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Día. Noche.

Dia:noche

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: SHINee (Grupo Kpop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) 

 

Hacía mucho que no escribía un Jongkey. De algún modo es como si formasen parte de mi pasado, mis inicios. Me ha dado cierta añoranza sacar estos personajes del armario (¿en ambos sentidos?) y jugar con ellos (en todos los sentidos que queráis :P). La excusa ha sido simple, un cumpleaños. Si Judit, va para ti, con retraso, porque si no no sería yo, pero espero que te guste ^^. Con mucho amor de tu… ¿Oppa? nunca me acostumbraré a que me llames así XD

 

 

 

 

Le oigo meterse en la cama y espero a que se quede dormido. Escucho las respiraciones, más seguidas al principio, mas rápidas. Suspira, se da la vuelta y exhala. Yo me quedo muy quieto en mi cama, esforzándome en hacer mis respiraciones lentas y pausadas, cadenciosas. Como si estuviera durmiendo. Intentando dormir realmente.

– ¿Jjong? – Me llama. Guardo silencio y sigo inmóvil, respirando con el mismo ritmo suave. Vuelve a suspirar y gira de nuevo, dándome la espalda.

Espero.

Se me cierran los ojos y el mundo empieza a desvanecerse a mi alrededor. El sueño me vence, pero me fuerzo a mantenerme despierto. Porque si, porque esto ya se ha convertido en una estúpida y enfermiza obsesión.

Así que sigo esperando, y cuando oigo que sus respiraciones se vuelven lentas y regulares, que ya no se mueve, que ya no puede ser consciente de nada de lo que haga, me levanto pesadamente y me arrastro hasta su cama, con infinito cuidado de no despertarle.

Me agacho a su lado, me inclino sobre él e inspiro. Me llega su olor. Su olor a colonia cara y desmaquillante, al champú de extracto de fresa y a café. Olor a Kibum, a mi bebé, que nunca será mío.

Aparto la colcha, lentamente y con cuidado, con el corazón a cien y la práctica que hace la experiencia. Me deslizo en la cama a su lado, sin llegar a tocarle, nunca, sin que se despierte. Me quedo junto a él, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo. Mi corazón se acelera y mi piel hierve de excitación. Le tengo tan cerca que casi puedo paladear su aroma, su piel suave. Rozo con mi nariz los mechones de su pelo. Y tiemblo. Reprimo un suspiro y me muevo con mucho cuidado para moldear mu cuerpo al suyo. Medio centímetro entre nosotros, entre cada milímetro de nuestra piel. Tan cerca y tan lejos.

Esto es enfermizo. Demasiado. ¿Que me has hecho Kibum? Que me ha convertido en un obseso, que estoy ahora respirando de su pelo, bebiendo del calor que desprende mientras duerme, mientras no puede saber que le adoro y le amo. A oscuras, cada noche, cada absurda y desquiciante noche en que me cuelo en su cama a escondidas y siento en mi cuerpo su calor, e imagino por unos segundos que me quiere, que cuando se gira en la cama y me abraza, cuando se mueve y salva ese eterno medio centímetro que siempre dejo entre nuestros cuerpos, cuando se da la vuelta y respira sobre mis labios no está dormido. Quiero creerlo, de algún modo. Como si fuese posible. Como si pudiese tenerle duranle el día como le tengo durante la noche. Como si pudiera abrazarle sabiendo él que está entre mis brazos.

Siento la primera lágrima asomando en mis ojos. Parpadeo y cae lentamente por la comisura, sobre su almohada. Mañana se habrá secado, desapareciendo sin dejar ningún rastro de que ha estado allí. Exactamente igual que yo. En un arrebatador acto de osadía beso su cabello y rozo su cuello. Me estremezco al sentir su piel bajo mis dedos y siento una abrumadora necesidad de besarle, de morderle, de marcarle como mío.

Como si fuera mío.

Llorando, con su cuerpo a mi lado y su corazón tan lejos me quedo dormido.

 

Despierto antes, como siempre. Deshago el abrazo en el que inconscientemente nos hemos enredado durante el sueño, acariciando su piel en una particular despedida. Hasta la noche.

Hasta que vuelvas a ser mío.

Me levanto con cuidado, busco mis zapatillas y salgo de la habitación. Un par de minutos más tarde vibra el móvil en mi bolsillo trasero, indicándome que es hora de levantarme. Por si acaso.

