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Día. Noche.

Dia:noche

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: SHINee (Grupo Kpop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) 

 

Hacía mucho que no escribía un Jongkey. De algún modo es como si formasen parte de mi pasado, mis inicios. Me ha dado cierta añoranza sacar estos personajes del armario (¿en ambos sentidos?) y jugar con ellos (en todos los sentidos que queráis :P). La excusa ha sido simple, un cumpleaños. Si Judit, va para ti, con retraso, porque si no no sería yo, pero espero que te guste ^^. Con mucho amor de tu… ¿Oppa? nunca me acostumbraré a que me llames así XD

 

 

 

 

Le oigo meterse en la cama y espero a que se quede dormido. Escucho las respiraciones, más seguidas al principio, mas rápidas. Suspira, se da la vuelta y exhala. Yo me quedo muy quieto en mi cama, esforzándome en hacer mis respiraciones lentas y pausadas, cadenciosas. Como si estuviera durmiendo. Intentando dormir realmente.

– ¿Jjong? – Me llama. Guardo silencio y sigo inmóvil, respirando con el mismo ritmo suave. Vuelve a suspirar y gira de nuevo, dándome la espalda.

Espero.

Se me cierran los ojos y el mundo empieza a desvanecerse a mi alrededor. El sueño me vence, pero me fuerzo a mantenerme despierto. Porque si, porque esto ya se ha convertido en una estúpida y enfermiza obsesión.

Así que sigo esperando, y cuando oigo que sus respiraciones se vuelven lentas y regulares, que ya no se mueve, que ya no puede ser consciente de nada de lo que haga, me levanto pesadamente y me arrastro hasta su cama, con infinito cuidado de no despertarle.

Me agacho a su lado, me inclino sobre él e inspiro. Me llega su olor. Su olor a colonia cara y desmaquillante, al champú de extracto de fresa y a café. Olor a Kibum, a mi bebé, que nunca será mío.

Aparto la colcha, lentamente y con cuidado, con el corazón a cien y la práctica que hace la experiencia. Me deslizo en la cama a su lado, sin llegar a tocarle, nunca, sin que se despierte. Me quedo junto a él, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo. Mi corazón se acelera y mi piel hierve de excitación. Le tengo tan cerca que casi puedo paladear su aroma, su piel suave. Rozo con mi nariz los mechones de su pelo. Y tiemblo. Reprimo un suspiro y me muevo con mucho cuidado para moldear mu cuerpo al suyo. Medio centímetro entre nosotros, entre cada milímetro de nuestra piel. Tan cerca y tan lejos.

Esto es enfermizo. Demasiado. ¿Que me has hecho Kibum? Que me ha convertido en un obseso, que estoy ahora respirando de su pelo, bebiendo del calor que desprende mientras duerme, mientras no puede saber que le adoro y le amo. A oscuras, cada noche, cada absurda y desquiciante noche en que me cuelo en su cama a escondidas y siento en mi cuerpo su calor, e imagino por unos segundos que me quiere, que cuando se gira en la cama y me abraza, cuando se mueve y salva ese eterno medio centímetro que siempre dejo entre nuestros cuerpos, cuando se da la vuelta y respira sobre mis labios no está dormido. Quiero creerlo, de algún modo. Como si fuese posible. Como si pudiese tenerle duranle el día como le tengo durante la noche. Como si pudiera abrazarle sabiendo él que está entre mis brazos.

Siento la primera lágrima asomando en mis ojos. Parpadeo y cae lentamente por la comisura, sobre su almohada. Mañana se habrá secado, desapareciendo sin dejar ningún rastro de que ha estado allí. Exactamente igual que yo. En un arrebatador acto de osadía beso su cabello y rozo su cuello. Me estremezco al sentir su piel bajo mis dedos y siento una abrumadora necesidad de besarle, de morderle, de marcarle como mío.

Como si fuera mío.

Llorando, con su cuerpo a mi lado y su corazón tan lejos me quedo dormido.

 

Despierto antes, como siempre. Deshago el abrazo en el que inconscientemente nos hemos enredado durante el sueño, acariciando su piel en una particular despedida. Hasta la noche.

Hasta que vuelvas a ser mío.

Me levanto con cuidado, busco mis zapatillas y salgo de la habitación. Un par de minutos más tarde vibra el móvil en mi bolsillo trasero, indicándome que es hora de levantarme. Por si acaso.

Abro la persiana del comedor, sonrío y le doy los buenos días al mundo.

Desayuno y juego un rato a la play con Minho. Le dejo ganar. Más tarde en la agencia caliento mi voz y ensayo. Cantamos, bailamos, nos hablan de futuros proyectos, nos preguntan nuestra opinión como si alguien fuera a tenerla en cuenta, y luego veo como Key se va con su amigo, su novio aunque nadie pueda saberlo.

Sonrío de nuevo y doy una vuelta con los chicos por la agencia a ver si alguien quiere hacer algo esta tarde.

Cuando salimos del cine llueve, pero eso no impide que Taemin, Kai, Sehun y Chanyeol salgan a la calle corriendo y gritando subnormalidades. Mientras alguien se dedica a poner orden entre los maknaes (y Chan) Amber me coge de los hombros y me pregunta si todo va bien.

– Como siempre – le respondo con una sonrisa. Salgo también bajo la lluvia. Mientras veíamos la peli Seop ha subido otra foto con Key. Por suerte nadie puede saber si lo que cae por mis mejillas es lluvia o lágrimas.

Lloro demasiado.

Key ha preparado la cena que nos aguarda servida en la mesa, deliciosa como siempre. Él está en el sofá, en brazos de su novio que se va un rato más tarde despidiéndose con un beso demasiado largo.

Por algún motivo, Taemin me abraza al pasar a mi lado y tira de mi para meterme en la cocina.

– Ayúdame a lavar los platos, anda.

Voy a replicarle que le toca a él, pero no quiero volver a salir a la sala y verles besándose. Asiento y voy enjuagando los platos que me pasa hasta que oigo la puerta cerrarse.

Me doy una ducha antes de ir a dormir. Me pongo el pijama y el móvil en el bolsillo trasero, les doy las buenas noches y me meto en mi cama. Aguardo.

– Jjong… – me llama desde su cama como cada noche. Suspira – supongo que ya duermes… – vuelve a suspirar y se da la vuelta sobre su cama, pero vuelve a incorporarse. – Seop es… me siento bien con él, pero tampoco… No quiero… Jjong… En fin, ¿que más da? – da otra vuelta algo más brusca. Y yo sigo en silencio.

Espero hasta que se duerma, me meto en su cama y dejo que me abrace en sueños, que me ame dormido cuando no sabe que estoy allí.

Despierto antes que él, desaparezco, le veo irse con la pesadilla de cada día, le veo besarle, abrazarle y sonreírle. Y no soy yo.

Vuelvo a sus brazos cada noche. En la oscuridad es mío y de nadie más. Mientras sueña me abraza y pega su cuerpo al mío, respiro de su aliento y beso su cabello y siento que me pertenece igual que él tiene mi corazón, la voluntad que perdí tanto tiempo atrás.

Pero por las mañanas vuelve a irse. Se va con su novio y me sonríe desde sus brazos. O como mínimo quiero pensar que me sonríe a mi. Durante el día es mi amigo y nada más.

Duermo a su lado, en secreto, sin que lo sepa. Incluso le oigo murmurar mi nombre dormido. Porque las noches me pertenecen. Pero obviamente no es más que un sueño, mi imaginación. Pero quiero creerlo.

Llueve y Taemin me encuentra en la terraza. La lluvia me golpea en la cara y cae por mis mejillas, sobre mis labios. Es hermoso y me relaja. Él sonríe y me abraza. Sin decir nada. Onew me coge y me vuelve dentro, me lanza una toalla sobre la cabeza y me encierra en el baño para que me seque.

Kibum ha salido de nuevo, volverá tarde. Y por más que intento esperarle despierto me puede el cansancio y se me cierran los ojos antes de que llegue. Tengo pesadillas sin él a mi lado, porque ya no puedo dormir si no le siento entre mis brazos. ¿Me echará también de menos aunque no lo sepa?

Despierto en mi cama y se siente extraño. Más aún porque está a mi lado. Su brazo cruza mi pecho, sus piernas se enlazan con las mías y su rostro está tan cerca que le siento respirar sobre mis labios. Igual que cada mañana, solo que no soy yo quien le he buscado.

Con el corazón desbocado espero, observándole. ¿Por qué está aquí?

Despierta poco a poco, y cuando abre los ojos no puedo evitar preguntar.

– ¿Te equivocaste de cama?

– No. – responde sin más.

Se incorpora, deshaciendo el abrazo, alejándote. Y veo como sale de la habitación, dejándome aquí solo, con mil dudas y ninguna respuesta.

Le observo durante todo el día, mientras le tengo cerca. Le observo incluso cuando Seop viene al apartamento y se la pasan pegados, jugando con los perritos a vestirles y hacerles fotos, como si fuesen muñecas. Le observo mientras le besa, mientras sonríe y es feliz a su lado, y me pregunto por qué estaba en mi cama esta noche, por qué me buscaría él a mi.

Vuelve a ser de noche, me tumbo a mi cama a esperar y oigo como se desnuda, se pone el pijama y se mete en la suya.

– Jjong. – finjo estar dormido, como siempre. – No hace falta que esperes a que me duerma.

Abro los ojos como platos.

Si, es obvio que lo sabe. No, no me sorprende. Sabía que podía pasar, pero también sabía que cuando lo descubriera necesitaría excusas y milagros para justificarme.

Pero me espera, de espaldas a mi siento que me llama a que vaya y le abrace. Lo ha hecho al fin y al cabo.

Me trago mis excusas, mis nervios y mi corazón desbocado y me meto en su cama con cuidado. Sé que ahora puede oírme, pero eso no quita la costumbre de deslizarme entre sus sábanas con sigilo. Me amoldo a su cuerpo, sin tocarle pero sintiendo su calor. Se mueve y se cuela entre mis brazos, pega su cuerpo al mío, mi nariz entre su pelo y sus manos envolviendo las mías, enlazando nuestros dedos.

– ¿Por qué? – no puedo evitar preguntarle.

– Porque no quiero perderte – responde.

Se gira y me besa, y mi corazón se detiene cuando siento sus labios sobre los míos. Respiro su aroma y bebo de él, me fundo con él, me pego a su cuerpo deseando que nunca termine este beso, deseando que nos fundamos y la mañana no pueda separarnos.

Porque la noche me pertenece. Más que nunca, pero cuando salga el sol dejará de ser mío. Me sonreirá desde los brazos de otro y será mi amigo, mientras por la noche me abraza, me besa y es uno con mi alma.

– Te amo. – Ya lo sabe, pero se lo repito en cada uno de mis besos.

Le beso, y él a mi. Una noche tras otra nuestros cuerpos se enlazan y se funden. Ya no espero a que duerma. Me espera con los brazos abiertos y yo le abro mi corazón más que nunca, un corazón que se rompe cada mañana cuando se levanta de la cama y se va, cuando deja de ser mío.

– Lo siento – murmura una noche contra mis labios. – Odio hacerte esto.

¿Quién habla? ¿Mi amigo o mi amante? ¿Se refiere a los besos o a las distancias?

Sea lo que sea sigue haciéndolo, sigue siendo mío cada noche y levantándose cada mañana para ser de otro.

– Lo arreglaré – me promete Kibum en la agencia cuando nos quedamos solos. – Terminarás siendo tu, siempre. Siempre has sido tu. Solo necesito… tiempo… Deshacerme de esto.

¿Esto? ¿A que se refiere con “esto”? ¿Al flamante novio que viene a buscarle cada tarde? Al que le sonríe, al que deja que le bese a la luz del día, a quien le pertenece desde que sale el sol hasta que vuelve a hacerse uno conmigo por las noches.

Y no sé si es mi imaginación, mi deseo de que me pertenezca siempre y no solo cuando reina la oscuridad, pero cada mañana parece alargarse más, cada noche empieza antes, cada día parece buscarme más. Cada vez que me sonríe veo más luz en sus ojos, una luz que veo apagarse cuando le mira a él. Y por más que no quiero hacerme falsas esperanzas y que rompa mi corazón otra vez parece ser que la noche está ganando sobre el día.

Hasta el punto de que él deja de existir. Hyeongseop deja de venir al apartamento, deja de ir a buscarle, desaparece. Y Kibum, el Kibum del día que nunca ha sido mío se me acerca un mediodía. Entra luz por las ventanas cuando se sienta a mi lado en el sofá, me abraza, me besa y murmuras contra mis labios.

– Te amo.

 

 

 

 

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Serie Especial Navidad. Comidas Familiares : IV “Año nuevo con… ¿Los suegros?”.

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Categoria: oneshot yaoi

PersonajesLeobin (Leo x Hongbin) VIXX

 

Hongbin miraba fijamente las prendas tiradas sobre su cama, solo tenía dos trajes, dos corbatas y tres camisas entre las que escoger pero ese día le parecía una obra titánica. Estaba terriblemente nervioso, tenía una hora para vestirse y ducharse. Todo tenía que estar perfecto y no tenía ni idea de por dónde empezar.

Después de 10 minutos más de desespero decidió recurrir al recurso de emergencia: noonas.

–          Hyebin noona…  –llamó a la menor sacando la cabeza por la puerta.

Ella salió de su habitación pocos segundos después, todavía secándose el pelo con una toalla.

–          Sí, ¿Qué quieres Binnie?

–          Emmm… ¿puedes ayudarme con la ropa, porfa?

–          Claro que si, un segundo.

Volvió a entrar para dejar la toalla y enseguida estaba en la habitación de su hermano, analizando con ojo crítico la ropa tendida encima de la cama.

–          A ver, es una cena de Año Nuevo así que con traje pero sin corbata, no tienes que ir demasiado formal.  – empezó a decir mientras apartaba las corbatas en un rincón. – La camisa blanca queda bien pero es muy típica, y obviamente las que nos quedan son azules….

Hongbin escuchaba y se dejaba hacer mientras su hermana observaba con ojo crítico las dos camisas, aliviado de dejar la elección a otra persona.

–          Creo que la azul más oscuro, la otra destacaría un poco demasiado con el traje negro nuevo, el gris oscuro está descartado supongo, ¿no? Decidido, esto y esto – dijo sonriente mientras le alargaba un traje y una camisa – y ahora a ducharte o llegaras tarde a tu cita.

Él se puso totalmente rojo mientras Hyebin se iba de la habitación con una sonrisa.

–          ¡Noona! ¡No es una cita! –  “Aunque ya me gustaría…” pensó mientras se iba a la ducha todavía avergonzado por el comentario de su hermana. Vale, sabía que era bastante obvio, pero no era necesario decir esas cosas solo para avergonzarle…

Cuando por fin salió de la habitación, vestido y peinado, le detuvo bruscamente su otra hermana, Dabin.

–          ¿Se puede saber dónde vas con un traje negro? ¿a un funeral?

–          Pero Hyebin noona….

–          Hyebin no tiene ni idea de lo que dice, es una sosa, ponte el traje gris que llevaste en el cumpleaños de la abuela.

Hongbin se miró en el espejo mientras su cabeza iba a mil por hora intentando decidir si hacer caso a Dabin noona o a Hyebin noona.

–          Unnie, no le digas eso, ¡con lo que le ha costado escoger!

Hyebin noona al rescate.

–          Me da igual, cambiarse es un momento y el gris le queda mejor.

–          Puede que sí pero… – Hyebin sonrió malignamente y con cariño como solo ella sabía hacer – el negro y el azul son los colores favoritos de Taekwoon

Hongbin abrió la boca para quejarse pero la volvió a cerrar. Cierto, negro y azul. Y realmente le quedaban de maravilla….

–          Tienes razón, esa cara de atontado lo confirma. Que no se hable más, negro  y azul para hacer feliz a su novio.

–          ¡Noona!

Ellas rieron cariñosamente y Dabin le dio una caja de bombones cuidadosamente envuelta.

–          Toma, para tus suegros, que no digan que no te han educado bien.

Decidió no responder a su comentario esa vez y se limitó a darle las gracias y coger el abrigo o terminaría llegando tarde.

–          Pasáoslo bien, ¡nos vemos mañana!

–          ¡Disfruta Binnie!

 

Llegó a casa de Taekwoon 15 minutos antes de la hora que habían quedado y más nervioso de lo que estaba gracias a las encantadoras de sus hermanas.  Realmente no era una cita, era solo una cena de Año Nuevo con la familia de su mejor amigo ya que no le gustaban demasiado las fiestas glamurosas y con periodistas a las que iban sus padres. Y salir con sus hermanas y los amigos y parejas respectivos de ellas no era el mejor plan, para nada. Así que no había nada por lo que ponerse nervioso, si no fuera porque estaba totalmente colgado de Taekwoon, claro.

Llamó al timbre y mientras esperaba intentó arreglarse los rizos rebeldes por última vez en el reflejo de la puerta. No lo consiguió y apenas unos minutos después se abrió la puerta, dejando ver a un chico de más o menos su edad con una camisa negra y unos pantalones y corbata azul oscuro. Jung Taekwoon.

–          Hola Taekwoon-ah – le sonrió Hongbin una vez se acordó de respirar.

–          Hola – respondió este con una pequeña sonrisa y muy bajito.

Taekwoon le hizo pasar y se vieron envuelto enseguida en una marabunta de saludos, ruido y gente arriba y abajo  preparando la cena y las decoraciones. Dejó la chaqueta como pudo en el colgador ya sobrecargado y se fue en busca de los padres de Taekwoon (“suegros…” le susurró su subconsciente con la voz de Dabin) para darles los bombones.

–          Taekwoon-ah, ¿Dónde están tus padres? Quería darles esto.

Él señaló en dirección a la cocina con la cabeza y le siguió de cerca mientras Hongbin intentaba llegar hasta allí, pero tres chicas mayores le interrumpieron el paso.

–          ¡Hongbinnie! Ya estás aquí, que alegría verte – dijo la mayor mientras le despeinaba el pelo cariñosamente. “Genial, todo mi esfuerzo para nada”.  –  qué guapo estas, y mira, vais de conjunto con Taekwoonie, los dos de negro y azul.

Hongbin se sonrojó hasta límites insospechados al oír esto y darse cuenta de que no era el único que se había fijado en ese detalle. Y que puede que hubiera alguna pequeña posibilidad que en los últimos años le gustara cada vez más el azul porque Taekwoon decía que le quedaba bien.

No pudo entretenerse mucho en sus pensamientos porque pronto se añadieron las otras dos hermanas a interrogarle y tocarle el pelo y decirle lo mono que era hasta que, cuando ya no podía más, Taekwoon le sacó de allí a rastras hasta un lugar menos concurrido.

–          Vaya, son muy simpáticas pero siempre han sido un poco demasiado… efusivas.

Taekwoon asintió con la cabeza.

–          Vamos, tengo que darle esto a tus padres antes de que me olvide o se derritan por el calor que hace aquí dentro.

Reemprendieron su rumbo a la cocina sin cruzarse con ningún otro familiar efusivo y finalmente encontraron a los señores Jung.

–          Señor y señora Jung… – les llamó educadamente Hongbin

–          Oh, Hongbin hijo, no sabía que ya habías llegado – le saludo la madre mientras se secaba las manos con el delantal – que guapo que estas con este traje, me alegro de verte.

El padre se acerco también y le dio un apretón de manos, saludándole con familiaridad pues pasaba bastantes tardes en esa casa.

–          Oh, ya me olvidaba, tened, un detalle de parte de todos – dijo mientras les daba el paquete, ya no tan bien envuelto como al principio.

–          Oooh gracias por el detalle, no hacía falta, eres un cielo

Hongbin sonrió avergonzado por los piropos de la señora Jung, un poco incomodo.

–          No, no es nada…

Por suerte el padre acudió al rescate.

–          ¿Por qué no dejas tus cosas en la habitación de Taekwoon? Esta vez la habitación de invitados está ocupada así que te hemos puesto un colchón al lado de su cama. No te importa ¿verdad?

–          N-no, no, claro – “Vamos a dormir en la misma habitación… Vale, Hongbin, respira”

Taekwoon le estiró del jersey para que le siguiera arriba y él le siguió en silencio, aprovechando para contemplarle detenidamente en silencio. La camisa, una de sus favoritas, le quedaba perfectamente entallada pe forma que se enmarcaban sus brazos y su espalda musculados de deportista. Y los pantalones… tenían el tamaño justo para que se marcara el culo sin ser excesivo. Perfecto, como siempre.

La habitación estaba como siempre excepto por el colchón extra, pegado a la cama de Taekwoon y casi a la misma altura. Prácticamente como si fuera una cama doble. Habían pasado muchas tardes estirados o hablando en la misma cama pero dormir… eso eran palabras mayores.

– Déjalo aquí – la voz de su mejor amigo hizo que se diera cuenta de que estaba en el umbral de la puerta mirando fijamente las dos camas.

– Ah, si, si

Dejó la mochila sobre la cama y se acercó al enorme gato negro con la barriga blanca que dormía sobre la cama de su propietario, indiferente a los dos chicos y hecho una enorme bola de pelo, pero al notar la mano del menor de los dos se desperezó y fue a restregarse contra sus piernas.

–          ¡Buyo! ¡Me vas a dejar los pantalones llenos de pelos! – dijo aunque sin apartarse, en el fondo le había cogido cariño con el tiempo.

