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Ninfomanía: Epílogo

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

Epílogo, final. 

Realmente no me ha gustado escribir este capítulo, creo que porque no quería que se terminase, ha sido muy difícil… 

En fin… espero que os guste ^^

Y recordad, cada final es un nuevo comienzo. 

Epilogo

 

Su piel, sus besos, sus caricias, su voz…

Las sensaciones me abruman, la excitación, el deseo,…

Nos devoramos, ávidos del otro, pero disfrutando cada roce, saboreando cada beso.

Sus manos recorren mi cuerpo, des de mis labios hasta mis piernas, me abrazan, me acarician, me protegen. Y yo le acaricio a él, extasiado por su cuerpo fuerte, por sus manos gruesas, por sus caricias dulces, por sus susurros enamorados.

Le amo, y eso es lo que imprimo en cada uno de nuestros besos, en cada una de nuestras caricias, es lo que siento cuando me abraza, cuando su cuerpo se pega al mío y nos rozamos, cálidos suspiros entre nuestras bocas, dulces caricias de su piel, suaves besos lentos y pausados…

Disfruto cada sensación, cada pequeña corriente de electricidad que me recorre, que recorre nuestros cuerpos. Mientras la excitación sube ahogo mis suspiros entre sus labios.

Le amo, le amo, le amo…

Me siento lleno de él, me siento cálido, me siento fuerte. Me siento seguro y acompañado, me siento enamorado, me siento bien.

Sentirle entre mis brazos, sentirle junto a mi, dentro de mi. Y saber que es él.

Él.

Y nos besamos, nos besamos y nos besamos. Nunca tendré suficiente de sus labios dulces, nunca tendré suficiente de su boca húmeda, nunca tendré suficiente de su lengua cálida. Nos separamos solo para gemir, para coger aire y recuperarnos de los miles de sensaciones electrizantes y desbordantes que nos provocan nuestros cuerpos juntos. Todo es caliente, todo es eléctrico, todo es energía.

Simple y pura energía, que empuja nuestros cuerpos a enlazarse hasta lo imposible, a pegarse hasta ser uno, a moverse para rozarse, cada vez más y más.

Más.

Más roce.

Más besos.

Más caricias.

Más, más, más.

Nos mordemos con deseo y desespero, nos movemos ávidos y anhelantes, gemimos y jadeamos, enredamos nuestras lenguas y nuestros cuerpos en caricias infinitas buscando el placer, impulsados por el anhelo de sentirnos, de amarnos.

Sensuales gruñidos escapan de sus labios, jadeo ante sus roces, ante sus caricias, ante la fuerza de su cuerpo que me empuja. Caricias cada vez más fuertes, cada vez más necesitadas, cada vez más anhelantes y suplicantes de más placer, de más contacto, de más.

Hasta que el placer culmina, y durante segundos solo puedo concentrarme en respirar, en no ahogarme en el placer.

Su cuerpo caliente se derrumba sobre el mío y se desliza hasta quedar a mi lado. Jadea, igual que yo, falta aire para nuestros cuerpos en combustión.

Busco su mano y enlazo nuestros dedos.

Sigo sin poder respirar.

Intenso… que intenso…

No puedo evitar reírme.

– ¿Qué pasa? – me pregunta divertido – ¿De qué te ríes?

– De que yo tenía razón. – me mira, sonriente y confundido. Sus ojos brillan, su enorme sonrisa me envuelve en calidez. – El mejor polvo de mi vida.

Se sonroja, pero se ríe también. Y se acerca a besarme, a enredarnos de nuevo, me subo a horcajadas a su cuerpo desnudo y recorro con mi lengua sus labios hinchados. Rojos de deseo.

Jadeo y me vuelvo a reír, y me dejo caer para quedar de nuevo a su lado.

– Me has dejado demasiado exhausto.

Se acerca y muerde mi oreja.

– ¿Demasiado? No te creo…

Vuelvo a reírme, consciente de cuando bromea y cuando pide mimos de verdad. Ahora solo me hace cosquillas.

Me remuevo, le miro, con ojos brillantes, y aprieto su mano entre mis dedos.

– Te amo. – Le digo con un susurro.

– Te amo. – responde.

Sonrío.

– Te amo.

– ¡No empieces!

Nos reímos.

En momentos así, el mundo parece un sitio hermoso.

– ¿Que vas a hacer por navidades?

Se encoge de hombros.

– Comeré con mi familia supongo. Es lo que he hecho siempre. ¿Y tu?

– Pasaré la nochevieja con Jay y Mimi, y el veinticinco comeré con la familia también. – suspiro – me gustaría pasarlo contigo.

– A mi también. – admite. – otro año ¿si?

Asiento.

– Tenemos que pasar juntos la noche de fin de año.

Sonríe y asiente.

– Si. Eso si.

– Además, es como simbólico. Terminaremos juntos el año y empezaremos juntos uno nuevo.

– Y lo pasaremos juntos.

– Todo el año.

– Y muchos más.

Sonrío, sonríe, nos besamos.

Muchos más.

Termina el trimestre y las notas de mis exámenes son mejores de lo que esperaba. Buenas no, mejores. Teniendo en cuenta que pasé meses sin ir a clase y que estaba seguro de que repetiría curso, no están mal. Intentaré hacer las pruebas de acceso a la universidad aunque no creo que me acepten en ninguna.

El veinticuatro por la mañana me paso por el hospital, por el ala de trastornos mentales. El ala de chiflados, vaya. He quedado con Jang.

No es una visita oficial, solo quiero verla para desearle un feliz navidad y hablar con ella, porque si, porque aunque sea una pesada sé que me ha ayudado. Y solo por eso es importante para mi y la quiero.

Bueno, por eso y porque he pasado siete años de mi vida yendo a su consulta, hay cosas que cuestan de olvidar.

Y también quiero comentarle mis planes de futuro.

– ¿Psicología? – responde asombrada. Y aunque se sorprenda veo como se hincha como un pavo.

Me encojo de hombros.

– Lo más probable es que no me cojan este año en la Uni, tal vez al siguiente. Pero me gustaría. Quiero ayudar a la gente que es como yo, y creo que podría hacerlo porque… bueno, porque lo he vivido y puedo entenderlo. ¿Crees que podría hacerlo bien?

Lo piensa uno par de segundos, luego sonríe y asiente.

– Si, desde luego lo harías bien. Lo que me preocupa es que no te cargues tu demasiado. – la miro extrañado y sigue explicándose. – Jay y Mimi han respondido muy bien a tu idea para ayudarles. – A mi no me parece tanto. Jay ha desarrollado un extraño placer por la lectura y ahora no le ves nunca sin un libro, pero no se deja arrastrar a la calle sin no es conmigo y con Mimi. Si hay alguien más mejor, para que podamos controlarle si pasa algo. Mimi no tiene problemas en salir a la calle, pero se la pasa fichando posibles ligues y acercandose a insinuarse, y si no le dejamos ir les pide a gritos que le follen. Realmente no es agradable sacarle a la calle. Pero no digo nada, porque se que normalmente estas cosas piden tiempo, cualquier cambio es una gran mejora, un paso más. – Creo que realmente están mejorando y mejorarán más, y eso es genial, pero te estás implicando demasiado. – sigue ella – Quiero pensar que es porque son tus amigos, pero tengo miedo de que si terminas dedicándote a esto te ocupes tanto de cada uno de tus pacientes. No puedes ir a verles a diario, ni controlar cada aspecto de su vida. No puedes. Te lo digo por experiencia.

– Mmm… Bueno, imagino que aprendería que puedo y que no puedo hacer. Y si no siempre te tengo a ti para guiarme.

Me quedo un rato más charlando con ella, hablando sobre mi futuro. Me propone cogerme como ayudante en practicas cuando esté haciendo la carrera. Primero tengo que entrar en la universidad y sacar buenas notas, demostrar que puedo hacer esto. Tiene miedo de que estar con contacto con tanta gente “enferma” pueda afectarme. Yo tengo miedo también, pero no voy a rendirme. Como todo, va a ser difícil, pero daré mi mejor esfuerzo. Si he superado esto ¿que no podré hacer?

Como en casa y me quedo un rato ayudando a mamá con los preparativos para la comida de mañana. Iremos a casa los abuelos, pero traemos los platos entre todos.

A media tarde viene Baekho, nos ayuda en la cocina y luego vamos a mi habitación, ponemos música y nos quedamos tumbados abrazados en la cama, acariciándonos, relajándonos.

Por la noche, después de cenar, me acompaña a casa de Mimi y nos despedimos.

Jay no está, aún no le llegado. Vuelve a vivir en su casa, a ratos.

Nos instalamos en su cama mientras esperamos a Jay y me pone al día de su vida. No es que haya mucho que no sepa ya, puesto que ahora le veo prácticamente a diario, pero me gusta como me cuenta, como si no le importase en absoluto, que el tratamiento para su sífilis está funcionando, que en un par de años estará completamente recuperado y puede que ni siquiera le queden secuelas.

Me pregunta por Baekho con esa sonrisa lasciva y emocionada suya, y aunque ya sabe que nunca le cuento los detalles asiste interesado.

He encontrado algo que si funciona con Mimi. Le hablo del amor.

De algún modo es lo que siempre ha buscado, cuando sale buscando sexo lo que quiere encontrar en realidad es algo más profundo, y creo que, poco a poco, muy poquito a poco, estoy consiguiendo que vea que no lo está haciendo bien. Ahora cuando le hablo de besos no me responde inmediatamente que me deje de tonterías y pase a lo interesante, ahora los ojos le brillan cuando miramos una película (una película normal) y los protagonistas se declaran y se abrazan. Ahora no me mira con ojos rencorosos y me suelta un “ojalá algún día encuentre a alguien como tu tigre…”.

Cuando llega Jay Mimi baja corriendo a abrirle, sus padres están cenando fuera con unos amigos.

Me fijo en sus pies al bajar las escaleras, ya no pisa dos veces cada escalón, aunque sí vigila de no pisar las junturas de las baldosas. Abre la puerta dos veces y Jay la pasa dos veces antes de entrar y abrazarle.

Le abrazo yo también, subimos a la habitación y nos tumbamos de nuevo sobre las camas. Mimi encima de Jay. Sigue sin interactuar mucho con él, pero parece más relajado con él al lado. Como si se hubiese acostumbrado a que él esté allí.

Como si le necesitase.

A Jay se le ve feliz y mucho más activo que unos meses atrás.

No creo que lo hayan hablado, no creo que sean pareja, porque me lo hubiesen dicho, pero hay algo entre ellos. Se besan con más cariño, se tratan más próximos. Ya no es solo Jay pendiente de Mimi y este que apenas le ve. Interactúan, hablan y se ríen juntos, a ratos incluso me ignoran.

No puedo evitar sonreír.

– ¡Feliz navidad! – les deseo alzando mi copa de zumo cuando dan las doce.

– ¡Feliz navidad! – responden ambos.

Nos reímos, nos besamos y seguimos charlando como cualquier otro día. Es de las navidades más civilizadas que hemos tenido.

Llamo a Baekho para felicitarle también, vuelvo a decirle que le amo.

Cuando cuelgo alcanzo a ver como Jay le coge las manos a Mimi.

– Te quiero. – le dice bajito.

El corazón me va a cien, sé que no debería estar aquí y no muevo el teléfono de mi oído, como si así estuviera menos presente.

Mimi le mira, con las mejillas sonrojadas por el alcohol. Y se ríe. Se acerca y le besa.

Dios mío, que esto está pasando. Está pasando de verdad.

Mimi no responde, sigue haciendo otra cosa y cuando yo regreso habla conmigo como si no hubiera pasado nada.

Pero se lo ha dicho. Se ha atrevido a decírselo. Y Mimi lo aceptará. Necesita tiempo pero le aceptará.

Me siento feliz, y cuando me duermo aun sonrío.

A la comida familiar navideña se ha unido un nuevo fichaje. Alex, el novio de mi primo, come con nosotros.

La excusa es que como está de intercambio su familia está muy lejos, en España, y antes que pasar las navidades solo viene con nosotros. Pero aun así, el hecho de que haya venido significa que lo que tienen es serio. Bueno, que lleven dos meses juntos ya también es señal de que es serio. No parece que vayan a separarse. Y por mi genial, porque ese chico me cae muy bien.

Algunos de mis tíos y mis primos pequeños parecen algo distantes conmigo al principio, pero Aron y sus padres me reciben con los brazos abiertos, y la abuela me abraza con cariño y me desea feliz navidad con una sonrisa. Aún después de tantos años, mi familia sigue estando allí.

Cuando recogemos los platos me quedo un segundo solo con mamá en la cocina. Me abraza por la espalda, con fuerza, con cariño.

– Estoy orgullosa de ti cielo.

La miro, sintiéndome cálido. Me sonríe. Vuelvo a abrazarla y murmuro un gracias.

Sobran las palabras.

Vuelvo a ver a Baekho por la tarde, ahora soy yo quien va a su casa y como con sus padres. Les costó aceptarme y su madre sigue siendo algo fría cuando trata conmigo, imagino que no soy la mejor compañía que podrían desear para su hijo. Pero su padre es un hombre casi tan agradable como él, y aunque no lo fueran, son su familia, Y le tengo a él a mi lado cogiendo mi mano y diciéndome sin palabras que me ama.


De algun modo, la vida es hermosa ahora, y seguiré esforzandome para que sea cada vez mejor.

Y… ¡fin! Ahora si que si XDD

 

Muchas gracias a todos los que habéis leído hasta ahora, aún más a los que habéis comentado, en serio que he leído todos los reviews y animan un montón a seguir.

Agradecimientos… Quiero dedicar el fic a Alex, por seguirme hasta ahora y animarme tanto, a Minmin, por sus valiosos comentarios y aún más valiosos chistes, a Satu y Mikan, por ser tan perfectas y obligarme a mejorar cada día, y a Kuru, porque… bueno, porque ella es mi Baekho. ❤ 

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Ninfomanía: Reminiscencias. Capítulo 1

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

este es el primer capítulo de la tercera (y última) parte “reminiscencias” esto ya se acaba!!! (aunque creo que se nota…) 

y nada más, enjoy ^^

 

Me voy poniendo cada vez más nervioso mientras espero junto a la puerta. ¿Como no estarlo? Finalmente ha llegado el día, la gran prueba, y me siento como si esto fuera un examen muy importante. Tengo que hacerlo lo mejor posible.

Vuelvo a clases.

No al mismo instituto al que iba, me expulsaron, no puedo hacer nada contra eso, aunque me habría gustado demostrarles a mis compañeros que ahora soy mejor. También habría sido más difícil afrontarlo, está bien así.

Además, así le tengo a él a mi lado, cogiendo mi mano y dándome fuerzas con su mirada de chocolate.

– Puedo hacerlo. – ¿Se lo digo a Baekho? ¿o a mi?

– Puedes. – Asiente sonriendo.

Sonrío yo también, por el simple hecho de que me hace feliz verle sonreír.

– Gracias.

Estrecho su mano con fuerza, respiro y entro.

Me deja en la sala de profesores y al sonar el timbre ya estoy en la clase, frente a un grupo de 27 desconocidos y Baekho, mis nuevos compañeros.

No me siento a su lado, no a todas las horas si más no. No puedo depender tanto de él. Intento relacionarme con mis nuevos compañeros, ser lo más abierto posible, hablarles, mirar sus caras y no sus pantalones. Y me cuesta, se me hace realmente difícil. Siento que me odian, que sobro aquí, ellos son un grupo y yo un extraño en su pequeño ecosistema. Aun así, se me acercan un par de chicas a saludarme. Hablan por los codos, mucho y muy rápido, y se ofrecen unas 15 veces a enseñarme el instituto. Me repiten el doble de veces que soy muy mono, me cohiben.

También se me acerca un chico, con intenciones muy obvias, que estoy seguro que conozco de algo, aunque no consigo ubicar de que. Este se aleja cuando Baekho me pasa un brazo por los hombros y me besa frente a toda su, ahora nuestra, clase, reclamándome como suyo. Y entonces recuerdo de que conozco al chaval, me lié con él… el invierno pasado, en uno de los sofás de un pub de la zona nocturna. Ese día perdí los guantes. Mejor fingir que no me acuerdo de nada. Mejor pensar solo en los labios de Baekho sobre los míos, en su sabor a chocolate, en su lengua cálida…

Hasta que se separa y me doy cuenta de que sigo en clase. Que mal.

Sonrojado y sintiéndome acaparadoramente observado me dejo arrastrar por él a conocer a sus amigos, compañeros de su clase y de la de al lado, algunos que van al fútbol con él, otros que simplemente se juntan con él en el patio. Su gente.

Estoy entrando en su mundo.

 

Por la tarde estudio como loco para ponerme al día, y los siguientes días igual. Baekho y algunos de sus amigos me ayudan a repasar las lecciones, y yo me aplico realmente en serio. Sé que voy a repetir el curso igualmente ya que me he saltado casi cuatro meses de clase, pero todo lo que pueda recuperar bienvenido sea.

Es tedioso, obviamente, mi nueva vida consiste en ir del colegio a la biblioteca y de allí a casa, pero no es tan horrible como podría parecer. Baekho está casi siempre conmigo, y ahora que mi mente no está colapsada de porno a tiempo completo descubro otros placeres.

Leer, encontrar una buena novela que te enganche y te transporte a lugares lejanos y tiempos remotos. Aprender, darte cuenta de que tus conocimientos se amplían día tras día, que puedes aplicar las cosas que has estudiado, cuando resuelves un ejercicio y ves que el resultado esta bien, cuando te preguntan la lección y puedes responder sin inmutarte, los ojos iluminados de mis padres cuando les enseño las notas del último examen.

Descubro, poco a poco, que la vida tiene otros placeres.

 

El sábado salgo de compras con mi madre, a buscar algo de ropa para renovar mi fondo de armario, a pasar un rato con ella. Le hablo sobre Baekho, sobre mis nuevos compañeros, sobre las clases, sobre el instituto, sobre Baekho… Ella me habla sobre romances de infancia y adolescencia, sobre una compañera de carrera con quien fueron algo más que amigas, aunque fuera solo una excepción, sobre como conoció a mi padre, sobre mi mismo… En realidad hablamos sobre tantas cosas que es ya tarde por la noche y no quiero levantarme del sofá e irme a mi habitación, quiero que siga explicándome cosas sobre ella y sobre papá. Él me cuenta cosas también, y el domingo salimos los tres y vamos a la playa.

