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Esclavo 2: El pequeño bailarín (2MIN)

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: SHINee (grupo Kpop)

Pairing: 2min (Minho x Taemin)

Rating:  + 18

Esta es la segunda parte del fic “esclavo” publicado hace un tiempo…

se centra en la otra pareja de Shinee 2min. Pos nada más, a leer y a disfrutar! ^^

Estaba completamente perdido. Su alma ya no tenía salvación posible.

No podía apartar la mirada de ese torbellino de telas blancas con destellos dorados, esa piel color miel, esos cabellos rojo sangre.

La forma en que su cuerpo se ondulaba al ritmo de la música era hipnótico, la forma en que se le pegaban al rostro sus rojos cabellos, la forma en que las pequeñas gotitas de sudor recorrían su suave piel, la forma en que se transparentaban las telas y dejaban entrever su pecho, su vientre y espalda apareciendo ocasionalmente entre las ondas de su ropa. Sus labios, rojos e hinchados, curvados en una brillante sonrisa, sus ojos oscuros, clavados en él tan a menudo como el baile se lo permitía, atrayentes, desafiantes.

Habían pasado varios minutos desde que su amigo se había retirado. O tal vez habían sido horas. Contemplando a ese niño perdía la noción del tiempo. Algunos invitados empezaban a caer rendidos por el efecto del alcohol, mientras otros más sobrios se retiraban ya a sus hogares para descansar.

No importaba. Nada de eso importaba. Lo único importante era ese muchacho pelirrojo que danzaba en el centro de la sala, ese muchacho con labios rojos y ojos oscuros…

Hasta que se rompió el hechizo. Alguien se acercó al chico, quebrando el ritmo de la danza, destruyendo la magia del momento. Alguien demasiado borracho para ser plenamente consciente de sus actos, alguien demasiado borracho para pensar en nada.

Cogió al pelirrojo por la muñeca, obligándole a detenerse, acercándole a su cuerpo, provocando que el pequeño se asustase al ver su expresión lasciva

– Suelte al muchacho Sr. Jang – habló el consejero real des de su asiento casi sin levantar la voz pero haciéndose oír perfectamente en el repentino silencio.

El noble le miró unos instantes, asustado y sumiso. Por más borracho que estuviese sabia cual era su posición, al consejero real no se le discutía.

Soltó al muchacho, con gesto abatido. Este no hizo ademan de moverse.

Jadeaba por el esfuerzo de llevar horas bailando, y ya pasada la emoción que le incitaba a moverse tubo que apoyarse en sus rodillas para no caer al suelo.

El noble le lanzó una última mirada de desprecio antes de volver a su sitio con sus compañeros. Le ignoró, apartando de su frente los mechones empapados en sudor, y miró al joven de pelo oscuro, que le observaba aún.

Este le miraba fijamente con sus enormes ojos negros, desde su sillón de madera oscura, con sus ropajes también negros. Resonaba aun en su cabeza su voz de trueno. Resultaba, como mínimo, imponente. Pero, inexplicablemente no le asustaba tanto como el hombre que hacía nada le había interrumpido su baile. Tal vez porque sabía que le había estado observando toda la noche, o más bien porque sentía que su intención no era hacerle daño, si no protegerle.

Ambos se miraron a los ojos, hasta que el menor ya no pudo aguantar la mirada del noble y bajo la cabeza, mirando al suelo.

El otro se reclinó es su asiento y le hizo al bailarín una seña para que se acercara.

Este avanzó por la sala, inseguro, hasta quedar frente a las escaleras que separaban la gran sala del banquete con el piso elevado en donde se sentaban la realeza y los miembros más influyentes de la nobleza. Se detuvo un instante, dudando que le estuviera permitido subir esas escaleras. El consejero asintió, indicándole que siguiera avanzando, clavando en él sus enormes ojos oscuros.

Temblando como una hoja y consciente de todas las miradas que se clavaban a su espalda el joven pelirrojo caminó hasta situarse frente al trono de su señor. Hizo una reverencia, torpemente exagerada, intentando que fuese suficiente para dirigirse casi a un rey.

– ¿Cómo te llamas pequeño? – le preguntó sonriéndole.

– Taemin… Alteza. – Respondió sonrojado, mirando al suelo nervioso.

El otro se rió.
– No debes llamarme alteza. No soy rey.

El pelirrojo se puso aun más nervioso.

– Co… ¿Cómo debo llamarle entonces?

– Minho. – respondió muy seguro reclinándose en el trono. – es mi nombre.

Taemin no respondió, temeroso que fuera una trampa. No podía llamar por su nombre a alguien de tan alto rango. Ni siquiera debería estar hablando con él.

– ¿Has comido Taemin?

Este negó con la cabeza. Minho sonrió, se apartó a un lado del enorme sillón y le hizo una seña para que se sentara junto a él.

El pelirrojo abrió los ojos como platos, desconcertado, sonrojado, miró a su alrededor nervioso, como buscando ayuda, y finalmente miró al noble y se disculpó balbuceando, intentando rechazar el ofrecimiento.

– ¿Te crees que puedes negarle algo a alguien como yo? – le respondió el mayor. – Limítate a obedecer y siéntate.

Aunque sus palabras eran duras lo dijo con una sonrisa cálida, acogedora, invitando al pequeño a confiar en él y riéndose de su torpeza.

Taemin se sentó, en la punta del sillón, apenas rozando los cojines, completamente recto y tieso. Tenso.

– ¿Y bien? ¿Qué te apetece? – le preguntó haciendo un gesto con la mano que envolvía toda la sala.

Aunque hiciera horas que había comenzado el banquete sobre cada mesa había fuentes de comida aun llenas la mayoría, sin duda quedaba más comida de la que se hubiese consumido ya.

No respondió, seguía demasiado tenso, se limitaba a encogerse sobre sí mismo y lanzar fugaces y nerviosas miradas a la sala, como si esperase encontrar a alguien que lo acusara con la mirada por estar donde estaba.

– Personalmente te recomiendo el solomillo a la miel, o el conejo con especies. ¡Y Para nada pruebes el cordero, está asqueroso, si mañana no nos levantamos todos vomitando me parecerá un milagro!

Al decir eso se inclinó sobre el chiquillo, pasándole un brazo por los hombros y hablándole en gesto cómplice. Haciendo que este se encogiera aun más, pero consiguiendo que sonriera con su pequeña broma.

Ordenó que trajeran algunos platos y mientras el pequeño comía fue hablándole, de nada importante, como se le habla a un amigo o a un hermano, tranquilizándolo con su voz, hasta que el pequeño ya hubo abandonado toda tensión y se sentaba relajadamente en el sillón y reía abiertamente de sus bromas.

A Minho su risa le pareció adorable. La forma en que sus labios se curvaban y sus ojos se entrecerraban, como se tapaba con la mano, de dedos largos y delgados. El sonido de su risa, la firma en que su pecho y vientre subían y bajaban con los espasmos. Si observar al pequeño bailando le había cautivado ahora que le tenía tan cerca su voluntad no era más que un revoltijo de ideas inútiles a los pies de ese niño encantador.

Observaba absorto como se comía otro trozo de pastel, parecía disfrutar con los dulces, y antes de que pudiese terminárselo ya tenía otro sobre la mesa.

– No creo que pueda comer mas sumbae… – dijo acariciándose la tripa llena. Visto que no había conseguido que le llamase por as nombre se había confirmado con el título. Como mínimo ya no era “señor”…
– Vamos, este es el ultimo, seguro que esta delicioso… – le tentaba acercándole la cuchara con una pequeña porción a la boca, riéndose.

Le iba dando golpecitos en los labios con la cuchara, haciéndole reír y llenándole la cara de crema de chocolate.

– ¡Vamos vamos, este pastelito te esta gritando que te lo comas!!! – exclamaba entre risas con voz divertida hasta que consiguió que el pequeño, de mala gana abriese la boca.

Con toda la delicadeza de que fue capaz introdujo la cuchara en su boca, que el mantenía abierta, y observó como sus labios se cerraban, lamiendo la cuchara cuando tiró de ella.

– ¿Estaba rico?

El pequeño sonrió, aun con la cara llena de chocolate.

– Delicioso. Pero no puedo comer más…

El mayor cogió otro trozo de pastel y se lo comió. Saboreándolo.

– Mmm… Pues sí que estaba bueno…

Taemin abrió los ojos. Incrédulo.

– ¿Ni siquiera lo habías probado?

– No me gustan los dulces. – replicó dejando la cuchara en el plato y reclinándose hacia atrás, junto al muchacho. Le miró y se fijó en los labios del menor. Rojos, hinchados, llenos de chocolate. – la mayoría no vaya.

