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Día. Noche.

Dia:noche

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: SHINee (Grupo Kpop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) 

 

Hacía mucho que no escribía un Jongkey. De algún modo es como si formasen parte de mi pasado, mis inicios. Me ha dado cierta añoranza sacar estos personajes del armario (¿en ambos sentidos?) y jugar con ellos (en todos los sentidos que queráis :P). La excusa ha sido simple, un cumpleaños. Si Judit, va para ti, con retraso, porque si no no sería yo, pero espero que te guste ^^. Con mucho amor de tu… ¿Oppa? nunca me acostumbraré a que me llames así XD

 

 

 

 

Le oigo meterse en la cama y espero a que se quede dormido. Escucho las respiraciones, más seguidas al principio, mas rápidas. Suspira, se da la vuelta y exhala. Yo me quedo muy quieto en mi cama, esforzándome en hacer mis respiraciones lentas y pausadas, cadenciosas. Como si estuviera durmiendo. Intentando dormir realmente.

– ¿Jjong? – Me llama. Guardo silencio y sigo inmóvil, respirando con el mismo ritmo suave. Vuelve a suspirar y gira de nuevo, dándome la espalda.

Espero.

Se me cierran los ojos y el mundo empieza a desvanecerse a mi alrededor. El sueño me vence, pero me fuerzo a mantenerme despierto. Porque si, porque esto ya se ha convertido en una estúpida y enfermiza obsesión.

Así que sigo esperando, y cuando oigo que sus respiraciones se vuelven lentas y regulares, que ya no se mueve, que ya no puede ser consciente de nada de lo que haga, me levanto pesadamente y me arrastro hasta su cama, con infinito cuidado de no despertarle.

Me agacho a su lado, me inclino sobre él e inspiro. Me llega su olor. Su olor a colonia cara y desmaquillante, al champú de extracto de fresa y a café. Olor a Kibum, a mi bebé, que nunca será mío.

Aparto la colcha, lentamente y con cuidado, con el corazón a cien y la práctica que hace la experiencia. Me deslizo en la cama a su lado, sin llegar a tocarle, nunca, sin que se despierte. Me quedo junto a él, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo. Mi corazón se acelera y mi piel hierve de excitación. Le tengo tan cerca que casi puedo paladear su aroma, su piel suave. Rozo con mi nariz los mechones de su pelo. Y tiemblo. Reprimo un suspiro y me muevo con mucho cuidado para moldear mu cuerpo al suyo. Medio centímetro entre nosotros, entre cada milímetro de nuestra piel. Tan cerca y tan lejos.

Esto es enfermizo. Demasiado. ¿Que me has hecho Kibum? Que me ha convertido en un obseso, que estoy ahora respirando de su pelo, bebiendo del calor que desprende mientras duerme, mientras no puede saber que le adoro y le amo. A oscuras, cada noche, cada absurda y desquiciante noche en que me cuelo en su cama a escondidas y siento en mi cuerpo su calor, e imagino por unos segundos que me quiere, que cuando se gira en la cama y me abraza, cuando se mueve y salva ese eterno medio centímetro que siempre dejo entre nuestros cuerpos, cuando se da la vuelta y respira sobre mis labios no está dormido. Quiero creerlo, de algún modo. Como si fuese posible. Como si pudiese tenerle duranle el día como le tengo durante la noche. Como si pudiera abrazarle sabiendo él que está entre mis brazos.

Siento la primera lágrima asomando en mis ojos. Parpadeo y cae lentamente por la comisura, sobre su almohada. Mañana se habrá secado, desapareciendo sin dejar ningún rastro de que ha estado allí. Exactamente igual que yo. En un arrebatador acto de osadía beso su cabello y rozo su cuello. Me estremezco al sentir su piel bajo mis dedos y siento una abrumadora necesidad de besarle, de morderle, de marcarle como mío.

Como si fuera mío.

Llorando, con su cuerpo a mi lado y su corazón tan lejos me quedo dormido.

 

Despierto antes, como siempre. Deshago el abrazo en el que inconscientemente nos hemos enredado durante el sueño, acariciando su piel en una particular despedida. Hasta la noche.

Hasta que vuelvas a ser mío.

Me levanto con cuidado, busco mis zapatillas y salgo de la habitación. Un par de minutos más tarde vibra el móvil en mi bolsillo trasero, indicándome que es hora de levantarme. Por si acaso.

Abro la persiana del comedor, sonrío y le doy los buenos días al mundo.

Desayuno y juego un rato a la play con Minho. Le dejo ganar. Más tarde en la agencia caliento mi voz y ensayo. Cantamos, bailamos, nos hablan de futuros proyectos, nos preguntan nuestra opinión como si alguien fuera a tenerla en cuenta, y luego veo como Key se va con su amigo, su novio aunque nadie pueda saberlo.

Sonrío de nuevo y doy una vuelta con los chicos por la agencia a ver si alguien quiere hacer algo esta tarde.

Cuando salimos del cine llueve, pero eso no impide que Taemin, Kai, Sehun y Chanyeol salgan a la calle corriendo y gritando subnormalidades. Mientras alguien se dedica a poner orden entre los maknaes (y Chan) Amber me coge de los hombros y me pregunta si todo va bien.

– Como siempre – le respondo con una sonrisa. Salgo también bajo la lluvia. Mientras veíamos la peli Seop ha subido otra foto con Key. Por suerte nadie puede saber si lo que cae por mis mejillas es lluvia o lágrimas.

Lloro demasiado.

Key ha preparado la cena que nos aguarda servida en la mesa, deliciosa como siempre. Él está en el sofá, en brazos de su novio que se va un rato más tarde despidiéndose con un beso demasiado largo.

Por algún motivo, Taemin me abraza al pasar a mi lado y tira de mi para meterme en la cocina.

– Ayúdame a lavar los platos, anda.

Voy a replicarle que le toca a él, pero no quiero volver a salir a la sala y verles besándose. Asiento y voy enjuagando los platos que me pasa hasta que oigo la puerta cerrarse.

Me doy una ducha antes de ir a dormir. Me pongo el pijama y el móvil en el bolsillo trasero, les doy las buenas noches y me meto en mi cama. Aguardo.

– Jjong… – me llama desde su cama como cada noche. Suspira – supongo que ya duermes… – vuelve a suspirar y se da la vuelta sobre su cama, pero vuelve a incorporarse. – Seop es… me siento bien con él, pero tampoco… No quiero… Jjong… En fin, ¿que más da? – da otra vuelta algo más brusca. Y yo sigo en silencio.

Espero hasta que se duerma, me meto en su cama y dejo que me abrace en sueños, que me ame dormido cuando no sabe que estoy allí.

Despierto antes que él, desaparezco, le veo irse con la pesadilla de cada día, le veo besarle, abrazarle y sonreírle. Y no soy yo.

Vuelvo a sus brazos cada noche. En la oscuridad es mío y de nadie más. Mientras sueña me abraza y pega su cuerpo al mío, respiro de su aliento y beso su cabello y siento que me pertenece igual que él tiene mi corazón, la voluntad que perdí tanto tiempo atrás.

Pero por las mañanas vuelve a irse. Se va con su novio y me sonríe desde sus brazos. O como mínimo quiero pensar que me sonríe a mi. Durante el día es mi amigo y nada más.

Duermo a su lado, en secreto, sin que lo sepa. Incluso le oigo murmurar mi nombre dormido. Porque las noches me pertenecen. Pero obviamente no es más que un sueño, mi imaginación. Pero quiero creerlo.

Llueve y Taemin me encuentra en la terraza. La lluvia me golpea en la cara y cae por mis mejillas, sobre mis labios. Es hermoso y me relaja. Él sonríe y me abraza. Sin decir nada. Onew me coge y me vuelve dentro, me lanza una toalla sobre la cabeza y me encierra en el baño para que me seque.

Kibum ha salido de nuevo, volverá tarde. Y por más que intento esperarle despierto me puede el cansancio y se me cierran los ojos antes de que llegue. Tengo pesadillas sin él a mi lado, porque ya no puedo dormir si no le siento entre mis brazos. ¿Me echará también de menos aunque no lo sepa?

Despierto en mi cama y se siente extraño. Más aún porque está a mi lado. Su brazo cruza mi pecho, sus piernas se enlazan con las mías y su rostro está tan cerca que le siento respirar sobre mis labios. Igual que cada mañana, solo que no soy yo quien le he buscado.

Con el corazón desbocado espero, observándole. ¿Por qué está aquí?

Despierta poco a poco, y cuando abre los ojos no puedo evitar preguntar.

– ¿Te equivocaste de cama?

– No. – responde sin más.

Se incorpora, deshaciendo el abrazo, alejándote. Y veo como sale de la habitación, dejándome aquí solo, con mil dudas y ninguna respuesta.

Le observo durante todo el día, mientras le tengo cerca. Le observo incluso cuando Seop viene al apartamento y se la pasan pegados, jugando con los perritos a vestirles y hacerles fotos, como si fuesen muñecas. Le observo mientras le besa, mientras sonríe y es feliz a su lado, y me pregunto por qué estaba en mi cama esta noche, por qué me buscaría él a mi.

Vuelve a ser de noche, me tumbo a mi cama a esperar y oigo como se desnuda, se pone el pijama y se mete en la suya.

– Jjong. – finjo estar dormido, como siempre. – No hace falta que esperes a que me duerma.

Abro los ojos como platos.

Si, es obvio que lo sabe. No, no me sorprende. Sabía que podía pasar, pero también sabía que cuando lo descubriera necesitaría excusas y milagros para justificarme.

Pero me espera, de espaldas a mi siento que me llama a que vaya y le abrace. Lo ha hecho al fin y al cabo.

Me trago mis excusas, mis nervios y mi corazón desbocado y me meto en su cama con cuidado. Sé que ahora puede oírme, pero eso no quita la costumbre de deslizarme entre sus sábanas con sigilo. Me amoldo a su cuerpo, sin tocarle pero sintiendo su calor. Se mueve y se cuela entre mis brazos, pega su cuerpo al mío, mi nariz entre su pelo y sus manos envolviendo las mías, enlazando nuestros dedos.

– ¿Por qué? – no puedo evitar preguntarle.

– Porque no quiero perderte – responde.

Se gira y me besa, y mi corazón se detiene cuando siento sus labios sobre los míos. Respiro su aroma y bebo de él, me fundo con él, me pego a su cuerpo deseando que nunca termine este beso, deseando que nos fundamos y la mañana no pueda separarnos.

Porque la noche me pertenece. Más que nunca, pero cuando salga el sol dejará de ser mío. Me sonreirá desde los brazos de otro y será mi amigo, mientras por la noche me abraza, me besa y es uno con mi alma.

– Te amo. – Ya lo sabe, pero se lo repito en cada uno de mis besos.

Le beso, y él a mi. Una noche tras otra nuestros cuerpos se enlazan y se funden. Ya no espero a que duerma. Me espera con los brazos abiertos y yo le abro mi corazón más que nunca, un corazón que se rompe cada mañana cuando se levanta de la cama y se va, cuando deja de ser mío.

