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Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : IV “Deseos frustrados”

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: LeoBin (Leo/Taekwoon x Hongbin, VIXX)

 

Taekwoon apuntaba algo de la pantalla del ordenador en su libreta con absoluta concentración, envuelto con una manta bien gruesa y ajeno al mundo. Llevaba un par de horas navegando por internet investigando los mejores restaurantes de la ciudad, webs de planes para fin de año, eventos, blogs de sugerencias… Quedaban dos semanas  para Nochevieja y quería que fuera perfecto. No solo era la primera Nochevieja que pasaría sin la familia sino que la pasaría a solas con su novio y además celebrando su primer aniversario juntos.

A veces todavía le costaba creerse que alguien tan brillante como Hongbin hubiese llegado a enamorarse de él, sobretodo al principio tendía a despertarse pensando que no era más que un sueño. Así que tenía que esforzarse para que ese día fuera mágico, para no decepcionarle, porque en el fondo a veces tenía miedo de que algún día Hongbin simplemente se cansaría de él y no podía soportar la idea.

Volvió a concentrarse en su búsqueda, tanto que apenas se dio cuenta cuando Sangmin entró en la habitación, cotilleando por encima de su espalda.

– Oooh, “Los 10 restaurantes más románticos de Seoul” qué bonito.

Taekwoon levantó la cabeza de golpe, poniéndose de pie y girándose para tapar la pantalla.

– ¡¡Noona!!

– No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, nadie sabrá que eres el novio más atento y dedicado del mundo.

Su hermano apartó la mirada intentando disimular su vergüenza y su sonrojo, carraspeó intentando sonar serio y duro, aunque sabía que sus hermanas le conocían demasiado bien, no podía evitarlo.

– ¿Qué quieres?

– ¿Quieres ayuda? – Él se la quedó mirando con cara de incomprensión. – Con tu cita, que si quieres que te aconseje.

Iba a rechazarla pero se lo pensó mejor, realmente estaba un poco perdido con tantos restaurantes y blogs y…bueno, era Sangmin. Asintió y durante la siguiente hora y media agradeció a todos los dioses existentes en el mundo la experiencia en citas de su hermana y su sentido común que iban a salvarle la vida y la salud mental.

Justo dos semanas después Taekwoon esperaba en la calle, muerto de frío por más capas de ropa que llevara. Estaba tan nervioso que había llegado 40 minutos antes y ahora se iba a morir de frio, qué triste final.

Por suerte Hongbin llegó 10 minutos después ya que estaba tan nervioso como él y también llegaba temprano, aunque casi no reconoció a su novio debajo de la bufanda que le tapaba media cara y el gorro, la otra media.

– ¡Taekwoon-ah! – grito al reconocerle, acercándose corriendo – ¿que haces aquí tan temprano? ¿llevas mucho tiempo esperando?

Este negó con la cabeza, destapándose un poco para poder hablar.

– He llegado hace poco, tenía miedo de llegar tarde y he calculado mal…

Hongbin rio entendiendo totalmente a lo que se refería, pues si no fuera porque se había olvidado de sacar dinero y había tenido que volver atrás probablemente habría llegado incluso antes que él.

– ¿Nervioso?

Taekwoon asintió levemente, Hongbin le cogió de la mano y le dio un beso rápido en la mejilla.

– Yo también – dijo mostrando sus hoyuelos en todo su esplendor – ¡tanto secretismo me está matando de la curiosidad!

Los ojos le brillaban de emoción, con las mejillas rojas del frío y el otro no pudo evitar la tentación de sonreír y apretarle un poco más fuerte la mano. Le hubiera besado pero estaban en medio de la calle y había mucha gente, luego, luego tendrían tiempo para estar solos.

Como iban con tiempo de sobras fueron andando tranquilamente, de la mano, observando las calles iluminadas y los escaparates, las parejas y familias paseando por las calles.

Aunque Taekwoon a quien miraba sobre todo era a su novio, estaba tan guapo sonriendo.. hasta la nariz roja por el frío le parecía adorable.

– Won-ah, si me miras tan fijamente me voy a sonrojar y tu vas a chocar con alguien tarde o temprano.

No se había dado cuenta que se había quedado mirándole fijamente y enseguida se giró hacia el frente, avergonzado de que le hubiera pillado. Hongbin solo rió levemente y le dio un apretón cariñoso.

Cuando finalmente llegaron al restaurante era 10 minutos antes de la hora de la reserva y habían recuperado un poco de calor al andar. Hongbin miraba fijamente el restaurante, asombrado.

– ¿P-pero este restaurante no es muy caro?

Taekwoon se encogió de hombros.

– Es nuestro aniversario, esta justificado. Además invito yo.

– ¿eh? Pero..

– Nada de peros.

Le estiró hacia dentro de un tirón y se acercó al encargado. El chico se puso en modo servicial al verles entrar.

– Buenas noches, ¿tienen reserva?

– Si, para dos, a nombre de Jung Taekwoon.

– Enseguida.

Abrió un grueso tomo y se puso a revisar los nombres apuntados con una sonrisa pero pasaban los segundos y no parecía dar señales de encontrar su nombre y Taekwoon se impacientaba. Finalmente el chico levantó la mirada del libro.

– ¿Esta seguro? No me consta en el registro.

Taekwoon palideció.

– Estoy muy seguro, llamé hace tres días.

– ¿Recuerda quien le atendió?

– Hmm si, diría que  Lee Changsun.

El chico llamó a un muchacho que volvía con una bandeja vacía.

– ¡Changsun! ¡Ven aquí!

– ¿Que quieres?

– Este señor dice que habló contigo para reservar una mesa para hoy hace tres días pero no aparece en el registro.

El chico puso cara de sorpresa pero al ver la mirada de Taekwoon que cada vez estaba más tenso, se quedó lívido.

– No puede ser…

Dejó la bandeja para revisar él mismo el libro, con cara de estar cada vez más nervioso, hasta que finalmente habló.

– Oh…

– ¿Qué pasa?

– Esta apuntado pero…para mañana…creo que…me equivoqué de hoja.

El encargado palideció, iba a hablar para disculparse cuando un casi rugido le interrumpió.

– ¿Qué? ¿Tú te has equivocado así que nosotros no tenemos mesa? – Taekwoon hablaba con una voz, grave, baja, un susurro grave pero amenazador y una mirada que prometía un dolor terrible. – ¡Se puede saber que te has creído incompetente de mierda!

Hongbin le cogió justo a tiempo para evitar que el joven recibiera un puñetazo en la cara, abrazando a su novio por la espalda de forma que no pudiera mover los brazos.

– Taekwonnie, cálmate, no pasa nada, buscaremos otro lugar.

Él no respondió, no hizo ademán de retroceder pero tampoco de intentar deshacerse de su abrazo para matar al tal Changsun a puñetazos que para ser él, era todo un logro.

– Lo siento mucho, les daría otra mesa pero esta noche del año es imposible…

– No se preocupe, un error lo tiene cualquiera – respondió Hongbin conciliador mientras empujaba a su novio hacia la puerta. No le importaba mucho comer en una parte o otra, le importaba el gesto de su novio de haber reservado, aunque con poco éxito, en un lugar tan caro y romántico y le importaba evitar montar un escándalos y una denuncia por asalto.

Taekwoon se dejó empujar, furioso hasta llegar a fuera. Pararon a unos metros en unos bancos al lado de un enorme árbol de Navidad. Seguía ajeno a su alrededor, enfadado consigo mismo y despotricando internamente contra el inútil del restaurante.

“Nos han jodido la noche, vaya mierda, ¿y ahora qué? Podríamos ir al italiano que está aquí al lado pero también estará petado de gente… Soy un desastre, tendría que haber llamado para confirmar. Es mi culpa, debería…”

– Eh.. – un tirón en la chaqueta le sacó finalmente de su ensimismamiento. – Taekwoon-ah, no pasa nada, ya encontraremos otro sitio.

– Están todos llenos – respondió con un tono lúgubre.

– Algo encontraremos, no tiene que ser un súper restaurante de lujo. Es más, prefiero que no te gastes tanto dinero en mi, ¡me sentiría culpable durante semanas!

Él respondió con un gruñido y un encogimiento de hombros, mirando al suelo, así que Hongbin optó por cambiar de estrategia.

– Oye, mírame – le dijo levantándole la barbilla para buscar su mirada – me da igual donde comamos, como si es en el McDonald’s mientras sea contigo, ¿de acuerdo?

Esta vez se quedó callado unos segundos hasta que un sonrojo empezó a extenderse por toda su cara. Si había algo a lo que era débil era a las miradas de adoración absoluta y cariño que le ponía Hongbin cuando quería hacerle pasar el enfado. Y lo lograba. No sabia cómo ni por qué pero todo el mal humor y la inseguridad de estropear la noche habían desaparecido en un segundo.

–  Lo tomaré como un sí – afirmó Hongbin con una sonrisa después de evitar que escondiera la cara entre las manos por vergüenza. Le dio un beso rápido en los labios y le cogió de la mano para arrastrarle hacia la calle comercial – ¿McDonald’s o Burger King?

Él solo sonrió y se dejó llevar, convencido de que aunque hubiera empezado mal esa noche iba a ser la mejor del mundo.

Llegaron al KFC cuarenta y cinco minutos después, ya que en el McDonald’s había demasiada cola y el Burger King estaba cerrado por obras, pero sonrientes y con la cara roja pues entre risas y besos robados habían terminado haciendo una carrera por ver quién llegaba antes.

Ganó Hongbin simulando haberse tropezado, de forma que cuando Leo retrocedió corriendo para ver si se había hecho daño este le empujó sobre un enorme montón de nieve y salió corriendo. A Taekwoon le duró el enfado por haber perdido el tiempo que tardó en ver a Hongbin sonriendo con nieve en el pelo y las mejillas rojas.

Pidieron un menú “2gether”, un par de bebidas y helados de chocolate y salieron rápidamente debido a la insistencia de Taekwoon.

– ¿No podemos comer aquí?

– Mejor no, se esta haciendo tarde y estamos un poco lejos de… nuestro próximo destino, no quiero llegar tarde.

– ¿No vas a decirme dónde vamos?

– No, y no pongas esa cara, es una sorpresa.

Hongbin dejó de hacerle ojitos y le sacó la lengua pero finalmente le siguió fuera del establecimiento.

¿No puedes ni darme una pista?

Taekwoon negó con la cabeza.

– Porfa… – insistió tirándole de la manga.

– Cuidado, se te van a caer los helados, ¿quieres que los lleve yo?

– ¡No cambies de tema! Por lo menos dime si vamos a tener que coger el metro

Se lo pensó unos segundos y después asintió. Hongbin le pasó los helados para comprobar si tenia tarjeta de metro o tendría que comprarla y entonces paró en seco.

– Oh no…

– ¿Qué pasa? -preguntó alarmado

– Me he dejado la cartera en el restaurante…la he dejado un momento en la encimera para coger las cosas y…creo que no la he cogido

Se lo quedó mirando fijamente unos segundos, reprimiendo las ganas de gritarle, pues no quería hacerle sentir mal y sabía que tampoco había sido culpa suya. Si no le hubiese metido prisa para irse…. Suspiró, pasándose la mano por el pelo con frustración.

Hongbin le miraba expectante y preocupado, insultándose mentalmente.

– Taekwoon-ah…da igual, tampoco llevaba mucho y si volvemos atrás llegaremos tarde…

En verdad llevaba la paga de los dos últimos meses trabajando en la cafetería y todos los documentos, la tarjeta trimestral de tren… y una foto de su primera cita. Pero en ese momento prefería perder todo eso antes que chafarle el plan que hubiese preparado después del chasco del restaurante.

– No, da igual, vamos – respondió finalmente, cogiéndole de la mano para volver corriendo por donde habían venido.

Llegaron en apenas 10 minutos, también con las mejillas rojas de correr pero serios, calculando mentalmente el tiempo. Taekwoon ya sabía que no iban a llegar a tiempo; el concierto empezaba en media hora y si tenían suerte llegarían en 45 minutos, lo más probable era que no encontrasen sitio.

Por suerte la cajera les reconoció y les dio la cartera enseguida, en apenas un minuto volvían a estar en la calle.

Llegaron al metro que el tren entraba en la estación, lleno de jóvenes que iban de botellón o a otros conciertos.

Cuando bajaron en la estación pasaban 15 minutos del inicio del concierto, cruzaron la multitud de gente que andaba con parsimonia por las calles y llegaron finalmente al estadio descubierto. Se oía la música y los gritos de los fans y los focos iluminaban el parque. Taekwoon le arrastró hasta la entrada, cruzando los dedos para que por favor les dejasen pasar.

– Lo siento chicos, el aforo está completo

– Por favor – suplicó todavía recuperando el aliento – podemos estar de pie…

– No, lo siento, el aforo limitado es por un tema de seguridad, no hay excepciones.

– … Está bien, gracias…

Se alejaron de allí en silencio, todavía cogidos de las manos y con la comida ya medio fría. Todo a su alrededor, los árboles estaban cubiertos de carteles que anunciaban el concierto “Concierto de Fin Año! Para todos los públicos. Gratis. Park Hyo Shin, Brian Joo, Girl’s Day, Jung JunYoung… ¡y muchos más!”

Taekwoon con la mirada fija en el suelo, despotricando internamente contra el conductor del metro por demasiado lento, contra la dependienta por no haber visto la cartera enseguida, contra el frío, contra la chica encargada de las entradas, contra el karma y básicamente contra el universo entero.

– Lo siento… – dijo Hongbin al fin, deteniéndose y obligando a su novio a levantar la mirada – con lo mucho que te lo habías currado y la ilusión que te hacía… si no me hubiese dejado la cartera…

– Eh – le paró él, levantando su cara para mirarle a los ojos y haciendo un esfuerzo para apartar los pensamientos asesinos de su mente – no es tu culpa ¿vale? No pasa nada, tampoco me hacía tanta ilusión, era por ti, porque sabía que actuaba Park Hyoshin y que te haría ilusión.

Él sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.

– Park Hyoshin da igual hoy, solo quería pasar tiempo contigo…

Taekwoon no pudo evitar sonreírle, asombrado de que Hongbin pudiera ser tan dulce, tan precioso y quererle solo a él.

– Entonces estamos de acuerdo, ¿que te parece si vamos a comernos ese pollo frio tan exquisito delante del rio Han?

– Oh, suena genial – Hongbin sonreía totalmente ya, sin lágrimas asomando en sus ojos, y se le agarró al brazo buscando calor mientras le daba un beso en la comisura de los labios, tentándole. Era dulce y encantador, pero también sabía perfectamente como jugar con él, sabiendo que él nunca le besaría en los labios en público pero que de esta forma tendría muchas, muchas ganas de hacerlo. Frunció el ceño para demostrarle que sabia perfectamente a que estaba jugando pero su novio solo le respondió con otra de sus sonrisas brillantes mientras empezaba a andar hacia el río Han.

Por suerte estaba cerca y apenas 10 minutos después habían podido instalarse en un banco con vistas al rio, abriendo los paquetes de pollo y comprobando los desperfectos.

– Este esta un poco chafado pero entero y este otro… bueno, ha pedido un par de trozos por dentro de la bolsa pero no es grave. ¿Y los helados?

– Están bien.

– Genial, una súper cena con vistas al rio, ¿qué más quieres?

Taekwoon sacudió la cabeza, divertido y en el fondo profundamente agradecido de que le hubiese sacado de su modo auto-destructivo y que no le culpase del desastre que estaba siendo la noche. Tenía razón, por supuesto, lo importante era estar juntos pero Hongbin merecía mucho más y le hubiese gustado poder dárselo.  “Por lo menos todavía queda una última sorpresa…”

– Taekwoonie, di “aaah” – le miraba con expectación con un trozo de pollo en la mano.

– Binnie… – respondió con tono de advertencia.

– Porfa…

– Lee Hongbin, para de usar esa cara de cordero degollado conmigo, no va a funcionar.

Hongbin puso una media sonrisa maléfica.

– Hyung… por favor…

A Taekwoon se le secó la garganta de golpe. Era casi un ronroneo. Era el tono que usaba Hongbin en privado, cuando quería conseguir algo en la cama, el único momento en que le llamaba hyung.

Abrió la boca para replicar, para advertirle de que eso era jugar sucio, con una mirada que hubiese intimidado a cualquiera; pero Hongbin solo aprovechó para meterle el trozo de pollo en la boca, con una sonrisa satisfecha.

“Eres maligno, Lee Hongbin” decía su mirada.

“Lo sé, y sabes que te gusta” respondía su sonrisa.

Ya casi habían terminado de comer después de muchas bromas, sonrisas y manchas de salsa por todas partes cuando el ruido de una pequeña explosión les sobresaltó. Levantaron la cabeza al cielo nocturno de Seoul y vieron cientos de fuegos artificiales decorando la noche.

– ¡Oooh! – Hongbin se levantó corriendo hasta la barandilla del rio, observando el cielo con la boca muy abierta y los ojos brillantes – que bonito…

En seguida notó unos brazos conocidos abrazándole por detrás, apoyando su barbilla en su hombro, protegiéndole del frio.

– Es precioso Taekwoon-ah… ¿Sabes? Prefiero mil veces estar aquí, viendo los fuegos artificiales abrazado contigo y comiendo pollo que no en un concierto o en un restaurante pijo donde hay más plato que comida.

– Te quiero, Hongbin-ah – respondió solamente, enterrando su nariz en su pelo, abrazándole más fuerte.

– Yo también Taekwoon-ah, te quiero.

Taekwoon vio como Hongbin cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en él, dejando sus labios muy cerca de los suyos, respirando profundamente, rápido, expectante.

No hizo intento de besarle pues aunque le frustrase respetaba que no quisiera besarse en público, sabia que era más difícil para él de afrontar al mundo en esos temas. Así que no se lo esperaba para nada cuando notó sus labios en los suyos, primero suavemente, incierto, pero más seguro cuando notó los labios de Hongbin correspondiéndole con ganas.

Le giró para poder acceder mejor, arrinconándole contra la barandilla del rio Han, disfrutando del beso y olvidándose por una vez de lo que podía pensar la gente que les viese, aislados del mundo exterior que quedaba ensordecido por los fuegos artificiales que retumbaban todavía en el cielo.

Solo cuando notó las manos de Hongbin aferrándose con fuerza a su espalda mientras pegaba su cuerpo al de él y al darse cuenta que sus propias manos habían descendido hasta agarrarle el culo con fuerza se separó.

Hongbin hizo un pequeño ruidito de frustración, con un puchero infantil en su cara.

– Vamos, queda tu última sorpresa – le dijo antes de que pudiera dejarse convencer de alguna indecencia mayor.

– Hmm esta bien – aceptó después de pensárselo unos segundos – pero prométeme una cosa.

– Lo que quieras.

– Que si por lo que sea tampoco sale bien no vas a enfadarte ni ponerte en modo homicida.

– Si tampoco sale bien será la última vez que planee algo con dos semanas de antelación…

Hongbin rió suavemente, sacudiendo la cabeza con frustración pero divertido de las salidas de su novio.

– Esta bien, aunque dudo que seamos tan gafes, es por si acaso.

– Con la noche que llevamos… con un poco de suerte habrá un incendio o un ataque terrorista o algo así.

Esta vez si que rió con ganas.

– Vamos, vamos, gran gruñón.

Cuando Hongbin, un rato después, vio que se detenían delante de las puertas del Hotel Astoria se quedó boquiabierto, mirando al hotel y a su novio sucesivamente, planteándose si matarle por hacer una cosa tan cara o comérselo a besos por haberle traído a un hotel donde podrían tener mucha más intimidad y tranquilidad que en casa de cualquiera de los dos.

Al ver que no parecía tener demasiadas ganas de moverse del sitio donde se había quedado clavado Taekwoon le arrastró hacia la entrada del hotel, orgulloso de ver la mirada que se le había quedado.

Cruzaron el recibidor exquisitamente decorado con Hongbin todavía deslumbrado, mirando a todas partes, a los empleados con sus uniformes y las luces y decoraciones doradas que cubrían las paredes, dejándose arrastrar por su novio sin mirar donde iba hasta que llegaron al mostrador, a esperar para ser atendidos detrás de una pareja que parecían vestidos para ir a la Ópera.

– ¿En serio has reservado una habitación aquí? – dijo finalmente apartando la mirada de las paredes para mirar a su novio. Él asintió con una pequeña sonrisa.- Eres increíble, no quiero saber cuanto cuesta pero… una noche de hotel… – le miraba con una mezcla de adoración y deseo. Se mordió el labio, muriéndose de ganas de comérselo allí mismo pero se retuvo, optando por simplemente aferrarse a su brazo y susurrarle al oído – pienso recompensártelo con creces.

Taekwoon intentó disimular el sonrojo que empezaba a expandirse por su cara, maldiciéndole por decirle esa clase de cosas en público donde no podía actuar consecuentemente e intentando no pensar en toda la clase de cosas que sugería esa recompensa cuando de repente se dio cuenta de la cara con la que los miraban los trabajadores del hotel, especialmente la recepcionista.

“Mierda.”

Se recompuso y apartó un poco a Hongbin que seguía aferrado a él y avanzó hacia el mostrador, pues ya habían terminado de atender a la pareja anterior.

– Buenas noches, ¿que desean?

La chica les atendió con una mirada que escondía disgusto detrás de esa sonrisa servicial para atender a clientes.

– Tenemos una habitación doble a nombre de Jung Taekwoon.

– Lo siento, no hay habitaciones – respondió sin tan solo comprobar el nombre en la pantalla.

– ¿Q-qué?

– Ya se sabe, esta época del año…

Era una mentira, una mentira muy gorda, y Taekwoon lo sabía. Había temido algún problema o malas miradas por ser dos chicos en una habitación doble pero nada hasta ese nivel. Durante unos largos segundos de silencio incómodo se planteó denunciarles, amenazarles… pero sabía que no serviría de nada. Aún así no tenía intención de irse sin más, de aceptar la derrota, de dejar que provocaran que Hongbin dejara de sonreír con esa mirada de adoración sin luchar.

– Querrá decir que no quieren parejas como nosotros en el Hotel

La recepcionista se quedó desconcertada por unos momentos, sorprendida de que se hubiera atrevido a ponerlo en palabras.

– No, bueno…

– No hace falta que lo niegue, y no se preocupe, ya nos vamos, tampoco tengo ningunas ganas de quedarme ni un minuto más en un hotel lleno de ¡¡gentuza homofóbica!! – respondió con mala leche, subiendo de tono hasta casi terminar gritando. – eso si – añadió antes de darse la vuelta para irse de allí – espero que por lo menos me devuelvan el dinero o les meteré una denuncia.

Y salió de allí a grandes zancadas, arrastrando a Hongbin detrás suyo y mandando miradas asesinas a cualquiera que se cruzase por su camino.

Siguieron andando un buen trozo en silencio y a grandes zancadas, Taekwoon dejando que la ira se fuese apoderando de él hasta que llegaron a una plaza, a esas horas ya prácticamente vacía.

– ¡Joder! – gritó finalmente soltándole la mano a Hongbin y descargando toda su frustración en un puñetazo a la pared más cercana.

– ¡Taekwoon! – Hongbin corrió a cogerle las manos para evitar que hiciese alguna otra estupidez, mirando su mano por todos los lados para asegurarse de que no se había hecho demasiado daño. – ¿Es que no hemos sido suficientemente gafes ya como para que ahora te rompas una mano?

Él solo apartó la mirada, todavía furioso, pero sin apartar la mano herida de las cálidas manos de Hongbin. Le dolía pero sabia que no estaba rota y necesitaba desahogar su frustración en algo que no fuese Hongbin.

– Lo siento, ha sido culpa mía – continuó este con un tono mucho más apagado – tanto el llegar tarde al concierto como esto, si me hubiese comportado más fríamente probablemente no nos habrían echado…

Taekwoon seguía sin decir nada, no quería darle la razón ni hacerle sentir mal pero estaba demasiado enfadado y no confiaba en su capacidad de tragarse todo ese mal humor y no decir ninguna estupidez. Pero el silencio era otra forma de darle la razón.

– No, no es tu culpa…

Pero no sonaba muy convincente.

– Si, ¡si que lo es! Soy estúpido…

– No, no digas eso – levantó la mirada de golpe, pues si algo no iba a permitir era a la joya que tenia por novio llamándose estúpido, y entonces fue cuando vio como tenia los ojos rojos e intentaba reprimir sin mucho éxito las lágrimas que empezaban a asomarse. Y el terror a verle llorar, a hacerle sentir mal fue mas fuerte que todo el enfado. – Binnie… no llores…. – le dijo suavemente, levantando su cara y secando sus ojos con los pulgares.

– Pero…lo he fastidiado todo…

– No, no es verdad – le cogió la cara con las dos manos para obligarle a mirarle a los ojos – no has fastidiado nada, ¿de acuerdo?  Tú mismo lo has dicho, da igual donde vayamos o lo que hagamos mientras estemos juntos ¿no?

Él asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

– Es lo único importante y no vamos a dejar que un par de subnormales nos jodan la noche ¿vale?

– Vale…

Le besó en la frente y le abrazó, ya muy lejos de las ansias homicidas y solamente con ganas de abrazarle y protegerle para siempre.

– Taekwoonie…

– ¿Hmm?

– Te sigo debiendo una recompensa por todos los esfuerzos…

– ajá – se separó para poder mirarle, con todas las alarmas puestas al detectar el cambio de tono de su voz, de algo inocente a algo…seductor.

– Y aunque no sea tan genial como un hotel… mis padres no están en casa y mis hermanas tampoco creo que vuelvan hasta mañana. Podemos ir.. – le susurró al oído, agarrándose a las solapas de su chaqueta para poder acercarle a su cuerpo – y pasamos tiempo juntos recompensándote por todos tus esfuerzos…

Taekwoon sintió como el calor se extendía por todo su cuerpo, olvidándose del frio, del mal humor y de la frustración y llenando su mente solo del aliento caliente de Hongbin en su oreja, de sus manos en su pecho y de los recuerdos de todas las noches que ya habían pasado juntos, dándole muchas muchas ideas de lo creativo que podía ser Hongbin cuando se trataba de recompensas.

– Me parece un muy buen plan.

 

KUROKO

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Día. Noche.

Dia:noche

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: SHINee (Grupo Kpop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) 

 

Hacía mucho que no escribía un Jongkey. De algún modo es como si formasen parte de mi pasado, mis inicios. Me ha dado cierta añoranza sacar estos personajes del armario (¿en ambos sentidos?) y jugar con ellos (en todos los sentidos que queráis :P). La excusa ha sido simple, un cumpleaños. Si Judit, va para ti, con retraso, porque si no no sería yo, pero espero que te guste ^^. Con mucho amor de tu… ¿Oppa? nunca me acostumbraré a que me llames así XD

 

 

 

 

Le oigo meterse en la cama y espero a que se quede dormido. Escucho las respiraciones, más seguidas al principio, mas rápidas. Suspira, se da la vuelta y exhala. Yo me quedo muy quieto en mi cama, esforzándome en hacer mis respiraciones lentas y pausadas, cadenciosas. Como si estuviera durmiendo. Intentando dormir realmente.

– ¿Jjong? – Me llama. Guardo silencio y sigo inmóvil, respirando con el mismo ritmo suave. Vuelve a suspirar y gira de nuevo, dándome la espalda.

Espero.

Se me cierran los ojos y el mundo empieza a desvanecerse a mi alrededor. El sueño me vence, pero me fuerzo a mantenerme despierto. Porque si, porque esto ya se ha convertido en una estúpida y enfermiza obsesión.

Así que sigo esperando, y cuando oigo que sus respiraciones se vuelven lentas y regulares, que ya no se mueve, que ya no puede ser consciente de nada de lo que haga, me levanto pesadamente y me arrastro hasta su cama, con infinito cuidado de no despertarle.

Me agacho a su lado, me inclino sobre él e inspiro. Me llega su olor. Su olor a colonia cara y desmaquillante, al champú de extracto de fresa y a café. Olor a Kibum, a mi bebé, que nunca será mío.

Aparto la colcha, lentamente y con cuidado, con el corazón a cien y la práctica que hace la experiencia. Me deslizo en la cama a su lado, sin llegar a tocarle, nunca, sin que se despierte. Me quedo junto a él, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo. Mi corazón se acelera y mi piel hierve de excitación. Le tengo tan cerca que casi puedo paladear su aroma, su piel suave. Rozo con mi nariz los mechones de su pelo. Y tiemblo. Reprimo un suspiro y me muevo con mucho cuidado para moldear mu cuerpo al suyo. Medio centímetro entre nosotros, entre cada milímetro de nuestra piel. Tan cerca y tan lejos.

Esto es enfermizo. Demasiado. ¿Que me has hecho Kibum? Que me ha convertido en un obseso, que estoy ahora respirando de su pelo, bebiendo del calor que desprende mientras duerme, mientras no puede saber que le adoro y le amo. A oscuras, cada noche, cada absurda y desquiciante noche en que me cuelo en su cama a escondidas y siento en mi cuerpo su calor, e imagino por unos segundos que me quiere, que cuando se gira en la cama y me abraza, cuando se mueve y salva ese eterno medio centímetro que siempre dejo entre nuestros cuerpos, cuando se da la vuelta y respira sobre mis labios no está dormido. Quiero creerlo, de algún modo. Como si fuese posible. Como si pudiese tenerle duranle el día como le tengo durante la noche. Como si pudiera abrazarle sabiendo él que está entre mis brazos.

Siento la primera lágrima asomando en mis ojos. Parpadeo y cae lentamente por la comisura, sobre su almohada. Mañana se habrá secado, desapareciendo sin dejar ningún rastro de que ha estado allí. Exactamente igual que yo. En un arrebatador acto de osadía beso su cabello y rozo su cuello. Me estremezco al sentir su piel bajo mis dedos y siento una abrumadora necesidad de besarle, de morderle, de marcarle como mío.

Como si fuera mío.

Llorando, con su cuerpo a mi lado y su corazón tan lejos me quedo dormido.

 

Despierto antes, como siempre. Deshago el abrazo en el que inconscientemente nos hemos enredado durante el sueño, acariciando su piel en una particular despedida. Hasta la noche.

Hasta que vuelvas a ser mío.

Me levanto con cuidado, busco mis zapatillas y salgo de la habitación. Un par de minutos más tarde vibra el móvil en mi bolsillo trasero, indicándome que es hora de levantarme. Por si acaso.

Abro la persiana del comedor, sonrío y le doy los buenos días al mundo.

Desayuno y juego un rato a la play con Minho. Le dejo ganar. Más tarde en la agencia caliento mi voz y ensayo. Cantamos, bailamos, nos hablan de futuros proyectos, nos preguntan nuestra opinión como si alguien fuera a tenerla en cuenta, y luego veo como Key se va con su amigo, su novio aunque nadie pueda saberlo.

Sonrío de nuevo y doy una vuelta con los chicos por la agencia a ver si alguien quiere hacer algo esta tarde.

Cuando salimos del cine llueve, pero eso no impide que Taemin, Kai, Sehun y Chanyeol salgan a la calle corriendo y gritando subnormalidades. Mientras alguien se dedica a poner orden entre los maknaes (y Chan) Amber me coge de los hombros y me pregunta si todo va bien.

– Como siempre – le respondo con una sonrisa. Salgo también bajo la lluvia. Mientras veíamos la peli Seop ha subido otra foto con Key. Por suerte nadie puede saber si lo que cae por mis mejillas es lluvia o lágrimas.

Lloro demasiado.

Key ha preparado la cena que nos aguarda servida en la mesa, deliciosa como siempre. Él está en el sofá, en brazos de su novio que se va un rato más tarde despidiéndose con un beso demasiado largo.

Por algún motivo, Taemin me abraza al pasar a mi lado y tira de mi para meterme en la cocina.

– Ayúdame a lavar los platos, anda.

Voy a replicarle que le toca a él, pero no quiero volver a salir a la sala y verles besándose. Asiento y voy enjuagando los platos que me pasa hasta que oigo la puerta cerrarse.

Me doy una ducha antes de ir a dormir. Me pongo el pijama y el móvil en el bolsillo trasero, les doy las buenas noches y me meto en mi cama. Aguardo.

– Jjong… – me llama desde su cama como cada noche. Suspira – supongo que ya duermes… – vuelve a suspirar y se da la vuelta sobre su cama, pero vuelve a incorporarse. – Seop es… me siento bien con él, pero tampoco… No quiero… Jjong… En fin, ¿que más da? – da otra vuelta algo más brusca. Y yo sigo en silencio.

Espero hasta que se duerma, me meto en su cama y dejo que me abrace en sueños, que me ame dormido cuando no sabe que estoy allí.

Despierto antes que él, desaparezco, le veo irse con la pesadilla de cada día, le veo besarle, abrazarle y sonreírle. Y no soy yo.

Vuelvo a sus brazos cada noche. En la oscuridad es mío y de nadie más. Mientras sueña me abraza y pega su cuerpo al mío, respiro de su aliento y beso su cabello y siento que me pertenece igual que él tiene mi corazón, la voluntad que perdí tanto tiempo atrás.

Pero por las mañanas vuelve a irse. Se va con su novio y me sonríe desde sus brazos. O como mínimo quiero pensar que me sonríe a mi. Durante el día es mi amigo y nada más.

Duermo a su lado, en secreto, sin que lo sepa. Incluso le oigo murmurar mi nombre dormido. Porque las noches me pertenecen. Pero obviamente no es más que un sueño, mi imaginación. Pero quiero creerlo.

Llueve y Taemin me encuentra en la terraza. La lluvia me golpea en la cara y cae por mis mejillas, sobre mis labios. Es hermoso y me relaja. Él sonríe y me abraza. Sin decir nada. Onew me coge y me vuelve dentro, me lanza una toalla sobre la cabeza y me encierra en el baño para que me seque.

Kibum ha salido de nuevo, volverá tarde. Y por más que intento esperarle despierto me puede el cansancio y se me cierran los ojos antes de que llegue. Tengo pesadillas sin él a mi lado, porque ya no puedo dormir si no le siento entre mis brazos. ¿Me echará también de menos aunque no lo sepa?

Despierto en mi cama y se siente extraño. Más aún porque está a mi lado. Su brazo cruza mi pecho, sus piernas se enlazan con las mías y su rostro está tan cerca que le siento respirar sobre mis labios. Igual que cada mañana, solo que no soy yo quien le he buscado.

