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Ámame Profe. 34: Azul.

 

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Pasaban los días y la boda estaba al caer. “Las bodas” Pensó Baekho frente al espejo.

– Debería hacerme algo – se decía a si mismo – Dos bodas tan importantes y yo con estas pintas.

Ya asomaban las raíces negras entre el pelo rubio, pero reteñirse no parecía suficiente para una ocasión especial como esa. “Podría raparme otra vez…”

Terminó de afeitarse y al abrir el armario para buscar un jersey encontró el traje que había comprado para la boda de Sunyoung y Yixing, con la camisa azul. Iba a necesitar algo para la otra boda. “Si por lo menos supiera como va a ser…”

Ni Wonsik ni Hakyeon habían soltado prenda de cómo iba a ser la boda. Excepto en momentos de flaqueza y debilidad.

– ¡¡¡Vendrá su familia!!! – se había quejado Wonsik mientras tomaban unas copas.

Kyungsoo y él se miraron, encogiéndose de hombros. Hongbin llegaba tarde y Jongin no había podido ir.

– Pero así tiene que ser ¿no? Os casáis, es normal que quiera compartirlo con su familia.

– Pero no. – seguía el futuro “marido” desesperado. – no será una boda, será una fiesta, una puta locura, un desmadre ¡¿Por qué invita a su familia?!

– Tu habías invitado a tu hermana también – siguió Kyungsoo. – ¿Por qué él no puede?

– En primer lugar mi hermana es lesbiana – le replicó dando otro trago – Y es testigo. Y es solo mi hermana, tiene nuestra edad, y tal. Vienen sus padres. Sus hermanos, cuñados, sobrinos, primos, tíos lejanos… ¡¡¡Estará toda su puta familia!!! – Baekho apartó su vaso justo antes de que Wonsik dejara caer su cabeza sobre la barra. – Será horrible. – se lamentaba. – voy a pasar tanta vergüenza…

No consiguieron animarle así que optaron por emborracharle.

Para cuando Hongbin llegó, un par de horas más tarde, Wonsik estaba arrodillado ensayando como iba a pedirle al padre de Hakyeon la mano de su hijo mientras Baekho y Kyungsoo le cantaban el himno nupcial. Pero aún con el considerable nivel de embriaguez a ninguno le pasó por alto el “detalle” con el que llegaba.

– Tienes un chupetón – señaló Baekho. – ¿Ligue nuevo?

Hongbin negó, sonrojándose en parte por el espectáculo que estaban montando sus amigos y pidió una copa.

– ¿Has vuelto a ver a ese tío? – saltó Kyungsoo horrorizado. – ¡Está casado Binnie!

– ¡Cállate! – le respondió dando un trago a la bebida que acababan de servirle. – ya lo sé…

Wonsik le cogió del hombro animándole, pero Baekho no pudo evitar la tentación de sermonearle.

– No deberías involucrarte con un hombre casado.

– No deberías involucrarte con niños de doce años.

“¿Pero que???”

Decidió que lo había oído mal y pidió otra ronda para terminar de asegurarse de que olvidaba ese comentario.

– Vamos Hongbin – siguió Kyungsoo – en serio, ¿que pretendes sacar de esta relación? ¡está casado! ¿Que puede ofrecerte?

– Tengo las mismas posibilidades de que deje a su mujer y se case conmigo que tu de salir con Jongin. Y eso teniendo en cuenta que el matrimonio gay es ilegal…

“Jope, hoy está fino” Pensó Baekho viendo la expresión dolorida de Kyungsoo.

– Hablando de matrimonio – saltó Wonsik cortándoles. – Estábamos de celebración ¿recordáis? Hoy nuestro problema más grave va a ser que nos ponemos para mi despedida de soltero. Y os prohíbo preocuparos por nada más. ¿de acuerdo? – les miró a todos levantando su vaso y de algún modo consiguió que todos sonrieran, chocaras vasos y exclamaran:

– ¡Por los futuros falsos novios!

 

Minki sentía que en su casa se respiraban nervios. Todo eran preparativos, flores, menús, listas. Muchas listas. De cualquier cosa. Pero mientras su madre caminaba arriba y debajo del comedor recitando la distribución de los invitados en las mesas Yixing ponía música y salía a su encuentro, cogiéndola y dando vueltas por la sala.

También se respiraba amor.

Su madre sonreía, y Minki también mientras aplaudía al compás de la música, saltando tras ellos.

– Va, va, – les detuvo ella – que hay cosas que hacer. ¿Tienes que ir a buscar tu traje hoy ¿verdad? – le preguntó a Yixing aún atrapada entre sus brazos.

– Si. O mañana. Tampoco hay prisa.

– Va pos, ve a hacer la cena que yo te voy a buscar el traje. – sentenció ella alisándose la ropa.

– Vale amor. – él volvió a abrazarla, besándola en la mejilla – estás preciosa.

– Aish…

Minki se había vuelto a apalancar en el sofá con JR a la que había visto que se terminaba la fiesta. Tan apalancado que ni siquiera se le ocurrió levantarse en cuanto oyó que llamaban a la puerta. Su hermano si que hizo ademán de levantarse, pero antes de que lo hiciera la puerta ya se abría.

Era Baekho, con la gorra y las llaves en la mano.

– ¡Sunyoung! – fue corriendo hacia ella y la cogió de las manos, alterado. “Ni saluda primero” pensó Minki ofendido.

– ¿Que te pasa? – le preguntó la madre algo asustada.

– Acabo de hacer una de las tonterías más grandes de mi vida. – confesó asustándola a ella aún más, que le apremió a explicarlo y terminar con la intriga. Él, por toda respuesta, se llevó las manos a la visera de la gorra y se la quitó con un gesto dramático, aunque más dramático fue el grito de ella justo antes de estallar en carcajadas.

Ambos niños se giraron al oírla y rompieron a reír también, Minki cayendo de rodillas al suelo por la risa. Incluso Yixing salió de la cocina justo a tiempo para verlo antes de que Baekho, sonrojado hasta las orejas, volviese a ponerse la gorra.

– ¿Pero porque te has hecho eso?

– No lo se. Es horrible…

– Si.

– Parece… parece que lleve un helado de esos de nube en la cabeza

– Yo no lo hubiese dicho mejor.

– Dios, que horror. ¿Con que te lo has hecho?

– Me lo ha hecho la peluquera.

– ¿¿¿TE HAN COBRADO POR ESO???

Consiguieron que Minki dejase de reírse, pero volvió a estallar cuando Baekho se quitó la gorra de nuevo para que pudiesen evaluar la magnitud del desastre. Sunyoung, más considerada, aguantó la risa, mientras que JR, curioso, se acercó a tocarle el pelo, que brillaba en un radiante azul eléctrico.

– Es tan artificial… – murmuró.

– Tal vez si te lo lavas se destiñe un poco. – sugirió Yixing.

– Ya lo he probado.

– Pues este tinte mínimo es radioactivo – se burló Minki.

– Bueno, – se levantó Sunyoung poniendo paz – tengo que ir a buscar su traje, compraré un decolorante y te devolveremos tu rubio de siempre ¿vale?

Baekho asintió, agradecido, y volvió a ponerse la gorra antes de que Minki empezase a hacer chistes malos.

Yixing se desentendió del tema y volvió a la cocina, JR decidió acompañar a su madre y Minki desapareció en el piso de arriba sin avisar.

Baekho suspiró, volvió a calarse la gorra hasta las orejas y se fue a la cocina con Yixing.

– ¿Te ayudo?

Él le sonrió, le indicó algo y siguió trabajando.

– ¿Cómo te dejas hacer eso? – le preguntó.

– Yo… es que todo iba a ser azul. Su vestido, tu corbata, las flores, mi camisa. Pensé que combinaría, que quedaría bien. Quería hacer algo especial…

– Especial – Yixing sonrió – Desde luego es especial.

– Hyung, hyung. – volvió a aparecer Minki sosteniendo una cámara de fotos – quítate la gorra.

– Ni hablar.

– Vamoooooos. – saltó detrás de él intentando arrancarle la gorra. Baek corría para huír y terminaron dando vueltas a la cocina y la sala.

– Que no. – insistía mientras corría – No vas a hacerme ni una foto con esa cosa en la cabeza.

– Venga, para la posterioridad. – seguía persiguiéndole riendo – Algo así tiene que dejar un recuerdo.

– No. Ni hablar.

Huyó de él, apartó sus manos y le cogió para detenerle. Le quitó la cámara e intentó apartarle cuando consiguió quitarle la gorra y pasarle las manos por el pelo, despeinándole. Cayeron sobre el sofá y tubo que retenerle contra el mueble para impedir que llegase a coger la cámara.

El sonido de la puerta abriéndose cuando Sunyoung volvió fue como un milagro. Subió a lavarse el pelo, de nuevo, y justo cuando se quitaba la camiseta oyó la puerta del baño abrirse y el “click” de la cámara.

Minki huyó corriendo escaleras abajo con su preciada foto y Baekho suspiró y puso la cabeza bajo la regadera de la ducha. El agua salió azul, pero su pelo no quedó menos radiactivo.

– ¿Pero te han puesto tinte o marcador químico? – exclamó JR al verle el pelo mojado, aún más oscuro. “¿Que si me han puesto que?”.

Dejó que Sunyoung le embadurnara el pelo en crema decolorante y cenó con la cabeza envuelta en papel de plata.

Al quitarlo luego y volver a lavarlo había quedado de un azul más claro, desvaído, pero no rubio del todo.

– Está bien así – le dijo Sunyoung intentando animarle. Baekho no estaba convencido. Si quedaba mejor, pero seguía siendo azul y ya echaba de menos su rubio de siempre. O incluso el moreno natural. – Si te pongo más de esto se te caerá el pelo a trozos – insistió ella. – Así que más te vale que te guste.

Suspiró y se secó el pelo. Cuando volvió a mirarse en el espejo de la sala no le pareció tan horrible.

– Estás guapo – le dijo Minki parándose a su lado. – mucho mejor que antes.

– Pues menos mal. – se rió.

Minki sonrió también. Luego se rió, recordando el aspecto que tenía antes.

– Bueno, hemos evitado una catástrofe – le dijo divertido. Luego le miró, colgándose de su brazo – ¿Te quedas a dormir?

Baekho se encogió de hombros.

– ¿Por qué no?

 

Llegaron, como les habían dicho, alrededor de las once. Hongbin, Kyungsoo y Baekho fueron los primeros, junto con la hermana de Wonsik y su novia, aunque Jongin ya estaba allí. De hecho fue quien les recibió, alegando que el futuro matrimonio tenía que arreglarse.

El sitio que habían alquilado era grande, espacioso. Un pequeño vestíbulo de recepción con alguna habitación donde suponían se estaban arreglando la pareja y un patio donde se iba a celebrar la ceremonia. A un lado podían verse ya las mesas que los camareros contratados empezaban a montar para tenerlo todo apunto.

Ayudaron a colocar las sillas que quedaban y admiraron las flores que decoraban el altar y el jardín.

– No han reparado en gastos. – comentó Kyungsoo.

– Toda esta boda es una locura. – le respondió Jongin encogiéndose de hombros. – Ya que la lían, mejor hacerlo a lo grande. – Baekho asintió, igual que los demás. No quería ni pensar en la de dinero que se habrían gastado, igual que no había querido preguntar a Sunyoung. Iba a ser el día más importante de sus vidas, y lo valía. – Bueno, yo me voy a cambiar también – se despidió Jongin. – tengo que prepararme para mi aparición estelar. Todo el mundo va a estar mirándome y no tengo que atraer la atención. Va a ser difícil…

Baekho suspiró viendo como se iba. Buscaron sus asientos y luego volvieron al recibidor para empezar a dar la bienvenida a los primeros invitados que iban llegando.

Wonsik tenía razón, había acudido la familia de Hakyeon al completo, padres, hermanos, sobrinos, primos, tíos y demás parientes lejanos. Y entre ellos Baekho se encontró con una sorpresa.

– ¡Sanghyuk! – le saludó en cuanto le vio.

– ¿Baekho hyung? – le miró el chico asombrado – ¿Que haces aquí?

– Son amigos míos, Wonsik, Hakyeon.

– ¿Eres amigo de mi tío?

– Parece que si – respondió riendo. – Que pequeño es el mundo.

Hyuk seguía mirándole sorprendido, hasta que suspiró y se encogió de hombros.

– En fin. – murmuró. – Oye, – añadió acercándose a él. – supongo que cualquier chica que pueda encontrar aquí será lesbiana o prima mía ¿verdad?

Baekho se rió, asintiendo. Había oído de su fama de rompecorazones.

– Si, me temo que si. – respondió. El chico suspiró y siguió a su madre con las manos en los bolsillos.

– Nos vemos luego Hyung.

 

El patio se había llenado de vestidos coloridos, sonrisas y abrazos. De reencuentros emocionados entre familiares y amigos. Y de nervios, excitación, ansias de ver y felicitar a la feliz pareja.

Hongbin y Byulyi, la hermana de Wonsik, esperaban a ambos lados del altar como testigos, y el pequeño Eungyu, sobrino de Hakyeon, sentado en el suelo con cara de aburrido, guardaba los anillos.

Los invitados aguardaban en silencio. O eso hubiese sido lo deseado, pues una nube de murmullos flotaba en el patio.

– ¿Dónde se habrá metido Jongin? – le preguntó Kyungsoo a Baekho con impaciencia. Lo único que sabían sobre la boda era que Jongin iba a oficiarla, pero su amigo no estaba en el altar. “La va a liar” pensó Baekho.

No se equivocaba.

Jongin hizo su entrada triunfal avanzando por el corredor central con un abrigo negro largo y gafas de sol.

Algún crío, Baekho tuvo la sospecha de que fue Hyuk exclamó un “¡Matrix!” tras el cual se escucharon algunas carcajadas.

Jongin también sonrió, pero siguió andando muy profesionalmente hasta el altar, donde se giró de cara a los asistentes a la vez que en un movimiento excesivamente teatral se quitaba la chaqueta, dejando a la vista unos pantalones de cuero bajos, su torso desnudo y la cinta de cura alrededor del cuello.

“¿Pero que?”

En medio del murmuro de exclamaciones generales que oscilaban entre el “Que bueno está” y el “santo cielo que indecencia” Baekho sintió como Kyungsoo le clavaba las uñas en el brazo, con la mandíbula que le llegaba hasta el suelo y los ojos como platos.

– Respira… – tuvo que recordarle.

Jongin terminó por quitarse las gafas, se pasó la mano por el pelo contorneando todo su cuerpo al hacerlo y cambió su peso de pie, apoyando un brazo en la cadera y dejando caer el otro.

Siempre había sido un cabrón, pero ese día a Baekho le pareció incluso de mal gusto. No podía oficiar la boda de su supuesto mejor amigo y llamar la atención más que él. Iba a ser el protagonista de su día especial.

Pero no, no llamó la atención más que ellos. No, tampoco llevaban menos ropa que él, pero en cuanto se abrieron de nuevo las puertas del patio dejaron al publico entero sin aliento.

Y si, público, porque eso ya era un show en toda regla.

Andaban cogidos del brazo, sonriéndose. Wonsik terriblemente sonrojado, Hakyeon saludando con toda la desfachatez del mundo. Las uñas pintadas, los ojos delineados, los labios rojos de gloss y los ajustados vestidos marcando caderas a cada paso bajo el característico andar de los tacones.

“No te creo.”

Recordaba haber oído una discusión en Pantheon que había atribuido al alcohol sobre quien debía llevar el vestido de novia. Ninguno de esos vestidos era de novia, rojo pasión el de Hakyeon, largo y con un corte al lado por el que asomaban sus largas piernas a casa paso, azul turquesa el de Wonsik, corto a medio muslo y con ondas sobre los hombros.

Alguien entre los asistentes estalló en carcajadas, y eso rompió el silencio sepulcral que se había generado con su entrada. Ambos se reían, al igual que Jongin que se tapaba la boca para ocultarlo. La hermana de Wonsik, a su lado, aplaudía, y al otro lado Hongbin se debatía entre la sorpresa y el horror.

La futura pareja se detuvo ante ellos. Hakyeon se llevó las manos al pelo, recolocando las dos coletas negras con que llevaba recogida la peluca. Wonsik llevaba una cola alta, obviamente falsa también, con un tocado de plumas y brillantes.

“Pluma no les falta…” Pensó Baekho riéndose.

– Pardillos – murmuró Jongin en cuanto el silencio fue suficiente para dejarse oír. – Bueno, por si a alguno aún no le había quedado claro lo idiotas que pueden llegar a ser estos dos, aquí les tenéis, diciendo que se quieren casar. – empezó con desprecio. – ¿No os parece un desperdicio? Dos tíos como ellos, o bueno, hasta hoy yo pensaba que lo eran. Dos tíos tan guapos, que deberían ser decretados patrimonio de la humanidad para que todo el mundo pudiera disfrutar de ellos. Queriendo atarse el uno al otro de por vida, negándose a disfrutar de los buenos pecados de este mundo. “Hasta que la muerte les separe”. – Hizo una pausa, mirándoles, mientras ellos le miraban también riéndose, cogidos de la mano. Miró al publico, y cambió su tono fastidiado por otro más dramático. – pero ¿sabéis? En realidad hace siete años ya que firmaron ese pacto, que decidieron darse la vida el uno al otro. Y aunque parezcan una pareja de bolleras hormonadas las queremos. Así que si casarse es lo que quieren, ale, que se casen, y que le demuestren a este jodido mundo que el amor no entiende de sexos ni de edades, y que si el mundo no respeta nuestras normas nosotros no vamos a respetar las suyas.

“Como lo de las edades vaya por Minki me lo cargo” pensó Baekho sintiendo los ojos de Jongin fijos en él. Pero igualmente sonrió y aplaudió, igual de desconcertado que el resto del público, tal vez menos. Hacía muchos años que le conocía ya.

Los discursos de Hongbin y la hermana de Wonsik, como testigos, fueron bastante más convencionales. Por el ambiente en el que estaban y tratándose de un gay y una lesbiana en una boda falsa de dos Drag Queens, porque eso es lo que eran ese día, pareció de lo más normal. Hablaron de cómo se conocieron, de lo empalagosos que podían llegar a ser, de lo incómodo que era estar cerca suyo, sobretodo al principio, de cómo no habían dudado en ningún momento en esos siete años de relación, de cómo se miraban.

Ambos pronunciaron los votos, nerviosos, y se pusieron las alianzas conteniendo el aliento. Hakyeon estalló a llorar con el típico “si quiero” y segundos más tarde ambos se secaban las lágrimas el uno al otro.

– Anda, dejad de llorar y id a besaros, liaros, hacer el amor y disfrutad de vuestra vida de casados.

 

– Menudo locurón – exclamó Minki cuando Baekho le estuvo hablando de la boda. – ¿de verdad se casaron vestidos de tías?

– Que sí, que sí.

Luego se habían cambiado para el banquete, poniéndose pantalones y camisa los dos, la ropa que tenían que haber llevado en un principio. Baekho había bailado con ambos, les había secado las lágrimas a ambos y se había emborrachado con los demás. Los novios y el pequeño grupo de amigos se habían quedado hasta las tantas, gritando a lo loco, riendo, saltando, bailando, y tirándose dentro de la fuente, para salpicarse los unos a los otros. Habían cantado y habían rememorado sus adolescencias. Se fueron a dormir cuando el sol despuntaba y al día siguiente los novios habían despertado con sus cuerpos enlazados, alianzas en sus anulares y un intenso y punzante dolor de cabeza que resumía la fiesta a la perfección y que compartían con la mayoría de los invitados.

– Creo que me resfrié. – le confesó Baekho a Minki. – No se deberían celebrar bodas al lado de una piscina.

– Has dicho que era una fuente – rectificó el pequeño.

– Si, una fuente, pero con el poco de estanque debajo. Ya sabes.

– Si, si – asintió riendo.

– Pues ya puedes estar bien este sábado – le dijo Sunyoung sentándose con ellos. – o me van a oír esos dos. Mira que poner la boda una semana antes que la mía…

Meili, la hija de Yixing, había venido para la boda, pero al contrario que el resto de sus invitados de china había ido una semana antes para ayudar a ultimar los detalles y conocer un poco mejor a la que iba a ser su familia legal, por lo que se estaba alojando en su casa.

A causa de eso y de que no tenían mucho trabajo en el instituto cada tarde, o casi cada tarde, Hyuk y Tao acompañaban a JR a casa al salir del colegio, compraban merienda en la pastelería de la esquina y se quedaban a jugar y charlar con él.

– Que no Hyuk, que no voy a decirle a mi hermana lo buen chico que eres. – Exclamó JR concentrado en la play, reprochando mentalmente a Minhyun el estar trabajando y no allí con ellos.

– No es tu hermana – insistió este ofendido – si acaso hermanastra, y aún no.

– Que no quiero que te líes con ella – siguió ignorando el apunte – y menos aún tener algo que ver en ello.

El plan de Hyuk salió mal por partida doble, pues ella, con toda su belleza exótica y despampanante, prestaba más atención a Tao que le hablaba en su idioma que a los coqueteos de Hyuk.

– ¡Pero que está muy buena! – le insistió una mañana en el instituto.

– Jope, al final me pondré celosa – se quejó Gyuna medio en broma abrazándose a la cintura de su novio. Este negó con la cabeza, sonrió y se inclinó para besarla.

– Es guapa – admitió Tao – pero tampoco hay para tanto.

– ¿Que no hay para tanto? – exclamó frustrado. – ¡maricas!

No consiguió liarse con ella igual que Baekho no consiguió que Sunyoung le pasase otra capa de decolorante.

– Se te caerá el pelo si lo hago – le decía – además, ya estás guapo así. Es original y realmente te combina con la camisa.

– Pero es… chillón… – se quejaba él.

– Está bien – insistía ella – y si no haberlo pensado antes. – Baekho suspiró, abatido, y ella le sonrió para animarle – va, que te encuentro un novio chino en la boda. – bromeó guiñándole un ojo.

“¿Para que quiero un novio chino?”

Ni siquiera había intentado nada en la boda de sus amigos donde un ochenta por ciento de los asistentes eran gais. ¿Cómo iba a buscar novio en una boda hetero? Jongin le había dicho que estaba pal arrastre ya, a él y a Kyungsoo, que ya ni intentaban ligar, pero sobretodo a él.

– Que si, que tu nene es muy cuco, pero tiene doce años y tu estás a dos velas.

– Minki no tiene nada que ver con esto – respondió harto de que terminaran metiéndole siempre en las conversaciones.

“O tal vez si”. Pensó. Aunque no hubiese nada entre ellos, y fuese imposible que lo hubiese, no se había atrevido a hablarle a Minki de Jongsuk, el que había sido su amigo de pequeño y su amante en esa semana que estuvo en la isla, igual que no le había dicho que seguía mandándole mensajes.

“No es relevante” Se decía “Y no le debes ninguna explicación, demonios, es un crío”.

Lo de que era un crío parecía más cuestionable a cada día que pasaba, a medida que se iba estirando y creciendo, creciendo y estirando. El día de la boda, con su traje color beige, desde luego no parecía un crío, por más chalequito de colores que llevase.

Baekho ya solo le sacaba una cabeza. JR poco menos.

“Crecen demasiado rápido” pensó al verlos a ambos trajeados acompañando a su madre.

Ella estaba preciosa en su vestido de ribeteados azules. Le lloraban los ojos de la emoción al reunirse con Yixing ante el altar. Los ojos de él también brillaban.

Nadie se desnudó, nadie se transvistió y nadie lanzó al oficiante a la fuente una vez terminada la ceremonia, pero fue una boda hermosa.

Hacia el final del banquete, cuando traían el pastel, Sunyoung le hizo ponerse en pie para decir unas palabras.

– Vamos, vamos, le apremió Yixing también.

– Ay, esto… esto me ha pillado desprevenido, no se que decir… – se rió poniéndose en pié, se rascó la cabeza y luego alzó su copa en dirección a la pareja. – Creo que no hace falta que comente que son una pareja preciosa y todo eso, ya lo sabemos todos, ¡si no hay más que mirarles! – exclamó con una sonrisa. Entre la gente se oían risas, la mayoría más producto del alcohol que del discurso en si – Sunyoung, querida, sé que nunca has estado más enamorada. – siguió dirigiéndose a su amiga – Y sé que esto va a funcionar, porque ¿que podría separaros? – ella sonrió, al borde de las lágrimas de nuevo mientras su reciente esposo la abrazaba y besaba en la mejilla – ¡Si es que solo mirándoos…! – siguió Baekho emocionado – casi me siento enamorado solo de miraros a vosotros. Y siento que ni siquiera es necesario que os desee lo mejor porque estando juntos, vais a tener aún más. Felicidades. – terminó sincero.

Sunyoung se puso en pié para abrazarle, al igual que Yixing, y Minki se puso en pié también. JR había hablando antes, durante la boda, pero al pequeño no le habían dado la oportunidad.

– … ¿Puedo hablar? – preguntó poniéndose en pié. Su madre asintió con esa sonrisa que no conseguía borrarse de la cara – Mamá… eres afortunada. – siguió su hijo con el corazón en la mano – Lo he sabido siempre, porque tienes dos hijos que, vamos, somos geniales. – añadió riendo – Pero hoy lo siento aún más. Porque te miro y veo como le miras. Y veo amor. Veo una mirada que dice “te amo, te protegeré y estaré a tu lado para siempre”. Veo que os queréis, de verdad, se ve. Y sé que si algún día consigo que alguien me mire así, o con la mitad del amor que tenéis hoy en vuestros ojos. Si alguien con esos ojos me dice te quiero. O “si quiero”. Me sentiré la persona más afortunada del mundo.

La sala de banquetes se llenó de murmuros y aplausos mientras la madre, tapándose la boca con ambas manos, se levantó para abrazar a su hijo. Con fuerza.

– Gracias Minki – le dijo sincera – te quiero mucho.

– Yo también mamá. – le dijo su hijo mientras la abrazaba, con los ojos fijos en Baekho, a su lado en la mesa. – yo también te quiero.

 

Bailó con la novia, radiante aún con los lagrimones negros del maquillaje. Con la hermana de esta y su hijastra, o lo que fuera que tenía que considerar a la chica.

– ¿Vamos, tan mal te caigo? – le preguntó Baekho mientras bailaban. Meili le giró la cara aún más, fingiendo no oírle. Baek suspiró, llevaba haciendo eso desde que al segundo día de estar ella en la casa sus coqueteos se habían vuelto demasiado exagerados y había tenido que frenarla confesándole que era gay. – No se si te molesta que sea gay o que te rechazase.

– Ambas cosas. – murmuró ella. – menuda familia.

– ¿Por qué dices eso?

– Ambos críos gais y tu pululando por ahí.

– JR no es gay, tiene novia. – en ese momento ni siquiera se dio cuenta de que estaba aceptando que Minki si lo era. Ella tampoco reparó en eso.

– De eso nada. Me vio en pijama y se quedó igual. Gay hasta la medula. – Se imaginaba el tipo de pijama. Se imaginaba también la reacción del chico y no pudo evitar reírse. – Minki aún, ese como mínimo me miró.

“¿JR es más gay que Minki? Anda ya.”

– Minki es un crío, solo es curioso.

– Mola eso de que defiendas su heterosexualidad y tal. – murmuró ella irónica.

“Vamos, si ya es obvio”. Pensó para si. No volvieron a hablar en lo que quedaba de canción y intentó no encontrarse con ella a solas de nuevo. No conseguía que le cayese bien.

Bailó de nuevo con Sunyoung, y con Minki. Sobretodo con Minki. El chiquillo se le subía a los pies y se abrazaba a su cuello y dejaba que él les balancease a ambos para un lado y para el otro. Sonreía, feliz. Intentaron empezar una conga que no tuvo demasiado éxito, Minki probó el champán y lo escupió sobre el césped y dieron vueltas y más vueltas por la pista.

Recordó sus ojos oscuros fijos en él mientras abrazaba a su madre y le decía que le quería, era algo que no había conseguido quitarse de la cabeza aunque hubiese fingido no darse cuenta. Después de todo lo que había pasado ignorar sus pequeños gestos parecía la mejor opción. No una opción que pudiese durar para siempre, pero al menos era una opción.

 

 

 

¡Hola a todos! ^^

Sé que he tardado mucho a publicar este capítulo, soy consciente, culpa de los exámenes, a mi no me miréis, que he hecho lo que he podido (?) XD
Para el próximo capítulo hay un salto temporal, por lo que yo consideraba este como “final de temporada” y e prometí a mi misma unas vacaciones antes de seguir publicando. Vacaciones para escribir otros fic, y este también, para hacer crecer a Minki y dejar a Minhyun aceptar que Aron, aunque esté lejos, le sigue queriendo. Para que Sunyoung se acostumbrase a su vida de casada y Baekho fuese madurando en su terca cabecita esas nuevas ideas de que si, tal vez Minki tiene algo que ver en el echo de que no se sienta interesado por otros tíos. 

Mi intención era hacer una pausa ahora, pero no quería tardar tanto en publicar este capítulo ahora, así que no tengo muy claro que voy a hacer, puede que me tome una pausa ahora y no publique (este fic) en un par de meses o puede que me emocione un montón y la semana que viene os publique cinco capítulos XD (lo dudo mucho). Lo que si puedo asegurar es que estoy preparando un Spin Off sobre Tao que voy a publicar antes de empezar la “próxima temporada”. ^^ ¿tenéis ganas de leerlo?

Y nada más, gracias a todos por vuestra paciencia, por seguirme y esperarme, por vuestros comentarios que tanto me animan a seguir. ¡gracias a todos! ^^ ❤

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Ámame Profe. 33: Para siempre y hasta nunca.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Enero pasó entre exámenes, cualificaciones y peleas en la nieve. Un ligue de Tao y una novieta que Hyuk se trajo del pueblo, citas tomando chocolate caliente mirando la nieve para JR, abrazos cálidos y largas horas leyendo para Minki, lágrimas y besos para Minhyun.

Y de repente era febrero.

Aron llevaba unos días de vacaciones, de modo que ya había recogido todo y mandado algunas cosas, se había despedido de sus compañeros de universidad e incluso había ido al colegio a despedirse de los chicos que habían sido sus alumnos y de los profesores que habían sido sus compañeros.

Y había reservado esa última tarde para Minhyun, igual que tantas otras antes.

Aron se marchaba al día siguiente, por la tarde, pero Minhyun había decidido que no iría a despedirle al aeropuerto. No quería que le viese llorar. Otra vez. Por eso se prometió que no lloraría esa tarde tampoco.

“Últimamente parezco una embarazada o algo, tantas hormonas…”

Así que había intentado acallar las hormonas con más hormonas y Aron y él llevaban horas besándose y abrazándose desnudos. Era lo único que podía soportar. Si sacaba la guitarra y le seguía enseñando acordes como había estado haciendo esas vacaciones se pondría a llorar. Si charlaban aunque fuese de cualquier cosa trivial terminarían llegando al “cuando no esté” “cuando te hayas ido” “cuando ya no estemos juntos” y lloraría. Mientras le besaba no lloraba, así que bienvenidos fueran los besos, las caricias y los abrazos apasionados, bienvenidos fueran esas muecas silenciosas de placer, esas embestidas bruscas.

– Min… – tubo que pararle Aron al fin. – Estoy exhausto…

– No. – se negó, aún besándole, buscándole. – Más.

– Min… – le apartó, riéndose. – Vamos.

– No.

Volvió a reírse.

“Niño testarudo…”

– Ni siquiera me quedan condones ya.

– Pídeselos a Kris.

– JA. – “no le debo suficientes ya”. Rodó sobre la cama para quedar a su lado y abrazarle. – ¿Querrás que te mande un mensaje cuando llegue?

– No.

Aron le miró, sorprendido, preguntándole con los ojos el porque de un No tan rotundo.

– ¿Quieres que te responda yo cada día diciéndote que me quiero cortar las venas porque no estás aquí? – Tenía lágrimas en los ojos y Aron sintió como se le clavaba cada palabra, y a la vez no pudo evitar sonreír. Murmuró su nombre mientras le acariciaba los pómulos y este suspiró y se dejó caer sobre la cama, bocabajo. – Lo siento, me estoy comportando como un crío.

– Un poco – sonrió y se dejó caer sobre él, haciéndole cosquillas. – Vamos, sonríe. – le pidió tirándole de las mejillas. – Mira, tengo algo para ti.

– ¿Eh?

Se levantó de la cama, desnudo, yendo a buscar algo al lado del escritorio. “Disfruta tus últimas vistas al paraíso” pensó Minhyun mirándole.

Cuando Aron regresó traía la guitarra con él.

Dime que no me has compuesto una canción. – le advirtió mirándole muy serio. Aron sonrió.

No tengo tantas ganas de verte llorar, tranquilo.

Min desvió la mirada, haciendo morritos, pero volvió a fijarse en Aron, como se sentaba sobre la cama de piernas cruzadas, la guitarra entre ellas, dispuesto a tocar. Desnudo. “Jo, que sexy…”

– Creo que acabo de desarrollar un fetiche o algo… – murmuró entre dientes. Aron se rió al oírle y entrecerró los ojos al mirarle, con una exagerada pose de modelo. Consiguió hacerle reír y se sintió feliz. “Con lo guapo que está cuando sonríe…”

Bueno, toma – le dijo Aron al fin tendiéndole la guitarra – Mi regalo de despedida.

Minhyun le miraba, son comprender.

