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Raíces

Ni siquiera me atrevo a ponerle categoria a esto… Ni siquiera sabia si sería legal publicar algo así (?) pero bueno, me he decidido y aquí va. 

Basado en el MV drama version “WOLF” de EXO. http://www.youtube.com/watch?v=nM0gJ8_cdOw (wulf! ulf! urf!) XDD

 

 

– Te perseguirán.

– Me esconderé.

– Te encontrarán.

– Huiré.

– ¿Y si te descubren?

– Huiré.

– No puedes huir de todo. No puedes huir de lo que eres.

Sus palabras resonaban en mi cabeza. Se equivocaba, si podía hacerlo. Por eso había dejado todo atrás.

Cuando llegué a la ciudad cambié todas mis costumbres. Yo cambié. Ropa nueva, colonia, tinte. Me duchaba a diario, me lavaba con jabones cuyo hedor hería mi olfato. Estaba decidido incluso a camuflar mi olor.

Conseguí un apartamento, conseguí una plaza en un instituto, conseguí un trabajo. Aprendí a vivir rodeado de humanos, aprendí a ser uno más de ellos, hasta que llegué a creérmelo. Llegué a creer que Kai, Tao y los demás eran mis “hermanos”, llegué a creer que la chica que me sonreía en el asiento de al lado podría algún día ser algo más que una desconocida, llegué a creer que solo era uno más.

Por eso el día en que ellos llegaron comprendí al fin las palabras de Kris. “No puedes huir de todo, no puedes huir de lo que eres”.

Podía huir del clan, podía huir de los protectores que nos entrenaban para luchar contra ellos a muerte. Pero no podía huir de mis amigos, no podía huir de mi “familia”. Por primera vez había echado raíces, y era incapaz de cortarlas.

Me encontré con ellos en pleno centro. Eran tres. Corrí por calles cada vez más estrechas, intentando darles esquinazo aunque sabía que eso era un disparate. ¿Escapar de ellos en una carrera? Debí haberme vuelto loco.

Loco no, débil, por no ser capaz de enfrentarme a ellos, por no ser capaz de cortar las raíces que había echado en tan poco tiempo.

Me alcanzaron. Sus garras se hundieron en mi brazo cuando me cogieron para detenerme. El golpe contra el suelo retumbó en todo mi cuerpo, saltaron hacia mí, con los colmillos por delante, y fue entonces cuando reaccioné. Tensé mis músculos, encendí mis ojos y me defendí a zarpazos y dentelladas.

Cuando al fin conseguí escapar tenía la ropa desgarrada y empapada en rojo, un colmillo suelto, un par de costillas rotas y un ojo que no conseguía abrir. Pero ellos no habían terminado mucho mejor, y mis heridas sanaban rápido.

Me refugié en el pequeño apartamento que había conseguido. Quemé toda mi ropa con mi sangre, las vendas y el apartamento entero, recogí mis cosas, borré mi rastro y corrí.

O eso es lo que debí hacer.

No fui capaz de quemar el que había sido mi hogar, no fui capaz de abandonar a mi nueva familia.

Me duché, lamí mis heridas como un gato apaleado hasta que se cerraron y recé a la tierra, al viento, al agua y al fuego para que no me encontraran.

Y seguí como si no hubiera pasado nada.

– ¡Hey Lu! – Me llamó Kai – ¿Qué te ha pasado? ¿Te has peleado con un gato?

Se río, y no era para menos, las profundas heridas del dia anterior ya solo parecian arañazos, y me reí con él.

– Peor, una valla.

– Que inútil…

Nos reímos, hicímos bromas y olvidamos el tema, como si no hubiese pasado nada.

Ignoré mi primer encuentro con ellos, igual que ignoré el segundo, el tercero, el cuarto y todos los que vinieron luego. Me creía fuerte protegido por mi familia. Me sentía intocable protegido por el amor. Me sentía seguro.

Pero en el fondo estaba inseguro, porque sabía que todo eso no era más que una ilusión.

Salía con los chicos, jugaba a básquet y a futbol con ellos y salíamos por las noches. A beber, a buscar chicas…

Kai me consiguió a mi chica, mi compañera de clase. Disfruté de sus citas, de charlar con ella, de verla sonreír y sonrojarse,  de sus caricias suaves y los besos que jamás debí haberme permitido.

