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Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : IV “Deseos frustrados”

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: LeoBin (Leo/Taekwoon x Hongbin, VIXX)

 

Taekwoon apuntaba algo de la pantalla del ordenador en su libreta con absoluta concentración, envuelto con una manta bien gruesa y ajeno al mundo. Llevaba un par de horas navegando por internet investigando los mejores restaurantes de la ciudad, webs de planes para fin de año, eventos, blogs de sugerencias… Quedaban dos semanas  para Nochevieja y quería que fuera perfecto. No solo era la primera Nochevieja que pasaría sin la familia sino que la pasaría a solas con su novio y además celebrando su primer aniversario juntos.

A veces todavía le costaba creerse que alguien tan brillante como Hongbin hubiese llegado a enamorarse de él, sobretodo al principio tendía a despertarse pensando que no era más que un sueño. Así que tenía que esforzarse para que ese día fuera mágico, para no decepcionarle, porque en el fondo a veces tenía miedo de que algún día Hongbin simplemente se cansaría de él y no podía soportar la idea.

Volvió a concentrarse en su búsqueda, tanto que apenas se dio cuenta cuando Sangmin entró en la habitación, cotilleando por encima de su espalda.

– Oooh, “Los 10 restaurantes más románticos de Seoul” qué bonito.

Taekwoon levantó la cabeza de golpe, poniéndose de pie y girándose para tapar la pantalla.

– ¡¡Noona!!

– No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, nadie sabrá que eres el novio más atento y dedicado del mundo.

Su hermano apartó la mirada intentando disimular su vergüenza y su sonrojo, carraspeó intentando sonar serio y duro, aunque sabía que sus hermanas le conocían demasiado bien, no podía evitarlo.

– ¿Qué quieres?

– ¿Quieres ayuda? – Él se la quedó mirando con cara de incomprensión. – Con tu cita, que si quieres que te aconseje.

Iba a rechazarla pero se lo pensó mejor, realmente estaba un poco perdido con tantos restaurantes y blogs y…bueno, era Sangmin. Asintió y durante la siguiente hora y media agradeció a todos los dioses existentes en el mundo la experiencia en citas de su hermana y su sentido común que iban a salvarle la vida y la salud mental.

Justo dos semanas después Taekwoon esperaba en la calle, muerto de frío por más capas de ropa que llevara. Estaba tan nervioso que había llegado 40 minutos antes y ahora se iba a morir de frio, qué triste final.

Por suerte Hongbin llegó 10 minutos después ya que estaba tan nervioso como él y también llegaba temprano, aunque casi no reconoció a su novio debajo de la bufanda que le tapaba media cara y el gorro, la otra media.

– ¡Taekwoon-ah! – grito al reconocerle, acercándose corriendo – ¿que haces aquí tan temprano? ¿llevas mucho tiempo esperando?

Este negó con la cabeza, destapándose un poco para poder hablar.

– He llegado hace poco, tenía miedo de llegar tarde y he calculado mal…

Hongbin rio entendiendo totalmente a lo que se refería, pues si no fuera porque se había olvidado de sacar dinero y había tenido que volver atrás probablemente habría llegado incluso antes que él.

– ¿Nervioso?

Taekwoon asintió levemente, Hongbin le cogió de la mano y le dio un beso rápido en la mejilla.

– Yo también – dijo mostrando sus hoyuelos en todo su esplendor – ¡tanto secretismo me está matando de la curiosidad!

Los ojos le brillaban de emoción, con las mejillas rojas del frío y el otro no pudo evitar la tentación de sonreír y apretarle un poco más fuerte la mano. Le hubiera besado pero estaban en medio de la calle y había mucha gente, luego, luego tendrían tiempo para estar solos.

Como iban con tiempo de sobras fueron andando tranquilamente, de la mano, observando las calles iluminadas y los escaparates, las parejas y familias paseando por las calles.

Aunque Taekwoon a quien miraba sobre todo era a su novio, estaba tan guapo sonriendo.. hasta la nariz roja por el frío le parecía adorable.

– Won-ah, si me miras tan fijamente me voy a sonrojar y tu vas a chocar con alguien tarde o temprano.

No se había dado cuenta que se había quedado mirándole fijamente y enseguida se giró hacia el frente, avergonzado de que le hubiera pillado. Hongbin solo rió levemente y le dio un apretón cariñoso.

Cuando finalmente llegaron al restaurante era 10 minutos antes de la hora de la reserva y habían recuperado un poco de calor al andar. Hongbin miraba fijamente el restaurante, asombrado.

– ¿P-pero este restaurante no es muy caro?

Taekwoon se encogió de hombros.

– Es nuestro aniversario, esta justificado. Además invito yo.

– ¿eh? Pero..

– Nada de peros.

Le estiró hacia dentro de un tirón y se acercó al encargado. El chico se puso en modo servicial al verles entrar.

– Buenas noches, ¿tienen reserva?

– Si, para dos, a nombre de Jung Taekwoon.

– Enseguida.

Abrió un grueso tomo y se puso a revisar los nombres apuntados con una sonrisa pero pasaban los segundos y no parecía dar señales de encontrar su nombre y Taekwoon se impacientaba. Finalmente el chico levantó la mirada del libro.

– ¿Esta seguro? No me consta en el registro.

Taekwoon palideció.

– Estoy muy seguro, llamé hace tres días.

– ¿Recuerda quien le atendió?

– Hmm si, diría que  Lee Changsun.

El chico llamó a un muchacho que volvía con una bandeja vacía.

– ¡Changsun! ¡Ven aquí!

– ¿Que quieres?

– Este señor dice que habló contigo para reservar una mesa para hoy hace tres días pero no aparece en el registro.

El chico puso cara de sorpresa pero al ver la mirada de Taekwoon que cada vez estaba más tenso, se quedó lívido.

– No puede ser…

Dejó la bandeja para revisar él mismo el libro, con cara de estar cada vez más nervioso, hasta que finalmente habló.

– Oh…

– ¿Qué pasa?

– Esta apuntado pero…para mañana…creo que…me equivoqué de hoja.

El encargado palideció, iba a hablar para disculparse cuando un casi rugido le interrumpió.

– ¿Qué? ¿Tú te has equivocado así que nosotros no tenemos mesa? – Taekwoon hablaba con una voz, grave, baja, un susurro grave pero amenazador y una mirada que prometía un dolor terrible. – ¡Se puede saber que te has creído incompetente de mierda!

Hongbin le cogió justo a tiempo para evitar que el joven recibiera un puñetazo en la cara, abrazando a su novio por la espalda de forma que no pudiera mover los brazos.

– Taekwonnie, cálmate, no pasa nada, buscaremos otro lugar.

Él no respondió, no hizo ademán de retroceder pero tampoco de intentar deshacerse de su abrazo para matar al tal Changsun a puñetazos que para ser él, era todo un logro.