Taekwoon lo cogió en brazos y lo acaricio un par de veces antes de volver a dejarle en la cama con una gran sonrisa. Hongbin amaba a ese gato, bueno, a casi todos los gatos, porque eran de las pocas cosas que le hacían sonreír y la sonrisa de Taekwoon era algo precioso para él.

– Cada día esta más gordo.

Taekwoon se encogió de hombros mientras intentaba quitarse los pelos que se le habían quedado en la ropa con poco éxito así que se acercó para ayudarle.

– No hace falta…

– Won-ah, si tus hermanas lo ven van a pasarte el rodillo para quitar pelos por toda la camisa.

Él puso cara de espanto al imaginárselo y se afanó a quitar todos los posibles mientras Hongbin reía y le ayudaba.

 

Diez minutos después estaban todavía más llenos de pelos que antes pues Buyo de repente le habían dado ganas de jugar al ver tantas manos arriba y abajo quitando pelos y había terminado escalando por las perneras del pantalón de Taekwoon mientras Hongbin intentaba cogerlo y devolverle a la cama. El problema fue que el gato tenía más fuerza de lo que parecía y cuando Hongbin por fin consiguió despegarlo del impulso cayó sobre la cama con el gato encima. Taekwoon todavía intentaba dejar de reír cuando les llamaron desde la cocina.

– ¡Wonnie! ¡Han llegado tus primos! ¡Bajad!

Bajaron rápidamente mientras se serenaban e intentaban quitarse los pelos de gato por enésima vez, aunque era bastante inútil ya.

El recibidor estaba lleno de gente sacándose las chaquetas a  la vez que intentaban saludar a todo el mundo sin chafar ninguno de los paquetes ni bolsas que llevaban en las manos, todo a la vez en un espacio muy reducido.

 

Las más pequeñas, Jiyeon y Hwangyeon, fueron corriendo a la sala, huyendo de sus padres para ir a buscar los juguetes que tenían guardados para cuando venían a casa mientras el mayor, Sanghyuk, se quedó a saludar.

–          ¡Taekwoon hyung! Ah, ¡hola Hongbin hyung! Cuanto tiempo, me alegro de verte.

Se acercó corriendo a los dos chicos mayores para saludar efusivamente a Hongbin. Se habían visto un par de veces el año pasado y habían terminado siendo buenos amigos, sobre todo cuando Taekwoon les ignoraba era bueno tener algún chico de una edad similar con quien hablar.

–          Hola Hyuk-ah – respondió Takewoon

–          ¡Hola Hyukkie! – le respondió el otro efusivamente mientras le despeinaba el pelo – vaya, has crecido un montón, ya casi me alcanzas.

–          No me trates como un crio, ¡solo eres mayor que yo por un par de años! – se hizo el ofendido, pero duró poco y terminó echándose a reír.

–          No ha venido tu hermana Sanghyuk – Les interrumpió la madre de Taekwoon.

– No, se ha quedado jugando a un juego, y luego ha quedado con su novio creo…

– ¿novio? – intervino Minyoung, una de las hermanas.

– Si…

– ¿Ese chino al que nadie ha visto nunca? – Saltó la otra, Sangmin.

– Ese…

Las chicas se quedaron cotilleando y riendo y ellos se fueron charlando hasta la sala y se sentaron en un sofá un poco apartado de los adultos para poder hablar tranquilamente sin tener que vigilar su lenguaje y lo que decían.

–          … y entonces el entrenador me dijo que podría jugar en el próximo partido! ¡Voy a ser titular!

–          Eeh felicidades, es de los tuyos, eh ¿Takewoon-ah? – Hongbin se giró al hablarle a Taekwoon pero no estaba allí – ¿eh? ¿Dónde está?

–          Pues no lo se… habrá ido a jugar con el gato o al baño o algo.

–          Voy a buscarle.

–          Hyung, no va a perderse en su propia casa, ya volverá.

–          Pero…

Sanghyuk le estiró para que volviera a sentarse.

–          A ver, hyung, ¿tu confías en mi verdad?

–          Ajá… – dijo mientras se sentaba a regañadientes – ¿A que viene esto?

–          ¿Cuándo pensabas contarme que te gusta mi primo?

–          ¿Q-QUE?

Hongbin se levantó de un salto con el corazón a mil por hora. No podía ser que fuera tan obvio. Si alguien con quien tenía tan poca relación como Hyuk se había dado cuenta… ¿Cómo podía no haberse dado cuenta Taekwoon? ¿Y si lo sabía desde hacia tiempo? ¿O acaso le prestaba tan poca atención que no se había dado cuenta?

–          Hyung, siéntate y respira, ¡que te vas a poner azul!

Hongbin respiró hondo un par de veces y volvió a sentarse pero estaba absolutamente tenso, sentado justo en el borde del sofá, a punto de salir corriendo.

Sanghyuk suspiró con resignación, se imaginaba que iba a ser difícil pero no TANTO.

–          ¿Hyung…?

–          S-si… yo… ¿ta-tan obvio es?

–          Lo es si te fijas en cómo le miras y en el hecho de que cuando hablamos el 80% de lo que dices tiene que ver con él de forma directa o indirecta. Normalmente bastante directa.

–          ¿Ah sí? No me había fijado…

Intentó repasar mentalmente todas las conversaciones que había tenido con Hyuk buscando alguna señal de que tenía una obsesión que rozaba lo maníaco pero era incapaz de encontrar nada extraño en ellas…

–          Hyung, no te preocupes, probablemente yo sea el único que se ha dado cuenta ¿vale?

Hongbin asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

–          Ahora mi teoría…. Creo que tu también le gustas.

–          ¿Qué?

–          Sí, no es tan disparatado como parece, si te fijas bien… le gustas más de lo que crees

–          Hyukkie, en serio que aprecio el esfuerzo pero…

–          ¡Que no hyung, en serio! ¡Escúchame! Te pasas casi cada tarde en su habitación, te deja jugar con Buyo, te cuenta sus problemas y hasta se ríe de tus bromas. La última vez que le hice cosquillas me pegó tan fuerte que casi me queda morado ¿y a ti que te hace? Te pone mala cara, y ya esta. Deberías haber visto su cara cuando nos hemos saludado y me has sonreído, te juro que pensaba que iba a correr sangre.

-…. ¿De verdad lo crees?

Hongbin no quería creerlo, no quería hacerse falsas ilusiones (había sido su objetivo en los últimos 3 años) pero a la vez…. Podía ser ¿no? Sabia que Taekwoonie le trataba distinto a los demás pero siempre había creído que era simplemente como amigo…

–          De verdad, hyung. Lo que pasa es que esta en fase de negación, así que vamos a hacer que lo admita.

–          ¿Cómo vas  a hacer eso sin arriesgar tu integridad física?

–          Bueno, puede ser un poco arriesgado, vale pero… vamos a darle celos.

–          ¿Celos? ¿Con quién?

–          Tu conmigo.

Hyuk le dejó unos momentos a su hyung para que asimilara la idea.

–          Bueno, supongo que puede hacerse…

–          No te preocupes hyung, yo me encargo, tu sígueme el rollo – respondió alegremente. mientras le pasaba un brazo por los hombros para acercarle más a él – Aquí viene – le susurró al oído.

–          Ah, Taekwoon-ah, ¿Dónde estabas? – le dijo Hongbin haciendo un esfuerzo sobrehumano para no levantarse corriendo para ir a su lado y quedarse medio recostado en Sanghyuk.

Él no se molestó en responder (tampoco esperaba que lo hiciese sinceramente) sino que se sentó al otro lado de Hongbin y apartó el brazo de Hyuk bruscamente, sin dignarse ni tan solo a mirarle mal. Si lo hubiera hecho habría visto a su primo aguantándose la risa con poco éxito mientras miraba a Hongbin con cara de “te lo dije, ¡mira que obvio que es!”. Este intentó hacer como si no lo hubiera visto y se acercó casi imperceptiblemente a Taekwoon, quedando tan cerca que casi notaba el calor que desprendía su cuerpo. “Es solo posesivo porque soy su mejor amigo, ya esta, nada más” se repetía, aunque todas las fibras de su cuerpo le gritaban lo contrario. Hyuk todavía se reía más al ver la cara de concentración absoluta que ponía hasta que Hogbin, harto de sentirse observado, le pegó disimuladamente para que se callara antes de que llegara a ponerse rojo como un tomate.

Esta vez el menor no se escapó de la mirada asesina de su primo que le daba dos opciones: o te vas tu, o me voy yo.

Así que optó por la opción más…emocionante. Se fue, pero llevándose de la mano a Hogbin con la primera excusa que le vino a la cabeza.

– ¡Hyung! Ahora que me acuerdo, ¡me han regalado el Super Hero 3 para la PSP! Ven, ¡te lo enseño!

Y huyó escaleras arriba arrastrándole sin que este tuviera tiempo de quejarse o tan solo darse cuenta de lo que estaba sucediendo antes de encontrarse a solas con él en la habitación de los invitados.

– Hyuk, ¿que ha sido eso?

– ¿Tu que crees?

– P-pero se va a enfadar…

– Hyung, esa es la idea, que se ponga celoso y se enfade

– ¿No aprecias tu integridad personal?

– No mucho, y confío en que no llegará a romperme ningún hueso – respondió despreocupadamente mientras sacaba la PSP – Ven, siéntate! Es genial, el diseño de los personajes ha mejorado un montonazo y…

Al final la idea de ver el nuevo juego que todavía no había podido probar fue más fuerte que el instinto de supervivencia y la preocupación de haber dejado a su amigo solo y con cara de muy mala leche y se sentó en la cama al lado de Hyuk, volcándose de pleno en el videojuego.

 

Media hora después Hogbin desistió de intentar concentrarse en el juego cuando solo podía estar pendiente de la puerta y el reloj.

– Hyuk-ah, deberíamos volver, no creo que venga…

– 10 minutos máaas.

– No, vamos, llevamos ya media hora.

– Esta bien… – dijo con un suspiro y guardó el juego con la misma actitud con la que alguien le colgaría el teléfono a su pareja después de semanas sin hablarse.

– Pff drama queen… – se burló el otro

– ¡Yah!

– Eh ¿que es ese tono? ¡soy tu hyung!

 

Taekwoon contaba por tercera vez las bolas del árbol de Navidad del vestíbulo, revisando otra vez que estuvieran correctamente colocadas, al final tenia que admitir que había quedado bastante bien aunque no le hubieran dejado hacer las cosas a su manera, sus hermanas se ponían en plan totalmente dictador cuando se trataba de decorar la casa.

Llevaba ya 23 minutos esperando en las escaleras a que Hogbin y su primo bajaran, sabía que estaban arriba en alguna de las habitaciones pero no iba a subir a buscarles, parecería demasiado… dependiente.

Finalmente oyó las voces y las risas de los dos bajando por la escalera. “Parece que se lo pasan muy bien juntos…” todo el asunto empezaba a ponerle de muy mal humor.

– Ah, Takewoon-ah – Hogbin se quedó parado delante suyo, sorprendido, sin saber muy bien que decir.

Taekwoon no sabía tampoco exactamente que decir, lo que estaba seguro era que, fuera lo que fuera, no iba a decirlo muy alto para que lo oyese el aprovechado Hyuk, necesitaba que Hongbinnie estuviese mas cerca. Así que le cogió de la chaqueta para acercarle más a él.

– Habeis tardado mucho… – dijo finalmente, tan flojo que si no prestabas atención probablemente no podrías oírlo.

Hogbin sonrió.

– Lo siento hyung, nos hemos entretenido jugando.

La sonrisa de Hogbin era enorme, preciosa, pero sobretodo, le marcaba los hoyuelos. Taekwoon tenía debilidad por esos hoyuelos y no pudo evitar sonreír. Una sonrisa pequeña, muy breve, pero que en su cara eternamente seria destacaba como una señal luminosa gigante.

– Ooh ¡Taekwoonie hyung! ¡Has sonreído! – dijo Hyuk apareciendo de repente y cogiéndole los mofletes a su primo mientras tarareaba alegremente “Sonríe sonríe sonríeee”

Apenas unos segundos después Takewoon le había saltado encima y Hongbin intentaba pararle mientras Hyuk huía riendo, confiando en la fuerza y la influencia de su amigo para detener a su primo cuando se ponía en modo destructor.

– Vamos Won-ah, déjale, déjale.

Finalmente dejó de intentarlo pero se mantuvo con su mirada de “Vuelve a acercarte a mí y sufrirás” así que Hyuk optó por mantenerse prudentemente alejado, por lo menos, los próximos 30 minutos.

 

– ¡Chicos, venid aquí a ayudar!

La voz de una de las tías mayores de la familia cortó la tensión del momento y se dirigieron inmediatamente al comedor para recibir ordenes.

– Id a la sala de al lado y traed las sillas plegables, venga.

Taekwoon les guió, cogió dos y se las llevó al comedor pero cuando Hogbin cogió dos más se dio cuenta de que no eran tan ligeras como parecían, pero no iba a ser menos, así que se las recolocó bien debajo los brazos y salió de la sala con pequeños pasos.

A medio pasillo se encontró con su amigo que volvía de la sala pero en lugar de dejarle pasar se le quedó mirando, miró sus sillas y sin decir nada se las cogió y las llevó él al comedor.

– ¡Yah! ¡Puedo llevarlas!

Hogbin se sentía abochornado de que precisamente él viera hasta que punto era débil.

– Dejando el trabajo duro para los hombres ¿eh?

Uno de los tíos de Taekwoon dijo desde su espalda con una sonrisa burlona. Hongbin iba a responder pero se dio cuenta de que no sabía como.

– Vamos, no seas así con el chico – intervino su mujer y él sonrió agradecido – ya se sabe que eso es lo que hacen las esposas.

Y se fueron de allí riendo, dejando a un Hogbin entre perplejo, indignado y profundamente avergonzado.

Cuando volvió de su último viaje de traer sillas Takewoon le encontró todavía allí, con cara de disgusto y de mal humor.

– ¿Estas bien?

Hogbin salió de su burbuja de mal humor al oír su voz llena de preocupación.

– Ah, sí hyung, no es nada. Gracias por ayudarme con las sillas.

Takewoon solo se encogió de hombros mientras le seguía en dirección al comedor pero el sabia que eso era lo más parecido a un gracias que probablemente diría.
Cuando llegaron a la mesa todo el mundo estaba ya preparado, las niñas en un lado, cerca de su madre, los tíos por parejas… cada lugar señalado con unos carteles que habían hecho las niñas, decorados con dibujos y letras de colores. Ellos tenían 3 lugares en una de las puntas “Taekwoon – Hogbin – Sanghyuk” de forma que Taekwoon no estaba al lado de ninguna de sus primas o hermanas ruidosas sino entre nadie y Hogbin, siempre había sido así. Pero cuando Hyuk se había sentado ya y Hogbin iba a sentarse a su lado Taekwoon le cogió del brazo y le hizo sentarse en su lugar, sentándose él en medio.

Nadie dijo nada pero su tía Dasom, sentada justo delante suyo, sonrió mientras se lo comentaba al oído a su marido que estaba más preocupado de que le trajeran su cerveza sin alcohol.

 

La cena transcurrió sin demasiados incidentes, con varios monólogos de los adultos contando sus preocupaciones y cotilleos varios. Que si a su hijo le habían dado trabajo, que si estaba buscando una casa con jardín para ir los fines de semana, que si el nuevo jefe era un maleducado…

Hasta que hubo un momento en que las conversaciones empezaron a degradar, ayudadas por el alcohol y la alegría de la reunión familiar.

– Ay.. los amores de juventud…. – se lamentó el tío mas joven después de terminarse otro vaso de soju, observando a Nayeon (la hermana mayor de Taekwoon) y Wonsik, acaramelados un poco en su mundo.

– Pero que dices DooJin-ah, si todavía eres joven! No eres más que crio que se lamenta como un viejo – replicó una de sus hermanas

– Que va, que va… además, yo solo soy un solterón y estos dos ya llevan…  ¿cuantos años has venido ya?

– Este es el tercero… – respondió Wonsik, un poco intimidado por el cotilleo repentino.

– Pues… ¡pues yo también tengo novio!  – interrumpió de repente la sobrina más pequeña con su voz de pito – ¡se llama Minwoo y hace una semana que salimos! ¡Y nos vamos a casar!

– Ala, que dices Jiyeon, solo tienes 5 años. Todavía eres demasiado pequeña para tener novio – le replicó su hermana Hwangyeon con cariño mientras todos reían de su ocurrencia.

– Aaaah…. ¿entonces tu si que puedes unnie?

– No, ella también es demasiado pequeña – intervino su madre –  tienes que esperarte por lo menos hasta que seas tan mayor como Taekwoon.

– Oh, oppa, ¿tu tienes novia? – se giró hacia él muy contenta e interesada repentinamente, mirándole con expectación.

Hubo unos segundos de silencio y de repente toda la mesa empezó a reír con más o menos disimulo. Hogbin no entendía porque pero le dio muy mala espina, no le gustaba nada por donde estaba tirando la conversación.

– Pero que dices renacuajo, ¡si se ha traído al novio!

– Aunque con este pelo podría hasta ser su novia.

Con los comentarios de los cuñados ya todo el mundo estalló en carcajadas mientras Hogbin se debatía entre huir corriendo, meterse debajo de la mesa como hacía Taekwoon cada vez que se moría de vergüenza o dejarse llevar por una risa histérica.

– Binnie – notó el familiar tirón en la manga – ¿que ha pasado?

Taekwoon le miraba buscando una explicación pues o no lo había entendido o simplemente estaba demasiado ocupado en sus cosas para atender a la conversación y no había oído nada. No sabia que opción era la peor, pero estaba claro que ÉL no iba a explicárselo. Simplemente optó por mirar fijamente su plato mientras Hyuk, desde el otro lado de Taekwoon, se reía y le lanzaba miradas de cachondeo.

Por suerte Taekwoon al ver que no se lo explicaba no buscó alguien más sino que simplemente ignoró el tema y volvió a abstraerse de la conversación.

Lentamente las risas fueron desapareciendo y se transformaron en simples miradas de soslayo hacia ellos dos, aunque los únicos que se daban cuenta eran Hogbin (muy a su pesar) y Hyuk, que no perdía la oportunidad para lanzarle miradas que decían “¿Ves cómo lo sabe todo el mundo? Si es que sois obvios”” y “Te lo dije”.

 

Una vez todo el mundo había terminado de comer y parecía que los ánimos estaban más calmados la madre volvió de la cocina con una enorme ensaladera de frutas variadas.

– ¿Alguien quiere fruta?

Hyuk saltó gritando

– ¡Hogbin quiere un plátano!

– ¡Y con nata! – añadió el tío Jiwoon

Toda la mesa volvió a estallar en carcajadas y Hogbin enterró la cabeza entre los brazos.

– No sabia que te gustaran tanto los plátanos Binnie

El comentario de Taekwoon, totalmente sincero e inocente probablemente, hizo que las carcajadas se multiplicaran hasta el punto en que Hyuk casi se atragantó con el agua mientras varios de los adultos le mandaban miradas de complicidad. Hogbin solo respiraba hondo.

 

Ya llevaban un buen rato de sobremesa cuando la madre de Hyuk, la tía YooRa, sacó su cámara de fotos y empezó a retratar a la familia entera, pillándolos de infraganti o pidiéndoles que posaran en pequeños grupos.

– Eh, hagamos una foto familiar decente.

Todos se levantaron con más o menos prisa para colocarse en un lado de la sala, ordenándose por parejas, hermanos, alturas… Una vez hechas 4 o 5 para asegurarse de que nadie salía con los ojos cerrados o demasiada cara de borracho pasaron a las fotos de grupos pequeños.

– ¡Ahora una solo las mujeres de la familia!

Todas se recolocaron mientras los hombres se apartaban detrás de la fotógrafa.

– Eh Hongbin, deberías ponerte tu también ¿no?

– No, que todavía no es oficialmente de la familia.

Otra vez las familiares carcajadas y el enorme bochorno de Hongbin. Empezaba a odiar a sus tíos… osea, a los tíos de Taekwoon, que no eran sus tíos, “Aun…”.

– Vamos, basta ya, déjale tranquilo un rato – le defendió la madre.

Pero esta vez Taekwoon si que se dio cuenta de lo que pasaba y frunció el ceño con disgusto.

– No les hagas caso.. – dijo con un tono mucho más tierno de lo normal mientras le estiraba de la chaqueta para que se acercara a él de forma que quedara justo detrás suyo, como protegiéndolo del resto del mundo, como si fuese su escudo.

– Igualmente…creo que me voy a cortar el pelo.

Takewoon se giró negando con la cabeza.

– A mi me gusta

– Taekwoon-ah, parezco una niña.

Él alzó la mano hasta su cara y le cogió un mechón de pelo, acariciándolo.

– No lo pareces, solo te tienen envidia porque eres más guapo que ellos.

Hongbin notó como toda la sangre de su cuerpo subía de golpe a su cara y su corazón latía a mil por hora, olvidándose de todas las burlas y los comentarios que había recibido esa noche. No dijo nada. Tampoco sabía que decir sin ponerse a tartamudear y temía que se le escapara alguna tontería como “Tu lo eres más” así que simplemente calló y sonrió avergonzado.

– Eh, eh – llamó la atención la tía Junhye – ¿a que no sabéis como se meten 4 elefantes en un Mini? ¿eh? ¡Pues dos delante y dos detrás!

Nadie se rió, solo ella, mientras volvía a rellenar su vaso de vino.

– Noona, deja el vino, ya has bebido suficiente.

