a abrirlos pero no importa, estamos aquí, lo hemos logrado.

Y de repente, un milagro.

Se oye un fuerte ruido mecánico y todas las persianas empiezan a levantarse lentamente, dejando que los rayos de sol iluminen la sala.

El sol, después de dos años, el sol. En apenas medio minuto toda la sala esta bañada de luz y siento que podría llorar. Por fin. 

 

Por fin ven la luz del sol. Esta vez parece que están muy cerca de escapar. ¿Conseguirán realmente llegar al exterior? Y si es así, ¿qué harán una vez estén fuera? ¿O por el contrario algo/alguien se lo impedirá? ¿Qué pasará con los guardias que siguen peleándose entre ellos? ¿Y con los niños? ¡Respuestas en el próximo capítulo!

El miércoles de la semana que viene, día 4 de septiembre, hará un año que empezamos a publicar ACTION. ¡Cómo pasa el tiempo! Nosotras lo hemos pasado genial escribiendo durante todo este año, y esperamos que vosotros habéis podido disfrutar leyéndonos ^^ Así que si conseguimos terminar el siguiente capítulo a tiempo, lo publicaremos el día 4 para celebrarlo 😀

Hasta pronto~~

SHIROKO  KUROKO  AOIKO

ACTION: Capítulo 26

action26

Queridos lectores, hemos estado de vacaciones y las circunstancias para escribir y publicar no han sido las esperadas, les rogamos tengan paciencia con nosotras.

Atentamente yo, ella y la otra.

Besitos y abracitos

Y tal

(Las palabras Appa y Omma que aparecen en este capítulo son Papá y Mamá en coreano)

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo sexto

00:10. Baekho abre las puertas, y nos damos cuenta de que todo va a ser más difícil de lo que imaginábamos. Esto no es como jaulas, ¡AQUI HAY VIDA! Parece un lugar…normal, las típicas oficinas de las películas americanas, con el suelo de moqueta y cristal en las paredes.

Mierda, eso significa que tendremos que andar agachados la mitad del camino para que no nos vea la gente de dentro, que espero que no haya mucha o será muy fácil cruzarnos a alguien que va a hacerse un café… Suerte que Baekho podrá avisarnos con tiempo, o eso espero…   A ver, admito que tiene que ser cómico salir de la oficina a buscar un café y encontrarte a 5 personas corriendo medio agachadas, con ropas que o son muy horteras o les van tres tallas más grandes. Vaya pintas… Bueno, por lo menos les sacaríamos unas risas antes de que tuviéramos que matarles. Vale, eso ha quedado un poco psicópata.

00:14. Avanzamos juntos hasta el siguiente pasillo y allí nos separamos en silencio, Minhyun y el sobón de Aron por un lado y Baekho, Jonghyun y yo por el otro. Ellos a por los niños, nosotros a abrir las puertas.  No hace falta decir nada ni vamos a arriesgarnos a hacer ningún sonido innecesario aquí así que solo hay una mirada cómplice y un asentimiento de cabeza. Espero que estén bien esos dos solos y que no se les ocurra despistarse por andar demasiado embobados mutuamente, que son capaces.

00:17. Avanzamos en silencio, siendo lo más cautos posible. En los pasillos hay ventanas que comunican con los despachos, y a ratos tenemos que ir agachados para que no nos vea la gente de dentro. No hay muchos, pero toparnos con uno solo sería catastrófico en la situación que estamos. Por suerte con mi poder podemos evitar los sitios más concurridos y sabemos por dónde podemos pasar y por donde no. ¿Cómo les ira a Minhyun y Aron? Por lo que veo de momento bien. Se mueven rápido, asomándose a cada pasillo antes de pasarlo corriendo. Nosotros vamos más lentos, porque es una zona más concurrida.
No son solo guardias. La mayoría son sencillamente trabajadores. Contables, informáticos, recepcionistas, etcétera, pero también están nuestras estilistas, médicos, cocineras, y, como no, los que van de uniforme, negros con las máscaras blancas. Todos con muestras de llevar varios días aquí. Cuando vieron que nos habíamos escapado cerraron todas las puertas del edificio y hace casi una semana que nadie entra ni sale de este edificio. Tal vez por eso están más distraídos, tal vez eso cuente a nuestro favor.
Es un trecho corto, pero tenemos que dar tanto rodeo para evitar a todo el mundo que se hace eterno, y aun así, por mucho que intentemos ir con cuidado, hay trechos simplemente imposibles.

00:21. Hay tres posibles caminos, en todos ellos, gente en los pasillos, no podemos pasar.

Como Minhyun y Aron van más lejos y aun tardaran en volver decidimos esperarnos por si se despeja una de las rutas, pero ni el par de chicas que cotillean parecen tener intención de terminar su charla ni el hombre del café parece tener prisa para terminarlo ni parece que el grupo que juegan a cartas estén cerca de terminar la partida.

Y nosotros necesitamos pasar.

Aron y yo nos desplazamos de prisa por los pasillos, sin hablar, con mucho cuidado de no hacer ruido. Él va delante y yo le sigo. Doy una rápida ojeada al mapa: en la siguiente esquina, a la izquierda.

Se detiene, saca un poco la cabeza para comprobar que no viene nadie, me mira, asiente y gira a la derecha. ¿Eh? ¡No!

Me apresuro a alcanzarle y le agarro de la camiseta para detenerle. Me mira extrañado y yo le susurro en voz baja.

– ¿Qué haces? Es hacia la izquierda.

– ¿Qué? No, hacia la izquierda vamos a volver a la cocina, sale en el mapa.

– ¿Eh? – miro mi mapa y lo compruebo. – No es verdad, no sale, y el camino es mucho más rápido. Mira – le muestro mi mapa y se lo señalo. – ¿Ves?

– Min, estás mirando el mapa del revés. Estamos aquí, ¿ves? – me señala una esquina bastante alejada de la que señalaba yo. – Y debemos ir hacia allí.

Anda, ya decía yo que el mapa se veía raro… Creo que voy a dejar que mi chico guíe. El sentido de la orientación nunca ha sido uno de mis puntos fuertes.

Asiento para darle la razón y él me sonríe. Luego se gira para seguir andando, y me coge de la mano. De alguna forma, su agarre me tranquiliza.

Llegamos a la siguiente esquina, Aron saca la cabeza. Me mira y niega.

– Hay dos hombres dormidos en el suelo.

¿Dormidos? No entiendo bien qué está pasando. En esta zona hay poca gente, pero los pocos que hemos visto se comportan de forma extraña. Van desaliñados, un poco despeinados, sin maquillaje,  con ojeras, la ropa arrugada, como si llevaran días sin cambiarse. Los pasillos están llenos de papeles, latas de refrescos, vasos de plástico vacíos. Porque las papeleras están llenas a rebosar. Restos de comida encima de las mesas, y un fuerte olor a cerrado, a sudor, a humanidad. Como si llevaran días allí encerrados, sin ni siquiera ventilar un poco.

Miro a Aron y nos entendemos sin hablar. Vamos a buscar otro pasillo. Una chica, sentada en el suelo, con la mirada perdida en un plato de plástico medio lleno de espaguetis. Mierda. Un pasillo más. Un chico joven peleándose con una fotocopiadora. Lleva el pelo aplastado, la camisa arrugada y la americana oscura con manchas de color lechoso y dudosa procedencia. Tampoco es una buena opción.

– No deberíamos ir más lejos, haremos demasiada vuelta. Tenemos que pasar.

Mi chico tiene razón.

– La mejor opción son los hombres dormidos.

Asiente, así que deshacemos el camino hasta la primera esquina. Aron vuelve a mirar.

– Siguen ahí, no se han movido.

– Vamos allá.

Entramos en el pasillo de puntillas mientras oímos sus ronquidos. Están tumbados en el medio, así que tenemos que pasar por encima de sus cuerpos. Aron va delante, yo le sigo. Esquivo el primero y levanto la pierna parar saltar el segundo. Pero ésta no me responde. Me desequilibrio y me voy de morros al suelo. No sin antes dar una patada involuntaria al hombre más corpulento de los dos. Mierda.

– Mmmm… ¿Qué está…?

Le veo entreabrir los ojos, mi cuerpo no reacciona. Mierda, mierda, mierda.

Algo me levanta del suelo y en un par de segundos hemos abandonado el pasillo y nos ocultamos en la siguiente esquina. Suspiramos aliviados, y entonces Aron vuelve a dejarme en el suelo.

– ¿Estás bien?

Asiento. Él saca un poco la cabeza por el pasillo.

– Sigue dormido, sólo se ha tumbado. ¿Qué te ha pasado?

– No sé… De repente mi pierna no respondía… Supongo que todavía son efectos de las drogas que me daban…

Aron me da un besito rápido lleno de ternura. Y me deja una estúpida sonrisa en los labios.

– ¿Qué te parece si te llevo? Así iremos más rápidos y evitaremos que vuelva a pasar algo así.

Asiento, sé que tiene razón. Y me siento un poco inútil, desde que hemos salido que no doy una. Subo a su espalda y me abrazo a su cuello. El calor de su cuerpo me hace sentir un poco mejor.

Avanzo más rápido con Min en la espalda. Miro con cuidado en cada esquina, me agacho cuando hay zonas de cristales que dan a oficinas. Y esquivo a todas las personas que encuentro.

Otra esquina, un pasillo bloqueado. Maldición. Baekho ya nos lo advirtió. Volvemos atrás, rodeamos un par de oficinas. Estamos a punto de llegar. Sólo tenemos que girar en una esquina más.

Pasamos por delante de una puerta y de repente se abre. Un hombre trajeado con una botella de agua en la mano. Nos ve, y su cara es un poema. Abre la boca para gritar. Pero no lo consigue. Porque el agua de su botella ha volado hasta su boca y ha llegado a sus pulmones. Se le escapan gemiditos ahogados. Se agarra con fuerza el cuello con las manos, y cae de rodillas. Tiembla, agoniza, no puede respirar.

Le dejo ahí y nos marchamos, no tenemos tiempo. Lo siento por él pero espero que no pueda recuperarse. Tenemos que llegar. Noto el temblor de Min a mi espalda.

– Yo no quería…

– No te sientas culpable, no había alternativa. No te tortures, ¿vale? Debemos seguir.

No responde, pero sus manos aprietan con fuerza mis hombros. Me gustaría poder tranquilizarle, pero no tenemos tiempo. Mi chico es fuerte, lo superará.

Sigo corriendo.

0:24. Nos encontramos frente a una puerta blanca y maciza. A la altura de los ojos, un cristal ahumado que deja pasar la luz pero no permite ver el interior. Es aquí.

Giro inocentemente el pomo de la puerta con la esperanza de que se abra. Evidentemente está cerrada, pero tenía que intentarlo, ¿no?

Vamos a probarlo de otro modo. Le suelto una patada, y la puerta ser rompe en añicos. Bien.

Min se baja de mi espalda, me da la mano y entramos juntos con cuidado. Por fin le veo la cara, y me tranquiliza saber que está bien.

 

Moqueta de colores vivos en el suelo, paredes azules y amarillas, cuadros de animalitos. Al lado de la puerta, una pelotita verde con el dibujo de una mariposa, un osito de peluche con un lacito rojo en el cuello y un cascabel y un coche teledirigido azul metalizado. Un poco más allá, una mesita baja llena de papeles más o menos dibujados y un montón de lápices de colores, acompañada de un par de taburetes. Es como entrar en otra dimensión.

Al otro lado de la habitación, dos camas, una pequeña con sábanas rosas y estampado de princesas y otra más grande con sábanas verdes y el dibujo de un alien con tres ojos. Al lado de ésta, una televisión enorme enchufada a una videoconsola. Y frente a ella, el niño, con el mando en la mano, mirándonos fijamente sin expresión alguna, como si nos estuviera analizando.

Vale, ¿y la niña? Recorro el suelo de la habitación con la mirada. ¿Puede ser que se la hayan llevado a otro sitio?

Aron tira de mi camiseta, cuando me giro veo que señala hacia el techo. Y allí está ella. Una niña de unos dos años vuela en medio de la habitación y pinta animadamente el techo con una cera de color lila. ¿Cómo coño…?

Y cámaras, una en cada esquina. Casi sin pensarlo, en un par de segundos las tengo carbonizadas y apago el fuego. Aron casi no ha tenido tiempo de darse cuenta. O como mínimo no grita. Espero que nadie nos haya visto.

0:25. Optamos por el camino de las dos chicas, no solo porque parecen más despistadas e inofensivas, sino también porque no veo guardias cerca en esta ruta. Nos preparamos para correr y contamos mentalmente hasta tres. Cinco. Diez.

– Baekho – susurra JR – No podemos esperar más. Hay que pasar.

Asiento, porque sé que tiene razón. Pero no quiero. Hay tantas cosas que podrían salir mal…

Demasiadas, tantas que es mejor no pensar en ello, así que esta vez no cuento, ni lo pienso, simplemente salgo corriendo, esperando que me sigan.

0:26. Pasamos a las chicas. Gritan, sale más gente de los despachos. Seguimos corriendo.

Saltan las alarmas. Ensordecedoras, abrumadoras. Y un hombre que intenta interceptarnos sale proyectado contra la pared con un haz de luz. Seguimos corriendo.

Empiezan a llover las balas, no guardias, solo trabajadores armados. Un torbellino de voz nos protege. Seguimos corriendo.

0:27. Baekho se detiene, duda solo un segundo, mira atrás, ve que no podemos volver y vuelve a avanzar. No nos detenemos, y cuatro pasos más allá veo el motivo. Dos guardias cruzan una esquina corriendo en nuestra dirección. Apretamos el paso y nos escabullimos por el siguiente cruce. Baekho delante, Ren en medio, yo detrás. Les siento prácticamente pisándome los talones. Justo detrás de mí,  justo detrás.

Tira de mi chaqueta y caigo contra el suelo. La inconfundible porra negra baja proyectada contra mi cara. Ni siquiera puedo reaccionar. Un pie entra en mi campo de visión. Aparta el brazo que me golpea y otro brazo aguanta la pierna, sosteniéndola en el aire un instante. La porra vuelve a bajar e impacta en la pierna.

Todo ha sido en una milésima de segundo, pero he oído la rotura y he sentido el líquido caliente en mi cara. Y sé perfectamente lo que ha pasado. Ren cae sobre mí, grita, chilla, se agarra la pierna malherida.

Baekho grita, ambos guardias chocan contra la pared y caen. Llueven balas que Baekho detiene con la voz. Ren chilla, la gente grita, y yo siento la sangre en mi cara, en mis labios.

Olor a metal.

No puedo. No puedo. No puedo.

Todo se vuelve oscuro, solo siento el olor a sangre. A oxido. Los alaridos de dolor de Ren, los aullidos de Baekho para protegernos, los gritos de los espectadores, gente corriendo, disparos.

Tengo que aguantar. Puedo.

Abro los ojos. Busco en mi mochila y todo tiembla. Crema, pastillas, calmantes, lo que sea. Nada. Miro a Ren. Las manos empapadas de sangre, y entre el fluido rojo sobresale el hueso quebrado. Dejo de mirar. Busco, pero no hay nada.

Echo agua en la herida. Le ato un pañuelo justo encima de la rodilla, le doy otro trapo para que lo muerda. Y es todo lo que puedo hacer.

Todo tiembla, los bordes son oscuros. Y hay sangre por todas partes.

0:28. Baekho coge a Ren por el brazo. Con un hábil movimiento y sin mirar se lo hecha a la espalda y corre todo lo que puede llevándole. Ren aprieta los dientes. Le estrangula con el abrazo, muere de dolor a cada paso. Y yo corro tras de ellos, rezando para que no nos alcancen las balas, defendiéndonos como puedo con la pistola que no sé cómo ha llegado a mis manos.

Y corremos.

Dolor. Solo dolor. Apenas soy consciente de lo que sucede a mí alrededor, solo sé que corremos y Baekho me lleva en la espalda. Cada paso es un suplicio, como si me clavaran un cuchillo en la pierna una y otra vez. Hago un esfuerzo por no gritar y abro los ojos, intentando ver que está sucediendo.

Oigo disparos a mi espalda pero no parecen ser muy efectivos, JR apenas sabe disparar. Los guardias casi nos alcanzan y Baekho cada vez corre más lento, no puede luchar mientras me carga, tengo que hacer algo. Una sacudida más fuerte que las otras y por unos momentos todo se vuelve oscuro. Aguanta Ren, no seas nenaza.

Tengo que hacer algo o solo seré un peso muerto que conseguirá que los maten. ¿Pero qué? Apenas puedo concentrarme en seguir lo que sucede a mí alrededor, no sé si podré usar mi poder…

Cierro los ojos y dejo de intentar fijarme en lo que sucede, dejo de intentar reprimir los gritos a cada sacudida, me centro solo en intentar sacar todo mi poder. Lo busco, lo siento y acumulo toda la potencia puedo hasta que lo suelto de golpe, sintiendo como la luz sale expulsada de mi cuerpo y luego… nada, solo oscuridad, me aplasta, me asfixia. Pero no me voy a dejar vencer. Respiro hondo y lentamente vuelvo a sentir el cuerpo de Baekho bajo mis brazos, el dolor insufrible en mi pierna y los pasos de JR detrás nuestro. No se oyen guardias, lo he logrado.

 

Suenan las alarmas. Mierda.

La niña está de pie frente a nosotros. Lleva el pelo recogido en dos coletas y una especie de pijama rosa. Nos mira con curiosidad.

Me arrodillo para quedar a su altura e intento hablar sonriendo y con voz calmada.

– Hola.

– Hola. ¿Quién shois?

– Yo me llamo Minhyun, él es Aron, y somos…

– ¡¿Shois Minhyun y Aron?! ¡Wooooo!

Su cara se ilumina y nos mira emocionada.

– Sí… – respondo dudoso.

– ¿Nos conoces? – Aron se agacha a mi lado.

– ¡Puesh caro! ¡Shempre hablan de voshotos! ¡Vueshtros poeres shon inceííííííbles! ¡Shois geniales! ¡De mayor quiero sher como voshotos!

Se pone a dar saltitos emocionada y salta a nuestros cuellos para abrazarnos. Le devolvemos el abrazo, confusos.

– ¡Os quero! Me contaron que shois mis papás, que os shacaron celdas y con ellas hicieron yo. – ¿Celdas? Supongo que quiere decir células… – ¡Quería muchííííííshimo conoceros! ¿Habéis venido a juar comigo?

– No… De hecho hemos venido a buscaros.

– ¿A bushcanos? ¿Onde vamos?

– Vamos a salir de éste edificio.

– ¿Po qué? ¿Es que vamos a juar fuera?

– Bueno… esto…

– Sí, vamos a jugar fuera – Aron lo dice muy convencido. No me gusta engañarla, pero no veo otra forma. – Ya verás, veremos el sol. ¿Te gustaría ver el sol?

– ¡Shííííííí! ¡El shol! ¡El shol! ¡Quero ver el shol!

No pensaba que iba a ser tan fácil convencerla, pero parece que ha funcionado. Ahora vuelve a volar emocionada por la habitación. No cuesta demasiado adivinar su poder.

Y me fijo en el niño. Sigue con el mando en la mano, mirándonos fijamente. Sin expresión. No se ha movido, ni siquiera ha abierto la boca. Qué niño tan raro, da un poco de grima.

Que niño tan raro, da un poco de grima. – ¿Qué? No puede ser que el niño haya dicho esto. Tiene una voz muy rara. ¿Cómo…? – Mi chico está muy guapo con cara de no entender nada.

– ¿Eh? – ahora es Aron quién le mira desorientado.

Vale, nos ha leído la mente.

– Sí – responde el niño, esta vez con una voz diferente, más… normal.

– Entonces ya sabes a qué hemos venido – dice Aron.

– Sí. Sé que vuestras intenciones son buenas, pero también sé que los guardias que nos esperan fuera con sus porras y sus pistolas no quieren jugar no nosotros, precisamente.

– Es verdad… pero es el precio para una vida mejor.

– Es un suicidio y lo sabéis. Y a nosotros aquí nos tratan bien.

Os tratan bien ahora, pero sabes cómo nos trataban a nosotros, así que puedes imaginar cómo os tratarán cuando crezcáis un poco.

Su cara cambia de repente. Sé que me ha “oído” y que sabe que tengo razón. La impasibilidad de su rostro y su mirada desafiante se convierten en cara de pánico.

– Appa… ¿Qué quere deir Shamuel? ¿Los gardias queren hacernos daño?

Aron la abraza y le acaricia el pelo para tranquilizarla. Y le dedica esa hermosa sonrisa que haría derretir el hielo.

– Sí, los guardias son malos, por eso queremos irnos. Pero no van a haceros daño, porque nosotros estamos aquí para protegeros. ¿Lo entiendes?

Shi

Llevo a la niña en brazos, sus coletas me hace cosquillas en el pelo. Es tan inocente y adorable… Espero de corazón que no consigan hacerle daño.

El niño…. ¿Samuel se llama? De repente se levanta y se nos acerca. Mira a Min, parece que éste le ha dicho algo mentalmente.

– Está bien, voy a confiar en vosotros. Mejor esto que quedarse así. Espero que lo consigamos. – Se gira hacia la niña. – No, Shinhye, no puedes llevarte a Teddy.

– ¿Qué pasa? – le pregunto.

– Quiere llevarse el osito de peluche, pero no puede porque lleva un cascabel y hace ruido.

Min se agacha al lado del osito y le deshace el lazo del cuello para quitarle el cascabel. Luego se lo da a la niña.

– ¿Ves, Shinhye? Ahora sí puedes llevarte a Teddy.

La niña abre los ojos como platos, le brillan de la emoción, y salta a sus brazos.

– ¡Acias omma!

¿Omma? BUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA

La cara de Min es totalmente un poema. Y a mí me duele la tripa y me lloran los ojos de tanto reírme. Samuel también se ríe. Por primera vez parece un niño.

00:33. Aun con Ren sobre mi espalda, jadeando por el dolor de su pierna rota, nos metemos en la salita que ha encontrado JR.

Hemos despistado a nuestros perseguidores con luz. Luego Ren casi se desmaya. Pero no, sigue consciente.

Le bajo y examino su herida, es horrible. JR le hecha agua, soltamos el improvisado torniquete y todo se llena de sangre, le envolvemos en trapos. Si le hecho pomada cicatrizara al instante. Con el hueso salido. Hay que ponerlo en su lugar. Pero no puedo. No nos atrevemos a tocarle. Si le rozas aúlla de dolor. No sé qué hacer, no puedo hacer nada, me siento tan impotente…

– ¿Que hago…? – ¿a quién se lo pregunto? No sé qué hacer… que alguien me diga que puedo hacer…

– Nada, esperar a Minhyun y Aron, estarán a punto de llegar.

– ¿Y DEJO A REN ASÍ?

– ¿Qué quieres hacer? ¿Acaso sabes arreglar huesos rotos?

– … – tengo que hacer algo… tengo que… Rennie…

Pero no puedo hacer nada, nada más que estar a su lado. Le doy la mano y él me la aprieta con fuerza. No puedo hacer nada más…

Duele. Duele mucho. ¡Joder! Intento pensar en otra cosa, en nuestra situación, estar alerta a mí alrededor, pero no puedo. Solo puedo pensar en el dolor. Respira Ren, respira. Inspira… expira… inspira… expira… Eso es, no voy a dejar que una maldita pierna rota me haga llorar, no, nadie va verme llorar. Soy fuerte, puedo con ello.

Baekho coge mi mano y yo se la aprieto con fuerza, me gustaría hablar y decirle que no se preocupe, que estaré bien… Pero no me atrevo, no sé si seré capaz de decir dos frases seguidas con una voz aparentemente normal y sin echarme a llorar así que solo aprieto su mano y respiro hondo.

 

00:34

00:35

00:36

Miro en reloj mientras esperamos a que lleguen, mientras esperamos.

Ren agoniza, y ni Baekho ni yo sabemos que hacer. Necesitamos hacer algo, aunque no sirva para nada, no hacer nada nos está matando.