Y de algún modo, era como si todo estuviera bien.

Pero cuando estaba solo tenía miedo. Estaba aterrado. Apenas si pasaba por mi casa. Cambiaba el jabón con el que me lavaba para que no pudieran ubicarme un olor en concreto, daba largos rodeos para llegar a casa, algunas noches ni siquiera iba allí. Estaba siempre alerta, atento a cada sombra, a cada rincón, a cada movimiento a mi alrededor. Empecé a entrenar de nuevo, aun más duro que cuando los protectores nos vigilaban. Apenas dormía, aunque me forzaba a ello, necesitaba estar más fuerte, necesitaba estar al cien por cien. Si les ganaba definitivamente dejarían de atormentarme. Si conseguía sacármelos de encima no tendría motivos para estar asustado.

Pero lo estaba, moría de miedo, sabía que en cuanto me despistase saltarían a mi cuello. Y las ojeras se marcaban cada día más profundas, las heridas se cerraban cada vez más lentamente. Cada vez ofrecía un aspecto más lamentable. Y les tenía a todos preocupado.

– Lu, das pena.

– Ya tiene más ojeras que Tao.

– ¿Te ha mordido un zombie?

Aunque los chicos se lo tomasen a broma sé que se preocupaban. Pero ¿Qué podia hacer? Nada, así que bromeaba también.

– Me has pillado, en realidad soy un zombie y he venido a mataros a todos… O a ganaros al básket.

Me reí, se ríeron, y seguimos jugando como si nada. Pero Kai me miraba preocupado, Tao no apartaba la vista de las vendas cada vez más abundantes, y Changyeol se la pasó preguntándome si necesitaba cualquier cosa.

– Sabes que puedes pedirnos lo que quieras. Lo que necesites.

Pero lo que necesitaba, era que ellos se fueran.

– ¿Estás bien Oppa? ¿Te pasa algo?

Con ella era aún peor, porque no podia bromear para desviar el tema, esperaba la verdad, una verdad que no podía contarle. Así que la distraje con besos y caricias, la llevé a su casa, y esa noche le hice sentir cosas que jamás había sentido antes.

En vez de cortar las raíces cada vez estaba echando más. Cada vez cavaba más hondo mi propia tumba.

La norma básica es no interferir con los humanos. No mostrarse ante ellos, no matarles, no hablar con ellos, no hacerse amigo suyo, no acostarse con ellos. Yo he infringido esa norma más veces de lo que parecería probable, pero jamás pensé que ellos lo harían también. Por eso me sentía seguro cuando no estaba solo, ni siquiera me paré a pensar que les estaba poniendo en peligro.

Cuando llegamos al parque y encontramos las pistas ocupadas mis amigos solo se quejaron, pero a mi se me heló la sangre. Ellos me querían, ellos me buscaban, y ya no querían esperar más, ya no les importaba que no estuviera solo.

Me tragué mi miedo, escondí muy hondo las ganas de salir corriendo y fingí ser más valiente de lo que soy. Más estúpido. Di un paso al frente, deteniéndoles cuando iban a acercarse a nosotros. Tenía que alejarles de los chicos, tenía que protegerlos. Que me llevasen, pero que no les tocaran. Así de hondas eran mis raíces.

Pero no conté con que no era el único que quería proteger a sus amigos, y todos y cada uno de los chicos se lanzaron a protegerme a mí.

De mis heridas debieron deducir que me metía en peleas callejeras, de mi actitud, que iba a pelear con esos desconocidos, pero no sabían nada más. No sabían absolutamente nada. Creían que podían ganar. Creían que podían contra ellos.

Y ellos, sabiéndose ganadores, saltaron sobre los chicos sin piedad.

Grité, viendo a mis amigos pelear contra esos monstruos, viéndoles sangrar. Me uní a ellos.

Por unos momentos pareció que podíamos ganar, podíamos mantenerles a ralla. Éramos más, y los chicos eran fuertes, para ser humanos.

Vi como dejaban inconsciente a Suho. Vi como mordían a Xiumin. Vi el pecho de Lay abierto por profundos surcos rojos. Vi a Chen gritar asustado ante sus ojos rojos, y a Baekhyun salir por patas temblando. D.O, Changyeol, Tao, Kai. Todos heridos.

