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Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : IV “Deseos frustrados”

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: LeoBin (Leo/Taekwoon x Hongbin, VIXX)

 

Taekwoon apuntaba algo de la pantalla del ordenador en su libreta con absoluta concentración, envuelto con una manta bien gruesa y ajeno al mundo. Llevaba un par de horas navegando por internet investigando los mejores restaurantes de la ciudad, webs de planes para fin de año, eventos, blogs de sugerencias… Quedaban dos semanas  para Nochevieja y quería que fuera perfecto. No solo era la primera Nochevieja que pasaría sin la familia sino que la pasaría a solas con su novio y además celebrando su primer aniversario juntos.

A veces todavía le costaba creerse que alguien tan brillante como Hongbin hubiese llegado a enamorarse de él, sobretodo al principio tendía a despertarse pensando que no era más que un sueño. Así que tenía que esforzarse para que ese día fuera mágico, para no decepcionarle, porque en el fondo a veces tenía miedo de que algún día Hongbin simplemente se cansaría de él y no podía soportar la idea.

Volvió a concentrarse en su búsqueda, tanto que apenas se dio cuenta cuando Sangmin entró en la habitación, cotilleando por encima de su espalda.

– Oooh, “Los 10 restaurantes más románticos de Seoul” qué bonito.

Taekwoon levantó la cabeza de golpe, poniéndose de pie y girándose para tapar la pantalla.

– ¡¡Noona!!

– No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, nadie sabrá que eres el novio más atento y dedicado del mundo.

Su hermano apartó la mirada intentando disimular su vergüenza y su sonrojo, carraspeó intentando sonar serio y duro, aunque sabía que sus hermanas le conocían demasiado bien, no podía evitarlo.

– ¿Qué quieres?

– ¿Quieres ayuda? – Él se la quedó mirando con cara de incomprensión. – Con tu cita, que si quieres que te aconseje.

Iba a rechazarla pero se lo pensó mejor, realmente estaba un poco perdido con tantos restaurantes y blogs y…bueno, era Sangmin. Asintió y durante la siguiente hora y media agradeció a todos los dioses existentes en el mundo la experiencia en citas de su hermana y su sentido común que iban a salvarle la vida y la salud mental.

Justo dos semanas después Taekwoon esperaba en la calle, muerto de frío por más capas de ropa que llevara. Estaba tan nervioso que había llegado 40 minutos antes y ahora se iba a morir de frio, qué triste final.

Por suerte Hongbin llegó 10 minutos después ya que estaba tan nervioso como él y también llegaba temprano, aunque casi no reconoció a su novio debajo de la bufanda que le tapaba media cara y el gorro, la otra media.

– ¡Taekwoon-ah! – grito al reconocerle, acercándose corriendo – ¿que haces aquí tan temprano? ¿llevas mucho tiempo esperando?

Este negó con la cabeza, destapándose un poco para poder hablar.

– He llegado hace poco, tenía miedo de llegar tarde y he calculado mal…

Hongbin rio entendiendo totalmente a lo que se refería, pues si no fuera porque se había olvidado de sacar dinero y había tenido que volver atrás probablemente habría llegado incluso antes que él.

– ¿Nervioso?

Taekwoon asintió levemente, Hongbin le cogió de la mano y le dio un beso rápido en la mejilla.

– Yo también – dijo mostrando sus hoyuelos en todo su esplendor – ¡tanto secretismo me está matando de la curiosidad!

Los ojos le brillaban de emoción, con las mejillas rojas del frío y el otro no pudo evitar la tentación de sonreír y apretarle un poco más fuerte la mano. Le hubiera besado pero estaban en medio de la calle y había mucha gente, luego, luego tendrían tiempo para estar solos.

Como iban con tiempo de sobras fueron andando tranquilamente, de la mano, observando las calles iluminadas y los escaparates, las parejas y familias paseando por las calles.