Ojalá pudiera hacer algo por Ren. No dejo de pensar que está así por protegerme. Y no puedo ni mirarle, la sangre, el dolor, sus gemidos de agonía.

00:37

¿Cuánto pueden tardar Minhyun y Aron? ¿Qué vamos a hacer cuando vuelvan? ¿Volverán? Espero que no les pase nada. Pero aunque lleguen, aunque vuelvan en perfectas condiciones, con los niños… Ni siquiera podemos tocar a Ren estando así. Evidentemente no puede andar, y aunque le cargásemos… Con la pierna así… está perdiendo mucha sangre. ¿Tenemos alguna posibilidad?

Siempre lo hemos tenido difícil, pero hay momentos en que realmente no ves que esto pueda terminar bien.

Pero no puedes dejar que te gane la desesperación, porque si lo haces, si desesperas, pierdes absolutamente todas las posibilidades.

00:38

No puedo hacer nada, no puedo siquiera pensar. Porque si pienso me doy cuenta de que estamos perdidos. De que hay demasiado en nuestra contra, de que nos hemos marcado un objetivo muy simple, salir de aquí, y aunque lo consigamos, ¿Qué pasa después? ¿Dónde voy?

Pero no, no debo permitirme pensar eso, tengo que centrarme en cosas más prácticas, en cosas más inmediatas, que pueda solucionar al momento.

Ren.

¿Qué podemos hacer por él? No puedo ni mirar la herida.

Nada, no puedo hacer nada, igual que con todo lo demás.

¿Distraer a Baekho tal vez? Parece a punto de colapsar.

– ¿Baekho, donde están los otros? – aunque solo sea con eso.

No me mira, ni siquiera me oye, sigue aferrándose a la mano de Ren, mirándole fijamente, tenso.

– ¡Baekho! – No me escucha, no me oye, no existo ahora para él. Totalmente comprensible.

– ¡Baekho! – le sacudo, al fin me mira – ¿dónde están los demás?

Su cara dice claramente ¿Cómo puedes pensar en eso, en algo que no sea REN? Pero cierra los ojos y les busca.

– Están viniendo.

Y ya está, dejo de existir otra vez.

– Baekho. Podemos sedarle. No le dolería.

Tampoco creo que Ren acepte eso… ¿es mejor tenerle dormido o agonizando?

– Ren, voy a hacerlo, voy a sedarte

¿Que…? Baekho se ha vuelto loco de estrés, así que simplemente me echo a reír. Sedarme, a mí, si hombre vaya chiste. Prefiero retorcerme de dolor antes que pasarme horas dormido como un tronco mientras ellos se juegan la vida. Es que ni de coña. Despierto por lo menos puedo usar mis poderes para defenderme, aunque me agote. Puedo hacer ALGO.

– Haz lo que quieras, pero no me sedes – consigo hablar con los dientes apretados sin gritar. Bien, progresamos.

– Ren, te duele

– No jodas.

Exacto, es mi dolor, mi pierna, mi consciencia.

– No seas idiota.

Cierro los ojos y me centro en recuperar mi autocontrol. Joder, no me hagas hablar más de lo necesario, déjalo… Baekho toma mi silencio como un sí y se acerca con el sedante. No, he dicho que no. Respiro hondo otra vez y abro los ojos.

– No.

El para y acaricia mi mejilla, con cara de no entender el porqué de todo esto.

– Pero… ¿por qué?

– Quiero… estar consciente… hasta el final

Le aprieto el brazo con fuerza, rogando para que deje de insistir y no me lo haga más difícil, sé que lo hace por mí, porque se preocupa, pero no voy a ceder.

Finalmente Baekho asiente imperceptiblemente con la cabeza, deja la jeringa en el suelo y coge mis manos entre las suyas. Son cálidas, grandes, acogedoras. Solo entonces me permito volver a cerrar los ojos y centrarme en mi respiración. Inspira, expira, inspira…

00:41. Avanzamos tan rápido como podemos pero a mí sigue pareciéndome que vamos muy despacio. No puedo pedirles más. Yo solo habría llegado hace rato, pero debo adaptarme al ritmo de estos tres. No puedo llevarlos a todos a cuestas, junto con las mochilas. Encima tenemos que intentar pasar desapercibidos, evitar a los trabajadores de oficinas, las cámaras de seguridad, no hacer demasiado ruido… no es una tarea fácil. Ánimo, no nos queda mucho.

Yo voy delante con el mapa en la mano, intentando leerlo con rapidez mientras avanzamos entre los pasillos de paredes grises y grandes ventanales cubiertos de finas persianas que dejan entrever los lujosos despachos y cruzando los dedos por no equivocarme. Creo que vamos bien.

Detrás de mí está Min, mi chico se mueve tan rápido como puede pero los años de inmovilidad le pasan factura y cuando se trata de correr las piernas le fallan. Hace grandes esfuerzos para seguir y para no desmoronarse. Y lleva a Samuel cogido de la mano. El chiquillo no dice nada, continua con curiosa cara de concentración, y nos sigue sin rechistar.

Y luego está Shinhye, que revolotea a mi lado. Aún me sorprende ver a un ser humano levantarse de ésta forma del suelo. Su cara inocente y extremadamente sonriente demuestra que no es consciente de la situación en la que nos encontramos. En fin, mejor así, es apenas un bebé.

Vamos, adelante, ya queda muy poco.

Miro hacia atrás para comprobar que Min y Samuel pueden seguir el ritmo. Y cuando vuelvo a girar mi cabeza hacia adelante me quedo helado, mi corazón da un vuelco.

00:50. Un grupo de personas con máscaras blancas salen de detrás de una esquina. Guardias. Puedo contar uno, dos, tres… ocho. Son demasiados. Están un poco lejos pero se acercan rápido.

Me detengo de golpe y cojo a Shinhye para que deje de volar, la abrazo contra mi pecho, la protejo instintivamente.

– ¿Pero qué…? ¡Mierda! – oigo a Min quejarse detrás de mí.

– Quieren matarnos, lo leo en sus mentes, quieren matarnos…

Min se arrodilla a su lado e intenta mostrarse confiado para tranquilizarlo. Pero conozco a mi chico y sé que está asustado, tanto o más que el pequeño.

– Tranquilo, nos encargaremos de ellos. Aléjate un poco y vigila que no te hagan daño.

– Y cuida de ella, por favor – añado yo pasándole a Shinhye. Será mejor que no esté en mis brazos mientras luchamos.

Samuel asiente y se aleja, poco convencido. Al fin y al cabo puede leer nuestras mentes y sabe que no estamos seguros de poder ganar.

Oigo disparos y me estremezco. Pero ninguna bala llega a rozarnos. Se detienen antes de acercarse a nosotros y caen inertes al suelo. Min jadea, crear una ráfaga de aire lo suficientemente fuerte como para detenerlas no habrá sido fácil.

Instantes después, unas cuantas de las pistolas que llevan en las manos estallan en llamas. Los guardias las sueltan y gritan asustados.

Fuego. No, eso no. Mi cuerpo tiembla.

– ¡Min, no hagas eso!

– Perdón…

Las llamas se apagan pero las pistolas han quedado inutilizables. Al menos algunas.

Ahora es mi turno.

Salto hacia ellos con la porra en la mano y le doy a uno en la cabeza y a otro en la espalda. Ambos caen al suelo. Un tercero me golpea también con una porra en la espalda, y yo le devuelvo el golpe. Otros dos vienen en su ayuda. Intento defenderme de todos, tengo que hacerlo. Debo ganarles.

Todavía quedan guardias con pistolas, uno me apunta pero yo soy más rápido. Saco la mía y disparo. La bala le da en la muñeca, la pistola le cae de la mano y él grita.

Disparo algunas balas más, algunas dan en los blancos, otras son esquivadas. Hasta que se me acaba el cartucho. No tengo tiempo de cambiarlo. Un par de guardias se me acercan con rapidez, cuchillos en mano. Creo una ráfaga de aire que les levanta y les lanza contra la pared.

Aron grita. Está luchando contra demasiados, debo ayudarle.

Me concentro para mover la tierra del suelo, creo con ella una especie de brazo que agarra a dos guardias que están luchando contra Aron y los alejo así de él. Aprieto la tierra que los sostiene con fuerza contra sus cuerpos, oigo un crujido y un grito de puro dolor. Me estremezco.

– ¡MIN!

El grito de Aron me distrae, le miro y sus ojos están llenos de puro terror. No por él, sino por mí. Me giro rápido. A mi espalda se encuentra un corpulento guardia con un cuchillo en alto a punto de perforar directamente mi corazón. Me he distraído en ayudar a Aron. El cuchillo baja demasiado rápido. No voy a poder detenerlo. Sólo puedo cerrar los ojos. Se acabó.

Algo me empuja, caigo al suelo, Aron chilla justo a mi lado, y mi cara se salpica de un líquido viscoso.

Abro los ojos y lo primero que veo es el cuerpo de mi chico desmoronándose ante mí. Con la espalda perforada por el enorme cuchillo, que el guardia corpulento se ha encargado de clavar y luego sacar. Ríe con una voz grave y yo estallo de ira.

Dos segundos más tarde, su cuerpo estalla en llamas y en seguida se ve reducido a cenizas.

Grito de desesperación. Y con mi grito mando una onda expansiva de fuego, que el aire se encarga de hacer llegar a todos los guardias que tenemos alrededor. Para alejarlos, para que no le hagan más daño.

Y me dejo caer a su lado, grito su nombre, acaricio su mejilla ensangrentada, intento hacerlo reaccionar.

Intenta hablar pero se ahoga y escupe sangre. Parece que le han perforado el pulmón. No va a sobrevivir, joder, no puede ser, mierda, mierda, ¡mierda!

– ¡Aron! ¡ARON!

 

Siento un dolor intenso en mi espalda. Y frío. Hace mucho frío…

Min me toca y casi no siento el calor de sus manos… Quiero mirarlo pero la vista se me nubla…

Intento coger aire pero me ahogo, no puedo respirar. No hay forma de salir vivo de esto.

Min, te dije que daría mi vida por ti si era necesario. Siento no poder salir de aquí a tu lado, espero que puedas ser feliz. Te quiero.

Sufre. Aprieta los dientes con fuerza, suda a chorros, parece a punto de desmayarse, pero sigue insistiendo en que no le sedemos. Canto para él, para aliviarle el dolor. Le susurro lo mucho que le quiero, lo mucho que me importa. Rennie… Mi niño… Quédate a mi lado…

Le acaricio la frente, secándole el sudor, y con mi mente siempre expandida siento que alguien se acerca. ¿Guardias? Si, y bastantes, muy cerca de aquí. Espero que no nos encuentren. Pero hay algo más, alguien más. Los chicos están de regreso, con los dos niños. Y es inevitable que se crucen. ¡Demonios!

– ¡JR! ¡Minhyun y Aron van a toparse con los guardias! – Abre los ojos como platos, asustado, ¿cómo no? – Están aquí al lado, tenemos que ir a…

Ren no puede ir. No puedo dejarle aquí. JR solo no tiene manera de encontrarles ¿Puedo dejar que Aron y Minhyun luchen solos?

– Ve… – Apenas le oigo cuando me susurra. – estoy bien…

¿Cómo vas a estar bien Rennie? Dios mío… ¿qué hago? ¿Qué debo hacer?

– ¡Quédate con él! – le grito a JR.

00:51. Salgo corriendo, dejando a Ren sin mirar atrás, me doy cuenta de que JR me sigue.

– Somos más útiles allí.

Y tiene razón, sé que tiene razón, pero… Rennie… Tampoco podemos hacer nada por él estando a su lado.

Aguanta mi pequeño guerrero.

Nos cruzamos con los niños, un chico de unos diez con una niña en brazos, les indicamos que sigan recto este pasillo para llegar con Ren. Y seguimos corriendo, y al girar la esquina lo siento, como apuñalan a Minhyun, como Aron se interpone para recibir el golpe, como el cuchillo le perfora, como cae.

00:52. Sintiendo que me falta el aire no puedo sino seguir corriendo, rezando por llegar a tiempo.

Alguien me empuja y me aparta de él. Jonghyun. Se abalanza sobre el cuerpo de mi chico y pone su mano desnuda sobre su herida.

No, eso sí que no. ¡¿Es que quiere desintegrarlo?! ¡¿SE HA VUELTO COPLETAMENTE LOCO?! La sangre, ha visto demasiada sangre y le ha pillado uno de sus ataques. Está loco, está descontrolado, y va a desintegrar a mi chico. NO, NO, NO, NO, NO, NO, ¡NO!

Ni siquiera sé en lo que pienso. No pienso. Hay sangre por todas partes. Brota de Aron y se expande, lo envuelve todo, lo absorbe todo.

Pero hay algo más allá de la sangre. Aron se muere.

Aparto a Minhyun, mis manos van directas a su herida, me empapo en sangre, mi vista se vuelve roja, pero lo ignoro.

Siento su carne en mis dedos, la carne que se ha abierto con la herida, pero que aún recuerda… Las partículas de su cuerpo aún tienen la fuerza para unirse. Como cuando reconstruía las pilas. Aun siento la unión entre ellas, aunque no lo haya destruido yo, si puedo reconstruirlo.

Recorro a esa parte prácticamente desconocida de mi poder, a la inversa de lo que siempre he hecho, y siento como su cuerpo se regenera y la herida se cierra.

00:55. Caigo al suelo, mareado. Los guardias que quedaban se han ido. La herida de Aron se ha cerrado sin dejar más rastro que la sangre, pero sigue inconsciente. Minhyun le sacude intentando despertarle, manchándole de rojo con sus manos ensangrentadas. Grita desesperado. Si no llora es porque aún no quiere creerlo. Yo tampoco.

– Tenemos que volver. – advierte Baekho – aquí no estamos seguros.

La voz le tiembla, todo él tiembla, Baekho, Minhyun, Aron, hasta las paredes parecen temblar. Todo se difumina y se vuelve rojo…

No, no te dejes llevar.

Trago saliva, cierro los ojos y respiro, y cuando vuelvo a abrirlos las paredes están estables, y yo cojo a Aron por un brazo y ayudo a Baekho a arrastrarle hasta la salita donde nos espera Ren.

00:56. Regresamos a la salita, con Rennie y los niños. Ren abre los ojos como platos cuando nos ve llegar. La niña rompe a llorar, y el chico retrocede, como asustado, pegándose a la pared.

Minhyun se deja caer junto a Aron. Sigue sacudiéndole, le llama. Le ruega que vuelva, le suplica que se quede con él. Llora y grita. Me acerco e intento calmarle, pero ni siquiera me escucha.

JR cierra y atranca la puerta, se deja caer contra ella y se acurruca en el suelo, cerrando los ojos para no ver la sangre, intentando respirar, tapándose la cara con las manos teñidas de rojo. Incluso el olor de la sangre es insoportable.

Ren me pregunta qué ha pasado. Gritando por la histeria y por su propio dolor. Intenta acercarse pero solo de moverse el rostro se le crispa de dolor, y ahora ya no puede retener las lágrimas.

La niña sigue llorando, berreando como un bebé. Es un bebé. Intento acercarme, calmarla, pero huye de mí, también voy cubierto de sangre.

El chico, en un rincón de la sala, se sostiene la cabeza entre las manos con fuerza, “¡dejad de gritar!” chilla a pleno pulmón una y otra vez.

Y Aron… Aron resta impasible, pálido y cubierto en rojo. Con los ojos cerrados. Me acerco a comprobarlo, aunque no quiero saberlo.

No tiene pulso.

No, no puedo creerlo, no quiero. No puede estar muerto. Instintivamente junto mis labios con los suyos para darte lo que temo que será nuestro último beso. No se mueve, no me lo corresponde. No puedo hacerme a la idea de esto. Siento que mi corazón va a detenerse.

Me separo de él. Ya no respira. Tomo su pulso y compruebo que ya no existe, su corazón se ha detenido. Hemos llegado tarde. No, no voy a creerme esto. No voy a aceptarlo tan fácilmente. Mientras yo pueda seguir respirando no voy a dejar de intentar que viva. Seguro que puedo hacer algo. Al fin y al cabo un setenta y cinco por ciento de nuestro cuerpo es agua, ¿no? Al menos debo intentarlo.

Cierro los ojos y me concentro en su cuerpo. En sentir el agua de sus células, y la que forma parte de su sangre. Y la muevo, con esfuerzo, a través de sus venas, arterias y capilares, hasta todos los rincones de su cuerpo. En un desesperado intento de que sus tejidos no mueran por falta de sangre. Luego muevo el aire, lo meto y lo saco de sus pulmones para permitir el intercambio de gases con la sangre. Pero sé que con eso no es suficiente. No voy a hacer que vuelva a latir su corazón. Necesito esforzarme más.

Alguien toca mi espalda.

– Minhyun, sé cómo te sientes, pero creo que deberíamos…

Aparto la mano de Baekho de mi espalda de un manotazo, lleno de rabia.

– ¡CÁLLATE! ¡No voy a dejarlo! ¡No mientras pueda hacer algo! ¡Si él muere yo muero con él!

– Minhyun, por favor… Él no ha dado su vida para que tú tires la tuya…

No… yo no quería que él diera su vida por mí… Una vez me dijo que sería capaz de hacerlo y yo le creí, no necesitaba que me lo demostrara. ¡Maldito imbécil! No voy a dejar que muera así… No va a morir, y menos por mí…

– Déjame intentarlo… sé que puedo hacer algo… por favor…

Baekho se aparta en silencio y mi atención vuelve a mi chico. Sigo moviendo su sangre y me concentro en su corazón. Debe volver a latir. ¿Cómo lo hago? Debo conseguirlo, sea como sea. Todas mis energías se concentran en ese órgano que me pertenece. No siento nada de lo que pasa a mí alrededor. Tan solo existimos él y yo. Tan solo mi voz desesperada gritando su nombre y mis poderes en su cuerpo.

Late. Vamos, late. Por favor. Late.

– ¡Aron! ¡Aron no te vayas! ¡No por favor! ¡No puedes dejarme! ¡Aron!

– Sangre… muerto… Sangre… todo rojo… todo oscuro…

– ¡¡¡Bueeeeeh!!! ¡¡¡bueeeeh!!!

– ¿¡Que ha pasado!? ¡¿QUE COÑO HA PASADO?! ¡JODER ME DUELE! ¡QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE QUE COJONES HA PASADO!

– ¡Dejad de gritar! ¡Callaos! ¡Dejad de gritar!…

Permanezco quieto, inmóvil e impotente en medio del caos. Y, aun por encima de todo el estruendo, oigo algo más.

Golpes en la puerta. Porrazos. Alguien al otro lado que quiere hacernos salir.

01.00. Hay guardias al otro lado.

De repente noto un pinchazo en mi cabeza. Me duele mucho, algo va mal. Mis poderes me abandonan y mi cuerpo no reacciona. Creo que los he utilizado demasiado. No estaba preparado para esto.

La sangre de Aron ya no se mueve, el aire que entraba en sus pulmones no me obedece. Y su cuerpo inmóvil, frío y pálido sigue inerte.

Las fuerzas me abandonan, los músculos ya no me aguantan y me desmorono sobre Aron; mi cabeza cae sobre su pecho desnudo, que ha quedado al descubierto al rasgarse sus ropas. Sobre su inerte corazón.

No puedo moverme, ya no puedo hacer nada. Mi cuerpo no me responde. Tengo los ojos abiertos pero no veo nada. Pronto voy a perder el conocimiento.

Lo siento, Aron, lo siento. He hecho lo que he podido. Creía que podría salvarte. Espero que puedas perdonarme. Te quiero…

Minhyun se inclina sobre Aron, besa su cuerpo, luchando aun por retenerle aquí. No quiere aceptarlo. No quiere creerlo.

Y de repente se derrumba, cae, desmayado, sobre su cuerpo sin vida.

Con una sonrisa en los labios.
FIN
Y hasta aquí Action, XD ¿Os ha gustado el final? ¿Chulo eh??? XDDD

No, es broma, la semana que viene publicamos el siguiente 😛

SHIROKO  KUROKO  AOIKO

ACTION: Capítulo 25

action25

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo quinto

Baek me mira a los ojos como nunca había hecho, tiene una mirada lujuriosa que parece que pueda desnudarme. Y estamos solos.

– Sabes Rennie, viendo a ese par he tenido un par de ideas interesantes que me gustaría probar… pero claro, sin ti no serian la mitad de divertidas… ¿quieres jugar conmigo?

Mientras habla de una forma lenta y seductora sus manos bajan acariciando mi pecho, están calientes y toda mi piel parece arder a su paso. No respondo, no hace falta, solo le beso como no había hecho nunca, descargando todas las ganas acumuladas de estos días. Viéndole entrenar, sudar, sonreírme, besarme… Está jodidamente bueno y yo ya no puedo más.

– No puedo resistirme más Rennie… – susurra a mi oído mientras me aprieta contra su cuerpo. Noto todos y cada uno de sus músculos pegados a mi pecho y solo puedo enredar mis manos en su pelo, deseando que la ropa que se interpone entre nosotros desaparezca.

– Hazlo Baekho…mi tigre…

– Voy a hacerlo

¿Qué…? ¿Qué ha pasado con su voz? Esa no es la voz de mi chico…es más… Femenina. Es una voz que conozco. La zorra traidora.

– Hazlo, haz lo que yo no tengo valor de hacer.

¿Qué cojones hace JR aquí? ¿De qué está hablando?

– En serio, ¡voy a matarte!

¿QUE?

Abro los ojos de golpe y me doy cuenta de que: uno, Baekho duerme, eso era un sueño. Dos, Las voces no. Miro a mí alrededor y veo a JR despierto con esa apuntándole al cuello con un cuchillo. Espera… ¿QUE? MIERDA.

LO SABIA. LE VA A MATAR. ¿QUE HAGO?

¡Mi pistola! Tanteo a mí alrededor pero solo encuentro a Baekho. Le doy un codazo, le zarandeo y le aparto para seguir buscando mi arma. ¡¿Dónde está?! ¡Tengo que darme prisa! Mierda, mierda, ¡mierda!

–  ¿Es mejor así verdad?

¿Es mejor así EL QUE? Bueno, que siga hablando y la entretenga. ¿DONDE ESTÁ MI MALDITA PISTOLA?

Cinco minutitos más…

– Baek, Baek, Baekho, vamos, ¡¡que le va a matar!!!

Su voz baja pero insistente me obliga a despertarme mientras me golpea a codazos y patadas.

¿Matar? ¿Pero qué…? Abro los ojos, más intrigado que otra cosa. Y lo veo.

Lime, con un cuchillo, a punto de degollar a JR.

Oigo mi propio grito incluso antes de pensar que voy a gritar, el arma sale disparada hacia algún rincón incierto y segundos más tarde un fogonazo de luz empuja a Lime un par de metros atrás.

Un grito ensordecedor me saca del mundo de los sueños. Es la voz de Baekho. ¡¿Qué coño pasa ahora?!

Abro los ojos y al instante un enorme destello de luz me deslumbra. ¡Eso duele, joder! ¡Maldita sea!

Cierro los ojos y los cubro con mis manos, intento que desaparezca la sensación de quemado, ruedo por el suelo desorientado.

Y choco con algo. No, con alguien. Que se queja igual que yo. Que también se ha quemado los ojos con el destello. Que tampoco entiende nada.

– ¿Qué? ¿Qué pas…?

– ¡ZORRA! ¡SABIA QUE IBAS A MATARNOS! ¡PUTA! ¡TE MATARÉ!

Retengo a Ren antes de que salte hacia ella, le quito la pistola y le mantengo firme a mi lado, ni siquiera sé por qué. JR cierra los ojos y traga saliva, no estoy seguro de si está agradecido de que le hayamos salvado.

– ¡ESCORIA! ¡JAMÁS DEBIMOS CONFIAR EN TI! ¿Y LOS MONSTRUOS SOMOS NOSOTROS? ¡ASESINA!

Lime, aun aturdida, intenta ponerse en pie, Aron es más rápido y le salta encima, inmovilizándola contra el suelo. Levanta el puño y lo baja golpeándole la cara antes incluso de caer al suelo. Minhyun grita, una ráfaga de viento pasa zumbando a mis oídos y los gritos de Ren parecen, literalmente, relámpagos.