Con el corazón desbocado espero, observándole. ¿Por qué está aquí?

Despierta poco a poco, y cuando abre los ojos no puedo evitar preguntar.

– ¿Te equivocaste de cama?

– No. – responde sin más.

Se incorpora, deshaciendo el abrazo, alejándote. Y veo como sale de la habitación, dejándome aquí solo, con mil dudas y ninguna respuesta.

Le observo durante todo el día, mientras le tengo cerca. Le observo incluso cuando Seop viene al apartamento y se la pasan pegados, jugando con los perritos a vestirles y hacerles fotos, como si fuesen muñecas. Le observo mientras le besa, mientras sonríe y es feliz a su lado, y me pregunto por qué estaba en mi cama esta noche, por qué me buscaría él a mi.

Vuelve a ser de noche, me tumbo a mi cama a esperar y oigo como se desnuda, se pone el pijama y se mete en la suya.

– Jjong. – finjo estar dormido, como siempre. – No hace falta que esperes a que me duerma.

Abro los ojos como platos.

Si, es obvio que lo sabe. No, no me sorprende. Sabía que podía pasar, pero también sabía que cuando lo descubriera necesitaría excusas y milagros para justificarme.

Pero me espera, de espaldas a mi siento que me llama a que vaya y le abrace. Lo ha hecho al fin y al cabo.

Me trago mis excusas, mis nervios y mi corazón desbocado y me meto en su cama con cuidado. Sé que ahora puede oírme, pero eso no quita la costumbre de deslizarme entre sus sábanas con sigilo. Me amoldo a su cuerpo, sin tocarle pero sintiendo su calor. Se mueve y se cuela entre mis brazos, pega su cuerpo al mío, mi nariz entre su pelo y sus manos envolviendo las mías, enlazando nuestros dedos.

– ¿Por qué? – no puedo evitar preguntarle.

– Porque no quiero perderte – responde.

Se gira y me besa, y mi corazón se detiene cuando siento sus labios sobre los míos. Respiro su aroma y bebo de él, me fundo con él, me pego a su cuerpo deseando que nunca termine este beso, deseando que nos fundamos y la mañana no pueda separarnos.

Porque la noche me pertenece. Más que nunca, pero cuando salga el sol dejará de ser mío. Me sonreirá desde los brazos de otro y será mi amigo, mientras por la noche me abraza, me besa y es uno con mi alma.

– Te amo. – Ya lo sabe, pero se lo repito en cada uno de mis besos.

Le beso, y él a mi. Una noche tras otra nuestros cuerpos se enlazan y se funden. Ya no espero a que duerma. Me espera con los brazos abiertos y yo le abro mi corazón más que nunca, un corazón que se rompe cada mañana cuando se levanta de la cama y se va, cuando deja de ser mío.

– Lo siento – murmura una noche contra mis labios. – Odio hacerte esto.

¿Quién habla? ¿Mi amigo o mi amante? ¿Se refiere a los besos o a las distancias?

Sea lo que sea sigue haciéndolo, sigue siendo mío cada noche y levantándose cada mañana para ser de otro.

– Lo arreglaré – me promete Kibum en la agencia cuando nos quedamos solos. – Terminarás siendo tu, siempre. Siempre has sido tu. Solo necesito… tiempo… Deshacerme de esto.

¿Esto? ¿A que se refiere con “esto”? ¿Al flamante novio que viene a buscarle cada tarde? Al que le sonríe, al que deja que le bese a la luz del día, a quien le pertenece desde que sale el sol hasta que vuelve a hacerse uno conmigo por las noches.

Y no sé si es mi imaginación, mi deseo de que me pertenezca siempre y no solo cuando reina la oscuridad, pero cada mañana parece alargarse más, cada noche empieza antes, cada día parece buscarme más. Cada vez que me sonríe veo más luz en sus ojos, una luz que veo apagarse cuando le mira a él. Y por más que no quiero hacerme falsas esperanzas y que rompa mi corazón otra vez parece ser que la noche está ganando sobre el día.

Hasta el punto de que él deja de existir. Hyeongseop deja de venir al apartamento, deja de ir a buscarle, desaparece. Y Kibum, el Kibum del día que nunca ha sido mío se me acerca un mediodía. Entra luz por las ventanas cuando se sienta a mi lado en el sofá, me abraza, me besa y murmuras contra mis labios.

– Te amo.

 

 

 

 

ACTION: Epílogo

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¡Hola de nuevo y por última vez!

Aquí están los epílogos de ACTION que os prometimos, el punto y final definitivo. Ha sido muy divertido escribirlos y esperamos de corazón que os gusten.

No son muy largos pero queriamos terminar de atar algunos cabos en las vidas de los chicos, que despues de tanto tiempo todos queremos ver como vuelven a casa, ¿No? Realmente se merecen su final feliz, así que ya no nos enrollamos más.

¡A leer! Esperamos que lo disfrutéis. ^^

 

 

 

– Va a venir.

La niña miraba fijamente a la puerta, esperando a que se abriese. Siempre esperando.

– MinNa, a cenar. – se oyó la llamada des de la sala contigua.

La niña lo ignoro, siguiendo sentada mirando a la puerta.

– Va a venir.

Su madre apareció de la sala, se arrodilló a su lado y la abrazo por los hombros.

– Vamos a cenar.

– Estoy esperando a mi hermano.

– Vamos a cenar. – repitió con el tono monótono de quien se sabe el guion de memoria.

– Va a venir. Hoy va a venir.

– MinNa… Vamos a cenar.

La mujer se puso en pie, con una sonrisa triste, tirando de la mano de la niña, igual que cada día.

Pero la niña se resistió.

– MinNa…

– Va a venir. Va a venir.

El rostro de la mujer era triste. El tiempo sana las heridas, pero a veces el dolor no desaparece.

– Va a venir.

La niña volvió a sentarse, y la madre se quedó mirando con cara triste.

– Va a venir.

Esa férrea convicción que la madre había tenido al principio había ido desapareciendo, dejando un vacío. Pero la niña la mantenía, constante, pasaba las tardes ante la puerta, murmurando una y otra vez:

– Va a venir.

Se oyeron los golpes en la puerta. Tres golpes seguidos.

En el rostro de la pequeña se formó una enorme sonrisa. Se puso en pie y corrió a abrir la puerta. La madre puso ojos como platos, incrédula, aún más cuando la puerta se abrió y el adolescente, más alto y más guapo de lo que nunca antes le había visto, entraba con una enorme sonrisa, tiró al suelo las muletas con las que andaba y abrazó a su hermana que reía feliz.

– ¿Me esperaste MinNa? Tu hermano ha vuelto MinNa, ¡Ha vuelto! – le decía meciéndose en el abrazo, ambos riendo.

– MinKi… – consiguió murmurar la madre, no podía creerse lo que veía. ¿Sería un sueño? ¿Otra cruel creación de su subconsciente para que al despertar se sintiese aún peor?

Pero no, ese chico que le sonreía des de la entrada se veía demasiado real, ese chico cubierto de moratones y cicatrices, ese chico con la pierna enyesada que se acercaba a ella medio saltando medio cojeando, con los brazos abiertos y una enorme sonrisa y lágrimas en los ojos, ese chico que la abrazó con calidez murmurando “mamá, he vuelto”. Ese chico era su hijo. De vuelta al hogar.

De nuevo con ellos.

Se separó a mirarle, tomando su cabeza entre sus manos, observándole. Era allí, era real, era su hijo.

Ya era más alto que ella.

– Minki…

Lloraba, y él también.

– He vuelto.

– Has vuelto.

Ya habría tiempo para preguntas y explicaciones después, ya habría tiempo de ponerlo todo en orden, ahora solo quería abrazarla.

– Hola. ¿Quien sois?

Pero claro, no estaban solos.

Ren se giró hacia la entrada. Baekho había recogido sus muletas y le sonreía a su hermana, JR esperaba detrás de él.

– Nosotros ya nos vamos.

Aun habiendo vuelto a casa, eso hacía que su corazón se sintiese pesado. No era capaz de borrar su felicidad, pero si empañarla un poco. Aun así asintió y se acercó a él, ignorando la sorpresa de su madre.

– ¿Me llamarás?

– En cuanto tenga un teléfono.

Sonrió. Esperaba que fuese pronto, no soportaría muchas horas sin tener noticias suyas.

Se acercó y le besó, con la mano en su cabello, sin importarle mucho tener público. Solo le importaban sus labios, y lo pronto que se separarían para no volver a sentirlos hasta quien sabía cuándo…

Pero tuvo que separarse, le miró, y no soportaba ver reflejado en sus ojos el dolor de la despedida. Había vuelto a casa, tenía que ser feliz.

Se giró hacia su compañero, aguardando a su lado. Le abrazó también, aunque para eso tuviese que separarse de Baekho y le doliera.

– Cuídate JR.  

– Tú también Minki.

Sonrió, y sin poder evitarlo volvió a abrazar a Baekho.

– Llámame.

– Sí.

Se miraron, se besaron y volvieron a abrazarse.

– Baekho, llegaremos tarde. – Le apremiaba JR.

Tenía razón, volvió a separarse, esta vez ya definitivamente, no sin antes susurrarle al oído un último “te amo”.

Cuando la puerta se cerró de nuevo Ren cerró los dedos en el aire, con lágrimas en sus mejillas. Se giró hacia su familia, abrió los brazos y su hermana corrió hacia ellos. Su madre dudó algo más, sin comprender aun lo que había visto, pero no le importó mucho.

Su hijo estaba de vuelta.

 

****

Sentada en el jardín, la mujer cantaba al horizonte. A sus pies una niña jugaba con dos muñecas, y algo más allá dos niños corrían sobre la hierba persiguiéndose con espadas de madera.

Su voz no era exactamente triste, si bien tampoco se acercaba a la alegría. Tenía una extraña fuerza, un potente sentimiento que hacía temblar el alma. El hombre sentado junto a ella escuchaba en silencio, con el rostro demacrado de quien ha perdido algo importante.

El momento perduraba mientras las sombras se alargaban y la luz se ensombrecía.

Y la mujer dejó de cantar, con la última nota aún suspendida en el aire, con el corazón martilleándole con fuerza y ojos muy abiertos en dirección a las dos figuras que avanzaban por el camino.

Habían pasado tres años, poco quedaba en esa persona del hijo al que le quitaron, pero no tuvo ninguna duda de quién era. Saltó de la silla y corrió el tramo de camino que les separaba, deteniéndose a un paso del muchacho rubio y ancho. Le miró a los ojos, a esa sonrisa tan especial que se pintó en sus labios cuando la llamó, alzando un brazo hacia ella.

– Mamá…

Y saltó a sus brazos, ahogándolo en su abrazo, cubriéndolo de besos, sin creerse del todo que volvía a tener a su hijo frente a ella.

Se separó de los brazos de su madre sólo para recibir el abrazo de su padre, cuyo rostro bañado en lágrimas era el más claro ejemplo de la alegría. Abrazó a ambos, sintiendo la calidez de la familia que tanto había echado de menos, y luego vio a sus hermanos, que esperaban, confusos, frente a ellos.

El mayor, con casi diez años, no se atrevía a acercarse, los otros dos, apenas bebés cuando se fue, eran incapaces de reconocerle.

Baekho se agachó, para quedar a su altura, y aun llorando de felicidad se puso a cantar. Movía las manos al ritmo de la canción infantil que entonaba, la misma que tantas veces les había cantado años atrás.

La niña fue la primera en dar un paso al frente, y al siguiente segundo los tres se colgaban de su hermano perdido, riendo y chillando de pura euforia al haberle recordado.

Se puso en pie, con la niña colgada a su espalda, el pequeño en brazos y el mayor arrapado a su pierna, y se giró para indicarle a su compañero que se acercara.

El muchacho, de cabello negro, avanzó, inseguro.

– Mamá, papá, este es Jonghyun. – les presentó el rubio – Necesita mucho cariño.

– Eh, vas a hacer que me sonroje… – replicó el aludido.

Baekho rio, pero su madre interrumpió cualquier réplica acercándose para coger las manos enguantadas del chico.

– Bienvenido a casa.

El padre le sonrió también, y los niños no tardaron en acercársele y abrazarle como habían hecho con su hermano.

Le sorprendió el acercamiento, tanta proximidad, cuando ni siquiera le conocían. Pero cuando todos volvieron a fijarse en Baekho y a cubrirle de besos y abrazos vio la enorme sonrisa del chico y supuso que no debía haberse sorprendido por eso.

Tenía una espina clavada en el corazón, una herida que se había vuelto a abrir al ver de nuevo a una familia unida, al acompañar a sus compañeros a volver a sus hogares. Su pérdida dolía como nunca, pero ellos le sonreían, y se dejó mecer por su bienvenida, se dejó acochar por la calidez de una familia que, aunque no era la suya, sabía que ayudaría a sanar sus heridas.

De nuevo le dio las gracias a Baekho, quien le sonrió justo antes de salir corriendo en pos de sus hermanitos por el jardín.

La niñita se había quedado junto a él, tiraba de su camiseta y cuando bajó la mirada a ver qué quería se la encontró con los brazos en alto pidiéndole que la cogiera. Con lágrimas en los ojos la cogió, la niña se cogió a su cuello y le sonrió.

Era una bonita bienvenida. Aunque le rompiera el corazón, era agradable.  

 

****

Ese anochecer la pareja estaba sentada en el sofá del salón de su hogar, un bonito noveno piso de un rascacielos de Los Ángeles. Desde el balcón, la vista de la puesta de sol era impresionante. Pero hacía años que había dejado de interesarles. Miraban la televisión con los ojos vacíos, sin prestar atención a la bonita chica rubia de la película, que intentaba sin demasiado éxito que su compañero de trabajo se fijara en ella. Se daban la mano, buscando el contacto del único miembro de la familia que les quedaba, para sentirse acompañados, para no sentirse tan solos.

Aunque hubieran pasado tres años no se habían acostumbrado a ese silencio, a esa tranquilidad. Antes su hijo siempre andaba de un lado a otro de la casa. Un chico activo, impulsivo, nunca se estaba quieto. Repetidas veces habían deseado que un su hijo les diera un poco de esa tranquilidad que ahora detestaban.

Incluso Mel había cambiado. Antes se pasaba el día correteando detrás de su hijo, jugando a todas horas, moviendo la cola de felicidad. Desde que él se fue se había vuelto un perro triste, apagado, que se pasaba horas y horas sentado sobre la alfombra sin ni siquiera moverse. El perro se había quedado, pero una parte de él se había ido con su hijo.

Y allí estaba Mel, en la alfombra de siempre, con los ojos cerrados, en un atardecer que sería triste y vacío como todos los demás. ¿O tal vez no?

La pareja se sobresaltó cuando el perro levantó la cabeza de repente, con los ojos muy abiertos y olfateando a su alrededor inquieto. Se puso de pie de un salto y empezó a correr como un loco por toda la sala, ladrando y saltando entre los muebles como si le fuera la vida en ello. Se fue por el pasillo hasta el recibidor y lo oyeron ladrar desde allí con desespero. Pero al ver que la pareja no le seguía Mel volvió, y se puso a dar saltitos delante suyo, pero ellos parecían no comprender sus intenciones y sólo le miraban desconcertados. Al fin le robó una zapatilla a la mujer y  echó a correr de nuevo hacia el recibidor. Consiguió que la pareja se levantara con pesadez del sofá y lo siguieran. Se lo encontraron ladrando y arañando la puerta, pensaron que tal vez se había vuelto completamente loco.

Hasta que oyeron una llave meterse en la cerradura, y su corazón se detuvo mientras veían como la puerta se abría y aparecía una figura masculina que conocían demasiado bien. Aunque estaba más grande, más musculado, más hombre.

Dejaron de respirar y empezaron a temblar mientras veían como Mel se lanzaba desesperado a las piernas del chico, y éste lo cogía en brazos y se lo llevaba al cuello.

– ¡Mel! ¿Cómo estás? ¿Me has echado de menos?

El perro, como respuesta, le lamió con euforia la cara y las manos.

La sonrisa del chico no pudo ser más grande cuando vio a sus padres mirándole atónitos.

– ¡Mamá! ¡Papá!

– ¡Aron!

Al oírle llamarles así, ambos se lanzaron sobre su hijo, con lágrimas en los ojos, y le abrazaron, sin terminar de creerse que lo tuvieran otra vez en sus brazos, después de tres tristes años. Aron lloraba también, y recordaba cuánto les había echado de menos.

Mel había saltado de los brazos de Aron para no quedar aplastado en el abrazo y olfateaba desde el suelo. Había algo que le tenía intranquilo, un olor desconocido, pero nadie le hacía caso.

La señora se fijó en las cicatrices de quemaduras que tenía su hijo en los brazos y notó una sensación de opresión en el pecho.

– ¡Dios mío! – Le levantó la camiseta y se horrorizó con las cicatrices aún más impresionantes que tenía en el pecho y la tripa. – ¡Santo cielo! ¿Pero qué te han hecho? Mi pobre niño…

Volvió a abrazarle, llorando con más fuerza, con una extraña mezcla de alegría por tener a su hijo aquí y dolor por todo lo que imaginaba que el chico habría pasado.

Mel había descubierto por fin de quién venía el olor desconocido. Olfateó curioso el chico alto y delgado, con cuerpo de modelo, que se escondía detrás de una columna en el rellano, con una niña en brazos, por miedo a interrumpir el efusivo reencuentro de su novio con sus padres. Los gritos, los llantos, los abrazos… Se sentía feliz de que su chico pudiera reencontrarse por fin con su familia, y a la vez le dolía no tener alguien que le quisiera de esa forma, que le hubiera estado esperando, que llorara por él… Aunque eso no era el todo cierto. Tenía a Aron, y a Shinhye, ellos eran ahora su familia. Se preocupaban por él y lo cuidaban. Ya no estaba solo. Y puede que esa pareja, ahora sus suegros, llegaran a quererle también. Puede que al fin hubiera encontrado su sitio.

Inmerso como estaba en sus pensamientos, se sobresaltó cuando notó el lametazo de Mel en su pierna y soltó un gritito. El hombre y la mujer alzaron la vista desorientados, pero Aron habló antes de que alguien pudiera preguntar nada.

– Papá, mamá, quiero presentaros a alguien. Son dos personas muy importantes para mí, y ahora forman parte de mi familia. Y van a vivir aquí con nosotros.

La pareja miraron a su hijo expectantes mientras salía al rellano y cogía al otro chico de la mano, para llevarlo frente a sus padres. El desconocido estaba rojo y le costaba levantar la mirada, y la niña en sus brazos se aferraba fuerte a su cuello.

– Os presento a Minhyun, mi novio; y a Shinhye, nuestra hija.

Esas palabras descolocaron totalmente a la pareja. Sabían que su hijo era impulsivo pero… ¡¿volver con novio e hija?! Por un momento miraron a Minhyun, analizando con qué clase de persona se había juntado su hijo. Pero cuando vieron la forma en la que ambos se miraban, los ojos que el desconocido le ponía a su hijo, la cara de felicidad absoluta que ponían por estar el uno al lado del otro, la sonrisa de estúpidos que se les quedaba cuando se besaron sin pudor alguno frente a ellos… Supieron que se amaban de verdad, y además confiaban en su hijo. Era impulsivo pero tenía las cosas muy claras y no se juntaba con cualquiera. Ese chico, Minhyun… si su hijo lo había elegido, debía ser una persona maravillosa.

Y miraron también a la niña, aún un bebé. Sonreía, feliz de estar con los dos chicos. A lo mejor esa niña podría ser para ellos como el segundo hijo que nunca habían podido tener. Tuvieron la sensación de que esa tranquilidad que ahora tanto odiaban se había terminado por fin.

– ¿Minhyun? – Le llamó la mujer. El aludido levantó la vista nervioso, y ella le sonrió de una forma tan amable y llena de ternura… Su madre nunca le había sonreído así. – Estoy encantada de conocerte. Bienvenido a nuestra casa. – Y le abrazó. Era un abrazo cálido, su madre nunca le había abrazado así. – Y bienvenida tú también, pequeña. – Añadió acariciándole la cabeza a Shinhye, la niña sonrió.

– Bienvenido, chico. – El hombre le dio la mano, también con una enorme sonrisa.

– Muchas gracias. – Fue lo único que el chico tímidamente pudo responder.

– Pasad, debéis estar muy cansados, y además ya es hora de cenar. ¿Tenéis hambre? – Preguntó la mujer.

– ¡Shííííííí! ¡Muchííííííííshima!

Todos ser rieron de la efusividad de la niña y al fin entraron en el piso. Aron cogió a Minhyun de la mano mientras cruzaban la puerta. Y Minhyun tuvo la sensación que allí, en esa casa, y con su nueva familia, al fin llegaría a ser feliz. 

 

****

Recostado contra la barandilla de la ventana contemplaba las estrellas. Esos casi insignificantes y diminutos puntitos de luz en el cielo oscuro, esa señal de que el cielo seguía ahí fuera para él. Cuanto las había echado de menos…

Suspiró, respirando el aire de la noche, sintiendo la brisa despeinando sus mechones rubios.

Se sentía libre.

Hacía dos semanas que habían vuelto, que habían escapado de ese infierno, y aunque ya echaba de menos a sus compañeros, sobretodo a Baekho, aun necesitaba pasar tiempo con su familia. Su hermana había crecido tanto…

De repente su móvil en el bolsillo vibró, indicándole que tenía un mensaje.

MinMinMin: Chicos!!! Tengo una notícia!!! He encontrado trabajo!!!

El mensaje le hizo sonreír, y sonrió aun más, con algo de maldad al pensar una respuesta. 

Choi_Ren: de que? de basurero? xD

JR: felicidades 🙂

MinMinMin: ¬¬ pues no, yo tengo mucha más clase que eso, rubia!!

                       gracias jonghyun!! 😀

Choi_Ren: JAJAJAJAAJ clase… si, seguro

White_tiger_in_love: Me veo a Aron de ama de casa. XD

raperoLA: eh! no te rías! que mi madre me está enseñando a cambiar pañales y a preparar papillas!! y a cocinar…

White_tiger_in_love: BUAHAHAHAHAHAHA TE VEO!

JR: me lo imagino y me descojono. XD

 

Aun riéndose volvió dentro, ayudándose de una sola muleta, y se tumbó en su cama.

MinMinMin: es cierto, ayer quemó la cena…

raperoLA: no la quemé! sólo estaba un poco demasiado hecha…

MinMinMin: un poco? estaba carbonizada!!

raperoLA: … ^^’

White_tiger_in_love: que desastre

Choi_Ren: bueno, por lo menos no se echó a correr cuando vio los fogones xD

raperoLA: …

MinMinMin: tenemos una placa de inducción ^^

White_tiger_in_love: XD

Choi_Ren: bah, pierde toda la emoción

 

Habían empezado a hablar por chat el mismo día en que se habían separado. Aunque hubiesen pasado solo unos días juntos, pasar por todo eso, compartirlo, les había unido tanto…

JR: total, ¿de que trabajas?

MinMinMin:

raperoLA: de camarero en el bar de la esquina de nuestra calle xD

Choi_Ren: EN LA ESQUINA! LO SABIA!

White_tiger_in_love: eing?

MinMinMin: aaag!! cállate!! >.<

JR: por tu propio bien y el de tu familia espero que solo sirvas cafés.

raperoLA: Bueno, a mí me sirve otras cosas… e__e

White_tiger_in_love: no queremos detalles.

                                    (aun no he pillado lo de la esquina).

Choi_Ren: si, ya tuvimos suficientes detalles

                   (Cielo… esquina = puta xD)

White_tiger_in_love: O.O ok…

                                     y no me lo recuerdes… u.u aun estoy traumatizado…

MinMinMin: Aron, sigue por ahí y esta noche duermes en el sofá ¬¬

JR: uuuuuh…  

White_tiger_in_love: *aplaude*

Choi_Ren: pelea, pelea, eh! eh!

White_tiger_in_love: XD

raperoLA: Ups! ya me callo…

MinMinMin: MEJOR

JR: total… que la hermana de Baekho se ha enamorado de mi.

Ren: LOL?

MinMinMin: O.O

White_tiger_in_love: no digas eso, es que le gustas. solo quiere que juegues con ella…

JR: ya, ya, pero se mete en mi cama. a mi eso no me parece normal.

Choi_Ren: cuantos años dices que tiene??

White_tiger_in_love: déjala, tiene seis años, solo quiere su cuento de buenas noches.

raperoLA: vaya, JR, te van jovencitas, eh? xD

Choi_Ren: o maduritas o niñas…vaya vaya JR

raperoLA: qué gustos más refinados xD

JR: Lo de maduritas va por Lime? e____e

Choi_Ren: tu sabras xD

JR: me abstendré de hacer comentarios…

Ren: chico listo

 

Se estiró sobre la cama, y un tirón le recordó su pierna herida. Recordaba tantas cosas… pero al final todo terminaba en que era libre. En que jamás volvería a estar en ese lugar.

JR: Minhyun y Aron han desaparecido, ¿que estarán haciendo? XD

Choi_Ren: jajaja cosas sucias JR, cosas sucias…

raperoLA: perdón, estaba comiéndole la boca a mi chico y nos hemos distraído…

MinMinMin: ESO NO SE CUENTA!!!!! >/////<

White_tiger_in_love: ahí disimulando y tal…

Choi_Ren: ves? yo tenia razon XD a la proxima os echamos del chat, primer aviso

                   aunque podria haber sido peor, en lugar de la boca podria haber sido otra cosa…

raperoLA: ya… es que están mis padres y nuestra hija en casa y nos da un poco de corte…

MinMinMin: POR QUÉ NO DEJAS DE DAR DETALLES????

JR: lo sabia XD me parece que sois una muy buena influencia para Shinhye XD

Choi_Ren: si Samuel descubre la clase de cosas que tiene que ver la pobre niña os corta los huevos

MinMinMin: ugg… eso no suena bien… o.o’

White_tiger_in_love: que entorno tan traumático…

raperoLA: ei! que a Shinhye la cuidamos muy bien!

MinMinMin: Eso! ahora está con nosotros, dice que os mandemos un beso ^^

Ren: no quiero un beso tuyo, a saber donde has tenido la boca

JR: léase, os estabais comiendo la boca EN FRENTE DE SHINHYE

MinMinMin: em… sí… pero ella estaba entretenida jugando con una pelotita y no miraba…

raperoLA: además ya debe de estar acostumbrada xD

MinMinMin: …

raperoLA: y no hay nada de malo en que vea que sus padres se quieren ❤

MinMinMin: >///<

raperoLA: ^^

MinMinMin: rubia!! el beso te lo manda Shinhye, estúpido! ¬¬ y luego el atontado soy yo…

Choi_Ren: :PPP has dicho “que os mandemos” -> nosotros, tonto tu!

MinMinMin: se entiende que de su parte, o sea que os lo mandamos nosotros pero de parte de sus labios!

raperoLA: Creo que me he perdido…

White_tiger_in_love: estas discusiones gramaticales a estas horas…

JR: son las cuatro de la tarde .___.

MinMinMin: pues aquí son las 12 de la noche xD  

White_tiger_in_love: cualquier hora es mala XD

Choi_Ren: si, es que Baek y la gramatica… xDD

White_tiger_in_love: … TT^TT

Choi_Ren: sabes que te quiero igual ❤

White_tiger_in_love: ya…

Choi_Ren: cuando nos veamos te lo demuestro e__é

White_tiger_in_love: … OK

JR: avísame con antelación para llevarme a los peques de excursión XD

Choi_Ren: joder, que poca emoción Baek…

raperoLA: vaya, la conversación se pone interesante… e__e

Choi_Ren: tu cállate, ale, me voy con alguien que me quiera ¬¬

*Choi_Ren se ha desconectado*

 

Suspiró. Sabia que le estaba echando la culpa por una tontería, pero no podía evitarlo, tenerle tan lejos y pensar que habían desaprovechado la oportunidad cuando estaban juntos… Más que eso, pensar que él tal vez no le deseaba igual…

Su móvil volvió a vibrar, Aron, Minhyun y JR seguían hablando, pero Baekho le mandó un mensaje privado, solo llamándole.

Lo abrió.

 

White_tiger_in_love: Rennie…

                                     Rennie…

                                     es que me siento incómodo si dices eso frente a los demás…

                                     pero… en fin, ya lo sabes…

Apretó el móvil con rabia. ¿Porque le estaba haciendo pagar su frustración?

 

Choi_Ren: no, no lo se

White_tiger_in_love: no me hagas decirlo…

Choi_Ren: … es que…

                   da igual

White_tiger_in_love: te quiero

Choi_Ren: pero no me deseas

Lo había dicho, le había pedido lo que quería, no sabía ni que respuesta esperaba.

White_tiger_in_love: …

                                    no te tengo cerca para demostrártelo

Choi_Ren: ya lo se… da igual, déjalo.

White_tiger_in_love: Rennie…

Choi_Ren: te echo de menos.

White_tiger_in_love: yo también…

                                     tengo ganas de besarte…

                                     ahora todo lo que pasó allí me parece un sueño. A veces tengo miedo de que no seas real.

 

Su corazón dio un vuelco, y suspiró, sonriendo.

Se sintió estúpido por pedirle algo que tampoco podía darle estando tan lejos. Sabía que le amaba, ¿No era eso suficiente?

Si, en parte lo era.

Pero igual que Baekho no sabía responder cuando él le decía cualquier cosa subida de tono, Ren era incapaz de pensar en escribir una respuesta cuando él le decía cosas tan románticas, tan profundas.

Y Baekho lo sabía.

White_tiger_in_love: no hace falta que respondas ^^ te quiero.

Choi_Ren: gracias.. yo también, perdón por ponerme pesado ^^’

White_tiger_in_love: cuando te tenga cerca voy a comerte a besos.

                                     ash, lo he dicho >/////<

Choi_Ren: lo prometes? >__<

                   joder, ahora me siento muy nenaza….

White_tiger_in_love: de nenaza nada, eres mi guerrero.

                                      y te prometo que cuando te vea te comeré, porque soy un tigre hambriento.

*White_tiger_in_love ha cambiado su nombre de usuario por White_hungry_tiger*

La risa (¿o la vergüenza?) le hizo incluso patalear. Con la pierna sana.

 

Choi_Ren: ok, ya es oficial, no me había puesto tan rojo en mi vida >///////<

White_hungry_tiger: jajajaja

Choi_Ren: (voy a hacer una captura de pantalla y como no lo cumplas te arrepentiras el resto de tu vida :P).

White_hungry_tiger: … Me amenazas? e___e

                                      yo que me ponía romántico…

Choi_Ren: Prefiero que te pongas salvaje e__é

 

¿Porque seguía insistiendo en lo mismo?

 

White_hungry_tiger: …

Choi_Ren: ok, olvida eso XD

White_hungry_tiger: …

                                      …

*White_hungry_tiger ha cambiado su nombre de usuario por Wild_white_tiger*

Wild_white_tiger: Soy un tigre salvaje…

                                >/////<

Choi_Ren: >/////<

                  dios, vaya día que llevamos… XD

Wild_white_tiger: total. XD

                                mis hermanos llevan media hora pidiéndome que juegue con ellos, creo que voy a hacerles caso…

Choi_Ren: buena idea

                   es muy raro que les mande recuerdos alguien que no les conoce?

Wild_white_tiger: un poco, pero les he hablado de ti. Casi es como si te conocieran ^^

Choi_Ren: >_< vale, pues dales recuerdos de mi parte ^^

Wild_white_tiger: vale ^^

Choi_Ren: yo me iré a lavar los platos antes de que vuelva mama y me mate xD

Wild_white_tiger: lo veo bien. hablamos luego. ❤

Choi_Ren: hasta luego! ❤ ❤

Al cerrar el chat alcanzó a ver la frase escrita bajo el nombre de su novio.

“Una vez te prometí que te traería el sol. Ahora te prometo que volveremos a vernos.”

Y, como siempre que lo veía, solo pudo pensar: “Cúmplelo pronto”.

Muy pronto.

 

 

 

Ahora que ya todo ha terminado no nos queda más que desear que hayáis disfrutado leyendo tanto como nosotras escribiendo. Ha sido un proyecto muy largo y se siente ya casi nostálgico haberlo terminado, nos da mucha pena… Hemos pasado muchísimos ratos buenos escribiéndolo, nos hemos reído, nos hemos agobiado por no poder publicar a tiempo, hemos muerto de amor con vuestros reviews…

Muchísimas gracias por haber estado con nosotras todo este tiempo. Vuestros comentarios, críticas y opiniones nos han dado muchos ánimos para continuar, y nos han ayudado a corregir algunos errores y a mejorar nuestra escritura. ¡Sois geniales!

¡Os echaremos muchísimo de menos! T^T Volveremos pronto con nuevos proyectos, (aunque ya sabéis que para nosotras el “pronto” es siempre relativo…).

¡No nos olvidéis y no olvidéis la fuerza de estos chicos para conseguir su libertad!

SHIROKO KUROKO AOIKO

Ninfomanía: Epílogo

ninfomania-epilogoo

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

Epílogo, final. 

Realmente no me ha gustado escribir este capítulo, creo que porque no quería que se terminase, ha sido muy difícil… 

En fin… espero que os guste ^^

Y recordad, cada final es un nuevo comienzo. 

Epilogo

 

Su piel, sus besos, sus caricias, su voz…

Las sensaciones me abruman, la excitación, el deseo,…

Nos devoramos, ávidos del otro, pero disfrutando cada roce, saboreando cada beso.

Sus manos recorren mi cuerpo, des de mis labios hasta mis piernas, me abrazan, me acarician, me protegen. Y yo le acaricio a él, extasiado por su cuerpo fuerte, por sus manos gruesas, por sus caricias dulces, por sus susurros enamorados.

Le amo, y eso es lo que imprimo en cada uno de nuestros besos, en cada una de nuestras caricias, es lo que siento cuando me abraza, cuando su cuerpo se pega al mío y nos rozamos, cálidos suspiros entre nuestras bocas, dulces caricias de su piel, suaves besos lentos y pausados…

Disfruto cada sensación, cada pequeña corriente de electricidad que me recorre, que recorre nuestros cuerpos. Mientras la excitación sube ahogo mis suspiros entre sus labios.

Le amo, le amo, le amo…

Me siento lleno de él, me siento cálido, me siento fuerte. Me siento seguro y acompañado, me siento enamorado, me siento bien.