¿Que? – insistió, acercándole más la guitarra. – ¿¡Tu guitarra!? – exclamó sorprendido. Aron asintió, con una sonrisa, y Minhyun la cogió con suma delicadeza, como si se fuera a romperse. – Pero… pero… es… no puedes darme esto… es mucho…

Se encogió de hombros, con una sonrisa.

Quiero que la tengas.

Pero… es tuya, – seguía negándose asombrado – ¡es tu guitarra! Vas con ella a todas partes y… es…

No es para tanto – le quitó importancia con un ademán – tengo otra en casa – puntualizó. – Más buena. No la traje para que no le pasara nada así que realmente tampoco necesito esta. Y además ya he empacado y mandado las cajas y esto no me dejarán subirlo al avión así que…

Minhyun tuvo que aceptar eso y callarse, con un simple “oh”.

¿Estás seguro? – preguntó aún por última vez. Aron asintió, decidido y terminó de convencerle. – Gracias – murmuró abrazando la guitarra contra su pecho. Luego le miró, disculpándose – Yo… yo no tengo nada para ti…

“No necesitas darme nada” iba a decir, pero sabía que con eso no le convencería.

– Regálame una sonrisa entonces. – le dijo acariciándole el mentón. – prométeme que no te obsesionaras con esto, con nosotros, que seguirás a delante, que encontrarás otro novio. Aunque no sea ni la mitad de bueno que yo – añadió en broma con un suspiro de resignación. Minhyun se rió y Aron siguió hablando. – Lo único que quiero es que seas feliz.

 

Se fue tarde, muy tarde, cuando ya ninguna excusa valía para arañar cinco minutos más de tiempo. Le acompañó hasta la puerta, luego hasta la calle, y finalmente salió para ir con él hasta su casa. Se besaron, muy largo, sin que ninguno de los dos se atreviera a romper ese beso. Un beso que supo amargo pero también a muchas promesas.

Cuando finalmente se separaron no le dijo adiós, era una palabra demasiado dura para pronunciarla. Subió corriendo las escaleras y se encerró en casa, sintiendo en los ojos las lágrimas que se había prometido no derramar frente a él. Se abrazó a la guitarra que ahora era suya y se levantó para verle irse desde la ventana.

“Hasta siempre”

 

Hubiese sido una mentira muy descarada decir que no se había pasado la noche llorando. “Va Min, que no hay para tanto” se decía. “Se acabó, ahora es tu ex novio, puedes vivir con ello”.

No se parecía en nada a cuando había cortado con Minho. “¿Y que esperabas?” Eso le sonaba a algo demasiado lejano ya. Lejano y sin importancia. Aron era reciente, Aron era… Aron.

– Ay cariño – Murmuró Tao al verle por la mañana con los ojos enrojecidos que le delataban. Le abrazó y casi le arrastró hasta el colegio colgado de su brazo.

– ¿Ya se ha ido? – le preguntó Hyuk con toda la delicadeza que fue capaz, que no fue mucha. Pero le abrazó, igual que JR, que le cogió en sus brazos en silencio y estuvo todo el día a su lado, intentando hacerle sonreír. Hasta Minki fue a abrazarle, un momento que pudo escaparse a la hora del recreo. Le besó el la mejilla y le dijo que le quería, y que el mundo era injusto y que tenía que sonreír.

– Aún no se ha ido ¿verdad? – le preguntó JR mientras estaban en clase.

Minhyun asintió, ausente. Había un profesor hablando y alumnos tomando apuntes. O haciendo dibujitos en la libreta, a saber. Min ni siquiera hubiese podido decir que asignatura era.

– ¿Cuando sale su vuelo? – insistió su amigo.

– Tarde. A las seis y algo, las siete.

– ¿Por qué no vas a despedirle?

Negó con la cabeza, como si le molestase la idea.

– Me pondré a llorar otra vez y será ridículo. – le explicó. – Y ya no quiero que me vea llorar. – Miró a la pizarra y copió alguna palabra del esquema que había dibujado el profesor. – Me regaló su guitarra – añadió con una sonrisa. JR sonrió también.

– Creo que deberías ir. – le dijo – sería bonito ¿no crees?

Volvió a negarse, pero cuanto sonó el timbre que indicaba el final de las clases le cogió el brazo y le miró fijamente, decidido.

– Quiero ir. – casi le suplicó. JR sonrió, y ambos salieron corriendo para el edificio de primaria a buscar a Baekho.

– ¡Hyung! ¡Hyung! – le llamaba JR entrando en su clase. – necesitamos que nos lleves en coche al aeropuerto.

Les costó poco convencerle, aún menos cuando Minki llegó corriendo diciendo que quería ir también.

 

Llegaron al aeropuerto apenas una horas antes de que saliera su vuelo, Rezando para que no hubiese pasado aún los controles.

– Jo, esto es enorme. – se quejaba Minki – ¿Cómo se supone que le encontraremos?

– ¿Y si ya ha entrado? – Minhyun se mordía las uñas, nervioso.

“Quiero verle” pensaba “Aunque sea por última vez…” Callaba e intentaba no llorar porque se sentía demasiado dramático, pero le dolía. Le quería tanto que le dolía en el corazón pensar que no volvería a verle.

– Vuelve a probar de llamarle – le insistió su amigo. Asintió, y sacó el móvil para marcar.

Lo había intentado un par de veces mientras aún estaban en el coche, pero salía que estaba apagado. Y seguía apagado. “¿Será que ya ha pasado los controles y no tiene cobertura?” Colgó y volvió a intentarlo.

No podía irse. Tenía que verle, tenía que encontrarle para pedirle que volviera, que le escribiera cuando llegara a casa, que le esperase.

Corría buscándole, con los otros tres pisándole los talones.

Necesitaba encontrarle, verle. Que le besara por última vez, que le abrazase y le dijese que le quería. Por última vez.

Su teléfono seguía apagado. Resistió la tentación de estrellar su propio móvil contra el suelo y volvió a llamar.

– ¡Aron! – le gritó al aparato – ¡No puedes haberte ido! ¿Me oyes? ¡NO PUEDES!

– ¡Min!

Se detuvo de repente, mirando al móvil desconfiado. No, no le había hablado a través del teléfono. Estaba allí, arrastrando su maleta abriéndose paso entre la gente para llegar hasta él.

– No me he ido aún. – Le dijo le dijo al llegar a su lado. Sonrió, y Min saltó a sus brazos, asfixiándole en un abrazo que necesitaba tanto como él.

Minki, JR y Baekho se detuvieron tras ellos, se miraron y sonrieron, y se apartaron para dejarles espacio.

– Que bonito – dijo Minki.

– Min se pasará un par de meses rallando, sino más. – JR se quejaba, pero aunque el tono de su voz era de fastidio estaba sonriendo.

Baek sonrió también, llevándose a los chicos para sentarse en unos bancos ahí cerca.

– No entiendo porque es todo tan trágico. – soltó Minki mientras se dejaba caer sobre el banco. – Tampoco es como si no pudieran volver a verse. Si de verdad se quieren tanto Aron volverá, o Minhyun puede irse a Los Ángeles con él.

– Bueno, – se rió Baekho – yo me fui diez días y tu montaste un drama.

“¿Porque se pone al mismo nivel?” Pensó JR mientras Minki le sacaba la lengua y le explicaba porque la situación era muy diferente “¿Es que ya son novios?”

Suspiró y volvió la mirada hacia la pareja, que seguían abrazados, sin intención de separarse por lo visto.

– Pensé que ya te habías ido… – murmuró Minhyun junto a su oído.

No podía – le respondió Aron estrechando el abrazo y enredando los dedos en su cabello, aspirando su aroma. – Te esperaba.

Minhyun no respondió. Apretó los labios y se aferró aún más a él si es que era posible. Se negaba a creer que era la última vez que le abrazaba. No era posible. Aron era demasiado perfecto, encajaba demasiado bien en su vida como para desaparecer de ella.

No hacía tanto tiempo que le había conocido, y apenas tres meses des de que habían empezado a salir. Ni llegaba. Y aún así ya le parecían imprescindibles las tardes en su casa, volver con él del instituto, tumbarse en su cama a escuchar como tocaba la guitarra, que le enseñase, a tocar y tantas cosas más. Le parecían imprescindibles sus sonrisas, sus besos, sus caricias, el sexo. No podía imaginar como iba a vivir sin todo eso, sin Aron.

“El mundo es cruel…” Pensó enterrando la cabeza contra su hombro.

No quería separarse, no quería dejarle ir. Quería pasar las tardes a su lado, las mañanas, las noches. Quería dormirse en la misma cama que él después de hacer el amor, despertarse a la mañana siguiente y que sus ojos fueran lo primero que viera. Quería celebrar sus aniversarios a medida que fueran llegando. Y cumplir un año, dos, tres y muchos más. Quería terminar ese año a su lado al igual que lo habían empezado juntos, sellar con un beso miles de promesas de que se amaban y seguirían amándose. Quería descubrir si sería más alto que él cuando terminase de pegar el estirón, quería que le atase la corbata para su graduación, quería que ese candado que habían puesto juntos significase algo más que un recuerdo.

Quería tantas cosas…

No quiero que te vayas – susurró contra su hombro. Aron no respondió, pero sintió como sus brazos le apretaban. Sabía que él tampoco quería irse y se tragó las palabras.

Al final Aron se apartó, suspirando.

Tengo que irme. – le dijo. Y Min no supo si se refería a volver a América o a ir a coger el avión. No quería averiguarlo, volvió a pegarse a él y le besó perdiéndose entre sus labios.

– Escríbeme cuando llegues – le dijo cuando al fin se separaron.

Aron sonrió, encantado.

Cada día – le respondió respondido con voz dulce – cuando me levante y cuando me vaya a dormir. Te mandaré tantos mensajes que vas a hartarte de mi. – le prometió – Para que no me olvides.

“Nunca” Pensó mientras le besaba otra vez.

Cuando volvió a separarse fue porque ya anunciaban su vuelo y salió corriendo a pasar el control, tan justo que JR temió que lo perdiera mientras a su lado Minhyun deseaba que fuera así. Pero vieron despegar el avión y supieron que Aron iba en él.

JR le abrazó mientras una lágrima silenciosa caía por su mejilla. No había llorado hasta entonces, pero ahora que él ya no estaba ¿Para que reprimir más las lágrimas?

– Volverás a verle – le prometió JR.

Asintió, convencido de que sería así. No podía pensar en otra cosa.

“Ahorraré e iré a verle a Los Ángeles”. Se propuso. Y estaba determinado. Sabía que era un viaje largo y que tendría que hacer solo, que a sus padres les parecería una locura y que tendría que trabajar mucho para ahorrar tanto dinero. Pero no podía simplemente rendirse. No podía.

Dicen que el amor mueve montañas. Minhyun esperaba que fuese cierto, porque él necesitaba juntar dos continentes.

 

Si Minhyun volvió a llorar no fue en presencia de sus amigos. Encontró trabajo a la semana, en el puesto de palomitas y golosinas del cine, y se pasaba las tardes allí. Consiguió convencer a sus padres de que si ganaba él mismo el dinero le dejarían irse un par de semanas ese verano. O el siguiente. “En cuanto consiga el dinero”.

Se mandaba mensajes con Aron, un montón, aunque no coincidían casi nunca a no ser que Aron madrugase mucho y se conectase antes de ir a la uni, justo antes de que Minhyun se fuera a dormir. Eran ritmos diferentes, pero no eran tan difíciles de acompasar si se lo proponían.

– Pues me alegra verle tan animado – comentaba Hyuk después de que le acompañasen hasta el trabajo. – Pensaba que se derrumbaría y lloraría todo el día.

– Si, yo también – se rió Tao. – Me lo imaginaba a lo princesa llorona “mundo cruel, porque la vida es tan injusta”.

– Ja, pues menos mal que no.

JR no estaba tan convencido de que estuviese bien. Era cierto que nunca le había visto tan activo, pero estaba claro que no estaba tan feliz como se mostraba. De todos modos prefería ver como intentaba animarse a que se derrumbara “a lo princesita llorona” como había dicho Tao.

Había cogido la costumbre de ir a su casa los sábados por la mañana, para ayudarle a estudiar ahora que tenía menos tiempo y para verle. Le recibía somnoliento aún y con el pijama, desayunaban juntos y luego se iban a su cuarto a estudiar, o a charlar y contarse sus vidas o cualquier tontería.

Veía la guitarra de Aron siempre ahí sobre su cama, perfectamente cuidada. A veces cuando simplemente se tumbaban a charlar Min se abrazaba al instrumento, acariciando la madera con las yemas de los dedos. Como si no fuese la guitarra sino su propietario que estuviese entre sus brazos. Sabía que lo hacía inconscientemente, pero fue la primera señal que tuvo JR de que toda esa energía no era más que un muro.

Un muro que tardó sus buenos dos meses en caerse.

Encontró otro trabajo, justo antes de sus exámenes finales en primavera, un trabajo en una panadería que le ocupaba las mañanas de los fines de semana, las horas justas que le dejaba libre su otro trabajo en el cine.

– Deberías dejarlo. – le decía – Seguro que ni siquiera es legal que trabajes tantas horas. Y si es legal no me importa. Tienes que estudiar. Y dormir.

Obviamente no le hizo caso. Enfermó a la semana, ganándose broncas de sus padres, de sus amigos e incluso de Aron, que no dejaba de repetirle que se relajase, que no debía esforzarse tanto, que se cuidase un poco.

Dejó ambos trabajos aunque acordó volver a trabajar en el cine una vez terminase exámenes.

– Pagan bien – se justificó cuando JR fue a verle a casa.

– ¿Y de que va a servirte el dinero si te mueres?

– No voy a morirme de un catarro – se quejó con la voz débil por la fiebre.

JR suspiró y se sentó en la cama a su lado, acariciándole la frente. Estaba hirviendo, pero había estado peor el día anterior, cuando se había desmayado en clase.

-Descansa ¿vale? – le pidió preocupado – y cuídate un poco. No le haces un favor a nadie enfermándote así.

Minhyun se dio la vuelta y se tapó con la colcha, sintiéndose culpable.

– Min… – le llamó JR acariciándole el pelo, sintiendo como se encogía sobre si mismo.

– Le hecho de menos – murmuró. – necesito volver a verle… – le oyó sorber y supo que estaba llorando, se tumbó a su lado y le abrazó, con el grueso edredón entre ellos – necesito volver a abrazarle, que esté a mi lado. Y no solo unos días cuando vaya a verle, si es que llego a ir. Necesito verle, cada día, que esté a mi lado. ¿Por qué tiene que vivir tan lejos? ¿Por qué?

No tenía respuesta a su pregunta, igual que no tenía más consuelo para su pena que sus abrazos, así que le abrazó y dejó que llorase contra su hombro, que se desahogara.

– Lo siento Min – murmuró por encima de sus sollozos. – lo siento mucho.

 

Consiguieron que les hiciera un poco de caso a todos y descansara. Y se fue recuperando. Aron le llamó, al teléfono, aún gastándose una pasta en la llamada. Y Min lloró al oír su voz. Aunque eso le dio fuerzas otra vez.

Se recuperó e hizo los exámenes. Con la ayuda de JR y los demás consiguió aprobarlo todo aunque sus notas bajaron significativamente. Pero a nadie pareció importarle.

JR insistió en llevarle de fiesta después de exámenes. Para celebrar que habían terminado, para distraerse. Tao y Hyuk se unieron encantados y Gyuna fue también con sus amigas.

Estuvieron un rato juntos. Tao obligó a Min a subirse al podio mientras JR desde abajo se reía, bailando con Gyuna muy pegados, besándola de vez en cuando y apartando con malas miradas a las moscas que se le acercaban. Hyuk se lió con una de sus amigas y ambos desaparecieron.

– Eh, Gogó, ¿me dejas que te invite a una copa? – le ofreció JR a Min cuando Tao le dejó bajar del escenario. Este sonrió y asintió, y estuvieron retándose mutuamente a ver quien se terminaba antes la bebida.

– ¡Ya! – se reía Min al terminarse el tercero. – ¡te gano!

– Puta esponja… – se quejó JR riéndose.

Se reían aunque ya no sabían de que. Le abrazó y se lo llevó a bailar, muy pegados. Le miró a los ojos y le besó, rápido y corto, como hacía a menudo, pero los labios de Minhyun se pegaron a los suyos, le atraparon y le envolvieron. Le abrazaba y le besaba con ganas, casi con furia.

Le cogía por la nuca, enredando los dedos entre su pelo y apretaba sus labios contra los suyos, rozando su lengua, mordiéndole y absorbiéndole, bebiendo de él.

Le costó apartarle.

– No Min. – le dijo muy serio. – No quiero.

Aunque segundos antes estaba riendo ahora tenía los ojos aguados y una mirada suplicante. Se mordía los labios y una lágrima caía silenciosa por su mejilla. Volvió a abrazarle.

– No soy Aron – le decía. – lo siento, pero no soy tu novio, soy tu amigo, y no quiero que pase nada entre nosotros.

Le oía llorar y le abrazaba, meciéndole lentamente ajenos a la música rítmica y eléctrica que sonaba en la sala. Al final le sacó y esperaron fuera a los demás.

Se sentaron en un banco junto a la entrada. Minhyun aun lloraba y JR le abrazaba, meciéndole con cariño. Aún sentía en sus labios como le había mordido al besarle. Sentía también el alcohol en su lengua y el cansancio que empezaba a subirle desde las piernas y le cerraba los parpados. Min se quedó dormido al poco rato.

Tao salió el primero y fue porque el portero le echó de una patada.

– ¡No sabes lo que te pierdes hijodeputa! – le gritó antes de darse cuenta de que los otros dos ya estaban allí. – no pienso volver a una disco hetero en mi vida. – anunció sentándose a su lado. – Que diga lo que quiera, pero con el frío que hace y va en tirantes. ¡Y con esos brazos! Es que no está pidiendo, vamos.

JR sonrió, sabiendo que era inútil decirle que probablemente quien fuera ese sujeto de quien hablaba “se lo pedía” a una chica.

– ¿Está bien? – le preguntó Tao señalando a Min.

– Se ha puesto a llorar – admitió con gesto culpable. – pero creo que ha sido más por el alcohol que otra cosa. Ahora se ha dormido.

– Oh. ¿Entonces no ha pasado nada?

– ¿Eh?

– Gyuna me ha preguntado si te había visto, pero no le he dicho nada. – siguió Tao. – os he visto besándoos.

“Mierda. ¿Y si lo ha visto Gyuna? O alguna de sus amigas…” No era como si significase algo, pero podía malinterpretarse.

– No ha sido nada. – le quitó importancia JR. – ya sabes que a veces nos besamos.

– Si, bueno, pero hay besos y besos.

“Cierto” pensó. No dijo nada más, porque realmente no había más a decir.

Esperaron un rato más, en silencio. Tao le lanzó un beso a un chico que pasaba que se fue con cara de espanto. Ambos se rieron y Minhyun seguía dormido.

– ¿Crees que Hyuk seguirá por aquí o se habrá llevado a Hyosung a casa?

– Pff – se rió Tao – o eso o se ha ido a casa de ella, ni idea.

– Me parece increíble que siga habiendo chicas que se lían con Hyuk con la fama que tiene.

– Tal vez es precisamente por la fama.

– Pero si le odian todas por ser un rompecorazones. Y más después de lo de Joohyun, que cuando se enteró que se había liado con su hermana se armó una…

– Jajaja, cierto. Pero en parte lo entiendo. Me le he liado con tíos peores.

– Lo sé.

– Tiene cierto morbo. – siguió Tao. – Y a la vez no dejas de pensar si serás tu quien conseguirás hacerle cambiar. – Echó un vistazo al móvil para consultar la hora y se estiró sobre el banco – Deberías haberlo aprovechado – siguió Tao. JR le miró sin comprender. – El beso. – explicó. – Ahora que no está Aron es tu oportunidad.

– Tao… – se quejó JR – No voy a liarme con Minhyun y menos voy a ser un sustituto para Aron.

Puso cara de resignación y se encogió de hombros.

– Pues es una lástima, hubieseis sido una pareja muy bonita.

– Lo sé – admitió. – Pero no va a pasar.

Tao le miró, sorprendido.

– ¿Lo sabes?

– Claro que si. – respondió sin más. – sé que hubiese podido pasar, pero ya da igual, porque después de lo de Aron nadie va a estar a su nivel. Y bueno, tengo novia yo.

– Si, bueno.

– ¿Que? – le miró indignado de que se hubiese reído.

– Que no le haces puto caso.

– Claro que le hago caso.

– Si, pero pasas más tiempo con nosotros que con ella.

– Porque los amigos son más importantes.

– No, Min es más importante. Porque estás coladito por él.

– No sigas. – le advirtió. Tao se encogió de hombros, sin más, pero JR sintió la necesidad de justificarse. – Gyuna es guapísima, e inteligente. Es divertida y amable. Y la quiero. Y no quiero que la compares con Min, son cosas muy diferentes.

– Que si, que si.

No dijo nada más. JR tampoco.

Cuando hubo salido todo el grupo, excepto Hyuk y su chica de esa noche a quien nadie se molestó en buscar. JR despertó a Min y dejó que Tao se ocupase de él para irse con Gyuna, pasarle el brazo por los hombros y besarla.

– ¿Te lo has pasado bien?

– Si – sonrió ella. – ¿Y tu? Casi no te he visto.

– Hemos salido antes – le explicó sin más. – Min no se encontraba muy bien.

– Pobre – se lamentó ella. – es porque le dejó su novio o algo así ¿no?

– Si. – obviamente no podía saber nada sobre Aron.

– Pobrecito – repitió. – que suerte tiene de tener a un amigo como tu que le cuide. – le dijo sonriéndole con una mirada cariñosa.

Sonrió y volvió a besarla.

“Si, que suerte tiene” pensó irónico.

 

– No te esfuerces demasiado ¿eh? – le dijo la señora Bae, la dueña de la tienda de palomitas el día que volvió a trabajar allí. Min le sonrió.

– Ya estoy completamente recuperado, tranquila.

No tenían casi nada que hacer mientras daban las películas, una vez ya habían entrado los de una sesión y antes de que llegaran los primeros para la siguiente, así que le estuvo preguntando como le habían ido los exámenes y demás.

– Cuando empiece el curso no te necesitaré tantas tardes – le dijo – trabajarás solo jueves, viernes y sábado, que son las noches que hay más trabajo.

– Pero puedo venir todas. – insistió enseguida. Ella sonrió, con esa sonrisa amable suya que le decía a Minhyun que no había nada a que discutir.

– Trabajas mucho – no sabía si se lo decía con reproche o admiración. – ¿Para que necesitas tanto dinero?

– Me quiero ir a Los Angeles este verano.

– ¡Oh! – exclamó la mujer – ¿y que se te ha perdido tan lejos?

“Un novio” pensó Minhyun.

– Es que mi grupo favorito es de allí, quiero ir a un concierto. – la mentira le sonó tan convincente que de repente tenía ganas de ir. “Cuando esté allí aprovecharemos para ir a un concierto de Up”. – Además, tengo un amigo allí que me deja quedarme en su casa, así que solo necesito dinero para el billete de avión.

– Y para la entrada del concierto ¿no?

“Mierda, pues no hay concierto”.

Enseguida volvieron a tener clientes.

– ¡Hyung! – le llamó Minki acercándose al mostrador. Baekho iba detrás, con algunas bolsas.

– Hola peque. – le saludó – ¿Habéis ido a comprar?

– Si – asintió orgulloso – ya tengo traje para la boda. Y Baek me ha comprado un jersey y unos pantalones muy chulos también.

– No me ha dado opción – admitió el adulto – pon-nos dos pequeñas porfavor. – asintió y se giró para cumplir el encargo.

– Cogemos una grande y compartimos – le pidió Minki.

– No – se negó – que te las comes todas tu.

Le puso ojitos y no solo consiguió salirse con la suya sino que además hizo reír a Minhyun.

– ¿Cómo estás? – le preguntó Baek mientras les servía – JR dijo que habías estado enfermo.

– Ah, no fue nada, un resfriado.

– ¿Y con lo de Aron?

– Mejor – sonrió. Parecía sincero. – Nos escribimos mensajes constantemente.

– Eso está bien.

– Minhyun es muy fuerte – comentó Minki cogiendo el enorme cartón de palomitas. – ¿Me das una cocacola?

– Si que lo es. – admitió Baekho – y ponle agua. – añadió dirigiéndose a Minhyun. Minki le miró quejándose, pero esta vez no dio su brazo a torcer. – Luego no dormirás y te vas a pasar la noche dándome patadas.

Minki le sacó la lengua en respuesta y Baekho le devolvió el gesto.

– Disfrutad de la película – les dijo devolviéndoles el cambio.

– Gracias.

– A ver si no destrozan mucho el libro esta vez. – se quejó el pequeño. – en la primera se lo cargaron, no se ni como lo van a arreglar.

– Ya veremos, – le respondió el mayor – igual nos sorprende.

– Eso espero. – cogió un puñado de palomitas y empezó a comérselas ignorando a Baekho que le decía que se esperase a estar dentro. – Adiós Min ¡fighting!

Les despidió con una sonrisa. No sabía si le parecían más novios o padre e hijo. Eran curiosos.

Volvió a centrarse en el trabajo. Había momentos en que le faltaban manos y momentos en que no sabía que hacer con las dos que tenía.

Llegó a casa tarde, como todas las noches. Cenó lo que su madre le había dejado preparado y se fue a su cuarto. Encendió el ordenador antes de irse a dormir y se encontró con que Aron había madrugado y estaba conectado esperándole.

“Hello sweety” le decía.

“Buenos días” le respondió sonriendo. “¿Has dormido bien?”

“He dormido solo” escribió “pero he soñado contigo”

 

 

Me he retrasado al publicar (como habréis visto, ahora estaba intentando publicar cada jueves) porque estoy de finales, y de hecho no creo que la semana que viene pueda publicar. Imposible, vamos. ¡Espero no retrasarme mucho! 

Por otro lado… puesto que hay un salto temporal pronto (para que Minki crezca rapidito y se convierta en ese Ren tan sexy que todos conocemos) haré una pausa y dejaré de publicar por un tiempo. No mucho, lo prometo, pero necesito un descanso para escribir otras cosas que tengo en mente y retomar esta con mas ganas luego. 

Y nada mas, gracias a todos los que me leéis y me vais siguiendo ^^

Ámame Profe. 32: Juntos, separados.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Se despertó tarde. Miró el reloj y se dio la vuelta sobre la cama, planteándose si pasar otro día remoloneando en la cama o pasarlo en el sofá. Quedaba muy mal decirlo, pero a JR no le gustaban las vacaciones.

“No es que no me gusten… es que son aburridas…”

Hyuk se había ido al pueblo con sus abuelos y Minhyun no parecía tener un segundo libre, absorto en la perfección de su novio y todo eso. Estaba Gyuna, si, claro, pero no podía pasar todos los días con ella. Tampoco lo encontraba necesario.

Había probado de salir un día solo con Tao, pero realmente no era lo suyo pasarse la tarde de un probador a otro haciéndose fotos con los últimos modelos de diseñadores caros que no se podía pagar.

“¿Que puñetas hace la gente en vacaciones?”

Se decidió a levantarse y bajó a la cocina a buscar algo de desayuno. Minki estaba sentado en la mesa con mamá y Yixing, dándoles ideas sobre que platos debían servir en el banquete nupcial. Últimamente no se hablaba de nada más, y eso que aún faltaban meses para la boda.

– Buenos días dormilón. – le saludó Yixing. – Se nos pegan las sábanas ¿eh?

– Ñeh… – le respondió con algo parecido a una sonrisa y, aún adormilado, se sentó en la mesa a desayunar con ellos.

– Hyun-ah, – le llamó Minki con voz animada – ¿tu ya tienes traje para la boda? ¿me acompañarás a buscar el mío?

“Pídeselo a Tao” pensó “le harás feliz”. Asintió sin muchas ganas. Su hermano siguió hablando con mamá y Yixing y él pudo desayunar en paz.

Pero mientras desayunaba y se iba despertando se fijó en Minki. No es que hubiese estado triste los días anteriores, pero parecía más feliz. Exultantemente feliz.

– Te veo animado. – le dijo. El pequeño sonrió en respuesta y cogió otra galleta.

– Para Minki, que ya has comido un montón – le regañó su madre. Luego se giró hacia el mayor de sus hijos. – yo no sé ni como está despierto. Ayer se quedó hablando con Baekho hasta las tantas. Se quedó dormido al teléfono. Y mira que te avisé que no lo hicieras. – añadió dirigiéndose de nuevo al pequeño. Este le sacó la lengua en respuesta.

“Baekho. ¿Como no?”

Él también se había ido a dormir tarde. Se había quedado conectado al chat. Por la noche se conectaban todos y era el único momento del día en que hacía algo.

“Aron me ha pedido una cita” Les había dicho Minhyun orgulloso y feliz. Se había reído, diciéndole que vaya horas de tener su primera cita, pero él estaba tan feliz que se le terminó pegando. “Dice que no puede ser que lleve tanto tiempo aquí y no haya hecho algo de turismo por la capital, así que iremos a ver monumentos importantes y tal”.

“Planazo” respondió Sanghyuk. Le ignoraron mientras Tao y JR le preguntaban que irían a ver o que harían.

“Pues no le encuentro la gracia a eso de tener una cita así ahora” siguió Hyuk “habéis follado y todo. Eso se hace antes.”

“Que romántico eres Hyuk” se burlaba Zitao. “Creo que empiezo a entender porque tus novias te dejan”

“Cállate Tao”

Se estuvieron metiendo con Hyuk hasta las tantas, y hablando de los planes para Minhyun del día siguiente, y de cualquier cosa en realidad.

“Como está Minki” Le preguntó Minhyun siendo ya tarde. Todos le habían pillado cariño a su hermanito, Min el que más, y su “pelea” con Baekho no había pasado desapercibida a nadie.

“No se, no es como si me contara nada. Parece que esté bien pero… no se.”

“¿No está bien? Parecía que ya se le había pasado ¿no?”

Si, lo parecía, pero en el fondo JR sabía que no, y estaba preocupado. Por eso verle sonriendo, sonriendo de verdad, le había quitado de encima un peso inmenso.

Fuera lo que fuera lo que había pasado con Baekho parecía que estaba arreglado.

 

Minki si quedaba con sus amigos esos días. Se veían con Luhan y Sehun en el parque del colegio, pero lo que más le gustaba era ir a casa de Taekwoon, ya fuese con todos o él solo.

Su madre le dejó allí por la mañana y le dijo que le pasaría a buscar por la tarde. Luego se las apañaría para llamarla y convencerle para que le dejase quedarse a dormir.

– Me dijo que me echaba de menos – le presumía mientras su amigo daba toques a la pelota de futbol. – Creo que empieza a aceptarlo.

Sehun y Luhan se reían de él a veces, diciendo que todo ese tema de Baekho era una locura, pero Taekwoon solo callaba y asentía. Era su manera de apoyarle.

– ¿Crees que lo conseguirás? – le preguntó Taek tumbado en el colchón arriba en la buhardilla.

– Lo espero.

 

Cogieron el bus para volver ya de noche, más tarde de lo que esperaban. Tuvieron que correr porque era el último y no querían perderlo. Al final llegaron antes de tiempo.

Menuda carrera – se reía Aron dejándose caer en el banco de la parada. Minhyun asintió, jadeando aún. – Ha estado bien.

A decir verdad había sido un gran día. Habían pasado la mañana de un lado para otro, visitando los sitios más importantes entre una nube de guiris de todas las nacionalidades posibles. Habían comido en un pequeño puesto de fideos del centro y habían paseado por los sitios importantes. Aron había hecho fotos de todo, sobretodo de Minhyun, y él no había dejado de sonreír para él.

Habían subido a la torre cuando ya era oscuro, con la ciudad iluminada a sus pies y habían dudado delante de la reja llena de candados donde las parejas dejaban sus promesas de “juntos para siempre”.

Ninguno de los dos quería proponerlo, ninguno de los dos podía soportar no hacerlo.

No estaremos juntos para siempre – le había dicho Aron cogiendo su mano para cerrar juntos el candado en la reja junto a los demás – pero pase lo que pase con nuestras vidas no olvidaremos nunca esto.

Minhyun había asentido con lágrimas en los ojos, y lo habían sellado con un beso, sin importarles si la gente les miraba.

También habían comprado unas pulseras a conjunto. No como un “objeto de pareja”, sino como un recuerdo.

“¿De nosotros o de Seúl?” se preguntaba Minhyun ya arriba el autobús, con sus manos cogidas y la cabeza sobre su hombro.

¿Que día te vas? – le preguntó mirando a la oscuridad a través de la ventana.

El dos.

– ¿Febrero?

Asintió, en silencio, y le apretó los dedos entre los suyos.

Min. – le llamó ya cuando llegaron, caminando hacia su piso. – si quieres… Nunca me han gustado las relaciones a distancia y no lo planteamos en ningún momento, pero si quieres… tampoco sabíamos que esto sería así.

No – se negó él. Le apretó la mano, dentro del bolsillo de la chaqueta de Aron, mirándose los pies mientras caminaba. – Es como habíamos quedado desde el principio, en cuanto te vayas se acaba.

Aron le miraba, nevaba y los copos blancos se le pegaban al pelo, tenía la nariz enrojecida y los labios oscuros. Le devolvió el apretón y soltó su mano para sacar las llaves del apartamento.

No sabíamos que esto iba a ser así cuando empezó” se dijo mientras subían las escaleras. “No sabía que me enamoraría tan perdidamente cuando le besé por primera vez”. Pero ya lo había propuesto y el pequeño le había dicho que no. No iba a insistir y atarle a él. El recuerdo sería suficiente.

