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A todos los lectores

Como habréis podido comprobar hace mucho que no subo capítulo… XD si, todos os habéis dado cuenta. Estoy teniendo muchos problemas en general para seguirlo, principalmente motivacionales pero también técnicos (ya que se me borró parcialmente el último capítulo y me está costando tanto ponerme a reescribirlo…).
Hace tiempo que el fic, por más que me encante, se me está haciendo demasiado largo. Cada vez me costaba más ponerme a escribir y iba retrasando las publicaciones, ahora me estoy dando un descanso para escribir otras cosas que tenía pendiente y dedicarme a mis estudios también (que exigen mucho más tiempo del que quisiera u.u).
No planeo dejarlo ya que, como ya he dicho, me encanta, y no solo eso sino que odiaría perder todo el trabajo que ya he hecho en otro proyecto inconcluso, que no son pocos. Ahora mismo no puedo seguirlo pero espero pronto recuperar las ganas para escribirlo, poder terminarlo y subirlo para compartirlo con todos los que lo habéis estado siguiendo, seguís entrando para ver si actualizo y me habéis mandado mensajes preocupandoos por si habrá más.
Habrá más, lo prometo. Algún día Baekho aceptará que está enamorado de un niño, Minki le perdonará todas sus tonterías y estarán juntos para siempre, espero poder compartir esto pronto con vosotros. Muchas gracias a todos por vuestra paciencia y apoyo ❤

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Ámame Profe. 46: Chico de diez. (II)

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

Segunda parte del capítulo, que como recordareis dejé a medias. 

Cuando dije que lo subiría entre lunes y jueves me refería, obviamente, a la semana anterior xD Pero no sería yo si no me retrasara… (?)  

Como sea, aquí está la segunda mitad del capítulo de JR, ya me diréis que os parece ^^ Después de eso prometo que vuelvo con el Baekren muy intensamente jajajaja ❤

 

 

Se encararon a los exámenes con toda la energía y el optimismo que pudieron reunir, que para algunos no fue mucho.

Tao, por ejemplo, se presentó con ojeras, declarándose cabreado contra el universo y diciendo que no se sabía una puta mierda. Palabras textuales.

– Deja de pensar ya en ello – intentó animarle JR entre examen y examen.

Habían hecho dos, les quedaba otro ese día, y dos más al siguiente, y tres más al otro.

– ¡No me da la puta gana! ¡¿Es que como se puede ser tan cabrón?!

Hyuk le chistó para que callara de gritar, repasando a última hora el temario del siguiente examen. JR le dio unos golpecitos en la espalda con una sonrisa que intentaba ser tranquilizadora.

El nuevo novio de Tao le había dejado hacía apenas un par de días, al parecer salía con él por una apuesta o algo así, y Tao, como no, llevaba desde el sábado despotricando y explicándole a todo el que quisiera oírle, y al que no, lo desgraciado que era. No le faltaba motivo, por supuesto, pero a JR seguía pareciéndole una exageración, sobretodo cuando tenían cosas más importantes que hacer.

Si Tao estaba deprimido Minhyun brillaba de felicidad. Salió diciendo que le habían ido bien los exámenes, aunque obviamente no habría estudiado tanto como podría haber hecho en otras circunstancias.

– Tampoco creo que tenga problemas por entrar a física.

– ¿Física? – se sorprendió JR. – Habías dicho química.

– Lo cambié en el último momento – admitió encogiéndose de hombros. – Me gusta más la química, pero casi igual, y así puedo especializarme en física musical y sonido y aprovechar con algo los años de conservatorio.

Se había visto obligado a dejar las clases de piano al empezar a trabajar, pero JR sabía que seguía tocando de vez en cuando. Asintió, le pegaba.

– Oh, – se dio cuenta luego, saliendo ya para irse para casa, hasta el día siguiente – entonces estudiaremos juntos.

Minhyun asintió, sonriéndole.

– Yo tampoco me di cuenta hasta más tarde.

Se pasaron la tarde estudiando el la biblioteca, los cuatro, vigilándose y ayudándose mutuamente. Básicamente JR vigilaba a Tao.

– No te distraigas – le insistió por enésima vez.

– Está allí. – les dijo. – Siempre se sienta en esa mesa.

Se giró a mirar al chico que le señalaba, sentado unas mesas más allá. Estaba de espaldas pero se giró a mirarles. JR le lanzó una mirada asesina y el chico volvió a girarse.

– Venga – volvió a decirle a Tao – lo estás haciendo muy bien.

Aún no les había dicho nada de lo del finde. Minhyun parecía no saberlo y, con todo el dramón de Tao, no le parecía adecuado explicárselo.

Solo de recordarlo…

Sacudió la cabeza y siguió estudiando, intentando concentrarse de nuevo.

 

Todos tenían algo más de ojeras el segundo día, y todos se despidieron con los mismos suspiros aliviados y a la vez preocupados y sus murmuros de “solo un día ya…”

Cuando salieron al fin el miércoles, dando la campana de final del último examen más de uno se desplomó sobre la silla con sonoros “aaaah…”, algunos, más enérgicos, se levantaron para irse corriendo a gritos de “libertad”, pero JR se quedó muy quieto en su sitio, aún con el bolígrafo en la mano.

“¿Y ahora que?” se preguntaba. Llevaba tanto tiempo preparando esos exámenes…

Los chicos enseguida le distrajeron y le dieron algo que hacer. Sangmin, la amiga de Tao se acercó para preguntarles como les había ido y preguntarle a Tao si ya estaba mejor. Este no quiso hablar de ninguna de las dos cosas, pero pronto encontró algo de lo que hablar con ella y los dos empezaron a andar hacia fuera. JR, Hyuk y Minhyun les siguieron, relajados.

– Es un alivio haberlo hecho ya. – murmuraba Minhyun estirándose. Hacía frío fuera, pero el sol radiaba con fuerza, calentando la piel de forma muy agradable.

– Si, pero hasta que no estén las notas…

Se fueron a comer juntos, para celebrarlo y luego cada uno se fue a su casa a dormir, retozar con su novio, lamentarse de sus desgracias o ordenar y archivar los apuntes de todo lo que habían estado estudiando.

No tenían clase al día siguiente ni al otro, pero la semana siguiente retomarían el curso terminando de pulir todo lo que necesitaban saber para enfrentarse a su futura vida universitaria, cada vez más cerca.

Pero antes que todo eso, debían celebrar.

– ¿Por qué Pantheon otra vez? – se quejaba Hyuk con cansancio. De vez en cuando estaba bien, porque eran sus amigos y no le importaba, pero ¿siempre?

– JR quería ir. – respondió Minhyun encogiéndose de hombros. JR le miró, algo sorprendido.

– Peor ya fui.

Ahora fue Min quien se giró a mirarle sorprendido, igual que Tao.

– ¿Ah si?

– Si, os lo dije. – ¿Es que no se habían enterado?

– Ya, pero ir solo…

– Pensamos que no habrías ido al final…

– Pues no, sí fui.

– ¿Y que hiciste?

– … – “Me lié con un tío en las mesas y otro me hizo una mamada en el baño” – Nada, charlar con Aron.

Los tres le miraban, desconfiados por algún motivo.

– ¿Te liaste con alguien JR? – le preguntó Minhyun muy serio, diciendo lo que todos estaban pensando.

– No. – les respondió seco, sin mirarles. Estaba seguro de que se había sonrojado.

 

Se reunieron el viernes por la noche, después de cenar. Hyuk les dejó plantados, para irse con unos de clase al Zenit, la discoteca a la que solían ir antes de… bueno, de descubrir Pantheon.

Al entrar saludaron a Aron, que llevaba allí ya un rato. Minhyun se echó sobre la barra para llegar a besarle y Aron le cogió para que no se separase, alargando el beso…

– Y hace que no os veis… ¿Media hora? – se metió Tao.

Min le enseñó el dedo y siguió besando a su novio, y él y JR se dieron la vuelta y se recostaron en la barra mirando a la sala, dejándoles intimidad.

Estaba un poco más lleno que la semana anterior, cuando JR había ido solo, pero era aún temprano y se estaba bien. Aún era pronto para bailar, pero en la pista había pequeños grupitos charlando, esperando a que el ambiente se animase para ponerse a bailar o para irse a otro rincón y ceder el espacio.

Consiguieron que Aron dejara de besar a su novio el tiempo suficiente para servirles, y de nuevo mirando a la sala, con el vaso entre los labios JR vio como un chico le sonreía desde uno de esos grupitos de la pista.

“Demasiado temprano para ligar” se dijo. Aún así le sonrió en respuesta. Tao no pareció darse cuenta.

– Que lástima que no haya venido Hyukkie – le decía – si lo más gracioso es incordiarle…

Tuvo que darle la razón, las quejas de Hyuk formaban parte de sus visitas a Pantheon, no era lo mismo sin él. Pero aún así, había cosas mejores que hacer allí.

El chico que le había sonreído se acercó, ignorando a Tao a su lado y a la pareja ahí detrás, se apoyó con ambas manos en la barra, a sus lados, acorralándole, pero JR no se apartó ni se puso nervioso, solo le sonrió.

– ¿Bailas? – le preguntó el chico. Obviamente su petición implicaba un “¿Bailas y luego nos buscamos un rincón para follar?”.

– No hay nadie bailando – le respondió tranquilo señalando a la pista.

– Alguien tiene que ser el primero. – insistió con voz ronroneante. JR amplió su sonrisa, que le subió hasta los ojos, escondiéndolos detrás de sus largas pestañas.

– Tal vez más tarde.

El chico suspiró y se apartó, no sin antes decirle un “te tomo la palabra”. Se perdió entre la gente para volver con su grupito, y Tao se quedó mirando a JR con los ojos como platos y algo molesto.

– ¿Cómo lo has hecho?

JR se encogió de hombros.

– No se, siendo educado. No quería soltarle un “piérdete”, realmente luego igual me apetece bailar…

Escucharon a Aron reírse detrás suyo. Minhyun, que ya estaba sentado sobre la barra, también le miraba sorprendido.

– Se refiere a como les atraes. – le explicó a JR.

Él volvió a encogerse de hombros.

– No se, no es tan difícil. – se excusó ahora si un poco incómodo. – simplemente si te sonríen les sonríes. Si te lanzan miradas, les lanzas miradas, si ves que se te insinúan… pues vas. Si te interesa, claro.

Minhyun y Aron ya no les prestaban atención, pero Tao si le miraba con interés.

– No se, a mi no me miran así. – se quejó cruzándose de brazos.

– ¡Claro que si! – le respondió. – Mira, ese chico te mira. – le indicó señalando con disimulo. – Sonríele. – Tao se encogió, y negó con la cabeza. – Creo que aún tienes que animarte.

Dejó su bebida y la de Tao sobre la barra, le cogió de las manos y tiró de él hasta la pista.

– Somos los únicos que bailamos – se quejó Tao.

– No importa – le respondió JR con de sus sonrisas deslumbrantes. – pronto habrá gente bailando también. Ignora al resto.

Tao bajó la mirada al suelo, cohibido. Antes era más lanzado, o eso creía, la verdad es que le costaba pensar que pudiese atraer la atención de alguien en esa sala. JR aún, porque era muy guapo, pero él… Y había cada monumento ahí…

– Anímate – siguió insistiendo JR. – Te juro que esta noche consigo que ligues. Estate atento de quien te mira, y si ves a alguien que te guste, pues simplemente lánzate, ya has visto al chico de hace un momento, no se andaba con rodeos.

Le miró. Y luego sacudió la cabeza. No, no podría atreverse, no después de cada experiencia que había tenido… Nadie iba a acusarle de marica en Pantheon, pero podían reírse de él…

– No funcionará – murmuró entre la música aún a un volumen decente.

JR se encogió de hombros, bailando tranquilo. La pista empezaba a llenarse.

– No veo porque no, con lo guapo que eres – le dijo con una sonrisa pícara.

“Ya, claro”.

La noche avanzaba. JR bailó con Minhyun, con Tao de nuevo, con un crío aún más joven que él que se le arrapó descaradamente pero que se fue corriendo con sus amigos en cuando JR se giró a responder medio en broma.

– Quiero conseguir que Tao ligue – le dijo a Minhyun mientras bailaban, casi pegados.

– No se si es buen momento… – le respondió este, hablando casi sobre su oído con los brazos sobre su cuello – aún piensa mucho en el chico ese… menudo cabrón…

– Precisamente, sino hacemos algo no lo va a superar.

– No todos somos tan rápidos recuperándonos de una ruptura – le respondió con un punto acusatorio.

– ¡No estuvieron saliendo ni dos días! – se exclamó JR separándose para mirarle a los ojos. – Fue un cabrón que estaba bueno y jugó con él. No era el amor de su vida.

– Ya, no se… – Minhyun volvió a abrazarle, balanceándose aún pegado a él.

Y bailaron, y bebieron, e hicieron el gilipollas, que eso siempre se les daba bien.

Y de repente JR pilló a Tao mirando a un tío. Ancho de espaldas, con el pelo largo hasta los hombros. Nada mal.

– Nada mal – le dijo.

Y el tío se giró, vio que Tao le miraba y le sonrió. Y él apartó la vista asustado.

– ¡Así claro que no ligas! – le reprendió JR. Le cogió de los hombros y le encaró para donde estaba el chico, empujándole. – y no vuelves hasta que le hayas besado.

– ¿¡QUE?! ¿¿¿Pero como voy a…???

Pero JR solo negó, empujándole otra vez y riendo, hasta que vio con satisfacción como Tao iba finalmente para allí, lanzándole miradas de odio.

– Si lo consigues te hago un monumento – oyó a Minhyun a su lado. Él se encogió de hombros.

– Lo habré intentado. – Tao parecía estar haciéndolo bastante bien. Se giró hacia Minhyun de nuevo. Aron estaba bastante ocupado, pero seguro que encontraría un momento para su novio – ¿Te importa si voy a dar una vuelta? – le dijo.

Min se encogió de hombros.

– No, pero esta vez quiero detalles, que me estaba explicando Aron lo que vio y…

Le hizo callarse con un gesto y se fue, a dar una vuelta él solo. Empezaba a gustarle, moverse por la sala ya llena, observando, escuchando.

Vio al chico que le había saludado antes. Dio otra vuelta y se lo cruzó de nuevo.

“Bueno, ¿por qué no?”

– ¿Aún quieres bailar? – le preguntó acercándose. Él se giró a mirarle, con los ojos algo desenfocados, luego le reconoció y prácticamente saltó a sus brazos, murmurando algo que sonó como “has venido”.

“¿Me estará confundiendo con alguien?” se preguntó mientras él ya buscaba besarle. Sintió sus labios y casi le echó para atrás el hedor a alcohol. Iba borracho como una cuba. “Ni siquiera es tan tarde aún…”

Pero realmente el olor no le molestaba tanto, y una vez tuvo su legua dentro de la boca…

Ni siquiera pasaron por la pista de baile.

Era increíble la cantidad de rinconcitos oscuros y apartados que había allí, entre las diferentes salitas, mesas, podio, baños y demás en los que no había reparado hasta que había tenido necesidad de ellos y era increíble ver cuantos estaban ocupados ya.

“Esto es un puterío” se dijo mientras se dejaba conducir él también hasta uno de esos rincones.

Pegó la espalda contra la pared, recibiendo de nuevo al chico entre sus labios.

– Que guapo eres… – murmuró él contra su oído. O si más no dijo algo que sonó parecido.

Pensó si debía devolverle el cumplido, pero no sabía muy bien que decir.

“¿Que más da? Mañana este tío no se acordará de nada”.

Se sintió un poco como si se estuviera aprovechando de él, pero no era él quien tenía las manos dentro de sus pantalones.

Los movimientos del chico eran lentos y torpes, y JR terminó cogiéndole para que quedase él contra la pared, llevando el ritmo. Coló la mano por debajo de su camiseta, sintiendo su piel y pegando sus caderas a él.

Se frotaba contra su cuerpo, sintiéndole. JR empezó a jadear entre sus labios, llevando el ritmo de un beso desesperadamente lento. Empezaba a excitarse y le sentía más intensamente contra su cadera. Llevó la mano a su cintura, acariciándole por encima de los pantalones y desabrochándoselos. Notó como dejaba de corresponderle el beso, dejándose hacer, y tragando saliva hizo de tripas corazón y le metió la mano dentro de los pantalones.

Se separó un poco para hacer espacio y a la que sus caderas dejaron de estar pegadas el tío se desplomó.

“¡¡¡SE ME HA MUERTO!!!” Fue lo primero que pensó JR, apartándose de un salto. Luego se fijó que seguía consciente, aunque muy poco, mirándose confundido a su alrededor. “Joder, va fatal”.

– Eh – se agachó a su lado – ¿Vas bien?

No, bien no iba, desde luego. Apenas le respondió, con las pupilas dilatadas.

“¿Que se habrá metido…?” De repente no estuvo seguro de que fuese solo borracho y prefirió no entrometerse. Consiguió ponerle en pié y medio le arrastró hasta donde estaba antes con sus amigos. Estos solo se rieron mientras, aún desde su sopor, el chico les saludaba con aire triunfal.

JR estaba algo preocupado, pero le dejó allí con ellos y se fue, intentando quitárselo de la cabeza.

Y con el calentón que le había dejado volvió a casa horas más tarde, habiendo pasado el resto de la noche con un Tao emocionado porque había conseguido el teléfono de su ligue y un Minhyun ya un poco menos fusionado con su novio. Al parecer también sobrevivían como entidades separadas.

Se metió en la cama cansado y frustrado, algo preocupado. “Tao se ha quedado mi suerte esta noche” pensó con algo de rencor “y solo para conseguir un teléfono…”.

 

Se levanto el sábado con algo de resaca y una buena noticia.

– … Así que vuestro padre vendrá a pasar las navidades aquí con nosotros – les explicaba mamá con la recién nacida en brazos.

Ambos hermanos se miraron, sonrientes. No le veían desde que se había mudado a Londres con su actual mujer, y aunque llamase a menudo se le echaba de menos. Era su padre al fin y al cabo.

Así que aún con el pequeño incidente del día anterior, que realmente no había sido nada pero le había dejado mal sabor de boca (literalmente), se fue bastante animado para casa de Sunji, a impartir otra de sus clases particulares.

Fue relajado, dispuesto a tomárselo con calma, avanzar un poco de temario y, tal vez, ver otro capítulo de esa serie a la que ella estaba tan viciada.

“Realmente… si la sacerdotisa no descubre quien es el traidor a tiempo…”

Como siempre fue su madre quien le abrió, entró en la habitación esperando encontrársela pegada al ordenador como estaba siempre, pero seguía dormida, con la boca abierta, el pelo por encima de la cara y una pierna fuera de la cama.

– Ah, esta niña… – refunfuñó la madre yendo a despertarla. – Sunji, que no te despierto media hora antes para que vuelvas a dormirte, que está tu profe ya aquí.

Ella bostezó y se dio la vuelta, destapándose por completo.

Aun siendo casi invierno dormía en bragas y una camiseta fina, y JR se descubrió a si mismo mirándola fijamente.

Había algo atrayente en su cuerpo delgado, en su piel blanquecina. “Ayer te dejaron con el calentón y vas salido” se dijo a si mismo “¿en que momento me he convertido en un maníaco sexual?”

Salió de la habitación para dejar que se vistiera e intentar despejarse un poco, que no se podían pensar esas cosas de una compañera de clase enferma.

Luego Sunji le recibió como si nada, con su diadema de orejas aguantándole el pelo y gesto adormilado.

– Es que tenía mucho sueño – se disculpó con una mueca adorable – Me paso el día durmiendo y aun así tengo sueño. Aunque bueno, ayer ya salí un rato, solo hasta la esquina pero…

– Me alegro – le respondió JR con una sonrisa. – ¿Nos ponemos a ello?

Ella asintió, y empezaron la clase.

– ¿Toda tu vida es así? – le preguntó Sunji de repente, un rato más tarde, interrumpiéndole.

– ¿Eh?

– Apuntes, ejercicios, esquemas,… – JR la miraba sin saber que decir. – ¿Esto es toda tu vida? ¿No tienes hobbies o… algo?

“Me gusta ir a Pantheon” pensó recordando las últimas veces “no se si eso cuenta como hobbie”…

– Esto me gusta – le respondió aun sin comprender la pregunta – no exactamente estudiar, pero aprender. Hay miles de cosas tan interesantes que no sabemos…

Sunji le miraba, con una ceja levantada, luego empezó a reírse, tapándose la boca con las manos.

– Eres adorable.

“¿¿¿ADORABLE???”

Si siquiera preguntó, se limitó a mirarle mal y mandarle ejercicios de mas, valiéndose de su papel de “profesor” para castigarla con trabajo extra.

– ¿Y si los termino nos miramos un capítulo? – le preguntó con su vocecita, ladeando la cabeza y sonriendo un poco.

El corazón le dio un vuelco “¿Y me llamas adorable tu a mi?”.

 

Se fue ya tarde, pero tenía excusa porque se habían estado mirando el anime ese y al final no habían estudiado mucho…

Sunji le había dicho que había estado esperando para ver ese capítulo con él. Y se lo había dicho con una de sus sonrisitas ladeando la cabeza.

“Adorable dice…”

No sabía exactamente a que se debía ese cambio repentino. Recordaba que cuando se había ofrecido por primera vez para ir a su casa a traerle los apuntes Hyuk había soltado un “ni siquiera es guapa” y JR, aún sabiendo que eso no tenía importancia alguna, había estado de acuerdo.

Pero ahora…

Tal vez era verdad que no era una belleza aturdidora como había sido Gyuna, pero a su manera… Si resultaba… ¿mona?

Suspiró, le atribuyó su súbita atracción al calentón de la noche anterior e intentó de nuevo hacer esfuerzos para quitarse de la cabeza que la había visto casi desnuda.

Al llegar a casa Baekho estaba allí, en la habitación de sus padres jugando con Minyoung. Minki estaba arriba en su habitación, haciendo deberes.

“Cuando le obligas no hay forma que se ponga a ello, precisamente ahora que viene Baekho…”

Alejó la curiosidad a un lado, la última vez que Minki le había hablado de ello había sonado demasiado a un problema de pareja y aunque empezaba a asumirlo cuanto menos supiera mejor.

– Hey – saludó a Baekho y a su madre, que también estaba allí, acercándose a la cuna. Sunyoung se acercó a darle un beso, Baek prácticamente le ignoró.

– Ay… – murmuraba mirando a la recién nacida, casi babeando – es tan adorable…

“Adorable… ¿Por qué me ha llamado adorable?”

Minki bajó para la cena, y JR no pudo evitar fijarse. No le pareció que estuviesen mal. O peleados, o se odiasen ni nada.

“Igual si que solo tenía muchos deberes…”

Pero poco a poco fue viéndolo. Baekho le miraba, casi con amor, pero Minki rehuía el contacto visual. Hablaban, pero incluyendo a los demás, no se metían en esa burbuja que, casi imperceptiblemente, a veces se creaba a su alrededor. Sobretodo Minki no le hablaba a no ser que él le preguntase algo o se viese obligado. Lo disimulaba hablando con los demás para tapar el silencio, pero JR les estudiaba atento, intrigado.

“Sea lo que sea no es grave” se dijo intentando dejar de pensar en ello. Si no luego tendría pesadillas.

 

Pesadillas no tuvo, más bien fueron sueños… agradables…

Solo decir que se levantó con una empalmada del copón.

“En serio, ¿Cuándo me he vuelto un ninfómano?” Pero bueno, tampoco pasaba nada ¿no? Era un adolescente hormonado, lo raro hubiese sido que no pensase en sexo todo el día ¿Verdad?

“Siempre puedo quedar con alguien” pensó. Tenía una lista de contactos de Pantheon. Algunos con los que se había liado, otros que lo habían intentado. No es que fuera una lista muy larga, pero existía, que ya era mucho. Y todos esos contactos le habían dado su numero para eso, “por si algún día… necesitas algo”.

Se levantó y se vistió, dándole vueltas. Mientras desayunaba no pudo evitar sacar el móvil y repasar la lista de contactos, aún planteándose hasta que punto estaría mal…

“¿Mal porque? Solo es sexo…”

– ¿Que te tiene tan pensativo? – le preguntó Yixing desayunando también, el único que se había levantado. JR dio un respingo, y guardó el móvil murmurando un “no, nada…”. Su padrastro le sonrió, calmado. – Pareces nervioso. Aunque claro, no es asunto mío.

JR no dijo nada, siguió comiendo. Hasta que de repente se sorprendió a si mismo explicándoselo.

– Me preguntaba… Me estaba planteando si quedar con alguien… Ya sabes, para… quedar… – “menuda explicación” pensó frustrado. Pero Yixing se rió.

– Ash – suspiró – esos primeros amores… – “¿Eh?” – Llámala. – le dijo. – Es mejor arrepentirte de algo que has hecho que de algo que no, si no siempre te quedara la duda.

Había dado por supuesto que quería quedar con una chica. Y probablemente también había supuesto una cita, no el torbellino de sábanas desparramadas y gemidos que JR tenía en mente, pero prefirió no sacarlo de su error, al fin y al cabo el consejo servía igual ¿no?

 

 

Así que, una hora más tarde, se plantó en casa de “Jake”. Era un nombre falso, obviamente, como tantos otros. ¿Pero que importaba? La primera vez que se había liado con él no había tenido ni un mote.

Jake era… bueno, a decir verdad era el primer hombre con quien se había besado. Dejando de lado a Minhyun, claro, eso no contaba. Jake era el salido del piercing en el labio que le había acosado esa primera vez, acorralándole contra su amigo, compañero, novio, lo que fuese, un tal “Dean” que si, también iba a estar presente esa mañana.

De entre todos sus contactos decidirse por los dos depravados para montarse un trío era una señal más que clara de lo salido que estaba él mismo. Pero tenía algo de simbólico ¿no? Habían sido su primer lío, podían ser su “primera vez”.

No era lo que había soñado, pero sospechaba que Sunji con un cosplay de ciberguerrera, látigo incluido, sería algo más difícil de conseguir…

Jake le abrió la puerta, con una sonrisa lujuriosa que JR recordó perfectamente. Le hizo pasar sin apenas decir nada y se relamió los labios cuando él pasó a su lado para ir hacia el cuarto que le indicaba.

“¿Donde me he ido a meter?”

El otro, Dean, más alto y más apuesto estaba medio tumbado en la cama, con unas gafas de montura fina que le hacían aún más atractivo y algo que parecían apuntes desparramados sobre la cama. Por estúpido que pareciera eso le relajó, era algo conocido.

– Tío – le soltó a su amigo quitándose las gafas – te he dicho que me avisaras antes.

Jake le sacó la lengua y se tumbó en la cama, a su lado, casi encima de las hojas que él se apresuró en apartar.

– ¿A que es una monada?

“¿Una monada? ¿Ayer era adorable y hoy soy una monada? ¿Que voy a hacer con mi ego?”

– Ya te dije que sí – replicó distraído guardando las libretas.

JR se acercó y cogió una de las hojas más alejadas para dársela.

