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Ámame Profe: Resumen

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairings principales: BaekRen (Baekho x Ren) y Minron (Minhyun x Aron)

 

Después de tanto tiempo sin publicar (si, lo se, ha sido MUCHO tiempo, mea culpa u.u) me ha parecido necesario (y de echo me han pedido) colgar un resumen de no que llevamos de fic. Sepais que me ha costado, casi 500 paginas de fic en solo dos ¡bufff!!! Pero creo que he conseguido no dejarme nada importante. Al final adjunto también un esquema de personajes. Puede que echeis de menos a alguien, son tantos que he tenido que dejar solo a los más importantes o que van a ser relevantes a partir de ahora (y aún así ya son unos cuantos…). 

Quiero agradeceros a todos los que seguís ahí, todos los que me habeis esperado y todos los que me haveis mandado mensajes de animo durante estos meses. De verdad, GRACIAS ¡soys un amor! ❤

Nada más, os dejo aqui el resumen para que vayais refrescando la memória y mañana o pasado os cuelgo el nuevo capítulo. ^^

 

AP_Resumen

 

Poco antes de cumplir Minki los cinco años, sus padres se separan. Su pequeño mundo se desmorona y se refugia en los brazos de Baekho, de 23 años, su profesor de guardería, quien queda cautivado por sus ojos tristes y su sutil y particular manera de conseguir todo lo que quiere. A partir de este momento Baekho entra a la familia, cuidando de Minki y su hermano JR, de nueve años.

Pasan los años y Baekho sigue allí. No sin algunos malentendidos, todo el mundo empieza a encontrar normal que Baekho está allí, incluso los amigos de Minki, Luhan y Taekwoon, con quienes se ha juntado para defenderse del bulling que los tres reciben en clase, terminan acostumbrándose a oír hablar de Baekho como su “futuro novio”.

Al empezar Minki el instituto las cosas siguen más o menos igual, con la diferencia de que tanto su padre como su madre tienen nuevas parejas, Audrey y Yixing. JR también se echa una novia, Gyuna.

Pasado el verano llega al instituto un nuevo profesor, Aron, proveniente de América, que además de revolucionar al instituto con sus particulares pero divertidos métodos de aprendizaje termina saliendo con Minhyun, el mejor amigo de JR, a pesar de ser profesor y alumno.

Minki crece y su “Baekho va a ser mi novio” empieza a preocupar a su hermano, quien se da cuenta de que va mucho más en serio de lo que nadie ha pensado hasta el momento, ni siquiera Baekho. Por eso le pilla desprevenido cuando, por su duodécimo cumpleaños, Minki le besa. Y sin siquiera ser consciente de lo que hace él responde el beso.

Más tarde, y tras unos días de incomodidad, Baekho le hace prometer que no volverá a hacerlo, diciendo que está mal, que no puede ignorar los 18 años que se llevan y que jamás va a ocurrir. Minki se queda entristecido y apático, cabreado, y Baekho, aunque sabe hasta que punto es horrible por su parte, le pide que disimule esa tristeza, pues tener que dar explicaciones de algo así sería incómodo a la par que imposible.

No pasa ni un mes que, incapaz de verle triste (y de aguantar las quejas de JR que le pide que por favor arregle lo que sea que le pasa con su hermano y no le sea cabrón), admite ante Minki que también le quiere, que es lo más importante para él en la vida y que también le necesita, pero que sigue siendo demasiado joven para que pueda pasar nada, que ni siquiera puede verle aún de la manera que él quiere, a lo que le hace prometer que cuando si lo haga, cuando empiece a poder verle como a una pareja, como un hombre y no como un niño, no se echará atrás y lo aceptará.

Por su lado Minhyun y Aron viven un intenso romance con fecha límite. Aron tiene que volver a su país y no parece que vayan a verse luego, pero cuando llega la fecha de partida ninguno de los dos puede soportar la idea de no volverse a ver y deciden intentarlo, seguir aunque no parezcan tener muchas posibilidades.

Al llegar la primavera su madre vuelve a casarse, con Yixing, y al cabo de año y poco está embarazada. El padre de los chicos se ha ido a vivir a Londres con su nueva esposa y JR, que no deja de dar vueltas a la separación de sus padres, hace ya tantos años, deja a su novia, Gyuna, con quien ha estado por dos años por miedo a que su relación se mantenga solo por costumbre o rutina, decisión que no parece entender ni él mismo.

Minki decide, y consigue convencer a su madre, de que quiere ser modelo. Van a preguntar a una agencia y allí conocen al director Kim Kibum, también conocido como Key, quien consigue ganarse a su madre en media hora y hacer que firme el contrato del pequeño. Minki cambia su apellido por el de su madre, Choi, escoge el nombre artístico de Ren y se tiñe de rubio el cabello que lleva años dejándose lo más largo que puede. Con este nuevo aspecto, pantalones de lycra arrapados y maquillaje, cordialidad de las estilistas de la agencia, se presenta en Pantheon, la discoteca gay de la ciudad, donde Baekho y sus amigos están borrachos como cubas en una de sus celebraciones.

Baekho es muy consciente del efecto que Minki tiene sobre él. Efecto que, borracho, medio desnudo y con el nuevo aspecto del chiquillo, es difícil de soportar. Y esa noche, y contra todos sus principios morales, se lleva al pequeño a casa para besarle, abrazarle y tocarle hasta que el pequeño se corre entre sus brazos, y él regresa bruscamente a la realidad. Los remordimientos le atormentan hasta que una charla con sus amigos le hace ver que tenía que terminar pasando, que Minki es lo más importante en su vida y tiene aceptar que quiere estar a su lado, sea lo que sea que eso signifique. Así que le pide tiempo a Minki, tiempo para aceptarlo, para hacerse la idea, y él accede, sabiendo que tampoco tiene otra opción y que, siendo Baekho, ya es un gran avance.

Empieza un tiempo de besos a escondidas, roces que ninguno de los dos puede explicar, y tensión, que se resuelve cuando, por el cumpleaños del pequeño, Baekho se lo lleva a dormir a su casa, permitiéndose todos los besos que se ha negado. Minki responde, ambos se pierden entre besos y caricias y, a la mañana siguiente, asustado, Baekho le dice que no ha sido más que un regalo de cumpleaños, “no es como si fuese a volver a ocurrir”. Minki se va de su apartamento cabreado y dolido, y en un desesperado arranque por darle celos termina en el apartamento de Jason, un compañero de su agencia de modelos que le tiene echado el ojo. Con apenas un par de besos Minki se da cuenta de que no quiere estar ahí, y regresa a casa rabioso, asqueado de si mismo y asustado, no solo de que Baekho le aparte definitivamente sino de cómo pueda reaccionar él mismo si eso pasa. Una vez más deben actuar como si todo fuera bien, y aunque es incómodo y doloroso esa actuación parece poner parches en la herida que se han hecho.

Por su parte Minhyun, cansado de una relación a distancia que parece no tener futuro alguno, deja a Aron y corta todo contacto con él, sin saber que este estaba, en secreto, preparando todo para irse a vivir con él, definitivamente. Y así lo hace, con la ayuda de JR le sorprende en el aeropuerto, viniendo para quedarse, al mismo tiempo que nace la hermanita de Minki y JR, Minyoung. Aron empieza a trabajar en Pantheon, la discoteca gay, con planes de, más adelante, volver a dar clases en la escuela. Y trabajando en la discoteca está a primera fila para presenciar el cambio de JR, de alumno e hijo perfecto a juguete sexual del local. Liga con solo una mirada, pareciéndole lo más normal del mundo, y Tao, uno de sus mejores amigos, empieza a envidiarle y seguirle, a ver si aprende de él o se le pega su suerte, para fastidio de Hyuk, el último del grupo, “el hetero”, que empieza a estar harto de que todos sus amigos se hayan pasado de acera. Pero JR no solo experimenta con hombres, también se hace próximo a una compañera de clase, Sunji, a quien está dando clases de repaso debido a que está enferma y no puede asistir al instituto. Aún siendo algo particular y condenadamente friki JR le coge cariño, se encapricha con ella y termina siendo su pareja, lo que termina con su “fase gay”.

También hay cambios entre los amigos de Minki. Luhan está tonto y rebelde, “adolescente”, y Sehun le sigue en todo, incluida la tontería. Eso sumado al anuncio de Taekwoon de que tiene intención de irse a la capital a jugar a futbol con un equipo profesional hace que cuando Joori, otra compañera de clase que de pequeño le había perseguido diciendo que estaba enamorada de él, le habla y empieza a explicarle todos sus problemas familiares (un padre maltratador y una madre dependiente), sienta interés por ella y se haga su amigo, explicándole él a cambio sus problemas con Baekho.

 

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Serie Especial Navidad 2. Deseos navideños : IV “Deseos frustrados”

Categoria: oneshot yaoi

Personajes: LeoBin (Leo/Taekwoon x Hongbin, VIXX)

 

Taekwoon apuntaba algo de la pantalla del ordenador en su libreta con absoluta concentración, envuelto con una manta bien gruesa y ajeno al mundo. Llevaba un par de horas navegando por internet investigando los mejores restaurantes de la ciudad, webs de planes para fin de año, eventos, blogs de sugerencias… Quedaban dos semanas  para Nochevieja y quería que fuera perfecto. No solo era la primera Nochevieja que pasaría sin la familia sino que la pasaría a solas con su novio y además celebrando su primer aniversario juntos.

A veces todavía le costaba creerse que alguien tan brillante como Hongbin hubiese llegado a enamorarse de él, sobretodo al principio tendía a despertarse pensando que no era más que un sueño. Así que tenía que esforzarse para que ese día fuera mágico, para no decepcionarle, porque en el fondo a veces tenía miedo de que algún día Hongbin simplemente se cansaría de él y no podía soportar la idea.

Volvió a concentrarse en su búsqueda, tanto que apenas se dio cuenta cuando Sangmin entró en la habitación, cotilleando por encima de su espalda.

– Oooh, “Los 10 restaurantes más románticos de Seoul” qué bonito.

Taekwoon levantó la cabeza de golpe, poniéndose de pie y girándose para tapar la pantalla.

– ¡¡Noona!!

– No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, nadie sabrá que eres el novio más atento y dedicado del mundo.

Su hermano apartó la mirada intentando disimular su vergüenza y su sonrojo, carraspeó intentando sonar serio y duro, aunque sabía que sus hermanas le conocían demasiado bien, no podía evitarlo.

– ¿Qué quieres?

– ¿Quieres ayuda? – Él se la quedó mirando con cara de incomprensión. – Con tu cita, que si quieres que te aconseje.

Iba a rechazarla pero se lo pensó mejor, realmente estaba un poco perdido con tantos restaurantes y blogs y…bueno, era Sangmin. Asintió y durante la siguiente hora y media agradeció a todos los dioses existentes en el mundo la experiencia en citas de su hermana y su sentido común que iban a salvarle la vida y la salud mental.

Justo dos semanas después Taekwoon esperaba en la calle, muerto de frío por más capas de ropa que llevara. Estaba tan nervioso que había llegado 40 minutos antes y ahora se iba a morir de frio, qué triste final.

Por suerte Hongbin llegó 10 minutos después ya que estaba tan nervioso como él y también llegaba temprano, aunque casi no reconoció a su novio debajo de la bufanda que le tapaba media cara y el gorro, la otra media.

– ¡Taekwoon-ah! – grito al reconocerle, acercándose corriendo – ¿que haces aquí tan temprano? ¿llevas mucho tiempo esperando?

Este negó con la cabeza, destapándose un poco para poder hablar.

– He llegado hace poco, tenía miedo de llegar tarde y he calculado mal…

Hongbin rio entendiendo totalmente a lo que se refería, pues si no fuera porque se había olvidado de sacar dinero y había tenido que volver atrás probablemente habría llegado incluso antes que él.

– ¿Nervioso?

Taekwoon asintió levemente, Hongbin le cogió de la mano y le dio un beso rápido en la mejilla.

– Yo también – dijo mostrando sus hoyuelos en todo su esplendor – ¡tanto secretismo me está matando de la curiosidad!

Los ojos le brillaban de emoción, con las mejillas rojas del frío y el otro no pudo evitar la tentación de sonreír y apretarle un poco más fuerte la mano. Le hubiera besado pero estaban en medio de la calle y había mucha gente, luego, luego tendrían tiempo para estar solos.

Como iban con tiempo de sobras fueron andando tranquilamente, de la mano, observando las calles iluminadas y los escaparates, las parejas y familias paseando por las calles.

Aunque Taekwoon a quien miraba sobre todo era a su novio, estaba tan guapo sonriendo.. hasta la nariz roja por el frío le parecía adorable.

– Won-ah, si me miras tan fijamente me voy a sonrojar y tu vas a chocar con alguien tarde o temprano.

No se había dado cuenta que se había quedado mirándole fijamente y enseguida se giró hacia el frente, avergonzado de que le hubiera pillado. Hongbin solo rió levemente y le dio un apretón cariñoso.

Cuando finalmente llegaron al restaurante era 10 minutos antes de la hora de la reserva y habían recuperado un poco de calor al andar. Hongbin miraba fijamente el restaurante, asombrado.

– ¿P-pero este restaurante no es muy caro?

Taekwoon se encogió de hombros.

– Es nuestro aniversario, esta justificado. Además invito yo.

– ¿eh? Pero..

– Nada de peros.

Le estiró hacia dentro de un tirón y se acercó al encargado. El chico se puso en modo servicial al verles entrar.

– Buenas noches, ¿tienen reserva?

– Si, para dos, a nombre de Jung Taekwoon.

– Enseguida.

Abrió un grueso tomo y se puso a revisar los nombres apuntados con una sonrisa pero pasaban los segundos y no parecía dar señales de encontrar su nombre y Taekwoon se impacientaba. Finalmente el chico levantó la mirada del libro.

– ¿Esta seguro? No me consta en el registro.

Taekwoon palideció.

– Estoy muy seguro, llamé hace tres días.

– ¿Recuerda quien le atendió?

– Hmm si, diría que  Lee Changsun.

El chico llamó a un muchacho que volvía con una bandeja vacía.

– ¡Changsun! ¡Ven aquí!

– ¿Que quieres?

– Este señor dice que habló contigo para reservar una mesa para hoy hace tres días pero no aparece en el registro.

El chico puso cara de sorpresa pero al ver la mirada de Taekwoon que cada vez estaba más tenso, se quedó lívido.

– No puede ser…

Dejó la bandeja para revisar él mismo el libro, con cara de estar cada vez más nervioso, hasta que finalmente habló.

– Oh…

– ¿Qué pasa?

– Esta apuntado pero…para mañana…creo que…me equivoqué de hoja.

El encargado palideció, iba a hablar para disculparse cuando un casi rugido le interrumpió.

– ¿Qué? ¿Tú te has equivocado así que nosotros no tenemos mesa? – Taekwoon hablaba con una voz, grave, baja, un susurro grave pero amenazador y una mirada que prometía un dolor terrible. – ¡Se puede saber que te has creído incompetente de mierda!

Hongbin le cogió justo a tiempo para evitar que el joven recibiera un puñetazo en la cara, abrazando a su novio por la espalda de forma que no pudiera mover los brazos.

– Taekwonnie, cálmate, no pasa nada, buscaremos otro lugar.

Él no respondió, no hizo ademán de retroceder pero tampoco de intentar deshacerse de su abrazo para matar al tal Changsun a puñetazos que para ser él, era todo un logro.

– Lo siento mucho, les daría otra mesa pero esta noche del año es imposible…

– No se preocupe, un error lo tiene cualquiera – respondió Hongbin conciliador mientras empujaba a su novio hacia la puerta. No le importaba mucho comer en una parte o otra, le importaba el gesto de su novio de haber reservado, aunque con poco éxito, en un lugar tan caro y romántico y le importaba evitar montar un escándalos y una denuncia por asalto.

Taekwoon se dejó empujar, furioso hasta llegar a fuera. Pararon a unos metros en unos bancos al lado de un enorme árbol de Navidad. Seguía ajeno a su alrededor, enfadado consigo mismo y despotricando internamente contra el inútil del restaurante.

“Nos han jodido la noche, vaya mierda, ¿y ahora qué? Podríamos ir al italiano que está aquí al lado pero también estará petado de gente… Soy un desastre, tendría que haber llamado para confirmar. Es mi culpa, debería…”

– Eh.. – un tirón en la chaqueta le sacó finalmente de su ensimismamiento. – Taekwoon-ah, no pasa nada, ya encontraremos otro sitio.

– Están todos llenos – respondió con un tono lúgubre.

– Algo encontraremos, no tiene que ser un súper restaurante de lujo. Es más, prefiero que no te gastes tanto dinero en mi, ¡me sentiría culpable durante semanas!

Él respondió con un gruñido y un encogimiento de hombros, mirando al suelo, así que Hongbin optó por cambiar de estrategia.

– Oye, mírame – le dijo levantándole la barbilla para buscar su mirada – me da igual donde comamos, como si es en el McDonald’s mientras sea contigo, ¿de acuerdo?

Esta vez se quedó callado unos segundos hasta que un sonrojo empezó a extenderse por toda su cara. Si había algo a lo que era débil era a las miradas de adoración absoluta y cariño que le ponía Hongbin cuando quería hacerle pasar el enfado. Y lo lograba. No sabia cómo ni por qué pero todo el mal humor y la inseguridad de estropear la noche habían desaparecido en un segundo.

–  Lo tomaré como un sí – afirmó Hongbin con una sonrisa después de evitar que escondiera la cara entre las manos por vergüenza. Le dio un beso rápido en los labios y le cogió de la mano para arrastrarle hacia la calle comercial – ¿McDonald’s o Burger King?

Él solo sonrió y se dejó llevar, convencido de que aunque hubiera empezado mal esa noche iba a ser la mejor del mundo.

Llegaron al KFC cuarenta y cinco minutos después, ya que en el McDonald’s había demasiada cola y el Burger King estaba cerrado por obras, pero sonrientes y con la cara roja pues entre risas y besos robados habían terminado haciendo una carrera por ver quién llegaba antes.

Ganó Hongbin simulando haberse tropezado, de forma que cuando Leo retrocedió corriendo para ver si se había hecho daño este le empujó sobre un enorme montón de nieve y salió corriendo. A Taekwoon le duró el enfado por haber perdido el tiempo que tardó en ver a Hongbin sonriendo con nieve en el pelo y las mejillas rojas.

Pidieron un menú “2gether”, un par de bebidas y helados de chocolate y salieron rápidamente debido a la insistencia de Taekwoon.

– ¿No podemos comer aquí?

– Mejor no, se esta haciendo tarde y estamos un poco lejos de… nuestro próximo destino, no quiero llegar tarde.

– ¿No vas a decirme dónde vamos?

– No, y no pongas esa cara, es una sorpresa.

Hongbin dejó de hacerle ojitos y le sacó la lengua pero finalmente le siguió fuera del establecimiento.

¿No puedes ni darme una pista?

Taekwoon negó con la cabeza.

– Porfa… – insistió tirándole de la manga.

– Cuidado, se te van a caer los helados, ¿quieres que los lleve yo?

– ¡No cambies de tema! Por lo menos dime si vamos a tener que coger el metro

Se lo pensó unos segundos y después asintió. Hongbin le pasó los helados para comprobar si tenia tarjeta de metro o tendría que comprarla y entonces paró en seco.

– Oh no…

– ¿Qué pasa? -preguntó alarmado

– Me he dejado la cartera en el restaurante…la he dejado un momento en la encimera para coger las cosas y…creo que no la he cogido

Se lo quedó mirando fijamente unos segundos, reprimiendo las ganas de gritarle, pues no quería hacerle sentir mal y sabía que tampoco había sido culpa suya. Si no le hubiese metido prisa para irse…. Suspiró, pasándose la mano por el pelo con frustración.

Hongbin le miraba expectante y preocupado, insultándose mentalmente.

– Taekwoon-ah…da igual, tampoco llevaba mucho y si volvemos atrás llegaremos tarde…

En verdad llevaba la paga de los dos últimos meses trabajando en la cafetería y todos los documentos, la tarjeta trimestral de tren… y una foto de su primera cita. Pero en ese momento prefería perder todo eso antes que chafarle el plan que hubiese preparado después del chasco del restaurante.

– No, da igual, vamos – respondió finalmente, cogiéndole de la mano para volver corriendo por donde habían venido.

Llegaron en apenas 10 minutos, también con las mejillas rojas de correr pero serios, calculando mentalmente el tiempo. Taekwoon ya sabía que no iban a llegar a tiempo; el concierto empezaba en media hora y si tenían suerte llegarían en 45 minutos, lo más probable era que no encontrasen sitio.

Por suerte la cajera les reconoció y les dio la cartera enseguida, en apenas un minuto volvían a estar en la calle.

Llegaron al metro que el tren entraba en la estación, lleno de jóvenes que iban de botellón o a otros conciertos.

Cuando bajaron en la estación pasaban 15 minutos del inicio del concierto, cruzaron la multitud de gente que andaba con parsimonia por las calles y llegaron finalmente al estadio descubierto. Se oía la música y los gritos de los fans y los focos iluminaban el parque. Taekwoon le arrastró hasta la entrada, cruzando los dedos para que por favor les dejasen pasar.

– Lo siento chicos, el aforo está completo

– Por favor – suplicó todavía recuperando el aliento – podemos estar de pie…

– No, lo siento, el aforo limitado es por un tema de seguridad, no hay excepciones.

– … Está bien, gracias…

Se alejaron de allí en silencio, todavía cogidos de las manos y con la comida ya medio fría. Todo a su alrededor, los árboles estaban cubiertos de carteles que anunciaban el concierto “Concierto de Fin Año! Para todos los públicos. Gratis. Park Hyo Shin, Brian Joo, Girl’s Day, Jung JunYoung… ¡y muchos más!”

Taekwoon con la mirada fija en el suelo, despotricando internamente contra el conductor del metro por demasiado lento, contra la dependienta por no haber visto la cartera enseguida, contra el frío, contra la chica encargada de las entradas, contra el karma y básicamente contra el universo entero.

– Lo siento… – dijo Hongbin al fin, deteniéndose y obligando a su novio a levantar la mirada – con lo mucho que te lo habías currado y la ilusión que te hacía… si no me hubiese dejado la cartera…

– Eh – le paró él, levantando su cara para mirarle a los ojos y haciendo un esfuerzo para apartar los pensamientos asesinos de su mente – no es tu culpa ¿vale? No pasa nada, tampoco me hacía tanta ilusión, era por ti, porque sabía que actuaba Park Hyoshin y que te haría ilusión.

Él sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.

– Park Hyoshin da igual hoy, solo quería pasar tiempo contigo…

Taekwoon no pudo evitar sonreírle, asombrado de que Hongbin pudiera ser tan dulce, tan precioso y quererle solo a él.

– Entonces estamos de acuerdo, ¿que te parece si vamos a comernos ese pollo frio tan exquisito delante del rio Han?

– Oh, suena genial – Hongbin sonreía totalmente ya, sin lágrimas asomando en sus ojos, y se le agarró al brazo buscando calor mientras le daba un beso en la comisura de los labios, tentándole. Era dulce y encantador, pero también sabía perfectamente como jugar con él, sabiendo que él nunca le besaría en los labios en público pero que de esta forma tendría muchas, muchas ganas de hacerlo. Frunció el ceño para demostrarle que sabia perfectamente a que estaba jugando pero su novio solo le respondió con otra de sus sonrisas brillantes mientras empezaba a andar hacia el río Han.

Por suerte estaba cerca y apenas 10 minutos después habían podido instalarse en un banco con vistas al rio, abriendo los paquetes de pollo y comprobando los desperfectos.

– Este esta un poco chafado pero entero y este otro… bueno, ha pedido un par de trozos por dentro de la bolsa pero no es grave. ¿Y los helados?

– Están bien.

– Genial, una súper cena con vistas al rio, ¿qué más quieres?

Taekwoon sacudió la cabeza, divertido y en el fondo profundamente agradecido de que le hubiese sacado de su modo auto-destructivo y que no le culpase del desastre que estaba siendo la noche. Tenía razón, por supuesto, lo importante era estar juntos pero Hongbin merecía mucho más y le hubiese gustado poder dárselo.  “Por lo menos todavía queda una última sorpresa…”

– Taekwoonie, di “aaah” – le miraba con expectación con un trozo de pollo en la mano.

– Binnie… – respondió con tono de advertencia.

– Porfa…

– Lee Hongbin, para de usar esa cara de cordero degollado conmigo, no va a funcionar.

Hongbin puso una media sonrisa maléfica.

– Hyung… por favor…

A Taekwoon se le secó la garganta de golpe. Era casi un ronroneo. Era el tono que usaba Hongbin en privado, cuando quería conseguir algo en la cama, el único momento en que le llamaba hyung.

Abrió la boca para replicar, para advertirle de que eso era jugar sucio, con una mirada que hubiese intimidado a cualquiera; pero Hongbin solo aprovechó para meterle el trozo de pollo en la boca, con una sonrisa satisfecha.

“Eres maligno, Lee Hongbin” decía su mirada.

“Lo sé, y sabes que te gusta” respondía su sonrisa.

Ya casi habían terminado de comer después de muchas bromas, sonrisas y manchas de salsa por todas partes cuando el ruido de una pequeña explosión les sobresaltó. Levantaron la cabeza al cielo nocturno de Seoul y vieron cientos de fuegos artificiales decorando la noche.

– ¡Oooh! – Hongbin se levantó corriendo hasta la barandilla del rio, observando el cielo con la boca muy abierta y los ojos brillantes – que bonito…

En seguida notó unos brazos conocidos abrazándole por detrás, apoyando su barbilla en su hombro, protegiéndole del frio.

– Es precioso Taekwoon-ah… ¿Sabes? Prefiero mil veces estar aquí, viendo los fuegos artificiales abrazado contigo y comiendo pollo que no en un concierto o en un restaurante pijo donde hay más plato que comida.

– Te quiero, Hongbin-ah – respondió solamente, enterrando su nariz en su pelo, abrazándole más fuerte.

– Yo también Taekwoon-ah, te quiero.

Taekwoon vio como Hongbin cerraba los ojos y dejaba caer su cabeza hacia atrás, apoyándose en él, dejando sus labios muy cerca de los suyos, respirando profundamente, rápido, expectante.

No hizo intento de besarle pues aunque le frustrase respetaba que no quisiera besarse en público, sabia que era más difícil para él de afrontar al mundo en esos temas. Así que no se lo esperaba para nada cuando notó sus labios en los suyos, primero suavemente, incierto, pero más seguro cuando notó los labios de Hongbin correspondiéndole con ganas.

Le giró para poder acceder mejor, arrinconándole contra la barandilla del rio Han, disfrutando del beso y olvidándose por una vez de lo que podía pensar la gente que les viese, aislados del mundo exterior que quedaba ensordecido por los fuegos artificiales que retumbaban todavía en el cielo.

Solo cuando notó las manos de Hongbin aferrándose con fuerza a su espalda mientras pegaba su cuerpo al de él y al darse cuenta que sus propias manos habían descendido hasta agarrarle el culo con fuerza se separó.

Hongbin hizo un pequeño ruidito de frustración, con un puchero infantil en su cara.

– Vamos, queda tu última sorpresa – le dijo antes de que pudiera dejarse convencer de alguna indecencia mayor.

– Hmm esta bien – aceptó después de pensárselo unos segundos – pero prométeme una cosa.

– Lo que quieras.

– Que si por lo que sea tampoco sale bien no vas a enfadarte ni ponerte en modo homicida.

– Si tampoco sale bien será la última vez que planee algo con dos semanas de antelación…

Hongbin rió suavemente, sacudiendo la cabeza con frustración pero divertido de las salidas de su novio.

– Esta bien, aunque dudo que seamos tan gafes, es por si acaso.

– Con la noche que llevamos… con un poco de suerte habrá un incendio o un ataque terrorista o algo así.

Esta vez si que rió con ganas.

– Vamos, vamos, gran gruñón.

Cuando Hongbin, un rato después, vio que se detenían delante de las puertas del Hotel Astoria se quedó boquiabierto, mirando al hotel y a su novio sucesivamente, planteándose si matarle por hacer una cosa tan cara o comérselo a besos por haberle traído a un hotel donde podrían tener mucha más intimidad y tranquilidad que en casa de cualquiera de los dos.

Al ver que no parecía tener demasiadas ganas de moverse del sitio donde se había quedado clavado Taekwoon le arrastró hacia la entrada del hotel, orgulloso de ver la mirada que se le había quedado.

Cruzaron el recibidor exquisitamente decorado con Hongbin todavía deslumbrado, mirando a todas partes, a los empleados con sus uniformes y las luces y decoraciones doradas que cubrían las paredes, dejándose arrastrar por su novio sin mirar donde iba hasta que llegaron al mostrador, a esperar para ser atendidos detrás de una pareja que parecían vestidos para ir a la Ópera.

– ¿En serio has reservado una habitación aquí? – dijo finalmente apartando la mirada de las paredes para mirar a su novio. Él asintió con una pequeña sonrisa.- Eres increíble, no quiero saber cuanto cuesta pero… una noche de hotel… – le miraba con una mezcla de adoración y deseo. Se mordió el labio, muriéndose de ganas de comérselo allí mismo pero se retuvo, optando por simplemente aferrarse a su brazo y susurrarle al oído – pienso recompensártelo con creces.

Taekwoon intentó disimular el sonrojo que empezaba a expandirse por su cara, maldiciéndole por decirle esa clase de cosas en público donde no podía actuar consecuentemente e intentando no pensar en toda la clase de cosas que sugería esa recompensa cuando de repente se dio cuenta de la cara con la que los miraban los trabajadores del hotel, especialmente la recepcionista.

“Mierda.”

Se recompuso y apartó un poco a Hongbin que seguía aferrado a él y avanzó hacia el mostrador, pues ya habían terminado de atender a la pareja anterior.