Antes de que el pequeño respondiese le tomó por la barbilla y acercó su rostro al de él.
Se paró a milímetros de sus labios, y con la lengua resiguió las pequeñas gotas de chocolate que había en ellos. Deleitándose con el sabor del chocolate, con el sabor del muchacho.

Antes de separarse depositó un suave beso sobre sus labios, corto y dulce, para luego separarse y mirarle a los ojos.

El chico le miraba con los ojos abiertos como platos, entre sorprendido y asustado. Desvió la mirada, bajando la cabeza. Las mejillas rojas, la respiración entrecortada, las manos temblorosas.

– ¿Te ha molestado? – preguntó el mayor algo desconcertado por su reacción.

Inmediatamente El pelirrojo sacudió la cabeza, negándolo con vehemencia.

Minho sonrió.

– Entonces… ¿Te ha gustado?

Taemin se ruborizó aún mas, tapándose la cara con las manos.

Su cuerpo se estremeció con un pequeño hipido.

– Lo interpretaré como un sí – respondió el moreno riéndose.

Dio un vistazo a la gran sala, barriendo con la mirada cada rincón con gesto experto. Ya casi no quedaba gente, o como mínimo gente consciente. No, de esos no había ninguno, porque no se podía considerar que la pareja de la mesa del fondo fuesen muy conscientes de su alrededor, y los hombres de la mesa de la derecha seguramente ya no veían más allá del circulo de sus compañeros. No, nadie les miraba, nadie les reprocharía su ausencia.

– Ven conmigo.

Minho se levantó y cogiendo la suave mano del pequeño, tiró de él para levantarle y salir por la puerta trasera que llevaba a las dependencias de los señores.

Le guió por una serie de pasillos laberinticos en silencio, riendo de vez en cuando, entre andando y corriendo, a un ritmo divertido. Mientras andaba acariciaba suavemente los largos y delgados dedos del menor y de vez en cuando se giraba para acariciarle el rostro o el cabello, siempre sonriendo.

Se detuvieron frente a una grande puerta de madera oscura. Minho soltó la mano del muchacho para sacarse del bolsillo una grande y pesada llave de hierro que hizo girar dentro de la cerradura.

La puerta se abrió para mostrar una habitación amplia i rica. Había una mesa en un rincón y sillas y butacas por toda la sala. Al fondo en una pequeña recamara esperaba una enorme cama con dosel.

Taemin entró, tímido y nervioso, jugueteando con los adornos de su vestido para mantener las manos ocupadas.

El mayor le cogió por la cintura, acercándole a él, y le besó de nuevo, cerrando la puerta tras él.

Taemin se encogió sobre sí mismo al oír la puerta cerrándose, rompiendo el beso.

Minho le miró, desconcertado, preocupado. La acarició la mejilla y se agachó para que sus ojos quedasen a la misma altura que los de él. No mucho, eran casi igual de altos.

– ¿Tienes miedo Taemin? – le preguntó con voz suave y tierna.

Este negó con la cabeza.

– No debes tenerme miedo, no quiero hacerte daño. – siguió el mayor. – no voy a hacer nada que tu no quieras ¿Vale? – El pequeño le miró a los ojos un segundo, luego volvió a desviarlos al suelo, aun mas sonrojado. – Si me sobrepaso o voy demasiado rápido me lo dices.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Taemin, que asintió una vez con la cabeza y se pegó al cuerpo del mayor, abrazándole, apretándose contra él.

Minho, algo sorprendido, le devolvió el abrazo. Le perdía ese niño tan adorable, de piel clara y ojos oscuros, facciones hermosas y sonrisa brillante, gestos tiernos y palabras dulces.

Después de unos segundos abrazados el menor se separó ligeramente, y, enredando los dedos entre la ropa del mayor giro la cabeza arriba buscando sus labios, pidiendo un beso torpemente. El otro no se hizo de rogar, unió sus labios con los suyos, invadiendo su boca con su lengua, sintiéndolo, saboreándolo.

Ahora ya nada podía detenerle, sus manos acariciaban ansiosas el cuerpo del chico por encima la tela. Esa fina tela que ahora parecía demasiada ropa.

Aun besándole le acorraló contra la pared, deslizando las manos por debajo de su ropa, acariciando su suave piel.

Dejó su boca para besarle la barbilla, después la oreja, después el cuello.

Lamia y mordía el cuello del pelirrojo arrancándole profundos suspiros y suaves gemidos. Podía sentir como se excitaba cada vez más.

Sus manos recorrían su cuerpo con necesidad, ávido de sentir su cuerpo delgado, deseando estar aun más cerca. No podía parar.

De un tirón le arrancó la camiseta, rompiendo la suave tela y dejando que cayera al suelo sin cuidado.

Colocó una mano en su nuca, para poder presionar aun más los dientes contra su cuello, y deslizó la otra hasta su entrepierna, increíblemente abultada ya por la excitación. Apretó, haciendo que el menor soltara un alarido. Estaba tan hinchado que le dolía. Repitió el movimiento, varias veces, acariciando y apretando por encima de la tela, clavando los dientes en su fina piel, arrancando mas chillidos de la boca del menor.

Taemin perdió el equilibrio, y hubiese caído si no fuese por lo fuerte que el otro le empujaba contra la pared. Sentía dolor y placer mezclados por las caricias del mayor, ni el mismo sabía si esos extraños sonidos que salían de su boca eran gemidos o alaridos. No quería que parase.

Sentía la respiración acelerada, el corazón martilleándole con fuerza, cuerpo y mente inútiles, paralizados por el placer.

Sentía sus grandes manos en su cuerpo. La forma en que sus labios le acariciaban el cuello, como sus dientes le mordían, como se movía su lengua contra su piel. La forma en que sus dedos le apretaban allí abajo… Era intenso, caliente, indescriptible. Quería más. Le molestaba la suave tela del pantalón. La apretaba sobremanera. Quería que le tocase directamente, sin obstáculos, sin barreras.

Movió sus caderas contra su cuerpo, justo en el momento en que este le apretaba, haciendo que sus dedos se clavaran aun más en él.

Minho pareció entenderlo y coló su mano bajo su pantalón, agarrando su miembro y masturbándolo con fuerza, acariciando, moviendo, apretando.

No tardó en sentir las primeras gotas del cálido líquido del menor y aumentó el ritmo, provocando que este llegara al orgasmo y se desvaneciera entre sus brazos. Sudado, sonrojado, jadeando desesperadamente en busca de aire mientras se recuperaba de los espasmos.

Le besó los labios entreabiertos, saboreando toda su boca con la lengua. El pequeño era incapaz de seguirle el ritmo.

Minho se incorporó, cogiéndole en brazos y este se aferró a él, aun jadeando.

Le llevó en volandas hasta la enorme cama con dosel del fondo. Aparto las cortinas y tumbó al niño sobre las blancas sabanas.

Se quitó capa y camisa, quedando vestido solo de cintura para abajo, y se tumbó junto a él.

Taemin abrió los ojos como platos cuando vio que se desnudaba. Su vista se perdió en algún punto de su pecho musculado, o de sus marcados abdominales, o del enorme bulto que se marcaba contra la oscura tela de su pantalón.

Para cuando quiso darse cuenta sus manos se movían solas acariciando la piel del moreno. Resiguiendo sus músculos, absorto por cada punto de ese cuerpo perfecto.

Minho sonrió, le cogió la mano con que le acariciaba, acercándosela a la boca para besar la palma abierta. Besó también cada uno de sus largos dedos, lamiéndolos a su paso. Los reseguía con la lengua, moviéndola para alcanzar cada rincón de sus dedos, cada curva oculta. Se los metía en la boca y volvía a sacarlos, mojados de su saliva.

Esa visión excitaba al pelirrojo, que aun dado el corto espacio de tiempo que había tenido para recuperarse volvía a estar duro de nuevo.

Se removió en la cama, buscando pegarse más a su cuerpo. Minho soltó su mano y acarició su cuello, acariciando las marcas que acababa de dejar en el. Sonriendo al ver su propia hazaña.

Volvió a besarle, con pasión desenfrenada y ansias de él, moviéndose para quedar encima suyo. Parecía querer devorarle, y el menor no parecía tener ninguna queja al respeto. Se arqueaba bajo su cuerpo, removiéndose incomodo por la excitación.

Minho se separó, le miró a los ojos, embelesado por su belleza, excitado por su cuerpo. Le perdía como se movía bajo su cuerpo, como provocaba que sus hombrías se rozasen, excitándole aun más de lo que ya lo estaba.