Y ya no me importó nada. Encendí mis ojos rojos y salté a por ellos, preso de la furia, la desesperación, el dolor.

Luchaba una batalla que sabía que había perdido. No porque ellos fueran a matarme, sino porque la lucha ya no solo me implicaba a mí.

Abatí a uno, desgarré el costado de un segundo, y arranqué el tercero de Kai, Tao y Chen, con quienes peleaba.

Les maté, pero no vencí.

Aún con los ojos rojos, garras y colmillos sentí una mano sobre mi brazo, y por acto reflejo ataqué. No me di cuenta hasta que D.O gritó, aplastado contra el suelo.

Había matado a mis enemigos, y había perdido a mis amigos.

Kai me golpeó, furioso, y ayudó a cargar con D.O. cuando se fueron todos. Vivos, pero heridos, ensangrentados, con unas heridas en la memória que jamás hubieran tenido si yo no me hubiera metido en sus vidas, si yo no me hubiera aferrado a ellas. Changyeol y Tao fueron los últimos en irse. En los ojos del primero había miedo, en los del segundo terror.

Me desmoroné, llorando mi suerte hecho una bola.

“Los humanos solo traen problemas, los sentimientos solo traen derrotas”

– Tendría que haber huido. Tendría que haberme ido…

“No os permitáis sentir, no os permitáis querer, porque solo lleva al fracaso”

– Nunca debí haber pensado que esto podía funcionar.

Y cuando pensaba que no me quedaba nada por perder la vi a ella, observándome desde la entrada. Por sus ojos asustados y su cuerpo rígido no acababa de llegar. Lo había visto todo.

– ¿Quién eres? – Me preguntó temblando – ¿Qué eres?

 

 

SHIROKO

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El recuerdo de esa noche

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Libre

ADVERTENCIA: drama

Ante todo recordar que no me gusta escribir dramas… (?) Pero bueno, debía tener un mal dia :S y si, es triste triste, pero creo que tambien es bonito ^^

El recuerdo de esa noche.

Si cierro los ojos aun puedo verlo.

Como te acercaste a mí, esa mirada.

Llevabas un par de copas de más, aunque lo negases.

Recuerdo tus labios dulces, suaves. Besaste mis labios, y mi piel. Te entregué todo mi cuerpo, y tu lo tomaste, igual que tomaste mi alma y mi corazón.

Recuerdo tus dedos en mi cuerpo, el tuyo bajo los míos. El sabor de tu piel, de tus suspiros. Tan dulces, tan embriagadores.

Me sentí lleno de ti, en más de un sentido. Me cambiaste, me hiciste soñar despierto la mejor de las fantasías.

Dormí a tu lado, abrazado a ti entre tus cálidos brazos, y tu rostro fue lo primero que vi al despertar.

Mi ángel, mi sueño, mi amor.

Pero he caído en la realidad.

¿Me amas? No lo creo.

Tomaste mi corazón, que se hizo añicos en cuando lo soltaste.

Mi alma se partió con solo dos palabras tuyas.

“Nunca más” dijiste.

Y te fuiste.

Me dejaste. Me abandonaste, y te llevaste contigo mi amor, mis sueños, mi deseo, mi vida, pues todo te lo había entregado.

Mi corazón roto, mi alma partida y mis ganas de vivir que se fueron por esa puerta contigo, y desaparecieron en el momento en que la cerraste.

¿Y qué voy a hacer yo ahora? ¿Ahora qué te lo has llevado todo y me has dejado aquí, solo, abandonado, y sin nada más que el recuerdo de esa noche?

No puedo olvidarlo.

Tu cuerpo cálido, tu mirada ardiente, tus besos dulces.

Me dijiste que me amabas. Me abriste tu alma. Llenándome de la más pura felicidad. No, de algo aun más poderoso que solo puedo llamar Amor.

Tu amor, que aun siento empujando mi corazón a cada latido.

Jamás debí hacerte eso. Jamás debí atarte a mí. Y aun así no puedo soltarte. Atesoro el dulce amor que me entregaste. Tu corazón, lo guardo conmigo, incapaz de devolvértelo por más que sepa que esto no es lo correcto.

Tampoco puedo ir a buscarte. Ya no.

No puedo atarte a mí.  No ahora, no a ti.