No recuerdo haber ido a la playa desde… como mínimo des que tenía siete años. Y enseguida recuerdo el porque. Gente en bañador… Mucha gente en bañador… Sol, calor, agua…

Pero tengo que aguantarlo, tengo que poder soportar esto, me estoy curando ¿no? un grupito de tíos en bañador no tienen porque alterarme en absoluto, el calor se debe únicamente al sol abrasador, no tiene relación alguna con el par de chicas con biquinis ligeritos que pasean por la orilla, y sin duda ese hombre de torso musculoso y bronceado que juega con su hijo preadolescente… No se si tengo más ganas de violar al padre o al hijo, esos bracitos delgados, ese cuerpo menudo, tan frágil que pareciera que podría romperse en cualquier momento… Y verle entre los brazos gruesos del adulto, que le sujeta y le levanta el en aire, que le revuelve el pelo y le lleva echado en el hombro hasta las toallas que tienen tiradas sobre la arena.

Y en mi mente le tira, y se tira él encima, le arranca la camiseta ligera y el bañador con un solo gesto de sus potentes brazos y le devora, poseyendo de forma bestial su cuerpecito menudo, sobre la arena ardiente y bajo el sol abrasador…

Dios, que calor hace…

Me meto en el agua para refrescarme, pero ni siquiera está fría, solo templada. No sirve para nada.

Un grupo de adolescentes poco mayores que yo juega con una pelota de plástico cerca de mi. Una chica va a por la bola y el chico a su lado la coge y tira de ella para impedirle llegar. La abraza por detrás levantándola en el aire, ella se gira y se besan, con lengua, y sus amigos silvan. La abraza con fuerza, con sus manos de dedos largos, y el cuerpo de ella se pega al suyo, apretando sus pechos contra su pectoral…

Meto la cabeza en el agua. No pienses en eso Ren, no pienses en nada…

Salgo del agua y regreso con mis padres, me cruzo con un chico de unos veinticinco, y esta vez no soy yo quien mira. Su mirada se clava en mi cuerpo, su sonrisa revela mucho más de lo que él cree. Y lo se porque reconozco esa expresión. Deseo. Siento que me desea, que sus ojos resiguen la piel pálida de mi cuerpo delgado, como está ansioso de mi cuerpo.

Observo a mi alrededor y me doy cuenta de que no es el único. La gente me mira, y adoro sentirme observado. Cambio ligeramente mi forma de andar, más suave, más ligera, más contorneada, más sensual. Me tumbo sobre mi toalla con mi más estudiado movimiento felino, estirando mi cuerpo a propósito para provocar a todo el que me esté mirando. Y atesoro la sensación de sentir la lujuria ajena, una lujuria que emana de mi.

Deseo, ansias, el anhelo, la lujuria. Saber que sienten esto por mi hincha mi orgullo, me provoca, remueve mi interior. Pero son extraños, y pronto me doy cuenta de que no es en sus caras que quiero ver esa expresión, no es en sus ojos que quiero ver el deseo.

Baekho… mi tigre… Como ansío sentirte… como deseo que me desees…

¿Porque no me deseas? ¿porque no me has tomado aun? ¿porque provoco más a un extraño que a ti? ¿es que no me quieres? ¿es que no quieres eso de mi? Porque yo si lo quiero, lo necesito. Necesito sentir tu cuerpo fuerte y tus anchos brazos a mi alrededor, tus labios en mi boca, tus manos sobre mi piel, tu cuerpo junto al mío. Necesito sentirte dentro de mi. ¿Es que tu no sientes lo mismo? ¿es que soy el único que lo desea? ¿es que nunca vas a “estar preparado”?

Necesito sentirte Baek… Necesito sentirte tanto que el calor se agolpa en mi cuerpo, mezcla de excitación y rabia. Porque no me deseas, porque yo solo te deseo a ti. Porque lo quiero todo contigo, y soy el único que lo siente.

Quiero que respondas mis caricias, quiero sentir que, cuando el deseo me abruma y me consume, tu te mueres también por mis huesos y mi cuerpo.

Quiero sentir que me amas, en todos los sentidos.

Porque lo sé, pero lo necesito sentir.

Y abrumado de sensaciones que no comprendo y que se mezclan creando un verdadero huracán en mi interior le pido a mamá de irnos ya. No aguanto ni un segundo más aquí, viendo reflejado en los rostros de otros lo que quiero sentir en ti.

Me encierro en mi habitación, frustrado, abatido e indignado con el mundo en general. Ardiendo.

Mis manos resiguen mi propio cuerpo, pero eso ya no me provoca satisfacción.. Nunca lo ha hecho. Quiero que seas tu quien me toque. Quiero que me abraces, que me beses, que me poseas, que me quieras igual que te quiero yo, que me desees como yo a ti.

Te quiero sentir.

Tumbado en mi cama me hecho la sabana por encima la cabeza, aunque el calor sea asfixiante. Necesito dejar de pensar.

Respiro hondo. Una vez, dos. Lleno de aire mis pulmones y me concentro solo en el movimiento de mis costillas, de el oxígeno por mi garganta. No pienso en nada más, como me enseñó Jang, y poco a poco me relajo.

Oigo golpecitos en la puerta y entra mamá, tendiéndome el teléfono.

– Minki, cielo, es para ti.

Es extraño que alguien me llame al fijo, pero ni me lo planteo, sigo concentrado en respirar mientras le tiendo la mano y cojo el auricular del inalámbrico.

– ¿Diga? – ella sonríe y se va, acariciando mi cabello primero.

– Hola Rennie – Baek… suspiro, y me dejo caer sobre la cama. – Me ha llamado tu madre, me ha dicho que habéis ido a la playa. ¿Como ha ido?

Baek… Solo de escucharle siento como me relajo. En parte odio ser tan dependiente, en parte agradezco que siempre esté allí cuando le necesito.

– Ha estado bien. Hacia mucho que ni íbamos. Pero hacia calor.

– ¿Demasiado?

– Demasiado. – Sé que sabe de que le hablo.

– ¿Estás bien ahora?

Dudo unos instantes. ¿Estoy bien? Si, supongo que si, porque ahora me doy cuenta de que todo era una estupidez.

– Creo que si… Baek, tu… ¿me deseas?

– ¿Eh? – responde nervioso, y aun al otro lado de la linea puedo imaginar como se sonroja y desvía la mirada incómodo. – A… ¿a que ha venido eso? – y no puedo evitar reírme. ¿Como he podido pensar que no? Él no es como yo. Es más inocente, es mas puro, el sexo es un tema totalmente ajeno a él. Pero me desea, a su manera y en un grado diferente al mío, porque lo mío es antinatural. Pero me desea. Lo se, y ahora lo veo claro. – Te… Si, claro que si, ya lo sabes. Fuiste tu el que querías esperar un año ¿eh? – Se ríe. si, fui yo.

– Cierto. Bueno, un mes y medio… – ¿aguantaré? Con lo que me pone su cuerpazo… – ¿Sabes? creo que ya lo he comprendido.

– ¿Eh?

– No voy a curarme nunca.

– Rennie… no vuelas con…

– No, escúchame. – le corto – Nunca voy a curarme. Nunca voy a dejar de pensar completamente en sexo, dejar de tener tentaciones. Eso no pasará. Siempre pensaré diferente, siempre seré diferente, pero porque todo el mundo es diferente. Tal vez mis “diferencias” son más marcadas, pero es como soy yo, y tengo que ser así. Ahora ya he cambiado mucho, lo que aun queda no va a irse nunca, ni tampoco quiero que lo haga, porque así es como soy yo. Ahora ya no es un problema. “Curarme” no significa dejar de sentir todo eso. Significa poderme controlar. Dejar de sentirme culpable cada vez que hago algo, reprimir mis impulsos, pensar antes de actuar. No exhibirme, no desatarme, no tener mas crisis. Controlarme, al fin y al cabo. ¿No te parece que es eso?

Espera al otro lado de la línea, le oigo respirar mientras piensa.

– Creo… Creo que tienes razón. – admite – si cambiases más dejarías de ser tu, y ahora mismo estás bien. Si aceptas que eres así… Eso podría ser estar curado.

– Si… Creo que si – suspiro – Entonces… – ¿entonces esto es todo? – Entonces creo, que estoy curado.

Curado. De verdad. Porque ¿que puede ser sino esto? Hoy he ido a la playa. Hacia mucho que no iba a la playa, y me he mantenido firme ante los cuerpos bañados por el sol, ante el agua, la arena y el calor. Pienso, está claro, mi mente hierve de actividad, pero mientras no salga de mi mente, mientras no me impida llevar una vida normal, mientras pueda controlarlo, esos pensamientos que me hacen diferente no me hacen peor. No soy peor persona por tener pensamientos obscenos, no soy un monstruo por desear el placer.

Suspiro.

Curado.

– Wow, cuesta de asumir. – Él se ríe.

– Te quiero Rennie – me dice apenas susurrando – Te dije que lo conseguirías. Me siento muy orgulloso de ti.

– Gracias. – yo también.

Me siento satisfecho conmigo mismo. Y es la primera vez que lo siento.

Curado.

 

 

No les parece hermoso? ❤ a mi si ❤ ❤ ❤ 

el siguiente pronto!!! (prometo… que li intentaré… ^^’) 

 

SHIROKO

Ninfomanía: La cura. Capítulo 7

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

Siento haber tardado tanto, de verdad, pero me está costando escribir los últimos capítulos, ¿será porque ya siento que se acaba? 

Mil disculpas, solo les pido que tengan paciencia y que no dejen de leer, porfavor… prometo que lo terminaré lo más rápido posible (unque no sea mucho…) 

Capítulo 7

“rennie…”

“Rennie, por favor, cógeme el teléfono”

“vamos…”

“de verdad no me importa, te he perdonado”

“Rennie…”

“Rennie… te quiero…”

“vale, ya no sé qué te pasa” “¿por qué no me hablas?”

“¿qué es lo que he hecho? ¿es por algo que dije? ¿es por no haberme enfadado? ¿es por no haberte dejado???”

“¿querías que te gritara? ¿qué me enfadara? ¿qué te echase en cara lo que hiciste y no quisiera volver a verte? ¿quieres que nos separemos? ¿es eso? ¿es todo una excusa para que sea yo quien te deje?”

“de verdad no te entiendo… ¿qué es lo que quieres?”

“Rennie… porfavor… Te quiero…”

“porfavor, no quiero perderte…”

“dime lo que he hecho, dime que puedo hacer…”

“Rennie…”

Leo todos esos mensajes, pero no respondo a ninguno. No puedo hacerlo.

“¿qué puedo hacer?” Nada, no eres tú el problema, no eres tú el enfermo mental.

“¿qué es lo que quieres?” Algo imposible, algo que tú no puedes darme, ser normal…

“no quiero perderte…”

“te quiero…”

Y yo a ti…

Y solo lloro.

He vuelto a tomarme las pastillas. Ya no tiene sentido dejar de fingir que no estoy enfermo. Nunca me había parecido tan agradable la letargia de los antidepresivos. La sensación de no sentir nada. Me refugio en el embotamiento y la niebla para huir de la culpa.

“Ren, eres subnormal”

“La suerte que has tenido y lo echas todo a perder por idiota”

“Si yo tuviera un novio como el tuyo te aseguro que no me peleaba con él, me peleaba con su ropa”

Tampoco le respondo los mensajes a Mimi, no quiero hablar con nadie.

No salgo de casa, apenas si de la habitación. Moverme se me hace pesado. No tengo hambre, no tengo sed, incluso respirar me cuesta un esfuerzo. ¿Podría dejar de hacerlo?

– Minki, cielo…

Mamá no espera respuesta, solo me abraza. Es lo mejor.

Pero tampoco me hace sentir bien.

Me siento culpable, por ser como soy, por no ser capaz de curarme, porque soy incapaz de ser normal. Mamá me quiere, Baekho me quiere, y por ellos tengo que curarme, para poder merecer su cariño. Pero no soy capaz, solo soy una carga para ellos. Solo voy a hacerles sufrir…

Lloro, aun cuando las lágrimas ya se han secado sigo sintiendo el ahogo, la presión del llanto. Sigue doliendo la culpa. Y no soporto este dolor.

– ¿Hijo, no te has tomado ya las pastillas hoy?

Miento. Necesito los antidepresivos, no soporto este dolor.

Enseguida vuelve la letargia, el alivio. Nada de lo que sentía desaparece, pero queda oculto tras la niebla espesa. Ninguno de mis pensamientos se vuelve más agradable, simplemente se detienen.

Si con dos pastillas siento ese alivio, ¿cómo me sentiría con unas cuantas más?

¿Moriría si me las tomara todas?

¿Qué problema habría en eso?

Mamá ya no tendría que cargar conmigo. Ni Baekho. Les dolería, sobre todo al principio, a J y a Mimi también, les sorprendería más que nada. A Jang le sentaría mal, al final no ha conseguido salvarme. Pero se recuperarían, con el tiempo se darían cuenta de que solo soy una carga, estarían bien sin mí.

Podría morir…

Una mano coge las mías, las detiene cuando, llenas de pastillas blancas, se acercan a mi boca abierta, expectante.

– Cielo… no…

A Mamá se le rompe la voz, veo sus ojos llorosos cuando me mira, las manos le tiemblan.

– No…

Me obliga a tirar las pastillas, luego me coge y tira de mí hasta mi habitación, me tumba en mi cama y me abraza fuerte.

– Ni se te ocurra. No, no…

Llora. Lloro yo también. Sus lágrimas me empapan, sus dedos crispados me abrazan con fuerza, con demasiada fuerza.

Me duermo, me despierto, vuelvo a dormirme y vuelvo a despertar.

Veo a mamá y a papá, ambos me abrazan, ambos me hablan, pero les ignoro.

Ya no soy consciente de lo que pasa.

No tiene nada que ver con las pastillas. No siento porque no quiero sentir.

Pasan las horas. Minutos, días, segundos. No lo sé, no quiero saberlo.

La droga invade mi cuerpo y me envuelve en una niebla acogedora. Me refugio en esa niebla, en ese dulce estado de hibernación en el que no siento el dolor, en el que no puedo pensar en mi fracaso.

Jamás voy a curarme.

Intenté ser normal, relacionarme con las personas cuerdas, actuar como ellos, y fracasé

Soy un enfermo, un maldito enfermo, voy a serlo siempre.

Y por eso, no me importa nada más.

Lo primero que siento es el olor, el aroma ya tan conocido a chocolate, especies, hierba y caucho. Llega a mi cerebro y me obliga a despertar.

Él está aquí.

Baekho.

– Rennie…

Abro los ojos y los clavo en él, sentado en la silla del escritorio frente a mí.

– Al fin reaccionas.

Su tono no es suplicante, no es dulce y cálido. Es frío, es duro y distante, y el chocolate de sus ojos me parece más amargo que nunca.

– ¿Estás enfadado?

– Si – Es obvio que lo está.

Bajo la mirada, cohibido. ¿Qué puedo hacer contra eso?

– ¿Vas a dejarme?

– ¿Quieres que lo haga?

No. Nunca. Sin Baekho ya nada tendría sentido. Sin Baekho todo seria oscuro.

Ni que le mereciera, ni que tuviera derecho a pedirle que se quedara a mi lado…

“¿Quieres que te deje?”

Niego, con lágrimas en los ojos solo de imaginarlo.

– No…

– No te dejaré. – Me asegura. Pero su voz sigue siendo fría. – No estoy enfadado por lo que hiciste, ni siquiera me importa eso. – ¿No le importa?

– Entonces…

Aprieta los puños, tensa la mandíbula, furioso.

– Estoy enfadado porque llevas una semana si hablarme – se pone en pie. – No respondes mis mensajes, ni mis llamadas. La primera vez que vine tu madre me dijo que mejor no pasase porque te habías intentado suicidar, la segunda te pusiste a gritar histérico y me lanzaste cosas hasta que me fui. Ahora apenas reaccionas. ¿Qué es lo que tengo que hacer? Te dije que te ayudaría, ¿cómo voy a hacerlo si a la mínima te alejas de mi?

– Pero he fracasado…

– Yo no creo eso. ¿Fracasado? ¿En qué? ¿En curarte? Solo has tenido un bajón, estabas prácticamente bien.

– No me mientas, no voy a curarme nunca.

– ¡No te miento! – niego, no tiene razón, solo dice cosas sin sentido para intentar convencerme, pero yo se que se equivoca, me cree capaz de algo que esta fuera de mi alcance. – Realmente eres más terco…

– No soy terco, sé que no voy a curarme, sé que no soy capaz.

– ¡Ren, estabas curado!

– Yo también lo creía, pero fracasé, no voy a conseguirlo…

– ¿Y ya está? ¿Te rindes? ¿Solo porque lo has intentado una vez? Te creía más decidido, te creía un luchador…

– ¿Qué sentido tiene luchar cuando ya se ha perdido la batalla?

No responde, me mira sin apenas expresión, fijamente, hasta que baja la cabeza y suspira, resignado.

– Ah, realmente eres tan terco… – cuando me mira de nuevo su sonrisa vuelve a estar ahí, brillante, cálida, y de repente no comprendo que le veía de reconfortante en la niebla fría de mi soledad, no comprendo cómo he pasado tantos días sin su luz. – Está claro que no voy a ser yo quien te convenza.

Esa misma tarde me acompaña a ver a Jang.

Me siento frente a ella, con Baekho a mi lado, sosteniendo mi mano entre las suyas. Me mira, pero yo no me atrevo a mirarla a ella. Sé que la he decepcionado, le he fallado, ella también esperaba que yo me curase.

– ¿Que consideras que es estar “curado”?

Dudo antes de responder.

– No pensar en sexo…

– Todo el mundo piensa en eso.

– No tanto.

– ¿Piensas en eso tanto como hace unos meses?

¿Pienso en sexo? durante el tiempo que he estado deprimido no, antes… pensaba en Baekho, a veces, bastante a menudo, pero no mucho, no en todo momento, no constantemente.

No respondo.

– Cuanto hace de la última vez que te acostaste con alguien?

Ahora si que no dudo, esa me la sé.

– Una semana.

– No me refiero a Jay y Mimi, con ellos solo te liaste, tengo todas las versiones posibles de la historia. – ya, claro, nos visita a los tres… – Te pregunto cuando fue la última vez que saliste y “follaste” con alguien.

Eso tardo más en contarlo. Fue antes de conocer a Baekho, antes de violar a esa niña… ella fue la última, y antes que ella…

– Cuatro meses.

– ¿Cuanto tiempo pasabas antes entre un polvo y otro?

Una semana, dos, media hora…

¿Como he aguantado tanto tiempo?

No espera a que responda.

– ¿Que dosis de pastillas tomas ahora? tomabas, antes de que intentaras tragarte el bote entero.

– Una al día. Algunos días no me la tomaba.

– Y por lo que me han dicho no has violado a nadie.

La miro. ¿Intenta confundirme? ¿o tiene razón y si estaba curado? ¿de verdad lo cree ella?