– Lo siento mucho, les daría otra mesa pero esta noche del año es imposible…

– No se preocupe, un error lo tiene cualquiera – respondió Hongbin conciliador mientras empujaba a su novio hacia la puerta. No le importaba mucho comer en una parte o otra, le importaba el gesto de su novio de haber reservado, aunque con poco éxito, en un lugar tan caro y romántico y le importaba evitar montar un escándalos y una denuncia por asalto.

Taekwoon se dejó empujar, furioso hasta llegar a fuera. Pararon a unos metros en unos bancos al lado de un enorme árbol de Navidad. Seguía ajeno a su alrededor, enfadado consigo mismo y despotricando internamente contra el inútil del restaurante.

“Nos han jodido la noche, vaya mierda, ¿y ahora qué? Podríamos ir al italiano que está aquí al lado pero también estará petado de gente… Soy un desastre, tendría que haber llamado para confirmar. Es mi culpa, debería…”

– Eh.. – un tirón en la chaqueta le sacó finalmente de su ensimismamiento. – Taekwoon-ah, no pasa nada, ya encontraremos otro sitio.

– Están todos llenos – respondió con un tono lúgubre.

– Algo encontraremos, no tiene que ser un súper restaurante de lujo. Es más, prefiero que no te gastes tanto dinero en mi, ¡me sentiría culpable durante semanas!

Él respondió con un gruñido y un encogimiento de hombros, mirando al suelo, así que Hongbin optó por cambiar de estrategia.

– Oye, mírame – le dijo levantándole la barbilla para buscar su mirada – me da igual donde comamos, como si es en el McDonald’s mientras sea contigo, ¿de acuerdo?

Esta vez se quedó callado unos segundos hasta que un sonrojo empezó a extenderse por toda su cara. Si había algo a lo que era débil era a las miradas de adoración absoluta y cariño que le ponía Hongbin cuando quería hacerle pasar el enfado. Y lo lograba. No sabia cómo ni por qué pero todo el mal humor y la inseguridad de estropear la noche habían desaparecido en un segundo.

–  Lo tomaré como un sí – afirmó Hongbin con una sonrisa después de evitar que escondiera la cara entre las manos por vergüenza. Le dio un beso rápido en los labios y le cogió de la mano para arrastrarle hacia la calle comercial – ¿McDonald’s o Burger King?

Él solo sonrió y se dejó llevar, convencido de que aunque hubiera empezado mal esa noche iba a ser la mejor del mundo.

Llegaron al KFC cuarenta y cinco minutos después, ya que en el McDonald’s había demasiada cola y el Burger King estaba cerrado por obras, pero sonrientes y con la cara roja pues entre risas y besos robados habían terminado haciendo una carrera por ver quién llegaba antes.

Ganó Hongbin simulando haberse tropezado, de forma que cuando Leo retrocedió corriendo para ver si se había hecho daño este le empujó sobre un enorme montón de nieve y salió corriendo. A Taekwoon le duró el enfado por haber perdido el tiempo que tardó en ver a Hongbin sonriendo con nieve en el pelo y las mejillas rojas.

Pidieron un menú “2gether”, un par de bebidas y helados de chocolate y salieron rápidamente debido a la insistencia de Taekwoon.

– ¿No podemos comer aquí?

– Mejor no, se esta haciendo tarde y estamos un poco lejos de… nuestro próximo destino, no quiero llegar tarde.

– ¿No vas a decirme dónde vamos?

– No, y no pongas esa cara, es una sorpresa.

Hongbin dejó de hacerle ojitos y le sacó la lengua pero finalmente le siguió fuera del establecimiento.

¿No puedes ni darme una pista?

Taekwoon negó con la cabeza.

– Porfa… – insistió tirándole de la manga.

– Cuidado, se te van a caer los helados, ¿quieres que los lleve yo?

– ¡No cambies de tema! Por lo menos dime si vamos a tener que coger el metro

Se lo pensó unos segundos y después asintió. Hongbin le pasó los helados para comprobar si tenia tarjeta de metro o tendría que comprarla y entonces paró en seco.

– Oh no…

– ¿Qué pasa? -preguntó alarmado

– Me he dejado la cartera en el restaurante…la he dejado un momento en la encimera para coger las cosas y…creo que no la he cogido

Se lo quedó mirando fijamente unos segundos, reprimiendo las ganas de gritarle, pues no quería hacerle sentir mal y sabía que tampoco había sido culpa suya. Si no le hubiese metido prisa para irse…. Suspiró, pasándose la mano por el pelo con frustración.

Hongbin le miraba expectante y preocupado, insultándose mentalmente.

– Taekwoon-ah…da igual, tampoco llevaba mucho y si volvemos atrás llegaremos tarde…

En verdad llevaba la paga de los dos últimos meses trabajando en la cafetería y todos los documentos, la tarjeta trimestral de tren… y una foto de su primera cita. Pero en ese momento prefería perder todo eso antes que chafarle el plan que hubiese preparado después del chasco del restaurante.

– No, da igual, vamos – respondió finalmente, cogiéndole de la mano para volver corriendo por donde habían venido.

Llegaron en apenas 10 minutos, también con las mejillas rojas de correr pero serios, calculando mentalmente el tiempo. Taekwoon ya sabía que no iban a llegar a tiempo; el concierto empezaba en media hora y si tenían suerte llegarían en 45 minutos, lo más probable era que no encontrasen sitio.

Por suerte la cajera les reconoció y les dio la cartera enseguida, en apenas un minuto volvían a estar en la calle.

Llegaron al metro que el tren entraba en la estación, lleno de jóvenes que iban de botellón o a otros conciertos.

Cuando bajaron en la estación pasaban 15 minutos del inicio del concierto, cruzaron la multitud de gente que andaba con parsimonia por las calles y llegaron finalmente al estadio descubierto. Se oía la música y los gritos de los fans y los focos iluminaban el parque. Taekwoon le arrastró hasta la entrada, cruzando los dedos para que por favor les dejasen pasar.

– Lo siento chicos, el aforo está completo

– Por favor – suplicó todavía recuperando el aliento – podemos estar de pie…

– No, lo siento, el aforo limitado es por un tema de seguridad, no hay excepciones.

– … Está bien, gracias…

Se alejaron de allí en silencio, todavía cogidos de las manos y con la comida ya medio fría. Todo a su alrededor, los árboles estaban cubiertos de carteles que anunciaban el concierto “Concierto de Fin Año! Para todos los públicos. Gratis. Park Hyo Shin, Brian Joo, Girl’s Day, Jung JunYoung… ¡y muchos más!”

Taekwoon con la mirada fija en el suelo, despotricando internamente contra el conductor del metro por demasiado lento, contra la dependienta por no haber visto la cartera enseguida, contra el frío, contra la chica encargada de las entradas, contra el karma y básicamente contra el universo entero.

