Archivo del sitio

Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : IV “Deseos frustrados”

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: LeoBin (Leo/Taekwoon x Hongbin, VIXX)

 

Taekwoon apuntaba algo de la pantalla del ordenador en su libreta con absoluta concentración, envuelto con una manta bien gruesa y ajeno al mundo. Llevaba un par de horas navegando por internet investigando los mejores restaurantes de la ciudad, webs de planes para fin de año, eventos, blogs de sugerencias… Quedaban dos semanas  para Nochevieja y quería que fuera perfecto. No solo era la primera Nochevieja que pasaría sin la familia sino que la pasaría a solas con su novio y además celebrando su primer aniversario juntos.

A veces todavía le costaba creerse que alguien tan brillante como Hongbin hubiese llegado a enamorarse de él, sobretodo al principio tendía a despertarse pensando que no era más que un sueño. Así que tenía que esforzarse para que ese día fuera mágico, para no decepcionarle, porque en el fondo a veces tenía miedo de que algún día Hongbin simplemente se cansaría de él y no podía soportar la idea.

Volvió a concentrarse en su búsqueda, tanto que apenas se dio cuenta cuando Sangmin entró en la habitación, cotilleando por encima de su espalda.

– Oooh, “Los 10 restaurantes más románticos de Seoul” qué bonito.

Taekwoon levantó la cabeza de golpe, poniéndose de pie y girándose para tapar la pantalla.

– ¡¡Noona!!

– No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, nadie sabrá que eres el novio más atento y dedicado del mundo.

Su hermano apartó la mirada intentando disimular su vergüenza y su sonrojo, carraspeó intentando sonar serio y duro, aunque sabía que sus hermanas le conocían demasiado bien, no podía evitarlo.

– ¿Qué quieres?

– ¿Quieres ayuda? – Él se la quedó mirando con cara de incomprensión. – Con tu cita, que si quieres que te aconseje.

Iba a rechazarla pero se lo pensó mejor, realmente estaba un poco perdido con tantos restaurantes y blogs y…bueno, era Sangmin. Asintió y durante la siguiente hora y media agradeció a todos los dioses existentes en el mundo la experiencia en citas de su hermana y su sentido común que iban a salvarle la vida y la salud mental.

Justo dos semanas después Taekwoon esperaba en la calle, muerto de frío por más capas de ropa que llevara. Estaba tan nervioso que había llegado 40 minutos antes y ahora se iba a morir de frio, qué triste final.

Por suerte Hongbin llegó 10 minutos después ya que estaba tan nervioso como él y también llegaba temprano, aunque casi no reconoció a su novio debajo de la bufanda que le tapaba media cara y el gorro, la otra media.

– ¡Taekwoon-ah! – grito al reconocerle, acercándose corriendo – ¿que haces aquí tan temprano? ¿llevas mucho tiempo esperando?

Este negó con la cabeza, destapándose un poco para poder hablar.

– He llegado hace poco, tenía miedo de llegar tarde y he calculado mal…

Hongbin rio entendiendo totalmente a lo que se refería, pues si no fuera porque se había olvidado de sacar dinero y había tenido que volver atrás probablemente habría llegado incluso antes que él.

– ¿Nervioso?

Taekwoon asintió levemente, Hongbin le cogió de la mano y le dio un beso rápido en la mejilla.

– Yo también – dijo mostrando sus hoyuelos en todo su esplendor – ¡tanto secretismo me está matando de la curiosidad!

Los ojos le brillaban de emoción, con las mejillas rojas del frío y el otro no pudo evitar la tentación de sonreír y apretarle un poco más fuerte la mano. Le hubiera besado pero estaban en medio de la calle y había mucha gente, luego, luego tendrían tiempo para estar solos.

Como iban con tiempo de sobras fueron andando tranquilamente, de la mano, observando las calles iluminadas y los escaparates, las parejas y familias paseando por las calles.

Aunque Taekwoon a quien miraba sobre todo era a su novio, estaba tan guapo sonriendo.. hasta la nariz roja por el frío le parecía adorable.

– Won-ah, si me miras tan fijamente me voy a sonrojar y tu vas a chocar con alguien tarde o temprano.

No se había dado cuenta que se había quedado mirándole fijamente y enseguida se giró hacia el frente, avergonzado de que le hubiera pillado. Hongbin solo rió levemente y le dio un apretón cariñoso.

Cuando finalmente llegaron al restaurante era 10 minutos antes de la hora de la reserva y habían recuperado un poco de calor al andar. Hongbin miraba fijamente el restaurante, asombrado.

– ¿P-pero este restaurante no es muy caro?

Taekwoon se encogió de hombros.

– Es nuestro aniversario, esta justificado. Además invito yo.

– ¿eh? Pero..

– Nada de peros.

Le estiró hacia dentro de un tirón y se acercó al encargado. El chico se puso en modo servicial al verles entrar.

– Buenas noches, ¿tienen reserva?

– Si, para dos, a nombre de Jung Taekwoon.

– Enseguida.

Abrió un grueso tomo y se puso a revisar los nombres apuntados con una sonrisa pero pasaban los segundos y no parecía dar señales de encontrar su nombre y Taekwoon se impacientaba. Finalmente el chico levantó la mirada del libro.

– ¿Esta seguro? No me consta en el registro.

Taekwoon palideció.

– Estoy muy seguro, llamé hace tres días.

– ¿Recuerda quien le atendió?

– Hmm si, diría que  Lee Changsun.

El chico llamó a un muchacho que volvía con una bandeja vacía.

– ¡Changsun! ¡Ven aquí!

– ¿Que quieres?

– Este señor dice que habló contigo para reservar una mesa para hoy hace tres días pero no aparece en el registro.

El chico puso cara de sorpresa pero al ver la mirada de Taekwoon que cada vez estaba más tenso, se quedó lívido.

– No puede ser…

Dejó la bandeja para revisar él mismo el libro, con cara de estar cada vez más nervioso, hasta que finalmente habló.

– Oh…

– ¿Qué pasa?

– Esta apuntado pero…para mañana…creo que…me equivoqué de hoja.

El encargado palideció, iba a hablar para disculparse cuando un casi rugido le interrumpió.

– ¿Qué? ¿Tú te has equivocado así que nosotros no tenemos mesa? – Taekwoon hablaba con una voz, grave, baja, un susurro grave pero amenazador y una mirada que prometía un dolor terrible. – ¡Se puede saber que te has creído incompetente de mierda!

Hongbin le cogió justo a tiempo para evitar que el joven recibiera un puñetazo en la cara, abrazando a su novio por la espalda de forma que no pudiera mover los brazos.

– Taekwonnie, cálmate, no pasa nada, buscaremos otro lugar.

Él no respondió, no hizo ademán de retroceder pero tampoco de intentar deshacerse de su abrazo para matar al tal Changsun a puñetazos que para ser él, era todo un logro.

– Lo siento mucho, les daría otra mesa pero esta noche del año es imposible…

– No se preocupe, un error lo tiene cualquiera – respondió Hongbin conciliador mientras empujaba a su novio hacia la puerta. No le importaba mucho comer en una parte o otra, le importaba el gesto de su novio de haber reservado, aunque con poco éxito, en un lugar tan caro y romántico y le importaba evitar montar un escándalos y una denuncia por asalto.

Taekwoon se dejó empujar, furioso hasta llegar a fuera. Pararon a unos metros en unos bancos al lado de un enorme árbol de Navidad. Seguía ajeno a su alrededor, enfadado consigo mismo y despotricando internamente contra el inútil del restaurante.

“Nos han jodido la noche, vaya mierda, ¿y ahora qué? Podríamos ir al italiano que está aquí al lado pero también estará petado de gente… Soy un desastre, tendría que haber llamado para confirmar. Es mi culpa, debería…”

– Eh.. – un tirón en la chaqueta le sacó finalmente de su ensimismamiento. – Taekwoon-ah, no pasa nada, ya encontraremos otro sitio.

– Están todos llenos – respondió con un tono lúgubre.

– Algo encontraremos, no tiene que ser un súper restaurante de lujo. Es más, prefiero que no te gastes tanto dinero en mi, ¡me sentiría culpable durante semanas!

Él respondió con un gruñido y un encogimiento de hombros, mirando al suelo, así que Hongbin optó por cambiar de estrategia.

– Oye, mírame – le dijo levantándole la barbilla para buscar su mirada – me da igual donde comamos, como si es en el McDonald’s mientras sea contigo, ¿de acuerdo?

Esta vez se quedó callado unos segundos hasta que un sonrojo empezó a extenderse por toda su cara. Si había algo a lo que era débil era a las miradas de adoración absoluta y cariño que le ponía Hongbin cuando quería hacerle pasar el enfado. Y lo lograba. No sabia cómo ni por qué pero todo el mal humor y la inseguridad de estropear la noche habían desaparecido en un segundo.

–  Lo tomaré como un sí – afirmó Hongbin con una sonrisa después de evitar que escondiera la cara entre las manos por vergüenza. Le dio un beso rápido en los labios y le cogió de la mano para arrastrarle hacia la calle comercial – ¿McDonald’s o Burger King?

Él solo sonrió y se dejó llevar, convencido de que aunque hubiera empezado mal esa noche iba a ser la mejor del mundo.

Llegaron al KFC cuarenta y cinco minutos después, ya que en el McDonald’s había demasiada cola y el Burger King estaba cerrado por obras, pero sonrientes y con la cara roja pues entre risas y besos robados habían terminado haciendo una carrera por ver quién llegaba antes.

Ganó Hongbin simulando haberse tropezado, de forma que cuando Leo retrocedió corriendo para ver si se había hecho daño este le empujó sobre un enorme montón de nieve y salió corriendo. A Taekwoon le duró el enfado por haber perdido el tiempo que tardó en ver a Hongbin sonriendo con nieve en el pelo y las mejillas rojas.

Pidieron un menú “2gether”, un par de bebidas y helados de chocolate y salieron rápidamente debido a la insistencia de Taekwoon.

– ¿No podemos comer aquí?

– Mejor no, se esta haciendo tarde y estamos un poco lejos de… nuestro próximo destino, no quiero llegar tarde.

– ¿No vas a decirme dónde vamos?

– No, y no pongas esa cara, es una sorpresa.

Hongbin dejó de hacerle ojitos y le sacó la lengua pero finalmente le siguió fuera del establecimiento.

¿No puedes ni darme una pista?

Taekwoon negó con la cabeza.

– Porfa… – insistió tirándole de la manga.

– Cuidado, se te van a caer los helados, ¿quieres que los lleve yo?

– ¡No cambies de tema! Por lo menos dime si vamos a tener que coger el metro

Se lo pensó unos segundos y después asintió. Hongbin le pasó los helados para comprobar si tenia tarjeta de metro o tendría que comprarla y entonces paró en seco.

– Oh no…

– ¿Qué pasa? -preguntó alarmado

– Me he dejado la cartera en el restaurante…la he dejado un momento en la encimera para coger las cosas y…creo que no la he cogido

Se lo quedó mirando fijamente unos segundos, reprimiendo las ganas de gritarle, pues no quería hacerle sentir mal y sabía que tampoco había sido culpa suya. Si no le hubiese metido prisa para irse…. Suspiró, pasándose la mano por el pelo con frustración.

Hongbin le miraba expectante y preocupado, insultándose mentalmente.

– Taekwoon-ah…da igual, tampoco llevaba mucho y si volvemos atrás llegaremos tarde…

En verdad llevaba la paga de los dos últimos meses trabajando en la cafetería y todos los documentos, la tarjeta trimestral de tren… y una foto de su primera cita. Pero en ese momento prefería perder todo eso antes que chafarle el plan que hubiese preparado después del chasco del restaurante.

– No, da igual, vamos – respondió finalmente, cogiéndole de la mano para volver corriendo por donde habían venido.

Llegaron en apenas 10 minutos, también con las mejillas rojas de correr pero serios, calculando mentalmente el tiempo. Taekwoon ya sabía que no iban a llegar a tiempo; el concierto empezaba en media hora y si tenían suerte llegarían en 45 minutos, lo más probable era que no encontrasen sitio.

Por suerte la cajera les reconoció y les dio la cartera enseguida, en apenas un minuto volvían a estar en la calle.

Llegaron al metro que el tren entraba en la estación, lleno de jóvenes que iban de botellón o a otros conciertos.

Cuando bajaron en la estación pasaban 15 minutos del inicio del concierto, cruzaron la multitud de gente que andaba con parsimonia por las calles y llegaron finalmente al estadio descubierto. Se oía la música y los gritos de los fans y los focos iluminaban el parque. Taekwoon le arrastró hasta la entrada, cruzando los dedos para que por favor les dejasen pasar.

– Lo siento chicos, el aforo está completo

– Por favor – suplicó todavía recuperando el aliento – podemos estar de pie…

– No, lo siento, el aforo limitado es por un tema de seguridad, no hay excepciones.

– … Está bien, gracias…

Se alejaron de allí en silencio, todavía cogidos de las manos y con la comida ya medio fría. Todo a su alrededor, los árboles estaban cubiertos de carteles que anunciaban el concierto “Concierto de Fin Año! Para todos los públicos. Gratis. Park Hyo Shin, Brian Joo, Girl’s Day, Jung JunYoung… ¡y muchos más!”

Taekwoon con la mirada fija en el suelo, despotricando internamente contra el conductor del metro por demasiado lento, contra la dependienta por no haber visto la cartera enseguida, contra el frío, contra la chica encargada de las entradas, contra el karma y básicamente contra el universo entero.

– Lo siento… – dijo Hongbin al fin, deteniéndose y obligando a su novio a levantar la mirada – con lo mucho que te lo habías currado y la ilusión que te hacía… si no me hubiese dejado la cartera…

– Eh – le paró él, levantando su cara para mirarle a los ojos y haciendo un esfuerzo para apartar los pensamientos asesinos de su mente – no es tu culpa ¿vale? No pasa nada, tampoco me hacía tanta ilusión, era por ti, porque sabía que actuaba Park Hyoshin y que te haría ilusión.

Él sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.

– Park Hyoshin da igual hoy, solo quería pasar tiempo contigo…

Taekwoon no pudo evitar sonreírle, asombrado de que Hongbin pudiera ser tan dulce, tan precioso y quererle solo a él.

– Entonces estamos de acuerdo, ¿que te parece si vamos a comernos ese pollo frio tan exquisito delante del rio Han?

– Oh, suena genial – Hongbin sonreía totalmente ya, sin lágrimas asomando en sus ojos, y se le agarró al brazo buscando calor mientras le daba un beso en la comisura de los labios, tentándole. Era dulce y encantador, pero también sabía perfectamente como jugar con él, sabiendo que él nunca le besaría en los labios en público pero que de esta forma tendría muchas, muchas ganas de hacerlo. Frunció el ceño para demostrarle que sabia perfectamente a que estaba jugando pero su novio solo le respondió con otra de sus sonrisas brillantes mientras empezaba a andar hacia el río Han.

Por suerte estaba cerca y apenas 10 minutos después habían podido instalarse en un banco con vistas al rio, abriendo los paquetes de pollo y comprobando los desperfectos.

– Este esta un poco chafado pero entero y este otro… bueno, ha pedido un par de trozos por dentro de la bolsa pero no es grave. ¿Y los helados?

– Están bien.

– Genial, una súper cena con vistas al rio, ¿qué más quieres?

Taekwoon sacudió la cabeza, divertido y en el fondo profundamente agradecido de que le hubiese sacado de su modo auto-destructivo y que no le culpase del desastre que estaba siendo la noche. Tenía razón, por supuesto, lo importante era estar juntos pero Hongbin merecía mucho más y le hubiese gustado poder dárselo.  “Por lo menos todavía queda una última sorpresa…”

– Taekwoonie, di “aaah” – le miraba con expectación con un trozo de pollo en la mano.

– Binnie… – respondió con tono de advertencia.

– Porfa…

– Lee Hongbin, para de usar esa cara de cordero degollado conmigo, no va a funcionar.

Hongbin puso una media sonrisa maléfica.

– Hyung… por favor…

A Taekwoon se le secó la garganta de golpe. Era casi un ronroneo. Era el tono que usaba Hongbin en privado, cuando quería conseguir algo en la cama, el único momento en que le llamaba hyung.

Abrió la boca para replicar, para advertirle de que eso era jugar sucio, con una mirada que hubiese intimidado a cualquiera; pero Hongbin solo aprovechó para meterle el trozo de pollo en la boca, con una sonrisa satisfecha.

“Eres maligno, Lee Hongbin” decía su mirada.

“Lo sé, y sabes que te gusta” respondía su sonrisa.

Ya casi habían terminado de comer después de muchas bromas, sonrisas y manchas de salsa por todas partes cuando el ruido de una pequeña explosión les sobresaltó. Levantaron la cabeza al cielo nocturno de Seoul y vieron cientos de fuegos artificiales decorando la noche.

– ¡Oooh! – Hongbin se levantó corriendo hasta la barandilla del rio, observando el cielo con la boca muy abierta y los ojos brillantes – que bonito…

En seguida notó unos brazos conocidos abrazándole por detrás, apoyando su barbilla en su hombro, protegiéndole del frio.

– Es precioso Taekwoon-ah… ¿Sabes? Prefiero mil veces estar aquí, viendo los fuegos artificiales abrazado contigo y comiendo pollo que no en un concierto o en un restaurante pijo donde hay más plato que comida.

– Te quiero, Hongbin-ah – respondió solamente, enterrando su nariz en su pelo, abrazándole más fuerte.

– Yo también Taekwoon-ah, te quiero.

Taekwoon vio como Hongbin cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en él, dejando sus labios muy cerca de los suyos, respirando profundamente, rápido, expectante.

No hizo intento de besarle pues aunque le frustrase respetaba que no quisiera besarse en público, sabia que era más difícil para él de afrontar al mundo en esos temas. Así que no se lo esperaba para nada cuando notó sus labios en los suyos, primero suavemente, incierto, pero más seguro cuando notó los labios de Hongbin correspondiéndole con ganas.