– Si estuviese curado no me hubiera liado con Jay y Mimi. Hubiera comprendido que estaba mal antes de besarles.

– Porque no estás curado. – ¿Que? ¿no intentaba acaso decirme que si? – Es lento, te estás curando, pero aún no lo estás por completo. No me parece grave lo que hiciste. No reparaste en ello hasta tarde, si, cierto, pero admite que estas mejor, admite que estás casi curado, que te falta poco. – En eso… tal vez si tiene razón… pero… No se, quiero creerla, pero después de tanto tiempo enfermo en parte también tengo miedo de enfrentarme a la realidad, hasta ahora de algún modo he vivido en un mundo distinto, curarme significa “volver” a la realidad, y lo quiero pero… me asusta. Jang suspira – Ren, llevo mucho tiempo intentando llevarte por este camino. Al final lo has tomado, ¿y solo por que te has tropezado con una piedra desistes y retrocedes? Levántate y sigue, me apuesto a que ya puedes ver el final.

La miro, sin expresión alguna. ¿puedo verlo? ¿Me veo curado? Siendo un chico normal, asistiendo a clases y relacionándome con mis compañeros, un chico como tantos otros. ¿Me veo?

– Pues… – Baekho habla por primera vez, y ambos nos giramos a mirarle. – yo creo que si está curado. completamente. – Duda al hablar, se sonroja. – Porque… cuando viniste a mi casa… hubo un momento en que… Bueno, no se como explicarlo. Cuando empezaste a ponerte depresivo te besé para distraerte, y… bueno, yo… me habría acostado contigo en ese momento, no sé que me pasó, pero lo hubiera hecho, y sé que lo notaste, pero no reaccionaste, te fuiste… Me sorprendió mucho…

Me río, no puedo evitarlo, está completamente sonrojado, hablar de estos temas se le hace realmente difícil, y para mi que estoy tan acostumbrado a todo esto… Es demasiado tierno.

Me estiro y le beso, suave y rápido, ligero y fugaz, y de repente recuerdo los días que hace que no pruebo esos labios tan dulces. Me da un vuelco el corazón, y me abrazo a él con fuerza, enterrándome en su pecho.

– Gracias Dongho.

Paso unos instantes abrazado a él, que bien podrían ser segundos o horas, hasta que recuerdo que no estamos solos. Me quedaría entre sus brazos toda una vida, pero hago un esfuerzo para separarme y miro a Jang, que nos mira con ojos como platos. Se siente incómodo.

– No nos mires así…

Sacude la cabeza, reaccionando al fin, aunque sigue sorprendida.

– No sé si estar más impresionada por lo que acaba de contar o porque le has llamado Dongho…

¿Que? ¿Que importancia tiene eso?

– Si, a mi también me ha sorprendido. creo que nunca me ha llamado por mi nombre.

– Nunca lo hace, incluso a mi me llama por el apellido aunque le insistí que no lo hiciera.

– Con sus amigos igual, les pone motes.

– Y con sus padres, nunca le he oído llamarles por sus nombres.

¿Porque hablan como si no estuviera en frente?

– Hola, sigo aquí. – les llamo agitando mis manos. – no hace falta que me ignoréis.

Baek se ríe, y se acerca a besarme en la sien, apretándome contra su costado.

– Nos sorprende lo mucho que estás cambiando. – Me aclara ella – Tu también te das cuenta ¿no?

¿Me doy cuenta? Si,sé que he cambiado. Si miro atrás no me reconozco con el niño necesitado y desesperado que se arrastraba por los callejones de la zona nocturna, vestido de chica y saltando en pos de cualquiera que se acercara suficiente, exhibiéndome en intentos desesperados de alcanzar ese tan preciado anhelo, el placer.

No soy el mismo.

O si más no estoy en proceso de no serlo.

Asiento.

– ¿Que falta entonces? – ambos me miran, sin saber muy bien que les estoy preguntando – ¿que es lo que falta para poder considerarme “curado” por completo?

Jang sonríe, ve la determinación en mis ojos, me siento mucho más fuerte, me siento vivo.

– ¿Porque no decides tu mismo? Hagamos una lista de cosas que tienes que hacer para curarte ¿vale?

Asiento, convencido, y pienso un momento en que poner en esa lista.

– Quiero volver al colegio. – empiezo, ella escribe sonriéndome, Baekho aprieta su mano sobre mi hombro – Estudiaré y haré los exámenes para la universidad. Saldré una noche con los amigos de Aron, solo para estar con ellos y divertirme. Buscaré a Gwohee, hablaré con ella y le pediré disculpas.

– ¿Gwohee?

Baekho me mira sin comprender. No hay inflexión en mi voz cuando respondo.

– La chica a la que violé. Sé que no querrá verme, pero yo necesito pedirle perdón para poder dejar eso atrás. – Jang asiente, y sigue copiando.

– ¿Que más?

– Iré de compras con mamá, tengo que cambiar mi fondo de armario. Aprenderé a jugar a fútbol, y miraré partidos con papá, y con Baekho. Esperaré un año antes de volver a tener sexo con nadie.

– ¡¿Un año?! – me interrumpen los dos.

– Si, un año – asiento convencido. ¿Que pasa con eso?

– Ren, la gente normal no aguanta un año – me aclara ella – y menos teniendo pareja. Déjate de tonterías y disfruta de tu novio, que si no quien terminará mal será él.

Baek se remueve inquieto, se sonroja y busca con la mirada un sitio donde esconderse, yo ni me inmuto.

– Seis meses entonces.

– Solo si cuentas ya los meses que llevas de abstinencia.

Eso significa que me quedan dos meses…

– Vale.

Estoy pensando en mi siguiente condición cuando Baekho nos interrumpe, dirigiéndose a la psicóloga.

– ¿Como podéis…?

– Tranquilo, te acostumbras.

Parece abatido, vuelve a esconder la cabeza entre las manos. Pero no le presto atención, ya sé cual es el último punto.

– Conseguiré que Jay y Mimi se curen. – Ambos me miran, nadie hace ningún comentario, nadie se mueve, de algún modo el momento es solemne – Les ayudaré a curarse, igual que Baekho me ha ayudado a mi. Si yo puedo curarme, ¿porque ellos no?

Fin de la segunda parte “la cura”. 
El objetivo de Ren es curar a J y Mimi, curarse a él, por completo. ¿Lo conseguirá? ¿cumplirá todos sus propósitos? Todo eso pronto (espero) en la tercera (y última) parte “reminiscencias”. 

Intentaré no tardar mucho en publicar el siguiente… (juro que lo intento XD) 

SHIROKO

Ninfomanía: La cura. Capítulo 6

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

¡Capítulo importante! (para mi si más no XD) 

y mañana publicamos capítulo especial de Action. ¿estaréis todos aguardando???

 

“Chicos, tengo un problema”

Hoy me he quedado todo el día en casa porque Baekho tiene partido. Así que me he dedicado a mirar pelis porno durante todo el día. Porque sí, porque lo necesito, porque hace muchísimo que no me acuesto con nadie y como no me desahogue con algo cuando vea a Baekho me lo comeré.

Y aquí estoy, conectado al chat con J, aunque ninguno de los dos habla. Él porque está en su niebla de pastillas, yo porque estoy ocupado. Hasta que llega Mimi.

“Chicos, tengo un problema”

“Qué?”

“K pasa?”

Sigo mirando la peli mientras espero, vuelvo cuando el sonido me avisa de otro mensaje, y al leer la pantalla me quedo helado.

“Sífilis”

No…

“O.O”

“Joder…”

“No, precisamente sin joder me quedo…”

“¿Y ahora k?”

“Ahora nada. No hay peligro porque lo han detectado pronto y todo, pero… Soy contagioso y…”

“Ok, n me acostare contigo”

“¬¬” “Gracias Ren…”

“¿La sífilis es mortal?”

“No”

“Jo…”

“Como que “jo”????”

“Porque yo si que me acostaba contigo…”

“Jay!”

“¡No digas bobadas!”

“¿Porque? Me quiero morir…”

“Esto te pasa por tomarte las pastillas xD”

“Ren, eres un cabrón”

“Dejale, esta feliz porque tiene novio”

“Ya, pero me tiene a dos velas!” replico “K dice k n esta preparado, y como n puedo acostarme cn nadie d mientras pk si n n se liará conmigo…” “K tengo mono, vaya…”

“Ren, a mi me acaban de diagnosticar Sífilis y J se quiere matar, disculpa pero ahora mismo no me impresionas…”

“Ya, lo siento”

“No, no lo sientes, estas en tu nube, cuando bajes igual lo sientes…”

“…” jope… “Lo siento mimi…”

“Perdoname Ren, es que… Esto me puede…”

“Lo se…” ¿Qué puedo hacer yo? “¿Quieres que venga a verte?”

“Ahora te quieres solidarizar con los suicidas potenciales?”

“No me acostaré contigo idiota” “solo vengo a hacerte compañia, como amigo” “¿quieres?”

“…” “Vale”

“Pues voy”

“¿Puedo venir yo también?”

“Claro J”

“Vamos a compartir nuestras penas…”

“Tu a callar!”

Quedamos en ir a dormir a su casa y mientras recorro los tres metros de pasillo para decírselo a mis padres poco a poco voy asumiendo lo que significa.

Sífilis, Mimi tiene sífilis. Está enfermo, enfermo de verdad, no eso raro que nos diagnostican los psicólogos, enfermo en mayúsculas. Y aunque haya cura…

Me siento tan pesado… Arrastro los pies hasta el comedor, donde papá y mamá miran la tele sentados en el sofá. Me ven llegar y debo tener una expresión devastada, porque me miran preocupados y me preguntan qué es lo que pasa.

– A Mimi le han detectado sífilis… – murmuro apenas sin levantar la voz.

Papá abre mucho los ojos, horrorizado. Mamá pone también cara de espanto y se tapa con las manos.

– ¿Tú estás…?

– Yo estoy limpio – no puedo decir “bien” con lo que me duele el pecho ahora mismo…

Suspira, aliviada, y viene a abrazarme.

– Lo siento cariño…

Me abrazo un momento a ella, pero entonces recuerdo que no soy yo quien necesita que me consuelen, y me aparto.

– J y yo vamos a ir a dormir a su casa, para… Ayudarle…

Duda, sin saber cómo negármelo pero sin querer que vaya. Es papá quien responde.

– Minki… Sabes que es mejor que no… Hagáis nada con él si…

– No nos acostaremos con él. – aclaro – vamos solo a hacerle compañía, como amigos.

– Claro… – murmura mamá avergonzada. – perdona cielo. Ve, claro. – me sonríe – ¿a qué hora volverás mañana?

– No sé, dependiendo de cómo esté.

Asiente.

– No te preocupes por eso – interviene papá – lo importante ahora es tu amigo. Ya nos llamarás.

Les abrazo a ambos, agradecido, y voy corriendo a hacerme la maleta.

 

Llego a su casa media hora más tarde. Me abre su madre, con los ojos rojos de lágrimas, yo la saludo muy rápido y voy con Mimi que me espera detrás de ella. Nos abrazamos, muy fuerte, y él entierra la cabeza en mi hombro.

Quiero decirle algo, algo que le consuele y que le anime. Pero ¿qué? ¿Qué puedo decirle? Aunque este detectado, aunque esté controlado, aunque puedan curarle, aunque nos hayan advertido tantas veces que puede pasar. Eso ya lo tiene dentro. ¿Qué puedo decirle?

Nada, así que solo le abrazo y cuando se separa me estiro para besarle en los labios. Eso le hace sonreír. Un poquito.

– ¿Y Jay? – pregunto.

– Estará al llegar…

Efectivamente, llega a los cinco minutos. Se abrazan también y subimos los tres a su habitación.

J y yo charlamos de cosas banales y sin importancia, cosas graciosas para distraerle, tonterías para hacerle reír, pero nada funciona. J tampoco está de muy buen humor y a mi cada vez me cuesta más mantener a flote una conversación alegre. El ambiente se hace pesado, y finalmente Mimi rompe a llorar.

– Lo siento… – se disculpa secándose las lágrimas – es que… Ya sé que no me voy a morir, pero… No podré volver a tener sexo con nadie, y si lo hago aunque sea con condón no dejaré de preocuparme por si se lo contagio y…

– Pero no es definitivo, hay cura, en dos años dejarás de ser contagioso…

– ¡Dos años! Joder… – se sacude el pelo, suspira. – lo siento, ya sé todo eso, es que… Es demasiado, no puedo…

Le abrazamos, cubriéndole de besos y de mimos, susurrándole suave para tranquilizarle. Que no se preocupe por eso ahora, que con condón se puede, que si no ya nos inventaremos algo, que hay cura, que dos años no son tanto tiempo, que si no hay muchos capullos que se merecerían que se la contagiara…

Y claro, como somos unos enfermos mentales los tres y por más drogados a pastillas que estemos seguimos siendo unos degenerados, los besos que han empezado siendo solo caricias para consolarle suben de tono, empieza a hacer calor, y las caricias cada vez son más intencionadas.

Enredo mi lengua en la suya, saboreándole, saboreando los gemidos que le provoca J mordiéndole la oreja. Nuestras manos se cuelan bajo su ropa, acariciando su cuerpo, su piel caliente y necesitada, arrancándole suspiros ansiosos que mueren entre nuestros labios. Acariciamos, lamemos y mordemos como las bestias ansiosas que somos, como los expertos en que nos hemos convertido.

Y él suspira, jadea, gime, y pronto se corre entre nuestras manos, dejándose caer agotado sobre la cama.

– ¿Lo ves? – le digo sonriéndole – aún puedes tener sexo.

Se ríe y asiente. Nos da las gracias y nos abre los brazos para abrazarnos a los dos.

Al final nos separamos y nos metemos en la ducha, que lo necesitamos.

Seguimos charlando. El ambiente es un poco mejor ahora.

Cenamos y de vuelta a la habitación, ya con el pijama puesto, suena mi móvil.

Es Baekho, y no puedo evitar una sonrisa enorme. Y cosquillas en el estomago…

– ¿Tu novio?

Le saco la lengua y reprimo una sonrisa de idiota.

No creo que ninguno de los dos quiera oír lo empalagoso que me pongo con él. Tampoco quiero que lo oigan, así que salgo del cuarto y me voy a la terraza a hablar.

– Hola Baek.

– Hola Rennie… Quería decirte buenas noches…

Sonrío, aunque nadie pueda verme. ¿O tal vez por eso?

Cuando vuelvo a la habitación J y Mimi se están besando. Se separan, se miran, se acarician y se vuelven a besar. Es tierno, y a la vez triste, porque nunca nos comportamos así.

Mimi me ve, me abre los brazos y yo cruzo la habitación para tumbarme con ellos. Y les abrazo, a mis mejores amigos, los únicos que me entienden.

Mi familia.

 

Despierto tarde, abrazado a Mimi. Hemos dormido los tres en el colchón grande en el suelo, hechos un revoltijo de brazos y piernas. Nos levantamos solo para desayunar, y luego nos ponemos a cantar en el sing star, si es que se le puede llamar cantar con las voces que tenemos a estas indecentes horas de la mañana. Me quedo a comer y me voy a media tarde. J aún se queda, probablemente a dormir. Yo he quedado con Baekho.

Le recojo en la salida del instituto, dándole una sorpresa, y cuando me ve corre a abrazarme y me besa frente a todos sus compañeros. Se me pinta en la cara una enorme sonrisa de idiota. Lo más probable es que me hayan tomado por una chica, esta mañana Mimi se ha dedicado a peinarme y hacerme las uñas, pero no me importa. Así él tampoco se meterá en problemas.

Pero hay algo que no está bien. Le veo sonreírme, siento sus brazos sobre mis hombros mientras andamos de camino a su casa, y hay algo que pesa en mi pecho. Algo no está bien.

Llegamos a su casa, un bloque de apartamentos del centro con aire antiguo, y mientras saca las llaves para abrir y me besa me viene a la mente los labios de Mimi. Y los de J, y que me he pasado la noche besándoles.

¿Eso es infidelidad?

Les beso porque son mis amigos, porque es la relación que tenemos, porque siempre ha sido así. Pero eso no cambia que les he besado, que me lié con ellos anoche, varias veces.

Le… ¿le he puesto los cuernos a Baekho???

Dios… No… No puedo haber sido tan idiota…

Baekho lo es todo para mi… ¿Cómo no se me ha ocurrido que eso para una persona normal son cuernos? Dios… no quiero perderle… no lo soportaría…

Dios, dios, dios, dios. ¡¿Qué hago?!

Decírselo, está claro.

Me dejará. ¡Mierda! No puedo haberlo echado todo a perder solo por… ¿Por qué? Por inútil. ¿Para consolar a Mimi? Se me hubiese podido ocurrir otra forma, o hubiese podido dejar que lo hiciera J, que no le faltaban ganas. ¿Por qué lo he hecho?

Porque para mi, simplemente no significa lo mismo. Para mi es lo más normal del mundo, es lo natural.

Pero ahora estoy jugando según las reglas de la sociedad, según las normas de la gente “sana”. ¿Tan rápido he perdido el juego? ¿Tan pronto he fracasado?

Mierda, mierda, ¡mierda!

No quiero perderle… no quiero… No lo soportaría…

– Baek… – le llamo en el ascensor.

¿Cómo puedo contárselo? ¿Cómo…? ni siquiera sé por dónde empezar. No quiero que se enfade, no quiero que me deje, no quiero herirle…

Se gira a mirarme, sorprendido y asustado por mi voz rota.

– ¿Qué pasa Rennie?

– Creo que he hecho algo horrible… – respiro hondo antes de continuar, reprimiendo unas lágrimas que no quiero derramar. Me temo que voy a necesitarlas para más tarde. – Que… ¿Qué se consideraría ser infiel?

Veo en sus ojos de chocolate amargo la comprensión y el dolor, y de nuevo siento ganas de llorar. El ascensor se detiene y me acalla con un gesto.

– Hablamos dentro.

Me muerdo el labio y le sigo, temblando, cuando abre la puerta de su casa.

Huele a él, huele tan a él…

– Ven, pasa.

Le sigo por el apartamento vacío.

– ¿No hay nadie?

– Mis padres trabajan mucho. – responde simple.

El miedo no me impide apreciar lo acogedor que es el apartamento. Es antiguo. Ni viejo y destartalado ni con ese aire conservador y elegante de las cosas hechas antiguas a propósito. Simplemente es antiguo, las paredes susurran historias a gritos y cada cosa parece estar en su sitio en el desordenado caos.

Es reconfortante, y cálido. Es un hogar, es Baekho. Y de nuevo tengo ganas de llorar.