– Buenas noches, ¿que desean?

La chica les atendió con una mirada que escondía disgusto detrás de esa sonrisa servicial para atender a clientes.

– Tenemos una habitación doble a nombre de Jung Taekwoon.

– Lo siento, no hay habitaciones – respondió sin tan solo comprobar el nombre en la pantalla.

– ¿Q-qué?

– Ya se sabe, esta época del año…

Era una mentira, una mentira muy gorda, y Taekwoon lo sabía. Había temido algún problema o malas miradas por ser dos chicos en una habitación doble pero nada hasta ese nivel. Durante unos largos segundos de silencio incómodo se planteó denunciarles, amenazarles… pero sabía que no serviría de nada. Aún así no tenía intención de irse sin más, de aceptar la derrota, de dejar que provocaran que Hongbin dejara de sonreír con esa mirada de adoración sin luchar.

– Querrá decir que no quieren parejas como nosotros en el Hotel

La recepcionista se quedó desconcertada por unos momentos, sorprendida de que se hubiera atrevido a ponerlo en palabras.

– No, bueno…

– No hace falta que lo niegue, y no se preocupe, ya nos vamos, tampoco tengo ningunas ganas de quedarme ni un minuto más en un hotel lleno de ¡¡gentuza homofóbica!! – respondió con mala leche, subiendo de tono hasta casi terminar gritando. – eso si – añadió antes de darse la vuelta para irse de allí – espero que por lo menos me devuelvan el dinero o les meteré una denuncia.

Y salió de allí a grandes zancadas, arrastrando a Hongbin detrás suyo y mandando miradas asesinas a cualquiera que se cruzase por su camino.

Siguieron andando un buen trozo en silencio y a grandes zancadas, Taekwoon dejando que la ira se fuese apoderando de él hasta que llegaron a una plaza, a esas horas ya prácticamente vacía.

– ¡Joder! – gritó finalmente soltándole la mano a Hongbin y descargando toda su frustración en un puñetazo a la pared más cercana.

– ¡Taekwoon! – Hongbin corrió a cogerle las manos para evitar que hiciese alguna otra estupidez, mirando su mano por todos los lados para asegurarse de que no se había hecho demasiado daño. – ¿Es que no hemos sido suficientemente gafes ya como para que ahora te rompas una mano?

Él solo apartó la mirada, todavía furioso, pero sin apartar la mano herida de las cálidas manos de Hongbin. Le dolía pero sabia que no estaba rota y necesitaba desahogar su frustración en algo que no fuese Hongbin.

– Lo siento, ha sido culpa mía – continuó este con un tono mucho más apagado – tanto el llegar tarde al concierto como esto, si me hubiese comportado más fríamente probablemente no nos habrían echado…

Taekwoon seguía sin decir nada, no quería darle la razón ni hacerle sentir mal pero estaba demasiado enfadado y no confiaba en su capacidad de tragarse todo ese mal humor y no decir ninguna estupidez. Pero el silencio era otra forma de darle la razón.

– No, no es tu culpa…

Pero no sonaba muy convincente.

– Si, ¡si que lo es! Soy estúpido…

– No, no digas eso – levantó la mirada de golpe, pues si algo no iba a permitir era a la joya que tenia por novio llamándose estúpido, y entonces fue cuando vio como tenia los ojos rojos e intentaba reprimir sin mucho éxito las lágrimas que empezaban a asomarse. Y el terror a verle llorar, a hacerle sentir mal fue mas fuerte que todo el enfado. – Binnie… no llores…. – le dijo suavemente, levantando su cara y secando sus ojos con los pulgares.

– Pero…lo he fastidiado todo…

– No, no es verdad – le cogió la cara con las dos manos para obligarle a mirarle a los ojos – no has fastidiado nada, ¿de acuerdo?  Tú mismo lo has dicho, da igual donde vayamos o lo que hagamos mientras estemos juntos ¿no?

Él asintió con la cabeza, un poco más tranquilo.

– Es lo único importante y no vamos a dejar que un par de subnormales nos jodan la noche ¿vale?

– Vale…

Le besó en la frente y le abrazó, ya muy lejos de las ansias homicidas y solamente con ganas de abrazarle y protegerle para siempre.

– Taekwoonie…

– ¿Hmm?

– Te sigo debiendo una recompensa por todos los esfuerzos…

– ajá – se separó para poder mirarle, con todas las alarmas puestas al detectar el cambio de tono de su voz, de algo inocente a algo…seductor.

– Y aunque no sea tan genial como un hotel… mis padres no están en casa y mis hermanas tampoco creo que vuelvan hasta mañana. Podemos ir.. – le susurró al oído, agarrándose a las solapas de su chaqueta para poder acercarle a su cuerpo – y pasamos tiempo juntos recompensándote por todos tus esfuerzos…

Taekwoon sintió como el calor se extendía por todo su cuerpo, olvidándose del frio, del mal humor y de la frustración y llenando su mente solo del aliento caliente de Hongbin en su oreja, de sus manos en su pecho y de los recuerdos de todas las noches que ya habían pasado juntos, dándole muchas muchas ideas de lo creativo que podía ser Hongbin cuando se trataba de recompensas.

– Me parece un muy buen plan.

 

KUROKO

Ámame Profe. 34: Azul.

 

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Pasaban los días y la boda estaba al caer. “Las bodas” Pensó Baekho frente al espejo.

– Debería hacerme algo – se decía a si mismo – Dos bodas tan importantes y yo con estas pintas.

Ya asomaban las raíces negras entre el pelo rubio, pero reteñirse no parecía suficiente para una ocasión especial como esa. “Podría raparme otra vez…”

Terminó de afeitarse y al abrir el armario para buscar un jersey encontró el traje que había comprado para la boda de Sunyoung y Yixing, con la camisa azul. Iba a necesitar algo para la otra boda. “Si por lo menos supiera como va a ser…”

Ni Wonsik ni Hakyeon habían soltado prenda de cómo iba a ser la boda. Excepto en momentos de flaqueza y debilidad.

– ¡¡¡Vendrá su familia!!! – se había quejado Wonsik mientras tomaban unas copas.

Kyungsoo y él se miraron, encogiéndose de hombros. Hongbin llegaba tarde y Jongin no había podido ir.

– Pero así tiene que ser ¿no? Os casáis, es normal que quiera compartirlo con su familia.

– Pero no. – seguía el futuro “marido” desesperado. – no será una boda, será una fiesta, una puta locura, un desmadre ¡¿Por qué invita a su familia?!

– Tu habías invitado a tu hermana también – siguió Kyungsoo. – ¿Por qué él no puede?

– En primer lugar mi hermana es lesbiana – le replicó dando otro trago – Y es testigo. Y es solo mi hermana, tiene nuestra edad, y tal. Vienen sus padres. Sus hermanos, cuñados, sobrinos, primos, tíos lejanos… ¡¡¡Estará toda su puta familia!!! – Baekho apartó su vaso justo antes de que Wonsik dejara caer su cabeza sobre la barra. – Será horrible. – se lamentaba. – voy a pasar tanta vergüenza…

No consiguieron animarle así que optaron por emborracharle.

Para cuando Hongbin llegó, un par de horas más tarde, Wonsik estaba arrodillado ensayando como iba a pedirle al padre de Hakyeon la mano de su hijo mientras Baekho y Kyungsoo le cantaban el himno nupcial. Pero aún con el considerable nivel de embriaguez a ninguno le pasó por alto el “detalle” con el que llegaba.

– Tienes un chupetón – señaló Baekho. – ¿Ligue nuevo?

Hongbin negó, sonrojándose en parte por el espectáculo que estaban montando sus amigos y pidió una copa.

– ¿Has vuelto a ver a ese tío? – saltó Kyungsoo horrorizado. – ¡Está casado Binnie!

– ¡Cállate! – le respondió dando un trago a la bebida que acababan de servirle. – ya lo sé…

Wonsik le cogió del hombro animándole, pero Baekho no pudo evitar la tentación de sermonearle.

– No deberías involucrarte con un hombre casado.

– No deberías involucrarte con niños de doce años.

“¿Pero que???”

Decidió que lo había oído mal y pidió otra ronda para terminar de asegurarse de que olvidaba ese comentario.

– Vamos Hongbin – siguió Kyungsoo – en serio, ¿que pretendes sacar de esta relación? ¡está casado! ¿Que puede ofrecerte?

– Tengo las mismas posibilidades de que deje a su mujer y se case conmigo que tu de salir con Jongin. Y eso teniendo en cuenta que el matrimonio gay es ilegal…

“Jope, hoy está fino” Pensó Baekho viendo la expresión dolorida de Kyungsoo.

– Hablando de matrimonio – saltó Wonsik cortándoles. – Estábamos de celebración ¿recordáis? Hoy nuestro problema más grave va a ser que nos ponemos para mi despedida de soltero. Y os prohíbo preocuparos por nada más. ¿de acuerdo? – les miró a todos levantando su vaso y de algún modo consiguió que todos sonrieran, chocaras vasos y exclamaran:

– ¡Por los futuros falsos novios!

 

Minki sentía que en su casa se respiraban nervios. Todo eran preparativos, flores, menús, listas. Muchas listas. De cualquier cosa. Pero mientras su madre caminaba arriba y debajo del comedor recitando la distribución de los invitados en las mesas Yixing ponía música y salía a su encuentro, cogiéndola y dando vueltas por la sala.

También se respiraba amor.

Su madre sonreía, y Minki también mientras aplaudía al compás de la música, saltando tras ellos.

– Va, va, – les detuvo ella – que hay cosas que hacer. ¿Tienes que ir a buscar tu traje hoy ¿verdad? – le preguntó a Yixing aún atrapada entre sus brazos.

– Si. O mañana. Tampoco hay prisa.

– Va pos, ve a hacer la cena que yo te voy a buscar el traje. – sentenció ella alisándose la ropa.

– Vale amor. – él volvió a abrazarla, besándola en la mejilla – estás preciosa.

– Aish…

Minki se había vuelto a apalancar en el sofá con JR a la que había visto que se terminaba la fiesta. Tan apalancado que ni siquiera se le ocurrió levantarse en cuanto oyó que llamaban a la puerta. Su hermano si que hizo ademán de levantarse, pero antes de que lo hiciera la puerta ya se abría.

Era Baekho, con la gorra y las llaves en la mano.

– ¡Sunyoung! – fue corriendo hacia ella y la cogió de las manos, alterado. “Ni saluda primero” pensó Minki ofendido.

– ¿Que te pasa? – le preguntó la madre algo asustada.

– Acabo de hacer una de las tonterías más grandes de mi vida. – confesó asustándola a ella aún más, que le apremió a explicarlo y terminar con la intriga. Él, por toda respuesta, se llevó las manos a la visera de la gorra y se la quitó con un gesto dramático, aunque más dramático fue el grito de ella justo antes de estallar en carcajadas.

Ambos niños se giraron al oírla y rompieron a reír también, Minki cayendo de rodillas al suelo por la risa. Incluso Yixing salió de la cocina justo a tiempo para verlo antes de que Baekho, sonrojado hasta las orejas, volviese a ponerse la gorra.

– ¿Pero porque te has hecho eso?

– No lo se. Es horrible…

– Si.

– Parece… parece que lleve un helado de esos de nube en la cabeza

– Yo no lo hubiese dicho mejor.

– Dios, que horror. ¿Con que te lo has hecho?

– Me lo ha hecho la peluquera.

– ¿¿¿TE HAN COBRADO POR ESO???

Consiguieron que Minki dejase de reírse, pero volvió a estallar cuando Baekho se quitó la gorra de nuevo para que pudiesen evaluar la magnitud del desastre. Sunyoung, más considerada, aguantó la risa, mientras que JR, curioso, se acercó a tocarle el pelo, que brillaba en un radiante azul eléctrico.

– Es tan artificial… – murmuró.

– Tal vez si te lo lavas se destiñe un poco. – sugirió Yixing.

– Ya lo he probado.

– Pues este tinte mínimo es radioactivo – se burló Minki.

– Bueno, – se levantó Sunyoung poniendo paz – tengo que ir a buscar su traje, compraré un decolorante y te devolveremos tu rubio de siempre ¿vale?

Baekho asintió, agradecido, y volvió a ponerse la gorra antes de que Minki empezase a hacer chistes malos.

Yixing se desentendió del tema y volvió a la cocina, JR decidió acompañar a su madre y Minki desapareció en el piso de arriba sin avisar.

Baekho suspiró, volvió a calarse la gorra hasta las orejas y se fue a la cocina con Yixing.

– ¿Te ayudo?

Él le sonrió, le indicó algo y siguió trabajando.

– ¿Cómo te dejas hacer eso? – le preguntó.

– Yo… es que todo iba a ser azul. Su vestido, tu corbata, las flores, mi camisa. Pensé que combinaría, que quedaría bien. Quería hacer algo especial…

– Especial – Yixing sonrió – Desde luego es especial.

– Hyung, hyung. – volvió a aparecer Minki sosteniendo una cámara de fotos – quítate la gorra.

– Ni hablar.

– Vamoooooos. – saltó detrás de él intentando arrancarle la gorra. Baek corría para huír y terminaron dando vueltas a la cocina y la sala.

– Que no. – insistía mientras corría – No vas a hacerme ni una foto con esa cosa en la cabeza.

– Venga, para la posterioridad. – seguía persiguiéndole riendo – Algo así tiene que dejar un recuerdo.

– No. Ni hablar.

Huyó de él, apartó sus manos y le cogió para detenerle. Le quitó la cámara e intentó apartarle cuando consiguió quitarle la gorra y pasarle las manos por el pelo, despeinándole. Cayeron sobre el sofá y tubo que retenerle contra el mueble para impedir que llegase a coger la cámara.

El sonido de la puerta abriéndose cuando Sunyoung volvió fue como un milagro. Subió a lavarse el pelo, de nuevo, y justo cuando se quitaba la camiseta oyó la puerta del baño abrirse y el “click” de la cámara.

Minki huyó corriendo escaleras abajo con su preciada foto y Baekho suspiró y puso la cabeza bajo la regadera de la ducha. El agua salió azul, pero su pelo no quedó menos radiactivo.

– ¿Pero te han puesto tinte o marcador químico? – exclamó JR al verle el pelo mojado, aún más oscuro. “¿Que si me han puesto que?”.

Dejó que Sunyoung le embadurnara el pelo en crema decolorante y cenó con la cabeza envuelta en papel de plata.

Al quitarlo luego y volver a lavarlo había quedado de un azul más claro, desvaído, pero no rubio del todo.

– Está bien así – le dijo Sunyoung intentando animarle. Baekho no estaba convencido. Si quedaba mejor, pero seguía siendo azul y ya echaba de menos su rubio de siempre. O incluso el moreno natural. – Si te pongo más de esto se te caerá el pelo a trozos – insistió ella. – Así que más te vale que te guste.

Suspiró y se secó el pelo. Cuando volvió a mirarse en el espejo de la sala no le pareció tan horrible.

– Estás guapo – le dijo Minki parándose a su lado. – mucho mejor que antes.

– Pues menos mal. – se rió.

Minki sonrió también. Luego se rió, recordando el aspecto que tenía antes.

– Bueno, hemos evitado una catástrofe – le dijo divertido. Luego le miró, colgándose de su brazo – ¿Te quedas a dormir?

Baekho se encogió de hombros.

– ¿Por qué no?

 

Llegaron, como les habían dicho, alrededor de las once. Hongbin, Kyungsoo y Baekho fueron los primeros, junto con la hermana de Wonsik y su novia, aunque Jongin ya estaba allí. De hecho fue quien les recibió, alegando que el futuro matrimonio tenía que arreglarse.

El sitio que habían alquilado era grande, espacioso. Un pequeño vestíbulo de recepción con alguna habitación donde suponían se estaban arreglando la pareja y un patio donde se iba a celebrar la ceremonia. A un lado podían verse ya las mesas que los camareros contratados empezaban a montar para tenerlo todo apunto.

Ayudaron a colocar las sillas que quedaban y admiraron las flores que decoraban el altar y el jardín.

– No han reparado en gastos. – comentó Kyungsoo.

– Toda esta boda es una locura. – le respondió Jongin encogiéndose de hombros. – Ya que la lían, mejor hacerlo a lo grande. – Baekho asintió, igual que los demás. No quería ni pensar en la de dinero que se habrían gastado, igual que no había querido preguntar a Sunyoung. Iba a ser el día más importante de sus vidas, y lo valía. – Bueno, yo me voy a cambiar también – se despidió Jongin. – tengo que prepararme para mi aparición estelar. Todo el mundo va a estar mirándome y no tengo que atraer la atención. Va a ser difícil…

Baekho suspiró viendo como se iba. Buscaron sus asientos y luego volvieron al recibidor para empezar a dar la bienvenida a los primeros invitados que iban llegando.

Wonsik tenía razón, había acudido la familia de Hakyeon al completo, padres, hermanos, sobrinos, primos, tíos y demás parientes lejanos. Y entre ellos Baekho se encontró con una sorpresa.

– ¡Sanghyuk! – le saludó en cuanto le vio.

– ¿Baekho hyung? – le miró el chico asombrado – ¿Que haces aquí?

– Son amigos míos, Wonsik, Hakyeon.

– ¿Eres amigo de mi tío?

– Parece que si – respondió riendo. – Que pequeño es el mundo.

Hyuk seguía mirándole sorprendido, hasta que suspiró y se encogió de hombros.

– En fin. – murmuró. – Oye, – añadió acercándose a él. – supongo que cualquier chica que pueda encontrar aquí será lesbiana o prima mía ¿verdad?

Baekho se rió, asintiendo. Había oído de su fama de rompecorazones.

– Si, me temo que si. – respondió. El chico suspiró y siguió a su madre con las manos en los bolsillos.

– Nos vemos luego Hyung.

 

El patio se había llenado de vestidos coloridos, sonrisas y abrazos. De reencuentros emocionados entre familiares y amigos. Y de nervios, excitación, ansias de ver y felicitar a la feliz pareja.

Hongbin y Byulyi, la hermana de Wonsik, esperaban a ambos lados del altar como testigos, y el pequeño Eungyu, sobrino de Hakyeon, sentado en el suelo con cara de aburrido, guardaba los anillos.

Los invitados aguardaban en silencio. O eso hubiese sido lo deseado, pues una nube de murmullos flotaba en el patio.

– ¿Dónde se habrá metido Jongin? – le preguntó Kyungsoo a Baekho con impaciencia. Lo único que sabían sobre la boda era que Jongin iba a oficiarla, pero su amigo no estaba en el altar. “La va a liar” pensó Baekho.

No se equivocaba.

Jongin hizo su entrada triunfal avanzando por el corredor central con un abrigo negro largo y gafas de sol.

Algún crío, Baekho tuvo la sospecha de que fue Hyuk exclamó un “¡Matrix!” tras el cual se escucharon algunas carcajadas.

Jongin también sonrió, pero siguió andando muy profesionalmente hasta el altar, donde se giró de cara a los asistentes a la vez que en un movimiento excesivamente teatral se quitaba la chaqueta, dejando a la vista unos pantalones de cuero bajos, su torso desnudo y la cinta de cura alrededor del cuello.

“¿Pero que?”

En medio del murmuro de exclamaciones generales que oscilaban entre el “Que bueno está” y el “santo cielo que indecencia” Baekho sintió como Kyungsoo le clavaba las uñas en el brazo, con la mandíbula que le llegaba hasta el suelo y los ojos como platos.

– Respira… – tuvo que recordarle.

Jongin terminó por quitarse las gafas, se pasó la mano por el pelo contorneando todo su cuerpo al hacerlo y cambió su peso de pie, apoyando un brazo en la cadera y dejando caer el otro.

Siempre había sido un cabrón, pero ese día a Baekho le pareció incluso de mal gusto. No podía oficiar la boda de su supuesto mejor amigo y llamar la atención más que él. Iba a ser el protagonista de su día especial.

Pero no, no llamó la atención más que ellos. No, tampoco llevaban menos ropa que él, pero en cuanto se abrieron de nuevo las puertas del patio dejaron al publico entero sin aliento.

Y si, público, porque eso ya era un show en toda regla.

Andaban cogidos del brazo, sonriéndose. Wonsik terriblemente sonrojado, Hakyeon saludando con toda la desfachatez del mundo. Las uñas pintadas, los ojos delineados, los labios rojos de gloss y los ajustados vestidos marcando caderas a cada paso bajo el característico andar de los tacones.

“No te creo.”

Recordaba haber oído una discusión en Pantheon que había atribuido al alcohol sobre quien debía llevar el vestido de novia. Ninguno de esos vestidos era de novia, rojo pasión el de Hakyeon, largo y con un corte al lado por el que asomaban sus largas piernas a casa paso, azul turquesa el de Wonsik, corto a medio muslo y con ondas sobre los hombros.

Alguien entre los asistentes estalló en carcajadas, y eso rompió el silencio sepulcral que se había generado con su entrada. Ambos se reían, al igual que Jongin que se tapaba la boca para ocultarlo. La hermana de Wonsik, a su lado, aplaudía, y al otro lado Hongbin se debatía entre la sorpresa y el horror.

La futura pareja se detuvo ante ellos. Hakyeon se llevó las manos al pelo, recolocando las dos coletas negras con que llevaba recogida la peluca. Wonsik llevaba una cola alta, obviamente falsa también, con un tocado de plumas y brillantes.

“Pluma no les falta…” Pensó Baekho riéndose.

– Pardillos – murmuró Jongin en cuanto el silencio fue suficiente para dejarse oír. – Bueno, por si a alguno aún no le había quedado claro lo idiotas que pueden llegar a ser estos dos, aquí les tenéis, diciendo que se quieren casar. – empezó con desprecio. – ¿No os parece un desperdicio? Dos tíos como ellos, o bueno, hasta hoy yo pensaba que lo eran. Dos tíos tan guapos, que deberían ser decretados patrimonio de la humanidad para que todo el mundo pudiera disfrutar de ellos. Queriendo atarse el uno al otro de por vida, negándose a disfrutar de los buenos pecados de este mundo. “Hasta que la muerte les separe”. – Hizo una pausa, mirándoles, mientras ellos le miraban también riéndose, cogidos de la mano. Miró al publico, y cambió su tono fastidiado por otro más dramático. – pero ¿sabéis? En realidad hace siete años ya que firmaron ese pacto, que decidieron darse la vida el uno al otro. Y aunque parezcan una pareja de bolleras hormonadas las queremos. Así que si casarse es lo que quieren, ale, que se casen, y que le demuestren a este jodido mundo que el amor no entiende de sexos ni de edades, y que si el mundo no respeta nuestras normas nosotros no vamos a respetar las suyas.

“Como lo de las edades vaya por Minki me lo cargo” pensó Baekho sintiendo los ojos de Jongin fijos en él. Pero igualmente sonrió y aplaudió, igual de desconcertado que el resto del público, tal vez menos. Hacía muchos años que le conocía ya.

Los discursos de Hongbin y la hermana de Wonsik, como testigos, fueron bastante más convencionales. Por el ambiente en el que estaban y tratándose de un gay y una lesbiana en una boda falsa de dos Drag Queens, porque eso es lo que eran ese día, pareció de lo más normal. Hablaron de cómo se conocieron, de lo empalagosos que podían llegar a ser, de lo incómodo que era estar cerca suyo, sobretodo al principio, de cómo no habían dudado en ningún momento en esos siete años de relación, de cómo se miraban.

Ambos pronunciaron los votos, nerviosos, y se pusieron las alianzas conteniendo el aliento. Hakyeon estalló a llorar con el típico “si quiero” y segundos más tarde ambos se secaban las lágrimas el uno al otro.

– Anda, dejad de llorar y id a besaros, liaros, hacer el amor y disfrutad de vuestra vida de casados.

 

– Menudo locurón – exclamó Minki cuando Baekho le estuvo hablando de la boda. – ¿de verdad se casaron vestidos de tías?

– Que sí, que sí.

Luego se habían cambiado para el banquete, poniéndose pantalones y camisa los dos, la ropa que tenían que haber llevado en un principio. Baekho había bailado con ambos, les había secado las lágrimas a ambos y se había emborrachado con los demás. Los novios y el pequeño grupo de amigos se habían quedado hasta las tantas, gritando a lo loco, riendo, saltando, bailando, y tirándose dentro de la fuente, para salpicarse los unos a los otros. Habían cantado y habían rememorado sus adolescencias. Se fueron a dormir cuando el sol despuntaba y al día siguiente los novios habían despertado con sus cuerpos enlazados, alianzas en sus anulares y un intenso y punzante dolor de cabeza que resumía la fiesta a la perfección y que compartían con la mayoría de los invitados.

– Creo que me resfrié. – le confesó Baekho a Minki. – No se deberían celebrar bodas al lado de una piscina.

– Has dicho que era una fuente – rectificó el pequeño.

– Si, una fuente, pero con el poco de estanque debajo. Ya sabes.

– Si, si – asintió riendo.

– Pues ya puedes estar bien este sábado – le dijo Sunyoung sentándose con ellos. – o me van a oír esos dos. Mira que poner la boda una semana antes que la mía…

Meili, la hija de Yixing, había venido para la boda, pero al contrario que el resto de sus invitados de china había ido una semana antes para ayudar a ultimar los detalles y conocer un poco mejor a la que iba a ser su familia legal, por lo que se estaba alojando en su casa.

A causa de eso y de que no tenían mucho trabajo en el instituto cada tarde, o casi cada tarde, Hyuk y Tao acompañaban a JR a casa al salir del colegio, compraban merienda en la pastelería de la esquina y se quedaban a jugar y charlar con él.

– Que no Hyuk, que no voy a decirle a mi hermana lo buen chico que eres. – Exclamó JR concentrado en la play, reprochando mentalmente a Minhyun el estar trabajando y no allí con ellos.

– No es tu hermana – insistió este ofendido – si acaso hermanastra, y aún no.

– Que no quiero que te líes con ella – siguió ignorando el apunte – y menos aún tener algo que ver en ello.

El plan de Hyuk salió mal por partida doble, pues ella, con toda su belleza exótica y despampanante, prestaba más atención a Tao que le hablaba en su idioma que a los coqueteos de Hyuk.

– ¡Pero que está muy buena! – le insistió una mañana en el instituto.

– Jope, al final me pondré celosa – se quejó Gyuna medio en broma abrazándose a la cintura de su novio. Este negó con la cabeza, sonrió y se inclinó para besarla.

– Es guapa – admitió Tao – pero tampoco hay para tanto.

– ¿Que no hay para tanto? – exclamó frustrado. – ¡maricas!

No consiguió liarse con ella igual que Baekho no consiguió que Sunyoung le pasase otra capa de decolorante.

– Se te caerá el pelo si lo hago – le decía – además, ya estás guapo así. Es original y realmente te combina con la camisa.

– Pero es… chillón… – se quejaba él.

– Está bien – insistía ella – y si no haberlo pensado antes. – Baekho suspiró, abatido, y ella le sonrió para animarle – va, que te encuentro un novio chino en la boda. – bromeó guiñándole un ojo.

“¿Para que quiero un novio chino?”

Ni siquiera había intentado nada en la boda de sus amigos donde un ochenta por ciento de los asistentes eran gais. ¿Cómo iba a buscar novio en una boda hetero? Jongin le había dicho que estaba pal arrastre ya, a él y a Kyungsoo, que ya ni intentaban ligar, pero sobretodo a él.

– Que si, que tu nene es muy cuco, pero tiene doce años y tu estás a dos velas.

– Minki no tiene nada que ver con esto – respondió harto de que terminaran metiéndole siempre en las conversaciones.

“O tal vez si”. Pensó. Aunque no hubiese nada entre ellos, y fuese imposible que lo hubiese, no se había atrevido a hablarle a Minki de Jongsuk, el que había sido su amigo de pequeño y su amante en esa semana que estuvo en la isla, igual que no le había dicho que seguía mandándole mensajes.

“No es relevante” Se decía “Y no le debes ninguna explicación, demonios, es un crío”.

Lo de que era un crío parecía más cuestionable a cada día que pasaba, a medida que se iba estirando y creciendo, creciendo y estirando. El día de la boda, con su traje color beige, desde luego no parecía un crío, por más chalequito de colores que llevase.

Baekho ya solo le sacaba una cabeza. JR poco menos.

“Crecen demasiado rápido” pensó al verlos a ambos trajeados acompañando a su madre.

Ella estaba preciosa en su vestido de ribeteados azules. Le lloraban los ojos de la emoción al reunirse con Yixing ante el altar. Los ojos de él también brillaban.

Nadie se desnudó, nadie se transvistió y nadie lanzó al oficiante a la fuente una vez terminada la ceremonia, pero fue una boda hermosa.

Hacia el final del banquete, cuando traían el pastel, Sunyoung le hizo ponerse en pie para decir unas palabras.

– Vamos, vamos, le apremió Yixing también.

– Ay, esto… esto me ha pillado desprevenido, no se que decir… – se rió poniéndose en pié, se rascó la cabeza y luego alzó su copa en dirección a la pareja. – Creo que no hace falta que comente que son una pareja preciosa y todo eso, ya lo sabemos todos, ¡si no hay más que mirarles! – exclamó con una sonrisa. Entre la gente se oían risas, la mayoría más producto del alcohol que del discurso en si – Sunyoung, querida, sé que nunca has estado más enamorada. – siguió dirigiéndose a su amiga – Y sé que esto va a funcionar, porque ¿que podría separaros? – ella sonrió, al borde de las lágrimas de nuevo mientras su reciente esposo la abrazaba y besaba en la mejilla – ¡Si es que solo mirándoos…! – siguió Baekho emocionado – casi me siento enamorado solo de miraros a vosotros. Y siento que ni siquiera es necesario que os desee lo mejor porque estando juntos, vais a tener aún más. Felicidades. – terminó sincero.