La van a matar.

Y se lo merece.

Suelto a Ren, que inmediatamente recupera su pistola.

– ¡PARAD!

No, no por favor, no… No quiero sumar más vidas en mi lista de deudas. Dejadla…

Todos me miran asombrados. ¿Porque la defiendo? ¿Porque yo? Yo que siento como me escuece el corte y como la sangre caliente empieza a degotar de la herida apenas superficial.

Sé que no quería hacerlo. Temblaba. Quería que la detuviéramos. No sé qué la habrá llevado a pensar que debía matarnos, pero no quería hacerlo.

– Por favor, soltadla.

Y por algún extraño motivo, todos me obedecen. Aron se retira, Minhyun y Baekho se relajan. Ren… bien, Ren no baja el arma, pero tampoco dispara.

Lime me mira a los ojos, con lágrimas.

– No podía…

– Lo sé.

Boquea y traga saliva mientras las lágrimas caen ya de sus ojos.

– Tenía que…

– Lo sé. Te comprendo, pero quiero vivir. Voy a permitirme ser un poco egoísta.

Le sonrío, y ella cierra los ojos.

La sien izquierda le sangra por el golpe de Aron, se deja caer al suelo, y con los ojos cerrados casi parece muerta.

Me acerco al botiquín y bajo la mirada atónita de mis compañeros aplico una capa abundante de crema cicatrizante sobre la herida. Minhyun enseguida reacciona y me echa una mano.

– ¿Nos quedan sedantes? – Pregunto.

– Tres.

– Pinchadle uno.

Lime abre los ojos y me mira fijamente. ¿Agradecida? ¿Suplicante? realmente no lo sé, tampoco dice nada.

Aron nos acerca la jeringuilla y Minhyun hunde la aguja en su brazo sin pensarlo dos veces.

– ¡¿Sedarla?! – grita Ren indignado – ¡Deberías cortarle la cabeza! ¡Y arrancarle el corazón! si es que tiene…

Pero no hace nada. Se indigna pero se queda donde está. Baekho intenta calmarle abrazándole.

– No me lo puedo creer… – Murmura Minhyun – confié en ella…

Acaricio por última vez el cabello turquesa de la chica y me pongo en pie.

– Recoged las cosas – les digo a los chicos – nos vamos.

Por fin hemos abandonado nuestro refugio, el lugar donde hemos podido sentirnos más o menos seguros durante estos pocos días. Con la intención de no volver nunca más. Deseando que todo salga bien y podamos respirar, por fin, el aire del exterior.

JR nos ha impedido matar a Lime, así que aún confundidos y por petición del loco, la hemos sedado, atado y amordazado de modo que no pueda seguirnos; cuando despierte no va a ser capaz ni de moverse.

Hemos cogido nuestras mochilas con prisa, llevamos una cada uno, llenas a rebosar, y nos hemos encaminado hacia los montacargas que según Baekho van a llevarnos a la zona de oficinas. Una vez hayamos subido se habrá acabado la tranquilidad. Puede que estos sean nuestros últimos momentos de paz.

No caminamos despacio pero tampoco con demasiadas ganas. Se respira un ambiente pesado. La traición de Lime nos ha puesto tristes, porque excepto Ren todos confiábamos en ella, hemos pasado tantas horas juntos que llegamos a considerarla más o menos una amiga. Y encontrárnosla intentando matar a JR ha sido un duro golpe, aún nos sentimos confundidos e incrédulos.

Baekho es el que va delante y nos guía. Utiliza su poder para orientarse en medio de estos enormes almacenes y camina ausente y en silencio. De hecho ninguno de nosotros habla. Excepto Ren, que camina justo detrás del guía y no se cansa de restregarnos una y otra vez que él tenía razón, que deberíamos haberle hecho caso, que sabía que no podíamos fiarnos de ella… y todo esto acompañado por una colección innumerable de tacos. Aunque reconozco que no le falta razón, así que nadie se atreve a contradecirle.

Su voz chillona me provoca dolor de cabeza.

– ¡Joder, es que os lo dije! Sabía que no tenía que dormir, que atacaría de noche pero claaaro, Ren es un paranoico y Lime es muuuy bueeena. Y CASI NOS MATA.

– Cállate de una vez, rubia.

Min, detrás suyo, es el único que intenta calmarlo, pero sus palabas agresivas sólo consiguen que Ren replique cada vez más.

JR va el último. Parece el más deprimido y no me extraña. Camina despacio, y yo me giro de vez en cuando a mirarle para asegurarme de que no le coge ningún ataque de locura de los suyos y que no se pierde en medio de la oscuridad. Le veo andar con la cabeza baja, a menudo se gira para mirar atrás, como buscando algo en medio de la oscuridad, sin conseguir ver nada en absoluto.

Al fin me acerco despacio a JR. Lleva una gasa muy apretada en el cuello para evitar que su propia sangre lo maree, pero aún así tiene muy mala cara.

– Ei, ¿te encuentras bien?

Levanta la cabeza para mirarme, perdido en sus propios pensamientos. Sólo asiente y vuelve a mirar al suelo.

Los gritos de Ren, las réplicas de Min, la ausencia de Baekho y el decaimiento de JR… el ambiente cada vez es más insoportable. Debo decir algo, a ver si consigo que Ren se calle y que esto mejore un poco. Así que hablo con voz fuerte para llamar la atención de todos.

– ¿Por qué creéis que Lime ha intentado matar a JR con un cuchillo? ¿No sería más fácil haber usado una pistola? Habría sido más rápido acribillarnos a balazos, habría podido matarnos a todos antes de darnos tiempo a reaccionar…

– Porque no quería hacerlo, quería que se lo impidiésemos – JR me responde convencido y sin vacilar.

– ¿¿¿AÚN LA DEFIENDES??? ¿LA MUY ZORRA INTENTA MATARTE Y TÚ LA DEFIENDES? NO, SI AHORA SERÁ UN ACCIDENTE QUE INTENTARA REBANARTE LA CABEZA…

JR no responde, sólo vuelve a bajar la cabeza. Esta vez es Baekho el que habla e intenta calmar a su chico. Por fin el radar ha vuelto de su ausencia.

– Ren, déjale. Ya lo está pasando mal…

– ¡Pero si…!

– En serio, déjalo. Nos disculpamos todos por no haberte hecho caso, pero realmente no lo esperábamos, comprende que nos ha sorprendido y… déjalo…

Ren parece que va a volver a replicar pero se contiene.

– Vaaaale – responde y al fin se calla con un suspiro, no muy convencido.

Minhyun se acerca a JR y le habla, lo suficientemente alto para que lo oigamos todos.

– Oye, no entiendo por qué la has dejado allí atada y sedada. ¿Qué pretendes con eso? Sabes que no bajarán a buscarla y no creo que la hayas abandonado para que se muera…

– Si conseguimos salir de aquí conseguiré decirle a alguien dónde está para que vengan a buscarla, si no… quedará aquí atrapada y morirá con nosotros…

JR habla de nuevo sin vacilar y su seguridad me escama. Aunque bien pensado, no me parece una mala idea. Lime nos ha traicionado, ha intentado que fracasáramos en nuestra fuga. Ahora, su destino está ligado al nuestro, y su vida depende de la nuestra.

Nadie dice nada más y seguimos andando en silencio a través de la oscuridad. Me acerco a Min y le cojo de la mano, él aprieta la mía con fuerza. Está asustado y tiembla un poco. Y no voy a negarlo, yo también lo estoy. Pase lo que pase hoy, soy muy feliz de haberlo conocido, de poder cogerlo de la mano, puede que por última vez. Pase lo que pase hoy, él es y será la persona más importante de mi vida, mi primer y único amor verdadero.

El aire se respira tenso y cargado. Realmente, por más que Ren repita que nos lo advirtió, por más que yo mismo sospechara que algo iba mal, ninguno se esperaba esto. Quieras o no, nos habíamos refugiado en nuestra burbuja de “todo está bien”, y el regreso ha sido brusco, y doloroso…

Y con este ambiente cargado llegamos a la nevera, el inmenso almacén de comida desde donde cogeremos los montacargas que llevan a las cocinas de los pisos superiores.

Antes que nada compruebo si está despejado, si habrá alguien esperándonos en el otro lado, no parece que sea así.

Esperamos unos segundos a que alguien diga nada, hasta que me doy cuenta de que todos me miran expectantes. JR solo mira al suelo, y supongo que en esta situación soy yo quien debe guiarles. Al fin y al cabo, soy el único que se a donde va…

– Muy bien – empiezo – ¿recordáis todos lo que tenéis que hacer? – ellos asienten – pues los relojes a las doce en punto.

Encontramos los relojes durante nuestras expediciones a almacenes. Cuatro de ellos aun funcionaban aunque no tenían pilas. Encontramos pilas, y ahora tenemos cuatro perfectos relojes a destiempo. Los ponemos todos a la vez de modo que podamos sincronizarnos. Minhyun y Aron comparten el suyo ya que no tienen intención de separarse. Los demás tampoco, pero en fin…

El siguiente punto, son los mapas. Reparto uno a cada uno y asisto, orgulloso, a sus expresiones perplejas.

– ¿Cuando has hecho esto?
Guao, están muy currados, le habrán llevado muchísimo tiempo. ¿Por qué no me habré dado cuenta que los hacía? ¿Cuándo…? Oh, no. No me digas que los hizo mientras…

– Wow, están geniales.

– Está súper torcido. – Aron, voy a romperte la cara…

Pero Minhyun se me adelanta dándole una colleja cariñosa. Has tenido suerte enano.

– Oye, te callas. ¿Qué has aportado tú al grupo? ¿Eh? como mínimo mi novio hace algo útil… – Gracias Rennie… Que tierno que es defendiéndome. Le sonrío, y él responde acercándose para besarme muy rápido en los labios.

– No, en serio, ¿cuando los has hecho? – Minhyun, ¿tanto importa?

– Pues… a ratos…

– Mientras follabais. – Gracias Ren…

Lo ha dicho. Mierda, voy a morir de la vergüenza.

Hice el primero mientras Ren dormía, cuando regresé con JR y Lime de nuestra expedición a buscar túneles, y luego he ido copiando los otros. Hubiera necesitado una regla, escuadra, cartabón y transportador de ángulos para que quedase bien, pero es una chapuza aceptable.

Ignoro el comentario de Ren y la vergüenza de Minhyun y sigo explicándoles señalando en mi mapa.

– Os he marcado la sala de controles, la habitación de los niños, los montacargas (osea, donde vamos a salir ahora) y las puertas. Y esta cruz es el punto de encuentro. ¿Todo claro?

Rennie y Minhyun siguen enfrascados en un encarnizado duelo de miradas, JR está perdido en su mundo interno de depresión y Aron solo me mira con superioridad.

– Mientras podamos orientarnos por esta especie de serpientes… En serio, estos pasillos no llevan a ninguna parte. ¿Qué clase de chapuza has hecho?

– No, es que… son así…

Si, aunque parezca mentira, los pasillos no llevan a ninguna parte. Hay salas sin puertas y pasillos en diagonal. Salas triangulares y plazoletas entre los pasillos. Paredes más gruesas las unas que las otras, lo mismo con los pasillos. Una chapuza, vaya. Premio para el arquitecto que diseñó este edificio…

– ¿En serio?

– Pues el que lo hizo debía estar borracho, por lo menos.

– Si, en jaulas era igual, ¿recordáis? – asienten. – Ya sé que no es fiel a la realidad al cien por cien – me disculpo – pero es que no tenía material para más. Creo que esto es bastante útil…

– Es perfecto cielo, no le hagas caso.

Vale… jeje

Mapas, relojes y mochilas. Ya lo tenemos todo preparado. Sólo nos queda subir.

Nos miramos unos a otros, dudosos y en silencio. En realidad nadie tiene ganas de dar el paso. Huir de esta tranquilidad para correr hacia la libertad… o hacia la muerte. La situación asusta.

Me arrimo con fuerza al brazo de Aron y trago saliva con dificultad.

Al fin Baekho, nuestro guía, rompe el silencio.

– ¿Recordáis todo lo que dijimos? – asentimos. – ¿Todos sabéis lo que tenéis que hacer? -volvemos a asentir. – ¿Sí? ¿Seguro?

– Lo hemos repetido un montón de veces, ¿es que crees que somos tontos?

Baekho fulmina a Aron con la mirada pero no le devuelve la provocación. Mi chico sólo le mira con aires de superioridad.

Suspiro. Vaya par, siempre igual…

– Pues arriba – añade el guía. Y al fin nos acercamos a los montacargas.

Sólo hay uno que funcione y en él caben dos personas, aunque un poco apretujados. Habrá que hacer turnos.

Primero suben Baekho y Ren, así el guía podrá detectar si se acerca algún peligro mientras están arriba. Ambos se meten en el montacargas, más arrimados de lo que sería necesario. No parece que les moleste en absoluto tener que estar tan pegados. Cómo los entiendo.

Las puertas se cierran despacio y los dos rubios empiezan a subir.

Pocos minutos después el cubículo vuelve estar vacío en frente de los tres que quedamos.

– Id vosotros primero, yo me quedaré aquí a vigilar, por si acaso.

Jonghyun y yo asentimos y ambos nos metemos en el montacargas. Me duele dejar a Aron solo, pero no hay más remedio. No estaré tranquilo hasta que vuelva a verle sano y salvo arriba.

Jonghyun tiene muy mala cara, lo está pasando fatal. Me da lástima.

Mientras la puerta se cierra me acerco a él y le susurro con voz calmada.

– ¿Estás bien, Jonghyun?

Él asiente tristemente sin levantar la mirada.

Las puertas se cierran y nos quedamos a oscuras.

Min y JR han entrado juntos en los montacargas. En ese espacio tan reducido. Están a oscuras y muy pegados. Lo que habría podido hacer yo con mi chico en una situación así…

Pero está con JR. Y Min le ha susurrado algo. Sé que no va a pasar nada entre ellos… ¿verdad?

Mi chico y JR juntos. Y he sido yo quien se lo he propuesto. Soy idiota.

Después de una salida del montacargas muy poco digna lo cerramos y oímos como baja a buscar a los siguientes. Esperamos abrazados en silencio, sin atrevernos a hacer ningún sonido innecesario ahora que estamos aquí arriba. Al cabo de unos minutos llegan JR y Minhyun que también esperan en silencio. JR simplemente sigue en su mundo, con la mirada fija en el suelo y Minhyun mira ansiosamente la puerta del montacargas esperando a su amorcito. Como si le fuera a pasar algo por estar 5 minutos solo, vale que somos gafes, pero no tanto…

Cuando por fin llega Aron, Minhyun salta a sus brazos sin apenas darle tiempo de salir y le come la boca. Otra vez. Aron se queda con cara de embobado y estoy seguro que ese brillo en sus ojos es totalmente lascivo. Empiezo a plantearme si no me gustaban más peleados, que no se sobaban tanto.

Nadie tiene ganas de salir allí fuera, nadie dice nada, esperando a que alguien de la orden en medio de esa enorme sala-comedor vacía. Es un lugar inquietante, blanco industrial como todo lo demás y lleno de mesas y bancos, a oscuras da bastante mal rollo…

– Bueno, va, ya estamos todos así que… ¡vamos a patearles el culo a esos guardias! – la mayoría salen de su ensoñación al oírme menos JR que se limita a asentir con la cabeza, este chico empieza a preocuparme seriamente…

– Sí, vamos, por aquí.

Mi chico nos guía por la sala hasta las puertas de salida a los pasillos, al terreno enemigo. Estamos a punto de entrar otra vez en el terreno de batalla pero esta vez estamos más preparados, hemos entrenado, tenemos mapas. No podrán con nosotros.  

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Y vuelven a la carga! ¿lo conseguirán? ¿cuanto tardarán en encontrarles? ¿En que consiste su plan? todo eso y más en el capítulo siguiente!!! ^^

Puesto que ahora nos vamos de vacaciones no podemos prometer publicar cada capítulo en su día, pero no nos tardaremos! (no mucho) esperad por nosotras!

SHIROKO KUROKO AOIKO

ACTION: Capítulo 24 (Especial)

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Ya vereis que este capítulo es un poco diferente y especial (a parte de mas corto, si, no es usual en nosotras que ocupe menos de 10 paginas pero este tenia que ser así).

Esperamos que os guste y que no os enfadeis por tardar tanto en publicar, nosotras os queremos, en serio ❤

 

Deciden que ha llegado el momento, deciden que hay que salir de aquí. Al final todos están de acuerdo, consiguen incluso convencer a Aron y Minhyun, aunque les cueste más. Esos dos lo único que quieren es escaparse otra vez a follar.

Pero ya está, les han convencido y se van, a cargarse todo lo que se encuentren por delante. Bueno, ahora no, mañana. No hagas hoy lo que puedas dejar para mañana ¿no? Primero tienen que comer, dormir, hacer las maletas, prepararse, pensar que material tienen que llevar, planear que es lo que van a hacer… muchas cosas, vaya. Así que se van a dormir y dejan para
mañana todo eso de fugarse, que es mucho lío.

Apagan las luces, dejando solo la luz tenue de un farolillo pequeño, porque si no nos quedamos en la más absoluta oscuridad, y se tumban en sus colchones a dormir.

¿Como pueden dormir? ¿no están nerviosos? Mañana van a jugarse la vida ¿y duermen?

Llevan tres años jugándose la vida cada día. Ya no les vendrá de aquí.

Pero yo no soy capaz de conciliar el sueño, y mientras les veo a ellos dormir pienso. Doy vueltas y vueltas a todo lo que se sobre ellos, a lo que me han dicho siempre y a lo que he visto yo aquí. ¿que debería hacer?
Siempre he querido ayudarles. Les veía ahí, encerrados, obligados a exhibir sus poderes, sin que se les permitiera tener voluntad, sin que le les dejara hacer nada que no fuera obedecer.

Nos decían que no eran más que animales, que eran diferentes a nosotros, “bestias peligrosas”. Que aunque su aspecto fuera semejante al nuestro su parecido terminaba allí. Nos decían que no tenían sentimientos, voluntad ni razón, que no eran más que animales. Pero a un animal también puedes tratarle bien ¿no?

Me uní a los “rebeldes” porque sentía lástima por ellos. Porque cuando les veía maltratados y asustados, acurrucados en el fondo de sus celdas, o por el contrario, mirándome con odio a través de los barrotes, lamiéndose las heridas, no podía evitar sentir una punzada de culpabilidad, preguntarme si lo que hacíamos estaba bien.

Algunos iban más lejos, algunos afirmaban que ellos eran iguales a nosotros, que sus poderes les hacían incluso superiores. Nunca he querido meterme en eso, es más fácil verles como animales, pero aun así quería ayudar, porque aun que tuvieran poderes letales no me parecían peligrosos, porque aunque no fueran humanos si me parecía que tenían sentimientos.

Por eso cuando saltaron las alarmas, indicándonos que intentaban escapar, me alegré por ellos. Por eso cuando Nara volvió, diciéndonos que era nuestro momento para hacer algo por ellos no dudé en ofrecerme voluntaria para ayudarles a esconderse, a prepararse.

Alice me pidió que lo hiciera. Alice, que ha probado de primera mano qué tan peligrosos son y que sigue insistiendo en protegerles, en ayudarles, en que no merecen este trato. Alice y su complejo de santa…

Y la verdad es que al conocerles… me han sorprendido. No son animales, son un grupo de adolescentes, con las mismas preocupaciones y anhelos que cualquier chico de su edad. Bueno, eso tal vez no… Tienen gustos algo diferentes, pero impresiona ver la intensidad de sus sentimientos después de tanto tiempo creyéndoles poco más que piezas de museo. Impresiona ver que si son humanos. Si más no hasta cierto punto. Son humanos que brillan, hacen levitar cosas, rompen paredes a puñetazos, lanzan llamas o volatilizan cosas.
Pero… bastante humanos.

Por otro lado, sus mentalidades de adolescente crean problemas de adolescente. No puedo evitar plantearme como tienen siquiera las fuerzas para enamorarse, ponerse celosos, o pelear entre ellos en la situación en la que están. ¿No sería más lógico que se centraran solo en salir de aquí? ¿En regresar a sus casas? De algún modo es como si, a la mínima que se sienten “libres” quisieran recuperar el tiempo que se les ha quitado, vivir todo lo que se les ha negado aquí dentro. ¿por eso van tan rápidos? ¿por eso son tan “intensos”?

Estoy realmente convencida de la fuerza de sus sentimientos, estoy convencida de que sienten. Tal vez demasiado. ¿no es precisamente eso lo que les hace peligrosos? Baekho estuvo a punto de matarme porque creyó que intenté disparar a Ren, no me cabe duda de que Ren encontraría una forma más sanguinaria de matarme con menos motivo aun. Aron se ve a la legua que es mortífero si a Minhyun le pasara algo, y por más calmado que parezca el modelo playboy tiene un poder muy potente y que lleva mucho tiempo latente, demasiado, si pierde el control… no quiero ni imaginarlo. Aunque para imaginar finales terribles no hay más que pensar en JR. Y este ni siquiera necesita un motivo para perder el control.

Si, para que negarlo, me asustan. Me aterrorizan, me siento amenazada constantemente estando con ellos. Quiero ayudarles, quiero salvarles, quiero sacarles de aquí, pero hace tanto que me repiten que son peligrosos, que no controlan sus instintos asesinos, que les bastaría con un gesto para matarme, que cuando les veo practicando con armas, con sus poderes, tengo escalofríos. Cuando Ren me lanza miradas asesinas, cuando JR se queda callado y sus ojos se pierden, cuando Aron se enfurece y destruye algo por error… a veces desearía haberles dejado perdidos en Jaulas, a veces pienso si no hubiera sido mejor que les encontrasen y les volvieran a encerrar. A veces me pregunto si he hecho bien en traicionar a mi gente por ellos. A veces me planteo si no estarían mejor muertos.

Siento entre mis dedos el peso del arma, mi pistola, con cinco balas.

No, no, no. ¿Para esto les salvaste? ¿para matarles ahora?

Minhyun duerme plácidamente entre los brazos de Aron, ahora que al fin lo han arreglado todo, se abrazan tan fuerte que podrían parecer uno solo, están tan pegados que parece que nadie podría separarles. Son tiernos, si, pero cuando les miro me viene a la mente todo lo que les he visto hacer. Sé que Minhyun me puede prender fuego, que puede ahogarme llenándome los pulmones de agua, o arrancándome todo el aire, igual que me puede sepultar bajo tierra con un solo gesto. Sé que Aron puede… en fin, podría matarme de tantas formas
distintas. Tiene tanta fuerza que podría incluso matarme sin querer. Sé que lo ha hecho antes, le he oído explicarlo. No le gusta matar, no soporta hacerlo, pero cuando pierde los nervios pierde el control de su fuerza, y los cuerpos humanos son demasiado frágiles para él. No quiero ni acercarme.

Baekho también abraza con fuerza a su muñequita rubia. Estos ya directamente desbordan azúcar. Pero Ren es todo lo contrario a algo “dulce”. Sus miradas me hielan. No es el más poderoso de ellos, ni mucho menos, pero quiere matarme. Quiere verme muerta des que me uní a ellos. A mi y a cualquiera que lleve una máscara blanca y una pistola en las manos. O tal vez sin el arma también. Lo peor de Ren no es su poder, es la capacidad que tiene para mover a los demás, hacer que hagan lo que él quiera. Sin ir más lejos hoy les ha convencido a todos para salir de aquí. Si miramos más atrás, fue por él que empezó todo esto. Porque él luchaba por salir se organizó la fuga. Baekho la organizó. Baekho. El dulce, amable, tierno y calmado Baekho. Eso cuando no pierde los nervios, cuando su noviete no está en peligro. Aun recuerdo la sensación de cuando me levantó con la voz. Sentí el aire presionando cada punto de mi cuerpo. Me sentí estallar y a la vez comprimirme. Sentí que me faltaba el aire, que tiraban de mi cuerpo para romperlo, sentí que me moría…
Si, Baekho es un chico muy dulce. Cuando quiere.