Le giró para poder acceder mejor, arrinconándole contra la barandilla del rio Han, disfrutando del beso y olvidándose por una vez de lo que podía pensar la gente que les viese, aislados del mundo exterior que quedaba ensordecido por los fuegos artificiales que retumbaban todavía en el cielo.

Solo cuando notó las manos de Hongbin aferrándose con fuerza a su espalda mientras pegaba su cuerpo al de él y al darse cuenta que sus propias manos habían descendido hasta agarrarle el culo con fuerza se separó.

Hongbin hizo un pequeño ruidito de frustración, con un puchero infantil en su cara.

– Vamos, queda tu última sorpresa – le dijo antes de que pudiera dejarse convencer de alguna indecencia mayor.

– Hmm esta bien – aceptó después de pensárselo unos segundos – pero prométeme una cosa.

– Lo que quieras.

– Que si por lo que sea tampoco sale bien no vas a enfadarte ni ponerte en modo homicida.

– Si tampoco sale bien será la última vez que planee algo con dos semanas de antelación…

Hongbin rió suavemente, sacudiendo la cabeza con frustración pero divertido de las salidas de su novio.

– Esta bien, aunque dudo que seamos tan gafes, es por si acaso.

– Con la noche que llevamos… con un poco de suerte habrá un incendio o un ataque terrorista o algo así.

Esta vez si que rió con ganas.

– Vamos, vamos, gran gruñón.

Cuando Hongbin, un rato después, vio que se detenían delante de las puertas del Hotel Astoria se quedó boquiabierto, mirando al hotel y a su novio sucesivamente, planteándose si matarle por hacer una cosa tan cara o comérselo a besos por haberle traído a un hotel donde podrían tener mucha más intimidad y tranquilidad que en casa de cualquiera de los dos.

Al ver que no parecía tener demasiadas ganas de moverse del sitio donde se había quedado clavado Taekwoon le arrastró hacia la entrada del hotel, orgulloso de ver la mirada que se le había quedado.

Cruzaron el recibidor exquisitamente decorado con Hongbin todavía deslumbrado, mirando a todas partes, a los empleados con sus uniformes y las luces y decoraciones doradas que cubrían las paredes, dejándose arrastrar por su novio sin mirar donde iba hasta que llegaron al mostrador, a esperar para ser atendidos detrás de una pareja que parecían vestidos para ir a la Ópera.

– ¿En serio has reservado una habitación aquí? – dijo finalmente apartando la mirada de las paredes para mirar a su novio. Él asintió con una pequeña sonrisa.- Eres increíble, no quiero saber cuanto cuesta pero… una noche de hotel… – le miraba con una mezcla de adoración y deseo. Se mordió el labio, muriéndose de ganas de comérselo allí mismo pero se retuvo, optando por simplemente aferrarse a su brazo y susurrarle al oído – pienso recompensártelo con creces.

Taekwoon intentó disimular el sonrojo que empezaba a expandirse por su cara, maldiciéndole por decirle esa clase de cosas en público donde no podía actuar consecuentemente e intentando no pensar en toda la clase de cosas que sugería esa recompensa cuando de repente se dio cuenta de la cara con la que los miraban los trabajadores del hotel, especialmente la recepcionista.

“Mierda.”

Se recompuso y apartó un poco a Hongbin que seguía aferrado a él y avanzó hacia el mostrador, pues ya habían terminado de atender a la pareja anterior.

– Buenas noches, ¿que desean?

La chica les atendió con una mirada que escondía disgusto detrás de esa sonrisa servicial para atender a clientes.

– Tenemos una habitación doble a nombre de Jung Taekwoon.

– Lo siento, no hay habitaciones – respondió sin tan solo comprobar el nombre en la pantalla.

– ¿Q-qué?

– Ya se sabe, esta época del año…

Era una mentira, una mentira muy gorda, y Taekwoon lo sabía. Había temido algún problema o malas miradas por ser dos chicos en una habitación doble pero nada hasta ese nivel. Durante unos largos segundos de silencio incómodo se planteó denunciarles, amenazarles… pero sabía que no serviría de nada. Aún así no tenía intención de irse sin más, de aceptar la derrota, de dejar que provocaran que Hongbin dejara de sonreír con esa mirada de adoración sin luchar.

– Querrá decir que no quieren parejas como nosotros en el Hotel

La recepcionista se quedó desconcertada por unos momentos, sorprendida de que se hubiera atrevido a ponerlo en palabras.

– No, bueno…

– No hace falta que lo niegue, y no se preocupe, ya nos vamos, tampoco tengo ningunas ganas de quedarme ni un minuto más en un hotel lleno de ¡¡gentuza homofóbica!! – respondió con mala leche, subiendo de tono hasta casi terminar gritando. – eso si – añadió antes de darse la vuelta para irse de allí – espero que por lo menos me devuelvan el dinero o les meteré una denuncia.

Y salió de allí a grandes zancadas, arrastrando a Hongbin detrás suyo y mandando miradas asesinas a cualquiera que se cruzase por su camino.

Siguieron andando un buen trozo en silencio y a grandes zancadas, Taekwoon dejando que la ira se fuese apoderando de él hasta que llegaron a una plaza, a esas horas ya prácticamente vacía.

– ¡Joder! – gritó finalmente soltándole la mano a Hongbin y descargando toda su frustración en un puñetazo a la pared más cercana.

– ¡Taekwoon! – Hongbin corrió a cogerle las manos para evitar que hiciese alguna otra estupidez, mirando su mano por todos los lados para asegurarse de que no se había hecho demasiado daño. – ¿Es que no hemos sido suficientemente gafes ya como para que ahora te rompas una mano?

Él solo apartó la mirada, todavía furioso, pero sin apartar la mano herida de las cálidas manos de Hongbin. Le dolía pero sabia que no estaba rota y necesitaba desahogar su frustración en algo que no fuese Hongbin.

– Lo siento, ha sido culpa mía – continuó este con un tono mucho más apagado – tanto el llegar tarde al concierto como esto, si me hubiese comportado más fríamente probablemente no nos habrían echado…

Taekwoon seguía sin decir nada, no quería darle la razón ni hacerle sentir mal pero estaba demasiado enfadado y no confiaba en su capacidad de tragarse todo ese mal humor y no decir ninguna estupidez. Pero el silencio era otra forma de darle la razón.

– No, no es tu culpa…

Pero no sonaba muy convincente.

– Si, ¡si que lo es! Soy estúpido…

– No, no digas eso – levantó la mirada de golpe, pues si algo no iba a permitir era a la joya que tenia por novio llamándose estúpido, y entonces fue cuando vio como tenia los ojos rojos e intentaba reprimir sin mucho éxito las lágrimas que empezaban a asomarse. Y el terror a verle llorar, a hacerle sentir mal fue mas fuerte que todo el enfado. – Binnie… no llores…. – le dijo suavemente, levantando su cara y secando sus ojos con los pulgares.

– Pero…lo he fastidiado todo…

– No, no es verdad – le cogió la cara con las dos manos para obligarle a mirarle a los ojos – no has fastidiado nada, ¿de acuerdo?  Tú mismo lo has dicho, da igual donde vayamos o lo que hagamos mientras estemos juntos ¿no?

Él asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

– Es lo único importante y no vamos a dejar que un par de subnormales nos jodan la noche ¿vale?

– Vale…

Le besó en la frente y le abrazó, ya muy lejos de las ansias homicidas y solamente con ganas de abrazarle y protegerle para siempre.

– Taekwoonie…

– ¿Hmm?

– Te sigo debiendo una recompensa por todos los esfuerzos…

– ajá – se separó para poder mirarle, con todas las alarmas puestas al detectar el cambio de tono de su voz, de algo inocente a algo…seductor.

– Y aunque no sea tan genial como un hotel… mis padres no están en casa y mis hermanas tampoco creo que vuelvan hasta mañana. Podemos ir.. – le susurró al oído, agarrándose a las solapas de su chaqueta para poder acercarle a su cuerpo – y pasamos tiempo juntos recompensándote por todos tus esfuerzos…

Taekwoon sintió como el calor se extendía por todo su cuerpo, olvidándose del frio, del mal humor y de la frustración y llenando su mente solo del aliento caliente de Hongbin en su oreja, de sus manos en su pecho y de los recuerdos de todas las noches que ya habían pasado juntos, dándole muchas muchas ideas de lo creativo que podía ser Hongbin cuando se trataba de recompensas.

– Me parece un muy buen plan.

 

KUROKO

Anuncios

Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : II “Pide un deseo”.

Pide un deseo letra

 

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: JRen (JR x Ren)

 

– ¡Feliz navidad! – exclamó levantando la copa.

– ¡Feliz navidad!!! – respondieron el resto levantando también sus copas y bebiendo.

Se sentía feliz. Tal vez no se respirara esa empalagosa felicidad navideña de villancicos y regalos y rojos y blancos y verdes, pero estaba bastante hasta los huevos de celebrar las navidades con la familia, con esa asfixiante familia de mujeres atolondradas. Este año, por suerte, Aron tenía el piso libre ya que sus padres estaban fuera, y Ren, junto con Minhyun y JR habían podido ir ahí a celebrarlo, con unas pizzas, unos pasteles y bebidas. Y un poco de confeti multicolor y cintas brillantes que se habían permitido y que había terminado por el suelo a los diez minutos. Daban algo de aire festivo, aunque no tanto como las carcajadas de Aron, a quien ya le está subiendo el alcohol, coreadas por sus amigos que no sabían si se reían de él o con él.

– Mi madre me montó una bronca cuando le dije que no iba a pasar la navidad con ellos… – murmuró Aron sin dejar de reír, tumbado y con la cabeza sobre las piernas de Minhyun.

– Joder – Se quejó Ren – pues tienes una edad ya. – Era el primer año que le dejaban a él, salir y quedarse a dormir fuera, librarse de la comida familiar del día de navidad (suponía que en parte debido al escándalo del año anterior) pero Aron era tres años mayor, él no debería ni siquiera tener que pedirlo.

– Ya, pero como ya voy a pasar año nuevo en su casa… – siguió este señalando a Min.

– Oye, si va a ser un problema… – empezó a disculparse, pero Aron le acalló con un dedo sobre sus labios y una sonrisa.

– Claro que no es un problema, quiero estar contigo.

Y Minhyun sonrió y se inclinó a besarle y Ren apartó la mirada sin saber si fingir que no lo veía o patearles para que parasen. Eran la única pareja empalagosa a la que toleraba, o más bien eran la pareja más empalagosa a la que toleraba. Su límite.

En vez de eso se giró hacia JR con un gesto de asco y unas risas en los labios, pero él le miraba, les miraba, con ojos entristecidos y algo furiosos y echó un trago a su bebida. Por supuesto, el culebrón no terminaba con la pareja romanticona. JR le había confesado hacía apenas unas semanas que estaba colgado de Min. En realidad tuvo que sonsacárselo, porque él no quería decirle quien era. Pero vamos, era tan obvio… La forma como les miraba, con esa mezcla de celos y autocompasión…

Ren suspiró y bebió también. Esperaba que se le pasase y no fuera a más, porque si no el grupito se iría a la mierda, y eran sus mejores amigos.

Era media noche ya, y los móviles empezaron a vibrar con mensajes de felicitaciones. Ren encontró uno de su hermana, un “feliz navidad anormal” que le arrancó una sonrisa sádica mientras le respondía. “Feliz navidad también hermanita, espero que te lo estés pasando muy bien con papá y mamá. Por muchos años.”

Le pareció un poco de mal gusto pues él mismo le había robado el novio el año pasado, o algo parecido. Y precisamente este acababa de mandarle también una felicitación. “Feliz navidad guapo. Parece mentira que haga un año ya que nos conocemos ¿eh? Jajaja espero que te lo estés pasando bien”.

Baekho… pensó entre divertido y cansado. Se habían visto un par de veces. Para follar y poco más. Y a veces hablaban, pero no mucho. Aún así parecía haberle cogido un cariño especial. Siempre era él quien abría las conversaciones, siempre era él quien le pedía para quedar. Y si bien a Ren no le molestaba en absoluto hablar con él (o follar con él) le tenía algo cohibido. ¿Y si se enamoraba de él o algo?

– ¿Algún mensaje importante? – le interrumpió JR acercándosele. Él le enseñó la pantalla sin darle mucha importancia y empezó a teclear una respuesta. JR frunció el ceño. – ¿Te sigue hablando?

– De vez en cuando – respondió Ren sin más. “Si, un año ya jajaja espero que también lo estés pasando bien. ¡Feliz navidad! ^^”

A JR le llegó algún mensaje también y sacó su propio móvil para responderle, aunque se quedó medio recostado contra su espalda. Fisgó su móvil pero no llegó a ver nada. Pronto tuvo otro mensaje él también.

“Minki, cariño, espero que estés pasando una feliz nochebuena. Espero también que este año te comportes. Me consta que estás solo con tus amigos y aunque preferiría otras compañías por lo menos puedo saber con quien estás. Confío en que no le arruinarás las navidades a nadie este año. Espero también que mañana por la mañana me llames para saber como te ha ido la noche y que vuelvas pronto para poder pasar un rato con tu abuela y tus tías. Estaría bien que no olvidaras tan a menudo que tienes una familia.”

Resopló, viendo la amenaza no tan disimulada que su madre siempre imprimía en sus palabras. Bien, estaba dispuesto a averiguar las consecuencias.

– ¿Jugamos al Sing Star? – propuso Min levantándose ya para encender la tele. Aron casi le hizo la ola y Ren se apuntó inmediatamente también. Antes le respondió un “si mamá” a su madre. A ver que le parecía.

Min empezó con un “Let it go” a todo volumen que todos corearon, Aron le siguió igual de motivado, pero JR le cedió a Ren su turno alegando que él no cantaba hasta que estuviese un poco más borracho.

Se peleó por el micro con Minhyun durante un buen rato, pasando de Lady Gaga a DBSK sin orden ni coherencia, pero de repente al terminar su canción no se encontró a su amigo a su lado reclamando ya su turno sino que este estaba repantingado sobre su novio, con las caras muy juntas y besándose de vez en cuando entre risitas y carantoñas. JR, a su lado, mantenía la mirada fija en la pantalla con gesto aburrido.

– Min, que te toca – le llamó Ren intentando interrumpirles.

– Mmm… – se lo pensó este – creo que paso, estoy cansado ya.

– ¿Estás cansado…? – le preguntó Aron con tono juguetón.

– Bueno, para cantar…

“¡Lo que hay que oír!” se exclamó Ren alucinando. JR soltó un resoplido frustrado y Minhyun tuvo la decencia de sonrojarse al menos, aunque su novio solo exhibía una sonrisa orgullosa.

– Buscaos otro día para hacer esas cosas – les espetó Ren cruzándose de hombros – hoy estamos todos.

Aron solo amplió la sonrisa.

– ¿Celoso porque tu no follas?

Minhyun le voló un capón, pero Ren solo se rió, ni siquiera se dignó a responder.

JR fue el siguiente en hablar, rompiendo el momento incómodo.

– ¿Vienes a mirar las estrellas conmigo Ren?

Le miró algo sorprendido. En parte le extrañaba que quisiese dar intimidad a la pareja sabiendo como iba a terminar eso, en parte le parecía lo mas normal del mundo que no quisiera ver sus carantoñas. Minhyun y Aron le dirigían también una extraña mirada. Eso le sorprendió aun más. Se suponía que no sabían nada ¿no? Hubiese sido muy raro que lo supieran.

Como fuera. Se encogió de hombros y le siguió a fuera, lanzándole a la parejita una mirada entre enfadada y divertida. En el fondo si no fuera por lo de JR le hacían mucha gracia. Pero quería ser un buen amigo y esas cosas no estaban bien. Aunque ellos no lo supieran.

Fuera el aire era gélido, y ambos volvieron a entrar en seguida a por los abrigos. Dentro la parejita ya estaba demasiado enfrascada en sus cosas y Ren aprovechó para dirigirles un “chicos, en serio…” una vez JR hubo salido ya, sin mirarlos en absoluto. Le pareció que se levantaban entre risas y alguna mueca para irse al cuarto de Aron pero lo vio solo de reojo, saliendo ya a la terraza con JR otra vez.

La ciudad, a sus pies, estaba preciosa con las calles resplandecientes y la luz en las ventanas donde cada familia celebraba su navidad, o donde cada grupito de amigos se había reunido para emborracharse como si no hubiese mañana, que había sido su idea. Con tanta luz el cielo estaba totalmente oscuro, sin ni una estrella, pero no parecían necesarias con las que ya colgaban de las calles. Tal vez no tenían las mejores vistas de la ciudad, pero no estaban nada mal.

Y Ren sonrió, inspirando el aire frío de la noche, dejando que le congelara un poco los pulmones y volviéndolo a sacar con una nube de vapor que le lanzó a JR en la cara. Él se quejó, riéndose y Ren se unió a las risas pensando que era una lástima que se hubiese enamorado precisamente de Minhyun, porque con lo guapo que era podría tener a cualquiera. A cualquiera que no estuviese con las hormonas revolucionadas por… bueno, por Aron.

A todo eso añadir que Aron era uno de sus mejores amigos también y que lo último que deseaba era que cortasen. Pero parecía absurdo ver a JR, que siempre había pensado que se llevaría a quien quisiese por su cara bonita (y por todas sus demás cualidades, si, también), sufriendo por un amor no correspondido.

Y desde luego lo que no quería era pasarse la noche de navidad dándole vueltas a eso o dedicándose a arreglarles la vida amorosa a sus amigos. Si es que tenía arreglo.

– Se está bien – le dijo más para romper el silencio que otra cosa. – Aunque haga frio.

Asintió, pero no dijo nada, y cuando ya sentía que el silencio volvía a caer como una losa fue JR quien habló.

– ¿De verdad te sigues hablando con ese tío?

– ¿Eh?

– El ex de tu hermana – aclaró – con el que te liaste el año pasado.

El cambio de tema le había pillado desprevenido, ni se lo esperaba ni entendía muy bien a que había venido o si encajaba en absoluto con el ambiente relativamente serio que se había creado.

– Si, bueno, tampoco mucho. – respondió quitándole importancia. – Siempre es un ligue fácil y ahora que se ha decidido a frecuentar ciertos ambientes… Nos lo hemos cruzado alguna vez, tu estabas.