Sunyoung se puso en pié para abrazarle, al igual que Yixing, y Minki se puso en pié también. JR había hablando antes, durante la boda, pero al pequeño no le habían dado la oportunidad.

– … ¿Puedo hablar? – preguntó poniéndose en pié. Su madre asintió con esa sonrisa que no conseguía borrarse de la cara – Mamá… eres afortunada. – siguió su hijo con el corazón en la mano – Lo he sabido siempre, porque tienes dos hijos que, vamos, somos geniales. – añadió riendo – Pero hoy lo siento aún más. Porque te miro y veo como le miras. Y veo amor. Veo una mirada que dice “te amo, te protegeré y estaré a tu lado para siempre”. Veo que os queréis, de verdad, se ve. Y sé que si algún día consigo que alguien me mire así, o con la mitad del amor que tenéis hoy en vuestros ojos. Si alguien con esos ojos me dice te quiero. O “si quiero”. Me sentiré la persona más afortunada del mundo.

La sala de banquetes se llenó de murmuros y aplausos mientras la madre, tapándose la boca con ambas manos, se levantó para abrazar a su hijo. Con fuerza.

– Gracias Minki – le dijo sincera – te quiero mucho.

– Yo también mamá. – le dijo su hijo mientras la abrazaba, con los ojos fijos en Baekho, a su lado en la mesa. – yo también te quiero.

 

Bailó con la novia, radiante aún con los lagrimones negros del maquillaje. Con la hermana de esta y su hijastra, o lo que fuera que tenía que considerar a la chica.

– ¿Vamos, tan mal te caigo? – le preguntó Baekho mientras bailaban. Meili le giró la cara aún más, fingiendo no oírle. Baek suspiró, llevaba haciendo eso desde que al segundo día de estar ella en la casa sus coqueteos se habían vuelto demasiado exagerados y había tenido que frenarla confesándole que era gay. – No se si te molesta que sea gay o que te rechazase.

– Ambas cosas. – murmuró ella. – menuda familia.

– ¿Por qué dices eso?

– Ambos críos gais y tu pululando por ahí.

– JR no es gay, tiene novia. – en ese momento ni siquiera se dio cuenta de que estaba aceptando que Minki si lo era. Ella tampoco reparó en eso.

– De eso nada. Me vio en pijama y se quedó igual. Gay hasta la medula. – Se imaginaba el tipo de pijama. Se imaginaba también la reacción del chico y no pudo evitar reírse. – Minki aún, ese como mínimo me miró.

“¿JR es más gay que Minki? Anda ya.”

– Minki es un crío, solo es curioso.

– Mola eso de que defiendas su heterosexualidad y tal. – murmuró ella irónica.

“Vamos, si ya es obvio”. Pensó para si. No volvieron a hablar en lo que quedaba de canción y intentó no encontrarse con ella a solas de nuevo. No conseguía que le cayese bien.

Bailó de nuevo con Sunyoung, y con Minki. Sobretodo con Minki. El chiquillo se le subía a los pies y se abrazaba a su cuello y dejaba que él les balancease a ambos para un lado y para el otro. Sonreía, feliz. Intentaron empezar una conga que no tuvo demasiado éxito, Minki probó el champán y lo escupió sobre el césped y dieron vueltas y más vueltas por la pista.

Recordó sus ojos oscuros fijos en él mientras abrazaba a su madre y le decía que le quería, era algo que no había conseguido quitarse de la cabeza aunque hubiese fingido no darse cuenta. Después de todo lo que había pasado ignorar sus pequeños gestos parecía la mejor opción. No una opción que pudiese durar para siempre, pero al menos era una opción.

 

 

 

¡Hola a todos! ^^

Sé que he tardado mucho a publicar este capítulo, soy consciente, culpa de los exámenes, a mi no me miréis, que he hecho lo que he podido (?) XD
Para el próximo capítulo hay un salto temporal, por lo que yo consideraba este como “final de temporada” y e prometí a mi misma unas vacaciones antes de seguir publicando. Vacaciones para escribir otros fic, y este también, para hacer crecer a Minki y dejar a Minhyun aceptar que Aron, aunque esté lejos, le sigue queriendo. Para que Sunyoung se acostumbrase a su vida de casada y Baekho fuese madurando en su terca cabecita esas nuevas ideas de que si, tal vez Minki tiene algo que ver en el echo de que no se sienta interesado por otros tíos. 

Mi intención era hacer una pausa ahora, pero no quería tardar tanto en publicar este capítulo ahora, así que no tengo muy claro que voy a hacer, puede que me tome una pausa ahora y no publique (este fic) en un par de meses o puede que me emocione un montón y la semana que viene os publique cinco capítulos XD (lo dudo mucho). Lo que si puedo asegurar es que estoy preparando un Spin Off sobre Tao que voy a publicar antes de empezar la “próxima temporada”. ^^ ¿tenéis ganas de leerlo?

Y nada más, gracias a todos por vuestra paciencia, por seguirme y esperarme, por vuestros comentarios que tanto me animan a seguir. ¡gracias a todos! ^^ ❤

Día. Noche.

Dia:noche

 

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: SHINee (Grupo Kpop)

Pairing: Jongkey (Jonghyun x Key) 

 

Hacía mucho que no escribía un Jongkey. De algún modo es como si formasen parte de mi pasado, mis inicios. Me ha dado cierta añoranza sacar estos personajes del armario (¿en ambos sentidos?) y jugar con ellos (en todos los sentidos que queráis :P). La excusa ha sido simple, un cumpleaños. Si Judit, va para ti, con retraso, porque si no no sería yo, pero espero que te guste ^^. Con mucho amor de tu… ¿Oppa? nunca me acostumbraré a que me llames así XD

 

 

 

 

Le oigo meterse en la cama y espero a que se quede dormido. Escucho las respiraciones, más seguidas al principio, mas rápidas. Suspira, se da la vuelta y exhala. Yo me quedo muy quieto en mi cama, esforzándome en hacer mis respiraciones lentas y pausadas, cadenciosas. Como si estuviera durmiendo. Intentando dormir realmente.

– ¿Jjong? – Me llama. Guardo silencio y sigo inmóvil, respirando con el mismo ritmo suave. Vuelve a suspirar y gira de nuevo, dándome la espalda.

Espero.

Se me cierran los ojos y el mundo empieza a desvanecerse a mi alrededor. El sueño me vence, pero me fuerzo a mantenerme despierto. Porque si, porque esto ya se ha convertido en una estúpida y enfermiza obsesión.

Así que sigo esperando, y cuando oigo que sus respiraciones se vuelven lentas y regulares, que ya no se mueve, que ya no puede ser consciente de nada de lo que haga, me levanto pesadamente y me arrastro hasta su cama, con infinito cuidado de no despertarle.

Me agacho a su lado, me inclino sobre él e inspiro. Me llega su olor. Su olor a colonia cara y desmaquillante, al champú de extracto de fresa y a café. Olor a Kibum, a mi bebé, que nunca será mío.

Aparto la colcha, lentamente y con cuidado, con el corazón a cien y la práctica que hace la experiencia. Me deslizo en la cama a su lado, sin llegar a tocarle, nunca, sin que se despierte. Me quedo junto a él, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo. Mi corazón se acelera y mi piel hierve de excitación. Le tengo tan cerca que casi puedo paladear su aroma, su piel suave. Rozo con mi nariz los mechones de su pelo. Y tiemblo. Reprimo un suspiro y me muevo con mucho cuidado para moldear mu cuerpo al suyo. Medio centímetro entre nosotros, entre cada milímetro de nuestra piel. Tan cerca y tan lejos.

Esto es enfermizo. Demasiado. ¿Que me has hecho Kibum? Que me ha convertido en un obseso, que estoy ahora respirando de su pelo, bebiendo del calor que desprende mientras duerme, mientras no puede saber que le adoro y le amo. A oscuras, cada noche, cada absurda y desquiciante noche en que me cuelo en su cama a escondidas y siento en mi cuerpo su calor, e imagino por unos segundos que me quiere, que cuando se gira en la cama y me abraza, cuando se mueve y salva ese eterno medio centímetro que siempre dejo entre nuestros cuerpos, cuando se da la vuelta y respira sobre mis labios no está dormido. Quiero creerlo, de algún modo. Como si fuese posible. Como si pudiese tenerle duranle el día como le tengo durante la noche. Como si pudiera abrazarle sabiendo él que está entre mis brazos.

Siento la primera lágrima asomando en mis ojos. Parpadeo y cae lentamente por la comisura, sobre su almohada. Mañana se habrá secado, desapareciendo sin dejar ningún rastro de que ha estado allí. Exactamente igual que yo. En un arrebatador acto de osadía beso su cabello y rozo su cuello. Me estremezco al sentir su piel bajo mis dedos y siento una abrumadora necesidad de besarle, de morderle, de marcarle como mío.

Como si fuera mío.

Llorando, con su cuerpo a mi lado y su corazón tan lejos me quedo dormido.

 

Despierto antes, como siempre. Deshago el abrazo en el que inconscientemente nos hemos enredado durante el sueño, acariciando su piel en una particular despedida. Hasta la noche.

Hasta que vuelvas a ser mío.

Me levanto con cuidado, busco mis zapatillas y salgo de la habitación. Un par de minutos más tarde vibra el móvil en mi bolsillo trasero, indicándome que es hora de levantarme. Por si acaso.

Abro la persiana del comedor, sonrío y le doy los buenos días al mundo.

Desayuno y juego un rato a la play con Minho. Le dejo ganar. Más tarde en la agencia caliento mi voz y ensayo. Cantamos, bailamos, nos hablan de futuros proyectos, nos preguntan nuestra opinión como si alguien fuera a tenerla en cuenta, y luego veo como Key se va con su amigo, su novio aunque nadie pueda saberlo.

Sonrío de nuevo y doy una vuelta con los chicos por la agencia a ver si alguien quiere hacer algo esta tarde.

Cuando salimos del cine llueve, pero eso no impide que Taemin, Kai, Sehun y Chanyeol salgan a la calle corriendo y gritando subnormalidades. Mientras alguien se dedica a poner orden entre los maknaes (y Chan) Amber me coge de los hombros y me pregunta si todo va bien.

– Como siempre – le respondo con una sonrisa. Salgo también bajo la lluvia. Mientras veíamos la peli Seop ha subido otra foto con Key. Por suerte nadie puede saber si lo que cae por mis mejillas es lluvia o lágrimas.

Lloro demasiado.

Key ha preparado la cena que nos aguarda servida en la mesa, deliciosa como siempre. Él está en el sofá, en brazos de su novio que se va un rato más tarde despidiéndose con un beso demasiado largo.

Por algún motivo, Taemin me abraza al pasar a mi lado y tira de mi para meterme en la cocina.

– Ayúdame a lavar los platos, anda.

Voy a replicarle que le toca a él, pero no quiero volver a salir a la sala y verles besándose. Asiento y voy enjuagando los platos que me pasa hasta que oigo la puerta cerrarse.

Me doy una ducha antes de ir a dormir. Me pongo el pijama y el móvil en el bolsillo trasero, les doy las buenas noches y me meto en mi cama. Aguardo.

– Jjong… – me llama desde su cama como cada noche. Suspira – supongo que ya duermes… – vuelve a suspirar y se da la vuelta sobre su cama, pero vuelve a incorporarse. – Seop es… me siento bien con él, pero tampoco… No quiero… Jjong… En fin, ¿que más da? – da otra vuelta algo más brusca. Y yo sigo en silencio.

Espero hasta que se duerma, me meto en su cama y dejo que me abrace en sueños, que me ame dormido cuando no sabe que estoy allí.

Despierto antes que él, desaparezco, le veo irse con la pesadilla de cada día, le veo besarle, abrazarle y sonreírle. Y no soy yo.

Vuelvo a sus brazos cada noche. En la oscuridad es mío y de nadie más. Mientras sueña me abraza y pega su cuerpo al mío, respiro de su aliento y beso su cabello y siento que me pertenece igual que él tiene mi corazón, la voluntad que perdí tanto tiempo atrás.

Pero por las mañanas vuelve a irse. Se va con su novio y me sonríe desde sus brazos. O como mínimo quiero pensar que me sonríe a mi. Durante el día es mi amigo y nada más.

Duermo a su lado, en secreto, sin que lo sepa. Incluso le oigo murmurar mi nombre dormido. Porque las noches me pertenecen. Pero obviamente no es más que un sueño, mi imaginación. Pero quiero creerlo.

Llueve y Taemin me encuentra en la terraza. La lluvia me golpea en la cara y cae por mis mejillas, sobre mis labios. Es hermoso y me relaja. Él sonríe y me abraza. Sin decir nada. Onew me coge y me vuelve dentro, me lanza una toalla sobre la cabeza y me encierra en el baño para que me seque.

Kibum ha salido de nuevo, volverá tarde. Y por más que intento esperarle despierto me puede el cansancio y se me cierran los ojos antes de que llegue. Tengo pesadillas sin él a mi lado, porque ya no puedo dormir si no le siento entre mis brazos. ¿Me echará también de menos aunque no lo sepa?

Despierto en mi cama y se siente extraño. Más aún porque está a mi lado. Su brazo cruza mi pecho, sus piernas se enlazan con las mías y su rostro está tan cerca que le siento respirar sobre mis labios. Igual que cada mañana, solo que no soy yo quien le he buscado.

Con el corazón desbocado espero, observándole. ¿Por qué está aquí?

Despierta poco a poco, y cuando abre los ojos no puedo evitar preguntar.

– ¿Te equivocaste de cama?

– No. – responde sin más.

Se incorpora, deshaciendo el abrazo, alejándote. Y veo como sale de la habitación, dejándome aquí solo, con mil dudas y ninguna respuesta.

Le observo durante todo el día, mientras le tengo cerca. Le observo incluso cuando Seop viene al apartamento y se la pasan pegados, jugando con los perritos a vestirles y hacerles fotos, como si fuesen muñecas. Le observo mientras le besa, mientras sonríe y es feliz a su lado, y me pregunto por qué estaba en mi cama esta noche, por qué me buscaría él a mi.

Vuelve a ser de noche, me tumbo a mi cama a esperar y oigo como se desnuda, se pone el pijama y se mete en la suya.

– Jjong. – finjo estar dormido, como siempre. – No hace falta que esperes a que me duerma.

Abro los ojos como platos.

Si, es obvio que lo sabe. No, no me sorprende. Sabía que podía pasar, pero también sabía que cuando lo descubriera necesitaría excusas y milagros para justificarme.

Pero me espera, de espaldas a mi siento que me llama a que vaya y le abrace. Lo ha hecho al fin y al cabo.

Me trago mis excusas, mis nervios y mi corazón desbocado y me meto en su cama con cuidado. Sé que ahora puede oírme, pero eso no quita la costumbre de deslizarme entre sus sábanas con sigilo. Me amoldo a su cuerpo, sin tocarle pero sintiendo su calor. Se mueve y se cuela entre mis brazos, pega su cuerpo al mío, mi nariz entre su pelo y sus manos envolviendo las mías, enlazando nuestros dedos.

– ¿Por qué? – no puedo evitar preguntarle.

– Porque no quiero perderte – responde.

Se gira y me besa, y mi corazón se detiene cuando siento sus labios sobre los míos. Respiro su aroma y bebo de él, me fundo con él, me pego a su cuerpo deseando que nunca termine este beso, deseando que nos fundamos y la mañana no pueda separarnos.

Porque la noche me pertenece. Más que nunca, pero cuando salga el sol dejará de ser mío. Me sonreirá desde los brazos de otro y será mi amigo, mientras por la noche me abraza, me besa y es uno con mi alma.

– Te amo. – Ya lo sabe, pero se lo repito en cada uno de mis besos.

Le beso, y él a mi. Una noche tras otra nuestros cuerpos se enlazan y se funden. Ya no espero a que duerma. Me espera con los brazos abiertos y yo le abro mi corazón más que nunca, un corazón que se rompe cada mañana cuando se levanta de la cama y se va, cuando deja de ser mío.

– Lo siento – murmura una noche contra mis labios. – Odio hacerte esto.

¿Quién habla? ¿Mi amigo o mi amante? ¿Se refiere a los besos o a las distancias?

Sea lo que sea sigue haciéndolo, sigue siendo mío cada noche y levantándose cada mañana para ser de otro.

– Lo arreglaré – me promete Kibum en la agencia cuando nos quedamos solos. – Terminarás siendo tu, siempre. Siempre has sido tu. Solo necesito… tiempo… Deshacerme de esto.

¿Esto? ¿A que se refiere con “esto”? ¿Al flamante novio que viene a buscarle cada tarde? Al que le sonríe, al que deja que le bese a la luz del día, a quien le pertenece desde que sale el sol hasta que vuelve a hacerse uno conmigo por las noches.

Y no sé si es mi imaginación, mi deseo de que me pertenezca siempre y no solo cuando reina la oscuridad, pero cada mañana parece alargarse más, cada noche empieza antes, cada día parece buscarme más. Cada vez que me sonríe veo más luz en sus ojos, una luz que veo apagarse cuando le mira a él. Y por más que no quiero hacerme falsas esperanzas y que rompa mi corazón otra vez parece ser que la noche está ganando sobre el día.

Hasta el punto de que él deja de existir. Hyeongseop deja de venir al apartamento, deja de ir a buscarle, desaparece. Y Kibum, el Kibum del día que nunca ha sido mío se me acerca un mediodía. Entra luz por las ventanas cuando se sienta a mi lado en el sofá, me abraza, me besa y murmuras contra mis labios.

– Te amo.

 

 

 

 

Ámame Profe. 33: Para siempre y hasta nunca.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Enero pasó entre exámenes, cualificaciones y peleas en la nieve. Un ligue de Tao y una novieta que Hyuk se trajo del pueblo, citas tomando chocolate caliente mirando la nieve para JR, abrazos cálidos y largas horas leyendo para Minki, lágrimas y besos para Minhyun.

Y de repente era febrero.

Aron llevaba unos días de vacaciones, de modo que ya había recogido todo y mandado algunas cosas, se había despedido de sus compañeros de universidad e incluso había ido al colegio a despedirse de los chicos que habían sido sus alumnos y de los profesores que habían sido sus compañeros.

Y había reservado esa última tarde para Minhyun, igual que tantas otras antes.

Aron se marchaba al día siguiente, por la tarde, pero Minhyun había decidido que no iría a despedirle al aeropuerto. No quería que le viese llorar. Otra vez. Por eso se prometió que no lloraría esa tarde tampoco.

“Últimamente parezco una embarazada o algo, tantas hormonas…”

Así que había intentado acallar las hormonas con más hormonas y Aron y él llevaban horas besándose y abrazándose desnudos. Era lo único que podía soportar. Si sacaba la guitarra y le seguía enseñando acordes como había estado haciendo esas vacaciones se pondría a llorar. Si charlaban aunque fuese de cualquier cosa trivial terminarían llegando al “cuando no esté” “cuando te hayas ido” “cuando ya no estemos juntos” y lloraría. Mientras le besaba no lloraba, así que bienvenidos fueran los besos, las caricias y los abrazos apasionados, bienvenidos fueran esas muecas silenciosas de placer, esas embestidas bruscas.

– Min… – tubo que pararle Aron al fin. – Estoy exhausto…

– No. – se negó, aún besándole, buscándole. – Más.

– Min… – le apartó, riéndose. – Vamos.

– No.

Volvió a reírse.

“Niño testarudo…”

– Ni siquiera me quedan condones ya.

– Pídeselos a Kris.

– JA. – “no le debo suficientes ya”. Rodó sobre la cama para quedar a su lado y abrazarle. – ¿Querrás que te mande un mensaje cuando llegue?

– No.

Aron le miró, sorprendido, preguntándole con los ojos el porque de un No tan rotundo.

– ¿Quieres que te responda yo cada día diciéndote que me quiero cortar las venas porque no estás aquí? – Tenía lágrimas en los ojos y Aron sintió como se le clavaba cada palabra, y a la vez no pudo evitar sonreír. Murmuró su nombre mientras le acariciaba los pómulos y este suspiró y se dejó caer sobre la cama, bocabajo. – Lo siento, me estoy comportando como un crío.

– Un poco – sonrió y se dejó caer sobre él, haciéndole cosquillas. – Vamos, sonríe. – le pidió tirándole de las mejillas. – Mira, tengo algo para ti.

– ¿Eh?

Se levantó de la cama, desnudo, yendo a buscar algo al lado del escritorio. “Disfruta tus últimas vistas al paraíso” pensó Minhyun mirándole.

Cuando Aron regresó traía la guitarra con él.

Dime que no me has compuesto una canción. – le advirtió mirándole muy serio. Aron sonrió.

No tengo tantas ganas de verte llorar, tranquilo.

Min desvió la mirada, haciendo morritos, pero volvió a fijarse en Aron, como se sentaba sobre la cama de piernas cruzadas, la guitarra entre ellas, dispuesto a tocar. Desnudo. “Jo, que sexy…”

– Creo que acabo de desarrollar un fetiche o algo… – murmuró entre dientes. Aron se rió al oírle y entrecerró los ojos al mirarle, con una exagerada pose de modelo. Consiguió hacerle reír y se sintió feliz. “Con lo guapo que está cuando sonríe…”

Bueno, toma – le dijo Aron al fin tendiéndole la guitarra – Mi regalo de despedida.

Minhyun le miraba, son comprender.

¿Que? – insistió, acercándole más la guitarra. – ¿¡Tu guitarra!? – exclamó sorprendido. Aron asintió, con una sonrisa, y Minhyun la cogió con suma delicadeza, como si se fuera a romperse. – Pero… pero… es… no puedes darme esto… es mucho…

Se encogió de hombros, con una sonrisa.

Quiero que la tengas.

Pero… es tuya, – seguía negándose asombrado – ¡es tu guitarra! Vas con ella a todas partes y… es…

No es para tanto – le quitó importancia con un ademán – tengo otra en casa – puntualizó. – Más buena. No la traje para que no le pasara nada así que realmente tampoco necesito esta. Y además ya he empacado y mandado las cajas y esto no me dejarán subirlo al avión así que…

Minhyun tuvo que aceptar eso y callarse, con un simple “oh”.

¿Estás seguro? – preguntó aún por última vez. Aron asintió, decidido y terminó de convencerle. – Gracias – murmuró abrazando la guitarra contra su pecho. Luego le miró, disculpándose – Yo… yo no tengo nada para ti…

“No necesitas darme nada” iba a decir, pero sabía que con eso no le convencería.

– Regálame una sonrisa entonces. – le dijo acariciándole el mentón. – prométeme que no te obsesionaras con esto, con nosotros, que seguirás a delante, que encontrarás otro novio. Aunque no sea ni la mitad de bueno que yo – añadió en broma con un suspiro de resignación. Minhyun se rió y Aron siguió hablando. – Lo único que quiero es que seas feliz.

 

Se fue tarde, muy tarde, cuando ya ninguna excusa valía para arañar cinco minutos más de tiempo. Le acompañó hasta la puerta, luego hasta la calle, y finalmente salió para ir con él hasta su casa. Se besaron, muy largo, sin que ninguno de los dos se atreviera a romper ese beso. Un beso que supo amargo pero también a muchas promesas.

Cuando finalmente se separaron no le dijo adiós, era una palabra demasiado dura para pronunciarla. Subió corriendo las escaleras y se encerró en casa, sintiendo en los ojos las lágrimas que se había prometido no derramar frente a él. Se abrazó a la guitarra que ahora era suya y se levantó para verle irse desde la ventana.

“Hasta siempre”

 

Hubiese sido una mentira muy descarada decir que no se había pasado la noche llorando. “Va Min, que no hay para tanto” se decía. “Se acabó, ahora es tu ex novio, puedes vivir con ello”.

No se parecía en nada a cuando había cortado con Minho. “¿Y que esperabas?” Eso le sonaba a algo demasiado lejano ya. Lejano y sin importancia. Aron era reciente, Aron era… Aron.

– Ay cariño – Murmuró Tao al verle por la mañana con los ojos enrojecidos que le delataban. Le abrazó y casi le arrastró hasta el colegio colgado de su brazo.

– ¿Ya se ha ido? – le preguntó Hyuk con toda la delicadeza que fue capaz, que no fue mucha. Pero le abrazó, igual que JR, que le cogió en sus brazos en silencio y estuvo todo el día a su lado, intentando hacerle sonreír. Hasta Minki fue a abrazarle, un momento que pudo escaparse a la hora del recreo. Le besó el la mejilla y le dijo que le quería, y que el mundo era injusto y que tenía que sonreír.

– Aún no se ha ido ¿verdad? – le preguntó JR mientras estaban en clase.

Minhyun asintió, ausente. Había un profesor hablando y alumnos tomando apuntes. O haciendo dibujitos en la libreta, a saber. Min ni siquiera hubiese podido decir que asignatura era.

– ¿Cuando sale su vuelo? – insistió su amigo.

– Tarde. A las seis y algo, las siete.

– ¿Por qué no vas a despedirle?

Negó con la cabeza, como si le molestase la idea.

– Me pondré a llorar otra vez y será ridículo. – le explicó. – Y ya no quiero que me vea llorar. – Miró a la pizarra y copió alguna palabra del esquema que había dibujado el profesor. – Me regaló su guitarra – añadió con una sonrisa. JR sonrió también.

– Creo que deberías ir. – le dijo – sería bonito ¿no crees?

Volvió a negarse, pero cuanto sonó el timbre que indicaba el final de las clases le cogió el brazo y le miró fijamente, decidido.

– Quiero ir. – casi le suplicó. JR sonrió, y ambos salieron corriendo para el edificio de primaria a buscar a Baekho.

– ¡Hyung! ¡Hyung! – le llamaba JR entrando en su clase. – necesitamos que nos lleves en coche al aeropuerto.

Les costó poco convencerle, aún menos cuando Minki llegó corriendo diciendo que quería ir también.

 

Llegaron al aeropuerto apenas una horas antes de que saliera su vuelo, Rezando para que no hubiese pasado aún los controles.

– Jo, esto es enorme. – se quejaba Minki – ¿Cómo se supone que le encontraremos?

– ¿Y si ya ha entrado? – Minhyun se mordía las uñas, nervioso.

“Quiero verle” pensaba “Aunque sea por última vez…” Callaba e intentaba no llorar porque se sentía demasiado dramático, pero le dolía. Le quería tanto que le dolía en el corazón pensar que no volvería a verle.

– Vuelve a probar de llamarle – le insistió su amigo. Asintió, y sacó el móvil para marcar.

Lo había intentado un par de veces mientras aún estaban en el coche, pero salía que estaba apagado. Y seguía apagado. “¿Será que ya ha pasado los controles y no tiene cobertura?” Colgó y volvió a intentarlo.

No podía irse. Tenía que verle, tenía que encontrarle para pedirle que volviera, que le escribiera cuando llegara a casa, que le esperase.

Corría buscándole, con los otros tres pisándole los talones.

Necesitaba encontrarle, verle. Que le besara por última vez, que le abrazase y le dijese que le quería. Por última vez.

Su teléfono seguía apagado. Resistió la tentación de estrellar su propio móvil contra el suelo y volvió a llamar.

– ¡Aron! – le gritó al aparato – ¡No puedes haberte ido! ¿Me oyes? ¡NO PUEDES!

– ¡Min!

Se detuvo de repente, mirando al móvil desconfiado. No, no le había hablado a través del teléfono. Estaba allí, arrastrando su maleta abriéndose paso entre la gente para llegar hasta él.

– No me he ido aún. – Le dijo le dijo al llegar a su lado. Sonrió, y Min saltó a sus brazos, asfixiándole en un abrazo que necesitaba tanto como él.

Minki, JR y Baekho se detuvieron tras ellos, se miraron y sonrieron, y se apartaron para dejarles espacio.

– Que bonito – dijo Minki.

– Min se pasará un par de meses rallando, sino más. – JR se quejaba, pero aunque el tono de su voz era de fastidio estaba sonriendo.

Baek sonrió también, llevándose a los chicos para sentarse en unos bancos ahí cerca.

– No entiendo porque es todo tan trágico. – soltó Minki mientras se dejaba caer sobre el banco. – Tampoco es como si no pudieran volver a verse. Si de verdad se quieren tanto Aron volverá, o Minhyun puede irse a Los Ángeles con él.

– Bueno, – se rió Baekho – yo me fui diez días y tu montaste un drama.

“¿Porque se pone al mismo nivel?” Pensó JR mientras Minki le sacaba la lengua y le explicaba porque la situación era muy diferente “¿Es que ya son novios?”

Suspiró y volvió la mirada hacia la pareja, que seguían abrazados, sin intención de separarse por lo visto.

– Pensé que ya te habías ido… – murmuró Minhyun junto a su oído.

No podía – le respondió Aron estrechando el abrazo y enredando los dedos en su cabello, aspirando su aroma. – Te esperaba.

Minhyun no respondió. Apretó los labios y se aferró aún más a él si es que era posible. Se negaba a creer que era la última vez que le abrazaba. No era posible. Aron era demasiado perfecto, encajaba demasiado bien en su vida como para desaparecer de ella.

No hacía tanto tiempo que le había conocido, y apenas tres meses des de que habían empezado a salir. Ni llegaba. Y aún así ya le parecían imprescindibles las tardes en su casa, volver con él del instituto, tumbarse en su cama a escuchar como tocaba la guitarra, que le enseñase, a tocar y tantas cosas más. Le parecían imprescindibles sus sonrisas, sus besos, sus caricias, el sexo. No podía imaginar como iba a vivir sin todo eso, sin Aron.

“El mundo es cruel…” Pensó enterrando la cabeza contra su hombro.