– ¿Y tu que sabes? – respondió de forma borde a su hermano pequeño – lo que pasa es que no entendéis mi sentido del humor porque sois unos aburridos. Este si que es bueno… ¿como metes un elefante en la nevera en tres pasos?

El resto de la familia tampoco respondió pero algunos volvieron a sentarse viendo que iba para largo.

– Pues fácil – se respondió a si misma – Abres la nevera, metes el elefante, cierras la nevera

Esta vez las pequeñas si que lo entendieron y rieron, contentas de ver que auguraba una buena sesión de chistes.

– ¿Y una jirafa en cuatro pasos? – les preguntó directamente a ellas.

– ¡Yo lo se! – respondió Hwangyeon contenta – abres la nevera, sacas el elefante, metes la jirafa ¡y cierras la nevera!

Las tres rieron mientras el resto ponían cara de resignación.

– Cuenta uno tú, ¡tío Jiwoon! – le pidió Hyuk.

– Esta bien… – aceptó sentándose en uno de los sillones  – A ver… Hay un manicomio y el director entra en una de la salas y ve a un paciente colgado del techo. “¿Pero que hace allí colgado?” les pregunta al resto “Se cree que es una luz” “¡Pero bajadle!” “No, que nos quedamos a oscuras!”

Esta vez la carcajada fue más generalizada y todo el mundo terminó de aposentarse en los sillones y sofás.

– Va, ahora yo – dijo la tía GaYoon.

-Vigila ¿eh? – le advirtió su cuñada, la madre de las niñas.

– Sí, sí.. – respondió con una sonrisa no muy tranquilizadora – “Mamá, mamá, quiero galletas” “Pues coge una” “¡Pero no tengo manos!” “Aaaah, no hay manos no hay galletas”.

La sala se sumió en un silencio sepulcral excepto por ella misma, Hyuk y una de las hermanas de Taekwoon, SangMin.

– ¡Unnie, hay niñas en la sala! ¡Nada de chistes gore!

– Oh venga, eres una aburrida, pero ha valido la pena.

GaYoon se recostó otra vez en el sofá, satisfecha de por lo menos haber podido soltar uno.

– Va, otro, otro – Jiwoon empezaba a animarse – “Mamá, mamá, en el cole me llaman marica” “¿Y tu que les dices?” “¡Les pego con el bolso!”

Todos rieron, aunque Hongbin y Hyuk con menos entusiasmo que antes.

– No, no vamos a seguir por allí – les cortó la madre un poco cansada del tema – Jiyeon, Hwangyeon, ¿Porque no nos recitáis vuestro poema de Navidad?

– ¡Sí!

Se levantaron todas contentas y el resto de la familia olvidó los chistes, encantados durante un buen rato con las poesías y villancicos de las pequeñas que estaban radiantes al lograr la atención de todos los adultos.

– Muy bien niñas, habéis estado geniales – las felicitaron sus padres mientras volvían a sentarse en las almohadas del suelo.

– Taekwoon, ¿Porque no nos tocas algo? – sugirió su padre mientras abría la tapa del piano.

Este negó con la cabeza, no tenía ninguna intención de actuar delante de toda la familia y aún menos después de la noche que le estaban haciendo pasar a Hongbin. Porque puede que no prestara mucha atención a sus tíos ni participara demasiado en las conversaciones, pero cuando se trataba de Hongbinnie si que se fijaba y no le gustaba nada las caras que le había visto poner.

– Vamos, esa que tocabas el otro día… era muy bonita – oyó la voz de Hongbin justo en el oído, tan cerca que casi notaba su aliento, mientras este posaba su mano encima de su pierna, con un mudo “Por favor”.

Pero si se lo pedía él…. Bueno, no podía negarse. Así que se levantó y se sentó delante del piano, transformándose en alguien completamente diferente como cada vez que tenía que actuar delante de un público. Se volcaba en la música, ponía todo el alma en ello.

Tocó durante 20 minutos sin que se oyera ni una sola mosca en la sala con todos los ojos fijos en él. Bueno, menos los de Hyuk, que se deleitaba con la cara que ponía Hongbin al verle tocar.

 

Despues de la actuación de Taekwoon los ánimos se habían calmado completamente y se quedaron charlando en grupitos mientras la menor de las hermanas iba a la cocina a buscar los postres dulces que habían preparado junto con su madre mientras algunos preparaban el champagne para celebrar la entrada al año nuevo.

– ¡Tachaan! – dijo Minyoung apareciendo con dos platas, una llena de turrones y la otra llena de unos pastelitos que había hecho ella. De un color rosa pálido y con forma de corazón.

– Ooh ¿los has hecho tu? Que manitas eres cielo.

– ¡Que buena pinta Minyoung!

– Pff, que mariconada…

– ¡Jiwoon! – le reprendió Dasom, con una mirada que decía “Basta de chistes homosexuales, que Hongbin ya ha tenido suficiente”.

– ¡Oh que bonitos! – Hongbin se levantó para verlos mas de cerca, encantado, sin ser consciente de las miradas que suscitaba. Esta vez nadie rió pero Jiwoon miró a Dasom con cara de “¿Ves? Ya lo decía yo bien, es una mariconada”

La plata fue pasando de comensal a comensal sin más incidentes hasta llegar a los chicos. Hyuk no cogió ninguno con la excusa de que parecían demasiado dulces y, como Taekwoon no le estaba prestando atención, se la pasó directamente a Hongbin, que después de pensárselo un poco escogió uno y le dio un mordisco.

– Hmm estan muy buenos, ¿No quieres uno Taekwoon-ah?

Este le miró, se miró la plata y finalmente le cogió la mano y dio un mordisco al que todavía sujetaba Hongbin, masticando mientras analizaba el sabor. Asintió como para dar su aprobación y paso la plata al siguiente, intentando hacer como que no veía la cara de tonto que se le había quedado a Hongbin que todavía miraba fijamente el pastelito; hasta que se dio cuenta que se había quedado empanado y se lo terminó de un bocado.

“Que mono”.

El pensamiento pasó veloz por la mente de Taekwoon que intento hacer como si no hubiera pasado nada, quitándole importancia. “Es algo totalmente objetivo, todo el mundo puede ver lo guapo y adorable que es, no hay nada raro. No hay nada más.” “Olvida las bromas y los comentarios” “Olvida tus celos.”

 

– Eh, hyung – Hongbin dejo de pensar en los labios de Takewoon mordiendo el pastel y se giró para mirar a Hyuk – tienes algo en el labio.

Se pasó la servilleta intentando quitar lo que fuera que se le hubiese quedado.

– ¿Ya?

– No, todavía no.

Y antes de que se la pudiera volver a pasar Hyuk pasó su brazo por delante de Taekwoon hasta llegar a Hongbin y quitarle el trozo de dulce que se le había quedado en la comisura del labio.

Hongbin se quedó helado en su sitio mientras Hyuk volvía satisfecho a su asiento, para inmediatamente levantarse e “ir a ayudar a la cocina”, justo a tiempo para evitar que, por los pelos, el puño de su primo le cogiera del jersey con intención de, como mínimo, intentar asesinarle.

– ¡Won-ah! ¡Para de agredir a Hyukkie!

Esta bajo el puño pero se quedo sentado muy tieso, esperando a tener otra oportunidad, otra provocación. “¿Hyukkie?” “Cuanta confianza”.

– Además, ¿porque te pones así?

No era una pregunta retórica, era una pregunta que exigía una respuesta. Si eso eran celos de verdad y sentía algo por él ¿porque no se lo decía? y si solo eran amigos ¿que sentido tenía que se pusiese así?

Pero Taekwoon no respondió, no le miró, así que Hongbin se levantó y se fue a la cocina a ayudar también, decidido a hacerse el duro hasta que Taekwoon le diera por explicarse. Porque sabia que podía, porque solo hablaba cuando era necesario pero entonces lo hacía de verdad.

Taekwoon se quedó allí, sentado, pensando, jugando con Buyo que había bajado a reclamar algo de comida y mimos. Hongbin estaba enfadado con él y eso no le gustaba, pero no sabia como solucionarlo. No podía explicarle algo que él mismo tampoco acababa de entender. Tenía todo el derecho del mundo a ser un poco posesivo con él ¿No?. “Binnie es mío.”

 

– ¡Eh! ¡Son menos diez!

Con el grito de Sangmin todos volvieron corriendo al comedor, encendieron la TV y las parejas se buscaron mutuamente para estar cerca, para el beso de Año Nuevo.

– Minyoung, ve a buscar a Nayeon y Wonsik, estarán por allí dándose el lote.

– ¡Sangmin, ese vocabulario!

– Sí mamá…

Enseguida volvió Minyoung arrastrando a la pareja que tenían cara de haber sido interrumpidos en un buen momento, sobretodo por la cara de incomodidad de la hermana menor.

Taekwoon buscó con la mirada a Hongbin y a su primo, no estaban allí. Faltaban apenas un par de segundos, ¿donde podían estar?

Una

Sonó la primera campanada y no estaban allí, así que salió corriendo del comedor a buscarles, probando la cocina y los baños sin encontrarles.

Dos

Les encontró, hablando en el recibidor. Hongbin parecía nervioso o alterado y Hyuk, como siempre, profundamente divertido.

Tres

“¿Porque están tan cerca? ¿de qué hablan?”

Cuatro

Hyuk le vio ya que estaba de cara a él, Hongbin de espaldas. Hyuk se le acercó todavía más, mirando a Taekwoon desafiante.

Cinco

Le susurró algo al oído mientras ponía una de sus manos en la cintura de Hongbin.

Seis

“No, no le toques. Es mío”.

Siete

Se aceró corriendo a ellos, furioso. No solo con Hyuk por quitarle su tiempo con Hongbin, con él también, por haberse enfadado con el, por haber escogido pasar demasiado tiempo con Sanghyuk.

Ocho

Cogió a Hongbin por los hombros y le acercó a él, separándoles. Hervía de rabia.

Nueve

Apartó a Hyuk de un empujón, sin importarle que cayese encima de las escaleras y tuviera cara de haberse hecho un buen morado.

Diez

– ¿Q-que? Taekwoon-ah…

Once

– Eres mío, deberías mirarme solo a mí.

Doce

Y le besó. Cogió su cara entre sus manos y le besó tierno, suave, pues era la primera vez de ambos y en ese beso había todo lo que no se atrevía a decir, lo que no sabia como poner en palabras. Todos esos sentimientos que Hongbin necesitaba conocer y que él necesitaba que Hongbin supiera.

Se separaron al cabo de unos segundos. Hongbin totalmente sonrojado, con la respiración acelerada, embobado sin apartar la mirada de Taekwoon, que seguía con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente. Al cabo de unos momentos él también abrió los ojos y cuando Hongbin iba a hablar… les interrumpieron unos estruendosos aplausos.

– ¡Ole! ¡ya era hora!

– ¡Felicidades!

– Ooohhh pero que monos…

Toda la familia estaba en la puerta que daba al comedor observándoles y aplaudiendo estruendosamente mientras Hyuk iba corriendo a buscar la cámara de fotos de su madre.

Les habían visto. Taekwoon se frustró, tenía cosas que decir a Hongbin y no iba a hacerlo para nada delante de toda esa gente.

Así que le cogió de la mano y se lo llevó escaleras arriba para encerrarse en su habitación, básicamente porque había pestillo y sabia que así nadie les iba a interrumpir hasta que terminasen de hablar.

Se metieron dentro, cerró la puerta con pestillo y se giró para quedar cara a cara con Hongbin, que le miraba nervioso y expectante. En su mente solo tenia claras dos cosas: quería volver a besarle y declarase como Dios manda. Pero antes de que pudiera decir nada Taekwoon se volvió a girar, cogió el bate de beisbol, abrió la puerta y amenazó a todos los que estaban pegados a ella intentando escuchar: sus tres hermanas y Hyuk, obviamente.

Una vez expulsados los intrusos volvieron a quedar en silencio, cara a cara, a apenas un paso de distancia. Hongbin no podía esperar más así que, por primera vez, se decidió a dar el primer paso.

– Taekwoon-ah yo… ¡me gustas! Mucho, desde hace mucho tiempo…

Bajó la mirada enseguida, incapaz de mantenerle la mirada mientras esperaba una respuesta. El beso hablaba bastante por si solo pero… necesitaba oírlo con palabras, saber que no era una broma ni un sueño ni un impulso repentino.

– Binnie… creo.. que a mi también me gustas…

Levantó la mirada de repente, sin poder creer del todo lo que había oído. No era un sueño, Taekwoon le quería a él, solo a él, y le había dado su primer beso.

– Won-ah… ¿quieres salir conmigo? – preguntó dando un pequeño paso hacia él.

Él le miró a los ojos y simplemente redujo el espacio que quedaba entre ellos de un paso y le volvió a besar. Mucho más fuerte, mucho más pasional, enredando una de sus manos entre el cabello largo del que ahora era su novio y la otra en su cintura, pegándose todavía más a él.

 

Llevaban ya un buen rato sin dejar de besarse cuando Hongbin se separó un poco para mirar el reloj.

– Wonnie, a lo mejor deberíamos bajar aunque sea para despedirnos de tus tios y Hyukkie….

Taekwoon en respuesta le besó otra vez para callarle, irritado de que se preocupara del traidor de Sanghyuk en un momento así.

– En serio, va. Solo un momento y luego ya volvemos a temas más… interesantes. – dijo totalment sonrojado – A mi tampoco me apetece otra ronda de aplausos y bromas pero sino al final va a subir alguien.

– Esta bien…

Taekwoon aceptó a regañadientes, consolandose con el hecho de que luego tendría a Hongbinnie para él solo.

Cuando llegaron a bajo la tía Dasom y su marido ya se habían ido y los padres de Hyuk y los de las niñas se preparaban para irse.

– Vaya, estáis aquí – les saludo la madre del primero – ya pensabamos que tendriamos que irnos sin despedirnos de vosotros.

– Mama, estoy seguro de que tenían cosas mucho más interesantes que hacer – comentó Hyuk mientras se aguantaba una bolsa de hielo en la espalda.

– Hyukkie ¡¿que te ha pasado?! – dijo alarmado Hongbin al darse cuenta.

– Nada, las escaleras, que están un poco duras.

Entonces ató cabos.

– Jung Taekwoon, eres un bruto, disculpate – ordenó a su novio entre enfadado y resignado.

Este se lo pensó unos segundos antes de hablar, tan bajito como siempre y en el fondo un poco arrepentido pues Hongbin se lo habia explicado todo.

– … Lo siento

– No importa hyung, ha valido la pena.  – respondio sonriente – Bueno, nos vamos ya, buen año a los dos, ¡nos vemos!

– Feliz Año Nuevo Hyukkie y… gracias por todo.

– ¡Ha sido un placer!

Se despidieron de toda la familia menos de las niñas, que ya dormían en brazos de sus padres y una vez excusados de ayudar a recoger volvieron a su habitación.

– Ha estado bien pero… creo que el próximo Año Nuevo prefiero no pasarlo con tu familia…

Él rió levemente, abrazandole por la espalda y apoyando su cabeza en sus hombros.

– Hm, solo tu y yo.

 

 

Don’t let me fall

Categoria: Oneshot Yaoi

Personajes: VIXX 

Pairing: Navi (N+Ravi)

Inspirado en la canción de On and on (más bien en un paso de la coreo, segundo 2:30 aprox) 
Utilizo los nombres reales, Cha Hak Yeon (N) y Kim Won Sick (Ravi) (para evitar confusiones y eso…) 

 

 

Es solo un paso, un simple paso de todos los que tenemos que aprender. Pero me obsesiona, me supera, no soy capaz de seguir pensando como un ser humano después de eso…
Pero claro, él también tiene la culpa. Porque el paso en si… Bueno, no hay para tanto, pero la forma como me mira al hacer eso… La mirada despectiva, de infinita superioridad, seductora, indiferente, con esas lentillas claras (hoy tocan azules), y con un brillo de lujuria que me hace pensar que este paso se le hace tan incomodo como a mi.
Y es que la presión de su mano sobre mi cuello, empujándome hacia abajo, para que quede de rodillas junto a él. Una imagen de él a una altura muy interesante, digamos que la altura perfecta para tener unas buenas vistas, y como además el paso anterior es sugerente para los dos digamos que mis vistas son aun mejores, y mayor mi problema.

Y claro, después de eso sigue bailando, ale, como si no hubiera pasado nada… Es casi imposible. Pero claro, tampoco es plan de pillarle ahí mismo, frente a todos, arrancarle los pantalones y chuparle todo, mas bien no… No sería una buena forma de salir del armario.
Pero no me faltan ganas. Para nada.
Por suerte (o por desgracia) como ya se lo que viene puedo prepararme mentalmente para eso, para que no me afecte tanto. Resultado, no me sale ni el paso siguiente ni el anterior. ¿Cómo voy a rapear cuando lo único que tengo en mente es que otra vez se pondrá delante de mí con su mano en mi clavícula, empujando hacia abajo…?

Hongbin termina su trozo, me levantan del suelo y ya me pongo nervioso. “concéntrate en cantar, concéntrate en cantar…”. Todos giran a mí alrededor, avanzando y retrocediendo, y cuando él pasa por delante levanto mi mano y le cojo de la chaqueta, tirando de él hacia atrás, obligándole a retroceder, y N me mira de reojo, sonríe de lado y se relame los colmillos. Se disparan mis hormonas, ahora mismo saltaría sobre él y le enredaría su lengua con la mía, me lo comería entero, morderle esa piel perfecta, tirarle de los cabellos plateados, hacerle gritar. Ah…

Pero no, suéltale y sigue rapeando, y entonces se para frente a mi, y siento las manos de todos en mi cuello, pero solo me importa la suya, que me quema al contacto, que me pone todos los pelos de punta y me hace jadear.
Empujan hacia abajo, y yo caigo de rodillas, la hebilla de su cinturón justo frente a mi cara, plateado sobre negro. No puedo, no puedo seguir… Mi boca se llena de saliva, necesito morder algo…

Levanto la cabeza y miro al techo, respiro, y siento su mano tensándose, un leve temblor.
Saltan, se apartan, y yo recuerdo un segundo tarde que tengo que saltar también.
Y claro, sigue bailando como si nada, sigue moviéndote, saltando, y no fijes la mirada en ese sugerente movimiento de caderas…

Al fin en los vestidores, a salvo. Me derrumbo sobre una silla y escondo la cabeza tras una toalla mojada, a ver si me refresca las ideas.
– ¿Tan cansado estás? – me pregunta riendo.
Respondo sin mirarle.
– ¿Cansado? Destrozado… – levanto la cabeza y le miro a través de un pliegue de la toalla blanca – Aunque tengo energías para mucho más…
Se sonroja un poco, nada que el maquillaje no disimule, y sonríe de una manera muy sugerente.
– Bueno, aún tenemos una hora y pico hasta que nos busquen…
Mi cuerpo se tensa, me falta el aire, jadeo, la boca se me llena de saliva otra vez. Ni siquiera respondo, aprieto la toalla mojada contra mi sien, intentando que me calme, que me calme lo suficiente como para ponerme en pié, agarrarle el brazo y arrastrarle al lavabo, lejos de los demás miembros que pululan por la sala.
Cierro la puerta tras él, le empujo contra ella atrapándole, sin tocarle, pero tan cerca…
Hace calor, demasiado, mi cuerpo tiembla y no puedo respirar. Él sonríe, lujurioso, y yo le sonrío también de lado, ambos jadeando, ambos temblando.
– No puede ser que siempre terminemos igual…
– Habrá que quejarnos al coreógrafo… – se ríe – “oye, quita ese paso que mi novio se pone demasiado cachondo y siempre terminamos en los baños…”
Me río también con él, pero no dura mucho, no aguanto más, me pego a él y devoro sus labios, ansioso.

Tiramos las chaquetas de ambos en algún rincón perdido, desabrocho su camisa y él la mía, se me resiste el nudo de la corbata y lo dejo por inútil, perdiéndome entre sus abdominales y el tacto de su piel suave.
Su cuerpo ardiente se adapta al mío, le acaricio de forma frenética, queriendo sentir toda su piel contra la mía, queriendo llegar más hondo en su boca. Luchan nuestras lenguas y se mezclan nuestros jadeos cada vez más seguidos, el roce de sus labios, el sabor de sus besos…
Bajo mis manos a su trasero, aprieto, y suspira, clava sus dedos en mis hombros, hecha la cabeza atrás, y salto a devorar su cuello, sintiendo el latido acelerado de la sangre en su piel.
Su mano resigue mi hombro y se posa sobre mi cuello, apartándome. Me mira a los ojos unos segundos, ambos llevamos aún las lentillas azules. Sonríe, jadeando, y relamiéndose me empuja hacia abajo.
– Hacía tanto que quería hacer eso…
Bajo lentamente, sin perderme un detalle de su cuerpo, y al llegar a su cinturón esta vez no me contengo, lo arranco de un tirón dispuesto a hacerle mío. O esa es mi intención, porque tiemblo, y se me enredan los dedos en la hebilla, y me pongo nervioso.
Al fin consigo desnudarle, le acaricio suave y levanto la cabeza para mirarle a los ojos una última vez.
– Sabes que no seremos capaces de hacer este paso en el escenario otra vez ¿no?
Se ríe, y su risa se transforma en gemidos en cuanto rozo su piel con mis labios, con mi lengua, con mis dedos, con mis dientes… Le deseo, y voy a devorarle entero. Deseo que gima, deseo que tiemble, deseo que se estremezca, que grite mi nombre, que me desee también…
Enreda sus dedos en mi cabello fuego, jadea, mientras yo cubro con las caricias de mi lengua toda su entrepierna hinchada, demasiada excitación, demasiado calor, demasiada tensión.
– Wonnie…
Su gemido, mezclado entre jadeos y quejidos, casi no se oye, pero resuena en mi mente con fuerza, y respondo a su llamada, a sus manos que tiran de mi cabello hacia arriba. Vuelvo a ponerme en pie, nos miramos, jadeantes, y salta a mis brazos para besarme de nuevo.