Sentirle entre mis brazos, sentirle junto a mi, dentro de mi. Y saber que es él.

Él.

Y nos besamos, nos besamos y nos besamos. Nunca tendré suficiente de sus labios dulces, nunca tendré suficiente de su boca húmeda, nunca tendré suficiente de su lengua cálida. Nos separamos solo para gemir, para coger aire y recuperarnos de los miles de sensaciones electrizantes y desbordantes que nos provocan nuestros cuerpos juntos. Todo es caliente, todo es eléctrico, todo es energía.

Simple y pura energía, que empuja nuestros cuerpos a enlazarse hasta lo imposible, a pegarse hasta ser uno, a moverse para rozarse, cada vez más y más.

Más.

Más roce.

Más besos.

Más caricias.

Más, más, más.

Nos mordemos con deseo y desespero, nos movemos ávidos y anhelantes, gemimos y jadeamos, enredamos nuestras lenguas y nuestros cuerpos en caricias infinitas buscando el placer, impulsados por el anhelo de sentirnos, de amarnos.

Sensuales gruñidos escapan de sus labios, jadeo ante sus roces, ante sus caricias, ante la fuerza de su cuerpo que me empuja. Caricias cada vez más fuertes, cada vez más necesitadas, cada vez más anhelantes y suplicantes de más placer, de más contacto, de más.

Hasta que el placer culmina, y durante segundos solo puedo concentrarme en respirar, en no ahogarme en el placer.

Su cuerpo caliente se derrumba sobre el mío y se desliza hasta quedar a mi lado. Jadea, igual que yo, falta aire para nuestros cuerpos en combustión.

Busco su mano y enlazo nuestros dedos.

Sigo sin poder respirar.

Intenso… que intenso…

No puedo evitar reírme.

– ¿Qué pasa? – me pregunta divertido – ¿De qué te ríes?

– De que yo tenía razón. – me mira, sonriente y confundido. Sus ojos brillan, su enorme sonrisa me envuelve en calidez. – El mejor polvo de mi vida.

Se sonroja, pero se ríe también. Y se acerca a besarme, a enredarnos de nuevo, me subo a horcajadas a su cuerpo desnudo y recorro con mi lengua sus labios hinchados. Rojos de deseo.

Jadeo y me vuelvo a reír, y me dejo caer para quedar de nuevo a su lado.

– Me has dejado demasiado exhausto.

Se acerca y muerde mi oreja.

– ¿Demasiado? No te creo…

Vuelvo a reírme, consciente de cuando bromea y cuando pide mimos de verdad. Ahora solo me hace cosquillas.

Me remuevo, le miro, con ojos brillantes, y aprieto su mano entre mis dedos.

– Te amo. – Le digo con un susurro.

– Te amo. – responde.

Sonrío.

– Te amo.

– ¡No empieces!

Nos reímos.

En momentos así, el mundo parece un sitio hermoso.

– ¿Que vas a hacer por navidades?

Se encoge de hombros.

– Comeré con mi familia supongo. Es lo que he hecho siempre. ¿Y tu?

– Pasaré la nochevieja con Jay y Mimi, y el veinticinco comeré con la familia también. – suspiro – me gustaría pasarlo contigo.

– A mi también. – admite. – otro año ¿si?

Asiento.

– Tenemos que pasar juntos la noche de fin de año.

Sonríe y asiente.

– Si. Eso si.

– Además, es como simbólico. Terminaremos juntos el año y empezaremos juntos uno nuevo.

– Y lo pasaremos juntos.

– Todo el año.

– Y muchos más.

Sonrío, sonríe, nos besamos.

Muchos más.

Termina el trimestre y las notas de mis exámenes son mejores de lo que esperaba. Buenas no, mejores. Teniendo en cuenta que pasé meses sin ir a clase y que estaba seguro de que repetiría curso, no están mal. Intentaré hacer las pruebas de acceso a la universidad aunque no creo que me acepten en ninguna.

El veinticuatro por la mañana me paso por el hospital, por el ala de trastornos mentales. El ala de chiflados, vaya. He quedado con Jang.

No es una visita oficial, solo quiero verla para desearle un feliz navidad y hablar con ella, porque si, porque aunque sea una pesada sé que me ha ayudado. Y solo por eso es importante para mi y la quiero.

Bueno, por eso y porque he pasado siete años de mi vida yendo a su consulta, hay cosas que cuestan de olvidar.

Y también quiero comentarle mis planes de futuro.

– ¿Psicología? – responde asombrada. Y aunque se sorprenda veo como se hincha como un pavo.

Me encojo de hombros.

– Lo más probable es que no me cojan este año en la Uni, tal vez al siguiente. Pero me gustaría. Quiero ayudar a la gente que es como yo, y creo que podría hacerlo porque… bueno, porque lo he vivido y puedo entenderlo. ¿Crees que podría hacerlo bien?

Lo piensa uno par de segundos, luego sonríe y asiente.

– Si, desde luego lo harías bien. Lo que me preocupa es que no te cargues tu demasiado. – la miro extrañado y sigue explicándose. – Jay y Mimi han respondido muy bien a tu idea para ayudarles. – A mi no me parece tanto. Jay ha desarrollado un extraño placer por la lectura y ahora no le ves nunca sin un libro, pero no se deja arrastrar a la calle sin no es conmigo y con Mimi. Si hay alguien más mejor, para que podamos controlarle si pasa algo. Mimi no tiene problemas en salir a la calle, pero se la pasa fichando posibles ligues y acercandose a insinuarse, y si no le dejamos ir les pide a gritos que le follen. Realmente no es agradable sacarle a la calle. Pero no digo nada, porque se que normalmente estas cosas piden tiempo, cualquier cambio es una gran mejora, un paso más. – Creo que realmente están mejorando y mejorarán más, y eso es genial, pero te estás implicando demasiado. – sigue ella – Quiero pensar que es porque son tus amigos, pero tengo miedo de que si terminas dedicándote a esto te ocupes tanto de cada uno de tus pacientes. No puedes ir a verles a diario, ni controlar cada aspecto de su vida. No puedes. Te lo digo por experiencia.

– Mmm… Bueno, imagino que aprendería que puedo y que no puedo hacer. Y si no siempre te tengo a ti para guiarme.

Me quedo un rato más charlando con ella, hablando sobre mi futuro. Me propone cogerme como ayudante en practicas cuando esté haciendo la carrera. Primero tengo que entrar en la universidad y sacar buenas notas, demostrar que puedo hacer esto. Tiene miedo de que estar con contacto con tanta gente “enferma” pueda afectarme. Yo tengo miedo también, pero no voy a rendirme. Como todo, va a ser difícil, pero daré mi mejor esfuerzo. Si he superado esto ¿que no podré hacer?

Como en casa y me quedo un rato ayudando a mamá con los preparativos para la comida de mañana. Iremos a casa los abuelos, pero traemos los platos entre todos.

A media tarde viene Baekho, nos ayuda en la cocina y luego vamos a mi habitación, ponemos música y nos quedamos tumbados abrazados en la cama, acariciándonos, relajándonos.

Por la noche, después de cenar, me acompaña a casa de Mimi y nos despedimos.

Jay no está, aún no le llegado. Vuelve a vivir en su casa, a ratos.

Nos instalamos en su cama mientras esperamos a Jay y me pone al día de su vida. No es que haya mucho que no sepa ya, puesto que ahora le veo prácticamente a diario, pero me gusta como me cuenta, como si no le importase en absoluto, que el tratamiento para su sífilis está funcionando, que en un par de años estará completamente recuperado y puede que ni siquiera le queden secuelas.

Me pregunta por Baekho con esa sonrisa lasciva y emocionada suya, y aunque ya sabe que nunca le cuento los detalles asiste interesado.

He encontrado algo que si funciona con Mimi. Le hablo del amor.

De algún modo es lo que siempre ha buscado, cuando sale buscando sexo lo que quiere encontrar en realidad es algo más profundo, y creo que, poco a poco, muy poquito a poco, estoy consiguiendo que vea que no lo está haciendo bien. Ahora cuando le hablo de besos no me responde inmediatamente que me deje de tonterías y pase a lo interesante, ahora los ojos le brillan cuando miramos una película (una película normal) y los protagonistas se declaran y se abrazan. Ahora no me mira con ojos rencorosos y me suelta un “ojalá algún día encuentre a alguien como tu tigre…”.

Cuando llega Jay Mimi baja corriendo a abrirle, sus padres están cenando fuera con unos amigos.

Me fijo en sus pies al bajar las escaleras, ya no pisa dos veces cada escalón, aunque sí vigila de no pisar las junturas de las baldosas. Abre la puerta dos veces y Jay la pasa dos veces antes de entrar y abrazarle.

Le abrazo yo también, subimos a la habitación y nos tumbamos de nuevo sobre las camas. Mimi encima de Jay. Sigue sin interactuar mucho con él, pero parece más relajado con él al lado. Como si se hubiese acostumbrado a que él esté allí.

Como si le necesitase.

A Jay se le ve feliz y mucho más activo que unos meses atrás.

No creo que lo hayan hablado, no creo que sean pareja, porque me lo hubiesen dicho, pero hay algo entre ellos. Se besan con más cariño, se tratan más próximos. Ya no es solo Jay pendiente de Mimi y este que apenas le ve. Interactúan, hablan y se ríen juntos, a ratos incluso me ignoran.

No puedo evitar sonreír.

– ¡Feliz navidad! – les deseo alzando mi copa de zumo cuando dan las doce.

– ¡Feliz navidad! – responden ambos.

Nos reímos, nos besamos y seguimos charlando como cualquier otro día. Es de las navidades más civilizadas que hemos tenido.

Llamo a Baekho para felicitarle también, vuelvo a decirle que le amo.

Cuando cuelgo alcanzo a ver como Jay le coge las manos a Mimi.

– Te quiero. – le dice bajito.

El corazón me va a cien, sé que no debería estar aquí y no muevo el teléfono de mi oído, como si así estuviera menos presente.

Mimi le mira, con las mejillas sonrojadas por el alcohol. Y se ríe. Se acerca y le besa.

Dios mío, que esto está pasando. Está pasando de verdad.

Mimi no responde, sigue haciendo otra cosa y cuando yo regreso habla conmigo como si no hubiera pasado nada.

Pero se lo ha dicho. Se ha atrevido a decírselo. Y Mimi lo aceptará. Necesita tiempo pero le aceptará.

Me siento feliz, y cuando me duermo aun sonrío.

A la comida familiar navideña se ha unido un nuevo fichaje. Alex, el novio de mi primo, come con nosotros.

La excusa es que como está de intercambio su familia está muy lejos, en España, y antes que pasar las navidades solo viene con nosotros. Pero aun así, el hecho de que haya venido significa que lo que tienen es serio. Bueno, que lleven dos meses juntos ya también es señal de que es serio. No parece que vayan a separarse. Y por mi genial, porque ese chico me cae muy bien.

Algunos de mis tíos y mis primos pequeños parecen algo distantes conmigo al principio, pero Aron y sus padres me reciben con los brazos abiertos, y la abuela me abraza con cariño y me desea feliz navidad con una sonrisa. Aún después de tantos años, mi familia sigue estando allí.

Cuando recogemos los platos me quedo un segundo solo con mamá en la cocina. Me abraza por la espalda, con fuerza, con cariño.

– Estoy orgullosa de ti cielo.

La miro, sintiéndome cálido. Me sonríe. Vuelvo a abrazarla y murmuro un gracias.

Sobran las palabras.

Vuelvo a ver a Baekho por la tarde, ahora soy yo quien va a su casa y como con sus padres. Les costó aceptarme y su madre sigue siendo algo fría cuando trata conmigo, imagino que no soy la mejor compañía que podrían desear para su hijo. Pero su padre es un hombre casi tan agradable como él, y aunque no lo fueran, son su familia, Y le tengo a él a mi lado cogiendo mi mano y diciéndome sin palabras que me ama.


De algun modo, la vida es hermosa ahora, y seguiré esforzandome para que sea cada vez mejor.

Y… ¡fin! Ahora si que si XDD

 

Muchas gracias a todos los que habéis leído hasta ahora, aún más a los que habéis comentado, en serio que he leído todos los reviews y animan un montón a seguir.

Agradecimientos… Quiero dedicar el fic a Alex, por seguirme hasta ahora y animarme tanto, a Minmin, por sus valiosos comentarios y aún más valiosos chistes, a Satu y Mikan, por ser tan perfectas y obligarme a mejorar cada día, y a Kuru, porque… bueno, porque ella es mi Baekho. ❤ 

ACTION: Capítulo 28

action28

¡Hoooola de nuevo! ^^

Y aquí queridos y fieles lectores llega el último capítulo de Action, muchísimas gracias por seguirnos todo este tiempo y por la paciencia con nuestra poca puntualidad al publicar, ha sido un placer.

Como veis al final no pudimos publicar el día 4 (ni mucho menos ^^’), resulta que este capítulo nos costó más de lo que esperábamos… ¡Pero al fin aquí está! ¡Gracias por esperar!

¡Ah! ¡Pero no todo acaba aquí! Aún quedan unos epílogos que publicaremos tan pronto como nos sea posible ^^ ¡Así que todavía no nos despedimos!

¡Disfrutad mucho de este último capítulo! ¡A leer!

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

 

Capítulo vigésimo octavo

 

Pasajeros del vuelo YK2808 con destino Los Ángeles, embarquen por la puerta E32.

Estamos los cinco de pie delante del control de seguridad.  A partir de aquí sólo puede pasar la gente que va a volar. Esta es la última vez que estamos todos juntos. Al menos durante un buen tiempo.

Aron se gira a mirarnos a todos con ojos tristes.

– Aquí nos separamos.

 

Cuando se abrieron las puertas el ruido se detuvo. Todo, absolutamente todo, paró. Durante unos segundos silencio, luego ruido de metal, y gente corriendo. La mayoría de guardias soltaron las armas y huyeron, gente que no estaba allí más que esperando recibir una paga, que igual que nosotros habían quedado encerrados cuando vieron que habíamos salido de las jaulas y blindaron el edificio. Esos huyeron al instante.

Los restantes se dividían en dos grupos, los rebeldes, que habían luchado a nuestro favor y los que realmente nos consideraban monstruos y luchaban por verdadera convicción. Viendo que el segundo grupo era menor estos callaron y soltaron las armas, y terminaron yéndose también.

Un guardia de entre el grupo de rebeldes con unas llamativas gafas verdes se erigió como líder temporal y lo organizó todo. Debíamos salir de allí antes de que el verdadero “jefe”, el que nos había encerrado ahí dentro y llevaba todo el proyecto, llegase. El hombre de los ojos de hielo.

Aun así nos convencieron de que nos quedáramos unas horas más. De algún modo,  nos ofrecieron ayuda, y no teníamos otra opción que aceptarla.

Nos llevaron a las duchas, nos dieron de comer, curaron las heridas que teníamos. Ren necesitó que le operaran, le dijeron que era una fractura complicada y que tardaría en poder caminar, que no era cien por cien seguro que se soldase bien si no iba con mucho cuidado. Necesitó mucha sangre, solo pudimos disuadir a Baekho de que le diera la suya cuando le dijeron que no eran compatibles. Yo o Minhyun hubiéramos podido darle sangre, pero realmente la necesitábamos para nosotros mismos.

Ren no fue el único en necesitar  una transfusión, muchos guardias habían quedado heridos, y aunque sabía ya de la magnitud de este complejo me sorprendió ver a tanto personal sanitario y tantas reservas de sangre. Fue una grata sorpresa.

Aún más sorprendido me quedé al  reconocer una cabecita rubia entre el grupo de enfermeros. Alice.

¿Cómo podía acercarme a ella? Saludarla, disculparme por lo que le hice, agradecerle todo lo que hizo ella por mí. ¿Cómo podía atreverme a hablar con ella después de todo?

Simplemente no podía, así que seguí observando como socorrían a los heridos de entre los cadáveres, mejor dicho, intentando no verlo.

Le  hicieron varias pruebas a Aron, en primer lugar porque no se explicaban cómo podía estar vivo, en segundo lugar porque no se había recuperado por completo. Según las radiografías (o lo que fuesen), tenía un pulmón inútil. No había forma de curarle, pero por suerte su poder compensaba bastante y no iba a suponer un gran problema para que hiciera vida normal. Minhyun a su lado esperaba mientras se recuperaba, con la niña aun en brazos que no se despegaba de ellos.

Mientras Ren seguía inconsciente Baekho se dividía entre la preocupación por él y el dolor por la muerte de Nara, quien fue su única amiga durante tres años. No había palabras de consuelo, pero sus lágrimas reflejaban el dolor de todos. Incluso el mío. Ahora que podíamos “volver a casa” sentía más que nunca la perdida de mis padres. Aun no sabía qué iba a hacer.

– ¡JR! – su vocecita me llamó, y supe al instante quien era. No podía mirarla, y aun así me volteé para verla.

– Alice…

Sonrió. Al igual que siempre, sonrió. Y aunque parecía una sonrisa sincera los ojos se me iban al muñón de su brazo izquierdo.

– Te ves bien. – murmuró.

Aun con la sangre seca sobre mi piel y la suciedad de estos cinco días en almacenes supe que tenía razón, porque estaba de pie, junto a ella, sin ataduras y con la mirada limpia. Yo también me sentía orgulloso por ello.

No supe que responder. Yo no podía decirle lo mismo supongo…

– Siento lo que te hice. Después de todo…

Negó con la cabeza, cortándome.

– No quisiste hacerme daño. – ¿es que eso cambiaba lo que le hice? – Quiero decir… Lo pasé mal, claro, aun ahora no me acostumbro y no creo que me acostumbre en mucho tiempo, pero… sé que no lo hiciste a propósito, sé que lo último que querías es hacerme daño, sé que tú has perdido mucho más en esto que yo. No quiero guardarte rencor…

No sabía qué decirle, ni siquiera sabía qué pensar al respeto.

Le estaba agradecido, claro, por eso y por mil cosas más. Pero… No debía ser tan buena, tendría que odiarme por lo que le hice. ¿Cómo podía empezar a agradecerle todo lo que le debía?

Quería abrazarla. Quería que supiera que valoraba el tiempo que estuvo cuidándome, sus sonrisas, su cariño, quería que supiera que la quería por eso. Pero no podía. La última vez que me tocó perdió un brazo, ¿La asustaría si me acercaba?

Lo intenté, di un paso al frente hacia ella, pero se apartó. Casi inconscientemente retrocedió mientras se encogía sobre sí misma. Luego al darse cuenta bajó la mirada, avergonzada.

– Lo siento… – murmuró  – no te guardo rencor, pero si me asustas un poco…

Sus palabras, igual que su reacción, fueron como una jarra de agua fría. Pero lo comprendía. Le había hecho mucho daño, el muñón en su brazo se lo recordaría siempre. No podía esperar que lo olvidase en menos de una semana.

Lo lamentaba. Lo lamentaba muchísimo. No solo por el daño que le había hecho sino también por haberla perdido.

Pero estaba conmigo. Había venido ella a hablarme y decía que no me guardaba rencor. Eso ya era un gran paso en tan poco tiempo. Tal vez no la había perdido del todo.

Así que simplemente sonreí, manteniendo las distancias.

– Gracias Alice, gracias por todo lo que has hecho por mi…

Me sonrió también. Su sonrisa me recordaba todo el tiempo encerrado, me recordaba a mi madre, y en parte dolía, pero también era reconfortante. Sentí ganas de llorar.

– Creo que hay alguien más que quiere disculparse…

Se hizo a un lado y detrás de ella pude vislumbrar un inconfundible chispazo azul hielo. Se escondió en cuanto la vi, probablemente tan insegura de qué decirme como estaba yo con Alice, pero yo no le guardaba rencor alguno.

– Te encontraron.

Me sentía aliviado. Hacía apenas un par de horas que la habíamos abandonado en almacenes cuando le dije a un guardia donde podía encontrarla, que fueran a buscarla, pero no había sabido nada más. Saber que estaba bien me hacía sentir mejor.

Salió de su escondite, mirándome a los ojos por un instante y luego bajando la mirada al suelo, avergonzada.

– Gracias a ti. – murmuró. Volvió a mirarme, apartando la vista al instante y se mordió el labio, como incapaz de decir algo. Simplemente esperé. – ¿Por qué no me matasteis?

Ya me esperaba la pregunta. Todo el mundo parecía pensar que matar era la solución para todo. ¿Por qué?

– ¿Más muertes? – Señalé a mi alrededor, a las paredes manchadas de rojo, a los heridos, a los cadáveres – ¿No te parece que ya ha habido demasiadas?

– Pero yo… intenté matarte a ti…

No respondí, la miré fijamente. ¿Qué más motivos podía darle? ¿Qué sabía que no quería matarme en realidad? ¿Qué en esos pocos días que compartió con nosotros  le cogí suficiente cariño como para lamentar cualquier cosa que le pasara? ¿Qué me daba miedo perder a más conocidos? Simplemente, había habido demasiados muertos. Aun incómoda me miró de nuevo para murmurar un “gracias”.

Pero no era suficiente. Aunque yo no le guardaba rencor alguno ella no se había perdonado, igual que yo no me había perdonado por lo que le hice a Alice aunque ella si parecía haberlo hecho.

Era realmente incómodo…

Y seguiría siéndolo hasta que aceptáramos lo que habíamos hecho, hasta que aceptáramos nuestros errores, hasta que aceptáramos que no había marcha atrás. No podíamos cambiar lo que habíamos hecho y de algún modo la culpa levantaba un muro entre nosotros.

Pero tampoco queríamos despedirnos así. La voluntad fue más fuerte que la culpa y seguimos juntos intentando derribar esas barreras.

 

Cuando dijeron que iban a operarme no me hizo ni pizca de gracia, tener a esos desconocidos hurgando en mi pierna no molaba, sobre todo teniendo en cuenta que hasta ese momento su misión había sido curarnos solamente para podernos exhibir nuevamente. Pero que no me hiciera gracia no significa que sea estúpido, no tenía ganas de quedarme cojo por ser un tozudo así que acepté.

Solo había un pequeño detalle que no había tenido en cuenta… “Vamos a sedarte”. Mi primera reacción fue mirarles como si estuvieran locos, la segunda intentar irme de allí. Luego me di cuenta que no podía andar, así que me volví a sentar para pensar en ello. Después de todos estos días intentando evitar que me sedaran, aceptarlo así de fácil… Pero la perspectiva de una operación sin anestesia me daba pánico, estar acostumbrado al dolor no es lo mismo que ser masoquista. Aun así… me daba miedo, dormirme y saber que si les pasaba algo a los otros no me enteraría de nada… saber que si resultaban ser aliados de los guardias  y querían hacerme daño no podría defenderme… tenía esa sensación demasiado integrada.

– No van a hacerte daño, solo se preocupan por ti, de verdad – dijo Samuel mientras yo me comía el coco. Y le creí. Sabía que lo había podido leer en sus mentes y que ellos no podían engañarle. Ese niño me inspiraba confianza así que simplemente asentí y dejé que me pusieran en la camilla.
Pero había alguien más preocupado por todo el tema que yo. Baekho. Lloraba mientras repetía una y otra vez que no me preocupara, que no iba a pasar nada, que él estaba allí conmigo y que fuera fuerte. Estaba histérico y yo ya no sabía que más decirle para tranquilizarle, sabía que probablemente no tuviera nada que ver con mi operación. La muerte de Nara, toda la muerte a nuestro alrededor, la tensión de las últimas horas y días le estaba pasando factura y yo no podía hacer nada más que sonreírle y decirle que no se preocupara por mí, que durmiera un poco, aun sabiendo que era muy poco probable que consiguiera cerrar los ojos.

 

Observé toda la operación en silencio. No me dejaban pasar, pero al final tuvieron que aceptarlo. Hubieran tenido que sedarme a mí también para dejarme fuera. Después de haber visto morir a Nara, a tanta gente, lo último que quería era separarme de Ren.

Era tan guapo… Tan pequeño, tan perfecto… ¿porque le habían hecho tanto daño? A él, a nosotros, a todos… Y ahora querían ayudarnos. Se lo agradecía, claro, pero… No sé, no sabía que pensar. Ni sobre eso ni sobre nada… Había visto morir a tanta gente, había tenido que soportar tanto dolor… ver tanto dolor… ¿Sería capaz de olvidarlo algún día?

Con el tiempo tal vez. Me dije.

Eso no me hacía sentir mejor. Me dolía la cabeza, me dolía horrores. Si me sentaba mi cuerpo era incapaz de levantarse de nuevo. Mis músculos me pesaban, de repente era consciente de cada rasguño, de cada moratón, de las heridas que, aunque superficiales, cubrían todo mi cuerpo. Y solo sentía ganas de llorar. ¿Y porque? Lo habíamos conseguido, habíamos ganado, volvíamos a casa, todo estaba bien. ¿Porque lloraba entonces? No lo sabía ni yo, pero no podía parar.

 

No me dejaron entrar a las instalaciones médicas mientras le hacían pruebas a Aron, me dijeron que durmiera un poco, o fuese a dar una vuelta. Pero me negué a moverme de ahí hasta que él saliera. Ellos se encogieron de hombros y me dejaron en una especie de sala de espera. Me senté con Shinhye sobre mi regazo, ella parecía contenta y jugaba con su osito de peluche.
Tenía miedo de que pudieran encontrarle algo grave a Aron. No había muerto pero le costaba moverse, estaba muy débil. ¿Y si su herida no se había curado del todo? ¿Y si le quedaban secuelas físicas? ¿Y si había revivido sólo temporalmente y estaba a punto de volver a morir? ¿Y si…?
– Omma… ¡Omma!
– ¿Eh?
Poco a poco iba acostumbrándome a que me llamara así… que remedio. La rubia se descojonó la primera vez que lo oyó. Los demás también, pero lo disimularon un poco más.

– ¿Y appa?

– Está ahí dentro… le están haciendo unas pruebas.

No sabía cómo explicárselo. Era demasiado pequeña, apenas debía tener dos años. ¿Podría entenderlo?

– ¿Po qué?
– Bueno… – ¿Qué iba a responder a eso? No se me da bien mentir pero no quería que se preocupara. Dudé unos instantes. – Appa tuvo un accidente, ¿te acuerdas?
Shi… peo ya she curó, ¿no?
– Sí, sí, sólo están haciéndole una revisión. Para asegurarse de que todo está bien.
– Ah…

Parecía convencida. ¿De verdad me había entendido? Volvió a bajar la mirada a su osito; la mía se perdió en algún punto indefinido de la sala mientras mi mente volvía a pensar en Aron, y nos quedamos en silencio.
– Omma… ¿Tú queresh a appa?
No esperaba esa pregunta, me chocó. Shinhye me miraba curiosa, yo le sonreí.
– Sí. Hace muy poco que le conozco pero ya se ha convertido en alguien indispensable en mi vida. Le quiero muchísimo.
Enrojecí un poco al decir aquello, y ella dibujó una sonrisa enorme.
– ¿Y appa te quere a ti?
– Sí, el también me quiere muchísimo.
– ¡Qué bieeeeeeeeeen!
Alzó a Teddy con los brazos y empezó a moverlo, como si bailara.
– ¿Por qué me preguntas eso?
– ¡Shois novios! ¡Shois novios! ¡Y os quereish muchííííííííshimo!
Abrió los brazos en el aire para mostrarme visualmente lo que quería decir con “muchííííííííshimo” y se echó a reír divertida. Me hizo gracia y me reí con ella. Me gustaba esa niña.
– Omma, appa eshtá bien. ¡Yo shé!
Se dio un golpe con el puño en el pecho y levantó la cabeza para demostrar seguridad. Yo la abracé con fuerza, y noté sus bracitos rodeando mi cuello. Realmente había conseguido animarme con sus palabras, con su energía, con su alegría. Esa niña era un encanto.

Pensé que era muy lista y hablaba mucho por la edad que aparentaba. Pero al fin y al cabo la hicieron con material genético de personas con poderes, ¿no? Seguramente esa era la causa. Decidí que no me comería la cabeza con eso.
Cuando rompimos el abrazo, ella me sonreía.
– Gracias, Shinhye. Gracias a ti estoy mejor.
– ¿Shiii? ¡Qué bieeeeeeen!
– ¿Sabes? Quiero a Aron. Pero a ti también te quiero.
– ¡OOOOOOOOOOOOOH! – Me miró, y los ojos le brillaban. – ¿Mucho?

– Muchísimo.
Se levantó de mis piernas y empezó a volar por la sala, emocionada, mientras agitaba los brazos de aquí para allá y gritaba “Yupis” por todos lados.
Me levanté de la silla y di un par de pasos hacia el centro de la sala. Ella inmediatamente vino hacia mis brazos. Aunque podía sostenerse en el aire me había dado cuenta que le gustaba que la cogieran. Y yo me sentía calmado con ella en mis brazos.
– ¿Quieres que juguemos a algo mientras esperamos?
– ¡¡¡Shííííííííííííííííííí!!!

 

Cuando al fin terminaron con todas las pruebas me sentía mareado. Me ofrecieron tumbarme un rato allí, en la enfermería, pero me negué. Quería ver a mi chico, seguro que estaría preocupado. Quería decirle que todo estaba bien.
Me lo encontré nada más salir. Estaba en una salita de espera, sentado en un rincón con Shinhye dormida en sus brazos. La miraba y sonreía con ternura.
Cuando me vio se levantó enseguida, gritó mi nombre con voz baja para no despertarla y corrió hacia mí. Me dio un beso rápido, pero muy dulce. No pude evitar sonreír tontamente.
– ¿Cómo estás? ¿Qué te han dicho? Te han tenido un buen rato ahí…
– Es que no daban crédito a lo que veían. No entendían como podía ser que JR me curara la herida por completo.
Me reí recordando sus caras incrédulas. Per Min no reía, seguía preocupado.
– ¿Pero tú estás bien?
– Sí, no hay de qué preocuparse. El pulmón que me hirieron me ha quedado inútil, pero gracias a mis poderes podré llevar una vida completamente normal. Aunque los poderes… podré usarlos, pero si lo hago me agotaré muy rápido.
– Así… ¿estás bien? ¿No hay peligro alguno?
– Sí, estoy bien…
– ¿Seguro?
– Min, déjalo, vuelves a estar pensando demasiado. Estoy bien, de verdad.
Al fin asintió y me besó de nuevo. ¿Cómo puede pensar tanto siempre? Pero lo hace porque se preocupa por mí, es un encanto.
Caminamos despacio hacia la sala enorme de la entrada, dónde había la puerta abierta. Ya me había pasado el mareo, pero ver los pasillos llenos de cadáveres, algunos desmembrados, otros aplastados, destrozados, hechos pedazos… hizo que me vinieran arcadas. Y a la vez tristeza. Y dolor. Una mezcla de sentimientos desagradables por todo lo que había pasado, por todas las muertes, por todo el daño que habíamos hecho y nos habían hecho a nosotros. Por todos los nervios que habíamos pasado, el miedo, el dolor, la frustración, la impotencia… Todo eso se mezcló en mi mente y recorrió mi cuerpo, tenía escalofríos y sudor fría.
Min también miraba los cadáveres y debía sentir lo mismo que yo. Rodeaba el cuerpo de Shinhye con sus brazos y la pegaba con fuerza a su pecho, con un acto reflejo de protegerla y alejarla de toda esa muerte. Me cogió la manó y la apretó con fuerza. Noté que le temblaba.
Por lo menos las medicinas que me habían dado me permitían moverme mejor que antes. Cuando llegamos a la sala de las puertas quería deshacerme de todas esas sensaciones desagradables y moría de ganas de pasar un rato a solas con Min, bajo la luz del sol. Sabía que a partir de hoy tendríamos muchas oportunidades de estar solos bajo el sol, pero realmente me apetecía.
– Min, vamos fuera.
Le agarré del brazo y le arrastré.
– Espera, ¿y Shinhye?
La niña seguía dormida en sus brazos.
– Ah… pues…
– Dejádmela a mí si queréis. Puedo vigilarla un rato.
El chico pelirrojo se nos acercó con una sonrisa amable.
– ¿No te importa?
– ¡En absoluto!
Min le pasó a la niña, y se despidió de ella con un beso en la frente.
– Gracias.
– ¡De nada! ¡Divertíos! – Nos guiñó un ojo.
Salimos fuera del edificio, y luego fuera del muro que lo rodeaba. Disfrutamos del sol sobre nuestra piel, del aire agitando nuestros cabellos, del olor a hierba fresca. Correteamos por los campos de hierba, nos perseguimos el uno al otro, dimos volteretas, hicimos la croqueta. Jugamos como dos niños pequeños. Como los niños que hacía años nos habían impedido ser.
Al fin nos dejamos caer sobre la hierba, agotados pero sonrientes, y nos tumbamos bocarriba cogidos de la mano. Jugamos a adivinar formas en las nubes y disfrutamos de la sensación de libertad.