– Lo siento – murmura una noche contra mis labios. – Odio hacerte esto.

¿Quién habla? ¿Mi amigo o mi amante? ¿Se refiere a los besos o a las distancias?

Sea lo que sea sigue haciéndolo, sigue siendo mío cada noche y levantándose cada mañana para ser de otro.

– Lo arreglaré – me promete Kibum en la agencia cuando nos quedamos solos. – Terminarás siendo tu, siempre. Siempre has sido tu. Solo necesito… tiempo… Deshacerme de esto.

¿Esto? ¿A que se refiere con “esto”? ¿Al flamante novio que viene a buscarle cada tarde? Al que le sonríe, al que deja que le bese a la luz del día, a quien le pertenece desde que sale el sol hasta que vuelve a hacerse uno conmigo por las noches.

Y no sé si es mi imaginación, mi deseo de que me pertenezca siempre y no solo cuando reina la oscuridad, pero cada mañana parece alargarse más, cada noche empieza antes, cada día parece buscarme más. Cada vez que me sonríe veo más luz en sus ojos, una luz que veo apagarse cuando le mira a él. Y por más que no quiero hacerme falsas esperanzas y que rompa mi corazón otra vez parece ser que la noche está ganando sobre el día.

Hasta el punto de que él deja de existir. Hyeongseop deja de venir al apartamento, deja de ir a buscarle, desaparece. Y Kibum, el Kibum del día que nunca ha sido mío se me acerca un mediodía. Entra luz por las ventanas cuando se sienta a mi lado en el sofá, me abraza, me besa y murmuras contra mis labios.

– Te amo.

 

 

 

 

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El recuerdo de esa noche

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Libre

ADVERTENCIA: drama

Ante todo recordar que no me gusta escribir dramas… (?) Pero bueno, debía tener un mal dia :S y si, es triste triste, pero creo que tambien es bonito ^^

El recuerdo de esa noche.

Si cierro los ojos aun puedo verlo.

Como te acercaste a mí, esa mirada.

Llevabas un par de copas de más, aunque lo negases.

Recuerdo tus labios dulces, suaves. Besaste mis labios, y mi piel. Te entregué todo mi cuerpo, y tu lo tomaste, igual que tomaste mi alma y mi corazón.

Recuerdo tus dedos en mi cuerpo, el tuyo bajo los míos. El sabor de tu piel, de tus suspiros. Tan dulces, tan embriagadores.

Me sentí lleno de ti, en más de un sentido. Me cambiaste, me hiciste soñar despierto la mejor de las fantasías.

Dormí a tu lado, abrazado a ti entre tus cálidos brazos, y tu rostro fue lo primero que vi al despertar.

Mi ángel, mi sueño, mi amor.

Pero he caído en la realidad.

¿Me amas? No lo creo.

Tomaste mi corazón, que se hizo añicos en cuando lo soltaste.

Mi alma se partió con solo dos palabras tuyas.

“Nunca más” dijiste.

Y te fuiste.

Me dejaste. Me abandonaste, y te llevaste contigo mi amor, mis sueños, mi deseo, mi vida, pues todo te lo había entregado.

Mi corazón roto, mi alma partida y mis ganas de vivir que se fueron por esa puerta contigo, y desaparecieron en el momento en que la cerraste.

¿Y qué voy a hacer yo ahora? ¿Ahora qué te lo has llevado todo y me has dejado aquí, solo, abandonado, y sin nada más que el recuerdo de esa noche?

No puedo olvidarlo.

Tu cuerpo cálido, tu mirada ardiente, tus besos dulces.

Me dijiste que me amabas. Me abriste tu alma. Llenándome de la más pura felicidad. No, de algo aun más poderoso que solo puedo llamar Amor.

Tu amor, que aun siento empujando mi corazón a cada latido.

Jamás debí hacerte eso. Jamás debí atarte a mí. Y aun así no puedo soltarte. Atesoro el dulce amor que me entregaste. Tu corazón, lo guardo conmigo, incapaz de devolvértelo por más que sepa que esto no es lo correcto.

Tampoco puedo ir a buscarte. Ya no.

No puedo atarte a mí.  No ahora, no a ti.

Esa dulce sonrisa. No voy a borrártela.

Esos hermosos ojos. No voy a llenarlos de lágrimas.

A ti, no puedo hacerte daño.

Pero lo he hecho. Y me odio por eso. Odio al mundo, a mi condición y a las cuatro paredes que me rodean, que me ahogan, recordándome a cada segundo mi situación.

Sé que no me espera un destino feliz, pero tú debes vivir por los dos, debes olvidarme y seguir sin mí, porque yo no puedo estar contigo.

Olvídame, vive feliz.

Las lágrimas caen y mi cuerpo maltrecho me duele, pero no más de lo que me duele el alma por lo que te hice.

Nunca debí hacerlo.

Nunca más lo haré.

Debo alejarme de ti. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que las ataduras sean demasiado fuertes, antes de que no haya marcha atrás.

El recuerdo de esa noche me tortura, recordándome una y otra vez lo que nunca debí hacer. Pero también me llena de felicidad. Haber sentido eso al menos una vez. Haber estado contigo antes de que todo termine.

Que egoísta. No dejaré que sufras por mí, por mi egoísmo. Debo ser fuerte, por los dos.

Pero mientras mi cuerpo se rompe y la vida se me escapa con cada aliento me aferro a tu recuerdo. A la luz de tu sonrisa y al sonido de tu voz. Incapaz de olvidarte.

Vive por mí. Se feliz por los dos. Y olvídame.

Tu madre me ha llamado hoy.

Aun me duele oír tu nombre. Aun hace que sienta en mi pecho una punzada terrible. Justo donde debería estar mi corazón. El corazón que te llevaste.

Pero el dolor no es comparable al que he sentido cuando he oído sus palabras. Sus lágrimas. La Profunda tristeza en su voz.

He sentido mi alma romperse en mil pedazos, justo cuando había terminado de pegarlos.

Esto no es posible. No lo es. No puedes abandonarme. No así.

Te necesito.

Y he corrido. Como nunca lo había hecho. Avanzando en enormes zancadas por las calles de esta ciudad que ahora se me antoja sombría. Las lagrimas bañaban mi rostro, aun ahora no se han detenido.

No puedes hacerme esto.

Puedo aceptar que no me ames.

Puedo aceptar que no me quieras ver.

Puedo aceptar que quieras alejarte.

Pero no así.

No puedes irte para siempre, sin darme la oportunidad de seguirte.

He recibido un abrazo asfixiante. Tu madre se aferraba a mi igual que un naufrago a un salvavidas. Se hundirá si tú te marchas.

Yo me quedaré a la deriva. Esperando eternamente que regreses a mi.

Sus brazos me atrapaban con fuerza y sus lágrimas empapaban mi camisa.

Pero la he apartado.

Necesitaba verte a ti. Aunque solo fuese una vez más.

Me he detenido ante la puerta cerrada. Temiendo lo que iba a encontrar detrás.

No puedes irte.

No puedes dejarnos.

No puedes morirte ahora.

Cuando has abierto la puerta mi mundo se ha iluminado.

Eres mi luz. Solo tu recuerdo hace que mi corazón siga latiendo.

Pero no puedo hacerte eso. No puedo dejar que te ensucies con mi oscuridad. Tu luz tiene que seguir siendo pura, ya te he hecho suficiente daño.

Tal vez todo sería más fácil de no haberte conocido. Menos doloroso. Pero no me arrepiento de haberte amado. Has llenado mi corazón como ningún otro había hecho. Jamás olvidare eso. Pase lo que pase.

Pero tú si debes olvidarme. Porque no quiero ser una espina clavada en tu corazón. Debes ser feliz por mí. Por los dos. Olvídame, y haz como si no hubiera pasado nada.

Pero no te has ido. Te has acercado. Cada vez más.

Llorabas. Llorabas por mí. Lo que siempre quise evitar. Pero ya no podía escondértelo. Ya no puedo negar que quiero estar a tu lado. Aunque sea por última vez.

Has venido temblando hasta mí. A pasos lentos. Vacilantes. Probablemente sin creerte lo que veías. ¿Tan lamentable es mi aspecto? ¿Tanto refleja el tormento que siento?

Te has dejado caer de rodillas a mi lado, sin siquiera poder hablar, las lagrimas parecían querer ahogarte.

Y te he sonreído, no quiero que me recuerdes llorando.

No ha sido tan difícil. Tenerte aquí me ha hecho feliz. Tenerte a mi lado. Poder verte una vez más. Aunque sea la última, aunque sea así. Me he dado cuenta de que era lo único que deseaba. Que egoísta.

– No llores. Estoy feliz.

Y tú me miras incrédulo. Aun sin creerte lo que está pasando.

Y sigues sin decir nada. Me abrazas.

Mi cuerpo duele, pero mi alma se siente en el cielo entre tus brazos. Tus lágrimas me empapan.

No puedo devolverte el abrazo. Mi cuerpo no responde. Pero si puedo susurrarte al oído lo mucho que te amo. Lo mucho que lamento esto. Lo que en realidad quiero.

– No me olvides por favor. Se feliz por los dos. Se feliz.

Te has ido. Los enfermeros, vestidos de blanco, te han llevado con ellos. Intentaran salvarte, ¿Lo conseguirán? Tú no consideras que pueda pasar, yo me aferro a esa posibilidad, me perderé si abandono la esperanza de volver a verte, de poder ser feliz junto a ti. No hay otro modo en que pueda serlo.

Nunca lo ha habido.

Y pasan las horas. Segundos que se me hacen eternos como días enteros mientras espero un milagro.

Rezo a todos los dioses que conozco, y a algunos más. Les pido que te dejen quedarte. Porque yo te seguiré a donde quiera que vayas.

No pudo dejar de llorar. Lagrimas ardiente que se abren paso en mis mejillas como ríos de lava. Duele.

Regresa por favor.

Regresa.

No me abandones, te lo suplico.

Un grito desgarrado escapa de mis labios. La más pura frustración.

Caigo de rodillas al suelo, destrozado, consumido por esta salvaje agonía.

¿Cómo puedo estar sin hacer nada mientras otros luchan por salvarte? ¿Cómo puedo estar sin hacer nada mientras tú te enfrentas a tan cruel encrucijada?

¿Qué puedo hacer? Mas que pensar en ti, deseando una y otra vez volver a tenerte entre mis brazos, volver a ver esa dulce sonrisa y esos ojos oscuros, crear más recuerdos como el de esa noche, y mucho mas especiales. Deseo estar junto a ti, para el resto de nuestras vidas, duren lo que duren. Por que cuando tú te vayas mi corazón se irá contigo. Mi corazón, mi amor, mi alma y mi vida que me robaste esa noche son tuyos. Y te seguiré a donde quiera que vayas. Porque te amo, te necesito junto a mí para que mi existencia tenga un sentido. Mi función en este mundo es amarte. ¿Qué hare cuando tú no estés?

Nada, absolutamente nada.