Y por último… el más mortífero de todos. Descansa aquí a mi lado como si no pasara nada. Adorable e inocente como un niño. El más calmado y racional de todos, el que más se arrepiente de sus actos, el que menos desea su poder, el que menos soporta matar. El único que no necesita un motivo para hacerlo, porque ni siquiera es consciente. Mientras les buscaba vi los cadáveres, el resultado de su poder. Y fui incapaz de mirar. Aun recuerdo a Alice, que perdió su brazo por su culpa. Por más que insista en que es nuestra culpa, que nosotros le hemos provocado este estado mental, que por nosotros pierde la cordura y el control de su poder. No me importan sus motivos, no me importa que no le guste matar. Me importa que puede hacerlo. Y eso le hace peligroso.

A él y a todos.

Y si les ayudo a salir de aquí ¿en que me convierto yo? ¿en su salvadora? ¿o en una asesina también? ¿valen más sus vidas que las de mis compañeros? Porque seguirán matando, está claro que van a hacerlo. ¿Y cuando estén fuera? Son peligrosos, son demasiado peligrosos para que anden sueltos por el exterior. Aquí están controlados, aquí sus poderes solo eran mortíferos dentro de sus jaulas. Siento lástima por ellos, si. Quiero ayudarles, si. Pero…
¿dejarles libres? ¿No es eso cruel para el resto de la humanidad? ¿No sería acaso, después de todo lo que han sufrido, un acto incluso piadoso terminar con sus vidas? Estoy segura que prefieren eso que volver a sus jaulas. Les haría un favor.

Aprieto el arma entre mis dedos. Cinco balas, no necesito más.

Estoy haciendo lo correcto. Para ellos y para el resto de gente. Cinco vidas, a cambio de muchas más. En realidad estoy salvando a mucha gente. Estoy haciendo lo correcto.

¿Porque tiemblo tanto entonces?

Seré estúpida. Claro que tiemblo. Llevo varios días aquí con ellos, les he cogido cariño, es inevitable. Pero debo hacerlo. Porque sé que es lo correcto. Si consiguieran salir, ¿no seria eso horrible? ¿cuantas vidas pueden cobrarse en el intento? ¿cuantas “por accidente” una vez estén fuera? Al fin y al cabo, por más adorables que sean, solo son asesinos. intencionados o no, pero asesinos.

Debo hacerlo.

Dejo la pistola, la vuelvo a guardar en su funda y saco del cinturón el cuchillo. Ahora parece que me tiemblan menos las manos. Mejor así.

Me acerco al más próximo, JR, inclinándome sobre él. Evidentemente, tiene que ser el primero. Sin él no son ni la mitad de peligrosos, sin él no aguantarían todos juntos. Él tiene que morir primero.

El cuchillo brilla contra su garganta a la luz de la débil bombilla.

Tienes que hacerlo Lime. Debes hacerlo.

Jonghyun… Es un niño precioso. Parece tan pequeño dormido. Parece tan inocente. ¿Quién pensaría que alguien así pudiera ser un asesino? ¿Un monstruo? Es demasiado hermoso para ser tan mortífero…

Pero lo es. Y debo matarle. Aprieto el frío metal contra su cuello, tan afilado que apenas tengo que hacer fuerza. Sé lo que tengo que hacer. Es un corte rápido y preciso, y se desangrará sin apenas poder gritar. Tengo que ser rápida, tengo que ser hábil, tengo que ser fuerte.

Pero sus largas pestañas me cautivan, y cuando sus párpados se abren me encuentro mirando fijamente a sus profundos ojos negros.

Demasiado tarde.

 

¿Que opinais de Lime y de sus comidas de olla? ¿Es realmente capaz de matarles despuyes de todo? ¿Es demasiado tarde ya para JR?

Las respuestas la semana que viene! ^^

(Dejad reviews anda, no seais malos con nosotras aunque os hagamos sufrir, que lo hacemos con cariño <3)

 

SHIROKO KUROKO AOIKO

ACTION: Capítulo 23

Imagen

¡Aquí tenéis un nuevo capítulo de Action!

Esta vez hemos decidido publicar un lunes (vale, vale, aquí en España ya es martes, es que se nos ha ido un poco el tiempo, pero la intención era que fuera lunes ^^’) porque así tenemos el fin de semana para terminar el capítulo con tranquilidad y darle los últimos toques 🙂 Pero no estamos seguras de si a partir de ahora seguiremos publicando los lunes… o simplemente publicaremos cuando tengamos un nuevo capítulo acabado xD En fin, ya veremos 😉

Éste es un capítulo muy especial, nosotras nos hemos divertido muchísimo escribiéndolo y esperamos que vosotros disfrutéis mucho leyéndolo. ¡Así que a leer!

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo tercero

Estoy muy feliz de que por fin hayamos podido hablarlo y me haya contado lo que le preocupaba. De que lo hayamos arreglarlo y sigamos estando juntos. De que me quiera a mí y no a JR. Estoy tan a gusto a su lado… Me gustaría no separarme nunca de él…

Después de unos minutos abrazados, en silencio, disfrutando de solamente de su compañía y de sentir el calor de su cuerpo junto al mío, me decido a hablar. Hay algo que todavía no hemos dejado claro.

– Oye, y por lo que respecta al sexo… Claro que me gustaría hacerlo contigo, pero no quiero forzarte a nada… Lo haremos cuando tú quieras… y si tú quieres… sino me conformaré con que me dejes estar a tu lado para cuidarte y protegerte, ¿vale?

Levanta la vista para mirarme, algo confuso. Parece que va a decir algo pero no se decide. Su sonrojo va en aumento. Al final consigue pronunciar mi nombre en un susurro.

– Aron…

– ¿Qué pasa?

– Que… sí quiero…

¡¿Sí quiere?! Mi corazón se acelera. No, Aron, tranquilízate. No saques conclusiones precipitadas antes de tiempo.

– ¿Q… qué quieres?

– Hacerlo contigo…

Baja la mirada incapaz de seguir mirándome a los ojos. Está rojo como un tomate. Y es adorable.

– ¿En serio? -sonrío. Me siento el chico más feliz del mundo.- Pues cuando estés preparado…

– ¡No! -vuelve a levantar la cabeza para volver a mirarme a los ojos, sin intentar disimular su nerviosismo y su sonrojo.- Ya estoy preparado. Quiero hacerlo ahora.

¿A… Ahora? Ahora significa… ¿ahora mismo? O sea… ¿ya? Me quedo mirándolo con la boca abierta, sin acabar de asimilar lo que eso significa.

– ¿Estás seguro? No prefieres esperar a que…

– ¿Esperar? Ni siquiera sé si estaré vivo mañana. Ahora que lo tengo claro no quiero perder el tiempo.

Sonrío. Realmente, creo que ahora mismo no podría ser más feliz.

Sonríe. Con la sonrisa más pervertida que le he visto jamás. Y yo siento mis mejillas arder. Por vergüenza, sí, pero también por deseo.

Acerca sus labios a mi boca para besarme, pero se detiene antes de llegar a rozarme. Me mira, dudoso, como preguntándome todavía si estoy seguro, como si me pidiera permiso. Yo sólo puedo agarrarle con ambas manos del cabello para obligarle a cruzar la mínima distancia que nos separa, e introduzco mi lengua en su boca de manera ruda, sin miramientos, tan profundo como puedo dentro de su húmeda cavidad, buscando explorar frenéticamente cada uno de los rincones de su boca hasta lo más profundo que mi lengua pueda llegar, experimentando miles de sensaciones placenteras que me provocan el tacto de sus labios, el roce de nuestras lenguas, su aliento cálido dentro de mi boca. Siento una corriente eléctrica recorrer mi espalda con el beso más apasionado que nos hemos dado jamás. Me encanta. Y sólo acabamos de empezar.

Dios mío, ¿pero van en serio? Ay Baekho, deja de mirar, bloquea tu mente, no tendrías que estar viendo esto…

Vale, si lo que quería era demostrarme que va en serio lo ha conseguido. Madre mía. Jamás pensé que se pudieran llegar a sentir tantas cosas sólo con un beso. Soy incapaz de separar nuestras bocas, me gusta demasiado. Y él tampoco parece dispuesto a parar.

Le correspondo el beso con intensidad pero dejo que sea él quien marque el ritmo. Mis manos se mueven solas por encima de su ropa en una desesperada necesidad de acariciar su cuerpo. Y un cosquilleo recorre mi entrepierna, que despierta a marchas forzadas. Ya no hay marcha atrás.

Sus manos me acarician por encima de la ropa. No, esto no es suficiente. Dejo de enredar mis manos en sus cabellos y las bajo hasta encontrarme con las suyas y encargarme de colarlas debajo de mi camiseta, para sentir por fin la yema de sus dedos rozar mi piel, que se eriza ante su contacto. Sus caricias por mi espalda dejan de ser suaves y se vuelven cada vez más intensas, más desesperadas.

Se abalanza sobre mí para pegar más nuestros cuerpos. Ambos estamos de rodillas y de alguna forma, con este último movimiento una de mis piernas ha quedado entre las suyas, de forma que soy capaz de notar su enorme erección contra mi muslo. Esto sirve para endurecer aún más la mía, como si no estuviera ya suficientemente hinchada. Empieza a doler.

En un gesto travieso muevo un poco la pierna para rozar su miembro, y con esto él suelta un placentero y sorprendido gemido entre nuestras bocas pegadas. Y yo no puedo evitar soltar una risita. Esto me encanta.

Quiero sentir su cuerpo contra el mío, su piel pegada a la mía, quiero que nos fundamos en uno solo.

Mi ropa me molesta, pero la suya todavía más. Cojo su camiseta y se la subo para quitársela, él levanta las manos para facilitar el proceso. Con mucho pesar deshacemos momentáneamente el beso, para volver a reprenderlo cuando su torso está por fin al descubierto.

¡Ei, ei, chicos! con calma…

¿Y tu porqué sigues mirando Baek?

Mis manos se divierten por fin recorriendo libremente la mitad superior de su cuerpo. Me separo de su boca para poder morder su cuello, su clavícula, para empapar de mi saliva sus hombros y su pecho, su tripa y su ombligo. Mi lengua juguetea traviesa por todos los rincones de su torso; mientras mis manos resiguen ahora las vertebras en su espalda. Él solo responde con jadeos que suenan como música en mis oídos, y se retuerce acalorado ante mi contacto.

Tengo calor, mi ropa se me pega, me agobia. Me separo un poco de su cuerpo para poder quitarme la camiseta, y la tiro en algún lugar de este suelo frío.

Cuando me dispongo a volver a centrarme en él veo que su expresión ha cambiado. Sus mejillas siguen rojas y su respiración agitada, pero su cara de excitación ha cambiado por una expresión triste. No mira mi cara sino mi pecho. Con lástima. Y ya sé por qué.

Quemaduras. Su cuerpo está lleno de marcas de quemaduras. Algunas más recientes, otras más antiguas. Joder, hay un montón. Debió de dolerle muchísimo cuando se las hicieron. Las medicinas que tienen aquí son muy potentes y en principio curan sin dejar cicatriz; que tenga estas marcas significa que las heridas fueron realmente muy bestias. No me extraña que le tenga fobia al fuego. ¿Qué clase de persona sería capaz de hacerle esto? Malditos sádicos sin sentimientos. Por mucho que en mi familia fueran mafiosos y sea consciente de la crueldad con la que pueden actuar los humanos, es muy diferente cuando lo ves con tus propios ojos, y sobre el cuerpo de la persona a la que amas.

– Min…

Me abalanzo hacia él y le callo con un beso mientras mis manos se colocan sobre su piel y resiguen poco a poco su cuerpo, el cuerpo que tanto deseo, el cuerpo que tanto han maltratado. Mis dedos recorren una a unas sus cicatrices, despacio, suave, para luego dejar paso a mis labios que llenan su piel de besos, en un intento desesperado de borrar esas marcas y el dolor que llevan con ellas; de cambiarlo por ternura, por amor.

– ¿Te duelen?

Me sonríe dulcemente.

– No, ya no.

– Siento mucho… que hayas tenido que pasar por todo esto…

Realmente lo que he sufrido yo con mi inmovilización no tiene ni punto de comparación con el dolor que ha sufrido él. Es horroroso.

Su mano me coge la barbilla y me levanta la cara para que mis ojos humedecidos se claven en los suyos. Y me habla con voz firme.

– Hey, no pasa nada, todo eso terminó. Ahora estoy bien.

– Ya pero…

– Deja de pensar en lo que pasó. El pasado, pasado está. Ahora sólo existe el presente. Y en el presente sólo estamos tú y yo, juntos, y nadie más. ¿Y sabes una cosa? Ese pasado fue horroroso, pero sin él nunca habríamos llegado a este presente. Y este presente, este mismo instante, está siendo el mejor momento de mi vida. Disfrútalo conmigo, Min, y olvídate del resto. Piensa sólo en nosotros, ¿vale?

Jope, que bonito. Esto está ganando muchos puntos como telenovela drama romanticona… Que monos… Bueno, eso hasta que vuelvan a comerse y arrancarse la ropa…

Min vuelve a abalanzarse hacia mí y de nuevo nos fundimos en un húmedo y apasionado beso. Creo que puedo interpretarlo como sí. Realmente mi chico tiene tendencia a pensar demasiado. Pero no puedo negar que me encanta que se preocupe tanto por mí, y que sea tan atento. Sus caricias y sus besos sobre mis cicatrices son la mejor medicina que jamás me habían dado. Me han hecho sentir tan bien, con mi cuerpo, conmigo mismo. Se lo agradezco.

Le oigo susurrar bajito entre nuestros labios.

– Te amo, te amo, te amo…

– Yo también te amo, Min…

Seguimos abrazados, besándonos y acariciándonos el torso desnudo durante un buen rato. Hasta que acerca sus labios a mi oído para susurrarme.

– Más abajo, Aron, tócame más abajo…

Dios, que caliente me ha puesto eso. No voy a discutirle la orden.

No, no, no, no, eso no, no lo hagáis, ¡no quiero verlo!

¿Entonces porque sigues mirando?

Su mano se mete inmediatamente por dentro de mis pantalones y de mi ropa interior, hasta agarrar mi miembro con descaro. Y yo por respuesta sólo puedo gemir. De placer, de deseo. Joder, cómo me gusta.

Su mano sigue moviéndose por mi entrepierna mientras la otra me agarra el trasero con brusquedad y sus labios devoran mi boca. Todo mi cuerpo tiembla y desea que no se detenga.

Necesito ver su cuerpo entero, su miembro erguido, su piel pálida. Así que, sin dejar de besarle, desplazo mis manos hasta el cierre de sus pantalones para deshacerme de ellos. La cremallera se me resiste, ¡maldita sea! ¿Quieres hacer el favor de desabrocharte? ¡¿Es que no ves que estoy desesperado?!

Min se ríe de mi penosa pelea con sus pantalones, lo que me faltaba, y ellos no parecen querer ceder. Pues ellos lo han querido. Utilizando la fuerza que me proporciona mi poder no me cuesta demasiado romperlos y sacárselos de una vez, y con ellos su ropa interior. Por fin puedo ver ese cuerpo desnudo delante de mí, a mi total disposición, y me quedo unos segundos contemplándolo.

Luego vuelvo a acariciar su miembro, ésta vez sin que nada me moleste, mientras muerdo su pecho y lamo sus pezones. Y él gime, gime sin control.

– A-Aron… Aron… aaah… para…

Si, Aron, por favor, para…

Me detengo al oír eso y levanto la cabeza para mirarlo. ¿Qué he hecho mal? ¿No le gusta? A lo mejor se lo ha pensado mejor y ya no quiere hacerlo conmigo… ¡Aaaag! ¡¿Qué se supone que pasa ahora?! Relájate, seguro que no es nada…

– ¿Qué pasa?

– Yo… es que… esto…

Duda, rojo como un tomate.

– ¿He hecho algo mal?

– ¡No! ¡Para nada! Sólo quería decirte que… -traga saliva y me mira, y yo asiento, indicándole que continúe- … que es… mi primera vez. Tendrás cuidado, ¿verdad?

Sonrío. Es que no puede ser más tierno.

– Claro. ¿Sabes? También es la primera vez para mí. Iré con mucho cuidado, te lo prometo. No te haré daño.

Nuestra primera vez. De los dos. Eso lo hace todavía más especial. No podría ser más feliz.

Me lanzo a besarle en los labios, y acompaño el beso con caricias suaves para que se relaje. Enseguida noto que esta vez son sus manos las que están en mi pantalón y segundos después toda la ropa que todavía cubría mi cuerpo ha volado quién sabe dónde.

Qué imagen tan perturbadora, los dos desnudos y tan pegaditos… No tengo muy claro si siento vergüenza, celos o si directamente me estoy excitando, pero es tan incomodo…

Una vez estamos ambos totalmente desnudos me separo un poco de él y me tumbo en el suelo, bocarriba. Abro mis piernas delante de él para mostrarle una visión completa de las partes más íntimas de mi cuerpo. Aron me mira babeando con la boca abierta. Y a mí se me suben los colores cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo. ¡¿Cuándo coño me he vuelto tan descarado?!

Ya estoy a punto de cerrar las piernas e incorporarme para evitar morir de vergüenza, pero noto que Aron se ha colocado entre mis piernas y me lo impide. Se tumba encima de mí, pegando nuestros cuerpos, calientes como no lo habían estado jamás, y clava sus dientes en mi cuello.

Su miembro duro y erguido está sobre el mío. Aron empieza a moverse y nuestras entrepiernas se rozan, y cada roce provoca en mi cuerpo corrientes eléctricas.

Ok Baekho, has visto suficiente, ahora ya te vas y les dejas intimidad para no traumatizarte…

Me muevo para que nuestros cuerpos se rocen, nuestros miembros se acaricien mutuamente, nuestras pieles sudadas se peguen. Para aumentar nuestra excitación, nuestro deseo, nuestra lujuria. Y el resultado no podría ser mejor. Ambos disfrutamos del contacto mientras nuestras lenguas se entrelazan, mis manos acarician su…

¿Qué es eso? ¡¿Por qué hay fuego?! ¡¿POR QUÉ HAY UNA MALDITA CAJA ARDIENDO?! ¡¿POR QUÉ HAY FUEGO, MALDITA SEA?! ¡¡¡FUEGO!!!

¿Fuego ahora? ¿En serio? ¿Justo ahora? venga…

¿Qué haces aun aquí?

Aron se levanta de repente y se pone a corretear gritando como un poseso. Estoy alucinando. ¿Qué coño pasa ahora?

Veo la luz y siento el calor a mi espalda. Me giro, es cierto, hay una caja de cartón ardiendo. Y creo que sé por qué. Mierda.

Utilizo mis poderes para apagarla y corro hacia donde está Aron. Le abrazo para calmarlo.

– Aron. ¡Aron! Ya está, lo he apagado, ¡ya está! ¡Cálmate!

Al fin parece tranquilizarse. Se acaricia la frente con la mano, intentando serenarse.

– Min, ¿estás bien?

– Sí, es que…

– ¿Sí? ¡¿Seguro?!

Asiento de nuevo y él me mira de arriba abajo, incrédulo, hasta que sus ojos corroboran mis palabras. Suspira.

– Menos mal. ¡¿Qué ha sido eso?!

– Esto… verás… es que… em… lo siento…

– ¿Qué?

– Ha sido… culpa mía… Estaba muy excitado y creo se me han descontrolado los poderes inconscientemente… Ni siquiera me he dado cuenta… Perdón…

Se deja caer al suelo con pesadez y yo me arrodillo para quedar a su altura. Suspira de nuevo.

– Vaya… eso me ha cortado mucho el rollo.

¡¿Qué?! ¡No! ¡No me digas que vamos a dejarlo aquí! No, no, no, ¡ahora no! ¡Mierda! ¿Ahora cómo lo arreglo?

Aún no me he recuperado del susto, mi corazón está desbocado y no es precisamente por excitación sexual. Pensé que me daría un ataque. No sé si voy a poder continuar con esto.

– Aron…

Min me llama con voz seductora. Levanto la mirada y me topo con sus ojos; se muerde el labio inferior y me sonríe con la expresión más erótica que le he visto jamás.

– Perdóname. Te lo compensaré, ¿vale? Tú sólo déjame hacer.

Creo que tengo miedo… Y demasiada curiosidad…

Habla arrastrando las palabras y antes de que me dé tiempo a reaccionar me empuja para dejarme tumbado en el suelo, separa  mis piernas, se coloca en medio de ellas y agarra mi miembro con ambas manos, e inmediatamente empieza a moverlas de arriba abajo. Qué bien se siente eso. Vale, retiro lo que he dicho antes. Sí voy a poder continuar con esto. ¡Necesito continuar con esto!

Pronto el tacto de sus dedos sobre mi miembro se ve sustituido por algo más húmedo. Levanto un poco la cabeza para poder contemplar como resigue despacio mi pene con su lengua, de forma un poco torpe, pero cada lamida me provoca grandes oleadas de placer. Dios mío, va a volverme loco. No tarda en meterlo dentro de su boca, lo saca, lo vuelve a meter… Está rojo como un tomate, es una visión tan erótica… Sus labios cubren sus dientes para no hacerme daño a la vez que se cierran con firmeza alrededor de mi glande. Y su lengua juguetea traviesa con mi pene, lo mueve dentro de su boca, le da golpecitos a la punta…

Esto es demasiado, voy a perder la cabeza.

Sus gemidos inundan el lugar, son gritos desesperados que pronuncian mi nombre. Con mis manos mantengo sus piernas abiertas y noto como le tiemblan. Sus músculos se tensan, sus uñas arañan el suelo… Parece que estoy consiguiendo que se olvide de lo del fuego.

Dios, ¿qué estoy haciendo? Nunca pensé que sería capaz de hacer algo así. Pero ya no siento vergüenza, sólo deseo por su cuerpo, necesidad de fundirme con él.

Disfruto cada uno de sus gemidos y movimientos, me siento feliz de poder provocarle todo esto.

Cuando ya estoy notando líquido preseminal en mi lengua una de sus manos agarra mi cabello y tira de él suavemente para separarme de su miembro. Me dirige hasta su cara y junta nuestros labios en un beso húmedo, en el cual se mezclan nuestras salivas y el líquido que todavía no me había tragado.

Cuando nos separamos me sonríe con ternura; aún jadea.

– Eso ha estado genial. ¿Te parece si probamos otra cosa?

¿Cuenta mi opinión?

Asiento sin pensarlo, deseando entregarle mi cuerpo y aceptar cualquier cosa que quiera hacerme.

Sin saber muy bien cómo nos cambiamos de posiciones, ahora soy yo el que está tumbado bocarriba en el suelo y él entre mis piernas abiertas. Mientras besa mi cuello y acaricia mi pecho, roza mis labios con sus dedos. Entiendo lo que quiere y abro la boca para lamerlos y llenarlos de saliva. Cuando le parece suficiente aparta su mano de mi boca y vuelve a besarme. Me muerde el labio inferior mientras sus manos separan mi trasero y sus dedos lubricados rozan mi entrada.

Eso me asusta un poco. ¿Un poco? A quién quiero engañar, tengo mucho miedo. De que me duela, de no hacerlo bien. Pero a la vez lo deseo, con todas mis fuerzas.

– Min, si no quieres dímelo, no pasa nada. No quiero que hagas algo si tú no quieres.

– ¡Sí quiero! Sólo estoy asustado. No te detengas ahora, por favor, te necesito.

– Pero…

– Confío en ti. Quiero hacer esto contigo, deseo que tomes mi cuerpo. Te quiero. Y estoy preparado, hazlo ya.

Asiente y al instante noto uno de sus dedos abrirse paso entre mis carnes. Duele. ¡Joder, duele! ¡Maldita sea! Encima empieza a moverlo en mi interior, despacio pero demasiado rápido para mi gusto. Y yo grito y lloriqueo, araño su espalda, pero no le pido que lo saque, no quiero. Quiero sentirle, acostumbrarme a esto. Él me besa, en los labios, en la cara, y me susurra palabras cariñosas en el oído para que me tranquilice.