Min se puso serio de repente.
– Aron, ¿qué pasará con los niños?
– Pues buscarán a sus familias, supongo… y los llevarán con ellos, ¿no?
– Sí, supongo… – No parecía muy contento con mi respuesta. – Pero Shinhye nos dijo que la hicieron a partir de nuestras células…
– ¿Crees que no tiene padres?
– No sé… Es lo que ella dijo…
– Pero ella es muy pequeña, si se la llevaron recién nacida a lo mejor ni se acuerda. ¿Crees realmente que la crearon ellos así, sin más?
– No lo sé… Es que me preocupa que no tenga a dónde ir…
Min seguía mirando las nubes con expresión pensativa. Me gusta que sea tan protector con todos. Me gusta todo de él. En ese momento estaba muy sexy, tumbado en la hierba con la luz del sol. Rematadoramente sexy… y tierno.
– Te has encariñado mucho con ella, ¿verdad?
– Pues sí. – Sonrió. – Se hace querer.
– No te preocupes, luego lo hablamos con los guardias, o con quién sea y lo arreglamos.
Asintió. Luego rodó un poco por la hierba hasta abrazarse a mi cuerpo. Y yo me abracé al suyo. Y nos quedamos allí, disfrutando de la compañía mutua.
No sé en qué momento su cara estaba tan cerca de la mía. No sé en qué momento sentí su aliento sobre mi boca. No sé en qué momento nuestros labios se rozaron. Sólo sé que nos encontramos besándonos, enredando nuestras lenguas en una lucha apasionada, intercambiando saliva, pegando cada vez más nuestros cuerpos, acariciándonos con pasión.
Dimos un par de vueltas rodando juntos por la hierba, sin romper el beso. Me ahogaba en su boca pero no quería separarme. Sólo dejamos de besarnos un instante que utilizamos para que nuestras camisetas volaran quién sabe dónde.
Sus manos recorrían deliciosamente la piel de mi espalda, luego se metieron descaradas bajo mis pantalones y acariciaron mi trasero. Las mías se enredaban en sus cabellos, cosquilleaban su nuca, reseguían sus costillas y agarraban con fuerza sus muslos. Nuestros pechos pegados, nuestras piernas entrelazadas, nuestras respiraciones ahogadas y acompasadas… Este chico es demasiado para mí… Estaba perdiendo la cabeza…
– ¡Aron! ¡Minhyun!
La voz femenina nos asustó, nos separamos tan rápido como pudimos pero era demasiado tarde. La chica de pelo rojizo acababa de girar la esquina del muro que le había impedido vernos hasta entonces y nos miraba ruborizada y con la boca abierta.
– ¡Yoonjo!
Min sonrió emocionado de verla de nuevo. Ya me contó que se llevaba bien con las chicas de maquillaje y vestuario.
– Yo… ¡lo siento!
Yoonjo se tapó la cara avergonzada, y entonces Min pareció recordar la situación en la que nos había pillado y se puso como un tomate. Y a mí me dio risa, no sé bien por qué pero me pilló tal ataque que no podía levantarme del suelo, daba vueltas como una croqueta soltando carcajadas y aguantándome la barriga con las manos porque me dolía de tanto reír. Ambos me miraban, Yoonjo por entre los dedos de sus manos que cubrían aún su cara. Debían pensar que me había vuelto loco, pero yo no podía parar. Al final les contagié la risa, y los tres nos reímos a gusto. Al menos con eso se alivió la tensión del momento.

Hasta que empecé a notar que me ahogaba. Me costaba coger aire, me costaba hinchar los pulmones. Intenté calmarme y concentrarme para respirar, pero no podía parar de reírme. Me dolían, tanto la barriga como el pecho, pero seguía sin poder parar. Y empecé a toser de forma ahogada mientras me retorcía entre la hierba. Reía, tosía, reía, tosía.

Min me miró preocupado, creo que sin saber muy bien si desesperarse o seguir riendo. Admito que verme así debía ser algo gracioso. Hizo el gesto de acercarse a abrazarme, pero se echó atrás, seguramente pensando que un abrazo todavía iba a hacer más difícil que yo pudiera coger aire. No sabía qué hacer y sólo se quedó mirándome dubitativo, igual que Yoonjo, aún de pie al lado del muro.
Al fin conseguí centrarme un poco y respirar, después de un buen rato de pensar que moría ahogado y arrancar instintivamente un buen montón de hierba, que la brisa suave alejaba de nosotros. Ahora entendía las consecuencias de tener un pulmón inútil y me asusté un poco, debería tener cuidado.

Al fin tuve aire suficiente para hablar y recuperé la serenidad. Seguí hablando ignorando lo que había pasado.
– Ven, Yoonjo, prometemos no hacer nada más.
Ella se acercó y se sentó a nuestro lado mientras nosotros recuperamos nuestras camisetas, que habían quedado manchadas de hierba, y nos las poníamos. Min estaba aún sonrojado, estaba muy mono.
– Siento… la interrupción. Pero debo decir que no habéis elegido un buen lugar para eso – nos dijo divertida.
– Ya… lo sentimos. Habíamos salido a pasear, no teníamos intención de hacer nada pero… Ya ves, somos débiles con eso.
Se rió con mi explicación. Min estaba pensativo.
– Yoonjo dime, ¿están bien Yooyoung y Ara?
– Sí – sonrió. – Ninguna de las tres estaba cerca de la batalla, ni de los lugares por los que habéis pasado. No nos ha pasado nada.
– Qué alivio…
Ahora sí, Min sonreía contento. Realmente se preocupa por todas las personas que le importan.
Entonces recordé que Yoonjo había venido llamándonos. Y me preocupé.

– Yoonjo, ¿por qué nos buscabas? ¿Ha pasado algo?
– Ah, es Shinhye. Ha despertado y no para de llorar. Dice que la habéis abandonado.
Min y yo nos arreglamos la ropa y el pelo, y los tres entramos de nuevo en el edificio. Cuando Shinhye me vio salió volando de los brazos del chico pelirrojo y se lanzó a abrazarme, con la carita roja y los ojos llenos de lágrimas.

– ¡Appaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Ommaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
– ¡Shinhye!
– ¿Po qué no estábaish? ¡Yo eshtaba solita!
Levantó su cabecita para mirarme con un enorme puchero. Yo le sonreí para tranquilizarla y con un dedo sequé las lágrimas de sus mejillas.
– Lo siento, pequeña. Omma y yo fuimos a ver el sol, y como tú dormías con esa carita tan bonita no queríamos despertarte.
– ¡Oh! ¿Yo boñita?

– Sí, tú eres muy muy bonita. Eres una pequeña princesa.

Le revolví el pelo y ella me dedicó una sonrisa enorme. Sus mejillas rojas eran lo único que quedaba de su llanto. Me sentí contento.
Mientras jugaba un poco con Shinhye vi a Min hablando efusivamente con Ara, Yooyoung y Yoonjo. Las abrazó a las tres, ellas también parecían contentas de verle y de comprobar lo bien que se movía ahora.
– Appa. Omma esthá malo. Tene mordidura en cuello.
Entonces me fijé en la marca roja que le había dejado minutos antes. Ups. ¿Qué iba a decirle a un bebé?
– No, eso no es una mordida, verás… es que le ha picado un… una ortiga, eso. ¿Sabes qué son las ortigas?
Ño…
– Son unas plantas que pican si las tocas.
– Ah… Omma no vigila… ¿Appa cuida omma?
– Claro. Le cuidaré siempre.
Sonrió de forma tierna.
– Omma esh guaaay. Appa también.
Me quedé mirando como abrazaba a Teddy entre mis brazos, y jugaba con él. Con esa expresión tan dulce, inocente y amable.

 

Ren dormía y Baekho seguía llorando. Me había acercado para intentar animarle un par de veces, pero ni siquiera sabía por qué lloraba.  Felicidad, tristeza, amargura, cansancio. Más que nada de cansancio. Aguantó toda la fuga como un héroe, pero cuando todo terminó se desmoronó y toda la tensión le pasó factura.

Suponía que se le pasaría descansando un rato, viendo a Ren recuperado y saliendo al fin de ese edificio de pesadilla.

La verdad es que en ese momento, teniendo las puertas abiertas resultaba difícil resistir a la tentación de echar a correr hacia el sol, hacia el viento, hacia ninguna parte, y no volver.

Pero aún había cosas a hacer.

Las pruebas que le realizaron a Aron (de cuyos resultados tuve que enterarme por la jefa del personal médico) eran… relativamente buenas. Un pulmón le había quedado atrofiado. Permanentemente. La parte buena es que seguía vivo, cosa que aún nos parecía un milagro a todos, y que con su poder apenas iba a notar la debilidad.

Empezaba a darme cuenta de que éramos especiales, por algo más que nuestros poderes.

Mientras él y Minhyun se perdían a solas en el exterior (no quería ni pensar en lo que estarían haciendo) y Ren seguía inconsciente yo seguí pasando rato con Alice y con Lime. Había tensión entre nosotros. Alice no se sentía cómoda cerca de mí aunque insistiera en qué sí y estuviera cuidándome constantemente. Se tocaba el muñón a menudo, y cada vez que lo veía una punzada de culpa atravesaba mi corazón. No podía hacer más que ignorarlo, intentar ayudarla en todo lo que pudiese y esperar.  

Y Lime… Lime no se había perdonado. Al igual que muchos otros guardias su mentalidad estaba cambiando ahora que la versión oficial ya no era que éramos monstruos peligrosos. Ahora ganaban los que nos consideraban humanos con derechos y ella, al igual que muchos otros, estaba aprendiendo a pensar de otro modo.

Pero no era solo eso. Había algo más entre nosotros. Algo más que creaba tensión. Y no era precisamente malo. No tenía muy claras sus intenciones ni qué sentía yo al respeto, al fin y al cabo era varios años mayor que yo. Pero había algo. Cada vez me sentía más cómodo a su lado, y me alegré muchísimo de que, fuese lo que fuese lo que pasó en almacenes, no fuese a más.

Casi podía oír en mi mente los insultos y reproches que me habría lanzado Ren de haber estado consciente, diciéndome que como podía confiar en ella después de todo. Pero… No podía hacer nada para alejarme.

 

Pasé unos minutos intentando situarme antes de ser consciente de donde estaba, de recordar que había pasado. Mi cuerpo se sentía ligero, como entre algodón. Era una sensación que conocía muy bien, la de los efectos de los sedantes, así que por un momento me asusté, abriendo los ojos de golpe con el miedo de verme otra vez en mi celda. Por suerte no había espejos ni grilletes en ninguna parte, solo camas de hospital y un par de personas cerca de mí. Localicé la primera, Baekho, sentado a mi lado cogiéndome la mano con cara de un alivio infinito al verme despierto. Parecía un poco más tranquilo de antes pero se notaba que había llorado mucho y que seguía sin dormir, mi tigre…

La segunda persona era Samuel, el niño, de pie cerca de la puerta, pero que se acercó al verme despierto. Iba a sentarse al lado de Baekho cuando frunció el ceño, cambió de dirección y se sentó al otro lado de mi cama, lo más alejado posible de mi chico.
– ¿Qué pasa? – pregunté con voz ronca y aun adormilada – ¿Es que le tienes miedo a Baekho? – No entendía el porqué de su reacción
– Su mente es un caos, me da dolor de cabeza… me gusta más la tuya – respondió como si fuera lo más normal del mundo.

Eso hizo que tuviera aún más curiosidad por ese chaval, por su poder. Me intrigaba mucho. Aun siendo un niño se había comportado con sorprendente tranquilidad en las últimas horas, intentando disparar, proteger a la cría, sin perder los papeles por muy asustado que estuviera.
– Oye, ¿Cómo funciona tu poder? – le pregunté al final – ¿puedes leer…toda la mente? Rollo recuerdos y eso ¿o solamente lo que estamos pensando en ese momento?
En el fondo me inquietaba un poco que pudiera ver todos mis recuerdos, incluían demasiada violencia para él y también ciertos…sueños y pensamientos no adecuados para su edad. Él se rio ligeramente y me di cuenta, demasiado tarde, que si antes no podía leerlos al pensar en ellos se lo había mostrado con toda claridad. Mierda.
– Solo lo que estás pensando en este momento, no te preocupes que no soy un cotilla.
Seguimos hablando un buen rato de sus poderes, de Shinhye, de cosas vergonzosas que había conseguido leer de los guardias que no habían aprendido a controlar sus pensamientos cerca de él. No hablamos de nuestras familias, del miedo que habíamos pasado, todavía era demasiado doloroso. Baekho apenas participaba en la conversación, solo escuchaba, pero si eso conseguía distraerle un poco por mí ya estaba bien.
– Vaya cara tienes rubia, estas más pálido que un muerto – dijo Minhyun entrando en la habitación con su inseparable novio y seguidos por JR.
– Me acaban de abrir la pierna para colocarme un hueso, subnormal.
Los dos nos reímos y se sentaron a los pies de la cama pues no había más sillas.
– Ahora en serio ¿Cómo estás?
Tuve que pensarlo unos segundos antes de responder
– Bastante bien, no me duele la pierna  pero estoy bastante atontado todavía por los jodidos sedantes.
– Pensaba que a estas alturas ya serías inmune o algo.

– ja, ja, ja – vale, en el fondo tenía razón, me habría parecido hasta normal que no me hiciera efecto el sedante después de tanto tiempo
– Vamos, no te preocupes – intervino Aron – en seguida que puedas tienes que salir a ver el exterior, hace un sol precioso
El sol. El aire. Tenía que verlo.
Me destapé corriendo y me puse de pie apoyándome en la pierna buena pero cuando iba a dar un paso me di cuenta que las paredes daban vueltas y que me caía. Por suerte mi chico estaba cerca y me cogió antes de que me volviera a romper la pierna por subnormal.
– ¡Rennie! ¡No puedes ir andando tal cual! – me riñó mientras me obligaba a sentarme en mi cama otra vez – Las enfermeras han dicho que tenían una silla de ruedas para cuando despertaras, la iremos a buscar
– No soy un inválido, no voy a ir en silla de ruedas.
Eso sí que no, aún tenía un mínimo de dignidad joder.
– ¿Y unas muletas? – Dijo JR – Seguro que Alice puede encargarse de encontrar unas por aquí…
¿Alice? ¿Estaba llamando a un despreciable guardia por su nombre?
– No voy a usar nada que lo traiga un guardia, seguro que son defectuosas para que me caiga otra vez – aunque la idea de unas muletas pintaba mucho mejor…

JR suspiró con la misma resignación de cuando un niño pequeño es muy tozudo.
– Alice no es guardia, es enfermera y te prometo que la persona más buena que he conocido nunca, en serio Ren.
– ¿Es la rubia del pelo largo? – Preguntó Samuel, JR asintió  y él se giró hacia mí – tiene razón, hace tiempo que no pero había venido un par de veces y tiene una mente muy…apacible, inocente, es rara pero dudo que fuera capaz de hacerle daño a una mosca.
– Rennie, o muletas, o silla de ruedas, o no te levantas de la cama – insistió mi novio con cara de agotamiento.
– Está bien…  – me rendí finalmente y JR sonrió y salió un momento de la sala – en un rato las tendrás aquí.
Poco después entró la doctora Jang, parecía ser una especie de jefe o alguien muy respetado allí.
– Vaya, te veo muy despierto Minki – arrugué la nariz al oírla llamarme por mi nombre, solo se lo permitía a mis padres o amigos de infancia y ahora a Baekho, no a una desconocida
– Llámame Ren, no Minki – puso cara de desconcierto pero asintió sin preguntas
– Está bien, Ren – revisó los papeles – te has recuperado aún más rápido de lo que esperaba aunque ya debería estar acostumbrada supongo, vuestra resistencia y capacidad de recuperación es mucho más alta de lo normal, supongo que una nunca termina de asumirlo.
Hizo una pausa y nos miró a todos con una mezcla de admiración y curiosidad.
– La verdad es que la mitad de vosotros deberíais estar muertos o prácticamente, es increíble…
– No creo que sea solo eso… – intervino Minhyun pensativo – puede que nuestros poderes nos hagan más resistentes pero sólo con eso no estaríamos aquí, lo que ha hecho que lleguemos hasta aquí es nuestra fuerza de voluntad, las ganas de vivir, sin ellas no hubiéramos luchado hasta el final, nos habríamos rendido hace mucho tiempo.
– Probablemente tengas razón, no solo sois más resistentes sino también más resilientes…
– Resi… ¿Qué? – preguntó mi chico con cara de que le estuvieran hablando en chino.

– Resiliencia. – repitió JR.

– ¿Eso no era una propiedad de los metales? – pregunto Aron. Minhyun se partió de la risa con ello,  y la doctora también se rio, los demás, excepto JR por lo que parecía, tampoco teníamos ni idea. A mí me sonaba la palabra pero no habría sabido explicarlo, supongo que llevaba ya demasiado tiempo sin estudiar ni ir a clase como para recordar un concepto que había oído un par de veces.
– Resiliencia, es la capacidad de levantarse después de caer, de seguir adelante y no rendirse. – explica la doctora – y creo que el termino también se aplica a según que materiales en ingeniería…
– Aaaaaah…
No me quedé a seguir la conversación sobre los geniales que somos porque llegó la rubia esa con un par de muletas en un brazo, le faltaba el izquierdo. A la altura del codo tenía un muñón. Entonces recordé de que me sonaba el nombre de Alice, JR le había desintegrado un brazo… No sabía si admirarla por ser capaz de hablar con él y perdonarle, preocuparme por si era todo un truco (aunque según Samuel ella no era así por lo tanto me fiaba bastante) o preguntarme como podía ser tan boba para perdonar algo así. Pero la verdad es que no importaba demasiado, cogí las muletas y salí corriendo de la sala para ver el sol, por fin.

 

Seguía a Ren. Avanzaba a trompicones por las muletas, pero no se detenía, le veía en el suelo, y me ponía nervioso.

– ¡Rennie!  – le llamaba persiguiéndole – ¡Rennie vigila!

Se detuvo, solo para preguntarme la dirección. No recordaba donde estábamos.

– Hacia la izquierda. – Yo también quería salir. Y tampoco es como si pudiese detenerle. – pero ve más despacio ¿vale? Con cuidado. – le suplicaba, y él me miraba triste – Vamos juntos.

Asintió, seguimos juntos.

Le miraba preocupado mientras casi saltaba para seguir avanzando. Una pierna rota… Decía que no le dolía, pero no era posible, solo unas horas antes se había desmayado por el dolor. Cuando se le pasara el efecto de los calmantes sería horrible. No quería que sufriera.

En la gran sala la gente nos miraba y nos saludaba. Ren les ignoró a todos y siguió hacia el exterior, hacia la luz.

Y cuando salimos fuera la luz del sol nos bañó. La sentía contra mi piel, contra mis parpados cerrados. El ruido de las cigarras tan propio del verano. Bajo nuestros pies la carretera, de asfalto ardiente calentado por el sol del mediodía. A lado y lado zonas de tierra para coches, un poco más allá, tras un pequeño muro, hierba y árboles.

Libertad.

Volvía a sentir ganas de llorar.

Rennie se detuvo solo lo suficiente para respirar y decidir que quería ir más lejos. Siguió carretera abajo, y por un momento sentí miedo de que pensara irse por patas sin más. Pero al llegar a la zona de hierba se detuvo y, simplemente, se dejó caer al suelo, con una sonrisa de ángel en sus labios de corazón.

Hermoso.

De nuevo quería llorar.

Mi ángel de luz bajo el sol, mi ángel de luz ya era libre.

Me arrodillé a su lado y le abracé, llorando de nuevo.

– Baek… – me abrazaba, me acariciaba, intentaba consolarme, yo ni siquiera sabía porque lloraba – ya pasó todo… somos libres…

Libres… Después de todo, lo habíamos conseguido. Pero no importaba. Bueno, sí, era feliz por Ren, verle disfrutando de esa libertad que tanto quería, por Minhyun y a Aron, al fin juntos, sin presiones sobre ellos, sin nada que les impidiese disfrutar el uno del otro, por JR, que tanto había sufrido, que tnto había perdido. También me alegraba por mí. Volvería a casa, volvería a ver a mis hermanitos, volvería a abrazar a mis padres, a correr por el jardín de nuestra casa. Volvería a ver la silueta de la isla mientras llegaba en el ferry, el caminito de tierra que llevaba a casa, volvería a oír a mi madre cantar, volvería a ver a mis hermanitos jugar y pelearse.

Pero ya no serían bebés.

Habían pasado más de tres años. Me fui de casa con casi catorce y volvía con diecisiete. Pero yo no era el único que habría crecido. Mis hermanos eran apenas unos mocosos cuando me fui, ahora los tres irían ya al colegio. ¿Me reconocerían?

Pero ¿qué más daba todo eso? Ni siquiera sabía si quería volver.

Sí, si quería volver. Claro que quería volver. Pero volver significaba separarme de Ren…

No era mucha distancia. Él en Busan y yo en Jeju. No era tanto. Internet y los móviles, (que deberían comprarme uno nuevo) nos permitirían comunicarnos sin problema pese a la distancia, sería incluso más fluido que cuando nos mandábamos aviones de papel, parece que hace ya una eternidad de eso, pero se siente como volver atrás…

Y eso no era nada, Minhyun y Aron estarían en América…

¿Porque todo me daba ganas de llorar?

Ren me miraba, me sonreía para que dejara de llorar. Secó mis lágrimas con su mano y se acercó a besarme un segundo.

Sus labios, tan cálidos, tan suaves, tan dulces. Era una sensación a la que no me había acostumbrado, no creía que pudiera acostumbrarme nunca, cada vez que me rozaba me daba un vuelco el corazón. Me sentía cálido, lleno, bien.

Y seguía llorando. Porque le amaba.

– Dios, estás destrozado. – al separarse reía, debía tener un aspecto patético.

– Me duele la cabeza – intenté justificarme.

– ¿Porque no intentas dormir un poco? Ahora que ya ha pasado todo…

Estaba seguro que si dormía tendría pesadillas. Me vino a la mente Nara, que ahora dormía ya para siempre. ¿Porque había pensado en ella? Le abracé placándole y quedamos tumbados los dos sobre la hierba. Iba a replicar, pero antes de darme cuenta me quedé dormido.

 

Realmente no creía que fuera a dormirse tan rápido cuando se lo sugerí, no era como había esperado pasar nuestras últimas horas juntos, pero era lo que él necesitaba; descansar y olvidarse por un rato de las muertes que nos rodeaban.

Así que simplemente deje que me usara de almohada y me dedique a observarle con tranquilidad mientras le acariciaba el pelo y la espalda; era la primera vez que podía verle bajo la luz del sol, que podía dedicarme simplemente a contemplarle sin tener que estar alerta a cualquier sonido o movimiento sospechoso, que podía dedicarlo a nosotros.

Objetivamente Baekho no es un chico guapísimo, no tiene una belleza de esas que hace que las chicas del instituto se enamoren a su paso como podría ser JR, pero tiene algo. Me dedique a analizar y reseguir con el dedo sus facciones buscando que era eso que me hacía verle tan irresistible, tan perfecto, como el hombre más guapo del planeta. No tenía nada en especial pero hubiera podido pasarme horas observándolo dormir, por fin sin fruncir el ceño ni con esa mirada de alguien que ha visto tanto sufrimiento que no puede ni expresarlo con palabras, estaba simplemente tranquilo, como un niño pequeño.
Finalmente yo también cerré los ojos, dejando caer mi cabeza sobre la hierba, dejando que mi respiración se ralentizara hasta acompasarse con la de mi tigre durmiente.

Y entonces, por primera vez, me permití pensar en nuestro futuro, un futuro que ya no era un “quizás” un “cuando”, era un “ahora”. Era obvio que Minhyun se iría a EEUU con Aron y tenía pinta de que iban a terminar llevándose también a la cría a no ser que encontráramos a sus padres, JR… no sabía que iba a hacer ahora; no tenía familia ni un lugar donde ir, supongo que alguno de nosotros podría acogerle pero… ¿Quién? ¿Minhyun y Aron? Seria gracioso…. Pero no, ni idea. Y nosotros… ¿Qué pasarían con nosotros? Ahora que me había acostumbrado a verle las 24h del día (aunque no fuera en unas condiciones muy favorables) se me haría muy extraño poder hablar solamente por internet, aunque Skype haga maravillas. ¿Cuándo podríamos volver a vernos? Esperaba que pronto, y no solo porqué iba a echarle de menos, había una cosa que había quedado pendiente…. El sexo. No estábamos en condiciones ni me había parecido nunca buena idea ponerse a follar entre las cajas como hacían ese par, pero eso no significaba que no tuviera mis necesidades… Y esa era otra de mis preocupaciones, Baekho no parecía tener ninguna prisa y empezaba a preguntarme si tan siquiera se lo había planteado. En fin, empezaba a comerme el coco demasiado así que opte por dejar de pensar en cosas que no tenían una solución inmediata y aprovechar ese sol y buen tiempo que tanto había deseado.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando oí unos pasos que se acercaban y me incorporé inmediatamente intentando no despertar a Baekho pero suspiré aliviado al ver que solo era Samuel, pero había algo raro en su actitud.
– Eh, ¿a qué viene esa cara tan seria Samuel? – me preocupaba que hubiera podido ver algo demasiado desagradable y ahora estuviera traumatizado.
– Ah, yo… estaba bloqueando mi poder –le miré sorprendido.
– ¿Y eso porque?
– Por si acaso, para no oír cosas… innecesarias, ya he tenido suficiente con esos dos pervertidos…
Me reí aliviado al ver que no era nada grave, o no tan grave como esperaba, a ver si se controlaban más delante del pobre chaval. Él sonrió y relajó la mirada, probablemente dejando de bloquear nuestros pensamientos.
– No te preocupes – respondió Baekho que justo acababa de abrir los ojos – no encontraras  nada de eso en nuestras mentes.
Me quedé sin palabras al oírlo, ¿nada de nada? ¿Ni un poquito? ¿Me había tocado un novio puritano y completamente inocente? Yo sí que tenía un par de ideas interesantes en mente… y esta vez fue Samuel quien se echó a reír. Mierda, ¡lo había oído!

Le dediqué una mirada suplicante que se podría traducir con un “no me delates, por favor”. Por suerte asintió levemente mientras reprimía la risa.
– Por cierto ¿querías algo en especial? – Pregunte para cambiar de tema al ver que Baekho nos miraba con cara de no entender nada.
– ¡Ah, sí! Me han dicho que os venga a buscar, que los guardias quieren hablar con todos vosotros para enseñaros algo.
Nos levantamos y nos quitamos los restos de hierba de los pantalones mutuamente.
– Enseguida vamos
Samuel empezó a caminar de vuelta al gran edificio y nosotros le seguimos unos pasos por detrás.
– ¿Estas mejor ahora? – le pregunté a Baek mientras le cogía de la mano
Asintió con una leve sonrisa
– Si, gracias, no te preocupes.

El guardia de las gafas, el mismo que había actuado de líder desde qué se abrieron las puertas, nos reunió a todos frente a las imponentes puertas metálicas. Nunca había podido acceder allí mentalmente por el blindaje, y debía admitir que sentía una ligera curiosidad. Tampoco es que me muriera de ganas de entrar, tenía bastantes sospechas de lo que hacían ahí dentro.

– ¿Qué hay ahí? – Preguntó Minhyun cuando llegamos.

– Los laboratorios – Respondió el guardia. – Me parecía que debíais verlos antes de irnos.

Hizo una pausa. Pensé que las puertas se abrirían, pero al no ser así supuse que quería que le preguntásemos.

– ¿Qué hay dentro?

Carraspeó, confuso, y se giró hacia otro de los presentes. Eran cuatro, entre ellos la médico que había operado a Ren, y puesto que sus uniformes eran algo diferentes que los del resto del personal supuse que serían los jefes de cada grupo. Guardias, Médicos, Científicos y Personal de Comunicaciones.

– No estáis aquí solo para exhibiros – habló el científico, uniformado con una bata azul oscuro. – Estábamos haciendo pruebas con vuestros poderes, aislamos los genes que lo contenían, pudimos sintetizar la hormona artificialmente y… – Sacudió la cabeza, yendo al grano. – creamos “objetos”. Explosivos y luces con el poder de Ren, sondas con el de Baekho, drogas de dopaje con el de Aron, etcétera. Y también… – apartó la vista al suelo, como abochornado, el guardia le insistió y él siguió, toqueteándose la oreja. – también intentamos reproducirlo. Darles vuestros poderes a otras personas. En algunos casos funcionaba, pero dejaba de tener efecto a las pocas horas ya que su cuerpo no podía segregar más hormonas, y en muchos casos los resultados fueron… – Reprimió una mueca de asco, que fue más que obvia. – No fueron las esperadas. Así que optamos por “crear” gente con vuestros poderes, a partir de vuestros genes.

Hizo otra pausa, esta vez esperando una reacción por nuestra parte. Mis conocimientos en ciencia en general eran escasos y bastante olvidados, pero aunque me hubiese perdido unas cuantas veces en su charla intuía por donde iba el asunto.

– ¿Pero eso es legal? – Preguntó JR horrorizado.

– ¿Tú crees que algo de lo que hacen aquí es legal? – replicó Minhyun medio riéndose.

El científico se apresuró a justificarse toqueteándose la oreja.

– Estas prácticas causaron bastantes problemas éticos en el equipo, pero seguíamos órdenes al fin y al cabo.

“Como todos” dijo una vocecita en mi cerebro.

– ¿Entonces están… “creando” niños con nuestros genes? ¿Cómo si fuera inseminación artificial?

– Con óvulos de donantes, sí.

– Entonces Shinhye… ¿realmente es hija nuestra?

– Contiene el material genético de Aron y Baekho, suponemos que su poder ha derivado de la mezcla de ambos.

Todos se giraron a mirarnos al instante. Si había comprendido bien hasta el momento… ¿Tenía una hija con el enano??? Eso era más de lo que mi mente podía procesar.

A los otros tres les faltó tiempo para partirse de la risa. Ren cayó al suelo, y ni siquiera el dolor de intentar recostarse en la pierna mala impidió que siguiera riendo.

Por nuestra parte Aron y yo cruzamos una mirada que prometía que nunca volveríamos a sacar el tema.

– ¿Y Samuel? – Preguntó Minhyun cuando se le pasó la risa.

– Samuel es un caso un poco diferente – explicó la médico. – el poder es originalmente suyo. De hecho le exhibimos durante un tiempo, pero por más impresionante que fuera a la gente no parecía gustarle que le leyera la mente, aparte de que era muy pequeño. Decidimos destinarle solo a la investigación, pero sufría terribles jaquecas después de cada prueba y la presencia de la niña le calmaba, por eso está con ella.

– Eh – exclama JR dirigiéndose a mí – Igual que tu voz me calma a mí. Creo que puedes estar orgulloso de vuestra hijita. – y volvieron a reírse. Sinceramente, no le encontraba la gracia. Una hija. ¡Tenía diecisiete años! Y encima con el enano ese… Había visto cosas raras en mi vida, pero eso… en fin, estaba dispuesto a borrar ese pedazo de información de mi mente.

– ¿Y hay más bebés como ella? – Pregunté.

– Fetos solo. – Siguió explicándonos el científico aun tocándose la oreja. Ese maldito tic empezaba a ponerme de los nervios. – Setenta y ocho que no hayan fracasado aun. Shinhye fue más una casualidad que un logro científico, La mayoría mueren.

– Queríamos preguntaros vuestra opinión antes de hacer algo al respeto. Son hijos vuestros al fin y al cabo…

Gracias por recordárnoslo…

– Destruidlo todo. – Soltó Ren sin más.

JR se giró, aterrado ante esa idea, pero fue Minhyun quien respondió, con voz aguda y los ojos como platos.

– ¿Qué?

– ¿Qué quieres hacer si no? – insistió Rennie.

– ¿Porque no? – respondió Aron tras pensarlo unos instantes – Parece la solución más fácil.

Asentí. Realmente no veía otra solución, y como menos pensásemos en eso mejor. Aunque odiase darle la razón al enano…  “Al padre de mi hija” susurró una vocecita en mi cabeza. Demonios, ¡cállate!

– Pero… – JR seguía confuso, asustado – destruirlo todo… ¿los bebés incluidos? Son vidas, ¡no podemos destruirlo así como así!

Estaba claro que no le gustaba la idea, pero se notaba que Minhyun también empezaba a asumir que era la mejor solución y los cuatro “jefes” o quienes fueran parecían de acuerdo.

No era una solución agradable, no era una solución ética. Pero era fácil y rápida, una solución para no pensar mucho en ello. Últimamente parecíamos acostumbrados a ese tipo de decisiones.

– JR – llamé su atención para intentar convencerle. – Tenemos apenas unas horas. ¿Hay alguna otra solución?

Dudaba, buscando algo desesperadamente.

– Podemos simplemente dejarles aquí…

– ¿Y que sigan jugando con nuestros poderes? – espetó Ren. – No, gracias, ya se han divertido suficiente.

– Pero…

– No pienses en ello ¿vale? – le cortó Minhyun con una mano sobre su hombro. – Vamos a destruir todos esos chismes que han hecho con nuestros poderes. Para que no hagan daño a nadie con ellos. Concéntrate en eso.

Seguía sin aceptarlo, ni que a mí me pareciera bien, pero el consejo de Minhyun era bueno. No pensar en ello, parecía lo mejor.

Pero no, para JR no era suficiente. Se pasó las manos por el pelo, estresado. Y suspiró, levantando la vista a mirarnos otra vez.

– ¿A todos os parece bien?

Bien… precisamente bien no, pero si lo mejor.

Asentimos.

– Pues vale.

Dejamos el resto en manos del personal de allí, y como parecía que no teníamos nada más que hacer empezamos a prepararnos ya para irnos.

 

Una vez decidido lo de destruir los laboratorios nos encaminamos de nuevo hacia la sala dónde había las puertas, sin saber muy bien qué haríamos allí. Hablábamos de lo ágil que caminaba Ren con las muletas, de lo estropeada que nos había quedado la ropa tras la fuga, de lo bonito y caliente que era el sol… Temas absurdos para intentar no hablar de los fetos de nuevo, queríamos olvidarnos de ellos. Aunque no hubiera otra solución que destruirlos, pensar en eso nos removía las tripas.

Min no había dicho una palabra desde que habíamos marchado de los laboratorios. Sólo caminaba a mi lado, en silencio, con la mirada perdida en el suelo. Ni siquiera me miró, ni sonrió cuando le cogí de la mano. Solamente me la apretó con fuerza entre sus dedos y noté que le temblaba ligeramente.

Me detuve de golpe.

– Chicos, id tirando. Min y yo tenemos que hablar de algo, ahora venimos.

Todos me miraron extrañados pero asintieron sin decir nada y siguieron andando.

Min me miraba sin comprender. Lo arrastré de la mano por los pasillos laberínticos, giramos un par de esquinas y nos metimos en un despacho vacío.

– Aron, ¿qué pasa?

Le solté de la mano y me giré para mirarle.

– Eso querría saber yo. ¿Qué te pasa?

No me respondió, sólo me apartó la mirada y se mordió el labio.

– ¿Es por lo de los laboratorios?

– Sí… – Al fin volvió a mirarme a los ojos.

– ¿Por destruir los fetos?

– Ajá…

– Pero… si has dicho que te parecía bien. Incluso has insistido en convencer a JR para que aceptara…

A veces me cuesta tanto entenderlo… ¿Por qué lo hace todo tan complicado?

– Lo sé… Lo he hecho porque sabía que no había otra opción posible. Me convencí a mí mismo que era lo mejor… Pero no puedo dejar de pensar en Shinhye. Era una de ellos, era como ellos… Si la hubieran hecho más tarde ahora podría estar entre ellos y nunca nacería…

Me acerqué a él, puse mis manos en sus hombros y lo miré a los ojos.

– Min, deja ya de torturarte. Sí, ellos son como Shinhye, pero no son Shinhye, son personas diferentes. Shinhye está jugando con Samuel y Yooyoung, está bien.