Aprieta mi cuerpo con fuerza contra el suyo, sin dejar ni una gota de aire entre nosotros. Puedo oír su respiración acelerada, el latido de su corazón, puedo oír sus quejidos, el sonido de nuestros besos, puedo sentir su piel ardiente, su mano bajando por mi pecho hasta colarse entre mi ropa.
Es demasiado intenso, la ardiente oleada de electricidad, placer en su estado puro que me golpea, me deja sin respiración. No puedo seguir besándole, me separo, jadeando para recuperar el aliento, y él aprovecha para atraparme a mí contra la pared y juguetear con mis partes, mordisqueando mí oreja, riéndose…
– Estás perdido…
– Tú… me pierdes…
Jadeo, intentando sobreponerme, intentando dominarle otra vez. Agarro su nuca y estampo mis labios en su boca. Nuestras lenguas vuelven a enredarse y sus caricias disminuyen por la distracción. Bajo de nuevo mis manos y le acaricio yo a él, ahora la distracción es completa, vuelvo a dominarle.
Rodamos, acariciándonos mutuamente, luchando por mantener el control, por recuperarlo, por atrapar al otro contra la pared, por liberarnos del agarre, susurrando nuestros nombres, besándonos, perdiéndonos en las caricias del otro, saboreándonos…
Y el placer es cada vez más intenso, tanto que parece que no voy a resistirlo, que mi propio corazón va a ahogarme de tan fuerte que late.
– Wonnie…
– HakYeon…
– Tómame… Ya…
Su petición no admite réplica, ni yo tengo la voluntad para negarme, más bien me consume el deseo…

Bajo sus pantalones, me pego aún más a él y acaricio su trasero, apretando con fuerza. Él enreda sus piernas en mis caderas mientras mis dedos, untados de saliva, tantean su piel. Encuentro su entrada, ni siquiera tengo que dilatarle, está tan excitado que parece que su cuerpo me estuviera esperando, y su cuerpo me recibe de forma deliciosa, con un profundo gemido que resuena en mi mente llena de deseo.
Empujo una y otra vez, de forma casi frenética, perdido entre sus gemidos, y los míos, y las miles de sensaciones que su contacto me provoca. Su cuerpo ardiente, estrecho, suave, su voz hermosa, y los ojos que me miran fijamente des de detrás de las lentillas azules.

No puedo respirar, me falta el aire, ni siquiera puedo gemir ya. El cosquilleo en todo mi cuerpo, se hace más intenso, el fuego en mis venas me abrasa. Le siento tensarse, los gemidos ahogados por la falta de aire, su expresión contraída, y me dejo llevar por el potente orgasmo. El corazón se me detiene, demasiado placer…
Respiramos, cogemos aire con fuerza y nos quedamos unos segundos inmóviles. Salgo de su cuerpo y nos derrumbamos, caemos al suelo, y me estremezco por el frío de las baldosas contra mi piel ardiente.
Le abrazo, no queriendo separarme de él ni un instante, y él me devuelve el abrazo, aun jadeante, aun ardiente… Nuestras lenguas se enredan de nuevo, somos adictos el uno al otro.
– Algún día… – no le dejo hablar, pego mis labios a los suyos – algún día… – se separa, vuelvo a perseguirle – Ravi, ya… – ríe, me separa.
– Woonie me gustaba más… – murmuro buscándole de nuevo. Me saca la lengua y me mantiene alejado. – ¿Qué decías?
– Que algún día me matarás del orgasmo.
– Eso ni en broma.
No le dejo seguir, vuelvo a besarle, y me devuelve el beso, y nos perdemos entre los labios del otro.
Salimos del baño veinte minutos más tarde, aún colocándonos la ropa.

– Ahí llega la pareja discreta… – murmura Hongbin peinándose (y repeinándose, y arreglándose el maquillaje, y poniendo muecas delante del espejo como habrá estado haciendo la ultima media hora…).
N le saca la lengua, (esa lengua…).
– ¿Para que disimular? Como si no lo supierais todos ya…
Hyuk se ríe, como exasperado.
– Pues yo hubiera preferido no enterarme oíendoos gritar a las 3 e la madrugada…
Ahora nos reímos todos, realmente somos muy poco discretos…
– El día que se enteren las Starlights… – Murmura Ken aun riéndose.
– Ken… – N se acerca a él, le pasa in brazo por el hombro y le sonríe – las Starlights escriben fics sobre esto…
– Cierto!
– Hey Ken… – murmura Leo, ausente hasta ahora, levantando la cabeza del libro. – yo de ti no dejaría que me tocase, a saber donde han estado sus manos…
– Eh! – replica N – que me he lavado!
N le saca la lengua y Leo le ignora y sigue leyendo.
No pasan ni un par de minutos que llega uno de los trabajadores que nos llama para la entrega de premios. Nos ponemos en pie perezosamente y le seguimos.
– Pues se me ha hecho corto… Siempre nos hacen esperar un montón…
– Eso tu, que has estado entretenido… – me replica Leo pasando a mi lado enfurruñado.
N, junto a mi, sonríe de lado.
– ¿Y a ese que le pasa? – le pregunto.
– Que está frustrado. – Responde – Ya sabes, todo eso de estar en contra de la homosexualidad, vírgenes hasta el matrimonio y eso… Es como le han educado y le cuesta aceptar otra cosa…
– Pues tiene que estar pasándolo fatal con nosotros…
N asiente.
– Creo que lo pasa peor con lo que siente el mismo – se ríe – Creo que le mola Ken – me explica mas bajito – Pero vaya, no se nada seguro… No se, igual nuestro ejemplo le ayuda a aceptar-lo. ¿No?
– Igual – murmuro – Entonces nuestra tarea es acostumbrarle a esto y convencerle de que esta bien ¿no? Todo por su propio bien…
– Claro, lo hacemos por él…
Me sonríe, se detiene un instante mirando a nuestro alrededor, comprobando que solo estamos nosotros y los chicos algo mas adelante. Y me besa, rápido y fugaz, pero suficiente para dejarme una sonrisa de idiota en la cara…
Sigue caminando, y yo me quedo inmóvil viéndole alejarse, con los ojos fijos en su trasero, en su cuerpo que se contornea al andar…
Se detiene y me mira.
– ¿Vienes?
Sonrío, asiento, y me acerco a él, respondiendo a su sonrisa.
He caído en sus encantos.

 

SHIROKO

El recuerdo de esa noche

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Libre

ADVERTENCIA: drama

Ante todo recordar que no me gusta escribir dramas… (?) Pero bueno, debía tener un mal dia :S y si, es triste triste, pero creo que tambien es bonito ^^

El recuerdo de esa noche.

Si cierro los ojos aun puedo verlo.

Como te acercaste a mí, esa mirada.

Llevabas un par de copas de más, aunque lo negases.

Recuerdo tus labios dulces, suaves. Besaste mis labios, y mi piel. Te entregué todo mi cuerpo, y tu lo tomaste, igual que tomaste mi alma y mi corazón.

Recuerdo tus dedos en mi cuerpo, el tuyo bajo los míos. El sabor de tu piel, de tus suspiros. Tan dulces, tan embriagadores.

Me sentí lleno de ti, en más de un sentido. Me cambiaste, me hiciste soñar despierto la mejor de las fantasías.

Dormí a tu lado, abrazado a ti entre tus cálidos brazos, y tu rostro fue lo primero que vi al despertar.

Mi ángel, mi sueño, mi amor.

Pero he caído en la realidad.

¿Me amas? No lo creo.

Tomaste mi corazón, que se hizo añicos en cuando lo soltaste.

Mi alma se partió con solo dos palabras tuyas.

“Nunca más” dijiste.

Y te fuiste.

Me dejaste. Me abandonaste, y te llevaste contigo mi amor, mis sueños, mi deseo, mi vida, pues todo te lo había entregado.

Mi corazón roto, mi alma partida y mis ganas de vivir que se fueron por esa puerta contigo, y desaparecieron en el momento en que la cerraste.

¿Y qué voy a hacer yo ahora? ¿Ahora qué te lo has llevado todo y me has dejado aquí, solo, abandonado, y sin nada más que el recuerdo de esa noche?

No puedo olvidarlo.

Tu cuerpo cálido, tu mirada ardiente, tus besos dulces.

Me dijiste que me amabas. Me abriste tu alma. Llenándome de la más pura felicidad. No, de algo aun más poderoso que solo puedo llamar Amor.

Tu amor, que aun siento empujando mi corazón a cada latido.

Jamás debí hacerte eso. Jamás debí atarte a mí. Y aun así no puedo soltarte. Atesoro el dulce amor que me entregaste. Tu corazón, lo guardo conmigo, incapaz de devolvértelo por más que sepa que esto no es lo correcto.

Tampoco puedo ir a buscarte. Ya no.

No puedo atarte a mí.  No ahora, no a ti.

Esa dulce sonrisa. No voy a borrártela.

Esos hermosos ojos. No voy a llenarlos de lágrimas.

A ti, no puedo hacerte daño.

Pero lo he hecho. Y me odio por eso. Odio al mundo, a mi condición y a las cuatro paredes que me rodean, que me ahogan, recordándome a cada segundo mi situación.

Sé que no me espera un destino feliz, pero tú debes vivir por los dos, debes olvidarme y seguir sin mí, porque yo no puedo estar contigo.

Olvídame, vive feliz.

Las lágrimas caen y mi cuerpo maltrecho me duele, pero no más de lo que me duele el alma por lo que te hice.

Nunca debí hacerlo.

Nunca más lo haré.

Debo alejarme de ti. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que las ataduras sean demasiado fuertes, antes de que no haya marcha atrás.

El recuerdo de esa noche me tortura, recordándome una y otra vez lo que nunca debí hacer. Pero también me llena de felicidad. Haber sentido eso al menos una vez. Haber estado contigo antes de que todo termine.

Que egoísta. No dejaré que sufras por mí, por mi egoísmo. Debo ser fuerte, por los dos.

Pero mientras mi cuerpo se rompe y la vida se me escapa con cada aliento me aferro a tu recuerdo. A la luz de tu sonrisa y al sonido de tu voz. Incapaz de olvidarte.

Vive por mí. Se feliz por los dos. Y olvídame.

Tu madre me ha llamado hoy.

Aun me duele oír tu nombre. Aun hace que sienta en mi pecho una punzada terrible. Justo donde debería estar mi corazón. El corazón que te llevaste.

Pero el dolor no es comparable al que he sentido cuando he oído sus palabras. Sus lágrimas. La Profunda tristeza en su voz.

He sentido mi alma romperse en mil pedazos, justo cuando había terminado de pegarlos.

Esto no es posible. No lo es. No puedes abandonarme. No así.

Te necesito.

Y he corrido. Como nunca lo había hecho. Avanzando en enormes zancadas por las calles de esta ciudad que ahora se me antoja sombría. Las lagrimas bañaban mi rostro, aun ahora no se han detenido.

No puedes hacerme esto.

Puedo aceptar que no me ames.

Puedo aceptar que no me quieras ver.

Puedo aceptar que quieras alejarte.

Pero no así.

No puedes irte para siempre, sin darme la oportunidad de seguirte.

He recibido un abrazo asfixiante. Tu madre se aferraba a mi igual que un naufrago a un salvavidas. Se hundirá si tú te marchas.

Yo me quedaré a la deriva. Esperando eternamente que regreses a mi.

Sus brazos me atrapaban con fuerza y sus lágrimas empapaban mi camisa.

Pero la he apartado.

Necesitaba verte a ti. Aunque solo fuese una vez más.

Me he detenido ante la puerta cerrada. Temiendo lo que iba a encontrar detrás.

No puedes irte.

No puedes dejarnos.

No puedes morirte ahora.

Cuando has abierto la puerta mi mundo se ha iluminado.

Eres mi luz. Solo tu recuerdo hace que mi corazón siga latiendo.

Pero no puedo hacerte eso. No puedo dejar que te ensucies con mi oscuridad. Tu luz tiene que seguir siendo pura, ya te he hecho suficiente daño.

Tal vez todo sería más fácil de no haberte conocido. Menos doloroso. Pero no me arrepiento de haberte amado. Has llenado mi corazón como ningún otro había hecho. Jamás olvidare eso. Pase lo que pase.

Pero tú si debes olvidarme. Porque no quiero ser una espina clavada en tu corazón. Debes ser feliz por mí. Por los dos. Olvídame, y haz como si no hubiera pasado nada.

Pero no te has ido. Te has acercado. Cada vez más.

Llorabas. Llorabas por mí. Lo que siempre quise evitar. Pero ya no podía escondértelo. Ya no puedo negar que quiero estar a tu lado. Aunque sea por última vez.

Has venido temblando hasta mí. A pasos lentos. Vacilantes. Probablemente sin creerte lo que veías. ¿Tan lamentable es mi aspecto? ¿Tanto refleja el tormento que siento?

Te has dejado caer de rodillas a mi lado, sin siquiera poder hablar, las lagrimas parecían querer ahogarte.

Y te he sonreído, no quiero que me recuerdes llorando.

No ha sido tan difícil. Tenerte aquí me ha hecho feliz. Tenerte a mi lado. Poder verte una vez más. Aunque sea la última, aunque sea así. Me he dado cuenta de que era lo único que deseaba. Que egoísta.

– No llores. Estoy feliz.

Y tú me miras incrédulo. Aun sin creerte lo que está pasando.

Y sigues sin decir nada. Me abrazas.

Mi cuerpo duele, pero mi alma se siente en el cielo entre tus brazos. Tus lágrimas me empapan.

No puedo devolverte el abrazo. Mi cuerpo no responde. Pero si puedo susurrarte al oído lo mucho que te amo. Lo mucho que lamento esto. Lo que en realidad quiero.

– No me olvides por favor. Se feliz por los dos. Se feliz.

Te has ido. Los enfermeros, vestidos de blanco, te han llevado con ellos. Intentaran salvarte, ¿Lo conseguirán? Tú no consideras que pueda pasar, yo me aferro a esa posibilidad, me perderé si abandono la esperanza de volver a verte, de poder ser feliz junto a ti. No hay otro modo en que pueda serlo.

Nunca lo ha habido.

Y pasan las horas. Segundos que se me hacen eternos como días enteros mientras espero un milagro.

Rezo a todos los dioses que conozco, y a algunos más. Les pido que te dejen quedarte. Porque yo te seguiré a donde quiera que vayas.

No pudo dejar de llorar. Lagrimas ardiente que se abren paso en mis mejillas como ríos de lava. Duele.

Regresa por favor.

Regresa.

No me abandones, te lo suplico.

Un grito desgarrado escapa de mis labios. La más pura frustración.

Caigo de rodillas al suelo, destrozado, consumido por esta salvaje agonía.

¿Cómo puedo estar sin hacer nada mientras otros luchan por salvarte? ¿Cómo puedo estar sin hacer nada mientras tú te enfrentas a tan cruel encrucijada?

¿Qué puedo hacer? Mas que pensar en ti, deseando una y otra vez volver a tenerte entre mis brazos, volver a ver esa dulce sonrisa y esos ojos oscuros, crear más recuerdos como el de esa noche, y mucho mas especiales. Deseo estar junto a ti, para el resto de nuestras vidas, duren lo que duren. Por que cuando tú te vayas mi corazón se irá contigo. Mi corazón, mi amor, mi alma y mi vida que me robaste esa noche son tuyos. Y te seguiré a donde quiera que vayas. Porque te amo, te necesito junto a mí para que mi existencia tenga un sentido. Mi función en este mundo es amarte. ¿Qué hare cuando tú no estés?

Nada, absolutamente nada.

Pero, de momento, no puedo hacer más que esperar.

No quiero vivir en un mundo sin ti.

Poco a poco siento el paso de las horas, como la vida se me escapa, como a cada segundo me alejo más de ti.

Pero no voy a permitirlo. No dejare que eso pase. Quiero vivir, quiero volver a ver tu sonrisa, oír tu dulce voz y sentir, de nuevo, tu cuerpo bajo el mío.

Intentan que mi cuerpo roto reaccione, que mi corazón siga latiendo, intentan retenerme aquí. Y yo me aferro con fuerza a la vida, la vida que, he decidido, quiero vivir junto a ti. ¿Sera posible? Nunca lo he creído, pero ahora… Lo deseo tanto…

¿Podré volver a verte si sigo pensando en ti? Si tu rostro ocupa toda mi mente y no hago más que oír tu voz en mis oídos “no te vayas, vuelve” ¿seré así lo suficientemente fuerte para regresar? ¿Para poder tenerte de nuevo entre mis brazos?

Mi mente es fuerte, y mi amor más. Mi determinación de seguir a tu lado, de no abandonarte ni ahora ni nunca, sea cual sea el motivo.

Pero mi cuerpo es débil. Mi cuerpo está roto.

Ya no siento el dolor, y sé que eso no es bueno. Me siento cada vez más cansado, más pesado, y comprendo que no hay marcha atrás, que todo esto está a punto de terminar.

No, no puedo. Tengo que volver a verte, tengo que besarte por última vez, tengo que oír por última vez mi nombre entre tus labios.

Pero no hay marcha atrás. Esto es el final.

Siento una lagrima caer por mi rostro inerte, y mi último deseo es que seas feliz, aunque yo no esté allí para verlo.

Poco a poco suelto tu corazón, que te robé esa noche y que era lo único que impulsaba al mío a seguir latiendo.

Caigo profundamente en la oscuridad, la noche eterna.

Pero hay luz en esta noche, porque tu recuerdo sigue brillando con fuerza en mi mente.

No me olvides.

No me olvides. Te oigo susurrarme. Siento una suave caricia sobre mi mejilla, y un profundo vacío.

Sé que te has ido, porque el mundo ha perdido su luz en el momento en que tu corazón ha dejado de latir.

Te has ido.

Para siempre.

Me has abandonado.

Nunca volveré a verte.

No grito. No lloro. No gesticulo como loco como hace tu madre cuando le dan la noticia. Solo me quedo quieto. Muy quieto. Tal vez si no me muevo será como si nada hubiera pasado. Si me quedo quieto el tiempo se detendrá, y tu seguirás vivo. Conseguirán salvarte y saldrás de ese quirófano con una sonrisa victoriosa.

No, nunca sonreirás de nuevo.

Nunca volverás a reírte de mis extraños peinados. Nunca volverás a sorprenderme abrazándome por la espalda. Nunca volverás a hacerme pucheros para conseguir lo que quieres, ni a suspirar cuando aun así yo me niego. Nunca volverás a mirarme con esos ojos de cachorrito. Nunca oiré de nuevo tu voz…

Una lágrima silenciosa cae por mi mejilla. ¿Estoy llorando? Qué extraño. No siento dolor. No siento nada. Es como si el tiempo se hubiera detenido. No oigo los gritos ni los llantos, y la gente avanza despacio en este mundo oscuro.

Un mundo en el que tú no estás.

Me cuesta respirar. ¿También se ha ido el aire de este mundo así como la luz? ¿Eras tú mi fuente de oxigeno? No me extrañaría, lo eras todo.

Y ahora… ¿Qué me queda?

Mi luz, mi sol. Este planeta ha perdido su punto de gravedad. Vaga perdido y sin rumbo en el universo oscuro.

No, no puede ser. No es posible un mundo sin ti. No es posible una vida sin ver tu sonrisa de nuevo. Te necesito tanto… Tienes que regresar. Tienes que volver. Y sé que vas a hacerlo, porque yo te necesito. Siempre me has cuidado cuando lo he necesitado. Siempre has estado a mi lado. ¿Dónde estás ahora?

Y de repente siento el dolor. El frío cuchillo clavándose en mí mientras la verdad se clava en mi mente.

No volverás.

Caigo, grito. Te has ido.

Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto.

Alguien me abraza, pero no quiero que me toquen unas manos que no sean las tuyas. Alguien me dirige palabras de ánimo, pero no quiero oír una voz que no sea la tuya.

¿Por qué? ¿Por qué has tenido que irte? ¿PORQUE? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? ¿Qué demonios le hemos hecho al mundo para merecer esta tortura, este tormento?

Realmente siento una tormenta dentro de mi, mientras las lagrimas caen cuan lluvia de mis ojos los relámpagos destrozan mi interior vacío.

No, me sentí vacío cuando te llevaste mi corazón, ahora siento que me lo han arrancado, y que tengo en mi pecho un agujero al rojo vivo.

Y me abrazo, porque siento que si no me caeré en pedazos, que no podré soportar este dolor.

Ni puedo hacerlo.

Me pediste que siguiese viviendo, que volviera a sonreír. Pero no puedo. ¿Cómo voy a vivir sin ti? Lo eras todo… Te lo has llevado todo. ¿Porque te has ido?

Después de mucho insistir me han dejado verte. Sé que ya no estás allí, pero necesito comprobarlo con mis propios ojos, necesito ver aquello que todos me dicen. Que te has ido. Que ya jamás volverás a sonreír, ni a llorar, ni a enfadarte,…

Avanzo muy lentamente hacia ti, en esta pequeña sala. Tiemblo a cada paso, tiemblo de dolor y tristeza, y de miedo de comprobar que todo es cierto.