Minhyun no tenía muy claro porque había dicho que no. De algún modo no quería que se sintiese obligado. Quería creer que Aron estaba igual de enamorado que él, pero era mayor y probablemente no significase tanto para él. “Seguro que no llora tanto”.

Saludaron a Henry que estaba en la sala con una chica, Kris estaría durmiendo ya. Se metieron en la habitación y tendieron las chaquetas y bufandas en un par de sillas para que se secasen de la nieve que les había caído encima.

No me olvidarás ¿verdad? – le rogó Minhyun pegándose a su pecho, tendidos sobre la cama.

Eh, – se burlo Aron riéndose – eso ha sonado demasiado a despedida. Aún nos quedan días. Más de un mes.

– Un mes. – murmuró el pequeño. Se estiró y le besó en los labios, sintiéndolos tan fríos como los suyos.

¿Cómo podría olvidarte?” pensó Aron para si mientras le devolvía el beso, mientras le abrazaba y se perdía en él.

Consiguió hacerle reír a base de caricias, de besos y de rozar su nariz fría con la suya. Y se besaban.

Ya no hace frío ¿eh? – le dijo Aron sonriéndole.

Para nada. – respondió Min sonriendo también, mirándole con deseo. – Va, que te dejaré estar arriba.

Le sonrió con orgullo mientras Aron abría la boca para quejarse, pero terminó riendo y besándole.

Pequeño demonio

 

Baekho recibió el año nuevo junto al mar, como hacía años que no hacia. Se levantó temprano, antes de que saliera el sol y se encontró con Jongsuk para ir hacia allí, para ver salir el sol sobre el agua.

Era un día cálido, para estar en lo más crudo del invierno, y en cuanto el sol empezó a calentar la arena ambos se descalzaron y corrieron por la orilla sobre las olas.

Jongsuk saltó sobre él, le abrazó y le besó, con esa mirada suya tan seductora. Baekho le miraba asombrado como se quitaba la ropa y saltaba al agua, desnudo entre la espuma del mar.

– Cogerás una pulmonía. – le advirtió. Él se rió.

– Valdrá la pena. – le dijo sonriendo, – Aaaah, esto es tan genial…

Le convenció para meterse con él, y aunque el agua estaba helada una vez estuvo dentro y empezó a nadar estuvo de acuerdo en que la sensación era genial. El frío le despertó, le hizo sentirse vivo, respiraba el aire helado y sentía el sol con más intensidad.

“Ojalá los niños estuviesen aquí” pensó mientras hundía la cabeza en el agua. Le hubiese encantado compartir esa sensación con Sunyoung y los chicos. Luego recordó que estaba desnudo y decidió que era mejor que no estuviesen.

Jongsuk le abrazaba bajo el agua. Sentía su cuerpo caliente en contraste al agua helada. Era agradable, reconfortante, pero prefería nadar.

Salió cuando empezó a no sentirse los pies, no mucho rato después, se vistieron y fueron a casa de Jongsuk a darse una ducha caliente y un revolcón rápido. Luego volvió a comer a casa de sus padres, con su hermano, sobrina y cuñada presentes. Jugaron, bebieron y charlaron.

“No está mal como último día” Se dijo ya tarde con una sonrisa. Se iba al día siguiente temprano y no tenía idea de cuando iba a volver. “Cuando la niña se case” Pensó irónico subiendo para su habitación.

A decir verdad se lo había pasado bien, pero tenía ganas de volver, de ver a Minki. “¿Me habrá echado de menos?”

Le llamó para desearle buenas noches. De hecho tenía que llamar igualmente a Sunyoung para quedar para que le pasase a buscar al aeropuerto.

Le cogió el pequeño, y Baekho sonrió al oírle al otro lado.

– ¡Hyung!

– Hola Minki.

– ¿Tienes que hablar con mamá? – le preguntó. “¿Tan rápido?”

– Si.

– ¿Luego te quedarás hablando conmigo? – “Eso ya me cuadra más…”

– Si tu quieres si.

– Claro que quiero… – casi podía verle haciendo morritos.

Horas más tarde Baekho oyó a Minki quedarse dormido al teléfono. Sonrió y colgó.

“Que ganas de verle” Pensó. Como si hiciera más de diez días que no se veían.

 

JR esperaba frente a la puerta, con la chaqueta ya puesta junto a su madre mientras Minki corría por la casa buscando los zapatos.

– Minki, o estás ya a punto o nos vamos sin ti.

– ¡Es que me falta un zapato! – se quejaba lloriqueando.

– ¿A que voy yo y la encuentro?

JR estaba seguro de ello.

– ¡Que no está!

Obviamente, mamá la encontró.

– No estaba.

– Ya, la he hecho aparecer yo ¿no?

Murmuró algo mientras se metía en el coche que ninguno de los dos oyó.

– Voy a pedirte hora a la peluquería un día de estos ¿vale Minki? – le dijo ya conduciendo.

– Pero que no me quiero cortar el pelo.

– Pareces una niña – le espeto JR sin desviar la vista de la ventana.

– No me importa – le respondió su hermano. – Me gusta así. Lo quiero largo. Laaaaaargo.

– ¿Para hacerte trenzas? – insistió JR. – a Joorí le encantará poder tirarte de ellas.

Le sacó la lengua a su hermano mientras su madre al volante no podía evitar reírse.

– Joori ya no se mete conmigo.

– Si te haces trenzas seguro que alguien lo hará.

– Ya. Ya. – les calmó mamá. – Jonghyun, nadie va a meterse con tu hermano. Porque se va a cortar el pelo. – añadió mirándole por el retrovisor. – ¿a que si Minki?

Resopló y desvió la vista a la ventana, pero el mal humor no le duro mucho. Pronto pudo ver el aeropuerto desde la ventanilla del coche y sonrió.

Esperaron a Baekho en el vestíbulo de llegadas y pronto anunciaron su vuelo. No tardó mucho en salir junto a los demás pasajeros. Verles, sonreírles y saludarles.

Hubiese abrazado primero a Sunyoung si Minki no hubiese saltado a sus brazos. Le dio una vuelta en el aire y volvió a dejarle en el suelo.

– ¿Has crecido? – le preguntó asombrado. Realmente parecía más alto. Cada vez que se veían le parecía mas alto.

– No creo – se rió el pequeño.

– Es probable – respondió su madre. Le abrazó también y luego se apartó para que saludase a su otro hijo.

– ¿Tu también has crecido o que?

– Ya soy tan alto como tu – afirmó orgulloso.

“¡Solo he estado fuera diez días!” Pensó horrorizado.

Mientras caminaban para el coche Minki se le colgó del brazo, le atrajo hacia si y le abrazó.

Le gustaba como encajaba tan perfectamente en sus brazos, le gustaba su aroma a champú, la calidez que dejaba en su pecho, como le sonreía con sus labios de corazón.

– ¿Te estas dejando el pelo largo?

El pequeño asintió y su madre suspiró.

– ¿Y tu? – le devolvió la pregunta. – Se te ven las raíces.

– Tendré que teñirme otra vez.

– ¿De rosa?

– Nunca.

 

Yixing les había preparado la comida y enseguida que llegaron se sentaron a la mesa. Le preguntaron que había hecho esos días, y les respondió ahorrándose muchos detalles, escuchando a su vez que novedades había de esos días.

– Minhyun está deprimido porque su novio se marcha en un mes ya, pero se lo ha presentado a sus padres – mencionó el mayor de los hermanos.

– Luhan tiene novia, – seguía el pequeño – pero no creo que duren mucho, solo le hace gracia besarla. Dice que mola, pero ni Sehun ni Taek quieren oír a hablar de ello.

– Ya hemos escogido las flores para los ramos, – explicaba la madre – el mío y el de mi hermana, y su vestido para dama de honor. Será azul, como las flores.

– Todo será muy azul. – asentía su prometido. – necesitaré una corbata azul también.

Después de comer se quedó tumbado con los chicos en el sofá mientras daban un programa malo de variedades.

– ¿Te quedarás a dormir esta noche Baekho? – le preguntó Minki con ojos brillantes.

– No creo. – le respondió casi automático. Luego se giró a mirarle, como le hacía morritos y le miraba con ojos de cachorrito. Sus ojos ya no estaban tristes. Si habían estado mal antes de que se fuera ya no recordaba porque. – ¿Porque no vienes tu a dormir a mi casa?

Abrió los ojos emocionado y le faltó tiempo para decirle que si. Fue su madre quien se opuso.

– Ya irás otro día Minki, – le dijo Sunyoung sentándose en el brazo del sofá a su lado – Baekho estará cansado.

– En realidad no, llevo toda la semana descansando.

– Oh, pensaba que estabas entretenido. – le sonrió burlona, obviamente refiriéndose a Jongsuk.

– No tanto, no tanto. – se rió Baekho. – ¿le dejas que venga?

Minki se pegó a su pecho en respuesta, mirando a su madre como retándola a que intentara separarlos.

– Si a ti no te molesta claro, no hay problema.

 

Aún se quedaron a cenar, ya que Baekho alegó que no había nada de comer en su casa, luego irían ara allí.

“¿Por qué habrá preferido que vayamos a dormir a su casa y no aquí?” Se preguntó Minki mientras terminaba de cenar, muy rápido, para poderse irse cuanto antes.

Baekho le sonreía, con esa enorme sonrisa que tenía siempre. Le abrazaba, le sacudía el pelo, le hacía bromas. Realmente no quedaba nada de esa incomodidad que había entre ellos antes de que se fuera. Solo habían sido unos pocos días, pero se habían echado de menos lo suficiente como para comprender que no podían estar enfadados, que se necesitaban demasiado el uno al otro. “¿Habrá aceptado finalmente que estamos destinados a estar juntos?”

“¡Va a violarme!” Pensó de repente con una exclamación.

– ¿Pasa algo? – le preguntó Baekho que se había girado al oírle jadear. Negó con la cabeza, decidido, pero no pudo evitar sonrojarse. JR se rió y Baekho le pasó la mano por el pelo, divertido.

“No, no, ¿Cómo va a ser eso? Pero quiere que vaya a su casa, y estaremos los dos solos… Y está muy cariñoso… ¿que voy a hacer? Quiero pero… no puede ser ¿Tan pronto? Pero no puedes negarte Minki, llevas años esperándolo. ¡Aaaaish!”

– ¿Queréis que os lleve en coche? – les propuso Sunyoung una vez hubieron cenado.

Baekho se encogió de hombros antes de responder

– No hace falta. Se puede ir andando perfectamente.

– Pero vas con la maleta, – insistió la madre – y es tarde.

– Ya… no se, por mi está bien andar. ¿A ti que te parece, Minki?

“En coche iremos más rápido. Cuando lleguemos me va a violar. Aunque no será violación, porque quiero que lo haga. De verdad quiero.”

– Bueno – respondió con su mejor tono lastimero – supongo que podemos ir andando…

Baekho se rió, pero no más que los demás.

– Voy a buscar el coche – asintió Sunyong levantándose.

– Ya voy yo – Yixing se levantó antes y la empujó por los hombros para que volviera a sentarse.

– Puedo ir – se quejó ella.

– Lo se, pero llevas toda la semana trabajando muy duro organizando la boda, descansa. – la besó en la mejilla, abrazándola con su cuerpo con las manos aún en sus hombros.

– Creo que para una mujer nunca es un problema organizar una boda. – mencionó Baekho. Yixing se rió, dándole la razón, mientras ella le fulminaba con la mirada pensando “hombres…”.

– Y entre tus amigos, Wonsik y Hakyeon ¿quién es la mujer? – se burló ella.

Baekho resopló.

– Están las dos muy locas. – respondió riéndose recordando algunas de las cosas que habían mencionado cuando hablaban de ello. “Y encima les ayuda Jongin a organizar la boda… Va a ser un espectáculo”.

 

Yixing les dejó frente a la puerta de su bloque, Baekho le dio las gracias por llevarles y cogió su maleta para perseguir a Minki que ya le esperaba dando saltitos frente a la puerta esperando a que abriese.

“¿De verdad lo haremos? No creo pero… estamos solos… Aunque estamos solos a menudo… ¿Vamos a hacerlo? Creo que no estoy preparado…”

Seguía nervioso mientras subían las escaleras, y ya una vez allí mientras ayudaba a Baekho a deshacer un poco su equipaje, solo lo justo para sacar las cuatro cosas que podía necesitar y no sentirse tan mal de dejarlo todo para el día siguiente. Mientras Baek sacaba y guardaba cosas Minki encontró un paquete de condones que Baekho escondió rápidamente, y de repente tuvo miedo de verdad.

“¿Y si pasa?” Entre su mundo mental de fantasía y la realidad había un paso que no estaba seguro de querer dar aún. “Llevas años esperándolo” se decía. “Estás tonto Minki” se respondía enseguida.

– ¿Leemos un rato? – le pidió a Baekho una vez este decidió que había deshecho suficiente de su equipaje.

– Pero no mucho ¿vale? Que es tarde.

– Quedan pocos capítulos para terminarlo.

Baek cogió el libro, abriéndolo por donde tenían el punto.

– No vamos a terminarlo hoy. – le advirtió.

Pero a la que empezaron a leer las páginas fueron volando una tras otra. La protagonista descubría al fin quien intentaba matarla, luchaban, se salvaba y se daba cuenta de que todo había sido un complot, que la sangre de dragón aún corría por sus venas y que aún podía despertara a su especie. Y conseguía al fin una declaración sincera del mercenario con el que se sabía que tenía que terminar desde el primer capítulo.

Y de repente Baekho se descubrió pasando la última página, se dio cuenta de la hora y se maldijo por lo tarde que era. “No deberías dejarle irse a dormir a estas horas.” Se regañó a si mismo mientras le apuraba a que se pusiera el pijama. “Bueno, está de vacaciones” se dijo para consolarle.

– ¿Puedo dormir contigo? – le preguntó el pequeño.

Ni se planteó decirle que no. Sabía que terminaría convenciéndole igual. “Ya es muy mayor…” Se dijo. Pero de todos modos le daba demasiada pereza montar la otra cama.

– Si quieres…

Sonrió, y saltó a meterse entre las sábanas.

Baekho sonrió y le siguió, sintiendo como enseguida el pequeño buscaba su cuerpo y se abrazaba a él. “Es tan cálido…”

Minki le reconfortaba, siempre lo había hecho. Desde hacía años siempre que estaba triste o agitado se calmaba con un abrazo del pequeño, con una sonrisa suya, como si le necesitase.

Le envolvió entre sus brazos, estrechándole con fuerza contra su pecho, sintiendo la calidez del abrazo. Se separó y le sonrió.

– Vamos a dormir ¿eh? – el pequeño asintió y Baek se estiró para apagar las luces. Cuando volvió a tumbarse le abrazó de nuevo y sus cuerpos quedaron enlazados, muy juntos.

Hacía años que había dejado de preguntarse si su relación no era demasiado extraña. Le gustaba cuidar de él, estar a su lado y protegerle, le gustaban sus abrazos y sus sonrisas, que le buscase. Pero últimamente parecía tener mucho más que plantearse. “¿Estará enamorado de mi de verdad?”

Le acariciaba el pelo, por la nuca. Realmente lo llevaba muy largo. Le llegaba a los hombros y le caía por la espalda, y Baekho jugaba a enredar los dedos en su cabello.

– Hyung. – murmuró el pequeño. Estaban tan pegados que sus palabras sonaron muy cerca de sus labios, y de repente sin saber muy bien porque estaba nervioso. “Espero que no intente besarme otra vez… de verdad no tengo ganas de montar la otra cama a estas horas” – ¿Crees que llevo el pelo demasiado largo?

Casi sintió ganas de reír.

– No, creo que te queda bien. – le respondió pasándole un mechón por detrás de la oreja. – pero igual te queda mejor en unos años.

– ¿Por?

– Porque eres muy pequeño aún, y tan guapo que con el pelo largo seguro que te dicen que pareces una chica – se rió. – pero en unos años, cuando hayas terminado de pegar el estirón parecerás un adolescente rebelde, y quedará bien. Más aún si también te lo tiñes o te haces algún piercing.

Minki se rió, y se estiró para acariciarle las orejas.

– ¿Tu también eras un adolescente rebelde? – le preguntó riéndose. En su voz había un tono juguetón, un tono sensual que decidió ignorar. “Empieza a ser demasiado mayor…”

– Oh, ya lo creo. – le respondió intentando sonar calmado. – Me hice el primer agujero cuando aún vivía con mis padres, el resto luego – llevaba cuatro en una oreja, dos en la otra – también me teñí cuando me fui.

– ¿Cuántos años tenías?

– ¿Cuándo me fui? – Minki asintió – Dieciocho.

– ¿Por qué te fuiste?

– Estás cotilla ¿eh? – se rió Baekho.

– Es que nunca cuentas nada sobre ti. – insistió haciendo morritos. Baekho suspiró, se acomodó mejor en la cama y dejó que recostase la cabeza sobre su pecho. Minki podía oír el latido de su corazón, y Baek sentir la piel cálida de su mano que se posaba sobre su cintura, y como su propio corazón se aceleraba. Sabía que podía oírle e intentó calmarse.

“¿Que demonios te está pasando?”

– Me fui porque vine a estudiar aquí, a la universidad.

– ¿Siempre has ido de rubio? – siguió preguntando el pequeño, subiendo la mano para acariciarle la clavícula, el cuello, la oreja, el pelo.

– Casi siempre – admitió – a veces más claro, a veces más oscuro, más corto o más largo, pero hace años que llevo este peinado. Ya es muy mío.

– Si lo es – asintió el pequeño. – Me gusta.

Le acariciaba el pelo, y la oreja, los pendientes que llevaba en ella, haciéndole cosquillas tan suaves que quedaban gravadas en su piel. Y de repente Baekho sintió que necesitaba decírselo. No lo había preparado ¿o tal vez si? Pero sintió que necesitaba hablar, y cruzó los dedos para que el pequeño no se enfadase o sacase conclusiones erróneas de lo que fuese que iba a decir. Ni él mismo lo tenía claro.

– Minki, yo… – suspiró, intentando calmar su corazón. – he estado pensando en lo que dijiste. En lo que hiciste – aclaró – que me besaste. – sintió como se removía y se tensaba, tan pegado a él que podía sentir el más mínimo movimiento en su propia piel. – he considerado la posibilidad de que realmente estés enamorado de mí. Y… realmente no se como decirte esto. Como ya te dije no puedo corresponderte. Eres demasiado pequeño aún para que pueda verte de ese modo, para que pueda desearte. – y aunque no se hubiese movido en absoluto sentía como se alejaba. “no puedes perderle” – pero sé que te quiero. Sé que eres la persona más importante para mi ahora mismo. Sé que te necesito y que no puedo permitirme perderte – aún a oscuras podía sentir sus ojos, enormes y brillantes, fijos en él. – No puedo corresponderte ahora, pero… tal vez… en unos años… – No creía realmente que su relación fuese a cambiar, no creía que en unos años se sintiera menos culpable por como le miraba el pequeño, no creía que nada fuera a cambiar, pero sabía que a cada año que pasaba le necesitaba más, sabía que no podía perderle, sabía que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerle a su lado. – Tal vez, en unos años… pueda aceptar que siento algo por ti…

Le dolía mentirle para mantenerle a su lado, pero no tanto como había pensado. No lo sentía como una mentira.

El pequeño se mordió los labios y se refugió contras su pecho.

– Puedo esperar – murmuró contra su ropa. Baekho sonrió, no sabía si por sus palabras o por el tono esperanzado y dulce de su vocecita tierna. – Pero quiero que me prometas algo.

“Uy”.

– Dime.

– Cuando… – las palabras se le atragantaban, nervioso – Sé que nos llevamos muchos años, y sé que eso te preocupa, pero quiero que me prometas que si en unos años… realmente sientes algo… o… o yo te atraigo… – No era capaz de decirlo. ¿Lo era? Si, claro que si – Si… si eso llegase a pasar… no quiero que te lo niegues. – Enterraba la cabeza en su pecho y bajaba la voz, Baekho casi no podía oírle. – Quiero… quiero que me lo digas, y que no te cierres a que pueda pasar algo solo porque nos llevamos muchos años y es raro. Puedo esperar, pero solo si sé que no vas a mentirme. Que si te enamoras de mi me lo dirás y dejarás que pase lo que sea que tenga que pasar.

Baekho se quedó en silencio, sin ser capaz de responder. Minki ya no tenía nada más a decir. “Vamos, di algo”. Se agitaba, incómodo y nervioso. Igual tenía que habérselo callado. Pero había querido decírselo. Necesitaba que le prometiese eso.

Y Baekho no podía ni pensar. A decir verdad pensaba en tantas cosas que no podía ser consciente de ninguna.

“Esto es mucho más serio de lo que pensabas” Esa sensación le abrumaba a menudo, ¿Por qué siempre era tan lento a darse cuenta de las cosas? “¿Cuándo ha crecido tanto este crío?” Sus palabras eran maduras, mucho más ciertas de lo que Baekho había esperado, mucho más seguras de lo que sería normal en alguien de su edad. “No tiene doce años” se decía “mentalmente no”. Siempre había sido maduro, pero ¿tanto? “Soy más crío yo que él”.

– Te lo prometo. – le susurró abrazándole con fuerza.

 

 

 

Ámame Profe. 31: Hogar.

AP 32

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Cogió el avión el día siguiente de que terminaran las clases. Por más que Minki le hubiese pedido que no se fuera le seguía pareciendo la mejor opción. “Son solo unos días…”. Esperaba que se le pasara el enfado durante esos días. También esperaba que a él se le hiciese más cómodo estar a su lado.

“No puede estar enamorado de mi de verdad” Reflexionaba durante el vuelo “solo es un crío”. Pero la idea le molestaba, le inquietaba.

Cuando se lo había comentado a Hongbin, el único de sus amigos que había considerado que se lo podía tomar en serio, este le había dicho que dejara de darle vueltas, que no era más que un capricho.

– Está acostumbrado a tener todo lo que quiere solo poniéndote ojitos. Le has dicho que no y se ha enfadado. No es más que una rabieta, ya se le pasará.

Pero la tristeza de Minki parecía más “seria” que una simple rabieta.

“No quiero perderle…”

Aterrizó a medio día y su hermano le fue a buscar al aeropuerto. Le saludó con un abrazo y dejó que le pusiera al día de las novedades de la isla durante el trayecto en coche.

– Me alegro de que hayas venido – le dijo mientras aparcaban frente a la casa donde se habían criado. – Por propia voluntad digo. – añadió riendo.

– Bueno, algún día tenía que pasar. – respondió encogiéndose de hombros.

Sus padres también estuvieron contentos de verle, al contrario que su sobrina, que se escondió detrás de las piernas de su madre al no reconocerle. Pero le sonrió, estuvo jugando con ella y a la hora de comer la pequeña insistió en sentarse a su lado.

Hacía años que no consideraba esa casa como su hogar. La casa tampoco le consideraba un miembro más de la familia. Las fotos de su niñez que siempre habían estado allí empezaban a ser sustituidas por imágenes de la pareja y su hija, fotos recientes en las que él no aparecía. Se encontró la que siempre había sido su habitación convertida en una biblioteca, o viéndolo de forma menos romántica, un trastero, pero conservaban su cama.

Estaba a gusto allí, algo que de algún modo le sorprendía cada vez que iba, pero se sentía lejos de casa, de su familia.

 

Minhyun estaba haciendo deberes cuando su madre entró. No apartó la vista de sus apuntes.

– Cielo, tu padre y yo habíamos pensado en ir al museo hoy por la tarde. – le anunció entrando y parándose a su lado – ¿Vienes?

– Paso. – respondió sin más.

– Hacen una exposición sobre Egipto. – insistió acariciándole el pelo – eso te gustaba.

– Mamá, tengo que terminar esto. – se apartó de su caricia y volvió a centrarse en estudiar.

– Si tienes tanto trabajo igual no deberías salir tanto…

– Tengo que terminar esto para poder salir – respondió cortante, apartándola a ella.

– Cielo… no es que me moleste que salgas pero… no has pasado ni un día con nosotros estas vacaciones…

– Tengo que estudiar, – insistió él girándose a mirarla con una expresión fría que la invitaba claramente a irse de la habitación – en serio.

– Pues estudia, pero no te doy permiso para salir con ese… novio tuyo. – se plantó. No quería llegar a esos extremos, pero su hijo no le dejaba más opción.

– No necesito tu permiso. – le espetó cerrando la libreta y recogiendo sus cosas.

– Claro que sí, – insistió fingiendo un aplomo que no sentía – y no vas a salir más si no pasas por lo menos el mismo tiempo con nosotros que con él.– Podía hablar lo que quisiera, porque Minhyun no le hacía caso. Seguía recogiendo sus cosas y metiéndolas en la mochila, cambiándose la camiseta por algo más grueso para salir. – ¿Me escuchas? Te he dicho que no quiero que salgas.

– Voy a la biblioteca – respondió ya en el pasillo saliendo a la puerta – aquí no se puede estudiar.

Cerró de un portazo y bajó las escaleras de dos en dos. “Estoy harto”. Se repetía, aunque no tenía muy claro de que.

– Es que me tienen harto – le decía a Aron tumbado sobre su cama, demasiado irado como para intentar siquiera hablar en inglés – No dejan de insistir en hacer cosas juntos, en ir juntos a tal sitio, a tal otro. No quiero hacer cosas con ellos, quiero estar contigo y cuando estoy en casa es para trabajar, para hacer los deberes que me han puesto, porque tu tienes que estudiar. No para ir al museo o salir de excursión o ir a comprar adornos de navidad. No.

Aron le miraba sentado en la silla de su escritorio, con una mirada que tanto podía ser de ternura como de resignación.

– No te enfades con ellos, quieren que paséis tiempo juntos, eso es todo.

– Pero me ha prohibido salir. – insistía indignado. – No puede. Quieren retenerme allí. Me ha prohibido verte y es algo que no voy a permitir.

– Min – suspiró – admite que es cierto que no has pasado ni un día con ellos, no desde que empezaron las vacaciones sino desde que les dijiste que estabas conmigo. – Minhyun desvió la mirada, molesto por haber sido pillado en falta. Aron se levantó y se sentó a su lado en la cama, abrazándole pasando un brazo por sus hombros. – Sé que tienes miedo de que te rechacen, pero no conseguirás nada huyendo. – le dijo con voz suave. Minhyun se estremeció entre sus brazos, pegándose a él. – Por lo que me has contado creo que ya te han demostrado que no les molesta esto, solo intentan hacerse la idea y realmente lo están aceptando muy bien. Está claro que no quieren echarte de su vida sino retenerte en ella. Déjales. Déjales quererte.

Sabía que tenía razón. Sabía que estaba en lo cierto. Y lo odiaba. Porque en el fondo tenía muy claro que no había habido motivo alguno para comportarse así, para huir, pero la simple sensación de estar haciendo algo mal le impedía volver o estar con ellos, y la sensación se iba haciendo más grande a cada día que pasaba.

– Pero… realmente quiero pasar estos días contigo. – murmuró testarudo. – Y no sé porque tengo la sensación de que estoy haciendo todo mal. No es cierto ¿vale? Quiero estar contigo. Necesito estar contigo y es lo que tengo que hacer estos días porque luego te irás y a saber si volveremos a vernos mientras que ellos seguirán aquí y ahora mismo no me importan ellos ni nadie.

– Son tus padres Minnie. – le acariciaba el pelo y le miraba tierno. – no puedes necesitarles solo “a ratos”. Están luchando para que no les alejes, así que no lo hagas.

Se hizo una bolita a su lado, enterrando la cabeza en su pecho.

– Sigo queriendo pasar tiempo contigo.

– Bueno, siempre podemos pasar tiempo los cuatro juntos.

Y lo soltó así, sin más. “¿eh?”.

– No, no podemos. No pueden conocerte. Sabrán que eres mi profe y te denunciarán y perderás tu beca y será todo un desastre.

Aron le miró, inseguro.

– ¿Crees que me denunciarían?

Quiso responder que si, pero sabía que no era cierto. En el fondo lo sabía.

– Les costará de asumir, – siguió él. – supongo que aún más que el hecho de que seas gay, pero se alegrarán de que se lo cuentes, de que compartas incluso esto con ellos. Podemos hablar con ellos, que me conozcan y vean que te quiero, explicarles la situación. ¿Que pensabas decirles cuando yo me fuera de todos modos?

– No se… que habíamos cortado…

No le gustaba hablar de su separación, parecía demasiado inminente. “Y eso que aún queda más de un mes…” “Es muy poco”. Le acercó y le besó en la frente.

– Si no quieres no es necesario, pero… A mi me parece que podría ayudar conocerles. Que me conocieran. Que supieran todo lo que está pasando en la vida de su bebé. – le sonreía, pícaro, paseando los dedos por su pecho como si caminasen. Y Minhyun se animó y le sonrió también.

– ¿Todo? ¿Tienen que saberlo todo? Porque no creo que quieran conocer los detalles…

Se mordió el labio y se acercó para morder los suyos.

Aron conseguía siempre ponerle de buen humor. De muy buen humor. Pero mientras se besaban no dejaba de darle vueltas a lo que le había dicho. Parecía una locura. Era una locura. Y no se imaginaba con Aron delante de sus padres. “Moriré de vergüenza”.

 

Baekho aprovechó esos días para visitar el pueblo también. Como siempre que iba era solo por un día o dos y los pasaba en la casa hacía realmente muchos años que no paseaba por esas calles. Observaba los cambios y se encontraba con gente. Personas a las que quería ver, otras a las que no, y gente que no se esperaba.

Entró en una cafetería que solían llevar los padres de un antiguo compañero de clase y se encontró que había cambiado de dueños, pero allí sentada estaba una chica a la que le había estado dando clases de repaso cuando aún iba a secundaria. Una que le había pedido para salir antes de que sus padres se escandalizaran y compartiesen con todo el pueblo que tenían un hijo gay. Como ella no parecía haberle visto dio media vuelta y salió del local, y se encontró en la puerta frente a otra cara conocida.

– Jongsuk…

Durante un tiempo le había considerado uno de sus mejores amigos. No fue un período muy largo, solo hasta que el que por aquel entonces era su novio le dejó para salir con él.

– ¡Dongho! – le llamó sorprendido. Baekho era un mote que había inventado Wonsik en su primer año de carrera, en el pueblo seguía siendo Dongho. – ¿Donde has estado todo este tiempo?

Tubo que aceptar que le invitara a un café mientras le contaba su vida y él la suya. Era una de las personas a las que había echado de menos, aunque las cosas no hubiesen terminado bien. Pero hacía demasiados años para guardar rencor y ambos se descubrieron riendo y sacando un tema de conversación tras otro.

– Debería irme… – murmuró unas horas más tarde Baekho al ver el reloj.

– ¿Toque de queda? – se burló Jongsuk riéndose.

– Bueno, se supone que he venido para estar con ellos – respondió encogiéndose de hombros y riendo también.

Intercambiaron números de teléfono y se prometieron volver a quedar. Y Jongsuk le prometió una excursión a las calas a las que de pequeños solían ir en bicicleta.

Llegó a casa feliz y sorprendió a su madre con un ramo de flores.

 

Estaba nervioso. Lo había estado cuando al día anterior les había dicho a sus padres que si podía ir Aron a conocerles. Se había referido a él como “su novio” porque aún tenía miedo de que relacionaran su nombre con el de su profesor de inglés. No sabía como decirles eso.

Seguía nervioso cuando se había levantado, con la sola idea en la cabeza de que Aron estaría allí, con sus padres, les cuatro juntos sentados en el sofá. Era extraño. Esperaba por lo menos que su hermana se fuera y no tener que añadirla en esa imagen, porque con lo discreta que era… No quería oír sus tonterías.

A la hora de comer casi no pudo tragar bocado, contando los segundos para la hora que habían quedado. Su padre le miró y le sonrió.

– No estés nervioso bichito. – le dijo.

Pero ¿como no estarlo?

Era cierto que se habían alegrado de saber que quería presentárselo, de que quisiera compartir eso con ellos. Aron tenía razón en eso. Pero no sabía como reaccionarían cuando supieran quien era. Cuantos años se llevaban, como se habían conocido, todo.

Y si ya iba nervioso, cuando oyó sonar el timbre casi le dio un infarto. Fue corriendo a abrir la puerta, encontrándose con su sonrisa al otro lado, y sin siquiera fijarse en si sus padres le habían seguido y estaban mirando o no se lanzó a sus brazos y le besó, porque estaba ansioso y necesitaba sus labios para calmarse. Sus besos y sus abrazos, y un susurro de “todo irá bien”.

– Min… tranquilo, todo irá bien.

Suspiró y se hizo a un lado, sin separarse, arrapado a Aron como una garrapata.

Fue incomodo saludar a sus ladres así, no por la situación, sino por la pose. Con Minhyun ahí, arrapado a su costado y abrazado a su pecho con todas sus fuerzas le era imposible hacer ninguna reverencia de cortesía o incluso llegar a darles la mano.

El padre se reía de su hijo, la madre parecía simplemente desconcertada, algo incómoda.

– Señor y señora Hwang – les saludó lo más respetuoso que supo – Me llamo Aron, y estoy saliendo con su hijo…

 

Le invitaron a pasar, se sentaron en la sala y estuvieron escuchando como les explicaba todo. Como se habían conocido como profesor y alumno, como enseguida fueron más que eso. Como no pudo evitar fijarse en él, como se dio cuenta de que era recíproco. Como le pidió, y les suplicó disculpas por eso, que lo intentasen. Como Minhyun se había convertido en el centro de su todo en esos días. Como todo eso iba a terminar.