“Números” pensó “Es de los míos”.

– ¿Que estudias?

– Física. – respondió brusco. De los dos era el menos extrovertido. Ya había sido así la otra vez, ahora sin el alcohol, yendo vestido y sin estar metiéndole las manos dentro de los pantalones aún se notaba más.

– Oh, es lo que quiero hacer yo. – le sonrió JR.

Suavizó la expresión y casi le devolvió la sonrisa.

– ¿Si?

– Pfff… no le he invitado para hacer física. – resopló el otro casi pataleando en la cama con frustración.

– Ya – le respondió Dean – Física no, físico.

Y Jake sonrió, se estiró a robarle un beso rápido que Dean casi esquivó y luego se quedó mirando fijamente a JR mientras su compañero guardaba sus cosas, gafas incluidas.

“Con miradas así ni hará falta que me quite la ropa” pensó JR “ya me siento completamente desnudo…”

Aún así la ropa se la quitaron, más rápido incluso de lo que esperaba.

Pronto tenía a Dean abrazándole por detrás, con su pecho desnudo pegado a su espalda desnuda. Y Jake…

Jake se había agachado para bajarle los pantalones, y ahora estaba mordiéndole y chupeteándole el hueso de la cadera.

“¿Que…?”

Extraño, pero efectivo, sobretodo cuando le rodeó con las manos colándolas por dentro de sus calzoncillos y apretujándole el trasero.

– No me… dejáis hacer nada – se quejó.

– Disfruta. – murmuró Dean contra su oído. Jake, por su parte, se separó y se puso en pié.

– ¿Que te parece? ¿Que le hacemos hacer?

– Eres un pervertido – le soltó Dean ignorándole, cogiendo a JR por el mentón y obligándole a girar la cabeza para buscar sus labios.

Se dejó besar algo asustado, nervioso. Jadeó cuando sus bocas se encontraron y le abrió los labios poco a poco, sintiendo sus manos sobre su pecho.

– Eh – oyó a Jake quejarse – no me ignoréis.

No tenía intención de ignorarle. Tampoco de separarse de sus labios, no mientras él siguiera bajando las manos por su pecho, hasta su cadera y entre las piernas, acariciándole su ya incipiente erección. Y JR se echó para atrás, pegándose más a su cuerpo.

Jake le cogió de las muñecas, tirando de él y separándole de Dean, le sonrió a su compañero y empujó a JR sobre la cama, tumbándose a su lado y rodando para quedar encima, buscando también sus labios.

Fue más brusco que Dean, más ansioso, yendo más al grano. Le mordisqueaba los labios y sentía el metal de su piercing con su lengua. JR le devolvió los besos, bajando las manos a su cintura y desabrochándole los pantalones para bajárselos igual que había hecho antes con él.

Dean le ayudó, terminando de desnudar a Jake y tumbándose también para quedar detrás de él. Y de repente dejó de hacer caso a JR, volviéndose para besar a Dean.

“Así que siempre hay uno que está de acoplado” Pensó JR. Pero, aunque no era un experto, no quería quedar como un novato, se pegó también a Jake, mordiéndole el cuello, acariciándole entre las piernas cuando él las abrió, ofreciéndole, frotándose contra su muslo, besando a Dean por encima de su hombro.

Pronto volvía a estar en medio. Se dejaba acariciar y buscaba sus cuerpos, intentando hacer caso a ambos por igual, repartía besos por el pecho de Dean mientras Jake le mordisqueaba el trasero, y por el cuello de Jake mientras Dean le besana en la nuca, provocándole escalofríos.

Sintió, con la garganta hecha un nudo, como Jake tanteaba con los dedos intentando penetrarle, mientras Dean le besaba y acariciaba con ganas para distraerle.

– Con cuidado… – consiguió pedirle. – Es… Me estreno con eso…

Jake jadeó contra su oído, clavándole los dedos en la cadera.

– Eres… ¿Eres virgen?

Parecía encantado ante la idea, notablemente más excitado. “¿Tan importante es?”

– Bueno, así si… – respondió…

Jake gimió, empujándose contra su cuerpo, y Dean volvió a cogerle por la nuca para besarle, muy, muy profundo.

Se mordió los labios al sentirse penetrado, tensándose por el repentino dolor, relajándose poco a poco ante las caricias de ambos.

No había sido tan terrible como había supuesto, el dolor se convirtió en un remor sordo, incluso placentero cuando las ya conocidas oleadas de calor le inundaron el cuerpo entero. Dean se la estaba chupando, gastando otro condón, y JR empezaba a sentir que podía correrse en cualquier momento.

Se distrajo cuando Dean se apartó, subió hasta su oído y le acarició los labios con el pulgar, moviéndose con él al ritmo de las embestidas de Jake.

– ¿Te gusta? – oyó que le preguntaba con voz ronroneante. No podía ni asentir. ¿Era necesario? Era más que obvio que estaba a punto de correrse. – ¿Quieres más? – Siguió murmurando.

“Oh si…” pensó para si mismo. Quería llegar ya, con el cuerpo tenso y las tripas hechas una bola, muriéndose de anticipación.

– Si… – consiguió murmurar.

 

Fue la peor decisión que había tomado en su vida, con diferencia.

– Sois unos brutos… – lloriqueaba poco más tarde con la cara contra la almohada.

– Pues anda que te has corrido a base de bien. – se reía Jake, tumbado a su lado, mirándole con orgullo.

– ¿Hemos sido muy duros contigo? – le preguntó Dean con voz suave no falta de picardía.

– Duros… – se rió Jake.

– Os habéis pasado tres pueblos. – se quejó. – Os he dicho que era mi primera vez, ¿a quien se le ocurre…?

“…meterse los dos…” terminó mentalmente incapaz de decirlo en voz alta.

– Una segunda vez siempre se disfruta más – sugirió Jake.

JR se giró a mirarle, incrédulo, notando pinchazos en el trasero.

– ¡Estáis locos! – les espetó volviendo a su posición cara-abajo. “Jo, no voy a poder sentarme en una semana…”

Se quedó un rato aún, recuperándose, y Jake le ofreció una cerveza mientras seguía ahí tumbado, aunque fue Dean quien fue a buscarla.

– ¿Sois pareja? – le preguntó JR en cuanto se quedaron solos, no pudiendo resistir más la curiosidad. Jake se rió, aunque no parecía divertirle realmente la idea.

– No, que va.

– Eso te disgusta.

Volvió a reírse, ahora directamente con amargura.

– Bueno, digamos que hago esto porque es lo más cerca que puedo estar de él. – confesó.

JR le miraba con los ojos como platos, sorprendido de que afirmase algo así tan a la ligera, ante un desconocido, y en voz alta con su amigo en la habitación de al lado, como si no pudiera oírles.

– Lo sabe – le aclaró.

– ¿Y acepta? – Jake solo se encogió de hombros – ¿Por qué?

– Tendrás que preguntárselo a él. – dijo señalando a la puerta por donde Dean entraba con tres cervezas.

“Beber a estas horas…” Pensó JR aceptándola. Desde luego no le faltarían cosas nuevas ese día.

– ¿Sabes? – siguió dirigiéndose a Jake – Tengo un amigo que creo que estuvo saliendo contigo. – Él le miró curioso, preguntándole con los ojos mientras bebía. – Tao, Hwang Zitao.

– Oh – sonrió casi con cariño – el bueno de Tao… ¿Que hay de él?

JR se encogió de hombros. A su lado Dean se repantingaba en la cama con una pose de lo más sensual, aunque estaba seguro de que lo hacía a propósito.

– Se queja de que no liga.

– Anda ya, con lo guapo que era…

– ¿Cuándo me lo presentáis? – se metió Dean con una sonrisa lujuriosa. Antes de que JR pudiese replicar nada Jake ya se había metido.

– Ponte en la cola, yo lo vi primero.

– ¡Ya saliste con él!

– Anda que sería el primero que vuelve con su ex…

– Eh – consiguió pararles JR – que es amigo mío.

 

Salió de su piso con el culo escocido, pero extrañamente relajado. ¿Por qué había ido? ¿Por qué se había dejado hacer todas esas cosas? Solo podía atribuirle la culpa a su lívido descontrolado y a que bueno, era un adolescente ¿no? El sexo era un mundo que se moría por explorar lo antes mejor.

Había sido demasiado, y no iba a perdonarles así como así que le hubieran hecho eso, sin avisar ni nada.

“Uno las pide bien estas cosas, no con un “¿Quieres más?” Como si eso explicase algo…”

Le había sentado bien, aunque estaba seguro de que podría haberse conformado con la mitad.

“Si, exactamente la mitad”.

Entró en casa rezando para que su madre estuviese demasiado entretenida con su bebé como para darse cuenta de que se sentaba mal a la hora de comer. Rezó también para que Minki no hiciese ningún comentario, ya que le veía mirándole con suspicacia, aguantándose la risa.

“Mientras no reconozca el dolor por experiencia propia…”

Inmediatamente pensó en Baekho, y frunció el ceño de imaginárselos juntos. No estaba preparado para eso.

Había quedado con volver a casa de Sunji esa tarde. La perspectiva de ver a la chica le encendió de nuevo, la cual cosa era absurda con lo que le habían dado esa mañana, y nunca mejor dicho.

Se miró un par de capítulos de una serie que la chica le había recomendado y que ya le había enganchado. Se dio una ducha que necesitaba mucho y se fue para allá, poniéndose más nervioso a cada paso que daba.

“¿Nervioso porque?” se preguntaba. Esa misma mañana dos prácticamente desconocidos le habían follado hasta hacerle gritar no sabía ni él si de dolor o placer, y le ponía nervioso ver a su compañera de clase, la de las orejitas y las series japonesas, que hablaba raro y de cosas extrañas. Y era consciente de que no estaba nervioso por sus rarezas, sino por ella.

Porque no había podido quitarse de la cabeza sus sonrisitas de niña mona, la forma como le había llamado “adorable”, ¡sin que siquiera viniera al caso!

Y no sabía si se estaba enamorando o que le pasaba, pero cuando la vio levantada para ir a abrirle la puerta, aun con su pijama y gesto agotado, se descubrió a si mismo sonriendo.

– Se te ve feliz – le dijo ella volviendo para la habitación con pasos lentos – ¿Has follado?

Su cara fue un poema, que por suerte Sunji no vio. Le oyó reírse y pensó que era mejor cambiar de tema antes de que le exigiera una respuesta.

– ¡He visto el capítulo 19 justo antes de salir de casa! – le dijo. Y ella volvió a reírse mientras se metía en la cama – ¿Cómo se les ocurre cortar un capítulo ahí?

– Horrible ¿a que si? – Se reía con sorna – Anda, trae el ordena y ven que te pongo el 20, que es intenso.

Le dejó un hueco en su cama, no tan amplia como JR hubiese deseado en aquel momento. El anime le distrajo, con un capítulo, como ella había dicho, intenso, tanto que casi se olvidó de la presencia de ella a su lado. Casi, porque el brazo con el que la rozaba le hervía.

Cuando terminó se obligó a si mismo dar algo de materia, que en teoría cobraba para ello, pero no quería levantarse y apartarse, quería seguir teniéndola ahí al lado, tan pegada que podía sentir el olor de su colonia suave.

Optó por una clase relajada, preguntándole de memoria cosas sobre el temario que habían estado dando, explicándole las cosas que ella fallaba, ambos tumbados en la cama, Sunji riéndose cuando conseguía hacerle alguna explicación relacionada con un anime y él mirándola con ternura cuando ella hacía por su cuenta alguna asociación que él no comprendía.

Veía sus labios moviéndose cuando se reía, y ya no veía porque Hyuk se reía siempre de sus dientecitos de roedor. Era preciosa, y se moría por besar esos labios finos.

Ella se apartó, con brusquedad.

– ¿Has intentado besarme? – De repente se había puesto colorada hasta las orejas, mirándole con los ojos como platos, y JR cruzó los dedos porque no fuese de enfado.

– Si – respondió sin más – eso creo.

Sinceramente no estaba seguro de haberlo planeado, pero ahora que ella lo había dicho en voz alta…

Sunji apartó la mirada, centrándose en sus propias manos.

– Yo… la mononucleosis es muy contagiosa – prácticamente tartamudeaba, jugueteando con la sábana entre los dedos – la llaman la enfermedad del beso por algo… No quisiera que enfermaras… Si te pones enfermo no podrías venir…

Se había puesto aún más colorada si es que era posible, y JR ya estaba convencido de que no, no estaba enfadada para nada.

Le cogió las manos que seguía moviendo nerviosa, enlazó sus dedos con los de ella y la cogió por el mentón, acercándose para besar con suavidad su mejilla ardiendo.

Era algo absurdo. Estúpidamente inocente comparado con todo lo que había hecho esa misma mañana, pero por algún motivo parecía igual de intenso.

De regreso a casa, ya de noche, sentía mariposas en el estómago, y aunque no estaba cien por cien seguro de que había pasado y cual era la situación en ese momento, si estaba seguro de que se había enamorado.

 

 

 

Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : IV “Deseos frustrados”

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: LeoBin (Leo/Taekwoon x Hongbin, VIXX)

 

Taekwoon apuntaba algo de la pantalla del ordenador en su libreta con absoluta concentración, envuelto con una manta bien gruesa y ajeno al mundo. Llevaba un par de horas navegando por internet investigando los mejores restaurantes de la ciudad, webs de planes para fin de año, eventos, blogs de sugerencias… Quedaban dos semanas  para Nochevieja y quería que fuera perfecto. No solo era la primera Nochevieja que pasaría sin la familia sino que la pasaría a solas con su novio y además celebrando su primer aniversario juntos.

A veces todavía le costaba creerse que alguien tan brillante como Hongbin hubiese llegado a enamorarse de él, sobretodo al principio tendía a despertarse pensando que no era más que un sueño. Así que tenía que esforzarse para que ese día fuera mágico, para no decepcionarle, porque en el fondo a veces tenía miedo de que algún día Hongbin simplemente se cansaría de él y no podía soportar la idea.

Volvió a concentrarse en su búsqueda, tanto que apenas se dio cuenta cuando Sangmin entró en la habitación, cotilleando por encima de su espalda.

– Oooh, “Los 10 restaurantes más románticos de Seoul” qué bonito.

Taekwoon levantó la cabeza de golpe, poniéndose de pie y girándose para tapar la pantalla.

– ¡¡Noona!!

– No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, nadie sabrá que eres el novio más atento y dedicado del mundo.

Su hermano apartó la mirada intentando disimular su vergüenza y su sonrojo, carraspeó intentando sonar serio y duro, aunque sabía que sus hermanas le conocían demasiado bien, no podía evitarlo.

– ¿Qué quieres?

– ¿Quieres ayuda? – Él se la quedó mirando con cara de incomprensión. – Con tu cita, que si quieres que te aconseje.

Iba a rechazarla pero se lo pensó mejor, realmente estaba un poco perdido con tantos restaurantes y blogs y…bueno, era Sangmin. Asintió y durante la siguiente hora y media agradeció a todos los dioses existentes en el mundo la experiencia en citas de su hermana y su sentido común que iban a salvarle la vida y la salud mental.

Justo dos semanas después Taekwoon esperaba en la calle, muerto de frío por más capas de ropa que llevara. Estaba tan nervioso que había llegado 40 minutos antes y ahora se iba a morir de frio, qué triste final.

Por suerte Hongbin llegó 10 minutos después ya que estaba tan nervioso como él y también llegaba temprano, aunque casi no reconoció a su novio debajo de la bufanda que le tapaba media cara y el gorro, la otra media.

– ¡Taekwoon-ah! – grito al reconocerle, acercándose corriendo – ¿que haces aquí tan temprano? ¿llevas mucho tiempo esperando?

Este negó con la cabeza, destapándose un poco para poder hablar.

– He llegado hace poco, tenía miedo de llegar tarde y he calculado mal…

Hongbin rio entendiendo totalmente a lo que se refería, pues si no fuera porque se había olvidado de sacar dinero y había tenido que volver atrás probablemente habría llegado incluso antes que él.

– ¿Nervioso?

Taekwoon asintió levemente, Hongbin le cogió de la mano y le dio un beso rápido en la mejilla.

– Yo también – dijo mostrando sus hoyuelos en todo su esplendor – ¡tanto secretismo me está matando de la curiosidad!

Los ojos le brillaban de emoción, con las mejillas rojas del frío y el otro no pudo evitar la tentación de sonreír y apretarle un poco más fuerte la mano. Le hubiera besado pero estaban en medio de la calle y había mucha gente, luego, luego tendrían tiempo para estar solos.

Como iban con tiempo de sobras fueron andando tranquilamente, de la mano, observando las calles iluminadas y los escaparates, las parejas y familias paseando por las calles.

Aunque Taekwoon a quien miraba sobre todo era a su novio, estaba tan guapo sonriendo.. hasta la nariz roja por el frío le parecía adorable.

– Won-ah, si me miras tan fijamente me voy a sonrojar y tu vas a chocar con alguien tarde o temprano.

No se había dado cuenta que se había quedado mirándole fijamente y enseguida se giró hacia el frente, avergonzado de que le hubiera pillado. Hongbin solo rió levemente y le dio un apretón cariñoso.

Cuando finalmente llegaron al restaurante era 10 minutos antes de la hora de la reserva y habían recuperado un poco de calor al andar. Hongbin miraba fijamente el restaurante, asombrado.

– ¿P-pero este restaurante no es muy caro?

Taekwoon se encogió de hombros.

– Es nuestro aniversario, esta justificado. Además invito yo.

– ¿eh? Pero..

– Nada de peros.

Le estiró hacia dentro de un tirón y se acercó al encargado. El chico se puso en modo servicial al verles entrar.

– Buenas noches, ¿tienen reserva?

– Si, para dos, a nombre de Jung Taekwoon.

– Enseguida.

Abrió un grueso tomo y se puso a revisar los nombres apuntados con una sonrisa pero pasaban los segundos y no parecía dar señales de encontrar su nombre y Taekwoon se impacientaba. Finalmente el chico levantó la mirada del libro.

– ¿Esta seguro? No me consta en el registro.

Taekwoon palideció.

– Estoy muy seguro, llamé hace tres días.

– ¿Recuerda quien le atendió?

– Hmm si, diría que  Lee Changsun.

El chico llamó a un muchacho que volvía con una bandeja vacía.

– ¡Changsun! ¡Ven aquí!

– ¿Que quieres?

– Este señor dice que habló contigo para reservar una mesa para hoy hace tres días pero no aparece en el registro.

El chico puso cara de sorpresa pero al ver la mirada de Taekwoon que cada vez estaba más tenso, se quedó lívido.

– No puede ser…

Dejó la bandeja para revisar él mismo el libro, con cara de estar cada vez más nervioso, hasta que finalmente habló.

– Oh…

– ¿Qué pasa?

– Esta apuntado pero…para mañana…creo que…me equivoqué de hoja.

El encargado palideció, iba a hablar para disculparse cuando un casi rugido le interrumpió.

– ¿Qué? ¿Tú te has equivocado así que nosotros no tenemos mesa? – Taekwoon hablaba con una voz, grave, baja, un susurro grave pero amenazador y una mirada que prometía un dolor terrible. – ¡Se puede saber que te has creído incompetente de mierda!

Hongbin le cogió justo a tiempo para evitar que el joven recibiera un puñetazo en la cara, abrazando a su novio por la espalda de forma que no pudiera mover los brazos.

– Taekwonnie, cálmate, no pasa nada, buscaremos otro lugar.

Él no respondió, no hizo ademán de retroceder pero tampoco de intentar deshacerse de su abrazo para matar al tal Changsun a puñetazos que para ser él, era todo un logro.

– Lo siento mucho, les daría otra mesa pero esta noche del año es imposible…

– No se preocupe, un error lo tiene cualquiera – respondió Hongbin conciliador mientras empujaba a su novio hacia la puerta. No le importaba mucho comer en una parte o otra, le importaba el gesto de su novio de haber reservado, aunque con poco éxito, en un lugar tan caro y romántico y le importaba evitar montar un escándalos y una denuncia por asalto.

Taekwoon se dejó empujar, furioso hasta llegar a fuera. Pararon a unos metros en unos bancos al lado de un enorme árbol de Navidad. Seguía ajeno a su alrededor, enfadado consigo mismo y despotricando internamente contra el inútil del restaurante.

“Nos han jodido la noche, vaya mierda, ¿y ahora qué? Podríamos ir al italiano que está aquí al lado pero también estará petado de gente… Soy un desastre, tendría que haber llamado para confirmar. Es mi culpa, debería…”

– Eh.. – un tirón en la chaqueta le sacó finalmente de su ensimismamiento. – Taekwoon-ah, no pasa nada, ya encontraremos otro sitio.

– Están todos llenos – respondió con un tono lúgubre.

– Algo encontraremos, no tiene que ser un súper restaurante de lujo. Es más, prefiero que no te gastes tanto dinero en mi, ¡me sentiría culpable durante semanas!

Él respondió con un gruñido y un encogimiento de hombros, mirando al suelo, así que Hongbin optó por cambiar de estrategia.

– Oye, mírame – le dijo levantándole la barbilla para buscar su mirada – me da igual donde comamos, como si es en el McDonald’s mientras sea contigo, ¿de acuerdo?

Esta vez se quedó callado unos segundos hasta que un sonrojo empezó a extenderse por toda su cara. Si había algo a lo que era débil era a las miradas de adoración absoluta y cariño que le ponía Hongbin cuando quería hacerle pasar el enfado. Y lo lograba. No sabia cómo ni por qué pero todo el mal humor y la inseguridad de estropear la noche habían desaparecido en un segundo.

–  Lo tomaré como un sí – afirmó Hongbin con una sonrisa después de evitar que escondiera la cara entre las manos por vergüenza. Le dio un beso rápido en los labios y le cogió de la mano para arrastrarle hacia la calle comercial – ¿McDonald’s o Burger King?

Él solo sonrió y se dejó llevar, convencido de que aunque hubiera empezado mal esa noche iba a ser la mejor del mundo.

Llegaron al KFC cuarenta y cinco minutos después, ya que en el McDonald’s había demasiada cola y el Burger King estaba cerrado por obras, pero sonrientes y con la cara roja pues entre risas y besos robados habían terminado haciendo una carrera por ver quién llegaba antes.

Ganó Hongbin simulando haberse tropezado, de forma que cuando Leo retrocedió corriendo para ver si se había hecho daño este le empujó sobre un enorme montón de nieve y salió corriendo. A Taekwoon le duró el enfado por haber perdido el tiempo que tardó en ver a Hongbin sonriendo con nieve en el pelo y las mejillas rojas.

Pidieron un menú “2gether”, un par de bebidas y helados de chocolate y salieron rápidamente debido a la insistencia de Taekwoon.

– ¿No podemos comer aquí?

– Mejor no, se esta haciendo tarde y estamos un poco lejos de… nuestro próximo destino, no quiero llegar tarde.

– ¿No vas a decirme dónde vamos?

– No, y no pongas esa cara, es una sorpresa.

Hongbin dejó de hacerle ojitos y le sacó la lengua pero finalmente le siguió fuera del establecimiento.

¿No puedes ni darme una pista?

Taekwoon negó con la cabeza.

– Porfa… – insistió tirándole de la manga.

– Cuidado, se te van a caer los helados, ¿quieres que los lleve yo?

– ¡No cambies de tema! Por lo menos dime si vamos a tener que coger el metro

Se lo pensó unos segundos y después asintió. Hongbin le pasó los helados para comprobar si tenia tarjeta de metro o tendría que comprarla y entonces paró en seco.

– Oh no…

– ¿Qué pasa? -preguntó alarmado

– Me he dejado la cartera en el restaurante…la he dejado un momento en la encimera para coger las cosas y…creo que no la he cogido

Se lo quedó mirando fijamente unos segundos, reprimiendo las ganas de gritarle, pues no quería hacerle sentir mal y sabía que tampoco había sido culpa suya. Si no le hubiese metido prisa para irse…. Suspiró, pasándose la mano por el pelo con frustración.

Hongbin le miraba expectante y preocupado, insultándose mentalmente.

– Taekwoon-ah…da igual, tampoco llevaba mucho y si volvemos atrás llegaremos tarde…

En verdad llevaba la paga de los dos últimos meses trabajando en la cafetería y todos los documentos, la tarjeta trimestral de tren… y una foto de su primera cita. Pero en ese momento prefería perder todo eso antes que chafarle el plan que hubiese preparado después del chasco del restaurante.

– No, da igual, vamos – respondió finalmente, cogiéndole de la mano para volver corriendo por donde habían venido.

Llegaron en apenas 10 minutos, también con las mejillas rojas de correr pero serios, calculando mentalmente el tiempo. Taekwoon ya sabía que no iban a llegar a tiempo; el concierto empezaba en media hora y si tenían suerte llegarían en 45 minutos, lo más probable era que no encontrasen sitio.

Por suerte la cajera les reconoció y les dio la cartera enseguida, en apenas un minuto volvían a estar en la calle.

Llegaron al metro que el tren entraba en la estación, lleno de jóvenes que iban de botellón o a otros conciertos.

Cuando bajaron en la estación pasaban 15 minutos del inicio del concierto, cruzaron la multitud de gente que andaba con parsimonia por las calles y llegaron finalmente al estadio descubierto. Se oía la música y los gritos de los fans y los focos iluminaban el parque. Taekwoon le arrastró hasta la entrada, cruzando los dedos para que por favor les dejasen pasar.

– Lo siento chicos, el aforo está completo

– Por favor – suplicó todavía recuperando el aliento – podemos estar de pie…

– No, lo siento, el aforo limitado es por un tema de seguridad, no hay excepciones.

– … Está bien, gracias…

Se alejaron de allí en silencio, todavía cogidos de las manos y con la comida ya medio fría. Todo a su alrededor, los árboles estaban cubiertos de carteles que anunciaban el concierto “Concierto de Fin Año! Para todos los públicos. Gratis. Park Hyo Shin, Brian Joo, Girl’s Day, Jung JunYoung… ¡y muchos más!”

Taekwoon con la mirada fija en el suelo, despotricando internamente contra el conductor del metro por demasiado lento, contra la dependienta por no haber visto la cartera enseguida, contra el frío, contra la chica encargada de las entradas, contra el karma y básicamente contra el universo entero.

– Lo siento… – dijo Hongbin al fin, deteniéndose y obligando a su novio a levantar la mirada – con lo mucho que te lo habías currado y la ilusión que te hacía… si no me hubiese dejado la cartera…

– Eh – le paró él, levantando su cara para mirarle a los ojos y haciendo un esfuerzo para apartar los pensamientos asesinos de su mente – no es tu culpa ¿vale? No pasa nada, tampoco me hacía tanta ilusión, era por ti, porque sabía que actuaba Park Hyoshin y que te haría ilusión.

Él sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.

– Park Hyoshin da igual hoy, solo quería pasar tiempo contigo…

Taekwoon no pudo evitar sonreírle, asombrado de que Hongbin pudiera ser tan dulce, tan precioso y quererle solo a él.