Poco a poco el dolor deja de ser molesto, ahora me gusta. Mis lloriqueos se convierten en gemidos. Me gusta lo que me hace sentir. Quiero más. Y parece que de nuevo se da cuenta porque mete un segundo dedo, que empieza doliendo y de nuevo el dolor se convierte en placer. Ídem con el tercero.

Tres dedos ya no son suficientes, necesito más, algo más grande, más caliente, más íntimo. Necesito que me haga suyo, que nos fundamos en uno, que nuestros gritos se mezclen…

– Aron… estoy listo, métemela ya…

Creo que tardaré años en poder borrar eso de mi mente…

Le preguntaría si está seguro pero no puedo, yo también lo necesito, ya no aguanto más. Saco mis dedos de su interior y dirijo mi miembro a su entrada, para penetrarle de una sola estocada. Él chilla, se retuerce, clava las uñas en mi espalda, muerde con fuerza mi hombro y aprieta las piernas contra mis costillas en un frustrado intento de cerrar instintivamente las piernas. Se tensa, y sus paredes presionan mi miembro con fuerza, eso me hace jadear.

¡Duele, duele, DUELE! ¡Maldita sea! Siento pinchadas en mi interior, como si fuera a romperme. ¡JODER!

Se me escapan las lágrimas, y Aron las besa, me acaricia el cuerpo, intenta tranquilizarme de nuevo. Pues creo que no le va a ser fácil, joder, duele demasiado.

No parece calmarse con mis caricias, así que dirijo mis manos a su miembro y empiezo a masajearlo con firmeza. Tardo un poco, pero consigo que sus gritos de dolor vuelvan a ser gemidos de placer. Y cuando eso pasa empiezo a moverme, muy despacio, buscando algún gesto que me dé su aprobación. No tarda demasiado en mover las caderas para acompañar mis embestidas. Vale, me lo tomaré como un permiso para continuar.

Sigo moviéndome dentro de él, más y más rápido cada vez. Las sensaciones que me provoca cada embestida son increíbles. Gimo sin control, pierdo el mundo de vista. El roce con sus paredes, la presión sobre mi miembro, el calor de su interior, el intenso placer que me provoca cada vez que entro y salgo de su cuerpo, me van hacer enloquecer.

Y acelero, cada vez más y más, utilizo mis poderes sin pensar para ir más rápido, para darle con más fuerza, no puedo controlarme, ya no percibo nada de lo que me rodea, sólo existen nuestros cuerpos, su calor y la forma en que se mueven, necesito ir más rápido, llegar más profundo, sentir más, quiero más, necesito…

– ¡¡¡PARA!!!

¿Qué? ¿Para? ¿Ahora? ¿Por qué???  

Oh, dios, ¿que estoy haciendo?

El grito me ensordece y me detengo de golpe. ¿Qué…? Min está llorando. No puede ser.

– ¡¿Qué coño pasa contigo?! ¡Hace rato que te llamo y me ignoras! ¡Te digo que duele, joder! ¡¿Tanto cuesta ir un poco más despacio?!

Salgo de su interior y le abrazo con fuerza. Estaba tan cegado por el placer que no me he dado cuenta. Soy despreciable ¿cómo he podido hacer algo así? Doy asco.

– Perdóname, perdóname, perdóname… Lo último que quería era hacerte daño. Te prometí que no lo haría, lo siento. Se me ha ido la cabeza.

No sé como disculparme, soy un desastre. Todo iba bien y lo he fastidiado, va a odiarme. ¿Qué hago?

Aron reparte besos por mi cara, seca mis lágrimas, me abraza con fuerza y no para de disculparse. Se le ve desencajado, me hace gracia y se me escapa la risa. Él se calla y me mira sin comprender. Yo le sonrío.

– Lo siento, me hace gracia verte tan preocupado. Tranquilo, no pasa nada.

– ¿No estás enfadado?

– No, en realidad… me gusta saber que te excito tanto hasta el punto de perder la cabeza de esta manera.

Me besa, me susurra un “te quiero” y vuelve a besarme de forma tierna, lenta y dulce. Luego se separa y me mira dudoso.

– Creo que deberías terminar lo que empezaste.

Esta frase ha acabado con sus dudas, puedo ver sus ojos brillar de felicidad. Con cuidado hace que recuperemos la posición en la que estábamos, pero antes de que vuelva a penetrarme le interrumpo.

– ¡Espera! -me mira expectante.- Prométeme que no volverás a usar tus poderes mientras lo hacemos.

– Te lo prometo -me sonríe.- Pero sólo si tu también lo prometes.

– Hecho.

Tiene toda la razón. Nuestros poderes son una tortura para el otro. Somos incompatibles. Pero a lo mejor esto hace que nos complementemos con más intensidad.

Aron vuelve a penetrarme pero esta vez muy lentamente. Y se mueve despacio, haciendo grandes esfuerzos para controlarse. Aún me duele, pero el placer se vuelve cada vez más y más intenso. En cada embestida, en cada roce, mi cuerpo desea más, más velocidad, necesito más.

– Aron… más… más rápido…

Si… más rápido…

Oh, dios.

Obedezco y acelero, pero no debo descontrolarme esta vez. Oh, dios, que bien se siente. No, no debo usar mis poderes, debo controlarme.

No puedo, es demasiado, necesito usarlos; pero no me lo perdonaría si volviera a hacerle daño. Así que alargo mis manos hasta toparme con algo: una columna metálica de la sala. La agarro, la araño, la acribillo a puñetazos, utilizo con ella mis poderes para desahogarme. Lo necesito, el placer me consume.

Wow, el enano tiene complejo de Hulk…

Vale, me alegro de no ser esta columna. Espero que no la derribe y nos caiga encima. Aunque ahora mismo eso me trae sin cuidado. Sólo me importan nuestros cuerpos, nuestras sensaciones.

Nuestros gritos y jadeos se entremezclan y él consigue rozar algo en mi interior que me hace estremecer.

– Aaaah… Joder… Vuelve a darle ahí…

Lo hace, todo mi cuerpo tiembla, no puedo más. Él lleva una mano en mi miembro y lo empieza a masajear. Ahora sí que voy a estallar, siento el orgasmo llegar. Una oleada de intenso placer empieza en mi miembro al momento en el que me corro, y mancho de blanco su mano y nuestras barrigas, y luego se esparce por todo mi cuerpo, haciendo que mis músculos se tensen, provocándome espasmos, llenándome de un placer que no había sentido jamás.

Min grita contra mi oreja al correrse y aprieta fuerte sus músculos sobre mi miembro. Y eso, junto a la excitante imagen de su carita llena de placer me lleva a mí también al orgasmo. Arqueo la espalda, libero un gemido grave y lleno su interior de líquido blanco. Es demasiado, dios, demasiado intenso. Necesito darle un puñetazo al suelo, en el que abro un agujero, pero me da igual. Disfruto de las corrientes eléctricas que me recorren el cuerpo.

Y pierdo las fuerzas, me desplomo sobre el cuerpo de mi chico, quien me abraza. Y ambos intentamos recuperar la respiración.

Cuando me recupero un poco salgo de su interior. Está sangrando. Me siento fatal.

– Min, lo siento, no pretendía…

Me calla con un beso.

– Estoy bien. De hecho, nunca me había sentido tan bien. Gracias por esto. Te quiero.

Me tumba a su lado y recuesta la cabeza sobre mi pecho. Y así nos quedamos un buen rato, abrazados, en silencio, sintiendo el calor de nuestros cuerpos, y el amor de nuestros corazones.

Ah… dios, que calor…

– Aron.

– Dime.

– Lo que me propusiste antes… yo… creo que es un poco pronto para casarnos, pero me encantaría que fuéramos a vivir juntos.

– ¡¿De verdad?! -me incorporo y le miro a los ojos sin poder disimular la emoción.

– Claro. Lo único que quiero es estar contigo. Para siempre. Vivir juntos sería un sueño hecho realidad.

No responde, sólo me come la boca con desesperación. Realmente me gustaría pasar toda mi vida a su lado.

Nos volvemos a tumbar, con mi cabeza sobre su pecho. Oigo los latidos de su corazón, todavía agitados. ¿Todavía está así por el sexo? ¿O le late más de prisa por estar a mi lado?

– Oye, ¿dónde vivías antes de venir aquí?

– En un piso en Los Ángeles, con mi familia.

Su familia… Seguro que son buena gente, me encantaría conocerles.

– ¿Cómo es tu familia?

No responde. Me mira, dudoso.

– ¿Estás seguro que quieres que te hable de mi familia? Quiero decir… como la tuya… esto…

– Mi familia era una mierda. Me vendieron, nunca me quisieron. Pero no voy a sentirme mal si me hablas tú de la tuya. Al contrario, quiero saber como son, que fuiste feliz con ellos, que tuviste más suerte que yo. Quiero saber más sobre ti.

Me sonríe y asiente.

– Pues vivía con mis padres, eran muy buenos padres, los mejores que hubiera podido desear. Les quiero mucho. Espero volver a verles. Estoy seguro de que a ti te caerían bien.

– ¿Cuándo salgamos me los presentarás?

“Cuando salgamos”. Sé que debería haber dicho “si salimos”, pero ahora mismo soy demasiado feliz, estoy demasiado bien como para pensar en esa posibilidad.

– Claro. Iremos a verles. Estarán muy contentos de conocer a mi novio.

– ¿Y vivía sólo con ellos? ¿No tienes hermanos?

– No, no tengo. Pero tengo un perro. Se llama Mel. Y le quiero muchísimo.

– ¿Sí? ¿Cómo es Mel?

Y Aron sigue hablándome de su perrito, de su familia, de sus amigos y su ciudad. De su vida. Y yo le escucho en silencio, deseando saber más sobre él, sobre mi chico. Abrazado a su cuerpo desnudo, recostado sobre su pecho, mientras me acaricia el pelo. Sin importarme nada más. Deseo que el tiempo se detenga. Deseo poder estar así para siempre. Si ahora mismo muriera, moriría siendo el hombre más feliz del mundo.

Por fin, después de un buen rato, Baekho consigue calmarse un poco y dejar de tener una cara de entre perversión y trauma. Se ha pasado un buen rato con la mirada perdida y cada vez más rojo, más sudoroso. Retiro lo que he dicho de trauma, creo que simplemente estaba caliente por lo que ha visto, aunque tiene que ser muy raro ver a nuestros compañeros haciéndolo… Creo que intentare no imaginarlo.

Poco tiempo después de que Baekho deje de hiperventilar se oyen unos pasos irregulares que se acercan. Los tortolitos han vuelto.

Van cogidos de la mano pero con actitudes totalmente diferentes; Aron va con la cabeza muy alta, con una sonrisa enorme, sacando pecho y andando a grandes pasos como si fuera el rey del mundo y Minhyunie todo lo contrario, esta sonrojado y avergonzado y va arrastrado por Aron, andando con pasitos cortos…

Creo que alguien está un poco adolorido, puto Aron.

No puedo evitar reírme, ahora mismo Minhyun es el blanco perfecto para ser un poco cruel. Además probablemente no sepa que sabemos exactamente lo que ha pasado, esto va a ser divertido.

– ¿Que tal la reconciliación tortolitos?

El atontado de Min levanta la cabeza intentando poner cara de “aquí no ha pasado nada” y tarda unos segundos en responder con un tono que intenta ser de lo más casual.

– Bien, lo hemos hablando y hemos arreglado nuestros problemas…seguimos estando juntos.

Más que juntos, justísimos, ¿no Min?

– Si, ya sé que estabais muy juntos, ya…ojala todos los problemas se solucionaran así ¿eh?

Minhyun pone una cara de pánico, supongo que debe estar emparanoiandose mucho ahora mismo, pobrecito… Intento disimular un poco pero no puedo evitar reírme descaradamente de su cara de desconcierto. ¿Acaso creerá que los hemos seguido y espiado detrás de una caja? O a lo mejor cree que hemos oído sus gritos y gemidos… Suerte que no, habría sido demasiado perturbador. Aunque mientras no les hayan oído los guardias el resto no importa mucho, eso sí que sería pillarnos con la guardia baja.

¿Qué se supone que ha querido decir con eso? ¿Y por qué me mira así? Maldita rubia, no puede saberlo, ¿verdad? No, claro que no, ¡¿cómo iba a saberlo?! No, a ver, no tiene forma de saberlo… a no ser que haya notado algo, ¿pero qué? Creo que disimulo bastante bien…

¿Será porque camino un poco raro? Hago lo que puedo para andar normal pero es que Aron no es precisamente pequeño… al menos cuando no hablamos de estatura… y todavía duele…

A lo mejor se ha fijado en que no llevo los mismos pantalones, pero tal y como los ha dejado Aron no había quien se los pusiera. Nos ha costado bastante encontrar unos de parecidos que fueran más o menos mi talla por no tener que volver tapado sólo con una manta. Aún así me van un poco grandes y son más oscuros que los que llevaba. Pero aquí está muy oscuro, ¿ha podido notarlo?

¿Será por mi cara? Reconozco que sigo sonrojado pero… de esto sacar la conclusión de que lo hemos hecho me parece precipitado, ¿no?

¡¿Y si nos han oído?! La verdad es que en eso no nos hemos cortado ni un pelo… Pero estábamos muy lejos, no puede ser que nuestros gritos les llegaran…

A no ser que nos siguieran. ¡¿Nos han seguido?! ¡¿En serio?! No, estoy sacando las cosas de sitio, ellos no nos seguirían, no son tan cotillas… o al menos eso espero.

No, otra vez estoy pensando demasiado. No puede ser que lo sepan, soy yo que he interpretado mal su comentario. Sí, debe ser eso. Si ahora la rubia me dice que lo sabe moriré de la vergüenza.

No quería hacer eso, porque realmente no quiero recordar lo que he visto, pero… Minhyun esta tan sonrojado que es un blanco perfecto, y Ren ya ha empezado a meterse con el… Ahora es la mía. Carraspeo para llamar su atención, intentando no pensar en ninguna imagen en concreto para no sonrojarme ante lo que voy a decir.

– Chicos… Sabéis en qué consiste mi poder ¿no?

Minhyun abre los ojos como platos, boquea, su cara en general es un poema. ¡Bingo! ahora me siento cruel… pero Aron ni se inmuta, sonríe y se acerca.

– Oh, cierto. ¿Entonces lo has visto? ¿Lo has visto todo? ¿Has visto todas las cosas que me hacia mi niño?

Aron… ¿cómo puede…? dios… si creo que me da mas vergüenza a mí que a el… dios…

A mi lado Ren se parte de la risa, se aguanta el estomago rodando por el suelo, Minhyun se remueve incomodo detrás de Aron y JR sonríe sorprendido, y aun por encima de las risas de mi rubito puedo oír a Lime suspirando y murmurando algo que suena como “testosterona”.

Pero Ren aun tiene munición para cargar, y parece que no va a darle tregua a Minhyun.

– Min, ven, no te escondas, ¿o es que no puedes sentarte? – Minhyun le fulmina con la mirada, o lo intenta, detrás del sonrojo, pero Ren le ignora y mira a Aron, añadiendo como si le regañase. – Aron, me parece muy bien que seas apasionado pero si mañana nos toca luchar Minhyun tiene que estar en condiciones, y ahora mismo…

Pero el enano sigue sin inmutarse, le saca la lengua y se sienta sobre un colchón al otro lado del farolillo que nos ilumina, atrayendo a Minhyun a sentarse con él. Este se resiste al principio, incomodo, pero acaba sucumbiendo y se sienta a su lado, recostado en su regazo como un gatito.

Se hace extraño mirarles después de todo lo que he visto… ¿Cómo voy a poder borrar todo eso de mi mente?

Rennie sacude la cabeza, suspirando, se estira y se tumba, recostando la cabeza en mi hombro.

– Dios, tengo agujetas de reírme…

Sonrío y le acaricio la cabeza. Ha sido gracioso, pero me siento mal por Minhyun, que vergüenza debe haber pasado el pobre… Y más sabiendo que lo he visto todo… Suerte que ya se han calmado.

Ren se separa y se deja caer sobre el colchón, se remueve incomodo con las manos bajo la cabeza.

– Es una pena que no hayamos encontrado almohadas… – murmura. – Minhyun las necesitara para morderlas.

¿Que se han calmado? de eso nada. Las risas de él y Aron son atronadoras, y dan pie a otra larga sarta de bromas y pullas. Se aburren demasiado en mi opinión. Aunque tiene gracia.

Después de unos minutos de calmar las respiraciones y dejar de reír Minhyun intenta cambiar de tema hacia algo serio, pero yo no he tenido suficiente todavía.

– Bueno….a lo mejor deberíamos plantearnos que hacer ahora… ¿no?

– Tú déjate llevar, seguro que Aron lo tiene muy claro

Minhyun se pone rojo de golpe otra vez y me grita medio indignado.

– ¡Ren! ¡En serio!

– Nah, déjales, es envidia… – responde Aron con ese tono de superioridad que usa desde que hemos llegado.

– Sí, claro… – aunque lo fuera, que no lo es, no lo admitiría ni muerto.

Aron me mira suspicaz y se acerca a Baekho para hablarle lentamente con altanería, apoyándose en su hombro.

– Tu rubia no te satisface como mi moreno… –  Más bien tú piensas con el pene y nosotros  no.

– Bueno, pero Rennie es más mono y me llama “cielo”.

Vale, eso sí que no me lo esperaba, realmente mi chico es la cosa más romántica y empalagosa del mundo cuando quiere….

Nota mental: si quiero conseguir algo, llamarle cielo.

¡¿Es que no van a cansarse nunca?! Mi cara ahora mismo debe parecer un semáforo en rojo. ¡Y ni siquiera me dejan esconderme! Debo hacer algo para salir de esta situación, a ver, voy a intentar cambiar de tema.

– Tengo hambre, ¿comemos algo?

– No, que tú ya has comido.

Mierda, intento fallido. Maldita rubia. Intento fulminarlo con la mirada pero con la cara avergonzada y sonrojada que tengo ahora mismo parece que no doy demasiado miedo, porque se pone a reír aún con más fuerza.

– Pero Baekho sí, que se ha quedado con hambre.

Gracias Aron. Veo cómo me ayudas. ¡¿Es que no podemos hablar de otra cosa?!

Baekho desvía la mirada, también sonrojado. Bueno, al menos hay alguien a parte de mí a quién le incomoda el tema. ¡Aleluya!

Ok, siguiente intento para desviar la conversación. A ver si esta vez funciona.

– ¿Y si practicamos con las porras?

– No, las porras déjaselas a Ren, que ya que Baekho no le da lo que necesita tendrá que consolarse.

Aron, yo te mato. ¡Te mato! Eres mi chico, podrías ayudarme en vez de ponerme palos en las ruedas. Otro intento fallido, es que no hay manera. Al menos esta vez no la han tomado conmigo.

Los dos afectados levantan la cabeza sorprendidos y la rubia no tarda en reaccionar.

– ¿Y quién te ha dicho que sea yo quién tenga que practicar?

Ahora soy yo quién alucina. Bueno, yo y todos los demás. Porque ¿realmente esto quiere decir lo que creo que quiere decir? Bueno, por las caras de los demás, lo que creemos todos. Y la rubia no lo desmiente.

Me viene a la mente la imagen de la rubia tomando el cuerpo de Baekho y se me escapa una risita. Creo que no quería imaginar eso. Los demás se ríen también. Bueno, todos no, Baekho mira a la rubia con la boca abierta y cara de incredulidad. Pobrecito, está claro que eso no se lo esperaba y no sabe cómo tomárselo. No sabe cómo reaccionar, mira de un lado a otro agobiado.

Aron se le acerca y le da un par de golpecitos en la espalda.

– No te preocupes que Min ya te dejará una almohada.

Aron, en serio, ¡¿NO PUEDES CALLARTE DE UNA MALDITA VEZ?! La próxima vez tendré que meterte algo en la boca para que no puedas hablar… Espera, ¡¿qué coño estoy pensando yo ahora?! ¡AAAG! Sólo me faltaba ponerme a pensar esto…

– Va, chicos… – Jonghyun, gracias, por fin alguien con un poco de sensatez que quiere ayudarme. Sabía que podía contar contigo. – No es tan malo ser muerde-almohadas, unos dan y otros reciben, así funciona el mundo…

No puedo creerlo. ¡¿En serio?! ¡¿Jonghyun también?! Debería buscar un sitio dónde esconderme y esperar a que se les pase…

– Bieeeen, bieeen – la rubia le da a Jonghyun una palmada en el hombro y le sonríe, orgulloso de él por el comentario que acaba de hacer. Esto ya es un complot.

– Otros no dan ni reciben.

Jonghyun sonríe travieso y burlón hacia la rubia, mientras Aron se ríe hasta más no poder y aplaude. Y a Ren no parece gustarle tanto este segundo comentario. Frunce el ceño, se separa un poco y le habla mirándolo por encima de la espalda.

– ¿Y… tú haces algo?

Ren… Que poco tacto tienes…

Ignoro la mirada preocupada de Minhyun y le saco la lengua, burlándome de él. Luego me río cuando el rubito me responde igual.

– Bueno, creo que ya basta de cachondeo por hoy. – les digo estirándome. – ¿Os habéis parado a pensar que llevamos unos seis días aquí abajo?

– ¿Seis ya? ¿Y cómo es posible que no hayan bajado a buscarnos?

– Porque tienen esto abandonado, – nos explica Lime – con las puertas selladas ni se les habrá ocurrido que podíais estar aquí.

Por más que tenga una explicación, a todos se nos hace raro que no hayan bajado aun.

– Están buscando aun en “jaulas” – añade Baekho – es realmente grande y está lleno de escondites. Lo están inspeccionando centímetro a centímetro, y no son tantos.

Asiento, comprendiéndolo, pero aun así… parece demasiado extraño. Aquí estamos viviendo en una burbuja, aunque seamos conscientes de lo que nos espera fuera aquí estamos tranquilos, tengo miedo de que irrumpan esta tranquilidad. No soy en único.

– Tenemos que salir. – la voz de Ren es apenas un susurro cuando lo dice, pero aquí se oye perfectamente. Tiene toda la razón del mundo, todos lo sabemos, pero suena como una sentencia.

– No aun, – se resiste Aron – aquí estamos seguros.

Pero esto no va a durar.

– No podemos quedarnos aquí para siempre.

– Para siempre no, – responde Minhyun – pero mientras no nos encuentren…

– No ganamos nada así. – replica Ren. Se incorpora y mueve las manos nervioso – Ya no podemos prepararnos más, nos encontrarán de un momento a otro…

– En cuanto salgamos nos mataran. – La voz de Minhyun tiembla, realmente lo cree.

– Lo mismo cuando nos encuentren. – sigue Ren – Cuando se acuerden de la existencia de este lugar y bajen a buscarnos…

– Podemos huir entonces. – propone Minhyun, aun temblando – Hemos estado buscando los túneles, conocemos todas las entradas y salidas, podemos escapar en el momento en que lleguen.

Esa no es tan mala idea, dejarles que bajen y nos busquen aquí, y de mientras salir sin que nos vean. Es arriesgado, pero más seguro si conseguimos subir a escondidas, nos libraríamos de los guardias en los pisos superiores.

Pero a Ren no le convence la idea, se remueve y suspira exasperado, al final es Baekho quien responde.

– Eso es arriesgado.

– ¿Acaso algo no lo es? – replica Minhyun. Su voz ahora tiene más fuerza, está asustado. – Salir de aquí es igual de peligroso que quedarse, de un modo u otro nos van a matar, solo se trata de retrasarlo unos días, de vivir un poco más…

Vivir un poco más… Se aferra a esa idea, convencido de que no vamos a salir vivos de aquí. Se niega a morir, de una forma mucho más férrea que medio día atrás. ¿Tendrá algo que ver con los nuevos placeres de la vida que ha descubierto?

De nuevo, Ren replica. Él no quiere vivir “un poco más”, él quiere arriesgarse, porque cree que puede ganar, y el premio es mucho más grande. Vivir, no solo “un poco”.

– ¡Aun podemos conseguirlo! – insiste – si salimos ahora, si vamos con cuidado y les sorprendemos, podemos conseguirlo. Nos hemos estado preparando. Hemos entrenado, tenemos nuestros poderes, podemos salir.