Se ahorró detalles. Sus padres no tenían porque saber que lo habían hecho la misma tarde en que habían decidido salir, en que se habían dado su primer beso. Es más, sus padres no tenían porque saber que su “bichito” ya era un hombre. Pero tampoco un niño.

La madre se levantó mientras él aún hablaba. Abrumada. Les dijo que necesitaba pensar y se fue a la habitación.

– Es mucha información de golpe – se disculpó el padre. Se disculpó por él también y la siguió.

– Señor Hwang – le detuvo Aron. – Yo… Yo realmente quiero a su hijo.

El hombre sonrió, cálido pero triste.

– Lo sé – respondió. – Puedo verlo. Pero eso no hace las cosas más fáciles.

No, no las hacía.

Se quedaron a solas y Minhyun seguía pegado a su pecho.

Gracias. – le dijo casi en un murmuro. Aron sonrió.

¿Por qué?

Por estar aquí, haciendo esto… – le apretó contra su cuerpo y besó su cabeza. – no tendrías porque hacerlo. Es… difícil. Para mi lo es. Y por una relación que no tiene ninguna clase de futuro… – se estremeció. Pero tenía que írselo recordando si no quería que el golpe fuese más duro en el momento de separarse. Lo habían sabido desde un principio.

Que no sea necesario no significa que no esté bien hacerlo. ¿No te sientes mejor?

Si. – admitió. – Gracias.

Se incorporó, separándose al fin un poquito de su cuerpo. Solo para alcanzar sus labios y besarle, enredar los dedos tras su nuca y sentir como se estremecía, como deslizaba las manos tras su cintura y le acercaba.

Podían oír a sus padres hablando en la habitación de al lado, aunque no podían comprender lo que decían, no hasta que su madre empezó a gritar.

– ¡Es mi bebé! ¡Y su profesor! ¡su profesor maldita sea!!!

– Vamos a preparar una taza de te ¿vale? – le dijo Minhyun a Aron levantándose y tendiéndole la mano.

Desde la cocina no se les oía, pero si oyeron las llaves en la puerta cuando alguien entró.

– Hey – saludó su hermana apareciendo por el umbral de la puerta. – wow, es mayor de lo que esperaba. – exclamó antes siquiera de saludar.

Se acercó y Aron le tendió la mano para saludarle.

– Hola, encanta… – pero ella solo se acercaba a mirar, se desvió para abrazar a su hermanito por los hombros y colocarse detrás suyo para mirarle fijamente con los mismos ojos felinos que tenía Minhyun.

– Bueno Minnie, tengo que admitir que tienes buen gusto. – le dijo divertida. – pero la próxima vez escógetelo un poco más alto ¿vale?

– ¡Noona! – se quejó él liberándose de su abrazo. Volvió al lado de su novio y se colgó de su brazo. – Aron es perfecto. – respondió convencido para vergüenza del aludido.

Ella iba a responder, pero de repente reparó en sus palabras y se detuvo.

– Eres su profesor. – anunció más que preguntar. Minhyun se clavó, tieso, mientras Aron suspiraba. – Wow. – exclamó riéndose. – Si que eres mayor…

– No nos llevamos tantos años… – empezó a disculparse.

– Que ilegal todo ¿no? – se rió ella acercándose. – Te gusta tirarte a mi hermanito “profe”.

– ¡¡¡Noona!!! – saltó Minhyun asombrado. – ¡Cállate! ¡Cállate ¡Cállate!

La habría pegado si Aron no le hubiese cogido. Y ella seguía riéndose.

– Vale, vale – se calmó ella. – no he dicho nada. Mis disculpas señor profesor, no quería ofenderle.

Se le escapaba la sonrisa mientras se “disculpaba”, pero Minhyun no pudo replicar ya que empezó a pitar la tetera para indicar que el agua estaba caliente y tubo que ir a encargarse de eso. Aron solo sacudió la cabeza sin decidir aún si la chica le caía bien o no.

– Bueno, entonces imagino que fuera de esta casa no se puede saber nada ¿no? – les preguntó ella más seria.

– No. – asintió Minhyun – no pueden enterarse ni en el instituto ni en la uni.

– Ay, que bonitos son estos amores secretos e ilegales… – murmuró. – En fin, os prometo que mis labios están sellados. Ahora os las apañáis con esos dos. Voy a darme una ducha.

Salió de la cocina sin más y Minhyun y Aron salieron también llevando las tazas de té a la sala. Las dejaron sobre la mesa y sus padres no tardaron mucho en volver.

– Lo siento bichito. – se disculpó su padre. – son muchas cosas y… nos costará un tiempo – admitió. – pero nos acostumbraremos. – La madre estaba justo detrás de él. Se veía tensa, pero conforme. – Si tu eres feliz así nosotros también lo somos.

Abrazó a su padre, y a su madre justo después. Cuando esta se separó forzaba una sonrisa que podría haber sido más falsa. Miro a Aron y se dirigió a él directamente por primera vez en toda la tarde.

– ¿Quieres… quedarte a cenar?

 

Volvieron a verse después de navidad, por la mañana, y le llevó a las calas en coche.

Caminaban dejando huellas por la arena gris, bajo el cielo impolutamente blanco. La fría brisa del mar traía olor a sal y el viento le golpeaba la cara. Le traía recuerdos de su infancia que, si bien eran agradables, le eran más indiferentes de lo que había pensado. “El sitio es bonito”

Jongsuk caminaba a su lado, ajustándose a su paso. Sonreía y respondía las preguntas que él le hacía sobre las pocas personas con las que le sabía mal haber perdido el contacto. Sentía que ya no pertenecía al pueblo. Llevaba demasiados años fuera.

Se giró y se descubrió a si mismo mirando sus labios. Recordaba tensión entre ellos en esos meses que habían sido amigos, y si bien había sido agradable reencontrarle no creía volver a verle después de esa semana. Mientras se acercaba a él para besarle pensó que esperaba que él tampoco.

 

Un par de horas más tarde estaba tumbado en su cama, desnudo y con la piel pegajosa de sudor. Había empezado nervioso, ya no recordaba la última vez que se había llevado a alguien a casa, o había ido a casa de alguien, pero no podía negar que le había sentado bien.

Jongsuk estaba tumbado a su lado, usando su brazo a forma de almohada. Se giró y le besó en el hombro, y se incorporó para levantarse.

– Espera – le detuvo. Se giró a buscar su móvil en los bolsillos de sus pantalones, lo sacó e hizo una foto de sus pies, de los de ambos.

– ¿Guardando pruebas del delito? – se burló Jongsuk.

– ¿Te molesta?

– No. – respondió encogiéndose de hombros. Cuando Baek levantó la cabeza a mirarle vio que le miraba con el cejo fruncido. – ¿Tienes novio?

No pudo evitar pensar en Minki.

– No. – respondió de inmediato. Jongsuk sonrió y le acarició el vientre mientras se levantaba.

Se sentía culpable. “¿Por qué? ¿Por un crio que podría ser mi hijo?”

Les mandó “la prueba del delito” a sus amigos, y no tubo que esperar por una respuesta.

“Bonitas piernas” Fue la primera respuesta que recibió. Era de Hakyeon y no supo como tomársela. “¿Las mías o las suyas?”

Las de los demás fueron más acuerdo a lo que esperaba.

“OMG FELICIDADES”

“¡¡¡Yeeeeeeeha!!! ¡¡¡Baek está de vuelta!!!”

“Necesito saber como ha sucedido este milagro XD”

“Nuestro tigre ha cazado. ¿Estaba rico el cervatillo al que te has comido?”

Luego la conversación degeneró, alguien mencionó a Minki y estuvieron retrayéndole que hubiese engañado al pobre niño. Como si realmente fuese su novio.

“Tenéis demasiada imaginación” Les dijo justo antes de apagar el móvil. Al final tendría que contárselo a Sunyoung solo para sentir que no era la única persona en el planeta que no aceptaba que eran pareja. “Como ella me diga que si…”

Esa noche, después de una tarde de cine y cartas con sus padres se encontró una llamada de ella. Se despidió, y la llamó mientras subía a su habitación.

– Hola preciosa – la saludó en cuanto cogió el teléfono. No le pasó desapercibida la mirada confundida de sus padres, ya se lo explicaría al día siguiente. Se metió en su cuarto y aguantó el móvil con el hombro mientras empezaba a desnudarse para meterse en la cama. – ¿Me has llamado?

– Si, pero solo para hablar, – respondió ella – que se hace raro estar tantos días sin saber nada de ti. Y que Minki quería hablar contigo.

Sintió una punzada en el corazón al oír eso, y no habría podido decir si buena o mala.

Le estuvo preguntando por que había hecho esos días, y él le contó sin ahorrarse detalles. Bueno, algunos si. Le preguntó también por que habían estado haciendo ellos y ella le respondió con las últimas novedades en cuanto a los preparativos de la boda, que JR le había pedido permiso para salir por año nuevo con Gyuna y las últimas tonterías de Minki

– Ahora ha decidido que no le gusta el marisco – Baekho tubo que aguantarse la risa “podría hacer tantos chistes… Si no fuera su madre” – así, de la noche a la mañana. – siguió ella – Habíamos comprado almejas para hacer algo especial para navidad y va y se planta con que no, que no le gustan y que no quiere.

– Bueno, siempre ha sido especial… – respondió intentando no reírse.

– No, si ya, pero hasta ahora con la comida no habíamos tenido problemas, que se lo tragaba todo y mas – y tubo que aguantarse la risa de nuevo. “Hoy las suelta que da gusto” “O eso o yo estoy fino cogiéndolas.” – En fin, que te lo paso que lo tengo aquí al lado dando la lata y no se ira a dormir hasta que hable contigo.

Oyó como se separaba del teléfono y le hablaba a su hijo.

– ¿Me lo vuelves a pasar luego?

– No, me llevo el teléfono arriba.

Le llegaba su voz débil desde el otro lado del teléfono. “Tan tierno…”

Sunyoung se puso otra vez.

– Pues ya hablamos ¿vale?

– ¿Quieres que vuelva a llamar mañana?

– Si, bueno, no hace falta que sea mañana pero vas llamando ¿vale?

Asintió, aunque no podía verle.

– Ok, hablamos. Buenas noches.

– Buenas noches – respondió ella. Se apartó el teléfono de nuevo y aún la oyó hablar mientras Minki se lo llevaba escaleras arriba. – ¡No te quedes dormido al teléfono!

– Nooooo – le respondió dejando sordo a Baekho – Hola Hyung. – añadió risueño.

Estaba de buen humor, y Baek no pudo evitar sonreír al oírle. “Al final si que ha ido bien que me fuera…”

– Hola peque.

– ¿Que haces?

– Hablar contigo.

Le oyó reír al otro lado y sonrió. Oyó también como se metía en la cama y se tumbaba.

– No, pero estos días, en general.

– Pues pasar tiempo con mis padres, con mi hermano. Reencontrarme con algunos amigos – “Y tirármelos” Le pareció mejor ahorrarse ese detalle – Visitar el pueblo, las playas, y poco mas.

– Oh, entonces te lo estas pasando bien.

– Si. – admitió – Pero si quieres que te cuente un secreto, siento que ya no pertenezco aquí, que este ya no es mi sitio.

– Claro que no, tu sitio esta aquí, a mi lado.

No pudo evitar sonreír y sentir como su corazón se calentaba. Tenía ganas de verle, sonreírle y abrazarle, estar donde debía estar.

 

 

 

 

Ámame Profe. 30: No me des las gracias.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

Soñó con los niños, sobretodo con Minki. Iba con ellos por la calle, o por el bosque, algún sitio con arboles. Aparecía la niebla, densa y blanca y todo se volvía oscuro. No podían verse así que se cogían de la mano. Baekho agarraba a Minki, confiando en que él cogería a JR. Y seguían caminando.

Minki intentó abrazarle, asustado, pero él le apartó, dejando solo sus manos enlazadas.

Y entonces la voz.

“¿Tienes miedo?”

“No”

“¿Por qué?”

“Porque no estoy solo” respondió apretando los deditos de Minki entre los suyos.

“¿Estás seguro?”

La niebla se disipaba y cuando se giró en su dirección Minki no estaba, ni JR. Bajó la vista a su mano que aún sentía junto a la suya y vio solo la mano, cortada. En el suelo estaba el resto de su cuerpo. En pedazos.

Despertó de repente, asfixiándose, con el corazón a cien y sabor a sangre entre los labios. “¿Me he mordido?”

No pudo volver a conciliar el sueño, así que se levantó, temblando, fue hasta el lavabo y se limpió la cara, escupiendo sangre. “Pues si que me he mordido bien…”

Se limpió el labio magullado y le quedaron las manos enrojecidas de sangre. “Jodida pesadilla…”

Respiró hondo, un par de veces, con los ojos cerrados. Seguía temblando. “Joder…”

Desayunó sin hambre y se vistió sin dejar de pensar en el sueño. Asqueado por perturbarse tanto por una estúpida pesadilla. Se vistió, recogió sus cosas y fue a buscar el coche.

“Ha sido solo una pesadilla” se iba repitiendo mientras ponía rumbo a su casa “una jodida pesadilla”. Aún así, sabía que no se le quitaría esa sensación del cuerpo hasta que les viese.

JR le abrió la puerta, sorprendido, despeinado aún y medio dormido.

– ¡Hyung! – Baekho sonrió y le abrazó al verle, sintiéndose algo mejor. – ¿que…?

“Menuda tontería”

– Buenos días JR. Va, vístete que hoy os llevo al insti.

– ¿Vamos en coche? – saltó Minki desde las escaleras, aún a medio vestir.

– Si – asintió suspirando – y ponte unos pantalones.

Luego le abrazaría también. Lo necesitaba.

Desayunó con Yixing, otra vez, ahora con más hambre, mientras Sunyoung se peleaba con Minki para que se peinase.

– Voy a cortarte ese pelo. – le decía debatiéndose con él para que se estuviese quieto mientras le pasaba la pinta.

– No, no, que lo quiero largo.

– Pues aprende a peinarte.

Baekho sonrió. Poco a poco se sentía mejor.

– Ha sido solo una pesadilla – le explicaba. – pero me ha dejado tan mal sabor de boca…

– Desde luego… soñar cosas así siempre es desagradable – le decía sonriéndole.

Yixing tenía una sonrisa muy apacible, pero con un poco más de sorna que Junmyeon, el padre de los chicos.

Abrazó a Minki cuando este bajó a desayunar. Se tensó bajo su abrazo, pero sonrió y le dio los buenos días. “Aún está mal” pensó. Y era lo más normal del mundo.

“Le he apartado tantas veces que ahora le he perdido”. De repente recordó su sueño y le dieron escalofríos.

Les llevó en coche al colegio e intentó abrazar a Minki otra vez antes de que saliese. Se dejó, pero no le devolvió el abrazo. Aún así le sonrió al marcharse.

“Poco a poco…” Se dijo a si mismo.

 

Minhyun recordaba pocos días en los que hubiese estado tan nervioso. Tal vez en el examen de nivel de piano, pero desde luego no en los finales. Lo peor era que no sabía porque se sentía nervioso.

Si, les había dicho a sus padres que era gay, pero ya estaba hecho. ¿Que era lo que le tenía tan nervioso entonces? “Que estresante es esto de salir del armario…”

Tao casi le había besado cuando se lo había dicho. JR le había besado de verdad y alguna compañera de clase (prefería no saber quien había sido) había aplaudido al beso. Pero más tarde, mientras recogía las cosas para salir de clase a última hora se puso nervioso otra vez. ¿Que diría Aron? ¿Estaría aun enfadado?

Espero durante diez minutos, luego tubo que admitir que Aron había salido antes y no le había esperado. “Por lo menos podría avisar…”

Fue hasta su casa con pasitos nerviosos. Rápido, aunque cada veinte pasos se paraba y se obligaba a respirar y relajarse. Quien dice veinte dice diez. O cuatro.

Casi no se atrevía a llamar al timbre. Nunca había ido solo y estuvo dudando frente a los interfonos. “Es muy grave que no me sepa en que piso vive mi novio…” Lo dedujo más que recordar y casi saltó de alegría cuando le oyó respondiendo al otro lado.

– Aron… soy yo, Minhyun.

No respondió, pero abrió.

“¿Estarán sus compañeros de piso?”

 

Mentiría si dijese que no le había estado esperando, igual que al día anterior. También mentiría si dijese que no se había maldecido los huesos por no haberle esperado, por no haber ido luego él a su casa a pedirle perdón.

Odiaba haberse enfadado por algo así. ¿Es que a caso era culpa de Minhyun? Era un crío aun, su mundo funcionaba diferente al suyo. Y se suponía que Aron entendía eso. ¿Porque se había enfadado entonces?

No había podido evitar sentirse decepcionado, triste al imaginarse pasando solo la navidad, tan lejos de casa y sin la única persona por la que se había planteado no volver a América. Aunque eso último era una locura.

Pero eso no era culpa de Minhyun. Ni eso ni nada.

Le abrió la puerta con una disculpa en los labios, deseando abrazarle y sin atreverse a hacerlo.

– Siento no haberte esperado, y haberme enfadado. Quería disculparme por gritarte, por enfadarme, no quería…

– Se lo he dicho. – le cortó Minhyun serio.

– ¿Eh?

– A mis padres. – “¿Eh?” – Les he contado lo nuestro. Sin decirles quien eras tu, pero… ya sabes…

“Oh.”

“My.”

“God.”

Le miraba sin reaccionar, sin saber que responder. Sin saber que pensar más allá de que le quería. Minhyun seguía hablando, murmurando algo sobre que sí que pasarían juntos las navidades, que no se iría de su casa en todos esos días a no ser que le echase. Y Aron solo podía pensar que le quería.

Saltó a sus brazos, cogiéndole por la nuca y atrapando sus labios entre los suyos.

– Gracias. – murmuró entre sus labios. Se separó, bajando sus manos por su pecho, abrazándole y cruzándolas detrás, apretándose a él pegando sus frentes, con sus labios tan cerca que le podía sentir respirar. – Gracias. – Le besaba, sintiendo los brazos de Minhyun sobre sus hombros, sus manos en su pelo, como este le empujaba para entrar completamente en el piso – Gracias. – Cerró la puerta tras él, aún besándole, pegándole contra ésta. – Gracias.

¿Por qué le daba las gracias? ¿Por estar con él esos días? ¿Por admitir, haciéndose un favor a si mismo, que estaba con él? ¿Por demostrarle que no se avergonzaba de lo que tenían? ¿Por sentenciarse a amarle igual que ya se había sentenciado él?

No lo sabía, sabía que quería besarle, acariciarle y agradecerle existir y estar a su lado, quererle.

– Hey Minhyun.

Se separó de golpe, recordando que no estaban solos. Minhyun se sonrojó hasta las orejas y se medio escondió tras él mientras saludaba a su compañero de piso.

– Hola Henry. – murmuró con una pequeña reverencia. Este se rió de su sonrojo y Aron le ignoró tirando de Minhyun para encerrarse en su habitación con él.

Le pegó a su cuerpo, cogiéndole de la cintura, y se enredaba entre sus labios, mordisqueándolos, lamiéndolos, rozando su lengua con la suya, entrando en su boca. Minhyun le mordía la lengua, sorbía, y él temblaba. Le pegó a su cintura y sintió como empezaba a ponérsela dura, le sentía contra su cuerpo y suspiraba entre sus labios. “Oh god…”

Le quitó la chaqueta del uniforme, y Minhyun se separó para ayudarle, enseguida volvió a pegarse a él, a sus labios, acariciando sus hombros y su nuca con los dedos crispados, enredando los dedos entre su cabello. Tiró de su camisa para sacarla de sus pantalones, buscando casi a tientas los botones para quitársela, y Min respondió bajando las manos a su cintura para buscar el borde de su jersey, y tirar de él, desnudándole, acariciándole el pecho al hacerlo. Jadeó por el frío de sus manos, se rió contra sus labios, pero no le dejó apartarse.

Se abrazó a su pecho desnudo, sintiendo el roce de su piel contra la suya, besándole, acariciándole, bajando las manos a su pantalón para pelearse con su cinturón, mientras Minhyun tiraba lejos la corbata que aún estaba alrededor de su cuello. Le empujó hacia la cama, tirándole sobre ella. Minhyun sonrió, con las mejillas sonrojadas y avergonzado. Le abrió los brazos y cuando Aron se tumbó sobre él le abrazó y atrapó sus labios de nuevo.

Sus cuerpos se rozaban mientras Aron se colocaba sobre él, con sus piernas entrecruzadas. Se rozaban y se besaban, abrazándose y acariciándose.

Bajó la mano hasta su entrepierna, colándola por dentro de sus pantalones. Minhyun se apartó para quitárselos y Aron hizo lo propio con los suyos. Luego le ayudó con sus calzoncillos, para vergüenza del pequeño que se encogía sonrojado bajo su mirada viciosa.

– Beautiful…

Iba a apartarle, sobrepasado, pero conocía demasiado bien esa mirada. Cogió aire, trago saliva y apretó los puños con los que se aferraba a las sabanas, tenso. Aron le acariciaba, con sus dedos alrededor de su pene totalmente erguido, bajaba y le lamía, y Minhyun se mordía los labios entre suspiros.

Jugaba con la lengua en la punta, repasándole hasta la base y volviendo a subir, acariciándole con sus manos. Sus caderas, el interior de sus muslos, sus testículos. Besaba, acariciaba, mordía y lamía, lentamente, jugando.

– Aron…

Le cogió por la nuca, obligándole a subir, buscando sus labios. Sus cuerpos se rozaban mientras subía, repasó todo su pecho con la punta de su pene hasta que este se encontró con su igual. Chocaron cuando Aron se sentó a horcajadas sobre él, con las piernas a cada lado de su cadera. Minhyun acariciaba su espalda mientras se enredaba entre sus labios, ansioso. Tensaba las piernas y a la vez buscaba las suyas para rozarse, sentir su piel. Aron le cogía por la nuca, hundiendo su lengua en su boca, mordiéndole, besándole, saboreándole. Se removía para frotarse contra su cuerpo, cada vez más duro, más necesitado, más ansioso. Minhyun bajaba las manos para acariciarle, le envolvía y le apretaba, y empezó a mover las caderas simulando suaves embestidas. Puro instinto. Pura lujuria.

Tuvo que separarse para buscar los condones. ¿Por qué nunca pensaban en eso antes? Cogió uno y volvió, luego cogió toda la caja y la dejó cerca, junto al lubricante.

Volvió a sentarse sobre él, a horcajadas sobre su cuerpo. Sintió su pene rozando su trasero y jadeó. Volvió a besarle y se apartó mostrándole lo que había traído.

– ¿Quieres… hacerlo tu?

Le miraba a los ojos mientras se lo decía, y los mantuvo, aunque se notaba que le costaba. Estaba tan avergonzado como Min.

¿En serio se lo estaba pidiendo? No iba a negarse, había soñado con ello.

Asintió y le besó, con violencia casi, mordiendo sus labios con fuerza, oyéndole jadear entre ellos. Se apartó, con Aron mirándole fijamente con esos ojos de violador. Se estiró y dejó que se encargara de quitar el condón de su envoltorio y ponérselo. A Minhyun. Jadeó, se le encogía el estómago de puro deseo al imaginarse que eso no era más que el principio.

“Mmm…”

Para cuando se dio cuenta Aron se había embadurnado los dedos en lubricante y se penetraba con ellos, dilatándose. Se mordía el labio y se tensaba, sentado sobre él. Veía su pecho subir y bajar, sus dedos entrar en su cuerpo. Tragó saliva y se incorporó para alcanzarle.

– Yo – le dijo apartando sus dedos.

Aron le miró, con ojos entrecerrados brillantes de lujuria, y Minhyun se vio obligado a besarle otra vez. Pero no alargó mucho el beso, tenía algo más importante que hacer.

Se echó lubricante en la mano y lo dejó resbalar por sus dedos, como Aron hacía siempre. Titubeó antes de bajarlos entre sus piernas abiertas, buscar su entrada.

Se sentía incómodo, bajo demasiada presión. ¿Y si hacía algo mal? ¿Y si le hacía daño? ¿Y si quedaba como un inútil? Aron era siempre tan perfecto…

Pero lo que fuese que estaba pensando se evaporó en cuando introdujo el primer dedo en su cuerpo y le oyó jadear en respuesta. Se agarraba a sus hombros, se tensaba sobre su cuerpo, respiraba hondo, y sus cuerpos se rozaban.

Movía su dedo dentro de él, sintiendo como le apretaba, como se iba dilatando. Salió y le empujó, rodando sobre la cama, quedando él sobre su cuerpo, sentado entre sus piernas. Le metió dos dedos y sintió la resistencia de su cuerpo a la vez que Aron se mordía el labio para no gemir, cerrando los ojos y frunciendo las cejas en una deliciosa expresión de placer, de éxtasis.

“Joder… Quiero hacerlo… ¿Será muy pronto aún?”

Echó más lubricante, por si acaso, y no tenía muy claro que hacer luego.

“¿Ya?”

– Min. – le llamó Aron – ve con cuidado ¿vale?

Sonrió, acercándose a él, a sus labios.

¿Tienes miedo? – se burló, divertido por su reacción vulnerable.

– ¿Y como no? – respondió con un resoplido – estás enorme.

No supo si traducirlo como un “estás” o “eres”, pero en ambos casos se sintió halagado y crecido en su orgullo.

“Tengo que hacerlo bien” Se dijo.

Se colocó y empujó, guiándose con la mano, cogiéndole por la cadera. Estaba estrecho, pero seguía empujando e iba entrando, lentamente. “Joder…”

– ¡Ah…!

Le sentía delicioso. El estómago se le encogía de placer. Aron le apretaba, tensándose cada vez más, aguantando la respiración en una mueca silenciosa. Respiró hondo e intentó relajarse, y Minhyun se hundió aún más en su cuerpo. Salió y volvió a entrar, y sintió como las piernas le temblaban de placer.

Aron fruncía las cejas, se mordía los labios reteniendo suaves gemidos. Silencioso, tenso, inmóvil. Minhyun se inclinó sobre él para llegar a sus labios, para rozarlos con los suyos, solo rozarlos. Pero Aron reaccionó al roce, atrapando sus labios con los suyos con una mano en su nuca. Minhyun volvió a empujar y sintió como los dedos de Aron se crispaban entre su pelo, como le mordía los labios silenciando otro gemido ahogado, como su cuerpo le apretaba y las piernas le temblaban.

– Aron… – murmuró contra sus labios. Este le besó de nuevo y Minhyun bajó su mano por su pecho, acariciándole hasta llegar a su pene que sentía duro contra su vientre. Aron jadeó, se relajó un poco más, y Minhyun volvió a embestir, más fuerte.

– ¡Aaaahh…!

Sus gemidos retumbaban en su piel, eran eléctricos, pura energía. Le deseaba aún más, si es que era posible. Se incorporó y pasó los brazos por detrás de sus rodillas, acariciando sus muslos. Cuando volvió a inclinarse sobre Aron sus piernas estaban sobre sus hombros.

Le pareció oír que murmuraba su nombre antes de capturarle en otro beso ansioso, cogiéndole con ambas manos, enredándose en su lengua. Dejó que le besara y se concentró en su cuerpo, en embestirle, en sentir como le apretaba, en acariciarle a él. Aceleraba a medida que Aron se iba relajando. Sus besos se volvían más apasionados, más ansiosos, mordía sus labios y su lengua, succionando. Sus manos se enredaban en su pelo, tirando de él. Y Minhyun empujaba y reculaba, embriagado por sus besos, por la deliciosamente asfixiante sensación de estar dentro de su cuerpo, el choque de sus cuerpos cada vez que entraba en él, su piel, su lengua, sus manos, su cuerpo…

Se movió y aceleró, con más fuerza. Se le cansaban las piernas pero necesitaba seguir moviéndose, llegar más dentro de él. Aron se apartó de sus labios para coger aire, jadeando, sus ojos se encontraron y le vio sonreír, y Minhyun escondió la cabeza en su clavícula, mordiéndole para silenciar sus propios gemidos. Sintió a Aron tensarse, apretarle. Se estrechaba, con él dentro. Gritó de placer cuando el fogonazo cruzó su cuerpo. Hundió la cabeza el su pecho, mordiéndole, y le cogió por los muslos para seguir embistiendo, más rápido.

Aron enredaba los dedos entre su pelo, crispaba los dedos, tensos, apretando los puños con fuerza sobre su piel. Le soltó para no arañarle y cerró el puño sobre el colchón, estrujando las sábanas entre sus dedos. De sus labios, húmedos y entreabiertos escapaban gemidos entrecortados. Por más que intentara callarse ya no podía parar. Minhyun embestía cada vez más rápido, más profundo. Le llenaba y golpeaba su interior. Cerraba los ojos con fuerza y curvaba su espalda. Volvió a buscar los labios de Min para acallar sus gemidos entre ellos. Se dejó besar, pero no podía prestarle atención, no cuando estaba tan a punto.

– Ah… Ah… Ah…

Minhyun sentía llegar el orgasmo. Se sentía cerca, tan cerca… Pero no quería terminar antes que él, no podía. Buscó de nuevo su miembro, erguido e hinchado entre sus cuerpos y le acarició con fuerza, al ritmo que embestía. Le besaba y trataba de concentrarse en ello. En besarle y no en ser besado, en darle placer a él y no sentir el suyo, en aguantar…

Aron le apretaba. Palpitaba. Sentía su cuerpo estrechándole y tenía en el estómago un nudo de placer. Necesitaba llegar ya. “Vamos Aron…”

Le veía tensarse. Jadeaba y estrujaba las sabanas entre sus puños cerrados. Sus gemidos subieron de tono, se hacían más seguidos, más intensos. Se tapó la boca con la mano y terminó mordiéndosela para ahogar el profundo alarido que le salió del alma en cuanto alcanzó el orgasmo.

Y Min se abandonó, terminó de sacudirle mientras las gotas de semen resbalaban por sus dedos. Se deleitó con sus gemidos y se dejó embriagar por la increíble sensación de su cuerpo cerrándose, apretándole.

Gritó entre sus labios al correrse y cayó exhausto sobre su pecho. Le seguían temblando las piernas, jadeaba. Sentía el cuerpo de Aron, caliente y totalmente desmadejado, bajo el suyo. Rodó para apartarse y suspiró al salir de su cuerpo. Se quitó el condón y lo tiró al suelo, rogando por acordarse después.

Se fijó en Aron, que aún jadeaba, casi incapaz de abrir los ojos. Sonrió y se acercó a besarle.

“Me he tirado al profe…” Pensó riéndose.

Se tumbó sobre su pecho, sintiendo su corazón acelerado y su piel caliente. Le abrazaba y Aron le acariciaba el pelo, lentamente.

Ya no se sentía incómodo estando desnudo con él, no después de todo lo que habían hecho. Estaba a gusto abrazado a él, sintiendo su piel contra la suya. Las sabanas estaban frías en comparación y fuera prácticamente se había puesto el sol, dejando la habitación llena de suaves luces anaranjadas. Desde la sala llegaba el sonido de la tele.

– Henry ha subido el volumen ¿verdad? – le preguntó Minhyun divertido. Aron sonrió y asintió.

Eso parece. – se removió sobre la cama, se giró a besarle y se desplomó de nuevo, bocabajo.

Minhyun le acariciaba la espalda, trazando círculos informes con las yemas de los dedos. Sin poder quitarse esa enorme sonrisa de la cara. Bajó hasta su trasero, acariciándolo, y Aron le lanzó una mirada de advertencia, sin dejar de reírse.

Suerte que mañana no tengo uni…

Bueno, pero vienes a dar clase ¿no? Haces más horas.

Pero para dar yo las clases puedo estar de pie – se rió.

Tardó unos segundos en comprenderlo, y cuando lo hizo su sonrisa se creció aún más. “Je jeje jejejejeje”

Aron se rió de su reacción y le besó. Luego rodó sobre la cama con algún que otro quejido y se levantó.

Voy a decirle que ya puede bajar el volumen – dijo mientras se ponía unos pantalones. “sin calzoncillos” Se fijó Minhyun.

“Eres un pervertido Min”.

Cuando Aron volvió Minhyun empezaba a tener frío y ambos se metieron bajo las colchas, abrazaditos.

– Mmm… – “que bien se está…” – No quiero volver a casa…

No vayas. – murmuró abrazándole.

“Sería bonito, dormir con él…” De repente la idea le gustaba demasiado.

¿Puedo quedarme a dormir?

– ¿Puedes? – le miró sorprendido – Es decir, tus padres…

No me importa – respondió decidido. Después de lo que les había dicho el día anterior ya, ¿que más daba?

Nada me gustaría más que que te quedaras a dormir aquí. – le dijo Aron con ojos brillantes.

Luego llamaría a su madre para decírselo. Ni siquiera le importaba como reaccionara. Aron le había pedido que se quedara. “Mi Aron”.

Volvió a besarle, sonriendo, y se perdió en sus labios.

 

Llegó a clase flotando en una nube, la cabeza le daba vueltas de felicidad. Había despertado a su lado y habían ido juntos hasta el colegio. Habían dormido juntos…

Ni siquiera le asustaba la idea de volver a casa y ver a sus padres cara a cara, de afrontar la realidad. No en ese momento.

“Estuve dentro de él…”

Saludó a los que ya estaban allí, incluidos JR y Sanghyuk.

– ¿Y esa cara? – se rió Hyuk. – ¿Que ha pasado?

– Me da que Aron ya no está enfadado. ¿eh?