Aunque Taekwoon a quien miraba sobre todo era a su novio, estaba tan guapo sonriendo.. hasta la nariz roja por el frío le parecía adorable.

– Won-ah, si me miras tan fijamente me voy a sonrojar y tu vas a chocar con alguien tarde o temprano.

No se había dado cuenta que se había quedado mirándole fijamente y enseguida se giró hacia el frente, avergonzado de que le hubiera pillado. Hongbin solo rió levemente y le dio un apretón cariñoso.

Cuando finalmente llegaron al restaurante era 10 minutos antes de la hora de la reserva y habían recuperado un poco de calor al andar. Hongbin miraba fijamente el restaurante, asombrado.

– ¿P-pero este restaurante no es muy caro?

Taekwoon se encogió de hombros.

– Es nuestro aniversario, esta justificado. Además invito yo.

– ¿eh? Pero..

– Nada de peros.

Le estiró hacia dentro de un tirón y se acercó al encargado. El chico se puso en modo servicial al verles entrar.

– Buenas noches, ¿tienen reserva?

– Si, para dos, a nombre de Jung Taekwoon.

– Enseguida.

Abrió un grueso tomo y se puso a revisar los nombres apuntados con una sonrisa pero pasaban los segundos y no parecía dar señales de encontrar su nombre y Taekwoon se impacientaba. Finalmente el chico levantó la mirada del libro.

– ¿Esta seguro? No me consta en el registro.

Taekwoon palideció.

– Estoy muy seguro, llamé hace tres días.

– ¿Recuerda quien le atendió?

– Hmm si, diría que  Lee Changsun.

El chico llamó a un muchacho que volvía con una bandeja vacía.

– ¡Changsun! ¡Ven aquí!

– ¿Que quieres?

– Este señor dice que habló contigo para reservar una mesa para hoy hace tres días pero no aparece en el registro.

El chico puso cara de sorpresa pero al ver la mirada de Taekwoon que cada vez estaba más tenso, se quedó lívido.

– No puede ser…

Dejó la bandeja para revisar él mismo el libro, con cara de estar cada vez más nervioso, hasta que finalmente habló.

– Oh…

– ¿Qué pasa?

– Esta apuntado pero…para mañana…creo que…me equivoqué de hoja.

El encargado palideció, iba a hablar para disculparse cuando un casi rugido le interrumpió.

– ¿Qué? ¿Tú te has equivocado así que nosotros no tenemos mesa? – Taekwoon hablaba con una voz, grave, baja, un susurro grave pero amenazador y una mirada que prometía un dolor terrible. – ¡Se puede saber que te has creído incompetente de mierda!

Hongbin le cogió justo a tiempo para evitar que el joven recibiera un puñetazo en la cara, abrazando a su novio por la espalda de forma que no pudiera mover los brazos.

– Taekwonnie, cálmate, no pasa nada, buscaremos otro lugar.

Él no respondió, no hizo ademán de retroceder pero tampoco de intentar deshacerse de su abrazo para matar al tal Changsun a puñetazos que para ser él, era todo un logro.

– Lo siento mucho, les daría otra mesa pero esta noche del año es imposible…

– No se preocupe, un error lo tiene cualquiera – respondió Hongbin conciliador mientras empujaba a su novio hacia la puerta. No le importaba mucho comer en una parte o otra, le importaba el gesto de su novio de haber reservado, aunque con poco éxito, en un lugar tan caro y romántico y le importaba evitar montar un escándalos y una denuncia por asalto.

Taekwoon se dejó empujar, furioso hasta llegar a fuera. Pararon a unos metros en unos bancos al lado de un enorme árbol de Navidad. Seguía ajeno a su alrededor, enfadado consigo mismo y despotricando internamente contra el inútil del restaurante.