Pero, de momento, no puedo hacer más que esperar.

No quiero vivir en un mundo sin ti.

Poco a poco siento el paso de las horas, como la vida se me escapa, como a cada segundo me alejo más de ti.

Pero no voy a permitirlo. No dejare que eso pase. Quiero vivir, quiero volver a ver tu sonrisa, oír tu dulce voz y sentir, de nuevo, tu cuerpo bajo el mío.

Intentan que mi cuerpo roto reaccione, que mi corazón siga latiendo, intentan retenerme aquí. Y yo me aferro con fuerza a la vida, la vida que, he decidido, quiero vivir junto a ti. ¿Sera posible? Nunca lo he creído, pero ahora… Lo deseo tanto…

¿Podré volver a verte si sigo pensando en ti? Si tu rostro ocupa toda mi mente y no hago más que oír tu voz en mis oídos “no te vayas, vuelve” ¿seré así lo suficientemente fuerte para regresar? ¿Para poder tenerte de nuevo entre mis brazos?

Mi mente es fuerte, y mi amor más. Mi determinación de seguir a tu lado, de no abandonarte ni ahora ni nunca, sea cual sea el motivo.

Pero mi cuerpo es débil. Mi cuerpo está roto.

Ya no siento el dolor, y sé que eso no es bueno. Me siento cada vez más cansado, más pesado, y comprendo que no hay marcha atrás, que todo esto está a punto de terminar.

No, no puedo. Tengo que volver a verte, tengo que besarte por última vez, tengo que oír por última vez mi nombre entre tus labios.

Pero no hay marcha atrás. Esto es el final.

Siento una lagrima caer por mi rostro inerte, y mi último deseo es que seas feliz, aunque yo no esté allí para verlo.

Poco a poco suelto tu corazón, que te robé esa noche y que era lo único que impulsaba al mío a seguir latiendo.

Caigo profundamente en la oscuridad, la noche eterna.

Pero hay luz en esta noche, porque tu recuerdo sigue brillando con fuerza en mi mente.

No me olvides.

No me olvides. Te oigo susurrarme. Siento una suave caricia sobre mi mejilla, y un profundo vacío.

Sé que te has ido, porque el mundo ha perdido su luz en el momento en que tu corazón ha dejado de latir.

Te has ido.

Para siempre.

Me has abandonado.

Nunca volveré a verte.

No grito. No lloro. No gesticulo como loco como hace tu madre cuando le dan la noticia. Solo me quedo quieto. Muy quieto. Tal vez si no me muevo será como si nada hubiera pasado. Si me quedo quieto el tiempo se detendrá, y tu seguirás vivo. Conseguirán salvarte y saldrás de ese quirófano con una sonrisa victoriosa.

No, nunca sonreirás de nuevo.

Nunca volverás a reírte de mis extraños peinados. Nunca volverás a sorprenderme abrazándome por la espalda. Nunca volverás a hacerme pucheros para conseguir lo que quieres, ni a suspirar cuando aun así yo me niego. Nunca volverás a mirarme con esos ojos de cachorrito. Nunca oiré de nuevo tu voz…

Una lágrima silenciosa cae por mi mejilla. ¿Estoy llorando? Qué extraño. No siento dolor. No siento nada. Es como si el tiempo se hubiera detenido. No oigo los gritos ni los llantos, y la gente avanza despacio en este mundo oscuro.

Un mundo en el que tú no estás.

Me cuesta respirar. ¿También se ha ido el aire de este mundo así como la luz? ¿Eras tú mi fuente de oxigeno? No me extrañaría, lo eras todo.

Y ahora… ¿Qué me queda?

Mi luz, mi sol. Este planeta ha perdido su punto de gravedad. Vaga perdido y sin rumbo en el universo oscuro.

No, no puede ser. No es posible un mundo sin ti. No es posible una vida sin ver tu sonrisa de nuevo. Te necesito tanto… Tienes que regresar. Tienes que volver. Y sé que vas a hacerlo, porque yo te necesito. Siempre me has cuidado cuando lo he necesitado. Siempre has estado a mi lado. ¿Dónde estás ahora?

Y de repente siento el dolor. El frío cuchillo clavándose en mí mientras la verdad se clava en mi mente.

No volverás.

Caigo, grito. Te has ido.

Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto.

Alguien me abraza, pero no quiero que me toquen unas manos que no sean las tuyas. Alguien me dirige palabras de ánimo, pero no quiero oír una voz que no sea la tuya.

¿Por qué? ¿Por qué has tenido que irte? ¿PORQUE? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? ¿Qué demonios le hemos hecho al mundo para merecer esta tortura, este tormento?

Realmente siento una tormenta dentro de mi, mientras las lagrimas caen cuan lluvia de mis ojos los relámpagos destrozan mi interior vacío.

No, me sentí vacío cuando te llevaste mi corazón, ahora siento que me lo han arrancado, y que tengo en mi pecho un agujero al rojo vivo.

Y me abrazo, porque siento que si no me caeré en pedazos, que no podré soportar este dolor.

Ni puedo hacerlo.

Me pediste que siguiese viviendo, que volviera a sonreír. Pero no puedo. ¿Cómo voy a vivir sin ti? Lo eras todo… Te lo has llevado todo. ¿Porque te has ido?

Después de mucho insistir me han dejado verte. Sé que ya no estás allí, pero necesito comprobarlo con mis propios ojos, necesito ver aquello que todos me dicen. Que te has ido. Que ya jamás volverás a sonreír, ni a llorar, ni a enfadarte,…

Avanzo muy lentamente hacia ti, en esta pequeña sala. Tiemblo a cada paso, tiemblo de dolor y tristeza, y de miedo de comprobar que todo es cierto.

Y allí estás, durmiendo plácidamente en esta caja oscura. De pequeños jugábamos a que éramos vampiros. ¿Tanto te lo has creído que ahora duermes en un ataúd? Porque no puedes estar aquí por nada más, no puede haber otro motivo, ¡me niego a aceptar otro motivo!

¡No puedes haberte ido! Estoy perdido sin ti. ¿Porque me has hecho esto? ¿Porque te has ido???

Mis manos te buscan, enlazo mis dedos con los tuyos, pidiéndole al cielo que te dejen volver a mi lado, pidiendo un milagro que se que no se va a cumplir.

Tu cuerpo aun está caliente, aun conserva esa calidez tan tuya que sentí esa noche. Tu piel es tan suave… Siempre lo ha sido, y yo moría por volver a acariciarla. ¿Por qué así Jjong? ¿Por qué han tenido que ir así las cosas?

Y no puedo evitarlo, quiero sentir otra vez tus labios sobre los míos, tu fuerte aroma, tu dulce sabor. Y beso tu cuerpo sin vida.

¿Despertaras como una princesa de cuento? ¿Serás tú la Blancanieves por una vez? ¿O dejarás que yo sea Julieta y te siga a donde quiera que estés, mi Romeo? Porque no pueden separarnos, sea quien sea que ha decidido nuestro destino, no se va a salir con la suya. Te amo demasiado para alejarme de ti, no dejare que nada nos separe, ni siquiera la muerte, porque ya no hay nada por lo que quiera vivir.

De pequeño pensaba que el mundo era fácil, que las cosas malas solo sucedían en los cuentos en los que había una bruja malvada que se entestaba en separar al príncipe de su princesa, en que un lobo feroz quería devorarte. Creía que en la vida real estábamos a salvo de todas esas cosas,  que nada malo podía pasar. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que el mundo es cruel, y de que las desgracias pasan a diario. La gente muere, las parejas se separan, y todos tenemos algo por lo que llorar. Bueno, tal vez todos no, y me alegro de corazón por los que sigan creyendo en un mundo de cuento de hadas. Pero para mi ese cuento se ha acabado, y me he dado cuenta de que la realidad a veces es más increíble que la ficción, y que superar los traumas es una actitud. No es importante qué hayas vivido sino cómo lo vivas, y perderlo todo no es motivo para perderte a ti también, poder seguir caminando aunque sea solo no es muestra de no amar a los que caminaban contigo, sino de respeto hacia ellos, porque es por ellos por los que sigues caminando.

Poco a poco recuerdo cada momento a tu lado, las imágenes se suceden una a una en mi mente y siento que soy afortunado de haberte conocido, que nunca me arrepentiré de haberte amado. De seguir amándote. Y precisamente porque te sigo amando sigo luchando cada día contra este mundo que perdió todo el sentido el día en que te fuiste, para cumplir la promesa que te hice. “No me olvides, vive por los dos” Me pediste. Y lo estoy haciendo. No te he olvidado, no podría hacerlo. Y sigo levantándome cada mañana, enfrentándome a cada día. ¿Me ves? ¿Estás orgulloso de mí?

No puedo decir que sea feliz ahora. Aun después de dos años el recuerdo sigue siendo amargo, sigue doliendo, pero he podido acostumbrarme al dolor, poco a poco he recordado como se sonreía, tal vez incluso un día conozca a alguien que me dé un corazón para suplir el que tú te llevaste esa noche… No lo creo, pero podría ser ¿No? Y sé que no te importaría, que estarías feliz por mí, porque aun si eso llegara a suceder yo no te olvidaría, seguiría amándote.

¿Y tu? ¿Aun me amas? Sé que si, se que allí donde estés tampoco me has olvidado, sé que me esperas, y que aun quieres esperarme muchos años más.

A veces sueño contigo. No sé porque te cuento esto, ya lo sabes, eres tú que vienes a verme, para pasar juntos todo ese tiempo que desperdiciamos cuando aun podíamos estarlo. Es hermoso verte en mis sueños. Solo verte, pues no haces nada más que mirarme finamente, con esos ojos negros, y yo te miro también, y pasamos horas perdidos en nuestros ojos. Es hermoso. No dejes de visitarme, por favor.

Yo no te olvidare, jamás.

SHIROKO

Mi lado más salvaje

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Jonghyun X Key (SHINee)

ADVERTENCIA: sadomasoquismo

 

¿Cómo he llegado a esto?

Veo el brillo del cuchillo frente a mí, brillante, afilado, temible, pero más temible es su mirada.

No tengo escapatoria. Las puertas atrancadas, las ventanas cerradas. No hay ningún sitio al que huir.

Nunca habría imaginado que querría huir de él. Siempre quise acercarme, no alejarme. Nunca pude, y ahora que lo que quiero es irme cuanto más lejos mejor un pupitre me corta el paso.

Tiemblo, asustado. Aterrorizado. Mis piernas fallan y caigo al suelo, paralizado por el terror. Él se agacha junto a mí, con el brillo acerado del cuchillo en la mano y una sonrisa diabólica.

Él es Kim Jonghyun, el macarra más bestia de nuestro instituto, y el más guapo.

Si, tengo unos gustos algo raritos. Me gustan los unicornios, el rosa, la ropa de marca y los macarras buenorros.

Jonghyun aparece por el instituto como una vez al mes. Destroza un par de aulas, se pelea con alumnos y profesores, deja algún rastro de heridas a su paso y vuelve a desaparecer por un mes más. Un amor de persona. Y yo como un idiota suspirando cuando le veo por los pasillos.