No quería separarse, no quería dejarle ir. Quería pasar las tardes a su lado, las mañanas, las noches. Quería dormirse en la misma cama que él después de hacer el amor, despertarse a la mañana siguiente y que sus ojos fueran lo primero que viera. Quería celebrar sus aniversarios a medida que fueran llegando. Y cumplir un año, dos, tres y muchos más. Quería terminar ese año a su lado al igual que lo habían empezado juntos, sellar con un beso miles de promesas de que se amaban y seguirían amándose. Quería descubrir si sería más alto que él cuando terminase de pegar el estirón, quería que le atase la corbata para su graduación, quería que ese candado que habían puesto juntos significase algo más que un recuerdo.

Quería tantas cosas…

No quiero que te vayas – susurró contra su hombro. Aron no respondió, pero sintió como sus brazos le apretaban. Sabía que él tampoco quería irse y se tragó las palabras.

Al final Aron se apartó, suspirando.

Tengo que irme. – le dijo. Y Min no supo si se refería a volver a América o a ir a coger el avión. No quería averiguarlo, volvió a pegarse a él y le besó perdiéndose entre sus labios.

– Escríbeme cuando llegues – le dijo cuando al fin se separaron.

Aron sonrió, encantado.

Cada día – le respondió respondido con voz dulce – cuando me levante y cuando me vaya a dormir. Te mandaré tantos mensajes que vas a hartarte de mi. – le prometió – Para que no me olvides.

“Nunca” Pensó mientras le besaba otra vez.

Cuando volvió a separarse fue porque ya anunciaban su vuelo y salió corriendo a pasar el control, tan justo que JR temió que lo perdiera mientras a su lado Minhyun deseaba que fuera así. Pero vieron despegar el avión y supieron que Aron iba en él.

JR le abrazó mientras una lágrima silenciosa caía por su mejilla. No había llorado hasta entonces, pero ahora que él ya no estaba ¿Para que reprimir más las lágrimas?

– Volverás a verle – le prometió JR.

Asintió, convencido de que sería así. No podía pensar en otra cosa.

“Ahorraré e iré a verle a Los Ángeles”. Se propuso. Y estaba determinado. Sabía que era un viaje largo y que tendría que hacer solo, que a sus padres les parecería una locura y que tendría que trabajar mucho para ahorrar tanto dinero. Pero no podía simplemente rendirse. No podía.

Dicen que el amor mueve montañas. Minhyun esperaba que fuese cierto, porque él necesitaba juntar dos continentes.

 

Si Minhyun volvió a llorar no fue en presencia de sus amigos. Encontró trabajo a la semana, en el puesto de palomitas y golosinas del cine, y se pasaba las tardes allí. Consiguió convencer a sus padres de que si ganaba él mismo el dinero le dejarían irse un par de semanas ese verano. O el siguiente. “En cuanto consiga el dinero”.

Se mandaba mensajes con Aron, un montón, aunque no coincidían casi nunca a no ser que Aron madrugase mucho y se conectase antes de ir a la uni, justo antes de que Minhyun se fuera a dormir. Eran ritmos diferentes, pero no eran tan difíciles de acompasar si se lo proponían.

– Pues me alegra verle tan animado – comentaba Hyuk después de que le acompañasen hasta el trabajo. – Pensaba que se derrumbaría y lloraría todo el día.

– Si, yo también – se rió Tao. – Me lo imaginaba a lo princesa llorona “mundo cruel, porque la vida es tan injusta”.

– Ja, pues menos mal que no.

JR no estaba tan convencido de que estuviese bien. Era cierto que nunca le había visto tan activo, pero estaba claro que no estaba tan feliz como se mostraba. De todos modos prefería ver como intentaba animarse a que se derrumbara “a lo princesita llorona” como había dicho Tao.

Había cogido la costumbre de ir a su casa los sábados por la mañana, para ayudarle a estudiar ahora que tenía menos tiempo y para verle. Le recibía somnoliento aún y con el pijama, desayunaban juntos y luego se iban a su cuarto a estudiar, o a charlar y contarse sus vidas o cualquier tontería.

Veía la guitarra de Aron siempre ahí sobre su cama, perfectamente cuidada. A veces cuando simplemente se tumbaban a charlar Min se abrazaba al instrumento, acariciando la madera con las yemas de los dedos. Como si no fuese la guitarra sino su propietario que estuviese entre sus brazos. Sabía que lo hacía inconscientemente, pero fue la primera señal que tuvo JR de que toda esa energía no era más que un muro.

Un muro que tardó sus buenos dos meses en caerse.

Encontró otro trabajo, justo antes de sus exámenes finales en primavera, un trabajo en una panadería que le ocupaba las mañanas de los fines de semana, las horas justas que le dejaba libre su otro trabajo en el cine.

– Deberías dejarlo. – le decía – Seguro que ni siquiera es legal que trabajes tantas horas. Y si es legal no me importa. Tienes que estudiar. Y dormir.

Obviamente no le hizo caso. Enfermó a la semana, ganándose broncas de sus padres, de sus amigos e incluso de Aron, que no dejaba de repetirle que se relajase, que no debía esforzarse tanto, que se cuidase un poco.

Dejó ambos trabajos aunque acordó volver a trabajar en el cine una vez terminase exámenes.

– Pagan bien – se justificó cuando JR fue a verle a casa.

– ¿Y de que va a servirte el dinero si te mueres?

– No voy a morirme de un catarro – se quejó con la voz débil por la fiebre.

JR suspiró y se sentó en la cama a su lado, acariciándole la frente. Estaba hirviendo, pero había estado peor el día anterior, cuando se había desmayado en clase.

-Descansa ¿vale? – le pidió preocupado – y cuídate un poco. No le haces un favor a nadie enfermándote así.

Minhyun se dio la vuelta y se tapó con la colcha, sintiéndose culpable.

– Min… – le llamó JR acariciándole el pelo, sintiendo como se encogía sobre si mismo.

– Le hecho de menos – murmuró. – necesito volver a verle… – le oyó sorber y supo que estaba llorando, se tumbó a su lado y le abrazó, con el grueso edredón entre ellos – necesito volver a abrazarle, que esté a mi lado. Y no solo unos días cuando vaya a verle, si es que llego a ir. Necesito verle, cada día, que esté a mi lado. ¿Por qué tiene que vivir tan lejos? ¿Por qué?

No tenía respuesta a su pregunta, igual que no tenía más consuelo para su pena que sus abrazos, así que le abrazó y dejó que llorase contra su hombro, que se desahogara.

– Lo siento Min – murmuró por encima de sus sollozos. – lo siento mucho.

 

Consiguieron que les hiciera un poco de caso a todos y descansara. Y se fue recuperando. Aron le llamó, al teléfono, aún gastándose una pasta en la llamada. Y Min lloró al oír su voz. Aunque eso le dio fuerzas otra vez.

Se recuperó e hizo los exámenes. Con la ayuda de JR y los demás consiguió aprobarlo todo aunque sus notas bajaron significativamente. Pero a nadie pareció importarle.

JR insistió en llevarle de fiesta después de exámenes. Para celebrar que habían terminado, para distraerse. Tao y Hyuk se unieron encantados y Gyuna fue también con sus amigas.

Estuvieron un rato juntos. Tao obligó a Min a subirse al podio mientras JR desde abajo se reía, bailando con Gyuna muy pegados, besándola de vez en cuando y apartando con malas miradas a las moscas que se le acercaban. Hyuk se lió con una de sus amigas y ambos desaparecieron.

– Eh, Gogó, ¿me dejas que te invite a una copa? – le ofreció JR a Min cuando Tao le dejó bajar del escenario. Este sonrió y asintió, y estuvieron retándose mutuamente a ver quien se terminaba antes la bebida.

– ¡Ya! – se reía Min al terminarse el tercero. – ¡te gano!

– Puta esponja… – se quejó JR riéndose.

Se reían aunque ya no sabían de que. Le abrazó y se lo llevó a bailar, muy pegados. Le miró a los ojos y le besó, rápido y corto, como hacía a menudo, pero los labios de Minhyun se pegaron a los suyos, le atraparon y le envolvieron. Le abrazaba y le besaba con ganas, casi con furia.

Le cogía por la nuca, enredando los dedos entre su pelo y apretaba sus labios contra los suyos, rozando su lengua, mordiéndole y absorbiéndole, bebiendo de él.

Le costó apartarle.

– No Min. – le dijo muy serio. – No quiero.

Aunque segundos antes estaba riendo ahora tenía los ojos aguados y una mirada suplicante. Se mordía los labios y una lágrima caía silenciosa por su mejilla. Volvió a abrazarle.

– No soy Aron – le decía. – lo siento, pero no soy tu novio, soy tu amigo, y no quiero que pase nada entre nosotros.

Le oía llorar y le abrazaba, meciéndole lentamente ajenos a la música rítmica y eléctrica que sonaba en la sala. Al final le sacó y esperaron fuera a los demás.

Se sentaron en un banco junto a la entrada. Minhyun aun lloraba y JR le abrazaba, meciéndole con cariño. Aún sentía en sus labios como le había mordido al besarle. Sentía también el alcohol en su lengua y el cansancio que empezaba a subirle desde las piernas y le cerraba los parpados. Min se quedó dormido al poco rato.

Tao salió el primero y fue porque el portero le echó de una patada.

– ¡No sabes lo que te pierdes hijodeputa! – le gritó antes de darse cuenta de que los otros dos ya estaban allí. – no pienso volver a una disco hetero en mi vida. – anunció sentándose a su lado. – Que diga lo que quiera, pero con el frío que hace y va en tirantes. ¡Y con esos brazos! Es que no está pidiendo, vamos.

JR sonrió, sabiendo que era inútil decirle que probablemente quien fuera ese sujeto de quien hablaba “se lo pedía” a una chica.

– ¿Está bien? – le preguntó Tao señalando a Min.

– Se ha puesto a llorar – admitió con gesto culpable. – pero creo que ha sido más por el alcohol que otra cosa. Ahora se ha dormido.

– Oh. ¿Entonces no ha pasado nada?

– ¿Eh?

– Gyuna me ha preguntado si te había visto, pero no le he dicho nada. – siguió Tao. – os he visto besándoos.

“Mierda. ¿Y si lo ha visto Gyuna? O alguna de sus amigas…” No era como si significase algo, pero podía malinterpretarse.

– No ha sido nada. – le quitó importancia JR. – ya sabes que a veces nos besamos.

– Si, bueno, pero hay besos y besos.

“Cierto” pensó. No dijo nada más, porque realmente no había más a decir.

Esperaron un rato más, en silencio. Tao le lanzó un beso a un chico que pasaba que se fue con cara de espanto. Ambos se rieron y Minhyun seguía dormido.

– ¿Crees que Hyuk seguirá por aquí o se habrá llevado a Hyosung a casa?

– Pff – se rió Tao – o eso o se ha ido a casa de ella, ni idea.

– Me parece increíble que siga habiendo chicas que se lían con Hyuk con la fama que tiene.

– Tal vez es precisamente por la fama.

– Pero si le odian todas por ser un rompecorazones. Y más después de lo de Joohyun, que cuando se enteró que se había liado con su hermana se armó una…

– Jajaja, cierto. Pero en parte lo entiendo. Me le he liado con tíos peores.

– Lo sé.

– Tiene cierto morbo. – siguió Tao. – Y a la vez no dejas de pensar si serás tu quien conseguirás hacerle cambiar. – Echó un vistazo al móvil para consultar la hora y se estiró sobre el banco – Deberías haberlo aprovechado – siguió Tao. JR le miró sin comprender. – El beso. – explicó. – Ahora que no está Aron es tu oportunidad.

– Tao… – se quejó JR – No voy a liarme con Minhyun y menos voy a ser un sustituto para Aron.

Puso cara de resignación y se encogió de hombros.

– Pues es una lástima, hubieseis sido una pareja muy bonita.

– Lo sé – admitió. – Pero no va a pasar.

Tao le miró, sorprendido.

– ¿Lo sabes?

– Claro que si. – respondió sin más. – sé que hubiese podido pasar, pero ya da igual, porque después de lo de Aron nadie va a estar a su nivel. Y bueno, tengo novia yo.

– Si, bueno.

– ¿Que? – le miró indignado de que se hubiese reído.

– Que no le haces puto caso.

– Claro que le hago caso.

– Si, pero pasas más tiempo con nosotros que con ella.

– Porque los amigos son más importantes.

– No, Min es más importante. Porque estás coladito por él.

– No sigas. – le advirtió. Tao se encogió de hombros, sin más, pero JR sintió la necesidad de justificarse. – Gyuna es guapísima, e inteligente. Es divertida y amable. Y la quiero. Y no quiero que la compares con Min, son cosas muy diferentes.

– Que si, que si.

No dijo nada más. JR tampoco.

Cuando hubo salido todo el grupo, excepto Hyuk y su chica de esa noche a quien nadie se molestó en buscar. JR despertó a Min y dejó que Tao se ocupase de él para irse con Gyuna, pasarle el brazo por los hombros y besarla.

– ¿Te lo has pasado bien?

– Si – sonrió ella. – ¿Y tu? Casi no te he visto.

– Hemos salido antes – le explicó sin más. – Min no se encontraba muy bien.

– Pobre – se lamentó ella. – es porque le dejó su novio o algo así ¿no?

– Si. – obviamente no podía saber nada sobre Aron.

– Pobrecito – repitió. – que suerte tiene de tener a un amigo como tu que le cuide. – le dijo sonriéndole con una mirada cariñosa.

Sonrió y volvió a besarla.

“Si, que suerte tiene” pensó irónico.

 

– No te esfuerces demasiado ¿eh? – le dijo la señora Bae, la dueña de la tienda de palomitas el día que volvió a trabajar allí. Min le sonrió.

– Ya estoy completamente recuperado, tranquila.

No tenían casi nada que hacer mientras daban las películas, una vez ya habían entrado los de una sesión y antes de que llegaran los primeros para la siguiente, así que le estuvo preguntando como le habían ido los exámenes y demás.

– Cuando empiece el curso no te necesitaré tantas tardes – le dijo – trabajarás solo jueves, viernes y sábado, que son las noches que hay más trabajo.

– Pero puedo venir todas. – insistió enseguida. Ella sonrió, con esa sonrisa amable suya que le decía a Minhyun que no había nada a que discutir.

– Trabajas mucho – no sabía si se lo decía con reproche o admiración. – ¿Para que necesitas tanto dinero?

– Me quiero ir a Los Angeles este verano.

– ¡Oh! – exclamó la mujer – ¿y que se te ha perdido tan lejos?

“Un novio” pensó Minhyun.

– Es que mi grupo favorito es de allí, quiero ir a un concierto. – la mentira le sonó tan convincente que de repente tenía ganas de ir. “Cuando esté allí aprovecharemos para ir a un concierto de Up”. – Además, tengo un amigo allí que me deja quedarme en su casa, así que solo necesito dinero para el billete de avión.

– Y para la entrada del concierto ¿no?

“Mierda, pues no hay concierto”.

Enseguida volvieron a tener clientes.

– ¡Hyung! – le llamó Minki acercándose al mostrador. Baekho iba detrás, con algunas bolsas.

– Hola peque. – le saludó – ¿Habéis ido a comprar?

– Si – asintió orgulloso – ya tengo traje para la boda. Y Baek me ha comprado un jersey y unos pantalones muy chulos también.

– No me ha dado opción – admitió el adulto – pon-nos dos pequeñas porfavor. – asintió y se giró para cumplir el encargo.

– Cogemos una grande y compartimos – le pidió Minki.

– No – se negó – que te las comes todas tu.

Le puso ojitos y no solo consiguió salirse con la suya sino que además hizo reír a Minhyun.

– ¿Cómo estás? – le preguntó Baek mientras les servía – JR dijo que habías estado enfermo.

– Ah, no fue nada, un resfriado.

– ¿Y con lo de Aron?

– Mejor – sonrió. Parecía sincero. – Nos escribimos mensajes constantemente.

– Eso está bien.

– Minhyun es muy fuerte – comentó Minki cogiendo el enorme cartón de palomitas. – ¿Me das una cocacola?

– Si que lo es. – admitió Baekho – y ponle agua. – añadió dirigiéndose a Minhyun. Minki le miró quejándose, pero esta vez no dio su brazo a torcer. – Luego no dormirás y te vas a pasar la noche dándome patadas.

Minki le sacó la lengua en respuesta y Baekho le devolvió el gesto.

– Disfrutad de la película – les dijo devolviéndoles el cambio.

– Gracias.

– A ver si no destrozan mucho el libro esta vez. – se quejó el pequeño. – en la primera se lo cargaron, no se ni como lo van a arreglar.

– Ya veremos, – le respondió el mayor – igual nos sorprende.

– Eso espero. – cogió un puñado de palomitas y empezó a comérselas ignorando a Baekho que le decía que se esperase a estar dentro. – Adiós Min ¡fighting!

Les despidió con una sonrisa. No sabía si le parecían más novios o padre e hijo. Eran curiosos.

Volvió a centrarse en el trabajo. Había momentos en que le faltaban manos y momentos en que no sabía que hacer con las dos que tenía.

Llegó a casa tarde, como todas las noches. Cenó lo que su madre le había dejado preparado y se fue a su cuarto. Encendió el ordenador antes de irse a dormir y se encontró con que Aron había madrugado y estaba conectado esperándole.

“Hello sweety” le decía.

“Buenos días” le respondió sonriendo. “¿Has dormido bien?”

“He dormido solo” escribió “pero he soñado contigo”

 

 

Me he retrasado al publicar (como habréis visto, ahora estaba intentando publicar cada jueves) porque estoy de finales, y de hecho no creo que la semana que viene pueda publicar. Imposible, vamos. ¡Espero no retrasarme mucho! 

Por otro lado… puesto que hay un salto temporal pronto (para que Minki crezca rapidito y se convierta en ese Ren tan sexy que todos conocemos) haré una pausa y dejaré de publicar por un tiempo. No mucho, lo prometo, pero necesito un descanso para escribir otras cosas que tengo en mente y retomar esta con mas ganas luego. 

Y nada mas, gracias a todos los que me leéis y me vais siguiendo ^^

Ámame Profe. 32: Juntos, separados.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

Se despertó tarde. Miró el reloj y se dio la vuelta sobre la cama, planteándose si pasar otro día remoloneando en la cama o pasarlo en el sofá. Quedaba muy mal decirlo, pero a JR no le gustaban las vacaciones.

“No es que no me gusten… es que son aburridas…”

Hyuk se había ido al pueblo con sus abuelos y Minhyun no parecía tener un segundo libre, absorto en la perfección de su novio y todo eso. Estaba Gyuna, si, claro, pero no podía pasar todos los días con ella. Tampoco lo encontraba necesario.

Había probado de salir un día solo con Tao, pero realmente no era lo suyo pasarse la tarde de un probador a otro haciéndose fotos con los últimos modelos de diseñadores caros que no se podía pagar.

“¿Que puñetas hace la gente en vacaciones?”

Se decidió a levantarse y bajó a la cocina a buscar algo de desayuno. Minki estaba sentado en la mesa con mamá y Yixing, dándoles ideas sobre que platos debían servir en el banquete nupcial. Últimamente no se hablaba de nada más, y eso que aún faltaban meses para la boda.

– Buenos días dormilón. – le saludó Yixing. – Se nos pegan las sábanas ¿eh?

– Ñeh… – le respondió con algo parecido a una sonrisa y, aún adormilado, se sentó en la mesa a desayunar con ellos.

– Hyun-ah, – le llamó Minki con voz animada – ¿tu ya tienes traje para la boda? ¿me acompañarás a buscar el mío?

“Pídeselo a Tao” pensó “le harás feliz”. Asintió sin muchas ganas. Su hermano siguió hablando con mamá y Yixing y él pudo desayunar en paz.

Pero mientras desayunaba y se iba despertando se fijó en Minki. No es que hubiese estado triste los días anteriores, pero parecía más feliz. Exultantemente feliz.

– Te veo animado. – le dijo. El pequeño sonrió en respuesta y cogió otra galleta.

– Para Minki, que ya has comido un montón – le regañó su madre. Luego se giró hacia el mayor de sus hijos. – yo no sé ni como está despierto. Ayer se quedó hablando con Baekho hasta las tantas. Se quedó dormido al teléfono. Y mira que te avisé que no lo hicieras. – añadió dirigiéndose de nuevo al pequeño. Este le sacó la lengua en respuesta.

“Baekho. ¿Como no?”

Él también se había ido a dormir tarde. Se había quedado conectado al chat. Por la noche se conectaban todos y era el único momento del día en que hacía algo.

“Aron me ha pedido una cita” Les había dicho Minhyun orgulloso y feliz. Se había reído, diciéndole que vaya horas de tener su primera cita, pero él estaba tan feliz que se le terminó pegando. “Dice que no puede ser que lleve tanto tiempo aquí y no haya hecho algo de turismo por la capital, así que iremos a ver monumentos importantes y tal”.

“Planazo” respondió Sanghyuk. Le ignoraron mientras Tao y JR le preguntaban que irían a ver o que harían.

“Pues no le encuentro la gracia a eso de tener una cita así ahora” siguió Hyuk “habéis follado y todo. Eso se hace antes.”

“Que romántico eres Hyuk” se burlaba Zitao. “Creo que empiezo a entender porque tus novias te dejan”

“Cállate Tao”

Se estuvieron metiendo con Hyuk hasta las tantas, y hablando de los planes para Minhyun del día siguiente, y de cualquier cosa en realidad.

“Como está Minki” Le preguntó Minhyun siendo ya tarde. Todos le habían pillado cariño a su hermanito, Min el que más, y su “pelea” con Baekho no había pasado desapercibida a nadie.

“No se, no es como si me contara nada. Parece que esté bien pero… no se.”

“¿No está bien? Parecía que ya se le había pasado ¿no?”

Si, lo parecía, pero en el fondo JR sabía que no, y estaba preocupado. Por eso verle sonriendo, sonriendo de verdad, le había quitado de encima un peso inmenso.

Fuera lo que fuera lo que había pasado con Baekho parecía que estaba arreglado.

 

Minki si quedaba con sus amigos esos días. Se veían con Luhan y Sehun en el parque del colegio, pero lo que más le gustaba era ir a casa de Taekwoon, ya fuese con todos o él solo.

Su madre le dejó allí por la mañana y le dijo que le pasaría a buscar por la tarde. Luego se las apañaría para llamarla y convencerle para que le dejase quedarse a dormir.

– Me dijo que me echaba de menos – le presumía mientras su amigo daba toques a la pelota de futbol. – Creo que empieza a aceptarlo.

Sehun y Luhan se reían de él a veces, diciendo que todo ese tema de Baekho era una locura, pero Taekwoon solo callaba y asentía. Era su manera de apoyarle.

– ¿Crees que lo conseguirás? – le preguntó Taek tumbado en el colchón arriba en la buhardilla.

– Lo espero.

 

Cogieron el bus para volver ya de noche, más tarde de lo que esperaban. Tuvieron que correr porque era el último y no querían perderlo. Al final llegaron antes de tiempo.

Menuda carrera – se reía Aron dejándose caer en el banco de la parada. Minhyun asintió, jadeando aún. – Ha estado bien.

A decir verdad había sido un gran día. Habían pasado la mañana de un lado para otro, visitando los sitios más importantes entre una nube de guiris de todas las nacionalidades posibles. Habían comido en un pequeño puesto de fideos del centro y habían paseado por los sitios importantes. Aron había hecho fotos de todo, sobretodo de Minhyun, y él no había dejado de sonreír para él.

Habían subido a la torre cuando ya era oscuro, con la ciudad iluminada a sus pies y habían dudado delante de la reja llena de candados donde las parejas dejaban sus promesas de “juntos para siempre”.

Ninguno de los dos quería proponerlo, ninguno de los dos podía soportar no hacerlo.

No estaremos juntos para siempre – le había dicho Aron cogiendo su mano para cerrar juntos el candado en la reja junto a los demás – pero pase lo que pase con nuestras vidas no olvidaremos nunca esto.

Minhyun había asentido con lágrimas en los ojos, y lo habían sellado con un beso, sin importarles si la gente les miraba.

También habían comprado unas pulseras a conjunto. No como un “objeto de pareja”, sino como un recuerdo.

“¿De nosotros o de Seúl?” se preguntaba Minhyun ya arriba el autobús, con sus manos cogidas y la cabeza sobre su hombro.

¿Que día te vas? – le preguntó mirando a la oscuridad a través de la ventana.

El dos.

– ¿Febrero?

Asintió, en silencio, y le apretó los dedos entre los suyos.

Min. – le llamó ya cuando llegaron, caminando hacia su piso. – si quieres… Nunca me han gustado las relaciones a distancia y no lo planteamos en ningún momento, pero si quieres… tampoco sabíamos que esto sería así.

No – se negó él. Le apretó la mano, dentro del bolsillo de la chaqueta de Aron, mirándose los pies mientras caminaba. – Es como habíamos quedado desde el principio, en cuanto te vayas se acaba.

Aron le miraba, nevaba y los copos blancos se le pegaban al pelo, tenía la nariz enrojecida y los labios oscuros. Le devolvió el apretón y soltó su mano para sacar las llaves del apartamento.

No sabíamos que esto iba a ser así cuando empezó” se dijo mientras subían las escaleras. “No sabía que me enamoraría tan perdidamente cuando le besé por primera vez”. Pero ya lo había propuesto y el pequeño le había dicho que no. No iba a insistir y atarle a él. El recuerdo sería suficiente.

Minhyun no tenía muy claro porque había dicho que no. De algún modo no quería que se sintiese obligado. Quería creer que Aron estaba igual de enamorado que él, pero era mayor y probablemente no significase tanto para él. “Seguro que no llora tanto”.

Saludaron a Henry que estaba en la sala con una chica, Kris estaría durmiendo ya. Se metieron en la habitación y tendieron las chaquetas y bufandas en un par de sillas para que se secasen de la nieve que les había caído encima.

No me olvidarás ¿verdad? – le rogó Minhyun pegándose a su pecho, tendidos sobre la cama.

Eh, – se burlo Aron riéndose – eso ha sonado demasiado a despedida. Aún nos quedan días. Más de un mes.

– Un mes. – murmuró el pequeño. Se estiró y le besó en los labios, sintiéndolos tan fríos como los suyos.

¿Cómo podría olvidarte?” pensó Aron para si mientras le devolvía el beso, mientras le abrazaba y se perdía en él.

Consiguió hacerle reír a base de caricias, de besos y de rozar su nariz fría con la suya. Y se besaban.

Ya no hace frío ¿eh? – le dijo Aron sonriéndole.

Para nada. – respondió Min sonriendo también, mirándole con deseo. – Va, que te dejaré estar arriba.

Le sonrió con orgullo mientras Aron abría la boca para quejarse, pero terminó riendo y besándole.

Pequeño demonio

 

Baekho recibió el año nuevo junto al mar, como hacía años que no hacia. Se levantó temprano, antes de que saliera el sol y se encontró con Jongsuk para ir hacia allí, para ver salir el sol sobre el agua.

Era un día cálido, para estar en lo más crudo del invierno, y en cuanto el sol empezó a calentar la arena ambos se descalzaron y corrieron por la orilla sobre las olas.

Jongsuk saltó sobre él, le abrazó y le besó, con esa mirada suya tan seductora. Baekho le miraba asombrado como se quitaba la ropa y saltaba al agua, desnudo entre la espuma del mar.

– Cogerás una pulmonía. – le advirtió. Él se rió.

– Valdrá la pena. – le dijo sonriendo, – Aaaah, esto es tan genial…

Le convenció para meterse con él, y aunque el agua estaba helada una vez estuvo dentro y empezó a nadar estuvo de acuerdo en que la sensación era genial. El frío le despertó, le hizo sentirse vivo, respiraba el aire helado y sentía el sol con más intensidad.

“Ojalá los niños estuviesen aquí” pensó mientras hundía la cabeza en el agua. Le hubiese encantado compartir esa sensación con Sunyoung y los chicos. Luego recordó que estaba desnudo y decidió que era mejor que no estuviesen.

Jongsuk le abrazaba bajo el agua. Sentía su cuerpo caliente en contraste al agua helada. Era agradable, reconfortante, pero prefería nadar.

Salió cuando empezó a no sentirse los pies, no mucho rato después, se vistieron y fueron a casa de Jongsuk a darse una ducha caliente y un revolcón rápido. Luego volvió a comer a casa de sus padres, con su hermano, sobrina y cuñada presentes. Jugaron, bebieron y charlaron.

“No está mal como último día” Se dijo ya tarde con una sonrisa. Se iba al día siguiente temprano y no tenía idea de cuando iba a volver. “Cuando la niña se case” Pensó irónico subiendo para su habitación.

A decir verdad se lo había pasado bien, pero tenía ganas de volver, de ver a Minki. “¿Me habrá echado de menos?”

Le llamó para desearle buenas noches. De hecho tenía que llamar igualmente a Sunyoung para quedar para que le pasase a buscar al aeropuerto.

Le cogió el pequeño, y Baekho sonrió al oírle al otro lado.

– ¡Hyung!

– Hola Minki.

– ¿Tienes que hablar con mamá? – le preguntó. “¿Tan rápido?”

– Si.

– ¿Luego te quedarás hablando conmigo? – “Eso ya me cuadra más…”

– Si tu quieres si.

– Claro que quiero… – casi podía verle haciendo morritos.

Horas más tarde Baekho oyó a Minki quedarse dormido al teléfono. Sonrió y colgó.

“Que ganas de verle” Pensó. Como si hiciera más de diez días que no se veían.

 

JR esperaba frente a la puerta, con la chaqueta ya puesta junto a su madre mientras Minki corría por la casa buscando los zapatos.

– Minki, o estás ya a punto o nos vamos sin ti.

– ¡Es que me falta un zapato! – se quejaba lloriqueando.

– ¿A que voy yo y la encuentro?

JR estaba seguro de ello.

– ¡Que no está!

Obviamente, mamá la encontró.

– No estaba.

– Ya, la he hecho aparecer yo ¿no?

Murmuró algo mientras se metía en el coche que ninguno de los dos oyó.