“Nos han jodido la noche, vaya mierda, ¿y ahora qué? Podríamos ir al italiano que está aquí al lado pero también estará petado de gente… Soy un desastre, tendría que haber llamado para confirmar. Es mi culpa, debería…”

– Eh.. – un tirón en la chaqueta le sacó finalmente de su ensimismamiento. – Taekwoon-ah, no pasa nada, ya encontraremos otro sitio.

– Están todos llenos – respondió con un tono lúgubre.

– Algo encontraremos, no tiene que ser un súper restaurante de lujo. Es más, prefiero que no te gastes tanto dinero en mi, ¡me sentiría culpable durante semanas!

Él respondió con un gruñido y un encogimiento de hombros, mirando al suelo, así que Hongbin optó por cambiar de estrategia.

– Oye, mírame – le dijo levantándole la barbilla para buscar su mirada – me da igual donde comamos, como si es en el McDonald’s mientras sea contigo, ¿de acuerdo?

Esta vez se quedó callado unos segundos hasta que un sonrojo empezó a extenderse por toda su cara. Si había algo a lo que era débil era a las miradas de adoración absoluta y cariño que le ponía Hongbin cuando quería hacerle pasar el enfado. Y lo lograba. No sabia cómo ni por qué pero todo el mal humor y la inseguridad de estropear la noche habían desaparecido en un segundo.

–  Lo tomaré como un sí – afirmó Hongbin con una sonrisa después de evitar que escondiera la cara entre las manos por vergüenza. Le dio un beso rápido en los labios y le cogió de la mano para arrastrarle hacia la calle comercial – ¿McDonald’s o Burger King?

Él solo sonrió y se dejó llevar, convencido de que aunque hubiera empezado mal esa noche iba a ser la mejor del mundo.

Llegaron al KFC cuarenta y cinco minutos después, ya que en el McDonald’s había demasiada cola y el Burger King estaba cerrado por obras, pero sonrientes y con la cara roja pues entre risas y besos robados habían terminado haciendo una carrera por ver quién llegaba antes.

Ganó Hongbin simulando haberse tropezado, de forma que cuando Leo retrocedió corriendo para ver si se había hecho daño este le empujó sobre un enorme montón de nieve y salió corriendo. A Taekwoon le duró el enfado por haber perdido el tiempo que tardó en ver a Hongbin sonriendo con nieve en el pelo y las mejillas rojas.

Pidieron un menú “2gether”, un par de bebidas y helados de chocolate y salieron rápidamente debido a la insistencia de Taekwoon.

– ¿No podemos comer aquí?

– Mejor no, se esta haciendo tarde y estamos un poco lejos de… nuestro próximo destino, no quiero llegar tarde.

– ¿No vas a decirme dónde vamos?

– No, y no pongas esa cara, es una sorpresa.

Hongbin dejó de hacerle ojitos y le sacó la lengua pero finalmente le siguió fuera del establecimiento.

¿No puedes ni darme una pista?

Taekwoon negó con la cabeza.

– Porfa… – insistió tirándole de la manga.

– Cuidado, se te van a caer los helados, ¿quieres que los lleve yo?

– ¡No cambies de tema! Por lo menos dime si vamos a tener que coger el metro

Se lo pensó unos segundos y después asintió. Hongbin le pasó los helados para comprobar si tenia tarjeta de metro o tendría que comprarla y entonces paró en seco.

– Oh no…

– ¿Qué pasa? -preguntó alarmado

– Me he dejado la cartera en el restaurante…la he dejado un momento en la encimera para coger las cosas y…creo que no la he cogido

Se lo quedó mirando fijamente unos segundos, reprimiendo las ganas de gritarle, pues no quería hacerle sentir mal y sabía que tampoco había sido culpa suya. Si no le hubiese metido prisa para irse…. Suspiró, pasándose la mano por el pelo con frustración.

Hongbin le miraba expectante y preocupado, insultándose mentalmente.