– Sí pero…

– Olvídate de los fetos, nunca llegarás a conocerlos. Hemos matado a muchas personas para llegar hasta aquí. Piensa que son unas víctimas más, que no hay nada que podamos hacer por ellos. Y que Shinhye saldrá de aquí sana y salva.

Al fin Min asintió despacio y me tranquilizó haberle convencido. Pero vi en su cara que todavía había algo que le rondaba la mente, algo que no estaba bien. Y esta vez creí que sabía qué era.

 

¿Por qué le doy tantas vueltas a las cosas? Sé que es inútil pensar tanto, que sólo me trae dolores de cabeza y malestar y que no me aporta nada bueno. Pero no puedo hacer nada para remediarlo. Pienso las cosas una vez y otra, cuando algo me carcome no puedo sacármelo de la cabeza. Siempre me pasa lo mismo.

Con lo del laboratorio, por mucho que supiera que no había opción, se me comían los remordimientos pensando que la pequeña Shinhye podía haber estado entre ellos. Las palabras de Aron me tranquilizaron. Supongo que en realidad sólo necesitaba que alguien me dijera que habíamos hecho lo correcto. Alguien que lo viera claro, que no dudara. Yo soy demasiado inseguro.

Eso es algo que me gusta mucho de Aron. A veces se precipita y quiere ir demasiado rápido, pero tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y cuando decide algo, o sabe que no hay otras posibilidades, tira adelante sin dudas y sin remordimientos. Ojalá yo tuviera aunque sólo fuera un poco de esa seguridad…

Pero todavía había algo que daba vueltas en mi cabeza y me preocupaba. Aron lo notó. Y me sorprendió que adivinara exactamente lo que en ese momento pasaba por mi mente. Me conoce demasiado.

– ¿Por qué no nos la llevamos?

– ¿Eh?

– A Shinhye. Pensabas en ella, ¿no? Pensabas que no tiene padres, que nosotros somos sus padres, y que por lo tanto no tiene un hogar a dónde ir.

Me quedé boquiabierto. Sí, realmente estaba pensando en eso.

– ¿Cómo lo has…?

Me sonrió divertido.

– Eres mi novio. Empiezo a conocer cómo piensas.

Le sonreí ligeramente. Eso me pareció tierno. Ni siquiera había asimilado su propuesta.

– Así, ¿qué dices? ¿Nos la llevamos a Los Ángeles?

Entonces recapacité el significado de sus palabras y abrí mucho los ojos.

– ¿Que nos la llevemos? ¿Pero cómo…?

– Bueno, es nuestra hija al fin y al cabo, ¿no? En cierto modo…

Se sonrojó, seguramente recordando al igual que yo que en realidad es hija suya y de Baekho. Tuve que reprimir una risita burlona antes de ponerme serio de nuevo.

– Pero Aron, ¡tengo 17 años! Y tú 19. ¿Cómo pretendes mantener un bebé? No tenemos dinero, dejamos los estudios a medias… Ni siquiera podemos mantenernos a nosotros mismos…

Caí en la realidad, ninguno de los dos tenía recursos. Hasta ahora había intentado no pensar en eso, sería algo en lo que ya pensaríamos cuando saliéramos de aquí. Y ese momento había llegado.

– Tranquilo, mis padres tienen dinero. No son ricos pero tampoco van justos ni mucho menos.

– ¡Pero no quiero que tengan que mantenerme!  Mis padres siempre me han dicho que debía valerme por mí mismo, que no querían inútiles en la familia, que si no llegaba a ser nada en la vida me echarían…

Me cogió suavemente de la mano y empezó a acariciarme con ternura el brazo y a juguetear con mis dedos. Habló con voz suave.

– Vamos, sabes que mis padres no son como los tuyos. – Me miró de reojo inseguro, temiendo que hablar de mis padres me hiciera sentir mal. Puse buena cara para que viera que no me importaba. – Además, haremos cosas. Estudiaremos, trabajaremos, será como empezar una nueva vida lejos de esto.

– ¡¿Y si trabajamos y estudiamos cómo vamos a cuidar de Shinhye?! ¡Sólo tiene dos años!

Aron estuvo unos momentos en silencio y sin soltar mi mano desvió la vista al suelo. Sonrió con un poco de melancolía.

– ¿Sabes? Soy hijo único pero mis padres siempre han querido tener otro hijo. Cuando yo nací, mi madre tuvo una hemorragia bastante grave durante el parto. Tuvieron que quitarle el útero para que su vida no corriera peligro. Así que no pueden tener más hijos. Pensaron en adoptar, pero los trámites son muy complicados y cuesta mucho dinero. Siempre decían que los hijos son la alegría de la vida. Creo que estarán muy contentos de poder hacer de padres… de abuelos o lo que sea… de una niña de dos años.

Me quedó una sensación rara después de escuchar aquello. Me gustó saber algo más de la vida de mi chico, a la vez sentí lástima por eso de su madre, y envida porque sus padres pensaran que los hijos son la alegría de la vida. Para los míos, los hijos eran objetos.

 

Nos quedamos en silencio unos segundos y cuando al fin me decidí a mirarle vi que sus ojos brillaban y sus labios se curvaban en una sonrisa de emoción.

– ¡¿Así pues nos la llevamos?!

– ¡Sí, nos la llevamos!

Min me pegó su sonrisa y su alegría. Saltó a mi cuello y estuvimos un buen rato abrazados, pegando saltitos que nos hacían girar sobre nosotros mismos y riendo. Porque a partir de hoy viviríamos juntos, porque nos llevábamos a Shinhye con nosotros, porque estaríamos con mis padres, porque empezaríamos una nueva vida lejos del dolor y el odio de este sitio, porque por fin seríamos felices. Era difícil asimilar todo esto.

Paré de saltar cuando un pequeño detalle cruzó mi mente.

– Shinhye no tiene papeles. ¿Cómo vamos a llevárnosla?

Pero Min sonrió con suficiencia, un poco pensativo.

– Seguramente sí los tiene. Cuando mis padres tenían negocios con niños… digamos… alejados de sus padres… siempre les hacían documentación falsa, para así poder hacerlos pasar por hijos de algún trabajador suyo en caso de emergencia. Supongo que aquí harán lo mismo. Eso nos serviría para sacarla del país, y luego podemos pedirles que nos manden documentación falsa conforme Shinhye es hija de tus padres para que no tengamos problemas para quedárnosla en Los Ángeles.

Sonreí, y pensé que era útil eso de tener un novio mafioso.

Min se sentó sobre una mesa, y sin decir nada más yo le separé las piernas y me coloqué en medio para poder pegarme a su cuerpo, y nos besamos. De forma dulce y tranquila. Nuestros labios y nuestras lenguas se rozaban con caricias lentas, cariñosas, pero que se alargaron durante bastantes minutos. Sólo deseaba sentir su boca fundirse con la mía.

Hasta que al final salimos del despacho y volvimos hacia donde estaban los demás, sonrientes y cogidos de la mano.

 

Después de que todos durmiésemos un poco, de que Baekho se calmase, de que Minhyun y Aron descansasen y de que Ren estuviese de nuevo lleno de energía y sin parar arriba y abajo con sus muletas (no aceptó la silla de ruedas bajo ningún concepto), todo parecía a punto para irnos. Al fin.

No quería irme.

– Chicos… – les dije mientras recogían las cosas que les devolvían los guardias. Lo que llevaban con ellos cuando los secuestraron. Yo no llevaba nada ya que me cogieron en mi casa, por la noche, lo único que tenían mío es un pijama manchado de sangre del que evidentemente se habían deshecho tiempo atrás. – Creo… creo que me quedaré y ayudaré a los guardias a arreglar todo esto…

Ren abrió los ojos como platos, los labios de Minhyun dibujaron una perfecta “o” y Aron se quedó pasmado, pero la mejor reacción, sin lugar a dudas, fue la de Baekho.

– ¿Eh?  ¿No habíamos quedado que venias a mi casa?

– Em… ¿Cuando? – ¡¿Cuando dijimos eso?!

– No se, pero lo dijimos ¿no?

– No…

– Ah… – se rascaba la cabeza, confundido, frunciendo las cejas concentrado. Ren se reía. – Igual no… Igual lo imaginé y lo di por hecho… bueno, pero te vienes ¿no?

¿Por qué lo había dado por supuesto? Así, sin más.

– … ¿Por…?

– Tampoco tienes a donde ir… – Su argumento era realmente irrefutable, pero no me gustó en absoluto.

– Ya pero…

– ¿Porque no?

– Porque… No se…

– Va…

No había razones posibles, pero, me sentía mal, era incómodo, era como estar pidiendo caridad.

“Con este orgullo terminarás en la calle”

Tal vez debía plantearme aceptar.

– Es que no quiero ser una molestia…

– ¡Que vas a ser molestia tu! – Exclamó como si eso fuera una soberana estupidez. Debo admitir que eso hincho un poquito mi ego.

– Pero… ¿De verdad no te molesta?

La conversación empezaba a parecer realmente ridícula.

– ¡Que no!

– Oye, – interrumpió Ren fingiéndose enojado – eso pregúntamelo a mi, ¡que te vas a vivir con mi novio!

– Ay… – me quejé, sonrojándome, ahora que estaba a punto de aceptar…

Pero sonrió, riendo y me dijo que era broma.

– Ve, ve, así me lo vigilas.

Hubiese sido estúpido negarme más. Si a él realmente no le importaba, a mi me parecía la mejor opción. Era fácil estar con Baekho, convivir con él. Sería agradable, y seguro que también me hartaría de ver a Ren.

Ya no quedaba nada más a hacer allí. Así que nos despedimos de los que nos habían ayudado ahí dentro, les dimos las gracias. Todos nos despedimos de Samuel, Ren le abrazó como unas veinte veces, no dejaba de repetirle que tenían que volver a verse, Aron y Minhyun le habían cogido mucho cariño también, y separarle de Shinhye fue un dramón de película, habían pasado mucho tiempo juntos. Unas chicas de maquillaje a las que Minhyun conocía se ofrecieron a llevarle a su casa, con sus padres. Los ojos le brilaban ante la perspectiva. Dolía un poco que todos tuvieran un hogar al que regresar. Miré a Baekho. ¿Qué me esperaba en su casa? Definitivamente no sería como volver al hogar, pero estaba seguro de que estaría bien. Mientras Ren volvía a abrazar a Samuel y todos se despedían otra vez me acerqué a Lime y Alice y les hice prometer que volveríamos a vernos. Alice sonrió, manteniendo las distancias. Lime dio un paso al frente y me abrazó.

Por un momento me sentí extraño, mi corazón se aceleró, pero no parecía miedo. La sentía cálida.

– Siento haber intentado matarte – se disculpó por centésima vez. – de verdad.

– Lo se. – le respondí separándome solo lo suficiente como para mirarla a los ojos.

Iba a repetirle por centésima vez también que estaba perdonada y que no le guardaba rencor, pero en vez de eso me encontré abrazándola de nuevo, acercándome a ella y rozando sus labios con los míos respondiendo a algún estímulo desconocido.

Me separé al instante, sonrojado y avergonzado, di la vuelta y les pregunté a los demás si ya estaban todos a punto para irse. Todos asintieron, con distintos grados de sorpresa.

Oí a Lime riéndose detrás de mi, se acercó, me abrazó por la espalda y me besó en la oreja.

– Se fuerte. – fue lo último que me dijo.

Yo no volví a mirarla.

El guardia pelirrojo junto con el de las gafas, el “jefe” iban a acompañarnos un trozo, les seguimos al exterior, al aparcamiento. De nuevo con las documentaciones en nuestros bolsillos, llaves, carteras, móviles y demás, volver a la realidad no parecía tan extraño como habría imaginado. Era algo que ya conocíamos. Subir a la furgoneta para ir a la ciudad fue un acto incluso demasiado banal. Los coches, los edificios, la gente, las calles, las tiendas. Todo era demasiado simple, y a la vez perfectamente normal. Ni siquiera me había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos el ruido de los motores, de la gente, de los niños corriendo por la calle y la música de algún coche que pasa con las ventanillas bajadas.

Era todo tan simple, que de repente me di cuenta de que estaba llorando. Y no era el único. Todos observábamos, con lágrimas en los ojos, el mundo que perdimos y al que regresábamos.

 

 

– Última llamada a los pasajeros del vuelo YK2808 con destino Los Ángeles.  Embarquen urgentemente por la puerta E32.

Toca despedirse, ya no podemos esperar más.

La rubia suelta las muletas, que caen al suelo de forma ruidosa, y salta a la pata coja hasta donde estoy yo para abrazarme. Shinhye, que hasta este momento había estado en mis brazos, se aparta volando por el susto. Por suerte Aron la coge y la deja en el suelo antes que alguien pueda percatarse de que hay una niña volando en medio del aeropuerto. Suerte que todo el mundo está demasiado pendiente de encontrar su vuelo y de despedirse de sus seres queridos como para darse cuenta.

– ¡Atontado! Te echaré de menos…

– ¡Y yo a ti, rubia!

Le abrazo con fuerza y escondo la cabeza en su cuello para que nadie vea que tengo los ojos llorosos. Entre sus pelos rubios veo como Aron se despide de Jonghyun.

– JR… gracias… otra vez…

– Ya te he dicho que no hace falta que me las des…

No sé cuántas veces le habrá dado las gracias por salvarle la vida. A él y a mí. Hicimos un milagro. Jonghyun, traumatizado por la destrucción y la muerte que causa su poder, pudo usarlo para salvar una vida. Creo que eso hizo que se sintiera mejor consigo mismo.

Ambos se sonríen y se abrazan de forma cordial. Hubo un momento en el que pensé que no podría llevarse bien, pero por suerte ahora tienen bastante buena relación.

Cuando se separan Aron se nos acerca.

– Min, vas a ahogar a mi princesa.

Baekho le lanza una mala mirada, y Jonghyun suelta una risita. Ren suspira y se separa de mí. Yo he conseguido secarme un poco los ojos.

– ¿Sabes? Al final voy a echar de menos oírte llamarme así.

– Estoy seguro que sí.

Mientras ellos se abrazan yo me despido de Baekho. Nos despedimos también con un abrazo y me dedica una de esas hermosas sonrisas suyas. Cuando sonríe así entiendo por qué a la rubia le gusta.

– Prométeme que vas a cuidar bien de Ren. ¿Sí?

– No lo dudes. Y tú prométeme que vas a cuidar bien de Shinhye y… – baja la voz para que sólo yo pueda oírlo – y también del enano ése. Vigila que no se esfuerce demasiado.

– Prometido.

Sonrío ante su muestra de preocupación por Aron. Pese a su enorme rivalidad y el choque de sus grandes cantidades de testosterona, al final se tienen una especie de respeto mutuo, un sentimiento de compañerismo.

Sólo me queda despedirme de Jonghyun. Me acerco a él y nos abrazamos con fuerza.

– Jonghyun… echare mucho de menos nuestras charlas…

– Y yo. Pero no te preocupes, seguiremos hablando. Por teléfono, por chat o por dónde sea. Una vez que encuentro a alguien con quién poder hablar de temas como la filosofía…

– ¡Claro! ¡Hablaremos mucho! – Aprieto con fuerza su cuerpo contra el mío. No quiero soltarlo. – Te echaré de menos Jonghyun. Cuídate, ¿vale?

– Tú también.

Finalmente deshacemos el abrazo, le doy un beso en la mejilla y me alejo de él para recoger a Shinhye del suelo, que nos mira curiosa.

Y me fijo en Aron y Baekho, que se miran sin saber muy bien cómo despedirse. Cuando uno parece que hace el gesto de querer darle la mano al otro, éste da un paso adelante para abrazarlo; cuando ven que sus gestos no coinciden ambos retroceden; el que iba a dar el abrazo saca la mano pero el otro ya la ha apartado y ahora está dando un paso para abrazarlo… Es un espectáculo bastante gracioso.

Finalmente se han cansado de tanto tira y afloja y se miran el uno al otro expectantes, para que sea el otro el que dé el primer paso. Así no vamos a marcharnos nunca. Por suerte se deciden, los dos al mismo tiempo se acercan y se dan un abrazo rápido y superficial, con un par de palmadas en la espalda. En seguida se separan.

– Mucha suerte.

– Igualmente.

Aron vuelve a mi lado. Se pone la mano en el bolsillo de los pantalones y saca su pasaporte y el mío, que los guardias nos devolvieron, y el de Shinhye, una perfecta falsificación. También tres billetes de avión de una compañía de low cost, los únicos que el dinero que quedaba en nuestras carteras podía pagar.

Aron y yo nos giramos hacia los chicos por última vez.

– Hasta pronto.

Luego nos damos la vuelta, Aron me coge de la mano y empezamos a andar. Los ojos se me humedecen otra vez. De lástima por despedirme de mis amigos, pero también de ilusión por comenzar una nueva vida con mi chico y con Shinhye. Una vida en la que por fin seré libre y feliz.

Y mientras los chicos aún agitan las manos en el aire para decirnos adiós, nosotros cruzamos los controles de seguridad.

 

¿Qué os ha parecido este final? ¡Agradecemos un montón todas vuestras opiniones!

¡RECORDAD! ¡Dentro de poco publicaremos los epílogos de ACTION! ¡No os los perdáis! ^^

De nuevo, muchísimas gracias por leer hasta aquí, por vuestros reviews y por vuestra fidelidad (en especial a Alex y Trini, que sois un amor).  ¡Os queremos!

SHIROKO KUROKO AOIKO

ACTION: Capítulo 27

Imagen

 

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

 

Capítulo vigésimo séptimo

 

Aún siento el tacto de la piel de su pecho sobre mi mejilla, mientras poco a poco mis sentidos se desvanecen…

TU-TUM

¿TU-TUM? Eso ha sido… ¿un latido? ¿Me lo habré imaginado?

TU-TUM

No, no me lo estoy imaginando. Su corazón late. Lo he conseguido.

Noto su pecho elevarse y descender lentamente. Está respirando. Sin mi ayuda. Está vivo. ¡Está vivo!

Saltaría y gritaría de alegría si consiguiera mover mi cuerpo. Pero solo consigo cerrar los ojos lentamente y curvar mis labios en una pequeña sonrisa mientas un par de lágrimas de felicidad mojan mis mejillas antes de perder el conocimiento.

 

Los golpes contra la puerta se oyen cada vez más fuertes, más cerca. La van a echar abajo.

JR, acurrucado bajo ésta sigue murmurando incoherencias. Se tapa la cara con las manos y se balancea. La niña sigue llorando, Ren sigue gritando, ahora las lágrimas de dolor ya le caen por las mejillas, y aunque verle me rompa el corazón sé que no puedo hacer nada, y no puedo desesperarme ahora.

Aron muerto. Minhyun se ha desmayado. El chiquillo no deja de gritar que nos callemos. La niña llora, Ren aúlla de dolor, y JR sigue en su mundo de sangrienta oscuridad. Es el único por el que puedo hacer algo.

– JR. ¿Me oyes? Tienes que reaccionar, nos necesitan. – Le hablo suave, intentando que mi voz suene tranquila y sosegada, intentando que no refleje toda la desesperación, impotencia, desconsuelo y pánico que siento ahora mismo. Es imposible que mi voz suene calmada ahora, pero le canto, y parece que sirve para despertarle.

Me mira con ojos nublados, con manchurrones de sangre por ahí donde sus manos han frotado su cara, su piel. Le pongo los guantes para que no vea la sangre en sus manos, él sacude la cabeza y vuelve en sí.

“Blam” “Blam” “Blam” Se repiten los golpes contra la puerta. Se escuchan aun por encima de los gritos, por encima de los llantos y los aullidos. Me acerco a Ren y le cojo la mano con fuerza. ¿Puedo hacer algo más?

De repente la niña deja de llorar.

– ¿Appa? – ¿eh? – ¡Appa! ¡Appa! – ¿qué le pasa ahora? Gatea hasta Aron y sacude su cabeza. – ¡Appa! – no empecemos.

Me acerco para apartarla, que no le moleste. Y me quedo mirándole fijamente.

Respira.

Veo su pecho subir y bajar. Sus labios entreabiertos. Gira la cabeza sutilmente, frunce el cejo.

– Está vivo.  

Dios mío. Dios mío dios mío dios mío.

Está vivo.

La sala queda en silencio. Solo se siguen oyendo los guardias fuera intentando tirar la puerta. Nadie dice nada ahora.

Me dejo caer, arrodillado junto a él, sostengo su cabeza y se queja.

– Nngg…

No puedo creerlo.

¿Cómo…?

No respiraba.

No le latía el corazón…

No puedo planteármelo, no lo entiendo, pero doy gracias a los cielos por habérnoslo devuelto. Y a Minhyun, sea lo que sea lo que ha hecho. Me inclino y le abrazo. JR me mira fijamente, con ojos brillantes, aunque se mantiene lejos.

Ren parece haberse olvidado de su dolor. Se incorpora para acercarse, y al instante de mover la pierna el rostro se le crispa de nuevo y reprime un alarido. La mirada vuelve a ensombrecérsele.

–  Vamos a morir de todas formas, hubiera sido mejor para él ahorrarse vernos en este estado y muriendo acorralados como ratas.

– Rennie… – me levanto y me acerco a él, preocupado – no digas…  

“¡CRASH!”

En la puerta de metal se abre un boquete. Apenas unos centímetros, pero hace que se me disparen todas las alarmas.

Va a ceder en nada.

Tenemos que hacer algo.

– Ayúdame. – le pido a JR. Y ambos nos levantamos y nos ponemos manos a la obra.

– ¿Qué hacéis? Vamos a morir, no intentéis retrasarlo más, ya hemos perdido…

Vaciamos a tirones las dos estanterías del rincón, y las empujamos ayudándonos con mi voz hasta ponerlas delante de la puerta. Volvemos a poner todo lo que había en los estantes, tirándolo, para que haga peso. Ponemos también nuestras mochilas, nos recostamos contra ellas.

¿Cuánto aguantará? ¿Hay alguna otra salida?

 

Respiro. ¿Respiro? ¿No me ahogo? Mi espalda ya no duele. Y no siento frío.

¿Estoy muerto? No, siento un cuerpo cálido sobre mi pecho que desprende un olor conocido y embriagador, y aunque me encanta sé que no es el olor del paraíso.

Estoy vivo. No entiendo cómo ni por qué, pero estoy vivo.

Oigo golpes e intento abrir los ojos. Tengo la vista nublada pero poco a poco se me despeja. Veo el techo sucio. Intento desviar la mirada. Veo a Baekho y JR atrincherados en una puerta. Al otro lado Ren lloroso y cubierto de sangre. Y a Samuel, que ha cogido a Shinhye en brazos y ambos me miran.

No entiendo nada. ¿Qué ha pasado?

Luego miro hacia abajo y mis labios dibujan una sonrisa cuando veo a mi chico durmiendo sobre mi pecho. ¿Por qué duerme? ¿Le han hecho daño? Me muevo con pesadez, pero consigo levantar una mano para acariciar su pelo. Él sonríe al instante. Y yo me tranquilizo al saber que está bien.

– Min… – consigo susurrar con la voz ronca. No me responde. – Min… – repito mientras le acaricio la mejilla.

Al fin abre los ojos y me mira. Sonríe. Parece contento de verme.  Se incorpora con dificultad y al instante echo de menos el peso de su cabeza sobre mi pecho.

– Aron, ¿estás bien?

Su voz parece agotada. No sé qué es lo que ha hecho, pero estoy seguro de que si sigo vivo es gracias a él.

Asiento con la cabeza, me cuesta hablar, pero parece que para él es suficiente. Se lanza hacia mi boca para comérmela. Me besa con frenesí, con desesperación. Como si acabara de recuperarme del mundo de los muertos. Creo que en cierta forma así ha sido.

Me cuesta seguir el ritmo del beso, me siento agotado, pero no me importa. Sólo con el tacto de sus labios, de su lengua, me siento feliz, me siento vivo. Aún en medio del beso veo un par de lágrimas traviesas escapar de sus ojos. Lágrimas de felicidad.

Se separa de mis labios un par de centímetros sólo para susurrar.

– Estás vivo… cuánto me alegro… estás vivo…

 

 Minhyun abraza y besa a Aron, no sécómo cojones le ha resucitado pero realmente no me importa. ¿Es que no se dan cuenta de que no sirve de nada? No tenemos ninguna posibilidad, vamos a morir, así que ¿para qué malgastar fuerzas en bloquear una puerta que cederá tarde o temprano? ¿En recuperar fuerzas? ¿En hacer planes? Tienen que abrir los ojos, no sirve de nada la esperanza.

– Vale, estáis vivos, sí, pero ¿qué más da, ya? estamos acorralados, nos matarán.

Abro los ojos para comprobar si alguien me hace puto caso. Por sus caras deduzco que sí, parecen escandalizados ¿Porque? Solo digo la verdad.

– Rennie, no digas eso, claro que lo conseguiremos.

Baekho es el primero en acercarse e intentar hacerme caer en este optimismo suicida con una de sus maravillosas sonrisas. Pero es mentira, el también sabe que estamos perdidos, solo lo hace para que no nos desesperemos.

– No digas eso, sabes que tengo razón. No soy un crio, puedo afrontar mi propia muerte.

Y ya que voy a morir que sea rápido, así no me dolerá más la maldita pierna.

– Vamos rubia, no seas así, ¿Si hemos podido resucitar a Aron porque es tan imposible que salgamos de aquí vivos?

– Porque ahora mismo somos un lisiado, dos que no os aguantáis de pie, dos niños pequeños y dos luchadores en más o menos buenas condiciones contra… ¿10? ¿15 guardias? Y los que vendrán. Vamos a morir Min, asúmelo.

Minhyun no responde pero esta vez coge el relievo Baekho, mi tigre.

– Rennie, te prometí que te sacaría de aquí, no voy a rendirme hasta que lo consiga, no hasta haberlo intentado de todas las formas posibles.

Me duele verle así, ver el dolor y la preocupación en sus ojos, ver como sufre tanto por mí, intentando transmitirme ese increíble optimismo cogiéndome de la mano. Pero lo que más me duele es verle tan convencido de algo imposible, creyendo ciegamente que puede salvarme.

– No quiero ver como mueres luchando por una causa perdida.

– ¿Ni siquiera vas a dejarme intentarlo? – No respondo, solo miro al suelo – Dices que vamos a morir, si es así no quiero morir pensando que me he rendido, no quiero morir con la carga de saber que te he dejado morir a ti. Si voy a morir quiero morir luchando por salvarte. ¿Vas a negarme eso?

Pienso negártelo mientras eso signifique tu muerte.

– Y yo no quiero ver como mueres por salvarme inútilmente. – Hablar me agota, hace que baje la guardia y temo que el dolor me pille por sorpresa, pero tengo que conseguir que lo entienda. – Si quieres hacerme feliz…entonces lucha para salvarte a ti y déjameatrás… – abre la boca para interrumpirme pero hago un último esfuerzo, no he terminado- vive por los dos, yo ya estoy muerto.

Esta vez no dice nada, no responde, solo llora en silencio cogiendo mis manos con fuerza. Baekho… mi chico…no llores por favor, no sufras, solo… sonríe con esa enorme sonrisa tuya, mientras tu sonrías todo estará bien, todo habrá valido la pena. Si lloras no séqué hacer…

– Sabes que no voy a luchar sin ti…

– ¡¿Qué coño estás diciendo ahora?! – casi doy un salto con el grito de Minhyun. Gracias por hacerme mover la pierna atontado, joder…

–  ¡Eras tú el que quería que nos marcháramos, ¿es que no te acuerdas?! ¡Nos dijiste que éramos muy superiores, que podríamos con ellos, que no debíamos rendirnos nunca!  – Eso era cuando teníamos alguna posibilidad – ¿Y te rajas ahora? ¿Por una pierna rota? ¡No me seas nenaza!

– ¡No soy nenaza!  

– ¿Quieres rendirte? Bien, ríndete, pero yo voy a salir de aquí. Con o sin ti. Porque sé que puedo hacerlo. Sé que podemos hacerlo, ¿me oyes? Nunca he creído del todo en esto. Pensaba que lo mejor era resignarme, vivir sumiso, que nunca lo lograríamos. Pero tú me enseñaste que podemos hacerlo. Que somos fuertes y que nos lo merecemos. Escúchame, rubia. Vamos a salir de aquí, ¿vale? Y si nos matan, vamos a morir luchando y no lloriqueando. Pero nunca vamos a rendirnos. Porque podemos conseguirlo.

Parpadeo un par de veces intentando pensar en alguna respuesta pero no se me ocurre nada. Joder, puede que tenga razón…Por lo menos estoy de acuerdo en eso de morir luchando, después de todo este tiempo no voy a dejar que ahora me vean como una niñita débil ¿verdad? Puede que yo no lo logre, pero ellos son fuertes, puede que todavía haya alguna esperanza….

El problema es que odio admitir que tiene razón.

– … Está bien, supongamos que no es del todo imposible… supongamos de decido seguir luchando… ¿Algún plan de como cojones salir de esta ratonera?

Min sonríe con satisfacción, maldito atontado, esta vez ganas.

– Para empezar, tenemos que ponerte bien esa pierna antes de que suelde mal.

¿Que…? Eso sí que no. Una oleada de dolor recorre mi pierna como para recordarme lo mucho que duele sin que nadie me la toque. Los cojones van a recolocarme el hueso.

– Ni se te ocurra tocarme la pierna o te corto una mano.

– Ren, si no lo hacemos y se cura así te vas a quedar cojo de por vida, no vas a poder andar bien nunca más.

Joder… eso no mola… Pero… Cierro los ojos para pensármelo con calma. Quedarme cojo significaría lo que he intentado evitar todo este tiempo, ser alguien inútil y dependiente… Miro a Baekho que me observa expectante, no quiero ser una carga para él, no quiero verle mirarme con lástima el resto de mi vida si es que de verdad conseguimos sobrevivir.

– Esta bien, hazlo, espero que sepas lo que te haces…

– Lo he visto hacer un par de veces y soy el único aquí que se atreve así que tendrás que fiarte de mí.

Responde Min mientras sonríe aliviado y viene a sentarse mi lado. Joder que miedo.

– Baekho, necesito algo para que Ren lo muerda.

Sí, me parece bien… Mi chico se levanta y trae un buen trozo de tela de una de las mochilas.

– ¿Esto?

– Si, servirá, dáselo

Lo dobla un par de veces y me lo da, espero que este más o menos limpio si me lo tengo que meter en la boca. Lo muerdo bien y le cojo la mano, él me da un apretón y sonríe, suerte que le tengo a mi lado…

Cierro los ojos y respiro hondo cuando veo que Minhyun parece listo, no quiero verlo.

– ¿Listo? Intentare ser rápido…

Asiento rápido y respiro lo más hondo que puedo, hacía tiempo que no tenía tanto miedo al dolor.

Muerdo con fuerza la tela cuando Min me coge la pierna con fuerza y muy cerca de la herida. Joder duele, duele mucho, no sé si voy a aguantarlo.

Intento volver a calmar mi respiración pero apenas tengo tiempo cuando Min hace un movimiento brusco con toda su fuerza. Duele como si me hubieran vuelto a romper la pierna pero en dirección contraria. Solo puedo llorar y morder con toda mi fuerza y de repente…nada, solo oscuridad.

 

Finalmente se ha desmayado, ha sucumbido al dolor. Le abrazo con fuerza, le beso en la frente y acaricio su cabello.

¿Realmente merecemos tanto dolor? ¿Pasar por todo esto? Haber perdido a Aron, aunque haya vuelto, ver a Ren sufrir así, oír los constantes golpes en la puerta que nos recuerdan a cada instante que están a punto de caer sobre nosotros. Me sobrepasa. Ya ni siquiera puedo pensar en nada. Siento lástima, siento miedo, me siento agotado, pero es como si todo fuese lejano. Solo sé que tengo que seguir adelante, tengo que seguir haciendo algo, porque si paro me desmoronaré.

Aron se incorpora, tanto él como Minhyun parecen más recuperados. Bueno, no, están despiertos y en pie, que ya es mucho, no hay tiempo de recuperarse más. Rebusco en las mochilas, saco unas galletas y las reparto, lanzándolas más bien. No hay tiempo. Esto cederá de un momento a otro.

La estantería está cayendo. Es cuestión de segundos.

¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer…?

¿Y si Ren tenía razón? ¿Y si estamos perdidos?

No, no importa, hay que seguir luchando.

– Baekho, – Me llama JR – ¿qué hay ahí?

Me giro, me señala la pared de detrás. Expando mi mente.

– Un despacho, cuatro personas, mesas, ordenadores…

Se acerca a la pared, quitándose los guantes.

– Preparaos para correr.

Pone ambas manos contra la pared y cierra los ojos, concentrándose.

Lo comprendo justo un segundo antes de que se polvorice. Cojo a Ren, cargándolo a mi espalda, y hecho a correr como puedo. Minhyun y Aron corren torpemente detrás de mí, sosteniéndose el uno en el otro, los niños a mi lado, JR cierra la marcha disparando al aire.

 

La gente al otro lado grita, y huye. Solo son oficinistas, ni siquiera van armados. Pero vamos lentos, muy lentos, vendrán guardias en seguida.

Llamo al chico, aún no se ni como se llama. Se acercan guardias. Nos disparan, doblamos la esquina y quedamos a salvo unos instantes.

– ¿Sabes disparar? – le pregunto tendiéndole una pistola.

Suelta a la niña, que flota en el aire siguiéndonos. Niega con la cabeza pero coge el arma.

Total, yo tampoco se.

Entre los dos cubrimos la retaguardia. La gente grita a nuestro paso, corren a esconderse, más que nada disparamos al aire para asustar.

Llegamos a una sala enorme, desde una balconada podemos ver el piso de abajo, y, el fondo, las puertas, cerradas a cal y canto. Corremos por el balcón, algunos guardias disparan desde los pasillos. Ren ya está consciente de nuevo, intenta disparar pero tiembla y la pistola se le cae de las manos. Se muerde el labio con fuerza. Minhyun cae, por un segundo temo que le hayan dado, pero no, solo está agotado. Aron se detiene, jadeando. Paso a su lado y tiro de ellos para que sigan corriendo. No podemos detenernos. Una bala roza la pierna de Baekho. Le abre un surco en la pantorrilla que empieza a sangrar, ni siquiera se detiene. No hasta que llegamos a nuestro destino.

La sala de controles.