Y allí estás, durmiendo plácidamente en esta caja oscura. De pequeños jugábamos a que éramos vampiros. ¿Tanto te lo has creído que ahora duermes en un ataúd? Porque no puedes estar aquí por nada más, no puede haber otro motivo, ¡me niego a aceptar otro motivo!

¡No puedes haberte ido! Estoy perdido sin ti. ¿Porque me has hecho esto? ¿Porque te has ido???

Mis manos te buscan, enlazo mis dedos con los tuyos, pidiéndole al cielo que te dejen volver a mi lado, pidiendo un milagro que se que no se va a cumplir.

Tu cuerpo aun está caliente, aun conserva esa calidez tan tuya que sentí esa noche. Tu piel es tan suave… Siempre lo ha sido, y yo moría por volver a acariciarla. ¿Por qué así Jjong? ¿Por qué han tenido que ir así las cosas?

Y no puedo evitarlo, quiero sentir otra vez tus labios sobre los míos, tu fuerte aroma, tu dulce sabor. Y beso tu cuerpo sin vida.

¿Despertaras como una princesa de cuento? ¿Serás tú la Blancanieves por una vez? ¿O dejarás que yo sea Julieta y te siga a donde quiera que estés, mi Romeo? Porque no pueden separarnos, sea quien sea que ha decidido nuestro destino, no se va a salir con la suya. Te amo demasiado para alejarme de ti, no dejare que nada nos separe, ni siquiera la muerte, porque ya no hay nada por lo que quiera vivir.

De pequeño pensaba que el mundo era fácil, que las cosas malas solo sucedían en los cuentos en los que había una bruja malvada que se entestaba en separar al príncipe de su princesa, en que un lobo feroz quería devorarte. Creía que en la vida real estábamos a salvo de todas esas cosas,  que nada malo podía pasar. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que el mundo es cruel, y de que las desgracias pasan a diario. La gente muere, las parejas se separan, y todos tenemos algo por lo que llorar. Bueno, tal vez todos no, y me alegro de corazón por los que sigan creyendo en un mundo de cuento de hadas. Pero para mi ese cuento se ha acabado, y me he dado cuenta de que la realidad a veces es más increíble que la ficción, y que superar los traumas es una actitud. No es importante qué hayas vivido sino cómo lo vivas, y perderlo todo no es motivo para perderte a ti también, poder seguir caminando aunque sea solo no es muestra de no amar a los que caminaban contigo, sino de respeto hacia ellos, porque es por ellos por los que sigues caminando.

Poco a poco recuerdo cada momento a tu lado, las imágenes se suceden una a una en mi mente y siento que soy afortunado de haberte conocido, que nunca me arrepentiré de haberte amado. De seguir amándote. Y precisamente porque te sigo amando sigo luchando cada día contra este mundo que perdió todo el sentido el día en que te fuiste, para cumplir la promesa que te hice. “No me olvides, vive por los dos” Me pediste. Y lo estoy haciendo. No te he olvidado, no podría hacerlo. Y sigo levantándome cada mañana, enfrentándome a cada día. ¿Me ves? ¿Estás orgulloso de mí?

No puedo decir que sea feliz ahora. Aun después de dos años el recuerdo sigue siendo amargo, sigue doliendo, pero he podido acostumbrarme al dolor, poco a poco he recordado como se sonreía, tal vez incluso un día conozca a alguien que me dé un corazón para suplir el que tú te llevaste esa noche… No lo creo, pero podría ser ¿No? Y sé que no te importaría, que estarías feliz por mí, porque aun si eso llegara a suceder yo no te olvidaría, seguiría amándote.

¿Y tu? ¿Aun me amas? Sé que si, se que allí donde estés tampoco me has olvidado, sé que me esperas, y que aun quieres esperarme muchos años más.

A veces sueño contigo. No sé porque te cuento esto, ya lo sabes, eres tú que vienes a verme, para pasar juntos todo ese tiempo que desperdiciamos cuando aun podíamos estarlo. Es hermoso verte en mis sueños. Solo verte, pues no haces nada más que mirarme finamente, con esos ojos negros, y yo te miro también, y pasamos horas perdidos en nuestros ojos. Es hermoso. No dejes de visitarme, por favor.

Yo no te olvidare, jamás.

SHIROKO

Cuando Todo Cambia. Capítulo 1: Confusión

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: Baekren (Baekho + Ren)

Este es el primer capítulo de seis, subiré los otros pronto (mientras seguimos trabajando en Action, no lo hemos olvidado…) espero que os guste ^^

 

Capitulo 1: Confusión

Vamos todos en la van, a hacer la última actuación de “Action”. Luego tendremos unos días de descanso y después empezaremos a preparar las canciones para el siguiente comeback…

Bueno, de momento tendremos vacaciones.

Ren se remueve dormido, acurrucado entre mis brazos y yo, con cuidado, le acaricio el cabello que hoy se ha dejado suelto. Aun queda para llegar. No quiero despertarle.

Hoy bailaremos “Action” y “Not over you”, a modo de despedida, y creo que después hay un fan meeting o algo… no lo tengo muy claro, supongo que el manager nos leerá el horario en cuanto lleguemos… o JR lo sabrá, qué más da.

Al fin llegamos. La furgo aparca en frente del estadio y despierto a Ren, quien se despereza con un lindo bostezo.

– Hemos llegado peque. – Le digo sonriendo – Ponte las pilas.

En apenas media hora las estilistas nos tienen a punto y salimos al escenario.

Después de tantos ensayos y tantas actuaciones el baile me sale casi automático, pero aún así estoy nervioso. Porque es el último live, y tiene que ser perfecto.

Y lo es. Los silbidos y aplausos son tan ensordecedores como siempre. Sonreímos, saludamos a las fans y bajamos del escenario. Felicitándonos por el trabajo hecho.

Nos cabíamos los trajes de la actuación por ropas de calle y aprovecho para darme una ducha en los vestuarios.

Cuando salgo me sorprende no encontrar a Ren ni Minhyun en la sala. JR me dice que han ido a la máquina de refrescos a sacarse unas bebidas mientras Aaron se pelea con unos pantalones según él demasiado estrechos.

Me visto rápido con los pantalones negros y la camiseta amarilla que llevaba antes y salgo a buscarles.

Los chicos me dicen que nos esperarán directamente en la furgo.

Les busco por los pasillos, hasta que les oigo charlando en tono confidencial. No me atrevo a acercarme, así que me paro a escuchar antes de girar la esquina.

– No se min, estoy confundido… – apenas oigo lo que dicen – me muero de ganas pero… no me atrevo…

– Vaya una tontería. A ver, ¿cuánto tiempo lleváis juntos? Es incluso raro que no os hayáis besado.

– ¿Y qué quieres que haga? Estoy harto de ser siempre el que da el primer paso. Podría tener un poco de iniciativa…

– Sabes que eso no es lo suyo… – Minhyun se ríe – no se Ren, yo creo que si tantas ganas tienes tendrás que besarle tu. Baekho es capaz de pensar que no quieres besarle aun.

Wait. ¿Qué???

– Ya. Es un poco lento… Pero es muy mono…

– ¡Que te pones roja muñequita!!! Jajaja

Les oigo reírse. Pero no entiendo nada. ¿Ren quieres besarme? No, espera… ¿Ren y yo estamos juntos? ¿Como pareja? ¿Por qué yo no sabía nada??? ¿Por qué a mi nadie me dice nada???

¡Ahhh!!! ¿Qué demonios significa esto???

Siguen hablando. Pero no quiero escuchar más. Igual me entero de que estoy casado o algo…

Me marcho silenciosamente hasta que no lo aguanto más y empiezo a correr por el pasillo, hasta llegar a la terraza vacía. Me aboco contra la barandilla y miro hacia abajo.

¿Qué demonios ha sido eso? ¿Que Ren y yo estamos juntos? Pero como… ¡Ah! ¿Y porque a Minhyun le parece tan normal???

Intento recordar si en los últimos días Ren ha dicho o hecho algo que se pudiera interpretar como una declaración, pero no recuerdo nada. Si que somos muy íntimos, pero como amigos. Siempre ha sido así. Entonces ¿Por qué piensa que estamos saliendo?

¡Ash!!! Menudo Shock… ¿Que se supone que hago ahora? ¿Tengo que dejarle? No, no estamos saliendo. Tengo que decirle que todo ha sido un malentendido.

Dios, quedare como un inutil…

Espera. ¿Y si Ren de verdad está enamorado de mi? Entonces… ¿No le hare daño diciéndole que esto ha sido un malentendido? No quiero hacerle daño… ¡Pero no puedo dejar las cosas así!

– ¡Aaaaah!

A ver, relájate Baekho. Ni siquiera estas seguro de lo que has oído. Puedes haberlo entendido mal. Es decir. ¿Por qué iba a pensar Ren que estamos juntos?

¿Por qué dormimos juntos? ¿Por qué nos pasamos el día pegados? ¿Por qué siempre que puedo voy a abrazarle?

¡Callate consciencia!

No, no tiene motivos para pensar que estemos juntos. Solo Somos amigos. ¿Y por qué a Minhyun le parece tan normal? ¿Me ha tomado por gay?

Ah! Qué horror… Qué asco de situación… ¿Por qué me pasaran estas cosas?

Resignado a descubrir que está pasando y intentando tranquilizarme me dirijo al parking en donde está la furgo esperando.

Cuando llego ya están todos allí.

– ¡Al fin llegas! – me reprocha JR. – ¿Estabas buscándoles en Marte o qué?

– Mianhe…

Ya están todos sentados. Solo queda el sitio al final de todo, al lado de Ren, donde voy yo siempre.

Estoy algo nervioso. Vale, no, lo admito. Tengo los nervios de punta y estoy estreaadísimo. Pero me trago todo eso y voy a sentarme a su lado. Él recuesta la cabeza sobre mi hombro en el momento en que me siento, acurrucándose a mi lado como tanto me gusta que haga.

Le acaricio el pelo de forma automática.

¿Sera por esto que todos piensan que estamos juntos? No puede ser. Solo por esto… Solo somos amigos. Es algo normal ¿No?

Cada vez estoy más nervioso. Me tiemblan las manos y decido apartarlas de su cabeza antes que se dé cuenta.

– ¿Qué pasa? – me pregunta en un susurro – estas raro…

No, que va… Porque debería estar raro…

– Algo cansado. No te preocupes. – le respondo poniendo todo mi empeño en esbozar algo que parezca una sonrisa de tranquilidad.

No soy un cobarde. Voy a decírselo. Hablaré con él. Pero cuando lleguemos a casa. Aquí con los chicos y todo…

Él sonríe también y se estira para besarme en la mejilla, como siempre hace. Pero esta vez me besa muy cerca de los labios. Justo en la comisura.

¿Es eso un intento de besarme en los labios? Antes le he oído decirle a Minhyun que se moría de ganas, y a este insistiendo en que tomara la iniciativa.

Mierda, esto va a ser difícil. Realmente tengo que aclarar esto cuanto antes…

Bueno, cuando lleguemos a casa.

Me lo prometo a mi mismo, pero cuando llegamos no encuentro la oportunidad de quedarme a solas con él.

Minhyun y Ren se duchan mientras los demás preparamos la comida, ya que no lo han hecho allí.

Calentamos unos botes de ramen que quedan y Aron fríe unas empanadas congeladas en la paella. Ahora que ya no estaremos tan ocupados imagino que podremos cocinar algo mejor… Nunca pensé que terminaría odiando tanto el ramen…

Minhyun es el primero en salir de la ducha, y lo primero que hace es volver a recolocar todas las empanadas sobre la fuente para que todas estén exactamente en la misma posición y a la misma distancia, ganándose un suspiro de frustración de los demás que lo único que queremos es comer.

Y entonces Ren sale de la ducha. Con el pelo mojado recogido en una coleta y una camiseta blanca demasiado escotada para mí gusto.

Estoy recostado contra la pared, y el viene a recostarse contra mi, cogiendo mis brazos para que le abrace mientras esperamos a que Minhyun termine de estar convencido de cómo están colocadas las empanadas sobre la fuente.

Supongo que gestos como el de ahora es por lo que los demás creen que estamos juntos, pero se me hace tan normal que me es imposible apartarle. Nos hemos comportado así des de que nos conocimos.

Comemos con calma y después nos quedamos por ahí viendo la tele. Hasta la noche no tenemos nada que hacer.

Ren se va a echar una siesta. Es el momento perfecto para seguirle y aclarar lo de que… Bueno, ese malentendido.

Pero mi cuerpo no se mueve del sofá. Solo me quedo mirando cómo se va.

Al final es Minhyun quien le sigue, diciendo que se va a preparar la ropa para esta noche.
¡Ah! ¿Cómo soy tan cobarde? Tengo que hablarlo con él. Tenemos que arreglar esto. ¡No gano nada poniéndome nervioso!

– Em… Chicos… – llamo a los dos mayores. Igual lo he confundido todo. Igual me estoy montando la película yo solo. – yo… – los dos me miran esperando, y a mi se me atragantan las palabras por momentos. – ¿vosotros sabíais que Ren se cree que él y yo somos pareja?

Ya está. Mejor soltarlo de golpe.

Los chicos se miran entre ellos. Atorados por mi comentario.

Uf. Me alegro. Por un momento pensé que todos daban eso por supuesto.

– Eh… ¿Es que no lo sois?

¿Eing?

No puede ser. No puede ser que todos lo piensen.

– ¡Ah! ¡Claro que no estamos saliendo! ¡No entiendo porque todos pensáis eso!!!

Ambos se me quedan mirando unos segundos, antes de mirarse de reojo y estallar en carcajadas.

¡¡¡No entiendo nada!!! ¿Qué es tan gracioso???

– ¿Qué pasa chicos?

Minhyun llega de las habitaciones y se sienta en la alfombra junto a Aron.

Con ese no me hablo. Es el conspirador numero uno.

JR de reírse para, secándose las lágrimas de risa como el exagerado que es explicarle “lo que pasa”.

– ¡Omo! No me creo que seas tan lento…

Le lanzo la mirada más mortífera que tengo en mi repertorio y espero a ver si surge efecto y se ahoga con sus propias risas. Ya me están cabreando…

– Espera, ¿lo dices en serio? – añade al ver que no me rio con ellos. – ¿de verdad Ren y tu no estáis saliendo?

– ¡No! Por mi parte no si mas no, pero todos parecéis tenerlo tan claro… No lo entiendo…

Me pasa el enfado, de repente me siento muy cansado… me dejo caer en el sofá, queriendo fundirme con la tapicería y desaparecer entre las almohadas.

– Pero sois una pareja muy mona – replica Aron.

– Y muy obvia – añade Minhyun. – en serio que no me lo creo… pero… ¿tú sientes algo por él?

Su comentario hace que me ruborice, pero me apresuro a responder muy convencido.

– ¡Pues claro que no! Somos dos chicos Minhyun, algo así no puede…

Niego con la cabeza para dar más énfasis a mi respuesta. Minhyun me mira con una ceja levantada, Aron se ha sonrojado y JR parece a punto de partirse de la risa otra vez. ¿Es que hay algo más que no sepa?

Pero nada de lo que hubiese podido imaginar me prepara para la sorpresa de ver a Minhyun girándose para coger el rostro de Aron entre sus manos y estamparle un beso en los labios. Un beso con lengua. Y no se dan prisa en terminar…

No me lo puedo creer… Y ahora sí, oigo las atronadoras risas de JR a mi lado, y no sé si se ríe de la reacción de Minhyun o de la cara que se me ha quedado…

– Vale, lo he pillado. Estáis todos locos…

– No Baekho – me responde JR poniéndose serio – lo que intenta decirte Min es que no importa que seáis dos tíos si os queréis.

– ¿Tu también eres gay?

– No, yo solo muy guay. – responde riéndose.

– Déjale Baek. Aun no se le bajan los humos de que las fans lo hayan escogido como el miembro más guapo de nu’est…

JR le responde con una fea mueca a lo que Minhyun le saca la lengua.

– ¿Y no podrías intentar corresponderle? – me pregunta Aron mientras los otros dos siguen con su pelea de muecas – ¿dejar las cosas como están?

– Solo somos amigos Aron, no puedo verle como nada más. De hecho no entiendo por qué estáis todos tan convencidos de que seamos pareja.

– Bueno, dormís juntos – responde Minhyun.

– Os pasáis el día abrazados – añade JR.

– Le cantas canciones.

– Le compras regalos.

– Le das de comer.

– Le proteges.

– Cuidas de él.

– Os besáis. – vuelve a argumentar al alto.

– Solo se han besado en la mejilla – replica JR.

– Si, pero se besan.

Y con eso queda zanjada su discusión. Queda clarísimo que somos pareja.

– ¡Pero solo somos amigos! – replico incrédulo – Nos llevamos muy bien. Eso es todo.

– Claro Baek – se ríe de nuevo JR. – Esta noche vendré a dormir a tu cama. Solo como amigos ¿eh?

Me sonrojo. Vale, si. Mi relación con Ren es especial, pero entre eso y estar saliendo…

– Pero es un chico.

– ¿Si? ¿Estás seguro? Yo no lo tengo tan claro. – JR burlándose de nuevo.

– Sip, – nos asegura Minhyun – me he duchado con él y lo confirmo. Es un tío. ¿Que mas da eso?

– ¿Si fuese una chica lo intentarías?- insiste Aron.

No lo sé. Igual si. Igual no. Depende de la chica y de las circunstancias y de… ¡Ash! ¿Qué más da? No es una chica, es Ren.

– No. No va a funcionar. Tengo que decirle que esto es un malentendido.

– Pobre Ren.

– Me sabe mal por él.

– Es una pena.

En serio. ¿Esto es una conspiración o qué?

– De todos modos díselo mañana ¿vale? – eso lo ha dicho Minhyun, y yo le miro sorprendido sin saber a qué se refiere. – esta noche vamos a ir a celebrar que hemos terminado el comeback. – se explica – Tenemos que pasárnoslo bien. Si le dices eso ahora le amargaras la noche. Espérate a mañana.

– Pero eso no está bien min. – replica Aron – cuanto antes arregle esto mejor.

– Pero esta noche no. Ren tenía muchas ganas de ir a ese local a bailar y… Me sabe mal que este triste hoy…

– Igual con la fiesta se le pasa. – sigue Aron.

– Yo estoy de acuerdo con Minhyun. – añade JR. – No creo que la muñequita se lo pase bien esta noche si acaban de dejarle. Después tenemos vacaciones y tiene muchos días para recuperarse. Esta noche habrá gente y… Lo último que queremos es un escándalo.

Este líder tan diplomático como siempre.

Mañana entonces. No puedo dejarlo pasar más tiempo. Siento que ya lo estoy atrasando demasiado.

Dan por finalizada la discusión y ponen un juego de play que compramos nuevo y que con el comeback aún no hemos podido estrenar. Pero no estoy de humor para jugar.

Me disculpo con ellos y me voy a mi habitación. Esta situación me tiene realmente agotado. De lo último que tengo ganas es de salir esta noche.

Llego a la habitación y me encuentro a Ren durmiendo en mi cama. Ya parece habérsela apropiado.

Me siento mal por él. Pero es lo que tengo que hacer. Tengo que decirle que esto no es verdad. Tendré que hablar con él mañana. Hoy que disfrute de la noche.

Me siento a su lado en la cama y le acaricio el pelo aun húmedo. No quiero que nuestra amistad se venga abajo por esto. Aunque para mi sea solo un amigo sigue siendo el más importante para mi, lo mejor que me ha pasado en mi vida.

– Lo siento Rennie.

Parece que mi voz le despierta, pues se remueve en la cama, desperezándose estirándose.

Abre sus ojos y me sonríe. Una de esas sonrisas tan difíciles de ver y que tanto adoro.

– Buenos días Hyung.

No le respondo, solo sonrío, y él se acurruca junto a mí para abrazarme la cintura. Solo es unos meses más pequeño que yo, pero a veces me parece un niño, se hace querer igual.

Me tumbo a su lado en la cama y le abrazo con fuerza, sabiendo que tal vez es la última vez que lo haga. Espero que no se lo tome muy mal. Que no me odie. Que podemos seguir siendo amigos. No puedo perderle.

– Hoy estas raro Hyung.

– No es nada. En serio. Estoy cansado después de tantos días…

No parece muy convencido, pero no dice nada más. Me abraza con fuerza, aun medio dormido, ronroneando como un gatito.

– Nos lo pasaremos bien esta noche ¿eh? – Minhyun tiene razón. Le hace mucha ilusión. – Iremos al club ese, donde van nuestros hyungs. Así podremos conocerles. Estarán Big Bang, Shinee, Mblaq, Suju, incluso quizás DBSK, aunque me hubiera gustado más conocerles cuando estaban los cinco…

– Si. Será divertido…

Me mira fijamente, su rostro no expresa emoción alguna, pero le conozco tanto que para mi es como si s me estuviese sonriendo. Le brillan los ojos oscuros. Mucho. La habitación está a oscuras y la luz del atardecer que entra por la ventana, cada vez más débil se refleja en sus ojos. No puedo dejar de pensar que es hermoso.

Se acerca a mí, cerrando los ojos. Y de repente veo muy claro que es lo que quiere hacer.

¡No Ren! ¡No me beses!