Respiro hondo, él me acaricia el pelo y nos metemos en su habitación. Pequeña, desordenada y llena de objetos sin utilidad aparente. Nos sentamos en su cama, unos centímetros más alejados de lo que sería normal, y duele.

– ¿Qué has hecho?

Su voz no me reprocha, es una voz exasperada, cansada. Esto no le sorprende en absoluto, pero le duele. Y su dolor me mata.

– Yo… Ayer estuve en casa de Mimi… Me quedé a dormir…

– ¿Te acostaste con Mimi?

– No… No exactamente… nos besamos… con Jay también… ¡pero porque somos así! Nos comportamos así, es la relación que tenemos, siempre ha sido así. Nos besamos, nos liamos cuando estamos aburridos o necesitados, ¡pero no significa nada! Y aún así… me siento tan mal… y ni siquiera me he dado cuenta hasta ahora… y ahora me siento horrible… lo siento…

No sé cómo puedo disculparme por algo así, es demasiado horrible. ¿Por qué ni siquiera me di cuenta? ¿Porqué he fracasado tan estrepitosamente en mi intento por ser “normal”?

Baek no me responde. No me grita, no se enfada. Se pasan las manos por el pelo y se tumba en la cama.

– No sé si sentirme celoso u orgulloso porque te has dado cuenta solo de que estaba mal…

No está enfadado, pero está dolido.

– ¿Vas a dejarme?

– No.

¿Por qué? He hecho algo horrible, he fracasado, he perdido la partida apenas habiéndola empezado. No puedo seguir fingiendo ser normal, no puedo seguir aguantando esta mentira. Lo nuestro nunca podrá funcionar, porque yo simplemente no puedo estar con nadie, nunca seré suficiente para él. ¿Por qué ni siquiera se enfada?

– Pues deberías. Te he sido infiel. ¿Es que ni siquiera te importa?

Levanta la cabeza y me mira, dolido, pero no enojado.

– Claro que me importa. Pero… Supongo que estaba metalizado para algo peor. Me lo advirtió tu psicóloga que necesitarías a otras personas para el sexo, y más si yo no estaba preparado… Y aun así duele pero… Te quiero más que eso…

Ya me ha perdonado.
Entonces… está bien ahora…

Niego. No, no está bien. Nada está bien. Eso no es así…

– Pero te he engañado. Y volveré a hacerlo, ¡porque ni siquiera me di cuenta hasta ahora! Puedo fingir que estoy curado, que soy normal, pero sigo estando loco, sigo estando “enfermo”. No entiendo estas cosas, no entiendo las normas, no deberían dejarme jugar…

Me coge las muñecas, deteniendo mis manos en el aire. Sus ojos se encienden de furia un instante, luego vuelve a calmarse y me sonríe, acariciándome el pelo.

– Rennie… Irás aprendiendo, poco a poco. Yo te enseñaré, nadie ha dicho que sea fácil pero…

– ¡No! No voy a conseguirlo, no voy a curarme, jamás lograré entenderlo. ¡Solo conseguiré hacerte daño!

– Si que lo comprendes, – insiste – y aprenderás estas cosas, te has dado cuenta de que has hecho algo malo, eso es un paso.

– ¡Pero tarde! ¿De qué sirve eso?…

– Rennie… de verdad no quiero enfadarme por eso. Sabía que podía suceder, sabía que iba a suceder, me lo advirtieron, incluso tu mismo. Acepté eso cuando acepté salir contigo. De verdad, no importa…

Sabía que iba a suceder. No le importa.

– Rennie… te quiero…

Se acerca, acaricia mi mejilla y me besa.

Me ha perdonado…

Siento sus caricias, sus labios dulces, su aroma a chocolate envolviéndome y capturándome, sus manos acariciando mi piel, como me busca su cuerpo.

Siento su excitación, su deseo, en la forma como se tensa, en su latido acelerado, en el temblor de su cuerpo. Su aliento entrecortado choca contra mi piel, no se aparta después de besarme, se queda quieto, expectante, temblando de deseo.

Puedo sentir su excitación, pero no la mía. Solo tengo ganas de llorar.

Ya lo sabía, se lo habían advertido, y en ningún momento me creyó capaz de contenerme.

¿Por qué yo sí me lo creí?

Le aparto, no puedo seguir con esto.

– Tengo que irme.

No digo más, no es necesario. Corro, sin más, huyendo de él, huyendo de sus manos que intentan retenerme a su lado, huyendo de sus gritos y suplicas.

Pero no puedo huir de lo que he hecho.

Bajo las escaleras corriendo, porque sencillamente es impensable esperarme de pie en el ascensor. Solo puedo correr, necesito correr, mientras corra sentiré que estoy huyendo, mientras corra sentiré que mi propia culpa no puede alcanzarme.

No es por lo que he hecho.

No es por besar a Mimi.

No es por miedo a que Baekho me deje.

Lo único en lo que puedo pensar es que he fracasado. Intenté ser normal, sin pensar en que no hay cura para las personas como yo.

Soy un ninfómano. Soy un maldito ninfómano.

Voy a serlo siempre.

¿Cómo he podido creer que no?

No he decepcionado a Baekho. Me he decepcionado a mí.

 

… ¿que puedo decir? Más bien me interesa lo que podais decir vosotros. ¿que opinais sobre la conclusión final de Ren? ¿porque està reaccionando así?

Revs please! es un capítulo muy importante para mi. 

SHIROKO

 

Ninfomanía: La cura. Capítulo 5

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

Ahora me estoy tardando más en actualizar porque aun estoy escribiendo, espero no retrasarme tanto para el próximo ^^

 

Capítulo 5

Después del partido vamos ambos a comer juntos, Baekho y yo. Él ha vuelto a ducharse con sus compañeros, que le han lanzado un par de comentarios subidos de tono al ver las marcas de mordiscos en su cuello mientras yo me dividía entre la vergüenza, la culpa y el orgullo.

No me he atrevido a volver con las chicas, así que he esperado solo, a una distancia prudencial, y cuando él ha salido duchado y arreglado nos hemos cogido de la mano y hemos ido hacia el centro a comer en algún sitio cerca del parque. Me he tomado la pastilla que me toca con la comida, agradeciendo la calma y quietud artificial que me proporcionan. Al terminar salimos y nos quedamos a dar una vuelta por el centro.

Caminamos hacia el parque, buscando un sitio donde sentarnos.

– Esto está lleno de gente.

Tiene razón. El parque hoy está abarrotado. ¿Es porque es domingo? ¿Por qué no hace tanto calor como unos días atrás?

Como sea, es la oportunidad perfecta para proponérselo.

– ¿Quieres que vayamos a mi casa?

Me mira de reojo, como asustado, y enseguida baja la vista al suelo y se rasca la cabeza, incomodo.

– Rennie… Ya te he dicho que no estoy preparado aún para…

– No te estoy pidiendo eso. – le corto – Te he prometido que no te violaría. No lo haré.

Se ríe, como para indicarme que solo se lo tomaba a broma, pero también veo como suspira de alivio.

¿Le doy asco? ¿Por eso no quiere acostarse conmigo? No Rennie, sabes que no es eso. A Baekho no le das asco, él te quiere…

– Entonces supongo que podemos ir… – sigue sacándome de mis deprimentes conclusiones.

Asiento y empezamos a andar cogidos de la mano. Se siente tan ligero, tan tierno, tan cálido…

– Quiero que conozcas a mis padres… – le digo mientras andamos. Él se detiene y me mira con ojos como platos. – ¿qué?

– ¿Es en serio? ¿Conocer a tus padres? ¿Así de repente???

¿Tan raro es? ¿Me dirá también que aun no se siente preparado para eso?

– Si lo prefieres podemos ignorarles y follar a lo hard en cada una de las habitaciones… – oh, mierda, lo he dicho en voz alta. – olvida eso.

Pero no parece dispuesto a olvidarlo. Se ríe tanto que tengo la sensación de que se va a ahogar. Se dobla, sujetándole el estómago, y cuando parece que va a parar me mira y vuelve a reír.

– Ok, – le espeto algo molesto. – ahora si eres tan amable me explicas el chiste y nos reímos los dos…

– Lo siento. – murmura aun riéndose. – es que te sale tan natural… Es raro.

Soy raro, ya lo sé. Soy diferente. ¿Es eso malo? Para él no parece que lo sea…

– ¡Ash! ¡Ahora me he puesto nervioso! – exclama de repente ya en la calle. – ¡Tus padres!

– Tranquilo – respondo animado. – les caes bien. Osea, por mi. – no, eso no tiene sentido. – me refiero a que… No es algo normal en alguien como yo tener pareja, y se alegraron mucho cuando supieron y… Que les caerás bien, vaya.

Me abraza y murmura contra mi oreja.

– Espero que sí.

Nos metemos en el metro camino a mi casa y mientras esperamos el siguiente convoy me coge la mano y me dice bajito.

– ¿Sabes? Me alegro de que me pidieras eso. – Me mira y me sonríe. Yo me sonrojo porque soy un estúpido con complejo de quinceañera enamorada. – Este es el orden correcto para hacer las cosas. – me explica calmado. – primero nos conocemos, conocemos a las familias y demás. Luego nos acostamos.

Asiento. Tengo asumido que no tengo ni idea de cómo funciona una relación así.

– ¿Y en qué nivel está conocer a mi psicóloga?

Me mira algo sorprendido.

– ¿Quieres que conozca a tu psicóloga?

– Ella quiere conocerte. – respondo esquivo.

– Ok, supongo que tampoco tengo elección.

– Tranquilo – le sonrío – le caerás bien.

Me acerco aún más y le beso, recreándome en el contacto, atrayendo algunas miradas indiscretas.

Y, muy orgulloso de mi mismo, consigo retirarme justo antes de que sea imposible parar.

Jo, menuda frustración…

Y así es como, al día siguiente, por primera vez en mucho tiempo no voy solo a mi sesión de terapia.

Subimos juntos en el ascensor del hospital, le aprieto la mano con fuerza, él me mira y se ríe, nervioso. No sé cuál de los dos tiembla más…

Llegamos a la consulta, ignoro completamente a la secretaria y me siento en una de las sillas a esperar. Baekho la saluda, y ella responde tartamudeando. Al instante sale disparada de su mostrador y se asoma a la puerta de la consulta.

– Dra. Jang… – la llama.

– Un momento, – responde ella des de dentro – estamos a punto de terminar.

– Choi ha venido acompañado. – sigue insistiendo – ¿le dejo pasar?

– ¿De verdad? – su voz suena sorprendida, más que eso alucinada. – Porque si es verdad puedes ir abriendo el champán…

La oigo reírse, y la secretaria la mira confundida.

– ¿Es en serio?

La psicóloga se asoma a la puerta y sonríe al vernos. Me doy cuenta de que aún estoy cogiéndole la mano a Baekho, y hago todo lo posible por no sonrojarme.

– Pues sí que es cierto… – se acerca a nosotros, sonriendo. Frunce el cejo un instante, como pensando – definitivamente no voy a llamarte Baekho, así que mejor te pregunto tu nombre.

Baek sonríe antes de responder.

– Dongho, Kang Dongho.

– Encantada de conocerte entonces, Dongho. Enseguida estoy por vosotros.

Se despide y vuelve a meterse en la salita.

La secretaria, curiosa, finge que vuelve a su trabajo mientras nos observa de reojo.

Esa chica es tonta.

Entramos apenas cinco minutos más tarde, ella sonríe de oreja a oreja mientras nos indica que nos sentemos en la butaca grande.

– Bueno Minki, así que este es tu… amigo Dongho…

– Mi novio – corrijo.

Se me queda mirando y sonríe, hago todo el posible por no sonrojarme, creo que no lo consigo.

– Tu novio, bien… – No te sonrojes Ren, está jugando contigo, aguántale la mirada, finge que no te importa… – ¿Y hay algo de tu novio que no me hayas contado aún y quieras decir en su presencia?

Aish, que bien ha sonado eso de “tu novio”… ¡No te sonrojes!

Desvío la mirada fingiendo indiferencia, me apalanco más sobre la butaca y murmuro un “para nada”.

Ella sigue sonriéndome con superioridad.

– En tal caso yo si quiero decirle muchas cosas, ¿te importa esperar fuera mientras hablo con él?

Ah, no, eso sí que no. ¿Dejarles solos? Ni hablar, a saber que tonterías le mete en la cabeza…

Pero Baek me aprieta la mano, mirándome con su sonrisa dulce que me derrite el corazón. Me acaricia el pelo.

– Está bien.

– Ok…

Me pongo en pie a regañadientes, y al último segundo vuelvo a agacharme y le beso, con ansias y con lengua, con mucha lengua. Y aún besándole abro los ojos y miro descaradamente a Jang. Ella se tapa la boca para ocultar que se está riendo a carcajadas.

Salgo de la sala con seguridad y dignidad, y la oigo reírse justo antes de cerrar la puerta. La muy zorra se lo está pasando en grande…

Me siento en una de las sillas bajo la mirada fija de la estúpida secretaria, y a mi me concome la curiosidad. ¿De qué hablarán? ¿Qué querrá decirle que yo no pueda saber? ¿Le preguntara por nuestras intimidades…? Pues se llevará un chasco, porque con lo que hemos hecho hasta ahora…

No aguanto la intriga. ¿Estará mal escuchar a escondidas? Osea, ¿Está muy mal? Bueno, en cualquier caso no será peor que violar a una compañera ¿no? Ya voy a ir al infierno igualmente…

Espero cinco minutos, diez, hasta que la curiosidad puede conmigo.

Me acerco sigilosamente y pego mi oído a la pared. La secretaria me mira sorprendida, pero es tan tonta que ni me planteo la posibilidad de no ignorarla. Por el caso podría ser una muñeca hinchable. Aunque tal vez entonces me gustaría más…

– … Esto iría a ser fácil. – Me llega la voz de Baekho – Supe desde el primer día que él era diferente, pero no me eché atrás. ¿Por qué iba a hacerlo ahora?

– No quiero que le dejes, para nada, solo que seas consciente de las po…

– Minki – me llama la secretaria – ya te llamarán cuando te necesiten, puedes sentarte. – me sonríe como la estúpida cabeza hueca que es.  Y yo la sigo ignorando mientras intento comprender lo que dicen.

– … Tan malo ¿no? Osea, ¿qué es lo peor que puede pasar?

– Lo peor no sé. – Le responde ella – Tienes que contar con que te engañará. Aunque esté contigo seguirá necesitando sexo con otras personas. También tienes que ir con cuidado de que no te contagie nada. Pero todo eso ya lo sabes, cuentas con ello. De lo que quiero que seas consciente también es qué que en el mejor de los casos se curará, y tú serás su “cura”, y una vez deje de necesitarte se olvidará de ti. Porque querrá olvidar todo lo relacionado con esto.

El corazón se me para un instante. Y no tengo muy claro por qué.

Es la primera vez que la oigo hablar de curarme creyéndoselo, creyéndolo yo. Es la primera vez que hay una posibilidad real de ello. Y eso se nota en su tono de voz, y es un golpe para mí. Agradable y positivo, pero un golpe.

Pero no es solo eso… No puedo imaginar olvidar a Baekho. Él es todo mi mundo ahora, no quiero ni considerar el perderle, es mi punto de gravedad. No me parece posible que eso cambie nunca hasta el punto de querer olvidarle. Y no soporto la idea de que él lo piense.

Abro la puerta de golpe, ignorando a la secretaria que me pide, algo histérica, que me siente. Ambos me miran. Él desconcertado, algo dolido. Ella enfadada pero para nada sorprendida.

– Nunca – pronuncio alto y claro. – Si al curarme voy a querer olvidarme de él no voy a curarme nunca.

Ambos se quedan mirándome mientras se repite en mi mente lo que he dicho una y otra vez. Cinco segundos, diez, y cuando ha pasado un minuto el arranque de fuerza deja de parecerme una buena idea. Ahora me suenan ridículas mis palabras, y bajo la cabeza avergonzado.

Baekho coge mi mano, la lleva a sus labios y me besa la palma abierta.

– Gracias. – murmura.

Jang se recuesta en su butaca, con una sonrisa que no puedo definir sino como cálida. La miro a los ojos, y veo como empieza a acumularse agua en sus ojos.

¿Va a llorar?

– Que… – me asusto al instante. No puede llorar. ¿Qué está pasando?

– Lo siento – se disculpa – esto es maravilloso… – Sigo sin comprender nada, pero Baekho tira de mi para que me siente sobre su regazo y me abraza, y así nos sentamos a escucharla. – ¿Sabes Minki? Te llevo des de hace cuatro años, y eras un caso difícil. Venías redirigido de dos psicólogos anteriores que te daban por perdido. Las previsiones eran que tendríamos que internarte antes de la mayoría de edad, y estábamos consiguiendo mantenerte a flote pero… pero esto… – hace un gesto con las manos, como si intentara expresarse con ellas a falta de palabras – Has hecho un cambio radical, casi no puedo creerlo, nunca había visto algo así. Olvidad lo que os he dicho antes, estaba siguiendo el protocolo, pero vosotros sois algo excepcional. – nos sonríe, orgullosa, y me siento cohibido, y a la vez cálido y protegido entre los brazos de Baekho. Por algún motivo sus palabras me están provocando una sensación extraña, como si algo dentro de mí se derritiese. – Tenéis algo muy hermoso que he visto en muy poca gente. Protegedlo. No os enojéis por tonterías, confiad en el otro, apoyaos mutuamente… – sacude la cabeza – no, no hace falta que os diga nada de eso. Solo sed felices juntos.

Baekho me abraza con más fuerza. Siento que tengo que decir algo.

– Lo haremos. – responde mirándome con esos ojos de chocolate fundido y esa sonrisa de rayos de sol.

Siento lágrimas en mis ojos también. Tiemblo. No puedo comprender que me pasa. Rompo a llorar. Baekho me abraza, Jang nos sonríe, y yo solo puedo repetir como un estúpido “gracias”…

Después de esta ridícula y vergonzosa sesión de terapia de la que no volveré a hablar en mi vida Baek y yo vamos a mi casa. Mamá le acoge encantada y nos quedamos sentados en el sofá viendo la tele hasta tarde. Cena con nosotros y luego discute sobre futbol con mi padre. Se va pasadas las once y porque tiene clases al día siguiente.

Le acompaño hasta la parada de metro y nos despedimos con un beso que pretendía ser corto pero que se alarga por mi parte.

No quiero separarme de él. No quiero dejar de sentirle.

Pero se separa, me sonríe y me dice.

– Pronto.

Le sonrío también, algo avergonzado de ser tan obvio, y vuelvo a casa sintiéndome vacío. Sintiendo que me falta parte de mí.

Gracias por leer ^^ 

SHIROKO

Ninfomanía: La cura. Capítulo 4

ninfomania2-4

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Capítulo 4:

Llego a casa con la sensación de tener el corazón hinchado de felicidad, y los labios hinchados por el roce.