– Lo siento… – dijo Hongbin al fin, deteniéndose y obligando a su novio a levantar la mirada – con lo mucho que te lo habías currado y la ilusión que te hacía… si no me hubiese dejado la cartera…

– Eh – le paró él, levantando su cara para mirarle a los ojos y haciendo un esfuerzo para apartar los pensamientos asesinos de su mente – no es tu culpa ¿vale? No pasa nada, tampoco me hacía tanta ilusión, era por ti, porque sabía que actuaba Park Hyoshin y que te haría ilusión.

Él sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.

– Park Hyoshin da igual hoy, solo quería pasar tiempo contigo…

Taekwoon no pudo evitar sonreírle, asombrado de que Hongbin pudiera ser tan dulce, tan precioso y quererle solo a él.

– Entonces estamos de acuerdo, ¿que te parece si vamos a comernos ese pollo frio tan exquisito delante del rio Han?

– Oh, suena genial – Hongbin sonreía totalmente ya, sin lágrimas asomando en sus ojos, y se le agarró al brazo buscando calor mientras le daba un beso en la comisura de los labios, tentándole. Era dulce y encantador, pero también sabía perfectamente como jugar con él, sabiendo que él nunca le besaría en los labios en público pero que de esta forma tendría muchas, muchas ganas de hacerlo. Frunció el ceño para demostrarle que sabia perfectamente a que estaba jugando pero su novio solo le respondió con otra de sus sonrisas brillantes mientras empezaba a andar hacia el río Han.

Por suerte estaba cerca y apenas 10 minutos después habían podido instalarse en un banco con vistas al rio, abriendo los paquetes de pollo y comprobando los desperfectos.

– Este esta un poco chafado pero entero y este otro… bueno, ha pedido un par de trozos por dentro de la bolsa pero no es grave. ¿Y los helados?

– Están bien.

– Genial, una súper cena con vistas al rio, ¿qué más quieres?

Taekwoon sacudió la cabeza, divertido y en el fondo profundamente agradecido de que le hubiese sacado de su modo auto-destructivo y que no le culpase del desastre que estaba siendo la noche. Tenía razón, por supuesto, lo importante era estar juntos pero Hongbin merecía mucho más y le hubiese gustado poder dárselo.  “Por lo menos todavía queda una última sorpresa…”

– Taekwoonie, di “aaah” – le miraba con expectación con un trozo de pollo en la mano.

– Binnie… – respondió con tono de advertencia.

– Porfa…

– Lee Hongbin, para de usar esa cara de cordero degollado conmigo, no va a funcionar.

Hongbin puso una media sonrisa maléfica.

– Hyung… por favor…

A Taekwoon se le secó la garganta de golpe. Era casi un ronroneo. Era el tono que usaba Hongbin en privado, cuando quería conseguir algo en la cama, el único momento en que le llamaba hyung.

Abrió la boca para replicar, para advertirle de que eso era jugar sucio, con una mirada que hubiese intimidado a cualquiera; pero Hongbin solo aprovechó para meterle el trozo de pollo en la boca, con una sonrisa satisfecha.

“Eres maligno, Lee Hongbin” decía su mirada.

“Lo sé, y sabes que te gusta” respondía su sonrisa.

Ya casi habían terminado de comer después de muchas bromas, sonrisas y manchas de salsa por todas partes cuando el ruido de una pequeña explosión les sobresaltó. Levantaron la cabeza al cielo nocturno de Seoul y vieron cientos de fuegos artificiales decorando la noche.

– ¡Oooh! – Hongbin se levantó corriendo hasta la barandilla del rio, observando el cielo con la boca muy abierta y los ojos brillantes – que bonito…

En seguida notó unos brazos conocidos abrazándole por detrás, apoyando su barbilla en su hombro, protegiéndole del frio.

– Es precioso Taekwoon-ah… ¿Sabes? Prefiero mil veces estar aquí, viendo los fuegos artificiales abrazado contigo y comiendo pollo que no en un concierto o en un restaurante pijo donde hay más plato que comida.

– Te quiero, Hongbin-ah – respondió solamente, enterrando su nariz en su pelo, abrazándole más fuerte.

– Yo también Taekwoon-ah, te quiero.

Taekwoon vio como Hongbin cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en él, dejando sus labios muy cerca de los suyos, respirando profundamente, rápido, expectante.

No hizo intento de besarle pues aunque le frustrase respetaba que no quisiera besarse en público, sabia que era más difícil para él de afrontar al mundo en esos temas. Así que no se lo esperaba para nada cuando notó sus labios en los suyos, primero suavemente, incierto, pero más seguro cuando notó los labios de Hongbin correspondiéndole con ganas.

Le giró para poder acceder mejor, arrinconándole contra la barandilla del rio Han, disfrutando del beso y olvidándose por una vez de lo que podía pensar la gente que les viese, aislados del mundo exterior que quedaba ensordecido por los fuegos artificiales que retumbaban todavía en el cielo.

Solo cuando notó las manos de Hongbin aferrándose con fuerza a su espalda mientras pegaba su cuerpo al de él y al darse cuenta que sus propias manos habían descendido hasta agarrarle el culo con fuerza se separó.

Hongbin hizo un pequeño ruidito de frustración, con un puchero infantil en su cara.

– Vamos, queda tu última sorpresa – le dijo antes de que pudiera dejarse convencer de alguna indecencia mayor.

– Hmm esta bien – aceptó después de pensárselo unos segundos – pero prométeme una cosa.

– Lo que quieras.

– Que si por lo que sea tampoco sale bien no vas a enfadarte ni ponerte en modo homicida.

– Si tampoco sale bien será la última vez que planee algo con dos semanas de antelación…

Hongbin rió suavemente, sacudiendo la cabeza con frustración pero divertido de las salidas de su novio.

– Esta bien, aunque dudo que seamos tan gafes, es por si acaso.

– Con la noche que llevamos… con un poco de suerte habrá un incendio o un ataque terrorista o algo así.

Esta vez si que rió con ganas.

– Vamos, vamos, gran gruñón.

Cuando Hongbin, un rato después, vio que se detenían delante de las puertas del Hotel Astoria se quedó boquiabierto, mirando al hotel y a su novio sucesivamente, planteándose si matarle por hacer una cosa tan cara o comérselo a besos por haberle traído a un hotel donde podrían tener mucha más intimidad y tranquilidad que en casa de cualquiera de los dos.

Al ver que no parecía tener demasiadas ganas de moverse del sitio donde se había quedado clavado Taekwoon le arrastró hacia la entrada del hotel, orgulloso de ver la mirada que se le había quedado.