– Voy a pedirte hora a la peluquería un día de estos ¿vale Minki? – le dijo ya conduciendo.

– Pero que no me quiero cortar el pelo.

– Pareces una niña – le espeto JR sin desviar la vista de la ventana.

– No me importa – le respondió su hermano. – Me gusta así. Lo quiero largo. Laaaaaargo.

– ¿Para hacerte trenzas? – insistió JR. – a Joorí le encantará poder tirarte de ellas.

Le sacó la lengua a su hermano mientras su madre al volante no podía evitar reírse.

– Joori ya no se mete conmigo.

– Si te haces trenzas seguro que alguien lo hará.

– Ya. Ya. – les calmó mamá. – Jonghyun, nadie va a meterse con tu hermano. Porque se va a cortar el pelo. – añadió mirándole por el retrovisor. – ¿a que si Minki?

Resopló y desvió la vista a la ventana, pero el mal humor no le duro mucho. Pronto pudo ver el aeropuerto desde la ventanilla del coche y sonrió.

Esperaron a Baekho en el vestíbulo de llegadas y pronto anunciaron su vuelo. No tardó mucho en salir junto a los demás pasajeros. Verles, sonreírles y saludarles.

Hubiese abrazado primero a Sunyoung si Minki no hubiese saltado a sus brazos. Le dio una vuelta en el aire y volvió a dejarle en el suelo.

– ¿Has crecido? – le preguntó asombrado. Realmente parecía más alto. Cada vez que se veían le parecía mas alto.

– No creo – se rió el pequeño.

– Es probable – respondió su madre. Le abrazó también y luego se apartó para que saludase a su otro hijo.

– ¿Tu también has crecido o que?

– Ya soy tan alto como tu – afirmó orgulloso.

“¡Solo he estado fuera diez días!” Pensó horrorizado.

Mientras caminaban para el coche Minki se le colgó del brazo, le atrajo hacia si y le abrazó.

Le gustaba como encajaba tan perfectamente en sus brazos, le gustaba su aroma a champú, la calidez que dejaba en su pecho, como le sonreía con sus labios de corazón.

– ¿Te estas dejando el pelo largo?

El pequeño asintió y su madre suspiró.

– ¿Y tu? – le devolvió la pregunta. – Se te ven las raíces.

– Tendré que teñirme otra vez.

– ¿De rosa?

– Nunca.

 

Yixing les había preparado la comida y enseguida que llegaron se sentaron a la mesa. Le preguntaron que había hecho esos días, y les respondió ahorrándose muchos detalles, escuchando a su vez que novedades había de esos días.

– Minhyun está deprimido porque su novio se marcha en un mes ya, pero se lo ha presentado a sus padres – mencionó el mayor de los hermanos.

– Luhan tiene novia, – seguía el pequeño – pero no creo que duren mucho, solo le hace gracia besarla. Dice que mola, pero ni Sehun ni Taek quieren oír a hablar de ello.

– Ya hemos escogido las flores para los ramos, – explicaba la madre – el mío y el de mi hermana, y su vestido para dama de honor. Será azul, como las flores.

– Todo será muy azul. – asentía su prometido. – necesitaré una corbata azul también.

Después de comer se quedó tumbado con los chicos en el sofá mientras daban un programa malo de variedades.

– ¿Te quedarás a dormir esta noche Baekho? – le preguntó Minki con ojos brillantes.

– No creo. – le respondió casi automático. Luego se giró a mirarle, como le hacía morritos y le miraba con ojos de cachorrito. Sus ojos ya no estaban tristes. Si habían estado mal antes de que se fuera ya no recordaba porque. – ¿Porque no vienes tu a dormir a mi casa?

Abrió los ojos emocionado y le faltó tiempo para decirle que si. Fue su madre quien se opuso.

– Ya irás otro día Minki, – le dijo Sunyoung sentándose en el brazo del sofá a su lado – Baekho estará cansado.

– En realidad no, llevo toda la semana descansando.

– Oh, pensaba que estabas entretenido. – le sonrió burlona, obviamente refiriéndose a Jongsuk.

– No tanto, no tanto. – se rió Baekho. – ¿le dejas que venga?

Minki se pegó a su pecho en respuesta, mirando a su madre como retándola a que intentara separarlos.

– Si a ti no te molesta claro, no hay problema.

 

Aún se quedaron a cenar, ya que Baekho alegó que no había nada de comer en su casa, luego irían ara allí.

“¿Por qué habrá preferido que vayamos a dormir a su casa y no aquí?” Se preguntó Minki mientras terminaba de cenar, muy rápido, para poderse irse cuanto antes.

Baekho le sonreía, con esa enorme sonrisa que tenía siempre. Le abrazaba, le sacudía el pelo, le hacía bromas. Realmente no quedaba nada de esa incomodidad que había entre ellos antes de que se fuera. Solo habían sido unos pocos días, pero se habían echado de menos lo suficiente como para comprender que no podían estar enfadados, que se necesitaban demasiado el uno al otro. “¿Habrá aceptado finalmente que estamos destinados a estar juntos?”

“¡Va a violarme!” Pensó de repente con una exclamación.

– ¿Pasa algo? – le preguntó Baekho que se había girado al oírle jadear. Negó con la cabeza, decidido, pero no pudo evitar sonrojarse. JR se rió y Baekho le pasó la mano por el pelo, divertido.

“No, no, ¿Cómo va a ser eso? Pero quiere que vaya a su casa, y estaremos los dos solos… Y está muy cariñoso… ¿que voy a hacer? Quiero pero… no puede ser ¿Tan pronto? Pero no puedes negarte Minki, llevas años esperándolo. ¡Aaaaish!”

– ¿Queréis que os lleve en coche? – les propuso Sunyoung una vez hubieron cenado.

Baekho se encogió de hombros antes de responder

– No hace falta. Se puede ir andando perfectamente.

– Pero vas con la maleta, – insistió la madre – y es tarde.

– Ya… no se, por mi está bien andar. ¿A ti que te parece, Minki?

“En coche iremos más rápido. Cuando lleguemos me va a violar. Aunque no será violación, porque quiero que lo haga. De verdad quiero.”

– Bueno – respondió con su mejor tono lastimero – supongo que podemos ir andando…

Baekho se rió, pero no más que los demás.

– Voy a buscar el coche – asintió Sunyong levantándose.

– Ya voy yo – Yixing se levantó antes y la empujó por los hombros para que volviera a sentarse.

– Puedo ir – se quejó ella.

– Lo se, pero llevas toda la semana trabajando muy duro organizando la boda, descansa. – la besó en la mejilla, abrazándola con su cuerpo con las manos aún en sus hombros.

– Creo que para una mujer nunca es un problema organizar una boda. – mencionó Baekho. Yixing se rió, dándole la razón, mientras ella le fulminaba con la mirada pensando “hombres…”.

– Y entre tus amigos, Wonsik y Hakyeon ¿quién es la mujer? – se burló ella.

Baekho resopló.

– Están las dos muy locas. – respondió riéndose recordando algunas de las cosas que habían mencionado cuando hablaban de ello. “Y encima les ayuda Jongin a organizar la boda… Va a ser un espectáculo”.

 

Yixing les dejó frente a la puerta de su bloque, Baekho le dio las gracias por llevarles y cogió su maleta para perseguir a Minki que ya le esperaba dando saltitos frente a la puerta esperando a que abriese.

“¿De verdad lo haremos? No creo pero… estamos solos… Aunque estamos solos a menudo… ¿Vamos a hacerlo? Creo que no estoy preparado…”

Seguía nervioso mientras subían las escaleras, y ya una vez allí mientras ayudaba a Baekho a deshacer un poco su equipaje, solo lo justo para sacar las cuatro cosas que podía necesitar y no sentirse tan mal de dejarlo todo para el día siguiente. Mientras Baek sacaba y guardaba cosas Minki encontró un paquete de condones que Baekho escondió rápidamente, y de repente tuvo miedo de verdad.

“¿Y si pasa?” Entre su mundo mental de fantasía y la realidad había un paso que no estaba seguro de querer dar aún. “Llevas años esperándolo” se decía. “Estás tonto Minki” se respondía enseguida.

– ¿Leemos un rato? – le pidió a Baekho una vez este decidió que había deshecho suficiente de su equipaje.

– Pero no mucho ¿vale? Que es tarde.

– Quedan pocos capítulos para terminarlo.

Baek cogió el libro, abriéndolo por donde tenían el punto.

– No vamos a terminarlo hoy. – le advirtió.

Pero a la que empezaron a leer las páginas fueron volando una tras otra. La protagonista descubría al fin quien intentaba matarla, luchaban, se salvaba y se daba cuenta de que todo había sido un complot, que la sangre de dragón aún corría por sus venas y que aún podía despertara a su especie. Y conseguía al fin una declaración sincera del mercenario con el que se sabía que tenía que terminar desde el primer capítulo.

Y de repente Baekho se descubrió pasando la última página, se dio cuenta de la hora y se maldijo por lo tarde que era. “No deberías dejarle irse a dormir a estas horas.” Se regañó a si mismo mientras le apuraba a que se pusiera el pijama. “Bueno, está de vacaciones” se dijo para consolarle.

– ¿Puedo dormir contigo? – le preguntó el pequeño.

Ni se planteó decirle que no. Sabía que terminaría convenciéndole igual. “Ya es muy mayor…” Se dijo. Pero de todos modos le daba demasiada pereza montar la otra cama.

– Si quieres…

Sonrió, y saltó a meterse entre las sábanas.

Baekho sonrió y le siguió, sintiendo como enseguida el pequeño buscaba su cuerpo y se abrazaba a él. “Es tan cálido…”

Minki le reconfortaba, siempre lo había hecho. Desde hacía años siempre que estaba triste o agitado se calmaba con un abrazo del pequeño, con una sonrisa suya, como si le necesitase.

Le envolvió entre sus brazos, estrechándole con fuerza contra su pecho, sintiendo la calidez del abrazo. Se separó y le sonrió.

– Vamos a dormir ¿eh? – el pequeño asintió y Baek se estiró para apagar las luces. Cuando volvió a tumbarse le abrazó de nuevo y sus cuerpos quedaron enlazados, muy juntos.

Hacía años que había dejado de preguntarse si su relación no era demasiado extraña. Le gustaba cuidar de él, estar a su lado y protegerle, le gustaban sus abrazos y sus sonrisas, que le buscase. Pero últimamente parecía tener mucho más que plantearse. “¿Estará enamorado de mi de verdad?”

Le acariciaba el pelo, por la nuca. Realmente lo llevaba muy largo. Le llegaba a los hombros y le caía por la espalda, y Baekho jugaba a enredar los dedos en su cabello.

– Hyung. – murmuró el pequeño. Estaban tan pegados que sus palabras sonaron muy cerca de sus labios, y de repente sin saber muy bien porque estaba nervioso. “Espero que no intente besarme otra vez… de verdad no tengo ganas de montar la otra cama a estas horas” – ¿Crees que llevo el pelo demasiado largo?

Casi sintió ganas de reír.

– No, creo que te queda bien. – le respondió pasándole un mechón por detrás de la oreja. – pero igual te queda mejor en unos años.

– ¿Por?

– Porque eres muy pequeño aún, y tan guapo que con el pelo largo seguro que te dicen que pareces una chica – se rió. – pero en unos años, cuando hayas terminado de pegar el estirón parecerás un adolescente rebelde, y quedará bien. Más aún si también te lo tiñes o te haces algún piercing.

Minki se rió, y se estiró para acariciarle las orejas.

– ¿Tu también eras un adolescente rebelde? – le preguntó riéndose. En su voz había un tono juguetón, un tono sensual que decidió ignorar. “Empieza a ser demasiado mayor…”

– Oh, ya lo creo. – le respondió intentando sonar calmado. – Me hice el primer agujero cuando aún vivía con mis padres, el resto luego – llevaba cuatro en una oreja, dos en la otra – también me teñí cuando me fui.

– ¿Cuántos años tenías?

– ¿Cuándo me fui? – Minki asintió – Dieciocho.

– ¿Por qué te fuiste?

– Estás cotilla ¿eh? – se rió Baekho.

– Es que nunca cuentas nada sobre ti. – insistió haciendo morritos. Baekho suspiró, se acomodó mejor en la cama y dejó que recostase la cabeza sobre su pecho. Minki podía oír el latido de su corazón, y Baek sentir la piel cálida de su mano que se posaba sobre su cintura, y como su propio corazón se aceleraba. Sabía que podía oírle e intentó calmarse.

“¿Que demonios te está pasando?”

– Me fui porque vine a estudiar aquí, a la universidad.

– ¿Siempre has ido de rubio? – siguió preguntando el pequeño, subiendo la mano para acariciarle la clavícula, el cuello, la oreja, el pelo.

– Casi siempre – admitió – a veces más claro, a veces más oscuro, más corto o más largo, pero hace años que llevo este peinado. Ya es muy mío.

– Si lo es – asintió el pequeño. – Me gusta.

Le acariciaba el pelo, y la oreja, los pendientes que llevaba en ella, haciéndole cosquillas tan suaves que quedaban gravadas en su piel. Y de repente Baekho sintió que necesitaba decírselo. No lo había preparado ¿o tal vez si? Pero sintió que necesitaba hablar, y cruzó los dedos para que el pequeño no se enfadase o sacase conclusiones erróneas de lo que fuese que iba a decir. Ni él mismo lo tenía claro.

– Minki, yo… – suspiró, intentando calmar su corazón. – he estado pensando en lo que dijiste. En lo que hiciste – aclaró – que me besaste. – sintió como se removía y se tensaba, tan pegado a él que podía sentir el más mínimo movimiento en su propia piel. – he considerado la posibilidad de que realmente estés enamorado de mí. Y… realmente no se como decirte esto. Como ya te dije no puedo corresponderte. Eres demasiado pequeño aún para que pueda verte de ese modo, para que pueda desearte. – y aunque no se hubiese movido en absoluto sentía como se alejaba. “no puedes perderle” – pero sé que te quiero. Sé que eres la persona más importante para mi ahora mismo. Sé que te necesito y que no puedo permitirme perderte – aún a oscuras podía sentir sus ojos, enormes y brillantes, fijos en él. – No puedo corresponderte ahora, pero… tal vez… en unos años… – No creía realmente que su relación fuese a cambiar, no creía que en unos años se sintiera menos culpable por como le miraba el pequeño, no creía que nada fuera a cambiar, pero sabía que a cada año que pasaba le necesitaba más, sabía que no podía perderle, sabía que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerle a su lado. – Tal vez, en unos años… pueda aceptar que siento algo por ti…

Le dolía mentirle para mantenerle a su lado, pero no tanto como había pensado. No lo sentía como una mentira.

El pequeño se mordió los labios y se refugió contras su pecho.

– Puedo esperar – murmuró contra su ropa. Baekho sonrió, no sabía si por sus palabras o por el tono esperanzado y dulce de su vocecita tierna. – Pero quiero que me prometas algo.

“Uy”.

– Dime.

– Cuando… – las palabras se le atragantaban, nervioso – Sé que nos llevamos muchos años, y sé que eso te preocupa, pero quiero que me prometas que si en unos años… realmente sientes algo… o… o yo te atraigo… – No era capaz de decirlo. ¿Lo era? Si, claro que si – Si… si eso llegase a pasar… no quiero que te lo niegues. – Enterraba la cabeza en su pecho y bajaba la voz, Baekho casi no podía oírle. – Quiero… quiero que me lo digas, y que no te cierres a que pueda pasar algo solo porque nos llevamos muchos años y es raro. Puedo esperar, pero solo si sé que no vas a mentirme. Que si te enamoras de mi me lo dirás y dejarás que pase lo que sea que tenga que pasar.

Baekho se quedó en silencio, sin ser capaz de responder. Minki ya no tenía nada más a decir. “Vamos, di algo”. Se agitaba, incómodo y nervioso. Igual tenía que habérselo callado. Pero había querido decírselo. Necesitaba que le prometiese eso.

Y Baekho no podía ni pensar. A decir verdad pensaba en tantas cosas que no podía ser consciente de ninguna.

“Esto es mucho más serio de lo que pensabas” Esa sensación le abrumaba a menudo, ¿Por qué siempre era tan lento a darse cuenta de las cosas? “¿Cuándo ha crecido tanto este crío?” Sus palabras eran maduras, mucho más ciertas de lo que Baekho había esperado, mucho más seguras de lo que sería normal en alguien de su edad. “No tiene doce años” se decía “mentalmente no”. Siempre había sido maduro, pero ¿tanto? “Soy más crío yo que él”.

– Te lo prometo. – le susurró abrazándole con fuerza.

 

 

 

Ámame Profe. 31: Hogar.

AP 32

 

Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

 

 

Cogió el avión el día siguiente de que terminaran las clases. Por más que Minki le hubiese pedido que no se fuera le seguía pareciendo la mejor opción. “Son solo unos días…”. Esperaba que se le pasara el enfado durante esos días. También esperaba que a él se le hiciese más cómodo estar a su lado.

“No puede estar enamorado de mi de verdad” Reflexionaba durante el vuelo “solo es un crío”. Pero la idea le molestaba, le inquietaba.

Cuando se lo había comentado a Hongbin, el único de sus amigos que había considerado que se lo podía tomar en serio, este le había dicho que dejara de darle vueltas, que no era más que un capricho.

– Está acostumbrado a tener todo lo que quiere solo poniéndote ojitos. Le has dicho que no y se ha enfadado. No es más que una rabieta, ya se le pasará.

Pero la tristeza de Minki parecía más “seria” que una simple rabieta.

“No quiero perderle…”

Aterrizó a medio día y su hermano le fue a buscar al aeropuerto. Le saludó con un abrazo y dejó que le pusiera al día de las novedades de la isla durante el trayecto en coche.

– Me alegro de que hayas venido – le dijo mientras aparcaban frente a la casa donde se habían criado. – Por propia voluntad digo. – añadió riendo.

– Bueno, algún día tenía que pasar. – respondió encogiéndose de hombros.

Sus padres también estuvieron contentos de verle, al contrario que su sobrina, que se escondió detrás de las piernas de su madre al no reconocerle. Pero le sonrió, estuvo jugando con ella y a la hora de comer la pequeña insistió en sentarse a su lado.

Hacía años que no consideraba esa casa como su hogar. La casa tampoco le consideraba un miembro más de la familia. Las fotos de su niñez que siempre habían estado allí empezaban a ser sustituidas por imágenes de la pareja y su hija, fotos recientes en las que él no aparecía. Se encontró la que siempre había sido su habitación convertida en una biblioteca, o viéndolo de forma menos romántica, un trastero, pero conservaban su cama.

Estaba a gusto allí, algo que de algún modo le sorprendía cada vez que iba, pero se sentía lejos de casa, de su familia.

 

Minhyun estaba haciendo deberes cuando su madre entró. No apartó la vista de sus apuntes.

– Cielo, tu padre y yo habíamos pensado en ir al museo hoy por la tarde. – le anunció entrando y parándose a su lado – ¿Vienes?

– Paso. – respondió sin más.

– Hacen una exposición sobre Egipto. – insistió acariciándole el pelo – eso te gustaba.

– Mamá, tengo que terminar esto. – se apartó de su caricia y volvió a centrarse en estudiar.

– Si tienes tanto trabajo igual no deberías salir tanto…

– Tengo que terminar esto para poder salir – respondió cortante, apartándola a ella.

– Cielo… no es que me moleste que salgas pero… no has pasado ni un día con nosotros estas vacaciones…

– Tengo que estudiar, – insistió él girándose a mirarla con una expresión fría que la invitaba claramente a irse de la habitación – en serio.

– Pues estudia, pero no te doy permiso para salir con ese… novio tuyo. – se plantó. No quería llegar a esos extremos, pero su hijo no le dejaba más opción.

– No necesito tu permiso. – le espetó cerrando la libreta y recogiendo sus cosas.

– Claro que sí, – insistió fingiendo un aplomo que no sentía – y no vas a salir más si no pasas por lo menos el mismo tiempo con nosotros que con él.– Podía hablar lo que quisiera, porque Minhyun no le hacía caso. Seguía recogiendo sus cosas y metiéndolas en la mochila, cambiándose la camiseta por algo más grueso para salir. – ¿Me escuchas? Te he dicho que no quiero que salgas.

– Voy a la biblioteca – respondió ya en el pasillo saliendo a la puerta – aquí no se puede estudiar.

Cerró de un portazo y bajó las escaleras de dos en dos. “Estoy harto”. Se repetía, aunque no tenía muy claro de que.

– Es que me tienen harto – le decía a Aron tumbado sobre su cama, demasiado irado como para intentar siquiera hablar en inglés – No dejan de insistir en hacer cosas juntos, en ir juntos a tal sitio, a tal otro. No quiero hacer cosas con ellos, quiero estar contigo y cuando estoy en casa es para trabajar, para hacer los deberes que me han puesto, porque tu tienes que estudiar. No para ir al museo o salir de excursión o ir a comprar adornos de navidad. No.

Aron le miraba sentado en la silla de su escritorio, con una mirada que tanto podía ser de ternura como de resignación.

– No te enfades con ellos, quieren que paséis tiempo juntos, eso es todo.

– Pero me ha prohibido salir. – insistía indignado. – No puede. Quieren retenerme allí. Me ha prohibido verte y es algo que no voy a permitir.

– Min – suspiró – admite que es cierto que no has pasado ni un día con ellos, no desde que empezaron las vacaciones sino desde que les dijiste que estabas conmigo. – Minhyun desvió la mirada, molesto por haber sido pillado en falta. Aron se levantó y se sentó a su lado en la cama, abrazándole pasando un brazo por sus hombros. – Sé que tienes miedo de que te rechacen, pero no conseguirás nada huyendo. – le dijo con voz suave. Minhyun se estremeció entre sus brazos, pegándose a él. – Por lo que me has contado creo que ya te han demostrado que no les molesta esto, solo intentan hacerse la idea y realmente lo están aceptando muy bien. Está claro que no quieren echarte de su vida sino retenerte en ella. Déjales. Déjales quererte.

Sabía que tenía razón. Sabía que estaba en lo cierto. Y lo odiaba. Porque en el fondo tenía muy claro que no había habido motivo alguno para comportarse así, para huir, pero la simple sensación de estar haciendo algo mal le impedía volver o estar con ellos, y la sensación se iba haciendo más grande a cada día que pasaba.

– Pero… realmente quiero pasar estos días contigo. – murmuró testarudo. – Y no sé porque tengo la sensación de que estoy haciendo todo mal. No es cierto ¿vale? Quiero estar contigo. Necesito estar contigo y es lo que tengo que hacer estos días porque luego te irás y a saber si volveremos a vernos mientras que ellos seguirán aquí y ahora mismo no me importan ellos ni nadie.

– Son tus padres Minnie. – le acariciaba el pelo y le miraba tierno. – no puedes necesitarles solo “a ratos”. Están luchando para que no les alejes, así que no lo hagas.

Se hizo una bolita a su lado, enterrando la cabeza en su pecho.

– Sigo queriendo pasar tiempo contigo.

– Bueno, siempre podemos pasar tiempo los cuatro juntos.

Y lo soltó así, sin más. “¿eh?”.

– No, no podemos. No pueden conocerte. Sabrán que eres mi profe y te denunciarán y perderás tu beca y será todo un desastre.

Aron le miró, inseguro.

– ¿Crees que me denunciarían?

Quiso responder que si, pero sabía que no era cierto. En el fondo lo sabía.

– Les costará de asumir, – siguió él. – supongo que aún más que el hecho de que seas gay, pero se alegrarán de que se lo cuentes, de que compartas incluso esto con ellos. Podemos hablar con ellos, que me conozcan y vean que te quiero, explicarles la situación. ¿Que pensabas decirles cuando yo me fuera de todos modos?

– No se… que habíamos cortado…

No le gustaba hablar de su separación, parecía demasiado inminente. “Y eso que aún queda más de un mes…” “Es muy poco”. Le acercó y le besó en la frente.

– Si no quieres no es necesario, pero… A mi me parece que podría ayudar conocerles. Que me conocieran. Que supieran todo lo que está pasando en la vida de su bebé. – le sonreía, pícaro, paseando los dedos por su pecho como si caminasen. Y Minhyun se animó y le sonrió también.

– ¿Todo? ¿Tienen que saberlo todo? Porque no creo que quieran conocer los detalles…

Se mordió el labio y se acercó para morder los suyos.

Aron conseguía siempre ponerle de buen humor. De muy buen humor. Pero mientras se besaban no dejaba de darle vueltas a lo que le había dicho. Parecía una locura. Era una locura. Y no se imaginaba con Aron delante de sus padres. “Moriré de vergüenza”.

 

Baekho aprovechó esos días para visitar el pueblo también. Como siempre que iba era solo por un día o dos y los pasaba en la casa hacía realmente muchos años que no paseaba por esas calles. Observaba los cambios y se encontraba con gente. Personas a las que quería ver, otras a las que no, y gente que no se esperaba.

Entró en una cafetería que solían llevar los padres de un antiguo compañero de clase y se encontró que había cambiado de dueños, pero allí sentada estaba una chica a la que le había estado dando clases de repaso cuando aún iba a secundaria. Una que le había pedido para salir antes de que sus padres se escandalizaran y compartiesen con todo el pueblo que tenían un hijo gay. Como ella no parecía haberle visto dio media vuelta y salió del local, y se encontró en la puerta frente a otra cara conocida.

– Jongsuk…

Durante un tiempo le había considerado uno de sus mejores amigos. No fue un período muy largo, solo hasta que el que por aquel entonces era su novio le dejó para salir con él.

– ¡Dongho! – le llamó sorprendido. Baekho era un mote que había inventado Wonsik en su primer año de carrera, en el pueblo seguía siendo Dongho. – ¿Donde has estado todo este tiempo?

Tubo que aceptar que le invitara a un café mientras le contaba su vida y él la suya. Era una de las personas a las que había echado de menos, aunque las cosas no hubiesen terminado bien. Pero hacía demasiados años para guardar rencor y ambos se descubrieron riendo y sacando un tema de conversación tras otro.

– Debería irme… – murmuró unas horas más tarde Baekho al ver el reloj.

– ¿Toque de queda? – se burló Jongsuk riéndose.

– Bueno, se supone que he venido para estar con ellos – respondió encogiéndose de hombros y riendo también.

Intercambiaron números de teléfono y se prometieron volver a quedar. Y Jongsuk le prometió una excursión a las calas a las que de pequeños solían ir en bicicleta.

Llegó a casa feliz y sorprendió a su madre con un ramo de flores.

 

Estaba nervioso. Lo había estado cuando al día anterior les había dicho a sus padres que si podía ir Aron a conocerles. Se había referido a él como “su novio” porque aún tenía miedo de que relacionaran su nombre con el de su profesor de inglés. No sabía como decirles eso.

Seguía nervioso cuando se había levantado, con la sola idea en la cabeza de que Aron estaría allí, con sus padres, les cuatro juntos sentados en el sofá. Era extraño. Esperaba por lo menos que su hermana se fuera y no tener que añadirla en esa imagen, porque con lo discreta que era… No quería oír sus tonterías.

A la hora de comer casi no pudo tragar bocado, contando los segundos para la hora que habían quedado. Su padre le miró y le sonrió.

– No estés nervioso bichito. – le dijo.

Pero ¿como no estarlo?

Era cierto que se habían alegrado de saber que quería presentárselo, de que quisiera compartir eso con ellos. Aron tenía razón en eso. Pero no sabía como reaccionarían cuando supieran quien era. Cuantos años se llevaban, como se habían conocido, todo.

Y si ya iba nervioso, cuando oyó sonar el timbre casi le dio un infarto. Fue corriendo a abrir la puerta, encontrándose con su sonrisa al otro lado, y sin siquiera fijarse en si sus padres le habían seguido y estaban mirando o no se lanzó a sus brazos y le besó, porque estaba ansioso y necesitaba sus labios para calmarse. Sus besos y sus abrazos, y un susurro de “todo irá bien”.

– Min… tranquilo, todo irá bien.

Suspiró y se hizo a un lado, sin separarse, arrapado a Aron como una garrapata.

Fue incomodo saludar a sus ladres así, no por la situación, sino por la pose. Con Minhyun ahí, arrapado a su costado y abrazado a su pecho con todas sus fuerzas le era imposible hacer ninguna reverencia de cortesía o incluso llegar a darles la mano.

El padre se reía de su hijo, la madre parecía simplemente desconcertada, algo incómoda.

– Señor y señora Hwang – les saludó lo más respetuoso que supo – Me llamo Aron, y estoy saliendo con su hijo…

 

Le invitaron a pasar, se sentaron en la sala y estuvieron escuchando como les explicaba todo. Como se habían conocido como profesor y alumno, como enseguida fueron más que eso. Como no pudo evitar fijarse en él, como se dio cuenta de que era recíproco. Como le pidió, y les suplicó disculpas por eso, que lo intentasen. Como Minhyun se había convertido en el centro de su todo en esos días. Como todo eso iba a terminar.

Se ahorró detalles. Sus padres no tenían porque saber que lo habían hecho la misma tarde en que habían decidido salir, en que se habían dado su primer beso. Es más, sus padres no tenían porque saber que su “bichito” ya era un hombre. Pero tampoco un niño.

La madre se levantó mientras él aún hablaba. Abrumada. Les dijo que necesitaba pensar y se fue a la habitación.

– Es mucha información de golpe – se disculpó el padre. Se disculpó por él también y la siguió.

– Señor Hwang – le detuvo Aron. – Yo… Yo realmente quiero a su hijo.

El hombre sonrió, cálido pero triste.

– Lo sé – respondió. – Puedo verlo. Pero eso no hace las cosas más fáciles.

No, no las hacía.

Se quedaron a solas y Minhyun seguía pegado a su pecho.

Gracias. – le dijo casi en un murmuro. Aron sonrió.