La rodean varias filas de guardias y otros trabajadores armados. Por lo menos son cincuenta. Es imposible pasar.

Nos quedamos en la esquina, escondidos, jadeantes, aprovecho para cambiar el cartucho de balas, otra vez. Solo unos instantes, hasta que alguien grita.

– ¡AHÍ!

Nos han visto.

Salimos, dispuestos a abrirnos paso a balazos o a empujones, o a dejarnos matar, ya no hay más opciones.

Pero nadie nos dispara, no a nosotros.

El guardia de al lado del que nos ha visto le ha disparado, y al instante no es uno sino veinte los que se vuelven contra sus compañeros.

Y entonces empieza la masacre.

¿Nos defienden? ¿Luchan para nosotros? ¿Quiénes? porque todos son absolutamente iguales, todos llevan los uniformes, las máscaras. No puedes saber a quién atacas, no puedes saber a quién matas. Se están asesinando entre iguales, sin siquiera saber si están en un bando u otro.

¿Porque está pasando esto? ¿Es esto nuestra culpa?

Los cuerpos caen, el rojo cubre las baldosas y los gritos reverberan entre los pasillos. Llegan refuerzos y se unen a la matanza.

Nadie sabe de qué bando está nadie. Y nosotros, instigadores de esta crueldad, nos mantenemos al margen, inmóviles.

¿Esto es por nosotros? ¿Por nuestra culpa? ¿Es este el precio de intentar ser libres???

 

¿Qué es esto? ¿Por qué se matan entre ellos?

El espectáculo es una verdadera carnicería. Soy incapaz de seguir con la mirada toda la batalla, cada cuerpo reventado a balazos, cada hueso roto, cada río de sangre. Los gritos de dolor, de sorpresa, me llenan los oídos.

Es horroroso.

Reconozco haber visto muchas escenas desagradables en mi vida, pero nunca nada como esto.

No sé qué hacer. Ninguno de nosotros sabe qué hacer. Plantados y con las armas en la mano esperamos que, de alguna forma, esta locura termine.

JR se tapa la cara con las manos y tiembla mientras susurra “sangre, sangre…”. Los demás no conseguimos apartar la vista de “eso”.

Dos guardas se alejan de la multitud y se nos acercan.

Mierda, debo estar preparado para defendernos. Intento ponerme en guardia pero mi cuerpo está débil. No me veo capaz de usar mis poderes. Cojo con fuerza una pistola y le quito el seguro.

Los demás también se ponen a la defensiva. Samuel, detrás de mí, tiembla con la pistola en la mano. Baekho se prepara para gritar. Ren hace esfuerzos para mantenerse consciente y mira a los guardias desafiante. Aron amenaza en salir corriendo a para atacarles en cualquier momento, aunque sé que está demasiado débil como para hacerlo.

Cuando los dos guardias están cerca, con las armas bajadas, se quitan las máscaras teñidas de sangre. Aguanto la respiración y aprieto la pistola en mi mano.

Uno de ellos es un chico pelirrojo con el pelo corto. El otro, una chica. Estoy seguro de haberla visto en algún sitio…

– ¡Nara!

El grito de Baekho me hace reaccionar. Nara, la chica que nos ayudó a escapar. La que no nos traicionó. Suelto un suspiro de alivio.

El rubio se acerca a ella con una enorme sonrisa y la abraza como puede, con Ren en la espalda.

– Nara, ¿qué está pasando?

Ella sonríe con dulzura.

– Ya te dije que hay bastantes guardias que están de vuestra parte. Vamos a ayudaros.

– Bajad por las escaleras y corred hacia la puerta, ¡de prisa! Nosotros nos encargaremos de abrir las puertas – añade el chico.

Nadie se plantea si debemos fiarnos de ellos, ni siquiera la rubia. Sólo asentimos y nos disponemos a obedecerlos.

– Gracias, Nara.

Ella sonríe. Hasta que vemos algo impactar contra su nuca. Una bala perdida, o tal vez una bala que sabía muy bien a dónde iba. Porque le da en un lugar tan preciso que la chica muere antes de que su cuerpo caiga al suelo. Ni siquiera tiene tiempo de gritar.

 

No.

No no no no. Nara no. Por favor, ella no. Caigo de rodillas, junto a ella. Ren baja de mi espalda y yo me inclino sobre ella para abrazarla.

– ¡Nara!

El chico pelirrojotambién la sacude, cada vez es más obvio que ya no va a reaccionar. No quiero aceptarlo.

No puede estar…

El pelirrojo se gira y dispara dos veces. Nos grita que corramos y salta de nuevo a la multitud de guardias.

Yo no puedo apartar la mirada de Nara. De sus ojos aun abiertos y fijos en nada. No puedo aceptarlo, no puedo creerlo.

Pero puede que aún no esté todo perdido.

Me giro hacia Minhyun. Resucitó a Aron, puede hacerlo con ella.

Sabe lo que le pido, y niega con la cabeza.

– Lo hiciste con él.

– No séqué hice.

– Pero lo hiciste.

– No puedo. Ya está muerta.

– ¡Aron también lo estaba!!!

Caen lagrimas por mis mejillas, y el sigue negando.

No, no puede ser…

Perdida, para siempre. No quiero… No puedo…

Nara, ella que ha sido mi único contacto con la realidad en los últimos tres años, mi única amiga.

No puedo creerlo.

Hace apenas una semana me explicaba como su novio le había pedido de irse a vivir juntos. ¿Habrían empezado ya la mudanza? Me contaba emocionada que le había comprado a su hermano unas entradas para un concierto al que quería ir. ¿Llegaría a recibirlas? ¿Iría al concierto?

Y de repente recuerdo a todos los guardias a los que he matado. Que tambiéntendrían hermanos, novios y madres esperándoles en casa. Una vida. Y me siento horrible, miserable. Tengo ganas de llorar, de vomitar.

Porque he perdido a Nara.

– Baek – De algún modo la voz ahogada de Ren se abre paso en mi desesperación – te necesitamos.

Y sé que tiene razón, si yo me desmorono estamos acabados.

Cierro los ojos, respiro y me pongo en pie. JR sigue sollozando, asustado. Me giro hacia él, estampándole la palma en la mejilla.

-¡AHORA NO!

Grito, y las ropas tiran de el hasta que se pone en pie. Le agarro del cuello de la chaqueta y le miro directamente a los ojos nublados.

– Ahora no Kim Jonghyun, ahora no.

Sus ojos se enfocan, tiembla. No espero, me agacho y dejo que Ren se suba a mi espalda, con cuidado. Me cuesta un infierno levantarme, pero lo hago, y hecho a andar hacia las escaleras.

Y me siguen.

 

Me apoyo en Min para poder andar. Me cuesta respirar, me falta el aire, pero sigo adelante. Es como si mis pulmones no pudieran llenarse del todo, no han quedado como antes. Pero hay que seguir.

Min soporta mi peso y lleva a Shinhye con un brazo, tambalea, también le cuesta andar, pero conseguimos avanzar.

Seguimos a Baekho, que anda tan rápido como puede con Ren a la espalda. Salen dos guardias de un pasillo, un grito del rubio los estampa contra la pared. Sale otro, JR dispara, él cae bañado en sangre.

Seguimos avanzando.

JR y Samuel corretean por nuestro alrededor con las pistolas, nos defienden como pueden, disparan al aire, aciertan de vez en cuando. Samuel ya lleva dos golpes en la cabeza por culpa del retroceso de la pistola.

Seguimos avanzando.

Por suerte los guardias siguen matándose entre ellos y encontramos pocos atacantes. Salen cinco de un pasillo corriendo hacia nosotros. Son demasiados y no podemos defendernos. Pero dos guardias más se interponen. Uno va sin máscara, es el chico pelirrojo. Se enfrentan a los cinco guardias, les cogen desprevenidos, nosotros seguimos.

Unos segundos después veo que los dos guardias que nos han defendido nos siguen.

– ¡Seguid! ¡Os cubrimos!

Tenemos suerte de que nos ayuden.

Seguimos avanzando.

 

Finalmente conseguimos llegar hasta la escalera de caracol, Baekho se detiene unos segundos ¿Podrá conmigo? Sería muy triste caer por las escaleras pero si las tengo que bajar yo a la pata coja…. No llegamos ni de broma.

 – Agárrate fuerte

Asiento e intento agarrarme molestando lo mínimo. Esto va a doler, cada escalón va a ser un puto infierno para mi pierna… He perdido hace tiempo el pañuelo que mordía así que busco algo que me sirva de sustituto, la capucha de Baekho podría servir, no creo que le importe ¿No?

Muerdo con fuerza justo antes de que Baekho empiece a bajar, lentamente, cogiéndose a la barandilla para no desequilibrarse con mi peso. Duele un maldito infierno pero un poco menos que antes, supongo que no tener el hueso fuera de sitio es un puntazo importante.

Mi chico está a punto de desequilibrarse un par de veces pero por fin llegamos a bajo, es una sala enorme de mármol, como la recepción pero lo único que me importa se encuentra justo delante de nosotros, al otro lado.

Las puertas. La salida. La libertad.

Por fin.

Aunque estén blindadas, como todas las ventanas, sé lo que hay detrás y en ese momento, todo ha valido la pena. No sé cómo vamos a abrirlos pero no importa, estamos aquí, lo hemos logrado.

Y de repente, un milagro.

Se oye un fuerte ruido mecánico y todas las persianas empiezan a levantarse lentamente, dejando que los rayos de sol iluminen la sala.

El sol, después de dos años, el sol. En apenas medio minuto toda la sala esta bañada de luz y siento que podría llorar. Por fin. 

 

Por fin ven la luz del sol. Esta vez parece que están muy cerca de escapar. ¿Conseguirán realmente llegar al exterior? Y si es así, ¿qué harán una vez estén fuera? ¿O por el contrario algo/alguien se lo impedirá? ¿Qué pasará con los guardias que siguen peleándose entre ellos? ¿Y con los niños? ¡Respuestas en el próximo capítulo!

El miércoles de la semana que viene, día 4 de septiembre, hará un año que empezamos a publicar ACTION. ¡Cómo pasa el tiempo! Nosotras lo hemos pasado genial escribiendo durante todo este año, y esperamos que vosotros habéis podido disfrutar leyéndonos ^^ Así que si conseguimos terminar el siguiente capítulo a tiempo, lo publicaremos el día 4 para celebrarlo 😀

Hasta pronto~~

SHIROKO  KUROKO  AOIKO

ACTION: Capítulo 26

action26

Queridos lectores, hemos estado de vacaciones y las circunstancias para escribir y publicar no han sido las esperadas, les rogamos tengan paciencia con nosotras.

Atentamente yo, ella y la otra.

Besitos y abracitos

Y tal

(Las palabras Appa y Omma que aparecen en este capítulo son Papá y Mamá en coreano)

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo sexto

00:10. Baekho abre las puertas, y nos damos cuenta de que todo va a ser más difícil de lo que imaginábamos. Esto no es como jaulas, ¡AQUI HAY VIDA! Parece un lugar…normal, las típicas oficinas de las películas americanas, con el suelo de moqueta y cristal en las paredes.

Mierda, eso significa que tendremos que andar agachados la mitad del camino para que no nos vea la gente de dentro, que espero que no haya mucha o será muy fácil cruzarnos a alguien que va a hacerse un café… Suerte que Baekho podrá avisarnos con tiempo, o eso espero…   A ver, admito que tiene que ser cómico salir de la oficina a buscar un café y encontrarte a 5 personas corriendo medio agachadas, con ropas que o son muy horteras o les van tres tallas más grandes. Vaya pintas… Bueno, por lo menos les sacaríamos unas risas antes de que tuviéramos que matarles. Vale, eso ha quedado un poco psicópata.

00:14. Avanzamos juntos hasta el siguiente pasillo y allí nos separamos en silencio, Minhyun y el sobón de Aron por un lado y Baekho, Jonghyun y yo por el otro. Ellos a por los niños, nosotros a abrir las puertas.  No hace falta decir nada ni vamos a arriesgarnos a hacer ningún sonido innecesario aquí así que solo hay una mirada cómplice y un asentimiento de cabeza. Espero que estén bien esos dos solos y que no se les ocurra despistarse por andar demasiado embobados mutuamente, que son capaces.

00:17. Avanzamos en silencio, siendo lo más cautos posible. En los pasillos hay ventanas que comunican con los despachos, y a ratos tenemos que ir agachados para que no nos vea la gente de dentro. No hay muchos, pero toparnos con uno solo sería catastrófico en la situación que estamos. Por suerte con mi poder podemos evitar los sitios más concurridos y sabemos por dónde podemos pasar y por donde no. ¿Cómo les ira a Minhyun y Aron? Por lo que veo de momento bien. Se mueven rápido, asomándose a cada pasillo antes de pasarlo corriendo. Nosotros vamos más lentos, porque es una zona más concurrida.
No son solo guardias. La mayoría son sencillamente trabajadores. Contables, informáticos, recepcionistas, etcétera, pero también están nuestras estilistas, médicos, cocineras, y, como no, los que van de uniforme, negros con las máscaras blancas. Todos con muestras de llevar varios días aquí. Cuando vieron que nos habíamos escapado cerraron todas las puertas del edificio y hace casi una semana que nadie entra ni sale de este edificio. Tal vez por eso están más distraídos, tal vez eso cuente a nuestro favor.
Es un trecho corto, pero tenemos que dar tanto rodeo para evitar a todo el mundo que se hace eterno, y aun así, por mucho que intentemos ir con cuidado, hay trechos simplemente imposibles.

00:21. Hay tres posibles caminos, en todos ellos, gente en los pasillos, no podemos pasar.

Como Minhyun y Aron van más lejos y aun tardaran en volver decidimos esperarnos por si se despeja una de las rutas, pero ni el par de chicas que cotillean parecen tener intención de terminar su charla ni el hombre del café parece tener prisa para terminarlo ni parece que el grupo que juegan a cartas estén cerca de terminar la partida.

Y nosotros necesitamos pasar.

Aron y yo nos desplazamos de prisa por los pasillos, sin hablar, con mucho cuidado de no hacer ruido. Él va delante y yo le sigo. Doy una rápida ojeada al mapa: en la siguiente esquina, a la izquierda.

Se detiene, saca un poco la cabeza para comprobar que no viene nadie, me mira, asiente y gira a la derecha. ¿Eh? ¡No!

Me apresuro a alcanzarle y le agarro de la camiseta para detenerle. Me mira extrañado y yo le susurro en voz baja.

– ¿Qué haces? Es hacia la izquierda.

– ¿Qué? No, hacia la izquierda vamos a volver a la cocina, sale en el mapa.

– ¿Eh? – miro mi mapa y lo compruebo. – No es verdad, no sale, y el camino es mucho más rápido. Mira – le muestro mi mapa y se lo señalo. – ¿Ves?

– Min, estás mirando el mapa del revés. Estamos aquí, ¿ves? – me señala una esquina bastante alejada de la que señalaba yo. – Y debemos ir hacia allí.

Anda, ya decía yo que el mapa se veía raro… Creo que voy a dejar que mi chico guíe. El sentido de la orientación nunca ha sido uno de mis puntos fuertes.

Asiento para darle la razón y él me sonríe. Luego se gira para seguir andando, y me coge de la mano. De alguna forma, su agarre me tranquiliza.

Llegamos a la siguiente esquina, Aron saca la cabeza. Me mira y niega.

– Hay dos hombres dormidos en el suelo.

¿Dormidos? No entiendo bien qué está pasando. En esta zona hay poca gente, pero los pocos que hemos visto se comportan de forma extraña. Van desaliñados, un poco despeinados, sin maquillaje,  con ojeras, la ropa arrugada, como si llevaran días sin cambiarse. Los pasillos están llenos de papeles, latas de refrescos, vasos de plástico vacíos. Porque las papeleras están llenas a rebosar. Restos de comida encima de las mesas, y un fuerte olor a cerrado, a sudor, a humanidad. Como si llevaran días allí encerrados, sin ni siquiera ventilar un poco.

Miro a Aron y nos entendemos sin hablar. Vamos a buscar otro pasillo. Una chica, sentada en el suelo, con la mirada perdida en un plato de plástico medio lleno de espaguetis. Mierda. Un pasillo más. Un chico joven peleándose con una fotocopiadora. Lleva el pelo aplastado, la camisa arrugada y la americana oscura con manchas de color lechoso y dudosa procedencia. Tampoco es una buena opción.

– No deberíamos ir más lejos, haremos demasiada vuelta. Tenemos que pasar.

Mi chico tiene razón.

– La mejor opción son los hombres dormidos.

Asiente, así que deshacemos el camino hasta la primera esquina. Aron vuelve a mirar.

– Siguen ahí, no se han movido.

– Vamos allá.

Entramos en el pasillo de puntillas mientras oímos sus ronquidos. Están tumbados en el medio, así que tenemos que pasar por encima de sus cuerpos. Aron va delante, yo le sigo. Esquivo el primero y levanto la pierna parar saltar el segundo. Pero ésta no me responde. Me desequilibrio y me voy de morros al suelo. No sin antes dar una patada involuntaria al hombre más corpulento de los dos. Mierda.

– Mmmm… ¿Qué está…?

Le veo entreabrir los ojos, mi cuerpo no reacciona. Mierda, mierda, mierda.

Algo me levanta del suelo y en un par de segundos hemos abandonado el pasillo y nos ocultamos en la siguiente esquina. Suspiramos aliviados, y entonces Aron vuelve a dejarme en el suelo.

– ¿Estás bien?

Asiento. Él saca un poco la cabeza por el pasillo.

– Sigue dormido, sólo se ha tumbado. ¿Qué te ha pasado?

– No sé… De repente mi pierna no respondía… Supongo que todavía son efectos de las drogas que me daban…

Aron me da un besito rápido lleno de ternura. Y me deja una estúpida sonrisa en los labios.

– ¿Qué te parece si te llevo? Así iremos más rápidos y evitaremos que vuelva a pasar algo así.

Asiento, sé que tiene razón. Y me siento un poco inútil, desde que hemos salido que no doy una. Subo a su espalda y me abrazo a su cuello. El calor de su cuerpo me hace sentir un poco mejor.

Avanzo más rápido con Min en la espalda. Miro con cuidado en cada esquina, me agacho cuando hay zonas de cristales que dan a oficinas. Y esquivo a todas las personas que encuentro.

Otra esquina, un pasillo bloqueado. Maldición. Baekho ya nos lo advirtió. Volvemos atrás, rodeamos un par de oficinas. Estamos a punto de llegar. Sólo tenemos que girar en una esquina más.

Pasamos por delante de una puerta y de repente se abre. Un hombre trajeado con una botella de agua en la mano. Nos ve, y su cara es un poema. Abre la boca para gritar. Pero no lo consigue. Porque el agua de su botella ha volado hasta su boca y ha llegado a sus pulmones. Se le escapan gemiditos ahogados. Se agarra con fuerza el cuello con las manos, y cae de rodillas. Tiembla, agoniza, no puede respirar.

Le dejo ahí y nos marchamos, no tenemos tiempo. Lo siento por él pero espero que no pueda recuperarse. Tenemos que llegar. Noto el temblor de Min a mi espalda.

– Yo no quería…

– No te sientas culpable, no había alternativa. No te tortures, ¿vale? Debemos seguir.

No responde, pero sus manos aprietan con fuerza mis hombros. Me gustaría poder tranquilizarle, pero no tenemos tiempo. Mi chico es fuerte, lo superará.

Sigo corriendo.

0:24. Nos encontramos frente a una puerta blanca y maciza. A la altura de los ojos, un cristal ahumado que deja pasar la luz pero no permite ver el interior. Es aquí.

Giro inocentemente el pomo de la puerta con la esperanza de que se abra. Evidentemente está cerrada, pero tenía que intentarlo, ¿no?

Vamos a probarlo de otro modo. Le suelto una patada, y la puerta ser rompe en añicos. Bien.

Min se baja de mi espalda, me da la mano y entramos juntos con cuidado. Por fin le veo la cara, y me tranquiliza saber que está bien.

 

Moqueta de colores vivos en el suelo, paredes azules y amarillas, cuadros de animalitos. Al lado de la puerta, una pelotita verde con el dibujo de una mariposa, un osito de peluche con un lacito rojo en el cuello y un cascabel y un coche teledirigido azul metalizado. Un poco más allá, una mesita baja llena de papeles más o menos dibujados y un montón de lápices de colores, acompañada de un par de taburetes. Es como entrar en otra dimensión.

Al otro lado de la habitación, dos camas, una pequeña con sábanas rosas y estampado de princesas y otra más grande con sábanas verdes y el dibujo de un alien con tres ojos. Al lado de ésta, una televisión enorme enchufada a una videoconsola. Y frente a ella, el niño, con el mando en la mano, mirándonos fijamente sin expresión alguna, como si nos estuviera analizando.

Vale, ¿y la niña? Recorro el suelo de la habitación con la mirada. ¿Puede ser que se la hayan llevado a otro sitio?

Aron tira de mi camiseta, cuando me giro veo que señala hacia el techo. Y allí está ella. Una niña de unos dos años vuela en medio de la habitación y pinta animadamente el techo con una cera de color lila. ¿Cómo coño…?

Y cámaras, una en cada esquina. Casi sin pensarlo, en un par de segundos las tengo carbonizadas y apago el fuego. Aron casi no ha tenido tiempo de darse cuenta. O como mínimo no grita. Espero que nadie nos haya visto.

0:25. Optamos por el camino de las dos chicas, no solo porque parecen más despistadas e inofensivas, sino también porque no veo guardias cerca en esta ruta. Nos preparamos para correr y contamos mentalmente hasta tres. Cinco. Diez.

– Baekho – susurra JR – No podemos esperar más. Hay que pasar.

Asiento, porque sé que tiene razón. Pero no quiero. Hay tantas cosas que podrían salir mal…

Demasiadas, tantas que es mejor no pensar en ello, así que esta vez no cuento, ni lo pienso, simplemente salgo corriendo, esperando que me sigan.

0:26. Pasamos a las chicas. Gritan, sale más gente de los despachos. Seguimos corriendo.

Saltan las alarmas. Ensordecedoras, abrumadoras. Y un hombre que intenta interceptarnos sale proyectado contra la pared con un haz de luz. Seguimos corriendo.

Empiezan a llover las balas, no guardias, solo trabajadores armados. Un torbellino de voz nos protege. Seguimos corriendo.

0:27. Baekho se detiene, duda solo un segundo, mira atrás, ve que no podemos volver y vuelve a avanzar. No nos detenemos, y cuatro pasos más allá veo el motivo. Dos guardias cruzan una esquina corriendo en nuestra dirección. Apretamos el paso y nos escabullimos por el siguiente cruce. Baekho delante, Ren en medio, yo detrás. Les siento prácticamente pisándome los talones. Justo detrás de mí,  justo detrás.

Tira de mi chaqueta y caigo contra el suelo. La inconfundible porra negra baja proyectada contra mi cara. Ni siquiera puedo reaccionar. Un pie entra en mi campo de visión. Aparta el brazo que me golpea y otro brazo aguanta la pierna, sosteniéndola en el aire un instante. La porra vuelve a bajar e impacta en la pierna.

Todo ha sido en una milésima de segundo, pero he oído la rotura y he sentido el líquido caliente en mi cara. Y sé perfectamente lo que ha pasado. Ren cae sobre mí, grita, chilla, se agarra la pierna malherida.

Baekho grita, ambos guardias chocan contra la pared y caen. Llueven balas que Baekho detiene con la voz. Ren chilla, la gente grita, y yo siento la sangre en mi cara, en mis labios.

Olor a metal.

No puedo. No puedo. No puedo.

Todo se vuelve oscuro, solo siento el olor a sangre. A oxido. Los alaridos de dolor de Ren, los aullidos de Baekho para protegernos, los gritos de los espectadores, gente corriendo, disparos.

Tengo que aguantar. Puedo.

Abro los ojos. Busco en mi mochila y todo tiembla. Crema, pastillas, calmantes, lo que sea. Nada. Miro a Ren. Las manos empapadas de sangre, y entre el fluido rojo sobresale el hueso quebrado. Dejo de mirar. Busco, pero no hay nada.

Echo agua en la herida. Le ato un pañuelo justo encima de la rodilla, le doy otro trapo para que lo muerda. Y es todo lo que puedo hacer.

Todo tiembla, los bordes son oscuros. Y hay sangre por todas partes.

0:28. Baekho coge a Ren por el brazo. Con un hábil movimiento y sin mirar se lo hecha a la espalda y corre todo lo que puede llevándole. Ren aprieta los dientes. Le estrangula con el abrazo, muere de dolor a cada paso. Y yo corro tras de ellos, rezando para que no nos alcancen las balas, defendiéndonos como puedo con la pistola que no sé cómo ha llegado a mis manos.

Y corremos.

Dolor. Solo dolor. Apenas soy consciente de lo que sucede a mí alrededor, solo sé que corremos y Baekho me lleva en la espalda. Cada paso es un suplicio, como si me clavaran un cuchillo en la pierna una y otra vez. Hago un esfuerzo por no gritar y abro los ojos, intentando ver que está sucediendo.

Oigo disparos a mi espalda pero no parecen ser muy efectivos, JR apenas sabe disparar. Los guardias casi nos alcanzan y Baekho cada vez corre más lento, no puede luchar mientras me carga, tengo que hacer algo. Una sacudida más fuerte que las otras y por unos momentos todo se vuelve oscuro. Aguanta Ren, no seas nenaza.

Tengo que hacer algo o solo seré un peso muerto que conseguirá que los maten. ¿Pero qué? Apenas puedo concentrarme en seguir lo que sucede a mí alrededor, no sé si podré usar mi poder…

Cierro los ojos y dejo de intentar fijarme en lo que sucede, dejo de intentar reprimir los gritos a cada sacudida, me centro solo en intentar sacar todo mi poder. Lo busco, lo siento y acumulo toda la potencia puedo hasta que lo suelto de golpe, sintiendo como la luz sale expulsada de mi cuerpo y luego… nada, solo oscuridad, me aplasta, me asfixia. Pero no me voy a dejar vencer. Respiro hondo y lentamente vuelvo a sentir el cuerpo de Baekho bajo mis brazos, el dolor insufrible en mi pierna y los pasos de JR detrás nuestro. No se oyen guardias, lo he logrado.

 

Suenan las alarmas. Mierda.

La niña está de pie frente a nosotros. Lleva el pelo recogido en dos coletas y una especie de pijama rosa. Nos mira con curiosidad.

Me arrodillo para quedar a su altura e intento hablar sonriendo y con voz calmada.

– Hola.

– Hola. ¿Quién shois?

– Yo me llamo Minhyun, él es Aron, y somos…

– ¡¿Shois Minhyun y Aron?! ¡Wooooo!

Su cara se ilumina y nos mira emocionada.

– Sí… – respondo dudoso.

– ¿Nos conoces? – Aron se agacha a mi lado.

– ¡Puesh caro! ¡Shempre hablan de voshotos! ¡Vueshtros poeres shon inceííííííbles! ¡Shois geniales! ¡De mayor quiero sher como voshotos!

Se pone a dar saltitos emocionada y salta a nuestros cuellos para abrazarnos. Le devolvemos el abrazo, confusos.

– ¡Os quero! Me contaron que shois mis papás, que os shacaron celdas y con ellas hicieron yo. – ¿Celdas? Supongo que quiere decir células… – ¡Quería muchííííííshimo conoceros! ¿Habéis venido a juar comigo?

– No… De hecho hemos venido a buscaros.

– ¿A bushcanos? ¿Onde vamos?

– Vamos a salir de éste edificio.

– ¿Po qué? ¿Es que vamos a juar fuera?

– Bueno… esto…

– Sí, vamos a jugar fuera – Aron lo dice muy convencido. No me gusta engañarla, pero no veo otra forma. – Ya verás, veremos el sol. ¿Te gustaría ver el sol?

– ¡Shííííííí! ¡El shol! ¡El shol! ¡Quero ver el shol!

No pensaba que iba a ser tan fácil convencerla, pero parece que ha funcionado. Ahora vuelve a volar emocionada por la habitación. No cuesta demasiado adivinar su poder.

Y me fijo en el niño. Sigue con el mando en la mano, mirándonos fijamente. Sin expresión. No se ha movido, ni siquiera ha abierto la boca. Qué niño tan raro, da un poco de grima.

Que niño tan raro, da un poco de grima. – ¿Qué? No puede ser que el niño haya dicho esto. Tiene una voz muy rara. ¿Cómo…? – Mi chico está muy guapo con cara de no entender nada.

– ¿Eh? – ahora es Aron quién le mira desorientado.

Vale, nos ha leído la mente.

– Sí – responde el niño, esta vez con una voz diferente, más… normal.

– Entonces ya sabes a qué hemos venido – dice Aron.

– Sí. Sé que vuestras intenciones son buenas, pero también sé que los guardias que nos esperan fuera con sus porras y sus pistolas no quieren jugar no nosotros, precisamente.

– Es verdad… pero es el precio para una vida mejor.

– Es un suicidio y lo sabéis. Y a nosotros aquí nos tratan bien.

Os tratan bien ahora, pero sabes cómo nos trataban a nosotros, así que puedes imaginar cómo os tratarán cuando crezcáis un poco.

Su cara cambia de repente. Sé que me ha “oído” y que sabe que tengo razón. La impasibilidad de su rostro y su mirada desafiante se convierten en cara de pánico.

– Appa… ¿Qué quere deir Shamuel? ¿Los gardias queren hacernos daño?

Aron la abraza y le acaricia el pelo para tranquilizarla. Y le dedica esa hermosa sonrisa que haría derretir el hielo.

– Sí, los guardias son malos, por eso queremos irnos. Pero no van a haceros daño, porque nosotros estamos aquí para protegeros. ¿Lo entiendes?

Shi

Llevo a la niña en brazos, sus coletas me hace cosquillas en el pelo. Es tan inocente y adorable… Espero de corazón que no consigan hacerle daño.

El niño…. ¿Samuel se llama? De repente se levanta y se nos acerca. Mira a Min, parece que éste le ha dicho algo mentalmente.

– Está bien, voy a confiar en vosotros. Mejor esto que quedarse así. Espero que lo consigamos. – Se gira hacia la niña. – No, Shinhye, no puedes llevarte a Teddy.

– ¿Qué pasa? – le pregunto.

– Quiere llevarse el osito de peluche, pero no puede porque lleva un cascabel y hace ruido.

Min se agacha al lado del osito y le deshace el lazo del cuello para quitarle el cascabel. Luego se lo da a la niña.

– ¿Ves, Shinhye? Ahora sí puedes llevarte a Teddy.

La niña abre los ojos como platos, le brillan de la emoción, y salta a sus brazos.

– ¡Acias omma!

¿Omma? BUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA

La cara de Min es totalmente un poema. Y a mí me duele la tripa y me lloran los ojos de tanto reírme. Samuel también se ríe. Por primera vez parece un niño.

00:33. Aun con Ren sobre mi espalda, jadeando por el dolor de su pierna rota, nos metemos en la salita que ha encontrado JR.

Hemos despistado a nuestros perseguidores con luz. Luego Ren casi se desmaya. Pero no, sigue consciente.

Le bajo y examino su herida, es horrible. JR le hecha agua, soltamos el improvisado torniquete y todo se llena de sangre, le envolvemos en trapos. Si le hecho pomada cicatrizara al instante. Con el hueso salido. Hay que ponerlo en su lugar. Pero no puedo. No nos atrevemos a tocarle. Si le rozas aúlla de dolor. No sé qué hacer, no puedo hacer nada, me siento tan impotente…

– ¿Que hago…? – ¿a quién se lo pregunto? No sé qué hacer… que alguien me diga que puedo hacer…

– Nada, esperar a Minhyun y Aron, estarán a punto de llegar.

– ¿Y DEJO A REN ASÍ?

– ¿Qué quieres hacer? ¿Acaso sabes arreglar huesos rotos?

– … – tengo que hacer algo… tengo que… Rennie…

Pero no puedo hacer nada, nada más que estar a su lado. Le doy la mano y él me la aprieta con fuerza. No puedo hacer nada más…

Duele. Duele mucho. ¡Joder! Intento pensar en otra cosa, en nuestra situación, estar alerta a mí alrededor, pero no puedo. Solo puedo pensar en el dolor. Respira Ren, respira. Inspira… expira… inspira… expira… Eso es, no voy a dejar que una maldita pierna rota me haga llorar, no, nadie va verme llorar. Soy fuerte, puedo con ello.

Baekho coge mi mano y yo se la aprieto con fuerza, me gustaría hablar y decirle que no se preocupe, que estaré bien… Pero no me atrevo, no sé si seré capaz de decir dos frases seguidas con una voz aparentemente normal y sin echarme a llorar así que solo aprieto su mano y respiro hondo.

 

00:34

00:35

00:36

Miro en reloj mientras esperamos a que lleguen, mientras esperamos.

Ren agoniza, y ni Baekho ni yo sabemos que hacer. Necesitamos hacer algo, aunque no sirva para nada, no hacer nada nos está matando.

Ojalá pudiera hacer algo por Ren. No dejo de pensar que está así por protegerme. Y no puedo ni mirarle, la sangre, el dolor, sus gemidos de agonía.

00:37

¿Cuánto pueden tardar Minhyun y Aron? ¿Qué vamos a hacer cuando vuelvan? ¿Volverán? Espero que no les pase nada. Pero aunque lleguen, aunque vuelvan en perfectas condiciones, con los niños… Ni siquiera podemos tocar a Ren estando así. Evidentemente no puede andar, y aunque le cargásemos… Con la pierna así… está perdiendo mucha sangre. ¿Tenemos alguna posibilidad?

Siempre lo hemos tenido difícil, pero hay momentos en que realmente no ves que esto pueda terminar bien.

Pero no puedes dejar que te gane la desesperación, porque si lo haces, si desesperas, pierdes absolutamente todas las posibilidades.

00:38

No puedo hacer nada, no puedo siquiera pensar. Porque si pienso me doy cuenta de que estamos perdidos. De que hay demasiado en nuestra contra, de que nos hemos marcado un objetivo muy simple, salir de aquí, y aunque lo consigamos, ¿Qué pasa después? ¿Dónde voy?

Pero no, no debo permitirme pensar eso, tengo que centrarme en cosas más prácticas, en cosas más inmediatas, que pueda solucionar al momento.

Ren.

¿Qué podemos hacer por él? No puedo ni mirar la herida.