005

 SHIROKO

Please don’t… (YunJae)

please don't

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: DBSK (kpop)

Pairing: YunJae (Yunho + Jaejoong) 

Es un breve oneshot inspirado en el MV de la cancion Please don’t… de K.Will, no tiene nada que ver con la letra pero si con la historia del MV, espero que os guste ^^

“Si quiero” digo sin poder reprimir una sonrisa
“Si quiero” dice ella, la beso y es el día más feliz de mi dia. Casarme con la mujer que amo delante de nuestro mejor amigo, tener reunidas a las personas más importantes de mi vida.
Le sonrio pero el se va, no parece feliz, ¿Porque?
Así que le sigo y le encuentro en la terraza, apoyado en la barandilla y mirando al jardín, me pongo a tu lado pero tu me rehuyes incómodo.
– Jaejoong-ah! , ¿porque no bajas? Vamos a cortar el pastel
– baja tu Yunho, quiero tomar un poco el aire
– no seas así, vamos! quiero una foto de recuerdo los tres juntos
– no, es vuestro día
– ¡vamos! ¡YangMi-ya también quiere!
Cogiéndole del brazo tiro de él hacia abajo donde todos nos esperan, el vacila pero finalmente me sigue a regañadientes, con una gesto de complacencia como cuando un niño pequeño es muy pesado. Pero no me importa, mi día no esta completo sin mi mejor amigo, no voy a desistir.
Llegamos al salón y veo a YangMi buscándome con la mirada, cuando nos ve sonríe y todavía parece más hermosa, con su vestido blanco y el velo que hace que parezca un ángel  Nos hace un gesto para que nos acerquemos desde el altar, me pongo a su lado y ella coloca mi flequillo con delicadeza y cuando considera que esta perfecto asiente orgullosa.
Desde el otro lado Jae ríe de su comportamiento y me alegro al verte sonreír por fin. Ella nos coge el brazo a cada uno a la vez que abraza su ramo de rosas blancas y apoya la cabeza en mi hombro mirando a la cámara.
Ahora todo esta bien.
El fotógrafo dispara un par de veces y nos dice que ya esta, entonces nos separamos y mi ahora esposa me arrastra de la mano para ir a cortar el pastel. Yo la sigo, contagiándome de su alegría.
Todo el mundo se acerca a felicitarnos y hacerse fotos con todos, no tengo ni un minuto para descansar. Comemos y cuando todo el mundo ha terminado se enciende la música y nosotros abrimos el baile. Cojo sus manos y,perdiéndome en sus ojos bailamos, olvidándome del mundo que me rodea.
Cuando el vals termina todos quieren bailar con la novia así que la dejo en buenas manos y  busco con la mirada a Jaejoong, hace tiempo que no le veo, desde la foto ¿Donde habrá ido?
Pregunto a un par de personas pero nadie le ha visto. Debe estar descansando en otra sala, no les gustan las aglomeraciones de gente. Y me olvido y vuelvo a concentrarme en ella.
Pasan las horas y finalmente la gente nos acompaña a la puerta para irnos en el coche blanco que nos espera para nuestra luna de miel. Que raro, ¿tampoco ha venido a despedirse? debe haberse quedado dormido…pero me hubiera gustado despedirme. Bueno, en cuanto vuelva nos volveremos a ver y tenemos el móvil e Internet, ya hablaremos.
Subo al coche sin mirar atrás y ella apoya su cabeza en mi hombro, cansada, yo sonrío mientras aparto un mechón rebelde de su frente y el coche se va.

Han pasado tres semanas, tres semanas maravillosas en unas playas de ensueño con la mujer de mi vida pero es hora de volver a casa. Solo hay algo que me mantiene intranquilo… no he podido comunicarme con Jae desde el día de la boda. No responde a los mails, ni al teléfono.. espero que no le haya pasado nada. Mañana mismo iré a su casa para asegurarme que esta bien. Si le hubiera pasado algo me hubiera enterado ¿verdad?

Y allí estoy al día siguiente, delante de la puerta de ese apartamento donde hemos pasado tantas tardes, donde estudiamos para los exámenes de ingreso para la Universidad.. pero hay algo extraño. Se siente vació.
Abro la puerta con la llave que me dio “por si algún día necesitas algún lugar donde quedarte” pero no soy capaz de hacer un solo paso. Esta vacío. No hay nada. Ni muebles, ni las fotos…Nada.
Entro vacilante, buscando con la mirada un señal de donde puede haber ido. ¿Porque mi mejor amigo tendría que desaparecer sin avisar? Recorro las habitaciones y los recuerdos me asaltan.. pero no hay nada en ninguna parte.
Solo me queda una habitación  su dormitorio. Cojo el pomo de la puerta pero vacilo unos segundos, tengo miedo de lo que pueda encontrar… Finalmente abro y, como todas, esta vacía.
No, no lo está del todo. Queda una vieja mesita y una foto. Me acerco y la cojo, mi corazón late fuerte, tengo un mal presentimiento…
Nuestra foto, donde salimos los tres el día de la boda que le envió como recuerdo…pero esta rota. Rota por la mitad, partiéndola a ella y vuelta a pegar, quedando nosotros dos de lado. Como si ella no existiera. Como si yo me hubiera casado con él, con mi mejor amigo, con Jae. No lo entiendo. ¿Que significa?
La giro buscando alguna explicación y veo unas palabras detrás, escritas en boli, con su letra.
“Lo siento pero te amo demasiado
Jaejoong”
Me amas. ¿Me amas? Entonces… entonces lo entiendo todo. Porque las malas caras. Porque no parecías tan feliz cuando te dije que nos casábamos. Porque nunca quisiste decirme quien te gustaba. He sido un tonto, un ciego, y te he perdido.
Las lágrimas invaden mis ojos por haberte hecho tanto daño sin saberlo y sabiendo que no había un final feliz posible, porque yo la amo a ella.
Jaejoong-ah, lo siento. Lo siento. Perdóname  Vuelve para que pueda decirte que lo siento, necesito saber que algún día me perdonaras. No desaparezcas, por favor, no desaparezcas.

Please don’t…

KUROKO

Cambio de planes

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Baekho y Ren (NU’EST) (Baekren)

Hay un cambio de posiciones uke-seme. Lo digo por que sé que hay gente que no lo soporta. A mi en general no me gustan pero aquí me pareció que quedaba bien…

Enjoy! ^^

 

Ah, dos semanas, dos putas semanas ya. Debería haber ido con él, maldito mi orgullo. Y además es que me lo pidió, y yo como el inútil que soy voy y le digo “Nah, mejor te espero aquí…” Y es que ¿quien le mandaba al tío marcharse un mes entero a Estados Unidos? Que si, que si la agencia, que si el productor americano, que si las pruebas de voz, blah, blah, blah,… pero yo llevo dos semanas durmiendo solo.

Y aun tengo que esperar dos semanas más a que vuelva…

No pensé que le necesitaría tanto. Hasta ahora lo nuestro era más una rutina que otra cosa. Somos compañeros, amigos, conectábamos muy bien, había una cierta atracción física, y un día nos descubrimos besándonos. De aquí a decidir ser pareja y permitirnos los besos y el sexo… Casi no hubo diferencia, es como si tuviese que ser así. Pero… No pensé que me importaría tanto… Era algo con lo que tenía que vivir, más que deseaba. Me acostumbré a que por la noche buscara mis caricias, y yo me abría de piernas para él. Pero ahora… ¡Joder, que solo de pensar en sus besos me empalmo! Le necesito. Necesito sentir de nuevo su cuerpo, su calor… ¿Cuándo me ha perdido tanto el maldito tigre descolorido? ¡Quiero una noche de sexo!

Y de repente estoy en el aeropuerto, con unas gafas de sol que ocultan las noches que llevo sin dormir por no tenerle a mi lado y con el corazón a cien por hora. ¿Que pensara cuando me vea? Ni siquiera le he avisado…

Diez horas, diez inacabables y malditas horas metido en ese minúsculo sillón, con la vieja dormida al lado y el par de pánfilas esas que me miran y cuchichean. Al principio finjo estar dormido, igual así se apiadan y no me suplican por un autógrafo.

Malditas las horas que se alargan… Azafatas con sonrisas postizas repartiendo comida. Azafatas con sonrisas postizas recogiendo platos. Turbulencias, películas aburridas en la pantalla frente a mí y más azafatas de plástico, ahora dan galletas…

Y después de tres películas, cinco viajes a lo largo del avión y tres autógrafos al fin, ¡AL FIN! El maldito avión decide bajar a tierra. Cojo mis cosas y salgo de ahí el primero.

Cojo un taxi a la salida del aeropuerto y le digo al taxista adonde quiero ir. Me cansa su maldita charla en ingles. Ya podría callarse e ir más rápido. Pero no, parece que se entesta en meterse en todos los colapsos y todas las rotondas de la maldita ciudad antes de llevarme a su hotel.

Y una vez allí la recepcionista no quiere decirme ni en que habitación se aloja ni cuándo volverá ni si irá a dormir ahí esa noche. Maldita zorra.

Así que termino muriéndome de nervios y aburrimiento en una de las butacas del hall mientras hojeo revistas que no me interesan en un idioma que no acabo de comprender. Genial. ¿Cuánto más vas a hacerme esperar Baek? Maldito hijo de perra…

Al final me quedo dormido. En corea deben ser las 2 o las 3 de la madrugada, y ya hace días que no duermo, y es tan cómodo este sillón…

– ¿Ren?

Su voz me despierta, me pega tal susto que salto de la silla y se me caen las gafas.

– ¿Qué haces aquí?

– ¿Eh…? Ah… Yo… – buena pregunta, ¿Que hago aquí? – Pues venir a buscarte, que llevas ya medio mes en la otra punta del mundo.

– ¿Me echabas de menos? – Sonríe como un niño. Es tan tierno…

– Bueno… Un poco… – ni en broma voy a admitir hasta que punto le necesito. – ¿Subimos? – me pongo en pie, cogiendo mis cosas – Hay mucha gente aquí…

Salta hacia mí, atrapándome entre sus brazos, casi asfixiándome.

– Que feliz estoy de verte Rennie, que feliz me haces. Te he echado mucho de menos, y casi no podíamos hablar…

– Ya, ya… – le separo – Hay mucha gente aquí Baek…

En parte me siento incomodo abrazándonos en público, en parte como no me suelte esto no terminara solo con un abrazo, y eso si que no estaría bien en publico…

– Claro. Vamos arriba.

Pide la llave a recepción, sin soltar mi mano, y yo le saco la lengua a la zorra de la recepcionista que se encoge de hombros y desvía la mirada. Si, si, tu haz ver que no te importa rubia pelo-paja.

En el ascensor estamos solos, y aprovecha para besarme rápido. Demasiado rápido. Le cojo del cuello y lo acerco a mí, comiéndole la boca como hace días que quiero hacer. Y si, ahora tengo un problema entre mis piernas.

– Vaya fogosidad que llevas hoy…

– Es que se acumula. – respondo desinteresado besándole de nuevo. Me devuelve el beso y me atrapa contra la pared, pero hoy no consigue someterme.

Odio con toda mi alma el clic del ascensor justo en el momento en que su mano se dirigía a mi entrepierna. No nos separamos lo suficientemente rápido, y el botones del otro lado se queda mirándonos pasmado.

Paso a su lado sin que me importe mientras Baek murmura una disculpa sin sentido. Llego ante su puerta y espero, impaciente, a que abra. Una vez los dos estanos dentro cierro de un portazo y le estampo contra la pared, me lo quiero comer…

Pero él me aparta y me coge en brazos. Me rio, porque hacía mucho que no hacia eso. Me lleva hacia la habitación, pero a mi me parece demasiado largo el trayecto y me entretengo mordisqueando su oreja. Chocamos contra un par de muebles y rompemos un jarrón al pasar, pero finalmente me deja sobre la mullida cama. Se quita la camiseta y sube a la cama conmigo. Yo me quito los zapatos, pero dejo los calcetines, no hay tiempo para más.

Se sienta en la cama, y yo me siento sobre él con mis piernas a sus lados, buscando sentir su cuerpo contra el mío. Realmente le he echado tanto de menos… Esa sublime sensación de cosquilleo, de calor, el corazón a mil por hora…

Nos besamos, mordiendo labios y lenguas, peleando entre el mar de saliva y de jadeos entrecortados. Siento sus manos en mi trasero y llevo mis labios a su cuello, mordiendo con fuerza.

– Rennie… – murmura entre mis labios. – ahg…

Sigo resiguiendo con mis labios su cuello grueso, devorándole con hambre.

Sus manos se cuelan bajo mi ropa acariciándome, clavando los dedos en mi cuerpo con fuerza. Me estremezco. Nuestros labios se buscan y se enredan. Necesito sentir más de él.

Sentado sobre su regazo abro aun más mis piernas, moviéndome para frotar mi cuerpo contra el suyo.

– Aahh… – ambos gemimos. Excitados, necesitados de placer.

– Te necesito Rennie…

– Tómame…

Sus labios me devoran mientras sus manos bajan a mi cintura. Desabrocha mis pantalones y yo hago lo mismo con los suyos. Mis dedos se enredan, nerviosos, ansiosos. Consigo abrirlos y deslizar mis manos hasta su entrepierna.

– nnnggg- su gemido refleja el que yo no he soltado. Le acaricio, deleitándome con el tacto de su pene, con su creciente rigidez. Me encanta… Pero quiero sentirle más…
Sus dedos siguen luchando con el cierre de mi pantalón que se resiste a soltarse. Le ayudo, no pudiendo esperar ni un segundo más a tenerle en mí.

– ¡Ostia! – maldito, maldito cierre encallado – Ábrete so…

La cremallera atascada, y no contribuye a mi habilidad para desatascarla que Baekho vaya acariciando mis partes…

– Aaaah… – ya no sé si mis gritos son de placer, necesidad o frustración.

Calor, tengo mucho calor, le necesito. Le necesito ahora.

“Crack” ¡al fin! Roto. Pero no me importa. Al fin la molesta tela vuela lejos, y yo vuelvo a sentarme sobre su cuerpo, buscándole.

No hay tiempo. Necesito quitarme de encima todo este calor, ese calor palpitante que se concentra contra mis piernas.

Su erección roza mi entrada y ambos jadeamos de gozo. Le quiero dentro…

Intento bajar sobre su cuerpo, empalarme en el, pero es imposible, estoy demasiado estrecho, y él demasiado hinchado.

– No seas bestia Rennie…

– Quiero ser bestia. Quiero que me folles hasta que no puedas más. Y lo quiero ahora. Ya he esperado suficiente.

Mis palabras le excitan aun más y lleva tres dedos a mi boca mientras con la otra mano busca mi pene.

Arqueo mi espalda, grito y me muevo contra su cuerpo, intentando aun engullirle.

Sus dedos ya chorrean saliva y, al fin le siento entrar dentro de mi.

Me muevo sobre él, buscando sentirle más hondo, más fuerte, más duro.

Su dedo pronto pasan a ser dos, luego tres, humedeciéndome, abriéndome. Vamos, ¿a qué esperas?!?

Le aparto. Me da igual si aun no es suficiente. Cojo su miembro, apretándolo, guiándolo a entrar en mi cuerpo.

Duele, me desgarra. Me cuesta moverme, esta tan grande… Pero le necesito, le necesito hasta el fondo, y empujo con fuerza. Vuelvo a subir y empujo más hondo aun. Y otra vez más. Y otra. Le necesito más profundo…

– aaah… Más…

– ñññggg…

Los gemidos de ambos se mezclan y se pierden. Sus dedos se clavan en mis muslos y los míos entre su cabello oscuro.

Acelero, embriagado, drogado de excitación y placer.

– Mas Baek… Más…

Entra y sale de mi cuerpo de forma frenética, y al movernos mi pene golpea nuestros cuerpos. Voy a correrme. Me vengo. No aguanto más.

– DONGHO! – grito su nombre Al llegar al orgasmo. Me descargo entre nuestro cuerpos y al instante me empuja hacia atrás. Quedando él sobre mi cuerpo.

– ¿Prefieres… Estar arriba…?

– Me encanta… – sale de mi cuerpo – De todos modos… – se separa – pero quiero… – Me da la vuelta, y yo me arrodillo para él – tenerte así ahora.

Busco su miembro, necesitándole otra vez. Y me siento morir cuando entra en mí. Me contraigo y le oigo jadear, vuelvo a estar duro.

El ritmo es frenético. Entra y sale, casi con desespero, y ambos gritamos.

Me agarra con fuerza. Mis brazos no me sostienen. Muerdo las sabanas con fuerza, acallando puros aullidos de lujuria. Y aun le quiero más fuerte, más hondo, más duro, más, más, más.

Llega al clímax, y siento como me llena, como su esencia se esparce por mi interior. Y sigo moviéndome, queriendo sentir más aún.

Sale de mí, se separa. No, aun no… Necesito más…

Se tumba a mi lado sobre la cama, agotado. ¿Y ya está? De eso nada.

Me subo sobre su cuerpo, rozándonos, frotando nuestros cuerpos. Jadeo, necesitado, desesperado casi, moviéndome cada vez más rápido sobre él.

– Rennie…

Jadea suave. Para él es suficiente. Pues para mi no.

Separo sus piernas y me coloco entre ellas, llevando mis dedos llenos de su propio semen a su entrada.

– ¿Qué…?

Se queja al sentirme entrar, gime y se retuerce.

– No Rennie…

Ignoro sus quejas, quiero sentirle… ya…

Me abro paso en su cuerpo. Le oigo gemir, de dolor, de placer…

Me aprieta, me engulle, sublime…

Me muevo con fuerza, rápido, mientras él grita. Sus agudos chillidos me ponen… y mis uñas arañan su piel, gritando yo también de placer.

El ritmo es frenético, como mi corazón que retumba en mi pecho y el bombeo de la sangre que siento latir en todo mi cuerpo.

Rápidas embestidas, gritos entrecortados y los golpes de la cama contra la pared. Sus quejidos, casi gimoteos, su expresión contraída y su cuerpo caliente bajo el mío, tan excitado… y calor, mucho calor… ardiente, como un volcán en explosión.

Busco su pene, lo aprieto, lo sacudo, quiero que gima aun más… y lo hace, chilla casi. Y llena mis oídos de lujuria.

Siento su líquido caliente y como se contrae, me aprieta, y cual erupción del volcán yo también estallo, llenándole de mi lava ardiente.

Y me derrumbo, sobre su cuerpo jadeante y caliente, cubierto en sudor que hace que brille a la luz tenue.

Busco sus labios dulces mientras salgo de su cuerpo. Un último gemido y se acurruca cual gatito contra mi pecho, abrazándome.

Jadeo con fuerza, intentando normalizar mi respiración y mis latidos, algo imposible. Ha sido tan intenso… El respira también entrecortadamente. Tiembla. ¿Le habré hecho daño? El siempre es muy tierno conmigo, y recuerdo que las primeras veces dolía horrores…

– ¿Estas bien? – no me responde, pero se aferra con más fuerza a mi. – si te he hecho daño yo…

Me interrumpe negando con la cabeza contra mi pecho.

– Ha sido perfecto – murmura.

Apenas le oigo, pero siento mi corazón hinchándose de felicidad.

– Te echaba de menos. Dos semanas sin ti… – sigue susurrando – Y incluso antes… Nunca te había visto tan… No sé, no sabía que me necesitases tanto. Me ha encantado…

Me sonrojo. Siento mi corazón acelerado. ¿Por qué me pondrá tan nervioso que me diga estas cosas?

– Pero… Tú prefieres… Que yo… – No me hagas decirlo Baek…

– No. – se incorpora y me mira a los ojos. – o sea, no me importa si tu lo prefieres, pero me siento mas cómodo siendo el seme. Solo digo que me ha gustado verte así.

Asiento, avergonzado. Para nada del mundo voy a contestar a eso.

También lo prefiero así, cuando me besa, cuando me acaricia, cuando siento como me llena por dentro, como me invade… Tan grande…

– ¿Que estas pensando…? – oigo como se ríe y bajo la mirada. Me estoy volviendo a poner duro… Bueno, no mucho, ahora tampoco soy capaz de más.

Me remuevo en la cama y bajo hasta poder recostar mi cabeza sobre su pecho. Es más cómodo así. Sus brazos me rodean, con ternura, y yo aspiro con fuerza el aroma de su piel.

También echaba de menos estos momentos, estos instantes en que solo somos él y yo, y el mundo parece detenerse. Lo adoro…

Acaricio su pecho, su piel suave y caliente, algo pegajosa por el sudor, trazando círculos con mis dedos hasta que estos se encuentran con su pezón. Siento como se estremece, es gracioso, así que lo acaricio de nuevo, suave, jugando con él.

– ¿Aun quieres jugar bebé?

– Te hace sentir como un pervertido llamarme así ¿No?

Me rio y me estiro para alcanzar sus labios mientras sigo jugando con su pezón, ahora con más ganas.

Nos besamos largo y lento, disfrutando cada roce de nuestras lenguas y de nuestros cuerpos desnudos, que ya se mueven sincronizadamente buscando al otro. Y ya quiero sentirle de nuevo.

“I don’t care, A don’t care” ¿Qué es eso? ¿Mi voz?

Me incorporo de un salto, sorprendido.

– Mierda, mi mobil… – murmura estirándose para recoger su pantalón y hurgar en los bolsillos.

¿En serio? Me tiene de tono en el móvil? Que tierno…

– ¿Min? – responde.

– ¡BAEEEKHO!!! – le oigo gritar des del otro lado. – ¡NO SE QUE HACEEER!!!