Esa dulce sonrisa. No voy a borrártela.

Esos hermosos ojos. No voy a llenarlos de lágrimas.

A ti, no puedo hacerte daño.

Pero lo he hecho. Y me odio por eso. Odio al mundo, a mi condición y a las cuatro paredes que me rodean, que me ahogan, recordándome a cada segundo mi situación.

Sé que no me espera un destino feliz, pero tú debes vivir por los dos, debes olvidarme y seguir sin mí, porque yo no puedo estar contigo.

Olvídame, vive feliz.

Las lágrimas caen y mi cuerpo maltrecho me duele, pero no más de lo que me duele el alma por lo que te hice.

Nunca debí hacerlo.

Nunca más lo haré.

Debo alejarme de ti. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que las ataduras sean demasiado fuertes, antes de que no haya marcha atrás.

El recuerdo de esa noche me tortura, recordándome una y otra vez lo que nunca debí hacer. Pero también me llena de felicidad. Haber sentido eso al menos una vez. Haber estado contigo antes de que todo termine.

Que egoísta. No dejaré que sufras por mí, por mi egoísmo. Debo ser fuerte, por los dos.

Pero mientras mi cuerpo se rompe y la vida se me escapa con cada aliento me aferro a tu recuerdo. A la luz de tu sonrisa y al sonido de tu voz. Incapaz de olvidarte.

Vive por mí. Se feliz por los dos. Y olvídame.

Tu madre me ha llamado hoy.

Aun me duele oír tu nombre. Aun hace que sienta en mi pecho una punzada terrible. Justo donde debería estar mi corazón. El corazón que te llevaste.

Pero el dolor no es comparable al que he sentido cuando he oído sus palabras. Sus lágrimas. La Profunda tristeza en su voz.

He sentido mi alma romperse en mil pedazos, justo cuando había terminado de pegarlos.

Esto no es posible. No lo es. No puedes abandonarme. No así.

Te necesito.

Y he corrido. Como nunca lo había hecho. Avanzando en enormes zancadas por las calles de esta ciudad que ahora se me antoja sombría. Las lagrimas bañaban mi rostro, aun ahora no se han detenido.

No puedes hacerme esto.

Puedo aceptar que no me ames.

Puedo aceptar que no me quieras ver.

Puedo aceptar que quieras alejarte.

Pero no así.

No puedes irte para siempre, sin darme la oportunidad de seguirte.

He recibido un abrazo asfixiante. Tu madre se aferraba a mi igual que un naufrago a un salvavidas. Se hundirá si tú te marchas.

Yo me quedaré a la deriva. Esperando eternamente que regreses a mi.

Sus brazos me atrapaban con fuerza y sus lágrimas empapaban mi camisa.

Pero la he apartado.

Necesitaba verte a ti. Aunque solo fuese una vez más.

Me he detenido ante la puerta cerrada. Temiendo lo que iba a encontrar detrás.

No puedes irte.

No puedes dejarnos.

No puedes morirte ahora.

Cuando has abierto la puerta mi mundo se ha iluminado.

Eres mi luz. Solo tu recuerdo hace que mi corazón siga latiendo.

Pero no puedo hacerte eso. No puedo dejar que te ensucies con mi oscuridad. Tu luz tiene que seguir siendo pura, ya te he hecho suficiente daño.

Tal vez todo sería más fácil de no haberte conocido. Menos doloroso. Pero no me arrepiento de haberte amado. Has llenado mi corazón como ningún otro había hecho. Jamás olvidare eso. Pase lo que pase.

Pero tú si debes olvidarme. Porque no quiero ser una espina clavada en tu corazón. Debes ser feliz por mí. Por los dos. Olvídame, y haz como si no hubiera pasado nada.

Pero no te has ido. Te has acercado. Cada vez más.

Llorabas. Llorabas por mí. Lo que siempre quise evitar. Pero ya no podía escondértelo. Ya no puedo negar que quiero estar a tu lado. Aunque sea por última vez.

Has venido temblando hasta mí. A pasos lentos. Vacilantes. Probablemente sin creerte lo que veías. ¿Tan lamentable es mi aspecto? ¿Tanto refleja el tormento que siento?

Te has dejado caer de rodillas a mi lado, sin siquiera poder hablar, las lagrimas parecían querer ahogarte.