JR le sonrió mientras se sentaba a su lado.

– Oh, comprendo, – siguió Hyuk – polvo de reconciliación.

Se esperó a que llegara Zitao antes de decir nada. No tardó mucho.

– ¡Te estaba esperando! – “ups” Igual que cada día le habría estado esperando en la parada del bus. Ni se había acordado. – Si no pasas a buscarme por lo menos avisa ¿no?

– Lo siento. – se disculpó sin ser capaz de esconder su sonrisa ni siquiera para eso. – Me quedé a dormir en casa de Aron.

Tao abrió mucho los ojos, dio un gritito y sacudió las manos, saltándole a abrazarle.

– Wow. Muy bien Min. – le felicitó JR.

– Uf, eso son muchos polvos de reconciliación. – aportó Hyuk con una mueca.

Tao se giró hacia él, dejando al fin que Minhyun respirase.

– Por su propio bien espero que le haya estado dando pol culo toda la noche.

JR estalló a reír, Min se sonrojó y Hyuk le silenció con una mueca.

– Demasiada información. – se quejó.

“No saben nada…” Pensó Minhyun.

 

Cuando a última hora Aron se presentó para darles clase Minhyun no pudo evitar sonreír otra vez, hinchándose de orgullo como un pollito. JR le miró frunciendo el ceño, como preguntándose que hacía. Era importante haberse quedado a dormir en su casa, pero ¿tanto? No era como si esa noche hubiese sido su primera vez o algo.

Volvió la vista al frente, y vio como Aron dejaba sus cosas en la silla y rodeaba la mesa para sentarse en esta, como hacía siempre. Se volvió a levantar enseguida.

“No…” la idea acudió como un flash en su mente. ¿Era posible? “No es posible…” Les imaginaba y sacudía la cabeza para quitarse la idea de ahí. “No, no, es demasiado raro”. ¡Era su profesor! Hacerse la idea de que salían había sido difícil, pero imaginarse a Minhyun arriba…

“¿Cómo…?”

Se giró a mirarle, entre intrigado y asustado de tener razón. Minhyun le miró también, con fingida inocencia.

– ¿Te lo has tirado? – le acusó en susurros – ¿Tu a él?

Min sonrió aún más, avergonzado pero visiblemente orgulloso.

– Ala… – murmuró Tao detrás.

– ¡No jodas! – Hyuk no se controló de hablar en susurros y la clase entera se giró a mirarle, incluido Aron que enseguida fulminó a Minhyun con la mirada.

Tao se retorcía de la risa sobre su silla, Hyuk miraba a la nada con cara de circunstancias mientras Minhyun intentaba esconder su sonrisilla culpable.

“Acaba de perder todo mi respeto como alumno” Pensó JR mientras veía como Aron echaba Tao de clase hasta que dejara de reírse.

 

El viernes al salir Baekho acompañó a Minki a casa. JR se iba a casa de Gyuna e iría el día siguiente directamente a casa de su padre.

Ya no sabía si era buena idea pasar tiempo con Minki o no. El pequeño no le había apartado en ningún momento, pero a ratos seguía mostrándose frío, e incluso cuando se forzaba a sonreír Baekho se sentía culpable por obligarle a ello.

Esa tarde parecía bastante animado.

– ¿Me leerás un rato esta tarde?

– Claro. – asintió – Si no tienes deberes.

– Tengo todo el finde para hacerlos – se quejó.

– Bueno, haremos deberes un rato y luego leemos. Te ayudo ¿vale?

Minki asintió, y siguió caminando mirándose los zapatos.

– ¿Sabes que Tao ha cortado con su novia? – “¿Tao? ¿novia?” debía haberlo oído mal. – no han durado ni una semana. Se veía a venir. Aunque ella es simpática y tal.

Necesitó que le explicara de que hablaba, cuando terminó estaba completamente de acuerdo con él en que había sido una locura. “Si ese chico tiene más pluma que el travesti de Pantheon…”

– Oh, mamá dijo que iríamos a mirar un traje para la boda.

– ¿Para ti?

– Si, claro. – se hinchó orgulloso. – ¿Me acompañarás?

– Si quieres si.

– Claro.

Justo llegaban a casa cuando le sonó el móvil. Era Jongin.

– Dime que te parece una locura. – le dijo nada más descolgó – No puedo ser el único cuerdo del grupo.

– ¿Eh? ¿de que hablas?

– Lee tus putos mensajes. – le dijo justo antes de colgar.

“La amabilidad personificada”.

– Voy a coger el ordenador que creo que tengo correo. – le dijo a Minki mientras él se cogía merienda y se instalaba frente a la tele.

Miró los mensajes por encima, hasta encontrar lo que buscaba.

“Wow” pensó al verlo. No le pareció una locura.

Llamó a Hongbin, esperando que pudiese cogerle el teléfono aunque estuviese trabajando. Tuvo suerte.

– ¿Por qué está indignado Jongin?

– Ni idea. – le respondió este. – A mi me parece muy bonito. Llevan ya como seis o siete años viviendo juntos, si fuese legal se habrían casado hace años.

– Seguro – estuvo de acuerdo. – A mi también me parece buena idea. Y puede ser divertido.

Wonsik y Hakyeon se casaban. Más o menos. Lo celebrarían como si fuese una boda, aunque no fuese aceptado legalmente como tal.

Pidió que le pasase a Hakyeon que estaba trabajando allí con él para felicitarle y luego llamó a Wonsik también.

– Felicidades por la boda.

– Gracias – le oía sonreír al otro lado. – Es una tontería, pero queríamos hacerlo. Aunque sea simbólico más que nada.

– Si, será bonito.

– Jongin acaba de decirme que acepta venir si le dejamos hacer de cura – se reía. – nos armará una…

“Menudas ideas…”

– ¿Vas a dejarle?

– ¿Porque no? Será divertido. Y no es más que una fiesta al fin y al cabo…

Estuvo un rato hablando con ellos, llamando a unos y otros para comentar. Kyungsoo se había emocionado y estaba al borde de las lágrimas y Jongin parecía de mucho mejor humor desde que le habían dado permiso para dirigir la ceremonia y montar la fiesta a su manera. No sabía que esperarse.

“Otra boda…” Pensó mientras volvía al comedor junto a Minki.

– ¿Que? – le dijo cogiéndole una galleta – ¿Nos ponemos a hacer deberes?

Minki le miró y asintió, no muy animado.

– Dice mamá que te vas por navidad – Le dijo mientras dejaba los libros sobre la mesa.

“¿Está enfadado?”

– Si, iré a pasar unos días con mis padres y mi hermano.

– Siempre pasas la navidad con nosotros.

– Bueno, por un año no pasará nada. – Minki no le miraba, y no estaba seguro de si quería que lo hiciese. – Serán solo unos días además.

Asintió, aún con la cabeza gacha, mirando al libro.

– ¿Te vas por mi? – le preguntó de pronto mientras leía los ejercicios.

Quería responder que no, pero sentía que estaría mintiendo. Sabía que en parte sí lo hacía.

– Te estás forzando mucho. – le dijo. – tal vez…

– No quiero que te vayas.

Su voz era tierna, suave, y una vez más le hizo sentirse cálido y querido. Y a la vez triste.

– Son solo unos días. – repitió sonriéndole. Minki levantó la cabeza para mirarle y clavó sus ojos en los suyos. Baekho tragó saliva y siguió hablando – Han sido… unos días difíciles últimamente. Sé que te pedí mucho cuando te dije que fingiéramos, como si no hubiese pasado nada. Me duele un poco ver como te fuerzas a actuar. Si me voy unos días… bueno, puede que cuando vuelva sea más fácil.

El pequeño negó con la cabeza, con los ojos aún fijos en él.

– No me fuerzo a sonreír. No me obligas. Sonrío para que no tengas que irte.

 

PD: ¡Feliz cumpleaños Aron! ^^ 

Ámame Profe. 29: Planes.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

Se acercaba navidad, se podía ver claramente en las luces que, aún apagadas, ya empezaban a adornar las calles principales y en los comerciales de televisión que encadenaban perfumes, juguetes y bombones.

Aron se despidió sus alumnos diciéndoles que ya solo les quedaba una clase, y aunque eso significase vacaciones de navidad todos recibieron la noticia con gran “noooooooo”. Era la misma reacción en todos los grupos, aunque los mayores lo disimulaban mejor. Suponía que también les afectaba menos.

Aún no terminaban de verdad las clases, pero la semana siguiente se la pasarían de fiestas de despedida así que ya había empezado a avisar a los primeros. Se preguntaba como reaccionaría la clase de Minhyun…

Aunque ya lo supieran desde un principio el hecho de que Aron tuviese que irse, tan pronto ya, era un tema delicado, tanto para Minhyun como para él.

Los sentimientos se le habían ido de las manos y a cada día que pasaba veía más como una sentencia la fecha impresa en su billete de avión. En ningún momento había planeado enamorarse de ese niño que ahora corría hacia él para volver juntos para casa, pero puesto que no había marcha atrás lo único que podía hacer era disfrutar de los días que le quedaban allí, junto a él.

Le sonrió al llegar a su lado y ambos empezaron a andar, con las manos en los bolsillos. El cielo estaba gris y nublado y hacía frío. Los días se hacían muy cortos, más cuando los pasaban juntos.

En cuanto se alejaron un poco de la zona del instituto, con menos gente, Aron buscó la mano del pequeño y la metió en su bolsillo junto a la suya, abrazando sus dedos fríos. Minhyun se pegó a él, rozando sus frentes un segundo, luego suspiró.

Ash… que sueño…

– ¿Te quedaste hasta tarde?

Es que no había terminado los deberes – admitió con una sonrisa culpable.

Tienes que dormir. – le regañó Aron riendo. Minhyun le sacó la lengua y siguió caminando a su lado.

– Ah, me da una pereza ir a piano ahora… – murmuró deteniéndose frente a un coche aparcado, mirando su reflejo en la ventanilla.

No te mires tanto – se reía Aron. – Que estás muy guapo.

– Aún se me ve el moratón.

Estás muy guapo – repitió tirando de él para que dejase de mirarse, dándole un beso rápido en la mejilla. Minhyun sonrió. – ¿Que me decías?

Y volvió a suspirar.

– Que me da mucho palo ir a piano…

– Pero si te gusta.

– Ya, pero no he podido practicar por lo de la mano mala – apenas hacía unos días que le habían quitado el vendaje de la muñeca – y me cuesta aún. Y me va a regañar porque no me salen bien las piezas. Y estoy cansado.

Aron soltó la mano que le cogía, dentro de su bolsillo, le rodeó con su brazo y le atrajo a él.

– Estás muy pesimista. – le dijo.

Resopló, cansado, y se recostó en él dejándose llevar. Habían cogido la costumbre de no ir por las calles principales para que no hubiese tanta gente. No pensaban esconderse más.

Estoy cansado – admitió. – Podríamos no ir ¿sabes? – añadió con ojos de repente brillantes – Vamos a tu casa y nos pasamos toda la tarde tumbados, abrazados, sin hacer nada.

Aron sonrió.

Sabes que no podríamos no hacer nada. Además, yo tampoco puedo, me voy a la biblioteca ahora a terminar un trabajo.

Minhyun le respondió poniendo morritos, cogiendo otra vez su mano y enlazando sus dedos.

Siempre estás haciendo trabajos últimamente.

Porque se acaba el semestre – le explicaba. – Y tenemos que entregar muchas cosas…

Te pasarás todas las vacaciones de navidad haciendo trabajos y no… no me harás ni caso. – le retrajo con voz lastimosa haciéndole reír.

Sabes que no. – sonrió y volvió a besarle en la mejilla. Min se giró y recibió el beso sobre sus labios. Se separaron en seguida, mirando que no les hubiese visto nadie. – Por cierto – siguió Aron. – ¿Que planes hay para navidad?

Pfff, – murmuró el pequeño de nuevo desinhibido – con mis padres como siempre supongo.

Aron se detuvo.

– ¿No vamos a pasarlo juntos?

Minhyun se detuvo también a mirarle, sorprendido.

– Am… bueno… no lo había pensado… supongo… es que no podría pedírselo… no se…

¿Por qué?

– Bueno… siempre ha sido así. – intentaba disculparse, pero no encontraba las palabras. De repente de sentía culpable, pero no sabía por que “Ni siquiera me lo había pedido ni nada…” – Tendría que pedírselo y dar muchas explicaciones y… es incómodo.

– Incómodo. – murmuró soltando su mano y metiéndola de nuevo en el bolsillo. Ya volvían a estar en la zona céntrica, había gente por la calle.

Aron, no te enfades.

No estoy enfadado – replicó. – Esperaba que lo pasáramos juntos.

– Estás enfadado.

No estoy enfadado he dicho. – levantó el tono de voz, pero volvió a bajarlo enseguida.

– Podemos pasar juntos todos los otros días…

– No importa. – le cortó. – Te dejo aquí que me voy para la biblioteca.

Estaban casi en la academia de música ya, pero las veces que le había acompañado siempre le dejaba en la puerta. Se fue casi sin despedirse y Minhyun se quedó allí, con su mochila y las partituras viéndole marcharse. Sintiéndose culpable.

“Se ha enfadado…” “¿Por qué no entiende que no se lo puedo pedir a mis padres?”

“Vaya asco de día…”

 

JR llegó el primero a clase. Minhyun fue el siguiente del grupito y fue directo a sentarse en su silla, sin saludar ni nada.

– Buenos días. – insistió JR con tono de reproche, guardando el móvil con el que le acababa de mandar un mensaje de buenos días a Gyuna.

– Meh.

Se preguntó que significaría eso, pero decidió no insistir hasta que se le pasase un poco.

– ¿No ha venido Tao?

– No. – respondió seco.

– Ok. – le miro, preocupado – ¿Que ha pasado?

Minhyun levantó los ojos solo un segundo, y volvió a bajarlos.

– Aron se enfadó conmigo.

– Oh…

– Supongo que tengo la culpa pero… él también… No me entiende, y me cabrea.

– ¿Por qué se ha…?

Llegó Sanghyuk, interrumpiéndolos a ambos con noticias “importantes”.

– Tao se quedó a dormir en casa de Sangmin. – les informó.

– Wow.

JR decidió que lo de Minhyun podía esperar. Aron seguiría estando igual de enfadado lo hablasen o no y el tema de Tao con su “novia” era aún un misterio sin explicación posible. Minhyun parecía opinar lo mismo.

– No, no sé nada más, – siguió explicando Hyuk – solo me dijo que se había quedado a dormir en su casa. “Que le deseara suerte”.

– ¿Que qué?

– Tío, que estos han follado.

– Ya, claro ¿Cómo?

Ninguno tenía respuesta a esa pregunta, era simplemente inimaginable.

La pareja llegó poco después, cuando la clase ya estaba casi llena.

– Pero… ¿de verdad estáis juntos? – le preguntó Minhyun en cuanto se sentó – Es que no lo entiendo…

– No hay nada que entender. – replicó muy serio – Nos queremos.

Su respuesta parecía más una programación automática de un contestador que una declaración sincera, y las miradas de sus amigos fueron más que claras a la hora de decirle que no le creían. Tao suspiró.

– No lo sé, yo… me enamoré de su personaje, y cuando supe que era ella pensé ¿Y que más da? Sigue siendo ella, sigue siendo “Max” de alguna manera. “Mi Max”. ¿Que más daba que fuese hombre o mujer. Y se lo dije y le pareció bien, pero… me cae muy bien pero no. La beso y no siento nada. Nada – recalcó. – Ayer estábamos en su casa y me ponía más su hermano que ella. Que por cierto. Está con Minho.

– ¿Minho? – saltó Minhyun – ¿Mi Minho?

– ¿Cómo que tu Minho? – se rió JR.

– Si, si, ese. Me estuvo contando. Es muy mono.

– ¿Minho?

– No, Taemin, su hermano.

– Oh, que cucos.

– Entonces ¿que? – insistió Hyuk volviendo al tema – ¿Seguís juntos?

– Supongo… pero como si no. No me excita en absoluto. Y yo a ella tampoco.

– ¿Es lesbiana?

– Creo que sí. – admitió. JR se giró a mirarla preguntándose si tendría razón. ¿Por qué no? Tampoco conocía ninguna lesbiana con quien compararla. – De hecho creo que le gusta Sunji. – siguió Tao.

– ¿La loca?

Los chicos la miraron, allí en el fondo de la clase perdida en sus libros raros.

– Ugh.

– Jope Hyuk, “ugh” tampoco. – le recriminó Min.

– Bueno, – se metió JR – es un poco… pse…

Hyuk se rió, chocó palmas con él y le sacó la lengua a Minhyun que les miraba como pensando “seréis críos.”

– En fin… – siguió Tao – no sé que hacer…

Sanghyuk le miró, molesto

– No jodas ¿eh?

– ¿Eh?

– Cuatro años rallando con que te gustan los penes ¿y ahora vas a terminar con una mujer? Mira, no. Que yo no he aguantado tus tonterías gays para esto.

Tao se le quedó mirando, asombrado, y estalló a reír junto a sus amigos.

– Ok, ok…

 

Baekho se quedó a cenar. Se lo pidieron Sunyoung y Yixing para comentarle los preparativos de la boda. Minki había sonreído cuando se lo habían dicho, pero luego se había encerrado en su cuarto a leer.

– ¿Has decidido ya que vas a hacer? – le preguntó a Sunyoung mientras ambos miraban a Yixing cocinar. Habían empezado ayudándole, pero como siempre se habían retirado sintiendo que molestaban más que ayudar.

– Creo que no voy a invitarle. – respondió ella al fin. – Tenemos buena relación pero… es mi ex marido, sería incómodo.

– No creo que se lo tome mal – admitió Baekho – tampoco creo que para él sea cómodo venir.

– No ¿verdad?

Negó, cogiendo un trozo de zanahoria cruda de la pila de verduras y mordisqueándola.

– Eh – le regañó Yixing. Le giñó el ojo y volvió a dirigirse a Sunyoung, quien les miraba divertida.

– Entonces ya tenéis cerrada la lista de invitados.

– No, no. – negó ella vehementemente. – estoy esperando a que JR me diga si quiere invitar a Gyuna o no. Y… bueno… a ver si tu traías a alguien…

– ¿Yo? – se sorprendió por el comentario – Uy, no, no.

– Hace mucho que no sales con nadie.

– Pues por eso. – se rió.

– Ya pero…

– Aunque encontrase a alguien de aquí a mayo no sería suficientemente importante como para llevarle a la boda – admitió. – y tampoco quiero montarte un escándalo.

– Anda ¿Que dices?

– Si es por nosotros no es problema – le aseguró Yixing.

Les sonrió pero volvió a negarse, y siguieron discutiendo detalles de la boda.

– He pensado que iré a pasar las navidades con mis padres – anunció Baekho un rato más tarde.

– ¿Todas las navidades? – preguntó ella. Baek asintió – ¿Y eso?

– Es que siempre voy por año nuevo lunar, que es como más tradicional, pero… no sé, son pocos días…

– Nunca te había molestado.

– Ya… – se recostó en la encimera, mirándose los pies. – Es que… no digo que tenga que pasar nada, pero empiezo a tener la sensación de que… mis padres no siempre estarán allí, y cuando no estén, que espero que sea de aquí muchos años, no quiero arrepentirme de no haber pasado suficiente tiempo con ellos o algo…

– Uff… – murmuró Sunyoung cogiéndole la mano.

– Ya, bueno, – y sonrió – y que ya sabes, mi sobrina hará ya dos años y está enorme y casi no la he visto…

Ella rió.

– No mientas, vas por tu sobrina.

– Me has pillado. – admitió riendo.

– Nunca he entendido la relación que tienes con tus padres – intervino Yixing. – es como si te fuesen indiferentes.

– Bueno, supongo que un poco sí – admitió. – Mi hermano siempre ha sido el hijo perfecto, y yo no, y recuerdo que de pequeño me molestaba, y ya cuando les dije que me gustaban los chicos se armó un escándalo… – lo explicaba como si le fuese indiferente, en parte lo era – Recuerdo que me dijeron de todo y que me cabreé y me fui de casa. Pasé un par de años odiándolos. Me vine a estudiar aquí y me mandaban dinero para mantenerme. Ya cuando empecé a trabajar ni eso. Luego me arrepentí, volví e hicimos las paces. Pero no se, se perdió mucho.

Yixing le miraba, algo triste. Sunyoung rió.

– Cariño, se te va a quemar.

Se giró y siguió trabajando en la comida.

– ¿Y no estás resentido ni nada? Es curioso.

– No, con los años… fue una tontería todo, y tampoco fue un gran drama.

– Bueno…

– ¿Está ya la cena? – entró Minki en la cocina.

– Casi – le respondió su padrastro.

Se quedó unos segundos en el umbral, y luego entró y se quedó a su lado.

– ¿Sabes hacer panqueques Yixing?

– ¿Panqueques? – le miró sorprendido. Minki asintió, muy serio. – Pues no lo he probado nunca, – admitió con una sonrisa cálida – pero no parece difícil. ¿Por?

– Audrey nos hace panqueques.

– Ah… – no supo como responder a eso. Minki se giró para irse, sin más, pero se detuvo y miró a Baekho.

– ¿Tu sabes hacer panqueques?

Baek negó con la cabeza, sin saber muy bien que cara poner. Minki suspiró, sacudió la cabeza y se fue, decepcionado.

– Tu hijo es especial – le dijo a Sunyoung.

Ella rió.

– Mucho.

 

Minhyun paraba la mesa con movimientos bruscos, intentando que pareciesen disimulados.

“¿Por qué se enfada? Ya sabe que no puedo decirles a mis padres… pedirles pasar la navidad con él cuando ni siquiera…”

Ni siquiera le había esperado a la salida. Tampoco tenía ningún mensaje suyo. Aunque él tampoco le había mandado ninguno. Había escrito como cien, pero no los había llegado a mandar. “¿Que le digo?”

¿Es que acaso creía que él no quería pasar tiempo con él? No podía. No podía pedirles eso a sus padres, tendría que dar demasiadas explicaciones, explicaciones que ni quería ni podía dar. “No puedo Aron…”

Odiaba que estuviese enfadado, y se enfadaba él. “Será idiota”.

Y odiaba estar enfadado él. No quería enfadarse.

“Quiero a ese idiota…”

Suspiraba y volvía a deprimirse. No le había hablado en poco más de un día y estaba así ¿Cómo lo soportaría cuando se fuese, para siempre?

Se prohibió pensar en ello y dejó el último plato sobre la mesa.

Cuando se sentó a cenar con sus padres y su hermana seguía dándole vueltas al tema. Quería pasar la víspera de navidad con Aron igual que él, pero no sabía como decirles a sus padres que no iba a pasarla con ellos sin darles explicaciones. Desde que le había dicho a su madre que salía con alguien, alguien que ella, obviamente, había supuesto inmediatamente como una chica, los tres no dejaban de insistirle por más detalles. Si sacaba el tema…

Su hermana iba comentando cosas de la universidad mientras comían, pero Minhyun no le prestaba la más mínima atención.

¿Si se lo explicaba con calma dejaría de estar enfadado? Aron siempre parecía muy seguro de si mismo, pero si le explicaba que para él era una situación difícil tal vez… tal vez podía entenderle y era simplemente que no había intentado ponerse en su papel, tal vez…

Si les pedía a sus padres pasar navidad con “su novia” les pedirían que se la presentase. Supondrían que era algo serio. Y, fuese serio o no, era un “algo” que se terminaría en enero, o febrero, cuando Aron se fuese. Y entonces si que tendría que dar explicaciones. ¿Valía la pena?

¿Podía ser que Aron se hubiese enfadado por pensar así? ¿Por no querer decírselo? Aron, que tenía colgada en su habitación la bandera arcoíris y un poster de Freddie Mercury. ¿Era posible que se enfadase por orgullo? Si se lo explicaba a sus padres, si le demostraba a Aron que no se avergonzaba de él ni de su relación… Pero ambos sabían que no era eso. Si por él fuera lo gritaría a pleno pulmón en medio de la calle. No podía hacerlo.

Y aún así quería. Quería pasar ese día con él, ese y todos los demás, porque cada segundo sin él sentía que era tiempo que desperdiciaba, un tiempo que a cada día que pasaba parecía más valioso y más escaso.

– Mamá, papá… – apenas levantó la voz, pero consiguió atraer su atención, fuese de lo que fuese de lo que estuviesen hablando. Inhaló y se cogió las manos por debajo la mesa. Tampoco tenía que contarles tanto. – ¿Vamos a hacer algo por navidad?

– Bueno, lo de siempre. – empezó su padre.

– Yo voy a salir – anunció su hermana. Pero ella lo tenía fácil, era mayor, hacía años que salía con sus amigas.

– Yo es que… – “va, que no es tan difícil” – Quería pasarlo con… con mi novia. – No era una mentira ¿no? No del todo. Aunque dijese “novia” pensaba en Aron. Decir “pareja” le hubiese sonado demasiado raro.

– Oh – exclamó su madre con una sonrisa orgullosa. – Claro, claro, pero vas a tener que presentárnosla. – “No”

– Que misterio de chica, – siguió su padre sonriendo como ella – ya tengo ganas de conocerla, alguien capaz de hacer sonrojar así a nuestro bichito…

“¿Sonrojar?” Realmente si, cada vez que hablaba de Aron se le ruborizaban las mejillas.

“¿Por qué no dejan de insistir en que se la presente? Se lo presente, lo que sea.”

– Bueno… no se…

– Si no nos la presentas pensaré que sales con un tío o algo. – soltó su hermana sin más.

Se quedó helado, tieso, con la mirada fija en el plato. ¿Lo sabía? ¿Cómo lo sabía? No. ¿Por qué? Su secreto se iba a la nada. Y Aron tendría problemas si se sabía, le quitarían la beca si no algo peor. Por eso no había dicho nada, no porque se avergonzase de nada.

“Aaaaaaaaahhh…”

¿Pero qué podía hacer? Si le habían descubierto…

“¿Me han descubierto?”

Bien pensado su hermana siempre hacía bromas. Bromas al azar y sin sentido. ¿Era esa solo una más? Aunque lo fuese, ya era tarde. Su reacción había sido más que obvia.

– ¿Min…? – le miraba su madre preocupada. – ¿Es que es verdad eso?

– Am…

Iba a responder que no. Tenía que responder que no, porque no había otra respuesta viable.

“No me avergüenzo” se recordó a si mismo.

Pero aunque no tuviese sentido decirlo por Aron, quería hacerlo. Y sí tenía sentido hacerlo por quien fuese que hubiera después de Aron. Por él mismo.

“Tengo que hacerlo…”

– Sí…

Nunca una palabra tan corta le había costado tanto de pronunciar. Sentía que le hacía un nudo en la garganta, que presionaba para salir a la vez que empujaba hacia dentro.

– Cielo… – empezó su madre, nerviosa. – ¿Estás seguro de eso? Porque eres muy joven para saber algo así.

– Hijo, eso no es más que una fase, estarás confundido.

– Es fácil a veces confundirse con algo así, si sois muy amigos…

Quería gritarles que no, que se equivocaban, que lo tenía claro y que le quería, que una mujer nunca podría darle eso, que eran ellos quienes se confundían. Pero no se atrevía, ya había sido suficientemente difícil admitirlo…

Pero se sorprendió a si mismo hablando.

– No. – decían sus labios. Su corazón. – No es una fase, no estoy confundido. – hablaba claro, pero no sabía qué dirigía sus palabras. Mentalmente no paraba de gritarse que qué estaba haciendo y que se detuviese de una vez – No somos solo amigos. Y puede que él no sea el definitivo – no lo sería, no podía – pero será un “él”, tenéis que aceptar eso.

Siguió comiendo, ahora en silencio mientras el resto de su familia le miraban sin ni moverse. Cuando terminó dejó los platos en el fregadero y salió con una breve reverencia.

“¿¿¿Pero que demonios acabas de hacer???”

Ya tumbado en su cama, mirando al techo, se planteó si no hubiese sido mucho más fácil decir que iba a salir con JR y compañía.

“Eres idiota” pensó. Pero se sentía bien.

 

 

 

Ámame Profe. 28: Oculto bajo mentiras.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

Minki fue a buscarle el martes, como había prometido. Le sonrió al verle y se colgó de su brazo para ir hacia casa, pero no estaba feliz.

Le soltó en cuanto hubieron girado la esquina, caminando a su lado, pero muy lejos.

No habló, y el silencio se hacía pesado. Demasiado pesado.

– Bueno, cuéntame algo. – le preguntó Baekho al fin.

– ¿Que? – preguntó el pequeño sin expresión alguna.

– Mmm… no se… ¿Que ha pasado en tu clase estos días?

– Joori y Minseok están saliendo – dijo con voz monótona.

Intentó visualizar a la pareja de chicos de quien le hablaba pero solo conseguía evocar sus caras de cuando tenían cuatro años. Aunque Minki le hubiese hablado de ese tema a menudo. Era el cotilleo estrella de su clase.

– Ah, ¿al final si?

Minki asintió, sin más, y Baekho siguió preguntando, tirando de él para no volver a ese silencio depresivo.

– ¿Y como fue eso?

– Chanyeol y Jongdae les encerraron en el baño hasta que se besaron.

Baekho no pudo evitar sonreír, ahora sincero, al imaginarse la escena.

– Que pareja más rara deben hacer.

Recordaba a Minseok como un niño escuálido y inquieto, y a Joori como esa niña grandota que perseguía a Minki de pequeño.

Se encogió de hombros otra vez, sin más, pero justo cuando Baekho cogió aire para suspirar, hastiado de su silencio, el pequeño se soltó y empezó a hablar.

– Yo creo que pegan muy bien juntos, porque no me gusta ninguno de los dos. Ambos son molestos, que se vayan a molestar entre ellos. – se metió las manos en los bolsillos, enfurruñado, pero volvió a sacarlas enseguida – Pero se nota que a Joori no le gusta Minseok. Le pidió para salir hace tiempo y le estuvo dando largas hasta que sus amigos se han plantado, es como si la hubieran obligado casi.

– Pobrecita.

– Si, un poco. Osea, siempre ha sido molesta, pero no le deseo a nadie cargar con una bestia como Minseok. No se porque tiene tantos amigos. Aunque tampoco entiendo porque ahora todos dicen que Joori es muy guapa y todos los niños están por ella. Incluso Sehun estuvo diciendo que le gustaría salir con ella. Y Lu igual. Están todos tontos.

Baekho sonreía, casi parecía que no hubiese pasado nada entre ellos, parecía una conversación como cualquier otra de un día como cualquier otro, y eso le hacía feliz.

– Bueno, igual es que es guapa de verdad.

– ¿Cómo va a ser guapa ese monstruo?

– No se, yo hace muchos años que no la veo – se justificó encogiéndose de hombros. La recordaba como una niña gordita, pero no fea, con que hubiese adelgazado un poco…

Minki le miró de reojo, enojado de que le llevase la contraria, Baekho sonrió y el pequeño se encogió de hombros.

– Bah, igual si, tampoco me cae bien. – dijo dando a entender que no le interesaba. – A Taekwoon le han aceptado en el equipo infantil federado o algo así – añadió cambiando de tema. – de fútbol – aclaró.

– Anda, que bien.

– Si, está muy feliz. Bueno, a su manera – Sonrió.

“Al fin.” Pensó Baekho. No era una gran sonrisa, pero era la primera sonrisa de verdad que veía desde el hospital. Más bien desde el día antes. “Desde que me besó”

Tampoco duró mucho.

Le estuvo comentando las cosas que hacían en clase, cuales le interesaban, cuales le aburrían. Lo guay que era el profe de inglés y que solo les quedaba un mes con él.

– Tres clases. – le dijo exasperado. – nos lo ha recordado hoy. No quiero que se vaya. Volveremos a hacer todas las clases con Yoora y será un palo.

– Me imagino. – asintió Baekho – Aron es buen profe ¿verdad?

– Es el mejor. – cortó tajante – porque es divertido y nos lo pasamos bien en sus clases, pero también aprendemos un montón.

– Eso está muy bien.

Sonrió, y aunque Minki no le devolvió la sonrisa parecía caminar un poco más cerca ahora.

“Tendré que ganármelo poco a poco” pensó.

Entre los tira y aflojas con Minki, el ataque a Minhyun y Tao (con su consecuente visita al hospital y a comisaría para denunciarlo) y la próxima boda de Sunyoung con Yixing, Baekho se había olvidado casi por completo de sus amigos, y de hecho no pensó en ellos hasta que Wonsik y Hakyeon le llamaron insistiendo en quedar todo el grupo cuanto antes mejor.

Quedaron para ir a cenar el sábado al restaurante donde iban siempre y, si estaban de humor, ir luego a Pantheon, que quedaba por la zona.

Hongbin y Hakyeon fueron los últimos en llegar, el primero de ellos con una expresión devastada.

– Eh, Bin – le llamó Baekho apartando la silla a su lado para que se sentase. – ¿A que viene esa cara tan larga?

Él negó con la cabeza, sentándose, y Hakyeon le palmeó el hombro y se sentó también, saludando al grupo y a su novio.

– ¿Problemas con tu jefe? – le preguntó Jongin con su sonrisa pícara.

– Cierto, estabas saliendo con él – siguió Baekho – ¿Es que no va bien?

Hongbin le fulminó con la mirada y Kyungsoo se estiró para cogerle la mano por encima la mesa y pedirle con la mirada que lo contase, que lo compartiese con el grupo.

– ¿Que es lo que pasa?

– Lo que pasa es que el muy cabrón está casado – soltó con rabia – y tiene dos niñas.