Abro la persiana del comedor, sonrío y le doy los buenos días al mundo.

Desayuno y juego un rato a la play con Minho. Le dejo ganar. Más tarde en la agencia caliento mi voz y ensayo. Cantamos, bailamos, nos hablan de futuros proyectos, nos preguntan nuestra opinión como si alguien fuera a tenerla en cuenta, y luego veo como Key se va con su amigo, su novio aunque nadie pueda saberlo.

Sonrío de nuevo y doy una vuelta con los chicos por la agencia a ver si alguien quiere hacer algo esta tarde.

Cuando salimos del cine llueve, pero eso no impide que Taemin, Kai, Sehun y Chanyeol salgan a la calle corriendo y gritando subnormalidades. Mientras alguien se dedica a poner orden entre los maknaes (y Chan) Amber me coge de los hombros y me pregunta si todo va bien.

– Como siempre – le respondo con una sonrisa. Salgo también bajo la lluvia. Mientras veíamos la peli Seop ha subido otra foto con Key. Por suerte nadie puede saber si lo que cae por mis mejillas es lluvia o lágrimas.

Lloro demasiado.

Key ha preparado la cena que nos aguarda servida en la mesa, deliciosa como siempre. Él está en el sofá, en brazos de su novio que se va un rato más tarde despidiéndose con un beso demasiado largo.

Por algún motivo, Taemin me abraza al pasar a mi lado y tira de mi para meterme en la cocina.

– Ayúdame a lavar los platos, anda.

Voy a replicarle que le toca a él, pero no quiero volver a salir a la sala y verles besándose. Asiento y voy enjuagando los platos que me pasa hasta que oigo la puerta cerrarse.

Me doy una ducha antes de ir a dormir. Me pongo el pijama y el móvil en el bolsillo trasero, les doy las buenas noches y me meto en mi cama. Aguardo.

– Jjong… – me llama desde su cama como cada noche. Suspira – supongo que ya duermes… – vuelve a suspirar y se da la vuelta sobre su cama, pero vuelve a incorporarse. – Seop es… me siento bien con él, pero tampoco… No quiero… Jjong… En fin, ¿que más da? – da otra vuelta algo más brusca. Y yo sigo en silencio.

Espero hasta que se duerma, me meto en su cama y dejo que me abrace en sueños, que me ame dormido cuando no sabe que estoy allí.

Despierto antes que él, desaparezco, le veo irse con la pesadilla de cada día, le veo besarle, abrazarle y sonreírle. Y no soy yo.

Vuelvo a sus brazos cada noche. En la oscuridad es mío y de nadie más. Mientras sueña me abraza y pega su cuerpo al mío, respiro de su aliento y beso su cabello y siento que me pertenece igual que él tiene mi corazón, la voluntad que perdí tanto tiempo atrás.

Pero por las mañanas vuelve a irse. Se va con su novio y me sonríe desde sus brazos. O como mínimo quiero pensar que me sonríe a mi. Durante el día es mi amigo y nada más.

Duermo a su lado, en secreto, sin que lo sepa. Incluso le oigo murmurar mi nombre dormido. Porque las noches me pertenecen. Pero obviamente no es más que un sueño, mi imaginación. Pero quiero creerlo.

Llueve y Taemin me encuentra en la terraza. La lluvia me golpea en la cara y cae por mis mejillas, sobre mis labios. Es hermoso y me relaja. Él sonríe y me abraza. Sin decir nada. Onew me coge y me vuelve dentro, me lanza una toalla sobre la cabeza y me encierra en el baño para que me seque.

Kibum ha salido de nuevo, volverá tarde. Y por más que intento esperarle despierto me puede el cansancio y se me cierran los ojos antes de que llegue. Tengo pesadillas sin él a mi lado, porque ya no puedo dormir si no le siento entre mis brazos. ¿Me echará también de menos aunque no lo sepa?

Despierto en mi cama y se siente extraño. Más aún porque está a mi lado. Su brazo cruza mi pecho, sus piernas se enlazan con las mías y su rostro está tan cerca que le siento respirar sobre mis labios. Igual que cada mañana, solo que no soy yo quien le he buscado.

Con el corazón desbocado espero, observándole. ¿Por qué está aquí?