Para mí, en su discusión aun falta un punto importante.

– ¿Y a qué precio? ¿Cuántas vidas supondría escapar?

Ambos, Minhyun y Ren me miran diciéndome “cállate”. A ninguno de ellos les importa eso. No es que no les importe, es que no es su prioridad. Valoran más la vida propia que la de sus carceleros. Y comprendo esa posición, pero no es suficiente para mí.

Baekho interrumpe, abriendo de nuevo la discusión.

– ¿Salimos ahora? ¿O esperamos?

– Ahora, – responde Ren convencido. – si esperamos a que bajen nos sorprenderán, tendrán ventaja.

– Nada nos asegura que no estén esperándonos al otro lado. – Ahora es Aron quien responde, evidentemente apoyando a su novio. – Desde aquí controlamos nosotros. Ya nos conocemos el lugar, si bajan los pasillos quedarán despejados.

Ren no se da por vencido.

– ¿Y si nos encuentran durmiendo? ¿Haciendo cualquier otra cosa? – añade con una mirada incomoda y muy elocuente mirando a la parejita. “cualquier otra cosa…” que sutil eres. – No podemos estar alerta las 24h del día, pueden sorprendernos muy fácilmente, si salimos podemos sorprenderles nosotros.

– No es seguro.

– Nada lo es. – intervengo, apoyando a Ren, realmente creo que su plan es el mejor. No podemos quedarnos aquí.

– En cuanto salgamos nos matan.

Minhyun sigue temblando asustado, Aron le abraza, y Ren se levanta indignado.

– ¿Por qué sois todos tan deprimentes? – exclama – Estáis todo el rato con el “vamos a morir” “nos van a matar” ¡aun podemos conseguirlo! ¿Qué os hace pensar que no?

– No será fácil salir…

– Claro que no es fácil, nunca lo ha sido, pero llegamos aquí hechos puré, estábamos destrozados en muchos sentidos, y conseguimos llegar hasta aquí. ¿Que no podremos conseguir ahora que hemos recuperado nuestra fuerza? ¿Ahora que hemos entrenado y explorado nuestros poderes al cien por cien?

– Siguen siendo muchos…  

– ¿Demasiados, es que el tinte de ha quemado las neuronas? ¿Cómo crees que podemos ganarles?

Ren fulmina a Minhyun con la mirada, pero ni siquiera se digna a responderle, le ignora y suspira.

– Vale, ¿cuántos pueden ser? ¿Cien?

– En teoría, – responde Baekho – pero ya nos cargamos unos cuantos, y Lime dice que algunos están de nuestro lado. – Lime asiente, dándole la razón. Visto así no son tantos…

– Sí, claro, – replica Ren, ahora parece incrédulo. – puede que estén de nuestro lado y puede que haya habido un motín y se hayan matado entre ellos, pero también pueden haber llegado más refuerzos, pueden estar mejor armados. A saber, ¿qué más da? Somos cinco contra cien. ¿Qué problema le veis a eso?

Ok, ahora nos ha dejado a todos sin palabras. ¿Qué es lo que intenta? ¿Que se supone que debemos responder a eso…?

– Rennie…

– No, en serio, ¿cuál es el problema? Somos mejores, tenemos nuestros poderes, tenemos un motivo para luchar, cada uno de nosotros vale por veinte de esa escoria, por cincuenta. ¡No pueden hacer nada para detenernos!

Seguimos sin responder, mirándole incrédulos. ¿Intenta convencernos con eso?

– Somos los buenos ¡joder! – insiste al ver que no respondemos. – Los buenos siempre ganan. Si sois creyentes pensadlo un segundo. ¿Qué dios sería tan cruel para condenarnos después de todo lo que hemos sufrido ya? Llevamos años aquí encerrados, nos hemos ganado la libertad con nuestro sudor y nuestra sangre. Nos lo merecemos, lo sabéis, y si hay alguien ahí arriba, dios o lo que sea, también lo sabe. Tenemos que ganar esta batalla.

Parece realmente convencido, pero su argumento no tiene ninguna base solida.

– Las cosas no funcionan así, rubia bote…

– ¿No?  – insiste –  ¿Cómo funcionan? Somos unos desgraciados, siempre hemos sido unos desgraciados, seguimos siendo unos desgraciados ¿y en el momento en que decidimos dejar de serlo nos matan? No me jodas…

No puedo evitar reírme, aunque no tengo muy claro por qué. Aunque su argumento no parezca muy lógico a él le convence. Y en parte tiene razón. ¿Es que acaso no nos merecemos salir de aquí? ¿Es que acaso no nos merecemos vivir?

– ¿Te ríes de mi? ¿Qué parte de lo que he dicho te parece graciosa?

– Nada Ren, tienes razón. Tienes la fuerza y la energía que nos falta a los demás. A mí me has convencido. ¡Vamos allá!

Bueeeeno, pues al fin conocemos cómo ha ido la “apasionada reconciliación” de Aron y Minhyun. ¡Esperamos que os haya gustado!

¿Qué harán a partir de ahora? ¿Realmente ha logrado convencerlos Ren de salir de almacenes de una vez por todas? ¡Respuestas en el próximo capítulo!

Aprovechamos para daros las gracias a todos los que seguís nuestro fanfic, y sobretodo a los que nos dejáis comentarios. ¡Nos animan mucho a segura adelante! Dudas, opiniones, sugerencias… sean positivos o negativos vuestros comentarios nos ayudan a ir mejorando poco a poco para poder hacerlo mejor cada vez. ¡Muchas gracias a todos!

SHIROKO  KUROKO  AOIKO

ACTION: Capítulo 22

action22

¡Action is back!

Despues de un fin de curso bastante intenso las autoras por fin podemos volver a dedicar las horas que merece nuestro porbre fanfic abandonado ^^’ No prometemos publicar cada semana de momento ya que no tenemos mucho margen, el 23 esta solo empezado pero aun así lo intentaremos 😉 (esta vez de verdad!)

Dedicado a vuestra santa paciencia por esperarnos y en especial a Alex, ¡que hoy es su cumpleaños!

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo segundo

Y pensaba que las cosas estaban mal…

La tensión ha hecho que todo se desmadrara, en un ataque de rabia, debida seguramente al cansancio y al estrés Minhyun acusa a Ren de inútil, dándole en su punto débil, y Ren responde hiriendo a Minhyun de la forma que más le podía doler, poniendo a Aron en su contra.

“Besaste a JR”

Ni siquiera recuerdo eso, pero es suficiente para que a Aron se le oscurezca la mirada.

– Lo sabía, sabía que tenía razón…

No espera una respuesta, no espera una explicación a ese supuesto beso que no consigo recordar, se pone en pie, con el cuerpo crispado de rabia, y echa a correr, perdiéndose en la oscuridad.

Minhyun ni siquiera puede seguirle, cae de rodillas como alcanzado por una bala. Gime de rabia, de impotencia, dolido por su cabreo, angustiado en el fondo de que su relación sea tan frágil como para que algo como esto pueda separarles. Por más que le diga que su relación no parece para nada frágil él sigue en sus trece, como en todo. Tal vez lo arreglaremos antes hablando con Aron.

Abrazo un segundo a Minhyun, dándole ánimos y sigo a Aron en la oscuridad. Con una linterna en la mano.

Antes de irme no puedo evitar lanzarle una mirada de reproche a Ren, aunque sé que no tiene la culpa de nada…

Lo sabía. Lo sabía, lo sabía, ¡lo sabía! Sabía que había algo entre ellos, que si Min pasa de mí es por él. Que ya no me quiere, que le prefiere a él. ¿Por qué? ¿Qué he hecho mal? ¿Por qué él?

Salgo corriendo del lugar intentando reprimir las lágrimas que amenazan escapar de mis ojos. No van a verme llorar. Tengo que alejarme de aquí, de ellos, no quiero ver a nadie. Ni oírlos. Ahora mismo desearía desaparecer.

Corro tan rápido como puedo hasta que creo estar lo suficientemente lejos como para que no me oigan. Y entonces grito, con todas mis fuerzas, de rabia, de desesperación, de frustración, de dolor. Permito que mis lágrimas abandonen mis ojos. Lo necesito. Y nadie puede verme.

La rabia recorre mi cuerpo entero, tensa mis músculos, necesito descargarla con algo, así que la tomo con una estantería llena de cajas. La acribillo a puñetazos, utilizando mis poderes, las cajas revientan en mis manos, las patas metálicas de la estantería se rompen y se desmorona ante mí. No tengo suficiente. He perdido lo que más me importa en este mundo, la persona a la que más quiero. No le veo sentido a nada sin él. Siento que no soy nadie sin él…

Le suelto una patada a una pared, ésta se agrieta. Le pego otra vez, y otra, me desahogo con ella. Me sangran los nudillos pero me trae sin cuidado. Sólo necesito golpearla y desahogarme.

Hasta que oigo algo. Pasos detrás de mí. Me giro, está oscuro, no veo nada. No puede ser. No serán guardias, ¿verdad? ¡¿VERDAD?!

Minhyun llora abrazado a sus rodillas, sin decir nada ni mirarnos.

Mierda, la he jodido bien… Me acerco unos pasos pero no sé qué hacer. Vale, soy un bocazas pero no es todo mi culpa…aunque supongo que a Min le dará igual ahora mismo.

Joder, debe odiarme, no creo que con un “lo siento” le sirva de mucho pero…es la verdad. No quería hacerle daño ni joder su relación con Aron, no quería insinuar que hay algo entre Minhyun y JR, no quiero verle llorar.
No puedo dejar de llorar. Aron me dejará, me odia, ¿qué voy a hacer yo sin él?

– Min…

Ren me llama con la voz entrecortada. Levanto la cabeza y le miro con rabia. Todo esto ha sido por su culpa.

– ¿QUÉ? ¡¿Tienes algo más que decir?!

Abre la boca para decir algo, duda, la vuelve a cerrar, baja la cabeza con arrepentimiento.

– Lo siento… yo… no quería…

Termina la frase en un sollozo, y rompe a llorar también. Pues no me da pena. ¡Soy yo el que está a punto de perder a mi chico!

– ¡¿Y te crees que todo se arregla con una disculpa?! ¡Aron me odia! ¡Y es por tu culpa!

– ¡Ya lo sé! ¡Lo siento ¿vale?! ¡¿Qué quieres que haga?! ¿¡Que le diga “oye, era mentira, en realidad no le besó”!? Además, dudo que esté así sólo por esto, sabes perfectamente que lleva días deprimido y no por mi culpa.

¡¿Qué?! ¿Encima me echa la culpa a mí? Yo no quería eso. No quería hacerle daño. Me dolía verle triste pero todo lo que he hecho ha sido pensando en nosotros. Porque no quiero perderle. Porque le quiero.

– ¡Cállate! ¡No tienes ni idea de lo que pasa entre él y yo! ¡¿Por qué coño te metes?!

– ¡Porque te guste o no, Aron es mi amigo y me jode verle sufrir!

Ya estoy a punto de gritarle algo poco amable cuando Baekho nos interrumpe.
No, por favor, dejadlo ya…

Esto va de mal en peor, y no soporto estos malos rollos. Sí, yo me discutía con Aron, pero era en broma, en el momento en que todos se ponen a llorar esto me supera, y no lo soporto.

– Chicos… vamos… – ni siquiera me miran, perdidos en su propia depresión autodestructiva. Gritándose, insultándose, echándole la culpa al otro, haciéndose llorar. Basta

– ¡Basta! ¿Es que sois críos? ¿Que arregláis dándole la culpa al otro? Sois amigos, ¿no? pues ayudaos como amigos y dejad de pelearos como idiotas.

Los dos nos callamos de golpe, miro al suelo arrepentido pues Baekho tiene razón, nos estamos comportando como unos críos. Me giro para disculparme pero Min parece haber tenido la misma idea y terminamos diciendo “lo siento” a la vez. No es que tenga nada de especialmente gracioso la situación pero, en ese momento, solo podemos reír, y se rompe toda la tensión de golpe.

Me arrodillo al lado de el tonto de Minhyun para abrazarle y el me corresponde el abrazo a la vez que vuelve a llorar.

– Perdóname, rubia, no quería gritarte… Sé que me he portado mal con Aron estos días, sé que no es todo culpa tuya… No sé que puedo hacer… – los sollozos le interrumpen y yo solo le abrazo más fuerte, me duele verle tan destrozado, tan indefenso, sabiendo que en parte tengo la culpa.

– No, tienes razón, es cosa vuestra y no debía meterme donde no me llaman… sé que él no es el único que sufre….- le acaricio el pelo suavemente, intentando calmarle y lentamente disminuyen sus sollozos-  No te preocupes, seguro que lo arregláis ¿vale?

– Pero si… debe odiarme… ¿cómo vamos a arreglarlo?

– No te odia, precisamente porque te quiere mucho está dolido y tiene miedo de perderte, no podría odiarte, lo sé.

– ¿De verdad lo crees? – Me mira con esperanza, probablemente deseando con toda su alma creer en mis palabras pero con miedo de hacerlo también.

– ¡Claro que sí tonto! – le sonrío para animarle, y no es mentira, realmente lo creo. Sé que se quieren muchísimo, sé que su relación es más fuerte de lo que se piensan. Puede que no lo sea tanto como lo mío con Baekho, pero bueno, se acerca bastante – Vamos, tranquilízate y luego lo habláis todo con calma ¿vale?

– Tengo miedo… ¿Qué le digo? ¿Cómo lo hago?

– Solo dile la verdad, todo estará bien…

El asiente, ya más calmado y simplemente nos quedamos allí abrazados, esperando a que Aron vuelva.

Se abrazan ambos llorando, pidiéndose disculpas y dándose ánimos. Sé que no hemos arreglado mucho, el verdadero problema sigue siendo entre Minhyun y el enano, pero ahora mismo cualquier cambio es una gran mejora en la situación.

Son tan tiernos ahora mismo que no puedo evitar sonreír, algo celoso tal vez. Aparta las manos de mi rubita Minhyun…

Levanto la mirada y me encuentro con Lime, mirándoles fijamente, con el cejo fruncido. Saltan todas mis alarmas, aunque no se definir por qué. Parece realmente concentrada en algo, como si algo la molestara, como si algo le supusiera un grave problema al cual no pudiera encontrar la solución.

Y esa mirada me asusta.
Busco en la oscuridad, con el haz de luz de la linterna por delante. Con lo que corre Aron si realmente quiere esconderse a saber donde estará. Esto es enorme, y a oscuras… Ah, porque me lo ponen todo tan difícil, como si no tuviéramos ya suficientes problemas.

De repente oigo un enorme “crash”, el sonido de un montón de cajas cayendo. Creo que ya sé dónde buscar.

Le encuentro pegando la pared como un poseso con los puños desnudos, rojo por el esfuerzo y por aguantar la respiración mientras grita de frustración, con los nudillos pelados y las manos ensangrentadas. No sé si me impresiona más esto o el boquete que está abriendo en la pared.

– Si lo que quieres es matarnos a todos hay formas más rápidas que sepultándonos bajo tierra…

Se detiene y me fulmina con la mirada. Al instante bajo la luz de la linterna de sus ojos a su pecho, no quiero cabrearle más de lo que ya está.

– ¿Qué haces aquí? Vete. Eres la última persona con la que quiero hablar.

– Bueno, no tienes porque hablar, con que me escuches es suficiente. – le respondo sonriendo. ¿Porque sonrío? Supongo que para ocultar el miedo que le tengo. Sé que puede romperme la cara sin el más mínimo esfuerzo, y sé que no le faltan ganas…

Sigue mirándome con ojos asesinos, realmente me quiere matar.

Le aguanto la mirada, sin saber cómo reaccionar. Si me mira así no puedo hablar, en verdad le tengo miedo… Hasta que baja la mirada, suspira, dejando de lado esa máscara de odio, y de repente puedo ver todo lo que está sufriendo, todo el daño que le he hecho sin darme cuenta. Veo sufrimiento en sus ojos rojos, veo desolación en sus puños sangrantes, veo dolor en sus labios, que se ha partido de mordérselos. Y me siento fatal por, sin haber tenido intención, ser la causa de todo eso. ¿Cómo pueden los celos haberle llevado hasta tal extremo? ¿Cómo puede ser que, en solo cinco días que se conocen, sus sentimientos sean tan enormes como para haberle llevado a esto?

Minhyun, no sabes la suerte que tienes de tener a alguien que te quiere como él lo hace.

Tengo que arreglar esto, no puede ser que queriéndose como se quieren estos dos se la pasen peleados, por no decir que resulta molesto para los demás…

– Aron… – empiezo – Tenemos que hablar. Sé que no quieres ni verme pero yo si tengo muchas cosas que contarte, así que necesito que me escuches.

– Si lo que quieres es decirme que estás saliendo con Minhyun… no hace falta, ya me he dado cuenta.

Hay tanto dolor en su voz al pronunciar su nombre… Intento recordar si le ha llamado antes así. “Min” “Mi chico”, nunca “Minhyun”. Está renunciando a él, y le duele.

– No Aron, vengo a decirte que por más que lo parezca no hay nada entre nosotros.

– Sí, claro…

– Min es mi amigo, lo siento si ha parecido algo más. Somos próximos, si, pero nada más, solo como amigos.

No me cree, claro que no. Está cegado por los celos, confundido por el comportamiento de Minhyun. Ofuscado, negándose la única alegría después de tanto tiempo de sufrimiento.

– Sigues sin creerme ¿no?

– ¿Cómo voy a creerte? Os pasáis el día juntos, pasa de mi, os besasteis. ¿¡Como voy a creerte!?

– ¡No fue un beso! – insisto ya desesperado – De hecho apenas lo recuerdo, fue cuando yo estaba delirando por la fiebre que me dio una pastilla boca a boca. Yo no hubiese podido tragarla solo, me salvó la vida. ¿Hubieras preferido que muriera? – Y ahora es cuando me dice que si, y yo salgo corriendo.

– No, supongo que no…

Vale, lo supone, vamos bien…
No, claro que no hubiera preferido que muriera. Visto así, supongo que Minhyun hizo lo que debía…

JR me mira dudoso, tengo la sensación de que va a echar a correr en cualquier momento. Debe estar pensando que voy a romperle la cara. En realidad ahora mismo no me faltan ganas…

– De verdad que sólo somos amigos, no podría haber nada más. Te quiere demasiado.

Sí, claro. Ya veo como me lo ha estado demostrando estos días. Ignorándome. Una magnífica forma de demostrar que quieres a alguien. Y aunque sintiera algo por mí, está claro que le importa más JR. ¿Cómo espera el loco que me trague esa bola?

– ¿Sólo a mí? – le miro con ojos desafiantes.

– Sí – me aguanta la mirada, un poco tembloroso. – Aunque no me creas. Sólo a ti. Y tendrías que ver hasta qué punto. – Intenta convencerme con la mirada, sus ojos parecen sinceros pero no me creo sus palabras. ¿Por qué debería? Simples palabras no pueden compensar lo que he visto durante estos días. – Min está muy enamorado de ti. En serio. Te quiere tanto que le asustan sus propios sentimientos. Tal vez por eso ha estado comportándose tan extraño…  

– ¿Cómo pueden “asustarle” sus sentimientos? – eso se lo está inventando. ¿Cómo podría ser cierto? Vaya una estupidez. Cuando quieres a alguien, lo quieres y punto. ¿Cómo vas a tener miedo de eso?

– Eso tendrá que explicártelo él, a mí ni me lo ha contado ni yo alcanzo a comprenderlo. – eso no es una respuesta.

– No lo intentes, no vas a convencerme. He visto como te mira y reconozco su cara de enamorado.

– Dudo mucho que Min me mire con cara de enamorado…

– ¡Claro que lo hace! ¡Le conozco! ¡Ponía esos ojos cuando hablabais! Son los mismos ojos que me ponía a mí cuando le decía “te quiero”…

– Creo… Creo que sé a qué te refieres… – se ríe. ¡Encima le hace gracia! Lo que faltaba. – Y sólo se le queda esa sonrisa cuando habla de ti.

– ¿En… serio?

Se me escapa una sonrisa de bobo, pero me apresuro en borrarla de mi cara.  No, esto no puede ser cierto. Dudo, no debo dejarme engañar tan fácilmente. Seguro que miente.

Por otro lado… no entiendo lo que pretende JR. ¿Por qué debería convencerme de eso? O sea, si estuviera enamorado de Min no intentaría entregármelo, sino quitármelo, ¿no? Lo más normal sería que me dijera que están juntos y que Min le quiere a él y no a mí, y me pidiera que me quitara de en medio para que pudieran estar juntos, o algo así… Pero que intente convencerme de que me quiere no tiene lógica. ¿Qué sentido tiene todo esto si realmente están juntos? ¿Qué pretende?

¿Y si me está diciendo la verdad? Tal vez tiene razón, tal vez Min me quiere… ¿Puede ser? Mi chico… ¿sigue siendo mi chico? A lo mejor sí tiene una buena razón para haberme ignorado estos días, para haber estado tan raro. A lo mejor sólo debería preguntárselo, hablar con él. Confiar en él. Y en JR, que puede que sólo esté aquí para ayudar.

Vale, le daré una oportunidad. Le hablo en un tono más relajado.

– Siéntate, no te quedes ahí de pie – Se sorprende por mi tono de voz. Duda. Sigue preparado para salir corriendo, me mira con desconfianza. – En serio, no voy a hacerte nada. – Sigue sin creerme. ¿Tanto miedo doy? Supongo que romper paredes no me hace parecer demasiado pacífico… ¿Qué más puedo decirle para convencerle? – ¿Qué eres, un gatito asustado?

– ¿Miau?

Nos quedamos un segundo en silencio y luego estallamos en una sonora carcajada. Por primera vez nos reímos, ya no recordaba lo que era reír a sí. Esto me hace sentirme un poco mejor.

Al fin JR se sienta a mi lado y seguimos hablando. Me habla de Min, de las cosas que le contaba de mí, de sus charlas sobre teorías filosóficas, de cómo descubrieron que compartían esta afición. Y le creo, me parece sincero. Ahora me siento mal por haberle odiado tanto.

 

No, no estamos charlando amigablemente, no somos amigos, no es “relajado”, pero es menos tenso.

Realmente, ha sido un gran paso. Sigo teniéndole algo de miedo, sigo vigilando cada palabra que digo, sigo manteniéndome a una distancia prudencial, pero aun así, poder hablar con él es una gran mejora.

Le hablo sobre Min, sobre las largas horas en las que me hablaba de lo mucho que le quería. Le hablo sobre sus ojos de enamorado, brillantes cada vez que hablaba de él, y así, poco a poco, consigo convencerle de algo tan obvio como el amor que sienten el uno hacia el otro.

De todos modos sigo nervioso. ¿Por Aron? No exactamente. Por sus manos. Él parece no darse cuenta, pero tiene los nudillos despellejados, le sangran las manos y… y a mi la sangre…

Intento no mirar, pero sé que está ahí, y temo que en cualquier momento se me vaya la cabeza.

– Aron… yo… Te importa si…

– ¿Qué?

– Es que… puedo… te sangran las manos…

Baja la mirada, como si no hubiera reparado en eso.

– Vaya, tienes razón.

– ¿Como no te habías dado cuenta?

– Estoy tan acostumbrado a las heridas que ya ni siento el dolor. Osea, sí lo siento, pero ya es lo normal…

– ¿Me dejas vendarte eso? No quiero seguir viéndolo…

Asiente, y yo me doy cuenta de que no tengo vendas, están todas en el campamento. Sin siquiera pensarlo arranco un trozo de mi propia camiseta, de verdad no quiero seguir viendo eso. Prefiero ir desnudo que seguir viendo la sangre roja degotando por sus dedos…  

Sacudo la cabeza, limpio sus manos y las envuelvo torpemente en la tela vieja. Luego ya le pondremos un vendaje mejor, limpiándole las heridas, ahora solo es para no verlo, y para que no se desangre…
Pasan los minutos en un silencio inquietante, sin señales de Aron ni JR, por suerte tampoco parece que los guardias hayan oído todos los gritos, sería muy gafe por nuestra parte. Cuando ya empezaba a preocuparme seriamente por esos dos se oyen unos pasos que se acercan, espero que vuelvan los dos y no Aron arrastrando el cadáver de JR…

Finalmente aparecen los dos sanos y salvos y con una actitud más o menos cordial. O eso parece, al fijarme me doy cuenta que Aron lleva las manos envueltas en lo que parece ser un trozo de camiseta y está lleno de rastros de sangre ¿Que cojones ha pasado? No parece que haya pegado a JR, supongo que habrá recibido la pared o alguna pobre estantería.