Cruzaron el recibidor exquisitamente decorado con Hongbin todavía deslumbrado, mirando a todas partes, a los empleados con sus uniformes y las luces y decoraciones doradas que cubrían las paredes, dejándose arrastrar por su novio sin mirar donde iba hasta que llegaron al mostrador, a esperar para ser atendidos detrás de una pareja que parecían vestidos para ir a la Ópera.

– ¿En serio has reservado una habitación aquí? – dijo finalmente apartando la mirada de las paredes para mirar a su novio. Él asintió con una pequeña sonrisa.- Eres increíble, no quiero saber cuanto cuesta pero… una noche de hotel… – le miraba con una mezcla de adoración y deseo. Se mordió el labio, muriéndose de ganas de comérselo allí mismo pero se retuvo, optando por simplemente aferrarse a su brazo y susurrarle al oído – pienso recompensártelo con creces.

Taekwoon intentó disimular el sonrojo que empezaba a expandirse por su cara, maldiciéndole por decirle esa clase de cosas en público donde no podía actuar consecuentemente e intentando no pensar en toda la clase de cosas que sugería esa recompensa cuando de repente se dio cuenta de la cara con la que los miraban los trabajadores del hotel, especialmente la recepcionista.

“Mierda.”

Se recompuso y apartó un poco a Hongbin que seguía aferrado a él y avanzó hacia el mostrador, pues ya habían terminado de atender a la pareja anterior.

– Buenas noches, ¿que desean?

La chica les atendió con una mirada que escondía disgusto detrás de esa sonrisa servicial para atender a clientes.

– Tenemos una habitación doble a nombre de Jung Taekwoon.

– Lo siento, no hay habitaciones – respondió sin tan solo comprobar el nombre en la pantalla.

– ¿Q-qué?

– Ya se sabe, esta época del año…

Era una mentira, una mentira muy gorda, y Taekwoon lo sabía. Había temido algún problema o malas miradas por ser dos chicos en una habitación doble pero nada hasta ese nivel. Durante unos largos segundos de silencio incómodo se planteó denunciarles, amenazarles… pero sabía que no serviría de nada. Aún así no tenía intención de irse sin más, de aceptar la derrota, de dejar que provocaran que Hongbin dejara de sonreír con esa mirada de adoración sin luchar.

– Querrá decir que no quieren parejas como nosotros en el Hotel

La recepcionista se quedó desconcertada por unos momentos, sorprendida de que se hubiera atrevido a ponerlo en palabras.

– No, bueno…

– No hace falta que lo niegue, y no se preocupe, ya nos vamos, tampoco tengo ningunas ganas de quedarme ni un minuto más en un hotel lleno de ¡¡gentuza homofóbica!! – respondió con mala leche, subiendo de tono hasta casi terminar gritando. – eso si – añadió antes de darse la vuelta para irse de allí – espero que por lo menos me devuelvan el dinero o les meteré una denuncia.

Y salió de allí a grandes zancadas, arrastrando a Hongbin detrás suyo y mandando miradas asesinas a cualquiera que se cruzase por su camino.

Siguieron andando un buen trozo en silencio y a grandes zancadas, Taekwoon dejando que la ira se fuese apoderando de él hasta que llegaron a una plaza, a esas horas ya prácticamente vacía.

– ¡Joder! – gritó finalmente soltándole la mano a Hongbin y descargando toda su frustración en un puñetazo a la pared más cercana.

– ¡Taekwoon! – Hongbin corrió a cogerle las manos para evitar que hiciese alguna otra estupidez, mirando su mano por todos los lados para asegurarse de que no se había hecho demasiado daño. – ¿Es que no hemos sido suficientemente gafes ya como para que ahora te rompas una mano?

Él solo apartó la mirada, todavía furioso, pero sin apartar la mano herida de las cálidas manos de Hongbin. Le dolía pero sabia que no estaba rota y necesitaba desahogar su frustración en algo que no fuese Hongbin.

– Lo siento, ha sido culpa mía – continuó este con un tono mucho más apagado – tanto el llegar tarde al concierto como esto, si me hubiese comportado más fríamente probablemente no nos habrían echado…

Taekwoon seguía sin decir nada, no quería darle la razón ni hacerle sentir mal pero estaba demasiado enfadado y no confiaba en su capacidad de tragarse todo ese mal humor y no decir ninguna estupidez. Pero el silencio era otra forma de darle la razón.

– No, no es tu culpa…

Pero no sonaba muy convincente.

– Si, ¡si que lo es! Soy estúpido…

– No, no digas eso – levantó la mirada de golpe, pues si algo no iba a permitir era a la joya que tenia por novio llamándose estúpido, y entonces fue cuando vio como tenia los ojos rojos e intentaba reprimir sin mucho éxito las lágrimas que empezaban a asomarse. Y el terror a verle llorar, a hacerle sentir mal fue mas fuerte que todo el enfado. – Binnie… no llores…. – le dijo suavemente, levantando su cara y secando sus ojos con los pulgares.

– Pero…lo he fastidiado todo…

– No, no es verdad – le cogió la cara con las dos manos para obligarle a mirarle a los ojos – no has fastidiado nada, ¿de acuerdo?  Tú mismo lo has dicho, da igual donde vayamos o lo que hagamos mientras estemos juntos ¿no?

Él asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

– Es lo único importante y no vamos a dejar que un par de subnormales nos jodan la noche ¿vale?

– Vale…

Le besó en la frente y le abrazó, ya muy lejos de las ansias homicidas y solamente con ganas de abrazarle y protegerle para siempre.

– Taekwoonie…

– ¿Hmm?

– Te sigo debiendo una recompensa por todos los esfuerzos…

– ajá – se separó para poder mirarle, con todas las alarmas puestas al detectar el cambio de tono de su voz, de algo inocente a algo…seductor.

– Y aunque no sea tan genial como un hotel… mis padres no están en casa y mis hermanas tampoco creo que vuelvan hasta mañana. Podemos ir.. – le susurró al oído, agarrándose a las solapas de su chaqueta para poder acercarle a su cuerpo – y pasamos tiempo juntos recompensándote por todos tus esfuerzos…

Taekwoon sintió como el calor se extendía por todo su cuerpo, olvidándose del frio, del mal humor y de la frustración y llenando su mente solo del aliento caliente de Hongbin en su oreja, de sus manos en su pecho y de los recuerdos de todas las noches que ya habían pasado juntos, dándole muchas muchas ideas de lo creativo que podía ser Hongbin cuando se trataba de recompensas.

– Me parece un muy buen plan.

 

KUROKO

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Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : II “Pide un deseo”.

Pide un deseo letra

 

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: JRen (JR x Ren)

 

– ¡Feliz navidad! – exclamó levantando la copa.

– ¡Feliz navidad!!! – respondieron el resto levantando también sus copas y bebiendo.