Y te he sonreído, no quiero que me recuerdes llorando.

No ha sido tan difícil. Tenerte aquí me ha hecho feliz. Tenerte a mi lado. Poder verte una vez más. Aunque sea la última, aunque sea así. Me he dado cuenta de que era lo único que deseaba. Que egoísta.

– No llores. Estoy feliz.

Y tú me miras incrédulo. Aun sin creerte lo que está pasando.

Y sigues sin decir nada. Me abrazas.

Mi cuerpo duele, pero mi alma se siente en el cielo entre tus brazos. Tus lágrimas me empapan.

No puedo devolverte el abrazo. Mi cuerpo no responde. Pero si puedo susurrarte al oído lo mucho que te amo. Lo mucho que lamento esto. Lo que en realidad quiero.

– No me olvides por favor. Se feliz por los dos. Se feliz.

Te has ido. Los enfermeros, vestidos de blanco, te han llevado con ellos. Intentaran salvarte, ¿Lo conseguirán? Tú no consideras que pueda pasar, yo me aferro a esa posibilidad, me perderé si abandono la esperanza de volver a verte, de poder ser feliz junto a ti. No hay otro modo en que pueda serlo.

Nunca lo ha habido.

Y pasan las horas. Segundos que se me hacen eternos como días enteros mientras espero un milagro.

Rezo a todos los dioses que conozco, y a algunos más. Les pido que te dejen quedarte. Porque yo te seguiré a donde quiera que vayas.

No pudo dejar de llorar. Lagrimas ardiente que se abren paso en mis mejillas como ríos de lava. Duele.

Regresa por favor.

Regresa.

No me abandones, te lo suplico.

Un grito desgarrado escapa de mis labios. La más pura frustración.

Caigo de rodillas al suelo, destrozado, consumido por esta salvaje agonía.

¿Cómo puedo estar sin hacer nada mientras otros luchan por salvarte? ¿Cómo puedo estar sin hacer nada mientras tú te enfrentas a tan cruel encrucijada?

¿Qué puedo hacer? Mas que pensar en ti, deseando una y otra vez volver a tenerte entre mis brazos, volver a ver esa dulce sonrisa y esos ojos oscuros, crear más recuerdos como el de esa noche, y mucho mas especiales. Deseo estar junto a ti, para el resto de nuestras vidas, duren lo que duren. Por que cuando tú te vayas mi corazón se irá contigo. Mi corazón, mi amor, mi alma y mi vida que me robaste esa noche son tuyos. Y te seguiré a donde quiera que vayas. Porque te amo, te necesito junto a mí para que mi existencia tenga un sentido. Mi función en este mundo es amarte. ¿Qué hare cuando tú no estés?

Nada, absolutamente nada.

Pero, de momento, no puedo hacer más que esperar.

No quiero vivir en un mundo sin ti.

Poco a poco siento el paso de las horas, como la vida se me escapa, como a cada segundo me alejo más de ti.

Pero no voy a permitirlo. No dejare que eso pase. Quiero vivir, quiero volver a ver tu sonrisa, oír tu dulce voz y sentir, de nuevo, tu cuerpo bajo el mío.

Intentan que mi cuerpo roto reaccione, que mi corazón siga latiendo, intentan retenerme aquí. Y yo me aferro con fuerza a la vida, la vida que, he decidido, quiero vivir junto a ti. ¿Sera posible? Nunca lo he creído, pero ahora… Lo deseo tanto…

¿Podré volver a verte si sigo pensando en ti? Si tu rostro ocupa toda mi mente y no hago más que oír tu voz en mis oídos “no te vayas, vuelve” ¿seré así lo suficientemente fuerte para regresar? ¿Para poder tenerte de nuevo entre mis brazos?

Mi mente es fuerte, y mi amor más. Mi determinación de seguir a tu lado, de no abandonarte ni ahora ni nunca, sea cual sea el motivo.

Pero mi cuerpo es débil. Mi cuerpo está roto.

Ya no siento el dolor, y sé que eso no es bueno. Me siento cada vez más cansado, más pesado, y comprendo que no hay marcha atrás, que todo esto está a punto de terminar.

No, no puedo. Tengo que volver a verte, tengo que besarte por última vez, tengo que oír por última vez mi nombre entre tus labios.