Esta vez… bueno, las cosas se han descontrolado. Me cuesta entender todo lo que ha sucedido.

¿Por qué le habré seguido al terminar las clases??? Si estoy seguro que ni siquiera se acuerda de mí, y aun así no he podido evitarlo.

El director ha venido a hablar con él. Y yo espiando detrás de la puerta como un delincuente. He oído casi toda la charla, sobre todo las respuestas airadas de Jonghyun respondiéndole a gritos que nada de lo que le dijera le haría cambiar, que no le diese ordenes y que no se metiese en sus asuntos si no quería problemas.

Lo que sí me ha sorprendido ha sido cuando al irse el director él se ha puesto a llorar. No un par de lágrimas, lloraba como un crio, casi ahogándose en su llanto.

No he sabido cómo reaccionar. Jonghyun llorando. Es algo que nunca imaginaria, y que me rompe el corazón. ¿Habrá sido por lo que le ha dicho sobre sus padres??? No he entendido mucho, pero sonaba a que el director les conocía. Casi he sentido pena por él cuando ha gritado a pleno pulmón “¡¡¡TU NO SABES NADA, NO LES IMPORTO UNA MIERDA!!!”

Casi.

Habría sentido pena por él de no ser por el hecho de que en cuanto me ha visto ha saltado detrás de mí, se ha sacado una navaja del bolsillo de los tejanos y ha empezado a perseguirme por el instituto vacío.

Creo que en mi vida he sentido tanto miedo. Que me persiga con un cuchillo por las aulas oscuras del instituto vacío, cuando ya todos se han ido, sabiendo que si me atrapa no dudará en rajarme con ese cuchillo que lleva. Es curioso que precisamente me guste por eso.

Y aun así, mientras corría por los pasillos huyendo de él no podía dejar de pensar en lo tierno que ha sido verle llorar, ver que tiene una parte vulnerable, que no es solo un delincuente sin sentimientos.

Y ahora estoy acorralado. No he sido capaz de cerrar la puerta del aula a tiempo y él ha entrado conmigo aquí. Ya no tengo escapatoria.

Esos brazos que siempre he soñado acariciar me cortan la retirada. Esos dedos que siempre he querido tocando mi cuerpo sostienen el cuchillo que me amenaza. Esos labios que siempre he querido besar ahora sonríen disfrutando de mi miedo. Esos ojos que siempre he adorado aunque nunca me hubiesen mirado ahora están clavados en mí, con un brillo aterrador.

Y lo peor de todo no es él, si no mi reacción, pues el miedo me está excitando cada vez más.

Si, así de rarito soy. Gay, diva y masoquista. Ese soy yo.

Se acerca cada vez más. La navaja sobre mi mejilla, presionando pero sin llegar a cortarme. Su rostro a escasos centímetros del mío. Casi huelo su aliento sobre mis labios.

Un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. Sentirle tan cerca de mí. Su mirada intensa, el frio del cuchillo sobre mi piel. Me pone. Creo que nunca había estado tan excitado. Dios, ¿cómo puede estarme pasando esto??? Es completamente surrealista…

– Vas a callarte ¿verdad princesita? – Oigo su voz, suave, dulce, nada que ver con los gritos de antes. – Vas a tener la boquita cerrada ¿verdad?

– ¿Vas a cerrármela tú?

Su cara de asombro: Épica. ¿Lo he dicho en voz alta? ¿Por qué habré dicho eso??? ¡Maldita bocaza! ¡Dios, Key, cállate!

Y de repente se ríe. Carcajadas frías que me provocan escalofríos.

– Bien princesita, vamos a jugar pues. – desliza la cuchilla por mi mejilla, sin llegar a cortarme, bajándola hasta mis labios. – Tal vez te rajo esta preciosa boquita que tienes…

Mierda, tengo miedo…

– Preferiría algo más caliente que un cuchillo…

¡Pero callate idiota!!!

– ¿Si? Pues parece que esto te gusta bastante…

Inconscientemente saco mi lengua para lamer el cuchillo, cerrando los ojos bajo la atenta mirada de Jonghyun.

Dios, soy subnormal.

Y de repente el cuchillo se aparta para dejar paso a algo más cálido, suave. Sus dedos.

Abro los ojos para ver como acaricia mis labios suavemente, mirándolos atentamente, con hambre, con deseo, casi tanto como el que yo siento observando los suyos.

Se acerca a mí lentamente, salvando la poca distancia que nos separa. Cierro los ojos, esperando un contacto que no se demora.

Y finalmente nuestros labios se juntan.

Mis manos de aferran a su camiseta, impidiéndole escapar, mis labios se abren dejando paso a su lengua, que se une a la mía en una lucha apasionada. Su izquierda se aferra a mi nuca, profundizando el contacto, mientras la derecha sigue agarrando con fuerza el cuchillo.

Él me empuja y mi cuerpo se desliza bajo el suyo.

Ahora mis brazos se cruzan tras su nuca, y mis piernas se doblan una a cada lado de su cuerpo.

La mano que antes presionaba mi cabello se desliza ahora hasta el borde de mi camiseta para subirla acariciando todo mi abdomen mientras nuestras bocas siguen devorándose mutuamente. Cambia su punto de apoyo y ahora siento el frio del cuchillo resiguiendo mi vientre, mi costado. Se desliza sobre mi piel, suavemente, si llegar a cortarme, pero provocándome un delicioso cosquilleo.

Necesito más.

Estoy loco.

Aumento el ritmo del beso y le muerdo el labio inferior con fuerza, esperando que él me devuelva la mordida.

Y lo hace, siento sus dientes clavándose en mis labios hasta hacerlos sangrar. Sangre que enseguida lame con gusto.

– Mmm…

No sé quien está disfrutando más con esto, si yo desangrándome o él bebiendo mi sangre. Ninguna de las dos cosas me parecen muy normales.

Oigo el sonido de una tela al romperse. Con la ayuda de la navaja ha partido mi camiseta por la mitad, cortándola des del cuello hasta la orilla. ¡Mi camiseta! Joder… esta me gustaba… que pena, tendré que ir de compras…

Inconscientemente me muevo debajo de él, rozando mi cuerpo semidesnudo contra él suyo. Él responde apretando más el cuchillo contra mi piel, abriendo esta vez un surco rojo en mi costado.

Gimo, la herida escuece, y eso me excita aun más.

Él sonríe y se separa de mis labios para lamer la reciente herida, bebiendo la sangre con avidez.

Su lengua… Dios, su lengua… La forma como se desliza sobre mi piel, sorbiendo la sangre que fluye de mi cuerpo.

Levanta la cabeza, separándose de mi herida, mirándome a los ojos.

De la comisura de sus labios cae un pequeño reguero de sangre. Mi sangre. La imagen es demasiado provocativa.

Cojo su rostro entre mis manos y le acerco a mi, ansioso por saborear de nuevo sus labios, su lengua, mi sangre.

Siento el sabor metálico, la calidez, pero también su pasión al enredar su lengua con la mía. Muerde mis labios magullados, partidos, haciendo brotar más sangre de ellos.

¿Cómo puede ser tan excitante el sabor de la sangre? ¿O son sus labios los que han conseguido que mis pantalones me parezcan tan estrechos?

– ¿Cómo te pone esto, eh princesita? – el susurro junto a mi oído me hace estremecer. Muerde el lóbulo de mi oreja. Con fuerza. Se me escapa un grito de dolor, y un jadeo de placer.

– A ti no ¿verdad?

Bajo mi mano por su pecho, hasta llegar al notable bulto en su entrepierna, apretándolo para hacer más obvio el significado de mis palabras, arrancándole un profundo suspiro de placer.

Su cabeza cae quedando recostada contra mi hombro, puedo sentir sus jadeos contra la piel de mi hombro desnudo mientras sigo acariciando su entrepierna por encima de los tejanos.

He adorado la ropa toda mi vida. Ahora la odio.

Bajo mi otra mano para ayudarme a desabrochar sus pantalones. Quiero sentir más de su cuerpo, quiero tocarle…

Pero sus manos me impiden seguir. Cogen las mías y me alejan, obligándome a abandonar mi propósito.

– No princesita, aun no…

Este mote empieza a molestarme…

– No me llames princesita.

Intenta besarme de nuevo pero aparto la cara, ofendido. Pero sus siguientes palabras no me ofenden, me entristecen.

– Y… ¿Cómo tengo que llamarte entonces?

Lo sabía, en el fondo lo sabía, pero aun así… Hace ya 2 años que vamos a la misma clase, aunque él casi ni se aparezca… Vale que no tenga amigos, que no hayamos hablado nunca pero… No sé, él se ha convertido en alguien tan importante en mi vida que no sé como encajar que él no sepa ni que existo.

– No te hagas el ofendido. – me responde riéndose. – Si quieres te llamo Kibum, pero sé que no te gusta…

Lo sabe. Sabe mi nombre.

– Que mono te pones cuando te emocionas. – Mierda, creo que acabo de perder toda mi dignidad. – sonrojado aun estás mejor.

– ¡Cállate!

– Aunque… sinceramente sigo prefiriendo el rojo de tu sangre.

Vale, no sé que es peor.

Prefiero no hablar. Estoy diciendo demasiadas tonterías.

Alargo la mano para coger la navaja que ha quedado abandonada a un lado. La cojo y le doy vueltas frente a mi rostro, observándola.

– ¿Mi sangre eh???

Él me mira atentamente mientras yo deslizo el filo por la palma de mi mano, cortándola.

Él frio del metal junto al punzante dolor del corte, el calor de la sangre, que pronto forma un pequeño charquito en el centro de mi mano.

Acerco la mano a mi rostro par lamer la herida bajo su atenta mirada. Pronto sus manos cogen la mía y su lengua ocupa mi lugar, bebiendo mi sangre con avidez, manchando sus labios de rojo oscuro.

¿Cómo puede sentirse tan bien que succionen tu sangre? ¿Qué laman una herida abierta?

Oigo mis gemidos como si fuesen ajenos, suaves jadeos entrecortados, sutiles quejidos de placer.

Poso mis ojos en su cuerpo. Su pecho se mueve por las respiraciones aceleradas, marcando sus músculos en la fina tela. Me sobra. Me sobra demasiado.

Con mi mano libre se la retiro hasta el cuello, dejando todo su cuerpo al descubierto. Él sonríe, divertido por mi curiosidad.

Yo muerdo mi labio, satisfecho por las vistas.

Me deslizo bajo su cuerpo hasta poder llegar a lamer su pecho.

Que músculos, dios. Qué bien se siente su piel caliente contra la mía…

Mis labios encuentran su pezón y se cierran sobre él con avidez, succionando con fuerza hasta que le oigo gemir.

Suelta mi mano y se aparta para quitarse la camiseta, dejando su torso completamente al descubierto.

Pero no pierdo el tiempo, aprovecho que está entretenido con su camiseta para intentar, de nuevo, desabrochar su cinturón.

Y, de nuevo, sus manos cogen las mías impidiéndomelo.