– Taekwoon-ah…da igual, tampoco llevaba mucho y si volvemos atrás llegaremos tarde…

En verdad llevaba la paga de los dos últimos meses trabajando en la cafetería y todos los documentos, la tarjeta trimestral de tren… y una foto de su primera cita. Pero en ese momento prefería perder todo eso antes que chafarle el plan que hubiese preparado después del chasco del restaurante.

– No, da igual, vamos – respondió finalmente, cogiéndole de la mano para volver corriendo por donde habían venido.

Llegaron en apenas 10 minutos, también con las mejillas rojas de correr pero serios, calculando mentalmente el tiempo. Taekwoon ya sabía que no iban a llegar a tiempo; el concierto empezaba en media hora y si tenían suerte llegarían en 45 minutos, lo más probable era que no encontrasen sitio.

Por suerte la cajera les reconoció y les dio la cartera enseguida, en apenas un minuto volvían a estar en la calle.

Llegaron al metro que el tren entraba en la estación, lleno de jóvenes que iban de botellón o a otros conciertos.

Cuando bajaron en la estación pasaban 15 minutos del inicio del concierto, cruzaron la multitud de gente que andaba con parsimonia por las calles y llegaron finalmente al estadio descubierto. Se oía la música y los gritos de los fans y los focos iluminaban el parque. Taekwoon le arrastró hasta la entrada, cruzando los dedos para que por favor les dejasen pasar.

– Lo siento chicos, el aforo está completo

– Por favor – suplicó todavía recuperando el aliento – podemos estar de pie…

– No, lo siento, el aforo limitado es por un tema de seguridad, no hay excepciones.

– … Está bien, gracias…

Se alejaron de allí en silencio, todavía cogidos de las manos y con la comida ya medio fría. Todo a su alrededor, los árboles estaban cubiertos de carteles que anunciaban el concierto “Concierto de Fin Año! Para todos los públicos. Gratis. Park Hyo Shin, Brian Joo, Girl’s Day, Jung JunYoung… ¡y muchos más!”

Taekwoon con la mirada fija en el suelo, despotricando internamente contra el conductor del metro por demasiado lento, contra la dependienta por no haber visto la cartera enseguida, contra el frío, contra la chica encargada de las entradas, contra el karma y básicamente contra el universo entero.

– Lo siento… – dijo Hongbin al fin, deteniéndose y obligando a su novio a levantar la mirada – con lo mucho que te lo habías currado y la ilusión que te hacía… si no me hubiese dejado la cartera…

– Eh – le paró él, levantando su cara para mirarle a los ojos y haciendo un esfuerzo para apartar los pensamientos asesinos de su mente – no es tu culpa ¿vale? No pasa nada, tampoco me hacía tanta ilusión, era por ti, porque sabía que actuaba Park Hyoshin y que te haría ilusión.

Él sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.

– Park Hyoshin da igual hoy, solo quería pasar tiempo contigo…

Taekwoon no pudo evitar sonreírle, asombrado de que Hongbin pudiera ser tan dulce, tan precioso y quererle solo a él.

– Entonces estamos de acuerdo, ¿que te parece si vamos a comernos ese pollo frio tan exquisito delante del rio Han?

– Oh, suena genial – Hongbin sonreía totalmente ya, sin lágrimas asomando en sus ojos, y se le agarró al brazo buscando calor mientras le daba un beso en la comisura de los labios, tentándole. Era dulce y encantador, pero también sabía perfectamente como jugar con él, sabiendo que él nunca le besaría en los labios en público pero que de esta forma tendría muchas, muchas ganas de hacerlo. Frunció el ceño para demostrarle que sabia perfectamente a que estaba jugando pero su novio solo le respondió con otra de sus sonrisas brillantes mientras empezaba a andar hacia el río Han.

Por suerte estaba cerca y apenas 10 minutos después habían podido instalarse en un banco con vistas al rio, abriendo los paquetes de pollo y comprobando los desperfectos.