– ¿Quieres más? – le preguntó, pidiéndole permiso para continuar.

El pequeño asintió con energía. Si había dicho “si” la palabra había quedado camuflada entre los demás gemidos.

El mayor le besó los labios levemente para después separarse y besarle la barbilla y la oreja como había hecho antes. Pero no se detuvo.

Bajó por su pecho, dejando un camino de saliva y marcas rojas a su paso, y mientras sus dientes se entretenían en sus duros pezones sus manos consiguieron deshacerse de sus pantalones, dejándole completamente desnudo para él. Era enteramente suyo.
Acarició suavemente su miembro, subiendo des la base, trazando círculos con su pulgar sobre la sensible punta.

Sus labios habían seguido bajando, ahora mordían con fuerza la zona de su vientre, y seguían bajando. Mordió su ingle, deleitándose con la suave piel del menor cada vez más caliente, haciendo que se pusiera aun más duro.

Cuando Taemin sintió que le acariciaba el glande con la lengua el placer fue demasiado para él, enredó aun mas las manos entre las sabanas, arqueó la espalda y echó la cabeza hacia atrás, soltando un profundo gemido.

Ya no podía contener los gritos. El placer que el mayor le provocaba era demasiado intenso. Sus dedos le apretaban mientras su lengua jugueteaba con la punta. Su otra mano se había deslizado aun más abajo, y reseguía el camino des de su entrada hasta la blanda zona de sus genitales. El más mínimo roce allí le producía un placer indescriptible, y los dedos del mayor no solo le rozaban si no que se movían trazando dibujos sobre su piel, acariciándole de forma experta.

Esas caricias le provocaban calor, un calor tan intenso que era posible creer que estaba ardiendo, de hecho sentía un verdadero incendio en su anterior. Por las venas no le corría sangre si no fuego.

Minho se divertía jugando con el cuerpo del menor. Ver sus reacciones a cada una de sus caricias, oír sus gritos, sus gemidos, sus susurros entrecortados que le pedían que siguiese. Todas y cada una de las acciones del menor le excitaban profundamente. Hacía rato que sentía que no había marcha atrás. Aunque quisiese no hubiese podido parar. A su cuerpo ya no le dirigía su mente sino su instinto, no era más que un animal, un depredador devorando a su presa.

Sintió los dedos del menor en su cabeza, enredándose entre su cabello, eso le excitó aún más. Llevó también una de sus manos a su cabeza para coger las del menor. Le tiraba demasiado fuerte del cabello, aunque le ponía, tendría que decirle que fuese con cuidado.

Al separarse de su cuerpo para decirle que lo tirase con tanta fuerza le pareció distinguir entre sus gemidos un “basta”. Se detuvo y le escuchó, y al calmarse algo el pequeño de la excitación pudo comprender lo que intentaba decirle entre gemidos.

– Ya sumbae… Ah! Para…Para… No… Basta…

Le soltó inmediatamente al comprenderlo, preocupado por si le estaba haciendo daño.
El pequeño salió de debajo suyo, intentando calmar sus respiraciones.
Inspiró una vez, dos, luego alzó la cabeza y clavó sus ojos en los del mayor.

Minho no supo que pensar. Por un momento su reacción le había asustado, temía haberle hecho daño, o que le pidiese que lo dejara ahí. No quería forzarle, pero no quería que se fuera tan pronto. Pero ahora… Esa mirada no parecía para nada inocente.

– ¿Sucede algo? – preguntó el mayor algo desconcertado.

– Es que… no me deja hacer nada sumbae… – alargaba las palabras e hinchaba los mofletes en un gesto adorable y a la vez sensual.

Minho tragó saliva, excitado por como el pequeño le miraba.

– ¿A… a que te refieres? – estaba bastante claro, pero le costaba d creer un cambio de personalidad tan brusco, quería asegurarse de que le estaba interpretando bien.

– Es que… Lo está haciendo todo usted… Quiero que sienta lo mismo que yo… – Se había movido hasta sentarse sobre las piernas del mayor, arrodillado, y le miraba con la cabeza ladeada y una expresión entre adorable y sensual.

– Estoy disfrutando con esto Taemin…

– No lo parece. – se pegó a su cuerpo y enredó las manos entre sus negros cabellos. – No le demuestra…

– ¿Quieres oírme gemir? ¿Es eso? – le miraba incrédulo.

– Si… – respondió simplemente mientras besaba su cuello.

– Me temo que será algo difícil…

– ¿Por qué…? – seguía besando y lamiendo su cuello.

– No suelo gemir…

Mordió su cuello, hincando los dientes con fuerza en el musculo, arrancándole un profundo suspiro.

– ¿Que decías?

– ¡Ah…! ¡Eso no cuenta! Aaaa…

El pequeño seguía mordiendo con fuerza, sorbiendo, lamiendo y besando la oscura piel del mayor.

Con una mano le agarraba la nuca para atraerle hacia él, mientras que con la otra acariciaba su torso, clavando sus dedos en la piel, pellizcándole de vez en cuanto.

Se movía contra su cuerpo, provocando que su miembro hinchado rozase el bulto entre los pantalones del mayor, cada vez más cerca de la locura por sus caricias.

Minho puso las manos a la espalda del menor, para después bajarlas hasta su trasero y apretarle contra él. Necesitaba sentirle aun más cerca…

Llevó su mano derecha a su entrepierna para desabrocharse el cinturón y liberar su miembro completamente duro.

Sintió la mano de Taemin como bajaba por su pecho y apartaba la suya para tomar su miembro y apretarlo con fuerza, arrancándole más gemidos al mayor.

Se separó de su cuello para besarle los labios, rápido, dejando al mayor con ganas d mas, apartándose con una sonrisa burlona.

Bajó, depositando algunos suaves besos en su pecho y abdominales, resiguiendo con la lengua sus marcados músculos, hasta llegar a su entrepierna, que acarició y besó varias veces antes de llevarse a la boca y engullirla entera.

El mayor se mordía el labio para evitar que los gemidos saliesen de entre sus labios, y cuando eso ya fue inútil se cubrió la boca con la mano para acallarlos.

– Eso es trampa… – oyó susurrar al pequeño aun entre sus piernas.

Minho rió por su comentario pero su risa se transformó en profundos gemidos cuando el pequeño reanudó sus caricias.

No podía creer que ese niño tímido y asustadizo fuese el mismo que ahora le acariciaba haciéndole sentir las mejores sensaciones de su vida. Sencillamente no podía creerlo, pero sí lo era, bienvenido fuera, pues de ambas formas le encantaba.

De repente sintió como el pequeño detenía lo que hacía. Se apartó ligeramente de él y, sin levantarse se cubrió la cara con las manos, encogiéndose sobre sí mismo.

– ¿Ya te cansaste? – preguntó Minho burlón – ¿pasa algo Minnie? – siguió desconcertado al ver que este no respondía.

Le pareció oír un sollozo ahogado, y la sola idea de que el pequeño pudiese estar llorando le asustó sobremanera.

– ¿Taemin?

Le cogió el rostro entre las manos para obligarle a mirarle, y aunque el pequeño se resistió y desvió la mirada enseguida pudo ver perfectamente sus ojos húmedos y las lágrimas cayendo sobre sus mejillas rojas.

– ¡Taemin! ¿Qué sucede? – insistió ahora más alto por el espanto.

El pequeño se encogió sobre sí mismo, murmurando un “nada, no es nada” entre sollozos.

– Minnie… – cambió su voz a un tono más suave mientras le acariciaba el cabello pelirrojo y se agachaba para tener el rostro a su altura. – ¿qué es lo que sucede? Cuéntamelo por favor.

Aunque intentaba calmarle sus palabras parecieron tener el efecto contrario, pues el pequeño rompió a llorar ya definitivamente, si ser capaz ya de ahogar el llanto.

– Minnie por favor – seguía el mayor preocupado – ¿he hecho algo mal?

El pequeño negó violentamente, haciendo que sus cabellos volasen alrededor de su cabeza.

– ¿No te sientes cómodo conmigo? ¿He hecho algo que te haya molestado?