– Pero que prisas tienes. – me sonríe divertido. Yo le fulmino con la mirada, molesto. ¡Esto no se hace! – vamos a jugar un rato primero ¿sí?

No respondo, indignado, pero me dejo hacer cuando ata mis manos a la pata del pupitre con los restos de mi camiseta.

Me besa de nuevo, mordiéndome juguetón. Luego baja sus labios hasta mi cuello donde muerde y succiona hasta dejarme marca.

El dolor me hace gritar, y él muerde con más fuerza aun, haciendo que me revuelva molesto. Qué bien se sienten sus dientes…

Vuelve a coger la navaja, que desliza suavemente sobre mi piel. Él frio sobre mis pezones me hace estremecer. Es tan diferente de lo caliente que está su cuerpo…

Corta superficialmente bajo mi clavícula, lamiendo de nuevo la sangre que brota de la herida. De nuevo su lengua contra mi piel, lamiendo mi sangre, y nuevos gemidos que no puedo contener.

Mientras sus labios se entretienen en mi pecho sus manos se deslizan hasta mi cintura, bajando lentamente mis pantalones.

Me encantaría poder hacerle lo mismo que me ha hecho él, negarle desnudarme. No porque yo no lo desee, si no simplemente para que sepa lo que se siente. Pero claro, él se ha asegurado de que no pueda hacerlo atando previamente mis manos.

Pantalones y bóxer vuelan lejos. Siento frio, y por un momento me avergüenzo de mi desnudez.

Él sonríe, malicioso, y se relame exageradamente para que me cohíba aun más.

Se acerca a mis labios y me besa rápido, jugando, para luego bajar a ocuparse de mi erección. Veo que coge la navaja y la acerca peligrosamente a mi entrepierna.

– Ei, ei, ei, ei, ei… – replico asustado escabulléndome como puedo. – Eso sí que no. ¡No acerques el cuchillo a mi cosa por dios!!!

– ¡Estate quieto! – Me regaña – ¿no querrás un accidente verdad?

Vale, ahora sí, tengo miedo. Prefiero no mirar, solo por si acaso…

Siento sus labios en mi ingle, mordiéndome. Sus dedos recorriendo mis muslos, evitando muy obviamente mi miembro necesitado de atención. Prefiero no pedirle que se ocupe de eso, vete a saber que se le ocurre…

Y de repente el frio del cuchillo contra mi piel, cortando la zona justo por encima de mi ingle, en mi costado izquierdo, y enseguida sus labios succionando la sangre, su lengua lamiendo el corte.

Duele horrores. Este corte es más profundo que los anteriores, y en una zona más sensible. El dolor es casi inaguantable. Siento que podría correrme solo con eso.

Inconscientemente muevo mis caderas, abrumado por el placer que me produce su lengua. Resulta embriagador, casi delirante, el placer de sentir su lengua sobre mi piel. Nunca había sentido algo parecido.

Y ni siquiera ha empezado a tocarme. No voy a aguantarlo.

Se separa finalmente de mi herida y acerca a labios teñidos de rojo a los míos. No dudo en atraparlos entre los míos, devorándole con lujuria.

Sus manos sobre mi cuerpo, presionando mis heridas para provocarme dolor y arrancarme profundos gemidos, mi cuerpo completamente desnudo rozando el suyo. Necesito sentirle aun más.

Ahora sí que no va a detenerme.

Aprovecho que me abraza y atrapo sus manos contra el suelo con mi cuerpo, deslizando las mías hasta sus pantalones medio desabrochados ya, colando mis manos por entre su ropa para tocar su miembro ya completamente despierto.

Dios, que enorme, que bien se siente en mis manos… Y que calientes se oyen sus gemidos junto a mi oído.

Consigue liberarse de la presa de sus manos, pero no intenta detenerme ni impedirme que le toque, si no que se libra por completo del resto de su molesta ropa, para luego inclinarse sobre mi cuerpo y moverse, provocando que nuestras hombrías se rocen.

Creo que podría morir de placer ahora mismo.

Pero me equivoco. Me doy cuenta de que esto aun puede ser mejor cuando siento sus dientes en mi cuello, mordiendo con fuerza mi yugular.

¿Es que aun se puede sentir más placer?

Si se puede. Baja hasta mi pecho y muerde con fuerza un pezón. Succionando, lamiendo.

Sus manos aprietan mis heridas. Su boca baja aún más, hasta mi entrepierna. Muerde mi ingle. La reciente herida. La base de mi pene. Necesito sentirle, necesito que me toque ahí.

Y al fin siento sus manos alrededor de mi miembro, apretándolo y sacudiéndolo con rudeza. Mi espalda se arquea por el placer. De mis labios escapan sonoros y profundos gemidos. No puedo resistir el placer. Esto es demasiado. Me vengo…

Él se ríe. Me dice algo pero no le entiendo. Solo siento los espasmos de placer, sacudiendo mi cuerpo de la cabeza a los pies. El orgasmo tan intenso que no me deja ni moverme.

Y siento sus labios sobre mi pene, besando la sensible punta, lamiendo el blanco fluido que ha salido de mi interior, impidiéndome relajarme ni un segundo. Vuelvo a estar duro.

Reanuda sus caricias, haciéndome tocar el cielo y los siete infiernos de nuevo, pero esta vez soy yo quien le detengo.

No sin esfuerzo y con muchísima fuerza de voluntad me incorporo y cojo sus manos, impidiéndole seguir.

Él me mira, sorprendido, y yo me inclino sobre él, apartando sus manos a los lados entrelazando sus dedos con los míos.

Sonrío, divertido por mi propia idea y bajo mi cabeza hasta atrapar entre mis labios su duro miembro.

Siento su rigidez contra mi lengua, el calor de su pene palpitante.

Lo beso y lamo en toda su extensión, deleitándome con tan dulce manjar. Es apetitoso… tengo hambre de más.

Lo engullo, moviéndome arriba y abajo, haciéndolo entrar y salir de mi boca con movimientos rítmicos y constantes, sintiendo su glande golpear contra mi garganta repetidamente.

Oigo sus gruñidos, graves y guturales, y a la vez melódicos y suaves, como la más dulce música. Que hermosa voz…

– Ya… Ya Kibummie… – No estoy en condiciones de responder en este momento, gracias. – Ya… suéltame, voy a…

– ¿Era la gracia no? – respondo separándome al fin. – pensaba que se trataba de eso.

Le sonrío con picardía. Juro que no sé de donde me vienen esas tonterías que digo. Aunque ahora mismo y viendo como me mira me interesa poco…

Él consigue deshacerse de mi agarre y me empuja con fuerza hacia atrás, haciendo que mi cuerpo golpee contra el frio suelo, tumbándose él sobre mi cuerpo de nuevo.

– No quiero correrme en tu boca.

Vale, ahora no se me ocurre nada, pero me parece genial.

Me abro de piernas para él y las enredo a cada lado de su cuerpo. Ofreciéndome.

Atrapo sus dedos entre los míos, atrayéndolos hasta mi boca para lamerlos con lascivia, bajo su atenta y penetrante mirada.

Él sonríe de lado, travieso.

– ¿Necesitas lubricante? Pensaba que te gustaba sufrir…

Casi me rio de su comentario, pero en vez de eso clavo en él mis ojos en una mirada provocativa.

– Hay dolores y dolores, y del sexo me gusta disfrutar en toda su grandeza…

¿Cómo puedo decirle la verdad? ¿Creerá a estas alturas que soy virgen y me asusta tenerle dentro?

No, no me asusta, lo deseo.

Aparta sus dedos de mi boca para sustituirlos con sus labios.

Muerde mis labios y lengua, con la misma pasión con que yo le devuelvo los mordiscos. Nuestras lenguas chocan con fuerza, vuelvo a sentir el sabor de la sangre brotando de mis labios magullados.

Y mientras nuestros labios siguen unidos, rebosantes de saliva y pasión, siento sus manos recorriendo mi cuerpo, bajando cada vez más.

Coge mis piernas y las sube hasta la altura de los hombros, acaricia mi trasero, situándose en la mejor posición para entrar dentro de mí.

Y no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza mientras espero el dolor que sé que voy a sentir, un dolor que voy a disfrutar como ninguno, pero que temo…

– Hey… Relájate… – me susurra al ver mi expresión.

– Ya… Yo…

Escucho unas suaves risas de su parte.

– Shhht… – me susurra besando mi frente con cariño. – no voy a hacerte daño, – me susurra al oído – no más del que tú quieras sentir. – añade divertido.

No puedo evitar una sonrisa, sus palabras me relajan y siento un agradable cosquilleo en el estomago.

Y me relajo, me dejo llevar entre sus brazos y, solo entonces, le siento, grande y duro entrando en mi cuerpo virgen.

Y hay dolor, desde luego, es inevitable, pero se siente… Bien. Muy bien.

– Ahhh…

No puedo evitar los gemidos que sin quererlo yo escapan de mis labios.
Se queda quieto unos instantes, ambos acostumbradnos al estrecho contacto con el cuerpo del otro.

Esta recostado sobre mi, con la cabeza sobre mi hombro, jadeando con fuerza mientras clava en mi cintura los dedos como garras.

Yo tengo mi cuerpo arqueado, tenso por el placer y el dolor de sentirle dentro de mi cuerpo. Al estar mi cuerpo levantado mi pene roza su vientre desnudo, contribuyendo a endurecerme aun más.

Siento como se mueve en mi interior. Lento, profundizando cada embestida. Gimo palabras incoherentes que escapan de entre mis labios. Le llamo, pronuncio su nombre en un profundo suspiro, y me sorprendo al oír entre sus gemidos, susurrados a mi oído, mi propio nombre saliendo de sus labios.

– Kibummie…

Me sorprende, pero no puedo pensar, solo puedo sentir. Sentir como su enorme pene llena mi interior. Sentir las bruscas embestidas clavándoseme en lo más hondo, sentir sus gemidos en mi oído, sus manos en mi pecho, sus dientes en mi cuello…

Dolor, y placer. En consecuencia y encubriéndolo. Quiero sentir más. Más dolor, y más placer.

Parece leerme la mente.

Sus embestidas aceleran, penetrándome con más fuerza. Sus dientes muerden con fiereza la piel de mi cuello, lamiendo, sorbiendo, saboreándome. Sus dedos encuentran uno de los recientes cortes, y aprietan ahí, hasta hacerlo sangrar de nuevo.

Mi derecha se enreda en su cabello, presionando para acercarle más a mí, mientras la izquierda araña su espalda, clavándole las uñas irremediablemente.

Mis piernas se alzan, tensas, a cada lado de su cuerpo, sacudiéndose con cada espasmo de placer junto con el resto de mi ser.

Todo mi cuerpo duele con cada movimiento. Qué bien se siente. Maravilloso. Delicioso. Sublime.

Tiro de su cabello para levantarle la cabeza y atrapo sus labios con los míos. Necesito saborearle de nuevo. Más.