Pero no hay marcha atrás. Esto es el final.

Siento una lagrima caer por mi rostro inerte, y mi último deseo es que seas feliz, aunque yo no esté allí para verlo.

Poco a poco suelto tu corazón, que te robé esa noche y que era lo único que impulsaba al mío a seguir latiendo.

Caigo profundamente en la oscuridad, la noche eterna.

Pero hay luz en esta noche, porque tu recuerdo sigue brillando con fuerza en mi mente.

No me olvides.

No me olvides. Te oigo susurrarme. Siento una suave caricia sobre mi mejilla, y un profundo vacío.

Sé que te has ido, porque el mundo ha perdido su luz en el momento en que tu corazón ha dejado de latir.

Te has ido.

Para siempre.

Me has abandonado.

Nunca volveré a verte.

No grito. No lloro. No gesticulo como loco como hace tu madre cuando le dan la noticia. Solo me quedo quieto. Muy quieto. Tal vez si no me muevo será como si nada hubiera pasado. Si me quedo quieto el tiempo se detendrá, y tu seguirás vivo. Conseguirán salvarte y saldrás de ese quirófano con una sonrisa victoriosa.

No, nunca sonreirás de nuevo.

Nunca volverás a reírte de mis extraños peinados. Nunca volverás a sorprenderme abrazándome por la espalda. Nunca volverás a hacerme pucheros para conseguir lo que quieres, ni a suspirar cuando aun así yo me niego. Nunca volverás a mirarme con esos ojos de cachorrito. Nunca oiré de nuevo tu voz…

Una lágrima silenciosa cae por mi mejilla. ¿Estoy llorando? Qué extraño. No siento dolor. No siento nada. Es como si el tiempo se hubiera detenido. No oigo los gritos ni los llantos, y la gente avanza despacio en este mundo oscuro.

Un mundo en el que tú no estás.

Me cuesta respirar. ¿También se ha ido el aire de este mundo así como la luz? ¿Eras tú mi fuente de oxigeno? No me extrañaría, lo eras todo.

Y ahora… ¿Qué me queda?

Mi luz, mi sol. Este planeta ha perdido su punto de gravedad. Vaga perdido y sin rumbo en el universo oscuro.

No, no puede ser. No es posible un mundo sin ti. No es posible una vida sin ver tu sonrisa de nuevo. Te necesito tanto… Tienes que regresar. Tienes que volver. Y sé que vas a hacerlo, porque yo te necesito. Siempre me has cuidado cuando lo he necesitado. Siempre has estado a mi lado. ¿Dónde estás ahora?

Y de repente siento el dolor. El frío cuchillo clavándose en mí mientras la verdad se clava en mi mente.

No volverás.

Caigo, grito. Te has ido.

Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto. Muerto.

Alguien me abraza, pero no quiero que me toquen unas manos que no sean las tuyas. Alguien me dirige palabras de ánimo, pero no quiero oír una voz que no sea la tuya.

¿Por qué? ¿Por qué has tenido que irte? ¿PORQUE? ¿Qué hemos hecho para merecer esto? ¿Qué demonios le hemos hecho al mundo para merecer esta tortura, este tormento?

Realmente siento una tormenta dentro de mi, mientras las lagrimas caen cuan lluvia de mis ojos los relámpagos destrozan mi interior vacío.

No, me sentí vacío cuando te llevaste mi corazón, ahora siento que me lo han arrancado, y que tengo en mi pecho un agujero al rojo vivo.

Y me abrazo, porque siento que si no me caeré en pedazos, que no podré soportar este dolor.

Ni puedo hacerlo.

Me pediste que siguiese viviendo, que volviera a sonreír. Pero no puedo. ¿Cómo voy a vivir sin ti? Lo eras todo… Te lo has llevado todo. ¿Porque te has ido?

Después de mucho insistir me han dejado verte. Sé que ya no estás allí, pero necesito comprobarlo con mis propios ojos, necesito ver aquello que todos me dicen. Que te has ido. Que ya jamás volverás a sonreír, ni a llorar, ni a enfadarte,…

Avanzo muy lentamente hacia ti, en esta pequeña sala. Tiemblo a cada paso, tiemblo de dolor y tristeza, y de miedo de comprobar que todo es cierto.