– Este esta un poco chafado pero entero y este otro… bueno, ha pedido un par de trozos por dentro de la bolsa pero no es grave. ¿Y los helados?

– Están bien.

– Genial, una súper cena con vistas al rio, ¿qué más quieres?

Taekwoon sacudió la cabeza, divertido y en el fondo profundamente agradecido de que le hubiese sacado de su modo auto-destructivo y que no le culpase del desastre que estaba siendo la noche. Tenía razón, por supuesto, lo importante era estar juntos pero Hongbin merecía mucho más y le hubiese gustado poder dárselo.  “Por lo menos todavía queda una última sorpresa…”

– Taekwoonie, di “aaah” – le miraba con expectación con un trozo de pollo en la mano.

– Binnie… – respondió con tono de advertencia.

– Porfa…

– Lee Hongbin, para de usar esa cara de cordero degollado conmigo, no va a funcionar.

Hongbin puso una media sonrisa maléfica.

– Hyung… por favor…

A Taekwoon se le secó la garganta de golpe. Era casi un ronroneo. Era el tono que usaba Hongbin en privado, cuando quería conseguir algo en la cama, el único momento en que le llamaba hyung.

Abrió la boca para replicar, para advertirle de que eso era jugar sucio, con una mirada que hubiese intimidado a cualquiera; pero Hongbin solo aprovechó para meterle el trozo de pollo en la boca, con una sonrisa satisfecha.

“Eres maligno, Lee Hongbin” decía su mirada.

“Lo sé, y sabes que te gusta” respondía su sonrisa.

Ya casi habían terminado de comer después de muchas bromas, sonrisas y manchas de salsa por todas partes cuando el ruido de una pequeña explosión les sobresaltó. Levantaron la cabeza al cielo nocturno de Seoul y vieron cientos de fuegos artificiales decorando la noche.

– ¡Oooh! – Hongbin se levantó corriendo hasta la barandilla del rio, observando el cielo con la boca muy abierta y los ojos brillantes – que bonito…

En seguida notó unos brazos conocidos abrazándole por detrás, apoyando su barbilla en su hombro, protegiéndole del frio.

– Es precioso Taekwoon-ah… ¿Sabes? Prefiero mil veces estar aquí, viendo los fuegos artificiales abrazado contigo y comiendo pollo que no en un concierto o en un restaurante pijo donde hay más plato que comida.

– Te quiero, Hongbin-ah – respondió solamente, enterrando su nariz en su pelo, abrazándole más fuerte.

– Yo también Taekwoon-ah, te quiero.

Taekwoon vio como Hongbin cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en él, dejando sus labios muy cerca de los suyos, respirando profundamente, rápido, expectante.

No hizo intento de besarle pues aunque le frustrase respetaba que no quisiera besarse en público, sabia que era más difícil para él de afrontar al mundo en esos temas. Así que no se lo esperaba para nada cuando notó sus labios en los suyos, primero suavemente, incierto, pero más seguro cuando notó los labios de Hongbin correspondiéndole con ganas.

Le giró para poder acceder mejor, arrinconándole contra la barandilla del rio Han, disfrutando del beso y olvidándose por una vez de lo que podía pensar la gente que les viese, aislados del mundo exterior que quedaba ensordecido por los fuegos artificiales que retumbaban todavía en el cielo.

Solo cuando notó las manos de Hongbin aferrándose con fuerza a su espalda mientras pegaba su cuerpo al de él y al darse cuenta que sus propias manos habían descendido hasta agarrarle el culo con fuerza se separó.

Hongbin hizo un pequeño ruidito de frustración, con un puchero infantil en su cara.

– Vamos, queda tu última sorpresa – le dijo antes de que pudiera dejarse convencer de alguna indecencia mayor.

– Hmm esta bien – aceptó después de pensárselo unos segundos – pero prométeme una cosa.

– Lo que quieras.