Se sentía feliz. Tal vez no se respirara esa empalagosa felicidad navideña de villancicos y regalos y rojos y blancos y verdes, pero estaba bastante hasta los huevos de celebrar las navidades con la familia, con esa asfixiante familia de mujeres atolondradas. Este año, por suerte, Aron tenía el piso libre ya que sus padres estaban fuera, y Ren, junto con Minhyun y JR habían podido ir ahí a celebrarlo, con unas pizzas, unos pasteles y bebidas. Y un poco de confeti multicolor y cintas brillantes que se habían permitido y que había terminado por el suelo a los diez minutos. Daban algo de aire festivo, aunque no tanto como las carcajadas de Aron, a quien ya le está subiendo el alcohol, coreadas por sus amigos que no sabían si se reían de él o con él.

– Mi madre me montó una bronca cuando le dije que no iba a pasar la navidad con ellos… – murmuró Aron sin dejar de reír, tumbado y con la cabeza sobre las piernas de Minhyun.

– Joder – Se quejó Ren – pues tienes una edad ya. – Era el primer año que le dejaban a él, salir y quedarse a dormir fuera, librarse de la comida familiar del día de navidad (suponía que en parte debido al escándalo del año anterior) pero Aron era tres años mayor, él no debería ni siquiera tener que pedirlo.

– Ya, pero como ya voy a pasar año nuevo en su casa… – siguió este señalando a Min.

– Oye, si va a ser un problema… – empezó a disculparse, pero Aron le acalló con un dedo sobre sus labios y una sonrisa.

– Claro que no es un problema, quiero estar contigo.

Y Minhyun sonrió y se inclinó a besarle y Ren apartó la mirada sin saber si fingir que no lo veía o patearles para que parasen. Eran la única pareja empalagosa a la que toleraba, o más bien eran la pareja más empalagosa a la que toleraba. Su límite.

En vez de eso se giró hacia JR con un gesto de asco y unas risas en los labios, pero él le miraba, les miraba, con ojos entristecidos y algo furiosos y echó un trago a su bebida. Por supuesto, el culebrón no terminaba con la pareja romanticona. JR le había confesado hacía apenas unas semanas que estaba colgado de Min. En realidad tuvo que sonsacárselo, porque él no quería decirle quien era. Pero vamos, era tan obvio… La forma como les miraba, con esa mezcla de celos y autocompasión…

Ren suspiró y bebió también. Esperaba que se le pasase y no fuera a más, porque si no el grupito se iría a la mierda, y eran sus mejores amigos.

Era media noche ya, y los móviles empezaron a vibrar con mensajes de felicitaciones. Ren encontró uno de su hermana, un “feliz navidad anormal” que le arrancó una sonrisa sádica mientras le respondía. “Feliz navidad también hermanita, espero que te lo estés pasando muy bien con papá y mamá. Por muchos años.”

Le pareció un poco de mal gusto pues él mismo le había robado el novio el año pasado, o algo parecido. Y precisamente este acababa de mandarle también una felicitación. “Feliz navidad guapo. Parece mentira que haga un año ya que nos conocemos ¿eh? Jajaja espero que te lo estés pasando bien”.

Baekho… pensó entre divertido y cansado. Se habían visto un par de veces. Para follar y poco más. Y a veces hablaban, pero no mucho. Aún así parecía haberle cogido un cariño especial. Siempre era él quien abría las conversaciones, siempre era él quien le pedía para quedar. Y si bien a Ren no le molestaba en absoluto hablar con él (o follar con él) le tenía algo cohibido. ¿Y si se enamoraba de él o algo?

– ¿Algún mensaje importante? – le interrumpió JR acercándosele. Él le enseñó la pantalla sin darle mucha importancia y empezó a teclear una respuesta. JR frunció el ceño. – ¿Te sigue hablando?

– De vez en cuando – respondió Ren sin más. “Si, un año ya jajaja espero que también lo estés pasando bien. ¡Feliz navidad! ^^”

A JR le llegó algún mensaje también y sacó su propio móvil para responderle, aunque se quedó medio recostado contra su espalda. Fisgó su móvil pero no llegó a ver nada. Pronto tuvo otro mensaje él también.

“Minki, cariño, espero que estés pasando una feliz nochebuena. Espero también que este año te comportes. Me consta que estás solo con tus amigos y aunque preferiría otras compañías por lo menos puedo saber con quien estás. Confío en que no le arruinarás las navidades a nadie este año. Espero también que mañana por la mañana me llames para saber como te ha ido la noche y que vuelvas pronto para poder pasar un rato con tu abuela y tus tías. Estaría bien que no olvidaras tan a menudo que tienes una familia.”

Resopló, viendo la amenaza no tan disimulada que su madre siempre imprimía en sus palabras. Bien, estaba dispuesto a averiguar las consecuencias.

– ¿Jugamos al Sing Star? – propuso Min levantándose ya para encender la tele. Aron casi le hizo la ola y Ren se apuntó inmediatamente también. Antes le respondió un “si mamá” a su madre. A ver que le parecía.

Min empezó con un “Let it go” a todo volumen que todos corearon, Aron le siguió igual de motivado, pero JR le cedió a Ren su turno alegando que él no cantaba hasta que estuviese un poco más borracho.

Se peleó por el micro con Minhyun durante un buen rato, pasando de Lady Gaga a DBSK sin orden ni coherencia, pero de repente al terminar su canción no se encontró a su amigo a su lado reclamando ya su turno sino que este estaba repantingado sobre su novio, con las caras muy juntas y besándose de vez en cuando entre risitas y carantoñas. JR, a su lado, mantenía la mirada fija en la pantalla con gesto aburrido.

– Min, que te toca – le llamó Ren intentando interrumpirles.

– Mmm… – se lo pensó este – creo que paso, estoy cansado ya.

– ¿Estás cansado…? – le preguntó Aron con tono juguetón.

– Bueno, para cantar…

“¡Lo que hay que oír!” se exclamó Ren alucinando. JR soltó un resoplido frustrado y Minhyun tuvo la decencia de sonrojarse al menos, aunque su novio solo exhibía una sonrisa orgullosa.

– Buscaos otro día para hacer esas cosas – les espetó Ren cruzándose de hombros – hoy estamos todos.

Aron solo amplió la sonrisa.

– ¿Celoso porque tu no follas?

Minhyun le voló un capón, pero Ren solo se rió, ni siquiera se dignó a responder.

JR fue el siguiente en hablar, rompiendo el momento incómodo.

– ¿Vienes a mirar las estrellas conmigo Ren?

Le miró algo sorprendido. En parte le extrañaba que quisiese dar intimidad a la pareja sabiendo como iba a terminar eso, en parte le parecía lo mas normal del mundo que no quisiera ver sus carantoñas. Minhyun y Aron le dirigían también una extraña mirada. Eso le sorprendió aun más. Se suponía que no sabían nada ¿no? Hubiese sido muy raro que lo supieran.