Aun con estos pequeños detalles el alivio se nota en el ambiente, creo que no era el único que estaba preocupado por la integridad de nuestro loco. Bueno, menos esa, claro, debe estar decepcionada de que no le hayamos ahorrado trabajado matándonos entre nosotros.

Me propongo levantarme a buscar vendas decentes antes de que se le infecte la mano entera pero parece que a Aron no le importa demasiado el tema ahora mismo y se limita a plantarse delante de Minhyun y tenderle una mano.

– Ven, tenemos que hablar

Oh, es la frase maldita, el temido “tenemos que hablar” que nunca augura nada bueno. Minhyun le coge la mano indeciso, mirándome con cara de no tenerlo muy claro mientras se deja arrastrar por su… ¿novio? ¿ex-novio?

Vamos atontado, ¡Fighting!

¡Rubia! ¡Sé que me apoyas!

¡Ya verás como todo irá bien!

Vaya, eso espero…

No te preocupes, ¡lo conseguiré! ¡Haré lo que sea para recuperar a mi chico!

¡¡Tú puedes!!

Se van, se llevan un farolillo y desaparecen en la oscuridad cogidos de la mano, bueno, más bien con Aron arrastrando a Minhyun… ¿Conseguirán arreglarlo? ¿Al fin? ¿Se pelearán de nuevo? ¿Volverán aún más lisiados?

Espero que no…

Por si acaso expando mi mente y les sigo un rato, solo para asegurarme que no se matan. El enano sigue tirando de él, aun más lejos. Caminan en silencio.

El suave roce me despierta, el ligero pero electrizante toque sobre mis labios, los labios de Ren.

Abro los ojos al instante, y él también se separa, demasiado rápido. Me mira fijamente y sonríe, coqueto como un gatito, brillante como un rayo de sol, igual de cálido, igual de dulce.

– ¡No espíes! – me regaña articulando mucho cada sílaba. Sonrío, pero me pierdo entre el movimiento de sus perfectos labios de corazón…

Aun ni siquiera me he sentado, Minhyun y Aron ya han desaparecido en la oscuridad y Ren y Baekho de han perdido en su propio mundo azucarado de abrazos y besitos. Creo que necesito una novia. O una mascota…

Me siento junto a Lime, que parece la única realmente preocupada por salir de aquí, que ironía. Sentada en el suelo prueba las pilas que hemos encontrado en porras y linternas, para ver cuales encajan con cada cosa y cuales funcionan. Ayer ya estuvimos un rato con eso.

Cojo también una linterna para ayudarla, la  primera pila no funciona, voy a dejarla pero me detengo, la sostengo en mi mano, mirándola fijamente.

Fijamente… Vacío mi mente, busco mi poder y lo canalizo a la palma de mi mano. El pequeño cilindro se vuelve polvo. Vamos. Vamos, reacciona. Lo visualizo, con los ojos abiertos y cerrados, pero las diminutas virutas de metal no vuelven a unirse.

Al rato desisto, tiro el polvo y cojo otra pila del montón de gastadas. La desintegro y me concentro otra vez en juntar de nuevo las partículas. Siento la fuerza entre ellas, la fuerza que las mantenía unidas, cada vez más débil… más débil… hasta que desaparece por completo. ¡Eso es! tengo que conseguirlo antes de que desaparezca.

Lo pruebo una tercera vez, y una cuarta. Ahora las partículas se mueven, pero vuelve a destruirse al instante. Una sexta parece funcionar otra vez, y al fin a la séptima lo consigo. Sonrío y me guardo le pila en el bolsillo, para que me recuerde mi fuerza. Para recordar que puedo hacerlo, que no solo destruyo, también creo.

Aron me arrastra por la oscuridad de los almacenes y yo me dejo llevar. No me atrevo a decir nada, ni siquiera para quejarme de que me está apretando demasiado la mano y me duele. El ambiente es demasiado tenso, me dan ganas de salir corriendo. Pero quiero hablar con él, tengo que hacerlo, convencerlo de que no hay nada entre Jonghyun y yo.

No parece tan cabreado como cuando se ha marchado. No sé qué le habrá dicho Jonghyun pero parece que al menos lo ha calmado un poco. Eso espero.

¿Y qué voy a decirle yo? ¿Cómo se lo explico?

“Tenemos que hablar.” Que miedo me dan estas palabras. A lo mejor quiere dejarme. ¡No, no lo soportaría! No va a hacerlo, ¿verdad? La rubia me ha dicho que no me dejará, que me quiere demasiado, pero… no sé, le he hecho mucho daño…

Nos detenemos de golpe, ni siquiera me he fijado dónde me ha llevado. Me suelta de la mano y deja el farolillo en el suelo, en medio de los dos. Éste dibuja un círculo difuso de luz a nuestro alrededor.

Le miro a la cara, está serio, pensativo. Tengo que decir algo, convencerlo de que todo ha sido un malentendido, ¿pero qué le digo? Piensa, vamos, tienes que decir algo…

– Min…

– ¡Aron, escúchame! – le corto. – ¡No hay nada entre Jonghyun y yo! ¡Sólo somos amigos, de verdad! Hemos estado hablando mucho estos días porqué hemos descubierto que a ambos nos gusta la filosofía y hemos estado contrastando opiniones, y comentando éste y aquél filósofo y…

– Min.

– ¡Lo del beso fue un malentendido! Le di una pastilla, boca a boca, Jonghyun tenía fiebre y se estaba muriendo y yo no podía…

– ¡Min! ¡Cállate un momento! Y escúchame, ¿quieres?

Su voz ha sonado grave y fuerte. Me ha hecho estremecer. Ahora es cuando me dice que no quiere que le cuente historias, que no quiere saber nada más de mí, que me odia, que me deja, que… Vale, tengo que tranquilizarme y escucharle. Lo que tenga que ser será.

– Dime – me responde con un hilo de voz. Al fin parece un poco más sosegado.

– JR me ha contado lo de la pastilla, y lo de vuestras charlas. No estoy enfadado por eso. Sólo quiero saber por qué me has evitado estos días. ¿Ya no me quieres? Si es eso prefiero saberlo, porque tengo la sensación de estar haciendo el idiota.

No me digas que es eso, no me digas que es eso, no me digas que es eso…

– ¡NO! ¡No es eso! ¡Sí te quiero!

Ahora parece desesperado. Esto me deja un poco más tranquilo, pero no arregla el problema.

– ¿Entonces? Primero te acercas a mí, luego me ignoras, luego te vuelves a acercar… Me pegas porque te beso y luego eres tú el que me besa… ¡Pues yo ya no entiendo nada! ¿Es que quieres volverme loco?  

– No… lo siento… perdóname.

– No te he pedido una disculpa. Quiero una respuesta. – No responde. Vamos, Min, dime la verdad. ¿Qué rayos te pasa? Necesito saberlo. – Min… por favor…

– Lo siento… es que… no quería perderte… Todo ha ido muy rápido… – suspira pesadamente y duda. – Está bien, seré sincero contigo. Cuando te conocí enseguida me gustaste. Nunca pensé que fuera posible sentir algo tan fuerte por alguien que acabas de conocer. Eso me asustó, pero decidí dejarme llevar. Tú parecías sentir lo mismo, y a mí me gustaba sentir tu cariño, tu afecto… Pensé que seguramente lo que me gustaba de ti era que fueras tan atento conmigo. Mis padres nunca me han querido y yo llevaba dos años aquí encerrado, sin poder moverme y con maltratos constantes. Pensé que me había encariñado contigo porque eres la primera persona en la vida que parecía quererme, que me cuidaba… Y pensé que tú sentías por mí lo mismo, que al igual que yo también necesitabas cariño… Así que la situación nos convenía a ambos, supuse que cuando saliéramos de aquí cada cual seguiría su camino…

¿Qué? ¡No! ¿Pretende dejarme cuando salgamos? No, por favor, no puede hacerme esto. ¡Le necesito!

– Pero yo no…

– Me equivocaba. Cuando luchamos contra los guardias y tú desapareciste recorrió por mi mente la posibilidad de no volver a verte, de que hubieras muerto. Entonces me di cuenta de lo mucho que me importas, de cuánto llego a amarte – creo que acaba de darme un vuelco el corazón al oír esto. ¿Lo habrá notado? -Tuve miedo de tener que enfrentarme a una vida sin ti. Entendí que no te quería a mi lado porque necesitara tener a alguien sino porque realmente te amaba. Y tuve miedo de la intensidad de mis propios sentimientos. Y de los tuyos. De no saber qué era exactamente lo que tú sentías por mí. Me decías que me amabas, pero ¿hasta qué punto? Todo iba demasiado rápido. El día que me besaste, cuando Ren nos interrumpió… Deseaba tanto sentir tu cuerpo que no habría dudado ni un segundo a llegar hasta el final contigo; me enloqueces. Pero luego volvía a tener miedo. De que todo iba demasiado rápido, de que no podía ser que te enamoraras de mí tan de prisa. Llegué a pensar que a lo mejor sólo me querías por mi cuerpo, mi cariño… Que luego me dejarías.

JR tenía razón, Min tenía miedo de sus propios sentimientos. Algo que a mí me parecía tan estúpido, tan inverosímil. Pero es verdad. No es estúpido e inverosímil para mi chico. Ahora me siento un poco mal por no haberme dado cuenta. Esto le ha hecho sufrir, y yo he sido muy egoísta por pensar que era el único que lo pasaba mal. No le he dado lo que necesitaba para que se sintiera seguro a mi lado. Él no me lo ha puesto fácil para que yo me diera cuenta, pero es mi chico, debería haber notado algo, debería haber sido capaz de comprender mejor sus sentimientos.

– Min, no…

– Déjame terminar, por favor. Yo no soportaba la idea de perderte. Así que opté por distanciarme de ti. Pensé que si íbamos más despacio lo nuestro duraría más. Intentaba distanciarme, pero temía que eso te alejara demasiado y te necesitaba, y entonces volvía… Y creo que con eso sólo he conseguido marearnos tanto a ti como a mí… Cuando te golpee fue porque sabía que si no lo hacía luego no sería capaz de detenerte, porque mi cuerpo te deseaba demasiado. Te quiero, Aron, y por eso tengo miedo… No quiero perderte…

Es mi chico. El chico al que amo, el chico del que estoy perdidamente enamorado. El chico con el que quiero compartir la vida. Piensa demasiado y me vuelve loco pero lo hace por mí, por nosotros. Es muy tierno, y me gusta tal y como es.

Me acerco un poco a él y distingo entre la luz tenue sus ojos vidriosos. Pobre, lo ha pasado muy mal con sus miedos.

Aron se acerca a mí con ojos tiernos y me sonríe con ternura. Acaricia mis mejillas con sus dedos para secar las lágrimas que han conseguido escapar de mis ojos.

– Min, jamás me perderás, voy en serio contigo…

– ¿Cómo puedo estar seguro de eso?

– ¿Por qué debería mentirte?

– Mis padres lo hicieron. Ellos también decían que me querían. ¡Y me vendieron! No puedo confiar en nadie.

– ¡Yo no soy ellos! ¡Yo te quiero!

– A mí nunca me ha querido nadie. ¿Por qué deberías hacerlo tú? Me cuesta creer que alguien pueda llegar a amarme…

Me duele pronunciar estas palabras, pero es la verdad. Nunca me han amado, y creo que he llegado a acostumbrarme a la idea de no importarle a nadie.

– No sabes cuánto me duele oír que lo has pasado tan mal… Yo… ahora mismo no puedo demostrarte que te digo la verdad. No tengo forma de hacer que veas cuánto te quiero. Pero mírame a los ojos. Te amo. Nunca había amado tanto a nadie. Te prometo que nunca te dejaré. No puedo demostrarte ahora que no miento pero si me das la oportunidad poco a poco verás que no te engaño. Cree en mí, por favor…

– Aron…

– Min, te quiero más que cualquier cosa en el mundo. Daría mi vida por ti si fuera necesario… y no lo digo por decir, en la situación en la que estamos tengo muy claro que lo haría de verdad. No quiero sólo tu cariño, no eres sólo un capricho. Te amo con todo mi corazón, y lo sé desde la primera vez que te vi. ¿Me crees?

Le creo. Sí, le creo. No miente, lo sé, puedo leerlo en sus ojos. Aron me quiere. ¡Me quiere! No va a dejarme, volvemos a estar juntos. Y ahora sin dudas por mi parte. Confío en él, ciegamente. Me siento muy aliviado, muy seguro. Muy feliz.

– ¡Te creo!

Me lanzo a sus brazos y le beso en la boca con desesperación. Necesitaba tanto sentir estos labios sobre los míos, el sabor de su saliva, su lengua acariciando la mía. Le he echado tanto de menos.

Al fin nos separamos y él me susurra al lado del oído.

– Me ha hecho muy feliz saber que tú sientes lo mismo…

– Aron, te amo.

– Yo también te amo.

Nos sentamos al suelo y nos quedamos abrazados, con nuestros cuerpos pegados. Nos acariciamos suavemente y en silencio y nos damos algún beso esporádico.

No quiero irme de aquí, quiero quedarme con él para siempre. Con mi chico.

Sigo practicando mi nuevo poder, la mayoría de las veces no lo consigo, pero sé que puedo hacerlo y empiezo a identificar como.

Y de mientras recuerdo. Recuerdo a mamá, a la madre que perdí y que, empiezo a asumir, no volveré a ver nunca. Intento evocar su recuerdo, su cara sonriendo, sus palabras dulces, sus abrazos. El aroma de sus guisos, del jabón con que lavaba la ropa, de su champú. El brillo de sus ojos, de sus dientes siempre impecables, de sus labios cuando se arreglaba para papá y se ponía brillo…Y todo el rato vuelve a mí la misma imagen, la misma escena oscura y sangrienta. Su grito al intentar protegerme, sus últimas palabras, intentando alejarme, la sangre brotando de sus labios y de su pecho, la mancha oscura cada vez más grande, más roja, más oscura… La sangre…

De repente la voz de la tipa esa llama nuestra atención, sacándome muy a mi pesar de mi burbuja de felicidad ocupada solamente por mi novio, por sus labios, su voz…

– ¿JR? ¿Estás bien?

Nos giramos inmediatamente, alarmados por el tono de preocupación de su voz.

JR esta temblando, mierda, ¡¿le ha dado un ataque?! A su lado Lime solo le observa, desgraciadamente parece ser consciente de que tocarle ahora mismo podría ser una mala idea y se aleja ligeramente, que lastima.

Por suerte Baekho reacciona enseguida se levanta y se le acerca corriendo pero sin tocarle y, como las otras veces, le canta. Una canción sin letra, suave, cálida… y en pocos minutos nuestro loco reacciona, dejando de temblar y volviendo a mirar a su alrededor. Tsk, no sé qué haríamos sin mi chico.

– Lo siento… – se disculpa con un hilo de voz.

– No te preocupes – le sonrío volviéndome a sentar ya más relajado – hacia mucho que no te pasaba, además, teniendo a mi increíble novio ya no es un gran problema. ¿Verdad?

Este solo se sonroja con cara de atontado y de repente se ríe como una colegiala. Bien, me alegro de no ser el único que a veces parece una adolescente enamorada…

Dios, que mono que es ¿Se ha emocionado tanto por el piropo o por haberle llamado “mi novio”? Porque si es por eso se lo voy a llamar mucho más a menudo, me encanta.

“Mi novio” jeje, ha dicho “mi novio” jejejeeje que bien suena eso… jejejejeje

– Ejem…. – nos interrumpe JR. Joder, que cortarollos – Tardan mucho estos dos, ¿no?

La verdad es que tiene razón, no sé cuánto tiempo ha hace que se han ido, a mi se me ha pasado muy rápido pero bueno, estaba bien entretenido así que…

¿No estarán gritando y peleándose por alli verdad? O a lo mejor Aron le ha dejado y Minhyun esta rondando deprimido y le encuentran los guardias y…

Vale, Ren, contrólate, no seas catastrofista.

– La verdad es que si… oye, Baekho, cielo… ¿Puedes mirar a ver que hacen? Que no sea que tengamos que ir a por los cadáveres o algo…

Mi chico asiente, por suerte no me recrimina que hace unos momentos era yo el que le estaba diciendo que no les espiara… Y cierra los ojos con concentración, serio,  pero los abre enseguida con cara de susto.

– ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Están bien?

Todavía tarda unos segundos en contestar y cuando lo hace más que asustado parece… ¿avergonzado?

– …creo que hubiese preferido no ver eso…

– ¿Eso? … – ¿A qué se refiere? Por su tono no parece hablar de sangre y peleas…Entonces…si no están peleando… – Oh, dios, ¿ESO? No me digas que están teniendo una “apasionada reconciliación”

El asiente ligeramente y todos nos echamos a reír, dios mío, Minhyun que se quejaba de que iban muy rápido…me parece que las hormonas le han ganado al sentido común.

¡Tachaaan! Hasta aqui el capitulo de hoy 😉 ¿Tiene razon Ren sobre la “apasionada reconciliacion” del MinRon? Lo sabremos en el capitulo 23 jejeje~

Tanto si os ha gustado mucho como si hay algo que no os ha gustado dejad aunque sea un pequeño comentario, se agradecen un monton ❤

SHIROKO KUROKO AOIKO

ACTION: Capítulo 21

ACTION21

¡Y aquí está el 21! Si, hemos tardado una barbaridad y nos merecemos toda la bronca del mundo pero al final esta terminado! (en parte gracias al comentario de “trinidad antilao” que hizo que nos pusieramos las pilas ^^’) Y ahora si, esperamos que os guste y prometemos…prometemos que intentaremos no haceros esperar tanto, pero no podemos garantizar nada ^^’

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo primero

Seguimos en silencio, inmóviles, contemplando la libertad en este minúsculo pedazo de cielo, incapaces de alejarnos o apartar la mirada, incapaces también de separar nuestros cuerpos abrazados o nuestras manos unidas.

No es necesario, pues ambos sabemos que nos une algo mucho más fuerte que un abrazo, pero es agradable, de hecho este es el momento más feliz que recuerdo en muchos años.

– ¿Que hay al otro lado Baekho? – me pregunta casi en un susurro, como si tuviera miedo de romper este silencio reverente, casi mágico.

– Nada – respondo en el mismo tono. – tierra hasta la altura de la ventana, más arriba nada. Tal vez un descampado, un jardín, un campo…

– ¿Un campo de hierba? – pregunta esperanzado – ¿podría ser?

Sonrío.

– Podría.

– Hierba fresca, recién cortada…

– Tumbarse encima, con las hojas pinchándote…

– Y el olor… El olor a tierra mojada… A césped recién cortado… ¿recuerdas el olor del césped?

– Apenas… Recuerdo el tacto… El frescor…

– Volveremos a sentirlo…

– Si… Pronto…

Volvemos a quedarnos en silencio, apenas si parpadeamos, hipnotizados por la fuerza del cielo azul a través de un minúsculo y lejano cristal empañado. Pero de repente ambos nos levantamos, percibiendo algún cambio. Parece haber más luz. No, no lo parece, hay más luz.

El primer rayo de sol se cuela por la ventana y el haz de luz ilumina el suelo a escasos metros de nosotros.

Nos miramos.

– El sol… – tiembla, asiento, sonreímos.

Aprieto su mano y luego se la suelto, y él avanza, lentamente, con admiración, los cuatro metros hasta la porción de suelo iluminado, creciendo a cada segundo que el sol se alinea más con la ventana. La luz le da en la piel, y parece brillar.

Su belleza, con el sol dándole de lleno. Me deja sin aliento.

Es un ángel.

Y este ángel me tiende la mano, llamándome para que acuda junto a él a disfrutar esta pequeña porción de libertad.

Andamos de vuelta a nuestro campamento en silencio, sin prisa, después de haber pasado mucho tiempo observando ese pequeño rayo de sol. Si no fuera porque al final ha desaparecido todavía seguiríamos allí.

Ninguno de los dos dice nada, solo nos cogemos de las manos, pero no es un silencio incomodo en el que no sabes que decir, es un silencio en el que simplemente no hacen falta palabras; además, creo que Baekho ya ha hablado suficiente por hoy y necesitaba unos minutos para pensar en nosotros.

Supongo que después de esto podemos considerarnos novios. Novios, que bien que suena eso… además, significa que puedo besarle y abrazarle siempre que quiera….

Hablando de novios, no entiendo que les pasa ahora a Min y Aron, la última vez estaban bien  y ahora apenas se miran. Ya decía yo que no tenía que dormirme, mira lo que pasa a la mínima que les quito el ojo de encima. Tengo que enterarme que de que ha pasado y conseguir que arreglen las cosas, aunque supongo que JR debe estar harto de ser el aguantavelas del grupo, pobre.

– Oye Baek, ¿ha pasado algo entre Min y Aron mientras yo dormía?

Me encojo de hombros, realmente no le he dado muchas vueltas, no es algo que me interese especialmente, aunque me tiene intrigado.

– Llevan unos días que están raros, no sé.

– Es que me extraña, ya sabes cómo estaban al principio, ni se separaban.

Me parece que entre “no separarse” y meterse la lengua hasta la campanilla cada vez que creían que no les veíamos hay una diferencia importante, pero asiento y le doy la razón.

– Minhyun y JR pasan horas hablando. Osea, antes ya lo hacían, pero es que ahora es todo el día. Aron esta que se muere de celos, se la pasa mordiéndose las uñas.

– No, ahora afila cuchillos.

– Por petición de Lime.

– Esa zorra quiere que nos matemos entre nosotros.

No puedo evitar reírme. Ren y sus paranoias

– Déjalo Rennie. – le digo aun riendo y con un tono suave.

– No, en serio, – insiste algo alterado – ¿ve a Aron con esa cara de “quiero matar a alguien” y le dice que afile cuchillos? ¡Ya ni siquiera intenta ser sutil!

Me rio e intento tomármelo a broma. Lime nos ha ayudado mucho, y aunque la tenga un poco atragantada por haberle disparado a Ren, prefiero no comerme demasiado el coco y seguir confiando en ella, es más fácil.

– Regresando al trío ese… ¿Cómo crees que acabara? ¿Minhyun con Aron o con JR?

Ren se ríe, aunque está claro que no le divierte.

– Espero que con Aron, porque como el atontado ese empiece a besar a JR y encima sin decirle nada, Aron va a moler a golpes al loco.

– Pues a mí me da pena por JR. Si de verdad está enamorado de Minhyun… No sé, lo ha pasado muy mal ya, y se llevan bien…

– Tú no tragas a Aron, que es diferente. – Me encojo de hombros, negar eso sería una estupidez teniendo en cuenta que siempre terminamos gritándonos. Ren suspira y sigue hablando – No sé qué se llevan con JR, pero… Minhyun y Aron tienen una conexión especial. Fue amor a primera vista, y muy intenso Aunque ya no sé, antes me contaba las cosas, ahora solo le cuenta chismes al loco.

Le miro, realmente parece preocupado. Pero ¿qué podemos hacer nosotros? me acerco y le beso en la mejilla, apretando el agarre de su mano. El me mira, un poco sonrojado.

– Es cosa suya, nosotros tampoco podemos hacer nada. No lo pienses mucho ¿vale?

Sus labios se curvan en una sonrisa burlona, como si me retase.

– ¿Y qué vas a hacer para distraerme? ¿Para qué no piense en ellos?

Ni siquiera lo pienso al acercarme a besarle. Siento sus labios blandos amoldarse a los míos, suaves, dulces, perfectos. Nos miramos fijamente y sonreímos.