– Entonces estamos de acuerdo, ¿que te parece si vamos a comernos ese pollo frio tan exquisito delante del rio Han?

– Oh, suena genial – Hongbin sonreía totalmente ya, sin lágrimas asomando en sus ojos, y se le agarró al brazo buscando calor mientras le daba un beso en la comisura de los labios, tentándole. Era dulce y encantador, pero también sabía perfectamente como jugar con él, sabiendo que él nunca le besaría en los labios en público pero que de esta forma tendría muchas, muchas ganas de hacerlo. Frunció el ceño para demostrarle que sabia perfectamente a que estaba jugando pero su novio solo le respondió con otra de sus sonrisas brillantes mientras empezaba a andar hacia el río Han.

Por suerte estaba cerca y apenas 10 minutos después habían podido instalarse en un banco con vistas al rio, abriendo los paquetes de pollo y comprobando los desperfectos.

– Este esta un poco chafado pero entero y este otro… bueno, ha pedido un par de trozos por dentro de la bolsa pero no es grave. ¿Y los helados?

– Están bien.

– Genial, una súper cena con vistas al rio, ¿qué más quieres?

Taekwoon sacudió la cabeza, divertido y en el fondo profundamente agradecido de que le hubiese sacado de su modo auto-destructivo y que no le culpase del desastre que estaba siendo la noche. Tenía razón, por supuesto, lo importante era estar juntos pero Hongbin merecía mucho más y le hubiese gustado poder dárselo.  “Por lo menos todavía queda una última sorpresa…”

– Taekwoonie, di “aaah” – le miraba con expectación con un trozo de pollo en la mano.

– Binnie… – respondió con tono de advertencia.

– Porfa…

– Lee Hongbin, para de usar esa cara de cordero degollado conmigo, no va a funcionar.

Hongbin puso una media sonrisa maléfica.

– Hyung… por favor…

A Taekwoon se le secó la garganta de golpe. Era casi un ronroneo. Era el tono que usaba Hongbin en privado, cuando quería conseguir algo en la cama, el único momento en que le llamaba hyung.

Abrió la boca para replicar, para advertirle de que eso era jugar sucio, con una mirada que hubiese intimidado a cualquiera; pero Hongbin solo aprovechó para meterle el trozo de pollo en la boca, con una sonrisa satisfecha.

“Eres maligno, Lee Hongbin” decía su mirada.

“Lo sé, y sabes que te gusta” respondía su sonrisa.

Ya casi habían terminado de comer después de muchas bromas, sonrisas y manchas de salsa por todas partes cuando el ruido de una pequeña explosión les sobresaltó. Levantaron la cabeza al cielo nocturno de Seoul y vieron cientos de fuegos artificiales decorando la noche.

– ¡Oooh! – Hongbin se levantó corriendo hasta la barandilla del rio, observando el cielo con la boca muy abierta y los ojos brillantes – que bonito…

En seguida notó unos brazos conocidos abrazándole por detrás, apoyando su barbilla en su hombro, protegiéndole del frio.

– Es precioso Taekwoon-ah… ¿Sabes? Prefiero mil veces estar aquí, viendo los fuegos artificiales abrazado contigo y comiendo pollo que no en un concierto o en un restaurante pijo donde hay más plato que comida.

– Te quiero, Hongbin-ah – respondió solamente, enterrando su nariz en su pelo, abrazándole más fuerte.

– Yo también Taekwoon-ah, te quiero.

Taekwoon vio como Hongbin cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en él, dejando sus labios muy cerca de los suyos, respirando profundamente, rápido, expectante.

No hizo intento de besarle pues aunque le frustrase respetaba que no quisiera besarse en público, sabia que era más difícil para él de afrontar al mundo en esos temas. Así que no se lo esperaba para nada cuando notó sus labios en los suyos, primero suavemente, incierto, pero más seguro cuando notó los labios de Hongbin correspondiéndole con ganas.

Le giró para poder acceder mejor, arrinconándole contra la barandilla del rio Han, disfrutando del beso y olvidándose por una vez de lo que podía pensar la gente que les viese, aislados del mundo exterior que quedaba ensordecido por los fuegos artificiales que retumbaban todavía en el cielo.

Solo cuando notó las manos de Hongbin aferrándose con fuerza a su espalda mientras pegaba su cuerpo al de él y al darse cuenta que sus propias manos habían descendido hasta agarrarle el culo con fuerza se separó.

Hongbin hizo un pequeño ruidito de frustración, con un puchero infantil en su cara.

– Vamos, queda tu última sorpresa – le dijo antes de que pudiera dejarse convencer de alguna indecencia mayor.

– Hmm esta bien – aceptó después de pensárselo unos segundos – pero prométeme una cosa.

– Lo que quieras.

– Que si por lo que sea tampoco sale bien no vas a enfadarte ni ponerte en modo homicida.

– Si tampoco sale bien será la última vez que planee algo con dos semanas de antelación…

Hongbin rió suavemente, sacudiendo la cabeza con frustración pero divertido de las salidas de su novio.

– Esta bien, aunque dudo que seamos tan gafes, es por si acaso.

– Con la noche que llevamos… con un poco de suerte habrá un incendio o un ataque terrorista o algo así.

Esta vez si que rió con ganas.

– Vamos, vamos, gran gruñón.

Cuando Hongbin, un rato después, vio que se detenían delante de las puertas del Hotel Astoria se quedó boquiabierto, mirando al hotel y a su novio sucesivamente, planteándose si matarle por hacer una cosa tan cara o comérselo a besos por haberle traído a un hotel donde podrían tener mucha más intimidad y tranquilidad que en casa de cualquiera de los dos.

Al ver que no parecía tener demasiadas ganas de moverse del sitio donde se había quedado clavado Taekwoon le arrastró hacia la entrada del hotel, orgulloso de ver la mirada que se le había quedado.

Cruzaron el recibidor exquisitamente decorado con Hongbin todavía deslumbrado, mirando a todas partes, a los empleados con sus uniformes y las luces y decoraciones doradas que cubrían las paredes, dejándose arrastrar por su novio sin mirar donde iba hasta que llegaron al mostrador, a esperar para ser atendidos detrás de una pareja que parecían vestidos para ir a la Ópera.

– ¿En serio has reservado una habitación aquí? – dijo finalmente apartando la mirada de las paredes para mirar a su novio. Él asintió con una pequeña sonrisa.- Eres increíble, no quiero saber cuanto cuesta pero… una noche de hotel… – le miraba con una mezcla de adoración y deseo. Se mordió el labio, muriéndose de ganas de comérselo allí mismo pero se retuvo, optando por simplemente aferrarse a su brazo y susurrarle al oído – pienso recompensártelo con creces.

Taekwoon intentó disimular el sonrojo que empezaba a expandirse por su cara, maldiciéndole por decirle esa clase de cosas en público donde no podía actuar consecuentemente e intentando no pensar en toda la clase de cosas que sugería esa recompensa cuando de repente se dio cuenta de la cara con la que los miraban los trabajadores del hotel, especialmente la recepcionista.

“Mierda.”

Se recompuso y apartó un poco a Hongbin que seguía aferrado a él y avanzó hacia el mostrador, pues ya habían terminado de atender a la pareja anterior.

– Buenas noches, ¿que desean?

La chica les atendió con una mirada que escondía disgusto detrás de esa sonrisa servicial para atender a clientes.

– Tenemos una habitación doble a nombre de Jung Taekwoon.

– Lo siento, no hay habitaciones – respondió sin tan solo comprobar el nombre en la pantalla.

– ¿Q-qué?

– Ya se sabe, esta época del año…

Era una mentira, una mentira muy gorda, y Taekwoon lo sabía. Había temido algún problema o malas miradas por ser dos chicos en una habitación doble pero nada hasta ese nivel. Durante unos largos segundos de silencio incómodo se planteó denunciarles, amenazarles… pero sabía que no serviría de nada. Aún así no tenía intención de irse sin más, de aceptar la derrota, de dejar que provocaran que Hongbin dejara de sonreír con esa mirada de adoración sin luchar.

– Querrá decir que no quieren parejas como nosotros en el Hotel

La recepcionista se quedó desconcertada por unos momentos, sorprendida de que se hubiera atrevido a ponerlo en palabras.

– No, bueno…

– No hace falta que lo niegue, y no se preocupe, ya nos vamos, tampoco tengo ningunas ganas de quedarme ni un minuto más en un hotel lleno de ¡¡gentuza homofóbica!! – respondió con mala leche, subiendo de tono hasta casi terminar gritando. – eso si – añadió antes de darse la vuelta para irse de allí – espero que por lo menos me devuelvan el dinero o les meteré una denuncia.

Y salió de allí a grandes zancadas, arrastrando a Hongbin detrás suyo y mandando miradas asesinas a cualquiera que se cruzase por su camino.

Siguieron andando un buen trozo en silencio y a grandes zancadas, Taekwoon dejando que la ira se fuese apoderando de él hasta que llegaron a una plaza, a esas horas ya prácticamente vacía.

– ¡Joder! – gritó finalmente soltándole la mano a Hongbin y descargando toda su frustración en un puñetazo a la pared más cercana.

– ¡Taekwoon! – Hongbin corrió a cogerle las manos para evitar que hiciese alguna otra estupidez, mirando su mano por todos los lados para asegurarse de que no se había hecho demasiado daño. – ¿Es que no hemos sido suficientemente gafes ya como para que ahora te rompas una mano?

Él solo apartó la mirada, todavía furioso, pero sin apartar la mano herida de las cálidas manos de Hongbin. Le dolía pero sabia que no estaba rota y necesitaba desahogar su frustración en algo que no fuese Hongbin.

– Lo siento, ha sido culpa mía – continuó este con un tono mucho más apagado – tanto el llegar tarde al concierto como esto, si me hubiese comportado más fríamente probablemente no nos habrían echado…

Taekwoon seguía sin decir nada, no quería darle la razón ni hacerle sentir mal pero estaba demasiado enfadado y no confiaba en su capacidad de tragarse todo ese mal humor y no decir ninguna estupidez. Pero el silencio era otra forma de darle la razón.

– No, no es tu culpa…

Pero no sonaba muy convincente.

– Si, ¡si que lo es! Soy estúpido…

– No, no digas eso – levantó la mirada de golpe, pues si algo no iba a permitir era a la joya que tenia por novio llamándose estúpido, y entonces fue cuando vio como tenia los ojos rojos e intentaba reprimir sin mucho éxito las lágrimas que empezaban a asomarse. Y el terror a verle llorar, a hacerle sentir mal fue mas fuerte que todo el enfado. – Binnie… no llores…. – le dijo suavemente, levantando su cara y secando sus ojos con los pulgares.

– Pero…lo he fastidiado todo…

– No, no es verdad – le cogió la cara con las dos manos para obligarle a mirarle a los ojos – no has fastidiado nada, ¿de acuerdo?  Tú mismo lo has dicho, da igual donde vayamos o lo que hagamos mientras estemos juntos ¿no?

Él asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

– Es lo único importante y no vamos a dejar que un par de subnormales nos jodan la noche ¿vale?

– Vale…

Le besó en la frente y le abrazó, ya muy lejos de las ansias homicidas y solamente con ganas de abrazarle y protegerle para siempre.

– Taekwoonie…

– ¿Hmm?

– Te sigo debiendo una recompensa por todos los esfuerzos…

– ajá – se separó para poder mirarle, con todas las alarmas puestas al detectar el cambio de tono de su voz, de algo inocente a algo…seductor.

– Y aunque no sea tan genial como un hotel… mis padres no están en casa y mis hermanas tampoco creo que vuelvan hasta mañana. Podemos ir.. – le susurró al oído, agarrándose a las solapas de su chaqueta para poder acercarle a su cuerpo – y pasamos tiempo juntos recompensándote por todos tus esfuerzos…

Taekwoon sintió como el calor se extendía por todo su cuerpo, olvidándose del frio, del mal humor y de la frustración y llenando su mente solo del aliento caliente de Hongbin en su oreja, de sus manos en su pecho y de los recuerdos de todas las noches que ya habían pasado juntos, dándole muchas muchas ideas de lo creativo que podía ser Hongbin cuando se trataba de recompensas.

– Me parece un muy buen plan.

 

KUROKO

Ámame Profe. 42: Lo prometido es deuda.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

 

– ¿Puedo dormir en tu casa? ¿Puedo? ¿eh? ¿Puedo?

Se lo había pedido tantas veces que había perdido la cuenta. Tampoco llevaba la cuenta de las veces que se había negado. Mas o menos las mismas.

“Tiene trece años” Se repetía siempre como excusa. “Ya no va a servirte eso” Se dijo con una sonrisa cansada.

– Como crece… – suspiró dejándose caer en el sofá, con la cena en la mano.

No podía decir que le estuviese evitando, pues seguía pasando tiempo en su casa, con su madre, cada vez más embarazada, si es que esa expresión era correcta, y con su hermano.

JR…

Había adorado meterse con JR esos días. Empezando por el mismo día después de que pasase, cuando JR le había llamado al móvil estando él en la grabación de Minki, hacía ya una semana. Solo para preguntarle si podía interceder por Aron para que le hicieran una entrevista por video-llamada para cuando viniera, ya que había visto que buscaban camareros, o algo así.

– Por lo que me dijo tiene buenas referencias, ha estado trabajando en bares y pubs.

– Ajá. – y no podía dejar de imaginárselo ahí, entre esos dos tíos, metiéndole mano en la pista de Pantheon.

– ¿Lo harás?

– Lo haré. – le prometió – Si me cuentas lo de anoche.

– … – Se quedó completamente en blanco mientras Baekho se obligaba a no reírse. – ¿El que de anoche?

– Como ese par de chavales terminaron metiéndote mano.

– …

Y le colgó, y desde entonces Baekho no había podido evitar guiñarle el ojo cada vez que le veía.

“Como crecen…” Pensó cenando en el sofá de su casa.

No sabía si sentirse orgulloso de sus niños o asustarse por ellos, porque JR, a sus dieciocho años volviéndose el juguete sexual de Pantheon le divertía y le aterrorizaba a partes iguales, pero Minki con sus pantalones de licra arrapados, los ojos delineados, oscuros, perdidos en un mar de pestañas negras…  Le aterrorizaba. Mucho más de lo que le asustaba la vida sexual de JR. Porque esos ojos le habían mirado fijamente durante la grabación, mientras no dejaba de morderse y relamerse esos labios rosados de corazón que, no podía olvidar, acababa de besar.

“Demasiados besos” Se dijo. Ya iban demasiados. Desde ese primero en Pantheon. O aún más, desde ese primer beso hacía dos años, por su cumpleaños, cuando había ido a buscarle a casa de su amigo Taekwoon, su primera pelea.

Le parecía recordar que le había besado alguna vez más, siendo aún más pequeño, pero besos de niño, sin ninguna importancia, ninguno como ese beso en Panteon cuando se había presentado por primera vez con su pelo teñido y su sonrisa lujuriosa, o como todos los que se habían dado desde entonces, desde esa noche en su casa cuando le había acariciado, sintiéndole, oyéndole gemir entre sus labios.

No había querido permitirse más besos, pero tampoco había podido evitarlos, tal vez porque él mismo lo deseaba.

Lo sabía, sabía que lo deseaba, que lo necesitaba irremediablemente, que, por más que fuese difícil de asumir, se había enamorado de ese crío.

“Trece años” volvió a repetirse.

– ¿Que harás mañana Baek? – se preguntó a si mismo – ¿Que harás mañana cuando esa excusa deje de servirte?

Se fue a la cama con la duda, sin querer resolverlo realmente.

 

Al día siguiente se presentó en su casa temprano. Relativamente temprano. Es decir, para ser sábado. Le abrió la puerta su madre.

– ¿Aún duerme? – le preguntó después de abrazarla.

– Como un angelito. – le sonrió haciéndole pasar.

JR dormía también, por lo que decía su madre había salido la noche anterior.

“Luego tendré que interrogarle” se dijo. “O a sus amigos mejor, que él no suelta prenda”. No le extrañaría para nada que se hubiese repetido algo como lo de la otra noche.

Fueron a despertarle juntos. A Minki, a JR le dejaron dormir que había vuelto tarde.

– ¡Feliz cumpleaños mi niño! – le abrazó su madre mientras aún tenía los ojos cerrados. – Buenos díaaaas…

– Meeeeh… – se quejó volviendo a cubrirse con la colcha.

– No, no, nada de volver a dormirte – le molestaba haciéndole cosquillas. – mira, ha venido Baekho.

Este se acercó, observando desde la puerta.

– Oh, que inesperado. – murmuró el pequeño mientras se daba la vuelta y Baekho y Sunyoung se miraban asombrados.

– ¿Te quedaste despierto hasta tarde? – Le preguntó Baek acercándose a su cama mientras él, finalmente, se decidía a incorporarse.

– Es que me estaban felicitando mis amigos – se justificó.

– Vamos, que somos los últimos. – murmuró la madre.

– Y luego tenía que terminar el capítulo… – siguió ignorándola.

Ella suspiró, le revolvió el pelo y le dijo que se vistiera para bajar a desayunar todos juntos.

– Voy a ver si consigo despertar al otro – les dijo refiriéndose a JR mientras salía de la habitación. – que últimamente lleva un trote…

“Si tu supieras…” pensó Baekho mientras la veía salir por la puerta.

Minki se estiró, bostezando, y Baekho se sentó a su lado en la cama riéndose de sus muecas.

– Feliz cumpleaños – le dijo.

El pequeño sonrió.

– ¿No vas a darme un beso? – le pidió acercándose a él. – Como reglo de cumpleaños.

– Ya te he reglado el concierto de esta noche. – replicó sin apartarse. – y abajo tienes dos regalos más. – Minki esperaba, a apenas unos centímetros de sus labios – y te compré el libro también. – añadió señalando al tomo que había sobre su mesilla. Pero Minki sonrió, acercándose aún más, tentándole con sus pestañas de infarto y sus labios de corazón.

Y Baekho tragó saliva, se humedeció los labios y se acercó, cerrando los ojos.

Oyeron los pasos de Sunyoung segundos antes de que sacase la cabeza por la puerta.

– ¿Aún estás en la cama? – exclamó viéndole aún sentado con el pijama. – Bueno, da igual, ya te vestirás. – siguió acercándose a él y cogiéndole del brazo con cariño para levantarse. – Anda, baja ya que tienes que ver el pastel que te ha hecho Yixing.

Y mientras le arrastraba de la habitación para llevarla abajo Minki se giró y le guiñó el ojo a Baekho, que seguía sentado en la cama cogiéndose el pecho al borde del infarto.

“Maldito crío” Se dijo. “¿Que estás haciendo?”

 

La comida fue simple, familiar. Con ellos cinco, Minhyun y Taekwoon. Y una llamada de su padre justo después de comer, desde Londres, avisándole de que debía recibir un regalo pronto.

Fue sencillo pero agradable, no había querido más. No había querido invitar a Luhan o Sehun, aunque pensaba que podían ofenderse. Tampoco había querido celebrarlo con la familia aunque su madre había insistido en que harían una merienda con los tíos un día.

Y, sobretodo, fue corto.

Hacia las cinco, aún con el pastel sobre la mesa, Baekho avisó de que ya era hora, y tanto Minki como Minhyun cogieron sus cosas para irse.

– Luego me lo quedo a dormir en mi casa – le dijo a su madre mientras Minki se despedía de Taekwoon estrujándole a abrazos. Ella sonrió.

– Le hará ilusión, – sonrió ella – hace mucho que lo pide. Un día tendrás que contarme cual es tu secreto. – añadió pícara.

– ¿Eh?

“¿¿¿EH???”

– Que que haces para que tenga tantas ganas de venir a dormir tu casa. – se reía ella con humor. – ¿Le das caramelos para cenar?

Baekho respondió con una risa que por suerte no sonó tan forzada como le había parecido, y prefirió no añadir nada más.

“¿Pero que estoy haciendo…?”

– Ha sido una suerte que coincidiera con tu cumple – le decía a Minki ya en el coche.

– Si – sonreía el pequeño. – Gracias por regalármelo.

– De nada. – sonrió también.

Era consciente de Minki sentado ahí a su lado, con los pantalones arrapados que se había acostumbrado a llevar desde que había empezado a trabajar de modelo. Era consciente de sus enormes ojos pintados, pareciendo aún más grandes. Era consciente también de haber decidido invitarle esa noche a su casa, aunque él aún no lo supiera. Demasiado consciente.

“¿Que estoy haciendo…?”

Volvió la vista a la calle y vio a Minhyun por el retrovisor, mirando por la ventana con gesto triste.

– ¿Fuisteis ayer a Pantheon? – le preguntó en parte para distraerle en parte por curiosidad.

– Ah, no. – respondió girándose a mirarles y acercándose a ellos, rompiendo el aire melancólico – fuimos a Zenit, Hyuk dijo que se lo debíamos por el trauma. – añadió con una sonrisa.

– ¿Tanto le afectó lo de JR?

– ¿Lo de JR? – exclamó Minhyun ya completamente puesto – ¡Que va! Se lió con un travesti pensando que era mujer.

– ¡No jodas!

“Ese vocabulario Baek…” Se retrajo. Pero realmente ese grupito no se merecía menos.

– Como oyes. – siguió Min – Y Tao estuvo de acuerdo también, diciendo que no puede ser que vayamos a un local gay y solo liguen los heteros, que en otros sitios por lo menos ya se lo espera.

– Realmente…

– ¿Mi hermano ligó? – preguntó al fin Minki sin entender de que hablaban.

– ¿No lo sabes?

– ¿No te lo ha dicho?

Se giraron ambos asombrados para luego mirarse con una sonrisa maligna, Baekho desde el retrovisor, sin apartar la vista de la carretera.

– Se lo decimos ¿no?

– Yo creo que merece saberlo.

 

Llegaron al estadio para hacer aún hora y media de cola, y Minki seguía alucinando.

– ¿Pero va en serio? ¿Con dos tíos?

– Si, si.

– ¿Y uno de ellos era el ex de Tao?

– Eso parece. Nos lo dijo luego. Pero que le dieron sus teléfonos y todo, por si quería “terminar lo empezado”

– Jodeeeeeer…

– ¡Minki!

– ¡Tu también lo has dicho antes!

– Yo creo que está justificado.

“Ya…”

La sensación era muy diferente al del anterior concierto, dos años atrás, cuando habían ido con un grupo más grande a hacer cola todo el día.

Minki estaba emocionado, pero Baekho parecía más pendiente de la forma como el pequeño se colgaba de su brazo, de cómo le brillaban los labios, de la gente que le miraba.

Minhyun, por su lado, trataba de convencerse de que realmente quería estar allí mientras se despedía de ellos y se metía en la cola VIP.

“Será genial” se repetía “has pagado por esto y lo vas a disfrutar” “lo mereces”.

Conoció gente. Empezó a hablar con la chica de delante y un par más que se metieron, y realmente pareció que se lo pasaría bien. Entró con ellas, esperó con la música que ponían de fondo a que Jen, el cantante de Up in The Sky subiera al escenario.

Y este saltó corriendo desde el fondo, con sus dos compañeros, corriendo por las plataformas saludando a su público para luego coger sus instrumentos y empezar a entonar su nuevo hit.

Y Minhyun se olvidó de todo. Se olvidó de Aron. Chilló y saltó, coreó sus nombres dándolo todo. Cantó las melodías que se sabía de memoria de repetirlas hasta la saciedad, de haber aprendido a tocarlas en el piano, en la guitarra que Aron le había regalado al irse. De escuchar a Aron tocarlas con su guitarra, en su habitación, cuando había estado allí dos años atrás, en su apartamento de Los Ángeles cuando había ido a verle, en la playa, con sus amigos americanos, de noche junto al fuego y junto al mar.

Sentía la música reverberando en sus oídos y escuchaba a Aron tocando para él, cantándole sus canciones favoritas, versionándolas para que fuesen para él.

Empezó a llorar con “Distance”, una de las pocas canciones románticas que tenían Up. La chica a su lado, con la que había hablado en la cola le abrazó sonriéndole, chillando algo como que ella también se había emocionado.

Te he querido tanto, y ahora estás tan lejos – entonaba la canción – has sido mi todo y me has dejado sin nada…

Para cuando terminó la canción lloraba a mares, y la chica ya le miraba preocupada. Al empezar la siguiente se vio obligado a salir, incapaz de dejar de llorar, incapaz de dejar de pensar en Aron, incapaz de escuchar más. No oía la voz de Jen, oía a Aron susurrándole al oído que le quería, oía a Aron tocando Fly delante de toda la clase el primer día que le tuvieron en el instituto, cuando se conocieron.

“Le necesito” se decía “necesito volver a verle…”

Podía mandarle un mensaje, decirlo que lo sentía. Al fin y al cabo había sido él quien le había dejado, ni siquiera le había dado oportunidad a explicarse. Podría intentar arreglarlo…

“Lo estabas pasando mal” le dijo una voz en su interior. “No estás mejor ahora” se respondió” “Tampoco puedes pasarte toda tu vida pendiente de unos mensajes que no llegan…”

 

Cuando el concierto terminó Baekho y Minki le encontraron sentado en las escaleras, sin haber decidido nada.

– Min… – le abrazó Minki con cariño, sentándose a su lado. – ¿Que te pasa? ¿Te encuentras mal?

Se incorporó, sacándose las lagrimas forzando una sonrisa.

– No, tranquilo. Es solo que… el concierto, Up… me recuerda a Aron.

– Oh… – murmuró Minki cogiéndole para que apoyara la cabeza sobre su hombro, por extraño que pareciera.

– No debería haber venido – murmuraba hipando de nuevo. – no debería haberme gastado el dinero en esto, no debería haberle dejado…

Minki y Baekho se miraron, sin saber muy bien como reaccionar. Aunque se hubiesen enterado de todo no habían estado en ninguno de los momentos dramáticos y difíciles de los que JR les había habado. Sentían que no tenían que ser ellos quienes le consolaran por más que ambos le conocieran desde hacía años.

Baek se encogió de hombros y se sentó en el otro lado de Minhyun.

– En ese momento te pareció lo mejor – Le dijo sin estar muy seguro de si debía hablar o no.

– Porque lo estaba pasando mal. – se justificó – Pero estoy aun peor sin él…

 

No se habló del concierto en todo el trayecto a casa, nadie se atrevió. Minhyun se había metido en el coche murmurando que llamaría a Aron para decirle que lo sentía, discutiendo consigo mismo que no debía hacer eso, y al final se había quedado dormido. Minki se había quedado dormido también, y Baekho miraba fijamente las luces de la carretera mientras veía por el retrovisor como los dos pequeños descansaban detrás.

Empezaba a cansarle el tema. Comprendía que las circunstancias no eran las mejores pero el rollo de Minhyun y Aron y su trágico amor a distancia ya duraba demasiado.

“Son jóvenes” se decía. Él también había sido adolescente, también había perdido la cabeza con sus romances de turno y también había dramatizado por cualquier tontería, y suponía que había sido igual de cansino para los que le rodeaban.

“¿Y que harías tu si el amor de tu vida estuviera en la otra punta del mundo?”