– ¿Que? – saltaron los otros cuatro.

Hakyeon volvió a palmearle el hombro mientras Hongbin enterraba la cabeza entre los brazos, derrotado.

– ¿Pero como…?

– Menudo capullo.

– ¿Y no lo sabías? ¿No te había dicho nada?

Se incorporó con gesto derrotado y negó con la cabeza.

– Esto necesita una buena borrachera – sentenció Jongin levantándose y dirigiéndose a la barra.

Hongbin volvió a suspirar y Baekho le pasó el brazo por los hombros intentando animarle igual que hacían los demás con halagos y exclamaciones, algún que otro insulto mientras dejaban que se desahogara.

Un rato más tarde un camarero les cogió nota y les trajo las bebidas.

– ¿No había ido Jongin a por las bebidas? – se extrañó Kyungsoo un rato más tarde. – Tarda mucho ¿no?

– Estará liándose con el camarero – respondió Wonsik sin darle más importancia.

Baekho dio un vistazo alrededor, a las otras mesas y comensales.

– ¿Tenemos un camarero nuevo? – les preguntó.

– Que yo sepa no.

– Pues entonces se está liando con Lily. – sentenció no muy convencido.

– ¿Lily la Drag Queen? – exclamaron los demás sorprendidos.

– No te creo. – se rió Hongbin ya más animado.

– Pues mira, yo de Jongin ya me lo creo todo.

Baekho tuvo que asentir ante eso y se unió a las risas de sus compañeros.

– Ya habían estado liados ¿no? – aportó Kyungsoo. – antes de que Lily fuese “Lily”, ya sabéis.

– Ya, pero antes tenía un pase, ahora… entre los aros y el pintalabios…

– Todo gay que se precie ha estado liado con Jongin. – comentó Wonsik riéndose. – aparte de los de esta mesa, claro.

– Pues que tú digas eso precisamente… – murmuró Baek. Hongbin y Kyungsoo se rieron con él y Wonsik le miró extrañado. – fiesta de año nuevo de dos mil uno. – le recordó.

– ¡Eso no cuenta! – exclamó incorporándose. – íbamos borrachísimos, no me acuerdo de nada y acordamos no volver a hablar de ello nunca.

– ¿Que pasó? – se metió Hakyeon curioso. Los demás rieron y le contaron, para vergüenza de su novio, como se habían emborrachado él y Jongin hasta terminar liándose sobre la barra del local donde habían ido.

– Fue hace mucho tiempo – concluyó Wonsik incómodo. – Por cierto ¿Cómo fue tu cita Kyungsoo? – le preguntó cambiando de tema. El aludido suspiró.

– Bien – dijo recostando la cabeza en el dorso de la mano. – es muy guapo. Muy romántico. Muy inteligente también. Me llevó a un restaurante carísimo. Tiene un apartamento de lujo y folla como los dioses.

– Wow.

– Pues menuda pasada.

– Ya. – suspiró Kyungsoo de nuevo. Luego bajó la vista a la mesa. – como sea, no creo que vuelva a verle.

– ¿Y eso? – se interesó Baekho sin poder evitar reír.

– ¿Tan mala impresión le causaste? – Se rió también Wonsik.

– No, no… de hecho ya me ha pedido otra cita pero… no se, no creo que acepte.

– ¿Demasiado perfecto?

Se encogió de hombros echando una mirada al restaurante.

– Oye Kyungsoo – Hakyeon se echó sobre la mesa para hablarle más de cerca. – ¿Cuántos años llevas enamorado de Jongin?

El aludido se sonrojó inmediatamente mientras sus amigos estallaban a carcajadas.

– Ha… Hace muchos años que superé eso. Solo forma parte del pasado – respondió nervioso.

– Vamos Kyungsoo. – insistió Baekho divertido – ¿Cuántos años hace que no sales con nadie en serio? Tienes citas con tíos tan perfectos como estos y ni siquiera lo intentas.

– Quien fue a hablar – le respondió Kyungsoo incrédulo. – ¿Cuántos años hace que no tienes siquiera una cita?

“Touché” Pensó.

– No le digas eso, Kyungsoo – le defendió Wonsik. “¿Con que me saldrá este ahora?” – Baekho es un hombre casado y con obligaciones para con su familia.

– ¿¿¿Eh???

Los demás se rieron con ganas de su cara de espanto. Hongbin le palmeaba el hombro riéndose a carcajadas.

– Cierto, cierto – añadió – y más ahora preparando la boda.

– Ah, dejad ya eso – se quejó.

– Pues…

– ¿De que habláis? – Jongin volvió finalmente a la mesa, sentándose en su silla y estirándose – ¿de los cachorritos de nuestro tigre?

– Seh – le explicó Wonsik – de que no tiene citas porque es un ocupado padre de familia.

– Wonsik… – le amenazó Baekho con la mirada. “El tema ya cansa”

– De padre de familia nada – replicó Jongin. “Gracias”. – Está esperando a que el nene sea mayor de edad para tirárselo.

Se atragantó con su propia saliva mientras los demás estallaban a carcajadas.

– ¿Que? ¿Minki? ¿¡Estás loco!?

 “¿Es que el mundo se ha vuelto contra mi?”

Minki despertó en esa cama que no era su cama. Se dio media vuelta y siguió durmiendo. Su padre fue a despertarle un rato más tarde.

– Vamos, levanta dormilón – le decía sacudiéndole con voz divertida – ¿Que quieres pasarte todo el día en la cama?

“Quiero desaparecer” Pensó Minki tapándose con el edredón hasta las orejas “Baekho no me quiere…”

– Va va – le destapó y le sacudió – Que Audrey nos ha hecho el desayuno.

“Bdej, tostadas con mermelada otra vez” Minki adoraba a la nueva esposa inglesa de su padre, pero aún la adoraba más cuando no insistía en prepararles la comida.

Le prometió que se vestiría e iría a desayunar y se incorporó. Tubo un escalofrío al poner los pies desnudos en el suelo. Se frotó los ojos y echó una ojeada por la habitación buscando sus calcetines. “¿Dónde los tiré?”

Su hermano ya se había despertado, porque su cama estaba vacía y hecha. “Tan perfecto él…” Sus calcetines estaban plegados a los pies de su cama.

“¿Es por eso que Baekho no me quiere? ¿Por qué no soy tan perfecto y respetuoso como Hyun-ah?”

Estaba enfadado. Más que enfadado cabreado, harto.

Harto de ver a Baekho y querer abrazarle, querer que le envolviese con sus brazos fuertes, que le mimara y le besara, y de ver siempre en sus ojos esa advertencia, ese “no” rotundo.

Empezaba a odiarle. Pero tenía que seguir sonriendo. Tenía que seguir a su lado, viéndole cada día, abrazándole solo un segundo como había hecho siempre, riéndose de las bromas de su familia, verle llegar e irse cada día. Porque nadie podía saberlo, porque nadie podía entenderlo.

Ni siquiera Baekho parecía entenderlo. “¿Por qué está mal que le quiera? ¿Por qué él no me quiere a mi?” “Esto es muy cruel…”

Estaba cansado de actuar, de fingir, de no poder abrazarle de verdad, de tener que verle y que no fuera más que su amigo. Si es que llegaba a ser eso.

Se dejó caer otra vez sobre la cama y pataleó, frustrado.

Su mamá se casaba, enamorada, su padre vivía feliz con Audrey, que incluso a ojos de Minki era preciosa, su hermano tenía a Gyuna a quien quería un montón, Minhyun estaba saliendo con Aron. Todos eran felices menos él. Porque Baekho tenía treinta años y él no. “No es justo…”

– ¡Minki! – le llamó su padre dese afuera.

– ¡Voy!

Terminó de vestirse corriendo y salió. Se detuvo un segundo frente a la puerta y se estiró de los mofletes con una mueca. “¡Fighting Minki!”

– Buenos díaaaas – saludó con una sonrisa.

– Vaya horas de levantarte renacuajo.

Le sacó la lengua a su hermano y se sentó en la mesa, todos terminaban ya de desayunar.

– ¡Oh! ¡Has hecho panqueques!

– ¿Te gustan bebé? –preguntó ella sonriéndole.

– Sip – le respondió sonriendo mientras se llenaba el plato.

– Come mucho ¿eh?

– Ni hace falta que se lo digas – se rió su padre mientras Minki ya se llenaba la boca.

– De eso nada, que está muy delgado este chico y tiene que crecer.

El pequeño le sonrió encantado mientras su hermano le sonreía y se apalancaba sobre su silla, ya lleno.

– ¿Tenéis muchos deberes? – les preguntó el padre.

– Yo algo. – admitió JR.

– ¿Minki? – este negó con la cabeza, masticando. – Pues si terminas pronto podemos salir a comer fuera – volvía a dirigirse a JR. – Damos una vuelta, vamos al cine y luego ya os dejo en casa.

– ¡Guai! – saltó el pequeño. Su hermano sonrió y asintió.

– Si, perfecto. No es mucho, puedo terminarlo ahora.

Cuando Minki terminó de comer fue hasta la habitación y se dejó caer sobre su cama. JR estaba sentado en la suya, trabajando. El escritorio estaba en el comedor-sala de estar, pero era un apartamento muy pequeño para tanta gente y en la sala siempre había alguien, prefería hacer los deberes en su cuarto aunque tampoco fuese muy grande.

– ¿Que haces? – le preguntó Minki.

– Química.

– ¿No tenías un trabajo de lengua?

– Ya lo terminé. Está en casa impreso.

Minki resopló, se estiró sobre la cama a coger su libro y se puso a leer bocabajo.

Baekho le había leído ese libro hacía años. Lo estaba leyendo él otra vez porque recordaba que le había gustado y sabía que en ese momento no había entendido muchas cosas. Pero le traía demasiados recuerdos, de él recostado sobre su pecho mientras le acariciaba el pelo y le arrullaba con su voz. Y dolía.

– ¿Estás bien?

Había dejado de mirar el libro para mirar por la ventana y JR le miraba algo preocupado.

– Ah, si, nada, es que no me apetece mucho leer. – cerró el libro y lo dejó, sonriéndole, pero su hermano le miraba serio y dejó también su libreta para levantarse y sentarse a su lado.

– Llevas días deprimido – le dijo abrazándole por el hombro. Minki se tensó “nadie tenía que saberlo, he disimulado”.

– ¿Deprimido? No, no, si estoy perfectamente. – le sonrió otra vez para darle aún más fuerza a sus palabras, pero JR seguía mirándole triste.

– Aun estás peleado con Baekho ¿verdad? – “¿Tanto se me nota?” – ¿Que pasó?

Minki se miró las manos, cruzadas sobre su regazo, y se mordió el labio.

– No puedo decírtelo…

– Bueno, realmente tampoco sé si quiero saberlo – respondió JR con una sonrisa irónica.

El pequeño se le quedó mirando. “¿Hasta donde sabía?” Recordaba haber dicho un montón de veces que Baekho iba a ser su novio, que iba a casarse con él, pero él nunca le había tomado en serio. ¿Es que su hermano si? “Jo, justo ahora que nadie tiene que saberlo…”

Empezaba a tomar consciencia de hasta que punto era escandaloso lo que sentía, que no podía irlo diciendo por ahí, que la gente no lo vería bien.

“Porque no está bien”.

Ese pensamiento le dolía. Saber que sentía algo que no debía sentir. Pero tampoco era como si pudiese hacer algo para remediarlo, simplemente lo sentía, estaba enamorado.

– Huyn-ah… – llamó a su hermano recostándose contra su hombro – ¿Está mal lo que siento?

JR se quedó callado y apretó el abrazo, sin saber que decir.

– No lo sé – admitió al fin – Es raro, pero… estar mal… no lo sé…

Zitao dejó caer la cabeza sobre el libro, frustrado.

– Estúpido trabajo de lengua… – murmuró. “No lo termino a tiempo ni de broma… que palo…”

Se incorporó y se estiró sobre la silla, cansado y asqueado. “Bueno, necesito un descanso”. Se giró y encendió el ordenador. Fue al baño mientras cargaba y cuando volvió entró directamente al rol. Des que se había viciado al estar esos días en casa que no había podido dejarlo. “¿Estará Max?”

No se llamaba Max, obvio, igual que él no se llamaba Liam y ninguno de los dos vivían en naves espaciales, pero así era el juego, podías ser quien quisieras, y ese Max era su hombre ideal. Si recordaba algunas de las cosas que le había dicho incluso se sonrojaba. Y Tao tampoco era virgen precisamente, para su edad tenía ya un número nada menospreciable de experiencias, pero aún así… las cosas que le decía ese chico… “es que ni imaginación para eso tengo…”. Ya se calentaba solo de recordarlo.

No aparecía como conectado, pero le mandó un mensaje igualmente, a ver cuando respondía.

“Heys, andas cerca d tu planeta d origen?”

Desde que le había dicho que era de la misma ciudad no podía sacarse de la cabeza la idea de conocerle. Ya sabía que en persona lo más probable era que no se pareciese en nada al personaje que interpretaba, pero aún así sabía que no le decepcionaría. “No podría decepcionarme alguien que me dice esas cosas…”

Estuvo revisando la actividad del resto de gente, pero nada le llamó especialmente la atención. “Es que sin mi Max…”

Por suerte no tardó mucho en responder.

“Que va, que va, solo de descanso en la nave nodriza XD”

“xDDD” Sonrió al leerlo y se apresuró en contestar, algo nervioso “no, en serio, estas por la ciudad?”

“seh” respondió enseguida “¿por?”

“Habia pensado que igual podiamos vernos” lo escribió de un tirón y lo mandó sin volver a leerlo. Luego se arrepintió, pero ya estaba hecho.

El siguiente mensaje tardó un poco más en llegar. “¿Le habré asustado?” Se preguntó.

“… no creo que sea buena idea” Puñalada. “Creo que no soy como te imaginas…”

“Bueno pero…”

– ¡¡¡Es una mujer!!! – les decía a sus amigos el lunes en clase, dejándoles a todos con la boca abierta y los ojos como platos.

Hyuk fue el primero en reaccionar, estallando en carcajadas.

– Pero… ¿Pero que…? – empezó Minhyun sin reaccionar aún.

– ¿Y como que una mujer juega a un Rol gay??? – Preguntó JR mientras Hyuk aún se reía. Tao resopló.

– Pues según ella no es tan raro… Dice incluso que pensaba que yo también sería una chica… hasta que colgué una foto mía y me reconoció…

– ¿Te reconoció?

– Si, ¿no os lo he dicho? Además me conoce ¡y yo no sé quien es!

– Mmm… – se giró Hyuk mirando hacia el resto de la case – podría ser cualquiera…

– Pff, espero que no sea de clase… – murmuró Tao asqueado.

– Bueno, bueno, – siguió JR manteniendo la calma. – Has estado roleando con una mujer que te conoce pero que tu no sabes quien es. ¿Que tan grave es eso?

– ¿Has jugado alguna vez a un rol? – le preguntó fulminándole con la mirada. – Es un puterío. – exclamó un poco más alto de lo que le hubiese gustado. – Mira, no se si todos son así, pero los cometarios se suben de tono a la mínima. Es como: personaje masculino encuentra personaje femenino, se lían, personaje masculino encuentra personaje masculino supuestamente gay, se lían, personaje femenino encuentra personaje femenino, se lían, caballo encuentra dragón, se lían,…

– ¿Hay caballos y dragones?

– De Skyland no, pero de otros roles…

– ¿Pero a que jugáis???

Tao suspiró otra vez.

– Mira, tampoco es tan así, pero si que hay mucha tendencia a rolear por parejas, y Max era mi pareja, y… me estaba empezando a enamorar… – admitió bajando la vista entristecido. Minhyun se acercó a abrazarle y él suspiró otra vez. – Mira, tampoco es tan grave, ya se me pasará, pero… me intriga quien pueda ser ella. Todo esto es muy raro…

– Ya, ya…

– Tao. – Sangmin estaba ahí a su lado, de pié. Su pareja para los trabajos. “Oh, no…” – ¿Podemos hablar?

Asintió y se levantó para salir tras ella, con el corazón a cien.

– ¿Será ella? – preguntó Minhyun a sus amigos en cuanto hubieron salido del aula.

JR se encogió de hombros.

– Pues tiene que ser súper incómodo, – apuntó Hyuk riéndose otra vez – todo este tiempo yendo juntos a clase y todo…

– Como se nota que le compadeces y te sientes mal por él… – le miró JR irónico. Min se reía también.

– Lo disfruto demasiado – admitió – por cierto, Min. Dime otra vez porque no llevas tu corbata…

Dejó de reírse, cansado.

– Deja ya el tema ¿no? Llevas todo el día igual…

– Va, dímelo otra vez.

Y Minhyun suspiró y repitió por quinta vez ese día.

– Me la dejé en casa de Aron… – Y Hyuk volvió a estallar en carcajadas. “Se lo está pasando en grande hoy…” pensó JR. – de verdad que no entiendo qué es tan divertido…

– Es que os imagino saliendo de su casa en modo “mierda, que tarde, mi madre me va a pillar” y vistiéndote por las escaleras mientras corres…

“¿Y que tan gracioso es eso?” Se preguntaba Minhyun abochornado.

– No fue así…

Si lo había sido, Aron le había perseguido escaleras abajo dándole la ropa, salió corriendo y no se dio cuenta de que se había dejado la corbata hasta que Aron no le llamó cuando él ya estaba en casa. Aún suerte que solo había sido la corbata…

Hyuk siguió riéndose, chinchándole, hasta que Tao volvió a entrar y fue caminando hasta su silla como un autómata, se dejó caer en ella sin expresión alguna y se quedó mirando al vacío.

– ¿Y bien? – pregunto Minhyun alegre de poder cambiar de tema. – ¿Era ella?

Tao asintió, mirando aún fijamente a la pared.

Pero si sus amigos pensaban que no podían tener más sorpresas ese día estaban total y absolutamente equivocados.

– Estamos saliendo.

Un par de horas más tarde, cuando ya solo quedaban dos clases para terminar el día (y nadie comprendía aún el porque de esa estúpida e incoherente decisión de Tao), Aron se acercó a su clase y llamó a Minhyun para que saliese. Este se levantó ignorando los comentarios y silbidos de sus amigos y se apartó de la puerta para hablar con él.

– Te la dejaste – le dijo Aron tendiéndole su corbata.

– Lo sé – dijo suspirando. “Con la de veces que me ha hecho repetirlo Hyuk…”

No podía besarle estando en el instituto. En el pasillo frente a su clase para ser más exacto. Ni besarle ni abrazarle ni nada. Tenía ganas de irse para casa ya y pasar un par de horas acurrucaditos en su cama…

– Hoy me quedaré después de clases – le informó frustrando su planes. – Tengo que entregar unos formularios de la uni y me los tienen que firmar y tal… Así que voy a quedarme hasta tarde.

– Oh, vaya…

– Aprovecha para avanzar deberes ¿eh? – por su tono de voz sabía que si no estuviesen ahí le estaría diciendo eso abrazándole por la cintura y pegándole a su cuerpo, con sus frentes pegadas y mirándole desde abajo con esa sonrisa ladeada, esos ojos brillantes de lujuria… Se sonrojó solo de imaginarlo y tubo que separarse un paso aunque estuviesen a una distancia perfectamente respetable entre un profesor y un alumno. “Si pienso que es mi profe… bff…”

– Em… – ¿Que le había dicho? – Si, si, estaré estudiando, si…

Aron se rió, se rascó la cabeza echando una ojeada al pasillo y se colgó mejor la guitarra del hombro.

– En fin, nos vemos mañana. – se acercó aprovechando que nadie miraba y añadió en voz más baja. – Y no vulvas a dejártela o me la quedaré y te ataré a la cama con ella…

“Oh…” Minhyun le vio sonreírle y girarse, caminar pasillo abajo y desaparecer en el vestíbulo principal “Oh joder…”

Lo había visualizado perfectamente, y no podía quitárselo de la cabeza. “OH JODER”.

Cuando Baekho salió del colegio ese día se encontró a Minki esperándole con una sonrisa. Le abrazó y le cogió de la mano, pero no se la soltó al girar la esquina y siguió sonriendo.

“Anda…”

Se preguntó hasta que punto esa sonrisa era verdadera, pero al final optó por fingir él también y creerse que era real. Le sonrió, y se dio cuenta de que se sintió mucho mejor al hacerlo.

Minki tampoco sabía si esa sonrisa era real, solo sabía que prefería fingir y ver como le devolvía la sonrisa que tener que dejar de verle, o verle enfadado por ser demasiado insistente. “Puedo volver a intentarlo en unos años” se decía a si mismo.

– Hyung, hace mucho que no me lees nada. – le dijo colgándose de su brazo como cuando era pequeño.

“Hyung…” Repitió Baekho mentalmente. Le encantaba que le llamase así.

– Porque ya lees tu solo. – le respondió.

– Pero me gustaba que me leyeras…

Le miraba hinchando los mofletes. “Es como cuando era pequeño… Solo que mucho más alto”. No era lo único que había cambiado, pero le gustaba pensar que si.

– Bueno, pues buscaremos algún libro ¿Vale?

Asintió, feliz, y siguió explicándole cosas de su clase, de sus amigos, de JR y su grupo.

Esa misma tarde se lo llevó a dar una vuelta por el centro. Fueron a la librería y le compró un par de libros para leerle, se vio obligado a entrar con él a un par de tiendas de ropa y terminó comprándole también un gorro de lana con borlas azules. Llegaron por la calle principal hasta el multicine, compró una crep de chocolate para cada uno y se las comieron sentados en un banco viendo pasar a la multitud. Le hizo prometerle que se quedaría un día a dormir en casa, le recordó que le debía llevarle al parque de atracciones y le pidió, a su manera, que le acompañase a escoger el traje que llevaría en la boda de su madre.

– ¿Quieres un traje entero?

– Si, si, de los buenos. Pero negro no, blanco o de un color clarito. Negro es muy serio.

Sonrió. “Estará guapísimo”.

– Vale. Tu me ayudarás a escoger el mío también ¿eh?

Asintió con energía y sonrió.

No sabía si fingía, no sabía si actuaba para él o para si mismo, ni siquiera el mismo Minki lo sabía, pero Baekho parecía feliz cuando le sonreía, y a él le gustaba también verle sonreír, pasear a su lado y hacerle bromas como antes.

Y ese dolor que había sentido Minki cuando le había rechazado, cuando le había dicho que no podía ser, ese dolor que se le clavaba a Baekho en el corazón al ver a Minki llorar, al verle sufrir. Todo ese dolor fue quedando oculto bajo un montón de sonrisas fingidas y mentiras, que, poco a poco, se convirtieron en realidad…

 

 

Cada vez me retraso más, lo sé, ahora mismo estoy algo bloqueada, bastante en realidad. Me cuesta ponerme y seguir, y es frustrante porque lo únco que quiero es que avance la historia… Así que quiero disculparme por tardar tanto y, ante todo, asegurarles que NO voy a dejar el fic a medias. No hay nada que odie más que dejar una historia a medias, así que SEGURO lo terminaré. Solo os pido un poco de paciencia… 

¡muchas gracias a los que seguís leyendo! ¡Os quiero a todos! ❤

Ámame Profe. 27: Sobre cristales rotos.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

“Eres muy pequeño” Le había dicho.

Sabía eso. Lo tenía asumido, pero no lo veía un problema. Ahora resultaba que no era el único problema.

“Yo también creceré”.

¿Que demonios importaba eso? ¿Por qué para él no importaban esos dieciocho años y para Baekho si?

“¿Acaso no soy guapo?” se preguntaba “Lo soy ¿verdad?” “¿por qué no se enamora de mi?”

Volvió a dejarse caer sobre la cama, agotado. No le había ido a buscar al terminar el cole. “Ayer tampoco fui, ni anteayer…” No le había visto en toda la semana en realidad, desde el ataque. Le echaba de menos, pero por otro lado… No quería verle. Sentía que iba a llorar si le veía. “Me ha roto el corazón…” Giraba sobre la cama, enterrando la cabeza en la almohada y pateando. “¿Por qué no me quieres Baekho?”

Aún así, besarle había sido hermoso. “No me arrepiento” “Creo…”

Oyó los pasos de su madre en el pasillo. Llevaba diez minutos en casa y debía extrañarse de que nadie hubiese bajado.

– ¿Minki? – le llamó abriendo la puerta – a, estás aquí. ¿No ha venido Baekho hoy tampoco?

Se dio la vuelta sobre la cama, dándole la espalda y respondió con un “no” seco. Sunyoung arqueó las cejas y suspiró. Ya desistía de entenderle.

– ¿Y tu hermano?

– En casa de Gyuna.

– ¿Sabes cuando volverá? ¿Si vendrá a cenar? ¿A dormir?

– No. – respondió seco de nuevo.

“¿No lo sabe o no vendrá?” Se preguntó ella. “Sacaré más en claro hablando con Jonghyun directamente…”

– Bueno, Yixing y yo estamos abajo. – ya se iba cuando volvió a girarse. – ¿No deberías estar haciendo deberes?

Minki se giró a mirarle, fulminándola con los ojos, y ella le aguantó la mirada. Su pequeño podía ser muy testarudo, si, pero al fin y al cabo lo había sacado de ella. Y alguna autoridad tenía que tener como madre. Al final Minki se levantó y se sentó en el escritorio y Sunyoung dio la vuelta y volvió a bajar.

En cuando salió Minki dejó caer la cabeza sobre el libro que ni había abierto.

– Baekho… – murmuró. – Hyung…

 

Zitao llegaba en el bus esa mañana. Estaba nervioso. “De vuelta a la rutina” pensaba. Aún tenía los puntos en la cabeza y algunos compañeros le miraban. Una chica de su curso que cogía el mismo bus se acercó a hablarle y ya empezó a sentir que ese día sería perseguido por la prensa prácticamente. “Mientras solo me persigan cotillas…”

Minhyun le había ido a buscar a la parada, como hacía siempre, pero JR y Hyuk le acompañaban también. Casi lloró al verles allí. Tenía que admitir que estaba asustado. ¿Y si se los encontraba de nuevo? Les habían expulsado, pero eso no les alejaría del parque y los alrededores. ¿Y si volvían a buscarle?

Bajó del bus con cuidado, esperándose el último para evitar los empujones, se dejó abrazar por sus amigos y se colgó del brazo de Hyuk para ir hasta el colegio.

– ¿Siguen expulsados? – les preguntó.

– Si, tranquilo, por lo que sé es una expulsión definitiva.

– ¿Presentasteis la denuncia? – les preguntó Hyuk. Asintieron, JR incluido. Sabía que Baekho les había acompañado a hacerlo. Aunque llevase toda la semana sin verle.

Tao se sintió más seguro una vez hubieron pasado la puerta del instituto. Un par de profesores le saludaron al verles pasar hacia el aula preguntándole si ya estaba mejor. Se encontraron también con Minki y sus amigos y el pequeño corrió a abrazarle.

– ¡Taoooo!!! – grito saltando a sus brazos.

– Auch – se quejó apartándose. – mis costillas…

– Vigila renacuajo. – le reprendió su hermano.

– Lo siento. – se disculpó avergonzado. – Pensaba que ya estabas bien.

– Hace solo una semana – replicó. – estoy mejor.

– Lo siento… – repitió.

– No pasa nada – sonrió acariciándole el pelo.

Le pasó el brazo por los hombros y dejó que les acompañara hasta su pasillo. Allí el pequeño se despidió de todos y se fue para su clase.

A medida que se acercaban a la clase y al entrar en ella se iban encontrando cada vez más compañeros que se acercaban y le preguntaban como estaba.

– Bien, bien – iba repitiendo – casi totalmente recuperado.

Entró la profesora interrumpiendo las conversaciones y haciendo que todos se sentaran en sus sitios.

– Oh, Hwang Zitao, me alegro de que estés recuperado ya. – le dijo con una sonrisa educada.

– Muchas gracias profesora. – le hizo una reverencia y abrió el libro, algo abochornado.

Entre clase y clase se giraron los cuatro a charlar entre ellos, estirándose y quejándose del tostón que les había metido.

– Me duele la mano… – se quejaba Hyuk estirándose. – tengo el brazo entero agarrotado…

– ¿Que estuviste haciendo ayer Hyuk? – se burló Minhyun girándose y sentándose sobre su pupitre.

– Es de tomar apuntes imbécil.

Le lanzó la goma de borrar a la cabeza y luego tuvieron que buscarla por el suelo, aún riéndose.

– Ay… que ganas tenía de volver…

– Si anda, yo también quiero una semana de vacaciones.

– Es aburridísimo, le respondió con expresión fastidiada. – Créeme. Te pasas el día durmiendo. Y te conectas y no hay nadie. Al final te aburres hasta de la tele y la play y todo.

– Pff…

– Me hice una cuenta de rol.

– ¿Rol?

– Si, de “Skyland”, la serie esa…

– Si, si. – le cortaron. Todos la conocían.

– Pues eso.

– ¿Y que tal? – se interesó Min. – ¿De quien haces?

– De Liam.

– El gay, obvio.

– Si. – se rió. – Pues mola lo suyo. Lo encontré por casualidad y como estaba aburrido me hice una cuenta. Y es divertido, conocer a la gente y tal, te metes en el mundillo.

– Que guay.

– Si. Y bueno, haces amigos… – se sonrojó al decir eso, bajando la cabeza.

– Uh, ¿es que hay alguien…? – le preguntó Hyuk con una sonrisa cotilla.

– Bueno, hay un tío que hace de Max, que ha estado hablando mucho conmigo… y me tira los tejos…

– Jaja, no dejas de ligar ni estando postrado en la cama.

– Ya, bueno, algo tenía que hacer. Además me cae genial, y vive en la ciudad, así que… igual intento quedar con él.

– Salido – le soltó Hyuk.

– Quien fue a hablar. – le respondió irónico. – ¿Cómo va con Joohyun y su hermana?

– Ah, ni me hables, menudo dolor de cabeza. – enterró la cabeza entre las manos, negándose a contar nada más.

– Ah, por cierto, – le llamó JR a Tao – Sangmin nos preguntó ayer si habías hecho algo del trabajo de historia.

– ¿Eh? – le miró extrañado – Pero si tiene mi mail, ¿Por qué no me escribe?

– Ya, no se, le dijimos que te preguntase que ni idea – le explicó Minhyun – pero dijo que no quería molestarte si estabas mal y tal.

– Ah… – se quedó descolocado. “Que rarita”.

– Bueno, déjala, es especial. – dijo JR encogiéndose de hombros. – Su hermano es gay.

Los otros tres se le quedaron mirando. “¿Es especial porque su hermano es gay?”

– Pues mira quien fue a hablar. – se rio Tao.

– Lo de Minki no está confirmado, – replicó aferrándose a sus últimas esperanzas – aún podría ser hetero.

– Si claro, – respondió riéndose – y también podría estallar la tercera guerra mundial mañana.

 

Abrió las cortinas del probador y salió fuera, aguantando el porte elegante.

– ¿Y bien?

Cataratas de encaje blanco caían de su cintura hasta el suelo, se ceñían en el pecho y volvían a caer en unas mangas amplias y vaporosas.

– Wow, es precioso.

– A mi me gustaba más el anterior.

Sunyoung suspiró, cansada. Llevaba toda la mañana probándose vestidos, buscando el modelo ideal para su día ideal. La acompañaban su hermana Eunyeong y Baekho, y no había manera de que se pusieran de acuerdo.

– Pero el otro tenía el escote muy bajo, – se quejaba él – y tenía ese repunte raro al final…

– ¿Y es peor eso que estas mangas? – replicaba la chica – Vamos, si parece que lleve un hábito.

– Anda, anda…

– A mi no me disgusta – murmuró Sunyoung cansada.

– ¿Vas a fiarte más de su opinión que de la mía? – replicó su hermana incrédula. – o digo porque yo me he casado y él no va a llevar uno de estos en su vida.

– Pero mi punto de vista es el del hombre que tiene que verla en ese vestido.

Ella le miró, exasperada.

– Te gustan los hombres Baekho, no cuentas. Si fuese por ti llevaría un traje.

– Está bien, está bien. – les cortó la futura novia. – ¿podéis dejar de pelearos y ayudarme con las agujas?

– ¿Lo descartas? – le preguntó Baekho apenado.

– Me lo quito – respondió ella mientras volvía a encerrarse en el cambiador con su hermana – que pesa un muerto.

– Ah, pues si no te sientes cómoda con él no, que tendrás que llevarlo todo el día.

La oyó suspirar desde dentro.

– Ah, la otra vez no fue tan difícil… – se quejaba – cuando tenía veinte años todos parecían quedarme divinos. Mi cuerpo ya no es lo que era…

– Anda, anda – le replicaba Eunyeong – no digas tonterías.

– Sigues estando divina – le sonrió Baekho cogiéndole el vestido y devolviéndoselo a la silenciosa dependienta. Esta había desistido de darle consejos cuando iba por el sexto modelo, cansada de discutir con sus acompañantes.

Les costó horas decidirse, uno era demasiado serio, el otro demasiado fresco, el otro demasiado juvenil, el otro demasiado sobrio, demasiado recargado, demasiados lazos, demasiadas puntas, demasiado blanco…

Eunyeong se tubo que ir a la hora de comer, a casa con su familia.

– Prométeme que escogerás el de los lazos o el de los ribetes azules. – le dijo a su hermana al despedirse.

– Pero si el de los lazos era horrible.

– Para que luego no me digas que no te doy opciones…

Ambas rieron mientras se despedía de Baekho también.

– El de los ribetes azules era muy bonito. – admitió él.

– ¿Ves que fácil unnie?