Despierta poco a poco, y cuando abre los ojos no puedo evitar preguntar.

– ¿Te equivocaste de cama?

– No. – responde sin más.

Se incorpora, deshaciendo el abrazo, alejándote. Y veo como sale de la habitación, dejándome aquí solo, con mil dudas y ninguna respuesta.

Le observo durante todo el día, mientras le tengo cerca. Le observo incluso cuando Seop viene al apartamento y se la pasan pegados, jugando con los perritos a vestirles y hacerles fotos, como si fuesen muñecas. Le observo mientras le besa, mientras sonríe y es feliz a su lado, y me pregunto por qué estaba en mi cama esta noche, por qué me buscaría él a mi.

Vuelve a ser de noche, me tumbo a mi cama a esperar y oigo como se desnuda, se pone el pijama y se mete en la suya.

– Jjong. – finjo estar dormido, como siempre. – No hace falta que esperes a que me duerma.

Abro los ojos como platos.

Si, es obvio que lo sabe. No, no me sorprende. Sabía que podía pasar, pero también sabía que cuando lo descubriera necesitaría excusas y milagros para justificarme.

Pero me espera, de espaldas a mi siento que me llama a que vaya y le abrace. Lo ha hecho al fin y al cabo.

Me trago mis excusas, mis nervios y mi corazón desbocado y me meto en su cama con cuidado. Sé que ahora puede oírme, pero eso no quita la costumbre de deslizarme entre sus sábanas con sigilo. Me amoldo a su cuerpo, sin tocarle pero sintiendo su calor. Se mueve y se cuela entre mis brazos, pega su cuerpo al mío, mi nariz entre su pelo y sus manos envolviendo las mías, enlazando nuestros dedos.

– ¿Por qué? – no puedo evitar preguntarle.

– Porque no quiero perderte – responde.

Se gira y me besa, y mi corazón se detiene cuando siento sus labios sobre los míos. Respiro su aroma y bebo de él, me fundo con él, me pego a su cuerpo deseando que nunca termine este beso, deseando que nos fundamos y la mañana no pueda separarnos.

Porque la noche me pertenece. Más que nunca, pero cuando salga el sol dejará de ser mío. Me sonreirá desde los brazos de otro y será mi amigo, mientras por la noche me abraza, me besa y es uno con mi alma.

– Te amo. – Ya lo sabe, pero se lo repito en cada uno de mis besos.

Le beso, y él a mi. Una noche tras otra nuestros cuerpos se enlazan y se funden. Ya no espero a que duerma. Me espera con los brazos abiertos y yo le abro mi corazón más que nunca, un corazón que se rompe cada mañana cuando se levanta de la cama y se va, cuando deja de ser mío.

– Lo siento – murmura una noche contra mis labios. – Odio hacerte esto.

¿Quién habla? ¿Mi amigo o mi amante? ¿Se refiere a los besos o a las distancias?

Sea lo que sea sigue haciéndolo, sigue siendo mío cada noche y levantándose cada mañana para ser de otro.

– Lo arreglaré – me promete Kibum en la agencia cuando nos quedamos solos. – Terminarás siendo tu, siempre. Siempre has sido tu. Solo necesito… tiempo… Deshacerme de esto.

¿Esto? ¿A que se refiere con “esto”? ¿Al flamante novio que viene a buscarle cada tarde? Al que le sonríe, al que deja que le bese a la luz del día, a quien le pertenece desde que sale el sol hasta que vuelve a hacerse uno conmigo por las noches.

Y no sé si es mi imaginación, mi deseo de que me pertenezca siempre y no solo cuando reina la oscuridad, pero cada mañana parece alargarse más, cada noche empieza antes, cada día parece buscarme más. Cada vez que me sonríe veo más luz en sus ojos, una luz que veo apagarse cuando le mira a él. Y por más que no quiero hacerme falsas esperanzas y que rompa mi corazón otra vez parece ser que la noche está ganando sobre el día.

Hasta el punto de que él deja de existir. Hyeongseop deja de venir al apartamento, deja de ir a buscarle, desaparece. Y Kibum, el Kibum del día que nunca ha sido mío se me acerca un mediodía. Entra luz por las ventanas cuando se sienta a mi lado en el sofá, me abraza, me besa y murmuras contra mis labios.

– Te amo.

 

 

 

 

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