Parecía una idea demasiado abstracta, demasiado idealizada. “El amor de su vida”. Hacía años que había dejado de creer en cuentos de hadas.

“¿Que harías si Minki estuviera en la otra punta del mundo. Si te dejara, si dijera no quererte?”.

Suspiró, le dio las gracias a su subconsciente con sarcasmo y siguió conduciendo, intentando no mirar al niño que dormía en la parte trasera de su coche, intentando no pensar en que dormiría en su casa, intentando no llamarse enfermo a si mismo.

 

Llegaron ya de noche cerrada, y Baekho siguió las indicaciones de Minhyun, ya despierto otra vez, para dejarle frente de su casa. Aparcó y bajó del coche para despedirle sin despertar a Minki, que dormía como un tronco en el asiento trasero.

– Gracias por llevarme – le dijo formal con una reverencia.

– Faltaría más. – le respondió Baek quitándole importancia, apoyándose en el coche. – siento que… no lo hayas pasado bien.

Min se encogió de hombros, sin saber que decir.

– Es reciente aún – murmuró.

– ¿Que vas a hacer? – no pudo evitar preguntarle.

– ¿Que voy a hacer? – preguntó el pequeño de vuelta, encogiéndose de hombros otra vez – pues aguantarme y esperar a que se pase. Terminaré olvidándole, necesito tiempo… – se encogía, cabizbajo y con las manos en los bolsillos – tampoco tengo derecho a ir y pedirle que olvide que le dejé de mala manera ignorándole y todo.

– No hace falta ser tan drástico – le dijo. – estabas enfadado con él e igual te precipitaste, si crees que cometiste un error siempre puedes disculparte.

– Fuiste tu quien me dijo que le dejara.

“Otro” pensó Baekho ya harto de que le echaran la culpa de su ruptura.

– Solo dije que…

– Ya – le interrumpió – lo sé. No fue tu culpa. Solo dijiste lo que yo necesitaba oír. – suspiró, forzando una sonrisa de nuevo que le quedó casi natural. – en fin, gracias.

– ¿Por qué?

– ¿Por ayudarme? – respondió casi en una pregunta – por soportarme.

– Faltaría más. – volvió a responder. – Si necesitas nada ya sabes que estoy para lo que quieras. – por mas que le cansaran, era sincero en eso. Minhyun le sonrió dándole las gracias otra vez. – Y bueno, si salís un día y JR… Se lía con alguien…

Minhyun se rió, comprendiéndole.

– Descuida – le respondió ya más animado – Tao y yo te haremos un reportaje entero.

– Sabía que podía contar con vosotros – le sonrió guiñándole un ojo. – Buenas noches Min – le despidió al fin. – Descansa.

– Igualmente. – respondió.

Dudó un momento y luego se acercó a abrazarle, sorprendiéndole un segundo antes de que Baekho se decidiera a echarle los brazos alrededor del cuerpo y dejarle acurrucarse contra su cuello. Y le dejó estar unos segundo allí, mientras respiraba y notaba como se relajaba.

– Creo que puedo entender a Minki – le oyó murmurar contra su oído, separándose de él.

– ¿Eh? – preguntó Baekho desconcertado.

– Que… tal vez no eres el hombre más sexy del planeta y eso – “Y me lo dices tú que estás con Aron…” Pensó Baek ofendido – pero eres… cariñoso. Siempre cuidas de nosotros. Es fácil quererte.

Se le quedó mirando, sin saber muy bien como responder. Algo sonrojado incluso.

– Vete a dormir – le dijo al fin. – que estás diciendo tonterías.

– Creo que si – sonrió avergonzado. – buenas noches. – añadió abriendo la puerta de su casa y subiendo las escaleras. – nos vemos.

– Adiós. – murmuró ya con la puerta cerrada.

Se quedó allí unos minutos, algo impactado. Al final sacudió la cabeza y se decidió a meterse en el coche donde Minki seguía durmiendo.

“Estos críos…”

Condujo hasta su apartamento y volvió a aparcar el coche allí. Salió y entró detrás para despertar a Minki, que dormía tirado entre los dos asientos, con la boca abierta y casi babeando.

Se sintió tentado de dejarle dormir, cogerle en brazos y meterle en la cama sin despertarle. Y en parte le decepcionó.

“¿Y ya?” “¿Le dejas quedarse en tu casa y no pasará nada?”

“¿Y que es lo que quieres que pase?” se respondió a si mismo.

Se le aceleró el corazón, incluso se sonrojó. Y se regañó a si mismo por ello. Tantos problemas de adolescentes que le rodeaban empezaba a parecer uno él también.

“Seriedad Baek, que tienes una edad”. ¿Pero es que había algo de seriedad en esa situación?

Dudó aun unos segundos más, acariciando el pelo teñido de Minki, con las raíces negras asomando debajo de los mechones rubios.

Había imaginado besos, no podía negarlo. Tal vez incluso algo más, como esa noche en que Minki fue a buscarle a Pantheon.

“Cosas que no deberían pasar” Se recriminó. “Pero es su cumpleaños” Respondió otra voz dentro suyo, sonando casi inocente.

Suspiró e hizo de tripas corazón. Acallando a su consciencia que le gritaba lo mal que estaba eso se decidió y le sacudió con suavidad.

– Despierta marmota – le murmuró. – Hemos llegado.

El pequeño abrió los ojos, desperezándose. Le miró y le sonrió.

– ¿Aún es mi cumpleaños? – murmuró adormilado y sin abrir completamente los ojos.

– Si – respondió Baekho convencido, sin mirar la hora.

– ¿Entonces donde está mi beso de buenos días?

Se quedó quieto unos segundos, volviendo los dilemas, y Minki reaccionó al segundo, incorporándose en alerta.

– ¿Mamá? – preguntó asustado. Y Baekho no pudo evitar reírse.

– No, no está tu madre – respondió casi entre carcajadas.

– Estamos en tu casa – murmuró Minki confundido.

– Sip. Te quedas a dormir. Si te parece bien.

Le pareció bien. O si más no eso decían su expresión de emoción contenida mientras seguía a Baekho fuera del coche y escaleras arriba, debatiéndose entre si hacerse ilusiones o no.

Era su cumpleaños, tal vez Baekho había planeado algo especial. Dejarle dormir con él, besarle, tocarle, una noche de sexo duro hasta el amanecer…

“Bueno, estamos hablando de Baekho”. No dudaba que fuese una bestia en la cama una vez se soltaba, pero dudaba que se soltara. “Igual me deja dormir con él”. Pensó siendo más optimista. “Igual solo le era cómodo que me quedase aquí porque volvíamos tarde y no tiene nada que ver con que sea mi cumpleaños.”

Y así le siguió por las escaleras, nervioso, casi tanto como él. Levantó la vista y se sorprendió a si mismo. “¿Por qué no me he dado cuenta antes del culo que tiene Baekho?” Eso le distrajo para los dos pisos que faltaban, hasta el punto que cuando llegaron al apartamento y Baekho abrió la puerta para dejarle pasar lo ultimo que se esperaba era sentir sus manos cogiéndole por los brazos y por la nuca, sus labios contra los suyos y la puerta contra su espalda acorralándole.

Abrió los ojos como platos, pasmado, mientras Baekho cerraba los suyos besándole, con ambas manos bajando por su pecho hasta su cadera, empujándole contra la puerta con la fuerza de su cuerpo.

Su mente hervía. Desde el “¿Que esta haciendo?” al “¡Por fin! ¡vamos a follar!” pasando por el “no se si estoy preparado”. Pero dejó de pensar, lo apagó todo, igual que parecía haber hecho Baekho. Cerró los ojos y dejó que le besara, moviendo los labios contra los suyos, sintiendo su lengua en su boca, gimiendo cuando las manos de Baekho rodearon su cadera para cogerle el trasero y su cuerpo quedó pegado al suyo. Jadeó al sentir la ya conocida sensación de subidón y mareo, sintió que se estaba poniendo duro, que el muslo de Baekho presionaba contra su entrepierna. Se sintió avergonzado sabiendo que Baekho lo estaba notando, que sentía eso contra su pierna. De repente fue demasiado consciente de si mismo y quiso apartarse, pero Baekho respondió presionando más, moviéndose, y Minki no pudo más que jadear y olvidarse otra vez de pensar.

Se movía contra su cuerpo, pasando las manos por encima de su cuello y dejando que le quitara la chaqueta que aún llevaba puesta y la tirase por ahí, al igual que había hecho con la suya. A un gestó de Baekho subió las piernas a su cadera, primero una y luego la otra, quedando colgado entre él y la pared, sin dejar de besarle. Sonreía contra sus labios, casi sin poder creerse que eso estuviera pasando, que fuera verdad que Baek le estaba besando con esa furia, con esas ganas, con esas ansias.

No podía creerlo, y no podía parecerle más perfecto. La lengua de Baekho, sus labios cálidos, sus brazos fuertes envolviéndole, cogiéndole por los muslos para que se aguantase sobre su cadera, pegando su pecho al suyo acorralándole, la presión entre sus piernas de lo que suponía era su erección.

“Oh Dios Mío” Se dijo “Que esto es real, está pasando. No es un sueño. No lo es ¿Verdad?”

No lo era. Tampoco era un sueño que Baekho le estuviese llevando en volandas hasta la cama, cogiéndole con fuerza contra su pecho mientras Minki, con el susto de caerse, se aferraba a su cuello y su cadera con brazos y piernas, riendo casi eufórico y jadeando.

Le miró fijamente cuando le dejó caer sobre la cama, con ojos brillantes de excitación y labios húmedos y rojos. Y Baekho tardó segundos en devorarle otra vez.

Cayó sobre él, y sus manos volaban sobre su cuerpo, peleándose con su ropa, jugando con su piel sin dejar de besarle, sin separar de sus labios su lengua ansiosa que se enroscaba con la del pequeño.

Se deshizo de sus propios zapatos que lanzó al suelo junto con su jersey y camiseta que se arrancó casi con furia, deleitando a Minki con sus trabajados músculos. Y Bajó de nuevo, casi con dulzura, lentamente hacia sus labios, sosteniéndose con una mano mientras la otra bajaba por el pecho del pequeño y volvía a subir por debajo de su ropa.

Minki se incorporó, dejando que le desnudase y se aferró a él y volvió a besarle cuando Baekho lanzó su ropa por la habitación junto a la suya. Le abrazaba, envolviéndole con sus brazos directamente contra su piel. Se sentó sobre sus piernas y dejo que sus labios bajaran por su cuello hasta su pecho, que recorrieran su piel mientras su corazón se ahogaba desbocado entre sus propios latidos.

“Me voy a ahogar” pensaba jadeando mientras los labios de Baekho se cerraban sobre su pezón y sus manos se colaban dentro de sus pantalones “y valdrá la pena”.
Dejó que le tumbase otra vez y que siguiera bajando por su abdomen dejando besos en él. Le bajaba los pantalones lentamente y Minki se dejó, doblando las piernas para hacérselo más fácil.

Vio, con el corazón a cien, como Baekho volvía a bajar sobre su cuerpo, besaba su piel justo debajo del ombligo y seguía besando la suave línea de vello hasta su ingle.

Minki se oyó gemir a sí mismo cuando sintió como presionaba sus labios contra su erección, a través de la fina tela del calzoncillo. Se avergonzó y se cubrió los labios con el brazo, cerrando los ojos mientras sentía que los labios de Baekho se curvaban en una sonrisa y seguían besando su piel, la ropa por debajo de la que ya estaba colando los dedos, acariciándole.

– ¿Puedo? – le preguntó levantando la goma de su ropa interior.

– Oh si – respondió sin dudarlo, con todo el cuerpo en tensión.

Baekho sonrió al oír su petición, terminó de desnudarle y tembló cuando sus manos se acercaron de nuevo al cuerpo del pequeño, con miedo, casi con reverencia. Le acarició y bajó la cabeza de nuevo sobre su cuerpo.

– ¿Vas a…? – empezó el pequeño mirando hacia abajo. – Oh dios…

Dejó caer la cabeza de nuevo contra el colchón, pasó ambos brazos por encima de sus ojos y cerró los puños, en tensión. No tardó en sentir los labios de Baekho sobre su piel, sobre la punta de su pene.

Gimió, aún mordiéndose los labios no pudo evitarlo. Se sentía dentro de su boca, sentía su lengua. Tenía un nudo en el cuello, gemidos agolpándose en su garganta y un calor sofocante que le subía por el pecho y bajaba hasta los pies.

Y Baekho entre sus piernas.

“Esto es mejor que masturbarse” Pensó mientras entre gemidos se le escapaba un “Hyung… más…” y Baekho obedecía, sorbiendo y acelerando.

Se mareaba. No sabía dónde tenía la cabeza y donde los pies. Apretaba los puños y no hubiese sabido decir su propio nombre. Le abrumaba. Ardía. Su cuerpo parecía a punto de estallar. Antes había pensado que su corazón no podía ir más rápido pero ahora le sentía golpear contra las costillas como si quisiera escapar de su pecho.

Las manos de Baekho acariciaban sus muslos, los rodeaban y subían por su cuerpo desde sus caderas, acariciando su trasero y envolviéndole para subir por su pecho, buscando sus manos.

Bajó su mano para encontrar la de él, presionándola contra su pecho, seguro de que podía notar su corazón desbocado. Las piernas le temblaban de pura excitación. Las manos, los dedos, su cuerpo entero. Parecía a punto de estallar.

El orgasmo le pilló desprevenido, antes de lo que esperaba. Y apretó con fuerza las manos de Baekho mientras se corría en su boca, arqueando la espalda y gritando ya palabras incoherentes.

De derrumbó sobre el colchón, agotado y jadeando, sin poder siquiera pensar aún, luchando por respirar. Sintió como Baekho se apartaba y bajó la vista justo para verle tragando, sonrojarse y volver a esconderse entre sus brazos.

Le oyó reírse y notó como se estiraba sobre su cuerpo. Para cuando se atrevió a abrir los ojos Baek volvía a dejar el papel de baño sobre la mesilla y se frotaba los labios volviendo a su lado.

Tragándose la vergüenza estiró los brazos para recibirle, buscando sus labios. Baekho se desvió y le besó en la mejilla y en el cuello, y le abrazó pegándole de nuevo a su cuerpo. Insistió buscando sus labios, y cuando lo consiguió se atrevió a buscar su cuerpo con sus manos, a llevar sus dedos hasta el cierre de su pantalón y intentar colarlos dentro.

– Shht… – murmuró Baekho apartándose. – Ya, a dormir.

– Pero…

– Estoy bien. – insistió.

Minki se dejó convencer, agotado y jadeando aún. Le dejó que le abrazara y que le metiera dentro de la colchas, besándole en la frente con cariño.

Estaba agotado, pero no sentía sueño, no creía que fuese capaz de dormir. ¿Cómo iba a hacerlo? ¡Ni siquiera podía creer lo que acababa de pasar! ¿Había pasado realmente?

Su cuerpo le decía que si, su corazón aún acelerado y sus genitales donde aún podía sentir las caricias, la piel de Baekho pegada a la suya que le abrazaba. Lo sabía, pero costaba creer.

“Al fin” Se dijo.

Y lo mejor, lo mejor de todo, es que Baekho lo había decidido por sí mismo. No estaba borracho y desinhibido como la otra vez. Había sido una decisión consciente. Y eso solo podía significar una cosa.

– Entonces… – empezó a decirle. – ¿Ahora ya si? – Y Baekho, con los ojos como platos fijos al techo y su consciencia gritándole por la bestialidad que acababa de hacer se quedó en blanco, sin poder creer lo que acababa de pasar, lo que él mismo había decidido hacer, sin poder responder. – Después de esto…

Minki tenía razón. Después de eso solo había una salida, un paso lógico. Aceptarlo. Aceptar que estaba perdidamente enamorado de ese crío, que por más años que se llevasen le quería a su lado, y en su cama. Le quería así, como esa noche, y le quería para pasar las tardes jugando, charlando o leyendo, para ir a dar una vuelta y para tenerle a su lado en los malos momentos. Le quería a su lado, como su novio y su amante, le quería como nunca había querido a nadie antes.

Lo sabía, y había llegado el momento de aceptarlo, de decírselo.

“Novios”

Pero cuando se dio cuenta de ello, se dio cuenta también de que no podía hacerlo.

– Esto – empezó – bueno… considéralo un regalo de cumpleaños. No es como si fuese a pasar otra vez.

 

 

Quería subirlo el lunes porque, bueno, era el cumpleaños de Minki y tal. Pero preferí esperar y revisarlo hoy con la calma, que es un capítulo importante. ¿Que os parece? ^^

PD: Feliz cumpleaños Minki!

Ámame Profe. 34: Azul.

 

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Pasaban los días y la boda estaba al caer. “Las bodas” Pensó Baekho frente al espejo.

– Debería hacerme algo – se decía a si mismo – Dos bodas tan importantes y yo con estas pintas.

Ya asomaban las raíces negras entre el pelo rubio, pero reteñirse no parecía suficiente para una ocasión especial como esa. “Podría raparme otra vez…”

Terminó de afeitarse y al abrir el armario para buscar un jersey encontró el traje que había comprado para la boda de Sunyoung y Yixing, con la camisa azul. Iba a necesitar algo para la otra boda. “Si por lo menos supiera como va a ser…”

Ni Wonsik ni Hakyeon habían soltado prenda de cómo iba a ser la boda. Excepto en momentos de flaqueza y debilidad.

– ¡¡¡Vendrá su familia!!! – se había quejado Wonsik mientras tomaban unas copas.

Kyungsoo y él se miraron, encogiéndose de hombros. Hongbin llegaba tarde y Jongin no había podido ir.

– Pero así tiene que ser ¿no? Os casáis, es normal que quiera compartirlo con su familia.

– Pero no. – seguía el futuro “marido” desesperado. – no será una boda, será una fiesta, una puta locura, un desmadre ¡¿Por qué invita a su familia?!

– Tu habías invitado a tu hermana también – siguió Kyungsoo. – ¿Por qué él no puede?

– En primer lugar mi hermana es lesbiana – le replicó dando otro trago – Y es testigo. Y es solo mi hermana, tiene nuestra edad, y tal. Vienen sus padres. Sus hermanos, cuñados, sobrinos, primos, tíos lejanos… ¡¡¡Estará toda su puta familia!!! – Baekho apartó su vaso justo antes de que Wonsik dejara caer su cabeza sobre la barra. – Será horrible. – se lamentaba. – voy a pasar tanta vergüenza…

No consiguieron animarle así que optaron por emborracharle.

Para cuando Hongbin llegó, un par de horas más tarde, Wonsik estaba arrodillado ensayando como iba a pedirle al padre de Hakyeon la mano de su hijo mientras Baekho y Kyungsoo le cantaban el himno nupcial. Pero aún con el considerable nivel de embriaguez a ninguno le pasó por alto el “detalle” con el que llegaba.

– Tienes un chupetón – señaló Baekho. – ¿Ligue nuevo?

Hongbin negó, sonrojándose en parte por el espectáculo que estaban montando sus amigos y pidió una copa.

– ¿Has vuelto a ver a ese tío? – saltó Kyungsoo horrorizado. – ¡Está casado Binnie!

– ¡Cállate! – le respondió dando un trago a la bebida que acababan de servirle. – ya lo sé…

Wonsik le cogió del hombro animándole, pero Baekho no pudo evitar la tentación de sermonearle.

– No deberías involucrarte con un hombre casado.

– No deberías involucrarte con niños de doce años.

“¿Pero que???”

Decidió que lo había oído mal y pidió otra ronda para terminar de asegurarse de que olvidaba ese comentario.

– Vamos Hongbin – siguió Kyungsoo – en serio, ¿que pretendes sacar de esta relación? ¡está casado! ¿Que puede ofrecerte?

– Tengo las mismas posibilidades de que deje a su mujer y se case conmigo que tu de salir con Jongin. Y eso teniendo en cuenta que el matrimonio gay es ilegal…

“Jope, hoy está fino” Pensó Baekho viendo la expresión dolorida de Kyungsoo.

– Hablando de matrimonio – saltó Wonsik cortándoles. – Estábamos de celebración ¿recordáis? Hoy nuestro problema más grave va a ser que nos ponemos para mi despedida de soltero. Y os prohíbo preocuparos por nada más. ¿de acuerdo? – les miró a todos levantando su vaso y de algún modo consiguió que todos sonrieran, chocaras vasos y exclamaran:

– ¡Por los futuros falsos novios!

 

Minki sentía que en su casa se respiraban nervios. Todo eran preparativos, flores, menús, listas. Muchas listas. De cualquier cosa. Pero mientras su madre caminaba arriba y debajo del comedor recitando la distribución de los invitados en las mesas Yixing ponía música y salía a su encuentro, cogiéndola y dando vueltas por la sala.

También se respiraba amor.

Su madre sonreía, y Minki también mientras aplaudía al compás de la música, saltando tras ellos.

– Va, va, – les detuvo ella – que hay cosas que hacer. ¿Tienes que ir a buscar tu traje hoy ¿verdad? – le preguntó a Yixing aún atrapada entre sus brazos.

– Si. O mañana. Tampoco hay prisa.

– Va pos, ve a hacer la cena que yo te voy a buscar el traje. – sentenció ella alisándose la ropa.

– Vale amor. – él volvió a abrazarla, besándola en la mejilla – estás preciosa.

– Aish…

Minki se había vuelto a apalancar en el sofá con JR a la que había visto que se terminaba la fiesta. Tan apalancado que ni siquiera se le ocurrió levantarse en cuanto oyó que llamaban a la puerta. Su hermano si que hizo ademán de levantarse, pero antes de que lo hiciera la puerta ya se abría.

Era Baekho, con la gorra y las llaves en la mano.

– ¡Sunyoung! – fue corriendo hacia ella y la cogió de las manos, alterado. “Ni saluda primero” pensó Minki ofendido.

– ¿Que te pasa? – le preguntó la madre algo asustada.

– Acabo de hacer una de las tonterías más grandes de mi vida. – confesó asustándola a ella aún más, que le apremió a explicarlo y terminar con la intriga. Él, por toda respuesta, se llevó las manos a la visera de la gorra y se la quitó con un gesto dramático, aunque más dramático fue el grito de ella justo antes de estallar en carcajadas.

Ambos niños se giraron al oírla y rompieron a reír también, Minki cayendo de rodillas al suelo por la risa. Incluso Yixing salió de la cocina justo a tiempo para verlo antes de que Baekho, sonrojado hasta las orejas, volviese a ponerse la gorra.

– ¿Pero porque te has hecho eso?

– No lo se. Es horrible…

– Si.

– Parece… parece que lleve un helado de esos de nube en la cabeza

– Yo no lo hubiese dicho mejor.

– Dios, que horror. ¿Con que te lo has hecho?

– Me lo ha hecho la peluquera.

– ¿¿¿TE HAN COBRADO POR ESO???

Consiguieron que Minki dejase de reírse, pero volvió a estallar cuando Baekho se quitó la gorra de nuevo para que pudiesen evaluar la magnitud del desastre. Sunyoung, más considerada, aguantó la risa, mientras que JR, curioso, se acercó a tocarle el pelo, que brillaba en un radiante azul eléctrico.

– Es tan artificial… – murmuró.

– Tal vez si te lo lavas se destiñe un poco. – sugirió Yixing.

– Ya lo he probado.

– Pues este tinte mínimo es radioactivo – se burló Minki.

– Bueno, – se levantó Sunyoung poniendo paz – tengo que ir a buscar su traje, compraré un decolorante y te devolveremos tu rubio de siempre ¿vale?

Baekho asintió, agradecido, y volvió a ponerse la gorra antes de que Minki empezase a hacer chistes malos.

Yixing se desentendió del tema y volvió a la cocina, JR decidió acompañar a su madre y Minki desapareció en el piso de arriba sin avisar.

Baekho suspiró, volvió a calarse la gorra hasta las orejas y se fue a la cocina con Yixing.

– ¿Te ayudo?

Él le sonrió, le indicó algo y siguió trabajando.

– ¿Cómo te dejas hacer eso? – le preguntó.

– Yo… es que todo iba a ser azul. Su vestido, tu corbata, las flores, mi camisa. Pensé que combinaría, que quedaría bien. Quería hacer algo especial…

– Especial – Yixing sonrió – Desde luego es especial.

– Hyung, hyung. – volvió a aparecer Minki sosteniendo una cámara de fotos – quítate la gorra.

– Ni hablar.

– Vamoooooos. – saltó detrás de él intentando arrancarle la gorra. Baek corría para huír y terminaron dando vueltas a la cocina y la sala.

– Que no. – insistía mientras corría – No vas a hacerme ni una foto con esa cosa en la cabeza.

– Venga, para la posterioridad. – seguía persiguiéndole riendo – Algo así tiene que dejar un recuerdo.

– No. Ni hablar.

Huyó de él, apartó sus manos y le cogió para detenerle. Le quitó la cámara e intentó apartarle cuando consiguió quitarle la gorra y pasarle las manos por el pelo, despeinándole. Cayeron sobre el sofá y tubo que retenerle contra el mueble para impedir que llegase a coger la cámara.

El sonido de la puerta abriéndose cuando Sunyoung volvió fue como un milagro. Subió a lavarse el pelo, de nuevo, y justo cuando se quitaba la camiseta oyó la puerta del baño abrirse y el “click” de la cámara.

Minki huyó corriendo escaleras abajo con su preciada foto y Baekho suspiró y puso la cabeza bajo la regadera de la ducha. El agua salió azul, pero su pelo no quedó menos radiactivo.

– ¿Pero te han puesto tinte o marcador químico? – exclamó JR al verle el pelo mojado, aún más oscuro. “¿Que si me han puesto que?”.

Dejó que Sunyoung le embadurnara el pelo en crema decolorante y cenó con la cabeza envuelta en papel de plata.

Al quitarlo luego y volver a lavarlo había quedado de un azul más claro, desvaído, pero no rubio del todo.

– Está bien así – le dijo Sunyoung intentando animarle. Baekho no estaba convencido. Si quedaba mejor, pero seguía siendo azul y ya echaba de menos su rubio de siempre. O incluso el moreno natural. – Si te pongo más de esto se te caerá el pelo a trozos – insistió ella. – Así que más te vale que te guste.

Suspiró y se secó el pelo. Cuando volvió a mirarse en el espejo de la sala no le pareció tan horrible.

– Estás guapo – le dijo Minki parándose a su lado. – mucho mejor que antes.

– Pues menos mal. – se rió.

Minki sonrió también. Luego se rió, recordando el aspecto que tenía antes.

– Bueno, hemos evitado una catástrofe – le dijo divertido. Luego le miró, colgándose de su brazo – ¿Te quedas a dormir?

Baekho se encogió de hombros.

– ¿Por qué no?

 

Llegaron, como les habían dicho, alrededor de las once. Hongbin, Kyungsoo y Baekho fueron los primeros, junto con la hermana de Wonsik y su novia, aunque Jongin ya estaba allí. De hecho fue quien les recibió, alegando que el futuro matrimonio tenía que arreglarse.