Hemos pasado horas en el parque. Besándonos, solo besándonos.

Charlamos, nos reímos y nos besamos. Y lo menor es que no he necesitado nada más. Era perfecto así. Bueno, algo más no hubiera estado mal, pero puedo conformarme con eso por ahora.

Me siento ligero, y con el estomago removido. Pero es agradable, es muy agradable. Me siento flotar.

Y ahora llega el dilema. ¿A quién se lo cuento primero? ¿A papá y mamá? ¿A J y Mimi?

Supongo que a los chicos, aunque no lo entenderán… Pero lo aceptarán, porque son mis amigos. Mis padres… ¿Qué pensarán de ello?

Yo me siento bien. Entonces es que está bien ¿no? ¿Está bien que le quiera? ¿Que aspire a alguien tan bueno como él? La verdad es que me siento egoísta…

Pero soy tan feliz, que seguiré siendo egoísta un tiempo más.

– Hola cielo – me saluda mamá al llegar. – ¿qué tal ha ido?

Siento como me suben los colores, la enorme sonrisa que se pinta en mi cara. Dios, que obvio soy.

– ¿Y esa cara? – se ríe y se acerca. – ¿ha pasado algo?

– Me ha besado. – respondo como un completo idiota. – ahora somos novios.

No he podido contenerme. ¿Cómo podría contenerme? Si solo tengo ganas de… Gritar lo mucho que le quiero, lo feliz que soy ahora. Quiero que el mundo entero lo sepa.

– Wow, eso… – mi madre parece confundida, sorprendida, pero sonríe y me abraza. – me alegro muchísimo por ti Minki. – se separa y me mira a los ojos. – ¿Estás seguro de esto? ¿Eres feliz?

No dudo ni un instante.

– Soy muy feliz.

– Entonces soy feliz yo también.

Me meto en mi cuarto tarareando. Cuando llegue papá se lo contaré también, de momento mis amigos. Por suerte están conectados, porque no puedo esperar para decírselo.

“Estoy saliendo con alguien” Les suelto de golpe. Se callan, pasan unos segundos, y luego llegan las reacciones.

“O.O”

“Wow” “Really?”

“Pero saliendo en plan novios?”

No, saliendo en plan palomas.

“Pos clro k en plan nvios Mimi! En k otro pln se puede salr?”

“Wow” Ya J, eso ya lo has dicho.

“Pues tienes que dejarle”

“¿Eing?” Que dices Mimi?

“Si no le dejas tú te dejará él” “no va a funcionar” “lo sabes”

“Y eso pk?” “Pk a ti te dejen siempre lo mío n puede funcionar?”

Ay que me cabreo…

“No va a funcionar Ren” “no nos entienden” “a un novio no suele gustarle que vayas por ahí acostandote con gente, y nosotros no entendemos en concepto de fidelidad”

No Mimi, lo estás entendiendo mal.

“Él me entiende” “y por eso n t preocups, hace meses q tampco salgo…”

“Entonces es para eso? Para tener el polvo fácil siempre que quieras?”

Ok, estoy oficialmente cabreado.

“Yo n soy cmo tu” “él m gusta”

“Te gusta ahora” “¿Te gustará en una semana? Dos?”

“Si”

“…”

¿Puntos suspensivos? ¡Joder Mimi!

“Cn un “felicidades” bastaba”

“Pos felicidades”

Creo que se ha cabreado. ¡Pues ya le vale! Con lo feliz que estaba yo… Sé que les caerá bien, solo tienen que darle una oportunidad, él nos entiende…

“Chicos…” Interviene JR “no os peleéis…”

“”No os peleéis” pero hasta ahora calladito, ¿no J?”

“Mimi, ests muy borde” Está realmente borde…

“Es que me desesperas. SE que no va a funcionar”

“Ni siquiera le conoces…” Quiero defenderle, decirle que si, que Baekho es diferente a cualquier tío con el que haya podido estar, pero no va a entenderme, no cuando se pone en este plan.

“No creo que pueda a funcionar con nadie”

“Hoy estás especialmente pesimista” No es pesimista J, es borde y toca-cojones.

“Estoy de mala leche” ¡eso!

“¿No te fue bien tu última aventura?”

Estuvo fuera un par de días, puesto que ya está de vuelta supongo que no fue muy bien…

“Me echó en dos días” nos explica “estaba casado, con la mujer de viaje” “cuando estaba por llegar me echó” Mimi y sus aventuras…

“Pos normal”

“Ya…”

Jope, Mimi cabreado y J que sigue en modo zombie drogado, no entiendo porque sigue tomándose las pastillas si le afectan tanto, hace tiempo que no parece el de siempre…

Este ambiente está muerto. Y Baekho no se conecta aun… Baekho… ¿Cuándo volveré a verle?

“Si os presento a Baekho le aceptariais?”

Por favor, Mimi, por favor, es importante para mí…

“¿Se llama Baekho? XD” evidentemente, es J quien responde. Mimi sigue cabreado.

“No, yo le llamo Baekho…” “Se llama Dongho”

“Que monos :P” “Yo si quiero conocerle”

“guay ^^”

“ok” Mimi…

“k te pasa mimi?” que su aventura no le haya funcionado no es algo nuevo. No debería cabrearle tanto. Entonces ¿Qué le pasa?

“que te tengo envidia”

¿Envidia? ¿A mi? ¿Por?

“por?”

“ya sabes…” “porque tienes novio…” oh, claro… “¿Por qué yo no encuentro a alguien así?” “me diréis que no lo busco…” si, claro que lo busca, con desesperación incluso. Mimi no se limita a buscar solo polvos de una noche. Busca admiración, a alguien que le adore. No va a encontrar eso restregándose contra treintañeros casados.

“pero buscas mal, a lo desesperado”

“Tal vez es que no buscas en el sitio adecuado” gracias J, eso es.

“…” “ren, estoy desesperado…”

¿Y  yo que quieres que te diga???

“¿quieres que sea tu novio?” J… Wow, al final se lo ha dicho…

“no es eso J” “pero gracias XD”

Mimi, a veces eres tan idiota…

Le abro otro chat privado a J. Espero que no se lo haya tomado muy mal… “lo decías en serio n?”

Tarda unos segundos en responder, al final dice solo “¿lo sabías?”. Por favor… si eres súper obvio…

“sospechaba”. No responde, y al final acabo añadiendo yo “lo siento”

“gracias”

Mimi sigue hablándonos sobre cómo sería su chico perfecto, J termina yéndose, y yo me quedo siguiéndole la corriente y sintiéndome culpable.

Al rato me veo obligado a irme yo también para no terminar gritándole algo a lo “enamórate de J y déjate de tonterías!!!”, y justo cuando termino de despedirme otra burbujita de chat se me abre. ¿Quién me estará hablando?

“hey, que hay de tu vida? Hace mucho que no te veo”

Es Aron. Realmente hace como tres meses que no “salgo con su grupo”. ¿Ahora finge que me echa de menos? Ya, claro.

“Me contagiaron sida” “estoy en el hospital” “me voy a morir”

Ok, es de mal gusto, pero no me apetece hablar con él.

“es en serio?”

“no”

“uf…” Ni que te importase “No hagas bromas así!!!” “me has asustado” lo que tu digas.

“oye, me marcho a ayudar a mamá con la cena” “ya hablamos”

“entonces estás bien?” Ya te he dicho que si “ok, hablamos” claro…

Cierro el portátil y me tumbo sobre mi cama. ¿Enserio ahora finge que le importo? Si se la pasaba regañándome. No me soportaba. Y no me extraña tampoco, con todo lo que me ha visto hacer… Pero eso no cambia las broncas que me metía siempre cuando volvíamos para su casa.

“eres un inconsciente! ¿Cómo puedes hacer eso? ¡Ponle un mínimo de sentido común so idiota!”

Está claro que me odia. ¿Por qué me habla entonces?

Porque no te odia. Se preocupa. Igual que papá y mamá. En el fondo te quiere.

¿Me quiere? ¿Es posible?

¿Es posible que todas esas broncas fueran porque se preocupaba por mí?

“¿Qué no ves que es peligroso? ¿No ves que podría pasarte cualquier cosa?”

Aron se preocupaba por mí…

Oh, mierda. ¿Por qué habré sido tan borde con él?

Vuelvo a coger el portátil y le abro el chat.

“lo siento Aron” ah, dios, esto es ridículo. “tu… no me odias… ¿verdad?”

“eh?” “no, claro que no”

Bu-bum, bu-bum, bu-bum. ¿Porque tengo la sensación de que se me puede parar el corazón en cualquier instante?

“tu… ¿te preocupabas por mi?”

“¿Cómo no me iba a preocupar? Tendrías que haberte visto, volvías siempre hecho un asco, y vi algunos de los tíos con los que te acostabas, parecían peligrosos” “en serio, me veía que cualquier día no volvías. Pero si te decía algo me gritabas, y tampoco quería pelearme contigo…” “creo que como protector soy un desastre…”

Wow… ahora me siento… Mal… He creído durante tanto tiempo que me odiaba… Es como con mis padres. Siento ganas de llorar.

“no, eres bueno” “gracias por intentar protegerme todo este tiempo…”

¿En serio le he dicho esto? Cuando me pongo sentimental no me reconozco. Él tampoco.

“Estás bien???”

“si, estoy muy bien” “y…” Supongo que puedo contárselo ¿no? Osea, tiene que saberlo… “tengo novio”

“oh! Wow! Me alegro por ti! :)”

Me quedo charlando con él. Hablándole sobre Baekho, y él me cuenta cosas también, suyas y de sus amigos. Me dice que vaya algún día con ellos, aunque sea con Baekho, que algunos me echan de menos, otros se quedaron con una mala impresión de mí. Básicamente quiere volver a verme ahora que estoy mejor. Se lo agradezco.

El domingo siguiente voy a ver a Baekho jugar al futbol con su equipo. Con el equipo de su edad, con los que juega, no con los pequeños a los que entrena. Voy aun más nervioso que la primera vez que nos vimos. Es lo normal ¿no? Ahora todo es… Diferente…

Jo, que ganas tengo de besarle… Cuando le vea le saltaré encima. Es que ni me importa que haya gente mirando. Me lo voy a comer. Sus labios, su cuello, sus orejas, sus brazos, su pecho sudado… Jo, que ganas tengo de hacer algo más que besarle…

Voy tan ansioso que llego un cuarto de hora antes. Él ya está ahí, evidentemente, con todos sus compañeros, y aunque hubiera planeado correr a sus brazos y devorarle como si no hubiera mañana me quedo clavado en el suelo. Su sonrisa me paraliza, y sonrío también.

Odio mi subconsciente con complejo de niñita enamorada. ¡No puede ser que me quede así solo porque me ha sonreído! Y ahora me estoy sonrojando… lo que faltaba.

¿Pero qué me pasa con este chico?

Se acerca a saludarme, separándose un poco del grupo.

– Hola Rennie.

Y aun sonriendo me besa rápido en la mejilla cuando llego junto a él. Y mi cuerpo entero se enciende, necesitado de mucho más. ¡Eso no es un beso Baek! Bésame como dios manda, con lengua, muérdeme, devórame, acaríciame todo, tócame, déjame sentirte…

¡Para Ren! Tienes que controlarte ¿recuerdas?

Y todo eso solo porque me ha besado en la mejilla…

– Hi… – murmuro con voz ahogada.

Se preocupa al instante.

– ¿Pasa algo?

Cojo aire y me obligo a echar de mi mente todas las imágenes mentales de Baekho y yo en una cama, Baekho y yo desnudos, Baekho entre mis piernas, yo lamiendo entre las suyas…

Fuera, todo eso fuera.

Sacudo la cabeza, suspiro y me fuerzo a sonreírle al responder.

– No, lo siento, es que… Imagino cosas.

Por su cara me queda claro que lo ha entendido, y que la próxima vez es mejor que no se lo diga. Creo que le asusto.

Pero él solo se ríe, me coge de la mano y me lleva con sus compañeros, para presentarme.

Presentarme como su novio.

Se sonroja y tartamudea, pero está claro que ya lo saben todos, porque ninguno se sorprende de verme, o no en el sentido que deberían…

– Wow, – exclama uno, ¿GoonWo? ¿GoonHae? ¿HongHae? ¿O ese era el de al lado? -quando te he visto digo, no puede ser, nos dijo que salía con un tío, y entonces le has besado y he pensado “pero que troll!”, hasta que te has acercado y he visto que eras un tío. Jeje, ¿Cómo puedes parecer tan niña?

– Eh Goon, deja de meterte con él. – le regaña Baek. Me sonrojo al oir que me defiende, le miro y me pierdo en sus ojos, y le beso.

Sus labios son tan dulces, tan suaves, tan… tan suyos, que no quiero dejar de sentirlos, pero él me aparta, avergonzado.

– Tengo que jugar ahora Rennie…

Hincho mis mejillas en desaprobación, pero sé que tiene razón y me aparto.

– ¡Que monos! – exclama una voz femenina. Me giro y veo a una chica colgada del brazo de uno de los compañeros de Baekho. Será su novia.

– Esta es HyeJung. – me presenta Baekho, y ella lo toma como invitación para acercarse a mi y darme dos besos.

Me quedo helado, paralizado, luchando contra los impulsos de mi mente enferma y mi cuerpo necesitado. Ella huele a chicle, a champú de manzana verde, a desodorante de chica. Tiene las manos frías y las mejillas suaves, y sus labios están pegajosos de crema.

Se separa y me sonrío, y yo aun tiemblo por dentro, aunque mantengo mi cuerpo muy quieto. Me coge las manos y me mira, sonriente.

– ¿Vienes a sentarte con nosotras?

Aun reprimiéndome miro a Baekho, y él asiente dándome ánimos.

– Claro – respondo con un murmuro.

Si se ha dado cuenta de mi extraña reacción no lo demuestra, se separa y vuelve a colgarse del brazo de su novio.

– Nosotros tendríamos que ir pasando. – dice uno, los demás asienten y se despiden para irse hacia los vestuarios.

– Bueno… – se despide Baekho. – nos vemos luego. – sonrío y asiento, nos besamos, y otra vez siento que se separa demasiado pronto. Se va con una sonrisa, y cuando me giro veo a la chica, Hyejung, esperándome.

Nos sentamos en las gradas con dos chicas más, y no dejan de hablar ni un instante. Se interesan por mí y me preguntan cosas, y yo hago lo posible por desviar el tema sutilmente. Mientras esperamos a que empiece el partido charlamos de series, de películas y de ropa, y descubro que estoy cómodo charlando con ellas, no se me hace forzado.

Empieza el partido. No tengo ni idea de cómo funciona ni de lo que está pasando. Se lo digo y después de mirarme extrañadas empiezan a narrarme lo sucedido, a explicarme que normalmente son once jugadores y no siete, como hoy, que solo uno de ellos, el portero, puede tocar la pelota con las manos, que eso se considera falta. Me explican lo que es un fuera de juego, el funcionamiento de las tarjetas, de las faltas, penalties, corner, y muchas cosas más, y aunque no me entero de la mitad asiento como si lo estuviera entendiendo todo y al poco rato  dejan la clase teórica  y siguen hablando ellas.

Y yo empiezo a fijarme más en lo que veo, y lo que veo son chicos corriendo. Baekho y sus compañeros, en shorts y manga corta. Estamos prácticamente a primera fila, así que no están muy lejos, alcanzo incluso a ver las gotas de sudor en su frente, en su cuello y en su nuca, sus brazos musculados brillantes por el calor y el esfuerzo, sus rostros rojos y congestionados. Les oigo jadear cuando pasan cerca, siento el olor a sudor des de mi sitio. El calor, del sol, de la gente y del ejercicio me llega, entra en mi y una vez más desata mis instintos. Ya no miro a los jugadores como un simple observador, sino como un cazador, un depredador. Quiero esos músculos, esa piel, esos labios rojos y jadeantes por el esfuerzo. Quiero enredar mis dedos en el pelo corto de la cresta rubia de Baekho, morder sus orejas perforadas y suspirar entre sus labios, enredar nuestros cuerpos desnudos y que el calor se transforme en gemidos, en roces, en suspiros.

Controlate Ren, no puedes ponerte así ahora, le prometiste a Baekho que irias a ver el partido, tienes que poder hacerlo, tienes que aguantar, tienes que controlar tu mente…

Me abrazo a mi mismo, bajando la cabeza entre jadeos.

Gatitos muertos Ren, gatitos muertos.  Gatito, tigre, Baekho. NO. Controlate, contrólate, ¡contrólate!

Calma el ritmo de tus respiraciones, vacía tu mente, deja de lado todos los pensamientos indebidos, olvida la excitación de tu cuerpo necesitado, anhelante, desesperado…

– ¿estás bien?

Una de las chicas me mira preocupada, y me doy cuenta de que no es la única. Veo asco, desconcierto y repugnancia en sus miradas, y no puedo soportarlo, tengo que salir de aquí.

Lo siento Baekho.

Me refugio en los lavabos, me mojo la cara con agua fría y me resisto a nada más. Froto mis sienes y mi cuello, obligándome a reaccionar, a apagar el incendio en mi interior. Pero es imposible, he perdido el control de mi mismo.

Me resisto me obligo a mi mismo a apartar las manos de mi cuerpo, las manos que se mueven solas acariciando mi piel encendida, pero es inútil, y a la que mi voluntad flaquea vuelvo a acariciarme necesitado.

No, Ren, no. Has venido a ver el partido de Baekho, deberías estar en la grada animándole, tienes que hacer que esté orgulloso de ti, tienes que cambiar, por él, tienes que ser mejor, tienes que superar esto, tienes que calmarte…

Pasan cinco minutos, diez, veinte, media hora. A ratos consigo calmarme, pero el excitación vuelve, apenas me puedo mover de donde estoy por temor a perder el control de mi cuerpo, de mi mente.

– Rennie. – oigo su voz des de fuera. – ¿Estás ahí? ¿Estás bien?

No sé cómo responder a eso, alargo el brazo y, temblando, quito el pestillo de la puerta. Me pongo en pie y salgo del pequeño cubículo, rezando interiormente por mantener el control, la poca calma que he conseguido.

Pero él me mira, me sonríe y coge mi mano, y se caen todas mis defensas, pierdo el control y al instante siguiente me encuentro besándole. Sus labios corresponden y se abren a mi paso, enredo mi lengua en la suya y le abrazo con fuerza, clavándole los dedos en la nuca, perdiéndome entre el aroma de su cuerpo y los latidos de su corazón acelerado.