– ¡No! ¡¡¡NO!!! – estalló el menor mientras seguía sacudiendo la cabeza en negación. – usted no ha hecho nada sumbae, usted es demasiado bueno, yo… Yo solo…

Parecía que iba a decirlo en ese pequeño ataque de sinceridad, pero el llanto ahogó de nuevo sus palabras.
– Vamos Minnie… Tranquilo, sabes que puedes decirme lo que sea…

– Yo… Es que… Mañana… ya no volveré a verle… Y no quiero… que se olvide de mí… Eso me pone triste… – iba contándole secando sus lagrimas con los dorsos de las manos y sin dejar de sozollar e hipar. De repente dejó de secarse las lagrimas, se incorporó y añadió en un tono más alto y desesperado – ¡pero no es su culpa sumbae! ¡No quiero que sienta lastima por mi! ¡Las cosas son así y yo tengo que aprenderlo! ¡Aceptaré lo que sea, no importa si…!

Se vio obligado a callar cuando el mayor estampó sus labios contra los suyos, silenciándole con un largo y profundo beso.

– No te abandonaré Taemin. – le respondió serio.

Y lo decía de verdad. Aunque al principio solo pensaba en hacer suyo a ese muchacho le había ido conociendo, y ahora se sentía incapaz de separarse de él. Sentía el deseo de protegerle, de cuidarle para que no le faltase nada, de pasar tiempo con él, de tenerle a su lado. Le retendría a su lado a cualquier precio.

– Sumbae… – murmuró el pequeño sorprendido aguantándole la mirada con ojos llorosos.

– Lo digo de verdad Taemin. Casi no te conozco, pero siento que eres especial. Lo último que quiero es hacerte daño. No te abandonaré después de esta noche. Te lo prometo.

Taemin no sabía que responder. Nuevas lágrimas caían de sus ojos pero estas ya no eran de tristeza, ya no dolían. Sentía que su corazón quería escapar de su pecho de lo fuerte que martilleaba. Intentó hablar pero no se le ocurrió que decir, y aunque lo hubiese sabido tenía un nudo en la garganta que le impedía emitir sonido alguno.

Simplemente le miraba, emocionado por sus palabras, pues aun que no fuesen verdad, y le costaba creer que pudieran serlo, le hacían sentir querido y afortunado. Le hacían sentir ligero y enamorado.

– ¿Qué me dices? – le preguntó Minho al fin – ¿Querrás seguir a mi lado mañana o te cansaras de que te acose?

– ¡No! – respondió el pequeño enseguida – digo… ¡Sí! Digo… Aish! Yo… Si quiero estar con usted Sumbae…

Al decir esto bajó la cabeza, avergonzado, intentando ocultar su obvio sonrojo. Pero el mayor no le dejó, cogió su rostro y le beso de nuevo, jugueteando con su lengua y sus labios.

Taemin tardó un poco en reaccionar, pero pronto le correspondió el beso, siguiéndole el ritmo.

– Bueno, ahora que hemos aclarado este pequeño malentendido – dijo el mayor separándose – ¿Qué te parece si sigues con lo de antes???

El rostro de Taemin cambió rápidamente en un gesto de sorpresa y vergüenza, para recomponerse rápido en una media sonrisa y una mirada seductora. Ese niño era bipolar, y a Minho le encantaba.

– Sumbae vicioso… – murmuró mientras bajaba la cabeza para atrapar de nuevo su miembro entre sus labios.

El mayor respondió cerrando los ojos, suspirando de placer, dejándose llevar por sus deliciosas caricias. Acariciaba suavemente el cabello y espalda del menor, enredándose entre sus rojos cabellos.

Tubo que reprimir el impulso de embestirle la boca y clavársela hasta la garganta. El placer era demasiado intenso, pero por nada del mundo quería dañar a ese pequeño tesoro.

Había estado con más gente antes, tanto hombres como mujeres, casi siempre mas jóvenes que él, pero con ninguno había disfrutado tanto. Con ninguno había sentido a la vez esa necesidad de protegerle y de poseerlo, de mantenerle a salvo y de violarle hasta hacerle gritar. Le confundía y le encantaba.

Las manos y lengua del menor seguían haciendo maravillas en esa parte y se descubrió a si mismo tensando los músculos de las piernas, resistiéndose a cerrarlas y aplastar entre ellas al menor.

Sentía como se hinchaba cada vez más, como los pantalones de fina tela oscura que aún llevaba medio-puestos le molestaban cada vez más. Necesitaba acariciar de nuevo el cuerpo de ese niño, necesitaba sentir su piel contra la suya, necesitaba sus suspiros en sus oídos, necesitaba sentirse dentro de él.

Sentía próximo el orgasmo, intentó un par de veces resistir y apartar al pequeño para seguir y no pasar la vergüenza de correrse en su cara. Jamás había terminado tan pronto, él siempre llegaba hasta el final. Mas esa orden se quedó en su mente pues su cuerpo no reaccionaba, completamente esclavo de las caricias del menor. No quería que parase, no podría soportar dejar de sentir sus caricias ahora, solo un poco más…

– Ya Tae… – intentó apartar al pequeño en cuanto sintió el orgasmo llegar, pero solo consiguió que separara su lengua unos cm antes de que el caliente y espeso fluido le salpicase en el rostro, llenándole mejillas, labio y nariz de blancas gotitas.

El menor levantó la vista, clavando sus ojos en los de él mientras este aun disfrutaba de los espasmos, intentando calmar su respiración.

El pelirrojo se tocó la mejilla con la mano, mojándose los dedos de liquido blanco para después mirarlo curioso.

– Lo… Siento… – murmuró el mayor aun entre jadeos mientras se inclinaba para quedar a la altura de Taemin. La mirada de este reflejaba demasiadas cosas. Excitación y placer, pero también sorpresa, vergüenza y miedo. – no quise ensuciarte.

El menor sonrió.

– Lo conseguí – murmuró con un tono extraño. Minho lo miró sin comprender. – conseguí excitar a sumbae.

Le miraba con una enorme sonrisa, realmente parecía satisfecho por eso, orgulloso de sí mismo, y Minho no pudo reprimir el impulso de saltar encima suyo, abrazándole con fuerza, juntando sus labios con los suyos y tumbándole sobre la cama, quedando encima de él, desprendiéndose de sus ya muy molestos pantalones en el proceso.

– Eres demasiado hermoso Taemin… – le murmuraba – me tientas demasiado…

Le besaba apasionadamente, explorando con su lengua su cavidad, rozando sus cuerpos desnudos, acariciando su suave piel, cada vez más caliente.

Sintió el miembro de él, maravillosamente hinchado, contra su muslo desnudo y llevó allí su mano para acariciarlo con delicadeza, haciendo gemir al menor, haciéndole desesperar y removerse bajo suyo buscando un roce más profundo.

Pero no aumentó el ritmo. Le encantaba verle así, rogando por sus caricias, completamente sometido a él. Siguió con las caricias suaves, besando levemente su cuello mientras con la otra mano sostenía los brazos del pequeño, limitando sus movimientos.

– Ah… Sumbae… Más… Ahhh… – movía las caderas intentando pegarse a él. Clavándole los dedos en la espalda inconscientemente. Rozando su miembro contra el de él buscando excitarle y que le hiciera terminar ya. Desesperado por sentirle, quejándose de la ya molesta excitación.

El mayor le silenció con un suave beso que Taemin respondió sacando completamente su lengua para lamer los labios que intentaban besarle. Pero Minho esquivó su lengua, mirándole divertido.

– Oye Taeminne, ¿habías hecho esto antes? – le preguntó haciendo que el otro le mirara sorprendido. – al conocerte pensé que no, pero pareces tener experiencia…

– Yo… Ah…  – El pequeño intentaba responder entre gemidos pues Minho seguía sin detener sus caricias. Costaba decir si su sonrojo se debía a la excitación o la vergüenza de la repentina pregunta. – Mmm… Ah sumbae…

– ¿No vas a responderme? – preguntó burlón apretando con fuerza su miembro.

– ¡Ah! – se quejó el pequeño – no puedo… Hablar…

Finalmente el mayor le soltó, y Taemin recobró el aliento para luego mirarle y volver a desviar los ojos rápidamente.

– Yo… Bueno… Nunca había llegado tan lejos con nadie…

– ¿Eres virgen? – el pelirrojo desvió la mirada, incómodo, pero asintió. – pero si habías hecho esto antes.

Recalcó sus palabras acariciando suavemente su miembro, casi sin rozarlo, haciendo que él arquease la espalda en busca de más.

– No… Solo… Nunca había pasado de besos y alguna caricia… Nunca… Tanto…

Minho sonrió, satisfecho. No hubiera sido ningún problema si no hubiese sido virgen, pero el hecho que lo fuera hacia todo aún más especial. Él en parte también se sentía un novato por todas las sensaciones que el bailarín estaba despertando en él.

Le besó tiernamente, acariciándolo de nuevo, ahora con más fuerza, dándole al menor al fin lo que quería, deleitándose con su expresión de gusto y sus suaves quejidos.