– ¿Y no podíais decidir eso hace tres horas?

Ella se fue y Sunyoung volvió al probador a quitarse el último vestido.

– Realmente… no hay nada tan cómodo como la ropa de calle… – suspiró al salir.

Él la abrazó y le sonrió.

– ¿Os lleváis este entonces? – ellos asintieron y esperaron mientras lo ponía en su caja.

Pagó, sintiendo que le dolía dejarse tanto dinero en un vestido. “Pero bueno, es especial…” y la dependienta se lo dio con una sonrisa.

– Seguro que será una boda hermosa. Que seáis muy felices.

Asintieron y salieron riéndose.

– ¿Se ha pensado que vas a casarte conmigo?

– Eso parece, aunque pensaba que Eunyeongie le había dejado claro que te gustaban los hombres.

– Fenómenos inexplicables. – resolvió él encogiéndose de hombros. – Vamos, que te invito a comer.

Minki y JR se habían quedado en casa de su padre ese fin de semana y Yixing se había quedado terminando trabajo en casa, alegando que no quería ver el vestido antes de la ceremonia, para seguir correctamente la tradición. Además, se estaba mudando ya oficialmente y tenía cosas que arreglar.

– No, no, que Yixing me espera en casa, ¿Quieres venir tu?

– ¿Y estropearos una perfecta velada romántica sin niños? Dios me libre.

Si aceptó acompañarla a casa, y llevarle la bolsa. “Pues es verdad que pesa como un muerto…”

– Oye – le llamó ella seria – ¿Que es lo que pasa con Minki? ¿Os habéis peleado?

Baekho suspiró.

– Es obvio ¿no?

– Bastante… No has venido a casa en toda la semana. ¿Es que ha hecho algo?

– No – se apresuró a responder – No ha hecho nada – “solo me besó, declaró que estaba enamorado de mi, se puso a llorar cuando le dije que lo nuestro no era posible,…” – Creo que… el día del ataque estaba nervioso y alterado y le dije algo que le sentó mal – “Como que no podía corresponderle y no podría hacerlo nunca” – y está dolido por eso – “con el corazón roto como él mismo dijo…” – pero no te preocupes, hablaré con él… y… – “¿y?” – lo arreglaré…

Sunyoung suspiró, cogiéndole del brazo.

– No me gusta veros así. – le confesó. – No se porque pero… supongo que hace muchos años ya que estás con nosotros y me he acostumbrado. Minki te tiene mucho apego y… se me hacer muy extraño no veros juntos. Cuando estáis peleados… se siente como si algo estuviese mal. Muy mal.

Realmente, algo estaba muy mal cuando no podía ver a Minki, cuando no le esperaba fuera del colegio con sus sonrisas, cuando no hinchaba los mofletes a cada cosa que le decía, cuando no pasaba las tardes merendando con él y ayudándole con sus deberes. Se sentía muy mal, se sentía vacío.

“Pero no puede ser lo que él quiere que sea.”

Suspiró y se obligó a sonreírle a Sunyoung.

– Lo arreglaré. – le dijo convencido.

– Hazlo por favor.

 

 

Ese lunes Minki tampoco fue a buscarle al salir del trabajo. No lo esperaba, igual que no le había esperado toda la semana anterior, pero aún así… estaba demasiado acostumbrado a que lo hiciese, a que le esperase en la puerta de la entrada con su sonrisa y sus abrazos posesivos. Echaba de menos eso, echaba de menos acompañarle a su casa, comprarle la merienda y tener que insistirle para que hiciese los deberes, que le suplicase que se quedase a cenar y que le preguntase con ojos de corderito cuando podría quedarse a dormir en su casa.

Le había prometido a Sunyoung que lo arreglaría, que hablaría con él, y se lo debía. A ella, a si mismo y a Minki. Porque esa situación no hacía feliz a nadie.

Caminó hasta su casa sintiéndose muy extraño de hacer ese camino solo. Al entrar, con la copia de las llaves que hacía años que tenía encontró a JR y Minhyun trabajando en la mesa del comedor.

– ¡Hyung! – le saludó el primero sorprendido y a la vez feliz.

Minhyun le saludó también con una reverencia. Los cardenales que le dejaron en la paliza aún se veían, aunque tiraban ya a tonos más amarillentos y su labio había recuperado su aspecto habitual.

– Hola chicos. – les respondió el saludo – ¿Trabajando?

– Si.

Se acercó, dejando sus cosas sobre el sofá y sacudiéndole el pelo a los chicos.

– Bien hecho. – les animó con una sonrisa – ¿está Minki?

A JR se le borró un poco la sonrisa.

– Si, está en su cuarto. – Baekho asintió y ya se disponía a subir cuando el chico añadió – está un poco depre…

– Lo sé – se giró sonriéndoles. – a ver si podemos arreglar eso.

Mientras subía las escaleras se preguntó como demonios haría eso. “¿Que puedo decirle?”

Sinceramente, lo único que le venía a la mente para hacer feliz al pequeño y compensar lo que le dijo era un “yo también te quiero, voy a ser tu novio”, y eso, sin lugar a dudas, estaba fuera de consideración.

“Como me pida un beso lo llevo claro…” Lo veía perfectamente posible.

– Minki… – le llamó abriendo la puerta.

Estaba tumbado en la cama, con los auriculares puestos y mirando al techo. Se giró a mirarle unos segundos, se incorporó y se quitó los auriculares. Se había cambiado el uniforme ya e iba con un chándal. “Y con mi camiseta” Pensó Baekho.

– Hyung…

“Si ya me llama así de entrada…”

Tenía los ojos tristes. Esos ojos que le habían cautivado cuando tenía cuatro años, cuando lloraba en sus clases porque sus padres se peleaban. Esos ojos tristes que le enamoraron hasta condenarle a su lado de por vida cuando sus padres se separaron.

Era la mirada más hermosa que Baekho había visto nunca, y le rompió el alma.

– Minki – repitió sentándose a su lado.

Él seguía mirándole, fijamente, en sus ojos cargados de tristeza había una suave luz de esperanza, y se sintió horrible al saber que iba a derrumbar esas pocas esperanzas que le quedaban. “Tiene que entenderlo” Se dijo a si mismo.

– Tu madre está preocupada. – empezó diciéndole. Minki se alejo un poco, parte de esa esperanza se rompió, y Baekho tubo que cogerse ambas manos para que la tristeza de Minki no le afectase demasiado. – Y sinceramente yo también. A ninguno de los dos nos gusta verte así de triste y… y te echo de menos. – sus ojos se iluminaron de nuevo, acercándose un poco más a él.

“No Minki, no puede ser”

– No podemos estar así – siguió hablando – porque no es bueno para ninguno de los dos y solo estamos preocupando a tu madre y a los demás sin ni siquiera poder explicarles lo que pasó. Sunyoung no deja de preguntarme y no sé que decirle.

– Hyung – le cortó el pequeño. – yo no quiero estar peleado contigo.

Le miró y sintió que todas sus fuerzas se derrumbaban. Sus ojos decían mucho más que sus palabras “No quiero estar peleado contigo, quiero ser tu novio y estar a tu lado…” Minki alargó sus manos para coger la suya entre sus deditos finos. Baekho se apartó, cerró los ojos y se concentró.

– Minki – le dijo muy serio mirándole otra vez. – No puedo corresponderte – Casi pudo sentir el dolor en sus ojos – Ni siquiera puedo aceptar tus sentimientos. Lo que tu quieres no puede ser. – Minki se mordió el labio, los ojos le brillaban con las lagrimas que empezaban a acumularse en ellos. “No porfavor, no llores”

– ¿Está mal que te quiera? – le preguntó con voz lastimosa.

Baekho quiso abrazarle, quiso acunarle entre sus brazos diciéndole que no, que no pasaba nada, que estaba bien. Quería borrar esas lágrimas de sus ojos, quería borrar ese dolor de su corazón a besos.

“Tiene doce años” Se recordó.

Se quedó donde estaba, mirándole. No quería verle llorar, ¿pero como podía evitarlo? Si para aceptar eso tenía que llorar que lo hiciera, estaría allí para abrazarle.

Y Minki le miraba, fijamente, con los ojos brillantes de lágrimas, clavándole toda esa tristeza en su corazón. Hasta que se vio obligado a parpadear, cayó la primera lágrima y bajó la cabeza para secarse los ojos y mirar a un lado, manteniendo la compostura. Baekho cogió aire y decidió seguir hablando.

– No quiero tener que alejarme de ti – le dijo intentando que su voz sonara suave – no quiero dejar de verte, perderte. Eres importante para mi.

Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo, sabía que no quería verle llorar, ni morderse el labio de esa manera para evitarlo, tampoco quería que le mirase con esos ojos tan devastadoramente tristes.

– ¿Me quieres?

Fue apenas un susurro y la voz le temblaba. Baekho tubo que respirar hondo antes de responder.

– No de la forma que tu quieres. Pero si, mucho. Te quiero mucho Minki.

El pequeño se sorbió los mocos y se secó las lagrimas con el dorso de la mano, luego con el borde de la camiseta. Sollozó y Baekho tubo que obligarse a si mismo no saltar a abrazarle, envolverle en sus brazos y decirle que todo estaba bien, que le amaba, que no quería verle llorar, nunca más.

Minki levantó la cabeza, con los ojos rojos y las pestañas empapadas, sonrojado y con los labios rojos de mordérselos. Miró al techo un segundo y luego a Baekho, solo un segundo antes de desviar la mirada a la ventana. No mostraba expresión algunas pero sus ojos seguían siendo tristes.

Viendo que Minki no tenía intención de hablar Baekho cogió aire y siguió hablando.

– Entonces podemos… intentar comportarnos como antes. – le pidió con miedo. Sonaba horrible en su cabeza. Olvidar ese beso, ese intento desesperado del pequeño de tenerle. “No quiero tener que darle explicaciones a su madre…”

– ¿Olvidarlo? – preguntó Minki con cautela. Le miró de reojo, sin moverse, sin cambiar la expresión.

– Fingir que no ha pasado. – rectificó él. – Si más no frente a los demás. Sería… muy difícil explicar todo esto.

El pequeño asintió, desviando la vista a la ventana de nuevo.

– Vale. – aceptó aún sin mirarle. – ¿Que le decimos a mamá entonces?

– Que estamos bien ahora.

Minki le miró, a los ojos, y Baekho supo que esa iba a ser la mayor mentira que había dicho en mucho tiempo. Pero sonrió, y le siguió al levantarse para salir de la habitación y bajar a la sala.

Caminando tras él para salir de la habitación Baekho pensó que no había arreglado nada realmente. Fingirían que no había pasado nada, frente a los demás, para no preocupar a Sunyoung ni a JR ni a Yixing ni a nadie. Fingirían para el resto del mundo, incluso para ellos. ¿Pero que arreglaba eso? Minki seguía teniendo esa profunda tristeza en el fondo de su mirada. Y a Baekho le dolía, odiaba verle así y odiaba saber que era su culpa. Tenía tanta rabia consigo mismo y con el mundo que sentía que podía estallar, y a la vez no había nada que deseara más que abrazar al pequeño y cubrirle de besos solo para borrar esa tristeza y verle sonreír, sincero, de nuevo.

Y se permitió ese abrazo, se permitió detenerle justo antes de bajar las escaleras, rodearle con sus brazos y pegarle a su cuerpo, envolviéndole con todo su cuerpo, protegiéndole, como había hecho siempre. Sintió como, con la espalda pegada a su pecho, Minki se tensaba, como cogía con fuerza los brazos que le envolvían, y como le llamó, apenas en un susurro.

– Hyung. Si me abrazas lloraré.

Le soltó de inmediato, como si quemase, y se quedó inmóvil viendo como empezaba a bajar las escaleras sin girarse. Respiró hondo y bajó tras él.

– ¡Hey! – le oyó saludar a JR y Minhyun que seguían trabajando allí abajo. – ¿Habéis merendado?

Baekho llegó a verle salir corriendo hacia la cocina, los chicos le sonreían desde su mesa de estudio, les devolvió la sonrisa como pudo.

– No, tráenos las galletas. – le gritó JR a su hermano.

– ¿Las de chocolate? – Ya volvía, cargando con ellas, corriendo con sus gestos animados de siempre, las dejó sobre la mesa y se sentó con ellos a mirar como trabajaban mordisqueando una tranquilamente.

Sunyoung y Yixing no tardaron en llegar, y ambos sonrieron al ver a los cuatro sentados en la mesa, sobretodo la madre, que se emocionó con el “Hola mamá” risueño con el que le saludó el menor de sus hijos.

– ¿Te quedas a cenar Baekho? – Fue Minki quien se lo preguntó, mirándole con ojos brillantes y sonriéndole. Le miró sorprendido pero enseguida sonrió también y asintió.

– Claro, si no molesto…

– Ya sabes que no. – respondió Sunyoung regresando de su cuarto habiéndose cambiado de ropa – ¿Quieres quedarte también Minhyun?

– No, no, me esperan en casa – se disculpo este.

Fue una tarde animada, de alguna manera. La casa estaba llena y aunque cada uno estaba trabajando en sus cosas iban parando y comentando cosas, riendo y ayudándose mutuamente.

Sunyoung sonreía satisfecha, sintiendo que su familia estaba completa de nuevo.

 

Después de cenar y antes de que se hiciera muy tarde, Baekho se despidió de todos y dejó que Minki le acompañara hasta la puerta. Le había visto sonreír y reírse con sus ojos brillantes de siempre, sus mejillitas sonrosadas y sus gestos enérgicos. Casi había olvidado que nada de eso era real.

Cuando estuvieron solos, frente a la puerta de la entrada, Minki volvía a tener una máscara inexpresiva sobre su rostro. No le miró ni hizo ademán de despedirse.

Baekho se puso el abrigo, salió fuera y se giró a despedirse, pero seguía sin expresión alguna.

– Lo siento. – se disculpó de nuevo con voz suave.

Minki asintió, brusco.

– Mañana te esperaré a la salida del colegio – le informó – JR se extrañaría si no lo hiciese – añadió.

Baekho suspiró. Odiaba esa tristeza, odiaba esa rabia, odiaba esa inexpresión bajo la que se ocultaba cuando estaba con él.

– Lo siento – repitió.

– Ya lo has dicho.

Se giró y cerró la puerta tras él.

“Supongo que me lo merezco…”

Prefería que se enfadara a que se deprimiera, en parte pensaba que era más justo que le odiase.

Se envolvió en su anorak y se dispuso a caminar hacia su casa.

“Lo siento tanto…”

 

 

 

Ámame Profe. 26: Consecuencias. Parte II.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Aron entró en la sala de profesores y se encontró con un panorama algo más revoloteado de lo usual. “¿Habrá pasado algo?”.

– Pobres… – comentaba una profesora algo afligida mirando la taza de té que tenía entre las manos.

– Bah, solo son juegos de niños. – respondió otro quitándole importancia.

– ¿Juegos? – Se exclamó una tercera – Pues vaya como juegan…

Supuso que no sería nada importante, pero aún así se propuso averiguarlo. Luego, cuando volviese de las clases que ya llegaba tarde. Saludó a un par de compañeras y cogió las cuatro cosas que necesitaba para la clase, dejando el resto en su casillero. “Un casiller con mi nombre” Pensaba siempre cuando lo veía “Podría acostumbrarme a eso…”

Salió al pasillo dirección a su primera clase, en el ala de la Media. Se detuvo cuando le llegó un mensaje al móvil. De Minhyun.

“- No me esperes hoy a la salida, no he venido. Ya te contaré. Min ❤ -”

Sonrió al ver el corazón junto a su nombre, luego se dio cuenta de que eso significaba que no iba a verle ese día y le borró la sonrisa unos segundos. “Bueno, no pasa nada”. Sonrió otra vez mientras tecleaba una respuesta.

“- Ok, tranquilo, nos vemos. Fighting! Ar. ❤ -” Dudó unos segundos y borró el corazón, luego volvió a ponerlo y al final lo mandó sin. “Quedaba mejor con corazón…” Se encogió de hombros, se guardó el móvil y siguió dirección a clase. Realmente no iba tan tarde pues muchos de los chicos aún estaban revoloteando por los pasillos.

– Menuda paliza.

– Ya ves, les han machacado.

– Flipa tío.

“¿Hubo partido ayer?” Se preguntó oyendo los comentarios.

Pasó la clase sin nada destacable. Partes del cuerpo y maneras de decir que te encontrabas mal, canciones y un par de juegos y sonó el timbre para el cambio de clase. Se despidió de los niños y recogió sus cosas para irse a su siguiente clase.

En segundo de preparatoria el ambiente estaba extrañamente cargado. Faltaban tres alumnos pero no era extraño siendo esos alumnos. Intentó animarles con un par de canciones conocidas y haciéndoles hacer juegos de palabras con formas que tenían que estudiar. “¿Será que están de exámenes? Aún no ¿no?”

“Vaya día más raro…” Pensó mientras volvía a la sala de profesores.

Le preguntó a Noorim, la joven profesora de biología con quien tomaba el té al llegar, los días que iba con tiempo, si había pasado algo, y ella enseguida se prestó a explicarle con todo lujo de detalles.

– ¿No te has enterado? – le decía mientras ambos se ponían los abrigos. – Unos chicos se han peleado esta mañana en el parque, antes de entrar en clase.

– ¿En serio? – respondió sin estar realmente sorprendido. “¿Y para esto tanto jaleo? Habrá sido una pelea muy gorda…”

– Si, muy brutal. Cinco chicos mayores apalizando a dos de primero – seguía explicando. “Eso ya parece más fuerte…” – Primero de preparatoria – Especificó. “Igualmente…” – Les han tenido que mandar al hospital, y uno estaba inconsciente.

– Wow. – “Ok, si es fuerte…” – ¿Y se sabe como están?

– No. Bueno, yo no, no se si al director le han dicho algo o qué, yo mañana preguntaré como están y ya te informo si quieres.

Ya salían fuera y Aron le aguantó la puerta a la chica que sonrió coqueta. Fuera el aire frío golpeaba la piel como agujas. “Ush…” “Y aún estamos en noviembre…”

– Pues si, infórmame. – le respondió sonriéndole. – ¿Y quienes son?

– Bf, no se, supongo que Namjoon y compañía que son los que siempre se saltan clase, pero no lo sé porque realmente solo han visto sus uniformes. Bueno, el que les ha encontrado les ha visto corriendo ya, seguro que Minhyun y Zitao si les han visto y…

– ¿Minhyun y…? – “¿Que hacía él allí?”

– Si, a ellos es a quienes han pegado… – “no…”

“No es posible…” “Min no…” “¿¿¿Y PORQUE ME TENGO QUE ENTERAR ASÍ???”

– Va… ¿Va en serio…? – preguntó con miedo.

– Si. Pobres. No les he visto pero por lo que me han dicho daban una penita tal como les han dejado. Tan monos que son los dos…

“Minhyun…” “Por dios no…”

– Oye y… ¿dices que a uno se lo han llevado inconsciente? – Apretaba los puños para no temblar. “¿¿¿Y NI SIQUIERA ME AVISA???” – ¿Quién…?

“No será él ¿no?” “Un SMS si me ha mandado. Si hubiese estado muy mal no tendría ni eso…”

– Pues creo que era Zitao. Pero realmente no te fíes mucho porque unos decían que les habían abierto la cabeza a los dos y no se qué.

“Ay por favor… Minhyun…” Se despidió rápido de ella y enseguida que se separaron sacó el teléfono para llamarle. Cada tono era un suplicio, esperar un pitido más, una tortura. Cuando iba por el cuarto oyó que le colgaban.

“¿Pero que…?” “¿Se habrá cortado?”

Lo intentó otra vez. Y otra, y otra, pero todo el rato le colgaba al primer o segundo pitido. Llegó al piso aún insistiendo en llamar.

– ¡Cógeme el teléfono de una jodida vez cabrón!!! – gritaba dando vueltas por el comedor del apartamento. Se había pasado a los insultos a la novena llamada, a la doceava empezó a morderse las manos.

“¡Es que encima me cuelga!” a los quince intentos le salió que el teléfono estaba apagado. “¿No quiere hablar conmigo o que?” “¿Está tan mal que no puede coger el teléfono?” “¡MIN PORFAVOR!”

– Hey, cálmate. – le llamó la atención Kris, su compañero de piso, cogiéndole de los hombros para que se sentase.

No podía, no podía simplemente sentarse y calmarse. ¡Minhyun estaba en el hospital! “Si por lo menos supiera en cual…” ¿Por qué no le decía nada? ¿Por qué no le cogía el teléfono? ¿Por qué le colgaba? ¿Había hecho algo mal?

“Min…”

 

Minhyun no le llamó hasta las ocho, y cuando Aron vio el numero saltó a responder.

¿¿¿AHORA LLAMAS??? ¿¿¿TIENES IDEA DE LO PREOCUPADO QUE ESTABA??? ¿¿¿POR QUÉ NI SIQUIERA ME AVISAS??? ¡HE TENIDO QUE ENTERARME POR LOS OTROS PROFES JODER!

– Aron… – murmuró Minhyun con voz cansada – no me grites, me duele la cabeza…

Su voz sonaba tan débil, tan cansada y tan tierna que Aron se desmoronó. Se sintió avergonzado por su rabia, por gritarle, por estarle echando la culpa de una situación en que era la víctima.

– Lo siento – respondió culpable. – Estaba preocupado.

– Ya…

Aron suspiró, agarrando el teléfono con ambas manos.

– ¿Cómo estás?

– Bien. – respondió – cansado. Me he roto una mano y la nariz, pero estoy bien.

Realmente estaba cansado y de lo último que tenía ganas era de enumerar otra vez sus lesiones y explicar el ataque.

– ¿Voy a verte mañana? – le preguntó Aron viendo que no tenía ganas de hablar.

– No creo… – respondió Min murmurando. “Desde luego con este moratón no voy a clase…”.

Todo el lado izquierdo de su cara estaba hinchado y amoratado, el labio le ocupaba el doble de lo normal y no podía abrir completamente el ojo, por no hablar de que todo el contorno de este hasta la oreja estaba de un violeta oscuro. “Cada vez está mas negro…”

Definitivamente no quería que nadie, y menos Aron, le viese así.

– Ya, mejor quédate en casa y descansa – respondió Aron comprensivo mientras por dentro maldecía su suerte. “otro día sin verle…” Necesitaba saber que estaba bien, verle con sus propios ojos. Sus palabras no le parecían garantía suficiente y menos con esa voz débil y pastosa. – Oye – añadió animado de repente – ¿mañana por la tarde tus padres estarán en casa?

La idea le había venido de repente. Si sus padres no estaban podía ir a verle ¿no? Moría por verle.

– Ah, no, estarán trabajando.

– ¿Puedo venir a verte yo?

– Ah… – “NO” pensó rotundo. No quería que le viese, no con la cara así. “Estoy feo”. Aunque tenía que admitir que deseaba más que nunca uno de sus abrazos. Sus bromas, sus risas, y tal vez alguna canción. – mejor que no, quiero descansar… ya nos vemos el miércoles que si que iré. – “si se me ha ido esto de la cara”.

– Em… bueno. – no podía negar que se sentía decepcionado. “¿no quiere verme?”

– Además, tampoco sabes como llegar. – añadió Minhyun para convencerle. Al fin y al cabo Aron no había estado nunca en su casa.

– Si, si, da igual. – forzó una sonrisa, sin ser muy consciente de que Min no podía verle. – Ya nos vemos el miércoles, está bien.

– Vale. Pues cuelgo que vamos a cenar ya.

“Ni siquiera puedo hablar con él un rato…”

– Vale. Que aproveche. Mejórate peque. – mantenía la sonrisa falsa aunque sabía que no podía verle.

– Gracias.

“¿Solo eso?” No podía evitarlo. Le necesitaba, necesitaba más de él. Apenas hacía dos semanas que salían y Minhyun era un crío aún, pero le necesitaba.

– Te quiero. – se arriesgó.

Se hizo el silencio al otro lado de la línea. Le oía respirar, casi podía oír el tic tac de un reloj dentro de su cabeza.

– Yo… – silencio unos segundos más. – Buenas noches Aron.

Colgó inmediatamente, y Aron suspiró para luego sonreír. Y volver a suspirar.

Necesitaba verle.

 

Para Minhyun, la mañana de descanso en casa había estado bien. Se había podido levantar tarde, sus padres estaban por ahí, mimándole y ayudándole en cualquier cosa que necesitase. Incluso su hermana estuvo un ratito con él antes de irse para la universidad.

Con tanto mimo y tanto atención, si no hubiese sido por tener la derecha inútil hubiese sido una mañana perfecta. Y bueno, ese horrible moratón en la cara…

Pero por la tarde, cuando después de comer se fueron todos… La casa parecía demasiado grande, y las horas demasiado lentas. No podía jugar a la play con una sola mano, ni tocar el piano. No había nadie conectado al chat, las series que echaban por la tele no eran aptas para mayores de tres años y estudiar o hacer deberes definitivamente no era una opción.

“Booooooh… que hago…”

Pasó unos minutos observando al pez, hablándole y jugando con él.

– Eres un soso Tazz. – le soltó al fin.

Se pasó al televisor otra vez, aburriéndose con una de esas series para bebés. “Cuando yo era pequeño hacían series mejores” Pensó. “O igual solo es que yo era pequeño…”

Pensó en ponerse una película, pero se había tragado tres durante la mañana. “Definitivamente mañana voy a clase” Se dijo a si mismo. “Definitivamente no” replicó mirándose al espejo.

Estuvo haciendo muecas ante el espejo, la mayoría le dolían. Insistió con morboso entusiasmo a tocarse los moratones, tocándose la mejilla hinchada y todo el contorno ennegrecido del ojo. “¿Tardará más a irse si me lo toco?” Apartó la mano enseguida.

– Pues aquí estamos Tazz – le decía al pez. – tu y yo, con una eterna tarde por delante…

Terminó tumbado en el sofá sin hacer nada, sin querer hacer nada. Cuando JR y Hyuk le llamaron al salir del insti para preguntarle si podían ir a verle un rato casi saltó de alegría mientras les respondía un si rotundo. Llegarían en un cuarto de hora… si no se entretenían…

“Que lleguen ya…”

 

Cuando llamaron a la puerta fue corriendo a abrirles, ya no estaba mareado en absoluto.

– ¡Heey! – les saludó al abrirles. Y se detuvo.

De pie detrás de sus amigos estaba Aron. Su primera reacción fue taparse con la mano buena todo el lado izquierdo que tenía amoratado.

– Te dije que era solo por eso. – le comentó JR a su profesor. Este sonrió y se acercó a Minhyun, abriéndose paso entre los otros dos chicos.

Estás hermoso – le dijo en un susurro apartándole la mano. – no te escondas.

El pequeño se sonrojó hasta las orejas, más al notar como sus amigos le miraban aguantándose la risa. Apartó la mirada, abrumado, y los dejó pasar.

– Necesitaba verte. – le dijo ya una vez dentro mientras él cerraba la puerta y los otros dos corrían a apalancarse en las butacas de la sala.

– También… me alegro de verte… pero… – volvió a taparse la cara en un gesto reflejo, Aron le apartó la mano de nuevo y se acercó para besarle muy suavemente en el ojo amoratado.

– No estás tan horrible. – le dijo riendo. – y no quita el echo de que quiera verte.

Consiguió hacerle sonreír, incluso con ese labio hinchado que tanto odiaba, y le cogió de la mano, la buena, para guiarle hasta la sala con los demás.

– ¿Queréis algo? – ofreció.

– Si, me traes unos canapés de caviar y una copa de champán porfavor. – le respondió Hyuk con voz grave y un gesto pijo.

– Anda, ven y siéntate. – ordenó JR poniendo los ojos en blanco.

“Ya llevo todo el día sentado” Pensó, pero aún así cuando Aron se sentó en el sofá se sentó también a su lado, aún cogiendo su mano.

– Te he traído los apuntes – siguió JR sacando la carpeta de su mochila y dejando las hojas sobre la mesa.

– Como no. – respondió irónico.

– Bah, déjale descansar, – replicó Hyuk – que está de baja.

– Bueno, ahora si suspende ya no es responsabilidad mÍa, – se excusó – luego él que haga lo que quiera.

– Gracias Júnior.

Solo le llamaba así cuando quería molestarle y JR le sacó la lengua en respuesta.

– Ah, Gyuna quería venir. – siguió – tuvimos que decirle que no, porque… bueno, ¿Cómo explicábamos que viniese Aron también entonces? Pero vaya, que recuerdos suyos y que te recuperes pronto y tal.

Minhyun sonrió, apalancándose un poco contra Aron, dejándose abrazar. Realmente había echado de menos ese abrazo… Se sintió protegido cuando sintió como le acariciaba el pelo y le besaba la coronilla, como le amañagaba y mimaba. De repente se sentía muy sensible, como si estuviese a punto de llorar sin motivo alguno, y decidió volver a incorporarse mientras escuchaba como JR y Hyuk le contaban los cotilleos de esos dos días que se había perdido de clase.

– Oh, y Dajoon se ha disculpado en nombre de su clase. – añadió Hyuk refiriéndose a su amiga de segundo, la que iba a clase con los matones que les habían apalizado. – ya le hemos dicho que ella no tenía que disculparse para nada pero…

– Ya sabes como es.

– Si, – respondió él riéndose agregándola a la lista de gente que tendría que abrazar al día siguiente. “Eso si voy” “Si me quedo será tan aburrido…” “Igual noona me puede poner algo de maquillaje…” Si a ella le tapaba las pecas a él debería disimularle un poco el moratón ¿no?

– Bueno, pues nosotros nos vamos ya. – anunció Hyuk levantándose.

– ¿Ya? – Minhyun les miró sorprendido, JR se estaba levantando también. Una parte de él se alegró. – ¿Tu también te vas? – le preguntó a Aron.

– No, yo me quedo hasta que me eches.

Reprimió la tentación de responderle con un “no voy a echarte nunca” que le sonó demasiado cursi y volvió a girarse hacia los otros dos.

– Queremos pasar a ver a Tao también, – le explicó JR. – lleva todo el día enviándonos SMS de auxilio que quiere salir de su casa.

“Estará tan aburrido como yo” Pensó.

– Ah, bueno, pues ya nos vemos mañana.

– Vendrás ¿eh? – se aseguró Hyuk mientras Minhyun se levantaba también para despedirles.

– Si, si. – “supongo…”

– Oye, desde aquí a casa de Tao es la línea ocho ¿no? – le preguntaba Hyuk ya yendo a la entrada.

– Si, pero si pilláis la doce también va y es más rápida – les explicó, – da menos vuelta.

– Ah, ok, ¿en el mismo sitio?

– Si, si, igual.

– Ok, hasta mañana.

Cuando se hubieron ido los dos volvió a dejarse caer en el sofá, entre los brazos de Aron, dejándose abrazar. Sintió de nuevo esas ganas de llorar.

Recordaba haber llorado en la ambulancia, cuando Tao aún estaba inconsciente y Baekho le había abrazado con las manos cubiertas de su sangre.

Por la noche le había costado cerrar los ojos recordando el ataque, pero estaba tan agotado que terminó durmiéndose y había descansado la noche entera de un tirón. No había pensado más en ello, solo en las heridas que le habían dejado. Pero en ese momento, al sentirse seguro entre los brazos de Aron se dio cuenta de lo desprotegido que se había estado sintiendo hasta entonces. Como cuando te pones un abrigo y te das cuenta de que tenías frío aunque no lo supieras, se percató de que tenía miedo, y sintió ganas de llorar.

¿Fue muy horrible? – le preguntó con voz suave. Minhyun asintió, enterrando la cara en su pecho y dejándose acunar – ¿Quieres explicármelo?

Iba a responder que no, porque había enumerado multitud de veces los sucesos, pero Aron no le preguntaba por lo sucedido, le preguntaba qué sentía, y eso si necesitaba sacarlo.

– Tenía miedo – le dijo en un murmullo. – Tao gritaba, le pegaban, una y otra vez, y él gritaba y yo no podía hacer nada. Y entonces le cogió la cabeza y le dio contra el suelo, y se calló, se quedó inconsciente y empezó a sangrar. – se le rompía la voz al recordarlo, como Namjoon reía como loco mientras le tiraba del pelo, Tao gritando con una mueca, insultándole, como se enfureció y le lanzó con fuerza, el silencio repentino, y luego las risas otra vez mientras Tao caía inconsciente. La había llamado entre golpe y golpe, pero había enmudecido al ver la sangre. – Pensé que le habían matado – admitió sintiendo las lagrimas acumulándose en sus ojos, el escozor. – y tuve miedo, recuerdo que pensé que yo era en siguiente y que no iba a poder hacer nada.

Aron le abrazaba con fuerza, secándole las lágrimas que se le acumulaban en los ojos antes de que cayeran.

– Lo estuvieron grabando – siguió. – lo grababan y se reían, como si estuviesen jugando. Se divertían. Monstruos.

Aron le abrazó con mas fuerza, sin decir nada. No podía ni imaginarse como debía haber sido la experiencia, haber visto morir a su amigo. El hecho de que este solo hubiese salido herido con algunos rasguños, que era lo que eran al fin y al cabo, desde luego mejoraba el suceso, pero no cambiaba lo que había pasado en ese momento. Siguió abrazándole con fuerza, sintiendo como Minhyun clavaba los dedos en su jersey también.

Más que su propio dolor recordaba los gritos de Tao, y los propios que en ese momento le parecían ajenos, las risas no de los agresores sino de los otros chicos que estaban allí de pie, observando y gravándolo todo con sus móviles, como si la escena no tuviese la más mínima relevancia. Recordaba haberles gritado, aunque se le escapaba el que. “Espero que fuesen cosas muy gordas”.