Como fuera. Se encogió de hombros y le siguió a fuera, lanzándole a la parejita una mirada entre enfadada y divertida. En el fondo si no fuera por lo de JR le hacían mucha gracia. Pero quería ser un buen amigo y esas cosas no estaban bien. Aunque ellos no lo supieran.

Fuera el aire era gélido, y ambos volvieron a entrar en seguida a por los abrigos. Dentro la parejita ya estaba demasiado enfrascada en sus cosas y Ren aprovechó para dirigirles un “chicos, en serio…” una vez JR hubo salido ya, sin mirarlos en absoluto. Le pareció que se levantaban entre risas y alguna mueca para irse al cuarto de Aron pero lo vio solo de reojo, saliendo ya a la terraza con JR otra vez.

La ciudad, a sus pies, estaba preciosa con las calles resplandecientes y la luz en las ventanas donde cada familia celebraba su navidad, o donde cada grupito de amigos se había reunido para emborracharse como si no hubiese mañana, que había sido su idea. Con tanta luz el cielo estaba totalmente oscuro, sin ni una estrella, pero no parecían necesarias con las que ya colgaban de las calles. Tal vez no tenían las mejores vistas de la ciudad, pero no estaban nada mal.

Y Ren sonrió, inspirando el aire frío de la noche, dejando que le congelara un poco los pulmones y volviéndolo a sacar con una nube de vapor que le lanzó a JR en la cara. Él se quejó, riéndose y Ren se unió a las risas pensando que era una lástima que se hubiese enamorado precisamente de Minhyun, porque con lo guapo que era podría tener a cualquiera. A cualquiera que no estuviese con las hormonas revolucionadas por… bueno, por Aron.

A todo eso añadir que Aron era uno de sus mejores amigos también y que lo último que deseaba era que cortasen. Pero parecía absurdo ver a JR, que siempre había pensado que se llevaría a quien quisiese por su cara bonita (y por todas sus demás cualidades, si, también), sufriendo por un amor no correspondido.

Y desde luego lo que no quería era pasarse la noche de navidad dándole vueltas a eso o dedicándose a arreglarles la vida amorosa a sus amigos. Si es que tenía arreglo.

– Se está bien – le dijo más para romper el silencio que otra cosa. – Aunque haga frio.

Asintió, pero no dijo nada, y cuando ya sentía que el silencio volvía a caer como una losa fue JR quien habló.

– ¿De verdad te sigues hablando con ese tío?

– ¿Eh?

– El ex de tu hermana – aclaró – con el que te liaste el año pasado.

El cambio de tema le había pillado desprevenido, ni se lo esperaba ni entendía muy bien a que había venido o si encajaba en absoluto con el ambiente relativamente serio que se había creado.

– Si, bueno, tampoco mucho. – respondió quitándole importancia. – Siempre es un ligue fácil y ahora que se ha decidido a frecuentar ciertos ambientes… Nos lo hemos cruzado alguna vez, tu estabas.

– Si, si, pero no sabía que hablarais.

– A veces me abre. – se justifico sin entender aún a que venía tanto interés. – Y no se, es majo, pero tampoco le quiero dar mucho pie. Imagínate que se acaba enamorando, – terminó riéndose – menudo marrón jajajaja ¿Te imaginas que le llevo a una reunión familiar y mi hermana me lo roba? Quita, quita jajajajaja.

– Sería terrible – le siguió JR riendo también pero aparentando seriedad – Se repetiría la historia.

– Todo el escándalo… – Ren fingía estar también serio y preocupado, pero rompió a reír de nuevo – A mamá le daría un infarto. Jajajaja Ojalá.

– Anda, no digas eso – se quejó sin dejar de reírse en realidad. – en el fondo la quieres.

– Es mi madre bruto, – le soltó casi ofendido. – claro que la quiero. Es solo que a veces… la quiero bien lejos.

– ¡Ese amor de hijo! – exclamó levantando el puño como si fuese un vaso y chocando con él.

JR tenía una sonrisa preciosa. De pequeño había salido en un anuncio incluso. Y podría seguir haciéndolo porque de cuerpo no estaba nada mal.

Si, Ren sabía que no era sana una obsesión así con uno de sus mejores amigos. Bueno, obsesión tampoco, pero, para decirlo de algún modo, era consciente de su atractivo, de su potencial como amante. Anda que no se lo había imaginado de veces. En la cama o algún sitio parecido, y desnudo, siempre desnudo…

Pero JR era su amigo y esas cosas no se pensaban de un amigo. Aunque fuese el único del grupo que pensase así.

JR se recostó en la barandilla metálica, quejándose de que estaba fría y Ren le imitó, pero notaba como volvía el silencio y no le gustaba. Era un silencio demasiado serio, demasiado profundo, y él había ido a hacer locuras.

– Debería haber estrellas fugaces – le dijo como indignándose. JR solo le miró sorprendido, repitiendo un “¿Estrellas fugaces?” – para poder pedir deseos. – explicó – Aunque bueno, esta noche también se pueden pedir deseos.

– ¿Eso no es por año nuevo?

– Bueno, por pedir… – se encogió de hombros. – me gustan los deseos.

– Te gusta pedir – le rectificó con una sonrisa burlona. Una sonrisa con la que, sinceramente, Ren se sorprendía de que Minhyun no hubiese caído. Aunque solo fuese por un polvo ocasional.

– Me encanta – le respondió con una caída de ojos, casi sin darse cuenta del tono sensual que le había impreso a sus palabras. Al segundo se dio cuenta y se envaró, preparado para estallar a reír de nuevo y dejarlo como una broma poco afortunada.

Pero JR no solo no rió, ni se apartó ofendido, sino que de repente le tenía frente a él, a apenas milímetros de sus labios, tan cerca que pudo sentirlos moverse cuando murmuró, en voz muy bajita.

– ¿Puede ser este mi deseo?

Hubiese mentido si hubiese dicho que pensaba en lo que estaba haciendo cuando salvó esos escasos milímetros y se dejó besar, moviendo sus labios contra los de él y buscando su lengua casi con avidez.

“Bien, si vamos a hacer locuras vamos a hacerlo a lo grande.” Se dijo pasándole los brazos por los hombros. No estaba lo suficientemente borracho para no acordarse al día siguiente, ni siquiera para que le impidiera pensar o pudiera justificarse. Pero que le mataran si no lo deseaba, si no le había tenido ganas a JR desde hacía semanas, si no llevaba calentón encima desde hacía meses.

Los besos no se alargaron mucho, quería sentirle a él, su cuerpo, su piel desnuda, algo bastante difícil con esos anoraks que le estaban tocando los huevos lo que no está escrito. Pero al intentar colar las manos por debajo del abrigo, el jersey de lana y a saber cuantas capas más de ropa JR se apartó, con una mueca de disculpa.