Su lengua se enlaza con la mía, ambas luchando entre nuestras cavidades. Resigo sus dientes, pequeños y perfectos. Saboreo su saliva, cálida y deliciosa.

– Ah… Kibummie… – gime de nuevo contra mis labios.

Pero sus palabras se pierden entre mis jadeos, las exclamaciones entrecortadas de ambos y el sonido del roce de nuestros cuerpos.

Le abrazo con fuerza y rodamos sobre el suelo, quedando ahora yo encima.

Me separo de sus labios, incorporándome sentado sobre su cuerpo. Ya echo de menos el sabor de su boca.

Él toma mis caderas y me incita a moverme.

Pero no lo hago. Por más que lo desee. Aguanto quieto, inmóvil, exasperándole.

Siento su deseo, casi tan intenso como el mío. Su cuerpo vibrante de la excitación. Sus ojos rebosantes de lujuria. Su miembro palpitante en mi interior.

Sigo sin moverme.

– Vamos Kibummie… – me suplica.

Aun no.

Aparto la mano y tomo la navaja del suelo donde ha quedado antes tirada.

Cojo su mano y hago un pequeño corte, muy superficial, en su dedo índice.

Acerco el dedo a mis labios y lamo la pequeña gota de sangre que brota de él.

Deliciosa, como imaginaba.

Y ahora sí, con el sabor de su sangre mezclada con la mía propia en mi boca y bajo su sorprendida y suplicante mirada me muevo de nuevo, haciendo que su órgano entre y salga de mi interior.

Sus manos se dirigen a mi entrepierna, par adarme placer también.

Lo toma entre sus manos mientras yo me estoy moviendo aún. Con fuerza, con ansias, con desespero.

Sacude mi miembro al ritmo de las embestidas que yo marco. Arriba y abajo, una y otra vez.

No aguantaré mucho más. Necesito venirme ya…

Pero él me empuja de nuevo contra el suelo. Sale de mi interior y me pone a cuatro patas sobre las frías baldosas, solo para instantes después volver a entrar en mi interior. Rápido, duro, brusco.

Ahora se mueve con rapidez, embistiéndome varias veces por segundo, llegando hasta el fondo en cada penetración.

Siento la corriente eléctrica en mi interior, el fuego que corre por mis venas quemándome, abrasándome, haciéndome sentir más vivo que nunca.

Pone sus manos en mis muslos, apretando para impulsarse aun más en cada embestida.

Nuestros cuerpos chocan, creando un vergonzoso sonido que se camufla perfectamente entre los potentes gritos de placer de ambos.

Quiero correrme, ¡necesito liberarme ya!

Pero es como si mi cuerpo no quisiese que esto terminase, como si quisiese alargar este instante para siempre.

Pasan minutos, tal vez horas, en las que no siento más que su cuerpo embistiendo el mío. Sus manos en mis caderas y el calor, el profundo calor.

Y finalmente se acaba. El placer llega a su punto culminante y me descargo de toda la pasión. Mi cuerpo se contrae por el placer mientras el líquido blanco sale disparado de mi cuerpo.

Él siente mi orgasmo, mis espasmos, mis gemidos aun más potentes que los anteriores, y llega también al clímax descargándose en mi interior.

Su esencia se esparce por mi cuerpo, llenándome, resbalando algunas gotas entre mis piernas. Las rodillas dejan de sostenerme, caigo al suelo y él encima mío, incapaz también de sostenerse.

Ambos nos quedamos así unos instantes. Tumbados en el suelo, abrazados, sintiendo aun la electricidad recorrer nuestros cuerpos.

Finalmente se gira para quedar tumbado a mi lado, saliendo de encima de mí y de dentro de mi. Sigue estando muy pegado a mi, una pierna sobre las mías y su mano sobre mi mejilla.

Yo alargo los brazos hacia él y le rodeo con ellos, recibiendo en respuesta un cálido abrazo.

– ¿Ha sido tu primera vez? – me pregunta con voz suave, casi en un susurro.

Mi res puesta es simple. No hace falta mentir, ni dar explicaciones de nada.

– Si.

– También la mía.

Y le creo, no porque se viera inexperto, ni de cerca, si no porque puedo oír en su voz que es sincero, puedo escuchar en su corazón que no me mentiría sobre algo así.

– Mi mote, es Key. – le explico – pero puedes llamarme Kibummie. Si lo dices tú suena bien.

Levanta mi rostro con una mano y lo alza para besarme. Dulce, suave.

Nos quedamos mirándonos a los ojos. Igual unos minutos, igual horas.

Al fin aparto la mirada, sonrojado, cohibido.

– ¿Que ha sido de la putilla masoquista del principio eh Key? – se ríe. Y yo vuelvo a mirarle para fulminarle con mis ojos. – me gusta ver que también tienes un lado tierno. Ya me veía en el hospital con transfusiones de sangre cada vez que tuviese un arrebato de pasión.

– No soy tan bestia… – respondo haciendo un puchero.

En verdad hasta hoy no sabía que lo era.

No me pasa por alto que su comentario incluye un futuro. Un futuro juntos.

 

Miro por la ventana como las nubes recorren el cielo, empujadas por este viento veraniego.

– Kim Jonghyun ¿puedes salir a resolver esto a la pizarra?

Vuelvo la vista a la clase. Él está ahí, sentado varios pupitres más allá, con los puños apretados. Me busca con la mirada, y yo asiento y le sonrió, dándole ánimos.

Casi tiembla cuando se levanta y se dirige al pizarrón al frente de la clase.

Coge la tiza y se detiene ahí, pensando, hasta que con un suspiro lo deja y se dirige al profesor.

– Lo siento señor, no sé hacerlo.

– ¿Y por qué no?

Aprieta aun más los puños y traga saliva.

– Porque no asistí a esta lección.

– Ni a las anteriores – le recuerda. Jjong niega con la cabeza, en silencio. – espero, pues, que hayas aprendido y a partir de ahora asistas a las clases.

Él asiente, tragándose su orgullo, y a un gesto del profesor vuelve a su sitio y se desploma sobre la silla.

– ¿Choi Minho, puedes resolver esto en su lugar…?

<< Vamos Jjong >> le grito mentalmente << Ánimos >>

Sé que esto le está costando, asistir a clase, como un chico bueno, tragarse su orgullo y aceptar los sermones y burlas de los profesores que se vengan por todo el tiempo que estuvo ausente.

Pero lo está haciendo. Por mí.

Suena el timbre indicando el final de las clases. Recojo mis cosas y me levanto, no sin dolor. Mis heridas ya están cicatrizando, pero mi cuerpo aun no se recupera de nuestro primer encuentro… ni de los siguientes.

Despido a mis compañeros con la mano y me acerco a él, agachándome junto a su pupitre.

– ¿Estás bien?

Levanta la cabeza, me mira y me sonríe entrecerrando sus ojos de cachorrito.

– Si, es solo que tengo que ponerme al día, y es mucho trabajo…

– ¡Peo yo voy a ayudarte! Puedo hacerte repaso si quieres.

– Yo sí que voy a hacerte un repaso…

Su voz lujuriosa hace que me suban los colores y agacho la cabeza, avergonzado. Pero él me toma por la barbilla y levanta mi rostro para atrapar mis labios con los suyos.

Los compañeros que aún quedan en clase, incluido el profesor, nos miran mal. Sorprendidos, asqueados, indiferentes algunos.

Dejamos claro des del primer día que no íbamos a esconder nada. ¡Como si a ninguno de los dos nos importase ya lo que pensaran de nosotros…! y la verdad es que a la que dejas de hacerles caso no es tan difícil…

Cogidos de la mano salimos del aula y del instituto. Siempre juntos.

– ¿Sabes? mis padres están fuera hasta mañana – me dice sonriente. – Así que mi casa está vacía…

Lo pienso unos instantes. Su casa significa la enorme cama de la habitación de invitados, el jacuzzi, su cama con dosel donde me ató la última vez…

Me estoy poniendo duro solo de recordarlo.

– Igual luego. – le respondo. – de momento quiero un helado, y pasear cogidos de la mano por el parque, ir de compras al centro comercial… Tienes que comprarte esos pantalones que vimos la última vez. Los negros. Te sentaban muy bien, te veías muy…

Recuerdo cundo fimos de compras. La ropa que le escogí le sentaba realmente bien, pero duró poco sobre su cuerpo.

Recuerdo sus labios recorriendo mi cuerpo, si cierro los ojos aún puedo sentir su lengua, sus dientes, sus ardientes caricias…

– ¿Sabes qué? – le respondo al fin sonriente – vamos a tu casa.

Llámame por mi nombre

Categoria: (mini)Fanfic Yaoi

Peronajes: SHINee (grupos K-pop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key)

 

Esta idea fue… improvisación sobre la marcha. Queria escribi otra cosa, peró terminó saliendo esto, y como me encanta pos… lo dejé! ^^ es MUY romantico y moñoso, pero creo que sin llegar a empalagoso… Bueno, ya lo descubrireis.

¡¡¡A leer!!!^^

Abrí los ojos lentamente, adormilado, sintiendo los rayos de sol en mis párpados. Aún podía sentir el aroma de mi Diva en las sabanas de la cama, el tacto de su piel en mis dedos, aunque, evidentemente, él ya no estaba a mi lado.

Me incorporé, y miré a la habitación a mí alrededor. Key se secaba el cabello con una toalla sentado en la otra cama. Ya había olvidado cual era la de quien.

Acababa de ducharse y llevaba puesta una simple camiseta ancha, blanca con gruesas rayas rosas, junto con unos tejanos arrapados. Iba arreglado, claro, pero no lo suficiente para salir a la calle, no siendo la almighty Diva.

Ronroneé, removiéndome en la cama. No quería levantarme aún, pero sabía que no sería capaz de dormirme de nuevo, menos sin mi princesita entre mis brazos.

– Buenos días perrito dormilón.

– Hum…

– ¿No vas a levantarte? hace un día precioso, incluso creo que Taemin ha hecho el desayuno. – me iba diciendo con una enorme sonrisa entrecerrando sus ojos felinos – espero que sea algo comestible – añadió haciendo una mueca.

Después se rió de su propia broma, cubriéndose la boca con la mano, dejando que la toalla cayera sobre sus hombros dejando al descubierto sus mechones rubios. Su risa era como el tintineo de unas campanas, el dulce sonido de las notas de un carrillón, pero mucho más suave y dulce. No, no era eso, no se podía describir, era simplemente la risa de Key, de mi Key.

Yo no me reí, ni siquiera había entendido la broma, a esas horas mi cerebro aún estaba embotado y las pocas neuronas que me funcionaban se perdían entre las risas de mi diva, entre la piel de su cuello y clavícula que se veía por su amplio escote, entre los pliegues de su camiseta ancha que dejaban adivinar su vientre plano, entre sus mechones rubios de los que caían aún pequeñas gotitas, entre sus negras y largas pestañas que le tapaban los ojos entrecerrados.

– Puppy… ¿estás dormido aún? – él dejó de reírse y me miraba extrañado, aun sin borrar esa sonrisa de sus labios, esos labios perfectos el sabor de los cuales aún podía sentir sobre los míos.