– Creo que… Si esta es tu primera vez tal vez deberíamos dejarlo aquí… – le susurró al oído mientras seguía acariciándole.

Taemin se tensó al oír eso, abriendo los ojos y mirándole asustado.

– ¡No! – replicó entre sorprendido y molesto – no sumbae, yo quiero hacerlo, quiero que sumbae me haga suyo…

Al decir eso se arrapaba aun más contra su cuerpo, abrazándole con brazos y piernas y enterrando la pelirroja cabecita en su pecho, como si temiese separarse de él.

– Taeminnie… – murmuraba el mayor sobrecogido – no te pongas así… Lo digo porque te va a doler, y no hay prisa, podemos esperar…

– ¡Pero yo quiero que lo haga sumbae!!!

Le miraba con ojos brillantes, casi suplicantes, y Minho ya no pudo negarse más, aunque supiera que era lo más sensato, era imposible decir que no.

Unió sus labios con los de él en un dulce beso. Saboreando sus labios, jugueteando con su lengua.

El menor soltó un gemido al sentir como le mordía el labio inferior, arqueando su cuerpo y frotando sus caderas contra él.
Las manos del mayor habían vuelto a su entrepierna, y una le acariciaba el miembro, masturbándole con fuerza, mientras la otra iba hasta su entrada e introducía un dedo, mojándolo primero en su propio semen para lubricarlo.

El pequeño no reaccionó a la intrusión más que con un leve quejido, evidentemente distraído por el abrumador placer en su pene, lo que animó al mayor a introducir otro dedo en su interior.

Esta vez sí se quejó, removiéndose incomodo e inquieto, molesto por el dolor de la intrusión.

Minho le acalló con un profundo beso y siguió masturbándole, intentando distraerle.

– Tranquilo Minnie, relájate. – le susurraba al oído. – estas muy cerrado, te costará un poco acostumbrarte, pero voy a tratarte bien…

Sintió como el pequeño se relajaba y volvía a disfrutar de sus caricias, lo que aprovechó para empezar a mover los dedos en su interior, en círculos, intentando dilatarle.

Se sentía muy apretado, iba a dolerle horrores, y él no quería hacerle sufrir.

Pronto el menor empezó a mover las caderas de nuevo, haciendo que los dedos del mayor le penetraran con más fuerza. Obligándole a aumentar aún más el ritmo con el que el mayor le masajeaba el miembro, a punto de llegar al orgasmo.

Minho introdujo un tercer dedo, con lo hinchado que estaba él ya iba a necesitarlo.

Otra vez los quejidos del menor, molesto por el dolor, pero esta vez tardó menos en acostumbrarse, gimiendo otra vez de placer a los pocos segundos, en un estado cercano al clímax.

Finalmente se liberó, manchando del blanco semen los dedos del mayor, que aprovechó esos espasmos para sacar sus dedos del interior y, utilizando el semen del otro como lubricante, introducirse en su interior, lentamente, con cuidado.

Aun con el placer que sentía del recuente orgasmo, el lubricante y toda la dilatación previa Taemin no estaba preparado para algo así. El enorme miembro del mayor, demasiado hinchado, se abría paso en su interior, desgarrándole. Se sentía morir.

– ¡Aaaah!!! ¡Duele! ¡Quita! – gritaba intentando escapar.

Cerraba los ojos con fuerza, dos lágrimas recorrían. Sus mejillas y él se removía incomodo bajo el cuerpo de su amante.

– Shhht… – le susurraba este intentando inmovilizarle – relájate Taemin… Tranquilo, no voy a moverme hasta que deje de dolerte.

Minho le acariciaba el cabello con dulzura, repartiendo cortos y suaves besos por su rostro, cuello y clavícula. Ni toda la preparación había sido suficiente, sentía como sus paredes le apretaban con fuerza, era realmente estrecho.

Reprimió de nuevo las ganas de embestirle de forma brutal hasta desahogarse dentro suyo y esperó a que se calmara de nuevo.

Taemin suspiró una, dos, tres veces. Sentía su miembro enorme e hinchado en su interior. Dolía, molestaba, era una sensación extraña, pero… Se sentía agradable.
Sentía los labios de Minho resiguiéndole el cuello, sus manos en su cabello y su cintura intentando calmarlo.

Suspiró, ya más calmado, y soltó el revoltijo de sabanas que ni se había enterado estaba apretando fuertemente con las manos.

– Ya… Ya no duele… – le indicó al moreno para que siguiera.

Se sorprendió al comprobar que era verdad. Parecía que as cuerpo se había acostumbrado a tenerle dentro.

Pero eso cambió cuando empezó a moverse, desgarrándole de nuevo. Pero era un dolor diferente, más… placentero. Le gustaba, y se sorprendió a sí mismo al escucharse gemir de placer a los pocos segundos.

Minho se movía suave en su interior, lento y pausado, disfrutando de cada embestida.

Sentía al pequeño tenso bajo su cuerpo, sus uñas arañándole la espalda, sus piernas apretando los costados de su cintura. Sentirle tan tenso era lo único que le impedía penetrarle hasta el fondo de forma brutal. Eso y que la forma como las paredes del pequeño, asombrosamente estrechas envolvían su miembro le hacía perder la cordura cada vez que le penetraba, provocando que deliciosas oleadas de ardiente placer recorriesen su cuerpo.

Siguió penetrándole, de forma suave y superficial, sin llagar hasta el fondo por temor a dañarle.

Sintió como el menor poco a poco se relajaba, disfrutando del contacto casi tanto como él. Las uñas que arañaban su espalda se detuvieron, el agarre de sus piernas en su cintura se aflojó.

Y de pronto las manos de él sobre su pecho, apartándolo, obligándole a incorporarse.

Antes de que pudiese preguntarse nada Taemin se levantó también, colocándose sobre él con las piernas abiertas. Tomó con la mano el miembro del mayor, guiándolo de nuevo a su interior.

No le dolió tanto como antes, ni de lejos. Ahora predominaba claramente el placer.

Se movió lentamente sobre suyo, provocando que su órgano se moviese en su interior, saboreando cada nuevo avance, hasta que golpeó con fuerza un punto en su interior que hizo que una oleada de intenso y eléctrico placer sacudiese todo su cuerpo.

Minho aprovechó ese momento de confusión del menor para empujarle de nuevo sobre la cama, esta vez sin salir de su interior, quedando de nuevo encima suyo, dominándolo.

Le embestía, esta vez con más fuerza, abriéndose paso en su interior, las suaves y estrechas paredes envolviendo su duro miembro, golpeando con fuerza ese punto en su interior cada vez que le penetraba, arrancándole al menor sonoros gritos de placer que se mezclaban con los suyos propios y llenaban la habitación.

El órgano del menor, duro e hinchado de nuevo, golpeaba el vientre del mayor a cada embestida, irguiéndose cada vez más rígido a pesar de la falta de atención. Las primeras gotas del líquido perlado ya asomaban de la punta rosada, degotando por toda su extensión. Hasta que ya no pudo aguantar más el placer y llegó al orgasmo, con un grito aun más profundo que los anteriores. Arqueando las espalda y clavando las uñas en la espalda del mayor, esparciéndose el blanco fluido por entre sus cuerpos.

La visón de su cuerpo excitado y las contracciones de su entrada hicieron que el mayor no pudiese contenerse más, y con un par de embestidas más se corrió también en su interior.

Se dejó caer sobre la cama, exhausto, tumbándose al lado del pequeño, igual de cansado y jadeante.

– ¿Estas cansado? – le preguntó el mayor.

– Agotado mas bien. – respondió Taemin mirándole don una sonrisa burlona.

Minho sonrió también. Apartándole del rostro los mechones rojos.

Pasaron unos minutos. Al menor se le cerraban ya los parpados.

– Minho…- susurró abriendo los ojos y clavando en él una mirada suplicante. – ¿no me abandonaras verdad?

Este le miró a los ojos, muy serio.

– No, no pequeño, no te abandonaré. Estaré a tu lado hasta que te canses de mí.

– No me cansaré de ti. – replicó acercando su rostro al suyo para besarle suavemente. El mayor enredó los dedos entre su cabello para profundizar más el beso, a lo que el menor respondió jugueteando con su lengua y lamiendo sus labios hasta que se separó, sonrojado, y añadió. – Nunca.

– Entonces para siempre. – respondió el mayor besándole de nuevo.

Taemin cerró los ojos, que sentía ligeramente húmedos, y siguió el beso, disfrutando del contacto. Cuando se separaron enterró su cabeza en el pecho del mayor y le abrazó con fuerza.