– Es una buena distracción – admite. – Eso me parecía. – nos reímos y volvemos a besarnos. Siento mi estómago oprimirse, cosquillas en todo mi cuerpo y un ligero mareo. Volvemos a mirarnos, con las frentes pegadas, acariciándonos. – ¿Sabes? se me acaba de ocurrir un juego – le digo separándome un poco – ya sabes, para entrenar.

Ren se ríe. Tiene una risa tan preciosa… tan fresca…

– Pues volvemos y me lo explicas ¿vale?

Asiento y cojo su mano para seguirle entre la oscuridad. Su mano, brillante, ilumina nuestro alrededor como una gran linterna. Pero aunque no haya posibilidad de perderme me aferro a su manita de dedos finos. No sé qué haría si le perdiese…

Volvemos al silencio de antes y andamos todavía un buen rato hasta llegar al campamento, ahora mismo nada, ni la presencia de esa, es capaz de arruinarme el mal humor. O eso creía.

Llegamos y lo primero que veo es a Minhyun abrazado a JR hablando con la tipa esa y a Aron no se le ve por ninguna parte. ¿Qué cojones ha pasado ahora? Está claro que no puedo dejar a Minhyun sin vigilancia ni un momento, no entiendo que está haciendo… ni cuáles son las intenciones de JR, ¿acaso quiere quitarle el novio a Aron? Luego tengo que hablar con Minhyun, tanto decir que le quiere y últimamente no para de hacerle daño. Puede que Aron no sea mi mejor amigo, por lo menos antes, como siempre discuten con Baekho al principio no me caía especialmente bien pero después de hablar con él estos días me he dado cuenta de que es un buen tipo y enamoradísimo de Minhyun, no quiero verlo sufrir solo porque Min no se aclara con sus propios sentimientos.

Me siento a su lado sin saber que decir, parece de mal humor y juraría que tiene los ojos rojos de haber estado llorando, genial; pero cuando nos ve sonríe con una mirada cómplice y burlona, creo que se imagina exactamente qué ha pasado. No me cansare de repetirlo, me conoce demasiado y a veces es…incomodo. Aparto la mirada antes de terminar sonrojandome, espero que no quiera una explicación detallada. Mierda, necesito encontrar un tema de conservación rápido, piensa Ren, piensa…

– O-oye, ¿queréis seguir entrenando?

Cruzo los dedos para que acepten pero Minhyun no parece demasiado entusiasmado con la idea, baja la cabeza y mira fijamente el suelo como si fuera algo digno de merecer toda su atención.

– Es que… estoy un poco cansado, no me apetece.

Baekho me mira con cara de no entender que pasa, como preguntándome si no estoy cansado de andar pero le miro suplicante para que me siga la corriente, necesito hacer algo y Minhyun distraerse. Finalmente parece que me entiende y se apunta a hacer presión.

– Vamos, en batalla no importará si estamos cansados o no, tenemos que entrenar nuestra resistencia también ¿no?

– De verdad, no estoy de humor, lo siento…

– Minhyun, te entiendo, pero deberías ir, necesitas distraerte y ocupar tu mente en otras cosas.

JR interviene también, toma, ¡ya somos 3 contra 1! Pero Min le mira no muy convencido por más razonable que sea el consejo del loco. La táctica razonable no funciona, vale, pues probaremos otra…

– Vamos Min, porfaaa – insisto con mi mejor voz de niño bueno mientras le tiro de la camiseta – no puedo entrenar sin ti y tengo muchas ganaaaas

Vale, empiezo a darme vergüenza a mí mismo…

Dios, que me lo como, tan adorable…

No puedo evitar sonreír con el comportamiento de Ren. Me sorprende ver a la muñequita inexpresiva con carita de niño bueno. Se me acerca y me dedica un bonito puchero. Dios, creo que ahora siento vergüenza ajena. Pero se ve muy mono. Baekho le mira de reojo, embobado.

JR me aprieta fuerte la mano para darme fuerzas, Baekho me sonríe amigablemente para animarme, e incluso Lime asiente con la cabeza para intentar convencerme. Todos parecen preocupados, e intentan animarme. Se me hace raro que tanta gente se preocupe por mí, nunca me había pasado. Y me hace muy feliz.

Finalmente sonríe un poco y asiente con la cabeza mientras se levanta. ¡Bien! He hecho el ridículo más grande de mi vida pero ha valido la pena, aish, este Minhyun… Me levanto yo también y le doy la mano a Baekho para ayudarle a ponerse de pie de un tirón y aprovechando que ha quedado muy cerca de mí le doy un beso rápido antes de girarme para ir a buscar las armas con una enorme sonrisa. Me encanta no tener que reprimirme más

 

Como no se ve absolutamente nada a la que te apartas del circulo de luz cogemos varios faroles para escamparlos por la zona y ampliarlo un poco, pero Ren nos detiene diciéndonos que no gastemos pilas en esto. Activa su poder y de algún modo hace aumentar la luz de la zona, no es mucho, pero tiene un brillo… Sobrecogedor.

– Esta luz es diferente – señala Minhyun. – diferente de la que hacías hace unos días cuando llegamos.

Ren sonríe algo turbado.

– Intentaba que pareciera la luz del sol, pero no sé si…

Si, si lo parece, como esa luz que hemos pasado horas contemplando.

– Es precioso – le digo. Ren me sonríe y yo le beso en la frente antes de separarme de él unos metros.

Cuando revisábamos almacenes encontramos, entre miles de otros trastos inútiles, un par de cajas de máscaras viejas. Blancas como las de los guardias, la mayoría rotas o sencillamente gastadas. Llamo a unas cuantas que acuden a la fuerza de mi voz. Miro a Minhyun y Ren,  preparados ambos con sus pistolas.

– Las lanzas y les disparamos en el aire ¿no?

– Si, – les digo – para que practiquéis con blancos en movimiento.

Ambos asienten, bastante relajados. Lanzo la primera y ambos disparan al instante. Fallan el primero disparo, pero Minhyun le da en el segundo intento antes de que caiga al suelo y Ren alcanza uno de los fragmentos un segundo más tarde. Realmente tienen una puntería envidiable.

Asiento y lanzo la segunda. Sé que esta vez acertaran, pero eso sería demasiado fácil. No puedo evitar sonreír mientras susurro un par de notas y la máscara se desvía unos centímetros en el aire, suficientes para esquivar sus balas.

Minhyun abre los ojos, sorprendido, y Ren frunce el cejo con determinación. Ambos vuelven a disparar y yo vuelvo a esquivarles.

Se reiteran los disparos, creo que no me vendrían mal unas orejeras, luego lo propondré, creo que vimos por alguna parte…

El tiroteo dura cinco, diez, veinte minutos. Cada vez que aciertan a una máscara lanzo la siguiente, cuando se les terminan las balas cargan de nuevo, alternándose para no dejar de disparar en ningún momento. Al principio he notado un par de veces corrientes de aire intentando desviar la máscara, pero Minhyun ha dejado de gastar fuerzas cuando ha visto que eso no afectaba mi telekinesis. Lime y JR nos observan y de vez en cuando nos hacen comentarios como  “¡muy buena esa!” “Vigilad a donde disparáis, no apuntéis justo a donde está la máscara”. Es obvio que llevo ventaja pues una vez ellos disparan no pueden modificar la trayectoria mientras que yo aún puedo mover el blanco, pero tengo que estar pendiente de ambos y a los pocos minutos empiezo a tener la garganta seca y la mente agotada. Me fuerzo, sabiendo que la resistencia también es un punto a trabajar, pero me doy cuenta de que luz también empieza a disminuir y de que los tres estamos agotados. Cuando dejan hecha pedazos la doceava o treceava mascara espero un rato antes de lanzar la siguiente, recuperando el aliento.

JR nos acerca una botella de agua y los tres bebemos con avidez.

Me tiro agua por la cabeza y me seco con la camiseta.

– Va, quedan tres – les digo animado.

– ¿Aun quieres seguir?

– ¡Pero si es súper chulo! Vamos Baek, lánzanos otra.

– Además es un buen ejercicio, muy completo.

El comentario de JR sobre el entrenamiento que he planeado me hincha un poco el orgullo, pero ahora mismo nada eclipsa la emoción de ver a Ren tan animado con el juego. Sonrío y lanzo la siguiente, que destrozan en el acto.

– ¡Que te machacan Baekho!

– ¡Calla! ¡Que son dos contra uno!

Ren deja de disparar y centra su atención en algo que ha visto detrás de mí. Me giro y veo que Aron ha vuelto, deja en el centro del refugio una enorme bolsa llena de comida y se sienta apartado del grupo, ni siquiera se acerca a saludar. Estúpido renacuajo.

– Tienes razón, dos contra uno no es justo – admite Ren – seguid vosotros, yo estoy cansado ya.

Se guarda la pistola y se aleja a hablar con Aron. Ya me contara si averigua algo sobre que lío se traen estos tres, yo por mi parte vuelvo a centrar mi atención en Minhyun y lanzo otra mascara.

– Creo que yo estoy cansado también… – murmura – mejor lo dejamos…

No, de eso nada, se estaba animando, pero al ver al enano ha vuelto a poner esa cara depresiva que trae des que hemos vuelto.

– Va Min, me queda solo una, la última.

Va a replicar, pero insisto y al fin accede.

Intento hacerlo durar tanto como puedo, y aunque estoy agotado ahora es solo un contrincante y es más fácil. Pasan unos buenos diez minutos hasta que consigue darme y cuando lo hace sonríe y hace un pequeño gesto de victoria. Su gesto vuelve a ensombrecerse enseguida, pero por lo menos hemos conseguido distraerle un rato. Ya es algo imagino.

Me da las gracias por el juego y yo le respondo automático con uno de los saludos que hacíamos cuando practicaba kendo. Luego vuelve con JR y Lime que charlan en un rincón y yo me acerco a Ren y Aron que charlan al otro lado del refugio.

Me siento a su lado y me mira sin decir nada, parece de muy mal humor. No sé si preguntarle directamente o esperar a que me lo cuente el mismo, aunque supongo que todavía no tenemos tanta confianza…

– Oye, ¿qué te pasa? ¡Alegra esa cara hombre!

– Déjame en paz, Ren. Vete.

Vale, esta de muy mal humor como para que me llame Ren, desde que se le ocurrió su genial apodo y al ver que a mí no me gustaba no ha parado de usarlo.

– Eeeh ¿qué pasa? ¿Ahora ya no soy tu “princesita”?

Si, princesita, como si necesitara que me recordaran otra vez que tengo aspecto de niña. A la que pueda me voy a cortar el pelo antes de que pase a llamarme Rapunzel o algún otro apodo “ingenioso”.

– No, no lo eres. Y el que lo es últimamente no lo parece. – responde con una voz muy triste. Sea lo que sea, esta vez parece grave… no entiendo como Minhyun puede estar ignorándole si se ve de lejos que Aron está mal.

– Vamos, no estés así, ¿qué ha pasado? Tan grave no será… ¿no?

Necesito saber qué coño está pasando ¿que puede haber pasado para que ni se hablen y los dos hayan estado llorando solos? Aron duda en responder y baja la cabeza mientas encoje los hombros.

–  Que me ha dicho que no quiere casarse conmigo…

Ah, así que es eso. Espera… ¿QUE COJONES?

– Ca-casarse… ¿Qué? O sea… ¿le has propuesto matrimonio a Minhyun? ¿En serio?

El asiente con la cabeza como si fuera lo más normal del mundo, como si hiciera más de una semana que se conocen. Si realmente le ha dicho “Hola, ¿quieres casarte conmigo?” no me extraña nada que Min haya salido corriendo asustado

– Pe-pero…a ver, que sé que le quieres muchísimo y eso pero…no es un poco… ¿pronto?

– ¿Pronto? ¿Por qué? Si nos queremos… Además, lo de casarnos era secundario… yo lo que quería era que fuéramos a vivir juntos.

Supongo que ve en mi cara que sigo flipando mucho así que suspira hondo con resignación, se apoya en la pared y me explica toda la conversación con pelos y señales, junto con algunas menciones a JR con bastante odio.

– a ver, entiendo que le haya pillado un poco por sorpresa pero esas no son maneras de decir las cosas y sí que lleva unos días un poco raro…Oye, tengo una idea. Si quieres puedo ayudarte a darle celos – me acerco a él mirándole fijamente a los ojos. Los celos siempre son algo universal en las parejas –  aunque no sé si servirá de mucho…

– ¿Sí? ¿Lo harías?  

Ren acerca mucho su rostro al mío, más de lo que esperaba viniendo de él. Y de alguna forma puedo leer en su cara inexpresiva una mueca juguetona. Me hace gracia y decido seguirle el juego. Sí, los dos sabemos que es poco probable que sirva de algo, pero al fin y al cabo tampoco pasa nada por tontear un poco cuando ambos somos conscientes de que no va en serio, ¿no? Por intentarlo…

Sonrío de forma seductora y disminuyo la distancia que nos separa. Le veo sorprenderse un poco pero no se mueve. Paso una mano por detrás de su nuca para atraerle un poco más a mí y él se deja hacer. Acaricio suavemente sus cabellos largos y rubios mientras sigo acercándome despacio. Hasta que la distancia que se interpone entre nuestros labios llega apenas a ser de unos pocos centímetros. Hasta que noto su cálido aliento. Hasta que…

Hasta que algo agarra con fuerza la parte trasera de mi camiseta y tira de mí bruscamente para apartarme de Ren y hacerme caer en el suelo.

– Cof, cof…

¡Au! ¡Eso ha dolido! ¡Me ha estrangulado!

– ¡¿Qué haces maldito bestia?!

Me giro hacia mi agresor y me encuentro con un Baekho con cara de pocos amigos. Ups, parece que mi tonteo con Ren no le ha sentado demasiado bien…

– ¿Qué hacéis?

Les miro indignado. Lo que me faltaba, el renacuajo ligando con mi novio. Pues no, lo siento, si tu chico no te hace caso te buscas la vida, a mi rubia no le toques.

Pero Ren se ríe, dejándome claro que no iba en serio, y me relajo un poco.

– Que mono estás celoso Baek…

Q…que… ¿tenía que decir eso? Que vergüenza… Pero no lo pienso mucho porque se incorpora y me besa rápido. Vuelvo a sentir mariposas en el estómago. Le sonrío, le cojo de la mano y nos sentamos los dos junto a Aron que mira hacia un lado enfurruñado.

– Si vais a estaros de mimitos que sea fuera de mi vista, por favor

– Claro, como yo no he tenido que ver nunca tus “mimitos” con Min…

Ren me pega en la nuca. Suave, pero reprochándome con la mirada que me calle.

– No te preocupes que no los veras más… – murmura Aron cada vez más deprimido.

– Lo siento, es la costumbre… – Ren suspira, cansado, pero aun así se le ve feliz, desborda alegría, lo que choca completamente con el aura depresiva y tremendista de Aron. Es un efecto extraño… – bueno pues, ponedme al día…

Me explican más o menos la situación, lo cual no me aclara mucho ya que ninguno de los tres tiene idea de que pasa por la cabeza de Minhyun. Ren supone que se ha alejado por miedo a que iban demasiado rápido, yo asiento, completamente de acuerdo, ganándome una mirada fulminante del enano. Pero Aron insiste en que no puede ser solo eso, que Min se ha enamorado de JR… y aunque nosotros insistamos en que no, el hecho de que esos dos estén charlando juntos aquí al lado no ayuda.

– Vamos Aron, anímate, ya verás cómo se dará cuenta de que se está equivocando y volverá contigo…

Y yo me pregunto, otra vez, ¿que estoy haciendo animándole? en fin, supongo que yo en su lugar estaría peor…

– Si desde que os conocisteis apenas os habéis separado, nadie se desenamora así de repente

– Pero…

– Solo está confundido – insisto – dale tiempo, volverá…

– Seguro que se arrepiente de lo que ha pasado y no sabe cómo disculparse, Baek tiene razón, solo dale un poco de tiempo

No sé si está sirviendo de mucho, pero la intención es lo que cuenta ¿no?

 

Minhyun está realmente deprimido. Aron aun peor. Ya podrían dejarse de tonterías…

Por suerte ahora Min parece algo más animado.

– ¿y mirabas esa de los superhéroes? que eran como los de las pelis pero de pequeñitos, en el cole, casi no me acuerdo…

– Me suena… Si, que había un periodista que siempre les entrevistaba al final del capítulo.

– ¡Si, esa! Ni idea de cómo se llamaba…

– Yo igual… casi no recuerdo el título de ninguna… Espera, una de… que resolvían misterios… pero de cosas sobrenaturales… tenían un perro con un nombre muy raro…

– ¡Sí! espera era… buah, ¡esa la daban cuando tenía tres años! Ni idea…

Lime ha conseguido sacar a Minhyun de su pozo de tristeza preguntándole por cosas que hacía fuera. Nada personal, películas, series de dibujos, programas de la tele,… son temas que nunca fallan.

Minhyun parece estar mucho mejor ahora, y la verdad es que yo también me siento mejor. Son cosas que nos recuerdan tiempos mejores. Y es agradece. Pero no me meto mucho en la conversación, nunca he sido de pasar muchas horas ante el televisor y pronto se me terminan los temas. Me limito a escucharles a ellos dos, que parecen un par de expertos.

De mientras jugueteo con la pistola con la que antes ha estado entrenando Minhyun. En parte envidio su puntería y su destreza con las armas, la suya y la de Ren, por otro lado… no puedo dejar de pensar que esos entrenamientos en los que nos lo pasamos tan bien… nos estamos preparando para matar al fin y al cabo. Parece demasiado macabro…

“A veces las cosas no se limitan a que está bien y que está mal, ahora mismo las únicas opciones son matar o morir…” demasiado drástico, demasiado repugnante que ya me haya acostumbrado a sentir el peso de las armas en mis manos.

Aprieto con fuerza el arma, y por un momento deseo que desaparezca todo esto, cerrar los ojos con fuerza para abrirlos de nuevo en mi casa, con mis padres, vivos los dos…

Y de repente dejo de sentir el arma en mi mano, he perdido el control solo un momento pero la pistola se ha vuelto polvo que se escurre entre mis dedos. No, no, ¡no!

Miro mi mano y el arma vuelve a estar ahí, entera, sin un solo rasguño.

Espera…

¿Lo he imaginado?  No, no puede ser… sé que la he desintegrado, lo he notado, y de repente volvía a ser una sola pieza. ¿Es posible? ¿Estoy alucinando?

– ¿Estás bien Jonghyun?

Min me sacude para llamar mi atención, pero yo no aparto la mirada del arma, buscando algún indicio de lo que he visto, de que no me he vuelto loco del todo.

– ¿Jonghyun? ¿Qué pasa?

– ¿Te encuentras bien?

No lo entiendo… Les miro, queriendo explicarles lo que ha pasado, y sin saber cómo hacerlo.

– Yo… ahm… creo que… La he desintegrado y se ha vuelto a montar…

Minhyun levanta una ceja, Lime no reacciona en absoluto.

– Ya…

– ¡En serio! – insisto – he sentido como la destruía, he pensado que tenía que arreglarlo y de repente volvía a estar entera…

No me creen, está claro que no. ¡Pero ha pasado! ¿Ha pasado? ¿Y si solo lo he imaginado?

Miro el arma, intacta, no sé qué pensar, seguramente lo he imaginado pero… Pero si lo hubiese hecho de verdad, ¿significaría que puedo arreglar las cosas que rompo? ¿Que mi poder no solo destruye, sino que también construye? Eso sería… No tengo palabras, pero me haría sentir mucho mejor. Lo deseo. Deseo que eso sea real.

Desintegro el arma, esta vez conscientemente, e imagino que el polvo vuelve a juntarse en la forma que estaba. Pero no sucede nada. Evoco la misma sensación que tengo cuando “destruyo” algo, y lo visualizo, pero sigue siendo solo un montoncito de polvo negro.

– Me parece que no te sale.

– Déjalo Jonghyun, seguramente te lo ha parecido…

– No lo he imaginado, estoy seguro de que no…

Sigo intentándolo, visualizándolo una y otra vez, pero no sucede nada.

– ¿Qué pasa? – nos pregunta Baek des del otro lado del círculo de luz.

– JR tiene alucinaciones.

– Le ha parecido que podía reconstruir algo que había destruido…

Los dos rubios se acercan a mirar.

– ¿En serio? Eso molaría…

– Ya, pero ahora no le sale, seguramente lo ha imaginado.

– No hablaba contigo zorra.

Les ignoro y sigo concentrándome. Sé que era verdad, sé que lo he hecho y puedo volver a hacerlo, aunque sea solo una corazonada. Lo sé. Y de pronto las virutas de metal se mueven, adoptando por unos instantes la forma que tenían antes, pero al segundo vuelven a caer informes.

– ¡Oh!

– ¿Lo habéis visto?

– Si… Me ha parecido que…

– ¡Lo conseguiré! Puedo hacerlo, necesito practicar.

– Pues hablando de practicar…

 

Después de más de una hora intentando golpear algo sin que se me caiga la porra de la mano o me golpee a mí mismo, dimito. ¡Estoy hasta las narices de malgastar mi tiempo haciendo el imbécil! Además, Minhyun sigue con su cara de depresión, ¡Pero si es culpa suya, que no se aclara!

– ¡Joder! ¡Ni me sale ni me saldrá nunca! ¿No puedo volver con las pistolas?

– Tranquilo, Ren. Vamos, vuelve a intentarlo. Es mejor que todos sepamos luchar un poco con todo.

¿Tranquilo? No, Baekho cariño, tranquilo no. Por más que lo intente no mejoraré así que debería concentrarme en disparar y mejorar en eso.

– No, mejor déjalo. Eres un inútil. – dice Minhyun con tono de fastidio.

¿Q-que? ¿Qué cojones le pasa a este? ¡Si la está liando con Aron que no me cargue a mí con su mala leche!

 

No estoy de buen humor, no tengo ganas de entrenar, y la rubia no para de quejarse. Estoy harto. Parece que no le ha gustado mi comentario, porque me dedica una mirada asesina que me hiela la sangre. A veces me da miedo.

– ¿Perdona? Puedo ser un inútil con las armas pero por lo menos no lo soy con mi novio como tú, ¿sino porque coño besaste a JR?

No puede ser que haya dicho eso. No puede ser, no puede ser, no puede ser. ¡¿COMO COÑO SE LE OCURRE DECIR ESO?! ¡Cómo si no estuviéramos ya suficientemente mal!

¿Eh? ¿Que Minhyun me besó? ¿Cuándo? ¿Cómo? Creo que me he perdido algo…

 

Debo decir algo, debo arreglarlo, le respondo casi sin pensar.

– ¡No! ¡Yo no le besé! ¡Sólo le di una pastilla boca a boca!

– ¡Pero si le metiste la lengua hasta la campanilla!

¡¿CÓ-MO?! ¡¿EN SERIO?! ¡¿No la habías liado ya lo suficiente, maldita sea?! Joder, joder, joder, ¿y ahora qué?

– ¡Fue para salvarle la vida! -grito desesperado.

Mierda, Aron está detrás de mí, lo ha oído todo, no va a perdonarme, seguro que me odia, va a dejarme, ¡¿pero por qué lo ha dicho, joder?!

 

Aaaah, creo que empiezo a entender por dónde van las cosas…

Mierda, me he pasado.

Joder… ¿cómo se me ha ocurrido decir eso?? Soy imbécil…

Oigo un enorme golpe y veo aparecer boquete en la pared. Aron. Por su cara parece no saber si echarse a llorar o destrozar la sala entera, y yo que me quejaba de que Min había estropeado las cosas…

Cuando habla lo hace con los puños apretados y con la voz rota, sin tan solo ser capaz de levantar la mirada del suelo.

– Así pues era verdad… yo tenía razón…

Min parece colapsar al oír eso, estira su brazo hacia el como si quisiera detenerle con la mano temblorosa.

– ¡Aron! ¡Aron espera! Yo no…

Pero este parece no oírle, se gira para irse corriendo mientras Min cae de rodillas, llorando.

Joder, ¿qué he hecho…?

SHIROKO KUROKO AOIKO