– Que si por lo que sea tampoco sale bien no vas a enfadarte ni ponerte en modo homicida.

– Si tampoco sale bien será la última vez que planee algo con dos semanas de antelación…

Hongbin rió suavemente, sacudiendo la cabeza con frustración pero divertido de las salidas de su novio.

– Esta bien, aunque dudo que seamos tan gafes, es por si acaso.

– Con la noche que llevamos… con un poco de suerte habrá un incendio o un ataque terrorista o algo así.

Esta vez si que rió con ganas.

– Vamos, vamos, gran gruñón.

Cuando Hongbin, un rato después, vio que se detenían delante de las puertas del Hotel Astoria se quedó boquiabierto, mirando al hotel y a su novio sucesivamente, planteándose si matarle por hacer una cosa tan cara o comérselo a besos por haberle traído a un hotel donde podrían tener mucha más intimidad y tranquilidad que en casa de cualquiera de los dos.

Al ver que no parecía tener demasiadas ganas de moverse del sitio donde se había quedado clavado Taekwoon le arrastró hacia la entrada del hotel, orgulloso de ver la mirada que se le había quedado.

Cruzaron el recibidor exquisitamente decorado con Hongbin todavía deslumbrado, mirando a todas partes, a los empleados con sus uniformes y las luces y decoraciones doradas que cubrían las paredes, dejándose arrastrar por su novio sin mirar donde iba hasta que llegaron al mostrador, a esperar para ser atendidos detrás de una pareja que parecían vestidos para ir a la Ópera.

– ¿En serio has reservado una habitación aquí? – dijo finalmente apartando la mirada de las paredes para mirar a su novio. Él asintió con una pequeña sonrisa.- Eres increíble, no quiero saber cuanto cuesta pero… una noche de hotel… – le miraba con una mezcla de adoración y deseo. Se mordió el labio, muriéndose de ganas de comérselo allí mismo pero se retuvo, optando por simplemente aferrarse a su brazo y susurrarle al oído – pienso recompensártelo con creces.

Taekwoon intentó disimular el sonrojo que empezaba a expandirse por su cara, maldiciéndole por decirle esa clase de cosas en público donde no podía actuar consecuentemente e intentando no pensar en toda la clase de cosas que sugería esa recompensa cuando de repente se dio cuenta de la cara con la que los miraban los trabajadores del hotel, especialmente la recepcionista.

“Mierda.”

Se recompuso y apartó un poco a Hongbin que seguía aferrado a él y avanzó hacia el mostrador, pues ya habían terminado de atender a la pareja anterior.

– Buenas noches, ¿que desean?

La chica les atendió con una mirada que escondía disgusto detrás de esa sonrisa servicial para atender a clientes.

– Tenemos una habitación doble a nombre de Jung Taekwoon.

– Lo siento, no hay habitaciones – respondió sin tan solo comprobar el nombre en la pantalla.

– ¿Q-qué?

– Ya se sabe, esta época del año…

Era una mentira, una mentira muy gorda, y Taekwoon lo sabía. Había temido algún problema o malas miradas por ser dos chicos en una habitación doble pero nada hasta ese nivel. Durante unos largos segundos de silencio incómodo se planteó denunciarles, amenazarles… pero sabía que no serviría de nada. Aún así no tenía intención de irse sin más, de aceptar la derrota, de dejar que provocaran que Hongbin dejara de sonreír con esa mirada de adoración sin luchar.

– Querrá decir que no quieren parejas como nosotros en el Hotel

La recepcionista se quedó desconcertada por unos momentos, sorprendida de que se hubiera atrevido a ponerlo en palabras.

– No, bueno…

– No hace falta que lo niegue, y no se preocupe, ya nos vamos, tampoco tengo ningunas ganas de quedarme ni un minuto más en un hotel lleno de ¡¡gentuza homofóbica!! – respondió con mala leche, subiendo de tono hasta casi terminar gritando. – eso si – añadió antes de darse la vuelta para irse de allí – espero que por lo menos me devuelvan el dinero o les meteré una denuncia.