¿Por qué?

Por estar aquí, haciendo esto… – le apretó contra su cuerpo y besó su cabeza. – no tendrías porque hacerlo. Es… difícil. Para mi lo es. Y por una relación que no tiene ninguna clase de futuro… – se estremeció. Pero tenía que írselo recordando si no quería que el golpe fuese más duro en el momento de separarse. Lo habían sabido desde un principio.

Que no sea necesario no significa que no esté bien hacerlo. ¿No te sientes mejor?

Si. – admitió. – Gracias.

Se incorporó, separándose al fin un poquito de su cuerpo. Solo para alcanzar sus labios y besarle, enredar los dedos tras su nuca y sentir como se estremecía, como deslizaba las manos tras su cintura y le acercaba.

Podían oír a sus padres hablando en la habitación de al lado, aunque no podían comprender lo que decían, no hasta que su madre empezó a gritar.

– ¡Es mi bebé! ¡Y su profesor! ¡su profesor maldita sea!!!

– Vamos a preparar una taza de te ¿vale? – le dijo Minhyun a Aron levantándose y tendiéndole la mano.

Desde la cocina no se les oía, pero si oyeron las llaves en la puerta cuando alguien entró.

– Hey – saludó su hermana apareciendo por el umbral de la puerta. – wow, es mayor de lo que esperaba. – exclamó antes siquiera de saludar.

Se acercó y Aron le tendió la mano para saludarle.

– Hola, encanta… – pero ella solo se acercaba a mirar, se desvió para abrazar a su hermanito por los hombros y colocarse detrás suyo para mirarle fijamente con los mismos ojos felinos que tenía Minhyun.

– Bueno Minnie, tengo que admitir que tienes buen gusto. – le dijo divertida. – pero la próxima vez escógetelo un poco más alto ¿vale?

– ¡Noona! – se quejó él liberándose de su abrazo. Volvió al lado de su novio y se colgó de su brazo. – Aron es perfecto. – respondió convencido para vergüenza del aludido.

Ella iba a responder, pero de repente reparó en sus palabras y se detuvo.

– Eres su profesor. – anunció más que preguntar. Minhyun se clavó, tieso, mientras Aron suspiraba. – Wow. – exclamó riéndose. – Si que eres mayor…

– No nos llevamos tantos años… – empezó a disculparse.

– Que ilegal todo ¿no? – se rió ella acercándose. – Te gusta tirarte a mi hermanito “profe”.

– ¡¡¡Noona!!! – saltó Minhyun asombrado. – ¡Cállate! ¡Cállate ¡Cállate!

La habría pegado si Aron no le hubiese cogido. Y ella seguía riéndose.

– Vale, vale – se calmó ella. – no he dicho nada. Mis disculpas señor profesor, no quería ofenderle.

Se le escapaba la sonrisa mientras se “disculpaba”, pero Minhyun no pudo replicar ya que empezó a pitar la tetera para indicar que el agua estaba caliente y tubo que ir a encargarse de eso. Aron solo sacudió la cabeza sin decidir aún si la chica le caía bien o no.

– Bueno, entonces imagino que fuera de esta casa no se puede saber nada ¿no? – les preguntó ella más seria.

– No. – asintió Minhyun – no pueden enterarse ni en el instituto ni en la uni.

– Ay, que bonitos son estos amores secretos e ilegales… – murmuró. – En fin, os prometo que mis labios están sellados. Ahora os las apañáis con esos dos. Voy a darme una ducha.

Salió de la cocina sin más y Minhyun y Aron salieron también llevando las tazas de té a la sala. Las dejaron sobre la mesa y sus padres no tardaron mucho en volver.

– Lo siento bichito. – se disculpó su padre. – son muchas cosas y… nos costará un tiempo – admitió. – pero nos acostumbraremos. – La madre estaba justo detrás de él. Se veía tensa, pero conforme. – Si tu eres feliz así nosotros también lo somos.

Abrazó a su padre, y a su madre justo después. Cuando esta se separó forzaba una sonrisa que podría haber sido más falsa. Miro a Aron y se dirigió a él directamente por primera vez en toda la tarde.

– ¿Quieres… quedarte a cenar?

 

Volvieron a verse después de navidad, por la mañana, y le llevó a las calas en coche.

Caminaban dejando huellas por la arena gris, bajo el cielo impolutamente blanco. La fría brisa del mar traía olor a sal y el viento le golpeaba la cara. Le traía recuerdos de su infancia que, si bien eran agradables, le eran más indiferentes de lo que había pensado. “El sitio es bonito”

Jongsuk caminaba a su lado, ajustándose a su paso. Sonreía y respondía las preguntas que él le hacía sobre las pocas personas con las que le sabía mal haber perdido el contacto. Sentía que ya no pertenecía al pueblo. Llevaba demasiados años fuera.

Se giró y se descubrió a si mismo mirando sus labios. Recordaba tensión entre ellos en esos meses que habían sido amigos, y si bien había sido agradable reencontrarle no creía volver a verle después de esa semana. Mientras se acercaba a él para besarle pensó que esperaba que él tampoco.

 

Un par de horas más tarde estaba tumbado en su cama, desnudo y con la piel pegajosa de sudor. Había empezado nervioso, ya no recordaba la última vez que se había llevado a alguien a casa, o había ido a casa de alguien, pero no podía negar que le había sentado bien.

Jongsuk estaba tumbado a su lado, usando su brazo a forma de almohada. Se giró y le besó en el hombro, y se incorporó para levantarse.

– Espera – le detuvo. Se giró a buscar su móvil en los bolsillos de sus pantalones, lo sacó e hizo una foto de sus pies, de los de ambos.

– ¿Guardando pruebas del delito? – se burló Jongsuk.

– ¿Te molesta?

– No. – respondió encogiéndose de hombros. Cuando Baek levantó la cabeza a mirarle vio que le miraba con el cejo fruncido. – ¿Tienes novio?

No pudo evitar pensar en Minki.

– No. – respondió de inmediato. Jongsuk sonrió y le acarició el vientre mientras se levantaba.

Se sentía culpable. “¿Por qué? ¿Por un crio que podría ser mi hijo?”

Les mandó “la prueba del delito” a sus amigos, y no tubo que esperar por una respuesta.

“Bonitas piernas” Fue la primera respuesta que recibió. Era de Hakyeon y no supo como tomársela. “¿Las mías o las suyas?”

Las de los demás fueron más acuerdo a lo que esperaba.

“OMG FELICIDADES”

“¡¡¡Yeeeeeeeha!!! ¡¡¡Baek está de vuelta!!!”

“Necesito saber como ha sucedido este milagro XD”

“Nuestro tigre ha cazado. ¿Estaba rico el cervatillo al que te has comido?”

Luego la conversación degeneró, alguien mencionó a Minki y estuvieron retrayéndole que hubiese engañado al pobre niño. Como si realmente fuese su novio.

“Tenéis demasiada imaginación” Les dijo justo antes de apagar el móvil. Al final tendría que contárselo a Sunyoung solo para sentir que no era la única persona en el planeta que no aceptaba que eran pareja. “Como ella me diga que si…”

Esa noche, después de una tarde de cine y cartas con sus padres se encontró una llamada de ella. Se despidió, y la llamó mientras subía a su habitación.

– Hola preciosa – la saludó en cuanto cogió el teléfono. No le pasó desapercibida la mirada confundida de sus padres, ya se lo explicaría al día siguiente. Se metió en su cuarto y aguantó el móvil con el hombro mientras empezaba a desnudarse para meterse en la cama. – ¿Me has llamado?

– Si, pero solo para hablar, – respondió ella – que se hace raro estar tantos días sin saber nada de ti. Y que Minki quería hablar contigo.

Sintió una punzada en el corazón al oír eso, y no habría podido decir si buena o mala.

Le estuvo preguntando por que había hecho esos días, y él le contó sin ahorrarse detalles. Bueno, algunos si. Le preguntó también por que habían estado haciendo ellos y ella le respondió con las últimas novedades en cuanto a los preparativos de la boda, que JR le había pedido permiso para salir por año nuevo con Gyuna y las últimas tonterías de Minki

– Ahora ha decidido que no le gusta el marisco – Baekho tubo que aguantarse la risa “podría hacer tantos chistes… Si no fuera su madre” – así, de la noche a la mañana. – siguió ella – Habíamos comprado almejas para hacer algo especial para navidad y va y se planta con que no, que no le gustan y que no quiere.

– Bueno, siempre ha sido especial… – respondió intentando no reírse.

– No, si ya, pero hasta ahora con la comida no habíamos tenido problemas, que se lo tragaba todo y mas – y tubo que aguantarse la risa de nuevo. “Hoy las suelta que da gusto” “O eso o yo estoy fino cogiéndolas.” – En fin, que te lo paso que lo tengo aquí al lado dando la lata y no se ira a dormir hasta que hable contigo.

Oyó como se separaba del teléfono y le hablaba a su hijo.

– ¿Me lo vuelves a pasar luego?

– No, me llevo el teléfono arriba.

Le llegaba su voz débil desde el otro lado del teléfono. “Tan tierno…”

Sunyoung se puso otra vez.

– Pues ya hablamos ¿vale?

– ¿Quieres que vuelva a llamar mañana?

– Si, bueno, no hace falta que sea mañana pero vas llamando ¿vale?

Asintió, aunque no podía verle.

– Ok, hablamos. Buenas noches.

– Buenas noches – respondió ella. Se apartó el teléfono de nuevo y aún la oyó hablar mientras Minki se lo llevaba escaleras arriba. – ¡No te quedes dormido al teléfono!

– Nooooo – le respondió dejando sordo a Baekho – Hola Hyung. – añadió risueño.

Estaba de buen humor, y Baek no pudo evitar sonreír al oírle. “Al final si que ha ido bien que me fuera…”

– Hola peque.

– ¿Que haces?

– Hablar contigo.

Le oyó reír al otro lado y sonrió. Oyó también como se metía en la cama y se tumbaba.

– No, pero estos días, en general.

– Pues pasar tiempo con mis padres, con mi hermano. Reencontrarme con algunos amigos – “Y tirármelos” Le pareció mejor ahorrarse ese detalle – Visitar el pueblo, las playas, y poco mas.

– Oh, entonces te lo estas pasando bien.

– Si. – admitió – Pero si quieres que te cuente un secreto, siento que ya no pertenezco aquí, que este ya no es mi sitio.

– Claro que no, tu sitio esta aquí, a mi lado.

No pudo evitar sonreír y sentir como su corazón se calentaba. Tenía ganas de verle, sonreírle y abrazarle, estar donde debía estar.

 

 

 

 

Ámame Profe. 30: No me des las gracias.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

Soñó con los niños, sobretodo con Minki. Iba con ellos por la calle, o por el bosque, algún sitio con arboles. Aparecía la niebla, densa y blanca y todo se volvía oscuro. No podían verse así que se cogían de la mano. Baekho agarraba a Minki, confiando en que él cogería a JR. Y seguían caminando.

Minki intentó abrazarle, asustado, pero él le apartó, dejando solo sus manos enlazadas.

Y entonces la voz.

“¿Tienes miedo?”

“No”

“¿Por qué?”

“Porque no estoy solo” respondió apretando los deditos de Minki entre los suyos.

“¿Estás seguro?”

La niebla se disipaba y cuando se giró en su dirección Minki no estaba, ni JR. Bajó la vista a su mano que aún sentía junto a la suya y vio solo la mano, cortada. En el suelo estaba el resto de su cuerpo. En pedazos.

Despertó de repente, asfixiándose, con el corazón a cien y sabor a sangre entre los labios. “¿Me he mordido?”

No pudo volver a conciliar el sueño, así que se levantó, temblando, fue hasta el lavabo y se limpió la cara, escupiendo sangre. “Pues si que me he mordido bien…”

Se limpió el labio magullado y le quedaron las manos enrojecidas de sangre. “Jodida pesadilla…”

Respiró hondo, un par de veces, con los ojos cerrados. Seguía temblando. “Joder…”

Desayunó sin hambre y se vistió sin dejar de pensar en el sueño. Asqueado por perturbarse tanto por una estúpida pesadilla. Se vistió, recogió sus cosas y fue a buscar el coche.

“Ha sido solo una pesadilla” se iba repitiendo mientras ponía rumbo a su casa “una jodida pesadilla”. Aún así, sabía que no se le quitaría esa sensación del cuerpo hasta que les viese.

JR le abrió la puerta, sorprendido, despeinado aún y medio dormido.

– ¡Hyung! – Baekho sonrió y le abrazó al verle, sintiéndose algo mejor. – ¿que…?

“Menuda tontería”

– Buenos días JR. Va, vístete que hoy os llevo al insti.

– ¿Vamos en coche? – saltó Minki desde las escaleras, aún a medio vestir.

– Si – asintió suspirando – y ponte unos pantalones.

Luego le abrazaría también. Lo necesitaba.

Desayunó con Yixing, otra vez, ahora con más hambre, mientras Sunyoung se peleaba con Minki para que se peinase.

– Voy a cortarte ese pelo. – le decía debatiéndose con él para que se estuviese quieto mientras le pasaba la pinta.

– No, no, que lo quiero largo.

– Pues aprende a peinarte.

Baekho sonrió. Poco a poco se sentía mejor.

– Ha sido solo una pesadilla – le explicaba. – pero me ha dejado tan mal sabor de boca…

– Desde luego… soñar cosas así siempre es desagradable – le decía sonriéndole.

Yixing tenía una sonrisa muy apacible, pero con un poco más de sorna que Junmyeon, el padre de los chicos.

Abrazó a Minki cuando este bajó a desayunar. Se tensó bajo su abrazo, pero sonrió y le dio los buenos días. “Aún está mal” pensó. Y era lo más normal del mundo.

“Le he apartado tantas veces que ahora le he perdido”. De repente recordó su sueño y le dieron escalofríos.

Les llevó en coche al colegio e intentó abrazar a Minki otra vez antes de que saliese. Se dejó, pero no le devolvió el abrazo. Aún así le sonrió al marcharse.

“Poco a poco…” Se dijo a si mismo.

 

Minhyun recordaba pocos días en los que hubiese estado tan nervioso. Tal vez en el examen de nivel de piano, pero desde luego no en los finales. Lo peor era que no sabía porque se sentía nervioso.

Si, les había dicho a sus padres que era gay, pero ya estaba hecho. ¿Que era lo que le tenía tan nervioso entonces? “Que estresante es esto de salir del armario…”

Tao casi le había besado cuando se lo había dicho. JR le había besado de verdad y alguna compañera de clase (prefería no saber quien había sido) había aplaudido al beso. Pero más tarde, mientras recogía las cosas para salir de clase a última hora se puso nervioso otra vez. ¿Que diría Aron? ¿Estaría aun enfadado?

Espero durante diez minutos, luego tubo que admitir que Aron había salido antes y no le había esperado. “Por lo menos podría avisar…”

Fue hasta su casa con pasitos nerviosos. Rápido, aunque cada veinte pasos se paraba y se obligaba a respirar y relajarse. Quien dice veinte dice diez. O cuatro.

Casi no se atrevía a llamar al timbre. Nunca había ido solo y estuvo dudando frente a los interfonos. “Es muy grave que no me sepa en que piso vive mi novio…” Lo dedujo más que recordar y casi saltó de alegría cuando le oyó respondiendo al otro lado.

– Aron… soy yo, Minhyun.

No respondió, pero abrió.

“¿Estarán sus compañeros de piso?”

 

Mentiría si dijese que no le había estado esperando, igual que al día anterior. También mentiría si dijese que no se había maldecido los huesos por no haberle esperado, por no haber ido luego él a su casa a pedirle perdón.

Odiaba haberse enfadado por algo así. ¿Es que a caso era culpa de Minhyun? Era un crío aun, su mundo funcionaba diferente al suyo. Y se suponía que Aron entendía eso. ¿Porque se había enfadado entonces?

No había podido evitar sentirse decepcionado, triste al imaginarse pasando solo la navidad, tan lejos de casa y sin la única persona por la que se había planteado no volver a América. Aunque eso último era una locura.

Pero eso no era culpa de Minhyun. Ni eso ni nada.

Le abrió la puerta con una disculpa en los labios, deseando abrazarle y sin atreverse a hacerlo.

– Siento no haberte esperado, y haberme enfadado. Quería disculparme por gritarte, por enfadarme, no quería…

– Se lo he dicho. – le cortó Minhyun serio.

– ¿Eh?

– A mis padres. – “¿Eh?” – Les he contado lo nuestro. Sin decirles quien eras tu, pero… ya sabes…

“Oh.”

“My.”

“God.”

Le miraba sin reaccionar, sin saber que responder. Sin saber que pensar más allá de que le quería. Minhyun seguía hablando, murmurando algo sobre que sí que pasarían juntos las navidades, que no se iría de su casa en todos esos días a no ser que le echase. Y Aron solo podía pensar que le quería.

Saltó a sus brazos, cogiéndole por la nuca y atrapando sus labios entre los suyos.

– Gracias. – murmuró entre sus labios. Se separó, bajando sus manos por su pecho, abrazándole y cruzándolas detrás, apretándose a él pegando sus frentes, con sus labios tan cerca que le podía sentir respirar. – Gracias. – Le besaba, sintiendo los brazos de Minhyun sobre sus hombros, sus manos en su pelo, como este le empujaba para entrar completamente en el piso – Gracias. – Cerró la puerta tras él, aún besándole, pegándole contra ésta. – Gracias.

¿Por qué le daba las gracias? ¿Por estar con él esos días? ¿Por admitir, haciéndose un favor a si mismo, que estaba con él? ¿Por demostrarle que no se avergonzaba de lo que tenían? ¿Por sentenciarse a amarle igual que ya se había sentenciado él?

No lo sabía, sabía que quería besarle, acariciarle y agradecerle existir y estar a su lado, quererle.

– Hey Minhyun.

Se separó de golpe, recordando que no estaban solos. Minhyun se sonrojó hasta las orejas y se medio escondió tras él mientras saludaba a su compañero de piso.

– Hola Henry. – murmuró con una pequeña reverencia. Este se rió de su sonrojo y Aron le ignoró tirando de Minhyun para encerrarse en su habitación con él.

Le pegó a su cuerpo, cogiéndole de la cintura, y se enredaba entre sus labios, mordisqueándolos, lamiéndolos, rozando su lengua con la suya, entrando en su boca. Minhyun le mordía la lengua, sorbía, y él temblaba. Le pegó a su cintura y sintió como empezaba a ponérsela dura, le sentía contra su cuerpo y suspiraba entre sus labios. “Oh god…”

Le quitó la chaqueta del uniforme, y Minhyun se separó para ayudarle, enseguida volvió a pegarse a él, a sus labios, acariciando sus hombros y su nuca con los dedos crispados, enredando los dedos entre su cabello. Tiró de su camisa para sacarla de sus pantalones, buscando casi a tientas los botones para quitársela, y Min respondió bajando las manos a su cintura para buscar el borde de su jersey, y tirar de él, desnudándole, acariciándole el pecho al hacerlo. Jadeó por el frío de sus manos, se rió contra sus labios, pero no le dejó apartarse.

Se abrazó a su pecho desnudo, sintiendo el roce de su piel contra la suya, besándole, acariciándole, bajando las manos a su pantalón para pelearse con su cinturón, mientras Minhyun tiraba lejos la corbata que aún estaba alrededor de su cuello. Le empujó hacia la cama, tirándole sobre ella. Minhyun sonrió, con las mejillas sonrojadas y avergonzado. Le abrió los brazos y cuando Aron se tumbó sobre él le abrazó y atrapó sus labios de nuevo.

Sus cuerpos se rozaban mientras Aron se colocaba sobre él, con sus piernas entrecruzadas. Se rozaban y se besaban, abrazándose y acariciándose.

Bajó la mano hasta su entrepierna, colándola por dentro de sus pantalones. Minhyun se apartó para quitárselos y Aron hizo lo propio con los suyos. Luego le ayudó con sus calzoncillos, para vergüenza del pequeño que se encogía sonrojado bajo su mirada viciosa.

– Beautiful…

Iba a apartarle, sobrepasado, pero conocía demasiado bien esa mirada. Cogió aire, trago saliva y apretó los puños con los que se aferraba a las sabanas, tenso. Aron le acariciaba, con sus dedos alrededor de su pene totalmente erguido, bajaba y le lamía, y Minhyun se mordía los labios entre suspiros.

Jugaba con la lengua en la punta, repasándole hasta la base y volviendo a subir, acariciándole con sus manos. Sus caderas, el interior de sus muslos, sus testículos. Besaba, acariciaba, mordía y lamía, lentamente, jugando.

– Aron…

Le cogió por la nuca, obligándole a subir, buscando sus labios. Sus cuerpos se rozaban mientras subía, repasó todo su pecho con la punta de su pene hasta que este se encontró con su igual. Chocaron cuando Aron se sentó a horcajadas sobre él, con las piernas a cada lado de su cadera. Minhyun acariciaba su espalda mientras se enredaba entre sus labios, ansioso. Tensaba las piernas y a la vez buscaba las suyas para rozarse, sentir su piel. Aron le cogía por la nuca, hundiendo su lengua en su boca, mordiéndole, besándole, saboreándole. Se removía para frotarse contra su cuerpo, cada vez más duro, más necesitado, más ansioso. Minhyun bajaba las manos para acariciarle, le envolvía y le apretaba, y empezó a mover las caderas simulando suaves embestidas. Puro instinto. Pura lujuria.

Tuvo que separarse para buscar los condones. ¿Por qué nunca pensaban en eso antes? Cogió uno y volvió, luego cogió toda la caja y la dejó cerca, junto al lubricante.

Volvió a sentarse sobre él, a horcajadas sobre su cuerpo. Sintió su pene rozando su trasero y jadeó. Volvió a besarle y se apartó mostrándole lo que había traído.

– ¿Quieres… hacerlo tu?

Le miraba a los ojos mientras se lo decía, y los mantuvo, aunque se notaba que le costaba. Estaba tan avergonzado como Min.

¿En serio se lo estaba pidiendo? No iba a negarse, había soñado con ello.

Asintió y le besó, con violencia casi, mordiendo sus labios con fuerza, oyéndole jadear entre ellos. Se apartó, con Aron mirándole fijamente con esos ojos de violador. Se estiró y dejó que se encargara de quitar el condón de su envoltorio y ponérselo. A Minhyun. Jadeó, se le encogía el estómago de puro deseo al imaginarse que eso no era más que el principio.

“Mmm…”

Para cuando se dio cuenta Aron se había embadurnado los dedos en lubricante y se penetraba con ellos, dilatándose. Se mordía el labio y se tensaba, sentado sobre él. Veía su pecho subir y bajar, sus dedos entrar en su cuerpo. Tragó saliva y se incorporó para alcanzarle.

– Yo – le dijo apartando sus dedos.

Aron le miró, con ojos entrecerrados brillantes de lujuria, y Minhyun se vio obligado a besarle otra vez. Pero no alargó mucho el beso, tenía algo más importante que hacer.

Se echó lubricante en la mano y lo dejó resbalar por sus dedos, como Aron hacía siempre. Titubeó antes de bajarlos entre sus piernas abiertas, buscar su entrada.

Se sentía incómodo, bajo demasiada presión. ¿Y si hacía algo mal? ¿Y si le hacía daño? ¿Y si quedaba como un inútil? Aron era siempre tan perfecto…

Pero lo que fuese que estaba pensando se evaporó en cuando introdujo el primer dedo en su cuerpo y le oyó jadear en respuesta. Se agarraba a sus hombros, se tensaba sobre su cuerpo, respiraba hondo, y sus cuerpos se rozaban.

Movía su dedo dentro de él, sintiendo como le apretaba, como se iba dilatando. Salió y le empujó, rodando sobre la cama, quedando él sobre su cuerpo, sentado entre sus piernas. Le metió dos dedos y sintió la resistencia de su cuerpo a la vez que Aron se mordía el labio para no gemir, cerrando los ojos y frunciendo las cejas en una deliciosa expresión de placer, de éxtasis.

“Joder… Quiero hacerlo… ¿Será muy pronto aún?”

Echó más lubricante, por si acaso, y no tenía muy claro que hacer luego.

“¿Ya?”

– Min. – le llamó Aron – ve con cuidado ¿vale?

Sonrió, acercándose a él, a sus labios.

¿Tienes miedo? – se burló, divertido por su reacción vulnerable.

– ¿Y como no? – respondió con un resoplido – estás enorme.

No supo si traducirlo como un “estás” o “eres”, pero en ambos casos se sintió halagado y crecido en su orgullo.

“Tengo que hacerlo bien” Se dijo.

Se colocó y empujó, guiándose con la mano, cogiéndole por la cadera. Estaba estrecho, pero seguía empujando e iba entrando, lentamente. “Joder…”

– ¡Ah…!

Le sentía delicioso. El estómago se le encogía de placer. Aron le apretaba, tensándose cada vez más, aguantando la respiración en una mueca silenciosa. Respiró hondo e intentó relajarse, y Minhyun se hundió aún más en su cuerpo. Salió y volvió a entrar, y sintió como las piernas le temblaban de placer.

Aron fruncía las cejas, se mordía los labios reteniendo suaves gemidos. Silencioso, tenso, inmóvil. Minhyun se inclinó sobre él para llegar a sus labios, para rozarlos con los suyos, solo rozarlos. Pero Aron reaccionó al roce, atrapando sus labios con los suyos con una mano en su nuca. Minhyun volvió a empujar y sintió como los dedos de Aron se crispaban entre su pelo, como le mordía los labios silenciando otro gemido ahogado, como su cuerpo le apretaba y las piernas le temblaban.

– Aron… – murmuró contra sus labios. Este le besó de nuevo y Minhyun bajó su mano por su pecho, acariciándole hasta llegar a su pene que sentía duro contra su vientre. Aron jadeó, se relajó un poco más, y Minhyun volvió a embestir, más fuerte.

– ¡Aaaahh…!

Sus gemidos retumbaban en su piel, eran eléctricos, pura energía. Le deseaba aún más, si es que era posible. Se incorporó y pasó los brazos por detrás de sus rodillas, acariciando sus muslos. Cuando volvió a inclinarse sobre Aron sus piernas estaban sobre sus hombros.

Le pareció oír que murmuraba su nombre antes de capturarle en otro beso ansioso, cogiéndole con ambas manos, enredándose en su lengua. Dejó que le besara y se concentró en su cuerpo, en embestirle, en sentir como le apretaba, en acariciarle a él. Aceleraba a medida que Aron se iba relajando. Sus besos se volvían más apasionados, más ansiosos, mordía sus labios y su lengua, succionando. Sus manos se enredaban en su pelo, tirando de él. Y Minhyun empujaba y reculaba, embriagado por sus besos, por la deliciosamente asfixiante sensación de estar dentro de su cuerpo, el choque de sus cuerpos cada vez que entraba en él, su piel, su lengua, sus manos, su cuerpo…

Se movió y aceleró, con más fuerza. Se le cansaban las piernas pero necesitaba seguir moviéndose, llegar más dentro de él. Aron se apartó de sus labios para coger aire, jadeando, sus ojos se encontraron y le vio sonreír, y Minhyun escondió la cabeza en su clavícula, mordiéndole para silenciar sus propios gemidos. Sintió a Aron tensarse, apretarle. Se estrechaba, con él dentro. Gritó de placer cuando el fogonazo cruzó su cuerpo. Hundió la cabeza el su pecho, mordiéndole, y le cogió por los muslos para seguir embistiendo, más rápido.

Aron enredaba los dedos entre su pelo, crispaba los dedos, tensos, apretando los puños con fuerza sobre su piel. Le soltó para no arañarle y cerró el puño sobre el colchón, estrujando las sábanas entre sus dedos. De sus labios, húmedos y entreabiertos escapaban gemidos entrecortados. Por más que intentara callarse ya no podía parar. Minhyun embestía cada vez más rápido, más profundo. Le llenaba y golpeaba su interior. Cerraba los ojos con fuerza y curvaba su espalda. Volvió a buscar los labios de Min para acallar sus gemidos entre ellos. Se dejó besar, pero no podía prestarle atención, no cuando estaba tan a punto.

– Ah… Ah… Ah…

Minhyun sentía llegar el orgasmo. Se sentía cerca, tan cerca… Pero no quería terminar antes que él, no podía. Buscó de nuevo su miembro, erguido e hinchado entre sus cuerpos y le acarició con fuerza, al ritmo que embestía. Le besaba y trataba de concentrarse en ello. En besarle y no en ser besado, en darle placer a él y no sentir el suyo, en aguantar…

Aron le apretaba. Palpitaba. Sentía su cuerpo estrechándole y tenía en el estómago un nudo de placer. Necesitaba llegar ya. “Vamos Aron…”

Le veía tensarse. Jadeaba y estrujaba las sabanas entre sus puños cerrados. Sus gemidos subieron de tono, se hacían más seguidos, más intensos. Se tapó la boca con la mano y terminó mordiéndosela para ahogar el profundo alarido que le salió del alma en cuanto alcanzó el orgasmo.

Y Min se abandonó, terminó de sacudirle mientras las gotas de semen resbalaban por sus dedos. Se deleitó con sus gemidos y se dejó embriagar por la increíble sensación de su cuerpo cerrándose, apretándole.

Gritó entre sus labios al correrse y cayó exhausto sobre su pecho. Le seguían temblando las piernas, jadeaba. Sentía el cuerpo de Aron, caliente y totalmente desmadejado, bajo el suyo. Rodó para apartarse y suspiró al salir de su cuerpo. Se quitó el condón y lo tiró al suelo, rogando por acordarse después.

Se fijó en Aron, que aún jadeaba, casi incapaz de abrir los ojos. Sonrió y se acercó a besarle.

“Me he tirado al profe…” Pensó riéndose.

Se tumbó sobre su pecho, sintiendo su corazón acelerado y su piel caliente. Le abrazaba y Aron le acariciaba el pelo, lentamente.