El sitio que habían alquilado era grande, espacioso. Un pequeño vestíbulo de recepción con alguna habitación donde suponían se estaban arreglando la pareja y un patio donde se iba a celebrar la ceremonia. A un lado podían verse ya las mesas que los camareros contratados empezaban a montar para tenerlo todo apunto.

Ayudaron a colocar las sillas que quedaban y admiraron las flores que decoraban el altar y el jardín.

– No han reparado en gastos. – comentó Kyungsoo.

– Toda esta boda es una locura. – le respondió Jongin encogiéndose de hombros. – Ya que la lían, mejor hacerlo a lo grande. – Baekho asintió, igual que los demás. No quería ni pensar en la de dinero que se habrían gastado, igual que no había querido preguntar a Sunyoung. Iba a ser el día más importante de sus vidas, y lo valía. – Bueno, yo me voy a cambiar también – se despidió Jongin. – tengo que prepararme para mi aparición estelar. Todo el mundo va a estar mirándome y no tengo que atraer la atención. Va a ser difícil…

Baekho suspiró viendo como se iba. Buscaron sus asientos y luego volvieron al recibidor para empezar a dar la bienvenida a los primeros invitados que iban llegando.

Wonsik tenía razón, había acudido la familia de Hakyeon al completo, padres, hermanos, sobrinos, primos, tíos y demás parientes lejanos. Y entre ellos Baekho se encontró con una sorpresa.

– ¡Sanghyuk! – le saludó en cuanto le vio.

– ¿Baekho hyung? – le miró el chico asombrado – ¿Que haces aquí?

– Son amigos míos, Wonsik, Hakyeon.

– ¿Eres amigo de mi tío?

– Parece que si – respondió riendo. – Que pequeño es el mundo.

Hyuk seguía mirándole sorprendido, hasta que suspiró y se encogió de hombros.

– En fin. – murmuró. – Oye, – añadió acercándose a él. – supongo que cualquier chica que pueda encontrar aquí será lesbiana o prima mía ¿verdad?

Baekho se rió, asintiendo. Había oído de su fama de rompecorazones.

– Si, me temo que si. – respondió. El chico suspiró y siguió a su madre con las manos en los bolsillos.

– Nos vemos luego Hyung.

 

El patio se había llenado de vestidos coloridos, sonrisas y abrazos. De reencuentros emocionados entre familiares y amigos. Y de nervios, excitación, ansias de ver y felicitar a la feliz pareja.

Hongbin y Byulyi, la hermana de Wonsik, esperaban a ambos lados del altar como testigos, y el pequeño Eungyu, sobrino de Hakyeon, sentado en el suelo con cara de aburrido, guardaba los anillos.

Los invitados aguardaban en silencio. O eso hubiese sido lo deseado, pues una nube de murmullos flotaba en el patio.

– ¿Dónde se habrá metido Jongin? – le preguntó Kyungsoo a Baekho con impaciencia. Lo único que sabían sobre la boda era que Jongin iba a oficiarla, pero su amigo no estaba en el altar. “La va a liar” pensó Baekho.

No se equivocaba.

Jongin hizo su entrada triunfal avanzando por el corredor central con un abrigo negro largo y gafas de sol.

Algún crío, Baekho tuvo la sospecha de que fue Hyuk exclamó un “¡Matrix!” tras el cual se escucharon algunas carcajadas.

Jongin también sonrió, pero siguió andando muy profesionalmente hasta el altar, donde se giró de cara a los asistentes a la vez que en un movimiento excesivamente teatral se quitaba la chaqueta, dejando a la vista unos pantalones de cuero bajos, su torso desnudo y la cinta de cura alrededor del cuello.

“¿Pero que?”

En medio del murmuro de exclamaciones generales que oscilaban entre el “Que bueno está” y el “santo cielo que indecencia” Baekho sintió como Kyungsoo le clavaba las uñas en el brazo, con la mandíbula que le llegaba hasta el suelo y los ojos como platos.

– Respira… – tuvo que recordarle.

Jongin terminó por quitarse las gafas, se pasó la mano por el pelo contorneando todo su cuerpo al hacerlo y cambió su peso de pie, apoyando un brazo en la cadera y dejando caer el otro.

Siempre había sido un cabrón, pero ese día a Baekho le pareció incluso de mal gusto. No podía oficiar la boda de su supuesto mejor amigo y llamar la atención más que él. Iba a ser el protagonista de su día especial.

Pero no, no llamó la atención más que ellos. No, tampoco llevaban menos ropa que él, pero en cuanto se abrieron de nuevo las puertas del patio dejaron al publico entero sin aliento.

Y si, público, porque eso ya era un show en toda regla.

Andaban cogidos del brazo, sonriéndose. Wonsik terriblemente sonrojado, Hakyeon saludando con toda la desfachatez del mundo. Las uñas pintadas, los ojos delineados, los labios rojos de gloss y los ajustados vestidos marcando caderas a cada paso bajo el característico andar de los tacones.

“No te creo.”

Recordaba haber oído una discusión en Pantheon que había atribuido al alcohol sobre quien debía llevar el vestido de novia. Ninguno de esos vestidos era de novia, rojo pasión el de Hakyeon, largo y con un corte al lado por el que asomaban sus largas piernas a casa paso, azul turquesa el de Wonsik, corto a medio muslo y con ondas sobre los hombros.

Alguien entre los asistentes estalló en carcajadas, y eso rompió el silencio sepulcral que se había generado con su entrada. Ambos se reían, al igual que Jongin que se tapaba la boca para ocultarlo. La hermana de Wonsik, a su lado, aplaudía, y al otro lado Hongbin se debatía entre la sorpresa y el horror.

La futura pareja se detuvo ante ellos. Hakyeon se llevó las manos al pelo, recolocando las dos coletas negras con que llevaba recogida la peluca. Wonsik llevaba una cola alta, obviamente falsa también, con un tocado de plumas y brillantes.

“Pluma no les falta…” Pensó Baekho riéndose.

– Pardillos – murmuró Jongin en cuanto el silencio fue suficiente para dejarse oír. – Bueno, por si a alguno aún no le había quedado claro lo idiotas que pueden llegar a ser estos dos, aquí les tenéis, diciendo que se quieren casar. – empezó con desprecio. – ¿No os parece un desperdicio? Dos tíos como ellos, o bueno, hasta hoy yo pensaba que lo eran. Dos tíos tan guapos, que deberían ser decretados patrimonio de la humanidad para que todo el mundo pudiera disfrutar de ellos. Queriendo atarse el uno al otro de por vida, negándose a disfrutar de los buenos pecados de este mundo. “Hasta que la muerte les separe”. – Hizo una pausa, mirándoles, mientras ellos le miraban también riéndose, cogidos de la mano. Miró al publico, y cambió su tono fastidiado por otro más dramático. – pero ¿sabéis? En realidad hace siete años ya que firmaron ese pacto, que decidieron darse la vida el uno al otro. Y aunque parezcan una pareja de bolleras hormonadas las queremos. Así que si casarse es lo que quieren, ale, que se casen, y que le demuestren a este jodido mundo que el amor no entiende de sexos ni de edades, y que si el mundo no respeta nuestras normas nosotros no vamos a respetar las suyas.

“Como lo de las edades vaya por Minki me lo cargo” pensó Baekho sintiendo los ojos de Jongin fijos en él. Pero igualmente sonrió y aplaudió, igual de desconcertado que el resto del público, tal vez menos. Hacía muchos años que le conocía ya.

Los discursos de Hongbin y la hermana de Wonsik, como testigos, fueron bastante más convencionales. Por el ambiente en el que estaban y tratándose de un gay y una lesbiana en una boda falsa de dos Drag Queens, porque eso es lo que eran ese día, pareció de lo más normal. Hablaron de cómo se conocieron, de lo empalagosos que podían llegar a ser, de lo incómodo que era estar cerca suyo, sobretodo al principio, de cómo no habían dudado en ningún momento en esos siete años de relación, de cómo se miraban.

Ambos pronunciaron los votos, nerviosos, y se pusieron las alianzas conteniendo el aliento. Hakyeon estalló a llorar con el típico “si quiero” y segundos más tarde ambos se secaban las lágrimas el uno al otro.

– Anda, dejad de llorar y id a besaros, liaros, hacer el amor y disfrutad de vuestra vida de casados.

 

– Menudo locurón – exclamó Minki cuando Baekho le estuvo hablando de la boda. – ¿de verdad se casaron vestidos de tías?

– Que sí, que sí.

Luego se habían cambiado para el banquete, poniéndose pantalones y camisa los dos, la ropa que tenían que haber llevado en un principio. Baekho había bailado con ambos, les había secado las lágrimas a ambos y se había emborrachado con los demás. Los novios y el pequeño grupo de amigos se habían quedado hasta las tantas, gritando a lo loco, riendo, saltando, bailando, y tirándose dentro de la fuente, para salpicarse los unos a los otros. Habían cantado y habían rememorado sus adolescencias. Se fueron a dormir cuando el sol despuntaba y al día siguiente los novios habían despertado con sus cuerpos enlazados, alianzas en sus anulares y un intenso y punzante dolor de cabeza que resumía la fiesta a la perfección y que compartían con la mayoría de los invitados.

– Creo que me resfrié. – le confesó Baekho a Minki. – No se deberían celebrar bodas al lado de una piscina.

– Has dicho que era una fuente – rectificó el pequeño.

– Si, una fuente, pero con el poco de estanque debajo. Ya sabes.

– Si, si – asintió riendo.

– Pues ya puedes estar bien este sábado – le dijo Sunyoung sentándose con ellos. – o me van a oír esos dos. Mira que poner la boda una semana antes que la mía…

Meili, la hija de Yixing, había venido para la boda, pero al contrario que el resto de sus invitados de china había ido una semana antes para ayudar a ultimar los detalles y conocer un poco mejor a la que iba a ser su familia legal, por lo que se estaba alojando en su casa.

A causa de eso y de que no tenían mucho trabajo en el instituto cada tarde, o casi cada tarde, Hyuk y Tao acompañaban a JR a casa al salir del colegio, compraban merienda en la pastelería de la esquina y se quedaban a jugar y charlar con él.

– Que no Hyuk, que no voy a decirle a mi hermana lo buen chico que eres. – Exclamó JR concentrado en la play, reprochando mentalmente a Minhyun el estar trabajando y no allí con ellos.

– No es tu hermana – insistió este ofendido – si acaso hermanastra, y aún no.

– Que no quiero que te líes con ella – siguió ignorando el apunte – y menos aún tener algo que ver en ello.

El plan de Hyuk salió mal por partida doble, pues ella, con toda su belleza exótica y despampanante, prestaba más atención a Tao que le hablaba en su idioma que a los coqueteos de Hyuk.

– ¡Pero que está muy buena! – le insistió una mañana en el instituto.

– Jope, al final me pondré celosa – se quejó Gyuna medio en broma abrazándose a la cintura de su novio. Este negó con la cabeza, sonrió y se inclinó para besarla.

– Es guapa – admitió Tao – pero tampoco hay para tanto.

– ¿Que no hay para tanto? – exclamó frustrado. – ¡maricas!

No consiguió liarse con ella igual que Baekho no consiguió que Sunyoung le pasase otra capa de decolorante.

– Se te caerá el pelo si lo hago – le decía – además, ya estás guapo así. Es original y realmente te combina con la camisa.

– Pero es… chillón… – se quejaba él.

– Está bien – insistía ella – y si no haberlo pensado antes. – Baekho suspiró, abatido, y ella le sonrió para animarle – va, que te encuentro un novio chino en la boda. – bromeó guiñándole un ojo.

“¿Para que quiero un novio chino?”

Ni siquiera había intentado nada en la boda de sus amigos donde un ochenta por ciento de los asistentes eran gais. ¿Cómo iba a buscar novio en una boda hetero? Jongin le había dicho que estaba pal arrastre ya, a él y a Kyungsoo, que ya ni intentaban ligar, pero sobretodo a él.

– Que si, que tu nene es muy cuco, pero tiene doce años y tu estás a dos velas.

– Minki no tiene nada que ver con esto – respondió harto de que terminaran metiéndole siempre en las conversaciones.

“O tal vez si”. Pensó. Aunque no hubiese nada entre ellos, y fuese imposible que lo hubiese, no se había atrevido a hablarle a Minki de Jongsuk, el que había sido su amigo de pequeño y su amante en esa semana que estuvo en la isla, igual que no le había dicho que seguía mandándole mensajes.

“No es relevante” Se decía “Y no le debes ninguna explicación, demonios, es un crío”.

Lo de que era un crío parecía más cuestionable a cada día que pasaba, a medida que se iba estirando y creciendo, creciendo y estirando. El día de la boda, con su traje color beige, desde luego no parecía un crío, por más chalequito de colores que llevase.

Baekho ya solo le sacaba una cabeza. JR poco menos.

“Crecen demasiado rápido” pensó al verlos a ambos trajeados acompañando a su madre.

Ella estaba preciosa en su vestido de ribeteados azules. Le lloraban los ojos de la emoción al reunirse con Yixing ante el altar. Los ojos de él también brillaban.

Nadie se desnudó, nadie se transvistió y nadie lanzó al oficiante a la fuente una vez terminada la ceremonia, pero fue una boda hermosa.

Hacia el final del banquete, cuando traían el pastel, Sunyoung le hizo ponerse en pie para decir unas palabras.

– Vamos, vamos, le apremió Yixing también.

– Ay, esto… esto me ha pillado desprevenido, no se que decir… – se rió poniéndose en pié, se rascó la cabeza y luego alzó su copa en dirección a la pareja. – Creo que no hace falta que comente que son una pareja preciosa y todo eso, ya lo sabemos todos, ¡si no hay más que mirarles! – exclamó con una sonrisa. Entre la gente se oían risas, la mayoría más producto del alcohol que del discurso en si – Sunyoung, querida, sé que nunca has estado más enamorada. – siguió dirigiéndose a su amiga – Y sé que esto va a funcionar, porque ¿que podría separaros? – ella sonrió, al borde de las lágrimas de nuevo mientras su reciente esposo la abrazaba y besaba en la mejilla – ¡Si es que solo mirándoos…! – siguió Baekho emocionado – casi me siento enamorado solo de miraros a vosotros. Y siento que ni siquiera es necesario que os desee lo mejor porque estando juntos, vais a tener aún más. Felicidades. – terminó sincero.

Sunyoung se puso en pié para abrazarle, al igual que Yixing, y Minki se puso en pié también. JR había hablando antes, durante la boda, pero al pequeño no le habían dado la oportunidad.

– … ¿Puedo hablar? – preguntó poniéndose en pié. Su madre asintió con esa sonrisa que no conseguía borrarse de la cara – Mamá… eres afortunada. – siguió su hijo con el corazón en la mano – Lo he sabido siempre, porque tienes dos hijos que, vamos, somos geniales. – añadió riendo – Pero hoy lo siento aún más. Porque te miro y veo como le miras. Y veo amor. Veo una mirada que dice “te amo, te protegeré y estaré a tu lado para siempre”. Veo que os queréis, de verdad, se ve. Y sé que si algún día consigo que alguien me mire así, o con la mitad del amor que tenéis hoy en vuestros ojos. Si alguien con esos ojos me dice te quiero. O “si quiero”. Me sentiré la persona más afortunada del mundo.

La sala de banquetes se llenó de murmuros y aplausos mientras la madre, tapándose la boca con ambas manos, se levantó para abrazar a su hijo. Con fuerza.

– Gracias Minki – le dijo sincera – te quiero mucho.

– Yo también mamá. – le dijo su hijo mientras la abrazaba, con los ojos fijos en Baekho, a su lado en la mesa. – yo también te quiero.

 

Bailó con la novia, radiante aún con los lagrimones negros del maquillaje. Con la hermana de esta y su hijastra, o lo que fuera que tenía que considerar a la chica.

– ¿Vamos, tan mal te caigo? – le preguntó Baekho mientras bailaban. Meili le giró la cara aún más, fingiendo no oírle. Baek suspiró, llevaba haciendo eso desde que al segundo día de estar ella en la casa sus coqueteos se habían vuelto demasiado exagerados y había tenido que frenarla confesándole que era gay. – No se si te molesta que sea gay o que te rechazase.

– Ambas cosas. – murmuró ella. – menuda familia.

– ¿Por qué dices eso?

– Ambos críos gais y tu pululando por ahí.

– JR no es gay, tiene novia. – en ese momento ni siquiera se dio cuenta de que estaba aceptando que Minki si lo era. Ella tampoco reparó en eso.

– De eso nada. Me vio en pijama y se quedó igual. Gay hasta la medula. – Se imaginaba el tipo de pijama. Se imaginaba también la reacción del chico y no pudo evitar reírse. – Minki aún, ese como mínimo me miró.

“¿JR es más gay que Minki? Anda ya.”

– Minki es un crío, solo es curioso.

– Mola eso de que defiendas su heterosexualidad y tal. – murmuró ella irónica.

“Vamos, si ya es obvio”. Pensó para si. No volvieron a hablar en lo que quedaba de canción y intentó no encontrarse con ella a solas de nuevo. No conseguía que le cayese bien.

Bailó de nuevo con Sunyoung, y con Minki. Sobretodo con Minki. El chiquillo se le subía a los pies y se abrazaba a su cuello y dejaba que él les balancease a ambos para un lado y para el otro. Sonreía, feliz. Intentaron empezar una conga que no tuvo demasiado éxito, Minki probó el champán y lo escupió sobre el césped y dieron vueltas y más vueltas por la pista.

Recordó sus ojos oscuros fijos en él mientras abrazaba a su madre y le decía que le quería, era algo que no había conseguido quitarse de la cabeza aunque hubiese fingido no darse cuenta. Después de todo lo que había pasado ignorar sus pequeños gestos parecía la mejor opción. No una opción que pudiese durar para siempre, pero al menos era una opción.

 

 

 

¡Hola a todos! ^^

Sé que he tardado mucho a publicar este capítulo, soy consciente, culpa de los exámenes, a mi no me miréis, que he hecho lo que he podido (?) XD
Para el próximo capítulo hay un salto temporal, por lo que yo consideraba este como “final de temporada” y e prometí a mi misma unas vacaciones antes de seguir publicando. Vacaciones para escribir otros fic, y este también, para hacer crecer a Minki y dejar a Minhyun aceptar que Aron, aunque esté lejos, le sigue queriendo. Para que Sunyoung se acostumbrase a su vida de casada y Baekho fuese madurando en su terca cabecita esas nuevas ideas de que si, tal vez Minki tiene algo que ver en el echo de que no se sienta interesado por otros tíos. 

Mi intención era hacer una pausa ahora, pero no quería tardar tanto en publicar este capítulo ahora, así que no tengo muy claro que voy a hacer, puede que me tome una pausa ahora y no publique (este fic) en un par de meses o puede que me emocione un montón y la semana que viene os publique cinco capítulos XD (lo dudo mucho). Lo que si puedo asegurar es que estoy preparando un Spin Off sobre Tao que voy a publicar antes de empezar la “próxima temporada”. ^^ ¿tenéis ganas de leerlo?

Y nada más, gracias a todos por vuestra paciencia, por seguirme y esperarme, por vuestros comentarios que tanto me animan a seguir. ¡gracias a todos! ^^ ❤

Ámame Profe. 20: El nuevo profesor.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Había sido un verano intenso y que, como todos, se había echo corto.

Audrey, la esposa de su padre y su madrastra, les había prometido llevarles a Inglaterra el siguiente verano. Su padrastro Yixing no había querido ser menos y les había dicho que les llevaría a china, a conocer a su hija y, por tanto, su hermanastra.

– ¿Cuántos años tiene? – le preguntaba Sanghyuk a JR durante el recreo en el primer día de clases.

– Veinte. Creo.

– Wow.

– Ya te digo. Mira, tengo una foto suya.

Estaban ellos dos solos. Bueno, ellos y Gyuna.

– ¿Tengo que ponerme celosa?

– Vamos, es mi hermana. – respondió quitándole importancia – Hermanastra. Lo que sea.

Sonrió y le besó mientras Sanghyuk seguía mirando la foto en su móvil.

– Prométeme que me la presentarás cuando venga de visita.

– Ni hablar.

– ¡Hei! – Tao venía corriendo hacia ellos. – ¿Habéis oído lo del profe nuevo?

– ¿Profe nuevo?

– Si. Bueno, mas o menos. Es universitario aún, de américa. Nos dará refuerzo de inglés o algo así…

– Anda, pues mola. Mejor que la carca esa.

– Ya, Yoora pronuncia fatal.

– ¿Habéis oído lo que he dicho? – insistió Zitao. – Es de américa, Estados Unidos. Universitario. Ósea es que yo ya me he enamorado. – se abanicaba con las manos mientras les hablaba. – Me lo he pillado ¿eh? Ni se os ocurra ni mirarle.

– ¿Y si no le miramos como vamos a apreciar su gran belleza? – saltó Gyuna riéndose. – en fin, voy a hacer circular la noticia o a ver si me entero de algo más. – añadió poniéndose en pie.

– Vale, ya nos contarás. – se levantó también JR despidiéndola con un beso. – yo voy a ver si encuentro a Minhyun.

Dejó a Sanghyuk siendo avasallado por las hormonas de Zitao que estaban en plena revolución. Más o menos como siempre. Entró en el edificio yendo directamente a los baños. Solo había un cubículo ocupado así que llamó directamente a ese.

– Min. – le llamó – están a punto de empezar las clases.

– Ah… Ya voy… – le respondió desde dentro.

Se alejó a lavarse las manos mientras esperaba. Más por el simple hecho de abrir el grifo que porque las tuviera sucias.

No tardó mucho en salir. Minho, su flamante novio, iba detrás de él. Se lavó las manos también y se fue dejándoles a los dos allí.

– No me puedo creer que estéis haciendo esto en el insti. – le acusó susurrando.

– Ah, cállate. Ha estado fuera casi todas las vacaciones. Ni nos hemos visto.

– No me parece excusa.

– Cállate delegado de clase.

JR aún le sarmoneaba mientras volvían, pero Minhyun hacía oídos sordos a sus riñas y caminaba enfurruñado a su lado.

– ¿Que eres? ¿Mi padre? – eso le calló, pero Min al segundo se arrepintió y se pasó las manos por la cara – Mira, lo siento ¿vale? Solo quería pasar la hora del recreo con él y no sé como demonios hemos terminado allí. Tampoco hemos hecho nada demasiado grave así que no te sulfures. No volverá a pasar.

– Ya, no si… tampoco debería regañarte pero… es que es raro ¿sabes? No creo que pueda ir a mear allí ya.

– Te aseguro que yo tampoco. – se rió Min – Bfff… este tío está tan bueno.

– No presumas tanto. – le dijo en broma.

– Anda ya. ¡Tu presumes de novia las 24h del día!

Se rieron, y desapareció la tensión.

Ya llegaban al patio así que le puso al día de las noticias mientras llegaban al banco donde seguían sentados los otros dos.

– Seguro que tiene los ojos azules. – seguía diciendo Tao sentado en el mismo sitio.

– ¿Te lo han dicho? – se interesó Min al momento.

– Todos los occidentales tienen los ojos azules. – respondió sin interés.

– Si, los que no los tienen verdes, o grises, o marrones.

– Ash, callaos.

– Como sea feo nos vamos a reír.

No lo era. Aunque tampoco era exactamente como Zitao le había imaginado.

– ¡Hey chicos! – les saludó al llegar. Ya hablaba directamente en inglés marcando como iban a ser las clases – Soy Aron y voy a ser vuestro profe de inglés este trimestre.

Todos le miraban alucinados, más aún cuando dejó sus cosas sobre la silla del profesor, incluyendo una guitarra, y rodeó la mesa para sentarse en ella. No en la silla, en la mesa, con las piernas cruzadas.

Y bien, me da que tenéis muchas preguntas…

– ¿Que ha dicho?

– Que va a ser nuestro profe.

– Anda, pues que novedad.

– Y que si tenemos preguntas.

En la primera fila una chica levantó la mano e inmediatamente empezó a hablar.

– ¿De verdad es usted de américa profesor?

Tienes que hablar en inglés, lo siento. – La chica se quedó callada, y él siguió, como disculpándose. – Acabo de llegar y no hablo coreano aún, así que tendréis que hacer un esfuerzo para hablar igual que yo haré un esfuerzo para entenderos.

Aquí ya la clase se mentalizó y volvieron a preguntarle esta vez en inglés sobre su origen. ¿A quien se le había ocurrido soltar la bulla de que era americano?

Soy de américa, acabo de llegar de Los Angeles. Aunque imagino que no soy como os esperabais… – No, desde luego nadie se esperaba que fuera tan… Asiático. Y es que ese chico, que difícilmente llegaba a los veinte años, era total y absolutamente coreano. Aunque hablara inglés con tanta fluidez. ¿Sería un alumno mayor gastándoles una broma?

– Bueno, no será occidental, – les susurró Tao echándose para delante. – pero guapo lo es un rato…

Parece ser que no tenéis más preguntas. Os esperaba más curiosos. – siguió algo decepcionado – en fin, todo será cuestión de romper un poco el hielo para empezar…

Se giró a coger su guitarra, la sacó de la funda y la dejó sobre sus piernas mirándoles.

La mitad de vosotros ahora finge que no me entiende porque cree que no sabe inglés, o porque directamente os aburre tanto la asignatura que preferís verme haciendo le payaso un rato. ¿A que si? Pues no.

Alguien se rió, pero en general la clase estaba asombrada, intentando decidir si les caía bien o no.

Ok, ¿cuántos de vosotros escucháis música en ingles? – silencio absoluto – No, porfavor, no respondáis todos a la vez. ¿Cuántos de vosotros no habéis intentado cantar las canciones de vuestros grupos favoritos? ¿Cuantos de vosotros nunca se ha mirado una serie o una peli en versión original y ha aprendido alguna palabra nueva? – Hizo una pausa, pero sin esperar a que nadie respondiera siguió hablando – Eso es lo que quiero hacer yo. Quiero que aprendáis a hablar inglés, pero sin recitar tablas de verbos ni mirándonos la gramática, eso lo haréis con Yoora. Yo solo pasaré una hora a la semana con vosotros y en esa hora quiero divertirme. Así que… ¿Quién me sugieren una canción? – Tampoco nadie respondió, aunque ahora por simple vergüenza. La clase se veía mucho más animada – Vamos, empecemos con las canciones navideñas de toda la vida, que nunca fallan – Tocó un par de acordes y empezó a cantar sin vergüenza alguna – “We wish you a merry christmas, we wish you a merry christmas, we wish you a merry christmas and a happy new year” Dificil ¿eh? – Unas cuantas personas rieron – Va, sugeridme algo mejor. Tu. señaló a Minhyun, sentado en primera fila, que se sonrojó hasta las orejas antes de responder apenas murmurando.

– “Fly” de “Up in the sky”.

– Oh, Up un the Sky, gran grupo. Aunque Fly no es su mejor canción.