Nada, no puedo hacer nada, igual que con todo lo demás.

¿Distraer a Baekho tal vez? Parece a punto de colapsar.

– ¿Baekho, donde están los otros? – aunque solo sea con eso.

No me mira, ni siquiera me oye, sigue aferrándose a la mano de Ren, mirándole fijamente, tenso.

– ¡Baekho! – No me escucha, no me oye, no existo ahora para él. Totalmente comprensible.

– ¡Baekho! – le sacudo, al fin me mira – ¿dónde están los demás?

Su cara dice claramente ¿Cómo puedes pensar en eso, en algo que no sea REN? Pero cierra los ojos y les busca.

– Están viniendo.

Y ya está, dejo de existir otra vez.

– Baekho. Podemos sedarle. No le dolería.

Tampoco creo que Ren acepte eso… ¿es mejor tenerle dormido o agonizando?

– Ren, voy a hacerlo, voy a sedarte

¿Que…? Baekho se ha vuelto loco de estrés, así que simplemente me echo a reír. Sedarme, a mí, si hombre vaya chiste. Prefiero retorcerme de dolor antes que pasarme horas dormido como un tronco mientras ellos se juegan la vida. Es que ni de coña. Despierto por lo menos puedo usar mis poderes para defenderme, aunque me agote. Puedo hacer ALGO.

– Haz lo que quieras, pero no me sedes – consigo hablar con los dientes apretados sin gritar. Bien, progresamos.

– Ren, te duele

– No jodas.

Exacto, es mi dolor, mi pierna, mi consciencia.

– No seas idiota.

Cierro los ojos y me centro en recuperar mi autocontrol. Joder, no me hagas hablar más de lo necesario, déjalo… Baekho toma mi silencio como un sí y se acerca con el sedante. No, he dicho que no. Respiro hondo otra vez y abro los ojos.

– No.

El para y acaricia mi mejilla, con cara de no entender el porqué de todo esto.

– Pero… ¿por qué?

– Quiero… estar consciente… hasta el final

Le aprieto el brazo con fuerza, rogando para que deje de insistir y no me lo haga más difícil, sé que lo hace por mí, porque se preocupa, pero no voy a ceder.

Finalmente Baekho asiente imperceptiblemente con la cabeza, deja la jeringa en el suelo y coge mis manos entre las suyas. Son cálidas, grandes, acogedoras. Solo entonces me permito volver a cerrar los ojos y centrarme en mi respiración. Inspira, expira, inspira…

00:41. Avanzamos tan rápido como podemos pero a mí sigue pareciéndome que vamos muy despacio. No puedo pedirles más. Yo solo habría llegado hace rato, pero debo adaptarme al ritmo de estos tres. No puedo llevarlos a todos a cuestas, junto con las mochilas. Encima tenemos que intentar pasar desapercibidos, evitar a los trabajadores de oficinas, las cámaras de seguridad, no hacer demasiado ruido… no es una tarea fácil. Ánimo, no nos queda mucho.

Yo voy delante con el mapa en la mano, intentando leerlo con rapidez mientras avanzamos entre los pasillos de paredes grises y grandes ventanales cubiertos de finas persianas que dejan entrever los lujosos despachos y cruzando los dedos por no equivocarme. Creo que vamos bien.

Detrás de mí está Min, mi chico se mueve tan rápido como puede pero los años de inmovilidad le pasan factura y cuando se trata de correr las piernas le fallan. Hace grandes esfuerzos para seguir y para no desmoronarse. Y lleva a Samuel cogido de la mano. El chiquillo no dice nada, continua con curiosa cara de concentración, y nos sigue sin rechistar.

Y luego está Shinhye, que revolotea a mi lado. Aún me sorprende ver a un ser humano levantarse de ésta forma del suelo. Su cara inocente y extremadamente sonriente demuestra que no es consciente de la situación en la que nos encontramos. En fin, mejor así, es apenas un bebé.

Vamos, adelante, ya queda muy poco.

Miro hacia atrás para comprobar que Min y Samuel pueden seguir el ritmo. Y cuando vuelvo a girar mi cabeza hacia adelante me quedo helado, mi corazón da un vuelco.

00:50. Un grupo de personas con máscaras blancas salen de detrás de una esquina. Guardias. Puedo contar uno, dos, tres… ocho. Son demasiados. Están un poco lejos pero se acercan rápido.

Me detengo de golpe y cojo a Shinhye para que deje de volar, la abrazo contra mi pecho, la protejo instintivamente.

– ¿Pero qué…? ¡Mierda! – oigo a Min quejarse detrás de mí.

– Quieren matarnos, lo leo en sus mentes, quieren matarnos…

Min se arrodilla a su lado e intenta mostrarse confiado para tranquilizarlo. Pero conozco a mi chico y sé que está asustado, tanto o más que el pequeño.

– Tranquilo, nos encargaremos de ellos. Aléjate un poco y vigila que no te hagan daño.

– Y cuida de ella, por favor – añado yo pasándole a Shinhye. Será mejor que no esté en mis brazos mientras luchamos.

Samuel asiente y se aleja, poco convencido. Al fin y al cabo puede leer nuestras mentes y sabe que no estamos seguros de poder ganar.

Oigo disparos y me estremezco. Pero ninguna bala llega a rozarnos. Se detienen antes de acercarse a nosotros y caen inertes al suelo. Min jadea, crear una ráfaga de aire lo suficientemente fuerte como para detenerlas no habrá sido fácil.

Instantes después, unas cuantas de las pistolas que llevan en las manos estallan en llamas. Los guardias las sueltan y gritan asustados.

Fuego. No, eso no. Mi cuerpo tiembla.

– ¡Min, no hagas eso!

– Perdón…

Las llamas se apagan pero las pistolas han quedado inutilizables. Al menos algunas.

Ahora es mi turno.

Salto hacia ellos con la porra en la mano y le doy a uno en la cabeza y a otro en la espalda. Ambos caen al suelo. Un tercero me golpea también con una porra en la espalda, y yo le devuelvo el golpe. Otros dos vienen en su ayuda. Intento defenderme de todos, tengo que hacerlo. Debo ganarles.

Todavía quedan guardias con pistolas, uno me apunta pero yo soy más rápido. Saco la mía y disparo. La bala le da en la muñeca, la pistola le cae de la mano y él grita.

Disparo algunas balas más, algunas dan en los blancos, otras son esquivadas. Hasta que se me acaba el cartucho. No tengo tiempo de cambiarlo. Un par de guardias se me acercan con rapidez, cuchillos en mano. Creo una ráfaga de aire que les levanta y les lanza contra la pared.

Aron grita. Está luchando contra demasiados, debo ayudarle.

Me concentro para mover la tierra del suelo, creo con ella una especie de brazo que agarra a dos guardias que están luchando contra Aron y los alejo así de él. Aprieto la tierra que los sostiene con fuerza contra sus cuerpos, oigo un crujido y un grito de puro dolor. Me estremezco.

– ¡MIN!

El grito de Aron me distrae, le miro y sus ojos están llenos de puro terror. No por él, sino por mí. Me giro rápido. A mi espalda se encuentra un corpulento guardia con un cuchillo en alto a punto de perforar directamente mi corazón. Me he distraído en ayudar a Aron. El cuchillo baja demasiado rápido. No voy a poder detenerlo. Sólo puedo cerrar los ojos. Se acabó.

Algo me empuja, caigo al suelo, Aron chilla justo a mi lado, y mi cara se salpica de un líquido viscoso.

Abro los ojos y lo primero que veo es el cuerpo de mi chico desmoronándose ante mí. Con la espalda perforada por el enorme cuchillo, que el guardia corpulento se ha encargado de clavar y luego sacar. Ríe con una voz grave y yo estallo de ira.

Dos segundos más tarde, su cuerpo estalla en llamas y en seguida se ve reducido a cenizas.

Grito de desesperación. Y con mi grito mando una onda expansiva de fuego, que el aire se encarga de hacer llegar a todos los guardias que tenemos alrededor. Para alejarlos, para que no le hagan más daño.

Y me dejo caer a su lado, grito su nombre, acaricio su mejilla ensangrentada, intento hacerlo reaccionar.

Intenta hablar pero se ahoga y escupe sangre. Parece que le han perforado el pulmón. No va a sobrevivir, joder, no puede ser, mierda, mierda, ¡mierda!

– ¡Aron! ¡ARON!

 

Siento un dolor intenso en mi espalda. Y frío. Hace mucho frío…

Min me toca y casi no siento el calor de sus manos… Quiero mirarlo pero la vista se me nubla…

Intento coger aire pero me ahogo, no puedo respirar. No hay forma de salir vivo de esto.

Min, te dije que daría mi vida por ti si era necesario. Siento no poder salir de aquí a tu lado, espero que puedas ser feliz. Te quiero.

Sufre. Aprieta los dientes con fuerza, suda a chorros, parece a punto de desmayarse, pero sigue insistiendo en que no le sedemos. Canto para él, para aliviarle el dolor. Le susurro lo mucho que le quiero, lo mucho que me importa. Rennie… Mi niño… Quédate a mi lado…

Le acaricio la frente, secándole el sudor, y con mi mente siempre expandida siento que alguien se acerca. ¿Guardias? Si, y bastantes, muy cerca de aquí. Espero que no nos encuentren. Pero hay algo más, alguien más. Los chicos están de regreso, con los dos niños. Y es inevitable que se crucen. ¡Demonios!

– ¡JR! ¡Minhyun y Aron van a toparse con los guardias! – Abre los ojos como platos, asustado, ¿cómo no? – Están aquí al lado, tenemos que ir a…

Ren no puede ir. No puedo dejarle aquí. JR solo no tiene manera de encontrarles ¿Puedo dejar que Aron y Minhyun luchen solos?

– Ve… – Apenas le oigo cuando me susurra. – estoy bien…

¿Cómo vas a estar bien Rennie? Dios mío… ¿qué hago? ¿Qué debo hacer?

– ¡Quédate con él! – le grito a JR.

00:51. Salgo corriendo, dejando a Ren sin mirar atrás, me doy cuenta de que JR me sigue.

– Somos más útiles allí.

Y tiene razón, sé que tiene razón, pero… Rennie… Tampoco podemos hacer nada por él estando a su lado.

Aguanta mi pequeño guerrero.

Nos cruzamos con los niños, un chico de unos diez con una niña en brazos, les indicamos que sigan recto este pasillo para llegar con Ren. Y seguimos corriendo, y al girar la esquina lo siento, como apuñalan a Minhyun, como Aron se interpone para recibir el golpe, como el cuchillo le perfora, como cae.

00:52. Sintiendo que me falta el aire no puedo sino seguir corriendo, rezando por llegar a tiempo.

Alguien me empuja y me aparta de él. Jonghyun. Se abalanza sobre el cuerpo de mi chico y pone su mano desnuda sobre su herida.

No, eso sí que no. ¡¿Es que quiere desintegrarlo?! ¡¿SE HA VUELTO COPLETAMENTE LOCO?! La sangre, ha visto demasiada sangre y le ha pillado uno de sus ataques. Está loco, está descontrolado, y va a desintegrar a mi chico. NO, NO, NO, NO, NO, NO, ¡NO!

Ni siquiera sé en lo que pienso. No pienso. Hay sangre por todas partes. Brota de Aron y se expande, lo envuelve todo, lo absorbe todo.

Pero hay algo más allá de la sangre. Aron se muere.

Aparto a Minhyun, mis manos van directas a su herida, me empapo en sangre, mi vista se vuelve roja, pero lo ignoro.

Siento su carne en mis dedos, la carne que se ha abierto con la herida, pero que aún recuerda… Las partículas de su cuerpo aún tienen la fuerza para unirse. Como cuando reconstruía las pilas. Aun siento la unión entre ellas, aunque no lo haya destruido yo, si puedo reconstruirlo.

Recorro a esa parte prácticamente desconocida de mi poder, a la inversa de lo que siempre he hecho, y siento como su cuerpo se regenera y la herida se cierra.

00:55. Caigo al suelo, mareado. Los guardias que quedaban se han ido. La herida de Aron se ha cerrado sin dejar más rastro que la sangre, pero sigue inconsciente. Minhyun le sacude intentando despertarle, manchándole de rojo con sus manos ensangrentadas. Grita desesperado. Si no llora es porque aún no quiere creerlo. Yo tampoco.

– Tenemos que volver. – advierte Baekho – aquí no estamos seguros.

La voz le tiembla, todo él tiembla, Baekho, Minhyun, Aron, hasta las paredes parecen temblar. Todo se difumina y se vuelve rojo…

No, no te dejes llevar.

Trago saliva, cierro los ojos y respiro, y cuando vuelvo a abrirlos las paredes están estables, y yo cojo a Aron por un brazo y ayudo a Baekho a arrastrarle hasta la salita donde nos espera Ren.

00:56. Regresamos a la salita, con Rennie y los niños. Ren abre los ojos como platos cuando nos ve llegar. La niña rompe a llorar, y el chico retrocede, como asustado, pegándose a la pared.

Minhyun se deja caer junto a Aron. Sigue sacudiéndole, le llama. Le ruega que vuelva, le suplica que se quede con él. Llora y grita. Me acerco e intento calmarle, pero ni siquiera me escucha.

JR cierra y atranca la puerta, se deja caer contra ella y se acurruca en el suelo, cerrando los ojos para no ver la sangre, intentando respirar, tapándose la cara con las manos teñidas de rojo. Incluso el olor de la sangre es insoportable.

Ren me pregunta qué ha pasado. Gritando por la histeria y por su propio dolor. Intenta acercarse pero solo de moverse el rostro se le crispa de dolor, y ahora ya no puede retener las lágrimas.

La niña sigue llorando, berreando como un bebé. Es un bebé. Intento acercarme, calmarla, pero huye de mí, también voy cubierto de sangre.

El chico, en un rincón de la sala, se sostiene la cabeza entre las manos con fuerza, “¡dejad de gritar!” chilla a pleno pulmón una y otra vez.

Y Aron… Aron resta impasible, pálido y cubierto en rojo. Con los ojos cerrados. Me acerco a comprobarlo, aunque no quiero saberlo.

No tiene pulso.

No, no puedo creerlo, no quiero. No puede estar muerto. Instintivamente junto mis labios con los suyos para darte lo que temo que será nuestro último beso. No se mueve, no me lo corresponde. No puedo hacerme a la idea de esto. Siento que mi corazón va a detenerse.

Me separo de él. Ya no respira. Tomo su pulso y compruebo que ya no existe, su corazón se ha detenido. Hemos llegado tarde. No, no voy a creerme esto. No voy a aceptarlo tan fácilmente. Mientras yo pueda seguir respirando no voy a dejar de intentar que viva. Seguro que puedo hacer algo. Al fin y al cabo un setenta y cinco por ciento de nuestro cuerpo es agua, ¿no? Al menos debo intentarlo.

Cierro los ojos y me concentro en su cuerpo. En sentir el agua de sus células, y la que forma parte de su sangre. Y la muevo, con esfuerzo, a través de sus venas, arterias y capilares, hasta todos los rincones de su cuerpo. En un desesperado intento de que sus tejidos no mueran por falta de sangre. Luego muevo el aire, lo meto y lo saco de sus pulmones para permitir el intercambio de gases con la sangre. Pero sé que con eso no es suficiente. No voy a hacer que vuelva a latir su corazón. Necesito esforzarme más.

Alguien toca mi espalda.

– Minhyun, sé cómo te sientes, pero creo que deberíamos…

Aparto la mano de Baekho de mi espalda de un manotazo, lleno de rabia.

– ¡CÁLLATE! ¡No voy a dejarlo! ¡No mientras pueda hacer algo! ¡Si él muere yo muero con él!

– Minhyun, por favor… Él no ha dado su vida para que tú tires la tuya…

No… yo no quería que él diera su vida por mí… Una vez me dijo que sería capaz de hacerlo y yo le creí, no necesitaba que me lo demostrara. ¡Maldito imbécil! No voy a dejar que muera así… No va a morir, y menos por mí…

– Déjame intentarlo… sé que puedo hacer algo… por favor…

Baekho se aparta en silencio y mi atención vuelve a mi chico. Sigo moviendo su sangre y me concentro en su corazón. Debe volver a latir. ¿Cómo lo hago? Debo conseguirlo, sea como sea. Todas mis energías se concentran en ese órgano que me pertenece. No siento nada de lo que pasa a mí alrededor. Tan solo existimos él y yo. Tan solo mi voz desesperada gritando su nombre y mis poderes en su cuerpo.

Late. Vamos, late. Por favor. Late.

– ¡Aron! ¡Aron no te vayas! ¡No por favor! ¡No puedes dejarme! ¡Aron!

– Sangre… muerto… Sangre… todo rojo… todo oscuro…

– ¡¡¡Bueeeeeh!!! ¡¡¡bueeeeh!!!

– ¿¡Que ha pasado!? ¡¿QUE COÑO HA PASADO?! ¡JODER ME DUELE! ¡QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE QUE COJONES HA PASADO!

– ¡Dejad de gritar! ¡Callaos! ¡Dejad de gritar!…

Permanezco quieto, inmóvil e impotente en medio del caos. Y, aun por encima de todo el estruendo, oigo algo más.

Golpes en la puerta. Porrazos. Alguien al otro lado que quiere hacernos salir.

01.00. Hay guardias al otro lado.

De repente noto un pinchazo en mi cabeza. Me duele mucho, algo va mal. Mis poderes me abandonan y mi cuerpo no reacciona. Creo que los he utilizado demasiado. No estaba preparado para esto.

La sangre de Aron ya no se mueve, el aire que entraba en sus pulmones no me obedece. Y su cuerpo inmóvil, frío y pálido sigue inerte.

Las fuerzas me abandonan, los músculos ya no me aguantan y me desmorono sobre Aron; mi cabeza cae sobre su pecho desnudo, que ha quedado al descubierto al rasgarse sus ropas. Sobre su inerte corazón.

No puedo moverme, ya no puedo hacer nada. Mi cuerpo no me responde. Tengo los ojos abiertos pero no veo nada. Pronto voy a perder el conocimiento.

Lo siento, Aron, lo siento. He hecho lo que he podido. Creía que podría salvarte. Espero que puedas perdonarme. Te quiero…

Minhyun se inclina sobre Aron, besa su cuerpo, luchando aun por retenerle aquí. No quiere aceptarlo. No quiere creerlo.

Y de repente se derrumba, cae, desmayado, sobre su cuerpo sin vida.

Con una sonrisa en los labios.
FIN
Y hasta aquí Action, XD ¿Os ha gustado el final? ¿Chulo eh??? XDDD

No, es broma, la semana que viene publicamos el siguiente 😛

SHIROKO  KUROKO  AOIKO

Ninfomanía: Reminiscencias. Capítulo 1

ninfomania3-1

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

este es el primer capítulo de la tercera (y última) parte “reminiscencias” esto ya se acaba!!! (aunque creo que se nota…) 

y nada más, enjoy ^^

 

Me voy poniendo cada vez más nervioso mientras espero junto a la puerta. ¿Como no estarlo? Finalmente ha llegado el día, la gran prueba, y me siento como si esto fuera un examen muy importante. Tengo que hacerlo lo mejor posible.

Vuelvo a clases.

No al mismo instituto al que iba, me expulsaron, no puedo hacer nada contra eso, aunque me habría gustado demostrarles a mis compañeros que ahora soy mejor. También habría sido más difícil afrontarlo, está bien así.

Además, así le tengo a él a mi lado, cogiendo mi mano y dándome fuerzas con su mirada de chocolate.

– Puedo hacerlo. – ¿Se lo digo a Baekho? ¿o a mi?

– Puedes. – Asiente sonriendo.

Sonrío yo también, por el simple hecho de que me hace feliz verle sonreír.

– Gracias.

Estrecho su mano con fuerza, respiro y entro.

Me deja en la sala de profesores y al sonar el timbre ya estoy en la clase, frente a un grupo de 27 desconocidos y Baekho, mis nuevos compañeros.

No me siento a su lado, no a todas las horas si más no. No puedo depender tanto de él. Intento relacionarme con mis nuevos compañeros, ser lo más abierto posible, hablarles, mirar sus caras y no sus pantalones. Y me cuesta, se me hace realmente difícil. Siento que me odian, que sobro aquí, ellos son un grupo y yo un extraño en su pequeño ecosistema. Aun así, se me acercan un par de chicas a saludarme. Hablan por los codos, mucho y muy rápido, y se ofrecen unas 15 veces a enseñarme el instituto. Me repiten el doble de veces que soy muy mono, me cohiben.

También se me acerca un chico, con intenciones muy obvias, que estoy seguro que conozco de algo, aunque no consigo ubicar de que. Este se aleja cuando Baekho me pasa un brazo por los hombros y me besa frente a toda su, ahora nuestra, clase, reclamándome como suyo. Y entonces recuerdo de que conozco al chaval, me lié con él… el invierno pasado, en uno de los sofás de un pub de la zona nocturna. Ese día perdí los guantes. Mejor fingir que no me acuerdo de nada. Mejor pensar solo en los labios de Baekho sobre los míos, en su sabor a chocolate, en su lengua cálida…

Hasta que se separa y me doy cuenta de que sigo en clase. Que mal.

Sonrojado y sintiéndome acaparadoramente observado me dejo arrastrar por él a conocer a sus amigos, compañeros de su clase y de la de al lado, algunos que van al fútbol con él, otros que simplemente se juntan con él en el patio. Su gente.

Estoy entrando en su mundo.

 

Por la tarde estudio como loco para ponerme al día, y los siguientes días igual. Baekho y algunos de sus amigos me ayudan a repasar las lecciones, y yo me aplico realmente en serio. Sé que voy a repetir el curso igualmente ya que me he saltado casi cuatro meses de clase, pero todo lo que pueda recuperar bienvenido sea.

Es tedioso, obviamente, mi nueva vida consiste en ir del colegio a la biblioteca y de allí a casa, pero no es tan horrible como podría parecer. Baekho está casi siempre conmigo, y ahora que mi mente no está colapsada de porno a tiempo completo descubro otros placeres.

Leer, encontrar una buena novela que te enganche y te transporte a lugares lejanos y tiempos remotos. Aprender, darte cuenta de que tus conocimientos se amplían día tras día, que puedes aplicar las cosas que has estudiado, cuando resuelves un ejercicio y ves que el resultado esta bien, cuando te preguntan la lección y puedes responder sin inmutarte, los ojos iluminados de mis padres cuando les enseño las notas del último examen.

Descubro, poco a poco, que la vida tiene otros placeres.

 

El sábado salgo de compras con mi madre, a buscar algo de ropa para renovar mi fondo de armario, a pasar un rato con ella. Le hablo sobre Baekho, sobre mis nuevos compañeros, sobre las clases, sobre el instituto, sobre Baekho… Ella me habla sobre romances de infancia y adolescencia, sobre una compañera de carrera con quien fueron algo más que amigas, aunque fuera solo una excepción, sobre como conoció a mi padre, sobre mi mismo… En realidad hablamos sobre tantas cosas que es ya tarde por la noche y no quiero levantarme del sofá e irme a mi habitación, quiero que siga explicándome cosas sobre ella y sobre papá. Él me cuenta cosas también, y el domingo salimos los tres y vamos a la playa.

No recuerdo haber ido a la playa desde… como mínimo des que tenía siete años. Y enseguida recuerdo el porque. Gente en bañador… Mucha gente en bañador… Sol, calor, agua…

Pero tengo que aguantarlo, tengo que poder soportar esto, me estoy curando ¿no? un grupito de tíos en bañador no tienen porque alterarme en absoluto, el calor se debe únicamente al sol abrasador, no tiene relación alguna con el par de chicas con biquinis ligeritos que pasean por la orilla, y sin duda ese hombre de torso musculoso y bronceado que juega con su hijo preadolescente… No se si tengo más ganas de violar al padre o al hijo, esos bracitos delgados, ese cuerpo menudo, tan frágil que pareciera que podría romperse en cualquier momento… Y verle entre los brazos gruesos del adulto, que le sujeta y le levanta el en aire, que le revuelve el pelo y le lleva echado en el hombro hasta las toallas que tienen tiradas sobre la arena.

Y en mi mente le tira, y se tira él encima, le arranca la camiseta ligera y el bañador con un solo gesto de sus potentes brazos y le devora, poseyendo de forma bestial su cuerpecito menudo, sobre la arena ardiente y bajo el sol abrasador…

Dios, que calor hace…

Me meto en el agua para refrescarme, pero ni siquiera está fría, solo templada. No sirve para nada.

Un grupo de adolescentes poco mayores que yo juega con una pelota de plástico cerca de mi. Una chica va a por la bola y el chico a su lado la coge y tira de ella para impedirle llegar. La abraza por detrás levantándola en el aire, ella se gira y se besan, con lengua, y sus amigos silvan. La abraza con fuerza, con sus manos de dedos largos, y el cuerpo de ella se pega al suyo, apretando sus pechos contra su pectoral…

Meto la cabeza en el agua. No pienses en eso Ren, no pienses en nada…

Salgo del agua y regreso con mis padres, me cruzo con un chico de unos veinticinco, y esta vez no soy yo quien mira. Su mirada se clava en mi cuerpo, su sonrisa revela mucho más de lo que él cree. Y lo se porque reconozco esa expresión. Deseo. Siento que me desea, que sus ojos resiguen la piel pálida de mi cuerpo delgado, como está ansioso de mi cuerpo.

Observo a mi alrededor y me doy cuenta de que no es el único. La gente me mira, y adoro sentirme observado. Cambio ligeramente mi forma de andar, más suave, más ligera, más contorneada, más sensual. Me tumbo sobre mi toalla con mi más estudiado movimiento felino, estirando mi cuerpo a propósito para provocar a todo el que me esté mirando. Y atesoro la sensación de sentir la lujuria ajena, una lujuria que emana de mi.

Deseo, ansias, el anhelo, la lujuria. Saber que sienten esto por mi hincha mi orgullo, me provoca, remueve mi interior. Pero son extraños, y pronto me doy cuenta de que no es en sus caras que quiero ver esa expresión, no es en sus ojos que quiero ver el deseo.

Baekho… mi tigre… Como ansío sentirte… como deseo que me desees…

¿Porque no me deseas? ¿porque no me has tomado aun? ¿porque provoco más a un extraño que a ti? ¿es que no me quieres? ¿es que no quieres eso de mi? Porque yo si lo quiero, lo necesito. Necesito sentir tu cuerpo fuerte y tus anchos brazos a mi alrededor, tus labios en mi boca, tus manos sobre mi piel, tu cuerpo junto al mío. Necesito sentirte dentro de mi. ¿Es que tu no sientes lo mismo? ¿es que soy el único que lo desea? ¿es que nunca vas a “estar preparado”?

Necesito sentirte Baek… Necesito sentirte tanto que el calor se agolpa en mi cuerpo, mezcla de excitación y rabia. Porque no me deseas, porque yo solo te deseo a ti. Porque lo quiero todo contigo, y soy el único que lo siente.

Quiero que respondas mis caricias, quiero sentir que, cuando el deseo me abruma y me consume, tu te mueres también por mis huesos y mi cuerpo.

Quiero sentir que me amas, en todos los sentidos.

Porque lo sé, pero lo necesito sentir.

Y abrumado de sensaciones que no comprendo y que se mezclan creando un verdadero huracán en mi interior le pido a mamá de irnos ya. No aguanto ni un segundo más aquí, viendo reflejado en los rostros de otros lo que quiero sentir en ti.

Me encierro en mi habitación, frustrado, abatido e indignado con el mundo en general. Ardiendo.

Mis manos resiguen mi propio cuerpo, pero eso ya no me provoca satisfacción.. Nunca lo ha hecho. Quiero que seas tu quien me toque. Quiero que me abraces, que me beses, que me poseas, que me quieras igual que te quiero yo, que me desees como yo a ti.

Te quiero sentir.

Tumbado en mi cama me hecho la sabana por encima la cabeza, aunque el calor sea asfixiante. Necesito dejar de pensar.

Respiro hondo. Una vez, dos. Lleno de aire mis pulmones y me concentro solo en el movimiento de mis costillas, de el oxígeno por mi garganta. No pienso en nada más, como me enseñó Jang, y poco a poco me relajo.

Oigo golpecitos en la puerta y entra mamá, tendiéndome el teléfono.

– Minki, cielo, es para ti.

Es extraño que alguien me llame al fijo, pero ni me lo planteo, sigo concentrado en respirar mientras le tiendo la mano y cojo el auricular del inalámbrico.

– ¿Diga? – ella sonríe y se va, acariciando mi cabello primero.

– Hola Rennie – Baek… suspiro, y me dejo caer sobre la cama. – Me ha llamado tu madre, me ha dicho que habéis ido a la playa. ¿Como ha ido?

Baek… Solo de escucharle siento como me relajo. En parte odio ser tan dependiente, en parte agradezco que siempre esté allí cuando le necesito.

– Ha estado bien. Hacia mucho que ni íbamos. Pero hacia calor.

– ¿Demasiado?

– Demasiado. – Sé que sabe de que le hablo.

– ¿Estás bien ahora?

Dudo unos instantes. ¿Estoy bien? Si, supongo que si, porque ahora me doy cuenta de que todo era una estupidez.

– Creo que si… Baek, tu… ¿me deseas?

– ¿Eh? – responde nervioso, y aun al otro lado de la linea puedo imaginar como se sonroja y desvía la mirada incómodo. – A… ¿a que ha venido eso? – y no puedo evitar reírme. ¿Como he podido pensar que no? Él no es como yo. Es más inocente, es mas puro, el sexo es un tema totalmente ajeno a él. Pero me desea, a su manera y en un grado diferente al mío, porque lo mío es antinatural. Pero me desea. Lo se, y ahora lo veo claro. – Te… Si, claro que si, ya lo sabes. Fuiste tu el que querías esperar un año ¿eh? – Se ríe. si, fui yo.

– Cierto. Bueno, un mes y medio… – ¿aguantaré? Con lo que me pone su cuerpazo… – ¿Sabes? creo que ya lo he comprendido.

– ¿Eh?

– No voy a curarme nunca.

– Rennie… no vuelas con…

– No, escúchame. – le corto – Nunca voy a curarme. Nunca voy a dejar de pensar completamente en sexo, dejar de tener tentaciones. Eso no pasará. Siempre pensaré diferente, siempre seré diferente, pero porque todo el mundo es diferente. Tal vez mis “diferencias” son más marcadas, pero es como soy yo, y tengo que ser así. Ahora ya he cambiado mucho, lo que aun queda no va a irse nunca, ni tampoco quiero que lo haga, porque así es como soy yo. Ahora ya no es un problema. “Curarme” no significa dejar de sentir todo eso. Significa poderme controlar. Dejar de sentirme culpable cada vez que hago algo, reprimir mis impulsos, pensar antes de actuar. No exhibirme, no desatarme, no tener mas crisis. Controlarme, al fin y al cabo. ¿No te parece que es eso?

Espera al otro lado de la línea, le oigo respirar mientras piensa.

– Creo… Creo que tienes razón. – admite – si cambiases más dejarías de ser tu, y ahora mismo estás bien. Si aceptas que eres así… Eso podría ser estar curado.

– Si… Creo que si – suspiro – Entonces… – ¿entonces esto es todo? – Entonces creo, que estoy curado.

Curado. De verdad. Porque ¿que puede ser sino esto? Hoy he ido a la playa. Hacia mucho que no iba a la playa, y me he mantenido firme ante los cuerpos bañados por el sol, ante el agua, la arena y el calor. Pienso, está claro, mi mente hierve de actividad, pero mientras no salga de mi mente, mientras no me impida llevar una vida normal, mientras pueda controlarlo, esos pensamientos que me hacen diferente no me hacen peor. No soy peor persona por tener pensamientos obscenos, no soy un monstruo por desear el placer.

Suspiro.

Curado.

– Wow, cuesta de asumir. – Él se ríe.

– Te quiero Rennie – me dice apenas susurrando – Te dije que lo conseguirías. Me siento muy orgulloso de ti.

– Gracias. – yo también.

Me siento satisfecho conmigo mismo. Y es la primera vez que lo siento.

Curado.

 

 

No les parece hermoso? ❤ a mi si ❤ ❤ ❤ 

el siguiente pronto!!! (prometo… que li intentaré… ^^’) 

 

SHIROKO

Ninfomanía: La cura. Capítulo 7

ninfomania2-7

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

Siento haber tardado tanto, de verdad, pero me está costando escribir los últimos capítulos, ¿será porque ya siento que se acaba? 

Mil disculpas, solo les pido que tengan paciencia y que no dejen de leer, porfavor… prometo que lo terminaré lo más rápido posible (unque no sea mucho…) 

Capítulo 7

“rennie…”

“Rennie, por favor, cógeme el teléfono”

“vamos…”

“de verdad no me importa, te he perdonado”

“Rennie…”

“Rennie… te quiero…”

“vale, ya no sé qué te pasa” “¿por qué no me hablas?”

“¿qué es lo que he hecho? ¿es por algo que dije? ¿es por no haberme enfadado? ¿es por no haberte dejado???”

“¿querías que te gritara? ¿qué me enfadara? ¿qué te echase en cara lo que hiciste y no quisiera volver a verte? ¿quieres que nos separemos? ¿es eso? ¿es todo una excusa para que sea yo quien te deje?”

“de verdad no te entiendo… ¿qué es lo que quieres?”

“Rennie… porfavor… Te quiero…”

“porfavor, no quiero perderte…”

“dime lo que he hecho, dime que puedo hacer…”

“Rennie…”

Leo todos esos mensajes, pero no respondo a ninguno. No puedo hacerlo.

“¿qué puedo hacer?” Nada, no eres tú el problema, no eres tú el enfermo mental.

“¿qué es lo que quieres?” Algo imposible, algo que tú no puedes darme, ser normal…

“no quiero perderte…”

“te quiero…”

Y yo a ti…

Y solo lloro.

He vuelto a tomarme las pastillas. Ya no tiene sentido dejar de fingir que no estoy enfermo. Nunca me había parecido tan agradable la letargia de los antidepresivos. La sensación de no sentir nada. Me refugio en el embotamiento y la niebla para huir de la culpa.

“Ren, eres subnormal”

“La suerte que has tenido y lo echas todo a perder por idiota”

“Si yo tuviera un novio como el tuyo te aseguro que no me peleaba con él, me peleaba con su ropa”

Tampoco le respondo los mensajes a Mimi, no quiero hablar con nadie.