Ya no se sentía incómodo estando desnudo con él, no después de todo lo que habían hecho. Estaba a gusto abrazado a él, sintiendo su piel contra la suya. Las sabanas estaban frías en comparación y fuera prácticamente se había puesto el sol, dejando la habitación llena de suaves luces anaranjadas. Desde la sala llegaba el sonido de la tele.

– Henry ha subido el volumen ¿verdad? – le preguntó Minhyun divertido. Aron sonrió y asintió.

Eso parece. – se removió sobre la cama, se giró a besarle y se desplomó de nuevo, bocabajo.

Minhyun le acariciaba la espalda, trazando círculos informes con las yemas de los dedos. Sin poder quitarse esa enorme sonrisa de la cara. Bajó hasta su trasero, acariciándolo, y Aron le lanzó una mirada de advertencia, sin dejar de reírse.

Suerte que mañana no tengo uni…

Bueno, pero vienes a dar clase ¿no? Haces más horas.

Pero para dar yo las clases puedo estar de pie – se rió.

Tardó unos segundos en comprenderlo, y cuando lo hizo su sonrisa se creció aún más. “Je jeje jejejejeje”

Aron se rió de su reacción y le besó. Luego rodó sobre la cama con algún que otro quejido y se levantó.

Voy a decirle que ya puede bajar el volumen – dijo mientras se ponía unos pantalones. “sin calzoncillos” Se fijó Minhyun.

“Eres un pervertido Min”.

Cuando Aron volvió Minhyun empezaba a tener frío y ambos se metieron bajo las colchas, abrazaditos.

– Mmm… – “que bien se está…” – No quiero volver a casa…

No vayas. – murmuró abrazándole.

“Sería bonito, dormir con él…” De repente la idea le gustaba demasiado.

¿Puedo quedarme a dormir?

– ¿Puedes? – le miró sorprendido – Es decir, tus padres…

No me importa – respondió decidido. Después de lo que les había dicho el día anterior ya, ¿que más daba?

Nada me gustaría más que que te quedaras a dormir aquí. – le dijo Aron con ojos brillantes.

Luego llamaría a su madre para decírselo. Ni siquiera le importaba como reaccionara. Aron le había pedido que se quedara. “Mi Aron”.

Volvió a besarle, sonriendo, y se perdió en sus labios.

 

Llegó a clase flotando en una nube, la cabeza le daba vueltas de felicidad. Había despertado a su lado y habían ido juntos hasta el colegio. Habían dormido juntos…

Ni siquiera le asustaba la idea de volver a casa y ver a sus padres cara a cara, de afrontar la realidad. No en ese momento.

“Estuve dentro de él…”

Saludó a los que ya estaban allí, incluidos JR y Sanghyuk.

– ¿Y esa cara? – se rió Hyuk. – ¿Que ha pasado?

– Me da que Aron ya no está enfadado. ¿eh?

JR le sonrió mientras se sentaba a su lado.

– Oh, comprendo, – siguió Hyuk – polvo de reconciliación.

Se esperó a que llegara Zitao antes de decir nada. No tardó mucho.

– ¡Te estaba esperando! – “ups” Igual que cada día le habría estado esperando en la parada del bus. Ni se había acordado. – Si no pasas a buscarme por lo menos avisa ¿no?

– Lo siento. – se disculpó sin ser capaz de esconder su sonrisa ni siquiera para eso. – Me quedé a dormir en casa de Aron.

Tao abrió mucho los ojos, dio un gritito y sacudió las manos, saltándole a abrazarle.

– Wow. Muy bien Min. – le felicitó JR.

– Uf, eso son muchos polvos de reconciliación. – aportó Hyuk con una mueca.

Tao se giró hacia él, dejando al fin que Minhyun respirase.

– Por su propio bien espero que le haya estado dando pol culo toda la noche.

JR estalló a reír, Min se sonrojó y Hyuk le silenció con una mueca.

– Demasiada información. – se quejó.

“No saben nada…” Pensó Minhyun.

 

Cuando a última hora Aron se presentó para darles clase Minhyun no pudo evitar sonreír otra vez, hinchándose de orgullo como un pollito. JR le miró frunciendo el ceño, como preguntándose que hacía. Era importante haberse quedado a dormir en su casa, pero ¿tanto? No era como si esa noche hubiese sido su primera vez o algo.

Volvió la vista al frente, y vio como Aron dejaba sus cosas en la silla y rodeaba la mesa para sentarse en esta, como hacía siempre. Se volvió a levantar enseguida.

“No…” la idea acudió como un flash en su mente. ¿Era posible? “No es posible…” Les imaginaba y sacudía la cabeza para quitarse la idea de ahí. “No, no, es demasiado raro”. ¡Era su profesor! Hacerse la idea de que salían había sido difícil, pero imaginarse a Minhyun arriba…

“¿Cómo…?”

Se giró a mirarle, entre intrigado y asustado de tener razón. Minhyun le miró también, con fingida inocencia.

– ¿Te lo has tirado? – le acusó en susurros – ¿Tu a él?

Min sonrió aún más, avergonzado pero visiblemente orgulloso.

– Ala… – murmuró Tao detrás.

– ¡No jodas! – Hyuk no se controló de hablar en susurros y la clase entera se giró a mirarle, incluido Aron que enseguida fulminó a Minhyun con la mirada.

Tao se retorcía de la risa sobre su silla, Hyuk miraba a la nada con cara de circunstancias mientras Minhyun intentaba esconder su sonrisilla culpable.

“Acaba de perder todo mi respeto como alumno” Pensó JR mientras veía como Aron echaba Tao de clase hasta que dejara de reírse.

 

El viernes al salir Baekho acompañó a Minki a casa. JR se iba a casa de Gyuna e iría el día siguiente directamente a casa de su padre.

Ya no sabía si era buena idea pasar tiempo con Minki o no. El pequeño no le había apartado en ningún momento, pero a ratos seguía mostrándose frío, e incluso cuando se forzaba a sonreír Baekho se sentía culpable por obligarle a ello.

Esa tarde parecía bastante animado.

– ¿Me leerás un rato esta tarde?

– Claro. – asintió – Si no tienes deberes.

– Tengo todo el finde para hacerlos – se quejó.

– Bueno, haremos deberes un rato y luego leemos. Te ayudo ¿vale?

Minki asintió, y siguió caminando mirándose los zapatos.

– ¿Sabes que Tao ha cortado con su novia? – “¿Tao? ¿novia?” debía haberlo oído mal. – no han durado ni una semana. Se veía a venir. Aunque ella es simpática y tal.

Necesitó que le explicara de que hablaba, cuando terminó estaba completamente de acuerdo con él en que había sido una locura. “Si ese chico tiene más pluma que el travesti de Pantheon…”

– Oh, mamá dijo que iríamos a mirar un traje para la boda.

– ¿Para ti?

– Si, claro. – se hinchó orgulloso. – ¿Me acompañarás?

– Si quieres si.

– Claro.

Justo llegaban a casa cuando le sonó el móvil. Era Jongin.

– Dime que te parece una locura. – le dijo nada más descolgó – No puedo ser el único cuerdo del grupo.

– ¿Eh? ¿de que hablas?

– Lee tus putos mensajes. – le dijo justo antes de colgar.

“La amabilidad personificada”.

– Voy a coger el ordenador que creo que tengo correo. – le dijo a Minki mientras él se cogía merienda y se instalaba frente a la tele.

Miró los mensajes por encima, hasta encontrar lo que buscaba.

“Wow” pensó al verlo. No le pareció una locura.

Llamó a Hongbin, esperando que pudiese cogerle el teléfono aunque estuviese trabajando. Tuvo suerte.

– ¿Por qué está indignado Jongin?

– Ni idea. – le respondió este. – A mi me parece muy bonito. Llevan ya como seis o siete años viviendo juntos, si fuese legal se habrían casado hace años.

– Seguro – estuvo de acuerdo. – A mi también me parece buena idea. Y puede ser divertido.

Wonsik y Hakyeon se casaban. Más o menos. Lo celebrarían como si fuese una boda, aunque no fuese aceptado legalmente como tal.

Pidió que le pasase a Hakyeon que estaba trabajando allí con él para felicitarle y luego llamó a Wonsik también.

– Felicidades por la boda.

– Gracias – le oía sonreír al otro lado. – Es una tontería, pero queríamos hacerlo. Aunque sea simbólico más que nada.

– Si, será bonito.

– Jongin acaba de decirme que acepta venir si le dejamos hacer de cura – se reía. – nos armará una…

“Menudas ideas…”

– ¿Vas a dejarle?

– ¿Porque no? Será divertido. Y no es más que una fiesta al fin y al cabo…

Estuvo un rato hablando con ellos, llamando a unos y otros para comentar. Kyungsoo se había emocionado y estaba al borde de las lágrimas y Jongin parecía de mucho mejor humor desde que le habían dado permiso para dirigir la ceremonia y montar la fiesta a su manera. No sabía que esperarse.

“Otra boda…” Pensó mientras volvía al comedor junto a Minki.

– ¿Que? – le dijo cogiéndole una galleta – ¿Nos ponemos a hacer deberes?

Minki le miró y asintió, no muy animado.

– Dice mamá que te vas por navidad – Le dijo mientras dejaba los libros sobre la mesa.

“¿Está enfadado?”

– Si, iré a pasar unos días con mis padres y mi hermano.

– Siempre pasas la navidad con nosotros.

– Bueno, por un año no pasará nada. – Minki no le miraba, y no estaba seguro de si quería que lo hiciese. – Serán solo unos días además.

Asintió, aún con la cabeza gacha, mirando al libro.

– ¿Te vas por mi? – le preguntó de pronto mientras leía los ejercicios.

Quería responder que no, pero sentía que estaría mintiendo. Sabía que en parte sí lo hacía.

– Te estás forzando mucho. – le dijo. – tal vez…

– No quiero que te vayas.

Su voz era tierna, suave, y una vez más le hizo sentirse cálido y querido. Y a la vez triste.

– Son solo unos días. – repitió sonriéndole. Minki levantó la cabeza para mirarle y clavó sus ojos en los suyos. Baekho tragó saliva y siguió hablando – Han sido… unos días difíciles últimamente. Sé que te pedí mucho cuando te dije que fingiéramos, como si no hubiese pasado nada. Me duele un poco ver como te fuerzas a actuar. Si me voy unos días… bueno, puede que cuando vuelva sea más fácil.

El pequeño negó con la cabeza, con los ojos aún fijos en él.

– No me fuerzo a sonreír. No me obligas. Sonrío para que no tengas que irte.

 

PD: ¡Feliz cumpleaños Aron! ^^ 

Ámame Profe. 29: Planes.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

Se acercaba navidad, se podía ver claramente en las luces que, aún apagadas, ya empezaban a adornar las calles principales y en los comerciales de televisión que encadenaban perfumes, juguetes y bombones.

Aron se despidió sus alumnos diciéndoles que ya solo les quedaba una clase, y aunque eso significase vacaciones de navidad todos recibieron la noticia con gran “noooooooo”. Era la misma reacción en todos los grupos, aunque los mayores lo disimulaban mejor. Suponía que también les afectaba menos.

Aún no terminaban de verdad las clases, pero la semana siguiente se la pasarían de fiestas de despedida así que ya había empezado a avisar a los primeros. Se preguntaba como reaccionaría la clase de Minhyun…

Aunque ya lo supieran desde un principio el hecho de que Aron tuviese que irse, tan pronto ya, era un tema delicado, tanto para Minhyun como para él.

Los sentimientos se le habían ido de las manos y a cada día que pasaba veía más como una sentencia la fecha impresa en su billete de avión. En ningún momento había planeado enamorarse de ese niño que ahora corría hacia él para volver juntos para casa, pero puesto que no había marcha atrás lo único que podía hacer era disfrutar de los días que le quedaban allí, junto a él.

Le sonrió al llegar a su lado y ambos empezaron a andar, con las manos en los bolsillos. El cielo estaba gris y nublado y hacía frío. Los días se hacían muy cortos, más cuando los pasaban juntos.

En cuanto se alejaron un poco de la zona del instituto, con menos gente, Aron buscó la mano del pequeño y la metió en su bolsillo junto a la suya, abrazando sus dedos fríos. Minhyun se pegó a él, rozando sus frentes un segundo, luego suspiró.

Ash… que sueño…

– ¿Te quedaste hasta tarde?

Es que no había terminado los deberes – admitió con una sonrisa culpable.

Tienes que dormir. – le regañó Aron riendo. Minhyun le sacó la lengua y siguió caminando a su lado.

– Ah, me da una pereza ir a piano ahora… – murmuró deteniéndose frente a un coche aparcado, mirando su reflejo en la ventanilla.

No te mires tanto – se reía Aron. – Que estás muy guapo.

– Aún se me ve el moratón.

Estás muy guapo – repitió tirando de él para que dejase de mirarse, dándole un beso rápido en la mejilla. Minhyun sonrió. – ¿Que me decías?

Y volvió a suspirar.

– Que me da mucho palo ir a piano…

– Pero si te gusta.

– Ya, pero no he podido practicar por lo de la mano mala – apenas hacía unos días que le habían quitado el vendaje de la muñeca – y me cuesta aún. Y me va a regañar porque no me salen bien las piezas. Y estoy cansado.

Aron soltó la mano que le cogía, dentro de su bolsillo, le rodeó con su brazo y le atrajo a él.

– Estás muy pesimista. – le dijo.

Resopló, cansado, y se recostó en él dejándose llevar. Habían cogido la costumbre de no ir por las calles principales para que no hubiese tanta gente. No pensaban esconderse más.

Estoy cansado – admitió. – Podríamos no ir ¿sabes? – añadió con ojos de repente brillantes – Vamos a tu casa y nos pasamos toda la tarde tumbados, abrazados, sin hacer nada.

Aron sonrió.

Sabes que no podríamos no hacer nada. Además, yo tampoco puedo, me voy a la biblioteca ahora a terminar un trabajo.

Minhyun le respondió poniendo morritos, cogiendo otra vez su mano y enlazando sus dedos.

Siempre estás haciendo trabajos últimamente.

Porque se acaba el semestre – le explicaba. – Y tenemos que entregar muchas cosas…

Te pasarás todas las vacaciones de navidad haciendo trabajos y no… no me harás ni caso. – le retrajo con voz lastimosa haciéndole reír.

Sabes que no. – sonrió y volvió a besarle en la mejilla. Min se giró y recibió el beso sobre sus labios. Se separaron en seguida, mirando que no les hubiese visto nadie. – Por cierto – siguió Aron. – ¿Que planes hay para navidad?

Pfff, – murmuró el pequeño de nuevo desinhibido – con mis padres como siempre supongo.

Aron se detuvo.

– ¿No vamos a pasarlo juntos?

Minhyun se detuvo también a mirarle, sorprendido.

– Am… bueno… no lo había pensado… supongo… es que no podría pedírselo… no se…

¿Por qué?

– Bueno… siempre ha sido así. – intentaba disculparse, pero no encontraba las palabras. De repente de sentía culpable, pero no sabía por que “Ni siquiera me lo había pedido ni nada…” – Tendría que pedírselo y dar muchas explicaciones y… es incómodo.

– Incómodo. – murmuró soltando su mano y metiéndola de nuevo en el bolsillo. Ya volvían a estar en la zona céntrica, había gente por la calle.

Aron, no te enfades.

No estoy enfadado – replicó. – Esperaba que lo pasáramos juntos.

– Estás enfadado.

No estoy enfadado he dicho. – levantó el tono de voz, pero volvió a bajarlo enseguida.

– Podemos pasar juntos todos los otros días…

– No importa. – le cortó. – Te dejo aquí que me voy para la biblioteca.

Estaban casi en la academia de música ya, pero las veces que le había acompañado siempre le dejaba en la puerta. Se fue casi sin despedirse y Minhyun se quedó allí, con su mochila y las partituras viéndole marcharse. Sintiéndose culpable.

“Se ha enfadado…” “¿Por qué no entiende que no se lo puedo pedir a mis padres?”

“Vaya asco de día…”

 

JR llegó el primero a clase. Minhyun fue el siguiente del grupito y fue directo a sentarse en su silla, sin saludar ni nada.

– Buenos días. – insistió JR con tono de reproche, guardando el móvil con el que le acababa de mandar un mensaje de buenos días a Gyuna.

– Meh.

Se preguntó que significaría eso, pero decidió no insistir hasta que se le pasase un poco.

– ¿No ha venido Tao?

– No. – respondió seco.

– Ok. – le miro, preocupado – ¿Que ha pasado?

Minhyun levantó los ojos solo un segundo, y volvió a bajarlos.

– Aron se enfadó conmigo.

– Oh…

– Supongo que tengo la culpa pero… él también… No me entiende, y me cabrea.

– ¿Por qué se ha…?

Llegó Sanghyuk, interrumpiéndolos a ambos con noticias “importantes”.

– Tao se quedó a dormir en casa de Sangmin. – les informó.

– Wow.

JR decidió que lo de Minhyun podía esperar. Aron seguiría estando igual de enfadado lo hablasen o no y el tema de Tao con su “novia” era aún un misterio sin explicación posible. Minhyun parecía opinar lo mismo.

– No, no sé nada más, – siguió explicando Hyuk – solo me dijo que se había quedado a dormir en su casa. “Que le deseara suerte”.

– ¿Que qué?

– Tío, que estos han follado.

– Ya, claro ¿Cómo?

Ninguno tenía respuesta a esa pregunta, era simplemente inimaginable.

La pareja llegó poco después, cuando la clase ya estaba casi llena.

– Pero… ¿de verdad estáis juntos? – le preguntó Minhyun en cuanto se sentó – Es que no lo entiendo…

– No hay nada que entender. – replicó muy serio – Nos queremos.

Su respuesta parecía más una programación automática de un contestador que una declaración sincera, y las miradas de sus amigos fueron más que claras a la hora de decirle que no le creían. Tao suspiró.

– No lo sé, yo… me enamoré de su personaje, y cuando supe que era ella pensé ¿Y que más da? Sigue siendo ella, sigue siendo “Max” de alguna manera. “Mi Max”. ¿Que más daba que fuese hombre o mujer. Y se lo dije y le pareció bien, pero… me cae muy bien pero no. La beso y no siento nada. Nada – recalcó. – Ayer estábamos en su casa y me ponía más su hermano que ella. Que por cierto. Está con Minho.

– ¿Minho? – saltó Minhyun – ¿Mi Minho?

– ¿Cómo que tu Minho? – se rió JR.

– Si, si, ese. Me estuvo contando. Es muy mono.

– ¿Minho?

– No, Taemin, su hermano.

– Oh, que cucos.

– Entonces ¿que? – insistió Hyuk volviendo al tema – ¿Seguís juntos?

– Supongo… pero como si no. No me excita en absoluto. Y yo a ella tampoco.

– ¿Es lesbiana?

– Creo que sí. – admitió. JR se giró a mirarla preguntándose si tendría razón. ¿Por qué no? Tampoco conocía ninguna lesbiana con quien compararla. – De hecho creo que le gusta Sunji. – siguió Tao.

– ¿La loca?

Los chicos la miraron, allí en el fondo de la clase perdida en sus libros raros.

– Ugh.

– Jope Hyuk, “ugh” tampoco. – le recriminó Min.

– Bueno, – se metió JR – es un poco… pse…

Hyuk se rió, chocó palmas con él y le sacó la lengua a Minhyun que les miraba como pensando “seréis críos.”

– En fin… – siguió Tao – no sé que hacer…

Sanghyuk le miró, molesto

– No jodas ¿eh?

– ¿Eh?

– Cuatro años rallando con que te gustan los penes ¿y ahora vas a terminar con una mujer? Mira, no. Que yo no he aguantado tus tonterías gays para esto.

Tao se le quedó mirando, asombrado, y estalló a reír junto a sus amigos.

– Ok, ok…

 

Baekho se quedó a cenar. Se lo pidieron Sunyoung y Yixing para comentarle los preparativos de la boda. Minki había sonreído cuando se lo habían dicho, pero luego se había encerrado en su cuarto a leer.

– ¿Has decidido ya que vas a hacer? – le preguntó a Sunyoung mientras ambos miraban a Yixing cocinar. Habían empezado ayudándole, pero como siempre se habían retirado sintiendo que molestaban más que ayudar.

– Creo que no voy a invitarle. – respondió ella al fin. – Tenemos buena relación pero… es mi ex marido, sería incómodo.

– No creo que se lo tome mal – admitió Baekho – tampoco creo que para él sea cómodo venir.

– No ¿verdad?

Negó, cogiendo un trozo de zanahoria cruda de la pila de verduras y mordisqueándola.

– Eh – le regañó Yixing. Le giñó el ojo y volvió a dirigirse a Sunyoung, quien les miraba divertida.

– Entonces ya tenéis cerrada la lista de invitados.

– No, no. – negó ella vehementemente. – estoy esperando a que JR me diga si quiere invitar a Gyuna o no. Y… bueno… a ver si tu traías a alguien…

– ¿Yo? – se sorprendió por el comentario – Uy, no, no.

– Hace mucho que no sales con nadie.

– Pues por eso. – se rió.

– Ya pero…

– Aunque encontrase a alguien de aquí a mayo no sería suficientemente importante como para llevarle a la boda – admitió. – y tampoco quiero montarte un escándalo.

– Anda ¿Que dices?

– Si es por nosotros no es problema – le aseguró Yixing.

Les sonrió pero volvió a negarse, y siguieron discutiendo detalles de la boda.

– He pensado que iré a pasar las navidades con mis padres – anunció Baekho un rato más tarde.

– ¿Todas las navidades? – preguntó ella. Baek asintió – ¿Y eso?

– Es que siempre voy por año nuevo lunar, que es como más tradicional, pero… no sé, son pocos días…

– Nunca te había molestado.

– Ya… – se recostó en la encimera, mirándose los pies. – Es que… no digo que tenga que pasar nada, pero empiezo a tener la sensación de que… mis padres no siempre estarán allí, y cuando no estén, que espero que sea de aquí muchos años, no quiero arrepentirme de no haber pasado suficiente tiempo con ellos o algo…

– Uff… – murmuró Sunyoung cogiéndole la mano.

– Ya, bueno, – y sonrió – y que ya sabes, mi sobrina hará ya dos años y está enorme y casi no la he visto…

Ella rió.

– No mientas, vas por tu sobrina.

– Me has pillado. – admitió riendo.

– Nunca he entendido la relación que tienes con tus padres – intervino Yixing. – es como si te fuesen indiferentes.

– Bueno, supongo que un poco sí – admitió. – Mi hermano siempre ha sido el hijo perfecto, y yo no, y recuerdo que de pequeño me molestaba, y ya cuando les dije que me gustaban los chicos se armó un escándalo… – lo explicaba como si le fuese indiferente, en parte lo era – Recuerdo que me dijeron de todo y que me cabreé y me fui de casa. Pasé un par de años odiándolos. Me vine a estudiar aquí y me mandaban dinero para mantenerme. Ya cuando empecé a trabajar ni eso. Luego me arrepentí, volví e hicimos las paces. Pero no se, se perdió mucho.

Yixing le miraba, algo triste. Sunyoung rió.

– Cariño, se te va a quemar.

Se giró y siguió trabajando en la comida.

– ¿Y no estás resentido ni nada? Es curioso.

– No, con los años… fue una tontería todo, y tampoco fue un gran drama.

– Bueno…

– ¿Está ya la cena? – entró Minki en la cocina.

– Casi – le respondió su padrastro.

Se quedó unos segundos en el umbral, y luego entró y se quedó a su lado.

– ¿Sabes hacer panqueques Yixing?

– ¿Panqueques? – le miró sorprendido. Minki asintió, muy serio. – Pues no lo he probado nunca, – admitió con una sonrisa cálida – pero no parece difícil. ¿Por?

– Audrey nos hace panqueques.

– Ah… – no supo como responder a eso. Minki se giró para irse, sin más, pero se detuvo y miró a Baekho.

– ¿Tu sabes hacer panqueques?

Baek negó con la cabeza, sin saber muy bien que cara poner. Minki suspiró, sacudió la cabeza y se fue, decepcionado.

– Tu hijo es especial – le dijo a Sunyoung.

Ella rió.

– Mucho.

 

Minhyun paraba la mesa con movimientos bruscos, intentando que pareciesen disimulados.

“¿Por qué se enfada? Ya sabe que no puedo decirles a mis padres… pedirles pasar la navidad con él cuando ni siquiera…”

Ni siquiera le había esperado a la salida. Tampoco tenía ningún mensaje suyo. Aunque él tampoco le había mandado ninguno. Había escrito como cien, pero no los había llegado a mandar. “¿Que le digo?”

¿Es que acaso creía que él no quería pasar tiempo con él? No podía. No podía pedirles eso a sus padres, tendría que dar demasiadas explicaciones, explicaciones que ni quería ni podía dar. “No puedo Aron…”

Odiaba que estuviese enfadado, y se enfadaba él. “Será idiota”.

Y odiaba estar enfadado él. No quería enfadarse.

“Quiero a ese idiota…”

Suspiraba y volvía a deprimirse. No le había hablado en poco más de un día y estaba así ¿Cómo lo soportaría cuando se fuese, para siempre?

Se prohibió pensar en ello y dejó el último plato sobre la mesa.

Cuando se sentó a cenar con sus padres y su hermana seguía dándole vueltas al tema. Quería pasar la víspera de navidad con Aron igual que él, pero no sabía como decirles a sus padres que no iba a pasarla con ellos sin darles explicaciones. Desde que le había dicho a su madre que salía con alguien, alguien que ella, obviamente, había supuesto inmediatamente como una chica, los tres no dejaban de insistirle por más detalles. Si sacaba el tema…

Su hermana iba comentando cosas de la universidad mientras comían, pero Minhyun no le prestaba la más mínima atención.

¿Si se lo explicaba con calma dejaría de estar enfadado? Aron siempre parecía muy seguro de si mismo, pero si le explicaba que para él era una situación difícil tal vez… tal vez podía entenderle y era simplemente que no había intentado ponerse en su papel, tal vez…

Si les pedía a sus padres pasar navidad con “su novia” les pedirían que se la presentase. Supondrían que era algo serio. Y, fuese serio o no, era un “algo” que se terminaría en enero, o febrero, cuando Aron se fuese. Y entonces si que tendría que dar explicaciones. ¿Valía la pena?

¿Podía ser que Aron se hubiese enfadado por pensar así? ¿Por no querer decírselo? Aron, que tenía colgada en su habitación la bandera arcoíris y un poster de Freddie Mercury. ¿Era posible que se enfadase por orgullo? Si se lo explicaba a sus padres, si le demostraba a Aron que no se avergonzaba de él ni de su relación… Pero ambos sabían que no era eso. Si por él fuera lo gritaría a pleno pulmón en medio de la calle. No podía hacerlo.

Y aún así quería. Quería pasar ese día con él, ese y todos los demás, porque cada segundo sin él sentía que era tiempo que desperdiciaba, un tiempo que a cada día que pasaba parecía más valioso y más escaso.

– Mamá, papá… – apenas levantó la voz, pero consiguió atraer su atención, fuese de lo que fuese de lo que estuviesen hablando. Inhaló y se cogió las manos por debajo la mesa. Tampoco tenía que contarles tanto. – ¿Vamos a hacer algo por navidad?

– Bueno, lo de siempre. – empezó su padre.

– Yo voy a salir – anunció su hermana. Pero ella lo tenía fácil, era mayor, hacía años que salía con sus amigas.

– Yo es que… – “va, que no es tan difícil” – Quería pasarlo con… con mi novia. – No era una mentira ¿no? No del todo. Aunque dijese “novia” pensaba en Aron. Decir “pareja” le hubiese sonado demasiado raro.

– Oh – exclamó su madre con una sonrisa orgullosa. – Claro, claro, pero vas a tener que presentárnosla. – “No”

– Que misterio de chica, – siguió su padre sonriendo como ella – ya tengo ganas de conocerla, alguien capaz de hacer sonrojar así a nuestro bichito…

“¿Sonrojar?” Realmente si, cada vez que hablaba de Aron se le ruborizaban las mejillas.

“¿Por qué no dejan de insistir en que se la presente? Se lo presente, lo que sea.”

– Bueno… no se…

– Si no nos la presentas pensaré que sales con un tío o algo. – soltó su hermana sin más.

Se quedó helado, tieso, con la mirada fija en el plato. ¿Lo sabía? ¿Cómo lo sabía? No. ¿Por qué? Su secreto se iba a la nada. Y Aron tendría problemas si se sabía, le quitarían la beca si no algo peor. Por eso no había dicho nada, no porque se avergonzase de nada.

“Aaaaaaaaahhh…”

¿Pero qué podía hacer? Si le habían descubierto…

“¿Me han descubierto?”

Bien pensado su hermana siempre hacía bromas. Bromas al azar y sin sentido. ¿Era esa solo una más? Aunque lo fuese, ya era tarde. Su reacción había sido más que obvia.

– ¿Min…? – le miraba su madre preocupada. – ¿Es que es verdad eso?

– Am…

Iba a responder que no. Tenía que responder que no, porque no había otra respuesta viable.

“No me avergüenzo” se recordó a si mismo.

Pero aunque no tuviese sentido decirlo por Aron, quería hacerlo. Y sí tenía sentido hacerlo por quien fuese que hubiera después de Aron. Por él mismo.

“Tengo que hacerlo…”

– Sí…

Nunca una palabra tan corta le había costado tanto de pronunciar. Sentía que le hacía un nudo en la garganta, que presionaba para salir a la vez que empujaba hacia dentro.

– Cielo… – empezó su madre, nerviosa. – ¿Estás seguro de eso? Porque eres muy joven para saber algo así.

– Hijo, eso no es más que una fase, estarás confundido.