– Tienes las manos frías.

Ahogando un suspiro de frustración echó un vistazo a la salita donde habían estado, ahora vacía y le hizo un gesto con la cabeza señalando al interior.

– ¿Entramos?

JR asintió y le siguió dentro, a la caldeada habitación.

No dudó en quitarse el abrigo y el jersey, quedando en una camiseta fina con la que tenía escalofríos, pero no en ese momento, no anticipando lo que venía. Lo que esperaba que viniese. JR se quitó el anorak también y se le quedó mirando. Ren se sintió avergonzado unos segundos, preguntándose si no habría ido demasiado rápido a quitarse la ropa, si no le habría asustado. Pero fueron solo unos instantes antes de que JR curvase los labios en una sonrisa y se acercase a él con pasos lentos, llevando las manos a su cintura, pegándose a él para recorrer su cuello con su nariz.

– Eh. – se quejó Ren sintiendo el cosquilleo del roce sobre la piel. – no es justo que solo yo esté desnudo.

Su amigo sonrió y le dejó que se peleara con su ropa, intentando quitarle el jersey a tirones. Le ayudó, y cuando entre ambos consiguieron dejarle desnudo de cintura para arriba Ren le cogió por las caderas y se pegó a él. JR respondió con un jadeo sorprendido que quedó ahogado entre los labios de Ren.

Su cuerpo reaccionó vergonzosamente rápido, pero su amigo parecía igual de excitado. Sonrió entre besos y llevó la mano a su entrepierna, deslizándola suavemente por encima el pantalón.

JR gimió y de la habitación contigua les llegó un gemido también, este de Minhyun.

– No me puedo creer que lo estén haciendo. – murmuró Ren. JR soltó un resoplido que podría haber sido más convincente si no hubiese tenido la mano sobre su polla.

Estaba seguro de que en cualquier otro momento la idea de liarse con JR, su mejor amigo, le hubiese parecido una idea pésima y hubiese podido encontrar miles de razones para no hacerlo. Pero en ese momento, teniéndole delante medio desnudo y más vulnerable de lo que jamás había pensado que le vería le parecía definitivamente una gran idea. Y en cuanto a las razones para no hacer eso…

– Si salen van a vernos – reflexionó en voz alta. Y ni siquiera podría justificarlo como que estaba borracho, apenas había bebido. Aunque no era como si les pudieran decir mucho precisamente ellos. – ¿Nos buscamos un cuarto?

Los ojos de JR brillaban cuando asintió y su piel parecía más caliente que nunca. Definitivamente estaba muy bueno.

Abrió la puerta del pasillo para buscar un cuarto y cuando ya salía se acordó de una cosa y volvió atrás bajo la mirada sorprendida de JR. Casi siempre llevaba algún condón en la cartera porque, bueno, nunca se sabe que va a ocurrir, y se alegró de encontrar un par. Se los enseñó a JR y ahora si más decidido se metió en el pasillo para buscar una habitación.

Él le seguía algo cohibido, más cuando pasaron por delante de la primera habitación, claramente la de Aron. O si más no la que estaban usando.

– Esto ya parece un motel. – se rió. JR no le siguió la broma, parecía demasiado nervioso.

Se preguntó si no lo estaría haciendo solo por despecho y aunque sabía que debería parecerle mal no le importó en absoluto. Sabía que iba a follar y la idea le parecía magnifica.

Se metieron en la habitación más alejada.

– Es la de sus padres. – murmuró JR.

– Pues más nos vale no manchar las sábanas – le respondió cerrando la puerta tras él.

El ambiente se había enfriado un poco, su piel también. Tenía todos los pelos de punta del frío y cuando se acercó a JR este retrocedió por sus manos heladas.

– Tiene que haber un calefactor aquí – murmuró echando un vistazo a la habitación.

– No importa. – le respondió besándole de nuevo. Sus manos también estaban frías, pero Ren no se quejó, estaba caliente, ya le iría llegando el calor.

Le atrajo hasta la cama, tirando de él, le hizo sentarse y se sentó encima de sus piernas, removiéndose sobre él. Y no pudo evitar reírse de su cara de idiota.

– Tío, ¿has visto un espectro o que?

– Estoy viendo a un tío bueno restregarse contra mi paquete. – murmuró con la misma expresión pasmada – es algo nuevo.

De repente se sintió abrumado, nunca hubiese imaginado que sería él quien desvirgaría a JR. Sus primeras veces quedaban tan lejos ya… Pero bueno, iba siendo hora de que alguien lo hiciese. Hasta el final. ¿Por qué no él? Notando su pene duro bajo su cuerpo parecía hasta sensato.

Le empujó sobre la cama haciéndole quedar tumbado y siguió moviéndose sobre él. Las manos de JR fueron a su cadera cogiéndole para seguir el ritmo y pronto a ambos se les pasó el frío por completo. La ropa les sobraba y se deshicieron de ella con prisas. Fue raro porque, si bien se habían visto desnudos antes alguna vez, nunca había sido con esas intenciones. Y nunca TAN despiertos. Y mientras JR parecía resistirse a mirarle sus partes, aunque estaba claro que era lo que más deseaba, Ren se regodeó examinándole atentamente. Muy probablemente era su única oportunidad. Y le gustó. Mientras le recorría con la punta de los dedos y JR suspiraba con placer casi se sintió tentado a hacerle una mamada, pero no quería entretenerse demasiado. Además había el riesgo de que se corriese antes de tiempo y eso sería un chasco.

Volvió a besarle, tumbándose sobre él en esa cama ajena y girando para que JR quedase encima. Y se abrió de piernas. La mayoría parecía tener suficiente con eso.

Pero claro, él tenía que ser especial.

– Minki, yo… – nunca le llamaba por su nombre de verdad, y le cabreó un poco en ese momento. Lo hacía demasiado… intimo… – Ya sabes que no sé muy bien que hacer.

Le miró con cansancio y volvió a girar para quedar encima. Levantó el índice y le puso la mano delante de la cara, enseñándole el dedo. Luego levantó el segundo dedo y los juntó, para luego abrirlos en tijeras. JR abrió la boca en protesta y casi se sintió tentado de metérselos dentro.

– ¿Si? – se burló abriendo y cerrando los dedos. – Sabes perfectamente como funciona.

– Ya pero…

– Solo hazlo. – insistió frotándose contra él.

Resultó ser estímulo suficiente, pues pronto volvía a besarle con ansias, bajando las manos por su espalda hasta su trasero.

Le sintió presionando y le apartó casi con brusquedad.