– No me aprietes tanto Taemin, ya te he dicho que no voy a irme a ningún lado.

– Solo por si acaso. – respondió el pequeño abrazándole también con las piernas, pero soltando algo el agarre.

Minho rió, divertido.

– Duerme pequeño, te prometo que mañana cuando despiertes estaré a tu lado. Mañana y todos los días siguientes. – el menor se estremeció de la emoción con sus palabras, y el besó la frente con calidez, acariciándole la cabeza, hasta que el pequeño se durmió. Entonces se acomodó mejor en la cama, manteniendo al pequeño entre sus brazos y se dispuso a dormir el también.

Dormir junto a él y despertar a su lado. Para siempre.

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Esclavo 1: En las mazmorras del castillo (JONGKEY)

esclavo2

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: SHINee (grupo Kpop)

Pairing: jongkey (Jonghyun x Key)

Rating:  + 18

Advertencias: lemmon e intento de sadomasoquismo… (digo intento por que no es muy bestia…)

Sentado en su trono dorado con piedras encastadas, en su almohada de plumas y con su manto de terciopelo, el joven rubio miraba aburrido a la fiesta que se llevaba a cabo en el salón.

Las mesas siempre estaban llenas de comida, las copas a rebosar del mejor vino.

Sonaba buena música y las jóvenes y lindas bailarinas danzaban de forma para nada inocente alrededor de los invitados. Sus súbditos disfrutaban de la fiesta, pero el joven rey parecía aburrido. Al igual que su amigo y consejero, que también parecía bastante decaído. Pero eso no era extraño, él siempre se mostraba igual, casi nunca sonreía.

Las muchachas se acercaban cada vez más al trono, intentando complacer a su señor que las observaba con indiferencia. Al fin decidió hacerle caso a una de ellas, al fin y al cabo debía aguantar eso al menos hasta que los invitados estuviesen lo suficientemente borrachos como para no darse cuenta de que abandonaba la sala.

Llamó a la que le pareció más atractiva y la invitó a sentarse junto a él. Esta no se hizo rogar, se sentó sobre sus piernas, mirándole de frente y empezó a frotarse contra él, besándole el cuello y acariciando su cuerpo con sus manos, intentando excitarle.

El rubio rápidamente se dio cuenta de que eso no funcionaba, ese “entretenimiento” no le entretenía lo suficiente. Hacía bastante tiempo que había perdido el gusto por las mujeres, si es que había llegado a tenerlo, aunque desde luego nadie iba a entender la razón de eso. A excepción, claro, de su amigo, que últimamente parecía compartir sus mismos gustos. Era difícil saberlo.

El joven rey retiró a la muchacha y la despidió con un gesto indolente. Sus caricias le molestaban más que excitarle.

– Minho – Llamó a su amigo mientras se inclinaba buscando una posición más cómoda sobre su sillón – me aburro.

– Y a mi que me cuentas – le respondió este con un resoplido – es tu fiesta Key, no la mía.

– Quiero salir de aquí, vámonos.

– Sabes que no puedes irte aún. Como su anfitrión debes acompañarles toda la noche, o si más no mientras están conscientes.

– Pues que les sirvan más vino a ver si se duermen – le respondió con aburrimiento – Como si nos faltara.

– ¿Por qué no llamas a Onew? por algo es el bufón, a lo mejor te entretiene un rato.

– No, ya me aburre también, además, ahora está ocupado – respondió señalando a un rincón en donde el juglar, vestido con sus mallas y cascabeles se encontraba besando apasionadamente a una de las mozas del servicio.

– ¿Y que ha sido de ese chaval que tenías prisionero? Era bailarín o algo así ¿no?
– ¿Esa nenita huérfana que me suplicó que la acogiera? – El moreno asintió – Si, creo que dijo que sabia bailar… además, era lindo, seguro que vale más como entretenimiento que limpiando las cocinas…

Key hizo un gesto a un sirviente cercano para que fuese a buscar al sirviente y este se presentó no mucho más tarde, habillado con una ligera túnica de gasa blanca con lentejuelas doradas que dejaba al descubierto la mayor parte de su pecho.

– ¿Lo ves? te dije que era lindo – le dijo el rey a su amigo.

Este ya no parecía hacerle caso, tenía la mirada fija en ese niño, una mirada que Key conocía muy bien, y que le impulsó a decidir que no iba a ser muy duro con ese niño, no cuando su amigo le había “escogido”.

El niño pelirrojo fue empujado hacia el centro de la sala, en donde quedaba a la lumbre de las lámparas de aceite, rodeado por todos los invitados que le observaban curiosos. No era frecuente ver a un “bailarín”, casi siempre eran muchachas así que la súbita aparición había causado una gran expectativa.

El joven se quedó allí, quieto, sin saber muy bien lo que se esperaba de él. Cabizbajo y casi tan rojo como su pelo esperaba una orden que parecía no llegar.

– Acércate pequeño – Le llamó finalmente el rey. – Dijiste que sabias bailar ¿verdad? – El pequeño asintió – No te oigo.

– Si mi señor. – respondió este tímidamente.

El rey sonrió, satisfecho.

– Pues veamos que tal lo haces – y con un gesto indicó a los músicos que siguiesen tocando.

El pelirrojo dudó unos instantes, pero poco a poco empezó a moverse al ritmo de la música, lentamente y con los ojos cerrados, como si las mismas notas le llamaran a danzar con ellas.

La música fue aumentando de ritmo y el joven bailarín aceleró la danza también, haciendo que sus pies pareciesen invisibles, moviéndose a un ritmo casi frenético.

Los invitados le miraban expectantes, ese muchacho tenía un verdadero don, les había hipnotizado, nadie era capaz de apartar la mirada de ese niño alto y delgado, de no más de quince años pero que se movía mejor que la más aclamada bailarina.

El joven terminó la primera danza, pequeñas y brillantes gotas sudor recorrían ya todo su cuerpo, dándole un aspecto aún más sensual. En su rostro una enorme sonrisa delataba lo mucho que disfrutaba con el baile, y cuando la música sonó de nuevo, entonando ahora una melodía más lenta y suave, el pelirrojo no dudó en dejarse llevar de nuevo por las dulces notas.

Estuvo bailando una canción tras otra, moviéndose siempre de forma hipnótica, hasta que los invitados dejaron de prestarle atención y regresaron todos a sus propios asuntos. Muchos empezaban ya a caer dormidos, victimas del cansancio y del alcohol.

– Puedes quedártelo esta noche si quieres – le dijo el rey a su amigo. Este lo miró extrañado. – yo no voy a necesitarlo como mínimo hasta la próxima fiesta. Solo asegúrate de que pueda volver a bailar, no me gustaría perder a una joya como esta.

– Key… De verdad que no entiendo a que…

– Claro que sabes a que me refiero – le cortó el rubio – solo dame las gracias.

Su amigo desvió la mirada, sonrojado, para mirar de nuevo al lindo bailarín. Realmente se había obsesionado con él. Llevaba ya un buen rato imaginando lo que le haría si estuviesen a solas, inventando planes para conseguirlo.

– Ahora hazme un favor y si alguien pregunta por mi solo diles que estaba cansado y me retiré a dormir pronto ¿Si?

Ordenó el rubio a su amigo levantándose de su mullido sillón. El otro le miró por unos instantes, valorando si debería repetir una vez más sus obligaciones. Al final se rindió y asintió con un suspiro, al fin y al cabo sus súbditos ya no estaban muy conscientes y era perfectamente comprensible que el joven rey quisiese descansar en su alcoba.
– Supongo que ya no aguantas más ¿No?

– Ni un minuto. – respondió el rey.

Y era verdad, ver a su amigo comerse con los ojos al bailarín le había provocado hambre, un hambre que ni toda la comida que había en la gran sala podía saciar.

Avanzó por los pasillos del castillo, al principio con lentitud, luego cada vez más rápido a medida que se impacientaba, internándose cada vez más en el laberinto de corredores y habitaciones, hasta que llegó a su habitación.

Se detuvo allí un momento, y dejó sobre su cama el manto y la corona. No iba a necesitarlos allí donde iba.

Se dirigió a uno de los extremos de la habitación, donde un enorme espejo estaba pegado contra la pared, pero no se detuvo a observar su reflejo, ya sabía que era perfecto, si no que se puso a un lado y empujó el enorme espejo, moviéndole de su sitio y dejando al descubierto un agujero en la pared que daba a un pequeño y oscuro corredor, unas escaleras que bajaban hasta donde alcanzaba la vista.