Sonreí, sonreí como un estúpido enamorado por la belleza de mi novio. Pero eso era yo, un estúpido enamorado. Enamorado y feliz, por poder despertar cada día a su lado.

Me incorporé sobre la cama y abrí los brazos, pidiéndole con la mirada que se acercara a mí. No se hizo de rogar, cruzó con dos pasos el espacio que nos separaba y se sentó en la cama a mi lado. Y le abracé, suave, apenas rozando su cuerpo, enterrando mi cabeza en su cuello para aspirar su aroma.

El intenso olor a sudor de la noche había sido sustituido por el fresco aroma de su jabón de rosas y su colonia de lavanda. Amo ambos, aunque tenía muy claro cual prefería en ese momento, cada cosa tiene su tiempo, y entonces me sentía relajado, ligero, solo quería abrazarle para siempre.

– Te amo. – susurré aún contra su piel.

– Vale… esto empieza a ser muy raro. – murmuró extrañado, pude percibir en su voz una nota de diversión – ¿Ha pasado algo?

Levanté la cabeza para mirarle a los ojos, sonriente, y negué con la cabeza.

– No ha pasado nada – le digo – es solo que te quiero.

Sonrió, desviando los ojos de mirada intensa y sonrojándose.

– Yo también te quiero Yeobo…

Me acerqué a su rostro y rocé sus labios con los míos, muy suave, solo probando su tacto.

– Llámame por mi nombre. – pedí sin separarme.

El se extrañó, y se separó para mirarme interrogativo.

– Siempre me llamas por motes – le explicó levantando la mano para rozar su mejilla. – me gusta, pero quiero que me lo digas llamándome por mi nombre, al menos una vez.

Sonrió, aun sonrojado, y yo alcé su mentón para obligarle a mirarme. Quería verle los ojos, perderme en esos enormes pozos oscuros. Él me devolvió la mirada, una mirada igual de intensa que la mía, que me hizo ver, sin necesidad de palabras, que me amaba tanto como le amaba yo a él.

Y aún así me lo dijo, abrió su pequeña boca separando sus labios gruesos y rosados y me dijo con voz dulce.

– Te amo… Jonghyun.

Gif: celos

Categoria: (mini)Fanfic Yaoi

Peronajes: SHINee y algo de Big Bang (grupos K-pop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) + 2min mencionado

Rating: apto

Ante todo decir que es una idea muy tonta que se me ocurrió al ver este gif (que ni siquiera se a que corresponde): http://24.media.tumblr.com/tumblr_m6e4lpkJBp1r2ydp9o2_250.gif

nada más, a leer! ^^

Nos encontrábamos esperando para la decisión de los jueces del Inkigayo, se estaban demorando y todos estábamos muy nerviosos.

Jonghyun se mordía las uñas bajo la reprochadora
mirada de la estilista que le había hecho la manicura un par de horas antes,
Taemin había empezado a hipar hacia un par de minutos, Minho se había quedado
en su habitual estado de “ausente” mirando a algún punto indefinido, Onew
tarareaba canciones infantiles para distraerse. Yo también estaba nervioso,
aunque me esforzaba por no demostrarlo. Sentía un nudo en el estomago.

– ¡Para ya Key! – me regañó Jonghyun dándome un
codazo – ¡me estas poniendo nervioso!

– ¡Pero si no estoy haciendo nada!

– No paras de dar golpecitos con el pie en el suelo. ¡Me
estresas!

– ¡Pues tu deja de morderte las uñas!

– Oye matrimonio, ¿podéis discutir después? – ese es
el maknae, que se ha vuelto muy osado des de que sale con Minho. – me estáis
poniendo nervioso a mi… ¡hip!

Big Bang están aquí a nuestro lado, no parecen tan
nerviosos como nosotros. Pero claro, ellos son los hyungs, los guais, han
pasado muchas veces por esto, tienen más premios, saben controlar mejor los
nervios…

I entonces me fijo en la ropa del presentador, tiene
una costura mal hecha, los puntos no son perfectos y hacen que la juntura sea
irregular, es sutil, pero un fallo tremendo teniendo en cuenta lo que le habrá
costado el traje… y hay un hilo suelto…

Mi mente está tan concentrada en esa pequeña tara que
ni siguiera me entero de cuando dicen los premios, solo sé que de repente todo
el mundo está gritando y que tengo un trofeo en las manos.

Veo a Jjong saltando a los brazos de Seungri que está
a su lado antes de haber asumido la euforia de la victoria. Le taladro con la
mirada unos instantes para, justo después, reaccionar. Hemos ganado ¡HEMOS
GANADO!

Oigo un grito de diva histérica justo antes de darme
cuenta que soy yo el que grita eufórico.

Si pudiera correría por el escenario, pero me
conformo con patalear como una nena y morder el trofeo que tengo en las manos.

Por algún motivo una parte de mi mente normalmente
latente pero que sigue estando allí todo el tiempo relaciona el hecho de
llevarme el trofeo a la boca con otra cosa, igualmente alargada… lo que me
recuerda algo.

Me giro a mirar a Jjong, que sigue en brazos de
Seungri. Detecta mi mirada y se baja enseguida, algo avergonzado por lo que
puedo ver. ¡Ya te vale puppy! de esta no te libras.

Pero estoy demasiado feliz para enfadarme, ya me haré
la diva ofendida luego. Agito el trofeo en el aire y abrazo a los demás
miembros de SHINee también eufóricos.

Más tarde, en la Van de regreso al apartamento Jjong
y yo estamos sentados atrás. Normalmente no nos sentamos allí, pero él ha
insistido. Yo ya tengo mi “diva ofendida mode on”, así que imagino que quiere
“arreglarlo”.

– Que no Jonghyun, que no hay sexo – le digo al fin
lo suficientemente alto para que lo oigan todos los demás. – y si tantas ganas
tienes ve a buscar a tu amiguito…

– Kibummie…

Me giro hacia la ventana, ignorándole. Capto de reojo
que los demás nos miran sorprendidos.

Siento sus brazos rodeándome y sus labios contra mi
oreja.

– No te enfades Kibummie… – me susurra – no soporto
que te enfades… te quiero demasiado…

Aish, imposible resistirse a esa voz de cachorrito. Me
giro y le beso, refugiándome en sus brazos. La verdad es que es lo único que
deseo ahora, sus abrazos, sus besos, sus caricias… Bueno, ahora y siempre.

– Os vais a esperar a llegar al apartamento o vamos a
tener que presenciar otra escena de sexo reconciliatorio? – creo que alguien debería
controlar a ese maknae…

Ya se encargará otro, ahora estoy ocupado…

Chocolate por san Valentín: Excitante chocolate

Categoría: Fanfic yaoi

Personajes: SHINee (grupo kpop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key)

 

Cacharros llenos de chocolate por todas partes. ¡Aun no es san Valentín y ya estoy de chocolate hasta las narices! Y todo por querer hacer esos bombones para Jonghyun… Que por cierto, han quedado deliciosos. Aunque no es como si me importara, no es como si fuese un regalo de san Valentín, no es como si esperara algo a cambio…
Miro el paquete negro con el lazo rosa encima el mármol. Es perfecto, el esfuerzo ha valido la pena. ¿Esfuerzo? Para nada, ¿O es que acaso creen que yo me esforzaría por preparar algo para ese estúpido perro?
Son las cuatro de la madrugada, prepararlo me ha llevado más tiempo del que pensaba, mejor me voy a dormir ya. Aunque por suerte no me ha oído nadie, no hace para una diva preparar bombones para darle a su novio por san Valentín, eso es algo más típico de una colegiala declarándose a su primer amor. ¿Cuando me he rebajado tanto por ese estúpido y lindo cachorrito?
Aun intentando negarme a mi mismo lo evidente, que me he estado cuatro horas en la cocina preparando los chocolates para Jonghyun esmerándome en que todo fuese perfecto, limpio los cacharros, cojo el paquete y me voy a mi habitación.
Jonghyun ya duerme, así que, con cuidado de no despertarle, me pongo el pijama y me tumbo a su lado. Desde que somos pareja que hemos juntado nuestras camas. Estuvimos pensando en comprar una cama de matrimonio, pero seria equivalente a un suicidio si llegase a oídos de las fans.
Escondo la pequeña cajita negra y apago las luces, y así, acunado entre sus brazos y sintiendo su aroma, me quedo profundamente dormido.