– Bruto… – le riñó cogiéndole la mano y llevándosela a la boca. Se metió dos dedos y luego un tercero por si acaso, chupándolos con ganas bajo la casi extasiada mirada de JR que hundía los dedos en sus caderas con deseo.

Le encantaba su mirada, completamente a sus pies, y se entretuvo lamiendo sus dedos. Se sentía casi como si estuviera pervirtiendo a un niño por más que JR fuese mayor que él. También notaba su pene rozando su trasero y quería que el niño le pervirtiese y le diera duro.

Arrastrando toda su fuerza de voluntad se separó de él y buscó uno de los condones que sabía que había traído. Más tarde era capaz de olvidarse. Regresó y se lo puso a JR bajo su atenta y extasiada mirada. Parecía incluso patoso con los dedos pringosos de saliva en el aire. Sonrió y volvió a atraparlos entre sus labios, hasta que JR buscó besarle y soltó su mano que se dirigió inmediatamente entre sus piernas.

Era una lástima que no tuviesen lubricante. Porque si, con paciencia y saliva se conseguía igual, pero paciencia le faltaba un rato, debería confiar en su propio aguante al dolor.

Sentía sus dedos jugando dentro de su culo, primero uno, luego dos, después tres, como le había indicado, como debía hacerse. Y necesitaba más. Le quería dentro de una vez ya. Echaba de menos que le metieran una polla desde hacía meses y la espera le estaba poniendo ciego de deseo.

– Hazlo ya. – le ordenó mientras él mismo apartaba su mano y le empujaba para que quedase tumbado.

JR se resistió, robándole un último beso y Ren le empujó con más fuerza. Ya bastaba de moñerías, quería empalarse en él y cabalgarle hasta la saciedad. O hasta correrse, que venía a ser lo mismo.

Y cuando lo hizo le cegó el dolor, pero eso no le detuvo. JR se hundió en él con un gemido ronco y el cuerpo en tensión. Disparaba las caderas hacia arriba mientras Ren se mantenía aun quieto intentando acostumbrarse a la intrusión. Hubiese podido quejarse pero optó por dejarle hacer y empezar a moverse él también, cabalgándole. La sensación, ya conocida, de tenerle dentro, de tener a alguien dentro, no dejaba de ser molesta. Pero era solo al principio, luego, poco a poco, embestida a embestida y ayudado por su propia mano que guiaba la de JR al masturbarle la molestia se iba transformando en ese placer tan característico que crecía hacia el orgasmo a cada roce, a cada gemido, a cada sacudida de las manos de JR sobre su pene, del pene de JR dentro de él. Ese placer tan deseado que ya empezaba a sentir, que le iba llenando, que le empezaba a apretar las tripas de deseo cuando oyó más que sintió como JR llegaba al clímax, clavaba los dedos en su cadera y se corría dentro de su cuerpo con gemidos más altos de lo que él hubiera deseado.

“Mierda” pensó frustrado “¿Tan rápido? ¿Y ya está?”. El estaba a medias. Muy a medias. Justo estaba empezando a sentirlo. Pero JR había quedado bastante exhausto, respirando aún con jadeos y con la frente perlada de sudor, los ojos cerrados. Parecía incluso capaz de dormirse.

En vez de eso abrió los ojos lentamente, con dificultad con una muda disculpa en su sonrisa tímida.

– Lo siento… – murmuró.

Tuvo que decirle que no pasaba nada. Aunque si que pasaba. Se apartó y dejó que JR se quitase el condón de su pene aún medio duro y lo dejase por algún lado que esperaba tuviese controlado.

– Vigila – se aseguró de repetirle. Conocía a los padres de Aron, eran buena gente.

JR asintió y él se dejó caer a su lado con un suspiro frustrado. Acariciándose él mismo en vista de que la diversión parecía haber terminado.

“Pues menudo chasco.”

No tuvo que apañárselas solo como había previsto. JR gateó sobre la cama hasta él. Le besó en los labios casi con cariño y bajó entre sus piernas para dirigirle una mirada sumisa y de disculpa que era sin duda alguna lo más pornográfico que Ren había visto en mucho tiempo y bajó la cabeza, apartándole las manos y lamiendo su polla.

– Ah…

No pudo evitar gemir, aunque si consiguió recuperar la cordura lo suficiente como para apartar-le antes de que se la metiera en la boca.

– Había otro condón… – le dijo como toda explicación. JR asintió y se separó a buscarlo. Él se quedó donde estaba, masturbándose. Que se apañase. Aunque le había gustado el gesto. Y esa mirada…

Esa mirada que volvió a lanzarle mientras le ponía el condón y volvía a enterrar la cabeza entre sus piernas.

Debía aprender esa mirada. Era necesaria. Sabía que podía resultar bastante seductor, pero con una mirada así… Simplemente triunfaría. Y podría liarse al fin con el tío ese que estaba siempre ahí junto a la barra y que seguía diciéndole que era demasiado crío para él. Iba a ver quien era el crío.

JR se metió su pene en la boca, succionando, y con todo su cuerpo en tensión y los dedos entre su cabello revuelto Ren se imaginaba como ese tío al que había visto varias veces en la discoteca y quien no sabía ni quien era le follaba contra la pared entre gruñidos toscos y músculos duros y tensos. Mientras JR se la chupaba.

El orgasmo se le resistía y JR volvió a meterle los dedos. Se dio cuenta de que como no tenían más condones si querían hacerlo otra vez tendría que ser él quien le diera a JR. Sonaba a una idea interesante, pero antes de que pudiera proponer nada sintió como alcanzaba el clímax al fin, y se dejó llevar por las succiones de JR, su cuerpo en tensión y sus propios gemidos. Se corrió dentro de su boca y le embargó una extraña satisfacción al verle tragar.

JR subió y se quedó tumbado junto a él, de lado y mirándole mientras él jadeaba aún y se deshacía del condón como había hecho él antes.

JR tenía una sonrisa estúpida, bobalicona. ¿Habría tenido él esa sonrisa después de su primera vez? Era posible, aunque JR siempre había sido mucho más sentimental. Pensaba que eso le impediría precisamente hacer locuras así, pero parecía contento.

– ¿Ha estado bien? – le preguntó. Para él no había sido tan malo al final. – Aunque no fuese Minhyun. – añadió.

– ¿Min? – le preguntó casi riéndose.

– Me dijiste que te gustaba.

– No seas tonto – se rió, acercándose con un cariño que hizo que se dispararan todas sus alarmas. – Estaba intentando declararme. – le explicó para su espanto y horror – no me atreví y tu supusiste que hablaba de Min y fue más fácil decirte que si. Pensaba que ya lo sabías.

Le sonreía y Ren, a punto de entrar en pánico, se vio obligado a preguntar.

– ¿El que?

– Que es de ti de quien estoy enamorado – le respondió con soltura, pegándose a él y besándole en los labios. – desde hace años.