– Si, si, pero no sabía que hablarais.

– A veces me abre. – se justifico sin entender aún a que venía tanto interés. – Y no se, es majo, pero tampoco le quiero dar mucho pie. Imagínate que se acaba enamorando, – terminó riéndose – menudo marrón jajajaja ¿Te imaginas que le llevo a una reunión familiar y mi hermana me lo roba? Quita, quita jajajajaja.

– Sería terrible – le siguió JR riendo también pero aparentando seriedad – Se repetiría la historia.

– Todo el escándalo… – Ren fingía estar también serio y preocupado, pero rompió a reír de nuevo – A mamá le daría un infarto. Jajajaja Ojalá.

– Anda, no digas eso – se quejó sin dejar de reírse en realidad. – en el fondo la quieres.

– Es mi madre bruto, – le soltó casi ofendido. – claro que la quiero. Es solo que a veces… la quiero bien lejos.

– ¡Ese amor de hijo! – exclamó levantando el puño como si fuese un vaso y chocando con él.

JR tenía una sonrisa preciosa. De pequeño había salido en un anuncio incluso. Y podría seguir haciéndolo porque de cuerpo no estaba nada mal.

Si, Ren sabía que no era sana una obsesión así con uno de sus mejores amigos. Bueno, obsesión tampoco, pero, para decirlo de algún modo, era consciente de su atractivo, de su potencial como amante. Anda que no se lo había imaginado de veces. En la cama o algún sitio parecido, y desnudo, siempre desnudo…

Pero JR era su amigo y esas cosas no se pensaban de un amigo. Aunque fuese el único del grupo que pensase así.

JR se recostó en la barandilla metálica, quejándose de que estaba fría y Ren le imitó, pero notaba como volvía el silencio y no le gustaba. Era un silencio demasiado serio, demasiado profundo, y él había ido a hacer locuras.

– Debería haber estrellas fugaces – le dijo como indignándose. JR solo le miró sorprendido, repitiendo un “¿Estrellas fugaces?” – para poder pedir deseos. – explicó – Aunque bueno, esta noche también se pueden pedir deseos.

– ¿Eso no es por año nuevo?

– Bueno, por pedir… – se encogió de hombros. – me gustan los deseos.

– Te gusta pedir – le rectificó con una sonrisa burlona. Una sonrisa con la que, sinceramente, Ren se sorprendía de que Minhyun no hubiese caído. Aunque solo fuese por un polvo ocasional.

– Me encanta – le respondió con una caída de ojos, casi sin darse cuenta del tono sensual que le había impreso a sus palabras. Al segundo se dio cuenta y se envaró, preparado para estallar a reír de nuevo y dejarlo como una broma poco afortunada.

Pero JR no solo no rió, ni se apartó ofendido, sino que de repente le tenía frente a él, a apenas milímetros de sus labios, tan cerca que pudo sentirlos moverse cuando murmuró, en voz muy bajita.

– ¿Puede ser este mi deseo?

Hubiese mentido si hubiese dicho que pensaba en lo que estaba haciendo cuando salvó esos escasos milímetros y se dejó besar, moviendo sus labios contra los de él y buscando su lengua casi con avidez.

“Bien, si vamos a hacer locuras vamos a hacerlo a lo grande.” Se dijo pasándole los brazos por los hombros. No estaba lo suficientemente borracho para no acordarse al día siguiente, ni siquiera para que le impidiera pensar o pudiera justificarse. Pero que le mataran si no lo deseaba, si no le había tenido ganas a JR desde hacía semanas, si no llevaba calentón encima desde hacía meses.

Los besos no se alargaron mucho, quería sentirle a él, su cuerpo, su piel desnuda, algo bastante difícil con esos anoraks que le estaban tocando los huevos lo que no está escrito. Pero al intentar colar las manos por debajo del abrigo, el jersey de lana y a saber cuantas capas más de ropa JR se apartó, con una mueca de disculpa.

– Tienes las manos frías.

Ahogando un suspiro de frustración echó un vistazo a la salita donde habían estado, ahora vacía y le hizo un gesto con la cabeza señalando al interior.

– ¿Entramos?

JR asintió y le siguió dentro, a la caldeada habitación.

No dudó en quitarse el abrigo y el jersey, quedando en una camiseta fina con la que tenía escalofríos, pero no en ese momento, no anticipando lo que venía. Lo que esperaba que viniese. JR se quitó el anorak también y se le quedó mirando. Ren se sintió avergonzado unos segundos, preguntándose si no habría ido demasiado rápido a quitarse la ropa, si no le habría asustado. Pero fueron solo unos instantes antes de que JR curvase los labios en una sonrisa y se acercase a él con pasos lentos, llevando las manos a su cintura, pegándose a él para recorrer su cuello con su nariz.

– Eh. – se quejó Ren sintiendo el cosquilleo del roce sobre la piel. – no es justo que solo yo esté desnudo.

Su amigo sonrió y le dejó que se peleara con su ropa, intentando quitarle el jersey a tirones. Le ayudó, y cuando entre ambos consiguieron dejarle desnudo de cintura para arriba Ren le cogió por las caderas y se pegó a él. JR respondió con un jadeo sorprendido que quedó ahogado entre los labios de Ren.

Su cuerpo reaccionó vergonzosamente rápido, pero su amigo parecía igual de excitado. Sonrió entre besos y llevó la mano a su entrepierna, deslizándola suavemente por encima el pantalón.

JR gimió y de la habitación contigua les llegó un gemido también, este de Minhyun.

– No me puedo creer que lo estén haciendo. – murmuró Ren. JR soltó un resoplido que podría haber sido más convincente si no hubiese tenido la mano sobre su polla.

Estaba seguro de que en cualquier otro momento la idea de liarse con JR, su mejor amigo, le hubiese parecido una idea pésima y hubiese podido encontrar miles de razones para no hacerlo. Pero en ese momento, teniéndole delante medio desnudo y más vulnerable de lo que jamás había pensado que le vería le parecía definitivamente una gran idea. Y en cuanto a las razones para no hacer eso…

– Si salen van a vernos – reflexionó en voz alta. Y ni siquiera podría justificarlo como que estaba borracho, apenas había bebido. Aunque no era como si les pudieran decir mucho precisamente ellos. – ¿Nos buscamos un cuarto?

Los ojos de JR brillaban cuando asintió y su piel parecía más caliente que nunca. Definitivamente estaba muy bueno.

Abrió la puerta del pasillo para buscar un cuarto y cuando ya salía se acordó de una cosa y volvió atrás bajo la mirada sorprendida de JR. Casi siempre llevaba algún condón en la cartera porque, bueno, nunca se sabe que va a ocurrir, y se alegró de encontrar un par. Se los enseñó a JR y ahora si más decidido se metió en el pasillo para buscar una habitación.

Él le seguía algo cohibido, más cuando pasaron por delante de la primera habitación, claramente la de Aron. O si más no la que estaban usando.

– Esto ya parece un motel. – se rió. JR no le siguió la broma, parecía demasiado nervioso.

Se preguntó si no lo estaría haciendo solo por despecho y aunque sabía que debería parecerle mal no le importó en absoluto. Sabía que iba a follar y la idea le parecía magnifica.

Se metieron en la habitación más alejada.

– Es la de sus padres. – murmuró JR.

– Pues más nos vale no manchar las sábanas – le respondió cerrando la puerta tras él.

El ambiente se había enfriado un poco, su piel también. Tenía todos los pelos de punta del frío y cuando se acercó a JR este retrocedió por sus manos heladas.

– Tiene que haber un calefactor aquí – murmuró echando un vistazo a la habitación.

– No importa. – le respondió besándole de nuevo. Sus manos también estaban frías, pero Ren no se quejó, estaba caliente, ya le iría llegando el calor.

Le atrajo hasta la cama, tirando de él, le hizo sentarse y se sentó encima de sus piernas, removiéndose sobre él. Y no pudo evitar reírse de su cara de idiota.

– Tío, ¿has visto un espectro o que?

– Estoy viendo a un tío bueno restregarse contra mi paquete. – murmuró con la misma expresión pasmada – es algo nuevo.

De repente se sintió abrumado, nunca hubiese imaginado que sería él quien desvirgaría a JR. Sus primeras veces quedaban tan lejos ya… Pero bueno, iba siendo hora de que alguien lo hiciese. Hasta el final. ¿Por qué no él? Notando su pene duro bajo su cuerpo parecía hasta sensato.

Le empujó sobre la cama haciéndole quedar tumbado y siguió moviéndose sobre él. Las manos de JR fueron a su cadera cogiéndole para seguir el ritmo y pronto a ambos se les pasó el frío por completo. La ropa les sobraba y se deshicieron de ella con prisas. Fue raro porque, si bien se habían visto desnudos antes alguna vez, nunca había sido con esas intenciones. Y nunca TAN despiertos. Y mientras JR parecía resistirse a mirarle sus partes, aunque estaba claro que era lo que más deseaba, Ren se regodeó examinándole atentamente. Muy probablemente era su única oportunidad. Y le gustó. Mientras le recorría con la punta de los dedos y JR suspiraba con placer casi se sintió tentado a hacerle una mamada, pero no quería entretenerse demasiado. Además había el riesgo de que se corriese antes de tiempo y eso sería un chasco.

Volvió a besarle, tumbándose sobre él en esa cama ajena y girando para que JR quedase encima. Y se abrió de piernas. La mayoría parecía tener suficiente con eso.

Pero claro, él tenía que ser especial.

– Minki, yo… – nunca le llamaba por su nombre de verdad, y le cabreó un poco en ese momento. Lo hacía demasiado… intimo… – Ya sabes que no sé muy bien que hacer.

Le miró con cansancio y volvió a girar para quedar encima. Levantó el índice y le puso la mano delante de la cara, enseñándole el dedo. Luego levantó el segundo dedo y los juntó, para luego abrirlos en tijeras. JR abrió la boca en protesta y casi se sintió tentado de metérselos dentro.

– ¿Si? – se burló abriendo y cerrando los dedos. – Sabes perfectamente como funciona.

– Ya pero…

– Solo hazlo. – insistió frotándose contra él.

Resultó ser estímulo suficiente, pues pronto volvía a besarle con ansias, bajando las manos por su espalda hasta su trasero.

Le sintió presionando y le apartó casi con brusquedad.

– Bruto… – le riñó cogiéndole la mano y llevándosela a la boca. Se metió dos dedos y luego un tercero por si acaso, chupándolos con ganas bajo la casi extasiada mirada de JR que hundía los dedos en sus caderas con deseo.

Le encantaba su mirada, completamente a sus pies, y se entretuvo lamiendo sus dedos. Se sentía casi como si estuviera pervirtiendo a un niño por más que JR fuese mayor que él. También notaba su pene rozando su trasero y quería que el niño le pervirtiese y le diera duro.

Arrastrando toda su fuerza de voluntad se separó de él y buscó uno de los condones que sabía que había traído. Más tarde era capaz de olvidarse. Regresó y se lo puso a JR bajo su atenta y extasiada mirada. Parecía incluso patoso con los dedos pringosos de saliva en el aire. Sonrió y volvió a atraparlos entre sus labios, hasta que JR buscó besarle y soltó su mano que se dirigió inmediatamente entre sus piernas.

Era una lástima que no tuviesen lubricante. Porque si, con paciencia y saliva se conseguía igual, pero paciencia le faltaba un rato, debería confiar en su propio aguante al dolor.

Sentía sus dedos jugando dentro de su culo, primero uno, luego dos, después tres, como le había indicado, como debía hacerse. Y necesitaba más. Le quería dentro de una vez ya. Echaba de menos que le metieran una polla desde hacía meses y la espera le estaba poniendo ciego de deseo.

– Hazlo ya. – le ordenó mientras él mismo apartaba su mano y le empujaba para que quedase tumbado.

JR se resistió, robándole un último beso y Ren le empujó con más fuerza. Ya bastaba de moñerías, quería empalarse en él y cabalgarle hasta la saciedad. O hasta correrse, que venía a ser lo mismo.

Y cuando lo hizo le cegó el dolor, pero eso no le detuvo. JR se hundió en él con un gemido ronco y el cuerpo en tensión. Disparaba las caderas hacia arriba mientras Ren se mantenía aun quieto intentando acostumbrarse a la intrusión. Hubiese podido quejarse pero optó por dejarle hacer y empezar a moverse él también, cabalgándole. La sensación, ya conocida, de tenerle dentro, de tener a alguien dentro, no dejaba de ser molesta. Pero era solo al principio, luego, poco a poco, embestida a embestida y ayudado por su propia mano que guiaba la de JR al masturbarle la molestia se iba transformando en ese placer tan característico que crecía hacia el orgasmo a cada roce, a cada gemido, a cada sacudida de las manos de JR sobre su pene, del pene de JR dentro de él. Ese placer tan deseado que ya empezaba a sentir, que le iba llenando, que le empezaba a apretar las tripas de deseo cuando oyó más que sintió como JR llegaba al clímax, clavaba los dedos en su cadera y se corría dentro de su cuerpo con gemidos más altos de lo que él hubiera deseado.

“Mierda” pensó frustrado “¿Tan rápido? ¿Y ya está?”. El estaba a medias. Muy a medias. Justo estaba empezando a sentirlo. Pero JR había quedado bastante exhausto, respirando aún con jadeos y con la frente perlada de sudor, los ojos cerrados. Parecía incluso capaz de dormirse.

En vez de eso abrió los ojos lentamente, con dificultad con una muda disculpa en su sonrisa tímida.

– Lo siento… – murmuró.

Tuvo que decirle que no pasaba nada. Aunque si que pasaba. Se apartó y dejó que JR se quitase el condón de su pene aún medio duro y lo dejase por algún lado que esperaba tuviese controlado.

– Vigila – se aseguró de repetirle. Conocía a los padres de Aron, eran buena gente.

JR asintió y él se dejó caer a su lado con un suspiro frustrado. Acariciándose él mismo en vista de que la diversión parecía haber terminado.

“Pues menudo chasco.”

No tuvo que apañárselas solo como había previsto. JR gateó sobre la cama hasta él. Le besó en los labios casi con cariño y bajó entre sus piernas para dirigirle una mirada sumisa y de disculpa que era sin duda alguna lo más pornográfico que Ren había visto en mucho tiempo y bajó la cabeza, apartándole las manos y lamiendo su polla.

– Ah…

No pudo evitar gemir, aunque si consiguió recuperar la cordura lo suficiente como para apartar-le antes de que se la metiera en la boca.

– Había otro condón… – le dijo como toda explicación. JR asintió y se separó a buscarlo. Él se quedó donde estaba, masturbándose. Que se apañase. Aunque le había gustado el gesto. Y esa mirada…

Esa mirada que volvió a lanzarle mientras le ponía el condón y volvía a enterrar la cabeza entre sus piernas.

Debía aprender esa mirada. Era necesaria. Sabía que podía resultar bastante seductor, pero con una mirada así… Simplemente triunfaría. Y podría liarse al fin con el tío ese que estaba siempre ahí junto a la barra y que seguía diciéndole que era demasiado crío para él. Iba a ver quien era el crío.

JR se metió su pene en la boca, succionando, y con todo su cuerpo en tensión y los dedos entre su cabello revuelto Ren se imaginaba como ese tío al que había visto varias veces en la discoteca y quien no sabía ni quien era le follaba contra la pared entre gruñidos toscos y músculos duros y tensos. Mientras JR se la chupaba.

El orgasmo se le resistía y JR volvió a meterle los dedos. Se dio cuenta de que como no tenían más condones si querían hacerlo otra vez tendría que ser él quien le diera a JR. Sonaba a una idea interesante, pero antes de que pudiera proponer nada sintió como alcanzaba el clímax al fin, y se dejó llevar por las succiones de JR, su cuerpo en tensión y sus propios gemidos. Se corrió dentro de su boca y le embargó una extraña satisfacción al verle tragar.

JR subió y se quedó tumbado junto a él, de lado y mirándole mientras él jadeaba aún y se deshacía del condón como había hecho él antes.

JR tenía una sonrisa estúpida, bobalicona. ¿Habría tenido él esa sonrisa después de su primera vez? Era posible, aunque JR siempre había sido mucho más sentimental. Pensaba que eso le impediría precisamente hacer locuras así, pero parecía contento.

– ¿Ha estado bien? – le preguntó. Para él no había sido tan malo al final. – Aunque no fuese Minhyun. – añadió.

– ¿Min? – le preguntó casi riéndose.

– Me dijiste que te gustaba.

– No seas tonto – se rió, acercándose con un cariño que hizo que se dispararan todas sus alarmas. – Estaba intentando declararme. – le explicó para su espanto y horror – no me atreví y tu supusiste que hablaba de Min y fue más fácil decirte que si. Pensaba que ya lo sabías.

Le sonreía y Ren, a punto de entrar en pánico, se vio obligado a preguntar.

– ¿El que?

– Que es de ti de quien estoy enamorado – le respondió con soltura, pegándose a él y besándole en los labios. – desde hace años.

 

 

Serie Especial Navidad. Comidas Familiares : IV “Año nuevo con… ¿Los suegros?”.

banner

 

 

Categoria: oneshot yaoi

PersonajesLeobin (Leo x Hongbin) VIXX

 

Hongbin miraba fijamente las prendas tiradas sobre su cama, solo tenía dos trajes, dos corbatas y tres camisas entre las que escoger pero ese día le parecía una obra titánica. Estaba terriblemente nervioso, tenía una hora para vestirse y ducharse. Todo tenía que estar perfecto y no tenía ni idea de por dónde empezar.

Después de 10 minutos más de desespero decidió recurrir al recurso de emergencia: noonas.

–          Hyebin noona…  –llamó a la menor sacando la cabeza por la puerta.

Ella salió de su habitación pocos segundos después, todavía secándose el pelo con una toalla.

–          Sí, ¿Qué quieres Binnie?

–          Emmm… ¿puedes ayudarme con la ropa, porfa?

–          Claro que si, un segundo.

Volvió a entrar para dejar la toalla y enseguida estaba en la habitación de su hermano, analizando con ojo crítico la ropa tendida encima de la cama.