Recordaba haber pensado en Aron.

Y ahora, entre sus brazos, sentía que podía dejar todo eso atrás. No iba a olvidarlo, igual que no podía olvidar esos minutos eternos mientras esperaban la ambulancia y todo se iba llenando de sangre cada vez más. Esa desesperación y el alivio después, cuando Baekho le abrazó ya camino al hospital y Tao finalmente despertó.

En ese momento desapareció el terror, pero no fue hasta esa tarde, mientras Aron le acunaba entre sus brazos, que sintió que se había ido del todo. Se incorporó, secándose de los ojos las lágrimas que apenas había llegado a derramar.

Gracias – le dijo intentando sonreír.

– ¿Mejor? – le preguntó Aron incorporándose también. Asintió, convencido, y Aron sonrió también. – No se si servirá de mucho, pero en caso de que no expulsen a esos dos te aseguro que ambos suspenderán inglés.

Consiguió que riera y se sintió orgulloso de ello, se acercó y le besó en la frente. Le veía sonreír y no podía dejar de pensar que era hermoso. Aún magullado como estaba, era una sonrisa que amaba, curaba todas esas horas de nervios e impaciencia por saber de su estado del día anterior.

– Te quiero peque. – le dijo con voz dulce. Minhyun casi podía ver el amor en sus ojos, y lo que en otro momento le hubiese cohibido le captivó sobremanera. – No creo que siempre pueda estar ahí para protegerte y espero que no lo necesites, pero si alguna vez alguien vuelve a intentar hacerte daño, recuerda que te quiero. –Más tarde esas palabras sonarían excesivas para ambos, más en ese momento eran simplemente perfectas.

Tan perfectas, que Aron tardó en ser consciente de lo que había dicho. Que definitivamente se había enamorado de ese niño, y que tenía poco más de dos meses para estar con él antes de volver a América y no verle de nuevo. Parecía una sentencia, y de algún modo dolía.

¿Por qué no me enseñas tu casa? – le pidió al pequeño para cambiar de tema.

– Oh, si, tengo que presentarte a Tazz. – se puso en pie de un salto y le esperó junto a la puerta del pasillo para guiarle hacia su habitación.

– ¿Tazz?

Mi pez – explicó. – Le llamo así por una peli…

He visto “Tazz!” – admitió riéndose. – Pero hace siglos que sacaron esa peli. Aunque bueno, yo solo vi la primera…

– Bueno, mi pez tiene ocho años ya, así que…

Le abrió la puerta de la habitación y Aron tubo que detenerse un momento para admirar las paredes cubiertas al completo por posters. De “Up In The Sky” en su gran mayoría.

– Wow.

– Em… ya… – murmuró Minhyun abochornado. – Bueno…

– Like it. – sonrió.

Minhyun sonrió también, orgulloso, y le señaló a Aron la pecera.

– Hi Tazz – saludó este.

Es una lástima pero no creo que vaya a responderte. – le dijo Minhyun con voz triste – llevo años intentándolo… – rompió a reír, y Aron sonrió de verle reírse y hacer bromas.

Se rió también y ambos estuvieron un rato haciendo el tonto con el pez. Luego Aron sacó la guitarra y toco un rato para él. Minhyun le acompañó en el piano con la mano buena y ambos terminaron imitando canciones de películas a duo.

Terminaron ambos tumbados en la cama, simplemente pasando el rato medio abrazados comentando cualquier cosa, con algún que otro beso y muchas bromas por parte de Aron para hacerle reír.

Y así estaban cuando la madre de Minhyun llegó a casa.

– No. – negó este incorporándose de repente, con los ojos como platos.

– Oh, oh…

– Pensé que había puesto una alarma… – “¿Ya es tan tarde?”

– ¡Hola! – saludó ella desde el comedor.

– ¿Tienes todas tus cosas aquí? – le hablaba rápido, nervioso.

Si, lo he cogido antes cuando he ido…

– Ya, vale. – y salió corriendo.

… a coger la guitarra…

– ¡HOLA MAMÁ! – le oyó gritar justo al otro lado de la puerta. Sonrió.

Oyó como la saludaba y le hablaba, y de mientras recogía sus cosas y se ponía la chaqueta, intentando no hacer ruido. “Me siento como un amante secreto…” “Bueno, en parte lo soy ¿no?”

Esperó, admirando los posters de nuevo. En la puerta había uno en tamaño real de Jen. “Wow, soy tan alto como él”. “Igual no es tamaño real…”.

Minhyun fue a buscarle, abriendo la puerta sin hacer el más mínimo ruido.

– Está en la cocina. – le susurró.

Le indicó en gestos que le siguiese por el pasillo andando de puntillas, y a Aron la situación la parecía tan surrealista que casi no podía aguantarse la risa.

Vio a su madre de espaldas al pasar junto a la puerta de la cocina. “Hola suegra, encantada de conocerte” Pensó riéndose.

Minhyun ni siquiera le miraba mientras se despedían. Tenerle en casa con su madre allí, sabiendo además que su padre podía llegar en cualquier momento… ¡y estaban justo en la puerta!

Le besó, muy rápido. Le dolía el labio hinchado al hacerlo y se separó rápido. “Los besos no son buena idea hoy…”. Aron le acarició los moratones del ojo y le besó en la mejilla buena.

– Nos vemos mañana. – le dijo en voz baja. Minhyun asintió, abrazándole.

Mientras bajaba las escaleras no dejaba de pensar en lo surrealista que había sido todo. “Tener que irme así…” Tenía que admitir que estar allí sin que sus padres lo supieran tenía un punto de morboso. Se imaginó tirándoselo en su cuarto con sus padres en la casa sin saber nada. “Oh, Dios, necesito hacer eso…””Quítate esas ideas sucias de la cabeza pervertido”.

 

Minhyun cerró la puerta con un suspiro.

– ¿Min? – le llamó su madre – ¿Ha llegado papá?

– No.

– Ah, me ha parecido oír la puerta… – “mierda”.

Fue con ella a la cocina.

– ¿Te ayudo?

Ella le sonrió y le preguntó por su día mientras le pasaba cosas para hacer.

– Bien, aburrido. Hyuk y JR se han pasado a verme.

– Oh, que bien.

Se sentía mal con Aron. Le había dolido tener que sacarle así, tener que esconderle. “Como si fuese un criminal o algo…”. Le sentaba fatal tener que esconderle así, tener que esconderlo todo, como si se avergonzase de algo. Pero no se sentía capaz de contarlo. “Son muchas cosas a contar… y igualmente se irá en enero…” ¿Valía la pena explicar algo así por tan poco tiempo? Sus padres se escandalizarían de saber que estaba con un chico, que era gay. Ponerse una etiqueta a si mismo le dolía, aunque no se avergonzase de ello. Y de todos modos no podría decirles que era Aron porque le podían denunciar, o echarle del colegio y retirarle la beca.

“¿Porque es todo tan complicado…?”

Pero se sentía mal escondiéndolo, escondiendo todo eso que le hacía feliz.

– Mamá – sentía el corazón a cien. Pero tenía que decirlo. – Estoy saliendo con alguien…

Ella le miró y le sonrió.

– Lo se.

“¿¿¿QUE???”

– ¿Eh? – la miró sorprendido, horrorizado. “¿CÓMO QUE LO SABE???”

– Se te ve feliz, y ya tienes edad de perseguir chicas ¿no?

“Chicas, por supuesto…” Ella le guiñó un ojo, feliz, y él de algún modo se sintió deprimido. “¿Que esperabas? ¿Que lo supiera sin necesidad de decírselo?”

– ¿Y bien? ¿Cómo es ella?

– No importa. – respondió algo alicaído.

– ¿Pasa algo?

Se forzó a sonreír y rezó para que la mueca pudiese parecer a causa de los moratones.

– Nada, me da algo de vergüenza hablar de ello…

Su madre le sonrió y le abrazó.

– Ay, como crece mi bichito…

– Mamá…

 

Volvió a encerrarse en su habitación después de cenar. Quería disculparse con Aron, decirle que sentía ser un cobarde y no poder decírselo a sus padres, que quería tenerle más tardes en su casa, que cuando estaba con él se sentía la persona más feliz del mundo, que no había nada mejor que estar entre sus brazos mientras reían, charlaban, se besaban o simplemente pasaban tiempo juntos. Que era lo más maravilloso que le había pasado, aunque fuese por poco tiempo, que odiaba que fuese por tan poco tiempo, que odiaba tener que ocultar algo que le hacía tan feliz.

Pero ¿cómo decir todo eso?

Lo tuvo claro, aunque costase, sabía que era cierto.

“Te quiero”

Lo pronunció en voz alta mientras lo escribía, saboreándolo.

– Te quiero.

Ámame Profe. 26: Consecuencias. Parte I.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Minhyun esperaba en la parada del bus con un bostezo. “¿Quién demonios inventó los lunes?”

Llegó el bus y Zitao salió medio dormido igual que el resto de la marea de estudiantes que se dirigían a ambos colegios, el de primaria y el de secundaria.

– Hi. – le saludó.

– Bnos díaaaa… – respondió bostezando.

Minhyun se rió y ambos empezaron a caminar siguiendo la marabunta para el instituto. Se desviaron a la pastelería de siempre para comprar desayuno y luego pasaron la calle para ir por el lado del parque, que siempre era más agradable.

– Aun no me creo lo tuyo con Aron. – le confesó Tao. – Es tan alucinante.

– Jajaja – se rió Min. – Si, casi que no me lo creo yo tampoco. ¿Y tu que? ¿Estás mejor?

– Seh. Con ganas de salir. Conocer a alguien – respondió guiñándole un ojo.

– Claro que si. – le sonrió. Se le veía más animado que el viernes, que se había marchado cabreado.

– Ugh. – murmuró Tao de repente.

Minhyun se giró a mirar y vio en uno de los bancos del parque un grupo de chicos sentados, tres con el uniforme de si instituto.

– ¿Es Namjoon?

– Si. Que suerte ¿eh? – resopló Tao irónico – Encontrárnoslo tan seguido. Con lo que me gusta verle la cara.

– Ni le mires – le advirtió Minhyun.

– Ni que quisiera. Ni siquiera es guapo, aunque su amigo…

– No me jodas que te gusta Dongchan.

– No me gusta, solo digo que tiene un punto. Físicamente.

Suspiró divertido, pero luego se puso tenso y aceleró el paso.

– No te gires, nos están mirando.

– ¿Y? – respondió Tao con desprecio.

– Nada, que quiero llegar a clase ya.

– Uy si, que ganas de hacer clase…

Minhyun se rió de su broma y decidió no hacerles caso al grupo de chicos que seguía mirándoles. Ni que fuesen a hacerles nada.

 

Los niños iban llegando con sus caritas de sueño, envueltos en sus enormes chaquetones con gorros y bufandas que los padres ayudaban a quitarse antes de irse. Baekho estaba recibiéndoles y acompañándoles a sentarse intentando despejarse un poco. Apenas había dormido en toda la noche, sin dejar de darle vueltas a ese beso.

¿Por qué lo había hecho? No era la primera vez que Minki le besaba, pero siempre había creído que era simplemente cariño, al fin y al cabo algunos niños besaban a sus padres sin problema. Pero le había dejado claro demasiadas veces que no podía hacer eso, que no debía, que no era adecuado. ¿Por qué seguía insistiendo?

– ¡Profe! ¿Te gusta mi bufanda? – reclamaba una niña señalándose la bufanda de colores del cuello.

– Si, es muy bonita.

– Me la ha hecho mi abuela. – dijo orgullosa.

– Oh, ¿entonces es un regalo?

– No, me la hizo mi abuela.

– Bueno, bueno…

Se rió mientras la ayudaba a quitársela y colgarla.

“Tendré que dejarle las cosas claras otra vez” Pensó muy serio. “No puede irme besando. Algún día nos verá alguien y…” “Aunque el problema no es que alguien lo vea, es un crío”.

Había sido un beso muy dulce. No, no tan dulce. Dulces eran los besos que le daba en la mejilla para despedirle cuando era pequeño. “Más pequeño”. Ese beso había sido diferente. Había deseo en ese beso. Tanto que sin siquiera pensarlo Baekho le había correspondido. Si el pequeño no se hubiese apartado probablemente habría terminado abrazándole y metiéndole la lengua.

“Por dios, que estás hablando de Minki”

– ¡Baekho! – la maestra de al lado apareció repentinamente en la puerta, exaltada. – dice que hay unos chicos peleándose en el parque y que parece grave. – le dijo hablando rápido. La madre de pie tras a ella se mordía el labio y se acariciaba las manos nerviosa. – ¿Puedes ir? Yo me encargo de tus niños.

Ambas parecían preocupadas así que simplemente cogió su chaqueta y siguió a la madre fuera del recinto.

-¿Que ha pasado?

– Estaba acompañando a mi Yonghwa a clase y… había unos chicos pegándose. – le explicaba casi corriendo en dirección al parque. – Pobres niños, ahí en el suelo y no dejaban de darles patadas… incluso sangraba. Hemos venido corriendo.

Aceleró el paso al oír que incluso había sangre, y les vio al girar uno de los caminos del parque.

Había siete chicos. Alguien grababa con el móvil, un par reían y otro pegaba patadas furioso al que estaba echo una bolita en el suelo. Junto a él otro chico tirado gritaba y forcejeaba con el último de ellos que le mantenía en el suelo con el zapato sobre su cara.

– ¡Eh! – gritó Baekho corriendo hacia ellos.

Los matones salieron por patas al verle y él frenó casi derrapando junto a los dos chicos que seguían en el suelo. Se quedó helado.

– ¿¿¿Minhyun???

El chico se incorporó, tocándose la nariz que le sangraba sobre el labio roto.

– Hyung…

– ¿Que ha pasado?

Miró al otro chico, aún acurrucado sobre si mismo en el suelo. “Zitao…”

Su corazón volvió a latir al ver que no era JR. En seguida se sintió culpable y fue a socorrerle. No se movía.

– ¿Están bien? – preguntó la madre al llegar también corriendo junto a ellos.

– Tao… – murmuró Minhyun temblando.

Le giró un poco y vio todo el lado derecho de su cara sangrando, empezaba a formarse un pequeño charco en el suelo.

“Dios…”

– ¡Llama a una ambulancia! – le gritó a la mujer. Ella asintió nerviosa y sacó el móvil para llamar.

– Tao… – repitió Minhyun. Apoyó la mano en el suelo para acercarse gateando pero la apartó de inmediato con un alarido, cogiéndose la muñeca enrojecida que empezaba a hinchársele.

– Tao – le llamaba Baekho – Zitao, ¿Me oyes? – Seguía sangrando y no respondía. Minhyun estaba al borde del llanto y oía como la mujer farfullaba histérica contra su teléfono. “Mantén la calma Baek, tu tienes que mantener la calma.” Se obligó a tomarle el pulso y suspiró al sentir latir su corazón.

– Está inconsciente – le dijo a Minhyun. Eso no pareció tranquilizarle.

“Tengo que hacer algo… ¿Que?” “A ver, cursillos de primeros auxilios, haz memoria…”

Se quitó su anorak para taparle, para mantenerle caliente. “Que frío” Pensó para si mismo. Buscó un pañuelo limpio en sus bolsillos y al no encontrar ninguno simplemente presionó su mano desnuda contra la herida, intentando detener la hemorragia.

“Esto no funciona…” Sentía la sangre caliente corriéndole por los dedos y se iba poniendo nervioso. No se atrevía a mover a Zitao hasta que llegase la ambulancia. Esperaba que no tardasen mucho.

– Dicen que ya vienen – les dijo la madre al llegar junto a ellos.

Baekho asintió. Seguía sintiendo la sangre del chico corriendo por sus manos y se obligó a dejar de mirarle. Minhyun se aguantaba el puente de la nariz mirando al cielo.

– ¿La tienes rota?

– Creo… que si…

– Baja la cabeza – le dijo. – deja que sangre. – Minhyun le miraba de reojo, extrañado, pero obedeció. – Puedes ahogarte con la sangre si no.

Y ya. ¿Que más podía hacer?

– ¿Quieres echarte un poco de agua en la herida? – le ofreció la mujer sacando una botellita de plástico de su bolsa.

– Am, gracias…

Le echó agua sobre la nariz y el labio roto. Baekho seguía sintiendo la sangre de Tao.

– ¿Podrías…? – le pidió a ella apartando las manos.

Ella se acercó y vació el resto del agua sobre su cara. Parecía sangrar aún más.

“Con un pañuelo igual…” Pero no tenía ninguno. “¿Mi jersey?”

– ¿Tienes un pañuelo limpio? – le pidió a la mujer.

Ella negó con la cabeza y Baekho empezó a quitárselo sin dudar más. “¿Y si se desangra?”

– Espera – le cortó ella. – ¿Te sirve esto?

Le ofreció su foulard y él no dudó en cogerlo. Al segundo estaba empapado en sangre.

– ¿Cuánto han dicho que tardarían?

– Unos quince minutos.

No parecía tanto, pero cada segundo se hacía denso. Tao no despertaba y Minhyun cada vez se quejaba más de su muñeca hinchada.

– Nos estaban esperando – explicó Minhyun tamblando. – A veces se meten con nosotros pero les ignoramos. Pero Tao estaba cabreado y les respondió, y hoy nos estaban esperando. Eran cinco, y mayores.

– ¿Quién eran?

– Namjoon. – dijo con rabia – y Dongchan. Y tres más que no conozco. Son de segundo, van a clase con Dajoon.

Esos nombres no le decían nada, pero podía reportarlos al director.

“Tengo que avisar…”

– Disculpa, ¿te llamas?

Ella le miró, desconcertada.

– Bo HaEun. – respondió al fin.

– Kang Dongho.

– Si, eres Baekho, mi Yonghwa estuvo contigo el año pasado.

– Ah, si, a él le recuerdo. – “Mira que bien, haciendo amigos en cualquier circunstancia…”

Parecía que Zitao había dejado de sangrar un poco pero seguía inconsciente. ¿Cuánto iba a tardar la ambulancia?

– ¿Puedes presionar aquí?

Ella asintió y colocó las manos donde estaban las de él, que se puso en pie y se acercó a Minhyun, que aún se aguantaba la nariz con las manos llenas de sangre. Empezaba a empapársele la camisa del uniforme.

– ¿Te han pegado en la cara también? – todo el lado izquierdo de su rostro estaba enrojecido.

– Si. – murmuró. El labio se le había hinchado también.

Sacó el móvil para llamar al colegio y explicarle rápidamente lo sucedido al director. Que no iban a ir a clase, que él tampoco porque les acompañaba al hospital, que avisaran a JR y Sanghyuk “aunque no se si es muy buena idea que se lo diga un profesor…” y que si alguien veía a los dos chicos que les habían pegado que se asegurara de pedirles explicaciones.

Colgó y ayudó a Minhyun a levantarse para ir hasta una fuente próxima para lavarse la cara. Parecía débil y al volver insistió en llevarle en brazos.

Una viejecita sentada en un banco les vio y se acercó a preguntar y cotillear y HaEun se levantó a hablar con ella mientras Baekho la relevaba presionando el pañuelo sobre la sien de Tao.

Y seguía inconsciente.

“Joder, ¿Cuánto más van a tardar?”

Cuando al fin oyó la sirena de la ambulancia le pareció un milagro.

Bajaron dos enfermeros, o médicos, o lo que fuesen, que subieron a Tao rápidamente y con mucho cuidado. Subieron a Minhyun luego aunque le hicieron estar sentado. El conductor, fuese médico también o no, les preguntó a Baekho y HaEun quien iba a ir con ellos ya que solo cabía uno y ella se despidió sin dudarlo y le pidió que la mantuviera informada.

– Espero que no sea nada.

– Yo también. Muchas gracias por todo.

Baekho subió a la ambulancia, cerraron las puertas y arrancaron, y mientras miraba como le hacían pruebas a Tao se dio cuenta de que aún estaba estrujando entre las manos el pañuelo de la mujer.

Minhyun había empezado a llorar y Baekho se tomó la libertad de abrazarle, sin saber si lloraba por el shock, por su amigo o por su propio dolor.

– Está bien. – le susurró con su voz más cariñosa. – Todo está bien ahora.

 

Minki estaba de los nervios, y poco tenía que ver con ese rumor de que les habían pegado una paliza a unos de preparatoria, por más que Sehun y Luhan lo encontrasen de lo más interesante.

“Le besé” No dejaba de pensar. “le besé y me fui corriendo” “¿Por qué le besé?” “¿Por qué salí corriendo?” “Seguro que está enfadado…” Baekho siempre se enfadaba cuando le besaba, pero aún así no podía sentirse más orgulloso. “Le besé”…

Le encantaban sus labios, le encantaba imaginarse que los mordía y acariciaba con los suyos. “Ojalá pudiese besarle más a menudo…” Pero con ganarse una bronca de vez en cuando ya tenía suficiente. Además que seguro que Baekho se ponía en guardia después de eso. Aun ni había llegado el recreo y ya se temía que llegase la hora de salir. “¿Con que cara voy a mirarle?”

Cuando sonó el timbre marcando la hora del recreo no tubo ni tiempo de salir de su aula que JR y su amigo Hyuk fueron corriendo a buscarle.

– Hey Hyun-ah. – le saludó. Su hermano parecía muy serio y le preocupó. – ¿Pasa algo?

– Min y Tao están en el hospital. – “¿que?” – ¿No has oído lo de la pelea?

– Si pero… – “¿¿¿Eran ellos???”

– Hyuk y yo vamos a ir ahora – siguió explicándole aún jadeando por haber corrido hasta allí. – ¿Quieres venir? Baekho está allí también que les ha acompañado.

Hablaba rápido y Minki no estaba seguro de seguirle. “Min y Tao en el hospital. Baekho con ellos. Hospital.”

– Voy.

Cogió sus cosas y les siguió corriendo, sin siquiera despedirse de sus amigos. “¿Por qué está Baekho en el hospital?”

Una profesora les gritó al verles corriendo por el pasillo pero la ignoraron para salir fuera al patio.

– ¿Vamos a saltar la reja? – les preguntó el pequeño “Mola”.

– A esta hora no se puede salir por la puerta principal.

Parecía muy ilegal y le gustaba. Aunque si les pillaban… “Bueno, os amigos en el hospital es una buena excusa ¿no?

Sanghyuk fue el primero en saltar, lanzaron las mochilas yJR ayudó a Minki a pasar después.

– Puedo solo. – le dijo.

– Ya, ya, pero rápido.

Su hermano parecía estresado, nervioso, y en ese preciso instante no por Minhyun y Zitao. “Tan responsable que es él…”

– Anda, que vaya fama vas a tener como delegado cuando se sepa que has saltado la reja para escaparte… – se burlo Hyuk cuando saltó al fin al otro lado.

– Cállate – le espetó molesto – ¿Tu sabes que bus es el que va al hospital?

Corrían por la calle junto al parque en dirección a la parada.

– El cuatro – respondió muy seguro. – ¿Pero pasan buses a esta hora?

– Pasar pasan todo el día, pero puede que tarde más…

Tuvieron que esperarse en la parada y se les hizo eterno. JR y Sanghyuk le pusieron al corriente de todo lo que les habían dicho pero en general sabían poco sobre su estado.

– ¿Estaba inconsciente?

– Eso dicen.

– ¿Pero es grave?

– No sabemos nada.

– Y no nos han dejado salir hasta ahora y yo muriéndome de los nervios.

– ¿Y yo no?

– Joder…

– Siete minutos para el bus. – Minki iba llevando la cuenta atrás.

– ¡Ah! – se quejó Hyuk. – ¿Y si cogemos un taxi?

– ¿Tu llevas dinero?

– No.

– Pues yo tampoco.

– ¿Y Baekho porque ha ido con ellos?

– Fue quien les encontró, o los salvó de los matones, no se. – Imaginó a Baekho dándoles una paliza a esos chicos “Aish… Solo le falta la capa de superhéroe…”.

Cuando al fin llegó el bus Hyuk ya se había quedado sin uñas y JR y Minki habían empezado a pegarse el uno al otro sin motivo alguno. Subieron bajo la mirada reprochadora del conductor y se sentaron hacia el final, otra vez a esperar.

– Es esta, es esta – anunció Minki cuando llegaron.

El edificio era más que reconocible, bajaron corriendo y se dirigieron al mostrador.

– Huang ZiTao y Hwang Minhyun – preguntó JR en recepción. – Les han traído esta mañana.

Les dieron el número de la habitación y les recordaron que no se podía correr por los pasillos. Hicieron caso omiso de esa prohibición y entraron en la habitación jadeando.

Fueron primero hacia Minhyun, incorporado en su cama que era la primera desde la puerta. Les sonrió a pesar de que todo el lado izquierdo de su cara estaba amoratado.

– Hey ¿no estáis en clase? – les saludó con voz nasal, cansada.

– Am…

Sus padres estaban a lado y lado de su cama, Baekho sentado a los pies de esta y en la camilla de detrás…

Nada.

“No” “No puede ser”

– ¿Y Tao? – preguntó Hyuk temblando.

– Oh – murmuró Minhyun – está… le estaban haciendo una radiografía… o un TAC…

“Uff…” Suspiraron ambos.

– Un tac – puntualizó su madre. – la radiografía fue antes.

– Ah, si, eso. – corroboró sonriéndole a su madre. – voy un poco mareado aún…

JR saltó a abrazarle, y Sanghyuk igual, estrujándole entre ambos con fuerza.

– Auch, me duele…

– Lo siento – se disculpó JR apartándose.

– Menudo susto nos habéis dado – añadió Hyuk riéndose.

– Hijo – le llamó su padre. – Voy a volver al trabajo ¿vale? ¿Estarás bien?

– Ah, si, tranquilo.

– Yo vuelvo enseguida que le acompaño a la puerta – añadió su madre. – Pero en nada vuelvo a estar aquí ¿Vale cielo?

– Si mamá, tranquila. – Ambos se inclinaron sobre él para besarle en la frente – Auch – se quejó él.

Se disculparon y se fueron con más palabras cariñosas, cruzándose al salir con Minki que se había quedado junto a la puerta.

– Ay, hola. Pasa cariño. – le dijo la madre con cariño antes de irse.

– Minki… – le llamó Baekho.

Este se sonrojó hasta las orejas, pasando a su lado para ir a saludar a Minhyun, abrazarle también y unirse al interrogatorio que habían iniciado JR y Hyuk sobre su estado.

– Muñeca rota, nariz rota, labio partido – iba enumerando- y este horrible moratón en la cara – añadió sonriendo.

– Bueno, tranquilo, que Aron te querrá igual. – respondió JR riéndose.

Minhyun abrió mucho los ojos, señalando con un gesto a Baekho. “¿Eh?” Pensó este “¿Aron?”.

– Bah, es hyung, no pasa nada. – le quitó importancia JR.

– ¿Es tu novio? – se atrevió a preguntar.

– Bueno…

– Es el profe de inglés. – Colaboró Minki. – El que nos hace juegos y nos toca canciones.

– Ah, el universitario. – recordó al fin. Luego volvió a mirarle, entre asombrado y divertido – ¿Es tu novio?

Minhyun respondió sonrojándose hasta las orejas haciendo que sus amigos estallasen en una ovación de risas.

– Deberías avisarle. – le recordó Sanghyuk.

Minhyun asintió, pidió su móvil y le mandó un mensaje de texto.

– Bueno, yo me iré también. – anunció Baekho al poco rato – Y tu te vienes conmigo Minki.

– ¿Eh? – “¿Se quiere quedar a solas conmigo? ¿me va a regañar? ¿Me va a besar?

– Tienes que volver a clases.

– ¿¿¿EEEEh??? – exclamó exasperado. – Pero si acabo de irme.

Baekho le miraba fijamente, serio, y Minki decidió no insistir.

– ¿Podemos esperar a que vuelva Tao?

Asintió, conforme. Él también quería despedirse del chico y asegurarse de que estaba bien. Aún no podía quitarse de la mente la imagen de su sangre, el tacto. “Tardaré un tiempo en olvidarlo…”

La madre de Minhyun volvió al poco rato y Zitao no tardó mucho tampoco.

– ¡¡¡Tao!!! – le llamaron ambos.

– Hey chicos. – saludó con una sonrisa cansada.

Le entró un enfermero en una silla de ruedas, su madre al lado insistiendo en cogerle la mano, su padre atrás pisándole los talones, con su hermanito pequeño de la mano, y los abuelos cerrando la comitiva junto a otra enfermera que ayudó al primero a dejarle con cuidado sobre la camilla y volver a pincharle la bolsa de suero.

– ¿Tiene que venir alguien más? – se burló Hyuk consiguiendo que riera, inmediatamente después Tao dejó de reír y frunció el ceño.

– Cabrón – le espetó sin mucha energía. – no me hagas reír que duele.

– ¿Que tienes?

– Dos costillas rotas, hemorragia interna, perdida de sangre, hematomas, contorsión craneal y…

– ¿Tienes idea de lo que has dicho?

– No. – sonrió.

– Yo me he quedado con lo de las costillas.

– Pues eso. – corroboró Minhyun mientras la familia de Tao volvía a reclamarle para si y a cubrirle de cariños. – y que se ha dado un golpe en la cabeza y ha perdido sangre. Nada que no supiéramos.

– ¿Van a ingresaros? – se interesó JR.

– No, que va, nos miran un rato y para casa.

– Pero en casa tendrás que descansar – le recordó su madre. – han dicho que hoy reposo absoluto y mañana a ver si vas a la escuela.

Minhyun asintió y se dejó amañagar un rato también.

Los dos enfermeros no tardaron en decidir que había demasiada gente en la habitación y echaron a la mitad, así que la familia de Tao decidió bajar a comer, quedándose solo la madre a hacerle compañía, y Minki y Baekho se fueron también tras asegurarse de que ambos estaban bien y despedirse.

– Muchas gracias profesor – repitió la madre del chico con un marcado acento chino. – Muchas gracias por salvar a mi hijo…

– No es nada señora. – respondió él con una sonrisa. Llevaban toda la mañana insistiendo en que estaban en deuda con él, que le había salvado la vida a Tao, que a saber lo que hubiese pasado si no hubiese llegado. Baekho no consideraba haber hecho nada especial, “No hubiese podido hacer otra cosa” Así que solo asintió y repitió una vez más – Me alegro de que esté bien.

Se despidió de ambos chicos y espero fuera a que Minki terminase de despedirse también, abrazándoles y llenándoles de mimos y caritas graciosas. En cuanto salieron de la habitación se hizo el silencio entre ellos.

– ¿Has venido en coche? – le pregunto Minki cuando ya salían del hospital.

– He venido en ambulancia. – respondió seco. “Por supuesto” Pensó Minki. – De todos modos a ti no te dejo subir a mi coche otra vez. – Minki no respondió y siguieron caminando como si nada. – No puedes hacer eso ¿vale? – añadió unos pasos más tarde.

– ¿Porque? – replicó el pequeño encogiéndose de hombros.

– Porque está mal. – insistió exasperado – Te lo he dicho cientos de veces ya.

Minki se detuvo al llegar a la parada del autobús prácticamente vacía, se giró y le encaró.

– ¿Entonces porque correspondiste?

No supo que responder. Ni él mismo lo sabía. Solo tenía claro que no debía haberlo hecho, y eso no arreglaba nada.

– No vuelvas a hacerlo ¿vale? – añadió mirándole serio.

En repuesta Minki se acercó a él y se puso de puntillas, buscando sus labios. Baekho retrocedió.

– No. – repitió reprochándole. – ¿Tengo que dejar de hablarte como cuando eras pequeño? ¿Tengo que alejarme otra vez para que lo entiendas? Puedo ponerme muy duro contigo ¿eh?

“ …” Minki le miraba, sin expresión, sin responder. “No lo ha dicho en ese sentido ¿verdad?”

– ¿Que? – insistió al ver que no respondía.

– Eso… ¿solo me ha sonado mal a mi?

Baekho recapacitó unos segundos. “Puedo ponerme muy duro contigo…”

– ¡Ah! – exclamó con un gruñido fastidiado – ¿Cómo puedes siquiera entender esto?

– No soy tan crío – replicó el pequeño indignado – He mirado porno y me masturbo. No soy un niño pequeño.

– ¿Y tienes que fardar de ello en medio de la calle? – replicó Baekho avergonzado.

Minki se giró justo a tiempo para ver como a mujer que esperaba en la parada del bus junto a ellos escondía la cabeza en el bolso fingiendo buscar algo con mucho énfasis.

– No soy un crío. – murmuró de nuevo enfurruñado.

Baekho no replicó y, cuando este llegó, subieron al autobús en silencio.

Sentado a su lado pudo notar como Minki temblaba y al girarse pudo ver como una lágrima caía por su mejilla y como se apresuraba en secarla con la manda y sorber.

No estaba tan enfadado como para ignorar eso.

– Vamos Minki, no me hagas un drama de esto.

El pequeño sorbió de nuevo.

– Lo siento…

Baekho suspiró y le abrazó, pasando un brazo por su hombro para echarle sobre su pecho.

– No lo entiendo. No entiendo porque no puedo… Porque no puede ser…

“¿Está enamorado de verdad?” Nunca había pensado en las tonterías de Minki como algo serio, nunca le habían parecido más que juegos, y se sintió muy mal de repente.

– Eres muy pequeño – le dijo simplemente.

– Creceré.

– También yo.

 

 

 

Este capítulo me ha quedado muy largo por lo que he tenido que dividirlo en dos. ¡Mañana el resto! ^^