Se aparta el auricular del oído, asustado por su grito.

– ¿Que pasa Min??? – le pregunta preocupado.

– Aish, déjame a mi… – esa voz es de JR… – Nada Baek, no es por preocuparte pero… Es que nos ha surgido un pequeño problema y… Ya imagino que tu no podrás hacer nada pero…

– ¡Suéltalo ya! – le espeta – ¡Me estas poniendo de los nervios!

Si, a mi también.

– Pues que…

– ¡REN HA DESAPARECIDO!!! – vuelve a gritar Minhyun.

Oh, cierto, no les dije nada…

– Vamos Min, cálmate, le encontraremos… – Aron intentando calmarle…

– Pero no responde, lleva casi un día desaparecido, no ha dormido en casa, no responde al móvil y…

Baekho me mira con reproche, diciéndome claramente “No preocupes así a mamá…”

– Chicos…

– Pero no te preocupes ¿vale Baek? – vuelve a ser JR. – le encontraremos, seguro que…

– ¡Ei! – les corta. – ¡Que Ren esta aquí conmigo!

Silencio.

– ¿Perdona, que has dicho? – pregunta Aron unos segundos más tarde.

Baekho suspira.

– Que está aquí conmigo, me lo he encontrado en el hotel cuando he llegado, imagino que acababa de llegar…

– ¿REN ESTA AHI??? – hoy Minhyun va a dejarnos sordos a todos. – ¡YA ME LO ESTAS PASANDO! Voy a decirle un par de cosas al irresponsable ese…

Oh, dios, sermón ahora no por favor…

– De eso nada. – le replica Baekho sorprendiéndome.

– ¿Cómo?

– Que no te lo paso. – se echa hacia atrás, tumbándose en la cama y tira de mi para que quede tumbado sobre su pecho otra vez. – Que ahora está conmigo y está muy ocupado, ya hablaras con él cuando vuelva. Total, solo son dos semanas…

– Kang Dong Ho te juro que… – le cuelga a media frase, tirando el móvil en algún lugar sobre la cama y me sonríe.

– No tenía ganas de dar explicaciones.

Le amo. Me estiro sobre él para llegar a sus labios y los devoro con ansias.

– Gracias.

Él sonríe, de nuevo contra mis labios. Sus brazos me rodean y sus manos me acarician mientras sus labios se funden con los míos y nuestros corazones laten a la par.

Dos semanas aquí con él, a solas.

Preveo unas vacaciones realmente agotadoras.

SHIROKO

Mi lado más salvaje

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Jonghyun X Key (SHINee)

ADVERTENCIA: sadomasoquismo

 

¿Cómo he llegado a esto?

Veo el brillo del cuchillo frente a mí, brillante, afilado, temible, pero más temible es su mirada.

No tengo escapatoria. Las puertas atrancadas, las ventanas cerradas. No hay ningún sitio al que huir.

Nunca habría imaginado que querría huir de él. Siempre quise acercarme, no alejarme. Nunca pude, y ahora que lo que quiero es irme cuanto más lejos mejor un pupitre me corta el paso.

Tiemblo, asustado. Aterrorizado. Mis piernas fallan y caigo al suelo, paralizado por el terror. Él se agacha junto a mí, con el brillo acerado del cuchillo en la mano y una sonrisa diabólica.

Él es Kim Jonghyun, el macarra más bestia de nuestro instituto, y el más guapo.

Si, tengo unos gustos algo raritos. Me gustan los unicornios, el rosa, la ropa de marca y los macarras buenorros.

Jonghyun aparece por el instituto como una vez al mes. Destroza un par de aulas, se pelea con alumnos y profesores, deja algún rastro de heridas a su paso y vuelve a desaparecer por un mes más. Un amor de persona. Y yo como un idiota suspirando cuando le veo por los pasillos.

Esta vez… bueno, las cosas se han descontrolado. Me cuesta entender todo lo que ha sucedido.

¿Por qué le habré seguido al terminar las clases??? Si estoy seguro que ni siquiera se acuerda de mí, y aun así no he podido evitarlo.

El director ha venido a hablar con él. Y yo espiando detrás de la puerta como un delincuente. He oído casi toda la charla, sobre todo las respuestas airadas de Jonghyun respondiéndole a gritos que nada de lo que le dijera le haría cambiar, que no le diese ordenes y que no se metiese en sus asuntos si no quería problemas.

Lo que sí me ha sorprendido ha sido cuando al irse el director él se ha puesto a llorar. No un par de lágrimas, lloraba como un crio, casi ahogándose en su llanto.

No he sabido cómo reaccionar. Jonghyun llorando. Es algo que nunca imaginaria, y que me rompe el corazón. ¿Habrá sido por lo que le ha dicho sobre sus padres??? No he entendido mucho, pero sonaba a que el director les conocía. Casi he sentido pena por él cuando ha gritado a pleno pulmón “¡¡¡TU NO SABES NADA, NO LES IMPORTO UNA MIERDA!!!”

Casi.

Habría sentido pena por él de no ser por el hecho de que en cuanto me ha visto ha saltado detrás de mí, se ha sacado una navaja del bolsillo de los tejanos y ha empezado a perseguirme por el instituto vacío.

Creo que en mi vida he sentido tanto miedo. Que me persiga con un cuchillo por las aulas oscuras del instituto vacío, cuando ya todos se han ido, sabiendo que si me atrapa no dudará en rajarme con ese cuchillo que lleva. Es curioso que precisamente me guste por eso.

Y aun así, mientras corría por los pasillos huyendo de él no podía dejar de pensar en lo tierno que ha sido verle llorar, ver que tiene una parte vulnerable, que no es solo un delincuente sin sentimientos.

Y ahora estoy acorralado. No he sido capaz de cerrar la puerta del aula a tiempo y él ha entrado conmigo aquí. Ya no tengo escapatoria.

Esos brazos que siempre he soñado acariciar me cortan la retirada. Esos dedos que siempre he querido tocando mi cuerpo sostienen el cuchillo que me amenaza. Esos labios que siempre he querido besar ahora sonríen disfrutando de mi miedo. Esos ojos que siempre he adorado aunque nunca me hubiesen mirado ahora están clavados en mí, con un brillo aterrador.

Y lo peor de todo no es él, si no mi reacción, pues el miedo me está excitando cada vez más.

Si, así de rarito soy. Gay, diva y masoquista. Ese soy yo.

Se acerca cada vez más. La navaja sobre mi mejilla, presionando pero sin llegar a cortarme. Su rostro a escasos centímetros del mío. Casi huelo su aliento sobre mis labios.

Un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. Sentirle tan cerca de mí. Su mirada intensa, el frio del cuchillo sobre mi piel. Me pone. Creo que nunca había estado tan excitado. Dios, ¿cómo puede estarme pasando esto??? Es completamente surrealista…

– Vas a callarte ¿verdad princesita? – Oigo su voz, suave, dulce, nada que ver con los gritos de antes. – Vas a tener la boquita cerrada ¿verdad?

– ¿Vas a cerrármela tú?

Su cara de asombro: Épica. ¿Lo he dicho en voz alta? ¿Por qué habré dicho eso??? ¡Maldita bocaza! ¡Dios, Key, cállate!

Y de repente se ríe. Carcajadas frías que me provocan escalofríos.

– Bien princesita, vamos a jugar pues. – desliza la cuchilla por mi mejilla, sin llegar a cortarme, bajándola hasta mis labios. – Tal vez te rajo esta preciosa boquita que tienes…

Mierda, tengo miedo…

– Preferiría algo más caliente que un cuchillo…

¡Pero callate idiota!!!

– ¿Si? Pues parece que esto te gusta bastante…

Inconscientemente saco mi lengua para lamer el cuchillo, cerrando los ojos bajo la atenta mirada de Jonghyun.

Dios, soy subnormal.

Y de repente el cuchillo se aparta para dejar paso a algo más cálido, suave. Sus dedos.

Abro los ojos para ver como acaricia mis labios suavemente, mirándolos atentamente, con hambre, con deseo, casi tanto como el que yo siento observando los suyos.

Se acerca a mí lentamente, salvando la poca distancia que nos separa. Cierro los ojos, esperando un contacto que no se demora.

Y finalmente nuestros labios se juntan.

Mis manos de aferran a su camiseta, impidiéndole escapar, mis labios se abren dejando paso a su lengua, que se une a la mía en una lucha apasionada. Su izquierda se aferra a mi nuca, profundizando el contacto, mientras la derecha sigue agarrando con fuerza el cuchillo.

Él me empuja y mi cuerpo se desliza bajo el suyo.

Ahora mis brazos se cruzan tras su nuca, y mis piernas se doblan una a cada lado de su cuerpo.

La mano que antes presionaba mi cabello se desliza ahora hasta el borde de mi camiseta para subirla acariciando todo mi abdomen mientras nuestras bocas siguen devorándose mutuamente. Cambia su punto de apoyo y ahora siento el frio del cuchillo resiguiendo mi vientre, mi costado. Se desliza sobre mi piel, suavemente, si llegar a cortarme, pero provocándome un delicioso cosquilleo.

Necesito más.

Estoy loco.

Aumento el ritmo del beso y le muerdo el labio inferior con fuerza, esperando que él me devuelva la mordida.

Y lo hace, siento sus dientes clavándose en mis labios hasta hacerlos sangrar. Sangre que enseguida lame con gusto.

– Mmm…

No sé quien está disfrutando más con esto, si yo desangrándome o él bebiendo mi sangre. Ninguna de las dos cosas me parecen muy normales.

Oigo el sonido de una tela al romperse. Con la ayuda de la navaja ha partido mi camiseta por la mitad, cortándola des del cuello hasta la orilla. ¡Mi camiseta! Joder… esta me gustaba… que pena, tendré que ir de compras…

Inconscientemente me muevo debajo de él, rozando mi cuerpo semidesnudo contra él suyo. Él responde apretando más el cuchillo contra mi piel, abriendo esta vez un surco rojo en mi costado.

Gimo, la herida escuece, y eso me excita aun más.

Él sonríe y se separa de mis labios para lamer la reciente herida, bebiendo la sangre con avidez.

Su lengua… Dios, su lengua… La forma como se desliza sobre mi piel, sorbiendo la sangre que fluye de mi cuerpo.

Levanta la cabeza, separándose de mi herida, mirándome a los ojos.

De la comisura de sus labios cae un pequeño reguero de sangre. Mi sangre. La imagen es demasiado provocativa.

Cojo su rostro entre mis manos y le acerco a mi, ansioso por saborear de nuevo sus labios, su lengua, mi sangre.

Siento el sabor metálico, la calidez, pero también su pasión al enredar su lengua con la mía. Muerde mis labios magullados, partidos, haciendo brotar más sangre de ellos.

¿Cómo puede ser tan excitante el sabor de la sangre? ¿O son sus labios los que han conseguido que mis pantalones me parezcan tan estrechos?

– ¿Cómo te pone esto, eh princesita? – el susurro junto a mi oído me hace estremecer. Muerde el lóbulo de mi oreja. Con fuerza. Se me escapa un grito de dolor, y un jadeo de placer.

– A ti no ¿verdad?

Bajo mi mano por su pecho, hasta llegar al notable bulto en su entrepierna, apretándolo para hacer más obvio el significado de mis palabras, arrancándole un profundo suspiro de placer.

Su cabeza cae quedando recostada contra mi hombro, puedo sentir sus jadeos contra la piel de mi hombro desnudo mientras sigo acariciando su entrepierna por encima de los tejanos.

He adorado la ropa toda mi vida. Ahora la odio.

Bajo mi otra mano para ayudarme a desabrochar sus pantalones. Quiero sentir más de su cuerpo, quiero tocarle…

Pero sus manos me impiden seguir. Cogen las mías y me alejan, obligándome a abandonar mi propósito.

– No princesita, aun no…

Este mote empieza a molestarme…

– No me llames princesita.

Intenta besarme de nuevo pero aparto la cara, ofendido. Pero sus siguientes palabras no me ofenden, me entristecen.

– Y… ¿Cómo tengo que llamarte entonces?

Lo sabía, en el fondo lo sabía, pero aun así… Hace ya 2 años que vamos a la misma clase, aunque él casi ni se aparezca… Vale que no tenga amigos, que no hayamos hablado nunca pero… No sé, él se ha convertido en alguien tan importante en mi vida que no sé como encajar que él no sepa ni que existo.

– No te hagas el ofendido. – me responde riéndose. – Si quieres te llamo Kibum, pero sé que no te gusta…

Lo sabe. Sabe mi nombre.

– Que mono te pones cuando te emocionas. – Mierda, creo que acabo de perder toda mi dignidad. – sonrojado aun estás mejor.

– ¡Cállate!

– Aunque… sinceramente sigo prefiriendo el rojo de tu sangre.

Vale, no sé que es peor.

Prefiero no hablar. Estoy diciendo demasiadas tonterías.

Alargo la mano para coger la navaja que ha quedado abandonada a un lado. La cojo y le doy vueltas frente a mi rostro, observándola.

– ¿Mi sangre eh???

Él me mira atentamente mientras yo deslizo el filo por la palma de mi mano, cortándola.

Él frio del metal junto al punzante dolor del corte, el calor de la sangre, que pronto forma un pequeño charquito en el centro de mi mano.

Acerco la mano a mi rostro par lamer la herida bajo su atenta mirada. Pronto sus manos cogen la mía y su lengua ocupa mi lugar, bebiendo mi sangre con avidez, manchando sus labios de rojo oscuro.

¿Cómo puede sentirse tan bien que succionen tu sangre? ¿Qué laman una herida abierta?

Oigo mis gemidos como si fuesen ajenos, suaves jadeos entrecortados, sutiles quejidos de placer.

Poso mis ojos en su cuerpo. Su pecho se mueve por las respiraciones aceleradas, marcando sus músculos en la fina tela. Me sobra. Me sobra demasiado.

Con mi mano libre se la retiro hasta el cuello, dejando todo su cuerpo al descubierto. Él sonríe, divertido por mi curiosidad.

Yo muerdo mi labio, satisfecho por las vistas.

Me deslizo bajo su cuerpo hasta poder llegar a lamer su pecho.

Que músculos, dios. Qué bien se siente su piel caliente contra la mía…

Mis labios encuentran su pezón y se cierran sobre él con avidez, succionando con fuerza hasta que le oigo gemir.

Suelta mi mano y se aparta para quitarse la camiseta, dejando su torso completamente al descubierto.

Pero no pierdo el tiempo, aprovecho que está entretenido con su camiseta para intentar, de nuevo, desabrochar su cinturón.

Y, de nuevo, sus manos cogen las mías impidiéndomelo.

– Pero que prisas tienes. – me sonríe divertido. Yo le fulmino con la mirada, molesto. ¡Esto no se hace! – vamos a jugar un rato primero ¿sí?

No respondo, indignado, pero me dejo hacer cuando ata mis manos a la pata del pupitre con los restos de mi camiseta.

Me besa de nuevo, mordiéndome juguetón. Luego baja sus labios hasta mi cuello donde muerde y succiona hasta dejarme marca.

El dolor me hace gritar, y él muerde con más fuerza aun, haciendo que me revuelva molesto. Qué bien se sienten sus dientes…

Vuelve a coger la navaja, que desliza suavemente sobre mi piel. Él frio sobre mis pezones me hace estremecer. Es tan diferente de lo caliente que está su cuerpo…

Corta superficialmente bajo mi clavícula, lamiendo de nuevo la sangre que brota de la herida. De nuevo su lengua contra mi piel, lamiendo mi sangre, y nuevos gemidos que no puedo contener.

Mientras sus labios se entretienen en mi pecho sus manos se deslizan hasta mi cintura, bajando lentamente mis pantalones.

Me encantaría poder hacerle lo mismo que me ha hecho él, negarle desnudarme. No porque yo no lo desee, si no simplemente para que sepa lo que se siente. Pero claro, él se ha asegurado de que no pueda hacerlo atando previamente mis manos.

Pantalones y bóxer vuelan lejos. Siento frio, y por un momento me avergüenzo de mi desnudez.

Él sonríe, malicioso, y se relame exageradamente para que me cohíba aun más.

Se acerca a mis labios y me besa rápido, jugando, para luego bajar a ocuparse de mi erección. Veo que coge la navaja y la acerca peligrosamente a mi entrepierna.

– Ei, ei, ei, ei, ei… – replico asustado escabulléndome como puedo. – Eso sí que no. ¡No acerques el cuchillo a mi cosa por dios!!!

– ¡Estate quieto! – Me regaña – ¿no querrás un accidente verdad?

Vale, ahora sí, tengo miedo. Prefiero no mirar, solo por si acaso…

Siento sus labios en mi ingle, mordiéndome. Sus dedos recorriendo mis muslos, evitando muy obviamente mi miembro necesitado de atención. Prefiero no pedirle que se ocupe de eso, vete a saber que se le ocurre…

Y de repente el frio del cuchillo contra mi piel, cortando la zona justo por encima de mi ingle, en mi costado izquierdo, y enseguida sus labios succionando la sangre, su lengua lamiendo el corte.

Duele horrores. Este corte es más profundo que los anteriores, y en una zona más sensible. El dolor es casi inaguantable. Siento que podría correrme solo con eso.

Inconscientemente muevo mis caderas, abrumado por el placer que me produce su lengua. Resulta embriagador, casi delirante, el placer de sentir su lengua sobre mi piel. Nunca había sentido algo parecido.

Y ni siquiera ha empezado a tocarme. No voy a aguantarlo.

Se separa finalmente de mi herida y acerca a labios teñidos de rojo a los míos. No dudo en atraparlos entre los míos, devorándole con lujuria.

Sus manos sobre mi cuerpo, presionando mis heridas para provocarme dolor y arrancarme profundos gemidos, mi cuerpo completamente desnudo rozando el suyo. Necesito sentirle aun más.

Ahora sí que no va a detenerme.

Aprovecho que me abraza y atrapo sus manos contra el suelo con mi cuerpo, deslizando las mías hasta sus pantalones medio desabrochados ya, colando mis manos por entre su ropa para tocar su miembro ya completamente despierto.

Dios, que enorme, que bien se siente en mis manos… Y que calientes se oyen sus gemidos junto a mi oído.

Consigue liberarse de la presa de sus manos, pero no intenta detenerme ni impedirme que le toque, si no que se libra por completo del resto de su molesta ropa, para luego inclinarse sobre mi cuerpo y moverse, provocando que nuestras hombrías se rocen.

Creo que podría morir de placer ahora mismo.

Pero me equivoco. Me doy cuenta de que esto aun puede ser mejor cuando siento sus dientes en mi cuello, mordiendo con fuerza mi yugular.

¿Es que aun se puede sentir más placer?

Si se puede. Baja hasta mi pecho y muerde con fuerza un pezón. Succionando, lamiendo.

Sus manos aprietan mis heridas. Su boca baja aún más, hasta mi entrepierna. Muerde mi ingle. La reciente herida. La base de mi pene. Necesito sentirle, necesito que me toque ahí.

Y al fin siento sus manos alrededor de mi miembro, apretándolo y sacudiéndolo con rudeza. Mi espalda se arquea por el placer. De mis labios escapan sonoros y profundos gemidos. No puedo resistir el placer. Esto es demasiado. Me vengo…

Él se ríe. Me dice algo pero no le entiendo. Solo siento los espasmos de placer, sacudiendo mi cuerpo de la cabeza a los pies. El orgasmo tan intenso que no me deja ni moverme.

Y siento sus labios sobre mi pene, besando la sensible punta, lamiendo el blanco fluido que ha salido de mi interior, impidiéndome relajarme ni un segundo. Vuelvo a estar duro.

Reanuda sus caricias, haciéndome tocar el cielo y los siete infiernos de nuevo, pero esta vez soy yo quien le detengo.

No sin esfuerzo y con muchísima fuerza de voluntad me incorporo y cojo sus manos, impidiéndole seguir.

Él me mira, sorprendido, y yo me inclino sobre él, apartando sus manos a los lados entrelazando sus dedos con los míos.

Sonrío, divertido por mi propia idea y bajo mi cabeza hasta atrapar entre mis labios su duro miembro.

Siento su rigidez contra mi lengua, el calor de su pene palpitante.

Lo beso y lamo en toda su extensión, deleitándome con tan dulce manjar. Es apetitoso… tengo hambre de más.

Lo engullo, moviéndome arriba y abajo, haciéndolo entrar y salir de mi boca con movimientos rítmicos y constantes, sintiendo su glande golpear contra mi garganta repetidamente.

Oigo sus gruñidos, graves y guturales, y a la vez melódicos y suaves, como la más dulce música. Que hermosa voz…

– Ya… Ya Kibummie… – No estoy en condiciones de responder en este momento, gracias. – Ya… suéltame, voy a…

– ¿Era la gracia no? – respondo separándome al fin. – pensaba que se trataba de eso.

Le sonrío con picardía. Juro que no sé de donde me vienen esas tonterías que digo. Aunque ahora mismo y viendo como me mira me interesa poco…

Él consigue deshacerse de mi agarre y me empuja con fuerza hacia atrás, haciendo que mi cuerpo golpee contra el frio suelo, tumbándose él sobre mi cuerpo de nuevo.

– No quiero correrme en tu boca.

Vale, ahora no se me ocurre nada, pero me parece genial.

Me abro de piernas para él y las enredo a cada lado de su cuerpo. Ofreciéndome.