–          A ver, es una cena de Año Nuevo así que con traje pero sin corbata, no tienes que ir demasiado formal.  – empezó a decir mientras apartaba las corbatas en un rincón. – La camisa blanca queda bien pero es muy típica, y obviamente las que nos quedan son azules….

Hongbin escuchaba y se dejaba hacer mientras su hermana observaba con ojo crítico las dos camisas, aliviado de dejar la elección a otra persona.

–          Creo que la azul más oscuro, la otra destacaría un poco demasiado con el traje negro nuevo, el gris oscuro está descartado supongo, ¿no? Decidido, esto y esto – dijo sonriente mientras le alargaba un traje y una camisa – y ahora a ducharte o llegaras tarde a tu cita.

Él se puso totalmente rojo mientras Hyebin se iba de la habitación con una sonrisa.

–          ¡Noona! ¡No es una cita! –  “Aunque ya me gustaría…” pensó mientras se iba a la ducha todavía avergonzado por el comentario de su hermana. Vale, sabía que era bastante obvio, pero no era necesario decir esas cosas solo para avergonzarle…

Cuando por fin salió de la habitación, vestido y peinado, le detuvo bruscamente su otra hermana, Dabin.

–          ¿Se puede saber dónde vas con un traje negro? ¿a un funeral?

–          Pero Hyebin noona….

–          Hyebin no tiene ni idea de lo que dice, es una sosa, ponte el traje gris que llevaste en el cumpleaños de la abuela.

Hongbin se miró en el espejo mientras su cabeza iba a mil por hora intentando decidir si hacer caso a Dabin noona o a Hyebin noona.

–          Unnie, no le digas eso, ¡con lo que le ha costado escoger!

Hyebin noona al rescate.

–          Me da igual, cambiarse es un momento y el gris le queda mejor.

–          Puede que sí pero… – Hyebin sonrió malignamente y con cariño como solo ella sabía hacer – el negro y el azul son los colores favoritos de Taekwoon

Hongbin abrió la boca para quejarse pero la volvió a cerrar. Cierto, negro y azul. Y realmente le quedaban de maravilla….

–          Tienes razón, esa cara de atontado lo confirma. Que no se hable más, negro  y azul para hacer feliz a su novio.

–          ¡Noona!

Ellas rieron cariñosamente y Dabin le dio una caja de bombones cuidadosamente envuelta.

–          Toma, para tus suegros, que no digan que no te han educado bien.

Decidió no responder a su comentario esa vez y se limitó a darle las gracias y coger el abrigo o terminaría llegando tarde.

–          Pasáoslo bien, ¡nos vemos mañana!

–          ¡Disfruta Binnie!

 

Llegó a casa de Taekwoon 15 minutos antes de la hora que habían quedado y más nervioso de lo que estaba gracias a las encantadoras de sus hermanas.  Realmente no era una cita, era solo una cena de Año Nuevo con la familia de su mejor amigo ya que no le gustaban demasiado las fiestas glamurosas y con periodistas a las que iban sus padres. Y salir con sus hermanas y los amigos y parejas respectivos de ellas no era el mejor plan, para nada. Así que no había nada por lo que ponerse nervioso, si no fuera porque estaba totalmente colgado de Taekwoon, claro.

Llamó al timbre y mientras esperaba intentó arreglarse los rizos rebeldes por última vez en el reflejo de la puerta. No lo consiguió y apenas unos minutos después se abrió la puerta, dejando ver a un chico de más o menos su edad con una camisa negra y unos pantalones y corbata azul oscuro. Jung Taekwoon.

–          Hola Taekwoon-ah – le sonrió Hongbin una vez se acordó de respirar.

–          Hola – respondió este con una pequeña sonrisa y muy bajito.

Taekwoon le hizo pasar y se vieron envuelto enseguida en una marabunta de saludos, ruido y gente arriba y abajo  preparando la cena y las decoraciones. Dejó la chaqueta como pudo en el colgador ya sobrecargado y se fue en busca de los padres de Taekwoon (“suegros…” le susurró su subconsciente con la voz de Dabin) para darles los bombones.

–          Taekwoon-ah, ¿Dónde están tus padres? Quería darles esto.

Él señaló en dirección a la cocina con la cabeza y le siguió de cerca mientras Hongbin intentaba llegar hasta allí, pero tres chicas mayores le interrumpieron el paso.

–          ¡Hongbinnie! Ya estás aquí, que alegría verte – dijo la mayor mientras le despeinaba el pelo cariñosamente. “Genial, todo mi esfuerzo para nada”.  –  qué guapo estas, y mira, vais de conjunto con Taekwoonie, los dos de negro y azul.

Hongbin se sonrojó hasta límites insospechados al oír esto y darse cuenta de que no era el único que se había fijado en ese detalle. Y que puede que hubiera alguna pequeña posibilidad que en los últimos años le gustara cada vez más el azul porque Taekwoon decía que le quedaba bien.

No pudo entretenerse mucho en sus pensamientos porque pronto se añadieron las otras dos hermanas a interrogarle y tocarle el pelo y decirle lo mono que era hasta que, cuando ya no podía más, Taekwoon le sacó de allí a rastras hasta un lugar menos concurrido.

–          Vaya, son muy simpáticas pero siempre han sido un poco demasiado… efusivas.

Taekwoon asintió con la cabeza.

–          Vamos, tengo que darle esto a tus padres antes de que me olvide o se derritan por el calor que hace aquí dentro.

Reemprendieron su rumbo a la cocina sin cruzarse con ningún otro familiar efusivo y finalmente encontraron a los señores Jung.

–          Señor y señora Jung… – les llamó educadamente Hongbin

–          Oh, Hongbin hijo, no sabía que ya habías llegado – le saludo la madre mientras se secaba las manos con el delantal – que guapo que estas con este traje, me alegro de verte.

El padre se acerco también y le dio un apretón de manos, saludándole con familiaridad pues pasaba bastantes tardes en esa casa.

–          Oh, ya me olvidaba, tened, un detalle de parte de todos – dijo mientras les daba el paquete, ya no tan bien envuelto como al principio.

–          Oooh gracias por el detalle, no hacía falta, eres un cielo

Hongbin sonrió avergonzado por los piropos de la señora Jung, un poco incomodo.

–          No, no es nada…

Por suerte el padre acudió al rescate.

–          ¿Por qué no dejas tus cosas en la habitación de Taekwoon? Esta vez la habitación de invitados está ocupada así que te hemos puesto un colchón al lado de su cama. No te importa ¿verdad?

–          N-no, no, claro – “Vamos a dormir en la misma habitación… Vale, Hongbin, respira”

Taekwoon le estiró del jersey para que le siguiera arriba y él le siguió en silencio, aprovechando para contemplarle detenidamente en silencio. La camisa, una de sus favoritas, le quedaba perfectamente entallada pe forma que se enmarcaban sus brazos y su espalda musculados de deportista. Y los pantalones… tenían el tamaño justo para que se marcara el culo sin ser excesivo. Perfecto, como siempre.

La habitación estaba como siempre excepto por el colchón extra, pegado a la cama de Taekwoon y casi a la misma altura. Prácticamente como si fuera una cama doble. Habían pasado muchas tardes estirados o hablando en la misma cama pero dormir… eso eran palabras mayores.

– Déjalo aquí – la voz de su mejor amigo hizo que se diera cuenta de que estaba en el umbral de la puerta mirando fijamente las dos camas.

– Ah, si, si

Dejó la mochila sobre la cama y se acercó al enorme gato negro con la barriga blanca que dormía sobre la cama de su propietario, indiferente a los dos chicos y hecho una enorme bola de pelo, pero al notar la mano del menor de los dos se desperezó y fue a restregarse contra sus piernas.

–          ¡Buyo! ¡Me vas a dejar los pantalones llenos de pelos! – dijo aunque sin apartarse, en el fondo le había cogido cariño con el tiempo.

Taekwoon lo cogió en brazos y lo acaricio un par de veces antes de volver a dejarle en la cama con una gran sonrisa. Hongbin amaba a ese gato, bueno, a casi todos los gatos, porque eran de las pocas cosas que le hacían sonreír y la sonrisa de Taekwoon era algo precioso para él.

– Cada día esta más gordo.

Taekwoon se encogió de hombros mientras intentaba quitarse los pelos que se le habían quedado en la ropa con poco éxito así que se acercó para ayudarle.

– No hace falta…

– Won-ah, si tus hermanas lo ven van a pasarte el rodillo para quitar pelos por toda la camisa.

Él puso cara de espanto al imaginárselo y se afanó a quitar todos los posibles mientras Hongbin reía y le ayudaba.

 

Diez minutos después estaban todavía más llenos de pelos que antes pues Buyo de repente le habían dado ganas de jugar al ver tantas manos arriba y abajo quitando pelos y había terminado escalando por las perneras del pantalón de Taekwoon mientras Hongbin intentaba cogerlo y devolverle a la cama. El problema fue que el gato tenía más fuerza de lo que parecía y cuando Hongbin por fin consiguió despegarlo del impulso cayó sobre la cama con el gato encima. Taekwoon todavía intentaba dejar de reír cuando les llamaron desde la cocina.

– ¡Wonnie! ¡Han llegado tus primos! ¡Bajad!

Bajaron rápidamente mientras se serenaban e intentaban quitarse los pelos de gato por enésima vez, aunque era bastante inútil ya.

El recibidor estaba lleno de gente sacándose las chaquetas a  la vez que intentaban saludar a todo el mundo sin chafar ninguno de los paquetes ni bolsas que llevaban en las manos, todo a la vez en un espacio muy reducido.

 

Las más pequeñas, Jiyeon y Hwangyeon, fueron corriendo a la sala, huyendo de sus padres para ir a buscar los juguetes que tenían guardados para cuando venían a casa mientras el mayor, Sanghyuk, se quedó a saludar.

–          ¡Taekwoon hyung! Ah, ¡hola Hongbin hyung! Cuanto tiempo, me alegro de verte.

Se acercó corriendo a los dos chicos mayores para saludar efusivamente a Hongbin. Se habían visto un par de veces el año pasado y habían terminado siendo buenos amigos, sobre todo cuando Taekwoon les ignoraba era bueno tener algún chico de una edad similar con quien hablar.

–          Hola Hyuk-ah – respondió Takewoon

–          ¡Hola Hyukkie! – le respondió el otro efusivamente mientras le despeinaba el pelo – vaya, has crecido un montón, ya casi me alcanzas.

–          No me trates como un crio, ¡solo eres mayor que yo por un par de años! – se hizo el ofendido, pero duró poco y terminó echándose a reír.

–          No ha venido tu hermana Sanghyuk – Les interrumpió la madre de Taekwoon.

– No, se ha quedado jugando a un juego, y luego ha quedado con su novio creo…

– ¿novio? – intervino Minyoung, una de las hermanas.

– Si…

– ¿Ese chino al que nadie ha visto nunca? – Saltó la otra, Sangmin.

– Ese…

Las chicas se quedaron cotilleando y riendo y ellos se fueron charlando hasta la sala y se sentaron en un sofá un poco apartado de los adultos para poder hablar tranquilamente sin tener que vigilar su lenguaje y lo que decían.

–          … y entonces el entrenador me dijo que podría jugar en el próximo partido! ¡Voy a ser titular!

–          Eeh felicidades, es de los tuyos, eh ¿Takewoon-ah? – Hongbin se giró al hablarle a Taekwoon pero no estaba allí – ¿eh? ¿Dónde está?

–          Pues no lo se… habrá ido a jugar con el gato o al baño o algo.

–          Voy a buscarle.

–          Hyung, no va a perderse en su propia casa, ya volverá.

–          Pero…

Sanghyuk le estiró para que volviera a sentarse.

–          A ver, hyung, ¿tu confías en mi verdad?

–          Ajá… – dijo mientras se sentaba a regañadientes – ¿A que viene esto?

–          ¿Cuándo pensabas contarme que te gusta mi primo?

–          ¿Q-QUE?

Hongbin se levantó de un salto con el corazón a mil por hora. No podía ser que fuera tan obvio. Si alguien con quien tenía tan poca relación como Hyuk se había dado cuenta… ¿Cómo podía no haberse dado cuenta Taekwoon? ¿Y si lo sabía desde hacia tiempo? ¿O acaso le prestaba tan poca atención que no se había dado cuenta?

–          Hyung, siéntate y respira, ¡que te vas a poner azul!

Hongbin respiró hondo un par de veces y volvió a sentarse pero estaba absolutamente tenso, sentado justo en el borde del sofá, a punto de salir corriendo.

Sanghyuk suspiró con resignación, se imaginaba que iba a ser difícil pero no TANTO.

–          ¿Hyung…?

–          S-si… yo… ¿ta-tan obvio es?

–          Lo es si te fijas en cómo le miras y en el hecho de que cuando hablamos el 80% de lo que dices tiene que ver con él de forma directa o indirecta. Normalmente bastante directa.

–          ¿Ah sí? No me había fijado…

Intentó repasar mentalmente todas las conversaciones que había tenido con Hyuk buscando alguna señal de que tenía una obsesión que rozaba lo maníaco pero era incapaz de encontrar nada extraño en ellas…

–          Hyung, no te preocupes, probablemente yo sea el único que se ha dado cuenta ¿vale?

Hongbin asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

–          Ahora mi teoría…. Creo que tu también le gustas.

–          ¿Qué?

–          Sí, no es tan disparatado como parece, si te fijas bien… le gustas más de lo que crees

–          Hyukkie, en serio que aprecio el esfuerzo pero…

–          ¡Que no hyung, en serio! ¡Escúchame! Te pasas casi cada tarde en su habitación, te deja jugar con Buyo, te cuenta sus problemas y hasta se ríe de tus bromas. La última vez que le hice cosquillas me pegó tan fuerte que casi me queda morado ¿y a ti que te hace? Te pone mala cara, y ya esta. Deberías haber visto su cara cuando nos hemos saludado y me has sonreído, te juro que pensaba que iba a correr sangre.

-…. ¿De verdad lo crees?

Hongbin no quería creerlo, no quería hacerse falsas ilusiones (había sido su objetivo en los últimos 3 años) pero a la vez…. Podía ser ¿no? Sabia que Taekwoonie le trataba distinto a los demás pero siempre había creído que era simplemente como amigo…

–          De verdad, hyung. Lo que pasa es que esta en fase de negación, así que vamos a hacer que lo admita.

–          ¿Cómo vas  a hacer eso sin arriesgar tu integridad física?

–          Bueno, puede ser un poco arriesgado, vale pero… vamos a darle celos.

–          ¿Celos? ¿Con quién?

–          Tu conmigo.

Hyuk le dejó unos momentos a su hyung para que asimilara la idea.

–          Bueno, supongo que puede hacerse…

–          No te preocupes hyung, yo me encargo, tu sígueme el rollo – respondió alegremente. mientras le pasaba un brazo por los hombros para acercarle más a él – Aquí viene – le susurró al oído.

–          Ah, Taekwoon-ah, ¿Dónde estabas? – le dijo Hongbin haciendo un esfuerzo sobrehumano para no levantarse corriendo para ir a su lado y quedarse medio recostado en Sanghyuk.

Él no se molestó en responder (tampoco esperaba que lo hiciese sinceramente) sino que se sentó al otro lado de Hongbin y apartó el brazo de Hyuk bruscamente, sin dignarse ni tan solo a mirarle mal. Si lo hubiera hecho habría visto a su primo aguantándose la risa con poco éxito mientras miraba a Hongbin con cara de “te lo dije, ¡mira que obvio que es!”. Este intentó hacer como si no lo hubiera visto y se acercó casi imperceptiblemente a Taekwoon, quedando tan cerca que casi notaba el calor que desprendía su cuerpo. “Es solo posesivo porque soy su mejor amigo, ya esta, nada más” se repetía, aunque todas las fibras de su cuerpo le gritaban lo contrario. Hyuk todavía se reía más al ver la cara de concentración absoluta que ponía hasta que Hogbin, harto de sentirse observado, le pegó disimuladamente para que se callara antes de que llegara a ponerse rojo como un tomate.

Esta vez el menor no se escapó de la mirada asesina de su primo que le daba dos opciones: o te vas tu, o me voy yo.

Así que optó por la opción más…emocionante. Se fue, pero llevándose de la mano a Hogbin con la primera excusa que le vino a la cabeza.

– ¡Hyung! Ahora que me acuerdo, ¡me han regalado el Super Hero 3 para la PSP! Ven, ¡te lo enseño!

Y huyó escaleras arriba arrastrándole sin que este tuviera tiempo de quejarse o tan solo darse cuenta de lo que estaba sucediendo antes de encontrarse a solas con él en la habitación de los invitados.

– Hyuk, ¿que ha sido eso?

– ¿Tu que crees?

– P-pero se va a enfadar…

– Hyung, esa es la idea, que se ponga celoso y se enfade

– ¿No aprecias tu integridad personal?

– No mucho, y confío en que no llegará a romperme ningún hueso – respondió despreocupadamente mientras sacaba la PSP – Ven, siéntate! Es genial, el diseño de los personajes ha mejorado un montonazo y…

Al final la idea de ver el nuevo juego que todavía no había podido probar fue más fuerte que el instinto de supervivencia y la preocupación de haber dejado a su amigo solo y con cara de muy mala leche y se sentó en la cama al lado de Hyuk, volcándose de pleno en el videojuego.

 

Media hora después Hogbin desistió de intentar concentrarse en el juego cuando solo podía estar pendiente de la puerta y el reloj.

– Hyuk-ah, deberíamos volver, no creo que venga…

– 10 minutos máaas.

– No, vamos, llevamos ya media hora.

– Esta bien… – dijo con un suspiro y guardó el juego con la misma actitud con la que alguien le colgaría el teléfono a su pareja después de semanas sin hablarse.

– Pff drama queen… – se burló el otro

– ¡Yah!

– Eh ¿que es ese tono? ¡soy tu hyung!

 

Taekwoon contaba por tercera vez las bolas del árbol de Navidad del vestíbulo, revisando otra vez que estuvieran correctamente colocadas, al final tenia que admitir que había quedado bastante bien aunque no le hubieran dejado hacer las cosas a su manera, sus hermanas se ponían en plan totalmente dictador cuando se trataba de decorar la casa.