Para cuando se da cuenta de que el beso es demasiado apasionado, de que algo no va bien y tiene que pararme ya es tarde, nuestros labios ya están demasiado pegados, nuestras pieles ansían tocarse y mi cuerpo atrapa el suyo contra la pared, abrazándole fuerte para impedirle alejarse.

Se remueve, intenta apartarme, separarse, pararme. No le dejo. Me enredo aún más entre sus brazos, me pierdo aún más entre sus dedos. Quiero sentirle más, necesito sentirle, necesito el sabor de sus labios, el calor de su cuerpo, el tacto de su piel, lo ansío y lo deseo.

Recorro su pecho, muerdo su cuello y su oreja, resiguiendo con mi lengua. Siento su latido acelerado contra mis labios, muerdo con más fuerza y le oigo quejarse, pero no proceso lo que dice, no tiene sentido, no tiene importancia. Importa su cuerpo, su voz, su piel desnuda cuando levanto su camiseta para besar su pecho, devorarle, comerle…

Me coge por los hombros, empuja con fuerza y al instante siguiente soy yo quien tiene la espalda contra la pared. Por mi bien, que sea él quien me toque, que sea él quien me haga sentir…

Pero no me toca, no me besa, no me acaricia, me zarandea con fuerza, gritándome, y me salpica la cara con agua fría.

– ¡Basta! ¡Contrólate, vamos! – parpadeo y le miro, está furioso. – Cálmate. – No, está asustado.

Oh, no. He estado a punto… otra vez… Si Baekho no llega a tener la fuerza suficiente para detenerme… no quiero ni pensar en ello. Soy horrible.

Respiro, luchando conmigo mismo para mantenerme, calmarme. Tengo que hacerlo, si llego a hacerle algo a Baekho no me lo hubiera perdonado jamás. ¿Qué más dá que sea mi novio? No puedo simplemente tomar de él lo que quiera cuando quiera. Ya me dijo que no estaba preparado. ¿Qué me pasa?

Me pasa que pierdo el mundo de vista, que no puedo resistirme a mis impulsos, que ni siquiera he pensado en sus sentimientos porque en ese momento me habría dado absolutamente igual que fuera él o cualquier otro de sus compañeros, cualquier otra persona.

Y me odio por eso.

– Lo siento Rennie – empieza con voz triste. – sé que quieres eso pero… aun no estoy preparado, y no me parece que…

– No, no, no. – le interrumpo. – no te disculpes porfavor. Me hubiera odiado si llego a hacerte algo. Gracias por pararme…

Me mira, dudando, y en sus ojos hay tanto miedo como culpa, y no me gusta ninguna de las dos. Siento ganas de llorar.

Cuando habla apenas es un murmuro, pero es más de lo que yo soy capaz de pronunciar.

– Siento que… Si quieres podría… podría intentar…

Le obligo a callar, con un dedo sobre sus labios y niego con la cabeza.

– No, está bien. – le calmo. – Aún no. No voy a violarte, te lo prometo. Esperaré.

Suspira, vuelve a murmurar un lo siento y besa mi cabeza.

Sé que tendré que ser paciente, sé que tengo que esperar y aguantar, y quiero hacerlo, porque conseguirlo significará merecerle, significará ser mejor.

Espero ser capaz.

Ninfomanía: La cura. Capítulo 3

ninfomania2-3

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

De momento este es mi capítulo favorito, espero que os guste ^^ 

 

Capítulo 3

– Bueno, ¿De qué quieres hablar hoy?

La Doctora Jang me mira des de detrás de las gafas con su estudiada pose de seriedad, fijamente. Yo sonrío antes de contestar.

– De Baekho.

– Será la tercera sesión en que hablamos de él.

– ¡Y aún se merecería muchas más!

– ¿Entonces es importante?

– Es muy importante.

– ¿Por qué?

Me encojo de hombros.

– No sé, es importante.

– ¿Importante como tus padres?

Lo pienso unos instantes. Mis padres… No es lo mismo.

Niego con la cabeza.

– Son categorías distintas.

– ¿Importante como Jonghyun y Minhyun entonces?

– ¡No les llames así! – respondo enfadado. ¡Qué manía! – Son Jay y Mimi ¿vale?

– De acuerdo – murmura. – un día hablaremos sobre tu manía con los nombres propios…

Resoplo, exasperado. Esta tía me cansa…

– Entonces… ¿Baekho es como Jay y Mimi?

¿Cómo J y Mimi? Sí, claro… No podrían ser más diferentes.

– No, él es diferente. Es especial a su manera. Me siento cómodo con él.

– ¿Por qué?

Ya estamos…

– ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? – me quejo imitando su pitido de voz – ¡Siempre igual! Yo te habló de cosas interesantes y tu: “¿por qué?”. No me extraña que no tengas amigos.

– En realidad considero que tengo unos dotes sociales considerables y un número de amigos para nada despreciable – responde con total tranquilidad. – pero puesto que no hablábamos de eso dejaré que pienses lo que quieras.

– ¡Bah! – suspiro y me apalanco en el sillón. Me pone histérico.

– Bueno, ¿entonces de que cosas interesantes sobre Baekho quieres hablar?

Sonrío, sin poder evitarlo.

– Pues de lo bonita que es su sonrisa, de las cosas dulces que me dice, de lo bien que huele…

Baekho huele tan… Masculino… Caucho, césped, sudor, especies, chocolate. Y colonia dependiendo del día. En el fondo también es muy coqueto.

¿Quedaremos hoy? Mañana él tiene entreno, no podremos quedar, igual el miércoles… Aunque él necesitará estudiar, que me siento culpable si le robo muchas horas libres, pero… Jo, es que me aburro mucho, y tengo tantas ganas de verle…

– ¿Vas a hacer algo por mi, Minki?

Me encojo de hombros, aburrido, ansioso por irme y conectarme al Skype.

– Dispara.

– ¿Por qué no vienes con Baekho la semana que viene?

Que… ¿Qué?

– ¿Eh???

– A la próxima sesión le traes contigo ¿vale?

No.

– No. Para nada. ¿No conoce a mis padres y le voy a presentar a mi psicóloga? Ni hablar.

Niego con la cabeza y me cruzo de brazos y piernas. De ninguna de las maneras.

– Bueno, pues empieza por presentarle a tus padres entonces.

– No. Ni de coña. Eso sería como hacerlo oficial…

– ¿El qué?

– No se…

– ¿Te gusta?

– No se…

– ¿Por qué no lo sabes?

Ya estamos con el “porque”…

Regreso para casa en el metro.

Supongo que sí. Me gusta. ¿Qué otra cosa puede ser? Quiero verle, pasar más tiempo con él, si quedamos me emociono y me pongo nervioso, cuando nos separamos le echo de menos en seguida.

Y claro, “pienso” en él. A todas horas. No es que eso sea una novedad pero… Es que le imagino… Me imagino acariciando esos músculos… Mordiendo sus orejas llenas de piercings… Sus brazos rodeándome, me imagino besando sus labios, y mil cosas más.

Y constantemente, siempre con él, solo con él. Eso si es raro.

¿Cuánto hace que no me acuesto con nadie? Desde antes de conocer a Baekho, hará más de dos meses… ¡New record! No me explico como estoy tan calmado. Osea, si, pastillas y tal, pero ahora ya no tomo una dosis tan alta, otras veces solo con eso iba cachondo perdido.  ¿Que me está pasando? ¿Será verdad? ¿Me estaré enamorando?

Si es así él tiene que saberlo. Porque… No sé. ¿Por qué?

Bueno, si yo también le gustase a él podríamos ser algo más que amigos (sería tan perfecto…) y si no… Si no sería un problema…

¡Ah! ¿Qué hago?

¿Sería posible que yo le gustase? ¿Alguien como yo? Sería raro pero… ¿Por qué ha salido conmigo todo este tiempo si no? Solo como amigos… Tengo la sensación de que ya somos algo más que amigos. Nunca hemos sido solo “amigos”, soy demasiado raro como para que saliera conmigo sin siquiera plantearse que pudiéramos ser pareja, y si se lo ha planteado y seguimos quedando… ¿Será que yo también le gusto?

Aunque sigo sin tener claro lo que siento yo…

Ok, mi cerebro empieza a echar humo y ni siquiera es por sobrecalentamiento. Mejor dejo de darle vueltas y se lo pregunto directamente. Porque es lo mejor que puedo hacer ¿no? ¿Qué hace normalmente la gente en mi lugar? Es cierto que es arriesgado pero… Sigue pareciéndome la mejor opción, así que en nuestra próxima “cita” en el parque busco la forma de sacar el tema.

– Baekho – le llamo, evidentemente nervioso, por no decir muriéndome de los nervios – yo no tengo ni idea de cómo funcionan estas cosas pero… ¿Que debería hacer si… Digamos… Quisiera que fuéramos más que amigos?

Ya está, lo he dicho. No me atrevo a mirarle, me arden las mejillas. ¿Que pensara de mi ahora? Ash… Montón de dudas vienen a mi mente en los segundos que tarda en responder, aunque no es como si pudiera hacer algo más que esperar ahora.

– Bueno… Considerare eso una declaración y… Realmente no lo sé. Supongo que ya no puedo negar que me gustas, y aunque eso me provoque un problema moral por… Porque eres un hombre y tal… Como a ti parece no importarte simplemente creo que podemos ignorar ese punto… – creo que me he perdido en su divagación. Creo que él también, porque se para y frunce el cejo. – Me estoy haciendo un lío.

– Se ha notado. – me río.

Sonríe también. El ambiente es menos tenso, y lo agradezco.

– Ok, dejemos de lado los prejuicios. Me gustas, y por lo que parece yo a ti también, así que supongo que lo lógico ahora sería decidir salir como pareja…?

Su razonamiento se transforma al final en una pregunta, y me mira dudando. Yo no tengo muy claro que me está preguntando. ¿Si quiero ser su novio? Se lo he preguntado yo primero ¿no?

– Supongo. – contesto.

Mantengo el tono indiferente, pero por dentro el corazón me va a cien, y siento que a él también.

Y… ¿Somos pareja ahora? ¿Ya está? Pues que fácil.

– ¿Y ya está? ¿Somos novios?

– Supongo… – se ríe. – No se, ha sido un poco torpe pero… Creo que sí. – se rasca la cabeza, nervioso y dubitativo. – ¿qué esperabas?

Lo pienso unos instantes. ¿Que esperaba? Algo de película, sin duda, todo mi conocimiento de la materia en sentido romántico se limita al cine.

– Mmm… ¿Flores? – respondo lo primero que se me pasa por la cabeza -¿Bombones?

Parece sorprendido por mi respuesta.

– ¿Te gustan las flores? Porque tengo entendido que bombones no puedes comer…

Podría si pudiera descargar mi excitación con “alguien”… Ok, Ren, eso te lo callas.

– Ya…

– Pareces decepcionado. – me sonríe, algo triste.

– No, – me encojo de hombros. – no sé lo que esperaba.

– La verdad es que es un poco patético.

Se ríe y se tumba sobre el césped, mirando al cielo.

– ¿Entonces cual es el siguiente paso? – le pregunto. – ¿nos acostamos?

Se incorpora de golpe, con los ojos como platos y la boca abierta. ¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo?

– ¡Rennie! – se exclama – ¡no! Eres un poco extremista… – Sacude la cabeza. – ni siquiera nos hemos besado aún.

Y eso, es la invitación perfecta.

Cierro los ojos, humedezco mis labios y me acerco lentamente.

Y retrocedo. No puedo, no puedo hacerlo. No me atrevo a tocarle, a besarle. Baekho es demasiado “puro”. Me doy cuenta al instante de que no podría hacer algo así. No le merezco…

– ¿Has intentado besarme?

Me mira divertido, algo sonrojado. Yo desvío la mirada a las apasionantes briznas de hierba verde bajo mis manos y murmuro en apenas un susurro.

– Si…

Ojalá no me haya oído.

Pero si lo hace, me oye, y responde acariciando mi mejilla, mi mentón, me toma de la barbilla para obligarme a mirarle, y antes de que me dé cuenta sus labios están sobre los míos.

Me está besando.

Es torpe, pero su tacto es tan suave, tan cálido, tan dulce… Apenas presiona sus labios con los míos, sin moverse, pero aún el simple contacto me enciende, necesito más, y muevo mis labios contra los suyos. Responde al contacto, y siento el roce de sus labios llenos.

Podría morir ahora mismo.

Nuestras bocas se separan y una parte de mi se queda en sus labios. Solo puedo pensar que quiero más, que no soporto separarme de él ni que sean unos centímetros, que quiero fundirme con su alma…

Abro los ojos y los clavo en los suyos.

– Fóllame.

Se atraganta con su propia risa, retrocede, se tapa la cara, avergonzado.

– Dios Ren… Eres tan sutil…

– No quiero ser sutil. Quiero tener sexo contigo. Ahora.

– Rennie… – me mira incomodo. – en primer lugar estamos en medio del parque…

¿Qué importa eso? ¿Qué importa NADA?

– Lo he hecho antes en callejones, es buscar un hueco y…

– Ren, no – me corta serio. – Tal vez para ti no importe, pero para mi sería mi primera vez, y no quiero que sea… En un callejón… Ni quiero que sea ahora. Ni… No estoy preparado aún, no se… No estoy seguro, lo siento…

¿Es que hay que estar preparado para algo? ¿Qué importancia tiene?

En fin, él sabrá de qué habla. Tampoco puedo obligarle… ¿verdad? ¿Puedo? No, supongo que no. Así que mi frustración y yo nos callamos y me refugio en la neblina de las pastillas para pasar la excitación.

– ¿Que hacemos entonces? – le pregunto.

Se ríe, pero no es su risa de siempre, es algo histérica, amarga.

– Pues charlar, como hasta ahora.

– Vale…

Algo en mi tono le pone triste, y me siento triste yo también al verlo.

– Lo siento Rennie, te estoy decepcionando. – ¿qué? – es que soy un novato con esto y… No puedo darte lo que tú quieres, lo siento…

– No… – me siento muy triste. Porque no entiendo lo que pasa, pero algo no está bien. Baekho no está bien y me pone triste. Se gira a mirarme. – No lo sientas. – le acaricio la mejilla. ¿Estará así menos triste? – Sonríe por favor. Tu sonrisa es preciosa. Si sonríes me haces feliz. Eso es todo lo que quiero. Tú eres todo lo que quiero.

Los ojos se le llenan de lágrimas. ¿Por qué? ¿Qué he hecho? Quería que sonriera. ¿Por qué llora? ¿Tan mal lo he hecho?

Salta hacia mí, me abraza, apretándome entre sus brazos gruesos con fuerza, con necesidad.

Sorbe las lágrimas mientras me abraza. Y yo no entiendo nada, pero me siento tan bien en sus brazos que me dejo llevar por su aroma, su calidez y su ternura, me dejo acunar por su cuerpo fuerte

Se separa un poco y me mira a los ojos.

– Creo que me estoy enamorando de ti… – me dice.

Y solo hay una respuesta posible a eso.

– Hazlo. Enamórate.

Sigue mirándome intensamente.

– Me romperás el corazón, sé que lo harás.

Y otra vez, solo hay una respuesta posible.

– Romperás tú el mío si no lo haces.

Y me besa, me besa de nuevo sin aviso, saltando a mis labios y devorándolos con ansias. Y es mucho más intenso que el primero. Es mucho más cálido. Porque este beso es un sello, una marca de que es cierto, nos queremos.

Y en este instante decido que por él, por este beso, voy a cambiar. No le merezco, pero le quiero, y voy a ser mejor persona por él.

Ninfomanía: La cura. Capítulo 2

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Capítulo 2

Las miro fijamente, como si fueran a desaparecer si solo me espero.

No quiero hacerlo… Odio estas asquerosas bolitas blancas. Odio como me vuelven poco más que un vegetal. Prometí que me las tomaría pero… ¿Es necesario una dosis tan fuerte?

– ¿Que pasa hijo?

Levanto la vista a mirar a mamá, que me mira des de la puerta de la cocina.

– Mamá… ¿Puedo no tomarme las pastillas hoy?

Abre los ojos, sorprendida, preocupada, algo dolida.

– Ya sé que prometí que lo haría. Y si insistes lo haré, pero creo que estoy mejor y… Ya has visto que me atontan mucho… Me sientan mal… – No me responde. Duda. Evidentemente ha visto los efectos que tienen – podemos hacer la prueba hoy. No tengo que salir de casa. No puede pasar nada. Comprobamos que tal va y…

– Vale. – Acepta. ¿Cómo? ¿Y ya está? pues que fácil… – tomate solo una. De hecho tomas una dosis muy alta. Tal vez no necesitarías tanto… Luego llamaré a la Doctora Jang. Creo que debería bajarte la dosis…

Abrazo a mi madre y le prometo que lo haré. Me tomo una pastilla, estudiando primero cual me parece más pequeña, aunque evidentemente son idénticas.

Paso un día mucho mejor que los anteriores. Estoy calmado, relajado y algo lento de reflejos, pero “estoy”. Soy consciente de las cosas, “siento” cosas.

Sentado en el sofá miro la televisión y me entero de lo que veo, acaricio el cuero del sofá y siento su tacto, me llega el aroma del estofado que prepara mamá en la cocina. Huele bien.

Se siente bien.

Después de tres semanas chateando casi constantemente y con la seguridad que me da tener a mis padres otra vez a mi lado me atrevo, al fin, a pedirle una cita a Baekho. Acepta enseguida, y quedamos para la tarde siguiente. Viernes.

Tengo un serio problema para vestirme para salir, porque soy consciente de que no puedo vestirme de chica ni como me visto para salir de noche, y dejando de lado el uniforme y algún chándal en eso consiste todo mi fondo de armario. Termino pidiéndole ayuda a mamá. Y ella acepta encantada.

Aún se hace algo incómodo, después de tanto tiempo pensando que me odiaba. Pero ella pone mucho de su parte abrazándome y acariciándome como antes no hacía nunca, y yo, por primera vez, estoy seguro de ver amor en los ojos de alguien que me mira.

Le hablo sobre Baekho mientras me pruebo ropa. Ella es un público excelente.

– ¿Te gusta ese chico?

– No lo sé, – respondo sincero – nunca me ha gustado nadie en ese sentido. De momento me lo paso bien con él.

Me sonríe, me desea suerte y me despide con un beso en la frente cuando me voy.

Es genial volver a tener una madre. Me hace sentir seguro y cálido. Me hace sentir un poco más “sano”.

Baekho me espera en una heladería del centro. Me sonríe cuando me ve acercarme y me invita a un helado.

Su aroma me golpea, el mismo aroma a especias, césped y chocolate que me asaltó en el supermercado. Me he acostumbrado a su voz, a verle, pero su olor… Es un perfecto afrodisíaco, y yo no necesito más estímulos.

Cierro los ojos y aspiro, forzándome a controlarme, a acostumbrarme a él.