Se detuvo solo un instante para coger una lámpara y algunas velas y se internó en el oscuro pasadizo.

El camino se le hizo largo, aunque supiera que en realidad era más bien corto sus ansias por llegar al otro lado hacían que siempre se le antojase eterno.

Al fin las escaleras terminaron y el corredor desembocó a una pequeña sala.

El rey encendió algunas de las velas, colocándolas de forma que iluminaran las zonas que antes quedaban en la penumbra, alcanzando así a ver lo que había ido a buscar, aquello que tanto anhelaba…

En el extremo más alejado de la habitación, sostenido por cadenas y correas de cuero negro se encontraba un joven semidesnudo, moreno, musculado.

Sus ojos estaban tapados por una venda, una vara de metal entre sus dientes y atada a su nuca le Impedía hablar. Las muñecas alzadas muy por encima de su cabeza le obligaban a mantener los brazos en alto, en su pecho desnudo cubierto de aceite brillaba la tenue luz de las velas.

El rubio se acercó a él, con una mirada lujuriosa en sus ojos y una sonrisa traviesa.

– Jonghyun…

El encadenado levantó la cabeza al oírle, intentó hablar, pero la mordaza solo dejó escapar un ligero gemido.

Key se arrodilló a su lado, acariciando su mejilla con sus dedos.

– ¿Me echaste de menos? ¿Echaste de menos a tu amo? – le preguntó mientras le agarraba por el cabello obligándole a echar atrás la cabeza. – mi lindo cachorrito… – acercó sus labios a su cuello para besarle – Yo si te echaba de menos ¿Sabes? Las fiestas ahí arriba son muy aburridas… Tenía ganas de jugar con mi cachorrito… – los besos se transformaron en mordidas mientras el moreno gemía y se debatía entre sus brazos.

El sonido de los gemidos y las cadenas consiguió excitar al joven rey más que las caricias de ninguna de sus bailarinas, y se apresuró a quitarle la mordaza a su esclavo para poder besarle en los labios, esos labios rojos y carnosos que había querido solo para él desde la primera vez que los probó.

El moreno correspondió el beso, y en pocos segundos era el rubio el que gemía de placer.

– Key… – suspiró el moreno al separarse.

– ¡Con más respeto chucho! – le ordenó este mientras tiraba de la correa de púas que este tenía alrededor de su cuello.

Un profundo gemido escapó de su pecho, lo que incitó al rubio a apretarlo aún más.
Las púas metálicas se clavaban en su piel, ya marcada de cicatrices, no todas cerradas. Sus gemidos eran ya gritos de dolor.

Key soltó el agarre de las púas solo para acercarse al moreno y empezar a lamer la sangre que brotaba ya abundante de los numerosos cortes.

El esclavo se debatía entre las cadenas que le sostenían, produciendo un sonido que excitaba aún más al rubio.

– No hagas eso – le ordenó este en cuanto vio que se mordía los labios para soportar el dolor- tendré que castigarte si estropeas uno de mis tesoros…

Lamió sus labios lentamente, como intentando recalcar que realmente eran de su propiedad, a lo que el encadenado respondió sacando la lengua a su vez para juntarla con la de su amo.

El rubio volvió a dirigir sus labios al cuello de su “juguete”, cada vez mas teñido de rojo. Lamió sus heridas y succionó su sangre, ese sabor metálico, dulce y cálido le encantaba, y le ponía a cien.

El moreno dio un respingo al sentir las frías manos del otro tocando su piel. Aún con todas las heridas que tenía le molestaba más el frio.

Las gotas de sangre se iban deslizando por su pecho y el rubio, ávido de probar más de su sabor, siguió el recorrido de esas gotas rojas lamiendo cada centímetro de ese cuerpo escultural hasta llegar a sus pezones, en donde dos aros metálicos colgaban unidos por una cadena. El esclavo soltó un gemido al sentir como el rubio cerraba sus dientes alrededor de uno de ellos, tragándose el anillo y mordiendo la cadena a la vez que tiraba de ella.

Mientras su boca se entretenía en esos puntos rosados, sus manos se habían ido deslizando por su cuerpo, bajando cada vez mas hasta encontrarse con el ya creciente bulto entre sus piernas. Lo acarició lentamente por encima de la tela, acelerando las caricias hasta que consiguió arrebatarle al otro un gemido de placer.Estaba realmente duro. Siempre le sorprendía lo rápido que su cachorrito se excitaba con él, aunque, claro, él también notaba los efectos.

Se separó un poco del moreno y de un tirón le quitó su pantalón negro, para deleitarse con la visión de su cuerpo desnudo y excitado. Le ponía demasiado…

Sin poder esperar más acercó sus labios al erguido miembro de su amante y, de forma apasionada y algo brusca empezó a lamerlo ya a succionarlo como si lo quisiese devorar.

– Ah… Mmm…

Por más que lo intentase el encadenado no podía reprimirse los gemidos de placer por lo que el otro le hacía, y eróticos sonidos escapaban de sus labios.

– Déjalo Key, suéltame – este lo ignoró. – ¡suéltame, voy a correrme! – su voz sonó más parecida a un gruñido que a una voz humana.

El rey finalmente se separó unos centímetros y miró a su esclavo que aún no podía verle pues seguía llevando la venda sobre los ojos.

– ¿Cómo te he enseñado que se piden las cosas Jonghyun?

Este respiró varias veces hasta conseguir controlar sus jadeos para añadir con voz más calmada:

– Por favor alteza, soltadme de mis araduras para que pueda proporcionaros el mismo placer que sus manos me hacen sentir…

El rubio esbozó una sonrisa torcida y besó de nuevo a su amante.

– Aprendes rápido cuando te interesa ¿eh? – le susurró al oído mientras le mordía sin miramientos. – ¿y para que dices que quieres tus manos…? – siguió preguntando con voz seductora mientras sus manos volvían a su entrepierna para seguir masturbándole y sus labios se dirigían a la cadena de su pecho para seguir jugando con sus pezones.

– Quiero… Ah! – su voz volvía a salir entrecortada por los jadeos por lo que el rubio le hacía. – quiero darle placer…

El rubio rió mientras su lengua seguía jugueteando con el aro de metal.

– Aw… Pero como vas a hacer eso exactamente jonghyun?

– Ah… Yo… – el placer por lo que el otro le hacía era demasiado intenso para dejarle hablar. Sentía que estaba a punto de estallar pero se contuvo. No podía pasar muchas horas junto a su amante y no pensaba desperdiciar ni un segundo.

– Por favor Key… Suéltame ya…

Este finalmente accedió, divertido por la excitación que había conseguido causar al prisionero.

Sacó de debajo de los pliegues de su túnica una pequeña llave de hierro que llevaba atada al cuello con una fina cadena de plata. Cogió la llave y la acercó a la pieza de metal que sujetaba sus brazos unidos, introduciéndola en la pequeña ranura y haciéndola girar suavemente.

Al sentirse liberado el moreno sacudió sus manos y sus entumecidos brazos y, sin perder más tiempo, saltó sobre su amante cogiéndole las muñecas y apasionándolo con su cuerpo mientras se arrancaba de un tirón la venda de los ojos.

Levantó los párpados y el tiempo pareció detenerse. Ambos se quedaron mirando a los ojos, turbados, perdidos en la mirada del otro.

Permanecieron así durante segundos eternos, contemplándose mutuamente, acercándose lentamente hasta que el rubio cerró sus ojos y el otro se acercó aun más a su rostro para depositar sobre sus labios un beso. Un suave y dulce beso, no de pasión desenfrenada como los anteriores, simplemente un beso de amor.

Volvieron a mirarse a los ojos al separarse. Por algún motivo los del joven rey estaban ligeramente húmedos.

– Te amo Jonghyun. – le dijo casi en un susurro. – te amo…

El moreno esbozó una sonrisa torcida y volvió a besarle, más bien a devorarle, de nuevo con esa pasión de hacía solo unos instantes.

El rubio se maldijo a sí mismo en silencio. Por eso le vendaba los ojos, para no verlos. Eran su debilidad. Cada vez que veía esos oscuros y adorables ojos de cachorrito sus sentimientos se desbordaban y terminaba diciendo cosas estúpidas y quedando a merced de su “juguete”. No soportaba sentirse tan débil ante él.

Abandonó sus pensamientos al sentir como el otro empezaba a colar sus manos por debajo de su ropa, acariciando su cuerpo, luchando por arrancársela.

– ¡Eh! ¡Cuidado con eso! – le regañó haciendo que dejase de tirar de la delicada tela. – como se rompa o se ensucie yo…

Se detuvo al sentir de nuevo los labios del esclavo en su cuello, trazando un camino de saliva des de la oreja hasta la clavícula.