Llevaba ya 23 minutos esperando en las escaleras a que Hogbin y su primo bajaran, sabía que estaban arriba en alguna de las habitaciones pero no iba a subir a buscarles, parecería demasiado… dependiente.

Finalmente oyó las voces y las risas de los dos bajando por la escalera. “Parece que se lo pasan muy bien juntos…” todo el asunto empezaba a ponerle de muy mal humor.

– Ah, Takewoon-ah – Hogbin se quedó parado delante suyo, sorprendido, sin saber muy bien que decir.

Taekwoon no sabía tampoco exactamente que decir, lo que estaba seguro era que, fuera lo que fuera, no iba a decirlo muy alto para que lo oyese el aprovechado Hyuk, necesitaba que Hongbinnie estuviese mas cerca. Así que le cogió de la chaqueta para acercarle más a él.

– Habeis tardado mucho… – dijo finalmente, tan flojo que si no prestabas atención probablemente no podrías oírlo.

Hogbin sonrió.

– Lo siento hyung, nos hemos entretenido jugando.

La sonrisa de Hogbin era enorme, preciosa, pero sobretodo, le marcaba los hoyuelos. Taekwoon tenía debilidad por esos hoyuelos y no pudo evitar sonreír. Una sonrisa pequeña, muy breve, pero que en su cara eternamente seria destacaba como una señal luminosa gigante.

– Ooh ¡Taekwoonie hyung! ¡Has sonreído! – dijo Hyuk apareciendo de repente y cogiéndole los mofletes a su primo mientras tarareaba alegremente “Sonríe sonríe sonríeee”

Apenas unos segundos después Takewoon le había saltado encima y Hongbin intentaba pararle mientras Hyuk huía riendo, confiando en la fuerza y la influencia de su amigo para detener a su primo cuando se ponía en modo destructor.

– Vamos Won-ah, déjale, déjale.

Finalmente dejó de intentarlo pero se mantuvo con su mirada de “Vuelve a acercarte a mí y sufrirás” así que Hyuk optó por mantenerse prudentemente alejado, por lo menos, los próximos 30 minutos.

 

– ¡Chicos, venid aquí a ayudar!

La voz de una de las tías mayores de la familia cortó la tensión del momento y se dirigieron inmediatamente al comedor para recibir ordenes.

– Id a la sala de al lado y traed las sillas plegables, venga.

Taekwoon les guió, cogió dos y se las llevó al comedor pero cuando Hogbin cogió dos más se dio cuenta de que no eran tan ligeras como parecían, pero no iba a ser menos, así que se las recolocó bien debajo los brazos y salió de la sala con pequeños pasos.

A medio pasillo se encontró con su amigo que volvía de la sala pero en lugar de dejarle pasar se le quedó mirando, miró sus sillas y sin decir nada se las cogió y las llevó él al comedor.

– ¡Yah! ¡Puedo llevarlas!

Hogbin se sentía abochornado de que precisamente él viera hasta que punto era débil.

– Dejando el trabajo duro para los hombres ¿eh?

Uno de los tíos de Taekwoon dijo desde su espalda con una sonrisa burlona. Hongbin iba a responder pero se dio cuenta de que no sabía como.

– Vamos, no seas así con el chico – intervino su mujer y él sonrió agradecido – ya se sabe que eso es lo que hacen las esposas.

Y se fueron de allí riendo, dejando a un Hogbin entre perplejo, indignado y profundamente avergonzado.

Cuando volvió de su último viaje de traer sillas Takewoon le encontró todavía allí, con cara de disgusto y de mal humor.

– ¿Estas bien?

Hogbin salió de su burbuja de mal humor al oír su voz llena de preocupación.

– Ah, sí hyung, no es nada. Gracias por ayudarme con las sillas.

Takewoon solo se encogió de hombros mientras le seguía en dirección al comedor pero el sabia que eso era lo más parecido a un gracias que probablemente diría.
Cuando llegaron a la mesa todo el mundo estaba ya preparado, las niñas en un lado, cerca de su madre, los tíos por parejas… cada lugar señalado con unos carteles que habían hecho las niñas, decorados con dibujos y letras de colores. Ellos tenían 3 lugares en una de las puntas “Taekwoon – Hogbin – Sanghyuk” de forma que Taekwoon no estaba al lado de ninguna de sus primas o hermanas ruidosas sino entre nadie y Hogbin, siempre había sido así. Pero cuando Hyuk se había sentado ya y Hogbin iba a sentarse a su lado Taekwoon le cogió del brazo y le hizo sentarse en su lugar, sentándose él en medio.

Nadie dijo nada pero su tía Dasom, sentada justo delante suyo, sonrió mientras se lo comentaba al oído a su marido que estaba más preocupado de que le trajeran su cerveza sin alcohol.

 

La cena transcurrió sin demasiados incidentes, con varios monólogos de los adultos contando sus preocupaciones y cotilleos varios. Que si a su hijo le habían dado trabajo, que si estaba buscando una casa con jardín para ir los fines de semana, que si el nuevo jefe era un maleducado…

Hasta que hubo un momento en que las conversaciones empezaron a degradar, ayudadas por el alcohol y la alegría de la reunión familiar.

– Ay.. los amores de juventud…. – se lamentó el tío mas joven después de terminarse otro vaso de soju, observando a Nayeon (la hermana mayor de Taekwoon) y Wonsik, acaramelados un poco en su mundo.

– Pero que dices DooJin-ah, si todavía eres joven! No eres más que crio que se lamenta como un viejo – replicó una de sus hermanas

– Que va, que va… además, yo solo soy un solterón y estos dos ya llevan…  ¿cuantos años has venido ya?

– Este es el tercero… – respondió Wonsik, un poco intimidado por el cotilleo repentino.

– Pues… ¡pues yo también tengo novio!  – interrumpió de repente la sobrina más pequeña con su voz de pito – ¡se llama Minwoo y hace una semana que salimos! ¡Y nos vamos a casar!

– Ala, que dices Jiyeon, solo tienes 5 años. Todavía eres demasiado pequeña para tener novio – le replicó su hermana Hwangyeon con cariño mientras todos reían de su ocurrencia.

– Aaaah…. ¿entonces tu si que puedes unnie?

– No, ella también es demasiado pequeña – intervino su madre –  tienes que esperarte por lo menos hasta que seas tan mayor como Taekwoon.

– Oh, oppa, ¿tu tienes novia? – se giró hacia él muy contenta e interesada repentinamente, mirándole con expectación.

Hubo unos segundos de silencio y de repente toda la mesa empezó a reír con más o menos disimulo. Hogbin no entendía porque pero le dio muy mala espina, no le gustaba nada por donde estaba tirando la conversación.

– Pero que dices renacuajo, ¡si se ha traído al novio!

– Aunque con este pelo podría hasta ser su novia.

Con los comentarios de los cuñados ya todo el mundo estalló en carcajadas mientras Hogbin se debatía entre huir corriendo, meterse debajo de la mesa como hacía Taekwoon cada vez que se moría de vergüenza o dejarse llevar por una risa histérica.

– Binnie – notó el familiar tirón en la manga – ¿que ha pasado?

Taekwoon le miraba buscando una explicación pues o no lo había entendido o simplemente estaba demasiado ocupado en sus cosas para atender a la conversación y no había oído nada. No sabia que opción era la peor, pero estaba claro que ÉL no iba a explicárselo. Simplemente optó por mirar fijamente su plato mientras Hyuk, desde el otro lado de Taekwoon, se reía y le lanzaba miradas de cachondeo.

Por suerte Taekwoon al ver que no se lo explicaba no buscó alguien más sino que simplemente ignoró el tema y volvió a abstraerse de la conversación.

Lentamente las risas fueron desapareciendo y se transformaron en simples miradas de soslayo hacia ellos dos, aunque los únicos que se daban cuenta eran Hogbin (muy a su pesar) y Hyuk, que no perdía la oportunidad para lanzarle miradas que decían “¿Ves cómo lo sabe todo el mundo? Si es que sois obvios”” y “Te lo dije”.

 

Una vez todo el mundo había terminado de comer y parecía que los ánimos estaban más calmados la madre volvió de la cocina con una enorme ensaladera de frutas variadas.

– ¿Alguien quiere fruta?

Hyuk saltó gritando

– ¡Hogbin quiere un plátano!

– ¡Y con nata! – añadió el tío Jiwoon

Toda la mesa volvió a estallar en carcajadas y Hogbin enterró la cabeza entre los brazos.

– No sabia que te gustaran tanto los plátanos Binnie

El comentario de Taekwoon, totalmente sincero e inocente probablemente, hizo que las carcajadas se multiplicaran hasta el punto en que Hyuk casi se atragantó con el agua mientras varios de los adultos le mandaban miradas de complicidad. Hogbin solo respiraba hondo.

 

Ya llevaban un buen rato de sobremesa cuando la madre de Hyuk, la tía YooRa, sacó su cámara de fotos y empezó a retratar a la familia entera, pillándolos de infraganti o pidiéndoles que posaran en pequeños grupos.

– Eh, hagamos una foto familiar decente.

Todos se levantaron con más o menos prisa para colocarse en un lado de la sala, ordenándose por parejas, hermanos, alturas… Una vez hechas 4 o 5 para asegurarse de que nadie salía con los ojos cerrados o demasiada cara de borracho pasaron a las fotos de grupos pequeños.

– ¡Ahora una solo las mujeres de la familia!

Todas se recolocaron mientras los hombres se apartaban detrás de la fotógrafa.

– Eh Hongbin, deberías ponerte tu también ¿no?

– No, que todavía no es oficialmente de la familia.

Otra vez las familiares carcajadas y el enorme bochorno de Hongbin. Empezaba a odiar a sus tíos… osea, a los tíos de Taekwoon, que no eran sus tíos, “Aun…”.

– Vamos, basta ya, déjale tranquilo un rato – le defendió la madre.

Pero esta vez Taekwoon si que se dio cuenta de lo que pasaba y frunció el ceño con disgusto.

– No les hagas caso.. – dijo con un tono mucho más tierno de lo normal mientras le estiraba de la chaqueta para que se acercara a él de forma que quedara justo detrás suyo, como protegiéndolo del resto del mundo, como si fuese su escudo.

– Igualmente…creo que me voy a cortar el pelo.

Takewoon se giró negando con la cabeza.

– A mi me gusta

– Taekwoon-ah, parezco una niña.

Él alzó la mano hasta su cara y le cogió un mechón de pelo, acariciándolo.

– No lo pareces, solo te tienen envidia porque eres más guapo que ellos.

Hongbin notó como toda la sangre de su cuerpo subía de golpe a su cara y su corazón latía a mil por hora, olvidándose de todas las burlas y los comentarios que había recibido esa noche. No dijo nada. Tampoco sabía que decir sin ponerse a tartamudear y temía que se le escapara alguna tontería como “Tu lo eres más” así que simplemente calló y sonrió avergonzado.

– Eh, eh – llamó la atención la tía Junhye – ¿a que no sabéis como se meten 4 elefantes en un Mini? ¿eh? ¡Pues dos delante y dos detrás!

Nadie se rió, solo ella, mientras volvía a rellenar su vaso de vino.

– Noona, deja el vino, ya has bebido suficiente.

– ¿Y tu que sabes? – respondió de forma borde a su hermano pequeño – lo que pasa es que no entendéis mi sentido del humor porque sois unos aburridos. Este si que es bueno… ¿como metes un elefante en la nevera en tres pasos?

El resto de la familia tampoco respondió pero algunos volvieron a sentarse viendo que iba para largo.

– Pues fácil – se respondió a si misma – Abres la nevera, metes el elefante, cierras la nevera

Esta vez las pequeñas si que lo entendieron y rieron, contentas de ver que auguraba una buena sesión de chistes.

– ¿Y una jirafa en cuatro pasos? – les preguntó directamente a ellas.

– ¡Yo lo se! – respondió Hwangyeon contenta – abres la nevera, sacas el elefante, metes la jirafa ¡y cierras la nevera!

Las tres rieron mientras el resto ponían cara de resignación.

– Cuenta uno tú, ¡tío Jiwoon! – le pidió Hyuk.

– Esta bien… – aceptó sentándose en uno de los sillones  – A ver… Hay un manicomio y el director entra en una de la salas y ve a un paciente colgado del techo. “¿Pero que hace allí colgado?” les pregunta al resto “Se cree que es una luz” “¡Pero bajadle!” “No, que nos quedamos a oscuras!”

Esta vez la carcajada fue más generalizada y todo el mundo terminó de aposentarse en los sillones y sofás.

– Va, ahora yo – dijo la tía GaYoon.

-Vigila ¿eh? – le advirtió su cuñada, la madre de las niñas.

– Sí, sí.. – respondió con una sonrisa no muy tranquilizadora – “Mamá, mamá, quiero galletas” “Pues coge una” “¡Pero no tengo manos!” “Aaaah, no hay manos no hay galletas”.

La sala se sumió en un silencio sepulcral excepto por ella misma, Hyuk y una de las hermanas de Taekwoon, SangMin.

– ¡Unnie, hay niñas en la sala! ¡Nada de chistes gore!

– Oh venga, eres una aburrida, pero ha valido la pena.

GaYoon se recostó otra vez en el sofá, satisfecha de por lo menos haber podido soltar uno.

– Va, otro, otro – Jiwoon empezaba a animarse – “Mamá, mamá, en el cole me llaman marica” “¿Y tu que les dices?” “¡Les pego con el bolso!”

Todos rieron, aunque Hongbin y Hyuk con menos entusiasmo que antes.

– No, no vamos a seguir por allí – les cortó la madre un poco cansada del tema – Jiyeon, Hwangyeon, ¿Porque no nos recitáis vuestro poema de Navidad?

– ¡Sí!

Se levantaron todas contentas y el resto de la familia olvidó los chistes, encantados durante un buen rato con las poesías y villancicos de las pequeñas que estaban radiantes al lograr la atención de todos los adultos.

– Muy bien niñas, habéis estado geniales – las felicitaron sus padres mientras volvían a sentarse en las almohadas del suelo.

– Taekwoon, ¿Porque no nos tocas algo? – sugirió su padre mientras abría la tapa del piano.

Este negó con la cabeza, no tenía ninguna intención de actuar delante de toda la familia y aún menos después de la noche que le estaban haciendo pasar a Hongbin. Porque puede que no prestara mucha atención a sus tíos ni participara demasiado en las conversaciones, pero cuando se trataba de Hongbinnie si que se fijaba y no le gustaba nada las caras que le había visto poner.

– Vamos, esa que tocabas el otro día… era muy bonita – oyó la voz de Hongbin justo en el oído, tan cerca que casi notaba su aliento, mientras este posaba su mano encima de su pierna, con un mudo “Por favor”.

Pero si se lo pedía él…. Bueno, no podía negarse. Así que se levantó y se sentó delante del piano, transformándose en alguien completamente diferente como cada vez que tenía que actuar delante de un público. Se volcaba en la música, ponía todo el alma en ello.

Tocó durante 20 minutos sin que se oyera ni una sola mosca en la sala con todos los ojos fijos en él. Bueno, menos los de Hyuk, que se deleitaba con la cara que ponía Hongbin al verle tocar.

 

Despues de la actuación de Taekwoon los ánimos se habían calmado completamente y se quedaron charlando en grupitos mientras la menor de las hermanas iba a la cocina a buscar los postres dulces que habían preparado junto con su madre mientras algunos preparaban el champagne para celebrar la entrada al año nuevo.

– ¡Tachaan! – dijo Minyoung apareciendo con dos platas, una llena de turrones y la otra llena de unos pastelitos que había hecho ella. De un color rosa pálido y con forma de corazón.

– Ooh ¿los has hecho tu? Que manitas eres cielo.

– ¡Que buena pinta Minyoung!

– Pff, que mariconada…

– ¡Jiwoon! – le reprendió Dasom, con una mirada que decía “Basta de chistes homosexuales, que Hongbin ya ha tenido suficiente”.

– ¡Oh que bonitos! – Hongbin se levantó para verlos mas de cerca, encantado, sin ser consciente de las miradas que suscitaba. Esta vez nadie rió pero Jiwoon miró a Dasom con cara de “¿Ves? Ya lo decía yo bien, es una mariconada”

La plata fue pasando de comensal a comensal sin más incidentes hasta llegar a los chicos. Hyuk no cogió ninguno con la excusa de que parecían demasiado dulces y, como Taekwoon no le estaba prestando atención, se la pasó directamente a Hongbin, que después de pensárselo un poco escogió uno y le dio un mordisco.

– Hmm estan muy buenos, ¿No quieres uno Taekwoon-ah?

Este le miró, se miró la plata y finalmente le cogió la mano y dio un mordisco al que todavía sujetaba Hongbin, masticando mientras analizaba el sabor. Asintió como para dar su aprobación y paso la plata al siguiente, intentando hacer como que no veía la cara de tonto que se le había quedado a Hongbin que todavía miraba fijamente el pastelito; hasta que se dio cuenta que se había quedado empanado y se lo terminó de un bocado.

“Que mono”.

El pensamiento pasó veloz por la mente de Taekwoon que intento hacer como si no hubiera pasado nada, quitándole importancia. “Es algo totalmente objetivo, todo el mundo puede ver lo guapo y adorable que es, no hay nada raro. No hay nada más.” “Olvida las bromas y los comentarios” “Olvida tus celos.”

 

– Eh, hyung – Hongbin dejo de pensar en los labios de Takewoon mordiendo el pastel y se giró para mirar a Hyuk – tienes algo en el labio.

Se pasó la servilleta intentando quitar lo que fuera que se le hubiese quedado.

– ¿Ya?

– No, todavía no.

Y antes de que se la pudiera volver a pasar Hyuk pasó su brazo por delante de Taekwoon hasta llegar a Hongbin y quitarle el trozo de dulce que se le había quedado en la comisura del labio.

Hongbin se quedó helado en su sitio mientras Hyuk volvía satisfecho a su asiento, para inmediatamente levantarse e “ir a ayudar a la cocina”, justo a tiempo para evitar que, por los pelos, el puño de su primo le cogiera del jersey con intención de, como mínimo, intentar asesinarle.