– Es fácil a veces confundirse con algo así, si sois muy amigos…

Quería gritarles que no, que se equivocaban, que lo tenía claro y que le quería, que una mujer nunca podría darle eso, que eran ellos quienes se confundían. Pero no se atrevía, ya había sido suficientemente difícil admitirlo…

Pero se sorprendió a si mismo hablando.

– No. – decían sus labios. Su corazón. – No es una fase, no estoy confundido. – hablaba claro, pero no sabía qué dirigía sus palabras. Mentalmente no paraba de gritarse que qué estaba haciendo y que se detuviese de una vez – No somos solo amigos. Y puede que él no sea el definitivo – no lo sería, no podía – pero será un “él”, tenéis que aceptar eso.

Siguió comiendo, ahora en silencio mientras el resto de su familia le miraban sin ni moverse. Cuando terminó dejó los platos en el fregadero y salió con una breve reverencia.

“¿¿¿Pero que demonios acabas de hacer???”

Ya tumbado en su cama, mirando al techo, se planteó si no hubiese sido mucho más fácil decir que iba a salir con JR y compañía.

“Eres idiota” pensó. Pero se sentía bien.

 

 

 

Ámame Profe. 28: Oculto bajo mentiras.

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Categoria: fanfic yaoi

Personajes: NU’EST (grupo kpop)

Pairing principal: BaekRen (Baekho x Ren)

Minki fue a buscarle el martes, como había prometido. Le sonrió al verle y se colgó de su brazo para ir hacia casa, pero no estaba feliz.

Le soltó en cuanto hubieron girado la esquina, caminando a su lado, pero muy lejos.

No habló, y el silencio se hacía pesado. Demasiado pesado.

– Bueno, cuéntame algo. – le preguntó Baekho al fin.

– ¿Que? – preguntó el pequeño sin expresión alguna.

– Mmm… no se… ¿Que ha pasado en tu clase estos días?

– Joori y Minseok están saliendo – dijo con voz monótona.

Intentó visualizar a la pareja de chicos de quien le hablaba pero solo conseguía evocar sus caras de cuando tenían cuatro años. Aunque Minki le hubiese hablado de ese tema a menudo. Era el cotilleo estrella de su clase.

– Ah, ¿al final si?

Minki asintió, sin más, y Baekho siguió preguntando, tirando de él para no volver a ese silencio depresivo.

– ¿Y como fue eso?

– Chanyeol y Jongdae les encerraron en el baño hasta que se besaron.

Baekho no pudo evitar sonreír, ahora sincero, al imaginarse la escena.

– Que pareja más rara deben hacer.

Recordaba a Minseok como un niño escuálido y inquieto, y a Joori como esa niña grandota que perseguía a Minki de pequeño.

Se encogió de hombros otra vez, sin más, pero justo cuando Baekho cogió aire para suspirar, hastiado de su silencio, el pequeño se soltó y empezó a hablar.

– Yo creo que pegan muy bien juntos, porque no me gusta ninguno de los dos. Ambos son molestos, que se vayan a molestar entre ellos. – se metió las manos en los bolsillos, enfurruñado, pero volvió a sacarlas enseguida – Pero se nota que a Joori no le gusta Minseok. Le pidió para salir hace tiempo y le estuvo dando largas hasta que sus amigos se han plantado, es como si la hubieran obligado casi.

– Pobrecita.

– Si, un poco. Osea, siempre ha sido molesta, pero no le deseo a nadie cargar con una bestia como Minseok. No se porque tiene tantos amigos. Aunque tampoco entiendo porque ahora todos dicen que Joori es muy guapa y todos los niños están por ella. Incluso Sehun estuvo diciendo que le gustaría salir con ella. Y Lu igual. Están todos tontos.

Baekho sonreía, casi parecía que no hubiese pasado nada entre ellos, parecía una conversación como cualquier otra de un día como cualquier otro, y eso le hacía feliz.

– Bueno, igual es que es guapa de verdad.

– ¿Cómo va a ser guapa ese monstruo?

– No se, yo hace muchos años que no la veo – se justificó encogiéndose de hombros. La recordaba como una niña gordita, pero no fea, con que hubiese adelgazado un poco…

Minki le miró de reojo, enojado de que le llevase la contraria, Baekho sonrió y el pequeño se encogió de hombros.

– Bah, igual si, tampoco me cae bien. – dijo dando a entender que no le interesaba. – A Taekwoon le han aceptado en el equipo infantil federado o algo así – añadió cambiando de tema. – de fútbol – aclaró.

– Anda, que bien.

– Si, está muy feliz. Bueno, a su manera – Sonrió.

“Al fin.” Pensó Baekho. No era una gran sonrisa, pero era la primera sonrisa de verdad que veía desde el hospital. Más bien desde el día antes. “Desde que me besó”

Tampoco duró mucho.

Le estuvo comentando las cosas que hacían en clase, cuales le interesaban, cuales le aburrían. Lo guay que era el profe de inglés y que solo les quedaba un mes con él.

– Tres clases. – le dijo exasperado. – nos lo ha recordado hoy. No quiero que se vaya. Volveremos a hacer todas las clases con Yoora y será un palo.

– Me imagino. – asintió Baekho – Aron es buen profe ¿verdad?

– Es el mejor. – cortó tajante – porque es divertido y nos lo pasamos bien en sus clases, pero también aprendemos un montón.

– Eso está muy bien.

Sonrió, y aunque Minki no le devolvió la sonrisa parecía caminar un poco más cerca ahora.

“Tendré que ganármelo poco a poco” pensó.

Entre los tira y aflojas con Minki, el ataque a Minhyun y Tao (con su consecuente visita al hospital y a comisaría para denunciarlo) y la próxima boda de Sunyoung con Yixing, Baekho se había olvidado casi por completo de sus amigos, y de hecho no pensó en ellos hasta que Wonsik y Hakyeon le llamaron insistiendo en quedar todo el grupo cuanto antes mejor.

Quedaron para ir a cenar el sábado al restaurante donde iban siempre y, si estaban de humor, ir luego a Pantheon, que quedaba por la zona.

Hongbin y Hakyeon fueron los últimos en llegar, el primero de ellos con una expresión devastada.

– Eh, Bin – le llamó Baekho apartando la silla a su lado para que se sentase. – ¿A que viene esa cara tan larga?

Él negó con la cabeza, sentándose, y Hakyeon le palmeó el hombro y se sentó también, saludando al grupo y a su novio.

– ¿Problemas con tu jefe? – le preguntó Jongin con su sonrisa pícara.

– Cierto, estabas saliendo con él – siguió Baekho – ¿Es que no va bien?

Hongbin le fulminó con la mirada y Kyungsoo se estiró para cogerle la mano por encima la mesa y pedirle con la mirada que lo contase, que lo compartiese con el grupo.

– ¿Que es lo que pasa?

– Lo que pasa es que el muy cabrón está casado – soltó con rabia – y tiene dos niñas.

– ¿Que? – saltaron los otros cuatro.

Hakyeon volvió a palmearle el hombro mientras Hongbin enterraba la cabeza entre los brazos, derrotado.

– ¿Pero como…?

– Menudo capullo.

– ¿Y no lo sabías? ¿No te había dicho nada?

Se incorporó con gesto derrotado y negó con la cabeza.

– Esto necesita una buena borrachera – sentenció Jongin levantándose y dirigiéndose a la barra.

Hongbin volvió a suspirar y Baekho le pasó el brazo por los hombros intentando animarle igual que hacían los demás con halagos y exclamaciones, algún que otro insulto mientras dejaban que se desahogara.

Un rato más tarde un camarero les cogió nota y les trajo las bebidas.

– ¿No había ido Jongin a por las bebidas? – se extrañó Kyungsoo un rato más tarde. – Tarda mucho ¿no?

– Estará liándose con el camarero – respondió Wonsik sin darle más importancia.

Baekho dio un vistazo alrededor, a las otras mesas y comensales.

– ¿Tenemos un camarero nuevo? – les preguntó.

– Que yo sepa no.

– Pues entonces se está liando con Lily. – sentenció no muy convencido.

– ¿Lily la Drag Queen? – exclamaron los demás sorprendidos.

– No te creo. – se rió Hongbin ya más animado.

– Pues mira, yo de Jongin ya me lo creo todo.

Baekho tuvo que asentir ante eso y se unió a las risas de sus compañeros.

– Ya habían estado liados ¿no? – aportó Kyungsoo. – antes de que Lily fuese “Lily”, ya sabéis.

– Ya, pero antes tenía un pase, ahora… entre los aros y el pintalabios…

– Todo gay que se precie ha estado liado con Jongin. – comentó Wonsik riéndose. – aparte de los de esta mesa, claro.

– Pues que tú digas eso precisamente… – murmuró Baek. Hongbin y Kyungsoo se rieron con él y Wonsik le miró extrañado. – fiesta de año nuevo de dos mil uno. – le recordó.

– ¡Eso no cuenta! – exclamó incorporándose. – íbamos borrachísimos, no me acuerdo de nada y acordamos no volver a hablar de ello nunca.

– ¿Que pasó? – se metió Hakyeon curioso. Los demás rieron y le contaron, para vergüenza de su novio, como se habían emborrachado él y Jongin hasta terminar liándose sobre la barra del local donde habían ido.

– Fue hace mucho tiempo – concluyó Wonsik incómodo. – Por cierto ¿Cómo fue tu cita Kyungsoo? – le preguntó cambiando de tema. El aludido suspiró.

– Bien – dijo recostando la cabeza en el dorso de la mano. – es muy guapo. Muy romántico. Muy inteligente también. Me llevó a un restaurante carísimo. Tiene un apartamento de lujo y folla como los dioses.

– Wow.

– Pues menuda pasada.

– Ya. – suspiró Kyungsoo de nuevo. Luego bajó la vista a la mesa. – como sea, no creo que vuelva a verle.

– ¿Y eso? – se interesó Baekho sin poder evitar reír.

– ¿Tan mala impresión le causaste? – Se rió también Wonsik.

– No, no… de hecho ya me ha pedido otra cita pero… no se, no creo que acepte.

– ¿Demasiado perfecto?

Se encogió de hombros echando una mirada al restaurante.

– Oye Kyungsoo – Hakyeon se echó sobre la mesa para hablarle más de cerca. – ¿Cuántos años llevas enamorado de Jongin?

El aludido se sonrojó inmediatamente mientras sus amigos estallaban a carcajadas.

– Ha… Hace muchos años que superé eso. Solo forma parte del pasado – respondió nervioso.

– Vamos Kyungsoo. – insistió Baekho divertido – ¿Cuántos años hace que no sales con nadie en serio? Tienes citas con tíos tan perfectos como estos y ni siquiera lo intentas.

– Quien fue a hablar – le respondió Kyungsoo incrédulo. – ¿Cuántos años hace que no tienes siquiera una cita?

“Touché” Pensó.

– No le digas eso, Kyungsoo – le defendió Wonsik. “¿Con que me saldrá este ahora?” – Baekho es un hombre casado y con obligaciones para con su familia.

– ¿¿¿Eh???

Los demás se rieron con ganas de su cara de espanto. Hongbin le palmeaba el hombro riéndose a carcajadas.

– Cierto, cierto – añadió – y más ahora preparando la boda.

– Ah, dejad ya eso – se quejó.

– Pues…

– ¿De que habláis? – Jongin volvió finalmente a la mesa, sentándose en su silla y estirándose – ¿de los cachorritos de nuestro tigre?

– Seh – le explicó Wonsik – de que no tiene citas porque es un ocupado padre de familia.

– Wonsik… – le amenazó Baekho con la mirada. “El tema ya cansa”

– De padre de familia nada – replicó Jongin. “Gracias”. – Está esperando a que el nene sea mayor de edad para tirárselo.

Se atragantó con su propia saliva mientras los demás estallaban a carcajadas.

– ¿Que? ¿Minki? ¿¡Estás loco!?

 “¿Es que el mundo se ha vuelto contra mi?”

Minki despertó en esa cama que no era su cama. Se dio media vuelta y siguió durmiendo. Su padre fue a despertarle un rato más tarde.

– Vamos, levanta dormilón – le decía sacudiéndole con voz divertida – ¿Que quieres pasarte todo el día en la cama?

“Quiero desaparecer” Pensó Minki tapándose con el edredón hasta las orejas “Baekho no me quiere…”

– Va va – le destapó y le sacudió – Que Audrey nos ha hecho el desayuno.

“Bdej, tostadas con mermelada otra vez” Minki adoraba a la nueva esposa inglesa de su padre, pero aún la adoraba más cuando no insistía en prepararles la comida.

Le prometió que se vestiría e iría a desayunar y se incorporó. Tubo un escalofrío al poner los pies desnudos en el suelo. Se frotó los ojos y echó una ojeada por la habitación buscando sus calcetines. “¿Dónde los tiré?”

Su hermano ya se había despertado, porque su cama estaba vacía y hecha. “Tan perfecto él…” Sus calcetines estaban plegados a los pies de su cama.

“¿Es por eso que Baekho no me quiere? ¿Por qué no soy tan perfecto y respetuoso como Hyun-ah?”

Estaba enfadado. Más que enfadado cabreado, harto.

Harto de ver a Baekho y querer abrazarle, querer que le envolviese con sus brazos fuertes, que le mimara y le besara, y de ver siempre en sus ojos esa advertencia, ese “no” rotundo.

Empezaba a odiarle. Pero tenía que seguir sonriendo. Tenía que seguir a su lado, viéndole cada día, abrazándole solo un segundo como había hecho siempre, riéndose de las bromas de su familia, verle llegar e irse cada día. Porque nadie podía saberlo, porque nadie podía entenderlo.

Ni siquiera Baekho parecía entenderlo. “¿Por qué está mal que le quiera? ¿Por qué él no me quiere a mi?” “Esto es muy cruel…”

Estaba cansado de actuar, de fingir, de no poder abrazarle de verdad, de tener que verle y que no fuera más que su amigo. Si es que llegaba a ser eso.

Se dejó caer otra vez sobre la cama y pataleó, frustrado.

Su mamá se casaba, enamorada, su padre vivía feliz con Audrey, que incluso a ojos de Minki era preciosa, su hermano tenía a Gyuna a quien quería un montón, Minhyun estaba saliendo con Aron. Todos eran felices menos él. Porque Baekho tenía treinta años y él no. “No es justo…”

– ¡Minki! – le llamó su padre dese afuera.

– ¡Voy!

Terminó de vestirse corriendo y salió. Se detuvo un segundo frente a la puerta y se estiró de los mofletes con una mueca. “¡Fighting Minki!”

– Buenos díaaaas – saludó con una sonrisa.

– Vaya horas de levantarte renacuajo.

Le sacó la lengua a su hermano y se sentó en la mesa, todos terminaban ya de desayunar.

– ¡Oh! ¡Has hecho panqueques!

– ¿Te gustan bebé? –preguntó ella sonriéndole.

– Sip – le respondió sonriendo mientras se llenaba el plato.

– Come mucho ¿eh?

– Ni hace falta que se lo digas – se rió su padre mientras Minki ya se llenaba la boca.

– De eso nada, que está muy delgado este chico y tiene que crecer.

El pequeño le sonrió encantado mientras su hermano le sonreía y se apalancaba sobre su silla, ya lleno.

– ¿Tenéis muchos deberes? – les preguntó el padre.

– Yo algo. – admitió JR.

– ¿Minki? – este negó con la cabeza, masticando. – Pues si terminas pronto podemos salir a comer fuera – volvía a dirigirse a JR. – Damos una vuelta, vamos al cine y luego ya os dejo en casa.

– ¡Guai! – saltó el pequeño. Su hermano sonrió y asintió.

– Si, perfecto. No es mucho, puedo terminarlo ahora.

Cuando Minki terminó de comer fue hasta la habitación y se dejó caer sobre su cama. JR estaba sentado en la suya, trabajando. El escritorio estaba en el comedor-sala de estar, pero era un apartamento muy pequeño para tanta gente y en la sala siempre había alguien, prefería hacer los deberes en su cuarto aunque tampoco fuese muy grande.

– ¿Que haces? – le preguntó Minki.

– Química.

– ¿No tenías un trabajo de lengua?

– Ya lo terminé. Está en casa impreso.

Minki resopló, se estiró sobre la cama a coger su libro y se puso a leer bocabajo.

Baekho le había leído ese libro hacía años. Lo estaba leyendo él otra vez porque recordaba que le había gustado y sabía que en ese momento no había entendido muchas cosas. Pero le traía demasiados recuerdos, de él recostado sobre su pecho mientras le acariciaba el pelo y le arrullaba con su voz. Y dolía.

– ¿Estás bien?

Había dejado de mirar el libro para mirar por la ventana y JR le miraba algo preocupado.

– Ah, si, nada, es que no me apetece mucho leer. – cerró el libro y lo dejó, sonriéndole, pero su hermano le miraba serio y dejó también su libreta para levantarse y sentarse a su lado.

– Llevas días deprimido – le dijo abrazándole por el hombro. Minki se tensó “nadie tenía que saberlo, he disimulado”.

– ¿Deprimido? No, no, si estoy perfectamente. – le sonrió otra vez para darle aún más fuerza a sus palabras, pero JR seguía mirándole triste.

– Aun estás peleado con Baekho ¿verdad? – “¿Tanto se me nota?” – ¿Que pasó?

Minki se miró las manos, cruzadas sobre su regazo, y se mordió el labio.

– No puedo decírtelo…

– Bueno, realmente tampoco sé si quiero saberlo – respondió JR con una sonrisa irónica.

El pequeño se le quedó mirando. “¿Hasta donde sabía?” Recordaba haber dicho un montón de veces que Baekho iba a ser su novio, que iba a casarse con él, pero él nunca le había tomado en serio. ¿Es que su hermano si? “Jo, justo ahora que nadie tiene que saberlo…”

Empezaba a tomar consciencia de hasta que punto era escandaloso lo que sentía, que no podía irlo diciendo por ahí, que la gente no lo vería bien.

“Porque no está bien”.

Ese pensamiento le dolía. Saber que sentía algo que no debía sentir. Pero tampoco era como si pudiese hacer algo para remediarlo, simplemente lo sentía, estaba enamorado.

– Huyn-ah… – llamó a su hermano recostándose contra su hombro – ¿Está mal lo que siento?

JR se quedó callado y apretó el abrazo, sin saber que decir.

– No lo sé – admitió al fin – Es raro, pero… estar mal… no lo sé…

Zitao dejó caer la cabeza sobre el libro, frustrado.

– Estúpido trabajo de lengua… – murmuró. “No lo termino a tiempo ni de broma… que palo…”

Se incorporó y se estiró sobre la silla, cansado y asqueado. “Bueno, necesito un descanso”. Se giró y encendió el ordenador. Fue al baño mientras cargaba y cuando volvió entró directamente al rol. Des que se había viciado al estar esos días en casa que no había podido dejarlo. “¿Estará Max?”

No se llamaba Max, obvio, igual que él no se llamaba Liam y ninguno de los dos vivían en naves espaciales, pero así era el juego, podías ser quien quisieras, y ese Max era su hombre ideal. Si recordaba algunas de las cosas que le había dicho incluso se sonrojaba. Y Tao tampoco era virgen precisamente, para su edad tenía ya un número nada menospreciable de experiencias, pero aún así… las cosas que le decía ese chico… “es que ni imaginación para eso tengo…”. Ya se calentaba solo de recordarlo.

No aparecía como conectado, pero le mandó un mensaje igualmente, a ver cuando respondía.

“Heys, andas cerca d tu planeta d origen?”

Desde que le había dicho que era de la misma ciudad no podía sacarse de la cabeza la idea de conocerle. Ya sabía que en persona lo más probable era que no se pareciese en nada al personaje que interpretaba, pero aún así sabía que no le decepcionaría. “No podría decepcionarme alguien que me dice esas cosas…”

Estuvo revisando la actividad del resto de gente, pero nada le llamó especialmente la atención. “Es que sin mi Max…”

Por suerte no tardó mucho en responder.

“Que va, que va, solo de descanso en la nave nodriza XD”

“xDDD” Sonrió al leerlo y se apresuró en contestar, algo nervioso “no, en serio, estas por la ciudad?”

“seh” respondió enseguida “¿por?”

“Habia pensado que igual podiamos vernos” lo escribió de un tirón y lo mandó sin volver a leerlo. Luego se arrepintió, pero ya estaba hecho.

El siguiente mensaje tardó un poco más en llegar. “¿Le habré asustado?” Se preguntó.

“… no creo que sea buena idea” Puñalada. “Creo que no soy como te imaginas…”

“Bueno pero…”

– ¡¡¡Es una mujer!!! – les decía a sus amigos el lunes en clase, dejándoles a todos con la boca abierta y los ojos como platos.

Hyuk fue el primero en reaccionar, estallando en carcajadas.

– Pero… ¿Pero que…? – empezó Minhyun sin reaccionar aún.

– ¿Y como que una mujer juega a un Rol gay??? – Preguntó JR mientras Hyuk aún se reía. Tao resopló.

– Pues según ella no es tan raro… Dice incluso que pensaba que yo también sería una chica… hasta que colgué una foto mía y me reconoció…

– ¿Te reconoció?

– Si, ¿no os lo he dicho? Además me conoce ¡y yo no sé quien es!

– Mmm… – se giró Hyuk mirando hacia el resto de la case – podría ser cualquiera…

– Pff, espero que no sea de clase… – murmuró Tao asqueado.

– Bueno, bueno, – siguió JR manteniendo la calma. – Has estado roleando con una mujer que te conoce pero que tu no sabes quien es. ¿Que tan grave es eso?

– ¿Has jugado alguna vez a un rol? – le preguntó fulminándole con la mirada. – Es un puterío. – exclamó un poco más alto de lo que le hubiese gustado. – Mira, no se si todos son así, pero los cometarios se suben de tono a la mínima. Es como: personaje masculino encuentra personaje femenino, se lían, personaje masculino encuentra personaje masculino supuestamente gay, se lían, personaje femenino encuentra personaje femenino, se lían, caballo encuentra dragón, se lían,…

– ¿Hay caballos y dragones?

– De Skyland no, pero de otros roles…

– ¿Pero a que jugáis???

Tao suspiró otra vez.

– Mira, tampoco es tan así, pero si que hay mucha tendencia a rolear por parejas, y Max era mi pareja, y… me estaba empezando a enamorar… – admitió bajando la vista entristecido. Minhyun se acercó a abrazarle y él suspiró otra vez. – Mira, tampoco es tan grave, ya se me pasará, pero… me intriga quien pueda ser ella. Todo esto es muy raro…

– Ya, ya…

– Tao. – Sangmin estaba ahí a su lado, de pié. Su pareja para los trabajos. “Oh, no…” – ¿Podemos hablar?

Asintió y se levantó para salir tras ella, con el corazón a cien.

– ¿Será ella? – preguntó Minhyun a sus amigos en cuanto hubieron salido del aula.

JR se encogió de hombros.

– Pues tiene que ser súper incómodo, – apuntó Hyuk riéndose otra vez – todo este tiempo yendo juntos a clase y todo…

– Como se nota que le compadeces y te sientes mal por él… – le miró JR irónico. Min se reía también.

– Lo disfruto demasiado – admitió – por cierto, Min. Dime otra vez porque no llevas tu corbata…

Dejó de reírse, cansado.

– Deja ya el tema ¿no? Llevas todo el día igual…

– Va, dímelo otra vez.

Y Minhyun suspiró y repitió por quinta vez ese día.

– Me la dejé en casa de Aron… – Y Hyuk volvió a estallar en carcajadas. “Se lo está pasando en grande hoy…” pensó JR. – de verdad que no entiendo qué es tan divertido…

– Es que os imagino saliendo de su casa en modo “mierda, que tarde, mi madre me va a pillar” y vistiéndote por las escaleras mientras corres…

“¿Y que tan gracioso es eso?” Se preguntaba Minhyun abochornado.

– No fue así…

Si lo había sido, Aron le había perseguido escaleras abajo dándole la ropa, salió corriendo y no se dio cuenta de que se había dejado la corbata hasta que Aron no le llamó cuando él ya estaba en casa. Aún suerte que solo había sido la corbata…

Hyuk siguió riéndose, chinchándole, hasta que Tao volvió a entrar y fue caminando hasta su silla como un autómata, se dejó caer en ella sin expresión alguna y se quedó mirando al vacío.

– ¿Y bien? – pregunto Minhyun alegre de poder cambiar de tema. – ¿Era ella?

Tao asintió, mirando aún fijamente a la pared.

Pero si sus amigos pensaban que no podían tener más sorpresas ese día estaban total y absolutamente equivocados.

– Estamos saliendo.

Un par de horas más tarde, cuando ya solo quedaban dos clases para terminar el día (y nadie comprendía aún el porque de esa estúpida e incoherente decisión de Tao), Aron se acercó a su clase y llamó a Minhyun para que saliese. Este se levantó ignorando los comentarios y silbidos de sus amigos y se apartó de la puerta para hablar con él.

– Te la dejaste – le dijo Aron tendiéndole su corbata.

– Lo sé – dijo suspirando. “Con la de veces que me ha hecho repetirlo Hyuk…”

No podía besarle estando en el instituto. En el pasillo frente a su clase para ser más exacto. Ni besarle ni abrazarle ni nada. Tenía ganas de irse para casa ya y pasar un par de horas acurrucaditos en su cama…

– Hoy me quedaré después de clases – le informó frustrando su planes. – Tengo que entregar unos formularios de la uni y me los tienen que firmar y tal… Así que voy a quedarme hasta tarde.

– Oh, vaya…

– Aprovecha para avanzar deberes ¿eh? – por su tono de voz sabía que si no estuviesen ahí le estaría diciendo eso abrazándole por la cintura y pegándole a su cuerpo, con sus frentes pegadas y mirándole desde abajo con esa sonrisa ladeada, esos ojos brillantes de lujuria… Se sonrojó solo de imaginarlo y tubo que separarse un paso aunque estuviesen a una distancia perfectamente respetable entre un profesor y un alumno. “Si pienso que es mi profe… bff…”

– Em… – ¿Que le había dicho? – Si, si, estaré estudiando, si…

Aron se rió, se rascó la cabeza echando una ojeada al pasillo y se colgó mejor la guitarra del hombro.

– En fin, nos vemos mañana. – se acercó aprovechando que nadie miraba y añadió en voz más baja. – Y no vulvas a dejártela o me la quedaré y te ataré a la cama con ella…

“Oh…” Minhyun le vio sonreírle y girarse, caminar pasillo abajo y desaparecer en el vestíbulo principal “Oh joder…”

Lo había visualizado perfectamente, y no podía quitárselo de la cabeza. “OH JODER”.

Cuando Baekho salió del colegio ese día se encontró a Minki esperándole con una sonrisa. Le abrazó y le cogió de la mano, pero no se la soltó al girar la esquina y siguió sonriendo.

“Anda…”

Se preguntó hasta que punto esa sonrisa era verdadera, pero al final optó por fingir él también y creerse que era real. Le sonrió, y se dio cuenta de que se sintió mucho mejor al hacerlo.

Minki tampoco sabía si esa sonrisa era real, solo sabía que prefería fingir y ver como le devolvía la sonrisa que tener que dejar de verle, o verle enfadado por ser demasiado insistente. “Puedo volver a intentarlo en unos años” se decía a si mismo.

– Hyung, hace mucho que no me lees nada. – le dijo colgándose de su brazo como cuando era pequeño.

“Hyung…” Repitió Baekho mentalmente. Le encantaba que le llamase así.

– Porque ya lees tu solo. – le respondió.

– Pero me gustaba que me leyeras…

Le miraba hinchando los mofletes. “Es como cuando era pequeño… Solo que mucho más alto”. No era lo único que había cambiado, pero le gustaba pensar que si.

– Bueno, pues buscaremos algún libro ¿Vale?

Asintió, feliz, y siguió explicándole cosas de su clase, de sus amigos, de JR y su grupo.

Esa misma tarde se lo llevó a dar una vuelta por el centro. Fueron a la librería y le compró un par de libros para leerle, se vio obligado a entrar con él a un par de tiendas de ropa y terminó comprándole también un gorro de lana con borlas azules. Llegaron por la calle principal hasta el multicine, compró una crep de chocolate para cada uno y se las comieron sentados en un banco viendo pasar a la multitud. Le hizo prometerle que se quedaría un día a dormir en casa, le recordó que le debía llevarle al parque de atracciones y le pidió, a su manera, que le acompañase a escoger el traje que llevaría en la boda de su madre.

– ¿Quieres un traje entero?

– Si, si, de los buenos. Pero negro no, blanco o de un color clarito. Negro es muy serio.

Sonrió. “Estará guapísimo”.

– Vale. Tu me ayudarás a escoger el mío también ¿eh?

Asintió con energía y sonrió.

No sabía si fingía, no sabía si actuaba para él o para si mismo, ni siquiera el mismo Minki lo sabía, pero Baekho parecía feliz cuando le sonreía, y a él le gustaba también verle sonreír, pasear a su lado y hacerle bromas como antes.

Y ese dolor que había sentido Minki cuando le había rechazado, cuando le había dicho que no podía ser, ese dolor que se le clavaba a Baekho en el corazón al ver a Minki llorar, al verle sufrir. Todo ese dolor fue quedando oculto bajo un montón de sonrisas fingidas y mentiras, que, poco a poco, se convirtieron en realidad…

 

 

Cada vez me retraso más, lo sé, ahora mismo estoy algo bloqueada, bastante en realidad. Me cuesta ponerme y seguir, y es frustrante porque lo únco que quiero es que avance la historia… Así que quiero disculparme por tardar tanto y, ante todo, asegurarles que NO voy a dejar el fic a medias. No hay nada que odie más que dejar una historia a medias, así que SEGURO lo terminaré. Solo os pido un poco de paciencia… 

¡muchas gracias a los que seguís leyendo! ¡Os quiero a todos! ❤