– Lo se. – le guiñó el ojo antes de empezar a tocarla, y por un momento Minhyun no pudo evitar pensar que no tenía nada a envidiarle al cantante de Up.

 

Las noticias sobre lo alucinante que era el nuevo profesor de inglés corrieron por el instituto como la espuma, los que aún no le habían tenido se morían para que llegase su hora de clase, los que ya le conocían esperaban que pasara rápido la semana.

– Dicen que mola mucho, que les toca canciones y hace juegos con las letras. – les explicaba Luhan.

Minki inspiró, se sacó el cigarro de la boca y soltó el aire tosiendo.

– No entiendo porque haces esto. – le regañó Sehun. Ya parecía ser oficialmente del grupo.

– ¿Me dejas probar?

Le pasó el cigarillo a Luhan, quien dio una calada y estalló a toser también.

– ¡Es asqueroso! – exclamó entre toses.

– Ya – respondió. – Pero te sientes mayor ¿a que si?

– Seh.

– Tu padre no se dará cuenta que le has cogido uno ¿no?

– Nah, que va.

– Estais tontos. – Sehun se cruzó de brazos, muy digno.

– ¿Quieres probar? – le ofreció Minki, dando otra calada mientras él se lo pensaba. Sentía el humo, como le llenaba los pulmones, como se le secaba la boca. No tosió tanto esta vez.

– Bueno… – Sehun lo cogió casi con respeto, frotó un poco la boquilla y se lo llevó a los labios.

– No te tragues el humo ¿eh? – le advirtió Luhan.

– No, no. – inhaló con miedo, volviendo a sacarlo enseguida, tosiendo más de lo que habían tosido los otros dos juntos. Minki recuperó el cigarro con una sonrisa burlona y echo otra calada, esforzándose en no toser mientras le miraba con superioridad.

– Oye, ¿donde está Taek? – les preguntó Luhan.

– Estará persiguiendo algún gato o algo.

Ni que le hubiesen llamado, apareció de detrás de unas matas del parque con un enorme gato gordo en brazos, olió el humo y dio media vuelta.

– Oye, ¿creéis que llamarán a casa? – Sehun parecía asustado, aunque se esforzaba por mostrarse tan duro como los demás.

– ¿Por saltarnos clase? – respondió Minki despreocupado. – Nah, tranquilo. Luego decimos que hemos estado enfermos y firmamos los justificantes esos. A mi se me da bien imitar firmas, aunque la de Luhan tendrá que hacerla él porque no es escribir chino. – asintió cogiéndole el cigarrillo para darle otra calada.

– ¿Todos a la vez? – siguió Sehun – ¿no está sospechoso?

– Bah, nunca se fijan.

– Como mis padres se enteren me matan.

– Oye, relajateeee… – le decía Luhan riendo. Se colgó de su hombro y le puso el cigarro frente los labios. Dudó, pero le dio otra calada y estalló a toser, Minki lo aprovechó para recuperar el cigarro.

– Es hora. – les avisó Taekwoon acercándose.

– Anda, es verdad. – el timbre estaba a punto de sonar. – gracias Taek.

Asintió y dio media vuelta volviendo al cole. Los otros tres le siguieron, apagando el cigarro en el suelo y medio enterrándolo en la arena del parque.

Llegaron a la puerta del instituto segundos después de que sonara el timbre y se camuflaron entre los alumnos que ya salían. Pasaron por la fuente para enjuagarse la boca y luego cada uno se fue hacia su casa.

Minki pasó por la escuela primaria a buscar a Baekho, le esperó aun rato y saltó a sus brazos con su mejor sonrisa de niño inocente cuando al fin salió. Él le sacudió el pelo y Minki le devolvió el mimo con un beso en la mejilla. Al instante Baekho se separó, en guardia.

– ¿Dónde has estado?

– ¿Eh? – “Mierda” Le miraba fijamente, analizándole, se acercó y le olió la camisa. “No me va a pillar tan pronto ¿no?”

– ¿Has estado fumando? – “¡Mierda!” Le miraba entre asombrado y horrorizado.

– ¿Eh? ¡No, que va!

– Minki… no me mientas… – entrecerraba los ojos, pero al final suspiró – no lo hagas vale. No tiene nada de bueno.

– De verdad que no…

– ¿Quieres que le pregunte a tu profesora si has ido a clase hoy? ¿Quieres que llame a casa y se lo diga a tu madre? ¿Quieres que se lo diga yo? No me mientas por favor. – Bajó la cabeza, avergonzado. – de verdad que no tiene nada de bueno.

– Me siento mayor. – apenas susurró, pero por la mirada de Baekho estaba más que claro que le había oído y que eso no le hacía parecer menos culpable.

– ¿Y porque tienes que sentirte mayor? – “para gustarte” pensó en respuesta. No lo dijo, tampoco se hubiese atrevido a hablar estando él tan cabreado – Tienes once años y ya pareces mayor, no hace falta que intentes ser aún más adulto. Eres un niño, compórtate como tal. O no, como quieras, compórtate como te de la gana pero no te mates para “parecer mayor”.

Cualquier respuesta que se le hubiese podido ocurrir murió en sus labios, y Minki nunca se quedaba in palabras. Tampoco recordaba haber visto nunca tan cabreado a Baekho.

– ¿Se lo dirás a mamá? – no creía que una bronca de su madre fuera peor que qué Baekho se hubiese enfadado con él, pero tampoco era una buena perspectiva.

– No – respondió calmado pero con el cejo fruncido y sin atisvo de esa sonrisa tan brillante que tenía  – Pero si me entero de que vuelves a fumar, y como vuelvas a fumar te aseguro que me enteraré, si que se lo diré. Y dejaré de hablarte.

Bajó la cabeza avergonzado y cuando estiró su mano a rozar la de él para intentar cogérsela Baek no reaccionó. No volvieron a hablar en todo el camino a casa. Tampoco volvió a fumar.

 

 

¡Shiroko to Kuroko llega a Facebook!

Pues sí, despues de mucho tiempo pensandolo hemos decidido crear una pagina de facebook para llegar a mas gente y para que os sea mas fácil enteraros de las novedades y participar mas activamente 🙂

https://www.facebook.com/shirokotokuroko

STK

 

¡Esperamos veros por allí!

Serie Especial Navidad. Comidas Familiares.

Proyecto colaborativo con My First Kiss y SatuPro sobre comidas familiares.

Comidas Familiares I (MFK) (JongKey)

Comidas Familiares II (SP) (TaeKai)

Comidas Familiares III (Shiroko/Yuiko ) (BaekRen)

Comidas Familiares IV (Kuroko/Kuraudia) (LeoBin)

Serie Especial Navidad. Comidas Familiares : III “Resaca navideña”.

final

 

 

Categoria: oneshot yaoi

PersonajesBaekRen (Baekho x Ren)

 

El sonido retumbaba en sus oídos, como temblores desde el fondo de la tierra recordándole a la humanidad el origen de su planeta, el big bang, la formación de los alpes, la deriva de los continentes, los meteoritos. Terremotos y explosiones, todo con un estruendo horrible y totalmente innecesario.

“Joder, ¿vuelven a hacer obras?”

Y seguían los golpes, maltratando su pobre y dolorida cabeza.

“Parad ya joder ¿sabéis la hora que es?”

– ¡Levanta anormal! – le gritaba ella desde entre golpe y golpe – ¡QUE ES TARDE!

“Joder”

Se dio la vuelta y se tapó con la colcha, emitiendo alguna especie de sonido que podría haber sido una queja o un ronquido, o nada en absoluto. Intentando aislarse del terremoto que estaba montando su hermana contra la puerta.

Pero no paraba.

– ¡Para gilipollas! ¿Tienes idea de a que hora volví?

– No es mi problema, ¡arriba!

– ¡Piérdete!

Siguió aporreando la puerta, parecía que se iba a soltar. “Dios, que la tirará ¿porque no le dicen nada???”

Al final tuvo que levantarse.

– ¡Ok! estoy despierto ¿vale? ¡lárgate!

Volvió a dejarse caer sobre la cama, le escocían los ojos y le dolía la cabeza, era como si los golpes siguieran ahí. “Eso es maltrato…” Cerró los ojos y casi se había vuelto a dormir cuando volvieron a llamarle, esta vez su padre.

– Vamos Minki, necesito que me ayudes a montar la mesa.

“Que lo haga doña perfecta, seguro que lo hace mejor.”

– Voy…

Salió arrastrándose, con la camiseta y los calzoncillos solo. La cabeza le rebotaba y daba martillazos. ¿O era su padre montando la mesa? “Demasiado ruido” “Aunque estuvo bien…” “hoy será una mierda”.

Ayudó a su padre a poner las tablas para alargar la mesa. Iban a ser unos trescientos, con todo el ejercito de críos berreantes.

“Bueno, mas bien trece… aunque ni idea de quien viene”

– ¿Te lo pasaste bien ayer?

“Joder, si.”

– Estuvo bien.

– Bien. No vuelves a salir hasta año nuevo ¿eh?

– ¿Eh? ¡¡¡Pero si estoy de vacaciones!!!!

– Tienes exámenes al volver, puedes estudiar. Y yo necesito que me ayudes en la tienda.

– ¡Pero papa!!!

– Nada de peros. Quedamos así.

– Quedamos en que pasaría el día de navidad aquí, no todas las putas vacaciones, joder.

– Eh, habla bien.

“…” “OSTIA PUTA JODER TE HAS PASADO VIEJO GILIPOLLAS”

Tenia ganas de tirarle las sillas por la cabeza. Había demasiadas sillas.

– ¿Quien viene?

– La abuela, Sunye, Dajoon, Dasom, con los niños y todos. – “quince” – y el novio de tu hermana.

“Perfecto. Minyoung la perfecta con su novio perfecto. OLE”

Ni siquiera le conocía y ya le odiaba.

“Si está con esa como mínimo es retrasado” “Aunque retrasado con buen gusto” Su gemela y él se parecían mucho. Los dos eran muy guapos “Aunque yo más, claro”.

Paso por la cocina luego, a desayunar, arrastrando los pies y con los ojos entrecerrados.

– ¿Aun vas así? -su madre estaba cocinando. La señorita perfecta terminaba los canapés y ni le miró. – Ve a vestirte que estarán a punto de llegar ya. Y no comas nada.

– No he desayunado.

– Estamos a punto de comer. Y haz el favor de venir a ayudar que también vas a comer y yo no soy la criada de nadie.

“Esta de malas, como siempre. Ya se ha estresado”

– Así no Minyoung, los de gambas con los de aguacate, no los mezcles con los de jamón y queso que irán a la mesa de las niñas. Si es que parece mentira.

Veía a su hermana ponerse nerviosa. “La señorita perfecta no soporta hacer las cosas mal”. Y sonreía mientras bebía a morro del cartón de leche.

– Y tu haz el favor de vestirte ya.

– Siii…

Al pasar al lado de su hermana se acercó a darle un beso en la mejilla. Le saco la lengua y le dio un lametón en toda la cara.

– ¡Ah! – soltó un gritito de rata histérica mientras se frotaba la cara exhaustivamente, pero le mentalmente le gritaba “CAPULLO QUE ASCO A SABER QUE TE METISTE EN LA BOCA ANOCHE NO ME TOQUES ASQUEROSO DE MIERDA”. Mentalmente porque estaba mamá delante, claro.

– Minki…

Desapareció antes de que su madre le mandase vestirse de nuevo.

Se puso ropa muy simple, tejanos y camiseta. Su madre le volvió a mandar a cambiarse de una patada. No literal, obvio. “Porfavor, que es navidad y viene gente a casa, arréglate un poco, con la de horas que te pasas al espejo para salir ya podrías como mínimo peinarte”.

Así que volvió a arreglarse. Se puso los pantalones más arrapados que encontró, con cortes y tachuelas incluidas, el jersey negro brillante, el de agujeros con la rejilla debajo, se planchó el pelo y se pintó los ojos, incluso se repasó la manicura y se pegó brillantitos en las uñas. “Tengo que reteñirme” Pensó mirándose las raíces ya oscuras, en general empezaba a clarear, ya no era ese caoba brillante de la primera semana. “Aunque podría volver al rubio…”

– ¿Estoy bien ahora mamá? – le preguntó con su mejor sonrisa de hijo bueno.

Ella apenas le miró.

– Si insistes en hacernos enojar allá tu. – No ponía expresión, no le miraba, apenas arrugaba la nariz. – Si quisieras un poco a tu familia intentarías portarte mejor. No salir con tus… En fin. Suerte tienes de que ya me tienes acostumbrada, otra no te toleraría lo que yo te tolero. A veces pienso que no valoras nada de lo que tienes. Si como mínimo sacaras las notas de tu hermana. Suerte que la tengo a ella para que algún día me de nietos. – “Eso si no te mueres antes bruja”. Había momentos en que se planteaba si no la odiaba de verdad. Después recordaba que era su madre. “Si ya empezamos así… vaya día vamos a tener…” – Empieza a lavar todo esto. Podrías tener un poco de iniciativa ¿Sabes?  Hacer las cosas antes de que te las pidamos, que no tengamos que irte todo el día detrás como hacemos siempre.

En realidad era todo por una causa muy simple. Su madre y la familia de su padre, juntos. Se iría acumulando tensión durante todo el día y estallaría por la noche, cuando ya se hubieran ido todos. “¿Y porque puñetas insiste en hacer comidas familiares?”

La primera en llegar fue la mayor, Dasom, una mujer enorme de metro ochenta y… bueno, enorme, con los tres monstruos de sus hijas y un marido que hubiese parecido corpulento de no haber estado a su lado.

– ¡Sunyoung!

– ¡Dasom!

Se abrazaron como si fueran amigas de toda la vida, sonriendo para meterse enseguida a la cocina a terminarlo todo, pero si te fijabas podías palpar la sutil pero enorme rivalidad.

– Oh, has puesto pollo en la sopa, nosotros siempre la hacemos con carne de ternera, a las niñas les gusta más, aunque claro, es más cara.

– Si, bueno, aquí preferimos el pollo que es menos graso, para mantener la línea, ya sabes.

Y demás sutilezas por el estilo. “Que arte tienen…”

La siguiente fue la abuela. Sargento en funciones en sus buenos años había perdido fuerza pero seguía siendo igual de estricta y firme. Sunye la acompañaba, la eterna soltera dramática que soportaba como una mártir el peso de tener que cuidar a la matriarca. Como si alguien la hubiera obligado a hacerlo.

Dajoon fue la siguiente, con su flamante vestido del brazo de su tercer marido y con las dos niñitas arregladitas como si fueran a un banquete real.

– ¿Y dices que va a venir el novio de Minyoung? Ash, ven a que te vea niña. Si ya eres toda una mujer. Aun tienes que crecer un poco pero…

– A su edad yo ya me había casado.

– Más me faltaría verla casada, si no tiene ni veinte años.

– Aquí la única que no tiene novio soy yo…

– Yo a mis niñas no les dejaría que tuviesen novio tan jóvenes.

“Ni que alguien quisiese acercarse a las focas de tus hijas”. Pensó Minki desde la puerta viendo como las tres niñas empezaban a picotear canapés disimuladamente.

– Déjala que disfrute mujer. Hay que aprovechar cuando una es joven para hacer estas cosas ¿eh niña?

– Bueno… jeje

Y ella aguantaba la sonrisa rezando para salir corriendo de allí mientras Minki se jartaba mentalmente en su rincón.

– ¡Unnie! – la llamó su prima Bangji – ¿Podemos ir a jugar a tu cuarto?

“Salvada”

La pequeña, con cinco añitos aún la miraba expectante colgada de la mano de su hermana.

– Claro. Vamos, vamos.

Se las llevó a las dos y les sacó las muñecas de cuando era pequeña.

Y el siguiente en llegar, ya cuando las expectativas estaban por las nubes y todos habían especulado sobre como sería, llegó el novio de Minyoung.

Ella fue a abrirle la puerta y, adelantándose a los acontecimientos, salió a recibirle antes de dejarle entrar.

– Lo siento, quería venir antes, pero…

– Está bien, aun no íbamos a empezar a comer tampoco.

“Que no te oiga mamá….” Según su completo y organizado horario deberían haber empezado a comer hacía treinta y cuatro minutos exactos. Entre eso, las cuatro intrusas en su cocina y los monstruitos picoteándole los canapés a escondidas estaba que se subía por las paredes.

Y entró. Y toda la familia saltó encima.

La abuela examinándole con sus ojos de rata vieja, las tres hermanas estudiándole atentamente preparando los comentarios para después, la madre saludándole con un cartel luminoso de “SUEGRA ORGULLOSA”, las niñas, tanto las pequeñas cositas adornadas cual arboles de navidad como los tres monstruos, luchando por quien se acercaba más, y Minyoung en el medio, peleando para sacarle de allí antes de que le asfixiaran.

Minki se mantenía a un segundo plano, junto a los cuatro maridos pero un poco apartado, y por encima de la multitud alcanzó a ver la cresta rubia teñida del chico.

“No me jodas”

Pero si. SI. Era él. Y cuando le vio se quedó congelado, con los ojos como platos y la mandíbula desencajada. Atorado, paralizado, aterrado.

“DIOS MIO ESTO NO ES POSIBLE”

Se aguantaba la risa, por respeto al pobre chico. O por disimulo. “Como menos gente lo sepa mejor.” “¡Te tengo cogido por los huevos capullo!”

– Hey. – le saludó alargando la mano, como si no pasase nada.

– Hola… – La mano de él temblaba.

– Soy Minki, el hermano de Minyoung, ¿Y tu eres…?

– Dongho, Kang Dongho.

“Ese no fue el nombre que dijiste anoche…” Pero bueno, él era el primero en usar un mote con sus amigos o cuando salía. O cuando le hacía una mamada a alguien en los baños de la discoteca durante la fiesta de nochebuena.

– Encantado.

Le sonrió, una perfecta y principesca sonrisa, acompañada de una trabajada caída de parpados y una ligera inclinación de cabeza mientras le daba la mano muy suavemente, apenas rozando su piel.

Le sentía temblar, podía ver como sudaba y tenía escalofríos. Y se sentía poderoso. De repente las perspectivas de diversión del día subían en picado. “MUAJAJAJAJAJA”

– Venga, venga, dejémonos ya de cháchara que es hora de comer – Su madre le interrumpió el momento de gloria llevándose a Dongho del hombro para sentarle en la mesa, mientras su hermana quedaba detrás mirándole fijamente. “No le mires así. Es MIO” “Mas quisieras, zorra” Por suerte las conversaciones mentales solo se desarrollaban en su cabeza. – Mira, coge un canapé, los ha hecho Minyo… – calló de repente, mirando las platas sobre la mesa. Las platas impolutamente vacías. Echó una mirada a las “hermanitas monster”, aún masticando las tres. Y sonrió, una sonrisa de acero pulido y afilado – ¿Os habéis comido todos los canapés? Jajajaja… – “Las mata, si no llega a estar su madre delante las mata” Pero solo tembló un poquito clavándole los dedos en el hombro a Dongho sin darse cuenta – Bueno, pues resulta que no quedan canapés, pero la comida estará muy rica ¿eh?

– Estoy seguro… – “Lo está pasando tan mal pobrecito…” “Como va a sufrir hoy…”

Pensaba sentarse lo más lejos posible de su hermana, pero terminó justo a su lado, al lado contrario de su novio, por el simple hecho de que cuando él la mirara le vería detrás.

Se sirvieron los platos, todo comida deliciosa aunque ligeramente escasa. Y en la mesa de “las niñas” Dongho se sentía observado y expuesto como una pieza de museo. Intentaba ignorar las miradas de las primas pequeñas pero cuando se giraba a mirarla a ella le veía a él al otro lado, chupando la cuchara de la sopa mientras le miraba fijamente, sonreía y se regodeaba de su expresión de espanto y culpabilidad

“Dios, su cara, me encanta, como está sufriendo…”

– ¿Estás bien chagia? – “¿Chagia? ¿En serio son TAN empalagosos?”

– Si, solo… algo mareado…

“Por supuesto…”

– ¿También tienes la regla? – interrumpió la pequeña Bangji sentada a su lado.

Y media mesa estalló a reír.

– ¡Eso no se dice Bangji! – la regañaba su hermana toda sonrojada.

El chico estaba a cuadros, Minyoung a su lado se aguantaba la risa mientras le explicaba a su primita, siendo muy correcta, que los hombres no tenían la regla, que era cosa de chicas.

Minki miraba a Dongho, y cuando este se cruzó con su mirada se puso más nervioso aún, tenso sobre la silla. “Jo, pues si que lo está pasando mal…”

– Oppa – le llamó su prima Doyeon, la pequeña de los monstruos. – ¿Tu tienes novia?

– Minki es gay – le aclaró su hermana Dahee – si acaso novio.

– Si, uno para cada día de la semana, – respondió él con convencimiento – y a veces dos.

Las pequeñas le miraban asombradas mientras su hermana le soltó un capón. Disimulando, eso si.

– Ei, ei, cuando terminéis me acompañareis a buscar los chocolates del árbol ¿si? – cambió de tema.

– ¡Si, si! – asintieron las pequeñas emocionadas.

– ¿El que? – Dongho miró a su novia extrañado, preguntándole con la mirada a que se refería, pero fue Minki quien respondió, echando la silla para atrás para mirarle.

– Tradición familiar. Colgamos en el árbol figuritas de chocolate, uno para cada prima. Incluyéndome. – “¿Se incluye entre las primas?” Pensó el chico, algo desconcertado. “Bueno, tampoco es tan…” Miraba su pelo largo, sus uñas cuidadosamente decoradas, sus pestañas curvadas y alargadas por el rímel, recordaba sus gemidos agudos, su cuerpo… “NO ES UNA MUJER, ahora borra eso de tu cabeza”. – Es posible que este año haya uno para ti también. – Terminó guiñándole el ojo con una sonrisa seductora que no le ayudó en absoluto.

– Nosotras hemos traído chocolates. – seguían las pequeñas ignorando su pequeño instante de debilidad memorística.

– Y galletas.

– ¿Hay bizcocho de ese de frutas, unnie? – Preguntó Doyeon casi babeando.

– Oh, ese con caramelo encima… – siguió su hermana.

– Si, y los pastelitos esos de plátano como los del año pasado. – respondió la joven anfitriona toda orgullosa.

– Tsk – se quejó su hermano desde su silla inclinada – Que manía con destrozar los plátanos para hacer pasteles. – se ganó otra de las disimuladas collejas de su hermana, perdió el equilibrio y la silla volvió a colocarse sobre las cuatro patas.

– ¡Minki! – le gritó su madre que había oído el sonido desde la otra punta de la mesa – ¡Haz el favor de sentarte bien!

– ¡Si mamá! – respondió sin ni mirarle. Al segundo volvía a balancearse sobre la silla. Dongho lo supo porque aunque fingiese mirar a Minyoung no podía apartar la mirada de él, y él lo sabía. Oh si lo sabía…

Y le encantaba, no podía estar disfrutando más su atención. Le sonreía, le dedicaba estudiadas caídas de ojos, se pasaba la lengua por los labios. Incluso se relamió los dedos después de coger un pastelito con las manos, esmerándose en no dejar un pedacito de dedo que no hubiese recorrido con su lengua mientras sus ojos estaban fijos en él, el chico que la noche anterior se había presentado con el nombre de “Baekho”.

“Baekho…” nada mejor que un nombre de bestia para alguien como él.

Le miraba, de reojo y con disimulo, pero no podía apartar la mirada, y en sus ojos veía como recordaba. Como recordaba la sonrisa con la que se le había acercado, habían charlado y habían bebido, pero no habían tardado mucho en estar devorándose. Cuando se mordía los labios sabía que Baekho estaba recordando los besos, en los labios, en el cuello, en los hombros… Él mismo se recordaba mordisqueando el lóbulo de su oreja mientras las manos de él le agarraban por la cadera, mientras sus cuerpos luchaban por pegarse aún más…

No eran los pensamientos más adecuados para una comida familiar, con la novia al lado y toda su familia mirándole expectante, y Minki no podía sino reírse de su turbación.

– En realidad no me encuentro muy bien… – Le dijo a Minyoung – Me da que ayer tomé algo que no debía.

Ella le apretó la mano mirándole preocupada, pero su hermano no pudo evitar la tentación de responder.

– Uy, es muy importante vigilar que te metes en la boca cuando sales. – Le miraba con su sonrisa burlona, mordisqueando los pastelitos dulces, él le miraba alarmado, con los ojos como platos.

– … – “Anda, responde a esto” Agitó la cabeza, echándose el pelo atrás con la mano – Creo que voy al baño un momento.

– Vale… – respondió ella no muy convencida viéndole levantarse e irse. – está al final del pasillo, justo antes de girar…

– Ahora vengo, – le dijo Minki levantándose también. – creo que se está agobiando con tanta chica. – “Vamos a jugar con él un ratito… jejejeje”

Le siguió hasta el baño y entró con él, recostándose detrás suyo en la pared, mirándole desde el espejo.

– Baekho.

– Ren… – respondió el chico.

Se miraban sin siquiera pestañear, Baekho, recostado sobre el mármol del lavabo solo quería salir corriendo de allí. Ren, cortándole la retirada junto a la puerta, sentía que tenía a su presa acorralada. “¿Desde cuando la presa se come al cazador? Porque este muerde con unas ansias…”

– Es curioso ver que la “novia que no la chupa tan bien como yo” de repente resulta ser mi hermana, – Se reía Ren mirándole. – Creo que es la primera vez que me comparan con ella en algo que yo hago mejor, ya iba siendo hora que alguien reconociera mi talento.

El novio suspiró y se inclinó sobre la pica, mareado. Le mareaban los recuerdos de la noche, la culpa, le mareaba que se lo recordara constantemente bromeando, recordándole que estaba al filo de la navaja.

“Se lo dirá, se lo dirá y te dejará. Te lo mereces. Por subnormal. ¿Cómo no te diste cuenta? ¿Por qué no se te ocurrió? ¡Si son clavados!!!”

Ren se acercó a él, le abrazó por la espalda y cruzó los brazos en su pecho, recostando la barbilla en su hombro y sonriéndole a su reflejo.

– Relajate tigre, no voy a decirle nada. – “¿no?” Pensó sorprendido.

– ¿A no?

El hermano se rió.

– No, no es asunto mío. – soltó simplemente – Si la engañas es tu problema y el suyo, yo no estoy prometido con nadie ni le debo nada a ella, así que es vuestro problema con quien la engañes y con quien no.

“Se nota que la quiere un montón…” Le sorprendía ese desinterés por parte de su hermano. Hubiese podido comprender que no se lo dijera por temor a herirla como le pasaba a él, porque era navidad y no quería darle una noticia así en un día como ese, él mismo estaba esperando a que pasaran las fiestas para hablar con ella, pero tanta indiferencia… Era incluso demasiado.

Aunque en parte tenía razón. Era su problema.

“¿Por qué haces estas cosas subnormal? ¿Por qué siquiera tendrás novia???”

– Oye Baekho, hay algo que no me cuadra. Hace tiempo que le doy vueltas y no le encuentro la lógica. ¿Por qué carajos saldría alguien con mi hermana???