– ¿Te importa si lo cojo de chocolate? – me pregunta mientras yo miro los helados intentando decidir un sabor.

– ¿No, porque iba a importarme…?

– Porque dijiste que te gustaba, pero que no podías tomar, no quiero darte envidia.

– Ah, puedes coger. Yo me cogeré el de frambuesa que también me encanta. E igual te robo un lametón y todo.

Sonrío, algo seductor. Y al instante me maldigo. ¡Que es Baekho! Tengo que controlarme, es que me sale natural.

Pero no parece incómodo por mi comentario, se ríe, con su enorme y blanca sonrisa, haciéndome sonreír a mí también.

– Pensaba que no podías tomar.

– Es que tengo prohibido cualquier tipo de excitante, pero si es poco no pasara nada.

– ¿Y eso? – pregunta curioso, y añade medio en broma – ¿eres hiperactivo?

Algo peor Baekho, algo mucho peor…

– No exactamente…

Tengo que contárselo. Va a enterarse tarde o temprano, y mejor que sea porque yo se lo digo que no porque le salte a la yugular. Tengo que hacerlo. Tal vez incluso no le doy demasiado asco y podemos seguir hablando… Ojalá…

Nos dan los helados y nos alejamos andando hacia los jardines del parque.

– Baekho… – empiezo no muy seguro – Hay algo sobre mi que tendrías que saber, pero… Es vergonzoso, y tengo miedo de que no quieras volver a verme cuando lo sepas…

– ¿Eres gay?

¿Eing? Ok, vale, era malinterpretable.

– No… Osea, si lo soy, pero eso no es lo que te quería decir… Y más bien me considero homoflexible. – Ante su cara de confusión me veo obligado a aclarar – Con preferencia por los chicos, pero puedo estar con chicas también.

– Ah…

– ¡Pero eso no era!

Se ríe, debo de tener un aspecto lamentable revolviéndome el pelo por los nervios…

– Perdón por interrumpirte pues. Sigue.

– Yo… – ¿Cómo puedo confesar algo así? ¿Cómo puedo decírselo? Solo suéltalo Ren, tal cual, ni lo pienses. – Soy ninfómano.

Espero unos segundos a que responda, con la vista al suelo, pero no dice nada, y  final me giro a mirarle. Su cara es un poema.

– Ehm… ¿Me estás diciendo que quieres acostarte conmigo?

¿Eing?

– ¿Eh? ¡No! ¡Claro que no! Osea, si. Quiero acostarme contigo y con la mitad de seres humanos de la tierra. Pero eso no es lo que estaba diciendo… – creo que le estoy asustando. Mierda. ¡Cállate Ren! – Tengo un trastorno de hipersexualidad, diagnosticado. Es algo serio ¿vale? Me medico y voy a terapia. Pero sé controlarme – es cierto, últimamente lo hago… – No voy a hacerte nada raro…

Me mira durante unos instantes más en silencio, con el helado derritiéndose en su mano (y yo derritiéndome con su mirada fija, y su cuerpo caliente…), hasta que al fin asiente y dice.

– Bueno, no te tengo miedo.

Pego un resoplido. ¿En serio? ¿Eso es todo? ¿Es que se ríe de mi o qué?

– Pues deberías – respondo fulminándole con la mirada mientras doy un lametón a mi helado. Mmm… Que fresquito.

– Acabas de decirme que no vas a hacerme nada raro.

No me toma en serio. ¿Pensará que esto es una broma o me estará vacilando?

– Ok, voy a “intentar” no hacerte nada, pero deberías andarte con cuidado conmigo. Soy peligroso. – ¿Porque estoy diciendo esto? Parece que quiera alejarle.

Responde con una carcajada.

– Sí, claro, te ves peligrosísimo.

Me hago una imagen mental de mi mismo. Rubio, delgado, chupando un helado de frambuesa… Ok, no doy precisamente miedo.

Suspiro.

– No me tomas en serio ¿verdad?

– Sí, claro que sí. Sabía que tenías algo raro. Pero… No sé, no puede ser tan malo ¿no? Osea, aparte de que seas un obseso degenerado…

Le pego en el hombro como protesta mientras se parte de la risa. Tengo que admitir que me hace feliz que se lo tome tan a broma, pero tiene que entender que es algo serio.

– Una vez casi violé a una compañera de clase. – admito muy serio. – Bueno, sin el “casi”. Me temo que la violé en toda regla. Hubiese terminado si no nos hubieran separado.

– ¿Por eso no vas a cole? – me mira serio. Al fin parece entender la gravedad de la situación.

Asiento.

– Sus padres me denunciaron. Y con motivo. Me expulsaron. Por suerte nada más. Acepté medicarme e ir a terapia, que ya lo hacía, y aquí acabó todo. El juicio fue un asco, y el fiscal estaba cañón, lo que no ayudaba mucho.

Vuelve a reírse.

– Bueno, creo que si intentaras violarme podría defenderme.

– ¿En serio? – Respondo a broma yo también – soy muy fuerte.

– Seguro…

Se ríe, y en venganza le robo un poco de helado.

Chocolate… Como te echaba de menos…

Se nos pasan las horas y terminamos tumbados en la hierba del parque, tomando el sol. Charlamos de series, de música, de mí. Ahora que ya no tengo secretos con mi vida privada no deja de preguntarme por mi enfermedad. Y en ningún momento veo asco ni desprecio en su mirada, solo interés.

– ¿En serio? ¿Tres a la vez?

– Y hasta siete en una noche. Es mi récord. Más ya es difícil, más que nada por cuestiones de tiempo, siempre tengo que regresar antes de las tres…

– Ok, me impresionas.

– Yo me doy asco…

– Forma parte de la enfermedad ¿no? Sentir asco por lo que haces…

– ¿Cómo te sentirías tu si le ofrecieras tu cuerpo a cualquiera que esté dispuesto a tomarte? Y ni siquiera cobro. Soy patético…

Pero Baekho no parece asustarse de nada de lo que digo, lo que me lleva a pensar que es él el que tiene un problema mental. Osea, este tío no es normal.

Quien fue a hablar…

Regreso a casa con una enorme sonrisa, ansioso por volver a verle. Y mi deseo se cumple, pues en los próximos días quedamos casi a diario.

No sé qué es lo que siento hacia Baekho, porque nunca lo había sentido antes. Pero creo, es posible, que sea “amor”.

Ninfomanía: La cura. Capítulo 1

ninfomania2-1

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

primer capítulo de la segunda parte! Ahora las cosas empiezan a ir mejor, no hay más qeu leer el título: “LA CURA” ¿será eso posible?

 

Capítulo 1

Gris, apagado y sin vida, así es como lo veo todo, como si fuera una de esas pelis antiguas, borrosas, con los colores quemados y con mala calidad de audio. Tengo que esforzarme sobremanera para captar las cosas de la realidad, y siento mi mente extrañamente vacía… Extraño, porque siempre hierve de actividad, en su sentido más literal.

En cambio ahora todo es frío. Bueno, frío no, apagado, muerto.

Estas asquerosas pastillas… Casi me había olvidado de por qué dejé de tomármelas, este embotamiento… Lo odio. Cuando tengo la cabeza suficientemente clara como para pensar lo odio con toda mi alma. Es como si todo estuviera muy… Lejos…

No me dejan solo nunca. No he vuelto al instituto. No he vuelto a salir solo de casa. Sólo duermo, acompaño a mis padres en su día a día y descanso en modo vegetal sentado en el sofá. Ni siquiera soy consciente de si enciendo la tele o no.

Y en este estado de zombie drogado sigo a mi madre por el supermercado, sincronizando mis pies a los suyos para forzarme en centrar la atención en algo, sin ser consciente de nada más.

Hasta que me llega el olor…

Despierto de golpe, de pronto mi mente vuelve a hervir de ideas. No tan claras como de costumbre, no tan ardientes, pero despiertas.

Es un olor a especias, hierba verde y chocolate. Es fuerte, para mi olfato sensible, pero no llega a ser empalagoso, solo embriagador, hipnótico…

Cierro los ojos y aspiro con fuerza, llenando mis pulmones de este delicioso aroma que me ha despertado. Abro de nuevo los ojos y le miro.

Es un chico de mi edad, fuerte, robusto, rubio, con el pelo corto y de punta y las orejas perforadas. Apenas a un metro de mi coge su compra para meterla en la cesta, y cuando se gira para seguir andando me ve a mi, me mira fijamente con ojos oscuros, profundos…

Siento vértigo, el estómago oprimido como si hubiese subido a una montaña rusa. No hay suelo bajo mis pies.

– Em… ¿Estás bien?

De repente soy consciente de la situación, de que me he quedado mirándole fijamente en medio del supermercado. Me avergonzaría, bajaría la mirada abochornado, pero no soy capaz de apartar los ojos de los suyos, me ha absorbido completamente.

En su mirada veo todo un mundo, un universo enorme que de repente ha eclipsado todo lo demás. No hay nada fuera de su mirada. Ni siquiera recuerdo mi propio nombre.

Tal vez por eso no me giro cuando oigo a mi madre llamándome desde muy lejos.

– ¡Minki! – Algo tira de mi brazo, pierdo de vista sus ojos y vuelvo a caer a la tierra. – ¿Qué haces? No te separes de mí.

Mamá me mira con reproche, el chico sigue perplejo, confundido. Yo también lo estoy, ¿qué ha sido eso? Quiero buscar de nuevo sus ojos, pero no me atrevo. No me atrevo levantar la vista del suelo.

Oigo a mamá disculpándose, farfullando incoherencias, y cuando el chico responde con voz suave que para nada le estaba molestando levanto la vista de nuevo a mirarle. Su voz es arrulladora, ligera se posa sobre mi piel como una caricia, sobre mis labios como un beso intangible…

Nos separamos, ni siquiera digo nada, mamá me arrastra, yo vuelvo a sumirme poco a poco en el embotamiento con que venía. Me resisto, pero no puedo hacer nada contra la niebla que se mete en mi mente…

No, no puedo irme así. Me sacudo para despejarme y para soltarme del agarre de mamá. Retrocedo tres pasos y le intercepto.

– ¡Espera! – alargo el brazo para detenerle pero no me atrevo a tocarle. Él se gira y me mira curioso. Hasta que yo me atrevo a preguntar con un murmuro- ¿Cómo te llamas?

Sonríe, y brilla al hacerlo, y una parte de mi quiere sonreír también. Responde, pero anonadado en su sonrisa apenas le oigo.

– ¿Baekho? – ¿tigre blanco?

¡Estúpido, claro que no ha dicho eso!

Ríe, antes de responder de nuevo.

– Dongho. Kang Dongho.

Dongho…

– Yo Minki. – respondo. – Choi. – Y vuelve a sonreír.

– Pues encantado de conocerte Choi Minki. – me tiende la mano, con la sonrisa más radiante que me han dirigido nunca. Levanto mi mano para estrechar la suya, pero tiemblo. No me atrevo a tocarle. Aún desde mi sitio alcanzo a sentir el calor de su cuerpo. Tocar su piel… Me parece casi profano.

Doy un paso atrás, temblando, retrocediendo sin saber muy bien de qué huyo.

– Tengo que irme… – murmuro. Su sonrisa se borra, y el mundo parece algo más oscuro. – No, no dejes de sonreír… – levanta las cejas, sorprendido. Dios mío, ¿he dicho eso en voz alta? Me revuelvo el pelo, nervioso. ¡Seré estúpido! – ¡N-nos vemos! – consigo articular antes de salir corriendo.

Paso al lado de mi madre y sigo andando, y ella me sigue, perpleja.

– ¿Le has preguntado su nombre?

– ¿Por qué preguntas? Lo acabas de oír…

– Nunca te habían interesado los nombres de la gente…

Tiene razón, claro que sí, pero no quiero verlo. No entiendo qué me ha pasado y no quiero entenderlo. Ha sido demasiado extraño, demasiado… Intenso…

Mejor olvídate Ren. No tiene importancia.

Pero sí la tiene. Siento que él es importante.

Dongho… Baekho… Me río interiormente. Puedo llamarle tigre ¿no? Tampoco es como si él fuera a enterarse…

No dejo de darle vueltas. Aún no entiendo lo que pasó con ese chico…

Dongho… Baekho… Mi tigre blanco…

Vaya una estupidez. ¿Qué me está pasando? No dejo de pensar en él. ¿Quién será? ¿Cuántos años tendrá? ¿Irá aún al  instituto? ¿A cuál? ¿Qué cosas le gustarán? ¿Tendrá pareja? Si la tiene ¿chico o chica? ¿Qué pensaría de alguien como yo…?

Y esas preguntas que ni siquiera puedo comprender de dónde han salido se suceden lentamente en mi mente últimamente tan vacía. Y al final siempre termina igual. ¿Volveré a verle?

Me gustaría tanto volver a verle… Hablar con él, de verdad, atreverme a darle la mano y, tal vez, pedirle su número de teléfono, agregarle a Facebook…

Espera, puedo buscarle. Sé su nombre, puedo encontrar su Facebook.

Corro escaleras arriba a coger el portátil. Abro el chat e ignoro los mensajes de J y Mimi. Tecleo su nombre en el buscador, dejándome alguna letra por los nervios. A ver, concéntrate, “K-A-N-G   D-O-N-G-H-O”. Enter.

Es la tercera opción. Sé que es él, aunque salga con la cara tapada por unas horrendas gafas de sol blancas.

Abro y me miro sus fotos. La primera que veo es una selca, de él solo. Sale moreno y con una camisa roja a cuadros. El sol le da de lleno en la cara y se refleja en sus ojos color chocolate… Mi corazón da un vuelvo y siento algo cálido en mi, siento que algo se derrite…

Sacudo la cabeza y sigo mirando. Sale con amigos, y con chicas, pero ninguna en particular. No parece que tenga novia. Veo fotos con un grupo de niños en un campo de fútbol, posando para una foto de equipo. ¿Entrena a un equipo infantil? Siento de nuevo esa calidez, esa ternura.

No sé qué me pasa con ese chico, pero tengo que decirle algo, tengo que intentarlo, tengo que intentar contactar con él.

Pienso en que decirle para que me acepte. ¿Se acordará de mí? Fue sólo un momento y muy raro pero… Hace sólo dos días… De mi nombre seguro que no se acuerda, pero de mi cara… Igualmente tampoco tengo mi nombre en Facebook, pero tendría que ponerme una foto de perfil más… Decente… Alguna tendré en la que parezca un chico normal…

Cambio mi foto por una selca de mi cara, borro algunas cosas de mi biografía y me atrevo al fin a mandarle la solicitud.

“¿Agregar como amigo?” “Sí”

Amigo… Ojalá fuera algo más…

¡Ash! ¿¡Pero qué dices Ren!? ¡Que ni le conoces!!!

Pataleo dando vueltas sobre mi cama, nervioso, riéndome de mi mismo. ¿Desde cuándo soy una niña cabeza-hueca? Ok, compórtate y escríbele para que sepa quién eres.

“Hi~~~~ n se si te acordadas de mi, nos conocimos en el super el otro dia jeje”

La máquina me avisa con un pitido y un globito rojo de que me ha aceptado.

Me ha aceptado. ¿Tan rápido? ¿Y ahora qué hago? No esperaba que estuviera conectado…

“Hola Minki”

Se me para el corazón.

Se acuerda de mí.

Me reconoce y recuerda mi nombre.

No me creo lo afortunado que soy.

“Hey! Te acuerdas d mi!”

No seas tonto Ren, no le provoques.

“Pues claro :D”

Hasta en los mensajes sonríe…

Si mi corazón sigue a este ritmo mi pecho va a estallar.

Y no me importaría, podría morir ahora mismo.

Seguimos hablando. Nos conocemos. Nos preguntamos sobre nuestras vidas, respondemos algunas de las preguntas. Así me entero de que tiene mi misma edad y del instituto al que va, de que juega a fútbol y entrena a un equipo de críos de seis años, de que es fan de las pelis de ciencia-ficción y las series policiacas, de cualquier clase de serie en realidad, con preferencias por lo cómico sin llegar a ser estúpido y exagerado. De que tiene un fuerte sentido de la vergüenza ajena, de que tiene una hermana mayor a la que ya no ve nunca des de que se casó, que le gusta la carne poco hecha y que sigue una dieta sana y equilibrada llena de vegetales, pescado y productos ecológicos. De pronto me siento culpable de la bolsa de chucherías hipercalóricas de mi cajón.

Yo por mi parte le cuento que no me gustan los deportes, aunque soy rápido corriendo y a veces me pongo música y bailo hasta tarde. Que no tengo hermanos pero si dos amigos con quienes lo comparto absolutamente todo (en un sentido mucho más amplio de lo que él habrá imaginado…). Que odio el instituto y que me pirra el chocolate, aunque lo tengo prohibido.

No le cuento nada más. Nada más es seguro.

Hablamos hasta tarde, comentando series que seguimos ambos, música, MVs… Y al día siguiente me dice buenos días al mediodía, al volver de colegio y seguimos hablando.

Durante las dos siguientes semanas charlamos hasta hartarnos. Encerrado en casa espero ansioso el momento en que se conecte para poder hablar con él. Para que me cuente su día a día, para darle mi opinión sobre las series que me ha pasado y que me estoy mirando. En general me gustan. En el fondo nos parecemos más de lo que cabría imaginar. Tenemos gustos parecidos. En series, en comida, en libros, en música… Bueno, más o menos, aunque le pareció rarísimo que escuchara Madonna.

“Oye, q la llamaban la reina dl Pop X algo…”

“Ya, si sé que es buena, es que se me hace raro…”

Luego conseguí que escuchara canciones suyas y de Lady Gaga. Que las escuchara y que le gustaran. También me dice que los doramas son para chicas, y a la semana le tengo llorando con el final de Rooftop Prince, cuando se va… Dios, eso es tan triste…

Al principio hablábamos por Facebook, ahora por Skype. Es genial poder verle mientras habla. Se me cae la baba. Lo sé, y me pone de los nervios saber que también me ve a mi, que si me quedo embobado mirándole o me sonrojo (o algo peor) por alguno de sus comentarios va a verme. Así que controlo al máximo mi comportamiento para que tenga una buena opinión de mí. Me comenta un par de veces que soy tímido. Yo no me considero especialmente tímido, pero mejor que piense eso y no que soy un obseso… Que lo soy…

Evidentemente se dio cuenta de que no iba al instituto. Porque siempre estaba conectado y cuando me preguntaba por mis días yo respondía siempre “nada, aquí en casa…”. Pero cuando me pregunta por ello yo no me siento preparado para hablarle de por qué me expulsaron, no quiero hablarle de mi “enfermedad”.

– Problemas con los compañeros… – respondo evasivo.