– ¡Won-ah! ¡Para de agredir a Hyukkie!

Esta bajo el puño pero se quedo sentado muy tieso, esperando a tener otra oportunidad, otra provocación. “¿Hyukkie?” “Cuanta confianza”.

– Además, ¿porque te pones así?

No era una pregunta retórica, era una pregunta que exigía una respuesta. Si eso eran celos de verdad y sentía algo por él ¿porque no se lo decía? y si solo eran amigos ¿que sentido tenía que se pusiese así?

Pero Taekwoon no respondió, no le miró, así que Hongbin se levantó y se fue a la cocina a ayudar también, decidido a hacerse el duro hasta que Taekwoon le diera por explicarse. Porque sabia que podía, porque solo hablaba cuando era necesario pero entonces lo hacía de verdad.

Taekwoon se quedó allí, sentado, pensando, jugando con Buyo que había bajado a reclamar algo de comida y mimos. Hongbin estaba enfadado con él y eso no le gustaba, pero no sabia como solucionarlo. No podía explicarle algo que él mismo tampoco acababa de entender. Tenía todo el derecho del mundo a ser un poco posesivo con él ¿No?. “Binnie es mío.”

 

– ¡Eh! ¡Son menos diez!

Con el grito de Sangmin todos volvieron corriendo al comedor, encendieron la TV y las parejas se buscaron mutuamente para estar cerca, para el beso de Año Nuevo.

– Minyoung, ve a buscar a Nayeon y Wonsik, estarán por allí dándose el lote.

– ¡Sangmin, ese vocabulario!

– Sí mamá…

Enseguida volvió Minyoung arrastrando a la pareja que tenían cara de haber sido interrumpidos en un buen momento, sobretodo por la cara de incomodidad de la hermana menor.

Taekwoon buscó con la mirada a Hongbin y a su primo, no estaban allí. Faltaban apenas un par de segundos, ¿donde podían estar?

Una

Sonó la primera campanada y no estaban allí, así que salió corriendo del comedor a buscarles, probando la cocina y los baños sin encontrarles.

Dos

Les encontró, hablando en el recibidor. Hongbin parecía nervioso o alterado y Hyuk, como siempre, profundamente divertido.

Tres

“¿Porque están tan cerca? ¿de qué hablan?”

Cuatro

Hyuk le vio ya que estaba de cara a él, Hongbin de espaldas. Hyuk se le acercó todavía más, mirando a Taekwoon desafiante.

Cinco

Le susurró algo al oído mientras ponía una de sus manos en la cintura de Hongbin.

Seis

“No, no le toques. Es mío”.

Siete

Se aceró corriendo a ellos, furioso. No solo con Hyuk por quitarle su tiempo con Hongbin, con él también, por haberse enfadado con el, por haber escogido pasar demasiado tiempo con Sanghyuk.

Ocho

Cogió a Hongbin por los hombros y le acercó a él, separándoles. Hervía de rabia.

Nueve

Apartó a Hyuk de un empujón, sin importarle que cayese encima de las escaleras y tuviera cara de haberse hecho un buen morado.

Diez

– ¿Q-que? Taekwoon-ah…

Once

– Eres mío, deberías mirarme solo a mí.

Doce

Y le besó. Cogió su cara entre sus manos y le besó tierno, suave, pues era la primera vez de ambos y en ese beso había todo lo que no se atrevía a decir, lo que no sabia como poner en palabras. Todos esos sentimientos que Hongbin necesitaba conocer y que él necesitaba que Hongbin supiera.

Se separaron al cabo de unos segundos. Hongbin totalmente sonrojado, con la respiración acelerada, embobado sin apartar la mirada de Taekwoon, que seguía con los ojos cerrados, respirando entrecortadamente. Al cabo de unos momentos él también abrió los ojos y cuando Hongbin iba a hablar… les interrumpieron unos estruendosos aplausos.

– ¡Ole! ¡ya era hora!

– ¡Felicidades!

– Ooohhh pero que monos…

Toda la familia estaba en la puerta que daba al comedor observándoles y aplaudiendo estruendosamente mientras Hyuk iba corriendo a buscar la cámara de fotos de su madre.

Les habían visto. Taekwoon se frustró, tenía cosas que decir a Hongbin y no iba a hacerlo para nada delante de toda esa gente.

Así que le cogió de la mano y se lo llevó escaleras arriba para encerrarse en su habitación, básicamente porque había pestillo y sabia que así nadie les iba a interrumpir hasta que terminasen de hablar.

Se metieron dentro, cerró la puerta con pestillo y se giró para quedar cara a cara con Hongbin, que le miraba nervioso y expectante. En su mente solo tenia claras dos cosas: quería volver a besarle y declarase como Dios manda. Pero antes de que pudiera decir nada Taekwoon se volvió a girar, cogió el bate de beisbol, abrió la puerta y amenazó a todos los que estaban pegados a ella intentando escuchar: sus tres hermanas y Hyuk, obviamente.

Una vez expulsados los intrusos volvieron a quedar en silencio, cara a cara, a apenas un paso de distancia. Hongbin no podía esperar más así que, por primera vez, se decidió a dar el primer paso.

– Taekwoon-ah yo… ¡me gustas! Mucho, desde hace mucho tiempo…

Bajó la mirada enseguida, incapaz de mantenerle la mirada mientras esperaba una respuesta. El beso hablaba bastante por si solo pero… necesitaba oírlo con palabras, saber que no era una broma ni un sueño ni un impulso repentino.

– Binnie… creo.. que a mi también me gustas…

Levantó la mirada de repente, sin poder creer del todo lo que había oído. No era un sueño, Taekwoon le quería a él, solo a él, y le había dado su primer beso.

– Won-ah… ¿quieres salir conmigo? – preguntó dando un pequeño paso hacia él.

Él le miró a los ojos y simplemente redujo el espacio que quedaba entre ellos de un paso y le volvió a besar. Mucho más fuerte, mucho más pasional, enredando una de sus manos entre el cabello largo del que ahora era su novio y la otra en su cintura, pegándose todavía más a él.

 

Llevaban ya un buen rato sin dejar de besarse cuando Hongbin se separó un poco para mirar el reloj.

– Wonnie, a lo mejor deberíamos bajar aunque sea para despedirnos de tus tios y Hyukkie….

Taekwoon en respuesta le besó otra vez para callarle, irritado de que se preocupara del traidor de Sanghyuk en un momento así.

– En serio, va. Solo un momento y luego ya volvemos a temas más… interesantes. – dijo totalment sonrojado – A mi tampoco me apetece otra ronda de aplausos y bromas pero sino al final va a subir alguien.

– Esta bien…

Taekwoon aceptó a regañadientes, consolandose con el hecho de que luego tendría a Hongbinnie para él solo.

Cuando llegaron a bajo la tía Dasom y su marido ya se habían ido y los padres de Hyuk y los de las niñas se preparaban para irse.

– Vaya, estáis aquí – les saludo la madre del primero – ya pensabamos que tendriamos que irnos sin despedirnos de vosotros.

– Mama, estoy seguro de que tenían cosas mucho más interesantes que hacer – comentó Hyuk mientras se aguantaba una bolsa de hielo en la espalda.

– Hyukkie ¡¿que te ha pasado?! – dijo alarmado Hongbin al darse cuenta.

– Nada, las escaleras, que están un poco duras.

Entonces ató cabos.

– Jung Taekwoon, eres un bruto, disculpate – ordenó a su novio entre enfadado y resignado.

Este se lo pensó unos segundos antes de hablar, tan bajito como siempre y en el fondo un poco arrepentido pues Hongbin se lo habia explicado todo.

– … Lo siento

– No importa hyung, ha valido la pena.  – respondio sonriente – Bueno, nos vamos ya, buen año a los dos, ¡nos vemos!

– Feliz Año Nuevo Hyukkie y… gracias por todo.

– ¡Ha sido un placer!

Se despidieron de toda la familia menos de las niñas, que ya dormían en brazos de sus padres y una vez excusados de ayudar a recoger volvieron a su habitación.

– Ha estado bien pero… creo que el próximo Año Nuevo prefiero no pasarlo con tu familia…

Él rió levemente, abrazandole por la espalda y apoyando su cabeza en sus hombros.

– Hm, solo tu y yo.

 

 

Serie Especial Navidad. Comidas Familiares : III “Resaca navideña”.

final

 

 

Categoria: oneshot yaoi

PersonajesBaekRen (Baekho x Ren)

 

El sonido retumbaba en sus oídos, como temblores desde el fondo de la tierra recordándole a la humanidad el origen de su planeta, el big bang, la formación de los alpes, la deriva de los continentes, los meteoritos. Terremotos y explosiones, todo con un estruendo horrible y totalmente innecesario.

“Joder, ¿vuelven a hacer obras?”

Y seguían los golpes, maltratando su pobre y dolorida cabeza.

“Parad ya joder ¿sabéis la hora que es?”

– ¡Levanta anormal! – le gritaba ella desde entre golpe y golpe – ¡QUE ES TARDE!

“Joder”

Se dio la vuelta y se tapó con la colcha, emitiendo alguna especie de sonido que podría haber sido una queja o un ronquido, o nada en absoluto. Intentando aislarse del terremoto que estaba montando su hermana contra la puerta.

Pero no paraba.

– ¡Para gilipollas! ¿Tienes idea de a que hora volví?

– No es mi problema, ¡arriba!

– ¡Piérdete!

Siguió aporreando la puerta, parecía que se iba a soltar. “Dios, que la tirará ¿porque no le dicen nada???”

Al final tuvo que levantarse.

– ¡Ok! estoy despierto ¿vale? ¡lárgate!

Volvió a dejarse caer sobre la cama, le escocían los ojos y le dolía la cabeza, era como si los golpes siguieran ahí. “Eso es maltrato…” Cerró los ojos y casi se había vuelto a dormir cuando volvieron a llamarle, esta vez su padre.

– Vamos Minki, necesito que me ayudes a montar la mesa.

“Que lo haga doña perfecta, seguro que lo hace mejor.”

– Voy…

Salió arrastrándose, con la camiseta y los calzoncillos solo. La cabeza le rebotaba y daba martillazos. ¿O era su padre montando la mesa? “Demasiado ruido” “Aunque estuvo bien…” “hoy será una mierda”.

Ayudó a su padre a poner las tablas para alargar la mesa. Iban a ser unos trescientos, con todo el ejercito de críos berreantes.

“Bueno, mas bien trece… aunque ni idea de quien viene”

– ¿Te lo pasaste bien ayer?

“Joder, si.”

– Estuvo bien.

– Bien. No vuelves a salir hasta año nuevo ¿eh?

– ¿Eh? ¡¡¡Pero si estoy de vacaciones!!!!

– Tienes exámenes al volver, puedes estudiar. Y yo necesito que me ayudes en la tienda.

– ¡Pero papa!!!

– Nada de peros. Quedamos así.

– Quedamos en que pasaría el día de navidad aquí, no todas las putas vacaciones, joder.

– Eh, habla bien.

“…” “OSTIA PUTA JODER TE HAS PASADO VIEJO GILIPOLLAS”

Tenia ganas de tirarle las sillas por la cabeza. Había demasiadas sillas.

– ¿Quien viene?

– La abuela, Sunye, Dajoon, Dasom, con los niños y todos. – “quince” – y el novio de tu hermana.

“Perfecto. Minyoung la perfecta con su novio perfecto. OLE”

Ni siquiera le conocía y ya le odiaba.

“Si está con esa como mínimo es retrasado” “Aunque retrasado con buen gusto” Su gemela y él se parecían mucho. Los dos eran muy guapos “Aunque yo más, claro”.

Paso por la cocina luego, a desayunar, arrastrando los pies y con los ojos entrecerrados.

– ¿Aun vas así? -su madre estaba cocinando. La señorita perfecta terminaba los canapés y ni le miró. – Ve a vestirte que estarán a punto de llegar ya. Y no comas nada.

– No he desayunado.

– Estamos a punto de comer. Y haz el favor de venir a ayudar que también vas a comer y yo no soy la criada de nadie.

“Esta de malas, como siempre. Ya se ha estresado”

– Así no Minyoung, los de gambas con los de aguacate, no los mezcles con los de jamón y queso que irán a la mesa de las niñas. Si es que parece mentira.

Veía a su hermana ponerse nerviosa. “La señorita perfecta no soporta hacer las cosas mal”. Y sonreía mientras bebía a morro del cartón de leche.

– Y tu haz el favor de vestirte ya.

– Siii…

Al pasar al lado de su hermana se acercó a darle un beso en la mejilla. Le saco la lengua y le dio un lametón en toda la cara.

– ¡Ah! – soltó un gritito de rata histérica mientras se frotaba la cara exhaustivamente, pero le mentalmente le gritaba “CAPULLO QUE ASCO A SABER QUE TE METISTE EN LA BOCA ANOCHE NO ME TOQUES ASQUEROSO DE MIERDA”. Mentalmente porque estaba mamá delante, claro.

– Minki…

Desapareció antes de que su madre le mandase vestirse de nuevo.

Se puso ropa muy simple, tejanos y camiseta. Su madre le volvió a mandar a cambiarse de una patada. No literal, obvio. “Porfavor, que es navidad y viene gente a casa, arréglate un poco, con la de horas que te pasas al espejo para salir ya podrías como mínimo peinarte”.

Así que volvió a arreglarse. Se puso los pantalones más arrapados que encontró, con cortes y tachuelas incluidas, el jersey negro brillante, el de agujeros con la rejilla debajo, se planchó el pelo y se pintó los ojos, incluso se repasó la manicura y se pegó brillantitos en las uñas. “Tengo que reteñirme” Pensó mirándose las raíces ya oscuras, en general empezaba a clarear, ya no era ese caoba brillante de la primera semana. “Aunque podría volver al rubio…”

– ¿Estoy bien ahora mamá? – le preguntó con su mejor sonrisa de hijo bueno.

Ella apenas le miró.

– Si insistes en hacernos enojar allá tu. – No ponía expresión, no le miraba, apenas arrugaba la nariz. – Si quisieras un poco a tu familia intentarías portarte mejor. No salir con tus… En fin. Suerte tienes de que ya me tienes acostumbrada, otra no te toleraría lo que yo te tolero. A veces pienso que no valoras nada de lo que tienes. Si como mínimo sacaras las notas de tu hermana. Suerte que la tengo a ella para que algún día me de nietos. – “Eso si no te mueres antes bruja”. Había momentos en que se planteaba si no la odiaba de verdad. Después recordaba que era su madre. “Si ya empezamos así… vaya día vamos a tener…” – Empieza a lavar todo esto. Podrías tener un poco de iniciativa ¿Sabes?  Hacer las cosas antes de que te las pidamos, que no tengamos que irte todo el día detrás como hacemos siempre.

En realidad era todo por una causa muy simple. Su madre y la familia de su padre, juntos. Se iría acumulando tensión durante todo el día y estallaría por la noche, cuando ya se hubieran ido todos. “¿Y porque puñetas insiste en hacer comidas familiares?”

La primera en llegar fue la mayor, Dasom, una mujer enorme de metro ochenta y… bueno, enorme, con los tres monstruos de sus hijas y un marido que hubiese parecido corpulento de no haber estado a su lado.

– ¡Sunyoung!

– ¡Dasom!

Se abrazaron como si fueran amigas de toda la vida, sonriendo para meterse enseguida a la cocina a terminarlo todo, pero si te fijabas podías palpar la sutil pero enorme rivalidad.

– Oh, has puesto pollo en la sopa, nosotros siempre la hacemos con carne de ternera, a las niñas les gusta más, aunque claro, es más cara.

– Si, bueno, aquí preferimos el pollo que es menos graso, para mantener la línea, ya sabes.

Y demás sutilezas por el estilo. “Que arte tienen…”

La siguiente fue la abuela. Sargento en funciones en sus buenos años había perdido fuerza pero seguía siendo igual de estricta y firme. Sunye la acompañaba, la eterna soltera dramática que soportaba como una mártir el peso de tener que cuidar a la matriarca. Como si alguien la hubiera obligado a hacerlo.

Dajoon fue la siguiente, con su flamante vestido del brazo de su tercer marido y con las dos niñitas arregladitas como si fueran a un banquete real.

– ¿Y dices que va a venir el novio de Minyoung? Ash, ven a que te vea niña. Si ya eres toda una mujer. Aun tienes que crecer un poco pero…

– A su edad yo ya me había casado.

– Más me faltaría verla casada, si no tiene ni veinte años.

– Aquí la única que no tiene novio soy yo…

– Yo a mis niñas no les dejaría que tuviesen novio tan jóvenes.

“Ni que alguien quisiese acercarse a las focas de tus hijas”. Pensó Minki desde la puerta viendo como las tres niñas empezaban a picotear canapés disimuladamente.

– Déjala que disfrute mujer. Hay que aprovechar cuando una es joven para hacer estas cosas ¿eh niña?

– Bueno… jeje

Y ella aguantaba la sonrisa rezando para salir corriendo de allí mientras Minki se jartaba mentalmente en su rincón.

– ¡Unnie! – la llamó su prima Bangji – ¿Podemos ir a jugar a tu cuarto?

“Salvada”

La pequeña, con cinco añitos aún la miraba expectante colgada de la mano de su hermana.

– Claro. Vamos, vamos.

Se las llevó a las dos y les sacó las muñecas de cuando era pequeña.

Y el siguiente en llegar, ya cuando las expectativas estaban por las nubes y todos habían especulado sobre como sería, llegó el novio de Minyoung.

Ella fue a abrirle la puerta y, adelantándose a los acontecimientos, salió a recibirle antes de dejarle entrar.

– Lo siento, quería venir antes, pero…

– Está bien, aun no íbamos a empezar a comer tampoco.

“Que no te oiga mamá….” Según su completo y organizado horario deberían haber empezado a comer hacía treinta y cuatro minutos exactos. Entre eso, las cuatro intrusas en su cocina y los monstruitos picoteándole los canapés a escondidas estaba que se subía por las paredes.

Y entró. Y toda la familia saltó encima.