Atrapo sus dedos entre los míos, atrayéndolos hasta mi boca para lamerlos con lascivia, bajo su atenta y penetrante mirada.

Él sonríe de lado, travieso.

– ¿Necesitas lubricante? Pensaba que te gustaba sufrir…

Casi me rio de su comentario, pero en vez de eso clavo en él mis ojos en una mirada provocativa.

– Hay dolores y dolores, y del sexo me gusta disfrutar en toda su grandeza…

¿Cómo puedo decirle la verdad? ¿Creerá a estas alturas que soy virgen y me asusta tenerle dentro?

No, no me asusta, lo deseo.

Aparta sus dedos de mi boca para sustituirlos con sus labios.

Muerde mis labios y lengua, con la misma pasión con que yo le devuelvo los mordiscos. Nuestras lenguas chocan con fuerza, vuelvo a sentir el sabor de la sangre brotando de mis labios magullados.

Y mientras nuestros labios siguen unidos, rebosantes de saliva y pasión, siento sus manos recorriendo mi cuerpo, bajando cada vez más.

Coge mis piernas y las sube hasta la altura de los hombros, acaricia mi trasero, situándose en la mejor posición para entrar dentro de mí.

Y no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza mientras espero el dolor que sé que voy a sentir, un dolor que voy a disfrutar como ninguno, pero que temo…

– Hey… Relájate… – me susurra al ver mi expresión.

– Ya… Yo…

Escucho unas suaves risas de su parte.

– Shhht… – me susurra besando mi frente con cariño. – no voy a hacerte daño, – me susurra al oído – no más del que tú quieras sentir. – añade divertido.

No puedo evitar una sonrisa, sus palabras me relajan y siento un agradable cosquilleo en el estomago.

Y me relajo, me dejo llevar entre sus brazos y, solo entonces, le siento, grande y duro entrando en mi cuerpo virgen.

Y hay dolor, desde luego, es inevitable, pero se siente… Bien. Muy bien.

– Ahhh…

No puedo evitar los gemidos que sin quererlo yo escapan de mis labios.
Se queda quieto unos instantes, ambos acostumbradnos al estrecho contacto con el cuerpo del otro.

Esta recostado sobre mi, con la cabeza sobre mi hombro, jadeando con fuerza mientras clava en mi cintura los dedos como garras.

Yo tengo mi cuerpo arqueado, tenso por el placer y el dolor de sentirle dentro de mi cuerpo. Al estar mi cuerpo levantado mi pene roza su vientre desnudo, contribuyendo a endurecerme aun más.

Siento como se mueve en mi interior. Lento, profundizando cada embestida. Gimo palabras incoherentes que escapan de entre mis labios. Le llamo, pronuncio su nombre en un profundo suspiro, y me sorprendo al oír entre sus gemidos, susurrados a mi oído, mi propio nombre saliendo de sus labios.

– Kibummie…

Me sorprende, pero no puedo pensar, solo puedo sentir. Sentir como su enorme pene llena mi interior. Sentir las bruscas embestidas clavándoseme en lo más hondo, sentir sus gemidos en mi oído, sus manos en mi pecho, sus dientes en mi cuello…

Dolor, y placer. En consecuencia y encubriéndolo. Quiero sentir más. Más dolor, y más placer.

Parece leerme la mente.

Sus embestidas aceleran, penetrándome con más fuerza. Sus dientes muerden con fiereza la piel de mi cuello, lamiendo, sorbiendo, saboreándome. Sus dedos encuentran uno de los recientes cortes, y aprietan ahí, hasta hacerlo sangrar de nuevo.

Mi derecha se enreda en su cabello, presionando para acercarle más a mí, mientras la izquierda araña su espalda, clavándole las uñas irremediablemente.

Mis piernas se alzan, tensas, a cada lado de su cuerpo, sacudiéndose con cada espasmo de placer junto con el resto de mi ser.

Todo mi cuerpo duele con cada movimiento. Qué bien se siente. Maravilloso. Delicioso. Sublime.

Tiro de su cabello para levantarle la cabeza y atrapo sus labios con los míos. Necesito saborearle de nuevo. Más.

Su lengua se enlaza con la mía, ambas luchando entre nuestras cavidades. Resigo sus dientes, pequeños y perfectos. Saboreo su saliva, cálida y deliciosa.

– Ah… Kibummie… – gime de nuevo contra mis labios.

Pero sus palabras se pierden entre mis jadeos, las exclamaciones entrecortadas de ambos y el sonido del roce de nuestros cuerpos.

Le abrazo con fuerza y rodamos sobre el suelo, quedando ahora yo encima.

Me separo de sus labios, incorporándome sentado sobre su cuerpo. Ya echo de menos el sabor de su boca.

Él toma mis caderas y me incita a moverme.

Pero no lo hago. Por más que lo desee. Aguanto quieto, inmóvil, exasperándole.

Siento su deseo, casi tan intenso como el mío. Su cuerpo vibrante de la excitación. Sus ojos rebosantes de lujuria. Su miembro palpitante en mi interior.

Sigo sin moverme.

– Vamos Kibummie… – me suplica.

Aun no.

Aparto la mano y tomo la navaja del suelo donde ha quedado antes tirada.

Cojo su mano y hago un pequeño corte, muy superficial, en su dedo índice.

Acerco el dedo a mis labios y lamo la pequeña gota de sangre que brota de él.

Deliciosa, como imaginaba.

Y ahora sí, con el sabor de su sangre mezclada con la mía propia en mi boca y bajo su sorprendida y suplicante mirada me muevo de nuevo, haciendo que su órgano entre y salga de mi interior.

Sus manos se dirigen a mi entrepierna, par adarme placer también.

Lo toma entre sus manos mientras yo me estoy moviendo aún. Con fuerza, con ansias, con desespero.

Sacude mi miembro al ritmo de las embestidas que yo marco. Arriba y abajo, una y otra vez.

No aguantaré mucho más. Necesito venirme ya…

Pero él me empuja de nuevo contra el suelo. Sale de mi interior y me pone a cuatro patas sobre las frías baldosas, solo para instantes después volver a entrar en mi interior. Rápido, duro, brusco.

Ahora se mueve con rapidez, embistiéndome varias veces por segundo, llegando hasta el fondo en cada penetración.

Siento la corriente eléctrica en mi interior, el fuego que corre por mis venas quemándome, abrasándome, haciéndome sentir más vivo que nunca.

Pone sus manos en mis muslos, apretando para impulsarse aun más en cada embestida.

Nuestros cuerpos chocan, creando un vergonzoso sonido que se camufla perfectamente entre los potentes gritos de placer de ambos.

Quiero correrme, ¡necesito liberarme ya!

Pero es como si mi cuerpo no quisiese que esto terminase, como si quisiese alargar este instante para siempre.

Pasan minutos, tal vez horas, en las que no siento más que su cuerpo embistiendo el mío. Sus manos en mis caderas y el calor, el profundo calor.

Y finalmente se acaba. El placer llega a su punto culminante y me descargo de toda la pasión. Mi cuerpo se contrae por el placer mientras el líquido blanco sale disparado de mi cuerpo.

Él siente mi orgasmo, mis espasmos, mis gemidos aun más potentes que los anteriores, y llega también al clímax descargándose en mi interior.

Su esencia se esparce por mi cuerpo, llenándome, resbalando algunas gotas entre mis piernas. Las rodillas dejan de sostenerme, caigo al suelo y él encima mío, incapaz también de sostenerse.

Ambos nos quedamos así unos instantes. Tumbados en el suelo, abrazados, sintiendo aun la electricidad recorrer nuestros cuerpos.

Finalmente se gira para quedar tumbado a mi lado, saliendo de encima de mí y de dentro de mi. Sigue estando muy pegado a mi, una pierna sobre las mías y su mano sobre mi mejilla.

Yo alargo los brazos hacia él y le rodeo con ellos, recibiendo en respuesta un cálido abrazo.

– ¿Ha sido tu primera vez? – me pregunta con voz suave, casi en un susurro.

Mi res puesta es simple. No hace falta mentir, ni dar explicaciones de nada.

– Si.

– También la mía.

Y le creo, no porque se viera inexperto, ni de cerca, si no porque puedo oír en su voz que es sincero, puedo escuchar en su corazón que no me mentiría sobre algo así.

– Mi mote, es Key. – le explico – pero puedes llamarme Kibummie. Si lo dices tú suena bien.

Levanta mi rostro con una mano y lo alza para besarme. Dulce, suave.

Nos quedamos mirándonos a los ojos. Igual unos minutos, igual horas.

Al fin aparto la mirada, sonrojado, cohibido.

– ¿Que ha sido de la putilla masoquista del principio eh Key? – se ríe. Y yo vuelvo a mirarle para fulminarle con mis ojos. – me gusta ver que también tienes un lado tierno. Ya me veía en el hospital con transfusiones de sangre cada vez que tuviese un arrebato de pasión.

– No soy tan bestia… – respondo haciendo un puchero.

En verdad hasta hoy no sabía que lo era.

No me pasa por alto que su comentario incluye un futuro. Un futuro juntos.

 

Miro por la ventana como las nubes recorren el cielo, empujadas por este viento veraniego.

– Kim Jonghyun ¿puedes salir a resolver esto a la pizarra?

Vuelvo la vista a la clase. Él está ahí, sentado varios pupitres más allá, con los puños apretados. Me busca con la mirada, y yo asiento y le sonrió, dándole ánimos.

Casi tiembla cuando se levanta y se dirige al pizarrón al frente de la clase.

Coge la tiza y se detiene ahí, pensando, hasta que con un suspiro lo deja y se dirige al profesor.

– Lo siento señor, no sé hacerlo.

– ¿Y por qué no?

Aprieta aun más los puños y traga saliva.

– Porque no asistí a esta lección.

– Ni a las anteriores – le recuerda. Jjong niega con la cabeza, en silencio. – espero, pues, que hayas aprendido y a partir de ahora asistas a las clases.

Él asiente, tragándose su orgullo, y a un gesto del profesor vuelve a su sitio y se desploma sobre la silla.

– ¿Choi Minho, puedes resolver esto en su lugar…?

<< Vamos Jjong >> le grito mentalmente << Ánimos >>

Sé que esto le está costando, asistir a clase, como un chico bueno, tragarse su orgullo y aceptar los sermones y burlas de los profesores que se vengan por todo el tiempo que estuvo ausente.

Pero lo está haciendo. Por mí.

Suena el timbre indicando el final de las clases. Recojo mis cosas y me levanto, no sin dolor. Mis heridas ya están cicatrizando, pero mi cuerpo aun no se recupera de nuestro primer encuentro… ni de los siguientes.

Despido a mis compañeros con la mano y me acerco a él, agachándome junto a su pupitre.

– ¿Estás bien?

Levanta la cabeza, me mira y me sonríe entrecerrando sus ojos de cachorrito.

– Si, es solo que tengo que ponerme al día, y es mucho trabajo…

– ¡Peo yo voy a ayudarte! Puedo hacerte repaso si quieres.

– Yo sí que voy a hacerte un repaso…

Su voz lujuriosa hace que me suban los colores y agacho la cabeza, avergonzado. Pero él me toma por la barbilla y levanta mi rostro para atrapar mis labios con los suyos.

Los compañeros que aún quedan en clase, incluido el profesor, nos miran mal. Sorprendidos, asqueados, indiferentes algunos.

Dejamos claro des del primer día que no íbamos a esconder nada. ¡Como si a ninguno de los dos nos importase ya lo que pensaran de nosotros…! y la verdad es que a la que dejas de hacerles caso no es tan difícil…

Cogidos de la mano salimos del aula y del instituto. Siempre juntos.

– ¿Sabes? mis padres están fuera hasta mañana – me dice sonriente. – Así que mi casa está vacía…

Lo pienso unos instantes. Su casa significa la enorme cama de la habitación de invitados, el jacuzzi, su cama con dosel donde me ató la última vez…

Me estoy poniendo duro solo de recordarlo.

– Igual luego. – le respondo. – de momento quiero un helado, y pasear cogidos de la mano por el parque, ir de compras al centro comercial… Tienes que comprarte esos pantalones que vimos la última vez. Los negros. Te sentaban muy bien, te veías muy…

Recuerdo cundo fimos de compras. La ropa que le escogí le sentaba realmente bien, pero duró poco sobre su cuerpo.

Recuerdo sus labios recorriendo mi cuerpo, si cierro los ojos aún puedo sentir su lengua, sus dientes, sus ardientes caricias…

– ¿Sabes qué? – le respondo al fin sonriente – vamos a tu casa.

Llámame por mi nombre

Categoria: (mini)Fanfic Yaoi

Peronajes: SHINee (grupos K-pop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key)

 

Esta idea fue… improvisación sobre la marcha. Queria escribi otra cosa, peró terminó saliendo esto, y como me encanta pos… lo dejé! ^^ es MUY romantico y moñoso, pero creo que sin llegar a empalagoso… Bueno, ya lo descubrireis.

¡¡¡A leer!!!^^

Abrí los ojos lentamente, adormilado, sintiendo los rayos de sol en mis párpados. Aún podía sentir el aroma de mi Diva en las sabanas de la cama, el tacto de su piel en mis dedos, aunque, evidentemente, él ya no estaba a mi lado.

Me incorporé, y miré a la habitación a mí alrededor. Key se secaba el cabello con una toalla sentado en la otra cama. Ya había olvidado cual era la de quien.

Acababa de ducharse y llevaba puesta una simple camiseta ancha, blanca con gruesas rayas rosas, junto con unos tejanos arrapados. Iba arreglado, claro, pero no lo suficiente para salir a la calle, no siendo la almighty Diva.

Ronroneé, removiéndome en la cama. No quería levantarme aún, pero sabía que no sería capaz de dormirme de nuevo, menos sin mi princesita entre mis brazos.

– Buenos días perrito dormilón.

– Hum…

– ¿No vas a levantarte? hace un día precioso, incluso creo que Taemin ha hecho el desayuno. – me iba diciendo con una enorme sonrisa entrecerrando sus ojos felinos – espero que sea algo comestible – añadió haciendo una mueca.

Después se rió de su propia broma, cubriéndose la boca con la mano, dejando que la toalla cayera sobre sus hombros dejando al descubierto sus mechones rubios. Su risa era como el tintineo de unas campanas, el dulce sonido de las notas de un carrillón, pero mucho más suave y dulce. No, no era eso, no se podía describir, era simplemente la risa de Key, de mi Key.

Yo no me reí, ni siquiera había entendido la broma, a esas horas mi cerebro aún estaba embotado y las pocas neuronas que me funcionaban se perdían entre las risas de mi diva, entre la piel de su cuello y clavícula que se veía por su amplio escote, entre los pliegues de su camiseta ancha que dejaban adivinar su vientre plano, entre sus mechones rubios de los que caían aún pequeñas gotitas, entre sus negras y largas pestañas que le tapaban los ojos entrecerrados.

– Puppy… ¿estás dormido aún? – él dejó de reírse y me miraba extrañado, aun sin borrar esa sonrisa de sus labios, esos labios perfectos el sabor de los cuales aún podía sentir sobre los míos.

Sonreí, sonreí como un estúpido enamorado por la belleza de mi novio. Pero eso era yo, un estúpido enamorado. Enamorado y feliz, por poder despertar cada día a su lado.

Me incorporé sobre la cama y abrí los brazos, pidiéndole con la mirada que se acercara a mí. No se hizo de rogar, cruzó con dos pasos el espacio que nos separaba y se sentó en la cama a mi lado. Y le abracé, suave, apenas rozando su cuerpo, enterrando mi cabeza en su cuello para aspirar su aroma.

El intenso olor a sudor de la noche había sido sustituido por el fresco aroma de su jabón de rosas y su colonia de lavanda. Amo ambos, aunque tenía muy claro cual prefería en ese momento, cada cosa tiene su tiempo, y entonces me sentía relajado, ligero, solo quería abrazarle para siempre.

– Te amo. – susurré aún contra su piel.

– Vale… esto empieza a ser muy raro. – murmuró extrañado, pude percibir en su voz una nota de diversión – ¿Ha pasado algo?

Levanté la cabeza para mirarle a los ojos, sonriente, y negué con la cabeza.

– No ha pasado nada – le digo – es solo que te quiero.

Sonrió, desviando los ojos de mirada intensa y sonrojándose.

– Yo también te quiero Yeobo…

Me acerqué a su rostro y rocé sus labios con los míos, muy suave, solo probando su tacto.

– Llámame por mi nombre. – pedí sin separarme.

El se extrañó, y se separó para mirarme interrogativo.

– Siempre me llamas por motes – le explicó levantando la mano para rozar su mejilla. – me gusta, pero quiero que me lo digas llamándome por mi nombre, al menos una vez.

Sonrió, aun sonrojado, y yo alcé su mentón para obligarle a mirarme. Quería verle los ojos, perderme en esos enormes pozos oscuros. Él me devolvió la mirada, una mirada igual de intensa que la mía, que me hizo ver, sin necesidad de palabras, que me amaba tanto como le amaba yo a él.

Y aún así me lo dijo, abrió su pequeña boca separando sus labios gruesos y rosados y me dijo con voz dulce.

– Te amo… Jonghyun.

Gif: celos

Categoria: (mini)Fanfic Yaoi

Peronajes: SHINee y algo de Big Bang (grupos K-pop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) + 2min mencionado

Rating: apto

Ante todo decir que es una idea muy tonta que se me ocurrió al ver este gif (que ni siquiera se a que corresponde): http://24.media.tumblr.com/tumblr_m6e4lpkJBp1r2ydp9o2_250.gif

nada más, a leer! ^^

Nos encontrábamos esperando para la decisión de los jueces del Inkigayo, se estaban demorando y todos estábamos muy nerviosos.

Jonghyun se mordía las uñas bajo la reprochadora
mirada de la estilista que le había hecho la manicura un par de horas antes,
Taemin había empezado a hipar hacia un par de minutos, Minho se había quedado
en su habitual estado de “ausente” mirando a algún punto indefinido, Onew
tarareaba canciones infantiles para distraerse. Yo también estaba nervioso,
aunque me esforzaba por no demostrarlo. Sentía un nudo en el estomago.

– ¡Para ya Key! – me regañó Jonghyun dándome un
codazo – ¡me estas poniendo nervioso!

– ¡Pero si no estoy haciendo nada!

– No paras de dar golpecitos con el pie en el suelo. ¡Me
estresas!

– ¡Pues tu deja de morderte las uñas!

– Oye matrimonio, ¿podéis discutir después? – ese es
el maknae, que se ha vuelto muy osado des de que sale con Minho. – me estáis
poniendo nervioso a mi… ¡hip!

Big Bang están aquí a nuestro lado, no parecen tan
nerviosos como nosotros. Pero claro, ellos son los hyungs, los guais, han
pasado muchas veces por esto, tienen más premios, saben controlar mejor los
nervios…

I entonces me fijo en la ropa del presentador, tiene
una costura mal hecha, los puntos no son perfectos y hacen que la juntura sea
irregular, es sutil, pero un fallo tremendo teniendo en cuenta lo que le habrá
costado el traje… y hay un hilo suelto…

Mi mente está tan concentrada en esa pequeña tara que
ni siguiera me entero de cuando dicen los premios, solo sé que de repente todo
el mundo está gritando y que tengo un trofeo en las manos.

Veo a Jjong saltando a los brazos de Seungri que está
a su lado antes de haber asumido la euforia de la victoria. Le taladro con la
mirada unos instantes para, justo después, reaccionar. Hemos ganado ¡HEMOS
GANADO!

Oigo un grito de diva histérica justo antes de darme
cuenta que soy yo el que grita eufórico.

Si pudiera correría por el escenario, pero me
conformo con patalear como una nena y morder el trofeo que tengo en las manos.

Por algún motivo una parte de mi mente normalmente
latente pero que sigue estando allí todo el tiempo relaciona el hecho de
llevarme el trofeo a la boca con otra cosa, igualmente alargada… lo que me
recuerda algo.

Me giro a mirar a Jjong, que sigue en brazos de
Seungri. Detecta mi mirada y se baja enseguida, algo avergonzado por lo que
puedo ver. ¡Ya te vale puppy! de esta no te libras.

Pero estoy demasiado feliz para enfadarme, ya me haré
la diva ofendida luego. Agito el trofeo en el aire y abrazo a los demás
miembros de SHINee también eufóricos.

Más tarde, en la Van de regreso al apartamento Jjong
y yo estamos sentados atrás. Normalmente no nos sentamos allí, pero él ha
insistido. Yo ya tengo mi “diva ofendida mode on”, así que imagino que quiere
“arreglarlo”.

– Que no Jonghyun, que no hay sexo – le digo al fin
lo suficientemente alto para que lo oigan todos los demás. – y si tantas ganas
tienes ve a buscar a tu amiguito…

– Kibummie…

Me giro hacia la ventana, ignorándole. Capto de reojo
que los demás nos miran sorprendidos.

Siento sus brazos rodeándome y sus labios contra mi
oreja.

– No te enfades Kibummie… – me susurra – no soporto
que te enfades… te quiero demasiado…

Aish, imposible resistirse a esa voz de cachorrito. Me
giro y le beso, refugiándome en sus brazos. La verdad es que es lo único que
deseo ahora, sus abrazos, sus besos, sus caricias… Bueno, ahora y siempre.

– Os vais a esperar a llegar al apartamento o vamos a
tener que presenciar otra escena de sexo reconciliatorio? – creo que alguien debería
controlar a ese maknae…

Ya se encargará otro, ahora estoy ocupado…