– ¿Problemas? ¿Qué clase de problemas? – Su tono es más sorprendido y curioso que chismoso, y por un segundo me planteo contárselo, pero no puedo. Me ve vacilar y agrega casi al instante – Perdón, si no quieres no me lo cuentes, no quería ser cotilla.

– Ya… – Una parte de mi quiere contárselo, porque terminará enterándose igual. Pero aún no, aún no estoy preparado para enfrentarme a su rechazo y desprecio. – Otro día, ¿vale? No quiero hablar de eso ahora…

Ese lunes en la consulta le hablo a mi psicóloga de Baekho. Me acostumbré a llamarle así en mi mente y cuando se lo comenté le hizo tanta gracia que he seguido haciéndolo. El caso es que le hablo de él, y admito que no me atrevo a hablarle sobre mi enfermedad.

– ¿Tienes miedo a que te rechace cuando se entere? – asiento. – ¿Por qué?

– Porque es importante. – respondo encogiéndome de hombros. Pero ella niega y vuelve a preguntar.

– ¿Por qué crees que va a rechazarte?

Tampoco tengo que pensar mucho para responder a eso.

– Porque es lo que hace la gente cuando se entera, alejarse. ¿Cómo van a quedarse al lado de alguien que les da asco? Mis padres lo hacen solo porque es su obligación, igual que mi primo. En el fondo me sabe mal por ellos… Tiene que ser horrible tener que aguantarme sabiendo lo que…

A la siguiente sesión se presenta con dos fotografías que deja sobre la mesa nada más entrar yo.

– Ren, quiero que me digas las diferencias entre esta expresión – señala la primera imagen – y esta otra – añade señalando la de al lado.

Les echo un vistazo y la ignoro, ¿qué clase de chorrada es esta?

– Vamos, al menos dime si las ves diferentes.

– Bueno, es evidente que son diferentes… – respondo con un resoplido. Estos juegos me cansan mucho.

– ¿Pero ves diferentes las imágenes, o ves diferente la expresión?

– Em… No se… – me inclino sobre la mesa y finjo fijarme – La expresión, es diferente creo…

– Vale, ¿qué expresión es esta?

Señala a la derecha. No lo dudo ningún instante, es algo que conozco muy bien.

– Asco.

– ¿Y esta?

Voy a decir “asco” también, porque es lo que me sugiere, pero son diferentes, así que me callo y lo pienso.

– ¿Repugnancia?

– ¿Y en qué se diferencian el asco y la repugnancia?

La miro, aburrido, pero ella insiste muy seria a que responda.

– ¿Son lo mismo…?

– Pero has dicho que las expresiones son diferentes. ¿De qué es esta expresión pues?

No respondo, y esta vez porque realmente no se que responder. Para mi las dos son “asco y desprecio”, no sé decirle las diferencias.

– Es preocupación. – Responde ella al fin – Y no es negativa, es algo que sienten hacia ti las personas que te quieren, que quieren lo mejor para ti. Has visto esta expresión en las caras de tus padres ¿verdad? – trago saliva. Tiene razón. Esa es la expresión con que me miran siempre. Pero… No puede ser… No puede ser que sientan algo distinto al asco por alguien como yo… – La confundes con el asco, pero no lo es, no está relacionado con el odio, sino con el amor…

– No…

– ¿No me crees?

– Ellos no me quieren. – respondo muy convencido, sintiendo el dolor que me causan estas palabras.

– ¿Por qué crees eso?

– ¡Porque es cierto! ¿Quién podría querer a alguien como yo?

– ¿Por qué no? – sigue con su expresión monótona de siempre.

– Porque… ¡Porque soy un monstruo!

– No Minki, tienes un problema, pero no eres malo, ¿íbamos a odiarte solo por tener un “problema”?

– Sí, claro que sí. – respondo sin dudar – Soy asqueroso, soy repugnante, soy un peligro para la sociedad. Todo lo que merezco es odio.

– ¿Pero quién es que te odia? ¿Ellos? ¿O tu?

– Todos.

– No, tus padres no te odian, yo no te odio. – Niego, incapaz de creerlo. – Cuando haces algo… Cuando tu problema te impulsa a hacer algo malo no es “asco” – señala la fotografía – lo que ves en las caras de tus padres, es “preocupación” porque saben que tu vas a sentirte mal con eso. Cuando les pides de salir el fin de semana no es “asco” por lo que saben que vas a hacer, es “preocupación” por cuáles serán sus consecuencias. Tus padres te quieren. Se preocupan por ti. Quieren que te cures, pero no porque seas una vergüenza para ellos, para que estés mejor. No te tocan, pero no porque les repugnes, para no incomodarte.

– Esto no tiene sentido…

– ¿Sigues sin creerme?

– ¡Pues claro! – me pongo en pie, exaltado. No me creo una palabra de lo que está diciendo. Seguro que se lo está inventando todo para hacerme feliz, porque siempre dice que no me quiero a mi mismo. ¿Cómo podría ser de otro modo? ¿Cómo podría alguien no odiarme?

– Llévate las fotos Minki. – insiste hacia el final de la sesión – Míratelas, y cuando alguien te mire con una de esas expresiones y no estés seguro de cual es te las miras para ver la diferencia. Y la semana que viene me cuentas que has descubierto.

– Pero…

– Sin peros, quiero que lo hagas. Y recuerda. Asco, negativo, odio. Preocupación, positivo, amor. Fíjate bien…

Me marcho obsesionado con las expresiones. No es posible, no es posible que tenga razón. Está claro que solo es una técnica para subir mi autoestima, hacerme creer que hay gente que me quiere… Que no soy solo una carga y una vergüenza para mis padres…

Pero me tiene intrigado, no dejo de darle vueltas. ¿Y si tuviese razón? ¿Sería posible que alguien quisiera a alguien como yo?

Necesito comprobarlo.

– No voy a volver a la terapia, – anuncio al llegar a casa. No hablo en serio, pero necesito algo que sepa que les hará reaccionar.

Mamá, se gira a mirarme, con el cejo fruncido, tal como imaginaba, me mira con asco… No. No es “asco” es “preocupación”.

¿Es posible?

¿Lo es?

Saco las fotografías del bolsillo para asegurarme. Las cejas algo alzadas en el medio, los labios algo fruncidos. Es “preocupación”.

Me quiere.

No me odia, no soy solo un peso en su consciencia.

Y aunque lo vea no lo creo. Seguro que es una invención de la psicóloga.

Y aun así…

– Tú… ¿Me quieres?

Abre los ojos como platos, tapándose la boca con la mano.

– Claro que te quiero mi niño… – murmura con voz ahogada, como si fuese a llorar.

Se acerca, abriendo los brazos para estrecharme entre ellos, pero no se atreve, retrocede.

No mamá, necesito que me abraces…

Doy un paso al frente, pegándome a su pecho, enterrando la cabeza en su hombro, sintiendo sus brazos rodeándome.

– ¿Porque lo dudas?

– Pensaba que me odiabais…

– ¿Odiarte? – se separa. – ¿porque íbamos a odiarte?

– Porque soy… – asqueroso, inmundo, repulsivo, abominable… Pero me quiere… – porque soy “diferente”…

– Eres mi niño precioso Minki. – sus palabras me arrullan mientras me acaricia el cabello. – Tienes… Un problema, pero no te odio por eso. Eres mi niño y te quiero.

Me abrazo a ella con fuerza, llorando sin saber muy bien porque.

Y la creo, quiero creerla.

Un par de horas más tarde, cuando papá llega de trabajar mamá le pide que venga a abrazarme y a decirme cuanto me quiere. Por algún motivo terminamos los tres abrazados en el sofá. Lloran, y yo también, aunque siento mi corazón muy ligero.

 

¿que os parece? Ren ha aprendido mucho en este capítulo. 

Y si, ya tenemos aquí al tigre!!! ^^

SHIROKO

Ninfomanía: La enfermedad. Capítulo 4

ninfomania4

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Capítulo 4

Estoy nervioso, y no llego a entender por qué. Me froto las manos, me rasco la cabeza, miro a ambos lados y una vez más me obligo a apartar las manos de mi boca antes de que me fastidie las uñas. Estoy sudando, a chorros, me tiemblan las piernas, y las manos también, cuando consigo dejarlas quietas. ¿Y todo eso porque?

Ni idea, lo único que se me ocurre es que volvemos a tener clase de historia, y el estúpido sustituto, que no sé porque nadie le ha contado de mi problema, hoy se me antoja aún más sensual que de costumbre.

Lleva como litros de colonia, y no se cual es pero me pone demasiado… La camiseta se arrapa a su trabajado cuerpo, perfilando sus músculos, y en sus brazos desnudos puedo ver las venas recorriendo su piel… Y quiero lamer esa piel, reseguir con mi lengua esas venas marcadas, y seguir con su cuello, con su pecho, con su ombligo, con su…

¡Contrólate!

El esfuerzo mental que tengo que hacer para no empalmarme es sobre humano, pero estoy decidido a no perder otra clase. No voy a decepcionar otra vez a mamá, aunque ella me odie…

El profe sigue explicando, se pasa la lengua por los labios secos de tanto hablar. Y a mi me falta el aire. Gesticula para ilustrar sus explicaciones, marcando sus músculos al moverse, y se me llena la boca de saliva.

Bajo la vista a sus pantalones, ligeramente ajustados, marcando deliciosamente su entrepierna… Le haría tantas cosas… Tantas y tantas cosas…

Miro al techo, respiro hondo e intento no pensar en nada que contenga penes, lenguas ni ninguna clase de figura humana con poca ropa…

Gatitos muertos Ren, gatitos muertos…

Aguantare la clase entera. Ya lo creo que sí. ¡Puedo hacerlo!

No es solo esta clase, hoy llevo un día especialmente desconcentrado. Des de primera hora que no puedo evitar imaginar a mis compañeros desnudos.

Jongwoo tiene pinta ser una bestia en la cama, aunque es posible que no lo sepa ni él, Hyunsik seguro que es tierno y lento, pero tiene un cuerpo que compensa todo el resto. Minah, también tiene un cuerpo de infarto, pero aunque intente aparentar seguro que no tiene la más mínima iniciativa en la cama. Yoona en cambio… Tan tímida que parece y yo he visto más de una vez en sus ojos que lleva una lujuria dentro… Aunque se esconda detrás de las gafas y abrochándose hasta el último botón por la forma en que se mueve seguro que se le da bien “bailar”… Y nos imagino a ambos “bailando” a oscuras, desnudos y saboreando el calor de nuestros cuerpos… Oyéndonos gemir, sintiéndonos sentir…

Y no consigo sacar eso de mi mente…

Durante el recreo me escondo en los baños, pero mis propias caricias solo me traen culpa y frustración. Parezco calmarme, pero cuando vuelvo a ver gente mi vista se dirige de nuevo a sus intimidades, y me imagino tocándoles, lamiendo sus partes más privadas, mordiendo y chupando, saboreándoles, devorándoles y metiendo mis dedos en sus cavidades.

Me imagino sintiéndome dentro de mis compañeras, me imagino sus pechos llenando mis manos y la deliciosa humedad entre sus piernas.

Me imagino cabalgando a mis compañeros, empalándome en ellos y moviéndome en un vaivén embriagador, jugueteando con sus bolas entre mis dedos y saciándome con sus gemidos hipnóticos, su semen llenándome por dentro al terminar…

Esto no es normal, esto no puede ser normal… ¿Qué me está pasando hoy???

Gatitos muertos Ren, gatitos muertos…

Me recuesto en la pared del pasillo, justo al lado de la puerta de los baños de los que acabo de salir, y agazapado en el suelo espero a que todos entren en sus aulas.

No quiero ir a clase, de verdad no quiero…

¡Vamos Ren, tienes que hacerlo!

Intento ponerme en pie, pero siento extraño mi cuerpo, como si no me perteneciese… Estoy hirviendo por dentro.

Respiro hondo, varias veces, intentando relajarme aunque casi estoy hiperventilando. Enredo mis dedos crispados en mi pelo. Todo yo estoy temblando, no sé qué me pasa…

– ¿Hola? – oigo una vocecita a lo lejos. La ignoro – ¿estás bien? – insiste – ¿necesitas algo? ¿Quieres que avise a algún profe?

Oigo la voz más cerca, casi a mi lado, y levanto la cabeza a mirarla.

Es una chica, una niña. De primero seguramente, regordeta, con el pelo oscuro recogido en dos trenzas, me mira preocupada con ojos brillantes y los labios rosados entreabiertos, húmedos.

El deseo palpita en mis oídos, mi mirada baja a su camisa, tensa alrededor de su pecho, al borde de su faldita, por donde se entrevén unos muslos llenos… Está muy cerca, puedo sentir su calor, y su piel parece tan suave…

Y entonces me llega su olor. Olor a colonia dulzona, a champú de frutas y a su propio olor corporal, más fuerte y ácido…

Y entonces sí, pierdo los sentidos.

Me pongo en pie de un salto, ni siquiera soy consciente de nada. Para cuando me percato vuelvo a estar en el baño, con la chica entre mis manos que palpan su cuerpo con violencia. Sus gritos se clavan en mis oídos, pero eso solo me excita.

Muerdo su cuello, paseando mi lengua libremente por la piel de su cuello que mis manos ansiosas van dejando al descubierto al arrancarle la ropa.

Cuelo mis piernas entre las suyas, y luego mis manos, subiéndole la falda y metiéndome dentro de sus bragas. Sus manos me empujan y me apartan, chillando, pero yo soy más fuerte. Me muerde, y yo gimo de placer.

Me froto contra su cuerpo, explorando su interior con mis dedos anhelantes mientras ella me larga patadas, aterrorizada.

Y entonces oigo los gritos en el pasillo, las puertas se abren y alguien me separa de ella.

– ¡Avisad al director que llame a sus padres! – grita alguien – Que vengan a buscar a la chica también. Lleváosla de aquí…

Soltadme, ¡Soltadme! No me detengáis ahora, no podéis detenerme, ¡no podéis!

La chica me mira aterrorizada, acurrucada sobre si misma abrazándose con fuerza. Una profesora se acerca a ella y le tiende un brazo para ayudarla a levantarse y sacarla de allí. A mí me sujetan dos pares de brazos fuertes que me impiden seguirla, que me impiden terminar lo que he empezado, aún cuando deseo su cuerpo, sus gritos, su calor, su humedad…

¡BASTA REN!

¿Qué haces? ¿Qué demonios estás haciendo? ¡Contrólate! Maldita sea ¡CONTROLATE! ¿Qué clase de monstruo eres? ¿Desde cuándo violas niñas? ¿En qué clase de bestia inmunda te has convertido? Me odio, me odio, me odio, ¡ME ODIO! A mi y a mi enfermedad, esta estúpida porquería de enfermedad que tengo.

No lo soporto más… No lo soporto…

Rompo a llorar, dejándome caer entre los brazos que me sujetan. Me siento sucio, me siento asqueroso. Siento que no tendría que existir una aberración como yo.

Me sueltan un poco y yo me doblo sobre mi mismo para potar en el suelo del asco que me doy. Me sacudo, como si así pudiera quitarme de encima mi repugnante existencia.

Mi mente se despeja poco a poco, me doy cuenta de la situación. Seyoong noona, la profesora de gimnasia, es quien me mantiene sujeto. Y su mirada dura es aún peor que sus manos de acero. Es un castigo y a la vez los grilletes, la reprimenda por lo que he hecho, por lo que soy, por lo que tiene que aguantar la gente a mi alrededor por mi culpa. Al otro lado, Shinwoo hyung, profe de física, me taladra con infinito desprecio, clavándome los dedos largos en el brazo que me agarra. Me odia, sin reparos ni excepciones. Odia lo que soy, odia mi existencia.

Des de la puerta del baño, más apartados, el director con gesto grave, abatido, y el sustituto de historia que no se decide entre el horror o la sorpresa, entre el odio o la incredulidad. Sé muy bien por que terminará decidiéndose.

Me sacudo sus manos, incapaz de aguantar el reproche y el odio un segundo más en sus miradas, aunque no es ni una centésima parte de lo que me odio a mi mismo. Me sujetan con fuerza, pero después de unos segundos de pelea me sueltan y corro los dos pasos que me separan del compartimento más cercano para esconderme dentro. Esconderme del mundo y, con suerte, desaparecer por completo…

Llegan mis padres. Explicaciones, disculpas, incredulidad, horror, asco, dolor…

Me resisto a salir del baño, pero al final no queda más remedio. Aún llorando y con la cabeza gacha salgo del compartimento y les sigo en silencio.

No me hablan, no me dicen nada, y por un momento me pregunto si me odiarán tanto como para fingir que no existo, que nunca han tenido a un hijo tan abominable como yo.

Me lo merecería.

Pero ya en casa me obligan a sentarme en la cocina con ellos, muy serios. Y yo tiemblo, ahora de miedo. De un miedo irracional al desprecio de las personas que más quiero.

Un desprecio que ya tengo y que merezco, pero que me da más miedo que nada en el mundo.

– ¿Cuando hace que no te tomas las pastillas? – empieza mamá.

– Sí que me las…

– ¿Si? ¿Te las tomas? Pues entonces necesitas anti-andróginos.

– ¡No! – chillo – No soy…

– ¿Peligroso? –  me corta papá indignado – ¿No eres peligroso? ¡Has estado a punto de violar a una compañera!!! ¡A una niña! ¿Y no eres peligroso?

– Yo… – intento justificarme, pero no hay justificación alguna para eso.

– ¿Te tomas las pastillas?

Asiento, más por costumbre que por nada más. Pero vacilo, porque sé que ya no puedo mentir más.

– No nos mientas Minki. No estarías así si te las tomases. – insiste mamá con tono monótono – ¿te las tomas?

Dudo, cierro los ojos con fuerza y respiro. Niego con la cabeza.

– ¿Desde cuándo?

– Casi tres meses… – murmuro apenas sin voz. Ellos se quedan helados, intentando asumirlo.

Llevo tres meses mintiéndoles.

– ¿Que tenemos que hacer Minki? – mamá rompe a llorar, y a mi se me rompe el corazón. – ¿Qué tenemos que hacer para que te des cuenta de que es lo mejor para ti? ¿Que lo necesitas?

De nuevo la costumbre lleva la respuesta a mis labios antes que mi cerebro.

– No estoy enfer…

– ¡No, claro, no estás enfermo! – me corta papá – todo esto lo haces por voluntad propia ¿no? ¿Es eso?

Niego, llorando.

– Necesitas la medicación hijo…

Asiento.

– Tienes que aceptar que es lo mejor.

Asiento.

– ¿Lo harás? ¿De verdad? ¿Lo prometes?

Asiento, antes de responder con un hilillo de voz.

– Lo prometo…