– ¿Eh? Bueno… – Dudó a la hora de responderle. – Es bonita… – Le veía a él, su reflejo en el espejo, y realmente se parecía a su hermana… Minyoung tenía los labios algo más oscuros, el cuello algo más delgado, las cejas más finas, el pelo más largo… Todo sutilezas sin sentido, no podía decir que fuese más guapa que él.

– Yo soy más guapo.

– Es diferente. Ella es una chica.

– Así que sales con ella porque tiene tetas.

– ¿Eh? ¡No! Como… Joder, es solo que… bueno, ella es casi perfecta. Es bonita, inteligente, responsable,…

– Mandona, seria, insociable, repelente, cascarrabias,…

– Se nota que la quieres un montón.

– La tengo que soportar a diario, no pidas más. – Se separó al fin rompiendo el abrazo con un suspiro y se sentó en el mármol a su lado. – ¿Le pediste para salir tu o ella?

– Ella. Creo.

– Seguro que fue precioso – Le miraba sonriendo, y esa sonrisita estúpida sacaba de quicio al Baekho. – ¿Quién besa mejor, ella o yo?

Se sorprendió por la pregunta, tardando unos segundos en responder.

– Ella – dijo muy firme.

– Ayer no dijiste lo mismo.

– Ayer iba borracho.

– Y hoy te sientes culpable, me fiaré más de lo de hoy – la sonrisita impertinente no se borraba de su cara, y ya le tenía harto.

Lo peor era recordar como esa sonrisa le había cautivado la noche anterior. Le había visto bailando entre la multitud, con su grupo de amigos. Tenía que admitir que al principio le había confundido con una chica. En parte por el pelo largo, en parte porque bailaba muy pegado y abrazado a otro chico. Recordaba que mientras les miraba había deseado que las manos de ese chico fuesen las suyas, ser él quien tuviese sus manos alrededor de su cadera mientras bailaba pegado a su cuerpo.

Cuando se había dado cuenta de lo que estaba pensando se había dado la vuelta y había seguido bebiendo intentando pensar en otra cosa, pero al alcohol tubo más bien el efecto contrario y cuando se giró de nuevo a mirarles vio los ojos de largas pestañas de ese chiquillo castaño fijos en él, sonriéndole con esos labios de corazón que parecían pedir a gritos “¡Bésame!”.

Esos labios le habían arrancado la cordura a besos. Cuando le sonrió, aún junto a la barra, él no dudó en acercarse, se presentó con el nombre de “Ren” y, sabiendo que era un apodo, él uso también un nombre falso. “Baekho” le había dicho que se llamaba.

– Un nombre de bestia. ¿Hasta que punto eres un tigre? – le había dicho seductor. Su voz era casi un ronroneo, sus labios se curvaban de forma tan sensual que le parecía que no podía esperar un segundo más a besarle.

– Hasta el punto que te voy a cazar.

– Mmm… un tigre hambriento…

– Hambriento de ti…

No recordaba las palabras exactas. Era posible que no hubiesen dicho eso, era posible que no hubiesen halado en absoluto, pero recordaba que en ese momento su mente no daba para mucho más. La noche se hacía borrosa, pero mientras las luces y la gente perdían intensidad en el recuerdo sus labios parecían perfectamente definidos, igual que recordaba el tacto sobre los suyos cuando finalmente le había besado, cuando había cerrado los ojos y, entre tumbos y traspiés se habían encerrado en uno de los minúsculos e incómodos cubículos de los baños.

Y volvían a estar en el baño. En un baño muy diferente, en unas circunstancias muy diferentes. Y él seguía sonriendo exactamente igual.

– Mejor volvemos. – Baekho sacudió la cabeza despejándose, se echó agua en las sienes y se golpeó un poco las mejillas girándose hacia la puerta.

– ¿Si? ¿Estás seguro que quieres salir con eso tan tieso?

– ¿Eh? – Bajó la mirada asustado a su entrepierna, no había notado nada, pero… “…” “¡Maldito crio!” – ¡Serás troll! ¡No voy empalmado!

Ren se doblaba de la risa, aguantándose en el mármol del lavabo.

– No le encuentro la gracia…

– Te hubieses visto la cara… Ash… que bueno… – Se incorporó, aún riéndose, y pasó a su lado para volver al comedor. – Tranquilo, que yo entiendo que estoy muy bueno, Y anoche todo fue muy intenso, no te juzgo por pensar esas cosas de mi…

Apagó la luz del lavabo y le siguió por el pasillo hasta el comedor. Le veía caminar y le cautivaba. El movimiento de sus caderas era hipnótico. “¿Ensaya para moverse así o le sale de natural?” Le hacía pensar en una modelo de pasarela, de las buenas, sin llegar a ser exagerado pero exhibiendo todo su cuerpo a cada paso. “Tiene un culito precioso”.

Se maldeció por pensar eso, pero no podía negar que era verdad. Lo recordaba, y era increíble. “Idiota, deja de pensar en su culo”.

Todo seguía igual en la mesa. Las botellas un poco más vacías, los adultos un poco más borrachos y la pequeña Bangji sobre su silla recitando la poesía navideña que se habían aprendido en el cole. Y todos aplaudiendo.

– Minyoung – la llamó su madre – ¿Por qué no nos tocas algo?

Su novio se giró desconcertado, ella reprimió una mueca de asco y se giró sonriéndole a la anfitriona madre.

– ¿Ahora?

– Si, claro, ¿cuándo mejor?

Se levantó con reticente obediencia mientras Minki le sonreía desde su sitio. Hacía años que él se había librado de eso.

– Toca la flauta. Antes tocábamos las dos pero yo lo dejé – le explicó a Dongho. Luego se giró y se acercó sonriéndole – Me pasé a otro tipo de flautas…

No esperó a ver su expresión de espanto, cogió su copa y dio un trago, para luego levantarse e ir hasta la cabeza de la mesa para presentar a la interprete que ya llegaba con su instrumento, como si fuese una audición profesional.

– Escuchad atentos a las maravillas que crea con sus dulces y delicados dedos de ángel.

– Gracias Minki, – “Cállate capullo” le cortó ella molesta – puedes ir a sentarte. ¿Porfavor? – “Déjame en paz y no lo alargues más”.

Aún le hizo una reverencia antes de volver a su sitio, junto con el resto del público que seguía charlando, bebiendo y picoteando pastelillos a su antojo.

Se sentó al lado de Baekho mientras ella tocaba, ocupando el sitio de su hermana, acercándose al chico más de lo que él podía considerar “cómodo”. A decir verdad para que la situación fuese cómoda tendría que haber estado como mínimo en otra sala. En otro planeta mejor.

Odiaba como le miraba con esa sonrisilla de “te tengo cogido por las pelotas…”. “Eso es casi literal… bueno, ayer era literal…” “¡JODER! ¡Deja de mirarme!!!”

Fingía que no le veía y seguía mirando a su novia tocando, pero no pudo ignorar cuando él se echó atrás en su silla casi recostándose en él, o cuando se giró para susurrarle al oído algo que ni siquiera llegó a comprender porque solo se quedó con que sentía su respiración en su nuca y que sin querer (o quería pensar que lo había hecho sin querer) le había rozado la oreja con los labios…

Pronto la familia en general se cansó del recital de obras clásicas y empezó a exigir villancicos que las pequeñas, y algunos de los adultos más borrachos, coreaban con voces disonantes y desagradables.

– Anda Minki, – le llamó su hermana cuando se cansó – ¿Por qué no tocas tu algo también?

“Zorra” Pensó él.

– Uy, no, no, si hace mucho que no la cojo. – “Ni se te ocurra guarra”

– Va, de algo te acordarás. – “Si hay que sufrir sufrimos los dos.”

– Si, Minki, vamos. – insistió la madre.

“Joder” la fulminó con la mirada, llevándose una reprimenda mental equivalente a un sermón de varias horas. Luego suspiró y se levantó. “Bah, que más da, igual ponemos más nervioso a Baekho…”

Toco solo un par de villancicos, nada complicado solo para escurrir el bulto, luego regresó a su sitio.

– ¿Que te parece Dongho? – no pudo evitar preguntarle – ¿Quién toca mejor la flauta, mi hermana o yo?

Por su cara lo había comprendido a la perfección. Le fulminó con la mirada y luego respondió indiferente sin mirarle.

– Es obvio que Minyoung tiene mucho más talento musical. – “MUSICAL”

Recibió un beso de agradecimiento de su novia y asentimientos de aprobación por parte de los que le habían oído, pero Minki apenas podía aguantarse la risa. “Talento musical ¿eh? ¿Quien es mejor en otros talentos Baekho?” Se regodeaba en silencio de sus palabras.

Sacaron más pastelillos y la cena siguió sin más. Sirvieron otra ronda de champagne y, aunque la música no era más que las mismas cancioncillas tediosas, infantiles y aborrecidas de cada año algunos se animaron a bailar. Sunye rompió a llorar con el mismo drama de cada año de que estaba sola porque ningún hombre la quería, la abuela la regañó por ser una estúpida cabeza hueca y Minki le sugirió que se hiciera lesbiana. Madres y tías se pusieron a discutir sobre lo inútil de los hombres en general y los tres maridos se retiraron a la terraza para huir del barrullo ensordecedor de las mujeres. Los niños desaparecieron también al cuarto de la chica.

– ¿A que queréis jugar? – les decía esta a sus primas.

– ¡Al escondite!

– ¡A la gallinita!

– ¡Al cazador!

– ¡Oh! ¡Al cazador! ¡Al cazador!!!

Dongho se había quedado casi en la puerta de la habitación abarrotada, temeroso de entrar del todo. Minki directamente se había quedado fuera recostado contra el marco.

– ¿Al cazador? – replicó Minyoung – Pero la casa es muy pequeña y somos muchos.

– Podemos hacer equipos.

– ¡Si! ¡Si!

– ¡¡¡Yo quiero ir con unnie!!!

La pequeña Bangji se pegó a las piernas de su prima mayor y ya nada pudo hacer desistir a las demás de jugar a ese dichoso juego. Hicieron parejas rápidamente dejando a los dos chicos juntos.

– ¿No os importa?

Y antes de que el novio pudiera replicar Minki le cogió por los hombros y respondió con una sonrisa enorme.

– Por supuesto que no, ¡seremos el mejor equipo!

Y ya lo dieron por concluido, pasando a repasar un poco las normas para el nuevo miembro de la familia.

– Cada equipo esconde un peluche en algún sitio de la casa y busca los de los demás que también estarán escondidos. Gana el primer equipo que tenga todos los peluches. Si veis a alguien que lleve un peluche, porque va a esconderlo, podéis retarle a un juego y si pierden os lo tienen que dar. No podéis llevar más de un peluche, enseguida que encontréis uno tenéis que ir a esconderlo antes de ir a buscar más.

Y salió cada equipo a buscar un escondite para sus “rehenes”.

Ren escondió su peludo pez de colores dentro de un jarrón del recibidor y luego fue recorriendo las habitaciones abriendo cajones buscando los demás.

– ¿Que clase de juego es este? – Baekho le seguía no muy convencido.

– Uno perfeccionado a lo largo de muchos años de aburrimiento en fiestas familiares.

– Es… raro.

– Es más divertido de lo que parece. Si se hace bien. – dejó de buscar sin sentido y le encaró. – Por ejemplo… dejemos a mi hermana para el final que será la más difícil. Eunji y Dahee como son bajitas lo habrán escondido en un sitio bajo, probablemente en un cajón. – caminaba por el pasillo mientras hablaba. Las he visto irse hacia el despacho, así que probablemente han intentado meterlo entre los ficheros de mi padre. – abrió los cajones de los ficheros pero solo encontró papeles. – Al ver que no cabían se han puesto nerviosas al buscar otro lugar y sencillamente lo han embutido detrás de la planta. – Apartó la maceta y efectivamente allí estaba el conejito con el lazo rosa. – ¡Bingo!

– Wow. – Baekho le miraba impresionado, olvidando por un momento lo incómodo que se sentía con él.

– Llevamos muchos años jugando. – se justificó. Salió del despacho con cuidado y se escabulleron hacia el recibidor. Se cruzaron con Minyoung y Bangji pero escondieron el conejito y nadie pareció notar nada. Lo escondieron junto al pez de colores que seguía en su sitio y fueron a por el siguiente.

– ¿Fui tu primer chico? – le preguntó Ren mientras rebuscaban en la cocina.

Baekho se puso tenso ante la pregunta, tardó unos segundos en responder.

– ¿Por qué preguntas?

– Simple curiosidad.

– Si – respondió al fin.

– ¿Y el primero con quien la engañabas? De chicas también me refiero.

– Si, también.

– Jo, pues que importante me siento. – Le sonrió mientras sacaba la el gatito de ojos enormemente desproporcionados de la nevera. – Ja, te crees muy inteligente ¿eh zorra? ¡Vas a ver!

Salió corriendo al recibidor pero al dejar el peluche en el jarrón vio que los otros dos ya no estaban.

– ¡Mierda! – y ahí si se picó. Corría de una habitación a otra, con Baekho a la zaga sin entender muy bien la gracia del juego.

Encontró en su cuarto a Doyeon y Dabin rebuscando el los cajones, iba a pasar de largo cuando la mayor de las hermanas monster le llamó.

– ¡Oppa! ¿Porque tienes esto? – Le enseñaba una caja de condones algo sonrojada, y Baekho se sintió de pronto muy violento, aunque para Ren no parecía tener importancia alguna.

– ¿Tu que crees?

– Pero tu sales con tíos ¿no? No puedes quedarte embarazado ni nada.

– ¿Tu sabes lo que es el Sida?

– Yo no – saltó la pequeña.

– Bueno, da igual, – le quitó la caja y volvió a esconderla – no voy a daros una charla sobre protección sexual ahora, quedaos con que un embarazo es lo más suave que puede pasarte cuando follas. Y ahora fuera de mi cuarto que tengo cosas peores que no podéis ver.

– ¿Escondes los peluches aquí?

– Nop, ¡fuera, fuera!

Se fueron, obedientes.

– ¿Que escondes peor que los condones?

Su “cuñado” (daba algo de vértigo pensar en Baekho como tal) le miraba receloso mientras él rebuscaba. Le miró y se rió.

– Me da que tampoco sería apto para ti. – dejó de buscar y se puso en pie, junto a él. Tan inocente… – le acariciaba la mejilla, acercándose.

Baekho estaba seguro de haberles dado a sus piernas la orden de retroceder, pero por algún motivo siguió pegado a su sitio mientras Ren se acercaba cada vez más a él. Incluso cerró los ojos cuando le vio lo suficientemente cerca, esperándole.

Sintió un dedo sobre sus labios y los de él junto a su oído.

– Vi-cio-so. – le susurró remarcando cada sílaba. Y se separó riendo para salir a otra habitación y seguir buscando.

Pero ya no podía mirarle igual. Había esperado ese beso, casi lo había saboreado antes de que llegase. Ya no solo se sentía incomodo por recordar la noche anterior. Ya no era culpa solo por lo que había hecho, sino por lo que quería hacer, por desearle, y mientras más le veía, entusiasmado retando a sus primas por los muñecos, buscando escondites y peluches en ellos, menos culpable se sentía. Solo sentía deseo. Recordaba como sus cuerpos se habían enredado la noche anterior en los baños de la discoteca. Se habían acariciado con ansias, buscando en contacto entre sus cuerpos. Besos y más besos desesperados, pesos por toda su piel desde los labios hasta la ingle. Recordaba sus labios de corazón y su lengua caliente, recordaba las lamidas y la succión, casi podía evocarlas. Recordaba haberse dejado llevar y haberle saboreado él también. Recordaba la sensación de su pene en su boca, demasiado borracho para siquiera preguntarse si le daba asco.

Y ahora se encontraba siguiéndole en su propia casa, a solas con él en cada una de las habitaciones sin poder pensar en nada que no fuera repetir eso, sentirle de nuevo. Lo ansiaba.

Cuando Minki entró a buscar en el baño Baekho entró tras él absorto. Vio como cerraba la puerta y pasaba el pestillo y se le quedó mirando extrañado.

– ¿Que haces?

Él sonrió.

– Me da que he encontrado algo muy interesante – respondió él acercándose. – y no es un peluche precisamente…

Sintió sus dedos en su entrepierna, lanzando descargas eléctricas a su cuerpo sensible.

– ¡Ah!

– Llevas un buen rato con el calentón, – siguió con calma – y no quiero que traumatices a ninguna de mis primas si te ven empalmado.

– Yo…

– Ya te he dicho que entiendo que te la pongo dura.

Sonrió seductor, y Baekho retrocedió chocando contra la pared. Ren no podía dejar de reírse.

– Joder…

– Oye, si quieres repetir lo de anoche por mi no hay problema. Ni siquiera se darán cuenta. – le miraba más serio de lo que hubiese esperado de una conversación sobre si se liaban o no. Baekho se sentía violento y Ren hablaba como si fuese lo más natural del mundo. – Pero no soy tu novio ni voy a serlo. Tu novia es mi hermana. No me importa si le pones los cuernos, ya te lo he dicho, pero no la vas a dejar por mi. No la quiero culpándome por el resto de nuestras vidas.

– Cuanto amor. – resopló Baekho.

– No soy yo quien la engaña. – respondió sin más. – Si no puedes mantener una promesa no la hagas.

Desviaba la mirada, incómodo. Sabía que tenía razón, pero no podía sentirse culpable. Sentía su calor, le olía, veía sus labios de corazón y sentía su entrepierna palpitar con deseo. No, no cabía la culpa.

– Quiero. – Le respondió con voz ronca agarrándole del pelo. Él se deshizo del agarre y se apartó, sonriéndole.

– ¿Que quieres?

– Repetir… lo de ayer…

Seguía escabulléndose, juguetón.

– ¿El que de ayer? No me acuerdo…

– Quiero follarte.

– Oh, me gusta como suena eso…

Se dejo alcanzar, jugueteando con sus labios. Apenas roces cada vez más alargados, más magnéticos. Enredaron sus cuerpos, abrieron sus bocas y se entregaron al deseo.

Se besaban, enredaban sus lenguas con frenesí, Baekho abrazaba con fuerza su cuerpecito delgado para pegarlo al suyo, se restregaba contra él sintiendo su calor, le arrinconó contra la pared y enredó los dedos entre su pelo mientras la otra mano bajaba a su cadera pegándole a la suya, cruzando sus piernas. Ren le agarraba por el cuello, justo bajo las orejas. Sentía sus dedos clavársele en la piel igual que sentía como su propia erección se clavaba en su muslo. Le aprisionaba la ropa hasta resultar doloroso. Apenas empezaba a gozarle y ya se sentía en su límite.

Se desabrochó los pantalones para liberar la ya dolorosa erección, y Ren enseguida corrió a ayudarle colando las manos entre su ropa y acariciándole con ganas. Baekho suspiraba. Buscó también a tientas el botón de su pantalón pero apenas lo desabrochó Ren se arrodilló ante él, llevándose su pene a la boca, engulléndole casi de inmediato.

Baekho jadeaba, mordiéndose el labio para no hacer ruido, las piernas le temblaban de placer, enredaba los dedos entre el pelo del chico, sosteniéndose en él, se dejó caer al suelo incapaz de mantenerse en pie y Ren se agachó para seguir engullendo con ese rítmico y delicioso vaivén.

El calor era insoportable. Las piernas le temblaban, todos los músculos en tensión. Acompañaba con su mano las deliciosas embestidas en su boca, agarrándole del largo cabello, no empujándole, solo siguiéndole. Sentía su boca húmeda y caliente. Le apretaba con la lengua, succionando, una y otra vez, y se sentía morir.

Tiró de su pelo para obligarle a levantarse, él se sentó sobre sus piernas, moviéndose fingiendo embestidas. Se besaban de nuevo, sin importarle en absoluto que acabara de chuparle la polla. Necesitaba sus labios igual que necesitaba sus caricias en su cuerpo. Buscaba su pene y lo envolvía con los dedos, sacudiéndolo. Ren arqueaba la espalda hacia atrás, abriendo la boca en un gemido silencioso, seguía moviéndose, cada vez más rápido chocando sus caderas. Estiraba las piernas y tensaba el cuerpo, ahogando los suspiros. Se inclinó hacia delante y besó su cuello, luego se reprimió para no marcarle.

Se besaban, se perdían entre caricias y suspiros ahogados, aceleraban y aumentaban la fricción, sintiendo el calor, el placer, y finalmente el tan esperado clímax. Baekho llegó antes al orgasmo, y mientras se corría, entre espasmos de placer se dio cuenta, y Ren a la vez que él, de que iban vestidos, Y EL SEMEN MANCHA.

– ¡Mierda! – Ren se apartó de un salto, aunque tarde. Ambos se habían manchado. Corrió a buscar una toalla y frotaron con vigor, pero no había manera de quitarlo ya.

– Si lo mojamos será peor ¿verdad?

– No se si puede ser peor ya…

lo hicieron, se limpiaron con agua, y el resultado definitivamente si podía ser peor.

– Dios, que patético.

– ¿¡Que hacemos!?

Baekho gesticulaba, nervioso. Ren también estaba nervioso, aunque no tanto como él.

“No me importa dar la nota pero… si se enteran de esto me lo retraerán toda mi vida… y con razón.”

– Solo hay una solución posible – Le dijo muy serio.

– ¿Cuál? – respondió entre esperanzado y asustado.

Le empujó hacia dentro de la ducha y encendió el grifo antes de que pudiera reaccionar.

Chilló con él cuando la manguera les mojó. Se esperó unos segundos a quedar mínimamente empapado y luego salió, abrió el pestillo y salió chillando histérico al pasillo.

– ¡Joder! ¿Cómo eres tan torpe? ¡Ostia!!! – Sacudía el pelo y la ropa, acudieron sus primas por sus gritos y pronto llegaron también las madres. Dongho seguía atorado dentro de la ducha, pero por suerte reaccionó a tiempo.

– ¡Pero si le has dado tu! – se levantó también sacudiéndose, señalándole indignado.

– ¡De eso nada, tu me has empujado!

– ¿Que ha pasado? – les preguntaban.

– ¿Por qué os habéis metido en la ducha?

– ¿Estáis bien?

– Mirábamos si había algún peluche en la estantería de la ducha, entre los botes, – explicaba Minki – ¡y el muy torpe ha encendido la regadera!

– ¿Yo torpe? ¡Tu eres el que ha resbalado!

– ¡Porque tu me has empujado!

Se quedaron mirando, con el pelo y la ropa empapándoles y el frio calándoles hasta los huesos. Y de repente ambos estallaron en carcajadas bajo la mirada desconcertada de la familia entera.

– Anda, id a cambiaros de ropa antes de que os resfriéis – les mandó Sunyoung, la madre, sin prestarles más importancia.

– ¿Entonces dejamos de jugar? – preguntó la Doyeon.

– Supongo…

– ¡A nosotras solo nos faltaba uno! – saltó Bangji.

Dejaron a las pequeñas con sus quejas y a Minyoung poniendo calma mientras ellos se encerraban en la habitación de Minki para cambiarse.

– Vaya pillada…

– Bah, nadie se ha dado cuenta de nada.

– Pues que manera de librarse… Que frio.

– Y que lo digas – asentía Ren – no se si tendré ropa de tu talla, algún chándal tendría que entrarte… si no igual tengo ropa de JR, es un poco más delgado que tu pero te iría mejor… Si, bingo.

Le tendió unos tejanos y un jersey ancho y sacó ropa para cambiarse él también, desnudándose sin pudor alguno.

– ¿JR?

– Un amigo, a veces se queda a dormir.

– ¿Amigo?

– Si, ¡celoso!

El tono era de reprimenda, pero se reía y Baekho le lanzó una almohada a la cabeza como venganza. Rió y saltó sobre suyo, pegándole con la misma almohada mientras Baekho se intentaba defender haciéndole cosquillas. Le devolvió las cosquillas y se retorció riendo hasta caer de la cama.

– ¡No! ¡Ay nononono! ¡Es no! ¡cosquillas no! ¡Ay!

Mientras terminaba de vestirse Ren aún se reía, y cuando salieron al comedor, con toda la familia ahí que empezaba a recoger relativamente tranquilos, se dio cuenta de que el día no había sido tan terrible.

Miraba a Dongho y sonreía, aún viendo a su hermana abrazada a él y la cara de contrariedad del chico.

Se despidió de primos, tías y tíos, y de la abuela que le estiró los cachetes para recordarle que fuese un buen chico y estudiase mucho, “Que el mundo no está hecho para los débiles” como repetía siempre. Más tarde se despidió de Dongho, que se quedó un ratito más. Le estrechó la mano cuando se fue, sin todo el juego de miradas de antes.

– Gracias por venir – le dijo de corazón. – ha sido realmente… entretenido.

– Desde luego – respondió nervioso.

Abrazó y besó a su hermana, se despidió también de sus padres. Cuando ya bajaba las escaleras se giró.

– Adiós Minyoung. Adiós Ren.

– Adiós Baekho.

Ella les miraba extrañada, sin comprender, y él se aguantaba la risa mientras ayudaba a recoger la mesa entre los gritos de su madre y se encerraba en su habitación.

Habían sido unas buenas navidades. Irrepetibles en muchos sentidos. ¿No hacía eso todo un poco mejor?

 

 

ACTION: Epílogo

actionepilogo-2

¡Hola de nuevo y por última vez!

Aquí están los epílogos de ACTION que os prometimos, el punto y final definitivo. Ha sido muy divertido escribirlos y esperamos de corazón que os gusten.

No son muy largos pero queriamos terminar de atar algunos cabos en las vidas de los chicos, que despues de tanto tiempo todos queremos ver como vuelven a casa, ¿No? Realmente se merecen su final feliz, así que ya no nos enrollamos más.

¡A leer! Esperamos que lo disfrutéis. ^^

 

 

 

– Va a venir.

La niña miraba fijamente a la puerta, esperando a que se abriese. Siempre esperando.

– MinNa, a cenar. – se oyó la llamada des de la sala contigua.

La niña lo ignoro, siguiendo sentada mirando a la puerta.

– Va a venir.

Su madre apareció de la sala, se arrodilló a su lado y la abrazo por los hombros.

– Vamos a cenar.

– Estoy esperando a mi hermano.

– Vamos a cenar. – repitió con el tono monótono de quien se sabe el guion de memoria.

– Va a venir. Hoy va a venir.

– MinNa… Vamos a cenar.

La mujer se puso en pie, con una sonrisa triste, tirando de la mano de la niña, igual que cada día.

Pero la niña se resistió.

– MinNa…

– Va a venir. Va a venir.

El rostro de la mujer era triste. El tiempo sana las heridas, pero a veces el dolor no desaparece.

– Va a venir.

La niña volvió a sentarse, y la madre se quedó mirando con cara triste.

– Va a venir.

Esa férrea convicción que la madre había tenido al principio había ido desapareciendo, dejando un vacío. Pero la niña la mantenía, constante, pasaba las tardes ante la puerta, murmurando una y otra vez:

– Va a venir.