– Key umma! – no molesten, tengo sueño – ¿Umma?
– Shhht, déjale dormir, está muy cansado. – eso es, estoy muy cansado, dejadme dormir… – por qué no vais a desayunar al café ese de la esquina, ese que tiene los bollitos de crema que tanto te gustan. – eso es, váyanse y dejen dormir a la umma…
– ¡Wow, si, gran idea!
– Ahora venimos nosotros ¿vale?
– ¡Ok, les esperamos allí pues!!!
– No… Quieo domir… – Ronroneo aun con los ojos cerrados y estirándome entre las sabanas.
– Jaja. ¿Estabas despierto?
– No
Doy media vuelta y me dispongo a seguir durmiendo.
– Keyssii – me llama en un tono juguetón, abrazándome y haciéndome cosquillas.
– Ay, ay, ahí no, jajaja, ¡no!, jajaja
Siento sus labios sobre los míos, suaves, lentos.
Mis risas cambian a jadeos, la más suave de sus caricias me excita demasiado…
– Feliz San Valentín – me susurra separándose solo unos centímetros de mis labios.
Me coge la mano y siento algo frio en la muñeca, a la vez que oigo un dring metálico.
Me quedo de piedra al verlo. Es una cadena de plata, muy fina, de la que cuelgan decenas de pequeños cristalitos rosas que reflejan la luz en miles de pequeños arcoíris. Y entre los brillantitos cuelga una pequeña placa metálica con nuestras iniciales gravadas.
No puedo creer que se haya acordado, que me haya comprado algo tan precioso. Noto como los ojos empiezan a llenárseme de lágrimas de emoción.
– ¡Wow, Jjong, es precioso!!! – le abrazo tirándole de espaldas sobre la cama. – me encanta, me encanta, me encanta, me encantaaaa!!!!!!!
– Jajajaja, – se ríe de mi reacción exagerada, pero es que realmente es precioso – bueno, pues me alegro de que te guste.
Me abraza y nos quedamos los dos sentados en la cama, yo, entre sus piernas y recostado sobre su pecho admirando la joya, él detrás de mí acariciando mi cabello.
Me quedaría así toda la vida.
Entonces recuerdo que yo también tengo algo para él… algo en lo que me he pasado toda la noche trabajando…
Muy a mi pesar me separo de sus brazos y voy a buscar la cajita negra con mi regalo.
– ¡Tu también te acordaste!
– Em… bueno, no es nada, solo algo que hice, nada especial… – intento quitarle importancia mientras por dentro me muero de ganas de que lo abra ya.
– Bueno, pues si no es nada… – lo aparta a un lado de la cama y se levanta simulando indiferencia.
– ¡Eh! ¡Ábrelo!
Él se gira, riéndose, burlándose de mí. Me sonrojo, otra vez caí en su trampa.
– Jajajaja, te quiero Keysiii – me dice de nuevo acariciando mi mejilla y besándome suavemente en la frente para luego coger el regalo y abrirlo lentamente, muy lentamente.
¡Me pone de los nervios!
– ¡Vamos! – el vuelve a reírse, pero esta vez termina de quitar el lazo para abrir la cajita y revelar su contenido. 14 corazoncitos de chocolate negro, pequeños y brillantes.
– Wow Kibum…
Se ha quedado sin palabras, y ahora soy yo que se regocija de mi acierto con el regalo.
– Jajajaja, pero mira que cara se te ha quedado solo por un pedazo de chocolate… Jajaja
– ¡Hiciste bombones! – voy a decirle otra vez que no es nada, pero me mira con esos ojitos de cachorrito emocionado que lo único que puedo hacer es sonreírle, asentir y emocionarme con él. – ¿Puedo?
Me pregunta como si no se atreviera a comerlos.
– Claro, son tuyos.
Coge uno y lo muerde sensualmente…
– ¡Wow!!! ¿Qué les pusiste?
– Trufa blanca con aroma a vainilla. Recubiertos de una fina capa de chocolate negro, amargo e intenso. También los hay de praliné, son los de la raya blanca.
– ¡Wow Keyssi! – al final se le va a gastar la muletilla. – es delicioso. Solo se me ocurre algo que me apetezca más.
Apenas oigo lo que ha dicho, ni si quiera tengo tiempo de decepcionarme porque crea que hay algo más delicioso que mis chocolates, que coge con los dientes el resto del primer bombón y me besa, compartiendo conmigo el delicioso sabor.
Realmente me quedaron deliciosos. ¿O son sus labios lo que me excita tanto???
– Gracias – me susurra separándose ligeramente. Por toda respuesta paso mis manos por su nuca y le atraigo hacia mí. Besándole de nuevo.
El chocolate es delicioso, peor para mi no hay nada más dulce que sus labios.
Nos tumbamos, quedando él encima de mí, atrapándome contra las sabanas cálidas y ligeramente húmedas por nuestro propio sudor.
Sus manos recorren lentamente mi cuerpo, desnudándome a su paso, mientras nuestras lenguas chocan en el frenético y excitante juego que se lleva a cabo entre nuestros labios.
Torpemente a causa del temblor de mis dedos voy desabrochando su pijama, entreteniéndome a acariciar sus músculos; pectorales, abdominales, bíceps, espalda… su cuerpo me excita demasiado…
Se separa de mis labios, permitiendo que yo recupere los sentidos momentáneamente, solo para darme cuenta de que se ha liberado ya de mi camiseta. Baja la cabeza lentamente, llenando de besos mi cuello y mi pecho hasta que sus labios se cierran sobre uno de mis pezones.
Sin quererlo yo un gemido se escapa de mis labios, no puedo hacer más que enredar mis manos entre su cabello, incitándole a que siga, mientras intento controlar mis reacciones…
Mientras con su lengua resigue sensualmente mi pezón, sus manos empiezan a moverse lentamente por mi tripa, bajando hasta mi entrepierna…
Cuando mis gemidos empiezan a ser demasiado ruidosos él se separa para besarme de nuevo, esta vez de forma más frenética.
– ¿Sabes? acabo de tener una idea… – me susurra junto a mis labios con una sonrisa que no me inspira nada bueno…
Sin separarse mucho de mi va gateando por la cama hasta estar lo suficientemente cerca del armario como para abrirlo sin tener que levantarse. ¿Lo sabe que se ha restregado por todo mi cuerpo y que ahora su paquete queda a pocos centímetros de mi rostro?
Intento ignorarlo… lo intento con todas mis fuerzas, pero mi cuerpo se mueve solo. Llevo mis dos manos a sus caderas y me abalanzo encima de él, quedando ahora yo encima. Llevo una mano a la orilla de su pantalón y lo bajo un poco, solo lo suficiente como para poder lamer la parte baja de su estómago… solo pensando en bajar aún más…
Oigo como se ríe entre gemidos de placer. Me coge el rostro con una mano y me levanta para poder besarme.
Al separarnos de nuevo me mira de forma divertida y sensual y me enseña lo que ha ido a buscar al armario, como no, debí haberlo imaginado.
Deja sobre la cama la bolsa con nuestros “juguetes” y me mira travieso.
– ¿Prefieres empezar por esto… – pregunta sacando unas esposas de piel negra con correas – o esto otro?
Ahora saca una mordaza, una bola con una correa de cuero. Yo me lo quedo mirando, entre divertido y seductor.
– ¿Y qué te parece esto??? – pregunto mientras saco de la bolsa el bote de sirope de chocolate. – es san Valentín al fin y al cabo…
Él sonríe y salta encima mío, aprisionándome otra vez contra la cama.
– Te quiero – me susurra – ¡te quiero comer!
Vuelve a aprisionar mis labios con los suyos, casi con desperación, mordiendo mis labios mientras nuestras lenguas chocan a un ritmo frenético.
Para cuando quiero darme cuenta mis manos están atadas a la cabecera de la cama y él me mira con una sonrisa pervertida, mientras abre el bote de chocolate y bebe un poco.
– m…
Me besa de nuevo, ahora sus labios saben a chocolate… excitante, demasiado excitante…
Se desprende de los pantalones de mi pijama, dejándome completamente desnudo y a su merced. Llena todo mi pecho de chocolate, que enseguida empieza a lamer. Sus manos revuelven las sabanas y mis gemidos llenan ya la habitación.
Intento callarme los gemidos, aún teniendo en cuenta la situación, me parecen más embarazosos mis gemidos que el hecho de tener al cachorrito revolviendo entre mis piernas…
M… como lo adoro…
Jonghyun es extremadamente torpe, pero hay dos cosas que si se le dan bien… Por una de ellas le aclaman miles de fans, la otra… es algo que solo yo sé…
Cuando su lengua empieza a recorrer mi miembro la espalda se me arquea inconscientemente, la sensación es demasiado…
Me revuelvo sin resultado bajo las cadenas que me aprisionan, quiero acariciar su cuerpo igual que él hace con el mío, hacerle sentir el mismo placer que siento yo, la misma excitación…
Pero lo único que consigo es clavarme las esposas y deshacer aún más la cama.
Él se ríe de mi frustrado intento, concentrándose aún más en las caricias de sus labios. Sabe que me pone de los nervios estar así, completamente a su disposición…
Con los dedos de mis pies cojo su pantalón para quitárselo, él se remueve intentando impedírmelo.
Soy bastante hábil, pero aún así me cuesta debido a cierta “ligera distracción”. Agarra con sus manos uno de mis pies y lo alza, para cubrirme de besos des del tobillo subiendo hasta mis caderas, entreteniéndose en la parte posterior de la rodilla.
No puedo contenerme y suelto un gemido, me conoce demasiado bien, se sabe perfectamente cuales son mis zonas más sensibles, pero a este juego podemos jugar los dos.
Cuelo uno de mis pies por debajo de sus pantalones, que aún no he conseguido sacarle y le acaricio con los dedos la parte interna del muslo.
Él se arquea de placer y suelta un profundo gemido, música celestial a mis oídos. Debido a la excitación suelta mi pierna y se inclina hacia atrás, dejando ahora sí que mis pies le desnuden y hagan el trabajo que mis manos no llegan a hacer…
Siento su miembro duro e hinchado contra los dedos de mis pies. Está casi tan excitado como yo… ninguno de los dos aguantaremos mucho más…
– Keyssi, – me llama seductoramente mientras se acerca de nuevo a mi rostro – te necesito…
Nuestros labios se juntan y se reanuda la frenética y apasionada lucha de nuestras lenguas mientras sus manos resiguen mis brazos des de las axilas hasta mis muñecas para liberarme de las esposas, al fin.
Enseguida mis manos se dirigen a su cuerpo, que aún no he tenido ocasión de acariciar, pero apenas me deja deleitarme con la perfección de sus músculos que ya ha cogido otro de nuestros “juguetes” de la bolsa, cuyo contenido ya está esparcido por toda la cama. Me avergüenzo de ello. ¿Cuando le he dejado comprar tantas cosas??? Aunque ahora mismo el bote de lubricante me parece absolutamente necesario.
Se unta las manos con él y no tardo mucho a sentir sus dedos dentro de mí. Recuerdo que las primeras veces me quejaba del dolor… ahora ya me rio de mi debilidad, la necesidad de sentirlo dentro de mi es mayor que nada…
Siento sus dedos moviéndose, voy a correrme pronto… Creo que él también lo siente porque retira sus dedos para dar paso a su miembro, casi tan hinchado como el mío.
Mis gemidos, mezcla de placer y dolor ya deben ser audibles en todo el piso, y me preocupa, pues aunque sé que no hay nadie en el apartamento si tenemos vecinos, y las fans parecen tener ojos y oídos por todas partes…
Por una vez Jjong parece haber pensado en ello también, ya que silencia mis gemidos aprisionando mis labios con los suyos de nuevo.
Aunque lo más probable es que ni siquiera haya pensado en eso…
Ahora nuestras lenguas chocan entre nuestros labios mientras le siento a él moviéndose dentro de mí…
Estas sensaciones, ya conocidas para mi, y que a la vez siempre me parecen nuevas me llenan por dentro y me hacen sentir la persona más afortunada del mundo. Me siento afortunado de la vida que tengo, de tener un novio como él.
Poco a poco el ritmo va aumentando, ambos nos devoramos apasionadamente mientras nuestros cuerpos chocan al ritmo de mis latidos.
Poco después siento que he llegado a mi límite, no puedo aguantar más…
– Jjong…
Por toda respuesta lleva su mano a mi miembro y lo acaricia mientras aumenta aún más el ritmo.
Mi cuerpo se arquea y mis dedos se entierran entre las sabanas. El blanco y espeso líquido me salpica, y no pasa mucho rato que siento como Jjong se libera también dentro de mí. Me dejo caer agotado sobre la cama. Algún día me matará con tanta pasión…
Mi novio cae también encima mío, pero vuelve a levantarse, haciendo fuerza con sus brazos y quedando a pocos centímetros su rostro del mío.
– Ha sido… – empieza él, pero yo le interrumpo con un ligero beso, agotado para nada más.
– Lo se… no lo digas…
Paso mis manos por su espalda y él vuelve a dejar caer su peso, vigilando de no hacerme daño, para quedarnos así, abrazados, completamente desnudos.
Soy consciente de que deberíamos ir a ducharnos, para quitarnos el sudor, los restos de chocolate y demás líquidos… pero ahora mismo lo único que me apetece es abrazar a mi cachorrito…
Se separa un poco, recoge rápidamente nuestros “juguetes” para meterlos de nuevo en la bolsa que esconde debajo la cama nos tapa ambos con las sábanas. Nos besamos y nos quedamos abrazados de nuevo.
No creo que haya problema en quedarnos así un rato más… solo un ratito más…