Y salió de allí a grandes zancadas, arrastrando a Hongbin detrás suyo y mandando miradas asesinas a cualquiera que se cruzase por su camino.

Siguieron andando un buen trozo en silencio y a grandes zancadas, Taekwoon dejando que la ira se fuese apoderando de él hasta que llegaron a una plaza, a esas horas ya prácticamente vacía.

– ¡Joder! – gritó finalmente soltándole la mano a Hongbin y descargando toda su frustración en un puñetazo a la pared más cercana.

– ¡Taekwoon! – Hongbin corrió a cogerle las manos para evitar que hiciese alguna otra estupidez, mirando su mano por todos los lados para asegurarse de que no se había hecho demasiado daño. – ¿Es que no hemos sido suficientemente gafes ya como para que ahora te rompas una mano?

Él solo apartó la mirada, todavía furioso, pero sin apartar la mano herida de las cálidas manos de Hongbin. Le dolía pero sabia que no estaba rota y necesitaba desahogar su frustración en algo que no fuese Hongbin.

– Lo siento, ha sido culpa mía – continuó este con un tono mucho más apagado – tanto el llegar tarde al concierto como esto, si me hubiese comportado más fríamente probablemente no nos habrían echado…

Taekwoon seguía sin decir nada, no quería darle la razón ni hacerle sentir mal pero estaba demasiado enfadado y no confiaba en su capacidad de tragarse todo ese mal humor y no decir ninguna estupidez. Pero el silencio era otra forma de darle la razón.

– No, no es tu culpa…

Pero no sonaba muy convincente.

– Si, ¡si que lo es! Soy estúpido…

– No, no digas eso – levantó la mirada de golpe, pues si algo no iba a permitir era a la joya que tenia por novio llamándose estúpido, y entonces fue cuando vio como tenia los ojos rojos e intentaba reprimir sin mucho éxito las lágrimas que empezaban a asomarse. Y el terror a verle llorar, a hacerle sentir mal fue mas fuerte que todo el enfado. – Binnie… no llores…. – le dijo suavemente, levantando su cara y secando sus ojos con los pulgares.

– Pero…lo he fastidiado todo…

– No, no es verdad – le cogió la cara con las dos manos para obligarle a mirarle a los ojos – no has fastidiado nada, ¿de acuerdo?  Tú mismo lo has dicho, da igual donde vayamos o lo que hagamos mientras estemos juntos ¿no?

Él asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

– Es lo único importante y no vamos a dejar que un par de subnormales nos jodan la noche ¿vale?

– Vale…

Le besó en la frente y le abrazó, ya muy lejos de las ansias homicidas y solamente con ganas de abrazarle y protegerle para siempre.

– Taekwoonie…

– ¿Hmm?

– Te sigo debiendo una recompensa por todos los esfuerzos…

– ajá – se separó para poder mirarle, con todas las alarmas puestas al detectar el cambio de tono de su voz, de algo inocente a algo…seductor.

– Y aunque no sea tan genial como un hotel… mis padres no están en casa y mis hermanas tampoco creo que vuelvan hasta mañana. Podemos ir.. – le susurró al oído, agarrándose a las solapas de su chaqueta para poder acercarle a su cuerpo – y pasamos tiempo juntos recompensándote por todos tus esfuerzos…

Taekwoon sintió como el calor se extendía por todo su cuerpo, olvidándose del frio, del mal humor y de la frustración y llenando su mente solo del aliento caliente de Hongbin en su oreja, de sus manos en su pecho y de los recuerdos de todas las noches que ya habían pasado juntos, dándole muchas muchas ideas de lo creativo que podía ser Hongbin cuando se trataba de recompensas.

– Me parece un muy buen plan.

 

KUROKO

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