La abuela examinándole con sus ojos de rata vieja, las tres hermanas estudiándole atentamente preparando los comentarios para después, la madre saludándole con un cartel luminoso de “SUEGRA ORGULLOSA”, las niñas, tanto las pequeñas cositas adornadas cual arboles de navidad como los tres monstruos, luchando por quien se acercaba más, y Minyoung en el medio, peleando para sacarle de allí antes de que le asfixiaran.

Minki se mantenía a un segundo plano, junto a los cuatro maridos pero un poco apartado, y por encima de la multitud alcanzó a ver la cresta rubia teñida del chico.

“No me jodas”

Pero si. SI. Era él. Y cuando le vio se quedó congelado, con los ojos como platos y la mandíbula desencajada. Atorado, paralizado, aterrado.

“DIOS MIO ESTO NO ES POSIBLE”

Se aguantaba la risa, por respeto al pobre chico. O por disimulo. “Como menos gente lo sepa mejor.” “¡Te tengo cogido por los huevos capullo!”

– Hey. – le saludó alargando la mano, como si no pasase nada.

– Hola… – La mano de él temblaba.

– Soy Minki, el hermano de Minyoung, ¿Y tu eres…?

– Dongho, Kang Dongho.

“Ese no fue el nombre que dijiste anoche…” Pero bueno, él era el primero en usar un mote con sus amigos o cuando salía. O cuando le hacía una mamada a alguien en los baños de la discoteca durante la fiesta de nochebuena.

– Encantado.

Le sonrió, una perfecta y principesca sonrisa, acompañada de una trabajada caída de parpados y una ligera inclinación de cabeza mientras le daba la mano muy suavemente, apenas rozando su piel.

Le sentía temblar, podía ver como sudaba y tenía escalofríos. Y se sentía poderoso. De repente las perspectivas de diversión del día subían en picado. “MUAJAJAJAJAJA”

– Venga, venga, dejémonos ya de cháchara que es hora de comer – Su madre le interrumpió el momento de gloria llevándose a Dongho del hombro para sentarle en la mesa, mientras su hermana quedaba detrás mirándole fijamente. “No le mires así. Es MIO” “Mas quisieras, zorra” Por suerte las conversaciones mentales solo se desarrollaban en su cabeza. – Mira, coge un canapé, los ha hecho Minyo… – calló de repente, mirando las platas sobre la mesa. Las platas impolutamente vacías. Echó una mirada a las “hermanitas monster”, aún masticando las tres. Y sonrió, una sonrisa de acero pulido y afilado – ¿Os habéis comido todos los canapés? Jajajaja… – “Las mata, si no llega a estar su madre delante las mata” Pero solo tembló un poquito clavándole los dedos en el hombro a Dongho sin darse cuenta – Bueno, pues resulta que no quedan canapés, pero la comida estará muy rica ¿eh?

– Estoy seguro… – “Lo está pasando tan mal pobrecito…” “Como va a sufrir hoy…”

Pensaba sentarse lo más lejos posible de su hermana, pero terminó justo a su lado, al lado contrario de su novio, por el simple hecho de que cuando él la mirara le vería detrás.

Se sirvieron los platos, todo comida deliciosa aunque ligeramente escasa. Y en la mesa de “las niñas” Dongho se sentía observado y expuesto como una pieza de museo. Intentaba ignorar las miradas de las primas pequeñas pero cuando se giraba a mirarla a ella le veía a él al otro lado, chupando la cuchara de la sopa mientras le miraba fijamente, sonreía y se regodeaba de su expresión de espanto y culpabilidad

“Dios, su cara, me encanta, como está sufriendo…”

– ¿Estás bien chagia? – “¿Chagia? ¿En serio son TAN empalagosos?”

– Si, solo… algo mareado…

“Por supuesto…”

– ¿También tienes la regla? – interrumpió la pequeña Bangji sentada a su lado.

Y media mesa estalló a reír.

– ¡Eso no se dice Bangji! – la regañaba su hermana toda sonrojada.

El chico estaba a cuadros, Minyoung a su lado se aguantaba la risa mientras le explicaba a su primita, siendo muy correcta, que los hombres no tenían la regla, que era cosa de chicas.

Minki miraba a Dongho, y cuando este se cruzó con su mirada se puso más nervioso aún, tenso sobre la silla. “Jo, pues si que lo está pasando mal…”

– Oppa – le llamó su prima Doyeon, la pequeña de los monstruos. – ¿Tu tienes novia?

– Minki es gay – le aclaró su hermana Dahee – si acaso novio.

– Si, uno para cada día de la semana, – respondió él con convencimiento – y a veces dos.

Las pequeñas le miraban asombradas mientras su hermana le soltó un capón. Disimulando, eso si.

– Ei, ei, cuando terminéis me acompañareis a buscar los chocolates del árbol ¿si? – cambió de tema.

– ¡Si, si! – asintieron las pequeñas emocionadas.

– ¿El que? – Dongho miró a su novia extrañado, preguntándole con la mirada a que se refería, pero fue Minki quien respondió, echando la silla para atrás para mirarle.

– Tradición familiar. Colgamos en el árbol figuritas de chocolate, uno para cada prima. Incluyéndome. – “¿Se incluye entre las primas?” Pensó el chico, algo desconcertado. “Bueno, tampoco es tan…” Miraba su pelo largo, sus uñas cuidadosamente decoradas, sus pestañas curvadas y alargadas por el rímel, recordaba sus gemidos agudos, su cuerpo… “NO ES UNA MUJER, ahora borra eso de tu cabeza”. – Es posible que este año haya uno para ti también. – Terminó guiñándole el ojo con una sonrisa seductora que no le ayudó en absoluto.

– Nosotras hemos traído chocolates. – seguían las pequeñas ignorando su pequeño instante de debilidad memorística.

– Y galletas.

– ¿Hay bizcocho de ese de frutas, unnie? – Preguntó Doyeon casi babeando.

– Oh, ese con caramelo encima… – siguió su hermana.

– Si, y los pastelitos esos de plátano como los del año pasado. – respondió la joven anfitriona toda orgullosa.

– Tsk – se quejó su hermano desde su silla inclinada – Que manía con destrozar los plátanos para hacer pasteles. – se ganó otra de las disimuladas collejas de su hermana, perdió el equilibrio y la silla volvió a colocarse sobre las cuatro patas.

– ¡Minki! – le gritó su madre que había oído el sonido desde la otra punta de la mesa – ¡Haz el favor de sentarte bien!

– ¡Si mamá! – respondió sin ni mirarle. Al segundo volvía a balancearse sobre la silla. Dongho lo supo porque aunque fingiese mirar a Minyoung no podía apartar la mirada de él, y él lo sabía. Oh si lo sabía…

Y le encantaba, no podía estar disfrutando más su atención. Le sonreía, le dedicaba estudiadas caídas de ojos, se pasaba la lengua por los labios. Incluso se relamió los dedos después de coger un pastelito con las manos, esmerándose en no dejar un pedacito de dedo que no hubiese recorrido con su lengua mientras sus ojos estaban fijos en él, el chico que la noche anterior se había presentado con el nombre de “Baekho”.

“Baekho…” nada mejor que un nombre de bestia para alguien como él.

Le miraba, de reojo y con disimulo, pero no podía apartar la mirada, y en sus ojos veía como recordaba. Como recordaba la sonrisa con la que se le había acercado, habían charlado y habían bebido, pero no habían tardado mucho en estar devorándose. Cuando se mordía los labios sabía que Baekho estaba recordando los besos, en los labios, en el cuello, en los hombros… Él mismo se recordaba mordisqueando el lóbulo de su oreja mientras las manos de él le agarraban por la cadera, mientras sus cuerpos luchaban por pegarse aún más…

No eran los pensamientos más adecuados para una comida familiar, con la novia al lado y toda su familia mirándole expectante, y Minki no podía sino reírse de su turbación.

– En realidad no me encuentro muy bien… – Le dijo a Minyoung – Me da que ayer tomé algo que no debía.

Ella le apretó la mano mirándole preocupada, pero su hermano no pudo evitar la tentación de responder.

– Uy, es muy importante vigilar que te metes en la boca cuando sales. – Le miraba con su sonrisa burlona, mordisqueando los pastelitos dulces, él le miraba alarmado, con los ojos como platos.

– … – “Anda, responde a esto” Agitó la cabeza, echándose el pelo atrás con la mano – Creo que voy al baño un momento.

– Vale… – respondió ella no muy convencida viéndole levantarse e irse. – está al final del pasillo, justo antes de girar…

– Ahora vengo, – le dijo Minki levantándose también. – creo que se está agobiando con tanta chica. – “Vamos a jugar con él un ratito… jejejeje”

Le siguió hasta el baño y entró con él, recostándose detrás suyo en la pared, mirándole desde el espejo.

– Baekho.

– Ren… – respondió el chico.

Se miraban sin siquiera pestañear, Baekho, recostado sobre el mármol del lavabo solo quería salir corriendo de allí. Ren, cortándole la retirada junto a la puerta, sentía que tenía a su presa acorralada. “¿Desde cuando la presa se come al cazador? Porque este muerde con unas ansias…”

– Es curioso ver que la “novia que no la chupa tan bien como yo” de repente resulta ser mi hermana, – Se reía Ren mirándole. – Creo que es la primera vez que me comparan con ella en algo que yo hago mejor, ya iba siendo hora que alguien reconociera mi talento.

El novio suspiró y se inclinó sobre la pica, mareado. Le mareaban los recuerdos de la noche, la culpa, le mareaba que se lo recordara constantemente bromeando, recordándole que estaba al filo de la navaja.

“Se lo dirá, se lo dirá y te dejará. Te lo mereces. Por subnormal. ¿Cómo no te diste cuenta? ¿Por qué no se te ocurrió? ¡Si son clavados!!!”

Ren se acercó a él, le abrazó por la espalda y cruzó los brazos en su pecho, recostando la barbilla en su hombro y sonriéndole a su reflejo.

– Relajate tigre, no voy a decirle nada. – “¿no?” Pensó sorprendido.

– ¿A no?

El hermano se rió.

– No, no es asunto mío. – soltó simplemente – Si la engañas es tu problema y el suyo, yo no estoy prometido con nadie ni le debo nada a ella, así que es vuestro problema con quien la engañes y con quien no.

“Se nota que la quiere un montón…” Le sorprendía ese desinterés por parte de su hermano. Hubiese podido comprender que no se lo dijera por temor a herirla como le pasaba a él, porque era navidad y no quería darle una noticia así en un día como ese, él mismo estaba esperando a que pasaran las fiestas para hablar con ella, pero tanta indiferencia… Era incluso demasiado.

Aunque en parte tenía razón. Era su problema.

“¿Por qué haces estas cosas subnormal? ¿Por qué siquiera tendrás novia???”

– Oye Baekho, hay algo que no me cuadra. Hace tiempo que le doy vueltas y no le encuentro la lógica. ¿Por qué carajos saldría alguien con mi hermana???

– ¿Eh? Bueno… – Dudó a la hora de responderle. – Es bonita… – Le veía a él, su reflejo en el espejo, y realmente se parecía a su hermana… Minyoung tenía los labios algo más oscuros, el cuello algo más delgado, las cejas más finas, el pelo más largo… Todo sutilezas sin sentido, no podía decir que fuese más guapa que él.

– Yo soy más guapo.

– Es diferente. Ella es una chica.

– Así que sales con ella porque tiene tetas.

– ¿Eh? ¡No! Como… Joder, es solo que… bueno, ella es casi perfecta. Es bonita, inteligente, responsable,…

– Mandona, seria, insociable, repelente, cascarrabias,…

– Se nota que la quieres un montón.

– La tengo que soportar a diario, no pidas más. – Se separó al fin rompiendo el abrazo con un suspiro y se sentó en el mármol a su lado. – ¿Le pediste para salir tu o ella?

– Ella. Creo.

– Seguro que fue precioso – Le miraba sonriendo, y esa sonrisita estúpida sacaba de quicio al Baekho. – ¿Quién besa mejor, ella o yo?

Se sorprendió por la pregunta, tardando unos segundos en responder.

– Ella – dijo muy firme.

– Ayer no dijiste lo mismo.

– Ayer iba borracho.

– Y hoy te sientes culpable, me fiaré más de lo de hoy – la sonrisita impertinente no se borraba de su cara, y ya le tenía harto.

Lo peor era recordar como esa sonrisa le había cautivado la noche anterior. Le había visto bailando entre la multitud, con su grupo de amigos. Tenía que admitir que al principio le había confundido con una chica. En parte por el pelo largo, en parte porque bailaba muy pegado y abrazado a otro chico. Recordaba que mientras les miraba había deseado que las manos de ese chico fuesen las suyas, ser él quien tuviese sus manos alrededor de su cadera mientras bailaba pegado a su cuerpo.

Cuando se había dado cuenta de lo que estaba pensando se había dado la vuelta y había seguido bebiendo intentando pensar en otra cosa, pero al alcohol tubo más bien el efecto contrario y cuando se giró de nuevo a mirarles vio los ojos de largas pestañas de ese chiquillo castaño fijos en él, sonriéndole con esos labios de corazón que parecían pedir a gritos “¡Bésame!”.

Esos labios le habían arrancado la cordura a besos. Cuando le sonrió, aún junto a la barra, él no dudó en acercarse, se presentó con el nombre de “Ren” y, sabiendo que era un apodo, él uso también un nombre falso. “Baekho” le había dicho que se llamaba.

– Un nombre de bestia. ¿Hasta que punto eres un tigre? – le había dicho seductor. Su voz era casi un ronroneo, sus labios se curvaban de forma tan sensual que le parecía que no podía esperar un segundo más a besarle.

– Hasta el punto que te voy a cazar.

– Mmm… un tigre hambriento…

– Hambriento de ti…

No recordaba las palabras exactas. Era posible que no hubiesen dicho eso, era posible que no hubiesen halado en absoluto, pero recordaba que en ese momento su mente no daba para mucho más. La noche se hacía borrosa, pero mientras las luces y la gente perdían intensidad en el recuerdo sus labios parecían perfectamente definidos, igual que recordaba el tacto sobre los suyos cuando finalmente le había besado, cuando había cerrado los ojos y, entre tumbos y traspiés se habían encerrado en uno de los minúsculos e incómodos cubículos de los baños.

Y volvían a estar en el baño. En un baño muy diferente, en unas circunstancias muy diferentes. Y él seguía sonriendo exactamente igual.

– Mejor volvemos. – Baekho sacudió la cabeza despejándose, se echó agua en las sienes y se golpeó un poco las mejillas girándose hacia la puerta.

– ¿Si? ¿Estás seguro que quieres salir con eso tan tieso?

– ¿Eh? – Bajó la mirada asustado a su entrepierna, no había notado nada, pero… “…” “¡Maldito crio!” – ¡Serás troll! ¡No voy empalmado!

Ren se doblaba de la risa, aguantándose en el mármol del lavabo.

– No le encuentro la gracia…

– Te hubieses visto la cara… Ash… que bueno… – Se incorporó, aún riéndose, y pasó a su lado para volver al comedor. – Tranquilo, que yo entiendo que estoy muy bueno, Y anoche todo fue muy intenso, no te juzgo por pensar esas cosas de mi…

Apagó la luz del lavabo y le siguió por el pasillo hasta el comedor. Le veía caminar y le cautivaba. El movimiento de sus caderas era hipnótico. “¿Ensaya para moverse así o le sale de natural?” Le hacía pensar en una modelo de pasarela, de las buenas, sin llegar a ser exagerado pero exhibiendo todo su cuerpo a cada paso. “Tiene un culito precioso”.

Se maldeció por pensar eso, pero no podía negar que era verdad. Lo recordaba, y era increíble. “Idiota, deja de pensar en su culo”.

Todo seguía igual en la mesa. Las botellas un poco más vacías, los adultos un poco más borrachos y la pequeña Bangji sobre su silla recitando la poesía navideña que se habían aprendido en el cole. Y todos aplaudiendo.

– Minyoung – la llamó su madre – ¿Por qué no nos tocas algo?

Su novio se giró desconcertado, ella reprimió una mueca de asco y se giró sonriéndole a la anfitriona madre.

– ¿Ahora?

– Si, claro, ¿cuándo mejor?

Se levantó con reticente obediencia mientras Minki le sonreía desde su sitio. Hacía años que él se había librado de eso.

– Toca la flauta. Antes tocábamos las dos pero yo lo dejé – le explicó a Dongho. Luego se giró y se acercó sonriéndole – Me pasé a otro tipo de flautas…

No esperó a ver su expresión de espanto, cogió su copa y dio un trago, para luego levantarse e ir hasta la cabeza de la mesa para presentar a la interprete que ya llegaba con su instrumento, como si fuese una audición profesional.

– Escuchad atentos a las maravillas que crea con sus dulces y delicados dedos de ángel.

– Gracias Minki, – “Cállate capullo” le cortó ella molesta – puedes ir a sentarte. ¿Porfavor? – “Déjame en paz y no lo alargues más”.

Aún le hizo una reverencia antes de volver a su sitio, junto con el resto del público que seguía charlando, bebiendo y picoteando pastelillos a su antojo.

Se sentó al lado de Baekho mientras ella tocaba, ocupando el sitio de su hermana, acercándose al chico más de lo que él podía considerar “cómodo”. A decir verdad para que la situación fuese cómoda tendría que haber estado como mínimo en otra sala. En otro planeta mejor.

Odiaba como le miraba con esa sonrisilla de “te tengo cogido por las pelotas…”. “Eso es casi literal… bueno, ayer era literal…” “¡JODER! ¡Deja de mirarme!!!”

Fingía que no le veía y seguía mirando a su novia tocando, pero no pudo ignorar cuando él se echó atrás en su silla casi recostándose en él, o cuando se giró para susurrarle al oído algo que ni siquiera llegó a comprender porque solo se quedó con que sentía su respiración en su nuca y que sin querer (o quería pensar que lo había hecho sin querer) le había rozado la oreja con los labios…

Pronto la familia en general se cansó del recital de obras clásicas y empezó a exigir villancicos que las pequeñas, y algunos de los adultos más borrachos, coreaban con voces disonantes y desagradables.