No salgo de casa, apenas si de la habitación. Moverme se me hace pesado. No tengo hambre, no tengo sed, incluso respirar me cuesta un esfuerzo. ¿Podría dejar de hacerlo?

– Minki, cielo…

Mamá no espera respuesta, solo me abraza. Es lo mejor.

Pero tampoco me hace sentir bien.

Me siento culpable, por ser como soy, por no ser capaz de curarme, porque soy incapaz de ser normal. Mamá me quiere, Baekho me quiere, y por ellos tengo que curarme, para poder merecer su cariño. Pero no soy capaz, solo soy una carga para ellos. Solo voy a hacerles sufrir…

Lloro, aun cuando las lágrimas ya se han secado sigo sintiendo el ahogo, la presión del llanto. Sigue doliendo la culpa. Y no soporto este dolor.

– ¿Hijo, no te has tomado ya las pastillas hoy?

Miento. Necesito los antidepresivos, no soporto este dolor.

Enseguida vuelve la letargia, el alivio. Nada de lo que sentía desaparece, pero queda oculto tras la niebla espesa. Ninguno de mis pensamientos se vuelve más agradable, simplemente se detienen.

Si con dos pastillas siento ese alivio, ¿cómo me sentiría con unas cuantas más?

¿Moriría si me las tomara todas?

¿Qué problema habría en eso?

Mamá ya no tendría que cargar conmigo. Ni Baekho. Les dolería, sobre todo al principio, a J y a Mimi también, les sorprendería más que nada. A Jang le sentaría mal, al final no ha conseguido salvarme. Pero se recuperarían, con el tiempo se darían cuenta de que solo soy una carga, estarían bien sin mí.

Podría morir…

Una mano coge las mías, las detiene cuando, llenas de pastillas blancas, se acercan a mi boca abierta, expectante.

– Cielo… no…

A Mamá se le rompe la voz, veo sus ojos llorosos cuando me mira, las manos le tiemblan.

– No…

Me obliga a tirar las pastillas, luego me coge y tira de mí hasta mi habitación, me tumba en mi cama y me abraza fuerte.

– Ni se te ocurra. No, no…

Llora. Lloro yo también. Sus lágrimas me empapan, sus dedos crispados me abrazan con fuerza, con demasiada fuerza.

Me duermo, me despierto, vuelvo a dormirme y vuelvo a despertar.

Veo a mamá y a papá, ambos me abrazan, ambos me hablan, pero les ignoro.

Ya no soy consciente de lo que pasa.

No tiene nada que ver con las pastillas. No siento porque no quiero sentir.

Pasan las horas. Minutos, días, segundos. No lo sé, no quiero saberlo.

La droga invade mi cuerpo y me envuelve en una niebla acogedora. Me refugio en esa niebla, en ese dulce estado de hibernación en el que no siento el dolor, en el que no puedo pensar en mi fracaso.

Jamás voy a curarme.

Intenté ser normal, relacionarme con las personas cuerdas, actuar como ellos, y fracasé

Soy un enfermo, un maldito enfermo, voy a serlo siempre.

Y por eso, no me importa nada más.

Lo primero que siento es el olor, el aroma ya tan conocido a chocolate, especies, hierba y caucho. Llega a mi cerebro y me obliga a despertar.

Él está aquí.

Baekho.

– Rennie…

Abro los ojos y los clavo en él, sentado en la silla del escritorio frente a mí.

– Al fin reaccionas.

Su tono no es suplicante, no es dulce y cálido. Es frío, es duro y distante, y el chocolate de sus ojos me parece más amargo que nunca.

– ¿Estás enfadado?

– Si – Es obvio que lo está.

Bajo la mirada, cohibido. ¿Qué puedo hacer contra eso?

– ¿Vas a dejarme?

– ¿Quieres que lo haga?

No. Nunca. Sin Baekho ya nada tendría sentido. Sin Baekho todo seria oscuro.

Ni que le mereciera, ni que tuviera derecho a pedirle que se quedara a mi lado…

“¿Quieres que te deje?”

Niego, con lágrimas en los ojos solo de imaginarlo.

– No…

– No te dejaré. – Me asegura. Pero su voz sigue siendo fría. – No estoy enfadado por lo que hiciste, ni siquiera me importa eso. – ¿No le importa?

– Entonces…

Aprieta los puños, tensa la mandíbula, furioso.

– Estoy enfadado porque llevas una semana si hablarme – se pone en pie. – No respondes mis mensajes, ni mis llamadas. La primera vez que vine tu madre me dijo que mejor no pasase porque te habías intentado suicidar, la segunda te pusiste a gritar histérico y me lanzaste cosas hasta que me fui. Ahora apenas reaccionas. ¿Qué es lo que tengo que hacer? Te dije que te ayudaría, ¿cómo voy a hacerlo si a la mínima te alejas de mi?

– Pero he fracasado…

– Yo no creo eso. ¿Fracasado? ¿En qué? ¿En curarte? Solo has tenido un bajón, estabas prácticamente bien.

– No me mientas, no voy a curarme nunca.

– ¡No te miento! – niego, no tiene razón, solo dice cosas sin sentido para intentar convencerme, pero yo se que se equivoca, me cree capaz de algo que esta fuera de mi alcance. – Realmente eres más terco…

– No soy terco, sé que no voy a curarme, sé que no soy capaz.

– ¡Ren, estabas curado!

– Yo también lo creía, pero fracasé, no voy a conseguirlo…

– ¿Y ya está? ¿Te rindes? ¿Solo porque lo has intentado una vez? Te creía más decidido, te creía un luchador…

– ¿Qué sentido tiene luchar cuando ya se ha perdido la batalla?

No responde, me mira sin apenas expresión, fijamente, hasta que baja la cabeza y suspira, resignado.

– Ah, realmente eres tan terco… – cuando me mira de nuevo su sonrisa vuelve a estar ahí, brillante, cálida, y de repente no comprendo que le veía de reconfortante en la niebla fría de mi soledad, no comprendo cómo he pasado tantos días sin su luz. – Está claro que no voy a ser yo quien te convenza.

Esa misma tarde me acompaña a ver a Jang.

Me siento frente a ella, con Baekho a mi lado, sosteniendo mi mano entre las suyas. Me mira, pero yo no me atrevo a mirarla a ella. Sé que la he decepcionado, le he fallado, ella también esperaba que yo me curase.

– ¿Que consideras que es estar “curado”?

Dudo antes de responder.

– No pensar en sexo…

– Todo el mundo piensa en eso.

– No tanto.

– ¿Piensas en eso tanto como hace unos meses?

¿Pienso en sexo? durante el tiempo que he estado deprimido no, antes… pensaba en Baekho, a veces, bastante a menudo, pero no mucho, no en todo momento, no constantemente.

No respondo.

– Cuanto hace de la última vez que te acostaste con alguien?

Ahora si que no dudo, esa me la sé.

– Una semana.

– No me refiero a Jay y Mimi, con ellos solo te liaste, tengo todas las versiones posibles de la historia. – ya, claro, nos visita a los tres… – Te pregunto cuando fue la última vez que saliste y “follaste” con alguien.

Eso tardo más en contarlo. Fue antes de conocer a Baekho, antes de violar a esa niña… ella fue la última, y antes que ella…

– Cuatro meses.

– ¿Cuanto tiempo pasabas antes entre un polvo y otro?

Una semana, dos, media hora…

¿Como he aguantado tanto tiempo?

No espera a que responda.

– ¿Que dosis de pastillas tomas ahora? tomabas, antes de que intentaras tragarte el bote entero.

– Una al día. Algunos días no me la tomaba.

– Y por lo que me han dicho no has violado a nadie.

La miro. ¿Intenta confundirme? ¿o tiene razón y si estaba curado? ¿de verdad lo cree ella?

– Si estuviese curado no me hubiera liado con Jay y Mimi. Hubiera comprendido que estaba mal antes de besarles.

– Porque no estás curado. – ¿Que? ¿no intentaba acaso decirme que si? – Es lento, te estás curando, pero aún no lo estás por completo. No me parece grave lo que hiciste. No reparaste en ello hasta tarde, si, cierto, pero admite que estas mejor, admite que estás casi curado, que te falta poco. – En eso… tal vez si tiene razón… pero… No se, quiero creerla, pero después de tanto tiempo enfermo en parte también tengo miedo de enfrentarme a la realidad, hasta ahora de algún modo he vivido en un mundo distinto, curarme significa “volver” a la realidad, y lo quiero pero… me asusta. Jang suspira – Ren, llevo mucho tiempo intentando llevarte por este camino. Al final lo has tomado, ¿y solo por que te has tropezado con una piedra desistes y retrocedes? Levántate y sigue, me apuesto a que ya puedes ver el final.

La miro, sin expresión alguna. ¿puedo verlo? ¿Me veo curado? Siendo un chico normal, asistiendo a clases y relacionándome con mis compañeros, un chico como tantos otros. ¿Me veo?

– Pues… – Baekho habla por primera vez, y ambos nos giramos a mirarle. – yo creo que si está curado. completamente. – Duda al hablar, se sonroja. – Porque… cuando viniste a mi casa… hubo un momento en que… Bueno, no se como explicarlo. Cuando empezaste a ponerte depresivo te besé para distraerte, y… bueno, yo… me habría acostado contigo en ese momento, no sé que me pasó, pero lo hubiera hecho, y sé que lo notaste, pero no reaccionaste, te fuiste… Me sorprendió mucho…

Me río, no puedo evitarlo, está completamente sonrojado, hablar de estos temas se le hace realmente difícil, y para mi que estoy tan acostumbrado a todo esto… Es demasiado tierno.

Me estiro y le beso, suave y rápido, ligero y fugaz, y de repente recuerdo los días que hace que no pruebo esos labios tan dulces. Me da un vuelco el corazón, y me abrazo a él con fuerza, enterrándome en su pecho.

– Gracias Dongho.

Paso unos instantes abrazado a él, que bien podrían ser segundos o horas, hasta que recuerdo que no estamos solos. Me quedaría entre sus brazos toda una vida, pero hago un esfuerzo para separarme y miro a Jang, que nos mira con ojos como platos. Se siente incómodo.

– No nos mires así…

Sacude la cabeza, reaccionando al fin, aunque sigue sorprendida.

– No sé si estar más impresionada por lo que acaba de contar o porque le has llamado Dongho…

¿Que? ¿Que importancia tiene eso?

– Si, a mi también me ha sorprendido. creo que nunca me ha llamado por mi nombre.

– Nunca lo hace, incluso a mi me llama por el apellido aunque le insistí que no lo hiciera.

– Con sus amigos igual, les pone motes.

– Y con sus padres, nunca le he oído llamarles por sus nombres.

¿Porque hablan como si no estuviera en frente?

– Hola, sigo aquí. – les llamo agitando mis manos. – no hace falta que me ignoréis.

Baek se ríe, y se acerca a besarme en la sien, apretándome contra su costado.

– Nos sorprende lo mucho que estás cambiando. – Me aclara ella – Tu también te das cuenta ¿no?

¿Me doy cuenta? Si,sé que he cambiado. Si miro atrás no me reconozco con el niño necesitado y desesperado que se arrastraba por los callejones de la zona nocturna, vestido de chica y saltando en pos de cualquiera que se acercara suficiente, exhibiéndome en intentos desesperados de alcanzar ese tan preciado anhelo, el placer.

No soy el mismo.

O si más no estoy en proceso de no serlo.

Asiento.

– ¿Que falta entonces? – ambos me miran, sin saber muy bien que les estoy preguntando – ¿que es lo que falta para poder considerarme “curado” por completo?

Jang sonríe, ve la determinación en mis ojos, me siento mucho más fuerte, me siento vivo.

– ¿Porque no decides tu mismo? Hagamos una lista de cosas que tienes que hacer para curarte ¿vale?

Asiento, convencido, y pienso un momento en que poner en esa lista.

– Quiero volver al colegio. – empiezo, ella escribe sonriéndome, Baekho aprieta su mano sobre mi hombro – Estudiaré y haré los exámenes para la universidad. Saldré una noche con los amigos de Aron, solo para estar con ellos y divertirme. Buscaré a Gwohee, hablaré con ella y le pediré disculpas.

– ¿Gwohee?

Baekho me mira sin comprender. No hay inflexión en mi voz cuando respondo.

– La chica a la que violé. Sé que no querrá verme, pero yo necesito pedirle perdón para poder dejar eso atrás. – Jang asiente, y sigue copiando.

– ¿Que más?

– Iré de compras con mamá, tengo que cambiar mi fondo de armario. Aprenderé a jugar a fútbol, y miraré partidos con papá, y con Baekho. Esperaré un año antes de volver a tener sexo con nadie.

– ¡¿Un año?! – me interrumpen los dos.

– Si, un año – asiento convencido. ¿Que pasa con eso?

– Ren, la gente normal no aguanta un año – me aclara ella – y menos teniendo pareja. Déjate de tonterías y disfruta de tu novio, que si no quien terminará mal será él.

Baek se remueve inquieto, se sonroja y busca con la mirada un sitio donde esconderse, yo ni me inmuto.

– Seis meses entonces.

– Solo si cuentas ya los meses que llevas de abstinencia.

Eso significa que me quedan dos meses…

– Vale.

Estoy pensando en mi siguiente condición cuando Baekho nos interrumpe, dirigiéndose a la psicóloga.

– ¿Como podéis…?

– Tranquilo, te acostumbras.

Parece abatido, vuelve a esconder la cabeza entre las manos. Pero no le presto atención, ya sé cual es el último punto.

– Conseguiré que Jay y Mimi se curen. – Ambos me miran, nadie hace ningún comentario, nadie se mueve, de algún modo el momento es solemne – Les ayudaré a curarse, igual que Baekho me ha ayudado a mi. Si yo puedo curarme, ¿porque ellos no?

Fin de la segunda parte “la cura”. 
El objetivo de Ren es curar a J y Mimi, curarse a él, por completo. ¿Lo conseguirá? ¿cumplirá todos sus propósitos? Todo eso pronto (espero) en la tercera (y última) parte “reminiscencias”. 

Intentaré no tardar mucho en publicar el siguiente… (juro que lo intento XD) 

SHIROKO

ACTION: Capítulo 25

action25

Categoria: Fanfic Yaoi

Personajes: Nu’est (grupo K-POP) RenMinhyunAronJR y Baekho

(Cada personaje narra en un color diferente.)

Capítulo vigésimo quinto

Baek me mira a los ojos como nunca había hecho, tiene una mirada lujuriosa que parece que pueda desnudarme. Y estamos solos.

– Sabes Rennie, viendo a ese par he tenido un par de ideas interesantes que me gustaría probar… pero claro, sin ti no serian la mitad de divertidas… ¿quieres jugar conmigo?

Mientras habla de una forma lenta y seductora sus manos bajan acariciando mi pecho, están calientes y toda mi piel parece arder a su paso. No respondo, no hace falta, solo le beso como no había hecho nunca, descargando todas las ganas acumuladas de estos días. Viéndole entrenar, sudar, sonreírme, besarme… Está jodidamente bueno y yo ya no puedo más.

– No puedo resistirme más Rennie… – susurra a mi oído mientras me aprieta contra su cuerpo. Noto todos y cada uno de sus músculos pegados a mi pecho y solo puedo enredar mis manos en su pelo, deseando que la ropa que se interpone entre nosotros desaparezca.

– Hazlo Baekho…mi tigre…

– Voy a hacerlo

¿Qué…? ¿Qué ha pasado con su voz? Esa no es la voz de mi chico…es más… Femenina. Es una voz que conozco. La zorra traidora.

– Hazlo, haz lo que yo no tengo valor de hacer.

¿Qué cojones hace JR aquí? ¿De qué está hablando?

– En serio, ¡voy a matarte!

¿QUE?

Abro los ojos de golpe y me doy cuenta de que: uno, Baekho duerme, eso era un sueño. Dos, Las voces no. Miro a mí alrededor y veo a JR despierto con esa apuntándole al cuello con un cuchillo. Espera… ¿QUE? MIERDA.

LO SABIA. LE VA A MATAR. ¿QUE HAGO?

¡Mi pistola! Tanteo a mí alrededor pero solo encuentro a Baekho. Le doy un codazo, le zarandeo y le aparto para seguir buscando mi arma. ¡¿Dónde está?! ¡Tengo que darme prisa! Mierda, mierda, ¡mierda!

–  ¿Es mejor así verdad?

¿Es mejor así EL QUE? Bueno, que siga hablando y la entretenga. ¿DONDE ESTÁ MI MALDITA PISTOLA?

Cinco minutitos más…

– Baek, Baek, Baekho, vamos, ¡¡que le va a matar!!!

Su voz baja pero insistente me obliga a despertarme mientras me golpea a codazos y patadas.

¿Matar? ¿Pero qué…? Abro los ojos, más intrigado que otra cosa. Y lo veo.

Lime, con un cuchillo, a punto de degollar a JR.

Oigo mi propio grito incluso antes de pensar que voy a gritar, el arma sale disparada hacia algún rincón incierto y segundos más tarde un fogonazo de luz empuja a Lime un par de metros atrás.

Un grito ensordecedor me saca del mundo de los sueños. Es la voz de Baekho. ¡¿Qué coño pasa ahora?!

Abro los ojos y al instante un enorme destello de luz me deslumbra. ¡Eso duele, joder! ¡Maldita sea!

Cierro los ojos y los cubro con mis manos, intento que desaparezca la sensación de quemado, ruedo por el suelo desorientado.

Y choco con algo. No, con alguien. Que se queja igual que yo. Que también se ha quemado los ojos con el destello. Que tampoco entiende nada.

– ¿Qué? ¿Qué pas…?

– ¡ZORRA! ¡SABIA QUE IBAS A MATARNOS! ¡PUTA! ¡TE MATARÉ!

Retengo a Ren antes de que salte hacia ella, le quito la pistola y le mantengo firme a mi lado, ni siquiera sé por qué. JR cierra los ojos y traga saliva, no estoy seguro de si está agradecido de que le hayamos salvado.

– ¡ESCORIA! ¡JAMÁS DEBIMOS CONFIAR EN TI! ¿Y LOS MONSTRUOS SOMOS NOSOTROS? ¡ASESINA!

Lime, aun aturdida, intenta ponerse en pie, Aron es más rápido y le salta encima, inmovilizándola contra el suelo. Levanta el puño y lo baja golpeándole la cara antes incluso de caer al suelo. Minhyun grita, una ráfaga de viento pasa zumbando a mis oídos y los gritos de Ren parecen, literalmente, relámpagos.

La van a matar.

Y se lo merece.

Suelto a Ren, que inmediatamente recupera su pistola.

– ¡PARAD!

No, no por favor, no… No quiero sumar más vidas en mi lista de deudas. Dejadla…

Todos me miran asombrados. ¿Porque la defiendo? ¿Porque yo? Yo que siento como me escuece el corte y como la sangre caliente empieza a degotar de la herida apenas superficial.

Sé que no quería hacerlo. Temblaba. Quería que la detuviéramos. No sé qué la habrá llevado a pensar que debía matarnos, pero no quería hacerlo.

– Por favor, soltadla.

Y por algún extraño motivo, todos me obedecen. Aron se retira, Minhyun y Baekho se relajan. Ren… bien, Ren no baja el arma, pero tampoco dispara.

Lime me mira a los ojos, con lágrimas.

– No podía…

– Lo sé.

Boquea y traga saliva mientras las lágrimas caen ya de sus ojos.

– Tenía que…

– Lo sé. Te comprendo, pero quiero vivir. Voy a permitirme ser un poco egoísta.

Le sonrío, y ella cierra los ojos.

La sien izquierda le sangra por el golpe de Aron, se deja caer al suelo, y con los ojos cerrados casi parece muerta.

Me acerco al botiquín y bajo la mirada atónita de mis compañeros aplico una capa abundante de crema cicatrizante sobre la herida. Minhyun enseguida reacciona y me echa una mano.

– ¿Nos quedan sedantes? – Pregunto.

– Tres.

– Pinchadle uno.

Lime abre los ojos y me mira fijamente. ¿Agradecida? ¿Suplicante? realmente no lo sé, tampoco dice nada.

Aron nos acerca la jeringuilla y Minhyun hunde la aguja en su brazo sin pensarlo dos veces.

– ¡¿Sedarla?! – grita Ren indignado – ¡Deberías cortarle la cabeza! ¡Y arrancarle el corazón! si es que tiene…

Pero no hace nada. Se indigna pero se queda donde está. Baekho intenta calmarle abrazándole.

– No me lo puedo creer… – Murmura Minhyun – confié en ella…

Acaricio por última vez el cabello turquesa de la chica y me pongo en pie.

– Recoged las cosas – les digo a los chicos – nos vamos.

Por fin hemos abandonado nuestro refugio, el lugar donde hemos podido sentirnos más o menos seguros durante estos pocos días. Con la intención de no volver nunca más. Deseando que todo salga bien y podamos respirar, por fin, el aire del exterior.

JR nos ha impedido matar a Lime, así que aún confundidos y por petición del loco, la hemos sedado, atado y amordazado de modo que no pueda seguirnos; cuando despierte no va a ser capaz ni de moverse.

Hemos cogido nuestras mochilas con prisa, llevamos una cada uno, llenas a rebosar, y nos hemos encaminado hacia los montacargas que según Baekho van a llevarnos a la zona de oficinas. Una vez hayamos subido se habrá acabado la tranquilidad. Puede que estos sean nuestros últimos momentos de paz.

No caminamos despacio pero tampoco con demasiadas ganas. Se respira un ambiente pesado. La traición de Lime nos ha puesto tristes, porque excepto Ren todos confiábamos en ella, hemos pasado tantas horas juntos que llegamos a considerarla más o menos una amiga. Y encontrárnosla intentando matar a JR ha sido un duro golpe, aún nos sentimos confundidos e incrédulos.

Baekho es el que va delante y nos guía. Utiliza su poder para orientarse en medio de estos enormes almacenes y camina ausente y en silencio. De hecho ninguno de nosotros habla. Excepto Ren, que camina justo detrás del guía y no se cansa de restregarnos una y otra vez que él tenía razón, que deberíamos haberle hecho caso, que sabía que no podíamos fiarnos de ella… y todo esto acompañado por una colección innumerable de tacos. Aunque reconozco que no le falta razón, así que nadie se atreve a contradecirle.

Su voz chillona me provoca dolor de cabeza.

– ¡Joder, es que os lo dije! Sabía que no tenía que dormir, que atacaría de noche pero claaaro, Ren es un paranoico y Lime es muuuy bueeena. Y CASI NOS MATA.

– Cállate de una vez, rubia.

Min, detrás suyo, es el único que intenta calmarlo, pero sus palabas agresivas sólo consiguen que Ren replique cada vez más.

JR va el último. Parece el más deprimido y no me extraña. Camina despacio, y yo me giro de vez en cuando a mirarle para asegurarme de que no le coge ningún ataque de locura de los suyos y que no se pierde en medio de la oscuridad. Le veo andar con la cabeza baja, a menudo se gira para mirar atrás, como buscando algo en medio de la oscuridad, sin conseguir ver nada en absoluto.

Al fin me acerco despacio a JR. Lleva una gasa muy apretada en el cuello para evitar que su propia sangre lo maree, pero aún así tiene muy mala cara.

– Ei, ¿te encuentras bien?

Levanta la cabeza para mirarme, perdido en sus propios pensamientos. Sólo asiente y vuelve a mirar al suelo.

Los gritos de Ren, las réplicas de Min, la ausencia de Baekho y el decaimiento de JR… el ambiente cada vez es más insoportable. Debo decir algo, a ver si consigo que Ren se calle y que esto mejore un poco. Así que hablo con voz fuerte para llamar la atención de todos.

– ¿Por qué creéis que Lime ha intentado matar a JR con un cuchillo? ¿No sería más fácil haber usado una pistola? Habría sido más rápido acribillarnos a balazos, habría podido matarnos a todos antes de darnos tiempo a reaccionar…

– Porque no quería hacerlo, quería que se lo impidiésemos – JR me responde convencido y sin vacilar.

– ¿¿¿AÚN LA DEFIENDES??? ¿LA MUY ZORRA INTENTA MATARTE Y TÚ LA DEFIENDES? NO, SI AHORA SERÁ UN ACCIDENTE QUE INTENTARA REBANARTE LA CABEZA…

JR no responde, sólo vuelve a bajar la cabeza. Esta vez es Baekho el que habla e intenta calmar a su chico. Por fin el radar ha vuelto de su ausencia.

– Ren, déjale. Ya lo está pasando mal…

– ¡Pero si…!

– En serio, déjalo. Nos disculpamos todos por no haberte hecho caso, pero realmente no lo esperábamos, comprende que nos ha sorprendido y… déjalo…

Ren parece que va a volver a replicar pero se contiene.

– Vaaaale – responde y al fin se calla con un suspiro, no muy convencido.

Minhyun se acerca a JR y le habla, lo suficientemente alto para que lo oigamos todos.

– Oye, no entiendo por qué la has dejado allí atada y sedada. ¿Qué pretendes con eso? Sabes que no bajarán a buscarla y no creo que la hayas abandonado para que se muera…

– Si conseguimos salir de aquí conseguiré decirle a alguien dónde está para que vengan a buscarla, si no… quedará aquí atrapada y morirá con nosotros…

JR habla de nuevo sin vacilar y su seguridad me escama. Aunque bien pensado, no me parece una mala idea. Lime nos ha traicionado, ha intentado que fracasáramos en nuestra fuga. Ahora, su destino está ligado al nuestro, y su vida depende de la nuestra.

Nadie dice nada más y seguimos andando en silencio a través de la oscuridad. Me acerco a Min y le cojo de la mano, él aprieta la mía con fuerza. Está asustado y tiembla un poco. Y no voy a negarlo, yo también lo estoy. Pase lo que pase hoy, soy muy feliz de haberlo conocido, de poder cogerlo de la mano, puede que por última vez. Pase lo que pase hoy, él es y será la persona más importante de mi vida, mi primer y único amor verdadero.

El aire se respira tenso y cargado. Realmente, por más que Ren repita que nos lo advirtió, por más que yo mismo sospechara que algo iba mal, ninguno se esperaba esto. Quieras o no, nos habíamos refugiado en nuestra burbuja de “todo está bien”, y el regreso ha sido brusco, y doloroso…

Y con este ambiente cargado llegamos a la nevera, el inmenso almacén de comida desde donde cogeremos los montacargas que llevan a las cocinas de los pisos superiores.

Antes que nada compruebo si está despejado, si habrá alguien esperándonos en el otro lado, no parece que sea así.

Esperamos unos segundos a que alguien diga nada, hasta que me doy cuenta de que todos me miran expectantes. JR solo mira al suelo, y supongo que en esta situación soy yo quien debe guiarles. Al fin y al cabo, soy el único que se a donde va…

– Muy bien – empiezo – ¿recordáis todos lo que tenéis que hacer? – ellos asienten – pues los relojes a las doce en punto.

Encontramos los relojes durante nuestras expediciones a almacenes. Cuatro de ellos aun funcionaban aunque no tenían pilas. Encontramos pilas, y ahora tenemos cuatro perfectos relojes a destiempo. Los ponemos todos a la vez de modo que podamos sincronizarnos. Minhyun y Aron comparten el suyo ya que no tienen intención de separarse. Los demás tampoco, pero en fin…

El siguiente punto, son los mapas. Reparto uno a cada uno y asisto, orgulloso, a sus expresiones perplejas.

– ¿Cuando has hecho esto?
Guao, están muy currados, le habrán llevado muchísimo tiempo. ¿Por qué no me habré dado cuenta que los hacía? ¿Cuándo…? Oh, no. No me digas que los hizo mientras…

– Wow, están geniales.

– Está súper torcido. – Aron, voy a romperte la cara…

Pero Minhyun se me adelanta dándole una colleja cariñosa. Has tenido suerte enano.

– Oye, te callas. ¿Qué has aportado tú al grupo? ¿Eh? como mínimo mi novio hace algo útil… – Gracias Rennie… Que tierno que es defendiéndome. Le sonrío, y él responde acercándose para besarme muy rápido en los labios.

– No, en serio, ¿cuando los has hecho? – Minhyun, ¿tanto importa?

– Pues… a ratos…

– Mientras follabais. – Gracias Ren…

Lo ha dicho. Mierda, voy a morir de la vergüenza.

Hice el primero mientras Ren dormía, cuando regresé con JR y Lime de nuestra expedición a buscar túneles, y luego he ido copiando los otros. Hubiera necesitado una regla, escuadra, cartabón y transportador de ángulos para que quedase bien, pero es una chapuza aceptable.

Ignoro el comentario de Ren y la vergüenza de Minhyun y sigo explicándoles señalando en mi mapa.

– Os he marcado la sala de controles, la habitación de los niños, los montacargas (osea, donde vamos a salir ahora) y las puertas. Y esta cruz es el punto de encuentro. ¿Todo claro?

Rennie y Minhyun siguen enfrascados en un encarnizado duelo de miradas, JR está perdido en su mundo interno de depresión y Aron solo me mira con superioridad.

– Mientras podamos orientarnos por esta especie de serpientes… En serio, estos pasillos no llevan a ninguna parte. ¿Qué clase de chapuza has hecho?

– No, es que… son así…

Si, aunque parezca mentira, los pasillos no llevan a ninguna parte. Hay salas sin puertas y pasillos en diagonal. Salas triangulares y plazoletas entre los pasillos. Paredes más gruesas las unas que las otras, lo mismo con los pasillos. Una chapuza, vaya. Premio para el arquitecto que diseñó este edificio…

– ¿En serio?

– Pues el que lo hizo debía estar borracho, por lo menos.

– Si, en jaulas era igual, ¿recordáis? – asienten. – Ya sé que no es fiel a la realidad al cien por cien – me disculpo – pero es que no tenía material para más. Creo que esto es bastante útil…

– Es perfecto cielo, no le hagas caso.

Vale… jeje

Mapas, relojes y mochilas. Ya lo tenemos todo preparado. Sólo nos queda subir.

Nos miramos unos a otros, dudosos y en silencio. En realidad nadie tiene ganas de dar el paso. Huir de esta tranquilidad para correr hacia la libertad… o hacia la muerte. La situación asusta.

Me arrimo con fuerza al brazo de Aron y trago saliva con dificultad.

Al fin Baekho, nuestro guía, rompe el silencio.

– ¿Recordáis todo lo que dijimos? – asentimos. – ¿Todos sabéis lo que tenéis que hacer? -volvemos a asentir. – ¿Sí? ¿Seguro?

– Lo hemos repetido un montón de veces, ¿es que crees que somos tontos?

Baekho fulmina a Aron con la mirada pero no le devuelve la provocación. Mi chico sólo le mira con aires de superioridad.

Suspiro. Vaya par, siempre igual…

– Pues arriba – añade el guía. Y al fin nos acercamos a los montacargas.

Sólo hay uno que funcione y en él caben dos personas, aunque un poco apretujados. Habrá que hacer turnos.

Primero suben Baekho y Ren, así el guía podrá detectar si se acerca algún peligro mientras están arriba. Ambos se meten en el montacargas, más arrimados de lo que sería necesario. No parece que les moleste en absoluto tener que estar tan pegados. Cómo los entiendo.

Las puertas se cierran despacio y los dos rubios empiezan a subir.

Pocos minutos después el cubículo vuelve estar vacío en frente de los tres que quedamos.

– Id vosotros primero, yo me quedaré aquí a vigilar, por si acaso.

Jonghyun y yo asentimos y ambos nos metemos en el montacargas. Me duele dejar a Aron solo, pero no hay más remedio. No estaré tranquilo hasta que vuelva a verle sano y salvo arriba.

Jonghyun tiene muy mala cara, lo está pasando fatal. Me da lástima.

Mientras la puerta se cierra me acerco a él y le susurro con voz calmada.

– ¿Estás bien, Jonghyun?

Él asiente tristemente sin levantar la mirada.

Las puertas se cierran y nos quedamos a oscuras.

Min y JR han entrado juntos en los montacargas. En ese espacio tan reducido. Están a oscuras y muy pegados. Lo que habría podido hacer yo con mi chico en una situación así…

Pero está con JR. Y Min le ha susurrado algo. Sé que no va a pasar nada entre ellos… ¿verdad?

Mi chico y JR juntos. Y he sido yo quien se lo he propuesto. Soy idiota.

Después de una salida del montacargas muy poco digna lo cerramos y oímos como baja a buscar a los siguientes. Esperamos abrazados en silencio, sin atrevernos a hacer ningún sonido innecesario ahora que estamos aquí arriba. Al cabo de unos minutos llegan JR y Minhyun que también esperan en silencio. JR simplemente sigue en su mundo, con la mirada fija en el suelo y Minhyun mira ansiosamente la puerta del montacargas esperando a su amorcito. Como si le fuera a pasar algo por estar 5 minutos solo, vale que somos gafes, pero no tanto…

Cuando por fin llega Aron, Minhyun salta a sus brazos sin apenas darle tiempo de salir y le come la boca. Otra vez. Aron se queda con cara de embobado y estoy seguro que ese brillo en sus ojos es totalmente lascivo. Empiezo a plantearme si no me gustaban más peleados, que no se sobaban tanto.

Nadie tiene ganas de salir allí fuera, nadie dice nada, esperando a que alguien de la orden en medio de esa enorme sala-comedor vacía. Es un lugar inquietante, blanco industrial como todo lo demás y lleno de mesas y bancos, a oscuras da bastante mal rollo…

– Bueno, va, ya estamos todos así que… ¡vamos a patearles el culo a esos guardias! – la mayoría salen de su ensoñación al oírme menos JR que se limita a asentir con la cabeza, este chico empieza a preocuparme seriamente…

– Sí, vamos, por aquí.

Mi chico nos guía por la sala hasta las puertas de salida a los pasillos, al terreno enemigo. Estamos a punto de entrar otra vez en el terreno de batalla pero esta vez estamos más preparados, hemos entrenado, tenemos mapas. No podrán con nosotros.  

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Y vuelven a la carga! ¿lo conseguirán? ¿cuanto tardarán en encontrarles? ¿En que consiste su plan? todo eso y más en el capítulo siguiente!!! ^^

Puesto que ahora nos vamos de vacaciones no podemos prometer publicar cada capítulo en su día, pero no nos tardaremos! (no mucho) esperad por nosotras!

SHIROKO KUROKO AOIKO