– Yo… – Siguió el rubio intentando sobreponerse al placer para decir algo coherente.

– ¿Si…?

– ¡Te azotaré! – exclamó al final con voz divertida

– Me gusta que me azotes… – respondió el otro sin inmutarse, siguiendo con su trabajo en el cuello de su amante.

– Pues dejaré de traerte comida.

– Me basta con comerte a ti…

– Entonces dejaré de venir a verte. – sentenció al final ya molesto por como el otro se tomaba sus amenazas.

Por los ojos del moreno cruzó una mirada asustada. Pero enseguida se sobrepuso y se volvió a dibujar en su rostro su siniestra y sensual media sonrisa.

– No aguantarías… – le susurró al oído en respuesta. – me necesitas.

Volvió a sus labios, besándole apasionadamente para acallar sus amenazas, mientras le quitaba la túnica, esta vez con movimientos delicados tratando de que la suave seda no se arañase contra el duro suelo de piedra.

No tardó en tenerle completamente desnudo ante él. Sus manos acariciaban su cuerpo con movimientos expertos, conocía perfectamente el cuerpo de su amante, sus zonas más sensibles, la clase de caricias que le hacían gritar de placer.

A Key le encantaba la sensación de sentirse prisionero de su amante. Sentir sus fuertes brazos rodeándole, su cuerpo moreno sobre el suyo, sus labios devorándole, el calor, los gemidos, los jadeos de ambos mezclándose…

Sentía como los labios de Jonghyun se deslizaban por su cuello, mordiendo sus orejas, su blanca piel, mientras sus manos habían ido bajando por su cuerpo, sin dejar ni un centímetro de su piel sin reseguir.

Por su lado el rubio enredaba sus dedos en el pelo moreno de su esclavo mientras le rodeaba con sus piernas y se movía pegando su cuerpo con el de su amante, haciendo que sus pieles se rozasen, gimiendo de placer cada vez que sus hombrías entraban en contacto. Se sentía a punto de explotar. Pero se negaba, la noche apenas acababa de empezar…

Empezaba a desesperarse, sentirle tan cerca, tan excitado, tan caliente… le daban ganas de más, quería sentirle dentro suyo…

– Hazlo ya Jjong… – Le pedía entre jadeos, moviéndose cada vez más cerca de él, frotándose con más fuerza contra su piel desnuda – vamos…

– ¿Eso es una súplica mi amo todopoderoso?

– ¡ES UNA ORDEN!

Jonghyun se reía de las ansias del joven rey, pero no tardó en obedecerle, él también lo necesitaba…

Le giró, haciéndole quedar boca abajo, y resiguió con su lengua toda su columna, dejando un reguero de saliva en la blanca piel del menor.

Pasó su brazo por detrás de su cintura haciendo que su trasero quedase más elevado, y le separó las piernas para acariciar con sus dedos su entrada…

Introdujo un dedo, a lo que el rubio respondió con un gemido y un provocativo movimiento de caderas, pidiéndole más. Introdujo otro dedo y el menor gimió más fuerte.

– Ya Jjong… Todo…

– Pídemelo… – Le susurró al oído.

– Por que… Tendría… ah… Que pedirte… ammm…

– Lo estás deseando Keyssi…

– ¡METELA DE UNA VEZ MALDITO PERRO!!!

– Me encanta cuando me dices esas cosas…- le dijo mientras le penetraba entero de un golpe. Duro, directo.

Al sentir la intromisión el rubio soltó un fuerte gemido, ahora no solo de placer. Los brazos le fallaron y cayó, quedándose con la frente pegada al frio suelo mientras se acostumbraba.

– Keyssi… – le susurraba el otro inclinándose sobre él y acariciándole el pecho – ¿duele?

– ¡Claro que duele idiota! Eres demasiado grande…

– Y eso te encanta ¿a que si…?

– Babo – su voz no sonaba para nada enfadado.

El esclavo bajó sus manos hasta la entrepierna de su amo y empezó a masturbarme lentamente, al mismo tiempo que empezaba a embestirle suave, acelerando el ritmo poco a poco.

– Mas… – Oyó que pedía el rubio entre jadeos.

Jonghyun no se hizo de rogar. Sentía como las paredes del menor le apretaban, le volvía loco. Todo él le volvía loco. Sus gemidos de placer, su cuerpo, su aroma embriagador, su cuerpo moviéndose bajo el suyo…

Ambos se movían ya a un ritmo frenético. El placer y la lujuria les dominaban, era imposible parar.

Jonghyun se inclinó sobre el cuerpo de su amo, lamiendo la blanca piel de sus espalda, resiguiendo la columna con su lengua mientras sus manos seguían jugando con su pecho y entrepierna, dándole placer, haciendo que el otro se estremeciera en sus brazos y arrancándole profundos gemidos. El rey no era el único cuya voz inundaba la sala. Lo sabía.

– Ah… Como… Como me encanta tu voz… – soltó el rubio entre gemidos.

El esclavo cogió al rostro de su amante, echándolo hacia atrás, juntando sus labios con los de él, necesitado de sus caricias.

Key se dio la vuelta, haciendo que Jonghyun saliese de su interior solo para volver a entrar con suma facilidad en cuando este estuvo posicionado de nuevo bajo su cuerpo, con la espalda sobre las frías baldosas, para poder rodear con brazos y piernas ese cuerpo cálido que le estaba poseyendo de forma brutal.

Habían vuelto a juntar sus labios, pero ambos estaban demasiado absortos por el placer como para ser capaces de besar al otro, simplemente dejaban que sus lenguas se rozaran con el movimiento de sus cuerpos.

El tiempo perdió su significado en ese torbellino de caricias y besos, entre la excitación y la lujuria se les escapaban los minutos, las horas…

Jonghyun seguía embistiendo el pálido y delgado cuerpo de Key, quien reaccionaba a cada movimiento pidiendo más, siempre más…

– Aw … Jjong… Ya… – gemía el rubio entre jadeos- que me vengo…

– Espérame… – le rogó el esclavo con un gruñido mientras aumentaba aun más el ritmo.

– Aaaaah… – gimió el joven rey al sucumbir al placer mientras se dejaba llevar por los espasmos propios de la excitación. Disfrutando la sensación y sintiendo como su amante seguía embistiéndole salvajemente.

– Ya… – murmuró el otro contra la piel de su espalda al mismo tiempo que el rubio sintió el cálido fluido en su interior.

Salió de él y se dejó caer a su lado, exhausto. El más joven se acurrucó junto a su pecho, abrazándole con fuerza.

Pasaron un rato así, abrazados, callados, sin hacer nada, simplemente disfrutando la compañía del otro.

– ¿Que hora crees que debe ser? – preguntó finalmente el joven rey a su esclavo.

Este dirigió la mirada al pequeño tragaluz de la pared, minúsculo y completamente inaccesible, por el que se adivinaba un hermoso cielo estrellado.

– No sé, tarde, pero aún no amanece.

– Mmm… – ronroneó Key – en ese caso dormiré un poco. Despiértame cuando amanezca.

– A sus ordenes mi señor.

– Así me gusta, trata con respeto a tu rey.

– Si lo prefieres la próxima vez te follo con más respeto… – replicó burlón – aunque en el fondo sé que te encanta así… – añadió antes de dejarle responder.

El rubio se quejó, sonrojado, y le dio una cachetada sin hacerle daño.

– Estúpido perro… Si no fuese porque te quiero… – murmuraba medio adormilado- ¿Tú me quieres Jonghyun?

El esclavo no respondió, se quedó mirando como el menor bostezaba y se acomodaba en su pecho.

– Duérmete Key. – dijo al fin – te despertaré cuando salga el sol.

Aunque no lo quisiera el rubio, estaba agotado, y en segundos sus párpados se cerraron, su respiración se acompasó y se internó en el mundo de los sueños.
El moreno, tumbado a su lado, le acunaba contra su pecho y le acariciaba el pelo suavemente, sin apartar de él la mirada.

– Por supuesto que te amo Key – murmuró cuando se aseguró de que el otro dormía. – solo mira en lo que me he convertido por ti. Y ni siquiera echo de menos el aire o el sol, no si te tengo conmigo.

Acercó su rostro al de él y con cuidado de no despertarle besó suavemente su frente, su nariz, sus párpados, sus labios.

Se separó con un suspiro y siguió acariciando su suave cabello rubio, contemplando su rostro a la suave luz de las velas. Tan dulce, tan hermoso, tan perfecto.

Definitivamente no podría amarlo más…