Se oyeron los golpes en la puerta. Tres golpes seguidos.

En el rostro de la pequeña se formó una enorme sonrisa. Se puso en pie y corrió a abrir la puerta. La madre puso ojos como platos, incrédula, aún más cuando la puerta se abrió y el adolescente, más alto y más guapo de lo que nunca antes le había visto, entraba con una enorme sonrisa, tiró al suelo las muletas con las que andaba y abrazó a su hermana que reía feliz.

– ¿Me esperaste MinNa? Tu hermano ha vuelto MinNa, ¡Ha vuelto! – le decía meciéndose en el abrazo, ambos riendo.

– MinKi… – consiguió murmurar la madre, no podía creerse lo que veía. ¿Sería un sueño? ¿Otra cruel creación de su subconsciente para que al despertar se sintiese aún peor?

Pero no, ese chico que le sonreía des de la entrada se veía demasiado real, ese chico cubierto de moratones y cicatrices, ese chico con la pierna enyesada que se acercaba a ella medio saltando medio cojeando, con los brazos abiertos y una enorme sonrisa y lágrimas en los ojos, ese chico que la abrazó con calidez murmurando “mamá, he vuelto”. Ese chico era su hijo. De vuelta al hogar.

De nuevo con ellos.

Se separó a mirarle, tomando su cabeza entre sus manos, observándole. Era allí, era real, era su hijo.

Ya era más alto que ella.

– Minki…

Lloraba, y él también.

– He vuelto.

– Has vuelto.

Ya habría tiempo para preguntas y explicaciones después, ya habría tiempo de ponerlo todo en orden, ahora solo quería abrazarla.

– Hola. ¿Quien sois?

Pero claro, no estaban solos.

Ren se giró hacia la entrada. Baekho había recogido sus muletas y le sonreía a su hermana, JR esperaba detrás de él.

– Nosotros ya nos vamos.

Aun habiendo vuelto a casa, eso hacía que su corazón se sintiese pesado. No era capaz de borrar su felicidad, pero si empañarla un poco. Aun así asintió y se acercó a él, ignorando la sorpresa de su madre.

– ¿Me llamarás?

– En cuanto tenga un teléfono.

Sonrió. Esperaba que fuese pronto, no soportaría muchas horas sin tener noticias suyas.

Se acercó y le besó, con la mano en su cabello, sin importarle mucho tener público. Solo le importaban sus labios, y lo pronto que se separarían para no volver a sentirlos hasta quien sabía cuándo…

Pero tuvo que separarse, le miró, y no soportaba ver reflejado en sus ojos el dolor de la despedida. Había vuelto a casa, tenía que ser feliz.

Se giró hacia su compañero, aguardando a su lado. Le abrazó también, aunque para eso tuviese que separarse de Baekho y le doliera.

– Cuídate JR.  

– Tú también Minki.

Sonrió, y sin poder evitarlo volvió a abrazar a Baekho.

– Llámame.

– Sí.

Se miraron, se besaron y volvieron a abrazarse.

– Baekho, llegaremos tarde. – Le apremiaba JR.

Tenía razón, volvió a separarse, esta vez ya definitivamente, no sin antes susurrarle al oído un último “te amo”.

Cuando la puerta se cerró de nuevo Ren cerró los dedos en el aire, con lágrimas en sus mejillas. Se giró hacia su familia, abrió los brazos y su hermana corrió hacia ellos. Su madre dudó algo más, sin comprender aun lo que había visto, pero no le importó mucho.

Su hijo estaba de vuelta.

 

****

Sentada en el jardín, la mujer cantaba al horizonte. A sus pies una niña jugaba con dos muñecas, y algo más allá dos niños corrían sobre la hierba persiguiéndose con espadas de madera.

Su voz no era exactamente triste, si bien tampoco se acercaba a la alegría. Tenía una extraña fuerza, un potente sentimiento que hacía temblar el alma. El hombre sentado junto a ella escuchaba en silencio, con el rostro demacrado de quien ha perdido algo importante.

El momento perduraba mientras las sombras se alargaban y la luz se ensombrecía.

Y la mujer dejó de cantar, con la última nota aún suspendida en el aire, con el corazón martilleándole con fuerza y ojos muy abiertos en dirección a las dos figuras que avanzaban por el camino.

Habían pasado tres años, poco quedaba en esa persona del hijo al que le quitaron, pero no tuvo ninguna duda de quién era. Saltó de la silla y corrió el tramo de camino que les separaba, deteniéndose a un paso del muchacho rubio y ancho. Le miró a los ojos, a esa sonrisa tan especial que se pintó en sus labios cuando la llamó, alzando un brazo hacia ella.

– Mamá…

Y saltó a sus brazos, ahogándolo en su abrazo, cubriéndolo de besos, sin creerse del todo que volvía a tener a su hijo frente a ella.

Se separó de los brazos de su madre sólo para recibir el abrazo de su padre, cuyo rostro bañado en lágrimas era el más claro ejemplo de la alegría. Abrazó a ambos, sintiendo la calidez de la familia que tanto había echado de menos, y luego vio a sus hermanos, que esperaban, confusos, frente a ellos.

El mayor, con casi diez años, no se atrevía a acercarse, los otros dos, apenas bebés cuando se fue, eran incapaces de reconocerle.

Baekho se agachó, para quedar a su altura, y aun llorando de felicidad se puso a cantar. Movía las manos al ritmo de la canción infantil que entonaba, la misma que tantas veces les había cantado años atrás.

La niña fue la primera en dar un paso al frente, y al siguiente segundo los tres se colgaban de su hermano perdido, riendo y chillando de pura euforia al haberle recordado.

Se puso en pie, con la niña colgada a su espalda, el pequeño en brazos y el mayor arrapado a su pierna, y se giró para indicarle a su compañero que se acercara.

El muchacho, de cabello negro, avanzó, inseguro.

– Mamá, papá, este es Jonghyun. – les presentó el rubio – Necesita mucho cariño.

– Eh, vas a hacer que me sonroje… – replicó el aludido.

Baekho rio, pero su madre interrumpió cualquier réplica acercándose para coger las manos enguantadas del chico.

– Bienvenido a casa.

El padre le sonrió también, y los niños no tardaron en acercársele y abrazarle como habían hecho con su hermano.

Le sorprendió el acercamiento, tanta proximidad, cuando ni siquiera le conocían. Pero cuando todos volvieron a fijarse en Baekho y a cubrirle de besos y abrazos vio la enorme sonrisa del chico y supuso que no debía haberse sorprendido por eso.

Tenía una espina clavada en el corazón, una herida que se había vuelto a abrir al ver de nuevo a una familia unida, al acompañar a sus compañeros a volver a sus hogares. Su pérdida dolía como nunca, pero ellos le sonreían, y se dejó mecer por su bienvenida, se dejó acochar por la calidez de una familia que, aunque no era la suya, sabía que ayudaría a sanar sus heridas.

De nuevo le dio las gracias a Baekho, quien le sonrió justo antes de salir corriendo en pos de sus hermanitos por el jardín.

La niñita se había quedado junto a él, tiraba de su camiseta y cuando bajó la mirada a ver qué quería se la encontró con los brazos en alto pidiéndole que la cogiera. Con lágrimas en los ojos la cogió, la niña se cogió a su cuello y le sonrió.

Era una bonita bienvenida. Aunque le rompiera el corazón, era agradable.  

 

****

Ese anochecer la pareja estaba sentada en el sofá del salón de su hogar, un bonito noveno piso de un rascacielos de Los Ángeles. Desde el balcón, la vista de la puesta de sol era impresionante. Pero hacía años que había dejado de interesarles. Miraban la televisión con los ojos vacíos, sin prestar atención a la bonita chica rubia de la película, que intentaba sin demasiado éxito que su compañero de trabajo se fijara en ella. Se daban la mano, buscando el contacto del único miembro de la familia que les quedaba, para sentirse acompañados, para no sentirse tan solos.

Aunque hubieran pasado tres años no se habían acostumbrado a ese silencio, a esa tranquilidad. Antes su hijo siempre andaba de un lado a otro de la casa. Un chico activo, impulsivo, nunca se estaba quieto. Repetidas veces habían deseado que un su hijo les diera un poco de esa tranquilidad que ahora detestaban.

Incluso Mel había cambiado. Antes se pasaba el día correteando detrás de su hijo, jugando a todas horas, moviendo la cola de felicidad. Desde que él se fue se había vuelto un perro triste, apagado, que se pasaba horas y horas sentado sobre la alfombra sin ni siquiera moverse. El perro se había quedado, pero una parte de él se había ido con su hijo.

Y allí estaba Mel, en la alfombra de siempre, con los ojos cerrados, en un atardecer que sería triste y vacío como todos los demás. ¿O tal vez no?

La pareja se sobresaltó cuando el perro levantó la cabeza de repente, con los ojos muy abiertos y olfateando a su alrededor inquieto. Se puso de pie de un salto y empezó a correr como un loco por toda la sala, ladrando y saltando entre los muebles como si le fuera la vida en ello. Se fue por el pasillo hasta el recibidor y lo oyeron ladrar desde allí con desespero. Pero al ver que la pareja no le seguía Mel volvió, y se puso a dar saltitos delante suyo, pero ellos parecían no comprender sus intenciones y sólo le miraban desconcertados. Al fin le robó una zapatilla a la mujer y  echó a correr de nuevo hacia el recibidor. Consiguió que la pareja se levantara con pesadez del sofá y lo siguieran. Se lo encontraron ladrando y arañando la puerta, pensaron que tal vez se había vuelto completamente loco.

Hasta que oyeron una llave meterse en la cerradura, y su corazón se detuvo mientras veían como la puerta se abría y aparecía una figura masculina que conocían demasiado bien. Aunque estaba más grande, más musculado, más hombre.

Dejaron de respirar y empezaron a temblar mientras veían como Mel se lanzaba desesperado a las piernas del chico, y éste lo cogía en brazos y se lo llevaba al cuello.

– ¡Mel! ¿Cómo estás? ¿Me has echado de menos?

El perro, como respuesta, le lamió con euforia la cara y las manos.

La sonrisa del chico no pudo ser más grande cuando vio a sus padres mirándole atónitos.

– ¡Mamá! ¡Papá!

– ¡Aron!

Al oírle llamarles así, ambos se lanzaron sobre su hijo, con lágrimas en los ojos, y le abrazaron, sin terminar de creerse que lo tuvieran otra vez en sus brazos, después de tres tristes años. Aron lloraba también, y recordaba cuánto les había echado de menos.

Mel había saltado de los brazos de Aron para no quedar aplastado en el abrazo y olfateaba desde el suelo. Había algo que le tenía intranquilo, un olor desconocido, pero nadie le hacía caso.

La señora se fijó en las cicatrices de quemaduras que tenía su hijo en los brazos y notó una sensación de opresión en el pecho.

– ¡Dios mío! – Le levantó la camiseta y se horrorizó con las cicatrices aún más impresionantes que tenía en el pecho y la tripa. – ¡Santo cielo! ¿Pero qué te han hecho? Mi pobre niño…

Volvió a abrazarle, llorando con más fuerza, con una extraña mezcla de alegría por tener a su hijo aquí y dolor por todo lo que imaginaba que el chico habría pasado.

Mel había descubierto por fin de quién venía el olor desconocido. Olfateó curioso el chico alto y delgado, con cuerpo de modelo, que se escondía detrás de una columna en el rellano, con una niña en brazos, por miedo a interrumpir el efusivo reencuentro de su novio con sus padres. Los gritos, los llantos, los abrazos… Se sentía feliz de que su chico pudiera reencontrarse por fin con su familia, y a la vez le dolía no tener alguien que le quisiera de esa forma, que le hubiera estado esperando, que llorara por él… Aunque eso no era el todo cierto. Tenía a Aron, y a Shinhye, ellos eran ahora su familia. Se preocupaban por él y lo cuidaban. Ya no estaba solo. Y puede que esa pareja, ahora sus suegros, llegaran a quererle también. Puede que al fin hubiera encontrado su sitio.

Inmerso como estaba en sus pensamientos, se sobresaltó cuando notó el lametazo de Mel en su pierna y soltó un gritito. El hombre y la mujer alzaron la vista desorientados, pero Aron habló antes de que alguien pudiera preguntar nada.

– Papá, mamá, quiero presentaros a alguien. Son dos personas muy importantes para mí, y ahora forman parte de mi familia. Y van a vivir aquí con nosotros.

La pareja miraron a su hijo expectantes mientras salía al rellano y cogía al otro chico de la mano, para llevarlo frente a sus padres. El desconocido estaba rojo y le costaba levantar la mirada, y la niña en sus brazos se aferraba fuerte a su cuello.

– Os presento a Minhyun, mi novio; y a Shinhye, nuestra hija.

Esas palabras descolocaron totalmente a la pareja. Sabían que su hijo era impulsivo pero… ¡¿volver con novio e hija?! Por un momento miraron a Minhyun, analizando con qué clase de persona se había juntado su hijo. Pero cuando vieron la forma en la que ambos se miraban, los ojos que el desconocido le ponía a su hijo, la cara de felicidad absoluta que ponían por estar el uno al lado del otro, la sonrisa de estúpidos que se les quedaba cuando se besaron sin pudor alguno frente a ellos… Supieron que se amaban de verdad, y además confiaban en su hijo. Era impulsivo pero tenía las cosas muy claras y no se juntaba con cualquiera. Ese chico, Minhyun… si su hijo lo había elegido, debía ser una persona maravillosa.

Y miraron también a la niña, aún un bebé. Sonreía, feliz de estar con los dos chicos. A lo mejor esa niña podría ser para ellos como el segundo hijo que nunca habían podido tener. Tuvieron la sensación de que esa tranquilidad que ahora tanto odiaban se había terminado por fin.

– ¿Minhyun? – Le llamó la mujer. El aludido levantó la vista nervioso, y ella le sonrió de una forma tan amable y llena de ternura… Su madre nunca le había sonreído así. – Estoy encantada de conocerte. Bienvenido a nuestra casa. – Y le abrazó. Era un abrazo cálido, su madre nunca le había abrazado así. – Y bienvenida tú también, pequeña. – Añadió acariciándole la cabeza a Shinhye, la niña sonrió.

– Bienvenido, chico. – El hombre le dio la mano, también con una enorme sonrisa.

– Muchas gracias. – Fue lo único que el chico tímidamente pudo responder.

– Pasad, debéis estar muy cansados, y además ya es hora de cenar. ¿Tenéis hambre? – Preguntó la mujer.

– ¡Shííííííí! ¡Muchííííííííshima!

Todos ser rieron de la efusividad de la niña y al fin entraron en el piso. Aron cogió a Minhyun de la mano mientras cruzaban la puerta. Y Minhyun tuvo la sensación que allí, en esa casa, y con su nueva familia, al fin llegaría a ser feliz. 

 

****

Recostado contra la barandilla de la ventana contemplaba las estrellas. Esos casi insignificantes y diminutos puntitos de luz en el cielo oscuro, esa señal de que el cielo seguía ahí fuera para él. Cuanto las había echado de menos…

Suspiró, respirando el aire de la noche, sintiendo la brisa despeinando sus mechones rubios.

Se sentía libre.

Hacía dos semanas que habían vuelto, que habían escapado de ese infierno, y aunque ya echaba de menos a sus compañeros, sobretodo a Baekho, aun necesitaba pasar tiempo con su familia. Su hermana había crecido tanto…

De repente su móvil en el bolsillo vibró, indicándole que tenía un mensaje.

MinMinMin: Chicos!!! Tengo una notícia!!! He encontrado trabajo!!!

El mensaje le hizo sonreír, y sonrió aun más, con algo de maldad al pensar una respuesta. 

Choi_Ren: de que? de basurero? xD

JR: felicidades 🙂

MinMinMin: ¬¬ pues no, yo tengo mucha más clase que eso, rubia!!

                       gracias jonghyun!! 😀

Choi_Ren: JAJAJAJAAJ clase… si, seguro

White_tiger_in_love: Me veo a Aron de ama de casa. XD

raperoLA: eh! no te rías! que mi madre me está enseñando a cambiar pañales y a preparar papillas!! y a cocinar…

White_tiger_in_love: BUAHAHAHAHAHAHA TE VEO!

JR: me lo imagino y me descojono. XD

 

Aun riéndose volvió dentro, ayudándose de una sola muleta, y se tumbó en su cama.

MinMinMin: es cierto, ayer quemó la cena…

raperoLA: no la quemé! sólo estaba un poco demasiado hecha…

MinMinMin: un poco? estaba carbonizada!!

raperoLA: … ^^’

White_tiger_in_love: que desastre

Choi_Ren: bueno, por lo menos no se echó a correr cuando vio los fogones xD

raperoLA: …

MinMinMin: tenemos una placa de inducción ^^

White_tiger_in_love: XD

Choi_Ren: bah, pierde toda la emoción

 

Habían empezado a hablar por chat el mismo día en que se habían separado. Aunque hubiesen pasado solo unos días juntos, pasar por todo eso, compartirlo, les había unido tanto…

JR: total, ¿de que trabajas?

MinMinMin:

raperoLA: de camarero en el bar de la esquina de nuestra calle xD

Choi_Ren: EN LA ESQUINA! LO SABIA!

White_tiger_in_love: eing?

MinMinMin: aaag!! cállate!! >.<

JR: por tu propio bien y el de tu familia espero que solo sirvas cafés.

raperoLA: Bueno, a mí me sirve otras cosas… e__e

White_tiger_in_love: no queremos detalles.

                                    (aun no he pillado lo de la esquina).

Choi_Ren: si, ya tuvimos suficientes detalles

                   (Cielo… esquina = puta xD)

White_tiger_in_love: O.O ok…

                                     y no me lo recuerdes… u.u aun estoy traumatizado…

MinMinMin: Aron, sigue por ahí y esta noche duermes en el sofá ¬¬

JR: uuuuuh…  

White_tiger_in_love: *aplaude*

Choi_Ren: pelea, pelea, eh! eh!

White_tiger_in_love: XD

raperoLA: Ups! ya me callo…

MinMinMin: MEJOR

JR: total… que la hermana de Baekho se ha enamorado de mi.

Ren: LOL?

MinMinMin: O.O

White_tiger_in_love: no digas eso, es que le gustas. solo quiere que juegues con ella…

JR: ya, ya, pero se mete en mi cama. a mi eso no me parece normal.

Choi_Ren: cuantos años dices que tiene??

White_tiger_in_love: déjala, tiene seis años, solo quiere su cuento de buenas noches.

raperoLA: vaya, JR, te van jovencitas, eh? xD

Choi_Ren: o maduritas o niñas…vaya vaya JR

raperoLA: qué gustos más refinados xD

JR: Lo de maduritas va por Lime? e____e

Choi_Ren: tu sabras xD

JR: me abstendré de hacer comentarios…

Ren: chico listo

 

Se estiró sobre la cama, y un tirón le recordó su pierna herida. Recordaba tantas cosas… pero al final todo terminaba en que era libre. En que jamás volvería a estar en ese lugar.

JR: Minhyun y Aron han desaparecido, ¿que estarán haciendo? XD

Choi_Ren: jajaja cosas sucias JR, cosas sucias…

raperoLA: perdón, estaba comiéndole la boca a mi chico y nos hemos distraído…

MinMinMin: ESO NO SE CUENTA!!!!! >/////<

White_tiger_in_love: ahí disimulando y tal…

Choi_Ren: ves? yo tenia razon XD a la proxima os echamos del chat, primer aviso

                   aunque podria haber sido peor, en lugar de la boca podria haber sido otra cosa…

raperoLA: ya… es que están mis padres y nuestra hija en casa y nos da un poco de corte…

MinMinMin: POR QUÉ NO DEJAS DE DAR DETALLES????

JR: lo sabia XD me parece que sois una muy buena influencia para Shinhye XD

Choi_Ren: si Samuel descubre la clase de cosas que tiene que ver la pobre niña os corta los huevos

MinMinMin: ugg… eso no suena bien… o.o’

White_tiger_in_love: que entorno tan traumático…

raperoLA: ei! que a Shinhye la cuidamos muy bien!

MinMinMin: Eso! ahora está con nosotros, dice que os mandemos un beso ^^

Ren: no quiero un beso tuyo, a saber donde has tenido la boca

JR: léase, os estabais comiendo la boca EN FRENTE DE SHINHYE

MinMinMin: em… sí… pero ella estaba entretenida jugando con una pelotita y no miraba…

raperoLA: además ya debe de estar acostumbrada xD

MinMinMin: …

raperoLA: y no hay nada de malo en que vea que sus padres se quieren ❤

MinMinMin: >///<

raperoLA: ^^

MinMinMin: rubia!! el beso te lo manda Shinhye, estúpido! ¬¬ y luego el atontado soy yo…

Choi_Ren: :PPP has dicho “que os mandemos” -> nosotros, tonto tu!

MinMinMin: se entiende que de su parte, o sea que os lo mandamos nosotros pero de parte de sus labios!

raperoLA: Creo que me he perdido…

White_tiger_in_love: estas discusiones gramaticales a estas horas…

JR: son las cuatro de la tarde .___.

MinMinMin: pues aquí son las 12 de la noche xD  

White_tiger_in_love: cualquier hora es mala XD

Choi_Ren: si, es que Baek y la gramatica… xDD

White_tiger_in_love: … TT^TT

Choi_Ren: sabes que te quiero igual ❤

White_tiger_in_love: ya…

Choi_Ren: cuando nos veamos te lo demuestro e__é

White_tiger_in_love: … OK

JR: avísame con antelación para llevarme a los peques de excursión XD

Choi_Ren: joder, que poca emoción Baek…

raperoLA: vaya, la conversación se pone interesante… e__e

Choi_Ren: tu cállate, ale, me voy con alguien que me quiera ¬¬

*Choi_Ren se ha desconectado*

 

Suspiró. Sabia que le estaba echando la culpa por una tontería, pero no podía evitarlo, tenerle tan lejos y pensar que habían desaprovechado la oportunidad cuando estaban juntos… Más que eso, pensar que él tal vez no le deseaba igual…

Su móvil volvió a vibrar, Aron, Minhyun y JR seguían hablando, pero Baekho le mandó un mensaje privado, solo llamándole.

Lo abrió.

 

White_tiger_in_love: Rennie…

                                     Rennie…

                                     es que me siento incómodo si dices eso frente a los demás…

                                     pero… en fin, ya lo sabes…

Apretó el móvil con rabia. ¿Porque le estaba haciendo pagar su frustración?

 

Choi_Ren: no, no lo se

White_tiger_in_love: no me hagas decirlo…

Choi_Ren: … es que…

                   da igual

White_tiger_in_love: te quiero

Choi_Ren: pero no me deseas

Lo había dicho, le había pedido lo que quería, no sabía ni que respuesta esperaba.

White_tiger_in_love: …

                                    no te tengo cerca para demostrártelo

Choi_Ren: ya lo se… da igual, déjalo.

White_tiger_in_love: Rennie…

Choi_Ren: te echo de menos.

White_tiger_in_love: yo también…

                                     tengo ganas de besarte…

                                     ahora todo lo que pasó allí me parece un sueño. A veces tengo miedo de que no seas real.

 

Su corazón dio un vuelco, y suspiró, sonriendo.

Se sintió estúpido por pedirle algo que tampoco podía darle estando tan lejos. Sabía que le amaba, ¿No era eso suficiente?

Si, en parte lo era.

Pero igual que Baekho no sabía responder cuando él le decía cualquier cosa subida de tono, Ren era incapaz de pensar en escribir una respuesta cuando él le decía cosas tan románticas, tan profundas.

Y Baekho lo sabía.

White_tiger_in_love: no hace falta que respondas ^^ te quiero.

Choi_Ren: gracias.. yo también, perdón por ponerme pesado ^^’

White_tiger_in_love: cuando te tenga cerca voy a comerte a besos.

                                     ash, lo he dicho >/////<

Choi_Ren: lo prometes? >__<

                   joder, ahora me siento muy nenaza….

White_tiger_in_love: de nenaza nada, eres mi guerrero.

                                      y te prometo que cuando te vea te comeré, porque soy un tigre hambriento.

*White_tiger_in_love ha cambiado su nombre de usuario por White_hungry_tiger*

La risa (¿o la vergüenza?) le hizo incluso patalear. Con la pierna sana.

 

Choi_Ren: ok, ya es oficial, no me había puesto tan rojo en mi vida >///////<

White_hungry_tiger: jajajaja

Choi_Ren: (voy a hacer una captura de pantalla y como no lo cumplas te arrepentiras el resto de tu vida :P).

White_hungry_tiger: … Me amenazas? e___e

                                      yo que me ponía romántico…

Choi_Ren: Prefiero que te pongas salvaje e__é

 

¿Porque seguía insistiendo en lo mismo?

 

White_hungry_tiger: …

Choi_Ren: ok, olvida eso XD

White_hungry_tiger: …

                                      …

*White_hungry_tiger ha cambiado su nombre de usuario por Wild_white_tiger*

Wild_white_tiger: Soy un tigre salvaje…

                                >/////<

Choi_Ren: >/////<

                  dios, vaya día que llevamos… XD

Wild_white_tiger: total. XD

                                mis hermanos llevan media hora pidiéndome que juegue con ellos, creo que voy a hacerles caso…

Choi_Ren: buena idea

                   es muy raro que les mande recuerdos alguien que no les conoce?

Wild_white_tiger: un poco, pero les he hablado de ti. Casi es como si te conocieran ^^

Choi_Ren: >_< vale, pues dales recuerdos de mi parte ^^

Wild_white_tiger: vale ^^

Choi_Ren: yo me iré a lavar los platos antes de que vuelva mama y me mate xD

Wild_white_tiger: lo veo bien. hablamos luego. ❤

Choi_Ren: hasta luego! ❤ ❤

Al cerrar el chat alcanzó a ver la frase escrita bajo el nombre de su novio.

“Una vez te prometí que te traería el sol. Ahora te prometo que volveremos a vernos.”

Y, como siempre que lo veía, solo pudo pensar: “Cúmplelo pronto”.

Muy pronto.

 

 

 

Ahora que ya todo ha terminado no nos queda más que desear que hayáis disfrutado leyendo tanto como nosotras escribiendo. Ha sido un proyecto muy largo y se siente ya casi nostálgico haberlo terminado, nos da mucha pena… Hemos pasado muchísimos ratos buenos escribiéndolo, nos hemos reído, nos hemos agobiado por no poder publicar a tiempo, hemos muerto de amor con vuestros reviews…

Muchísimas gracias por haber estado con nosotras todo este tiempo. Vuestros comentarios, críticas y opiniones nos han dado muchos ánimos para continuar, y nos han ayudado a corregir algunos errores y a mejorar nuestra escritura. ¡Sois geniales!

¡Os echaremos muchísimo de menos! T^T Volveremos pronto con nuevos proyectos, (aunque ya sabéis que para nosotras el “pronto” es siempre relativo…).

¡No nos olvidéis y no olvidéis la fuerza de estos chicos para conseguir su libertad!

SHIROKO KUROKO AOIKO