– Anda Minki, – le llamó su hermana cuando se cansó – ¿Por qué no tocas tu algo también?

“Zorra” Pensó él.

– Uy, no, no, si hace mucho que no la cojo. – “Ni se te ocurra guarra”

– Va, de algo te acordarás. – “Si hay que sufrir sufrimos los dos.”

– Si, Minki, vamos. – insistió la madre.

“Joder” la fulminó con la mirada, llevándose una reprimenda mental equivalente a un sermón de varias horas. Luego suspiró y se levantó. “Bah, que más da, igual ponemos más nervioso a Baekho…”

Toco solo un par de villancicos, nada complicado solo para escurrir el bulto, luego regresó a su sitio.

– ¿Que te parece Dongho? – no pudo evitar preguntarle – ¿Quién toca mejor la flauta, mi hermana o yo?

Por su cara lo había comprendido a la perfección. Le fulminó con la mirada y luego respondió indiferente sin mirarle.

– Es obvio que Minyoung tiene mucho más talento musical. – “MUSICAL”

Recibió un beso de agradecimiento de su novia y asentimientos de aprobación por parte de los que le habían oído, pero Minki apenas podía aguantarse la risa. “Talento musical ¿eh? ¿Quien es mejor en otros talentos Baekho?” Se regodeaba en silencio de sus palabras.

Sacaron más pastelillos y la cena siguió sin más. Sirvieron otra ronda de champagne y, aunque la música no era más que las mismas cancioncillas tediosas, infantiles y aborrecidas de cada año algunos se animaron a bailar. Sunye rompió a llorar con el mismo drama de cada año de que estaba sola porque ningún hombre la quería, la abuela la regañó por ser una estúpida cabeza hueca y Minki le sugirió que se hiciera lesbiana. Madres y tías se pusieron a discutir sobre lo inútil de los hombres en general y los tres maridos se retiraron a la terraza para huir del barrullo ensordecedor de las mujeres. Los niños desaparecieron también al cuarto de la chica.

– ¿A que queréis jugar? – les decía esta a sus primas.

– ¡Al escondite!

– ¡A la gallinita!

– ¡Al cazador!

– ¡Oh! ¡Al cazador! ¡Al cazador!!!

Dongho se había quedado casi en la puerta de la habitación abarrotada, temeroso de entrar del todo. Minki directamente se había quedado fuera recostado contra el marco.

– ¿Al cazador? – replicó Minyoung – Pero la casa es muy pequeña y somos muchos.

– Podemos hacer equipos.

– ¡Si! ¡Si!

– ¡¡¡Yo quiero ir con unnie!!!

La pequeña Bangji se pegó a las piernas de su prima mayor y ya nada pudo hacer desistir a las demás de jugar a ese dichoso juego. Hicieron parejas rápidamente dejando a los dos chicos juntos.

– ¿No os importa?

Y antes de que el novio pudiera replicar Minki le cogió por los hombros y respondió con una sonrisa enorme.

– Por supuesto que no, ¡seremos el mejor equipo!

Y ya lo dieron por concluido, pasando a repasar un poco las normas para el nuevo miembro de la familia.

– Cada equipo esconde un peluche en algún sitio de la casa y busca los de los demás que también estarán escondidos. Gana el primer equipo que tenga todos los peluches. Si veis a alguien que lleve un peluche, porque va a esconderlo, podéis retarle a un juego y si pierden os lo tienen que dar. No podéis llevar más de un peluche, enseguida que encontréis uno tenéis que ir a esconderlo antes de ir a buscar más.

Y salió cada equipo a buscar un escondite para sus “rehenes”.

Ren escondió su peludo pez de colores dentro de un jarrón del recibidor y luego fue recorriendo las habitaciones abriendo cajones buscando los demás.

– ¿Que clase de juego es este? – Baekho le seguía no muy convencido.

– Uno perfeccionado a lo largo de muchos años de aburrimiento en fiestas familiares.

– Es… raro.

– Es más divertido de lo que parece. Si se hace bien. – dejó de buscar sin sentido y le encaró. – Por ejemplo… dejemos a mi hermana para el final que será la más difícil. Eunji y Dahee como son bajitas lo habrán escondido en un sitio bajo, probablemente en un cajón. – caminaba por el pasillo mientras hablaba. Las he visto irse hacia el despacho, así que probablemente han intentado meterlo entre los ficheros de mi padre. – abrió los cajones de los ficheros pero solo encontró papeles. – Al ver que no cabían se han puesto nerviosas al buscar otro lugar y sencillamente lo han embutido detrás de la planta. – Apartó la maceta y efectivamente allí estaba el conejito con el lazo rosa. – ¡Bingo!

– Wow. – Baekho le miraba impresionado, olvidando por un momento lo incómodo que se sentía con él.

– Llevamos muchos años jugando. – se justificó. Salió del despacho con cuidado y se escabulleron hacia el recibidor. Se cruzaron con Minyoung y Bangji pero escondieron el conejito y nadie pareció notar nada. Lo escondieron junto al pez de colores que seguía en su sitio y fueron a por el siguiente.

– ¿Fui tu primer chico? – le preguntó Ren mientras rebuscaban en la cocina.

Baekho se puso tenso ante la pregunta, tardó unos segundos en responder.

– ¿Por qué preguntas?

– Simple curiosidad.

– Si – respondió al fin.

– ¿Y el primero con quien la engañabas? De chicas también me refiero.

– Si, también.

– Jo, pues que importante me siento. – Le sonrió mientras sacaba la el gatito de ojos enormemente desproporcionados de la nevera. – Ja, te crees muy inteligente ¿eh zorra? ¡Vas a ver!

Salió corriendo al recibidor pero al dejar el peluche en el jarrón vio que los otros dos ya no estaban.

– ¡Mierda! – y ahí si se picó. Corría de una habitación a otra, con Baekho a la zaga sin entender muy bien la gracia del juego.

Encontró en su cuarto a Doyeon y Dabin rebuscando el los cajones, iba a pasar de largo cuando la mayor de las hermanas monster le llamó.

– ¡Oppa! ¿Porque tienes esto? – Le enseñaba una caja de condones algo sonrojada, y Baekho se sintió de pronto muy violento, aunque para Ren no parecía tener importancia alguna.

– ¿Tu que crees?

– Pero tu sales con tíos ¿no? No puedes quedarte embarazado ni nada.

– ¿Tu sabes lo que es el Sida?

– Yo no – saltó la pequeña.

– Bueno, da igual, – le quitó la caja y volvió a esconderla – no voy a daros una charla sobre protección sexual ahora, quedaos con que un embarazo es lo más suave que puede pasarte cuando follas. Y ahora fuera de mi cuarto que tengo cosas peores que no podéis ver.

– ¿Escondes los peluches aquí?

– Nop, ¡fuera, fuera!

Se fueron, obedientes.

– ¿Que escondes peor que los condones?

Su “cuñado” (daba algo de vértigo pensar en Baekho como tal) le miraba receloso mientras él rebuscaba. Le miró y se rió.

– Me da que tampoco sería apto para ti. – dejó de buscar y se puso en pie, junto a él. Tan inocente… – le acariciaba la mejilla, acercándose.

Baekho estaba seguro de haberles dado a sus piernas la orden de retroceder, pero por algún motivo siguió pegado a su sitio mientras Ren se acercaba cada vez más a él. Incluso cerró los ojos cuando le vio lo suficientemente cerca, esperándole.

Sintió un dedo sobre sus labios y los de él junto a su oído.

– Vi-cio-so. – le susurró remarcando cada sílaba. Y se separó riendo para salir a otra habitación y seguir buscando.

Pero ya no podía mirarle igual. Había esperado ese beso, casi lo había saboreado antes de que llegase. Ya no solo se sentía incomodo por recordar la noche anterior. Ya no era culpa solo por lo que había hecho, sino por lo que quería hacer, por desearle, y mientras más le veía, entusiasmado retando a sus primas por los muñecos, buscando escondites y peluches en ellos, menos culpable se sentía. Solo sentía deseo. Recordaba como sus cuerpos se habían enredado la noche anterior en los baños de la discoteca. Se habían acariciado con ansias, buscando en contacto entre sus cuerpos. Besos y más besos desesperados, pesos por toda su piel desde los labios hasta la ingle. Recordaba sus labios de corazón y su lengua caliente, recordaba las lamidas y la succión, casi podía evocarlas. Recordaba haberse dejado llevar y haberle saboreado él también. Recordaba la sensación de su pene en su boca, demasiado borracho para siquiera preguntarse si le daba asco.

Y ahora se encontraba siguiéndole en su propia casa, a solas con él en cada una de las habitaciones sin poder pensar en nada que no fuera repetir eso, sentirle de nuevo. Lo ansiaba.

Cuando Minki entró a buscar en el baño Baekho entró tras él absorto. Vio como cerraba la puerta y pasaba el pestillo y se le quedó mirando extrañado.

– ¿Que haces?

Él sonrió.

– Me da que he encontrado algo muy interesante – respondió él acercándose. – y no es un peluche precisamente…

Sintió sus dedos en su entrepierna, lanzando descargas eléctricas a su cuerpo sensible.

– ¡Ah!

– Llevas un buen rato con el calentón, – siguió con calma – y no quiero que traumatices a ninguna de mis primas si te ven empalmado.

– Yo…

– Ya te he dicho que entiendo que te la pongo dura.

Sonrió seductor, y Baekho retrocedió chocando contra la pared. Ren no podía dejar de reírse.

– Joder…

– Oye, si quieres repetir lo de anoche por mi no hay problema. Ni siquiera se darán cuenta. – le miraba más serio de lo que hubiese esperado de una conversación sobre si se liaban o no. Baekho se sentía violento y Ren hablaba como si fuese lo más natural del mundo. – Pero no soy tu novio ni voy a serlo. Tu novia es mi hermana. No me importa si le pones los cuernos, ya te lo he dicho, pero no la vas a dejar por mi. No la quiero culpándome por el resto de nuestras vidas.

– Cuanto amor. – resopló Baekho.

– No soy yo quien la engaña. – respondió sin más. – Si no puedes mantener una promesa no la hagas.

Desviaba la mirada, incómodo. Sabía que tenía razón, pero no podía sentirse culpable. Sentía su calor, le olía, veía sus labios de corazón y sentía su entrepierna palpitar con deseo. No, no cabía la culpa.

– Quiero. – Le respondió con voz ronca agarrándole del pelo. Él se deshizo del agarre y se apartó, sonriéndole.

– ¿Que quieres?

– Repetir… lo de ayer…

Seguía escabulléndose, juguetón.

– ¿El que de ayer? No me acuerdo…

– Quiero follarte.

– Oh, me gusta como suena eso…

Se dejo alcanzar, jugueteando con sus labios. Apenas roces cada vez más alargados, más magnéticos. Enredaron sus cuerpos, abrieron sus bocas y se entregaron al deseo.

Se besaban, enredaban sus lenguas con frenesí, Baekho abrazaba con fuerza su cuerpecito delgado para pegarlo al suyo, se restregaba contra él sintiendo su calor, le arrinconó contra la pared y enredó los dedos entre su pelo mientras la otra mano bajaba a su cadera pegándole a la suya, cruzando sus piernas. Ren le agarraba por el cuello, justo bajo las orejas. Sentía sus dedos clavársele en la piel igual que sentía como su propia erección se clavaba en su muslo. Le aprisionaba la ropa hasta resultar doloroso. Apenas empezaba a gozarle y ya se sentía en su límite.

Se desabrochó los pantalones para liberar la ya dolorosa erección, y Ren enseguida corrió a ayudarle colando las manos entre su ropa y acariciándole con ganas. Baekho suspiraba. Buscó también a tientas el botón de su pantalón pero apenas lo desabrochó Ren se arrodilló ante él, llevándose su pene a la boca, engulléndole casi de inmediato.

Baekho jadeaba, mordiéndose el labio para no hacer ruido, las piernas le temblaban de placer, enredaba los dedos entre el pelo del chico, sosteniéndose en él, se dejó caer al suelo incapaz de mantenerse en pie y Ren se agachó para seguir engullendo con ese rítmico y delicioso vaivén.

El calor era insoportable. Las piernas le temblaban, todos los músculos en tensión. Acompañaba con su mano las deliciosas embestidas en su boca, agarrándole del largo cabello, no empujándole, solo siguiéndole. Sentía su boca húmeda y caliente. Le apretaba con la lengua, succionando, una y otra vez, y se sentía morir.

Tiró de su pelo para obligarle a levantarse, él se sentó sobre sus piernas, moviéndose fingiendo embestidas. Se besaban de nuevo, sin importarle en absoluto que acabara de chuparle la polla. Necesitaba sus labios igual que necesitaba sus caricias en su cuerpo. Buscaba su pene y lo envolvía con los dedos, sacudiéndolo. Ren arqueaba la espalda hacia atrás, abriendo la boca en un gemido silencioso, seguía moviéndose, cada vez más rápido chocando sus caderas. Estiraba las piernas y tensaba el cuerpo, ahogando los suspiros. Se inclinó hacia delante y besó su cuello, luego se reprimió para no marcarle.

Se besaban, se perdían entre caricias y suspiros ahogados, aceleraban y aumentaban la fricción, sintiendo el calor, el placer, y finalmente el tan esperado clímax. Baekho llegó antes al orgasmo, y mientras se corría, entre espasmos de placer se dio cuenta, y Ren a la vez que él, de que iban vestidos, Y EL SEMEN MANCHA.

– ¡Mierda! – Ren se apartó de un salto, aunque tarde. Ambos se habían manchado. Corrió a buscar una toalla y frotaron con vigor, pero no había manera de quitarlo ya.

– Si lo mojamos será peor ¿verdad?

– No se si puede ser peor ya…

lo hicieron, se limpiaron con agua, y el resultado definitivamente si podía ser peor.

– Dios, que patético.

– ¿¡Que hacemos!?

Baekho gesticulaba, nervioso. Ren también estaba nervioso, aunque no tanto como él.

“No me importa dar la nota pero… si se enteran de esto me lo retraerán toda mi vida… y con razón.”

– Solo hay una solución posible – Le dijo muy serio.

– ¿Cuál? – respondió entre esperanzado y asustado.

Le empujó hacia dentro de la ducha y encendió el grifo antes de que pudiera reaccionar.

Chilló con él cuando la manguera les mojó. Se esperó unos segundos a quedar mínimamente empapado y luego salió, abrió el pestillo y salió chillando histérico al pasillo.

– ¡Joder! ¿Cómo eres tan torpe? ¡Ostia!!! – Sacudía el pelo y la ropa, acudieron sus primas por sus gritos y pronto llegaron también las madres. Dongho seguía atorado dentro de la ducha, pero por suerte reaccionó a tiempo.

– ¡Pero si le has dado tu! – se levantó también sacudiéndose, señalándole indignado.

– ¡De eso nada, tu me has empujado!

– ¿Que ha pasado? – les preguntaban.

– ¿Por qué os habéis metido en la ducha?

– ¿Estáis bien?

– Mirábamos si había algún peluche en la estantería de la ducha, entre los botes, – explicaba Minki – ¡y el muy torpe ha encendido la regadera!

– ¿Yo torpe? ¡Tu eres el que ha resbalado!

– ¡Porque tu me has empujado!

Se quedaron mirando, con el pelo y la ropa empapándoles y el frio calándoles hasta los huesos. Y de repente ambos estallaron en carcajadas bajo la mirada desconcertada de la familia entera.

– Anda, id a cambiaros de ropa antes de que os resfriéis – les mandó Sunyoung, la madre, sin prestarles más importancia.

– ¿Entonces dejamos de jugar? – preguntó la Doyeon.

– Supongo…

– ¡A nosotras solo nos faltaba uno! – saltó Bangji.

Dejaron a las pequeñas con sus quejas y a Minyoung poniendo calma mientras ellos se encerraban en la habitación de Minki para cambiarse.

– Vaya pillada…

– Bah, nadie se ha dado cuenta de nada.

– Pues que manera de librarse… Que frio.

– Y que lo digas – asentía Ren – no se si tendré ropa de tu talla, algún chándal tendría que entrarte… si no igual tengo ropa de JR, es un poco más delgado que tu pero te iría mejor… Si, bingo.

Le tendió unos tejanos y un jersey ancho y sacó ropa para cambiarse él también, desnudándose sin pudor alguno.

– ¿JR?

– Un amigo, a veces se queda a dormir.

– ¿Amigo?

– Si, ¡celoso!

El tono era de reprimenda, pero se reía y Baekho le lanzó una almohada a la cabeza como venganza. Rió y saltó sobre suyo, pegándole con la misma almohada mientras Baekho se intentaba defender haciéndole cosquillas. Le devolvió las cosquillas y se retorció riendo hasta caer de la cama.

– ¡No! ¡Ay nononono! ¡Es no! ¡cosquillas no! ¡Ay!

Mientras terminaba de vestirse Ren aún se reía, y cuando salieron al comedor, con toda la familia ahí que empezaba a recoger relativamente tranquilos, se dio cuenta de que el día no había sido tan terrible.

Miraba a Dongho y sonreía, aún viendo a su hermana abrazada a él y la cara de contrariedad del chico.

Se despidió de primos, tías y tíos, y de la abuela que le estiró los cachetes para recordarle que fuese un buen chico y estudiase mucho, “Que el mundo no está hecho para los débiles” como repetía siempre. Más tarde se despidió de Dongho, que se quedó un ratito más. Le estrechó la mano cuando se fue, sin todo el juego de miradas de antes.

– Gracias por venir – le dijo de corazón. – ha sido realmente… entretenido.

– Desde luego – respondió nervioso.

Abrazó y besó a su hermana, se despidió también de sus padres. Cuando ya bajaba las escaleras se giró.

– Adiós Minyoung. Adiós Ren.

– Adiós Baekho.

Ella les miraba extrañada, sin comprender, y él se aguantaba la risa mientras ayudaba a recoger la mesa entre los gritos de su madre y se encerraba en su habitación.

Habían sido unas buenas navidades. Irrepetibles en muchos sentidos. ¿No hacía eso todo un poco mejor?