Y allí estás, durmiendo plácidamente en esta caja oscura. De pequeños jugábamos a que éramos vampiros. ¿Tanto te lo has creído que ahora duermes en un ataúd? Porque no puedes estar aquí por nada más, no puede haber otro motivo, ¡me niego a aceptar otro motivo!

¡No puedes haberte ido! Estoy perdido sin ti. ¿Porque me has hecho esto? ¿Porque te has ido???

Mis manos te buscan, enlazo mis dedos con los tuyos, pidiéndole al cielo que te dejen volver a mi lado, pidiendo un milagro que se que no se va a cumplir.

Tu cuerpo aun está caliente, aun conserva esa calidez tan tuya que sentí esa noche. Tu piel es tan suave… Siempre lo ha sido, y yo moría por volver a acariciarla. ¿Por qué así Jjong? ¿Por qué han tenido que ir así las cosas?

Y no puedo evitarlo, quiero sentir otra vez tus labios sobre los míos, tu fuerte aroma, tu dulce sabor. Y beso tu cuerpo sin vida.

¿Despertaras como una princesa de cuento? ¿Serás tú la Blancanieves por una vez? ¿O dejarás que yo sea Julieta y te siga a donde quiera que estés, mi Romeo? Porque no pueden separarnos, sea quien sea que ha decidido nuestro destino, no se va a salir con la suya. Te amo demasiado para alejarme de ti, no dejare que nada nos separe, ni siquiera la muerte, porque ya no hay nada por lo que quiera vivir.

De pequeño pensaba que el mundo era fácil, que las cosas malas solo sucedían en los cuentos en los que había una bruja malvada que se entestaba en separar al príncipe de su princesa, en que un lobo feroz quería devorarte. Creía que en la vida real estábamos a salvo de todas esas cosas,  que nada malo podía pasar. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que el mundo es cruel, y de que las desgracias pasan a diario. La gente muere, las parejas se separan, y todos tenemos algo por lo que llorar. Bueno, tal vez todos no, y me alegro de corazón por los que sigan creyendo en un mundo de cuento de hadas. Pero para mi ese cuento se ha acabado, y me he dado cuenta de que la realidad a veces es más increíble que la ficción, y que superar los traumas es una actitud. No es importante qué hayas vivido sino cómo lo vivas, y perderlo todo no es motivo para perderte a ti también, poder seguir caminando aunque sea solo no es muestra de no amar a los que caminaban contigo, sino de respeto hacia ellos, porque es por ellos por los que sigues caminando.

Poco a poco recuerdo cada momento a tu lado, las imágenes se suceden una a una en mi mente y siento que soy afortunado de haberte conocido, que nunca me arrepentiré de haberte amado. De seguir amándote. Y precisamente porque te sigo amando sigo luchando cada día contra este mundo que perdió todo el sentido el día en que te fuiste, para cumplir la promesa que te hice. “No me olvides, vive por los dos” Me pediste. Y lo estoy haciendo. No te he olvidado, no podría hacerlo. Y sigo levantándome cada mañana, enfrentándome a cada día. ¿Me ves? ¿Estás orgulloso de mí?

No puedo decir que sea feliz ahora. Aun después de dos años el recuerdo sigue siendo amargo, sigue doliendo, pero he podido acostumbrarme al dolor, poco a poco he recordado como se sonreía, tal vez incluso un día conozca a alguien que me dé un corazón para suplir el que tú te llevaste esa noche… No lo creo, pero podría ser ¿No? Y sé que no te importaría, que estarías feliz por mí, porque aun si eso llegara a suceder yo no te olvidaría, seguiría amándote.

¿Y tu? ¿Aun me amas? Sé que si, se que allí donde estés tampoco me has olvidado, sé que me esperas, y que aun quieres esperarme muchos años más.

A veces sueño contigo. No sé porque te cuento esto, ya lo sabes, eres tú que vienes a verme, para pasar juntos todo ese tiempo que desperdiciamos cuando aun podíamos estarlo. Es hermoso verte en mis sueños. Solo verte, pues no haces nada más que mirarme finamente, con esos ojos negros, y yo te miro también, y pasamos horas perdidos en nuestros ojos. Es hermoso. No dejes de visitarme, por favor.

Yo no te olvidare, jamás.

SHIROKO